—Lo hemos hecho –susurró Sirius sin dejar de abrazar a Bellatrix.

—Somos los mejores del mundo –respondió la bruja llorando para liberar la tensión acumulada.

—No tenía ninguna duda.

Solo se separaron cuando escucharon a Raspy a sus pies. El pequeño escarbato cojeaba, pero comprobaron que se debía al cansancio tras la frenética actividad. Se le pasaría con unos días de reposo. Bellatrix lo cogió en brazos y se abrazaron los tres, cubiertos de polvo, sudor y cenizas, pero más felices que nunca. Después, examinaron el terreno para ver si quedaba algo por solventar. Lo principal eran los pequeños matorrales y montones de cenizas que seguían ardiendo.

—Yo me ocupo –murmuró Sirius—, tú atiende a las criaturas. Liegia, ¿me ayudáis?

Con ayuda de las sirenas que expulsaban chorros de agua a gran distancia, enseguida apagaron cualquier llama que pudiese amenazar al bosque. Mientras, Bellatrix había invocado el maletín que tenían en casa con pociones y ungüentos para curar a las criaturas. Empezó con el unicornio, que tenía heridas graves, pero sanarían. Sirius atendió a los hipogrifos con gran cuidado. El problema era que la fila de pacientes era larga y ellos estaban terriblemente agotados…

—No vamos a acabar ni en tres meses –murmuró Bellatrix reuniendo fuerzas para ejecutar el quinto conjuro sanador.

—Ah, permitidme echar un mano –se escuchó una voz suave y mesurada a sus espaldas.

Se giraron, pero no pudieron ver de quién se trataba porque una luz blanca muy potente lo envolvió todo. Los Black no sintieron nada, sin embargo, la mayoría de las criaturas cerraron los ojos y se quedaron inmóviles. Aquel conjuro sanador las envolvió, mitigando su cansancio y suavizando sus heridas.

—Lamento que no funcione con humanos, temo que tendréis que acogeros a la cura tradicional de sueño y reposo.

—¿Dumbledore? –inquirió Sirius perplejo al distinguir por fin al mago.

Ahí estaba el director de Hogwarts, con el pelo plateado en lugar de rubio y más arrugas en el rostro, sin embargo, sus ojos azules seguían reflejando gran vitalidad.

—Muchos años han pasado desde la última vez que nos vimos… Y creo que lo que impera, en primer lugar, es una disculpa por haberos creído culpables. Debí haber insistido al Ministerio en que profundizara en tu caso, Sirius.

—No se preocupe –respondió conmocionado por recibir por fin las tan deseadas disculpas—, no hubiese conseguido que cambiaran de opinión. No hace falta que…

—¡Y un cuerno no hace falta! –lo interrumpió Bellatrix indignada— ¡Debería disculparse durante meses arrastrándose cual gusarajo!

—¡Bella! –le reprendió Sirius horrorizado de que le hablase así a Dumbledore.

—¡Qué! ¡Después de que nos trataran como a la peor basura, le hemos solucionado el macroproblema que él creó trayendo a Voldemort al mundo mágico! ¡Y aparece justo cuando todo ha terminado!

—Para mi eterna vergüenza, no te falta razón, Bellatrix. Tal y como lo has expuesto, ha sucedido –sentenció el director con una pequeña sonrisa afable—. Ojalá hubiese llegado antes, porque ahora no creo que exista forma mágica o muggle de daros las gracias como merecéis.

Que lo reconociera sin ambages desarmó a Bellatrix. Sirius sonrió también aliviado de que aquello no desembocara en otra pelea. El director continuó hablando:

—De momento, para empezar, me aseguraré de que el mundo entero conozca vuestra hazaña. Se os concederá, por supuesto, la Orden de Merlín de primera clase… a los tres, pues algo me dice que vuestro intrépido compañero ha tenido mucho que ver en vuestros éxitos.

Raspy —que gracias al conjuro de Dumbledore ya apenas cojeaba— profirió un ruidito de satisfacción, como si comprendiera que le estaban felicitando. Eso terminó de convencer a Bellatrix, que asintió sin decir nada. Hubo un silencio ligeramente incómodo para los Black y agradable para Dumbledore, que contemplaba el lugar y a las criaturas con sincera fascinación.

—Emm… —carraspeó Sirius para romper el silencio— ¿Cómo nos ha encontrado?

—Fue Minerva. Recibió vuestro mensaje, el de "¡Está aquí!" y no le quedó claro si se trataba de Peter o de Tom. En cualquier caso, juzgó que os vendrían bien refuerzos y me trajo hasta aquí.

