CAPITULO IX: OSCILANDO ENTRE LÍNEAS

''Eres el peor amor que he conocido tan perfecto que no te olvido. Piensa en mi, ayúdame a odiarte, haz las cosas que hacen los cobardes. No me trates bien ni sonrías más, pues mi alma sigue sufriendo, sé un ex de verdad y trátame mal.''

–Syaoran…–preguntó tratando de sonreír pero más que una sonrisa, era una mueca–¿Por qué están tomados de las manos?

Los ojos del castaño se abrieron levemente al observarla confundida, dudosa. Meiling a su lado se acerco más a él de ser posible, recostando su mejilla en su hombro con actitud melosa. De repente se sentía perdido, Sakura tenía la boca algo abierta y sus ojos trasmitían angustia.

–Sakura…–comenzo Meiling en tono alegre y dulce–Estamos tan emocionados por contarte pero Xiao Lang quería esperar a que te recuperaras para darte la noticia.

–¿Qué…? ¿Qué noticia?... –Sakura retrocedió dos pasos más instintivamente, su espalda choco contra el pecho de Kerberos que llegaba a su lado junto a Tomoyo.

Meiling cerró sus ojos en una sonrisa, un gesto que pretendía reprimir el nerviosismo que afloraba poco a poco en su interior. Presionó con sus dedos el brazo de Xiao Lang, presumía que al ver el rostro desfigurado de su ''hermana'', causado por la evidente conmoción, caía poco a poco en cuenta de lo que había hecho y de cierta forma, lo entendía y eso la asustaba.

–Estamos saliendo, Sakura. Queríamos que fueras la primera es saberlo–respondió con su habitual alegría fingida.

Palidecio en un instante. Syaoran vio con preocupación como se humedecían sus pupilas. Cayó en cuenta tarde. Esto no haría feliz a Sakura.

El estruendo de una silla zumbando en el suelo llamo la atención de todos en el lugar. Por un momento reino el silencio. Kerberos había pateado una de las sillas, rompiendo una de sus patas.

–¡Pero que demonios! –las personas alrededor lo miraron asombrados, siempre se había caracterizado por ser despreocupado y bromista. Sus ojos de oro ardían con fervor y su rostro siempre relajado mostraba una fiereza felina poco usual. –¡Son unos imbéciles!–escupió con desprecio.

Los presentes se quedaron helados. Meiling se esforzaba en mantener su papel sin levantar sospechas. No sabía que le preocupaba más, que la desenmascarára ahí mismo o la rabia burbujeante en los ojos de sol de Kerberos. Podía leer la palabra traición en sus pupilas y en paralelo una sensación punzante en donde debería estar su corazón.

Sakura y Tomoyo salieron del estupor inicial, se acercaron a él tomándolo del brazo, trataron de calmar el inicio de una pelea que amenaza en el semblante de Kerberos y aún así no tenía intención de alejar sus ojos de la escena, se le quedaría grabado en el corazón y pasarían años antes de que pudiera olvidarla, o eso era lo que pensaba. ¿Por qué le estaba haciendo esto? En primer lugar, ¿Por qué le importaba tanto? ¿Qué era esa sensación? sus orejas ardían, le sudadan las manos y la bilis quería subirle por la garganta y vomitarla sin miramientos.

A pesar de tener los nervios a flor de piel, Sakura hizo tripas corazón y se coloco delante de Kerberos, asumiendo la culpa. Suponía que la rabia que lo consumía era por su causa, se haría responsable.

En parte, sus suposiciones no se alejaban mucho de la realidad, sin embargo todas esas sensaciones explotando en Kerberos no se debían solamente al hecho de que la lastimaran, se debía a la confusión en su propio corazón, el dolor inexplicable que no había sentido antes.

–Kero–colocó ambas manos sobre sus mejillas, obligandolo a prestarle atención. Kerberos apreto los dientes y alejo su mirada del par, haciendo caso al llamado de Sakura–no importa…esta bien…no es culpa de nadie…así que por favor…–pidió.

Kerberos le sostuvo la mirada, debatiéndose si valía la pena armar un escándalo, no solo por lo que sentía sino también por los sentimientos de Sakura. Sus iris coloreados de verde le suplicaban en silencio, se veía tan ansiosa…lo que Sakura necesitaba ahora era a sus amigos y el también, necesitaba distraerse. Le paso el brazo por los hombros y la acercó a su pecho, miro con desprecio una vez más a la parejita del año, ignorando los murmullos a su alrededor.

