CAPITULO V: LLEGA EL OTOÑO

Se movió levemente entre las sábanas, perezosa y cómoda. ¿Hacía cuanto no tenía la sensación de haber dormido tan bien? Se revolvió un poco más, disfrutando de la calidez que la envolvía, de la suavidad de las sábanas y lo blando del colchón en el cual había descansado y como poco a poco sus sentidos se despertaban a medida que su cerebro tomaba conciencia.

Trato de estirar los brazos pero sus intentos se vieron frustrado al ser consiente de unos brazos que la mantenían encerrada. Se removió una vez más tanteando el terreno. Sus manos se encontraban encarceladas entre su pecho femenino y el de su carcelero. Una de sus piernas estaba entre medio de las piernas masculinas que la apretaban con suavidad y su espalda era abrazada por unos brazos y manos que la sostenían con firmeza contra el.

Inspiro rápida y repetidas veces, sus profundos ojos verdes se abrieron y una preciosa sonrisa surco su rostro al reconocer el inconfundible aroma masculino. Su vista enfoco el rostro sereno de su hermano, plácidamente dormido y como nunca, sin su ceño fruncido. Una risita escapo de sus labios al darse cuenta que esta era una de las pocas veces que podía apreciar sus facciones sin que estuviera presente su característico ceño fruncido.

Suspiro profundo, y con cuidado libero una de sus manos paseando las yemas de sus dedos con suavidad sobre las facciones del castaño. Otro suspiro volvió a escapar de su boca y en un gesto inconsciente, mordió su labio inferior.

Era tan atractivo…tan condenadamente guapo. Su hermano era un príncipe, su príncipe. Guapo, inteligente, valiente, fuerte, astuto y honesto. La hacía suspirar del anhelo con solo pensar en él. Lo admiraba, admiraba su valor y su fortaleza, admiraba su temple y su dedicación.

Los dedos de Sakura pasaron rozando con dedicación los labios de su hermano. Sus mejillas se colorearon al sentir la suavidad de su boca. ¿Xiao-nii habría dado su primer beso? De repente, sintió un vació en la boca del estomago y como si su corazón fuera apretado en un segundo.

No.

Estaba imaginando cosas, si Xiao-nii hubiera dado su primer beso, lo sabría, se lo habría contado, estaba segura.

Volvió a suspirar e inconsciente acerco más su rostro al de él, sus delicadas cejas se fruncieron en una mueca, mezcla de preocupación y ansiedad. Ella no había dado su primer beso. Nunca en su vida había sentido interés por ningún chico, siempre que pensaba en el tema, el rostro de su hermano aparecía en su mente y simplemente, sentía que nadie podría competir con él. Esperaba mucho de un hombre, esperaba lo que su hermano era con ella y no pensaba aceptar menos que eso, al fin y al cabo, el haber sido amada con tanta intensidad solo la había hecho consciente que no debería aceptaría menos que eso.

Solamente Yukito, había sido capaz de llegar a su corazón, de despertar en ella un interés genuino pero aún así, su hermano seguía siendo su número uno. Nunca pondría a nadie sobre Xiao Lang Li, era su prioridad, siempre lo había sido y nunca dejaría de serlo.

Por eso, Sakura Li, tenía un deseo secreto. Un deseo que tenía desde que era consciente de las diferencias entre los hombres y las mujeres.

Un deseo insano, contra natura e inmoral. La carcomía por dentro cada vez que pensaba en ello.

Todas las primeras veces de su vida nunca las había vivido sola, siempre las había compartido con su hermano, a su lado, cada momento especial, era un recuerdo compartido.

Por eso, desde el egoísmo más puro y el deseo más prohibido, quería que su primer beso fuera dado por el y por nadie más. Su madre, siempre le enseño, desde muy pequeña que un beso era un regalo y que por tanto, debía ser dado a la persona más amada y ella, ella…amaba más que a nadie a Xiao Lang.

Trago duro posando su palma sobre la mejilla del castaño, serenamente dormido.

A veces Sakura se detestaba. Detestaba lo egoísta que era cuando se trataba de el. Detestaba lo mucho que deseaba tomar todo de su hermano, detestaba el deseo de monopolizarlo y a veces, muy, muy, muy en el fondo, detestaba amarlo tanto porque tenía deseos prohibidos, como este, como el que estaba apunto de hacer realidad a la fuerza.

Sabía que el castaño le daría todo, todo lo que ella quisiera siempre y cuando no fuera contra su moral o contra la idea de que pudiera corromperla, la protegía como si fuera de cristal. Por eso, sabía que jamás le daría esto, no le daría el regalo de su primer beso, y si el no iba a dárselo, lo tomaría, porque jamás soportaría que sus labios y los suyos tocaran los de otra persona antes que los de ella.

Su rostro recorrió el poco espacio que los separaba con lentitud. Sintió la acompasada respiración del castaño chocando con la suya, como sus respiraciones se mezclaban. Trago duro una vez más casi rozando los labios masculinos con los suyos, despacio, sintiendo como su corazón corría en su pecho, como sus manos transpiraban y como las emociones la consumían lentamente y, entonces, finalmente, su boca se apretó suavemente sobre sus labios.

Se alejo asustada, ante la suavidad de su boca, ante sus emociones y ante la idea de que hubiera podido despertarse. Lo miro con los ojos abiertos, temerosa de lo que acababa de hacer pero el parecía inmune a sus acciones, sumido en un sueño profundo.

Para Sakura fue claro y doloroso a partes iguales. Quería besarlo de nuevo, ansiaba dolorosamente más. Sin esperar, volvió a juntar sus labios. Un suspiro profundo escapo de ella, nuevamente, al tener sus labios contra los de su hermano, quedándose así, sin moverse, solo con sus labios tocando los suyos.

Un beso inocente, casto y simple.

Si, Sakura a veces se detestaba pero ni ese sentimiento era capaz de detenerla. Era egoísta, mimada y caprichosa cuando se trataba de Xiao Lang, y no le importaba. Al fin y al cabo, en ese momento, solo estaban ella y su hermano, y si despertaba, se ganaría un buen y largo regaño pero jamás su odio porque no podría odiarla, ¿verdad?

A veces Sakura se detestaba. Detestaba la certeza de saber que no iba a dejarla. El, la amaba de la manera más pura, más honesta y leal, la protegía y la atesoraba, la cuidaba y la mimaba, era lo más importante para él, lo sabía, lo sabía tan bien.

Sintió unas inmensas ganas de llorar.

Desde que era una niña, no hubo nada que hubiera querido más que a él. Desde que sus ojos vislumbraron y reconocieron su figura, no existió nada más. A diferencia del noble amor que su hermano sentía por ella, Sakura lo amaba de una manera diferente, algo dentro de su corazón era opacado por una sombra oscura sobre sus sentimientos hacia Syaoron, algo que no lograba comprender por más que pensará en ello, la impulsaba hacia a el con ferocidad.

El primer impulso que tuvo en su vida, el primer deseo ferviente había nacido del deseo que el la amara. No supo distinguir cual fue el momento preciso ni que fue exactamente lo que lo había logrado pero cuando visualizo el amor en sus ojos, Sakura sintió que todo estaba bien en el mundo y se dedico a cultivar todos los días ese amor porque sabía que en la naturaleza de su hermano no estaba la iniciativa de amar, no la necesitaba realmente y que la amará a ella, la hacía sentir segura y poderosa por alguna razón.

Pero al mismo tiempo, quería salvarlo de ella, porque lo amaba y el deseo de monopolizarlo para que no mirara a nadie más, la asustaba.

No quería lastimarlo.

Esa era su verdad, esos eran sus sentimientos que no terminaba de entender. De cierta manera tenía la sensación que su hermano le pertenecía, y la sensación de posesión la impulsaba a desear cosas de el que no estaban bien.

Por eso, quería más, mucho más que un simple y casto beso de Xiao Lang.

Movió sus labios sobre su boca, despacio, envolviendo el cuello masculino con sus brazos, acariciando con sus manos su cabellera chocolate, sedosa y rebelde. Succionó lentamente el labio inferior de Xiao Lang, sintiéndose pletórica, saboreando su sabor, pegándose más a su cuerpo, de ser posible. El sabor de su labio era dulce en su boca, tal vez ese dulzor se debía a la cantidad poco sana que ingería de chocolate o tal vez no, pero en cualquier caso, le encantaba. Trato de profundizar más el beso abriendo más la boca masculina, introduciendo su lengua y buscando la del castaño, entregada a sus sensaciones tan placenteras como dolorosas pues su corazón estaba vuelto loco, sentía las orejas caliente, tenía deseos de llorar y al mismo tiempo, no quería parar. No podía parar.

Algo dentro de ella, todo este tiempo dormido, comenzó a despertar, sedienta e insaciable. Algo muy oscuro que no la estaba dejando pensar con claridad.

Acaricio con la punta de su lengua la superficie de la de el. Se estremeció y una corriente eléctrica le atravesó el cuerpo.

Quería más.

Sus labios comenzaron a moverse esta vez sin tanto cuidado sobre la boca de su hermano, y su lengua se dio el trabajo de recorrer su cálida cavidad, suspiro, y luego se paralizo.

La boca de su hermano se movió sobre la de ella con una lentitud tortuosa y supo que estaba despertando. Sus labios emitieron un suave sonido y de pronto sintió que la boca de Xiao Lang se separo de la de ella con brusquedad.

Abrió sus grandes ojos verdes, asustada y se encontró con una mirada de miel completamente desconcertada. Su ceño fruncido, sus ojos abiertos, sus labios entreabiertos y sus facciones estáticas, la observaban con verdadero terror.

–Sa..sa..sakura, ¿qué estas…?– sus ojos no podían mentirle, Syaoran la miraba con miedo dilatado en sus pupilas. Sintió como si cayera desnuda sobre la nieve más fría, en el día más frío del año.

¿Qué estaba haciendo? ¿Qué acaba de hacer? Sakura tembló terriblemente, aún entre los fuertes brazos de su hermano que la seguían sujetando con fuerza bajo el escrutinio de su mirada.

–Yo…yo…yo…no sé– dijo con un hilo de voz, viéndose reflejada en sus ojos ámbar.

Syaoran trago pesado, tratando de calmarse, de pensar con claridad. Se veía tan o más asustada que él, Sakura lo miraba a punto de llorar y el estaba recién despertando, encontrándose con la sorpresa de su vida, los labios de su hermana sobre los suyos, exigentes y demandantes, recorriendo su boca con un afán que desconocía.

Cálmate, pensó tratando de buscar una explicación a lo que estaba sucediendo. Estaba durmiendo, evidentemente y lejos de estar teniendo un sueño erótico se trataba de uno bastante normal, en el que salía con Sakura a pasear y de un momento a otro la situación subía de nivel. Su hermana le confesaba que estaba enamorada de el y sin previó aviso tomaba sus labios, exigiendo un beso, un beso que correspondió ansioso…sumo dos más dos y dio con la posible respuesta.

Suspiro aliviado al darse cuenta que era lo que posiblemente había pasado. Sakura la noche anterior le había exigido, casi obligado a que la abrazara. Trato de persuadirla de que eso no estaba bien y que lo mejor era que durmieran como generalmente lo hacían, uno al lado de otro, sosteniendo la mano de su hermana o ella abrazada a uno de sus brazos, pero no, había insistido en que quería dormir abrazada a el y no tuvo más opción que ceder ante su insistencia y evidentemente por la forma de sus cuerpos entrelazados y la cercanía de sus rostros durmiendo uno al frente de otro, pudo haber sido que su hermana tuviera un sueño en que besaba a alguien más y ninguno de los dos se diera cuenta que era lo que hacía en realidad.

La volvió a mirar relajando sus facciones, una de sus manos se poso en su cabeza y le dio tres suaves palmaditas y luego, le sonrió de lado, con una expresión burlona en su rostro. Quería tranquilizarla, decirle que todo esta bien, no había sido nada grave. Nada de lo que en verdad se arrepintiera porque por un momento, pudo sentir los tan suaves y carnosos labios de su pequeña boca. Una delicia, definitivamente pero ella estaba asustada, y lo veía como si en cualquier momento fuera a ocurrir una desgracia.

–¿Estabas teniendo un sueño muy real? – le preguntó conciliador, mirándola comprensivo.

Sakura sintió como el aire volvía a su cuerpo, relajando todo su cuerpo en tensión pero sin poder dejar de sentirse paralizada. Movió la cabeza de arriba abajo lentamente con los ojos muy abiertos sin perder de vista ni un solo gesto del castaño y sin poder evitarlo, sus lágrimas cobraron vida propia, cayendo silenciosa por sus mejillas.

