CAPITULO VII: IMITANDO EL VUELO DEL ÁNGEL

''Maténme aquí, mi corazón esta cerca, mi amor ha desparecido. Dime la verdad, mi corazón es nuevo, mi amor ha desaparecido. Esta bien, sé que algún día estará contigo. Esta bien, sé que algún día estaré contigo.

Háblame

Mi corazón es libre

Mi corazón ha desaparecido

Dime la verdad

Mi corazón es triste

Mi amor ha desaparecido''

Contemplaba el paisaje del horizonte oscuro y frío que podía apreciarse desde la ventana de sus aposentos.

Era una noche sin luna.

Sin estrellas.

Apretó lo mandíbula, cerro los ojos y puños, resistiendo a sus constantes ruegos, dándole la espalda pues esa era la única forma de resistir. No podía ceder. Esta vez no podía darle lo que quería.

Esta vez no podía complacerla. No quería complacerla.

Te lo suplicó– pidió una vez más, susurrando en la oscuridad que compartían–No vayas, por favor…– esta vez sus ruegos subieron una octava rompiendo el silencio tácico de la nochePuedes morir…puedes morir como él…trago profundo y lento, tratando de calmarse y los susurros se apoderaron de sus labios nuevamente.Sol de mi día…no nos hagas esto, por favor…

Xiao Lang Li era un hombre de temperamento frío cual hielo en pleno invierno, no se inmutaba, no perdía nunca el temple de fría indiferencia y su perfecto porte se mantenía intacto en toda situación al igual que su inquebrantable orgullo. Sin embargo, como todo hombre de poder existía en su vida una única debilidad, una preciosa pero frágil y delicada debilidad.

Su esposa. Su mujer. El amor de su vida.

La estrella en su eterna y larga noche.

Se dio la vuelta con el corazón en la garganta, ansioso de flaquear y consolar sus ruegos. No quería ser un cobarde pero era precisamente lo que era cuando se enfrentaba a sus ojos verdes de jade y sus dulces facciones desbordantes de angustia y preocupación.

No podía soportar sus lágrimas mucho menos cuando no podía darle el consuelo para hacerlas desaparecer.

Ya no confiaba en Tao pero sé esto, que morir protegiéndote fue su decisión–Las pestañas de sus jades tiritaron rápidamente al escuchar sus palabras, sus ojos se quebraron una fracción de segundo antes de recuperar la compostura. Se seguía culpando por la muerte Tao. Quería tanto consolarla…sus pasos se acercaron a su cuerpo, frente a frente, sus manos rodearon la dulce redondez de sus mejillas cálidas–Porque es lo mismo que hubiera elegido en su lugar…

¡Tao no sabía lo que hacía! – respondió tratando de negar lo que los hechos le refregaban en el rostro, los verdaderos sentimientos que uno de los hombres más fieles de su esposo sentía por ella…uno de los amigos más íntimos de Xiao Lang.

La furia ardió en los ojos de miel, convirtiendo el líquido en ámbar sólido. Los costados de sus brazos fueron apresados sin piedad entre sus manos fuertes, acercándola más a él, en una mezcla de rabia, celos y traición.

¡Tao te amaba Sakura!

¡Y yo no podía amarlo, no de la forma en la que quería! – sus manos se posaron sobre su pecho y le susurro, en un intento de calmarlo con la verdad que mejor que nadie debía saber–No de la forma en la que te amo a ti.

Sus ojos no podían mentirle aunque su boca se negará a decir lo que más quería escuchar. Xiao Lang se debatía por dentro. Ese impresionante par de ojos de miel la observaban y su corazón luchaba por elegirla, por sobre todo lo demás. Por sobre sus obligaciones, por sobre su honor y sus principios. Sakura le estaba pidiendo que no fuera, que se quedará junto a ella en la seguridad de su castillo pues el presentimiento de que algo muy malo sucedería la ahogaba constantemente desde hace varias semanas.

Sin embargo, por mucho que quisiera, por mucho que deseara quedarse a su lado, no podía. No aún, cuando el peligro corría por ahí afuera, acechando, esperando el momento preciso para quitarle a su esposa.

Iban tras Sakura, el objetivo eran sus cartas. No podía comprobarlo pero su instinto se lo aseguraba, cada parte de ser le decía que Sakura estaba en peligro y que esta guerra, no era nada más que un circo. Por ella y su futuro, debía enfrentarlos y salir victorioso porque solamente así, encontraría al verdadero culpable.

Soy el líder de los Li. No puedo mandar a mi clan a luchar y arriesgar sus vidas mientras me quedo en la seguridad de mi castillo. –puntualizo esperando dar por terminada la conversación pero su esposa no tenía planes de dejarse vencer.

Entonces, déjame ir contigo. Déjame luchar a tu lado. – exigió, jugando su última carta pues sabía que si no podía convencerlo de quedarse junto a ella, pelearía en su nombre antes de dejarlo marchar a la batalla.

No paso por alto la mirada aprensiva de su flameante esposo. Era tan obvio, incluso sin verbalizar su respuesta, ya la sabía.

No– dijo seco y tajante. Se dio la vuelta dispuesto a irse y despejar su mente. Necesitaba aire fresco. Necesitaba calmar su temperamento pero Sakura no se lo hacía fácil y temía explotar su mal carácter en su presencia.

No quería asustarla con sus demonios aunque los conociera, no quería volver a mostrarse como un monstruo en su presencia nunca más y dado a los recientes sucesos, su paciencia estaba peligrosamente rozando los límites, sobre todo en el hecho de que su preciosa estrella estaba en peligro.

Iré– rebatió decidida.

Los pasos de Li se detuvieron y su paciencia exploto en sus pupilas inyectadas de sangre y deseos de venganza contra aquellos que amenazaban su felicidad.

¡No, no y no! – grito. La palma de su mano azoto con fuerza contra la superficie de la pared. Sakura jadeo sobresaltada levemente ante el arranque de violencia de su esposo– y si sigues insistiendo, te encerraré hasta que vuelva– amenazo entre dientes, frío como hielo. – no te expondré a ningún peligro, debes entenderlo.

Ella lo miro dolida pero no lo suficientemente asustada para guardar silencio pues mejor que nadie sabía que Xiao Lang jamás, jamás la lastimaría, incluso si usaba la fuerza para intimidarla, no pondría la mano sobre ni uno solo de sus cabellos.

No puedes encerrarme–lo enfrento temblando pero sus palabras afirmaron una verdad innegable– Soy más poderosa que tu.

En reacción a sus insistencia y el implícito reto, una de sus manos atrapo su mandíbula, acerco su rostro al suyo y su boca a sus labios. Penetro sus ojos verdes con su mirada ambarina, advirtiéndole. Sakura tembló al descifrar la amenaza de su mirar, la distorsión de la calidez que le profesaba y el inicio de la locura en sus pupilas.

No sabes de que soy capaz para mantenerte a salvo–susurro sobre sus labios. Un escalofrío terrorífico y delicioso recorrió su espalda. –Masacraría territorios enteros, mataría mujeres y niños, quemaría hasta las cenizas magos y hombres con tal de mantenerte intacta. No me provoques, estrella de mi noche.

¿Po-por…q-ue? – Tartamudeo sin saber como sentirse. No importaba quien fuera Xiao Lang, lo amaba tanto que no podía sentirse espantada de él. Aún así, sabiendo lo cruel que podía llegar a ser, no se sintió nunca capaz de dejarlo. Ese hombre de mirada fría y temible, hacía suspirar su corazón de amor tan intenso y profundo que la sola idea de estar lejos de él era tan dolorosa como arrancarse la piel a pedazos.

Porque te amo. – esta vez Sakura pudo vislumbrar una cuota de dolor en sus ojos. – Nunca amé a nadie hasta que te conocí y me desbordaste de este amor que me quema el pecho– confesó haciéndola consciente de lo débil que se sentía por amarla. Sus dedos se deslizaron por su cara en una caricia sutil– No puedo perderte. La sola idea de que lastimen uno solo de tus cabellos me enferma al punto que un instinto asesino se apodera de mi, tan negro que no soy capaz de pensar en nada más que en venganza, ¿lo entiendes, Sakura? Eres mi salvación y mi perdición. Si quieres que sea un hombre misericordioso, quédate a aquí. Por mi o conviérteme en la peor bestia que jamás haya pisado la tierra.

***0***

Háganla pasar. – exigió con impaciencia, moviendo su mano despectivamente.

Las puertas de la sala del consejo se abrieron y la figura de una mujer tatuada hasta los huesos hizo su entrada. Su rostro estaba cubierto por un capa de metal y solo sus ojos, negros como la noche, eran visible sobre el armamento de su vestidura de una tela brillante y en apariencia dura como el hierro pero delgada y flexible cual seda, de un peculiar color gris matte.

Oráculo del limbo. – llamo el líder del consejo– Responde, ¿Qué se espera del destino de Sakura, la usurpadora?

La maestra de las cartas es la hija prometida. Ella nació de la luz de las estrellas para rehacer el mundo. –El Oráculo hizo una breve pausa al momento en que sus iris negros se perdían en el infinito universo de los astros y predicciones– Sin embargo, si él nacido del fuego del invierno se funde con la maga prometida, la explosión de una de sus estrellas traerá el fin de los tiempos y el mundo ardera, incluso en sus cenizas dentro del vientre donde la luz y la oscuridad lucharan por toda la eternidad.

¿Cómo la detenemos? – pregunto un miembro. El oráculo le devolvió la mirada impasible.

Sol de mi día.

***0***

La lluvia caía con tanta fuerza que las gotas que rebotaban en el suelo de la fría y dura tierra volvían a salpicarla, sin gloria y sin tregua. Que desalmada podía ser el agua cuando se lo proponía. Esta vez no sabía si estaba aquí para ayudarla a limpiar la aspereza de su corazón o para llorar su perdida. Le parecía malvada…todo le parecía una burla a sus sentimientos y las gotas caían y caían, irrespetuosa chocaban contra su rostro y contra el cuerpo que se negaba a dejar ir.

Se acerco aguantando las lágrimas, su labio inferior tiritaba, la tensión y el dolor de su perdida marcaba sus facciones y aún así, procuraba guardar la entereza…tan digna como la pena le permitía ser y como el título de matriarca de los Li la obligaba a aguantar.