Luego se las ingeniería para arreglar su desastre.

–¡Sakura! –Llamo Xiao Lang despavilando.

Se deshizo del débil agarre de Meiling, que más que una persona parecía un maniquí de exhibición, congelada en su sitio. Se abanzo hacia Sakura, queriendo cogerla del brazo. Necesitaban hablar. Ahora. Sin embargo, antes de que sus manos pudieran tocarla su palma fue golpeada por una mano casi tan grande como la suya, desviándola.

El mejor amigo de su ''hermana'' lo miro resentido y escondió más a Sakura en su pecho. Frío como el solo, no se dejo intimidar ante la mirada poca amistosa de Kerberos y fiel a su carácter intimidante, le devolvió la mirada.

–Necesito hablar con mi hermana, ahora. –demando amenazante.

Sin embargo Kerberos no le respondió, se limito a echarle un último vistazo y se volteó ignorándolo con toda la intención, llevándose a Sakura con él. La rabia hirvio en la boca del estómago de Syaoran, si había algo que le molestaba en el mundo, eran las personas que se creían con el derecho de interferir en la relación que tenía Sakura.

–¡y un demonio! – escupió molesto y avanzo hacia ellos.

Sin embargo, sus intenciones fueron detenidas abruptamente por una pequeña y elegante mariposa, una que no había notado hasta entonces. Tomoyo se interpuso impiéndole el paso con su habitual elegancia templada. Le sonreía pero el conjunto de su rostro le transmitía más una sensación de lastima. Sus ojos grises se mostraban amables pero en el fondo de sus pupilas, en un punto de luz podía adivinar que se estaba armando de paciencia para expresar amabilidad.

No podía maldecir a Tomoyo ni mostrarle menos respeto del que siempre le había mostrado. Era la mejor amiga de su hermana y le tenía algo de aprecio, pero sobre todo la respetaba, respetaba la fidelidad, honestidad y lealtad que mostraba hacia Sakura y hacia su familia, en general.

Era una de las pocas personas en quien depositaría su confianza sin dudarlo porque ellos compartían algo en común, ambos querían proteger a Sakura.

Destenso sus hombros, respiro hondo sosteniéndole mirada, exhaló y relajó un tanto su postura. Inmediatamente después, Tomoyo nego suavemente con la cabeza. Trató de decir algo pero la pelinegra volvió a negar.

–Hoy no – sentenció con voz cantarina llevando implicita una advertencia. Syaoran se llevo una mano a la frente y se masajeo la cien, buscando paciencia. Volvió a mirarla, Tomoyo hizo un esfuerzo por controlar el escalofrío que la asalto y mantener firme su postura.

A veces Tomoyo se sorprendía de lo fácil que se olvidaba de algo que siempre trato de digerir pero no pudo. A veces cuando Sakura no veía, Syaoran le recordaba a un demonio. No era la postura, ni la altura ni el intimidante y solemne físico. No, era algo profundo y oscuro al fondo de su mirada miel, algo capaz de helar el infierno, lo suficientemente cruel para hacerla temblar. El frío silencio y amenazante con que te atravesaba con la mirada, una silenciosa y letal amenaza y con el disfraz que llevaba puesto, un antiguo traje ceremonial de dos piezas de estilo oriental, de mangas largas y cinturon ajustado solo lograba acentuar esa incomoda sensación de malestar.

–Cuídala, Tomoyo– dijo sin más y se dio la vuelta, llevándose con él la pesadez del aire.

Exhaló aliviada. Si, Syaoran Li podía ser bastante intimidante si se lo proponía, casi como un depredador. Se felicitaba a así misma por haber aguantado digna hasta el final y no terminar cediante a la voluntad del ''hermano'' de su mejor amiga. Era consciente de que si propiciaba que la inevitable conversación se diera en ese mismo espacio de tiempo, las cosas terminarían por explotar.