Comprendió que estaba mal escudarse siempre en su amabilidad

Syaoran se alarmo al presenciar lo que más detestaba en el mundo. Las lágrimas de su hermana.

–Hey cariño, ¿por qué lloras? – trato de calmarla, pasando sus dedos entre su larga cabellera– no te preocupes, es mi culpa, no has hecho nada malo. Lo siento, tuve que haberte asustado, de verdad lo siento.

Sakura cerró los ojos con fuerza sintiendo el peso de la culpa. Hasta cuando Syaoran la protegía. Tomaba la responsabilidad cuando no tenía ninguna, para liberarla de las consecuencias.

A veces, Sakura sentía que era una pequeña flor de cerezo preservada en una jaula de cristal, encerrada en la protección que Syaoran se empeñaba en poner en ella. Siempre liberándola y al mismo tiempo enjaulándola, sin dejarla crecer.

Gracias a eso, su primer beso se convertiría en el recuerdo amargo de una mentira, de las consecuencias de haber abusado de la confianza que le fue entregada, de tomar a la fuerza lo que quería. No podía hacerlo eso a el, no quería, no quería ser protegida esta vez.

–Eres mi primer beso, Xiao-nii–le susurro con su vista fija en los ojos de miel frente a ella.

Syaoran abrio sus ojos tanto como sus parpados se lo permitieron, se paro de la cama y al segundo hizo una profunda reverencia hacia ella.

–Lo siento–dijo– lo siento, por favor, perdóname. No quería robarte algo tan importante, no era consciente de lo que hacia, por favor, Sakura, perdóname– el tono de su voz delataba la culpabilidad que lo embargaba. Solo unas palabras de ella y el se atribuía todo el peso de sus acciones.

Sakura se mordió los labios, impotente ante su comportamiento.

–Xiao-nii…–llamo. Quería verlo a los ojos cuando le dijera la verdad, quería que supiera que no tenía culpa de nada, en ninguna cosa. La culpa era de ella y solamente de ella, no dejaría que sufriera pensando equivocadamente que le había faltado el respeto. El castaño se enderezo y la miro, sintiéndose la peor bestia del mundo– Yo quería que tu fueras mi primer beso. No quería darle eso a nadie más que a ti…

–¿Qué…estas diciendo? – dijo casi sin voz, tratando de procesar las palabras de su hermana.

–Mamá siempre dijo que un beso es un regalo y que debía dárselo a mi persona más amada– los ojos verdes reflejaban la suplica de un sentimiento escondido, encarcelado dentro del corazón puro de una adolescente que no entendía sus propias emociones pero que no podía mentir, aún si no los entendiera del todo– y mi persona más amada eres tu.

Sakura no parecía ser consciente que todo su cuerpo se sacudía lo suficiente para hacerla temblar pero aún así, con sus mejillas sonrojadas y asustada, no apartaba la vista del rostro confundido de Syaoran, que trataba de dirigir las palabras de su hermana.

–Tu…me besaste…–la voz casi no le salía al comprender sus palabras, lo que trataba de decirle entre líneas finas y confusas, con palabras ambiguas. No, Sakura no, por todo lo sagrado, no quería corromperla. La amaba y se había resignado a su destino con la fortaleza de saber que mantendría el alma de su hermana lejos de sus pecados, tan inocente como siempre había sido su preciosa Sakura. Un miedo que no conocía le subía por la garganta, apoderándose de él, del futuro que le esperaría a ella si sus palabras significaban lo que el estaba pensando con terror. La repudiarían, la apuntarían, la humillarían, sería aislada y agredida. No quería eso para ella, no para ella– Sakura…somos hermanos…no digas eso, no puedes decir eso.

La joven dio un paso hacia adelante con determinación, buscando su cercanía y el retrocedió, asustado de su firme resolución. Avanzo otro paso más y el volvió a retroceder otro.

–Todas…– comenzó a decir la castaña en un susurro firme, sin dejar de mirarlo–todas mis primeras veces las he compartido contigo, te las he dado a ti y tu me has dado las tuyas– Sakura frunció el ceño sin entender de donde nacía ese fuego que la consumía y una rabia que prometía comérsela viva, ante la idea injusta de no poder reclamar lo que ella reconocía como un derecho que le pertenecía solo a ella. Cerro sus puños y alzo la voz– ¿¡Por que tu primer beso no puede ser mío!?

–Este no es mi primer beso– respondió sin pensar, sin controlar el pensamiento fugaz que apareció en su mente al evocar el primer beso que le había dado a una joven de su paralelo hace un tiempo atrás. Una chica tímida y tranquila que le recordaba a Sakura, con cabellos color de la miel y ojos cafés. Ese primer y último beso que ella le había pedido temblando después de haberle confesado sus sentimientos, se lo otorgo buscando en esa chica dulce y tímida el recuerdo de quien no podía tener. Un simple y casto beso en los labios, eso había sido todo.

A la menor de las Li se le cayó la expresión del rostro al escuchar su confesión y sus facciones se dilataron a tal punto que no expresaron nada, absolutamente nada más que una cara de póker y unos ojos que miraban la nada, procesando la confesión. El extraño trance en el que había estado sumida, la decisión firme y el impulso desconocido explotaron cual globo reventando de un momento a otro. Despertándola, volviendo a encarcelar en su pecho ese extraño sentimiento.

Como si nada hubiera pasado ni escuchado, Sakura se inclino levemente frente a él, sin mirarlo directamente.

–Lo siento– dijo con voz calmada y neutra, saliendo de la habitación de Syaron con la misma calma de sus palabras. La puerta se cerró con suavidad y solamente el silencio reino en la habitación del castaño.

¿Qué demonios acababa de suceder?

El mayor de los Li se quedo viendo el espacio vacío que había dejado la figura de su hermana, demasiado choqueado para reaccionar. El silencio reino en su habitación por los siguientes minutos, que trascurrieron más rápido de lo creyó. Su mente no procesaba información, se encontraba completamente en blanco.

–Mierda– soltó de pronto al comprender, al fin lo que había hecho Sakura, lo que había dicho él.

Salió corriendo a la habitación de la castaña y sin tocar, trato de abrir la puerta sin éxito. Sin ninguna delicadeza llamó a la puerta de su hermana.

–Sakura, ábreme. ¡Ahora! –gritó sin contenerse. Sin importarle si sus padres estaban o no en la casa. Al carajo todo, iba arreglar esta situación y lo haría ahora, no volvería alejarse de ella, sea lo que sea que haya hecho, sea lo que sea que sienta por el o el por ella, no se iría de su lado. Volvió a golpear la puerta, enérgico. Si Sakura no le abría, entraría a la fuerza. –¡Ábreme maldita sea, Sakura! – volvió a exigir con el corazón en la mano. Esperanzado, asustado, emocionado y preocupado.

Tantos escenarios pasaban por su cabeza a velocidad casi inhumana. Si existía una sola posibilidad…no le importaba lo que pensarán de el, pero protegería a Sakura. Se la llevaría lejos, de alguna manera conseguiría el ingreso suficiente para sacarla de Tomoeda, cambiarían de identidad y podrían vivir una vida normal, alejados de los prejuicios y de las personas que los conocían.

La protegería. Los protegería…la sacaría de aquí.

Escucho los suaves pasos de su hermana acercarse y su corazón latió en sus oídos, escucho el característico sonido del pestillo siendo sacado y sus mejillas se sonrojaron, la puerta se abrió y la intensidad de sus ojos miel se multiplico al ver la figura de la mujer que amaba.

Un agujero negro se abrió en su estómago al interceptar su mirada esmeralda.

–¿Qué sucede, Syaoran? – le preguntó como si nada hubiera pasado. Tan tranquila y serena, casi como si lo recientemente vivido hubiera sido un sueño, un producto de su imaginación.

–¿Syaoran? – repitió extrañado. Su rostro tenía la misma afable sonrisa y no había rastro de lágrimas en ella pero sus ojos verdes parecían distantes. – ¿Desde cuando…? Ahg, eso no importa. Sakura…tu, me besaste porque…–la miro con intensidad y alargo una de sus manos para tocar su mejilla. Grande fue su sorpresa cuando Sakura golpeo su mano con su palma y por primera vez, lo miro de verdad, dejando ver lo que sentía. Estaba dolida. Sus ojos verdes lo acusaban, en una mezcla de rabia, decepción y celos. –No es lo que crees. Ella…ella, solamente, es que…era una buena niña y yo…yo quería…

–¡No me importa! –alzo su voz desviando el rostro, escondió su mirada en su flequillo– solo quería saber…yo…tu…¡Traidor! – volvió a reclamar, volviendo acusarlo con la mirada.– ¡Lo habías prometido! ¡Me prometiste que siempre haríamos todo juntos! – Sakura no entendía sus propios sentimientos, se encontraba tan confundida y la rabia que la invadía le impedía pensar con claridad. Se sentía traicionada por su hermano. Siempre había sido honesta con el, siempre le había contado todo lo que hacía o dejaba de hacer, y ahora, de un momento a otro se enteraba de algo que desconocía. ¿Cuántos secretos más le escondía Syaoran? De solo pensarlo, el temor y la rabia volvían a ella.

Por otro lado, a cada palabra que soltaba Sakura contra el, más entendía lo que realmente había pasado y no podía evitar molestarse.

Que iluso había sido.

Su hermana lo había besado por esa estúpida promesa que habían hecho cuando eran unos niños. Ahora entendía, que en la cabeza de su hermana sus acciones solo eran producto de la falta de límites que no pusieron en su relación y su enojo, no era más que un berrinche, pues a su parecer el había faltado a su palabra, a su promesa con ella.

Que estupidez pensar que por un momento existía la mínima posibilidad de que ella lo amará como el esperaba.

–¿¡y que me dices de Tsukishiro!? ¡No puedes reclamarme nada! ¡Dijiste que era la persona que más querías y mira, a la primera que aparece un chico medianamente apuesto, corres detrás de el! – Sakura lo miro ofendida a niveles imposibles. Su boca hizo un mohín y la cólera tenso aún más el ambiente. Sus manos no pudieron controlarse y lo empujo con las palmas sobre su pecho. Syaoran abrió los ojos, sorprendido por el arranque de violencia de su hermana pero ella no se inmuto, siguió mirándolo indignada.

–¡Te deje claro que no me importa dejar mis sentimientos de lado por ti! ¡Qué lo más importante eres tu y aún así, te atreviste a…a…a engañarme!

–¿Engañarte? ¡Sakura, somos hermanos!

–¡Nosotros no somos como los demás hermanos! – grito histérica, en un ataque de celos. Cerro los ojos y suspiro profundo, tratando de recuperar la calma, de volver a su centro. Contó hasta diez lentamente y volvió a suspirar para enfrentarse una vez más al dueño de sus desequilibrios emocionales– por favor, vete.

–No puedo creerlo– le rebatió sin deseos de irse– ¿Tan importante era para ti esa estúpida promesa?

–Será estúpido para ti pero yo siempre pensé que…que– todas tus primeras veces, serían mías. Sus palabras murieron en sus labios y bajo el rostro. Toda la cólera que había experimentado se estaba convirtiendo lentamente en tristeza y su ímpetu caía poco a poco.

Los segundos transcurrieron. Sakura no se atrevía a levantar la cabeza ni seguir exigiendo nada. Poco a poco entraba en razón. ¿Qué le estaba pidiendo a su hermano? Era completamente normal que él le diera su primer beso a alguien más que no fuera ella. ¿En donde se había visto que los hermanos se besaban? ¿Se estaba volviendo loca? ¿Qué haría si su hermano comenzaba a odiarla por esto? Pánico. Sentía pánico de solo pensar en que comenzaría odiarla por esto.

–¿Eso es lo que quieres? – le pregunto Syaoran con voz ronca. Sakura se estremeció de pies a cabeza. – ¿Mi primer beso? – la castaña se mordió el labio inferior y asintió sin atreverse a mirarlo con la cabeza gacha.

Lo sintió suspirar y todo paso en una mezcla extraña de tiempo que prometía ser rápido pero con la suficiente lentitud para apreciar cada detalle. Su delgada muñeca se vio envuelta por una de las manos de su hermano que la guiaban hacia el interior de su habitación. Su pequeña espalda choco suavemente contra la puerta que se cerraba detrás de ella, su rostro fue levantado con tanta suavidad por las manos que envolvían sus mejillas con cuidado, acariciando su piel.

