Mayra estaba cansada de la vida en los terrenos inexplorados de los "Sin Facción" llevaba apenas un par de meses desde que Erudición la echó en su corto período de iniciación, según parecía su "limitada inteligencia" no cumplía con los estándares impuestos por la facción, aún si su prueba de aptitud evidenciaba qué pertenecía allí. Se lamentó por su decisión de desertar de su facción de origen ya que luego del cambio de liderazgo la selección era minuciosa en demasía y solo la tercera parte de los iniciados llegaba a ser un miembro pleno de la facción, ella fue una de las primeras eliminadas, junto con Joshua. Desvió su atención al cielo al recordarlo; ojos oscuros como la noche que se avecinaba sobre su cabeza, la piel lechosa, aterciopelada y el resabio de pecas que lo hacían lucir menor. El cabello castaño claro que alguna vez fue acicalado y brillante volviéndose tanto grasoso como oscuro debido a la falta de cuidado, su débil complexión de hombros estrechos y cuerpo larguirucho. Su postura que alguna vez fue erguida y orgullosa viéndose tanto encorvado como enfermizo. El chico fue un nacido en Erudición, lo que significó estar acostumbrado a los lujos, la limpieza, la abundancia y tecnología. Joshua, quien había sido amable en un comienzo, descendió en un espiral hacía la locura, sucumbió ante las necesidades, el precario estilo de vida y la exclusión de los sin facción, por lo que culminó su existencia solo dos días después de buscar entre basura y dormir a la intemperie, él era débil y de ninguna manera estaba hecho para la vida "salvaje" como comúnmente eran llamados por las demás facciones, al menos Erudición, los había nombrado así antes de cortarlos. Halló la manera menos dolorosa para terminar con su sufrimiento, la misma que creyó más efectiva, subió los veinte pisos del edificio en el que habían decidido pasar la noche y se lanzó desde la azotea, no gritó ni se lamentó, se sintió libre antes de que sus ojos se cerrasen por última vez con la determinación de abandonar esta vida. En cambio, para Mayra no fue más que un cobarde por el cual ella no derramó una sola lágrima, en Osadía, su lugar de nacimiento se le enseño a aborrecer la cobardía y por ello ese insulso chico no merecía más que ser un recuerdo, uno que podría ayudarla a sobrellevar lo que rodeaba su ser un día como hoy, cuando se podía admitir que no le gustaba el silencio que le proporcionaba la soledad. La soledad era una perra que se aferraba a sus oídos susurrando palabras incoherentes que la conduciría a la locura, un punto inhóspito donde todo su cuerpo parece pesar, el silencio notó a su vez, asustaba más que nada de lo que habría conocido, su facción de nacimiento se reconocía por ser la menos silenciosa, pero cuando este aparecía la piel entera se erizaba y eran claras señales de malas noticias, aprendió a aborrecer el silencio más que a la cobardía, sin embargo, no hizo nada para romperlo, sino podía luchar contra ese invisible ente lo transformaría en su aliado.