Lo primero era calmar las aguas, dejarla pasar bajo el puente y luego, vería como podía ayudar a solucionar el desastre que se había creado. Posterior al estupor inicial, debía admitir que lo que más le había sorprendido fue la reacción desmedida de Kerberos. De los años de amistad que compartían podía jurar que jamás lo había visto así de encabriado y dudaba que fuera realmente por Sakura. No, Kerberos no perdería el dominio de si mismo, haría lo que fuera por seguir siendo su versión despreocupada y blindada. Entonces que, ¿qué podría haber causado ese arrebato inesperado?

Dedutativa, cayó en cuenta que no escuchaba por ninguna parte a ninguno de esos dos. Preocupada, sus ojos divagaron en varias direcciones a la vez, buscando las gigantestas alas de Sakura o las grandes orejas de león. Hasta que diviso la figura masculina de su amigo y unas plumas blancas girando en el aire.

Se sentía satisfecha de su gran trabajo.

Realmente se había lúcido esta vez. Sakura, literalmente parecía un ángel viviendo entre mortales y Kerberos, su fiel guardían. Su disfraz se componía de una Hakama blanca con pequeños detalles de dorado, su torso iba descubierto pero en el cuello portaba un collar en punta de color dorado, en medio de su frente un cristal rojo y el color de su cabello se confundía con el de sus orejas de león, tan bien mimetizadas. A medida que sus pasos se acercaban a ellos, se apresuro más.

No podía ser cierto.

La noche sería larga.

Kerberos golpeo el mostrador del bar con puños cerrados. Su ceño se fruncía y mostraba los dientos en una mueca de disgusto. Se paso una mano por el cabello y pequeños mechones dorados cayeron desordenados por su frente. Sakura no dejaba de mirarlo. Los músculos de sus hombros se tensaban con cada respiración.

–Kero…¿qué pasa?

Pero el no respondió. Se quedo quieto fulminando la pared con la mirada, arrugó los parpados y habló, más para él que para otra persona.

–Necesito un trago–susurro entredientes. Estiro el vaso de shot hacia el bantender esperando que le sirviera y de un sorbo tomo todo el contenido. Cerró los ojos, suspiro largo y tendido absorbiendo el sabor del alcohol.

–Kero–llamo Sakura, apremiando una respuesta–¡Kerberos!

Su mirada se perdió en un punto indefinido. Pasados los segundos una de sus manos se poso sobre la cabeza de Sakura, le dio unas leves palmadas y le sonrió.

–¿Te encuentras bien?– se dirigió a ella por primera vez.

Sakuro bajo la mirada vidriosa, ser consciente de la nueva realidad era difícil. No podía mentirse. Le dolía el cuerpo, sentía un agujero en el pecho, la asfixiaba a cada inhalación pero a pesar de todo, se forzó a sonreír, no solo por ella sino por Kero, que parecía más conmocionado.

–Si–le sonrió, tratando de trasmitirle tranquilidad. Kero imito su gesto pero la alegría no le llego a los ojos.

–¿Qué tal un trago, Sakurita? –la castaña observo el liquido transparente indecisa–one drink–insistió encantador. Se encogió de hombros al no recibir respuesta y acerco el shot a los labios.

–¡Espera!–pidió Sakura sin dejar de mirarlo. Cuadro los hombros y tomo el pequeño recipiente entre sus manos y de un solo golpe injirió el contenido.

–Wuaaaau. Así se hace, Sakurita. ¿Qué tal está?

–Quema…– se aclaró la garganta para aliviar el ardor del alcohol.

–¿Otro?

Sakura asintió nerviosa, quería calmar sus nervios y no preocupar a sus amigos, muchas veces había escuchado de sus compañeros que el alcohol ayudaba a a controlar los nervios. En las películas se veía todo el tiempo, ¿por qué no intentarlo? Kerberos monopolizo una de las botellas del bar y se dedico a llenar el pequeño recipiente de ambos.

Juntos chocaron el vidrio brindando para luego beberlo de un solo golpe.

Así fue como los encontró Tomoyo. Con cinco shots bebidos por Sakura y nueve de Kerberos. Ambos yacían riéndose a carcajadas rojos hastas la orejas, más alegres y motivados que hace tan solo quince minutos.

–Suficiente–declaró sosteniendo en vilo la muñeca de ambos antes de que se emborracharán más. – Sakura, no estas acostumbrada a beber y Kerberos, ¿por qué estas tan molesto? ¿Por qué estas actuando así?