Ahogo un suspiro. Los preciosos ojos ámbar brillaban intensamente, aclarando aún más el color de sus iris, atravesándola, devorándola. Su atractivo rostro se acerco a ella hasta que su frente choco contra la suya. Vio con ansiedad sus labios y el camino de su masculina manzana de adán bajando y subiendo al tragar, lo enfrento.

Sus ojos chocaron, buscándose en el otro. Durante tanto tiempo, durante tantos años descubriéndose con la mirada, aprendiendo a leer al otro. Sakura poso sus manos sobre las muñecas de Syaoran apretándolas, alzo su barbilla y sus narices se rozaron.

–¿Estas segura? –susurro ronco sobre su boca. Sakura cerro los ojos, entregada, asintió casi imperceptiblemente con un dócil movimiento.

Syaoran acorto los centímetros que los separaban y junto sus labios con los de ella, acompañado de un suspiro final que contenía todo su anhelo. Fue un toque suave, dulce y esperado.

Una extraña sensación comenzó a cubrir sus corazones, un dulce sabor a melancolía, un trágico pasado, un deseo presente y un amor prohibido que traspasaba los límites una y otra vez.

Se separaron levemente aún con los ojos cerrados y sin mediar tiempo, sus labios volvieron a juntarse, una y otra vez. Al principio sus labios se tocaron con la misma dulzura y lentitud, en pequeños y castos besos pero a medida que el contacto de sus bocas se hacía frecuente, la inocencia y delicadeza de cada beso iba desapareciendo para darle cabida al ansía y al deseo ferviente.

Syaoran se abrió paso entre los dulces labios de Sakura, abriendo su boca, comenzando a devorarla, besándola con exigencia y pasión, profundizando su beso en cada movimiento mientras bajaba sus manos lento por sus costados hasta atrapar su cintura, apretándola entre sus dedos. La joven gimió dócilmente, dejando que la invadiera, enredando sus manos en la cabellera castaña, respondiendo a su beso con la misma pasión desenfrenada, enredando su lengua con la suya, succionando sus labios, deseando más. Ambos jadearon rápidamente, recuperando el aire que se les acababa y volvieron a juntar sus labios, ansiosos de más.

No existía palabras para describir la sensación que los recorría. Era un trance de emociones y sensaciones, parecido a estar drogado y borracho al mismo tiempo, con la droga más estimulante y el licor más suave y empalagoso, engañoso, que prometía robarte el control al primer sorbo. Adictivo y melancólico. Cada beso de sus labios cargaba cierta nostalgia pasada, el reconocimiento mutuo de una boca que jamás habían tocado pero que les recordaba a un beso pasado, al beso desesperado de dos personas que no habían conocido pero se les hacía familiar.

Se separaron lentamente con cortos y profundos besos hasta que sus labios terminaron de despegarse con los ojos cerrados y las respiraciones agitadas.

–Este es mi primer beso, Sakura– susurro ronco– y es tuyo.

–Xiao-nii…–respondió en el mismo tono. Su rostro fue envuelto nuevamente por las manos de Syaoran que pego su frente a la de ella. Sakura abrió sus ojos y se encontró con la mirada ámbar que temblaba con el rostro encendido por el sonrojo que cubría sus mejillas.

Sus piernas se sintieron desfallecer al verlo tan vulnerable, tan abierto. Su ceño fruncido parecía contraído y al mismo tiempo angustiado, era un niño asustado que solo lograba conmover su corazón. Se veía tan rendido…como si fuera a desmoronarse en ese momento, sus ojos le gritaban pero no lograba descifrar que querían trasmitirle exactamente.

Su corazón se paro.

Por inercia sus ojos se cerraron al ser besada una vez más. Un beso casto y largo, que presionaba sus labios con dolor, con sabor a despedida. Abrió sus ojos y sus mejillas fueron acariciadas por los dedos que las cubrían con infinita dulzura y delicadeza, su corazón saltaba de su pecho a cada caricia de sus dedos.

Algo estaba mal, muy mal.

–¿Qué es? –pregunto con un hilo de voz, posando también sus manos en las mejillas de Syaoran, acariciando con sus pulgares la piel de su rostro– ¿Qué esta mal Xiao-nii?

–Cuando éramos unos niños siempre me perseguías a todos lados. No te importaba si era frío o distante, me seguías sin importar que, con una sonrisa. Me hacías enojar y al mismo tiempo estaba tan agradecido que me tratarás como un niño normal…– Sakura sonrió débilmente al recordar esos tiempos cuando todo era mucho más fácil y solo deseaba estar a su lado– pero no fue hasta que te lastimaste para protegerme que me salvaste y desde entonces he encontrado mi lugar a tu lado. Gracias mi preciosa Sakura.

No se podía sentir más tocada y conmovida. Sus palabras sinceras, su amor brillando en sus pupilas y las caricias de sus manos sobre su rostro. En cualquier otro momento, estaría sonriendo, encantada de lo honesto que estaba siendo con sus sentimientos pero no ahora. Algo no andaba bien con Xiao-nii, no podía quitarse esa sensación de que se estaba despidiendo de ella.

–¿pero por que te ves tan triste? – Sus ojos se abrieron asustados al calor de una solitaria lágrima que caía por su mejilla– ¡Xiao-nii…que…!

–Porque eres tan preciada para mi– dijo von voz quebrada sin apartar su mirada de sus grandes ojos verdes– Estoy enamorado de ti, Sakura.

La sorpresa domino cada una de sus facciones sin poder contenerlas ni por un solo segundo. Sus manos cayeron del rostro masculino y se mantuvo quieta en su posición, no fue capaz de decir nada, congelada, de piedra. De pie, enfrentando su mirada resignada y una tristeza que jamás había visto en él. Las manos del castaño abandonaron el rostro femenino y se alejo unos pasos. Le sonrió débilmente, acongojado y un aire de soledad lo rodeo.

Quiso estirar su mano hacia a él, quiso abrazarlo y consolarlo. Quiso decirle que todo estaría bien, quiso decirle que siempre se quedaría a su lado.

Quiso, deseo con todo su corazón que Syaoran no fuera su hermano.

Pero Syaoran era su hermano.

Su amado y preciado…hermano.

…hermano.

La mirada de miel se desvió hacia un punto indefinido de la habitación, mirando el vació. No quería seguir viendo como comenzaba a asquearse de él, no quería ver como le rompía el corazón a Sakura, no quería seguir presenciando su rechazo. Sin decir nada más, paso por su lado sin mirarla y cerró la puerta tras de si, dejándola sola.

Quiso detenerlo, quiso ir corriendo detrás suyo, quiso gritarle que no le importaba pero se sentía tan sorprendida y confundida que ni sus piernas ni su voz parecían reaccionar. Cuando la puerta se cerro tras su espalda, Sakura supo que su mayor miedo se materializaba.

Syaoran Li se estaba preparando para abandonarla por completo.

***0***

Vacío. Completamente vacío.

Sentado en el ilustre pupitre de madera pulida, lujosa y exclusiva. Miraba la pizarra de la gran habitación con ojos inocuos y oscuros.

El tutor particular hablaba, hablaba y hablaba pero el era un zombie que solo podía escuchar un murmullo lejano de cada una de sus palabras. La sola presencia de su existencia ausente. Los deseos de llorar que lo habían consumido durante años desaparecieron con el brillo de sus pupilas.

Resignado y agotado de todas las reglas, de las éticas, de las fiestas de sociedad, del dinero y la hipocresía, de la fama y la responsabilidad. Su mente divagaba y algunas veces la velocidad de su pensamiento agarraba un ritmo de vértigo que lo comenzaba ahogar.

Estaría siempre solo. Nadie escuchaba sus gritos ahogados. No entraba nada más en su cabeza. ¿Podía escapar de la sociedad? ¿y si nunca nadie lo amaba por lo que era? Estaba atrapado en su jaula de oro pulido y brillante junto a un montón de joyas frías y duras. Sus manos apretaron con tanta fuerza sus rodillas sentadas que las uñas de sus manos siempre pulcras, rasgaron la piel expuesta. La sangre comenzó a fluir pero no podía sentir el ardor de las heridas, tan sumido en la desesperación silenciosa de un futuro prospero asentado en las bases de las expectativas de quienes se suponía que debían amarlo y cuidarlo pero que solo lo contemplaron como una herramienta más.

Se estaba ahogando.

Su corazón palpitaba con tanta velocidad que temía que en cualquier momento dejará de latir. El aire le faltaba y en un intento desesperado, indiferente a las llamadas de atención, agarro el cuello de su camisa intentando abrir el nudo asfixiante. Sus manos temblaron y abrió la boca tanto como pudo tratando de agarrar el oxígeno que se le escurría por su nariz y garganta cerrada.

Tan solo. Tan horriblemente solo.

Estaba teniendo un ataque de pánico y por primera vez grito por su vida, grito de la frustración, grito de la sensación de estar a punto de morir y lo frustrado que se sentía por no haber hecho nunca nada de lo que realmente quería.

Grito, grito y grito sintiendo que la vida se le iba por la garganta.

Doce años de restricciones, reglas, castigos y mentiras. Doce años de disciplina, éxito desierto y amor de plástico.

Tan solo.

Las lagrimas salieron a montones alborotadas por sus ojos de dorado opaco. Años sellado bajo la opresión de la fama, del éxito de padres tan poderoso, opulentos y talentosos que esperaban de su hijo el mismo linaje de gloria.

Tan ahogado.

Tan solo.

Tan deprimido.

Tan exigido.

Solo quería respirar.

Kerberos Keeper– maldijo la voz que aún podía escuchar en su atormentado estado–Eres una vergüenza para la familia– sin una pizca de amor o remordimiento, la afilada mirada dorada igual a sus ojos de sol lo miro cual basura en la calle, indiferente a su estado deplorable de dolor y ansiedad–Castígalo hasta que recupere la dignidad que un Keeper debe tener.

Fue encerrado en una habitación mas oscura y calurosa que el infierno. Completamente aislado de cualquier sonido de la realidad. Sus manos fueron golpeadas una y otra vez hasta ser despellejadas por el poderoso y delgado indicador de madera. Mojado a cada hora con una cubeta de agua fría y desprecio. Alimentado de sobras y migajas de tierra y comida podrida.

Pero, dentro de todo el infierno, lo que más le dolía, lo que más lo destruía era la mirada helada e indiferente de los ojos de sol frío de su madre. Lo castigaban y despreciaban a parte iguales, sin tregua.

A pesar de sus impecables notas, de su reconocimiento social y el hastío de los medios que lo acosaban día y noche. Ella, la cara empoderada de una mujer empresaria que atravesaba todos los Estados Unidos, proveniente de una familia rica y reconocida, no tenía compasión con su propio hijo.

Kerberos–dijo con menosprecio– deja de avergonzarme.

De un saltó, despertó sentándose en el acto. Un sudor frío le caía por la parte trasera del cuello y sus manos que arrugaban las sabanas, temblaban histéricamente. Miro desconcertado el lugar donde estaba, tratando de ubicarse en el espacio y tiempo.

¿En donde carajos estaba metido ahora?

Se llevo las rodillas a la cara y apretó sus piernas a su cuerpo con ambos brazos.

–Cálmate. Cálmate. Cálmate– se repetía una y otra vez temblando– fue solo un sueño, es solo un sueño– murmuraba tratando de encontrar la calma.

–Si es solo un sueño asegúrate de demostrarle que tu tienes el control– la voz de Meiling lo sobresalto. Su mirada angustiada la contemplo apoyada en el marco de la puerta con solo una camisa blanca holgada encima, sus ojos rubí lo miraban debatiendo entre la indiferencia y la nostalgia, una mezcla de sentimientos bastante extraña. Sostenía en cada mano una taza de café. Camino hacia el con paso seguro y le ofreció una de las tazas– pero si es una pesadilla destruye a quien te esta haciendo sufrir– el tono adolorido de su voz lo aturdió por un momento. ¿Esa chica era capaz de sentir dolor?

–Gracias– musito, tomando entre sus manos la cálida taza de café. La miro por un momento tratando de descifrarla. Sus ojos rojos sangre, miraban la taza sin mirarla, su boca soplaba sutilmente el contenido tratando de disipar el calor. A pesar de su apariencia física daba la sensación de ser bastante fuerte, incluso se atrevería decir que era peligrosa pero algo en ella, en el aire que la rodeaba le recordaba a algo jodidamente triste– ¿también tienes pesadillas? – antes de poder detenerse se vio a si mismo superado por la curiosidad que le causaba.

Duro lo que dura un efímero pestañeo pero pudo apreciar en ese milímetro de segundo como sus facciones se contraían en una mueca de pesar, tan tormentoso que la sintió frágil como un cristal por un momento. Lo miro con un rencor que no era dirigido hacia el pero que personificaba en su persona y se lamento de haber tratado de investigar en ella, no por lo peligrosa que parecía su presencia sino por el dolor que sus ojos en ese momento no podían ocultar.

