CAPITULO V ½: EL FUEGO SOBRE EL CEREZO
''Quien con monstruo lucha cuide de no convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, también esté mira dentro de ti''
Camina encadenada a través de un amplio lugar desierto. Hace tanto calor que sus labios se secaron hasta quebrarse. Agrietados por la falta de agua pero no tan agrietado como su corazón.
Rota en pedazos.
Crece dentro de ella una rabia que no conocía hasta ahora. A cada paso. A cada orden. A cada desprecio. Desea tomar con sus manos todo aquello que le quitaron y aún así, sabe con rencor que no podrá recuperar nunca todo lo que perdió.
Nunca podrá recuperarlo.
El dolor sacude su corazón. Agarra su pecho jadeando. Duele tanto que no puede mantenerse de pie. Sus piernas débiles pierden la poca fuerza que la mantenían de pie y cae brutalmente al suelo. Grita y las cadenas que la mantienen encarcelada lastiman sus muñecas.
Llora desesperada.
Grita desesperada y desesperanzada.
Siente que unos delgados brazos la sostienen en su dolor. La aprietan contra ella.
–No te rindas. No te rindas, Sakura– escucha la suave voz de Tomoyo, encadenada al igual que ella y aún así se mantiene a su lado, dándole fuerzas. Vuelve a gemir del dolor, tratando de no gritar. Es un infierno saberlo muerto– hazlo por Li.
–¡Muévete escoria! – sus cadenas son jaladas con fuerza y su barbilla choca contra el duro suelo, lastimando su rostro y rodillas.
No hay espacio para la debilidad.
Aprieta su mandíbula y sus dientes rechinan de rabia. Aguanta estoica las lágrimas y aún así, algunas caen sueltas por sus mejillas pero esta vez solitarias. Sus ojos verdes se oscurecen ante la maldad, la crueldad y la violencia ejercida.
Sus pies son detenidos abruptamente frente a un altar de madera. La docena de magos y guerreros que las rodean se ríen de su desgracia, de su suerte, de su destino.
Tomoyo es arrancada de su lado con la misma violencia con las que han sido tratadas hasta ahora. Trata de retenerla a su lado pero es empujada y golpeada sin piedad. Siente su rostro arder.
Nuevamente esa rabia que comienza a nacer desde su interior. No…no es rabia, es ira.
Ira de la más pura.
–¡No! – grita desesperada. Arrodillada, suplica por la vida de Tomoyo– Por favor, por favor…–ruega con el alma rota. – por favor…no la lastimen. Haré lo que me digan…mis cartas…mis cartas los obedecerán.
–Demasiado tarde para arrepentirse, maestra de las cartas– esa voz. Esa voz repugnante que tanto odia. La cabeza de los Li. Siente tanto odio…un odio que jamás pensó sentir– las cartas son nuestras ya no nos sirves más.
La mujer que ha conocido toda su vida como su mejor amiga, camina por el tarima de madera. Se para en el medio y a pesar de toda la humillación su barbilla no decae. Orgullosa y elegante mira a su destino sin mostrar debilidad. Por unos segundos sus ojos se encuentran y sus grises le sonríen tratando de reconfortarla.
La espada que cortará su cabeza se posiciona desde atrás. Sakura grita una vez mássin poder despejar sus ojos de ella.
–Ultimas palabras antes de morir, mujerzuela.
Digna, Tomoyo no se deja intimidar. Haciendo oídos sordos solo dirige su mirada hacia Sakura. Fiel a sus sentimientos y a su forma de ser, le sonríe y pronuncia con los ojos cerrados, esperando su fin.
–Todo estará bien.
Su cuello es cercenado sin piedad y su cabeza cae rodando por su cuerpo y posteriormente por el suelo.
No hay gritos. No hay lágrimas.
No hay nada.
Nada más que ira consumiéndola, poco a poco.
Le quitaron todo.
Le quitaron sus cartas, le quitaron su hogar, le quitaron a su familia y se lo quitaron a él.
Muerde sus labios con tanta fuerza que su labio inferior se rompe por la fuerza de sus dientes y sangra, pero no siente dolor. Todo dolor ahora es insignificante comparado con lo que siente en esos momentos. Es jalada sin delicadeza al mismo destino que su fallecida amiga y camina con la misma dignidad que Tomoyo ha querido inculcarle.