–¿Así como? – preguntó ignorándola, tomando de todos modos del diminuto vaso. Se hizo un espacio entre las dos y las abrazo a ambas– Oh vamos tommy, no seas aguafiestas es solo un poco de Sake, ¿ves? – con un gesto de sus dedos el bartender dispuso otro shot para la recién llegada. – Divertámonos esta noche.

–Porfi tommy, me la estoy pasando bien ahora, ¿si? –insistió Sakura dando una pequeña vuelta con sus brazos al aire con una sonrisa borracha en su rostro sonrojado.

Tomoyo miro el vaso que le ofrecian no muy convencida, pero una cosa ha de admitir se veían mucho más alegres ahora, alcoholizados pero alegres. Suspiró y tomo el pequeño recipiente de vidrio y con su habitual elegencia se acabo el contenido de un sorbo. Kerberos y Sakura le hicieron barra sirviéndole un poco más gritos y silbidos, ánimados e hiperactivos. Pronto, la cabeza sensata del grupo se había sumido a los silenciosos encantos del alcohol y pasados un tiempo, los tres se encontraban bailando, riendo y conversando al son de la música.

–No tte meeeeerece, Sakuraa– le decía Tomoyo arrastrando sutílmente las palabras.

–Es un idiotaaa– le secundo Kerberos, reposando sus brazos en los hombros de sus mejores amigas– mmira Saaakkurita, la mejor manera de voooolver loco a un hhombre ess que esté locaaa, entre más loca másss .

Sakura y Tomoyo se miraron haciendo una mueca, hicieron lo posible por aguantar las ganas de reír pero perdieron estrepitosamente, estallando en risas.

–¿Por qqqué loca Kero? – preguntó Sakura casi llorando.

–¿No serán esas las de tu tipo? –argumentó Tomoyo en un estado muy parecido al de Sakura.

–Parecce qque sí. Psicoticas, así me gustan. – puso los ojos en blanco, estiro la mano para tomar otro trago.

–¡Te gusta alguien! –gritaron al unísono ambas chicas emocionadas.

–Que vá– dijo haciéndose el desentendido– como si eso fuera posible.

Sakura lo dejo pasar absorta en la sensación de embriaguez para percatarse de la débil confesión de Kerberos pero Tomoyo no había perdido su suspicacía, fue capaz de darse cuenta por donde iban los tiros con Kerberos, y este siendo consciente de lo dificil que era engañar a Tomoyo decidió desviar el tema.

–Pero sé de alguien que últimamente parece compartir muchos secretos con hiragizawa–disparo guiñendole el ojo y levantó la ceja de forma sugerente a sus dichos.

–¿Quién? –preguntó Sakura inocente.

–Puess tommy, se secretea continuamente con Eriol.

–¿Tomoyo? ¿Ttte gusta Eriol? –preguntó sin poder creerlo.

La pelinegra golpeó la mesa con las palmas abiertas y una expresión de indignación cubriendo su rostro que abrigaba un sutil sonrojo que podía ser facilmente confundido por el calor producido por el alcohol.

–¿A mi gustarme ese maldita comadreja burlesca? Ni en cien años– escupió molesta y avergonzada.

–Ya, pero al menos te debe parecer guapo– comentó Kerberos.

–Eriol es guapo– convino Sakura.

–¿Guapo? Ya quisiera esa zorro sin vergüenza de Hiragizawa parecerme guapo– sentenció completamente convencida. Sakura y Kero se rieron por lo bajo, mirando sobre el hombro de la pelinegra.

–Yaaa…¿y que más? –incitó Kero.

–Es un majadero, se las da de inglés y japones tradicional todo siempre bien compuesto pero no es más que un tipejo con una personalidad retorcida y burlesca, si ustedes supieran lo que…

–Vaya, es bueno saber que tienes las ideas tan claras, bella Tomoyo– interrumpió el aludido acompañado de sus inconfudibles buenos modales y sonrisa misteriosa.

Sakura y Kerberos no aguantaron más y se echaron a reír al ver el rostro pálido de Tomoyo, hasta el sutil sonrojo de sus mejillas había desaparecido, atrapada in fraganti descargando su permanente molestia hacia el anfitrión de la fiesta. Irgió sus hombros lo más digna que pudo y se dio la espalda manteniendo la compustura.