–¿Pesadillas? – respondió con una risita irónica– no, después de matarlas– dijo con tal desprecio y frialdad que supo, no hablaba en sentido figurado.

–¿Eres una asesina? –le pregunto despreocupado bebiendo de su café. Meiling solo le sonrió sarcástica. Se sentó en la cama cruzando sus blancas piernas de porcelana y lo miro coqueta y ganadora.

– Kerberos Keeper– pronuncio con énfasis cada letra de su nombre– ya se quien eres– sentencio con seguridad. El aludido frunció el ceño con arrogancia y aburrimiento. Se había encontrado con mujeres como Meiling, que habían descubierto su opulento origen toda la vida, toda la vida que había vivido lejos de ellos.

–¿Y? – la desafío con la mirada y a la defensiva–¿Qué harás tu? No eres más que una insignificante mujer que puedo aplastar en cualquier momento– Meiling se quedo quieta por un momento y luego en su rostro vislumbro la sonrisa más tétrica que hubiera visto en su vida, se acerco a el y poso una de sus manos en su rostro acariciándolo con delicadeza. Sin embargo, lejos de asustarse, sus ojos dorados se abrieron de la sorpresa. Meiling no le tenía miedo.

–Será una cacería interesante– la joven lo miro con ojos de depredador y sin mediar tiempo, sus piernas femeninas lo enrollaron a horcajadas y acerco su boca a sus labios, seductora– Que emoción– dijo en un suspiro caliente– nadie tan peligroso ha intentado cazarme.

Kerberos no pudo controlar sus manos que subieron por el delgado cuerpo, cubriendo la espalda femenina y en un solo movimiento de su mano sobre el cuello delgado de Meiling, atrapo su boca, comiéndola extasiado.

Tan peligrosa que lo excitaba.

Ella no le temía, es más, le excitaba el hecho de saber que podía hacerla desaparecer con uno solo de sus suspiros. Eso solo podía significar dos cosas. La primera, Meiling era tan o más peligrosa que el o dos, su existencia era tan importante que contaba con la suficiente protección para no temerle a la muerte.

De cualquier forma, en ese momento solo pensaba en poseerla.

Meiling era…extraña. Tenía una doble personalidad. Por un lado, estaba la chica alegre, energética y entusiasta y por otro, estaba esta Meiling. Una mujer en toda la extensión de la palabra. Astuta, madura, experimentada y…peligrosa. Un espécimen bastante peculiar. Lo ponía con una rapidez de vértigo.

Así que ahí estaba de nuevo, entre sus piernas de nieve, empujándose contra ella con tal ansiedad que no se reconocía así mismo. Ardía del más puro deseo y se consumía en las entrañas femeninas que lo recibían con el mismo ardor. Meiling lo mordía y le clavaba las uñas sin piedad, paseando su boca por toda la piel que tuviera al alcance y el la embestía como si no existiera un mañana, apretaba sus caderas, succionaba la piel del cuello y se calentaba más y más con cada sonido, jadeo y gemido que salía de esas labios pecaminosos tan increíblemente diestros.

La habitación se lleno de su risa burlona y sarcástica combinada con el sonido final de sus gemidos femeninos. Lo sacaba de quicio su seguridad y confianza, lo fácil que era para ella darle vuelta la situación.

Meiling era diferente.

Ella no se obsesionaría ni lo obedecería como un cachorrito tras su dueño, no le pediría amor ni migajas de su tiempo. No, Meiling buscaría tenerlo cada vez que su necesidad se lo exigiera, como ahora, en ese preciso momento que sus caderas se movían exquisitas contra el.

Meiling era un buen escape, por lo menos durante un tiempo. Lo mantenía activo y entretenido, y para ser honesto consigo mismo estaba cansado de acostarse con mujeres diferentes casi toda la semana para no tener que recurrir a 'eso', para tener un lugar donde apoyar la cabeza por las noches. Estaba cansado de confirmarse una y otra vez que el problema no era que nadie lo amaría, el problema actual era que no podía sentir esa clase de amor.

Cada vez que incursiono en los cuerpos innumerables de cabellos y rostros femeninos difusos, se confirmaba con dolorosa indiferencia que no estaba en su naturaleza amar. Keerberos Keeper no podía sentir amor, no podía enamorarse. Por mucho que lo intentará, por mucho que lo buscará, todas y cada una de las mujeres en las cuales había buscado sentir el calor de los abrazos que nunca recibió en su infancia, se encontraba con que esos brazos que lo envolvían por las noches eran molestos, incomodos y sofocantes.

No era el calor que estaba buscando.

No como el primer calor que sintió cuando fue protegido por los cálidos brazos de una Sakura inocente pero tan sumamente cálida, que lo perdonaba.

La primera vez que vio a Sakura fue a sus trece años.

Recién llegado a Japón y la ciudad de Tomoeda. Buscaba escapar de la soledad y sin embargo, había llegado solo a un país extraño gracias a la herencia de un padre oriental que no conocía.

Un padre ausente y desinteresado.

'' –Cállate. No te queremos''

Fueron las primeras palabras que le dirigió después de años. No solo se refería a él sino también a la familia que sí quería, que construyo lejos de la frialdad y crueldad de su progenitora. Keerberos huyendo de los Keeper, no era más que un constante recordatorio andante en Japón de lo mucho que su padre odiaba a su madre.

Sin embargo, lo que más lo había sorprendido fue la absoluta indiferencia que sintió cuando esas palabras salieron de su boca. No sintió nada más que un rastro leve de envidia que se fue acumulando cual bola de nieve cada vez que presenciaba lo amado que era su hermanastro menor. La luz que desprendía los ojos y la sonrisa de quien se sabe anhelado, amado y esperado.

La envidia de demostrar que podía ser tan amado como esa cría lo comenzó a consumir lentamente. Fue gracias a esa envidia que la frialdad de su corazón lo impulso a dejar de ser un 'niño', buscando en sus pares femeninas la confirmación que podía ser desesperadamente amado. No obstante, al recibir el tan esperado amor que ratificaba su posición como un ser humano capaz de generar amor en los otros, tropezó de cara contra un gran muro…el mismo. Ni todo el amor que recibía de sus víctimas eran capaces de generar en él la más mínima ráfaga de movimiento en su pecho.

Hasta que un día sus ojos se posaron sobre la figura infantil y tierna de una niña de ojos verdes transparentes y brillantes. Al segundo de reconocerla como su compañera de clase, sintió el más profundo rechazo hacia ella. No soportaba ni mirarla y para su desgracia se topaba con ella más seguido de lo que deseaba. La joven Sakura le deseaba los buenos días, se ofrecía a ayudarlo y mantenía una sonrisa feliz en su rostro todos los malditos días. Nadie en su sano juicio podía ser feliz todos los días de su vida. Tenía que ser un maldita mentira, una maldita mentirosa que jugaba a ser la chica perfectamente alegre y buena.

Sakura era la clase de persona que el no soportaba.

Pero su odio alcanzo niveles insospechados cuando un día caminando sin rumbo por el centro de Tomoeda la diviso entre la multitud.

Con su molesta sonrisa habitual, reía y conversaba tomada de la mano de un chico mayor, que la miraba y escuchaba en silencio, sin embargo, sus ojos parecían destellar a cada una de sus palabras, pues a pesar de su apariencia seria y reservada tenía una mirada que seguramente solo guardaba para ella. Detrás de ellos, dos adultos caminaban tomados de la mano, atentos, también a cada uno de sus gestos. La bella mujer de cabellos oscuros y ojos tan verdes como los de Sakura sonría sutilmente y miraba con cariño a los niños enfrente suyo y el hombre alto muy parecido al chico que caminaba junto a su compañera de clases, hacia sus acotaciones con ánimo protector.

Sintió su estómago vació.

Una familia feliz. ¿Quién no desea un hogar feliz? Madre, Padre y hermano. Siempre sonrientes, siempre felices, siempre protegida.

'' –Ah…–suspiro encorvando sus labios en una sonrisa solitaria. – por eso no te soporto.''

Sakura era exactamente todo que el nunca sería. Una representación clara de lo que nunca tuvo y de lo que nunca tendría y la odiaba por eso. Odiaba que existiera una persona que pudiera crecer tan pura y bondadosa gracias al seno de un amor incondicional que siempre la rodeo.

Después de ese día, no podía dejar de observarla en secreto y crecía en su interior el deseo de arruinarla. Se preguntaba constantemente como sería ver el rostro de alguien tan cálido arruinado por la pena y la desgracia. Lo único que tenía que hacer era acercarse lo suficiente para manchar su inocencia y podría deshacerse de ese maldito malestar que lo carcomía por dentro cada vez que la veía y lo obligaban a obsesionarse cada vez más y más con ella.

Al atardecer sombrío de un día después del instituto caminando sin rumbo por esas mismas calles que se conocía de memoria de tanto recorrerlas una y otra vez, pensando en la detestable niña y su detestable felicidad, llego al conocido y famoso parque pingüino. Observo el lugar y sonrió tétrico para sí mismo. Ahí sentada en el suelo, de espaldas a él, estaba el ser que desde hace un tiempo comenzaba a consumir sus pensamientos. Era el momento perfecto, ella, siempre acompañada y protegida, se encontraba por fin sola, a punto de ser cazada por el rechazo y el deseo enfermizo de marcharla. Se acerco a ella con sus intenciones claras, se regocijo en su patética inocencia que ni siquiera lo sintió cuando se paro detrás. Fue cuando pudo apreciar lo que estaba haciendo o más bien lo que sostenía tan concentrada que no pudo percatarse de el, entre sus manos acariciaba con sus dedos con tanta delicadeza que la pequeña cría de pájaro parecía de cristal.

Murmuraba sin parar dulces palabras de tranquilidad y sus ojos verdes tan insoportablemente transparentes transmitían ternura, calidez y seguridad. Un espacio seguro, entre las manos de alguien que siempre fue tan protegida.

Tan protegida que ella misma se había convertido en un espacio seguro.

Cerró sus puños y mordió sus labios con fuerza. Aguantando, tragando el nudo de su garganta, atorado desde hace tantos años y entonces, ocurrió. Los ojos verdes voltearon a ver y la expresión de ternura cambio a una preocupada. Aún cuando el solo la ignoraba cada vez que ella se dirigía a el, aún cuando la menospreciaba constantemente, aún cuando despreciaba sus amables palabras, ella estiro una mano hacia el preocupada, tan preocupada que le pareció irreal.

''–¿Por…por que siempre estás triste? – pregunto angustiada con ese tono tan suave, tan dulce y tan jodidamente maternal. ''

No. No quiero estar cerca de ella. Aléjate. Te desprecio, no te acerques a mi. Su mente gritaba una y otra vez esas mismas palabras, convenciéndose. No la necesitaba. No la necesitaba. La detestaba y sin embargo…un fuerte impulso se apodero de él y sin darse cuenta, se había arrogado a su regazo, se abrazo a ella con fuerza y las lágrimas comenzaron a salir.

Por eso…la detestaba tanto, ella era ese tipo de persona. Era el tipo de persona que siempre había buscado sin ver desde que era un niño. El impulso que se apodero de su cuerpo la primera vez que la vio, fue el mismo que se apodero de el en ese momento…Quería llorar. Quería correr hacia ella y llorar entre sus manos, entre su regazo y que su corazón fuera envuelto por su calor. Quería ser débil, quería mostrarse débil finalmente en el lugar seguro que siempre busco, en la madre que nunca tuvo.

¿Qué había hecho mal? ¿Qué error cometió? ¿Por qué nadie lo había querido? ¿Por qué nadie se había preocupado por el? ¿Por qué ella, casi una extraña, aceptaba sin decir nada su llanto desesperado? Pero en ese instante, mientras sus lágrimas se deshacían sobre su regazo, ese tiempo secreto y compartido cerca de su calor dejo de ser doloroso pue sus tan gentiles manos se posaron sobre su cabello dorado y lo acarició en silencio una y otra vez, al igual que una madre hubiera hecho con su hijo pequeño, con paciencia y ternura y luego, después de un tiempo de llorar sin parar, escucho su suave voz, reconfortándolo.

''–Todo estará bien…Todo estará bien– murmuraba como un mantra, como un hechizo poderoso y así era, pues entre sus manos, finalmente podía sentir el calor tibio y acogedor que lo hacía sentir mejor.''