Se arrodillo con tal gracia que parecía flotar en el suelo sobre el cual aterrizaban sus rodillas. Sus manos coronaron el rostro preciado del amor de su vida. Lágrimas rebeldes escaparon cual fuga por sus ojos, acerco su boca a sus labios fríos y azules, sin vida y lo beso, volcando en ellos todo el amor y la fidelidad que siempre, siempre le guardaría.

Cuando la luna salga de día…y las estrellas brillen en el amanecer, entonces volverás a mi, sol de mi vida... – la voz se le quebró en cada palabra, en el susurro de una promesa de un futuro lejano y la maldición de una eternidad.

Abandono sus labios reacia de dejarlo ir con la juramento de llevar en su nombre el reinado que había dejado atrás. Ahora era una Li y su apellido pesaba sobre sus hombros porque ser una Li solo significaba una cosa, luchar por el honor perdido y recuperar lo que les quitaron.

Y le haría honor toda la vida al apellido de su marido.

Por el y por su memoria, sería lo que nunca había sido…el hombre de su vida era un caballero envestido de valentía y orgullo, de espada y escudo, de magia y astucia. Su esposo había sido un conquistador y por el, se convertiría en una.

Una conquistadora.

Una líder.

Una reina…para los Li.

Cerró los ojos, su memoria vivía dentro de ella, dentro de su corazón. Su rostro impregnado en sus recuerdos…la sonrisa más amada, la boca más deseada, los ojos más esperados…vivían y se reproducían constantes, sin cesar…tanto que era imposible respirar ni un solo segundo sin sentirlo en su interior. Se dio la vuelta y a pesar de que su rostro expresaba todo el dolor que atravesaba por su perdida, su determinación primaba.

No se daría por vencida.

Levanto el rostro con una expresión indescifrable, indescriptible…sus ojos subieron despacio hasta la altura de todos los pares que la observaban atentos. El movimiento de las alas de sus guardianes alborotó las gotas de lluvia que caían, rodeándola. Observo las caras de las personas que rodeaban la tumba de su difunto marido.

No solo ella había perdido.

Se dirigió a ellos como nunca pensó que lo haría, digna y orgullosa, y en sus formas se proyectaban las del difunto líder.

¡Yo, Sakura Li, maestra de la cartas, esposa y viuda del difunto y legitimo líder del grupo Li, Xiao Lang Li! –Su pecho se agito ante la inminencia y la impaciencia de hacer lo que debía hacer, de generar lo que debía generar en aquellas personas que la repudiaban, el respeto que se merecía. Llevo una mano a su vientre. Alzo la voz, firme y fuerte – ¡Yo soy la madre del mago prometido y se los juro, cuando mi hijo nazca, les regresaré lo que nos quitaron!

Por un momento el silencio domino la instancia. Seguido del silencio, vino el sonido, el sonido de cientos de rodillas postrándose sobre el suelo de tierra, a pesar de la lluvia y el barro, manchándose para mostrar sus respetos hacia la nueva cabeza del grupo Li.

***0***

¿Tienes miedo? –Asintió brevemente, tan sutil que esa simple acción podría no haber existido. –Bien– afirma, conciliador–Eres el enemigo de los Li y ser el enemigo de los Li es una sentencia a muerte.

No pereceré en manos de los Li – sus pupilas perforaron su mirada. – Ellos perecerán bajo mi magia. – La ira ardía con furor en sus ojos verdes que, a pesar de ser mas alto y fuerte, se sintió pequeño e intimidado– Son ellos o mi hijo. No volverán a quitarme nada aunque tenga que enfrentarlos uno por uno.

Mi señora– acerco una de sus manos al dorso de la maestra, indeciso de tocarla. Después de unos segundos debatiéndose entre que hacer y no, poso su mano sobre la de ella– No se convierta en lo que quiere destruir.

Sakura le sostuvo la mirada sin expresión alguna salvo la leve inclinación de su ceño fruncido, deliberando sobre sus palabras.

Soy la maestra de las cartas–respondió articulando cada palabra, luego de un prolongado silencio y miradas sostenidas en el ruido de sus pensamientos–no una asesina. El mundo de la magia vivirá sin crueldad y sin miedo, bajo el cuidado de mi magia…es lo que mi esposo hubiese querido.

***0***

Su hijo, sentado impasible mirando el vació sin ninguna expresión la hacia sentir orgullosa. Ese era el hombre que había criado y por fin, después de que una bruja embustera lo hechizara, volvía a ser lo que era y nunca debió dejar de ser.

Esa era la mirada inyectada de odio, de sangre que deseaba. Venganza. Por el clan.

Se paseo y lo rodeo en círculos, caminando alrededor de él. Tan fuerte y poderoso. Sin debilidades, sin espacios de misericordia, sin dudas. Ese era el líder del clan de los Li. Se acerco y paseo sus manos por su hombros, acerco su boca a su oído y le susurro.

Ella viene por ti…

Pronuncio venenosa cada palabra. Una advertencia. Una premonición de un futuro cercano.

–…Xiao Lang.

***0***

Se paseo por la habitación con la gracia y elegancia que le caracterizaba. La profunda belleza que adornaba su figura rodeada de un halo que la hacía casi etérea, infinita. Unos leves movimientos capturaron su atención y sus ojos se llenaron de ternura.

Xiao Lien Li, Xiao Shen Li– Llamó y el sonido de su voz, era terciopelo cálido y blando.

Ambos niños voltearon a verla, un par de ojos verdes y otros ambarinos como la miel se posaron en su figura, atentos, esperando.

¿Cómo dos pequeñas figuras podían emanar tanto poder? Uno de sus hijos le sonrió, alegre y el otro, simplemente la observo en silencio.

Ying y Yang.

Luz y Oscuridad.

Sol y Luna.

Uno de sus hijos se acerco a ella, apacible como siempre. Su pequeña mano agarro la suya. Miro a sus ojos y se sintió levemente apenada, ese color… No podía ver esos ojos de miel sin acordarse de él, sin que su pecho apretara sobre la herida aún abierta, palpitante. Sin embargo, le sonrió, sabiendo que su retoño no le devolvería la sonrisa…incluso, en sus actitudes era un reflejo fiel de su padre pero la su heredada belleza había superado los límites humanos posibles.

Mamá–Dijo en respuesta, le sostuvo la mirada, analizándola y luego, simplemente como si supiera algo que ella no, hablo tranquilizadoramente a pesar de sus cortos cuatro años– Todo estará bien, mamá.

Papá viene por ti mamá, debes sonreír para él–su mano libre fue capturada por la mano de su otro hijo. Sus ojos verdes la miraron y le sonrió, fiel a su espíritu alegre.

Sin embargo, lejos de que sus palabras fueran un aliento la pusieron en alerta. Sakura apretó las pequeñas y cálidas manos de sus críos protectoramente, los acerco a su cuerpo, miro hacia el frente valiente e invoco a sus cartas.

The Shield– la magia del escudo los envolvió, impenetrable. Nadie tendría nunca la posibilidad de tocar a sus hijos. –The dark.

***0***

Caen pétalos de cerezo.

Esta oscuro pero puedo deslumbrar en donde estoy.

De nuevo este lugar.

El lugar de la noche eterna.

El lugar donde reside encerrada la mujer de las alas.

La busco con la mirada pero no puedo encontrarla, a pesar de que mi vista puede recorrer el vasto lugar sin restricciones. Tal vez si camino pueda encontrarla.

Por primera vez soy consciente. Al intentar moverme las cadenas que cubren mis muñecas me mantienen con fuerza en ese punto, inmovil. Miro desesperada mis manos, mi cuerpo…reconozco estas ropas…son las ropas que usaba la mujer de las alas y entonces, siento como mi espalda se sacude pesada y dos pequeñas plumas caen desde el cielo.

Caigo en cuenta.

Yo soy la mujer de las alas.

Desesperada trato de deshacerme de las cadenas que me mantienen encarcelada y en cada movimiento, siento descargas electricas cada vez más intensas. Muerdo mis labios tratando de aguantar la corriente electrica que recorre mi cuerpo. Jadeo cansada pero sin deseos de rendirme, vuelvo a jalar de mis carceleras y entonces, la electricidad me golpea con fuerza y un fuego abrasador me rodea.

Grito adolorida, mis rodillas ceden y llevo las manos a mi pecho.

Estan doloroso que apenas puedo mantener los ojos abiertos. Las lágrimas se acumulan, ¿así que esto has soportado todo este tiempo? La tristeza me invade y otro jadeo, esta vez lloroso, escapa de mis labios.

Quiero liberarte.

Quiero liberarme.

Siento la tibieza de mis lágrimas y luego, la calidez de unas grandes manos que rodean mi rostro. Alzo la vista, confundida y entonces, te veo…te reconozco.

El Syaoran de mis sueños. Me miras dolido, transmitiendo el pesar que sientes. ¿Qué te esta causando daño? Quiero protegerte, no quiero que te lastimen. Recorro tu cuerpo aún con la vista nublada pero no puedo encontrar las mismas cadenas que me atan a mi. La sensación de alivio recorre mi figura, al menos tu estas a salvo de ellas.

Entonces, ¿a que viene esa expresión de dolor?

No…–pronuncias mirándome a los ojos–No lo hagas. No puedes amarme. Deja de luchar, por favor.

¿Qué estas…? –

Me quedaré aquí. Por siempre, junto a ti– una sonrisa conciliadora se forma débil en tus labios–…solo no debes hacerlo. No vuelvas a mi, te lo ruego. Vive esta vez…vive segura y a salvo.

Mis manos se mueven solas y entonces, siento que alguien más toma control de este cuerpo. Mis palmas se posan sobre tus dedos. Mi voz sale pero sé que es otra persona la que habla por mi.

Cuando la luna salga de día y las estrellas brillen en el amanecer, entonces volverás a mi, sol de mi vida.

No…–respondes casi sin aliento, culpable. Puedo reconocer la preocupación en tus ojos pero no por ti…sino por mi. Haces esto por mi. – Eres la mujer que amo, nada cambiará eso. – lo dices tan seguro cual juramento intentando convencerme. –pero debes quedarte aquí, para siempre.

¿Qué hiciste? –mi voz sale apenas. Siento como mis manos tiemblan. ¿Por qué me siento tan aterrada? – Syaoran… ¿Qué me hiciste? –mi tono se vuelve cada vez más agudo y débil.