No tenía nada de que avergonzarse, Eriol era conocedor de sus opiniones sobre él.

–No ttte hagas el deesentendido Hi-hiragizawa, sabes perfectamente lo que pienso de ti, comadreja astuta. –Sin embargo, Eriol mantuvo su fiel sonrisa, alterando los nervios sobrestimulados de Tomoyo.

–Estimados, esperó que la velada este siendo de su agrado y he de agregar que todos se ven estupendos, especialmente tu, preciosa Sakura. Eres un ángel caído del mismísimo cielo, supongo que los créditos se los lleva la habilidosa Tomoyo.

–¿Quién si no? –soltó Tomoyo contestando por sus amigos. Eriol levantó una ceja imperceptiblemente. Ah, con que era eso, los tres estaban bastante bebidos por lo que se encontraban más deshinibidos.

–Eh…Eriol, muchas gracias por invitarnos, es una fiesta espectacular– Sakura se apresuro en contestarle de buenas maneras, pues con Kero muriéndose de la risa y con Tomoyo siendo abiertamente arisca, temía faltarle el respeto al siempre amable Eriol.

–No hay nada que agradecer, mi querida Sakura. Es un placer tenerlos aquí.

–Si, si, si ahora vete, shu shu– Tomoyo se interpuso entre los dos y con ambas manos le hizo gestos para apartarlo como si fuera un mal presagio. Eriol parpaeo varias veces ante el notorio desplante de Tomoyo.

–¿No te decía yo que algo tiene con hiragizawa? – comentó abiertamente Kero en voz alta para que los tres escucharan.

–Cuánto lo siento Eriol– se apreso Sakura en disculparse inclinando la cabeza. – Tomoyo no es una chica maleducada, no lo hizo a propósito.

–Lo sé, pequeña Sakura, no tienes que preocuparte. De hecho, gustaría conversar un poco con la bella Tomoyo. Estoy intrigado en saber el motivo detrás de tan abierto desplante de su parte.

–Toda tuya Eriol– contesto Kero, empujando suavemente la espalda de Tomoyo hacia él y con su otra mano, tomo la de Sakura llevándosela– ¡Calma a la fiera!–grito divertido.

–¡Kerberos! – llamó Tomoyo tratando de ir tras sus amigos.

–No imagine que la muñeca de porcelana fuera débil al alcohol, es toda una sorpresa– dijo interponiéndose en su camino con su habitual soberbia. Tomoyo se cruzo de brazos.

–¿Cómo permitiste que Li se emparejara con Meiling? – reclamó. El semblante de Eriol muto a su verdadero rostro.

–Ni me lo menciones, de solo recordarlo me hace doler la cabeza, se las ha mandado esta vez.

Las delicadas facciones de su rostro pálido se ensombrecieron con una risa burlesca. Eriol la miro con mala cara.

–¿Qué?

–Así que la comadreja puede poner esas expresiones, es toda una sorpresa– dijo imitando su tono. El peliazul recupero rápidamente el buen humor y le devolvió una sonrisa suspicaz, casi coqueta.

–La sorpresa es toda mía, querida Tomoyo. Quien iba a pensar que un poco de alcohol y se te caía la máscara de porcelana.

–No estoy borracha– rebatió con las mejillas encendidas.

–Yo no dije eso, pero en cualquier caso, es un halago. Eres mucho más interesante cuando eres honesta.– apoyo uno de sus brazos en el mesón del bar y le sonrió insinuante. Lentamente se sirvió un poco del líquido transparente y levantó el vaso a la altura de su mentón. –en tu honor, querida.

Tomoyo se tomo aquel gesto como un reto personal. Se sentó en el taburete, se acomodó y agarro su vaso.

–Que lástima que no pueda decir lo mismo. – Eriol esbozo una sonrisa verdadera, negó con la cabeza y le dedico una mirada enigmática.

***0***

El destello de un largo cabello negro llamo su atención.

Estaba sola.

Esa maldita loca lo iba a escuchar.

Miro a Sakura sonriente y roja como los tomates, se acerco a ella y le paso el brazo sobre los hombros.

–Iré un momento al baño–le dijo al oído–No te muevas de aquí, ya vuelvo, ¿de acuerdo?