Será decapitada.
Aún así, no dejará caer su cabeza. No dejará caer lo único que le queda.
Dignidad.
Ella es y siempre será la maestra de las cartas. Le podrán quitar su báculo, le podrán quitar sus cartas, le podrán quitar a sus amigos y su amor pero jamás podrán quitarle su poder. Se jura a si misma que algún día rompería las cadenas que la atan y volvería por los Li.
Se para en el centro y mira el rostro despreciable de los magos que la traicionaron.
–Última palabras– pronuncia la cabecilla de los Li. Sin embargo, se niega a hablar. Estoica y en silencio, memoriza el rostro de cada uno de los traidores que tanto daño le hicieron. Molesto, el hombre agarra su barbilla entre sus manos, apretándola, obligándola a mirarlo y aún así su mirada no se despeja del horizonte frente a ella– tu poder se termina aquí– sentencia.
Pero ella no responde. Su ceño se frunce y sus ojos tratan de ajustar la distancia. Siente su pecho hincharse. Por primera vez sus ojos verdes lo miran con desprecio y le sonríen con suficiencia.
Es hoy.
Hoy es el primer paso para recuperar lo que perdió.
–Mi poder recién esta despertando.
La cabeza de los Li la mira extrañado. Sin entender de donde nace su arrogancia. El viento comienza a soplar con fuerza, con demasiada fuerza, tanto que algunos magos y guerreros necesitan enterrar sus armas en el suelo para sostenerse. Sin embargo, la tierra no parece estar a su favor y esta se vuelve inestable y tiembla, tiembla con fuerza, haciéndolos caer.
Se escucha un rugido lejano y poderoso acercándose a ellos y sin previo aviso flechas de hielo atraviesan el cielo encajándose en el pecho de algunos hombres que caen al suelo y luego un fuego tan rojo como la sangre tiñe el desierto, envolviéndolos a todos.
Los ojos de ámbar la miran enfurecidos, exigiendo una explicación.
–¿Qué hiciste? – Sakura solo lo mira con el odio ardiendo en sus ojos– ¡¿Qué hiciste?! – vuelve a exigir y su voz no se vuelve a escuchar, nunca más. Su garganta es degollada por los dientes de hierro de la bestia que protege el sello de las cartas. Lleno de ira, al igual que su dueña. Agonizante en el suelo, estira su mano hacia el vestido desgastado y sucio de la maestra de las cartas.
–Yo no soy como ustedes. No necesito un báculo para canalizar mi magia– Keerberos rodea con su cuerpo el de Sakura y sobre sus cabezas, la figura del aliado de la luna, Yue vuela sobre ellos, su mirada de agua esta roja. Desea vengarse tanto como Keerberos. Estuvieron a punto de matar a su maestra. A punta de quitarle su preciosa vida de la manera más degradante y humillante.
De las llamas se distinguen la sombra de dos siluetas, se acercan atravesando el ardor del fuego. Uno lleva en sus manos una espada y el otro un báculo. Ambos hombres se arrodillan ante ella con la cabeza gacha.
–Kurogane y Fye d. flowright han venido con nosotros para servirte, maestra. – Comenzó diciendo Yue– a pesar de que estas escorias querían traicionarte en un principio nos han liberado del sello para salvarte. Tu decides que quieres hacer con ellos, maestra.
–The watery. The firey. The earthy. The windy– las cuatro cartas de los elementos, las únicas que pudieron escapar del sello gracias a su conexión de los guardianes se manifestaron en su forma original detrás de Sakura a la defensiva– ¡¿Por qué tendría que creerles?!
Kurogane levanto la cabeza. Sus ojos miraron el cuerpo degollado sin vida de Tomoyo. Cerro sus puños. No le importaba que pasará con el mundo de la magia y el resto del mundo mágico, solo quería una cosa. Salvar a Tomoyo y ahora que no podía, solo quería vengarla. Con ojos aguados miro hacia Sakura.
–Quiero vengar a Tomoyo. Quiero destruir a los Li, quiero destruir a los malditos que la mataron.