—¿Y dónde está ella? –inquirió Bellatrix.

—Confío que ya en el Ministerio de Magia, entregando a Peter, a quien hemos encontrado a nuestra llegada, colgando armoniosamente de un árbol a punto de ser devorado por una serpiente.

Los Black se miraron nerviosos. Tuvieron claro que Dumbledore se hacia una idea aproximada de lo poco ortodoxo de sus métodos.

—Yo he intentando dar con vosotros lo más pronto posible, pero este Santuario es extraordinariamente extenso. Cuando al fin os he localizado, ya os habías hecho cargo de la situación mucho mejor de lo que yo o cualquier otro mago hubiésemos podido.

No sabían si era verdad, pero aún así, los Black lo agradecieron emocionados (Bellatrix se cuidó mucho de manifestarlo). Las criaturas empezaron a retirarse, cada una a sus rincones favoritos para descansar tras la batalla. Los tres magos emprendieron el camino de regreso guiados por Raspy y varios escarbatos más que seguían eufóricos. Cuando alcanzaron la salida, Dumbledore reiteró su agradecimiento y les conminó a descansar:

—Os recomendaría que disfrutéis de unas horas de sueño antes de regresar a Inglaterra. Yo vuelvo ahora mismo para que el mundo conozca las buenas noticias. Si todo va bien, podrás pasar tu cumpleaños con tu ahijado, Sirius –sonrió Dumbledore.

El mago ni siquiera recordaba que al día siguiente era su cumpleaños, pero la mención a Harry hizo que su rostro se iluminara. Bellatrix puso los ojos en blanco ante la emoción del que para ella seguía siendo un bebé baboso.

—Ah y Bellatrix… Es de justicia cumplir mi palabra.

Dumbledore extrajo de su túnica un pequeño cuaderno de aspecto antiguo. Bellatrix lo aceptó y asintió como única forma de agradecimiento. Seguidamente, Dumbledore se despidió de ellos y desapareció.

—¿Qué es? –preguntó Sirius mirando el cuaderno con interés.

—Algo mucho mejor que un bebé baboso –respondió Bellatrix que nunca olvidó la promesa que Dumbledore le hizo durante su tercer curso.

—¡Y dale! ¡Que Harry tiene ocho años! ¡No es ningún bebé!

—Tendrá cuarenta y seguirá siendo un bebé inepto –replicó la bruja con desinterés.

Tuvo suerte de que Sirius estuviera tan cansado que no le quedaban ni fuerzas para protestar. En cuanto entraron a casa, Bellatrix ocultó en su bolso el cuaderno con los maleficios que inventó Dumbledore; ni siquiera lo miró, las nuevas batallas mejor para otro día. Se ducharon, tomaron un par de pociones sanadoras y se metieron en la cama. Pese a las fuertes emociones vividas, cayeron dormidos al instante.

Sirius fue el primero en despertar a la mañana siguiente, tremendamente exaltado por la perspectiva de volver a ver a Harry. Aún así, se cuidó mucho de despertar a Bellatrix; Nagini le daba menos miedo que una Bellatrix despertada de forma abrupta. Preparó el desayuno y el olor a tostadas atrajo a la bruja.

—¡Desayunamos y nos vamos! –exclamó emocionado tras darle el beso de buenos días.

La respuesta de Bellatrix fue un gruñido que, tras un ingerir un pedazo de bizcocho, matizó:

—Antes tenemos que avisar a Nellie de que estaremos fuera unos días. No quiero que se vuelva a enfadar conmigo, luego me supone mucho papeleo.

—Perfecto. Tú ve a decírselo y mientras hago la maleta.

Bellatrix aceptó, principalmente para descansar unos minutos de su eufórico marido. Caminó hasta la granja, donde Nora y Jack la saludaron, y se dirigió a la casa de Eleanor para ponerla al día.

—Entonces, ¿habéis matado al calvo y a su serpiente? –preguntó con interés.

— Sí, eso es. Así que ya no seremos considerados criminales y…

No pudo terminar porque su amiga la abrazó con gran entusiasmo. "¡Bieeen! ¡Calvito ha muerto!", exclamó alegremente, "Aunque casi me da pena, con lo bien que me aprendí la historia, ahora ya no me sirve para nada…" Bellatrix no supo qué replicar. Charlaron unos minutos más y le prometió que volvería pronto, aunque ni ella misma estaba segura de cuándo podrían volver… o si acaso volverían a Durbuy.