Esos eran sus sentimientos por ella. Proyecto en su figura todas sus carencias y ella simplemente las acepto, con una sonrisa en sus rostro y supo gracias a eso, que si era capaz de sentir amor. Tal vez, aún no era capaz de sentir el amor de las películas románticas pero gracias al delicado cerezo que se topo por casualidad, sabía que podía sentir.

Lo había salvado. Si no hubiere sido por Sakura y posteriormente Tomoyo, se hubiera hundido en el pensamiento certero que lo habían jodido tanto que sus emociones habían sido eliminadas antes de poder desarrollarlas.

Por eso, descansar donde Meiling era la opción más cómoda. Ella era como él. Consumida por una historia miserable detrás. La joven china no quería ser abrazada por el porque la sofocaría, ella no quería dormir a su lado porque le sería incomodo y no quería buscar nada realmente de él porque no deseaba el frío que encontraría.

Meiling jamás lo querría como el jamás la querría a ella, pero la deseaba. Se dejo arrastrar por el orgasmo clavando sus dientes en la clavícula nívea con las ideas claras. Aceptaría su ofrecimiento, disfrutaría de su sexo y vigilaría la posibilidad de que tuviera dobles intenciones con Sakura, la intención de lastimarla.

Un plan perfecto.

***0***

Tradiciones, ética y caballerosidad. Todo lo que un ingles perfecto debía ser…el era eso y mucho más. Había nacido en el seno de una familia amorosa, adinerada, de renombre y tradiciones tan antiguas como su mismísimo linaje.

Eriol hiragizawa había nacido en la cumbre de la cuna de oro más afortunada del mundo porque siempre tuvo lo que todos soñaban con tener. Cariño, atención, dinero, habilidades e inteligencia. Desde muy temprana edad había asombrado y demostrado maestría y manejo total de cada una de sus habilidades, fue tal el asombro causado en sus mayores, tanto en sus padres como en sus profesores que a sus cortos cinco años de edad fue comenzado a llamar el niño de oro, el genio más ilustre y prometedor que hubiera nacido jamás en todo su largo linaje ingles.

Muchos de sus familiares de forma cariñosa y amistosa se preguntaban y conversaban amenamente si acaso su mente brillante se debía a la inusual elección de pareja que habían hecho sus padres. Un aclamado y apuesto hombre inglés, en toda la extensión de la palabra, que se había enamorado perdidamente de una mujer japonesa que podía decirse de tanto su aspecto como sus modales representaba a la belleza tradicional japonesa. Dos personas tan perfectas y tradicionales, apegados a las costumbres y los rígidos protocolos de sus raíces procrearon en nombre del amor al más perfecto ser que la tierra nunca jamás hubiera pisado.

Las palabras faltaban cuando se trataba de describir al heredero de los hiragizawa. Inteligente, elegante, apuesto, modesto, habilidoso, amable, carismático y sutil, con cierto aire de grandeza que lo rodeaba con tal esmero que cada persona que lo veía por primera vez sentía cierta inclinación a favorecerlo aún desconociendo todas sus cualidades. Un niño bendecido, un niño amado, un niño profecito.

¿Pero alguna vez alguien le había preguntado a Eriol que pensaba en realidad?

Desde la más tierna edad que pudiera recordar había sido completamente consciente de su alrededor, de su situación y de si mismo a tal punto que su ya de por si desarrollada capacidad intelectual le exigía a cada instante recopilar más y más información. Cuando los conocimientos de su edad no fueron lo suficientemente satisfactorios para mantenerlo entretenido salto un grado adelante y así sucesivamente hasta que un día, después de haber consumido toda la información y amor que le daban, Eriol decidió por si mismo que la vida era con la más absoluta certeza terriblemente aburrida.

Cansado de lo fácil que podía ser entender la cantidad inmensa de información que circulaba por el mundo, se intereso en las relaciones interpersonales. Se dedico un tiempo a observar a las personas que lo rodeaban, a pesar de que quería y respetaba a su familia, no encontraba fuera de ella alguien que le causará la suficiente curiosidad. Por eso, después de haber analizado a sus infantiles compañeros descarto la idea de que las personas en general fueran complejas, y aunque intento e intento generar lazos de amistad y afecto hacia sus pares, se moría del aburrimiento a los días de empezar a interactuar con ellos y suspiraba rezagado, ¡que simple eran las personas! Podía leerlas con tal facilidad que hasta podía adivinar que era lo que pensaban, que los hacia felices y que los atormentaba.

Tan diferentes a el, no había nadie a quien realmente pudiera llamar amigo. Nadie estaba a su altura. Nadie era rival para él y por lo tanto, nadie podía mantenerlo interesado a tal punto de querer generar lazos, los indispensables lazos de los que todo el mundo parecía adicto.

Para ser sincero no lo entendía. No entendía lo que era la soledad o la tristeza. ¿Por qué la gente lloraba y se preocupada tanto por cosas tan simples y de fácil solución? Entre más miraba a sus compañeros y compañeras más sueño le producía sus mediocres pensamientos y sentimientos.

¡Estaba tan aburrido! ¿De que servía ser tan bendecido y único?

Sumido al aburrimiento en el cual se encontraba Eriol comenzó a desarrollar para su sola entretención personal una doble personalidad, su carácter se ramifico hacia lados bastantes oscuros y decidió que seria divertido usar una máscara social. Quería averiguar si siendo lo que se supone que se esperaba de el, un perfecto caballero ingles que respetaba las normas de la sociedad japonesa como un total japonés, alguien se daría cuenta de los particulares gustos que estaba adquiriendo…Eriol era un caballero pero en el fondo gozaba de ser burlón, astuto, arrogante, engreído, travieso y tenía un humor bastante negro.

No era el príncipe azul ni el joven perfecto que la sociedad había denominado sin siquiera consultarle.

¡Que vida tan extraña! ¿Existiría alguien más como él? Se había tropezado con tantas personas a lo largo de su vida, personas con pocas oportunidades, personas con de su mismo estatus social, personas humildes, perversas y amables pero todas ellas tenían algo en común, algo que no despertaba su curiosidad, eran todas increíblemente mediocres y simples. Incluso la bondad podía resultarle aburrida, una cualidad tan escasa y preciosa, vestida en fundamentos simples o impuesta, nacida de principios y valores forzados, podía verse manchada.

Entonces, cansado del estatus de colegios privados y fiestas sociales en donde no podía encontrar a nadie que pudiera mirar como un igual, no es como si lo necesitará realmente, solamente buscaba constantemente escapar de su propio aburrimiento, se decidió a cambiarse a un instituto público, tal vez en ese mar de personas sin muchos privilegios podría encontrar algo divertido que ver.

Era su primer día en la preparatoria del instituto Tomoeda y ya se sentía el rey del lugar. Camino con calma buscando su salón de clases y podía sentir las miradas curiosas y enamoradas de las jovencitas y alguna que otra mirada de envidia de parte de la población masculina del lugar, nada nuevo para él.

Entro a su salón de clases y observo sin mirar a sus compañeros. Se sentó en su pupitre sabiendo que llamaba la atención, aún sin quererlo, hasta ese momento le causaba cierto cosquilleo de curiosidad lo animados que se veían y la libertad con la que se expresaban. No respetaban los protocolos al pie de la letra y se preguntaba hasta que punto eran realmente ''libres'', se había vuelto el cotilleo del salón, se acercaban a el para hablarle fascinados por su apariencia y su aire noble, con los modales que siempre le habían inculcado respondió a cada una de sus preguntas con amabilidad y modestia sin decir mucho realmente.

Sin embargo, de un momento a otro el ruido que lo rodeaba fue apagado abruptamente y las personas a su alrededor dejaron de mirarlo pues sus ojos seguían los pasos de un recién llegado. Extrañado de que la atención que siempre recibía hubiera sido robada en un solo segundo, observo los rostros que ya no lo miraban y asombrado descubrió sonrojos por doquier en las mejillas femeninas y ojos anhelantes, y una rivalidad marcada en las facciones masculinas de sus compañeros. Curioso, dirigió su mirada hacia ese lugar, tenía una corazonada.

Un joven de su misma edad de contextura delgada pero fuerte, de espalda ancha, cabellos de color chocolate y unos ojos de un brillante color ámbar, entraba por la puerta. Sus facciones eran impresionantes, tan simétricas y atractivas sin perder su porte varonil aun siendo un adolescente de unos catorce años, era increíblemente guapo casi tanto como él y aunque sus bellezas eran distintas, sobresalía la del recién llegado.

Caminaba por el salón con su rostro serio sin dejar ver ninguna emoción. Eriol lo miro interesado, analizándolo. ¿Era indiferente a la conmoción que causaba en los demás? No, no era indiferente, el solo prefería ignorarlos a todos, tal vez más que acostumbrado al escrutinio social por el cual no podía pasar desapercibido pero que al mismo tiempo parecía inmune. Se sentó con la misma actitud con la que había entrado, saco un libro de su mochila y se dedico a leerlo en silencio, en una clara advertencia de no molestarlo o pertúrbalo de algún modo. Sin embargo, no todas las chicas parecían leer bien su lenguaje corporal, así que una de las más guapas del salón se acerco a el sin dudarlo, tratando de robar su atención.

''–¡Hola! – saludo entusiasmada la chica de largos cabellos castaños, sin embargo, el joven no se dio por aludido y siguió leyendo, sin mirarla. No obstante, la jovencita no parecía querer darse por vencida– Me llamo Chihara Yuuki, gusto en conocerte– no hubo respuesta– ¿Tu eres li Syaoran, no cierto? – y por primera vez con un sutil gesto de cabeza, sin mirarla, asintió casi sin ganas, respondiendo. Con ese simple gesto la muchacha sonrió radiante y yo me sentí más interesado en la escena– ¿Estas leyendo? Ah… eso parece difícil, ¿tanto te gustan las matemáticas? La verdad yo no las entiendo mucho, tal vez… ¿podrías enseñarme?''

Entonces, paso algo asombroso. El llamado Syaoran Li cerro el libro con más fuerza de la necesaria, lo dejo sobre la mesa y la miro por fin. Si las miradas mataran, Eriol estaba seguro que esa chica hubiera muerto en ese momento. El desprecio y el desagrado estaban escritos en cada una de las facciones del peculiar joven, casi como avisándole que estaba a punto de humillarla.

'' –Eres molesta. Cállate de una vez– Sin decir nada más con el tono de voz más frío y cruel que hubiera escuchado jamás, levanto nuevamente el libro y volvió a abrirlo para seguir leyendo. La joven Yuuki se quedo de piedra y en silencio, se retiro derrotada ante el rechazo sin sutilezas de Li. ''

Tuvo que hacer un esfuerzo para no romperse a reír a carcajada limpia. Nunca había conocido a nadie tan…tan jodidamente directo sin perder aún así el respeto que inspiraba en los demás, pues las chicas a pesar del brutal rechazo que recibió su compañera seguían observando al tal Li como si fuera el último vaso de agua del planeta.

Por primera vez en mucho tiempo, mucho tiempo Eriol sintió despertar en el interés genuino. Se dedico toda la semana simplemente a observar y analizar a Syaoran Li, quería entender que clase de persona era y entre más descubría, más interesado se encontraba.

Syaoran Li era un adolescente sobresaliente. Era muy inteligente, brillante en los deportes, agudo, desconfiado, carecía de verdadera paciencia por lo que prefería hacer las mayoría de las cosas solo, no estaba interesado en sociabilizar realmente, y podía identificar sin mirar a las personas que se le acercaban con dobles intenciones, no tenía miedo de alejarlas con su mirada amenazante y su malhumor, no estaba interesado en las chicas al parecer pero tampoco parecía estar interesado en los hombres. No le seducía lo que a la mayoría pero no parecía particularmente aburrido.

Li era un caparazón blindado de defensas y autosuficiencia.

En conclusión, podía decir con absoluta certeza que Syaoran Li se bastaba así mismo. En conclusión, Syaoran Li era como el, como Eriol Hiragizawa. Se sintió emocionado, por primera vez en su vida podía decir con entusiasmo que había encontrado a alguien digno de llamar amigo, alguien que por todas sus características era diferente a la mayoría, se alejaba de la mediocridad y se volvía excelente en su soledad que no sentía como tal.

Syaoran Li sería su amigo, su primer y único amigo. Ese día después de clases, lo siguió con calma a la salida para interactuar por primera vez con él. Sin embargo, era difícil. Las clases habían comenzado hace solo una semana y ellos estaban cursando el primer año de preparatoria, así que el atractivo Li se había vuelto la novedad del instituto, no solo por su agraciada apariencia sino que también por el rumor que corría sobre él, el inalcanzable lobo del instituto.