Enfrentas mi mirada con dificultad pero en tus ojos no veo nada más que voluntad y determinación.

Estrella de mi noche…los humanos pueden morir fácilmente... –a medida que las palabras salen de tu boca, siento mi cuerpo más y más pesado, mis parpados luchan cada vez más adormecidos. Mi cuerpo es recibido entre tus brazos y me acunas contra tu pecho. Tus manos acarician mi rostro y cabello en una caricia dulce y suave– Incluso si mueres, aún me tienes a mi…y en cuanto a nuestra maldición, minimizaré los efectos sobre ti…para que vuelvas a sonreír…–susurras sobre mi oído y tu aliento cálido, me calma momentáneamente.

Xiao Lang…por…favor…–suplico sin entender que esta pasando pero tengo la certeza aterradora que acabas de sacrificar algo importante, algo muy importante para los dos.

Lo último que veo es tu rostro sonriéndome con amor y tus palabras repitiendo una y otra vez ''todo estará bien, todo estará bien. Nunca te abandonaré''

Sus ojos parpadean, rápidos, tratando de acostumbrarse a la luz que entra por las cortinas corridas. Abre los ojos con dificultad, despacio intentando enfocar la vista. Reconoce el lugar, es su habitación. Todo se siente pesado, trata de moverse y es cuando nota la presión ejercida en su mano por otra más grande.

–¡Sakura! –la expresión de su rostro es una combinación de alivio y ansiedad. Trata de sonreírle pero incluso ese simple gesto resulta cansador– gracias al cielo, estaba tan preocupado –Su mano es apretada con más fuerza y luego, su dorso es besado por sus labios–¿cómo te sientes?

–Xi-iao-n-ii…–pronuncia con dificultad. Sakura trata de estirar una mano hacia el pero su brazo cae pesado sobre la cama. Syaoran la mira, preocupado acerca una de sus manos acunando su rostro. Ella le sonríe, agradecida que pudiera entenderla.

–Si…si Sakura, tienes razón. Soy tu hermano mayor, nunca volveré a olvidarlo, nunca volverás a verte orillada de nuevo. – Las palabras salían rápidas de su boca, atropelladas unas contra las otras. Syaoran estaba asustado. Nunca olvidaría el chillido aterrador, a su cuerpo retorciéndome y luego, desplomándose del dolor. Nunca olvidaría el miedo que sintió al verla desvanecerse frente a él. – Así que recupérate pronto, por favor.

Sakura asintió débil. Era como si un camión le hubiera pasado por encima, se sentía rara y pesada…tan pesada…como si estuviera sumergida en el fondo del mar, atrapada y sin salida, confusa pero a pesar de todo, sentía paz.

Su interior estaba en calma, como agua quieta y transparente, podía verse reflejada en esa agua en quietud. Sin embargo, todavía se encontraba adormecida y atontada. Necesitaba recuperar sus cinco sentidos, necesitaba recuperarse pronto.

Había algo que quería decir, que necesitaba decirle. Restregó su mejilla contra su palma para atraer su atención y por fin, tuvo las fuerzas suficientes para esbozar una sonrisa de verdad.

–¿Qué sucede? –pregunto el castaño dulce como solo era con ella. Sakura negó suavemente.

–T-od-o es-t-ara…bien– pronuncio con dificultad. Su garganta estaba seca pero necesitaba decírselo, necesitaba decirlo cuanto antes–yo…yo…qu-ie-ro…

–Shhh, esta bien Sakura– interrumpió arropándola con cuidado– no tienes que decir nada, solo debes recuperarte, ¿de acuerdo? Después podremos hablar todo lo que quieras. –Ella negó con la cabeza, intentándolo una vez más– Por favor, Sakura…–Pidió intranquilo, ella inspiro profundo, cediendo a su petición y le sonrió paciente. – Buena chica. Iré por madre, esta hablando con el médico abajo, todo estará bien.

***0***

Que hastiada se sentía en esos momentos. Una de las cosas que más le incomodaban en la vida era recibir el afecto indeseado de personas que nunca podría querer, y aunque no sabía cual era la identidad de la persona que se escondía detrás de la misteriosa citación, no tenía duda alguna que sin importar quien fuera no sería capaz de hacer latir su corazón por más que quisiera.

Por un momento sus pasos se detuvieron, su mirada vago por el lugar y miro distraída hacia el horizonte que mostraba los primeros rayos del atardecer. Si ella fuera una adolescente normal, con una familia normal y una vida normal, tal vez existiría la posibilidad de sentirse, aunque fuera, algo nerviosa ante la inminente confesión de amor que tendría que soportar durante los próximos minutos.

Pero lamentablemente ella no era una adolescente normal…así que cosas como estas le despertaban incomodidad y una insípida molestia que trataba de ocultar lo mejor que podía. Al fin y al cabo, ella era Meiling Wang Li, la chica nueva que se había sumado extrañamente al curso de último año, la que se caracterizaba por ser alegre, justa y amable y por lo mismo, no podía arriesgarse a no ir y rechazar con el mayor tacto y amabilidad posible al insecto que, iluso, creía que tenía una oportunidad con ella.

¡Ah! ¡pero que fastidio suponía ponerse en el lugar de los demás! Como si alguien hubiera hecho eso por ella alguna vez. Quería llegar a casa lo antes posible. Una diminuta sonrisa de suficiencia asomo en sus labios al recordar la presencia que deambulaba por su hogar en los últimos días.

Keerberos Keeper.

Sus entrañas se contrajeron placenteramente.

Su desahogo personal era la única persona con la que en los últimos años había podido ser ella misma. Debía admitir que le encantaba hacerlo rabiar, era tan divertido ver como perdía los papeles, como la miraba ceñudo, la insultaba y luego…¡Ah, definitivamente esa era su parte favorita! La tomaba sin piedad reclamando su cuerpo. Nunca lo admitiría aunque su vida dependiera de eso pero le agradaba ese chico, le gustaba la brutalidad de su honestidad, lo trastocado de sus valores, su retorcida personalidad y su frágil sensibilidad. Él no se daría cuenta, no era consciente de si mismo pero sabía que en el fondo era un buen chico, un chico dulce, sensible y amable, no sabía cuales eran sus vivencias pero lo que si estaba segura es que tuvo que haber vivido algo muy jodido para hacer lo que hacía.

De cierta forma, Keerberos le recordaba algo a ella. Sin opciones.

Eso era Keerberos y eso, era ella.

Sin opciones, sin posibilidades, sin libertad…

Su mirada rubí se ensombreció y las delicadas facciones se debilitaron hasta formar una mueca parecida a la tristeza. No le gustaba cuando sentía esa presión en el pecho. Quería ir a casa. Si, eso quería. Terminaría lo más rápido posible con esta molesta confesión, iría directo a casa y se acostaría con su amante personalizado hasta quedar exhausta…aparte, últimamente las suaves caricias que Keerberos se había malacostumbrado hacerle no le molestaban del todo…es más, le vendrían bien en un día como hoy.

Apresuro sus pasos hasta doblar en la última esquina de la parte trasera del edificio de deportes. Recorrió con la mirada buscando la desconocida figura y luego…recordaría toda su vida ese momento, sería una de las pocas veces en que la sorpresa la atraparía desprevenida.

Tuvo que hacer un esfuerzo para no abrir su boca y ponerse a reír, histérica.

Joder. Nunca nada le fue dado en bandeja de plata, todo, absolutamente todo tuvo que ganárselo a costa de sudor, sangre y determinación. Por eso, al descubrir que Xiao Lang Li era la persona que la estaba esperando, quiso gritar victoria porque esa era justamente la oportunidad que estaba esperando, la apertura en su defensa, la debilidad dejándose ver.

Inspiro hondo entrando en su papel, conto hasta tres y simulo las emociones que se esperaban de ella. Sorpresa, incredibilidad, emoción y timidez, dejándose ver frente a el. Sin embargo, tan sumido estaba en sus pensamientos que su presencia no fue suficiente para llamar su atención, a pesar de que la estaba esperando.

Otro desliz de su parte, otra baja en sus defensas. Xiao Lang estaba aflojando la mano que sostenía su escudo.

Algo estaba pasando. Algo grave.

Se permitió contemplarlo un leve momento antes de llamarlo. Absorto, observaba el atardecer y su perfecto perfil se levantaban soberbio sin intención pero sus ojos, una extraña mezcla de la miel y el ámbar más condensado vagaban perdidos por el cielo del crepúsculo, buscando una respuesta a su pregunta no formulada.

Meiling apretó la mandíbula resistiendo el impulso de su sangre. El líquido rojo, caliente y espeso que corría por sus venas la incitaban a hincar la rodilla, doblegar el cuello y prestar el juramento ante el legítimo heredero y al enemigo más esperado por el grupo Li.

La reencarnación del elegido, la abundancia y desgracia de su linaje ancestral. El primerísimo Li, el origen de la humanidad creciente, aunque lenta, de su clan. Cuando el heredero de ese tiempo experimento el amor en los brazos de la legendaria maestra de las cartas, algo en el destino de su clan cambio.

Xiao Lang Li renació nuevamente en este mundo y a sus dieciocho años llevaba con orgullo, sin ser consciente, el porte de un verdadero líder y su sangre tiraba. El sentimiento que reconocía en su pecho era solo el resultado de un larga, larga historia siendo nada más que una parte de las ramas del grupo central. Sentía un profundo respeto y lealtad hacia Li, aún sabiendo que Xiao Lang desconocía su verdadera identidad, su sangre tiraba con fuerza hacia él.

Su vida nunca había sido su vida. Antes de nacer se había decidido su utilidad, su destino. Meiling y toda su familia, nunca conocerían la libertad, siempre serían herramientas accesorias acondicionadas para servir a los Li hasta el fin de los tiempos.

Por eso, los sentimientos para la rama menor de los Li, no solo estaban prohibidos, estaban destinados a no existir más que la bendita lealtad hacia la casa mayor y aún así, ansiaba su deseada libertad y por eso, solo ella podía llevar al heredero devuelta al lugar que pertenecía para que cumpliera su deber y así, existiera la mínima posibilidad de librarse de sus cadenas.

–Xiao Lang– llamó, atrayendo su atención.