–Al principio no lo sabía, maestra de las cartas– habló Fye– pero ahora lo sé. El mundo de la magia necesita alguien más fuerte que los Clow pero más bondadoso que los Li. Te han quitado todo para oscurecer tu corazón y volverte débil. Te han destrozado para que dejarás de ser una amenaza pero ahora lo sabes, maestra– Fye miro a los ojos de Sakura se sacudían con sus palabras– así de cruel es el mundo. Si no usas la fuerza de tu magia para enderezarlo, sucumbiremos a la oscuridad y mientras tus fuerzas se utilicen para eliminar el mal que existe mi lealtad y mi poder serán tuyos por siempre.
–Maestra– hablo Yue– que decides.
Sakura aguardo en silencio, procesando las palabras de Fye y el deseo de Kurogane. Un mundo cruel, este era un mundo cruel. Este mundo le había quitado todo lo que alguna vez había amado y apreciado, y bajo su ambición y avaricia perecieron sus sueños y fantasías más felices. ¿Qué era lo que realmente quería hacer? Sentía tanta ira y odio y aún así…aún así… ¿Qué hubiera hecho él en su lugar? Su solo recuerdo la atormentaba pero de cierta forma…le traía un dolor cálido porque fue real, más real que ella…incluso en un mundo cruel, ella había encontrado amor…
Entonces, ese era su destino. Su verdadero destino. Conocer la verdadera felicidad, el verdadero amor y que le fuera arrebatado para comprender por fin que era lo que debía hacer.
Había nacido para esto.
Construir un mundo mejor.
Sakura cerró los ojos y dejo que las últimas lágrimas de debilidad bajaran por sus mejillas. Se despidió de la ingenua niña que había sido toda su vida y cuando volvió abrir sus ojos ya no había espacio para la debilidad ni la ingenuidad.
–Destruiremos a los Li y al consejo de los magos. Tienes mi palabra. Juntos traeremos la paz al mundo de la magia.
–Como usted ordene, maestra– dijeron al unísono ambos hombres.
–¡¿En serio crees que vamos a rendirnos ante ti, niña estúpida?! –grito uno de los cuantos hombres que habían sobrevivido al ataque de los guardianes de Sakura.
La joven maestra se monto sobre el lomo de Keerberos. Los cuatro elementos se volvieron cartas sobre sus manos y miro a los hombres que quedaban.
–Ustedes no van a rendirse– respondió. Las alas del gran león dorado se abrieron para emprender el vuelo, dándoles la espalda. – ustedes van a morir. – sentenció y Keerberos voló por los cielos.
***0***
El salón era grande y espacioso. Las paredes de un blanco inmaculado estaban decoradas de signos y símbolos dorados, negros y plateados. Una gran mesa de madera pulida llenaba el espacio. Tallada con la magia de fye mostraba el territorio de Hong Kong, las piezas de diferentes colores representaban cada grupo mágico, aliados y enemigos.
Estrategias.
Estrategias.
Estrategias.
El juego había comenzado.
En el centro de la cabeza de la mesa se encontraba Sakura.
Su característico kimono rosado había sido reemplazado por uno negro como la noche con estampados rojo sangre de cerezos y un obi de color dorado. En el costado derecho de su cabello llevaba un broche en forma de lobo.
Rodeada de su círculo de confianza. Aquellos que juraron su vida para protegerla.
A sus costados se encontraban sus fieles guardines, Keerberos y Yue que habían adoptado el mismo semblante afilado, fiero, desconfiado. El dolor de la maestra de la carta había influenciado en su magia, en sus sentimientos y sus recuerdos tormentosos se transmitían a sus memorias.
A su lado derecho estaba la reencarnación del mago Clow. A su izquierda Fye y Kurogane y en el resto de espacio se encontraban los representantes, herederos y lideres de las casas que se habían unido a ella, jurándole lealtad.
El grupo Amamiya vinculado con la casa menor de los Daidouji, el grupo Shinomoto vínculado con la casa menor Kaito y finalmente el grupo flowright.
No eran muchos grupos pero los suficiente para derrocar al grupo Li y al consejo de magos. Tomando en cuenta el poder de las cartas y el afiliado mago Clow Reed, la asunción de Sakura como la nueva matriarca del mundo mágico era una posibilidad más que real.