Sirius la esperaba como un perrito ansioso por salir de paseo. La bruja suspiró, cogió su bolso y activó el traslador. Surgieron, como la vez anterior, en la Mansión de Rodolphus.

—¿Y ahora a dónde vamos? –preguntó Sirius repentinamente inseguro al recordar que no sabía dónde vivía Harry.

—¿Cómo que a dónde vamos? ¡Entramos a saludar a Rod! –exclamó Bellatrix.

—No es que no me caiga bien tu exnovio, pero…

—No es mí…

—¡Santa Circe, qué es eso! –exclamó Sirius con horror.

Bellatrix se giró sobresaltada y observó como una enorme criatura corría hacia ellos.

—Pero si está más grande que Nagini… —susurró Sirius asustado.

—No sé cuántos muggles le daría de comer Voldemort a Nagini, pero te aseguro que este está mejor alimentado –murmuró Bellatrix.

Raspy fue el único que no retrocedió. Corrió a abrazar a su amigo y lo recibió con las patas abiertas. Su cabecita apenas alcanzaba el pecho de Bato, hubiese cabido en su bolsillo perfectamente. No obstante, no estaba obeso, sino bien proporcionado (y bien grande) y conservaba la misma energía y agilidad. Los dos escarbatos parecían genuinamente felices de reencontrarse.

—Hombre, ¡los héroes del mundo mágico, qué privilegio! –exclamó una voz altiva a sus espaldas.

—¡Roddy! –lo saludó Bellatrix con alegría.

El mago dibujó una amplia sonrisa y la abrazó con cariño. Con Sirius se dirigieron un gesto de cabeza.

—¿Habéis visto lo guapo que está mi rey?

—Eh… Rod… No sé si es normal, nunca he visto un escarbato tan grande… —respondió Bellatrix— Sus hermanos son bastante más pequeños…

—¿Tiene hermanos? ¡Dame la dirección, debemos ir a visitarlos!

—Ya te la daremos –le cortó Sirius—. ¿A qué te has referido con lo de "héroes del mundo mágico"?

Con un gesto de la varita de Rodolphus, el Profeta de ese día voló a sus manos. El titular de portada —en letras gigantes— decía: "Bellatrix y Sirius Black acaban con Voldemort". "De fugitivos indeseables a héroes del mundo mágico" rezaba el segundo titular. Ese era el tono del reportaje especial que ocupaba todo el periódico. Albus Dumbledore había concedido de madrugada una prolija entrevista en las oficinas del Profeta. Cómo los había convencido de su veracidad, no estaba claro.

—Es Albus Dumbledore –murmuró Rodolphus—, nadie duda de su palabra. Siempre fue el primero en advertir sobre Voldemort, es el único del que podemos creer sin dudar la noticia contraria.

Los Black asintieron y continuaron leyendo. No especificaba dónde había sucedido, solo "En un bosque de Bélgica" y a los Black les pareció estupendo, no querían que nadie molestase en el Santuario ni que se llenase de turistas morbosos. Se hablaba también de Pettigrew, que había confesado sus crímenes para seguidamente recibir el beso del dementor. "El único beso que le han dado en su vida" murmuró Sirius satisfecho. El reportaje concluía con la proclamación de que el Ministerio de Magia les concedería la Orden de Merlín del Primera Clase a los Black y al escarbato Raspy.

—Mmm… Tendré que comprarle una medalla a Bato para que no se ponga celoso –murmuró Rodolphus.

—No pienso aceptar nada del Ministerio –sentenció Bellatrix—. Años inventando mentiras sobre nosotros y ahora quieren congraciarse.

—Totalmente de acuerdo. Yo solo iría para escupir al Ministro Fudge en la cara –se sumó Sirius.

—También os darán una compensación económica –comentó Rodolphus—, igual sí merece la pena aceptar, aunque solo sea por saquearlos...

—Oye, hablando de eso –intervino Bellatrix con cierta vergüenza—, la vez anterior Bato le dio a Raspy unos gal…

—Lo que Bato le diera a Raspy es de Raspy –la cortó Rodolphus.

Bellatrix asintió y agradeció tremendamente que les evitara hablar sobre temas económicos. Rodolphus les había regalado los galeones de Circe porque sabía que estaban pasando apuros económicos y no quería hablar de su buen gesto. No obstante, no les salió gratis…

—Hay un peaje por utilizar nuestro jardín para aterrizar de vuestros viajes –informó con calma—. Dadme golosinas de las favoritas de Bato, me he recorrido todo el país y no las venden en ningún sitio.

