Uno de los regalos para Bella Stefany por el evento del Amigo Invisible del grupo de Facebook "Club de Lectura en Fanfiction".

Renuncia: Shingeki no Kyojin es propiedad de Hajime Isayama.

Ambientado en un fragmento del capítulo 108 del manga.

¡Felices fiestas!


Después del arduo día de trabajo en la construcción de vías de Paradis, la locomotora arribó en la terminal. Mientras me levantaba sentí una ráfaga de viento pasar a mi lado. ¿Qué asuntos podía tener uno de nosotros para salir disparado de esa manera? Noto que era Sasha quien se alejaba corriendo como si fuera la presa de un temible depredador.

—Connie —llamo, intrigado por el comportamiento de nuestra amiga. Él entendía mejor a Blouse que cualquiera de los miembros de la legión.

—¿Si?

—¿Qué le pasa a Sasha? Ha estado inquieta desde que la insultaste. —Recibo una mirada divertida de su parte que no comprendo. O mi cerebro estaba demasiado cansado por la extensa exposición al sol o ellos habían enloquecido—. ¿Debería sugerirte que le pidas una disculpa?

—Debería recibir un "gracias" de su parte —comentas y sonríes ligeramente—. La he ayudado a descubrir algo importante.

—¿Qué?

—¿Oh? ¿Así es cómo se siente ser más listo que el futuro comandante?

—Oh, por favor —digo, fastidiado.

Después de dormir repasaría los hechos y seguramente hallaría la respuesta correcta.

. . .

Me deslizo por las calles como un ciervo. Mi vista de águila barre el camino aprovechando los últimos rayos del atardecer. El cielo está pintado de rosado y la Luna está a pocos minutos de dominar el cielo.

Necesito contarte lo que ocurre dentro de mi cuando estamos juntos.

Que, a veces, la calidez se extiende por todo mi pecho cuando me dedicas una sonrisa, como si mantuviera una antorcha cerca de mi torso.

Que, a veces, mi corazón late como si se enfrentara a los titanes cuando siento tu mirada posarse sobre mí mientras almorzamos lado a lado.

Pero no me asusta, ¿por qué lo haría? Quiero seguir sintiéndome así.

Puedo apostar toda la carne del mundo que he visto tus mejillas sonrojarse cuando te contemplo cocinar.

Oh, Nicolo.

Mi chico de ojos heridos por la guerra y cabello de espiga de trigo.

De voz firme. Tono agresivo al principio, tono calmado actualmente.

De manos expertas y yemas callosas.

Por alimentar con tu habilidad a marleyanos y eldianos.

Por tu entrenamiento como soldado.

Conozco muy poco de la historia que te ha hecho el hombre que eres.

No puedo esperar conocer más.

Llego a la entrada trasera del restaurante y golpeo la puerta.

Escucho los pasos acercándose tranquilamente. No son los tuyos.

—Nicolo ya se fue a casa —dice uno de los cocineros, él que no me mira cómo si fuera un demonio.

—Gracias.

Vuelvo a correr.

Necesito verte.

Obsérvame una vez más, con ese cariño infinito que se siente tan bien viniendo de ti.

Reconozco tu figura unas calles más allá; así pues, acelero hasta estar detrás de tuyo y te envuelvo en un abrazo brincando sobre tu espalda.

Ojalá pudiéramos extender este momento al infinito.

—¿Quién diablos? —preguntas alarmado antes de girar la cabeza—. ¿Sasha?

Respiro profundamente. La carrera ha sido intensa.

—¿Sabes qué día es hoy? —Logro preguntar entre jadeos.

—Eh... martes.

—No, no. Hoy es el día en el que tuve una epifanía. Verás, cuando...

—¿Puedes bajarte antes de continuar?

Mis pies volvieron a tierra firme, pero no estoy estable. Me inclino para apoyarme en mis rodillas. Un breve descanso para mi cuerpo empapado en sudor.

Te volteas hacia mí entre preocupado y confundido.

—No te puedo dar los detalles, pero hoy entendí por qué soy la más idiota entre mis amigos —anuncio tratando de recuperar el aliento.

—Tú no eres eso, Sasha —replicas, seguro.

Me levanto como un resorte. Te sobresaltas.

—Pues esta vez sí que lo fui. Connie lo repitió una vez más y pude entenderlo en un segundo.

—¿Y tus conclusiones son?

—Te quiero.

Tus mejillas se tiñen de escarlata inmediatamente.