–Los magos del consejo son magos ordinarios con experiencia y poder. Los años hacen al maestro– el anciano mago Clow Reed se detuvo y miro a los ojos a la joven maestra– ¿tu eres un mago ordinario? –su dedo índice la indico y negó moviéndolo de un lado al otro– No, eres la maestra de las cartas. – termino con severidad.
–Maestra– llamo Fye– Tiene a sus magos, tiene sus cartas, tienes a sus guardianes. Puede pelear por el poder. No será una guerra como las demás, tendrá sangre en sus manos antes de sentarse en la cima.
–Ya eres vista como el enemigo más poderoso para los Li, el consejo de magos y los demás grupos menores afilados a los mismos. Van a destrozarte a la más mínima debilidad– acoto Kurogane moviendo una de las piezas del gran tablero.
La pieza movida por Kurogane representaba a la primera fila del consejo de magos y el grupo Li, respaldado por sus afiliados la casa Tsukishiro y Wang.
–Maestra–intervino la heredera de la casa Shinomoto, Akiho– creemos en usted, por eso la hemos elegido para que tome el poder del consejo de magos. Yo, Akiho Shinomoto, como única heredera le he jurado mi lealtad y la de mi linaje para siempre…Por eso, le pido que tome una decisión.
–Entre más tiempo le otorga a los Li más peligrosos se vuelven. Harán lo que sea para tener en su poder una vez más sus cartas. Se lo ruego, tome una decisión– agrego el heredero de los Amamiya.
Sakura parpadeo seguido, en un intento de mantener sus lágrimas dentro de sus ojos. Una sola de sus palabras podría desatar la peor masacre vivida en el mundo mágico pero si no lo hacía…si no tomaba la decisión correcta no solo los Li perecerían sino la mayoría de los magos en el mundo y la magia terminaría por desaparecer.
Tenía que tomar una decisión.
Se dio la vuelta dándole la espalda a sus seguidores, llevo una de sus manos a su vientre imperceptiblemente y lo acaricio con delicadeza y cariño.
Tenía que tomar una decisión. No volverían a quitarle nada, nunca más. No volvería a dejar desprotegidos a sus personas más amadas.
No dejaría que tocarán a su hijo.
–Sola una vez…– comenzó a hablar– Les doy la oportunidad de rendirse. Pueden vivir bajo mis términos o pueden morir en sus antiguas tradiciones.
–¿Esa es su orden, maestra? – preguntó Yue.
Sakura asintió.
–Si se niegan, eliminaremos al grupo Li y al consejo.
***0***
La madera chirreaba levemente al consumirse con el fuego de la hoguera. El lugar estaría a oscuras si no fuera por el fuego de la chimenea y las velas que iluminaban la estancia. Era un lugar cálido gracias al fuego del lugar.
Frente a ella, Shiefa Li la miraba con los ojos abiertos y el terror dilatado en sus ojos. Su boca estaba medio abierta y uno de sus pies iba inevitablemente hacia atrás. Quería huir de ella. Lo sabía, le temía pero ella era su hermana…la hermana del hombre que había amado hasta secarse de tantas veces en que sus ojos le lloraron en silencio y en secreto.
–Tu…realmente…te has convertido en un monstruo– la acuso sin aliento Shiefa Li– vas a destruirnos…
–Como ya ves Shiefa, no hay nada que puedan hacer para detenerme. Por favor, ríndete.
Shiefa cubrió su rostro con ambas manos y lloro amarga y tendidamente, temblando como una hoja. Rendida ante el futuro inminente.
–¡Y que mierda haces aquí! ¡Quieres reírte de nuestra desgracia! – acusó fuera de si.
Sakura inspiro hondo.
–Estoy aquí porque amo a tu hermano y sé que hubiera querido salvarte. No tiene porque ser el fin de los Li.
–¿Qué quieres decir con eso? – pregunto confundida.
Sakura se llevo una de sus manos a su vientre.
–Que tu hermano de cierta manera sigue viviendo en mi. Aquí en mi vientre, esta el próximo líder de los Li y pienso protegerlo de ustedes antes de volverlo heredero.
–No... – Shiefa la miro aún más aterrorizada de ser posible. Su pánico era palpable– No puedes tener a ese niño Sakura... –decía en voz ahogada–la maestra de la carta no puede engendrar…¡no puedes traer ese niño al mundo!
–¿Qué estas diciendo?