Sakura le regalo una gran sonrisa y asintió dos veces energíca. Kerberos le sonrío y la misma desapareció a penas se dio la vuelta.

Iría tras esa víbora.

Sin previo aviso su muñeca fue encarcelada por el conocido calor de una mano que la arrastraba hacia su dirección sin ninguna delicadeza. Su cuerpo fue empujado hacia una habitación. Los nervios pudieron con ella y cayó sentada en el suelo de loza del baño. Levantó la mirada de inmediato y se encontró con la furia de sus ojos de sol. Se puso de pie al instante, haciendo caso omiso a la forma en que su estómago se retorcía de la ansiedad. Sentía que se la comería de un solo bocado y de solo pensarlo, las piernas le tiritaban amenzando con fallarle.

–¿Qué? – le respondió fingiendo indiferencia.

Pero él no dijo nada. Avanzó hacia ella decidido e instintivamente comenzó a retroceder, sin apartar sus ojos. Se pintaba tan exótico con aquel disfraz, atrevido como su personalidad. Se acercaba cual felino apunto de saltar sobre su presa. Su respiración se disparo, enferma de los nervios, su espalda chocó contra la pared y se vio atrapada por el cuerpo de Kerberos, que se imponía sobre su figura más pequeña. Le sostuvo la mirada fiel a su esencia salvaje, él sonrió cinico, acercó su rostro al suyo y Meiling fue consciente de sus pupilas dilatadas y su aliento de menta mezclado con alcohol.

–¿A qué estás jugando?

La pelinegra trago pesado, podía notar el tono dolido camuflado en sus palabras y actitud burlesca.

–No sé de qué me estás hablando– fingió evadiendo su mirada.

–¿Así?–su boca descendió hacia su blanquecino oído, susurrando recuerdos cercanos, frescos en su memoria– ¿y lo de esta mañana que fue? ¡¿eh?! – Meiling cerró los ojos, derretida al sentir la boca de Kerberos mordiendo su oído.

Las palmas de Kerberos se posaron abruptos sobre la pared, encerrándola en la cárcel de sus brazos, sus ojos de sol finalmente la perforaron con rabia, herido por su traición. No podía culparlo, le había jugado chueco, lo estaba hiriendo a sabiendas pero no pudo evitarlo. Corrió el rostro hacia un lado, evitándolo pero una de sus manos agarraron su mandibula, obligándola a mirarlo.

–¡Contéstame Meiling!

La pelinegra cerró los ojos, se encogió de hombros y su mente volo nuevamente a la mañana gloriosa que habían compartido, la única mañana en la que por unas horas fue una mujer normal.

Flash black

Se movió lentamente sobre el suave colchón y sus manos instintivamente buscaron el calor del cuerpo desnudo a su lado. Enrosco sus brazos en su cuello y colgo sus piernas rodeando su cintura. Se rozo contra él y sonrió al sentirlo duro. Se dedico a contemplar los cambios graduales de su rostro dormido a medida que lo incitaba, despertándolo poco a poco.

Kerberos frunció el ceño aún dormido, luego un suave gemido escapó de sus labios, sus manos aferraron a su cintura y finalmente, abrió un ojo. Meiling dejó escapar una risita cómplice y se adueño de sus labios hambrienta, siendo correspondida de la misma forma.

Después de aquel día que se dejo entrever parte de su debilidad las cosas habían cambiado súbitamente entre ellos. De pronto, quería a Kerberos a su lado al despertar o mejor, a todas horas. Después de estar con él se fundía sobre su pecho y dormía tranquilamente todas las noches. El no decía nada, pero no parecía tener la intención de dejarla después de sus encuentros sexuales y constantemente buscaba tener contacto con su cuerpo, incluso cuando se molestaba y terminaba cabreado por su culpa, se quedaba ahí, a su lado, ignorándola monumentalmente pero no se iba.

Sus acciones silenciosas calentaban su corazón y la hacían desear cosas prohibidas, cosas que no tenía permitido sentir pero no podía contenerse, no cuando tenía la soga apretada al cuello, su tiempo con Kerberos estaba contado. Solo tenía hasta esta noche para dar rienda suelta a sus impulsos porque después vendría la decadencia y tenía planeado aprovechar el tiempo que le quedaba a su lado, aun contra su buen juicio.