Durante los meses y semanas posteriores al hecho de perder a su compañero y aliarse a un ente efímero como lo era el silencio intento calmarse, sus naturalezas a menudo combatían una contra la otra; puesto que su naturaleza Osada la instaba a usar la fuerza bruta para conseguir lo que quisiera, la parte amistosa en ella la instaba a la calma y su erudición la hacía ser consciente de que si había un problema siempre existía una solución lógica. Logró instalarse en un edificio que aún se veía en una pieza, de estructura sólida a diferencia de algunos a los que parecía serían derribados por una brisa, se dedicó a buscar comida por su cuenta hasta que la patrulla Abnegada la encontraron, los siguió y notó que resultaba sencillo tanto encontrar como trazar sus rutas, por lo que se hizo eco de sus movimientos; observándolos minuciosamente durante semanas, tal como lo había aprendido de su padre a corta edad, descubrió con paciencia que cada grupo se movía de manera diferente. Centró su atención en el grupo de "guardería" ya que no encontraba otra manera de llamarlos. Aún si seguía a los demás para obtener su ración semanal, nada desviaba su atención de ese grupo en particular, el mismo paseaba a los niños con el afán se enseñarles desde pequeños el oficio de servir a los demás sobre uno mismo. Ella sabía que nadie nace siendo desinteresado, es una doctrina con la que los Abnegados se familiarizan desde que pueden moverse por sí mismos. Los estudió mientras asistía a la escuela, la historia de cada facción era diferente y los Abnegados eran simple y llanamente farsantes, un grupo de personas instruidas para reprimir sus instintos egoístas y reemplazarlos, mismos que les dictaban a vivir su vida al servicio del otro. En las demás facciones no había lugar para los grises, la situación era simple; si eras pacifico terminarías en Amistad, los inteligentes irían a Erudición, los justos a Verdad y los valientes a Osadía. No había traslados a Abnegación ni de otras facciones ni de la suya hacia otros, a excepción de algún imbécil que creyó poder tener en tal facción una vida tranquila sin necesidad de alucinógenos, aunque ella creí que el tema de que los Amistosos consumieran o tuvieran acceso a drogas recreativas era una leyenda urbana.

Recordaba haber sido una joven con ideales, con curiosidad, así como ansiedad por ampliar los horizontes del gobierno, creyendo firmemente que cuando solo se tiene la visión de una facción sobre las demás se está llamando al caos y la rebelión. Su plan era incluir a cada facción para que estos tuviesen voz en el mando de la cuidad, con el afán de garantizar la imparcialidad de las decisiones tuvo la idea de que cada facción debía tener un número impar de miembros en el consejo, uno por facción sería inútil ya que cada líder tenía derecho a una discusión sobre el tema con una parte de su facción, por ello había dormido que deberían ser tres representantes. Tuvo una oportunidad de charlarlo, en uno de los recesos de su iniciación, mientras descansaba en una de las cafeterías del lugar, con una de las secretarias del liderazgo erudito Jeanine Matthew, quien prestó atención sus quejas, por lo que sabía que aún en su ausencia la semilla estaba echada sobre terreno fértil; no había nada más poderoso que una idea en la cabeza de un Erudito. Su estómago gruño atrayéndola nuevamente al presente, los pequeños Abnies eran acompañados por un puñado de adultos lo suficientemente preocupados en las necesidades de los mendigos como para poner su expresa atención en cada pequeño, dos niños quedaron sin protección a merced de sus planes, los vio a ambos, los reconocía como los pequeños hijos de los recientes líderes, aunque no eran hermanos se veían bastante cercanos. Orquestó un elaborado plan, o el comienzo de uno; tomaría a uno de ellos como rehén, lo que le serviría para pedir un rescate y al menos subsistir con ello unos meses, a solas. Escrutándolos con fijeza dirimió que el niño era más grande y rollizo por lo que se decidió por la pequeña quien resultaba ser más escuálida por lo que concluyó sería más fácil de manejar. Su estado físico no era el mejor en este momento, lo había sido cuando tenía la energía suficiente para entrenarse a sí misma y su falta de nutrientes se notaba en cada esfuerzo. Se acercó a la pequeña rubia de ojos saltones quien se encontraba recogiendo flores, no se dejó cautivar por la tierna imagen ni los pensamientos sobre el destino de las flores silvestres, se acercó a ella como un puma acechando a su presa, moviéndose con sigilo y valiéndose de las sombras a su alrededor, mismas que se encontraban siendo proporcionadas por el atardecer. Embistió contra la pequeña sin darle una oportunidad de escape, tomándola con su brazo derecho hizo que la espalda de está chocase contra su pecho, cubrió la boca de la pequeña con su mano y mientras se encontraba caminando hacia atrás se encargaba de observar a los Abnegados retirarse, el niño descartado de sus planes miro hacia atrás presumiblemente buscando a quien tenía en sus manos, Mayra no se inmutó a sabiendas de que desde su perspectiva no podía distinguir más que un bulto entre la oscuridad. Los Abnegados se retiraron sin mirar atrás, o contabilizar el número de pequeños, pecaron de confianza, "Tal vez deberían haber tomado medidas de seguridad" Pensó su mente Osada, los Abnegados necesitaban tener la certeza de que no había una falta en sus números, se recordó a la vez que viéndola cómo un número era más fácil despersonalizarla. Repitiéndose a sí misma que no era una niña pequeña quien luchaba en sus brazos, sino una baja de abnegación y un cheque de cambio en sus manos. Mantuvo su brazo en la pequeña cintura, así como la mano sobre sus labios, aplacando sus gritos, la piel de la niña se calentaba a causa de su rabieta más siguió ignorándola mientras se desplazaba hacía uno de los edificios abandonados, la niña golpeaba su abdomen con sus pies y aunque el dolor le estaba resultando insoportable no se detendría, tenía un objetivo al cual llegar, mientras las lágrimas de la niña limpiaban la mugre acumulada en su piel. Al tener la seguridad de que varios pisos la separaban de los Abnegados soltó los labios de la pequeña que ahora que se atrevía a prestarle la suficiente atención notaba que estaba peligrosamente en calma.