–¡¿Por qué crees que los Li nos opusimos a tu compromiso con mi hermano!? ¡Estaban llendo contra el destino! ¡No te basto quitarle a mi hermano las cartas Clow sino que también quisiste tenerlo a él!
–Mi hija va a formar lo cimientos de una nueva generación. ¡Mi hijo es un milagro!
–Que equivocada estas, Sakura…
***0***
–No podíamos eliminar al heredero de los Li. Esta fue nuestra mejor jugada.
–Esta fuera de control. No nos equivocamos en hacerle creer que había muerto.
–Sin embargo, el líder de los Li murió a mano de la maestra de las cartas.
–Eso no tiene importancia mientras el legítimo heredero de los Li siga vivo. Háganlo pasar.
Las grandes puertas de madera se abrieron. De ellas entraron una mujer y un hombre joven y serio.
–Leran– dijo– creo que es momento que el heredero recuperé lo que la supuesta maestra de las cartas le quito. Las cartas Clow siempre fueron de los Li, así estaba predestinado y ella se interpuso en nuestro camino.
–Mi hijo esta listo para recuperar lo que fue robado.
–Li, ¿Qué puedes decir al respecto?
–Honorables magos del consejo estoy aquí para cumplir mi deber. No importa quien sea ella, la eliminaré– el líder de los magos del consejo lo miro interesado y sonrió malévolo.
–¿Podrás matarla con tus propias manos?
–Sakura, la usurpadora. Caerá bajo la justicia de los Li.
–¿Aprendiste a usar la única carta que la usurpadora no pudo encontrar?
–The nothing, honorable líder. Con ella la destruiremos.
–Hazla pagar, Xiao Lang. Cumple tu deber.
***0***
The nothing.
La única carta que desconocía y la única que se negaba a obedecerla. La pequeña niña con alas en la cabeza la miraba desde la distancia, resentida.
Sus guardianes, sus cartas y los magos bajo su mando habían desaparecido. Se había esfumado bajo la magia destructiva de the nothing.
Estaba sola. Sin familia, sin protección.
Solo le quedaba una carta. The fly.
Solo podía huir. Solo podía tratar de salvar al hijo creciendo dentro de su vientre.
Las alas crecieron a su espalda. Se preparo para emprender el vuelo y alejarse de esa carta ante que la hiciera desaparecer a ella también. Sin embargo, se vio detenida por la hoja de una espada que apuntaba a su cuello.
Su cuerpo se paralizo del impacto. Por primera vez en tres meses de horrores, sangre y peleas sin fin derramo lágrimas pero estas lágrimas eran de felicidad. Estiro sus manos hacia a el, con el corazón en la garganta y el cuerpo temblando.
Quería tocarlo. Deseaba tocarlo.
La afilada hoja atravesó su estómago.
Sakura abrió los ojos y sus lágrimas comenzaron a secarse. La impresión invadió su rostro. Abrió y cerro la boca una y otra vez, tratando de decir algo. Sus piernas y ojos perdieron fuerza. Su equilibrio cedió y sus piernas flaquearon. Su cuello fue tomado abruptamente por la mano masculina que la apretó sin piedad. Sakura hizo una mueca de dolor.
La vida se le estaba yendo y luchaba con sus ojos para no dejarlos caer.
Este era su castigo.
Aún así deseaba poder verlo un poco más, deseaba grabar una vez más en su memoria el rostro del hombre que amaba con toda la fuerza de su existencia, a pesar de que ya no podía reflejarse en sus ojos de miel, estaba ahí. Vivo.
Con las pocas fuerzas que quedaban en su cuerpo subió sus manos hasta envolver con ternura la muñeca masculina. Amaba poder volver a tocarlo, amaba que sus últimos minutos pudiera verlo a él.
Si iba a morir, no le importaba morir en sus manos.
Hizo un esfuerzo por sonreír y lo miro a los ojos.
–Vol...volviste a mi…a nosotros…– Sakuro tosió y sus parpados comenzó a ceder.
–¿Nosotros? – preguntó gélido y frío como el hielo. Sakura sonrió cerrando sus ojos finalmente y una de sus manos fue a parar a su vientre.
–A mi y a tu hijo…Xiao Lang.
La mano de Sakura cayo a su costado al tiempo que su último escapa por sus labios llevándose su vida.