¿Ocasioné un incendio en tu interior? Permíteme agregar combustible.

—Nicolo, te quiero muchísimo. Desde que el sol sale hasta que se oculta apareces en mis pensamientos. Bajo el cielo nocturno te recuerdo sonriéndome. Mientras duermo apareces en mis sueños cocinando los más deliciosos platillos. —El rubor se extiende por todo tu rostro. Te ves adorable—. No quiero alejarme, debo hacerlo porque soy una soldado, de lo contrario pasaría todos mis días a tu lado. Ah, espera, sino soy una soldado no te hubiera conocido. En ese caso, declaro que eres algo por lo que vale la pena luchar arduamente.

—Yo…

—Hemos sobrevivido hasta este punto de nuestras vidas. Somos afortunados de tenernos el uno al otro, por eso te pregunto lo siguiente.

Tus ojos brillan con expectativa ante mi pausa.

"Quiero que vivan el mayor tiempo posible", dijo Eren hace aproximadamente una hora.

Si mi vida iba a ser larga es mejor comenzar con los planes para que todo sea ideal tras el final de la guerra.

—Nicolo, ¿quieres formar una familia conmigo?

—¡¿Qué?! —Retrocedes tres pasos. Tu rostro revela cuánto te impactaron mis palabras—. Pensé que me preguntarías si quiero ser tu novio.

—¿Así lo hacen en Eldia? —Ríes suavemente, permitiendo liberar un poco las emociones que te he provocado. Acerco mis manos a tu rostro y lo acuno—. En ese caso… ¿quieres ser mi novio?

Hay un rastro de duda en tus ojos. Me duele un poco, pero es un miedo sensato. Soy la niña de los bosques que nunca fue el monstruo que te hicieron creer y tú eres un prisionero de guerra que tratan despreciablemente ante la mínima oportunidad.

Quizá en un par de años podremos vagar por la playa en busca del lugar perfecto para recostarnos y disfrutar del sonido de las olas y la calidez sobre nuestras pieles. Abriremos una canasta y merendaremos algo ligero mientras miramos el horizonte. Recordaremos que más allá del mar existió un lugar que te vio nacer y madurar, una nación a la que juraste lealtad, pero ya nada de eso importará porque tu hogar está en mi corazón.

—Te juro que me gustaría decir que sí, pero… —murmuras mientras limpio las lágrimas de tus mejillas con mis pulgares.

—No necesito una respuesta ahora, Nicolo. —Tu mirada cristalizada me encoge el corazón, pero intento calmarte con una ligera sonrisa—. Solo los dos somos suficientes por ahora. Podemos retomar esta conversación cuando estés preparado.

Caminamos juntos por las calles bañadas por la luz blanca de la Luna llena. Siento que atrapas mis dedos entre los tuyos, entrelazando nuestras manos como si aún no pudieras creerlo. Te comprendo porque tampoco puedo creer lo afortunados que somos al vivir este maravilloso momento.

—¿Por qué una familia? —indagas tras un largo silencio.

—Necesitaremos personal cuando tengamos un restaurante. He ahorrado bastante de mi sueldo por consejo de Jean. Connie y yo alimentamos mensualmente la caja de un pequeño banco antes de que se nos ocurra gastarlo en chucherías. Si mantengo mi constancia podremos comprar uno de los locales de la zona comercial del puerto. Invitaré a mi familia y a toda la legión el día de la inauguración.

—¿Cuándo pensaste en todo eso?

—Hoy —afirmo orgullosamente—. Además, Jean y Connie serán los padrinos y darán un discurso tan emotivo que nos harán llorar. Espero que sepas sobre contabilidad, sino le pediré a Armin que nos dé lecciones.

—Eres increíble —manifiestas, atónito.

Rio nerviosa. Veo que tus ojos se posan en mi boca. Comienzo a sonrojarme.

—Tú también —declaro—. ¿Puedes acercarte?

Comprendes mis intenciones y te inclinas. Cierro los ojos cuando siento tu aliento sobre mis labios. La unión de nuestros labios provoca que mi corazón lata como si quisiera escapar de mi pecho. Me estremezco cuando tomas mi cintura. Paso mis brazos por sobre tus hombros y te acaricio la nuca. Es como si un cuerpo estuviera esperando este momento desde mi nacimiento.

Hemos sellado una promesa con este acto, ¿lo sabes? La Luna es nuestro testigo y confidente.

No puedo esperar el mañana.