—Ni de broma, ¡¿tú has visto cómo esta?! –exclamó Sirius señalando al escarbato que correteaba junto a Raspy.

—Feliz y lustroso, como debe estar. Es la envidia de todas las reuniones de sociedad –comentó Rodolphus manifestando que llevaba a Bato a todas las fiestas (probablemente con esmoquin y cadenas de oro)—. Dadme sus golosinas.

No hubo forma de negarse, al final tuvieron que darle varias cajas de golosinas vegetales que al momento Rodolphus se dispuso a compartir con su compañero. "Vamos a usar tu chimenea, nos vemos luego" le informó Bellatrix sin pedir permiso. Dio igual porque no los escuchó, estaba muy ocupado agasajando a Bato que devoraba feliz.

Usaron la chimenea para aparecer en el despacho de Dumbledore, que convenientemente estaba reunido con Minerva.

—Ah, os esperábamos –sonrió el director.

—¡Vamos a ver a Harry! –exclamó Sirius al momento.

Los dos profesores sonrieron ante su entusiasmo mientras Bellatrix examinaba los artilugios mágicos de Dumbledore. Les invitaron a sentarse, había un par de detalles que debían conocer antes de personarse en la casa donde vivía Harry…

—Verá, Black, los tíos de Harry, los Dursley, no recibieron la noticia de su adopción con demasiada alegría –empezó McGonagall eligiendo las palabras con cuidado.

—¿A qué te refieres? –preguntó Sirius frunciendo el ceño.

—Digamos que no eran los seres más cariñosos del mundo –respondió Dumbledore.

—¿Y? Mis padres tampoco lo eran –recordó Sirius.

—Cierto –coincidió McGonagall—, pero teniendo en cuenta que se trataba de un niño huérfano, creímos que lo tratarían igual que a su propio hijo y…

—¿En serio alguien pensó eso? –intervino Bellatrix sorprendida— Van a casa de una muggle, le comunican la muerte de su hermana bruja, le dejan un bebé que en absoluto ha pedido… ¿y esperan que monte una fiesta? Igual esa gente no tenía dinero ni ganas para otro humano y probablemente les diera miedo la magia. Criar a un mago tuvo que resultarles terrorífico… ¿y si los mataba por error? ¿Y si su hijo se sentía menos válido por no ser mago? Vaya manera de traumatizar a una familia…

Tras unos segundos de silencio en los que Dumbledore y McGonagall se avergonzaron porque ni siquiera habían mencionado que abandonaron al bebé en la calle, la subdirectora comentó con sequedad:

—Ningún niño mata por error, Bellatrix.

—¡Ja! Mi tío-abuelo tuvo la mala suerte de venir al salón mientras yo jugaba a lanzarle avadas a Kreacher… Kreacher se salvó, es lo importante. Y nadie me culpó, tenía cinco años.

—Una historia encantadora que me voy a esforzar por olvidar –sonrió Dumbledore—. Como acertadamente has apuntado, sí que temí que aquello sucediera. Cuando era niña, Petunia Dursley me escribió suplicándome que la aceptara en Hogwarts y, obviamente, no pude hacerlo. Imagino que eso malogró la relación con su hermana y no querría nada que le recordase a ella… Así que, por si acaso, me aseguré de que en la casa de al lado de los Dursely, viviera una familia de confianza, alguien que le echara un ojo a Harry.

—¿Quién? –inquirió Sirius bastante tenso.

—Una familia a la que Voldemort persiguió durante la primera guerra y me pidió que les buscase un hogar seguro –comentó Dumbledore—. Tenían una hija y deseaban otro, pero no se vieron con fuerzas después de lo que vivieron. Transcurridos los primeros meses de ver cómo los Dursley trataban a Harry, iniciaron los trámites para adoptarlo.

De pronto, Sirius lo comprendió. Recordó lo que le había contado McGonagall cuando se reunieron en Durbuy y todo cobró sentido.

—¿Los Tonks? –preguntó— ¿Andy y su marido?

McGonagall asintió y Bellatrix abrió los ojos con horror.

—¿Andy? ¿Qué Andy? ¿No estaréis hablando de…?

—Estamos hablando de que Harry es tu sobrino –respondió Dumbledore eligiendo la peor forma posible para expresarlo.