En algún momento del recorrido al vacío departamento, la pequeña dejó de luchar contra ella, no podía asegurar que notó cuando sucedió exactamente aquello, sigilosamente se acercó a la enmohecida cama y la deposito allí por primera vez tratándola como un ser humano, con la esperanza que la calma se mantuviera; al contemplarla con detenimiento, o al menos brindándole la atención que podía darle debido a la mala iluminación no pudo evitar horrorizarse con la vista que encontró delante de sus ojos. La tranquilidad de la pequeña no se comparaba con la calma sino con el final; la mortal quietud acompañada de un par de ojos cerrados, pequeños labios azules, su boca abierta y relajada. Se acercó intentando encontrar algún tipo de estremecimiento; el cuerpo entero parecía carecer de reacción, aún si lo intentará; palmeó varias veces su rostro, intento buscar su pulso, sin embargo, nunca supo cómo hacerlo, zarandeo el cuerpo en busca de algún tipo de rastro de vida sin encontrar ninguno, la piel seguía emitiendo calor, pero ese hecho no garantizaba nada. Llevó sus manos a sus labios para intentar aplacar ese gritó que amenaza con abandonarla, intento pensar con tranquilidad, su mirada se centró de inmediato en las grises vestimentas que la cubrían, notó que no tenía salida ahora y todos sus planes acababan de explotarle cual pompa de jabón en la cara. Se acercó a la niña, sabiendo que las ropas que la cubrían traerían problemas a los demás residentes de la clandestinidad. Aquello no era tan importante para ella, sino el conocimiento de que si Osadía encontraba una manera de probar que ella fue quien la tomó estaría en graves problemas e incluso sería condenada a muerte instantánea. Ya que era de público conocimiento que los Osados no serían indulgentes ante alguien que lastimase a un niño. Se debatió entre cambiar sus ropas o abandonarla allí, optando por su segunda opción se alejó del lugar, dejando el cuerpo de la niña de tres años abandonada a su suerte, sin conocer que la pequeña desvanecida aún seguía con vida.