Las personas siempre quieren lo que no pueden tener. Esta en nuestra naturaleza, arraigado en cada una de nuestras células esperando por despertar, esperando por encontrar aquello prohibido para hacerlo nuestro, no solo por la emoción de la adrenalina sino por el placer de morder el fruto del único árbol que no podemos tocar.

El fruto prohibido.

Todos desean al fruto prohibido. Incluso, alguien como Eriol, quien era tan apuesto y habilidoso como Li no era tan deseado debido a su falsa amabilidad pues aquello lo hacía más accesible, platónico pero no imposible. En cambio Syaoran Li, era el prohibido perfecto, el imposible que no puedes dejar de buscar.

Gracias a eso, las jovencitas del instituto se peleaban por hablar con el en la salida, algunas lo observaban de lejos, otras se autodenominan la futura novia del joven lobo y las más fuertes de carácter se limitan a intimidar a las demás para que no se acercaran al naciente ídolo del instituto Tomoeda. Era todo un espectáculo, así que tenía que esperar a que los demás se disiparan de su alrededor para intentar alguna que otra conversación de la manera más casual posible, pues sabía Li no sentía simpatía por nadie. Acercarse a el sería todo un reto y uno de lo más interesante.

Estaba ansioso.

Sabía que Li solía salir tarde del instituto por esas razones así que tenía que esperar tanto como el quisiera para poder acercarse. Sin embargo, no le calzaba porque el siempre indiferente y amenazante lobo simplemente no despachaba a las chicas que causaban esos alborotos en la salida con sus habituales desprecio. Era extraño que esperará a que todo se calmará para salir del insti. cuando una palabra suya podía hacerlas desaparecer. Ese pensamiento no dejaba de inquietarlo escondido detrás de unos de los casilleros, era un cabo suelto inconsistente en la personalidad y la conducta directa de Syaoran, quien siempre actuaba de frente y sin adornos.

''–Ya era hora que te empezarás a mover, lobito– dijo para si mismo. Estaba intrigado. Tal vez Syaoran no quería que nadie supiera donde vivía para no ser molestado en su hogar.''

Camino siguiendo despacio los pasos del castaño que salía con el mismo aire de imperturbabilidad que lo rodeaba constantemente. Era un muro construido con el mejor de los materiales. Sólido, duro, majestuoso. Un muro inquebrantable. Los pasos de Li se detuvieron dos cuadras más adelante, miro hacia ambos lados buscando algo, algo que parecía no encontrar, pues sus pobladas cejas se juntaron con su particular y característico ceño fruncido. Estaba perdiendo la paciencia, al parecer, lo cual era bastante común, pues uno de los rasgos que componían su personalidad era la impaciencia misma. Quiso reírse una vez más, era bastante divertido analizar a Syaoran Li.

Sonrió felino, achinando sus ojos azules. Era el momento perfecto, sin miradas curiosas ni personas molestas entre medio, era ahora el momento para acercarse finalmente a la primera persona que llamaría amigo.

Fue como si las plumas de las alas de un ángel hubieran pasado volando por su rostro en ese momento, impidiéndole avanzar. Por primera vez sintió sus ojos brillar del asombro, quedándose sin palabras.

El ceño fruncido que mantenía Li siempre en su rostro fue suavizado en un instante por una mirada que transmitía ternura y una sonrisa tan dulce que no parecía ser el mismo chico que había analizado toda la semana, al aparecer frente a él, lo que al principio Eriol confundió con la luz más cegadora que hubiera visto en su vida, una jovencita de unos grandes y preciosos ojos verdes que corría hacia él sonriente, agitando su mano hacia Syaoran.

Se quedo de piedra.

Al verla y luego, al verlo a él.

La mano que la pequeña joven agitaba hacia él con tanta alegría fue ignorada por Syaoran que al estar lo suficientemente cerca, atrapo su cuerpo en un abrazo protector, posesivo, que rayaba en la devoción más absoluta que hubiera presenciado jamás. La pequeña ninfa de ojos verdes rio entre sus brazos, correspondiendo el abrazo y luego, dijo algo que no alcanzo a escuchar pero que causo una leve sonrisa cargada de la ternura más delicada en los labios de Li.

La joven de cabellos castaños se alejo un poco de los brazos de Li y busco una de sus manos para entrelazar sus dedos con la mano del castaño, y le sonrió inocentemente, transmitiendo con su lenguaje corporal que estaba más que acostumbrada y cómoda con la cercanía tan intima que compartían.

Syaoran parecía otra persona. Un ser completamente distinto pero lo que más lo impactaban era lo que transmitían sus ojos siempre fríos y distantes, en ese momento, junto a la ninfa que había cegado sus ojos azules con un brillo estremecedor.

Siempre, de todas las cosas que habían pasado por su cabeza, de toda la información y conocimiento recopilado durante su vida, había descubierto que una de las cosas más inestables, irracionales y a su parecer, molesta y obsoleta era el amor.

El amor era irracional. El amor era volátil. El amor era inestable. No había nada más inseguro y cambiante que el amor. Por eso, amar a alguien más que a si mismo era algo que no podía imaginar, pues por mucho amor que los demás pudieran profesarle o que el pudiera tratar de profesar, tarde o temprano, en una situación en que se desarrollase la presión suficiente para sacar a flote el instinto de supervivencia que vive en cada ser humano y su verdadera naturaleza, el amor se esfumaba. Todo el amor que alguien podía profesar a otro se aniquilaba inmediatamente cuando un interés propio se veía amenazado. Siempre se había reído de las novelas románticas aunque había leído un par para entender un poco el espectro llamado amor y le pareció ridículo, rayando en lo patético.

El amor era egoísmo. El amor era egoísmo individual, una proyección de tus propios deseos de satisfacción impresos en otra persona. El amor era una cárcel. Por eso sabía que no existía tal cosa como el amor. Poniéndolo en un caso más extremo, ¿se podría seguir amando a alguien que te odia? La mayoría de las personas dirían que si, pero en el fondo solo estarían mintiendo, solo querrían vestir su amor egoísta de escudo y espada, pues incluso si dices que amas a alguien parte de tus sentimientos esta conectado a la idea de que la otra persona también te ama o te amó. Normalmente, amar a alguien incondicionalmente es imposible o eso era lo que creía hasta ese momento. En los ojos de un siempre frío, distante e indiferente Li brillaba algo que no tuvo el honor de presenciar nunca y que por supuesto, era lo único que podía estar brillando en sus ojos de miel, el único sentimiento que nunca pudo ver en los ojos de todas las personas que pasaron desfilando por su vida, el único sentimiento que no pudo identificar en un instante pues era la primera vez que lo presenciaba.

El amor incondicional.

Brillaba con tal intensidad en los ojos de Syaoran que hasta sus facciones se habían vuelto amables y dulces, su lenguaje corporal era relajado, protector e intimo, buscaba inconsciente la cercanía y supo con certeza que ese joven era capaz de dar su vida sin pensarlo por esa niña de ojos verdes y pelo castaño claro que revoloteaba a su alrededor con un extraño y sutil resplandor que la rodeaba, mirarla era como mirar las estrellas que se esparcían dispares por la noche. Su luz era tenue, preciosa y lo suficiente para alumbrarte en la oscuridad.

No cabida duda de que Syaoran Li estaba enamorado de ella, incluso para cualquier persona normal sería evidente, lo importante era saber ¿Quién era esa jovencita tan peculiar? ¿Porque le costaba a sus ojos enfocar su figura delgada y frágil? La luz que desprendía su cuerpo perturbaba sus ojos azules que necesitaba parpadear más seguido de lo normal para observarla.

Decidido a obtener más información, los siguió más de cerca, intentado acercarse lo suficiente para escucharlos. Estaba intrigado, los pasos de la silueta femenina eran alegres y entusiastas pero había algo en su forma de caminar que se le hacía familiar, se sentía atraído hacia a ella. Algo en su aura le transmitía paz.

De repente, los pasos de ella se detuvieron y miro directamente a los ojos de Li haciendo un tierno mohín y luego una sonrisa resplandeciente surco su rostro, una ráfaga de viento voló sus cortos cabellos, los que revolotearon por su frente y cerca de unos de sus ojos, el cual tuvo que cerrar.

Era como un diamante. La luz se reflectaba en ella con fuerza y el entorno se adaptaba a su belleza, haciéndola brillar aún más.

''–No puedo negarme si haces eso, Sakura– la regaño con cariño Syaoran– De acuerdo, iré– cedió suspirando.''

Así que ese es el nombre de la ninfa de ojos verdes. Un nombre precioso para una chica preciosa y cálida como la primavera, pensó Eriol. Sakura dio un pequeño salto, aferrando sus manos al cuello de su acompañante, quien la recibió en sus brazos sin dudarlo.

''– ¡Gracias, Tomoyo preparo unos dulces de chocolates especialmente para ti. Keerberos tiene muchas ganas de conocerte, Xiao-nii!''

Si la cara se le hubiese podido caer, realmente se le hubiera caído. Ese fue el día en que descubrió que Syaoran estaba enamorado de su hermana. Lo pillo desprevenido pues no había nada en los rasgos de ninguno de los cuales pudiera suponer tal intimo parentesco. Le pareció imposible. El frío como el hielo y ella cálida como una tarde de primavera. ¿Cómo dos personas tan distintas una de la otra podía ser hermanos? No podía aceptar tal verdad sin confírmalo primero.

Impulsado por lo desencajado que se sentía por los especiales y recién descubiertos hermanos Li, los siguió una vez más. Su aventura lo condujo a un gran y hermoso parque lleno de arboles de cerezo que adornaban el paisaje de un suave color rosa acompañado de los tenues naranjos y rojizos del atardecer, toda una visión. Debajo de uno árbol de cerezo, sentados sobre un mantel de cuadros rojos y blancos y abundante comida, vio por primera vez a Tomoyo y Keerberos.

Fue al terminar el cuadro, que entendió el porque Syaoran se había enamorado de su hermana, porque efectivamente, era su hermana.

Sakura era más que una simple chica bella y dulce.

Sakura era un punto de luz, el brillo que la rodeaba era…magia, por eso sus ojos sensibles a las auras y al mundo del otro lado, como solía llamarlo, le costaba enfocar su figura.

Eriol Hiragizawa era descendiente de un largo y antiguo linaje de tiempos pasados y olvidados de poderosos magos que usaban el poder de las sombras, que habían vivido hace mucho tiempo. Sabía, por lo que sus padres le habían narrado como uno de sus cuentos para dormir que la magia comenzó a desaparecer con la muerte de la última maestra de las cartas, la cual nunca volvió a reencarnar. Nunca entendió muy bien lo que significaban esas historias pero si había sido advertido que, a pesar de que la magia había muerto, aún quedaban rastros de ella en ciertas personas que portaban un don como el suyo pero nunca se había topado con una hasta ahora.

Sakura…Un sutil rastro de magia la seguía sin cesar, potenciada inconscientemente por su naturaleza bondadosa, los restos de magia que portaba inconscientemente eran cálidos como ella y la hacían resplandecer pero no solo era eso, Sakura era más que eso.

Lo entendió cuando la vio rodeada de esas tres singulares personas.

La chica de porcelana. Delicadamente bella, serena y elegante, pero echa de la misma loza fría y dura, helada como una mañana de invierno. Si rompías una muñeca de porcelana, sabrías que, aparte de perder su inmaculada belleza, no encontrarías nada en el interior porque estas están vacías, no tienen nada más que su innegable belleza a su favor.

El león cobarde. Con la presencia para no pasar desapercibido, de aspecto llamativo y reluciente. Al león que le quitaron algo importante, demasiado asustado de si mismo y de su soledad. Sin el valor para ir a buscar lo que le pertenece. Escondido detrás de su aspecto, favorecido por su naturaleza pero solitario. Sin manada, sin valor y sin amor.

El lobo solitario. Los lobos son astutos, inteligentes. Representan la libertad, el poder y la energía. Se supone que los lobos suelen agruparse en manadas pero de tanto en tanto se encuentran lobos solitarios. Un animal que no necesita a nadie pues se basta a si mismo,

Tres personas que no tenían nada en común más que una cosa. La luz que había sido arrogada sobre ellos, salvándolos. La chica de porcelana que su interior había sido llenado, el león cobarde que fue acogido en un lugar seguro y el lobo solitario que había encontrado algo que quería proteger. Todos habían sido salvados por la luz de Sakura, ella debía haber aceptado sus carencias con esa misma calidez, con esa misma sonrisa y les dio a cada uno un lugar junto a ella, cerca de su magia.