Su mirada se desvió del manto cubierto de grises y destellos de naranja y por primera vez, desde que lo conocía, sonrió para ella. Era una sonrisa débil, lastimosa y apenada pero tan enamorada que las nauseas se apoderaron de la boca de su estómago porque esa sonrisa no estaba dirigida para ella. No…no, el no la estaba observando al mirarla, estaba buscando en sus facciones el rostro de una mujer que no podía tener.

Una vez más…incluso en esta vida, la única debilidad del heredero seguía siendo la maestra de las cartas, y era justamente por ella que él estaba haciendo esto.

¿Cómo se sentirá? Se preguntaba vagamente Meiling mientras le devolvía una sonrisa parecida. ¿Cómo se sentirá amar y ser amado? Tal vez nunca lo sabría pero podría observarlo de cerca gracias a él.

Xiao Lang Li tenía todas las capacidades y ventajas para convertirse en el dueño de su propio mundo pero al igual que su antepasado su ruina siempre sería ese incomprensible y profundo amor que sentía por esa mujer.

¿Qué tenía la maestra de las cartas que la hacia alguien tan especial? ¿Era ella, acaso, lo que en su país se conocía como la favorita de dios? Un ser de luz nacido de una magia desconocida y única, de corazón bondadoso y transparente, dotada de una profunda belleza y carisma…bendecida con el amor del único que se suponía no podía amar…

Sakura…la maestra de las cartas, el error en la ecuación, la favorita de los dioses, la pionera de su propio destino…

Que injustos podían ser los putos dioses. Regodeando de sus favores a tan pocos y desamparando a tantos.

–Meiling– respondió de vuelta, interrumpiendo los pensamientos en cadena de la joven– Gracias por venir. Disculpa que te haya llamado de repente y tan tarde. – la pelinegra negó con la cabeza con una dulce sonrisa.

–No es nada pero estoy algo preocupada, ¿te encuentras bien? –No es como si no lo supiera. Algo le había pasado a Sakura y por esa misma razón, el dejaría de pensar fría y calculadoramente, sus sentimientos lo dominarían y nuevamente, cometería un error que le costaría un precio más grande del que estaba dispuesto a pagar pero el no tenía saberlo, no por ahora.

Guardó silencio, observo a Meiling con detenimiento y ella supo, que la estaba analizando, que su mente y su corazón estaban luchando, disputando quien prevalecería sobre el otro.

Efectivamente, tal cual como lo predecía, Syaoran estaba luchando contra el recuerdo de Sakura, con el grito de dolor que desgarro su garganta y la dejo sin poder hablar por unos días, del fuerte dolor que asalto su cabeza sin permitirle salir de la cama y por último, la imagen de ella desvaneciéndose pálida para estrellarse contra el suelo, insconciente.

Jamás lo olvidaría.

Jamás olvidaría el miedo que sintió clavarse en su nuca con la fuerza de miles de agujas, el pánico que tomo control de sus manos al sentirla fría cual invierno, la locura que comenzó asomarse en su mente al ver como poco a poco su pecho subía y bajaba cada vez menos, resistiéndose a respirar.

Pero lo que jamás podría superar, el recuerdo que lo perseguía sin cansancio incluso al cerrar los ojos, era la imagen que se le presento y grabo en su cabeza al momento en que sus brazos envolvieron su cuerpo para evitar que terminara de golpearse contra el suelo.

La imagen de la Sakura de sus sueños, ensangrentada, con la vida escapando de sus ojos y la sangre emanando caudalosa por su vientre.

–Los humanos pueden morir fácilmente…solo las palabras pueden destruir a alguien…– el sonido de su voz era ronco, vació y en lo profundo, se sentía el pesar.

–¿Qué quieres decir? Xiao Lang…¿esta to-…–Meiling parpapeo varias veces confundida, con un mal sabor. Su instinto reaccionaba a sus palabras, la piel se le eriza y el apremiante deseo de dar media vuelta le hormigeaba los pies. Lo supo en ese segundo de soledad compartido, Syaoran Li era un ser de oscuridad. Peligro, en sus palabras inyectadas de amenazas implicitas. Suaves cavilaciones, educados modales, atractivo hipnotico, oscuridad latente.

–No quiero tener arrepentimientos. No más de los que tengo– Interrumpió. El líquido de sus ojos se volvió sólido al devolverle la mirada– Meiling Wang Li, ¿Aceptarías salir conmigo?

***0***

Su respiración era suave, serena, calmada.

Miraba a través de la ventana de su habitación como los pétalos de cerezo caían y caían al suelo, en un apacible vaivén que las hacía flotar en el aire. La luz del atardecer se colaba por la misma, somatizando los colores que se apegaban a su rostro.

Inspiro hondo. Exhalo despacio, sintiendo cada movimiento, como sus pulmones se llenaban de aire y luego, como se desvanecían al votarlo todo, en calma, como se sentía. Regreso a ella…en cada fibra de su ser, en cada respiración, en cada palpitación, en cada pensamiento, lo sentía en su existencia. Aquello importante que no podía ver…estaba ahí y podía contemplarlo por fin, exactamente como lo que era.

¿Cómo había vivido toda su vida sin saberlo?

Arrugo entre sus manos las sabanas.

Era una mentirosa. Sakura Li, había vivido engañándose todo este tiempo. Mintiéndose una y otra vez, todo este tiempo, toda su vida y no solo a ella, a sus seres queridos y lo que era peor, vivió mintiéndole a él. Lastimándolo todo este tiempo. ¿Por qué siempre tenía que ser el que se sacrificará? ¿Por qué siempre era él quien cargaba con la parte más dolorosa? ¿Cómo había sido capaz de permitirlo?

Los leves golpes llamando a su puerta la hicieron saltar en su posición, aún en reposo sobre la cama, recuperando las fuerzas que le habían sido robadas por ese insufrible dolor de cabeza. Extrañamente después de ese episodio no había vuelto a sentir ningún malestar, más que el cansancio y la peculiar sensación de que algo le había sido de vuelto.

–Adelante–Dijo, permitiendo el acceso a su habitación. Una dulce sonrisa surco su rostro al reconocer las caras de sus mejores amigos. –¡Han venido a verm…¡ah! –Chillo sorprendida por Kerberos abalanzándose sobre ella, rodeando su regazo con sus brazos. Sonrió dulcemente, su preciado amigo no decía nada, pero por la forma en que la abrazaba podía sentirlo…estaba asustado por su salud. Coloco ambas manos sobre su cabellera dorada y cual niño, acarició sus cabellos para infundirle seguridad. – Ya, ya…estoy bien, lo siento por preocuparlos.

Tomoyo se acerco a ellos con la serena, negó con la cabeza suavemente y se sentó a un costado de la cama de Sakura, estiro una de sus manos hacia a ella y la apretó con cariño.

–¿Cómo te has sentido, Sakura? –preguntó Tomoyo aliviada de verla mejor, más compuesta y recuperada de lo que había escuchado de Xiao Lang.

–Mejor, gracias por venir.

–Sakurita, Sakurita no vuelvas asustarnos de ese modo–reclamó Kero haciendo pucheros sobre su regazo, negándose a soltarla.

Sakura y Tomoyo se miraron para romper a reír ante los berrinches infantiles de su amigo, negando con la cabeza ante su comportamiento.

–¿Qué era lo que tenías? –pregunto Kerberos aflojando su agarre sobre ella.

–El médico no pudo determinar la causa exacta, dijo que tal vez podía ser cansancio o estrés pero no me ha dolido nada desde entonces.

–Es un alivio saberlo, debes recuperar tus fuerzas Sakurita.

–¿Crees que podrás asistir a la fiesta de disfraces de Hiragizawa? –preguntó Tomoyo

–¿Eriol organizo una fiesta? –pregunto devuelta, sorprendida. Generalmente Eriol, solía ser muy reservado con su privacidad e intimidad. Le costaba creer que abriría las puertas de su casa para las personas– ¿invito a muchas personas?

–Hm…a toda su generación pero nosotros somos los invitados especiales– comento la joven pelinegra y de pronto, sus ojos se llenaron de ilusión, tomando las manos de su mejor amiga entre las suyas–Ojalá puedas ir mi querida Sakura, no sabes la ilusión que me hace verte usar el disfraz que estoy confeccionando para ti.

–¡Oye y que hay de mi, Tommy? – reclamó Kerberos resentido de su olvido hacia su, según él, hermosa persona–sabes que soy el más guapo de los tres.

Tomoyo dejo escapar una risita, se tapo los labios con una mano y lo miro traviesa.

–Oh Kerberos, no sabes lo que tengo preparado para ti.

Kero la soltó de pronto para ir a revolotear alrededor de Tomoyo exigiendo, insistente, a que se refería exactamente con eso y de donde venía ese tono cargado de dulce venganza. Sakura los contemplaba enternecida en un cruce de melancolía y alegría. Las agujas en su corazón persistían pero esta vez por motivos distintos…la culpa, la mentira…la habían alcanzado finalmente.

No podía seguir así. No debía seguir así. No con ellos, no con las personas que le habían regalado su calidez y amistad, sin esperar nada a cambio más que honestidad y lealtad.

¡Ah! Realmente necesitaba sacar todo eso de su pecho, de las palabras atoradas en su garganta desde hace tantos años.

–Tengo algo que decirles–Dijo sin titubear. La seriedad en su voz alarmo a sus amigos, que inmediato la miraron preocupados, dejando de bromear entre ellos.

–¿Sakura?... –Tomoyo trato de alcanzar su mano una vez más ante el insistente silencio de su amiga pero, en un auto reflejó, Sakura se alejo. Frunció su ceño al mirarla, presa de las consecuencias que conllevarían decir su verdad, quería evitar que Tomoyo se sintiera más asqueada de ella al estar en contacto.

–Yo…necesito confesarles algo…¿Podrían escucharme hasta el final?

Tomoyo y Kerberos intercambiaron miradas inquietos. Luego, de unos segundos buscando respuestas silenciosas en el otro, volvieron su atención hacia Sakura, asintiendo.

La castaña en un reflejo de los movimientos de los presentes, realizo la misma acción en un gesto simbólico que hacía de su verdad, una realidad, una afirmación de la realidad porque sabía que al momento en que verbalizara sus verdaderos sentimientos, no habría vuelta atrás.