Las horas pasaron, la noche se hizo cargo del cielo y el frío del lugar se asentó en el pequeño cuerpo, sus latidos eran débiles, aunque constantes, ella se había desmayado por la falta de oxígeno inducida por la mano de Mayra quien sin darse cuenta no solo cubrió sus labios sino también su nariz cortando de esa manera cualquier suministro de aire, de alguna manera sobrevivió esa fría noche, se presume que sus bajos latidos la libraron de las necesidades para obligarse a resistir. El amanecer llegó como cada día antes de ese, junto a este la primera muestra de consciencia del pequeño cuerpo, un apenas imperceptible movimiento de su mano, el sol asomó en el cielo colándose por un hoyo, producto de un vidrio faltante en una de las ventanas, la pequeña se removió entre las polvosas sábanas intentando aplacar la entrada de luz, bostezó levemente sin poder evitarlo, parpadeo varias veces, entrando en un estado de conciencia que le había sido negado unas horas atrás. Comenzó a temblar violentamente por el frío del lugar, tomo asiento cuidadosamente, observando con ojos curiosos a su alrededor, cerrando sus puños en el enmohecido edredón, no lograba ubicarse e incluso a su corta edad ella sabía que no se encontraba en su casa y la mujer que la llevo allí no se encontraba en ninguna parte. Gateó por la cama hasta llegar a uno de los bordes de esta, deslizándose para asentar sus pies en el suelo. Se abrazó a si misma sin reconocer el lugar dónde se encontraba, sufriendo el frío matinal mientras sostenía su rugiente estómago entre sus manos y encontrándose desorientada comenzó a desplazarse por el lugar. Soportando el hambre y el dolor por no saber dónde se encontraban sus padres ¿Porque no habían venido por ella? ¿Acaso mamá ya no la quería? ¿Acaso a papá no le importaba? Y ¿Leb? ¿Leb también se había olvidado de ella? La pequeña sollozo en silencio, nunca se había permitido llorar aun a una edad tan temprana, por lo que sacudiéndose el polvo de su ropa e intentando caminar todavía algo mareada y confundida siguió el borde de la cama, viendo a unos metros de ella una pila de ropa sucia y vieja, rebuscando en la misma se asió de un par de pantalones que le ayudarían cubrir sus piernas y un buzo que al ponérselo notó que le llegaba debajo de las rodillas, nunca fue quejumbrosa o exigente así que mientras su cuerpo estuviese cubierto se encontraba bien. Su estómago gruño enojado, recordándole que tenía hambre, miro sus pies descalzos y notó que el piso estaba más frío de lo que recordaba ¿Dónde estaban sus zapatos? O ¿Su par de medias blancas? Mamá la regañaría por perder sus prendas. Caminó sin rumbo intentando salir de ese frío lugar, recorriendo cada cuarto semi iluminado, en la búsqueda de una fuente de luz externa, no se notó cuando accidentalmente sus pies dieron con un hombre que se encontraba durmiendo sobre una desgastada alfombra que aún cubría el suelo. Intentó disculparse tal como sus padres le habían enseñado, se alegró de ver a otra persona y pensó inocentemente que podría pedirle ayuda; era pequeña, aún no entendía sobre los extraños y los peligros del mundo, todo lo que le habían enseñado era ayudar a los demás, creía que todo el mundo se manejaba de la misma forma. El hombre se estiró expulsando quejas y groserías, se sentó rebuscando con las manos a su alrededor, encendió una luz resplandeciente y la apuntó directamente hacía la niña que apenas hizo movimiento alguno. Ella no diviso sus oscuras intenciones, así como tampoco la maliciosa sonrisa que surco sus labios, o los ojos negros que caían sobre su figura como afiladas dagas. No logro percatarse de que estaba tomando posición para arremeter contra su frágil cuerpo, así como tampoco pudo hacer nada cuando lo sintió tomando su tobillo, quitándole la estabilidad y ella no fue capaz de sentir nada más, luego del punzante dolor en su nuca que volvió a su mundo negro.