El tiempo pasa igual para todos. Segundos, minutos, horas. El tiempo debe ser fraccionado para ser visible, si no, no podemos si quiera pensar en atraparlo. Pero, hay veces que el tiempo puede volar, todo depende de si tu vida es aburrida o no. Lo que más deseaba Eriol era algo que rompiera con la rutina de la vida cotidiana. Todos esos días encerrado, ávido de conocimiento, todo ese tiempo desperdiciado intentando crear lazos afectivos que lo entretuvieran… y ahora, Sakura Li, le daba lo que durante tiempo había buscado.

Quería estar cerca de esas personas. Quería ser arropado bajo la luz de Sakura y quería ser apreciado por su protector, Syaoran Li.

Quería ser sus amigos.

Ese día, Eriol descubrió que el mundo era mucho más basto, complejo y divertido de lo que había pensando.

Por eso, sentando en el amplio despacho de su mansión. Se preguntaba una y otra vez que podía hacer por sus amigos. Por sus primeros y únicos amigos. Estaba seguro que los Li escondían una oscura verdad detrás de su oculto pasado y se atrevía a decir, no a ciencia cierta, que Syaoran y Sakura no eran hermanos. ¿Qué podía hacer para impulsar un acercamiento más allá del trato fraternal tan íntimo que compartían? Si no cumplía con las reglas impuestas por Tomoyo perdería a su aliada y la única oportunidad de proteger a Sakura si las cosas terminaban en el peor de los casos mal, muy mal.

¿Qué podía hacer sin interferir directamente pero manteniendo todo bajo sus ojos de halcón? Sonrió burlón, como le gustaba y movió la cabeza de un lado hacia el otro.

¿Cómo no lo había pensado?

***0***

Tomoyo era una de las pocas jóvenes de su edad que disfrutaba con placer el tiempo a solas. No era que no le gustará estar con sus amigos, de hecho, era todo lo contrario. Disfrutaba como ninguna cada momento que pasaba junto a ellos y atesoraba en su corazón los gratos y felices y a veces no tan felices, momentos que compartían.

Sakura y Keerberos, eran su corazón. Al igual que tenía un cariño especial por Syaoran, que era como un hermano para ella. Lástima que no podía decir lo mismo del molesto Hiragizawa o como el gustaba llamarlo, zorro mentiroso. Bufó molesta, como la perturbaba ese maldito inglés de cuarta.

Sorbió un poco de su té de lavanda y miel para recuperar su buen humor. Disfrutar del té a solas con un dulce pastel casero, era uno de sus momentos favoritos, no tenía intención de estropearlo pensarlo en el idiota de Eriol. Lo mejor que podía hacer para mejorar su estado de ánimo era pensar en el próximo diseño que confeccionaría para su queridísima Sakura y por supuesto, para su fiel Keerberos. Tomoyo dejo escapar una risita cómplice, nunca admitiría, por supuesto, que disfrutaba solo un poquito más haciendo ropa para su amiga que para el egocéntrico Kero.

Kero…últimamente no dejaba de darle vuelta a las palabras de Hiragizawa. Siempre supo que Keerberos ocultaba ciertas cosas de su vida pero nunca indago demasiado en ello, no por falta de ganas sino porque no podía disimular la sombra que se apoderaba de su rostro cada vez que de casualidad tocaban de cerca el tema. No quería ponerlo triste y al igual que evitaba presionar a Sakura, no quería presionarlo a él, quería que le dijera la verdad cuando estuviera listo para hablar de ello.

Pero no podía evitar sentirse mal, ¿estaba siendo una mala amiga con Keerberos? ¿No le estaba prestando la suficiente atención? También Sakura, cada vez que el tema salía a colación lo abrazaba sin soltarlo hasta que el recuperaba su humor. No creía que su amiga supiera algo que ella no pero debía intuirlo. Sakura…era bastante susceptible para saber cuando alguien estaba sufriendo, sabía identificar ese dolor y de alguna manera lograba apaciguarlo.

Tres golpes se escucharon en su puerta, interrumpiendo sus pensamientos.

–Pase– dijo con su suave timbre de voz. Una de las sirvientas de su hogar apareció por la puerta con uno de los teléfonos inalámbricos en sus manos.

–Señorita, disculpe que la interrumpa en su hora del té pero hay alguien que necesita hablar con usted con urgencia– Tomoyo dejo la taza de té preocupada.

–¡¿Es Sakura, Keerberos?! – exclamó una octava más alta que en su tono habitual.

–No señorita. Dice que es Hiragizawa– el rostro de la joven fue todo un poema. Sin poder ocultar su desagrado, tomo nuevamente el té entre sus manos y cruzo una de sus piernas, molesta.

–Dile a ese animal que no tengo tiempo para el– soltó sin pensar, dejándose llevar por su mal humor. Ese hombre si que sabía ponerla de malas.

–Se…señorita?... –la sirvienta tartamudeo entre asustada y sorprendida de la agresividad poco común en su señora. Tomoyo se puso pálida de la vergüenza al verse descubierta cometiendo tal desliz. Carraspeo su garganta tratando de recuperar la compostura perdida.

–Por favor, pásame con él Kyoko– la muchacha hizo lo que se le pidió y le paso el teléfono a la joven– puedes retirarte, muchas gracias– pidió amablemente.

Nuevamente sola, suspiro y se llevo el teléfono al oído. Ese maldito mal nacido de Hiragizawa iba a escucharla.

–¿Quieres morir? –le amenazó sin rodeos.

[–A mi también me da mucho gusto escucharte, bellísima Tomoyo– del otro lado de la línea, la pelinegra podía escuchar la burla escondida sutilmente en sus ''amables'' palabras.]

–Si no tienes nada relevante que decir, cortaré.

[–Si fuera tu no haría eso, 'tommy'. Te tengo una propuesta que no podrás negar.]

–Habla.

[–¿Sabías que los animales como yo nos cuestan comunicarnos en tu lenguaje? Ya sabía que eras una farsante pero no sabía que eras tan agresiva. Estas despertando mi curiosidad, o-chan]

El pálido rostro de Tomoyo adquirió una tonalidad roja preocupante entre la vergüenza y la rabia que le causaban las palabras de Eriol.

–¡Voy a cortar y no solo la llamada, tus genitales también, animal! – por la otra línea se escucho la risa juvenil y refrescante de Eriol. Indignada, Tomoyo se dispuso a cumplir su amenaza. Una de sus tijeras de tela era suficientes para cortar esos huevos diminutos.

[–Daré una fiesta en mi casa el próximo fin de semana– soltó de pronto. La joven guardo silencio por un momento hasta captar la idea que implicaban las palabras del inglés.]

–Ni loca, si crees que expondré a Sakura a una fiestecita de las tuyas para alcoholizarla y empujarla a hacer algo de lo que se arrepienta, no cuentes conmigo para eso.

[–Habrá alcohol, obviamente. Pero no estoy diciendo que tenemos que alcoholizar a la dulce Sakura, podemos alcoholizar al lobito.]

–¡Hiragizawa!

[–Piénsalo por un momento Tomoyo– Esta vez se podía sentir la seriedad en sus palabras– Noche, fiesta, música y algo de alcohol, es el escenario perfecto. No pienses que permitiré que a Sakura le pase algo, estaremos todos. El lobito, Keerberos, tu, yo, ¿somos suficientes para evitar una desgracia, no crees?]

–…

[–Además, el disfraz será obligatorio o no se podrá entrar, ¿sabes a lo que me refiero, no?]

–Cuenta conmigo. – Eriol volvió a reír al otro lado de la línea. La verdad era que no le apetecía tanto dar una fiesta de disfraces pero era su as bajo la manga en el caso que la bella Tomoyo se negará.

[–Fue un placer hacer negocios con usted, mi damisela]

–Es un placer no poder decir lo mismo– simplemente cortó, sin aguantar otro segundo más conversando con ese ser humano tan…desquiciante.

Ahora tenía mucho en lo que pensar y planear. Estaba emocionada, pues un disfraz significaba que podía hacer volar su imaginación y vestir a sus queridos amigos como quisiera. ¡Ah Sakura se vería tan hermosa! ¡Sería toda una visión! Tenía muchas cosas que hacer, pensar en el disfraz que confeccionaría, comprar los materiales, cotizar una cámara de video nueva. En fin, bastantes cosas en las cuales pensar y preparar. Sin tomar en cuenta que tendría que hablar de las medidas que tomarían con el insoportable de Hiragizawa para evitar cualquier situación que se les fuera de las manos.

Sería una semana bastante agitada, de eso estaba segura.

***0***

Caen plumas del cielo.

¿Esto es el cielo?

Estoy flotando sobre las nubes.

¿Qué es este lugar?

Ah, ya veo.

Este es un amplio y basto cielo azul, poblado de hermosas y esponjosas nubes blancas.

Caen plumas blancas desde algún lugar y llenan el espacio de este cielo azul, como si formaran parte del paisaje. ¿De donde vienen estas plumas? Siento…siento algo de nostalgia sobre este lugar.

¿Que pasa? De pronto el cielo azul se volvió oscuro, las plumas dejaron de caer y esto es… ¿cerezos? Son pétalos de cerezos.

Sakura…son Sakura.

Oh, nunca había visto una luna tan hermosa. La luna esta llena y tan, tan cerca, casi puedo tocarla con mis dedos pero por alguna razón, a pesar de toda esta belleza, este lugar se siente triste y melancólico.

Alguien…alguien esta llorando, puedo escucharlo…es un llanto quedo, tenue y suave pero se siente tan triste…quiero llegar a esa persona, quiero saber porque llora.

¿Dónde estas? – pregunto y mi voz hace eco por el cielo. Nadie me responde pero sigo escuchando el suave sollozo.

No me gusta ver a las personas sufrir, no me gusta la tristeza. No puedo soportarla. No puedo soportar que alguien sufra en frente de mi. Comienzo a correr por el lugar pero solo veo más de lo mismo, la luna siempre cerca, los pétalos de cerezo que caen y la noche eterna.

¿Qué paso con las estrellas de este lugar?

La impresión detiene abruptamente mi carrera.

Las alas de un ángel, están totalmente extendidas y la luz de la luna detrás de ella las colorea de un suave plata. Distingo la silueta de la dueña de las alas. Es una mujer. Esta de espaldas. Es pequeña y delgada. Esta vestida con un largo y precioso kimono del mismo color de las flores de cerezo, su obi es de color rojo pero parece más delgados de los que yo conozco. Finos lazos de tela roja envuelven las mangas de su kimono, sueltos, da la sensación que flotan sobre ella. Su cabello es de una tonalidad muy parecida a la mía pero ella lo lleva corto, muy corto, hasta casi rozar su nuca.

Escucho nuevamente el sollozo que hace eco por el espacio.

Es ella. Ella esta llorando.

Trato de acércame. Camino y camino pero por más que me muevo, no puedo llegar a ella. Estoy estancada en este punto, frente a ella.

¿Estas bien? – le pregunto genuinamente preocupada– ¿Puedo ayudarte en algo? Por favor, no llores. Te prometo que te ayudaré en lo que necesites.

Parece que mi voz si puede alcanzarla porque su llanto se detiene y no escucho nada más que el silencio. Veo como voltea y alcanzo a ver su perfil de lado. Siento que me falta el aire, ella es tan hermosa. A pesar de que no puedo ver sus ojos por la oscuridad que ensombrece parte de su rostro, sus labios y su nariz parecen tan delicados y finos. Como una muñeca.

Siento el corazón apretado. Una lágrima se desliza por su mejilla. Parece tan triste. Quiero ayudarla. Trato de correr nuevamente hacia ella pero por mas que lo intento no avanzo. No la alcanzo. Estiro mi mano hacia ella, desesperada. La veo removerse sobre ella misma y por primera vez soy consciente de que se encuentra esposada, en cada una de sus muñecas porta un grillete conectado a cadenas negras que aparecen desde las nubes. Por más que se mueve, por más que lo intenta, no puede soltarse.

Más lágrimas caen por su mejilla. Esta sufriendo y siento mis lágrimas acumularse en mis ojos, no puedo dejarla aquí. Tengo que salvarla.

Deseo salvarla. Si mi hermano estuviera aquí…siento otra punzada en mi corazón. Xiao-nii…sus palabras resuenan en mi cabeza y las lágrimas caen por mi rostro.

''Estoy enamorado de ti, Sakura''

Escucho nuevamente el sonido de las cadenas resonando, la preciosa mujer sigue esforzándose por soltarle, la miro y por primera vez voltea su rostro por competo hacia a mi.

Es preciosa, aún que no puedo ver sus ojos por culpa del flequillo delgado que le cae por la frente.