Bellatrix abrió la boca dispuesta a gritar como en su mejor época de mortífaga; no tenía claro el motivo, pero necesitaba gritar. No obstante, por respeto a Sirius, se contuvo. "Voy a dar una vuelta" murmuró abandonando el despacho.

—Otro sangre impura en la familia… y encima el hijo de Lily y de James, que los odiaba… De esta me pide el divorcio –comentó Sirius divertido—. En fin, se le pasará. Explicadme bien lo de Harry.

—Como decía –prosiguió Dumbledore—, les facilitamos a los Tonks el papeleo para que lo adoptaran. En secreto, por supuesto, la familia vivió a espaldas del mundo mágico para protegerlo, salvo cuando Nymphadora comenzó a asistir a Hogwarts.

—Tiene siete años más que Harry, está en quinto ahora. Es metamorfomaga… y un caos absoluto, demasiado rebelde –apuntó McGonagall poniendo los ojos en blanco—, pero todo el mundo la quiere mucho. Ha sido muy buena hermana mayor.

—Desde su adopción, los Dursley se sintieron más… digamos, liberados y trataron mejor a Harry. Seguía viviendo en la casa vecina y visitándolos, era importante, pues la sangre de Lily en Petunia lo convertía en el lugar más protegido para él. Por ello, se lleva bien con sus tíos y con su primo, aunque sigue dándoles miedo la magia.

—Pero, ¿sabe que sus verdaderos padres…?

—Sabe que Lily y James dieron su vida para protegerlo de un mago oscuro muy peligroso y le hablan mucho sobre ellos. Pero aún así, llama mamá y papá a Andrómeda y a Edward y los quiere como si fuese su hijo.

—¿Quién es Edward? –inquirió Sirius frunciendo el ceño.

—Ted Tonks.

—Ah vale, vale… ¿Y de mí sabe algo? –preguntó con timidez.

—No lo sabía hasta ayer, comprenderás que hicimos lo mejor para protegerlo… —comentó McGonagall con suavidad.

—Lo comprendo.

—Anoche hablé con Andrómeda y me contó que le enseñó el periódico a Harry y le explicó que su padrino y su tía son héroes –continuó McGonagall—. También le enseñó algunas fotos tuyas en la boda de sus padres y en su primer cumpleaños. Sigue teniendo la escoba infantil que le regalaste, será un gran cazador.

Sirius sonrió al recordar a James intentando que su hijo dijera "papá" y obteniendo en su lugar un "Sidiu". Le emocionó que también fuese bueno al quidditch y supiera que tenía un padrino que siempre se preocupó por él. Y, sobre todo, que hubiese crecido en una familia con tanto amor.

—Un momento… —murmuró Sirius mirando a Dumbledore— Andrómeda y Ted se mudaron a ese barrio antes de que James y Lily murieran, ¿verdad? ¿Ya esperabas que pasara o qué?

—Jamás lo esperé –se apresuró a responder Dumbledore—, pero es verdad que entonces ya estaban bajo amenaza. Simplemente creí que, llegado el momento, sería práctico disponer de la casa junto a la familia de Lily, por si acaso.

Sirius le dirigió una mirada asesina intentando descifrar si mentía. No llegó a ninguna conclusión. Ese hombre era un estratega y estaba seguro de que a veces acertaba de casualidad, pero otras… Decidió no hacer sangre y exigió ir de inmediato a visitarlo. Los profesores aceptaron aliviados.

—Espera, tenemos que ir a por Bellatrix –murmuró McGonagall.

Sirius lo pensó unos segundos. ¿Habría perdonado Bellatrix a Andrómeda por fugarse con un sangre sucia logrando que, como resultado, las presiones sobre ella para casarse y unirse a los mortífagos se multiplicaran? Tuvo clara la respuesta.

—Quizá más adelante, todavía no está preparada para reconciliarse con su hermana –decidió Sirius—. Y menos aún si eso implica conocer a un niño, odia a los niños.

—Muy bien, id vosotros. Yo informaré a Bellatrix cuando vuelva de su paseo –sonrió Dumbledore.

Así quedaron. Sirius observó a McGonagall meterse en la chimenea y decir: "Privet Drive, número seis". Tan ilusionado como nervioso, cogió un puñado de polvos flu y la imitó, dispuesto a reencontrarse con su ahijado.


Nota: Gracias a Abril_Elena que me dio la idea de la Orden de Merlín de Raspy. ¡También gracias a todos los que estáis leyendo y comentando, ojalá os gusten estos últimos capítulos!