Aquel sin facción de mediana edad no se encontraba allí por haber fallado en su iniciación, ni había sido uno de los desafortunados engendros de otros que como él vivían de las sobras de la cuidad, este cruel hombre fue desterrado por los amistosos cuando supieron de las atrocidades que cometía en su consultorio médico, el hombre que fue en su momento gallardo y de sonrisa cálida, ahora no era más que un cuerpo escuálido en espera de la muerte, aun así no sintió ningún tipo de escarmiento cuando la dulzura de un durazno lo despertó esa mañana. No iba a dejar que se le escapase, ya no se le presentaban las oportunidades de tener en sus manos carne tan joven y tierna como la que ahora se encontraba a un pie de distancia. No hubo vacilación o una alarma que le advirtiese de que sus acciones no eran las correctas. Nadie lo detuvo antes ¿Porque alguien lo haría ahora? Por lo que en los ojos asustados de ella diviso a cada pequeño que había tenido antes entre sus manos, las sonrisas que se había llevado a lo largo de los años, las deserciones de quienes como él terminaron sin lugar al que llamar hogar, sonrió ante cada nefasto recuerdo, cerrando su mano en sobre la pierna de la niña. No pensó en tiempo o consecuencias mientras desgarraba las prendas que cubrían a la pequeña ahora inconsciente, tampoco en el dejo de sangre que se filtraba entre sus cabellos, o en cómo está se filtraba paulatinamente en la enmohecida alfombra. Ejecutó sin ningún impedimento la acción que lo llevo a esas inhóspitas tierras, una vez más con más fiereza de lo que habían sido sus ataques hasta el momento. Sabía que si hubiese tenido un juicio no estaría con vida, sin embargo, los amistosos eran deficientes en esos casos, creyendo que si lo dejasen sin facción se encontrarían a salvo. Ciertamente consiguieron su cometido, ya que sus manos se limpiaron de sangre Amistosa, claro su mente cerrada no les permitió ver qué lanzaban a una bestia a un mundo lleno de oportunidades para cometer sus viles actos, ya que los niños nacidos sin ningún resguardo, de la manera en la que él se encontraba viviendo en estos momentos fueron sus nuevos blancos. Hacía un par de meses que no había tenido "suerte" para captar a ningún infante que lograse cubrir sus necesidades o sobreviviese lo suficiente para su satisfacción. Recorrió el pequeño y ahora desnudo cuerpo debajo de él, sus manos vagaron de manera inapropiada por la pequeña, se atrevió a golpear su rostro con fuerza dejando una marca rojiza en su rostro, para oír un leve quejido obteniendo así la confirmación de que aún se encontraba viva e indefensa en sus hoscas manos. Sonrió sirviéndose de ella como si fuese un banquete que no había probado en años, tomándola de las maneras que un buen hombre no haría, golpeando y cortando su cuerpo con un trozo de vidrio de tanto en tanto su pequeño cuerpo para comprobar que aún sentía lo que estaba haciéndole. Como si necesitase una comprobación de su incomodidad para llegar al clímax, luego de satisfacer un puñado de veces sus deseos carnales la descarto en un contenedor de basura, ella no había reaccionado a sus últimos golpes, no siseo cuando trazo una indeleble línea con el vidrio en su abdomen no se quejó cuando el mismo elemento se adentró en su piel cortando varias capas de esta, por lo que pensó que finalmente el pequeño cuerpo se había rendido a la oscuridad, una vez más, en un tramo de dieciséis horas fue dada por muerta.

La pequeña luchadora aún se esforzaba por vivir, sin importarle que el mundo que habitaba le había mostrado en menos de 24 horas lo peor de su existencia ¿Que podría traerle el futuro más que dolor? Lentamente quejándose y sangrando por varios lugares, continuaba su lucha, permaneciendo inmóvil, pero con su corazón latiendo a un ritmo constante, negándose a rendirse. Mientras su maltrecho cuerpo no sentía más que dolor, respirar resultó ser la tarea más difícil que se propuso hacer. No lo merecía, no lo había buscado y sin tener una sola noción de la vida su existencia parecía condenada a terminar allí con el olor a podredumbre a su alrededor, las moscas revoloteando sobre su cuerpo, la sequedad en sus labios y esa inhalación constante que hacía a su pecho arder de dolor, su cuerpo busco ahorrar energías en favor de subsistir un instante más, por lo cual cayó inconsciente por tercera vez en veinte horas desde su secuestro.