Ni para ella…ni para él, no podría seguir conteniendo lo que sentía en lo más hondo de su corazón…el sentimiento más preciado…desesperado por salir a la superficie y ver la luz.

Sus ojos verdes se posaron en la ventana, contemplando los últimos rayos de sol.

Estaba anocheciendo.

–Mi hermano…nunca ha sido una persona normal, nunca lo fue…pero cuando era un niño, era menos normal de lo que es ahora…menos…humano–los ojos de Sakura miraban la nada mientras su mente viajaba hacia los recuerdos de su infancia, una parte que solamente ella conocía–pero desde que tengo memoria lo he seguido sin dudar…Mis primeros recuerdos giran entorno a su figura infantil y su mirada ausente…demasiado ausente para ser un niño. Recuerdo que solía observarlo de pie frente a la ventana…su rostro sin expresión, las manos apretadas y sus ojos resentidos, como si pudiera ver algo que yo no…como si supiera algo que…–la voz de Sakura sonaba baja y susurrante– Él, simplemente, observaba la vida sin ningún tipo de sentimiento en especial más que un resentimiento que no podía entender, perdido en sí mismo y pude sentir, cada vez que lo miraba, que si no lo seguía insistentemente desaparecería en cualquier momento…Por eso, la primera vez que pude distinguir algo parecido al afecto cuando me acercaba él, creí que podía evitar que se esfumará…que desapareciera…Así que me jure a mi misma que siempre pondría a mi hermano en primer lugar en mi corazón. Cada vez…cada vez que pensaba en lo más preciado para mi…el rostro de mi hermano acudía a mi mente, sin dudarlo ni un solo momento porque me lo había prometido…me había prometido que lo salvaría de desaparecer…toda mi vida creí…no…–Sakura negó con la cabeza, retorció las sábanas entre sus manos y apretó sus parpados– quise creer, me obligue a creer que era porque era mi hermano, la persona que siempre ha estado cerca…pero yo…he estado mintiendo todo este tiempo…a mis padres, a ustedes…a mi…Siempre he sido una mentirosa. La verdad siempre estuvo ahí pero preferí no verla, decidí seguir mintiendo…decidí protegerme para no perderlo…

Sakura se llevo una mano hacia el rostro, sus dedos presionaron la piel de sus ojos, tratando de contener las lágrimas bajo la atenta mirada de Tomoyo y Kerberos.

–¿Puede ser este sentimiento tan egoísta realmente el deseo de salvarlo? – la mano de la castaña cayo junto a la que descansaba en su regazo, entrelazo sus dedos y ejerció presión sobre su unión sin atreverse a mirarlos. Negó con la cabeza en respuesta a su pregunta– Quiero decir, cuando digo que necesito o dependo de mi hermano, solo son excusas…estoy mintiendo…escondiendo mis verdaderos sentimientos y engañándolos, engañándolo…– Juntando todo el valor que tenía, Sakura levanto el rostro, enfrentando sus miedos y sus labios pronunciaron las palabras de su corazón– ¡Solo quiero a Syaoran! ¡No quiero que la oscuridad, una chica o alguien más lo tome de mi porque Syaoran es lo que más amo!

Finalmente, Sakura se quebró. Las lágrimas que había contenido todo este tiempo salieron caudalosas e impetuosas por sus ojos. Tenía miedo de lo que sus sentimientos significaban, tenía miedo de ser rechazada y apuntada, tenía miedo de enfrentarse a la realidad de sus verdaderos sentimientos pero más le temía a seguir mintiendo, a perderlo para siempre si no aceptaba de una vez por todas la verdad. Y esta, era la verdad.

Lo amaba.

Lo amaba.

Lo amaba y cada parte de su cuerpo lo gritaba con fuerzas.

No quería seguir mintiendo aún si eso significaba ser odiada por sus seres queridos, aún si se sentían asqueados de ella…aún si los perdía para siempre, no seguiría negando sus sentimientos por Syaoran, no podía perderlo a él, no a él.

–Sé que soy repugnante…por eso entenderé si ustedes…si ustedes no quieren seguir siendo mis amigos– el silencio se apoderado de la habitación. Esperaba paciente, sin atreverse a decir nada más, el rechazo que recibiría por su sentir.

Sin embargo, su sorpresa fue grande cuando su cuerpo fue empujado de improviso hacia atrás y su espalda choco contra la cabecera de su cama por la fuerza con que los delgados brazos de Tomoyo envolvieron su cuello, apretándose contra ella.

–Esta bien– susurro conmovida en su oído. Las delicadas y suaves manos de Tomoyo se colaron por su largo cabello castaño– No me importa a quien ames, mi querida Sakura. Yo solo deseo tu felicidad desde lo más profundo de mi corazón– las pupilas de Sakura brillaron y pronto, la forma de sus ojos volvió a cerrarse volcando lágrimas sobre la camisa de su mejor amiga pero esta vez, lágrimas de alivio y gratitud. – Gracias por confiar en mi, Sakura.

–No…–musito la aludida tan emocionada como ella– gracias a ti, por quererme, Tomoyo.

La castaña abrió los ojos cuando una de sus manos, que reposaba sobre la espalda de Tomoyo, fue tomada y sus dedos entrelazados por unos más grandes pero tan cálidos como los brazos de su mejor amiga. La mirada dorada de Kerberos penetro la suya. Al principio, las facciones de su rostro estaban serias pero luego, el dorado de sus iris se fue ablandando hasta convertirse en líquido flexible y una leve pero comprensiva sonrisa asomo en sus labios.

–Tu...tu…–las palabras se le atoraban en la garganta y sentía que las orejas le ardían de la vergüenza y la timidez que subían por su rostro con la sangre acumulándose en sus mejillas–tu eres lo más parecido a una madre para mi, Sakura…a mi tampoco me importa a quien ames mientras sigas sonriendo…

–Kero…gracias, desde el fondo de mi corazón, gracias por quedarte a mi lado…

Los tres se fundieron en un abrazo. Sakura suspiro larga y tendidamente y seguido, lloro, lloro y lloro, aliviada, abrumada, ansiosa pero sobre todo, agradecida. Su corazón digería la nueva realidad de sus sentimientos a paso lento, pero seguro.

–¿Puedo pedir un último favor, Tomoyo?

–Lo que necesites, amiga. – respondió sin dudar, aún conmovida por su valentía y honestidad.

–¿Mi disfraz…puede tener alas?

***0***

Las llaves giraron dentro de la cerradura, un pequeño clic resonó y la puerta se abrió sin problemas.

Estaba todo en penumbras.

Extrañado que no hubiera una sola luz prendida, volvió a chequear la hora en su celular. 21:15 hrs., era tarde pero no demasiado, no lo suficientemente tarde para que no estuviera despierta.

¿Y si algo le había pasado? Hace un par de días que sus actitudes venían siendo bastantes volubles, erráticas, el temperamento siempre templado e irónico, tambaleaba a ratos, estaba inquieta…no, más bien, alerta. ¿y si las pesadillas a las que tanto le temía habían venido por ella? Un sudor frío le corrió por la nuca y sin pensarlo, soltó su bolso y corrió hasta su habitación, abriendo la puerta de golpe.

–¡Meiling! –llamo preocupado, buscando su silueta en la instancia, más esta se encontraba vacía.

–No deberías gritar de esa manera al apenas llegar.

Se dio la vuelta buscándola, suspiro aliviado al verla recostada sobre el sofá encogida sobre si misma, usando una de sus poleras como pijama.

–No es mi culpa que me tengas mal acostumbrado a tus horarios de sueño– respondió ácido, ocultando la vergüenza de saberse descubierto.

Sin embargo, el típico comentario sarcástico y venenoso no llego a los tan acostumbrados oídos de Kerberos. Extrañado, prendió la luz más cerca para verle mejor el rostro pero apenas esta se prendió, Meiling tapo sus ojos con una de sus manos y se encogió más sobre si misma.

Un momento, esa no era la Meiling que conocía, no era esa chica que se veía tan…derrotada.

–¿Qué te pasa? –y su voz salió más áspera de lo esperado. Pero ella no respondió. –Hey mocosa–volvió a insistir pero siguió sin respuesta.

Molesto se acerco a ella hasta estar frente su silueta recostada a lo largo del sofá del living. En un acto reflejo, cual gato herido Meiling se enrollo sobre si misma aún más, en posición fetal con ambos manos cubriendo su rostro.

–Apágala–ordenó susurrando–odio la luz.

No fueron las palabras, ni la forma en que su cuerpo trataba de protegerse en un acto inconsciente de resguardar su debilidad. No…fue el sonido de su voz, la dicción de su hablar tan…sumisos que la desconoció y la sensación de saberla una extraña, no le gusto. Siguiendo ese impulso que últimamente no podía controlar al estar cerca de ella, se hinco frente a su figura. Su mano remeció su blanquecino hombro al descubierto.

–Hey–murmuro intranquilo–¿las pesadillas han venido por ti? – pero siguió sin responder. En cambio, dejo caer sus manos de sus ojos y Kerberos observo sorprendido la hinchazón y el rojo que los cubría. Aún sin mirarlo, Meiling se sentó despacio…Kerberos tuvo la sensación de que el cualquier momento su delgada figura se rompería en pedazos de cristales transparentes.

–¿Sabías que los humanos pueden morir fácilmente? –le preguntó de pronto con la mirada perdida. –Incluso las palabras pueden destruir a alguien…o la falta de ellas…

La miro extrañado, sin comprender a que se refería con toda esa tontería de un momento a otro y entonces, cayo en cuenta, su mirada dorada se ensombreció.

–¿Quién fue? –Meiling arrugo la nariz sin entender–¿Quién te lastimo?

Meiiling parpadeo tres veces seguidas, incrédula. Las manos le tiritaron y la comisura de sus ojos escocieron. ¿Estaba así de molesto por ella? ¿Estaba preocupado de que la lastimarán? Agacho la cabeza, aguantando, inspiro y conto en su cabeza del uno al diez, tratando de canalizar la cálida y dolorosa sensación que burbujeaba en su pecho. Cuando se sintió segura de haberse calmado, lo miro.

–No hagas eso–ordeno brusca.

–¿Que no haga qué?

–No necesito tu preocupación ni la de nadie, mocoso impertinente. –Kerberos entrecerró los ojos, acusándola, observándola.