Comida…–reclamó entre besos–necesito recuperar mis energías, mei.

Otra vez ese calorcito envolviendo su corazón. Cuando se encontraba de buen humor Kerberos la llamaba de esa forma dulce, íntima. Hizo caso omiso a sus reclamos y siguió comiéndolo a besos, emocionada y tocada ante la intimidad que compartían.

Mei…

Tendrás que llevarme a la cocina en brazos porque no tengo pensado salir de la cama.

Kerberos bufó, más que acostumbrado a que lo contradijera, esa chica se desvivía por llevarle la contra y no darle nunca la razón en nada. Su estómago gruñó y Meiling se burlo de él. Se sentó en la cama aún con ella colgada a su cuello y busco algo con que tapar las partes importantes de sus cuerpos. Le tiro una de sus poleras a Meiling y se colocó sus boxer. Se la echo a la espalda como una bolsa de papas y se dirigió a la cocina silvando mientras ignoraba las quejas de su compañera.

Ya en la cocina, dejó a Meiling sentada sobre la mesa estilo americano y se dispuso a sacar los ingredientes y utilencilios para el desayuno.

¿Qué harás? preguntó la pelinegra balanceando sus pies descalzos en el aire.

Huevos, tocino, tostadas, café.

Haciendo honor a tus orígenes, me gusta.

No es que sienta apego real por eso. No me importan en lo absoluto.

Meiling ladeo la cabeza analizando sus gestos y sus palabras. Afectado no se veía, su tono era neutral y no había mayores expresiones más que la poca concentración que requería para hacer un simple desayuno.

¿Qué le habría pasado para sentir tal desapego a sus orígenes? Nunca hablaba de eso y ella evitaba preguntar. No porque no quisiera saber, es más le picaba la curiosidad pero sabía que si preguntaba, el preguntaría de vuelta y no quería seguir mintiéndole.

No hoy, por lo menos.

Kerberos le extendió la taza de café, sorbió un poco el contenido. Sabía delicioso, justo como le gustaba, cargado y sin endulzante. Café negro y caliente, para su sorpresa tenía gustos parecidos en pequeñas pero importantes cosas, como el café de la mañana, el gusto de estar en silencio, entenderse sin dar muchas explicaciones y esas maravillas que el cuerpo de Kerberos hacía en el suyo.

De hecho, el único motivo por el cual se habían levantado de la cama era para que pudiera alimentarse y así satisfacer sus deseos de él. Observo divertida como se devorada su desayuno, ¿los hombres necesitaban comer tanto? Ella se conformaba con una taza de café y ya.

Su atención se centro en la forma en los músculos de su espalda se contraían bajo su cuerpo tostada, en su nuca desnuda y su cabello dorado corto y rebelde.

Tenía hambre, pero no de comida.

Ven aquíordeno coqueta.

Kerberos se trago su última tostada, se relamió los labios y camino hacia ella. Se acomodó en el espacio vació entre sus piernas colgando de la mesa. Inmeditamente su cintura fue rodeaba por las piernas de la pelinegra, apresándolo contra ella. Apoyo sus manos sobre la superficie encarcelando el cuerpo femenino entre sus brazos.

¿Estómago listo?Kerberos asintió, acerco su boca a su cuello y paseo su lengua sobre su piel. Meiling se tumbo por completo sobre la mesa, esparciendo su cabello por la superficie.

¿Qué quieres hacer hoy? Tengo la mañana libresus manos agarraron los extremos de la polera que cubría el cuerpo de la joven y la subieron hasta despojarla por completo de ella, dejándola completamente desnuda. Sus manos se deslizaron sobre las líneas de su abdomen.

Le encantaba el color blanco de su piel, era casi tan blanca como la nieve. Le parecía hermoso el contraste casi exótico de sus ojos y labios rojos y su cabello negro como la noche. La pelinegra alzó las caderas exigente. Los dedos masculinos tocaron debilmente su intimidad, jugando con los roces y movimientos de sus dedos contra su sexo suave. Ella cerró los ojos dejando escapar un suave gemido.

¿Tan ansiosa estas por tenerme?preguntó divertido. Se encontraba relajado, de buen humor y cómodo. Solo se había sentido al lado de Sakura y Tomoyo, con la única diferencia es que nunca quiso acostarse con ninguna de las dos. En cambio, con Meiling era una historia distinta.