Esa tarde la temperatura había disminuido considerablemente, haciendo notar que el invierno se acercaba a pasos agigantados, el viento zumbaba y un miembro de la patrulla de Osadía hacía su último recorrido por la zona, se suponía que no debía estar por tales lares, pero el cumpleaños de su hijo mayor se acercaba y el hombre buscaba el regalo que le había sido encomendado. Michael Pedrad, Mike para sus allegados, recorría las calles a pie, lo cual era necesario para su búsqueda intensiva, no podía sorprenderse menos por el estado de las calles o la basura desperdigada por ahí, ya que esta era una zona reclamada por aquellos que no tenían facción. Oyó un quejido y con esperanza se acercó al contenedor, esperando encontrarse con el pequeño felino que le había encargado su hijo Ezekiel. Estando en Osadía, se le había enseñado a estar alerta y preparado para cualquier situación que se le presentase, aunque sus conocimientos nunca pudieron haberlo preparado para lo que halló al abrir la tapa de ese contenedor de residuos. Observó el pequeño y maltrecho cuerpo en el contenedor reprendiéndose por no haber podido llegar a tiempo. Una lágrima amenazaba filtrarse por su mejilla cuando oyó el mismo y débil quejido proveniente de allí, se acercó como pudo para comprobar con el uso de uno de sus dedos el aliento de la pequeña personita, ubicando el mismo debajo de su nariz de botón notando que apenas respiraba. No logro detenerse a examinar al ser humano apenas luchando por vivir ya que un par de luces iluminaron su espalda, procedió a girar para encontrarse con el camión recolector llegando a su destino, por lo que sin mediar consecuencias se aproximó a la calle parándose frente a este, insistiendo con movimientos repetitivos hasta lograr que se detuviera. El camión se detuvo a tan solo centímetros de su rostro, un enfurecido chofer bajo a su encuentro quejándose sobre interrumpir su trabajo, sin ceder a sus embistes Mike lo guío hasta el motivo de su irrupción, vio los ojos del hombre turbarse y su rostro ser preso de una miríada de emociones, culminando con una mueca de horror y angustia. Culminando aquello al vaciar el contenido de su estómago a un lado del metálico elemento. No dudo en proporcionar ayuda al Osado para extraer el pequeño cuerpo de ese lugar, improvisando una gran tabla como camilla, la recostaron allí, mientras el osado no vacilo al cubrir el cuerpo de la pequeña con su chaqueta antes de depositarlo en la improvisada camilla. Se propuso revisar sus tenues signos vitales y asegurarse de que aún no se hubiese rendido, antes tomar la radio para pedir ayuda; —Teniente Pedrad al habla, unidad siete, sector tres, edificio doce ¿Me oyen? —Pidió frenético al radio por apoyo—.

Luego de unos instantes de estáticas y repetir el llamado finalmente obtuvo una respuesta; —Te oigo Mike —Respondió Adam Jones, el líder de su unidad, así como su mejor amigo, él respiro aliviado al oír la familiar tonalidad—. ¿Encontraste el gato para Zeke?

—No. ¡No importa! —Exclamó con urgencia—. necesito una ambulancia de Erudición en mí localización, encenderé el rastreador. ¡Es urgente! —Imploró, cerrando su mano levemente conteniendo la de la niña, para asegurarle, aunque ella no fuese capaz de abrir los ojos que no se encontraba sola, para luego de esa acción cubrirla con su abrigo, sabiendo que necesitaba todo el calor que pudiese proporcionarle—.

El líder Osado detuvo su vehículo, pendiente de los dichos de su amigo en la radio; — ¿Te encuentras herido? —Inquirió con preocupación—.

— ¡NO! —Respondió de mala manera—. Lo siento... ven aquí te lo explicaré cuando llegues. Pero, por favor, confía en mí, llama a la ambulancia.

Espero unos tortuosos dos minutos junto al radio hasta recibir una respuesta, el conductor del camión tampoco parecía querer moverse del lugar; — ¡Hecho! Dicen que la zona es compleja por lo que tardarán un cuarto de hora, estoy a tres minutos de tu posición. Espero que tengas un buena raz...

—¡Gracias amigo! —Interrumpió la diatriba de su superior apagando el radio—.