Sus labios se mueven pero no puedo escucharla.

¡No puedo escucharte! – respondo angustiada, tal vez ella me pueda decir como puedo ayudarla. Nuevamente mueve sus labios pero no distingo muy bien lo que quiere decir. La miro angustiada. Ella se muerde sus labios y parece gritar y distingo algo por fin. –¿Cartas? – ella asiente y me siento un poco aliviada al fin de entenderla– ¿Quieres que encuentre tus cartas? – sus facciones se horrorizan y mueve la cabeza de un lado a otro, negando.

De pronto, en frente de ella aparece un hombre. Alto, de cabello castaño oscuro, tez bronceada y de contextura delgada pero fuerte. Estoy segura, no sé porque pero tengo la sensación de que lo conozco, de que lo he visto. Usa un extraño traje de color verde y blanco y al igual que la preciosa mujer no puedo ver sus ojos, ensombrecidos al igual que los de ella. Uno de sus brazos rodea los pequeños hombros de la mujer, acercándola a su cuerpo. Parece querer protegerla pero ella no deja de mirar hacia a mi.

Mis piernas pierden fuerza y caigo sentada en el suelo. Ese hombre saca una espada y horrorizada grito. Va a lastimarla. No, no, no la lastimes. Sin embargo, me sorprendo cuando apunta su espada hacia a mi.

Ahora lo entiendo.

El quiere protegerla de mi. Aun que no puedo ver su rostro en su totalidad tengo la sensación de que esta enojado y que me ve como una amenaza. Las cadenas de la chica vuelven a hacer eco, intentando soltarse una vez más pero el brazo protector del joven la aprieta más contra su cuerpo.

Los labios de la joven vuelven a moverse, tratando de hacerme llegar sus palabras. Vuelvo a distinguir algo y no se porque me siento tan asustada.

¿Li? – ella asiente y vuelve a hablar– ¿Maestra? – asiente una vez más y veo que se pone de lado. Una de sus manos se posa sobre su vientre y la otra sobre la mejilla de ese hombre que la protege. El brazo del chico que rodea sus hombros recorre su brazo hasta posarse también sobre el vientre femenino, sobre la mano de la joven.

Mi corazón se siente pesado y cansado, mi ojos se sienten agotados, como si hubiera llorado una eternidad.

Entonces, escucho la voz de joven por primera vez. Es un grito desesperado, desgarrador, solitario y angustiante.

¡Sálvalo! – sus palabras resuenan por fin en mis oídos y la veo, ambas con lágrimas en los ojos, sin saber muy bien porque siento su tristeza como mía. El hombre le tapa la boca con suavidad con una de sus manos y trata de esconderla de mi.

Entonces, lo veo. Lo veo por completo, ese hombre que la abraza a su cuerpo. Siento como mis ojos se abren tanto que mis parpados tiritan. El aire me falta y la voz se me quedo olvidada en algún lugar.

Xiao-nii…– dijo casi sin respiración.

Ese hombre que la protege es idéntico a Syaoran pero el…el es…más alto y su rostro delata que es más grande que mi hermano…mira con el ceño fruncido y la boca torcida en una mueca de rabia, de impotencia y de dolor. Son idénticos y aún así sus ojos de ámbar brillan de manera distinta a los ojos que yo conozco tan bien…Sus ojos están bañados con deseos de venganza…pero aún dentro de todo ese odio puedo distinguir un punto de luz que brilla oculto…esa luz es amor.

Tengo la sensación que esa luz es lo único que le permite estar en este lugar pues a pesar de la tristeza y melancolía que se siente, es un lugar extrañamente cálido, tranquilo.

El la ama…por eso permanece encarcelado aquí...esa mujer presa no puede liberarse de las cadenas que la mantienen encerrada en este melancólicamente bello lugar y el…se queda a su lado…eso no puede ser más que amor.

Amor incondicional.

Sus deseos de venganza son por ella…Desea vengarse porque la están lastimando…Sé con certeza que han estado encerrados aquí durante muchos, muchos años.

El no puede liberarla y aún así, se queda a su lado.

Entonces, por fin comprendo lo que ella quiere.

No quiere que la salve. Quiere que lo salve a él. Al comprender al fin sus sentimientos la fuerza de mi propia determinación me da fuerzas para ponerme de pie. La entiendo, la entiendo tanto. Compartimos el mismo sentimiento porque yo también deseo salvar a mi persona más importante, a mi persona más amada.

Firme doy un paso al frente y veo que por primera vez puedo avanzar. Una valentía que desconozco desborda mi pecho y por alguna razón me siento poderosa, el sigue apuntándome con su espada y aún así, no tengo miedo.

Solo sé que el no va a lastimarme y mi deseo de salvarlo se vuelve casi insoportable. A medida que mis pies avanzan y me acerco más a ello, el atractivo rostro masculino se desencaja.

Me mira sorprendido y confundido. De alguna manera me reconoce y luego la mira a ella, buscando una explicación. Ella solo le sonríe, es una sonrisa de alivio y tristeza. Se esta preparando para dejarlo ir.

Solo estoy a unos cuentos pasos. El deja caer su espada y sus brazos la envuelven en un abrazo apretado, desesperado. Niega con la cabeza efusivamente. Puedo ver como sufre. No quiere dejarla y siento tanta pena por ellos, pero de alguna forma me conecto con los sentimientos de la hermosa mujer que aún me da la espalda, que lo acuna en sus brazos y lo consuela.

Deseo tanto como ella liberarlo de esta prisión.

Me paro frente a ellos y me doy cuenta que la preciosa joven es mi porte. Siento como si fuéramos parecidas de alguna forma. Él esconde el rostro femenino en su pecho. No tiene ninguna intención de soltarla y por primera vez me mira directamente a los ojos.

Mi corazón salta dentro de mi pecho y comienza a correr, agitado. Siento mis mejillas arder. Mis sentimientos se desbordan, no puedo controlar el amor que siento dentro de mi pecho. Es tan intenso que resulta doloroso.

Me esta sonriendo. Esa sonrisa leve y dulce que conozco. Sus ojos se suavizan al mirarme y aunque su mirada es triste, es amable. Tan amable que me envuelve mi corazón.

Xiao-nii…–dejo escapar sin poder evitarlo, en un susurro anhelante. Esa es mi sonrisa. La sonrisa de Syaoran…

El estira una de sus manos hacia a mi y dejo que sus dedos toquen mi mejilla. Cierro los ojos un momento al sentirlo, sus caricias son sutiles pero cariñosas…abro mis ojos y suspiro. El niega con la cabeza suavemente y veo algo de lástima en sus ojos. Es como si me estuviera regañando cariñosamente…como si me estuviera diciendo que no tengo remedio, al igual que lo hace Xiao-ni…

No dejaré que mueras de nuevo, Sakura.

Despierto sobresaltada. Siento mis ojos hinchados, pesados. Mis manos corren a mis mejillas y la humedad esta presenta en ellas. Tapo mi rostro con mis manos y grito una y otra vez.

Me siento rota. Quebrada por dentro. La sensación de que acabo de oír la peor noticia del mundo. Mi cuerpo tiembla incontrolable.

La sensación de deja vú me consume.

–Va a pasar de nuevo…Va a pasar nuevo…– me repito en murmullos entrecortados debido al llanto que emerge impasible por mi garganta. No entiendo el significado de esas palabras, no entiendo porque salen de mi boca.

¿Qué era con lo que estaba soñando? ¿Por qué me siento tan angustiada?

Salgo de la cama con un solo objetivo en mente, sin embargo, mis manos se detienen en la manecilla de la puerta. No, no puedes ir donde él. No puedes ir con Syaoran. Me agacho, abrazo mis rodillas con fuerza y cierro los ojos y el recuerdo de unas alas de ángel vuelven a mi.

''Sálvalo''

¿A quien? ¿A quien tengo que salvar?

Syaoran…Syaoran…quiero volver a ti.

***0***

¡Hola mis queridísimos lectores!

Primero que todo, quisiera pedir disculpas por demorarme con este capítulo (escribí 40 páginas mas o menos jejejeje). Fue todo un reto escribirlo porque ahora pasamos a la siguiente etapa por eso el resumen de la historia ha cambiado y empezamos a relevar de a poco a poco la verdad del pasado de los Li, Amamiya y de los mismísimos Sakura y Syaoran. Espero no estén tan sorprendidos ya que en capítulos anteriores creo que dejado entrever ciertos elementos fantásticos, aquí la explicación de ellos o por lo menos parte de ella.

Ahora, agradecerles enormemente todo su apoyo, opiniones y comentarios. Ya lo he mencionado antes pero cada vez que tengo cierto bloqueo o no puedo plasmar las cosas como quiero, leo sus comentarios y me dan muchísimo animo. También aliento a las personas que siguen esta historia y no han comentado que me den sus opiniones, para mi es importante saber que piensan.

Por otro lado, creo que el concurso no dio mucho resultado jajajaja pero esta bien, peude que haya sido un poco latoso. Agradezco a todos los que participaron y como el personaje favorito fue Syaoran, les traje la tan esperada confesión y beso y algo del pasado de nuestros protagonistas.

Por último paso a responder personalmente sus comentarios como siempre .

Guest: Hola! Feliz de que siga siendo de tu gusto y muchas gracias por comentar. Esperó que te haya gustado el SxS de este capitulo. Esperó tu opinión, saludos y muchas gracias.

Xion: Hola! Muchas gracias! Me disculpo nuevamente si tuviste que esperar mucho. Realmente este capitulo me costo escribirlo pero me siento satisfecha con el resultado y espero que a ti también te guste. Esperó tu opinión, saludos y muchas gracias.

Saori Kinomoto: Hola! Awwww me alegro tanto que te haya gustado el capítulo anterior y esperó que este igualmente sea de tu gusto. Muchas gracias. Si, todos tienen una máscara, de alguna forma quiero plasmar eso, que las personas son mucho más complejas de lo que parecen y que todos tenemos secretos y sentimientos que no queremos que conozcan la luz. Esperó tu opinión, saludos y muchas gracias.

Cerezo01: Hola! Muchas gracias por tu comentario. Ay, estoy feliz de que te haya intrigado la historia para seguir leyéndola a pesar del supuesto lazo parental que une a SxS, aunque para estas alturas, todos sabemos que no son hermanos. Sin embargo, aun quedan interrogantes respecto a su verdadero origen. Hm no quiero adelantar mucho pero de cierta forma Syaoran y Sakura están más que destinados por decirlo de alguna forma, el lazo que los une es más complicado y fuerte de lo que parece, creo que hoy deje algunas pistas sobre eso jejeje.

Con respecto al título del capítulo anterior el caballo es Yukito y la alfil es Meiling, hice alusión a las piezas de ajedrez por la forma en que hacen las cosas, el caballo parece algo esquivo en el ajedrez así que suele sorprender cuando se come una pieza. En cambio, el alfil es directo y sin rodeos, así que solo ataque cuando ve un descuido. La verdad a mi me encanta la Meiling de esta historia y espero que con el tiempo a los demás les llega a gustar como a ti.

Muchas gracias por participar en el concurso, esperó que te haya gustado el SxS de este capítulo y tomando en cuenta tu comentario, en este cap me propuse indagar más sobre el pasado de Eriol y Keerberos y los sentimientos que los unen a los protagonistas.

Muchísimas gracias por leer esta historia y tus palabras. Esperó que este capitulo sea de tu gusto. Esperó tu opinión, saludos y muchas gracias.

Sakura flor: Hola! Si, todo super bien y esperó que tu igual. Si, yo también estoy ansiando que Sakura se de cuenta pero como todos sabemos es más despistada y lenta en algunas cosas. Todo a su tiempo, solo espera un poco más. Esperó tu opinión, saludos y muchas gracias.

Malena27: Hola!, muchas gracias! Si te gustan los capítulos largos, entonces este te va a encantar porque tiene casi 40 páginas jejeje. Si, ¿Qué te pareció la confesión de Syaoran? No queda tanto para ver un SxS intenso jajaja. Esperó tu opinión, saludos y muchas gracias!

Flor Ruiz: Hola!, ay! Espero que te guste este capítulo también, según yo esta bastante intenso. Si, son unos adolescente pero yo siento que la edad mental de Syaoran es más como adulta y no te preocupes, todos van a madurar, algunos de golpe y otros a los golpes jajajajaja. También es mi favorito Syaoran por eso hoy les deje un SxS intenso, ojalá lo disfruten. Esperó tu opinión, saludos y muchas gracias.

Muchas gracias mis queridos lectores. Que tengan un buen fin de semana.