–Mentirosa–Agarro su muñeca y la jalo hacia a el, volcó toda su atención en ella, evaluando su expresión, lo que transmitía. Negó con la cabeza, levanto una ceja soberbio ante la amenaza de su mirada. No le tenía miedo a Meiling ni a sus miradas intimidantes– eres un gato asustado, al igual que yo…puedo saberlo porque somos parecidos…–Meiling lo escuchaba en silencio sin poder apartar la vista de él–…si, los humanos podemos morir fácilmente…pero aún así, sigue luchando…y cuanto a ti, me preocupo de quien me da la gana.

La tenue luz de la lámpara alumbraba el rostro levemente sonrojado de Kerberos, demasiado avergonzado de sus propias palabras no pudo seguir sosteniendo su mirada, desviándola hacia cualquier punto vacío de la habitación. La felina forma de los ojos de Meiling se crisparon y algo parecido a un sollozo escapo desde lo más profundo de su pecho, a pesar de que la expresión petrificada de su rostro, asustada de mostrar debilidad. Devolvió su atención a ella, sin poder creer lo que sus oídos escucharon.

Entonces, la vio por primera vez de verdad.

Sentada con solo una de sus poleras blancas encima, demasiado grande y ancha para su delgado cuerpo, se deslizaba hasta dejar uno de sus hombros al descubierto y su cuerpo, en tensión, aguantando un peso invisible. Se veía tan pequeña y delicada, era una chica de cristal, su cuerpo se mantenía apretado pero reconocía los deseos de sus músculos de salir corriendo y en su figura, tan blanca al contraste de su largo cabello negro, se vio así mismo como el niño solo, triste y asustado que había sido y seguía siendo en una parte de su inconsciencia.

Meiling quería ser salvada, a pesar de nunca expresar sus deseos en palabras y tal vez, hasta en sus propios pensamientos, disfrazando el deseo de estirar la mano hacia la luz, de fortaleza de paja y madera.

–Kerberos, algún día yo…–y ella le habló y su voz era dulce pero temerosa…amable pero perdida. Hizo estremecer su corazón.

Ahí estaba en lo más hondo de sus pupilas. Hincado frente a ella, pudo vislumbrar la débil suplica, casi asustada de ser vista…lo necesitaba, necesitaba ser protegida y en el brillo de sus ojos, se pudo ver reflejado así mismo.

Ese fue el primero.

El primer cosquilleo en su corazón del que fue consciente, al verla ahí, queriendo encontrar su fortaleza perdida, su corazón jalo hacia a ella.

– Algún día serás libre…–dijo, terminando la frase que soltó hacia la nada, impidiendo que sus deseos se convirtieran en verdades a medias sino en una verdad completa.

Subió la mano por su delgado brazo. Estaba fría, a través de sus dedos podía sentir los pequeños temblores de su cuerpo…podía ser el frío, podía ser el miedo o podía ser él, que provocaba esa reacción y esa posibilidad, lo golpeo con una ola de tibio y agradable calor. Siguió subiendo hasta que su mano encontró su descanso en el hueco entre su cuello y la nuca, enredando sus dedos en su sedosos y lacios cabellos negro. Ella cerró los ojos mordiendo su labio inferior, esta vez sin deseos de provocarlo, sino como una manera de canalizar la sensación de sus dedos acariciando suave y delicadamente su piel.

Sus brazos reaccionaron rodeando el cuello masculino, escondiendo su rostro entre el espacio del mismo y su hombro, buscando refugio en su cuerpo. Kerberos la recibió abrazando su figura delgada con ansías protectoras, se puso de pie sin soltarla y ella enredo sus piernas a sus caderas, sin deseos de separarse de él. Su mano subía y bajaba en su espalda, confortándola.

Levanto su rostro para encontrarse con sus luceros de oro que permanecían atentos a sus reacciones y, en el encuentro de los mismos, en su brillo pudo vislumbrar un secreto que el mismo desconocía y nuevamente, sintió el latir delator del naciente sentimiento compartido, a la primera puerta a lo desconocido.

–Si–susurro contra sus labios–algún día seré libre…–y el la beso suave y delicado, siguiendo el irresistible impulso de cuidarla…sus emociones eran tan intensamente contradictorias, detestaba sentirla débil y al mismo tiempo, lo complacía la forma en que se entregaba derretida en sus brazos.

–Esta noche... –murmuro entre besos entrecortados– serás mía…–prometio inspirando el aroma de piel, el aroma de sus labios.

Meiling asintió entregada en sus brazos, deseosa que le desnudará el alma, consciente que luego, la detestaría con toda su alma, que sus ojos dorados brillantes y deslumbrantes le mirarían llenos de desprecio cuando supiera la verdad y que aunque le pidiera una y otra vez al cielo, nunca sería libre…porque su sangre la dominaría hasta que esta misma la liberará.

Así que por esta noche quería creer, quería engañarse que era una mujer libre, libre de decisiones, libre de aprehensiones, libre de ataduras, libre de ser una mujer…normal. Sus manos apretaron en caricias delicadas sus muslos desnudos, sus labios recorrieron su boca y cuello suaves, dulces, en calma al mismo tiempo que la cargaba a la misma habitación en la que se habían acostado una y otra vez pero esta vez con la promesa implícita que no tendrían solamente sexo, no, Kerberos esta vez, la quería a ella.

***0***

Movía la cabeza de arriba a abajo, lento, repitiendo el movimiento al tiempo que ordenada sus pensamientos. Su dedo índice presionaba sus labios cerrados y el pulgar se posicionaba bajo la barbilla. Los lagunas azules, detrás de los antojos redondos de vidrio, reflejaban su astucia.

¡Estupendo!, pensó. ¡Realmente estupendo. Una casa encantadora, realmente encantadora! Repetía en su mente.

La casa frente él era una tradicional casa japonesa, de esas de tiempos antiguos, místicos y misteriosos. Una tradicional minka, con pisos de tatami, puertas corredizas y terrazas de madera con una precioso jardín delantero e intuía que trasero.

Isao Mizuko. Con solo ver la fachada de su hogar podía entender porque su madre le había hablado de él. No es como si desconfiara de las palabras de su madre, al fin y al cabo, era una mujer de estándares exigentes que valoraba, dentro de sus principios, el seguimiento sagrado de las tradiciones y admiraba aquellos que no solo honraban sus origines sino que también, eran excepcionales en sus ocupaciones.

Sus expectativas estaban por los cielos.

Se acerco a la puerta de entrada y llamo, esperando ser atendido a la brevedad. Sus ansías de verdad lo tenían en un estado similar a la ansiedad, aunque era demasiado controlado para realmente sentirse así.

Escucho los pasos de una mujer acercándose a la puerta y luego, como esta era abierta. Frente a él una mujer entrada en años, vestida impecable con su Kimono básico, le abrió amablemente dirigiéndose a él.

–Buenas tardes joven. ¿En que puedo ayudarlo? –Eriol sonrió cortes, desplegando todo su encanto.

–Buenas tardes. Disculpe las molestia, mi nombre es Eriol Hiragizawa, estoy buscando al señor Isao Mizuki. ¿De casualidad, se encontrará? – la mujer arrugo la nariz de manera extraña y sus ojos se entrecerraron levemente.

–Joven, creo se esta equivocando de persona pero el señor Mizuki falleció hace un par de años.

La sonrisa educada de Eriol desapareció en cuestión de segundos reemplazándola por la incredubilidad y la sorpresa. Maldición, no se esperaba algo así.

–Lo lamento, por favor perdone mi falta de atención. No estaba al atento de la situación– Hizo una pausa evaluando la reacción de la mujer frente a él– ¿No hay ningún pariente con el que pueda a hablar?

–¿Exactamente para que lo necesita? –pregunto desconfiada.

–No sé si estará al tanto pero mi madre, Sumi Hiragizawa, era una gran conocida del señor Mizuki. Estoy recopilando información de leyendas antiguas para un trabajo del instituto y mi madre, se acordó del señor Mizuki, dijo que podía ayudarme con detalles más específicos debido al amplio conocimiento que maneja. – Eriol hizo una leve reverencia– Supongo que no podrá ser posible, disculpe las molestias y muchas gracias. – Se vio la vuelta esperando que su actuación haya sido suficiente para despejar la desconfianza de la señora.

–Espero joven– digo, llamándolo nuevamente. Eriol se dio la vuelta cortés y con una sonrisa en el rostro– El señor Isao Mizuki, que en paz descanse, tiene una hija que se ha ocupado de seguir con sus investigaciones. La señorita Kaho Mizuki, tal vez ella pueda ayudarlo.

–Es muy amable, sería de mucha ayuda si pudiera conversar con la señorita Mizuki. ¿Se encuentra en este momento desocupada?

–Lamentablemente la señorita Mizuko se encuentra en un viaje de investigación en estos momentos pero vuelve a principios del próximo mes, si gusta le puedo dejar su recado y ella lo contactará para concertar una reunión.

–Sería estupendo, me encantaría poder conversar con ella e instruirme con sus conocimientos. – la señora le extendió en ese momento a Eriol una libreta con un lápiz.

–Si fuera tan amable de dejar aquí un número de contacto o correo electrónico, se lo agradecería.

–Claro, con gusto. –Eriol recibió la libreta y escribió su número particular. Luego se la entrego a la señora con una reverencia más– Muchas gracias por su ayuda señora…

–Kurihara, joven Eriol.

–Gracias, señora Kurihara.

Eriol esperó que la señora Kurihara cerrará la puerta para desaparecer su sonrisa de joven galán y educado. La espera era una patada a sus pelotas, se masajeo la cien pensando. Bien, esto demorada innecesariamente sus planes de tener información para antes del sábado.

Se había pasado la mayor parte de la semana buscando información en libros, internet e incluso revistas pero no encontró nada, absolutamente nada, ni un solo rastro de las historias que le contaba su madre sobre la maestra de las cartas. El único dato que había logrado rastrear se encontraba en Hong Kong, en una pequeña librería que no tenía página de internet más que simples referencias de comentarios en línea. Había llegado a ella gracias a la referencia de uno de los muchos libros que había leído buscando y buscando, el cual solo mencionaba de pasada que (…) la magia de las estrellas, es poco conocida. Muchos afirman que no existe. No se ha podido recopilar muchos datos para sentar sus fundamentos y no existe nadie que la haya practicado, salvo la mencionada maestra de las cartas, personaje ficticio de las leyendas chinos. Con eso, se terminaba todo lo que había logrado recopilar, que en síntesis, era nada.