Adam rodó los ojos, ante la actitud de su subordinado, era su mejor amigo y eso era lo único que lo excusaba por ser tan despistado e irreverente en su trato. Mike dejo su acuclillada posición disponiéndose a tomar asiento en el suelo, siendo todavía iluminado por las luces del camión de residuos, el atardecer transcurrió a su alrededor, mientras él no podía pensar en otra cosa que no sea la pequeña a su lado, la misma que parecía tener la edad de su hijo menor Uriah. Tocó su rostro, la piel ahora menos fría que lo que estuvo antes, sin embargo, no podía entrar en el rango de cálida. Aguantó el aliento viéndola respirar con dificultad, rogando a los dioses en los que alguna vez creyó que resistiera, nadie merecía perecer en un contenedor de basura. Adam llegó a su lado al momento en que la pequeña mano de la niña se deslizaba fuera de la cobertura de su abrigo, el mismo que parecía enorme ante el escuálido cuerpo, la diminuta mano se acercó a la suya y el hombre no dudo en cerrar su mano sobre está, intentando brindarle algún tipo de comodidad.

— ¡Qué demonios! —Exclamó Adam con indignación a la vez que se inclinó sobre el cuerpo para evaluar su estado, lo poco que se apreciaba de este era trágico, pronto el silencio sepulcral fue quebrado por un leve maullido—. Lo encontré de camino aquí, pensé que... No importa ¿Que sucedió?

Mike negó; —No lo sé, ella estaba allí —Señalando el contenedor—. Espero que la ayuda llegue a tiempo.

Adam asintió en silencio para darle la espalda volviendo a la camioneta en la que había llegado, esa pequeña estaba herida más allá de la recuperación, por lo que él no veía ni quería poner esperanzas en su recuperación, pero si existía una fuerza superior sobre ellos y ella tenía futuro los gérmenes del pequeño gato callejero no harían más que contribuir a su deplorable estado. Dejó a su pequeño copiloto en una caja que Mike había dejado previamente en su camioneta para tal fin, acomodó al felino dentro de esta y tal como lo haría un buen amigo volvió al lado de su subordinado, tomando asiento al otro lado de la pequeña, aguardando la pronta llegada de la ambulancia erudita.

Los dependientes que debían correr tras el camión no pudieron vencer a su curiosidad y se acercaron al sitio donde los tres hombres veían al pequeño cuerpo como si los seis ojos sobre ella pudieran darle fuerzas para seguir luchando. El chófer finalmente tomo una decisión alzándose sobre sus piernas, volviendo a una posición erguida, se alejó del grupo volviendo a su camión los cuatro hombres siguieron con la vista sus pasos dubitativos, él desestimando sus miradas siguió su rumbo hacia la cabina; adentrándose en la misma rebuscó entre los papeles que conservaba a un lado del sillón hallando una suave manta de plush en tonos rosas y verdes, la tomó entre sus manos y se apresuró a descender. Las primeras estrellas adornaban el manto de la noche y la temperatura decayó un par de grados en los últimos minutos, ofreció la manta a los Osados mirándolos como si estuviese pidiendo permiso para acercarse; —Es para ella, tu chaqueta no la cubre entera y sus pies están tornándose azules —Explicó con el brazo extendido—.

Mike estiró su brazo para tomar lo que le ofrecían. Con un tono de voz mortalmente serio, fingiendo una inexistente calma miró al hombre. Los oscuros ojos de Michael Pedrad eran indescifrables; — ¡Gracias! Pueden seguir su curso si así lo desean. Excepto por este contenedor y los alrededores del lugar no necesitamos nada más para iniciar una adecuada investigación.

El chófer asintió haciendo señas a sus compañeros, los tres ascendieron al vehículo sin una segunda mirada al par de Osados. En cuanto giraron la llave para dar vida al enorme vehículo las luces verdes comenzaron a reflejarse en los decrépitos edificios que los rodeaban. El camión no arrancó, los soldados Osados demostraron su imperturbable mueca mientras se erguían en orgullosas posiciones como inamovibles guardias de aquella pequeña. Un equipo de paramédicos se detuvo detrás de la camioneta negra propiedad de Osadía, saliendo presurosos a su encuentro, mostrándose insensibles ante la imagen delante de ellos, manipularon el cuerpo con sumo cuidado, quitándole los elementos con los cuales se había cubierto, proveyéndola de una manta térmica, comprobando sus signos vitales, colocándole una vía y administrándole un sedante, todo ello antes de subirla al vehículo médico; —Solo uno de ustedes puede acompañarla —Advirtió una de las enfermeras—.

