Paso... tras paso…

Bajo gotas y gotas de lluvia ordinaria Adrien se acerca como su corazón lo indica: no dejará ir a Marinette aunque la muerte misma se presente y lo amenace con la suya.

Es un sentimiento raro en un adolescente de catorce años. Aunque también lo puede ser en una persona de cualquier edad.

Sin embargo, ser un superhéroe también es raro, luchar junto a la mujer que ama, protegerla de villanos capaces de arrebatársela en segundos es algo que no se vive todos los días… Así se crea un vínculo entre el gato y la catarina: se unen aunque no lo quieran, son opuestos pero se necesitan, se complementan, se fortalecen y juntos levantan un pie y avanzan, levantan otro, dan otro paso. Cada uno es importante y puede ser el último justo como ahora, que un akuma agita sus alas en dirección a Marinette y hay poco tiempo para atraparlo.

Adrien choca. En estos momentos es inimaginable calcular, correr correctamente, mas aun si lo hace hacia los escalones de una escalera que da al subte y el agua se interpone entre el suelo y la punta de sus zapatillas. Entonces su frente entra en contacto con el akuma y cae sobre el paraguas de a quien se niega a llamar ex novia hasta informarse por qué ella lo decidió así.

El paraguas se arruga, Marinette lo suelta y trata de usar las palmas de sus manos para frenar la caída de Adrien mientras él busca los escalones para llegar finalmente a ellos a cuatro patas, como no queda de otra.

Ambos ruedan y no saben cómo, pero en el aire sus cuerpos giran de manera que ni sus cabezas ni las plantas de sus pies se golpeen.

Y escalón tras escalón bajan, un hombro impacta, el otro, una pierna, la otra, una mano...

—¡No la pierdas de vista!

La mariposa los persigue, todavía sintiendo las fuertes emociones de la azabache angustiada, perseguida por la injusticia y atormentada por la responsabilidad.

Adrien y Marinette llegan al final de las escaleras, magullados y a unos metros del negro paraguas. "Gorila" llega en segundos pero Adrien mueve su cabeza y lo ve, cansado, consolador, serio…

Gorila retrocede unos pasos, tenso.

Con pocas fuerzas y, no obstante, rapidez, Marinette se aparta de encima a Adrien.

—Tu padre te encerrará si seguimos siendo novios —Ahora se encuentra a unos pocos metros de distancia, arrodillada y tirándose su suelto cabello, con los ojos cerrados y el cuerpo temblándole por el frío de la lluvia—, prohibirá que nos veamos solo porque cree que hago quedar mal a los Agrestes, a la marca... No lo mereces y él...

—Él intenta controlar mi vida, miladi... y lo hace a la perfección.

Marinette se vuelve.

Ella no sabía si estaba reaccionando al "miladi'' o a la tan fácil resignación de Adrien.

—Es egoísta lo que quiero hacer, miladi —y sus palabras la descolocan, sin embargo— pero, dejame terminar...

La azabache tensa su mandíbula, permitiéndoselo con burlona curiosidad.

—Mañana después de clases te voy a ver como Chat y —Adrien se incorpora y le tiende una mano— hablaremos lejos de mi guardaespaldas —Aturdida, Marinette la acepta—: es buen tipo, le agrado pero no aprobaría mi idea…

De repente están a la misma altura, su princesa encogida entre los brazos de su gatito, procesando algo de lo que sabía que se enfadaría, y él, contemplándola con ojos comprensivos y el deje de una risa asomándose por su garganta.

Su Lady lo iba a matar.

—Este no es el fin, Marinette, creeme... —traga saliva—. Ahora, distraeré a Gorila mientras vas a transformarte para atrapar el akuma, ¿ok?

Y se aleja, con frío en cada pizca de su ser. No por la lluvia, no por las nubes tormentosas.

Adrien se deja conducir hacia la mansión, nota el gris en el cielo retirarse para ser cubierto por el telón celeste.

El sol no se presenta todavía.