Solo quedaba esperar a la única persona que podía darle respuestas, una historia completa y concisa, con nombres y apellidos, árbol genealógico y origines reales. Solo esperaba que no fuera demasiado tarde.

***0***

Un suave golpe llamo a su puerta, avisando, sin esperar respuesta, que entraría a su habitación.

Sakura levanto el rostro y su sonrisa, ilumino todo el lugar. El sonrió en un acto reflejo, atrapado por siempre y para siempre, en sus gestos. Se acerco a ella con una bandeja en sus manos y la puso con delicadeza sobre sus piernas recostadas.

–Syaoran…¿Qué es todo esto? –pregunto feliz.

–Lo que ves, tu favorito. Crepés con frutilla y helado de vainilla. – dijo tomando asiento a un costado de la cama. Sakura río suavemente, encantada y enamorada.

–No tenías porque molestarte, muchas gracias. –Sus ojos brillantes de picardía, observaron el postre y luego a él, sonrojada– ¿Puedo comerlo ya?

Él negó con su cabeza con una suave sonrisa ante su tono juguetón. Le encantaba la pureza e inocencia que emanaba de ella, siempre sumida en su propia calidez.

–Por favor– pidió, inclinando su mano. Su pecho se lleno de un súbito calor al verla sonreír y comer ávida lo que trajo para ella– ¿Cómo te has sentido?

–Bien. Estoy completamente recuperada gracias a tus cuidados y los de mamá.

–Me alegra oír eso.

–Perdona por haberte preocupado– el volvió a negar, restándole importancia.

–No es tu culpa, Sakura.

La castaña lo observo un momento, dubitativa.

–Tampoco es tu culpa– le dijo con ojos conciliadores, llenos de compasión. Lo sabía, el se culpaba, pensaba que su colapso fue producido por su causa. Sabía que se culpaba y torturaba, y que su mente había encontrado una y mil formas de enmendar su error.

¿Por qué siempre era él quien tenía que cargar con toda la responsabilidad? No era justo, no era justa con él. Que cruel había sido con sus sentimientos y a pesar de todo, el siempre la perdonaba en silencio, aceptando cada una de sus reacciones y emociones, cuidando y velando por toda su integridad y existencia misma.

¡Ah! Ahí iba de nuevo, su pecho desbordando de amor.

–Syaoran…hay algo que…-

–¿Por qué ya no me llamas Xiao-nii? –pregunto interrumpiendo sus palabras.

Sakura estiro su mano para alcanzar la de él pero en un movimiento disimulado la aparto, acomodando sus cabellos chocolate. Pero, a pesar de su intento de pasar desapercibido, ella supo que estaba manteniendo la distancia por ella. Incluso si era dulce y atento, el rechazo a su contacto físico la lastimaba. Lo miro dolida simulando una sonrisa para no hacerlo sentir mal, escondiendo su malestar por el.

–Lo entenderás una vez que me escuches. Hay algo que quiero decirte, que necesito decirte…por favor.

Syaoran la contemplo un momento. Se veía preocupada pero resuelta, decidida. No, aún no. No quería escucharla excusándose, no quería su carita angustiada al explicarle lo que él ya sabía.

Eran hermanos. Lo sabía.

Había sido un completo egoísta al hacerla consciente de sus sentimientos, al decirle que la amaba, que la deseaba cuando era una aberración lo que sentía y deseaba de ella. No quería verla sufrir por su culpa, no quería verla entristecer y perder lo único que aún podía salvar, su preciada relación de hermandad.

–¿Podrías esperar? Hay algo que yo también quiero decirte, más bien mostrarte, te aseguro que te hará feliz… ¿Podrías esperar por mi?

Sakura le sonrió enternecida y las mejillas sonrojadas.

–Claro que puedo esperar por ti, ¿es una sorpresa? – la emoción la domino, recuperando su ánimo alegre. Le hacia ilusión, si Syaoran quería esperar para hablar con ella, debía ser por algo importante y bueno, algo bueno para los dos. Podía esperar unos días.

–Si, es una sorpresa.

–¿Cuándo? – pregunto juntando ambas manos frente a su pecho.

Syaoran río con ganas al verla así, con sus cabellos despeinados, su sonrisa brillante y los ojos curiosos, le recordaba a un cachorro moviendo la cola esperando por comida. Le dio una palmadita cariñosa en la cabeza y sonrió.

–El sábado, en la fiesta de Eriol, ¿esta bien?

–De acuerdo. Es una promesa–Sakura levanto su dedo meñique frente a los dos. Syaoran enrosco su dedo en el de ella, sellando así sus palabras. – ¿Puedo pedir algo? – murmuro tímida.

–Lo que sea, cumpliré todos sus caprichos.

Las orejas de Sakura se pusieron rojas, sus manos estrujaron las sábanas nerviosa. Respiro hondo y lo miro a los ojos.

Ya no sería una buena niña, ya no más. Lo quería para ella, solamente para ella, y quería más, mucho más de él que sus atenciones y preocupaciones.

Quería que la amará.

Quería amarlo, sin más restricciones.

–¿Puedo tomar tu mano hasta que me duerma?

La expresión del castaño cambio en un abrir y cerrar de ojos, debatiéndose entre si tocarla o no. ¿Eso estaba bien? ¿Tenía permitido estar tan cerca aún? ¿no la lastimaría si solo tomaba su mano? ¿no la incomodaría? ¿estaba obligando por él? La expresión de Sakura era todo un poema, expectante a su respuesta.

–Sakura…yo…

–Por favor…–suplicó atravesándolo con sus ojos de jade.

Dios, porque era tan débil. Suspiro y tomo su mano entre la suya.

–Gracias... – Sakura se acomodo de costado en la cama, sosteniendo su mano entre las suyas. La llevo a su rostro, restregó su mejilla en el dorso de su mano, y le sonrió dulce. –No me dejes…no me dejes nunca…–susurro cerrando sus ojos.

–No me iré, jamás te abandonaré…– Te amo, no podría dejarte. Voy cuidarte para siempre, desde el lugar que me corresponde. Pensó mientras la observaba conciliar el sueño.

***0***

–¡¿Qué hiciste qué?!

Syaoron lo miro sin expresión, estoico y cerrado a su reacción. Para ser sincero no se lo esperaba, sabía que Eriol no estaría de acuerdo, que se limitaría a decirle un comentario sarcástico y venenoso pero no se esperaba esa reacción desmedida. Casi le había gritado, si no hubiera sido por la música, estaba seguro que todos las personas alrededor se hubieran volteado, sorprendidos, al ver al siempre tan sereno Eriol perder los papeles.

–¿Qué? –dijo a la defensiva.

–Eres un imbécil. – decreto masajeando sus sienes. Él haciendo todo lo posible para que dejará de reprimir sus sentimientos y el idiota que tenía por amigo iba y mandaba todo al carajo. No estaba pensando con la cabeza, eso era obvio.

–¡Hey! ¿Qué te pasa? – contesto molesto ante el insulto.

–Me pasa que estas siendo un imbécil. Como si no supiera que estas enamorado de Sakura–le confesó, molesto ante su estupidez. Syaoran abrió los ojos tan rápido y su rostro, moreno, se puso pálido en un segundo para luego, amenazarlo con la mirad– Cálmate lobito que tus miradas de mierda no me asustan. Tengo que pensar en como solucionar la cagadita que te has mandado porque ¡hey! Te luciste con creces.

Syaoran estuvo a punto de contestarle con todo el malhumor que lo caracterizada y recitarle unas lindezas que reservaba solamente cuando alguien molestaba o hería a Sakura pero se contuvo al ver acercarse a Meiling. Gracias al cielo estaban todos disfrazados sino no la hubiera reconocido entre tanta gente.

–Cállate, viene Meiling. –Eriol miro sobre su hombro, miro con mala cara a su mejor amigo y suspiro.

–No te vas a salvar de esta Syaoran. Necesito un trago o perderé la cabeza con tu idiotez.

Meiling se termino de acerca dando un pequeño salto y se pego con una sonrisa al brazo de su ahora, novio.

–¡Syaoran! –alzo la voz Meiling llamando la atención a su alrededor, incluso más de lo que ya la llamaba por lo hermosa que se veía con su disfraz–Aquí esta tu cerveza, cariño. ¡Oh Eriol! No te va había visto, me encanta tu disfraz, es taaaaan extraño– rio encantadora.

El traje de Eriol consistía en una túnica de color azul oscuro, con detalles en amarillo y celeste en los bordes. Llevaba en gran sombrero de puntas en los mismos tonos y en una de sus manos cargaba un báculo largo de color amarillo coronado con una especie de sol de puntas de estrella.

En ese momento Eriol había perdido toda la paciencia que tenía reservada para esa noche. Sin embargo, fiel a sus educados modales, le dedico la sonrisa más sarcástica que tenía y su tono, revelaba la ironía de su voz.

–Meiling, querida. Es un placer tenerte hoy aquí. Si me disculpan, necesito un trago.

En el exterior la pelinegra lo miro fingiendo ingenuidad, sin comprender sus palabras pero por dentro, deseo tirarle el vaso de cerveza por la cabeza.

–¿Le paso algo? –le pregunto a su acompañante, haciéndose la desentendida.

Syaoran suspiro, agotado. Había llegado hace una hora y ya tenía deseos de irse a su casa.

–No le hagas caso, al zorro lo pillaron desprevenido y Meiling, no me digas cariño, por favor. –Pidió armándose de paciencia y mal humor.

–Hmm ¿Por qué no? –pregunto fingiendo inocencia con una sonrisa de oreja a oreja. Syaoran volvió a suspirar.

–No, olvídalo, no es nada. Solo no lo hagas cuando este Sakura.

–Ah, eres tan buen hermano. Te preocupa Sakura, tranquilo estoy segura que estará feliz. ¿Es una gran fiesta, no?