Mike se adelantó ingresando allí, las puertas se cerraron detrás de él y el vehículo comenzó su regreso luego de girar en la dirección correcta, Adam miró a los hombres sobre el camión de residuos, tomo la manta que le habían ofrecido a la pequeña e intento devolverla, el chofer negó señalando al vehículo que se alejaba, no necesitaron palabras para comunicarse, el líder osado asintió, retirándose hacia la camioneta para seguir a la ambulancia que acababa de abandonar la escena, aún si conocía perfectamente su destino, quería estar allí para apoyar a su amigo que se veía sumamente afectado por la situación, los quince minutos de demora que habían tenido al llegar al lugar del hecho fueron reemplazados por siete al encaminarse a Erudición. La camilla descendió con Mike siguiendo sus pasos y un grupo de enfermeras y médicos apresurándose a proporcionar tratamiento a la pequeña; —No tiene signos de facción —A los niños, a la edad de dos años se les proveía de una marca provisoria que profesaba su facción, misma se desvanecería conforme fuese creciendo hasta desaparecer completamente al alcanzar la pubertad, un par de años antes de su elección—. Parece tener alrededor de tres años, aunque su cuerpo desgarbado podría indicar también una edad menor, deberemos hacer pruebas de edad sobre sus huesos para una confirmación —Ambos osados asintieron ante la mujer de cabello negro pulcramente atado en lo alto de su cabeza—. Erudición no se hará cargo de los gastos de un sin facción —Declaro con frialdad—.

Las palabras de la mujer hicieron hervir la sangre de Mike por lo que Adam tomo su brazo calmándolo; —La niña será apadrinada por mi facción entonces, Osadía correrá por los gastos de su tratamiento, sin importar los costos o gravedad de estos.

La mujer asintió sin emociones expresadas en su rostro; —También necesitamos un nombre, o puede ser llamada por su número de paciente, ya que para cada paciente se abre un registro, sin embargo, necesitamos una identidad viable para asignar la facturación, entonces… —Espero la mujer a que uno de los dos hombres frente a ella se dignase a responderle—.

Adam no creyó que la niña sobreviviese la noche por lo que no supo que responder, ya que cualquier tipo de respuesta seria poner un manto de esperanzas sobre ella, Mike por su parte se removió inquieto a su lado adelantándose; —Pedrad, su apellido es Pedrad —Afirmo Mike con convicción siendo detenido por la muñeca en un férreo agarre de su amigo quien negaba con firmeza—. ¡Ella es Pedrad!

La mujer negó viendo a los dos hombres, era obvio que la niña no podía por ningún medio ser hija del hombre que hablaba, sus teces eran de tonalidades diferentes, mientras la niña era pálida como una hoja de papel, el hombre que hablaba era moreno. La niña tenía labios finos y delgados mientras el hombre esbozaba una boca carnosa y llena. La estructura ósea de la pequeña se veía débil aun sin las heridas sobre ella y el hombre se veía firmemente constituido; —No eres su padre, Michael Pedrad —Afirmo la mujer en tono plano—.

Mike la vio con seriedad, se acercó a la mujer alejándose bruscamente de su amigo, intimidándola con su gran estructura, sobre la pequeña mujer; —Necesitas un nombre ¡Ponle el mío! -Exigió con vehemencia—. Ella será parte de mi familia hasta que los veraces digan lo contrario o hasta que ella pueda llamar a sus padres. Anótala como Pedrad —Pidió en un tono de voz frio y exigente—.

La mujer, miro a Adam quien negaba con resignación para luego posar su vista en Mike quien parecía ajeno a su escrutinio mirando por encima de ella, intentando divisar el destino de la niña. Resoplo incapaz de discutir con el hombre frente a ella, se retiró un paso hacia atrás y dígito en su tableta "Habitación 103; Niña Pedrad"