Syaoran asintió mirando a su alrededor sin mucho ánimo. Debía admitirlo, Eriol se había lucido. Su espaciosa mansión estaba decorada con luces de todos los colores que parpadeaban a gran velocidad en medio de la oscuridad. En el centro había un espacio vació para bailar al compás de la música fuerte que se escuchaba por todo el lugar. Las personas que habían asistido también se habían lucido con sus trajes, todo gracias a la emoción y el nerviosismo que les causaba conocer, finalmente, la residencia Hiragizawa.

Como era de esperarse la mayoría de ellos ya se encontraban medios embotados por el infaltable alcohol que había puesto el distinguido anfitrión por montones en un pequeño bar atendido por los empleados de su hogar.

Eriol realmente se había lucido pero el no podía encontrase más desanimado. Escuchaba el parloteo sin parar de Meiling con sus comentarios siempre oportunos y amables dirigido hacia los demás o el ambiente de la fiesta. Todos parecían absortos en sus propios grupos, conversando, riendo, bailando, bebiendo y uno que otro beso y coqueteo de parte de sus compañeros.

Distraído respondía cada tanto las preguntas de Meiling, vagando su mirada por el lugar y las personas. ¿En donde estará Sakura?, se preguntaba. Miro la hora en su reloj de muñequera. Las 20:37 hrs., era tarde y, aunque Sakura solía ser impuntual, los habían citado a todos a las 19:00 hrs., era demasiado, incluso para ella. Sabía que pasaría a la casa de Tomoyo junto a Kerberos para arreglarse y ponerse el traje que había confeccionado especialmente para ella y eso era justo lo que le preocupaba. Tomoyo no era una joven impuntual.

Era muy extraño.

Su mirada distraída capto la luz de fondo que se prendió en la entrada de la mansión. No le presto demasiada atención, esa luz amarilla se prendía cada vez que llegaba alguien para apreciar los disfraces que llevaban puestos. Sakura era una chica modesta, le avergonzaría ser el centro de atención aunque fuera por unos momentos, no debía ser ella.

Una ráfaga de viento se coló por la entrada principal, entrando al salón y entonces, una pluma suave, grande y blanca se meció frente a su rostro de improviso. Inmediatamente su mente voló hacia el recuerdo de aquel sueño en donde conocía a una Sakura volando por el cielo nocturno cubierto de hermosas y brillantes estrellas. Tan perdido estaba en aquel recuerdo que no se percato que su mano era tomada y entrelazada a la mano de Meiling, ni que una de sus compañeras de curso se paro al lado suyo para comentarle fascinada lo que a todos les robaba la atención en ese momento.

–Sakura, es un ángel– comento embelesada.

Inmediatamente a la mención de su nombre, sus ojos buscaron su figura, ansioso de poder verla. Entonces, sus ojos la encontraron, enfocándola completamente bajo la luz brillante que se posaba sobre ella.

Sus ojos escocieron, sorprendidos e inconsciente, tan perturbado por el shock, una diminuta y solitaria lágrima escapo de uno de sus ojos, bajando fugaz por su mejilla.

El aliento le fue robado de golpe.

Ahí en la lejanía figuraba la viva imagen de la Sakura de tiempos pasados, la Sakura de sus sueños.

El ángel de sus sueños.

Llevaba puesto un hermoso pero extraño Kimono de color rosado pálido que moldeaba su cuerpo, largo en la parte detrás, arrastrando la tela pero corto en la delantera, dejando al descubierto sus preciosas piernas levemente tostadas por el sol, cayendo en cascadas de rosado y blanco a sus costados. Un obi delgado de color rojo moldeaba su figura y de el escapaban listones del mismo color rodeando las mangas de su kimono, dando la ilusión que flotaban sobre la tela. Sus pies estaban cubiertos por diminutos calcetines blancos y calzaba las sandalias típicas de la vestimenta. Su cabello estaba atado de tal manera que daba la ilusión que llevaba el cabello corto y solo unos delgados y largos mechones, envueltos en cintas amarillas, adoraban el costado de su rostro maquillado hermosamente y finalmente, en su espalda cargaba unas preciosas y grandes alas de ángel, que aleteaban conforme a sus movimientos sutiles y tímidos.

No solo él, todos la contemplaban ensimismados, hipnotizados ante su bellísima figura y la profunda belleza que cargaba en su totalidad.

El ser más hermoso que hubiera visto en su vida, reducido en esa pequeña y delicada figura. Un ángel caído del cielo, bendiciendo a todos con su inverosímil presencia.

Sakura era un ser mágico, solo podía ser eso. Solo podía ser así para ser capaz de robarle el aliento con su sola presencia.

Entonces, el tiempo se detuvo al mismo momento en que sus grandes y puros ojos verdes se posaron sobre los suyos a la lejanía. El rostro de Sakura se ilumino de tal manera que perturbo a todos a su alrededor, sus ojos brillando relucientes acompañados de esa sonrisa, la sonrisa enamorada, cálida y resuelta de la Sakura de sus sueños, que su rostro siempre serio se tiño de rojo, de la más absoluta emoción que le golpeaba el corazón.

El ángel levanto su brazo, saludándolo con la mano y sus piernas comenzaron a correr en su dirección, con sus alas aleteando desde su espalda.

Resuelta y rebosante de felicidad. Iluminada en su calidez.

Y a medida que sus pasos se acercaban a él, la sonrisa en su angelical rostro se iba esfumando, los pasos iban perdiendo rapidez hasta que se detuvo definitivamente con la expresión más extraña que hubiera visto en ella jamás.

Sintió que era jalada hacia un cuerpo a su costado y finalmente, fue consciente de sus dedos entrelazados con la mano de su acompañante.

Sakura retrocedió un paso, inconsciente, sus ojos lo miraban en un sentimiento que no reconocía en ella, indescifrable pero que no podía ser bueno, esos ojos brillaron pero este brillo era opaco, ilustrado por el reflejo de la luz y la humedad de sus pupilas.

–Syaoran…–dijo tratando de sonreír, en una mueca extraña– ¿Por qué están tomados de las manos?

***0***

¡Hola mis queridos lectores! Ha pasado un tiempo desde la última vez que nos leímos.

Quiero partir agradeciendo sus comentarios y lo fieles que han sido al seguir esta historia, estoy tan contenta de que haya tantas personas que le guste y puedan disfrutar su lectura, nunca me cansaré de darles las gracias por su entusiasmo.

Debo reconocer que escribir este capítulo fue más difícil que los anteriores, tuve que reescribir las primeras diez hojas porque no me convencían del todo, sentía que no lograba atrapar la sensación que quería plasmar, así que entre ayer y hoy en horarios bastantes extremos tuve la inspiración que necesitaba.

Nuevamente creo que este capitulo los dejará con más dudas que respuestas jajajaj pero les prometo, les juro que todo tiene su razón de ser, no escribo ninguna palabra en vano, todo tiene su sentido, todo esta conectado.

Por otro lado, por fin, lo que tanto estaban esperando, que Sakura se diera cuenta de sus sentimientos y encontrará la valentía de ser sincera con ella misma y con los demás. Ya sé, las cosas se están complicando cuando parece encontrar una solución pero como regalo por su paciencia les adelantaré que nos acercamos a la mitad del camino de esta historia y justo, en esa parte se explica la historia detrás, esa de hace años en el tiempo.

Ahora, lo prometido es deuda, paso a agradecer uno por uno sus comentarios, incluyendo los que no pude agradecer adecuadamente la vez pasada.

GUEST: Muchas gracias! Esta vez me demore en actualizar así que esperó que satisfaga tus expectativas este nuevo capitulo. Esperó tu opinión de este cap.

JAMES BIRDSONG: Muchas gracias! Mis cariños y saludos. Esperó tu opinión de este cap.

SANDRE MATUTE: Muchas gracias! Que rico que te guste. Espero tu opinión de este cap.

MALENA27: Hola cariño! Muchas gracias por tu comentario. Me alegra que te gusten que sean largo, este creo que uno de los más largos también! Si, lo sé que los dejo con dudas y estoy súper ansiosa para que algunas se solucionen como corresponde pero todo a su tiempo. Mis cariños y saludos. Espero tu opinión de este cap.

SWIFT13HM: Hola querida, me alegra un monto que te guste mucho la historia. Por fin! Sakura se dio cuenta de sus sentimientos y estaba lista para darle su respuesta a Xiao Lang, pero bueno, el perlita por hacer el bien, le salio mal. Si, a veces me acuerdo de Tsubasa cuando escribo la parte de tiempos pasados. Bueno, espero que te guste este cap. Esperó tu opinión de este cap.

SAORI KINOMOTO: Hola cariño, muchas gracias. Si, la verdad es que trato de escuchar hartas melodías para lograr plasmar la emoción como si lo estuviera viendo desde el computador, así que me alegra tanto saber que es un logrado jajaja. Esperó tu opinión de este cap.

CEREZO01: Hola querida! Ay te juro que me entra una ansiedad por resolver sus dudas pero aún no puedo . sino arruino las sorpresas jajajaja. La verdad es que a mi me da mucha pena Meiling pero me gusta mucho escribir sus interacciones con Kerberos, porque creo que le hace bien hasta cierto punto. Si, yo también le di hartas vueltas a si tenía que ser Nadeshiko o Hien quien hablará con Syaoran y decidí que lo mejor era que lo hiciera Nadeshiko, al fin y al cabo, ella ama a Syaoran como a su hijo y Hien…aun falta para llegar a su parte. Muchas gracias por seguir esta historia. Esperó tu opinión de este cap.

FLOR RUIZ: Hola cari! Muchas gracias por tu comentario. Ay si, si yo creo que tendre que cambiarle la categoría porque de apoco se empieza a subir de nivel en temas de dolor y crueldad, pero prometo que el cap que viene estarán todas con diabetes, una pausa ante tantos problemas. Hubo un momento en que me enrede un montón y tuvo que hacer un mapa conceptual para organizar la historia, no lograba encajar ciertas cosas, así que me senté y trate de darle una forma más ordenada jajaja. Esperó que este cap te guste igual. Esperó tu opinión.

SAKIALI12: Hola! No te había leído antes pero muy bienvenida sea a esta historia. Muchas gracias por tu comentario, que rico que te haya gustado y que te guste como escribo, la idea siempre es dejarlos queriendo más, quiero que se emocionen y se identifiquen con los personajes jejejej. Esperó que este cap también te guste! Esperó tu opinión

Finalmente, muchas gracias a todos!

Nos leemos, muchos besos!