La deseaba.

Lo volvía loco estar dentro de ella, le fascinaban las miradas felinas, astutas y soberbias que le daba la mayor parte del tiempo y le causaban una ternura que desconocía esas furtivas y escasas miradas de timidez y anhelo.

Meiling era su caja de pandora, cualquier cosa podía salir de ahí, incluso…tal vez, amor.

Si, estoy ansiosagimio con los ojos entrecerrados y las mejillas rojas.

Si, también eso. Esos pequeños arranques de honestidad que lo dejaban sin palabras y aumentaban su deseo por ella.

Se apoyo sobre sus antebrazos para no aplastarla y la beso despacio, degustando su sabor pero Meiling no era de besos suaves, no, ella era de besos profundos y posesivos. Sentía como su lengua recorría su cavidad ávida de poseerlo, de hacerlo suyo. Se alejo de sus labios sin alejarse demasiado de su rostro. Ella se quejo levantando su barbilla para alcanzar sus labios nuevamente.

No me has respondido, ¿Qué quieres hacer?

Meiling bufó, miro al techo pensando. Tenía claro lo quería hacer pero no podía decírselo abiertamente, sería excederse demasiado. Lo quería a él la mañana completa, quería alejarse sabiendo y oliendo a él, porque sabía no lo tendría después nunca más.

Lo de siempre y mi reallity showel pelidorado levantó una ceja.

Sexo y drama. Lo capto.

Meiling movió la cabeza de arriba abajo efusivamente con esa sonrisita fingida de niña buena que tanto detestaba, odiaba verla actuar, odiaba cuando era falsa.

Ya no se cuestionaba porque hacia lo que hacia, pues por más que le daba vueltas no lograba entender sus acciones. ¿Qué razón podía haber para que fingiera todo el tiempo cuando se encontraba tan cómoda siendo ella misma?

No me sonrías así, odio cuando finges.

Tu haces lo mismo.

Ya. Pero no aquí, no ahora contigo.

¿Qué se supone que significa eso?

Que estamos a salvole sonrió tímido pero seguro de su convicción.

Le aceleraba el corazón. Cada vez que le sonría de esa manera tan cálida, se sentía mareada y abochornada. Sus manos se enredaron en sus finos cabellos dorados y sus dedos acariciaron su cabeza. Él era un extraño, alguien que después de un tiempo no volvería a ver jamás, ni siquiera vivirían en el mismo país, entonces ¿qué sentido tenía? Pero no podía evitarlo, no podía controlarse.

A veces…creo que me…gustassu tono era bajísimo, sus palabras cortadas pero las escuchó perfectamente.

Al principio no reacciono, luego sus ojos se abrieron de la sorpresa y finalmente se sonrojo. Al igual que ella, no podía controlarse.

A veces creo que a mi…igual…Serás mía hoy tambiénsusurro quedó.

Meiling no respondió, a cambio lo beso, profundo, suave y lento pero en el fondo, deseaba decirle que si, deseaba sentirse parte de él.

Fin del flash black

–No es mi culpa que seas un estúpido ingenuo que se crea todo lo que le dicen–atacó venenosa, desesperada por escapar–¿Qué esperabas? ¿Qué sería tu novia? Por favor, no te tenía por tonto.

Kerberos la observo sin expresión. No le creía nada. Recorrió su figura con la mirada, recordando sus palabras de esta mañana. La muy maldita tenía razón, de solo verla ya quería arrancarle la ropa a tirones.

–Tenías razón–dijo con voz grave–solo tengo ganas de arrancarte la ropa– Meiling pego un respigón ante sus palabras. ¿Qué carajos? ¿Estaba seduciéndola?

Si, ese sonrojo solo le decía una cosa, le confirmaba sus sospechas. Meiling lo quería. No, más que eso, ella lo deseaba. Lo deseaba tanto como el la deseaba a ella.

–Me quieres–le soltó de pronto. Su boca se acerco a la suya y la beso lento y duro, profundo y ávido– Me quieres–volvió a repetir.

La pelinegra gimeteo entre beso y beso. Si, lo quería, maldita sea que lo quería pero sabía lo que significaba quererlo, sabía lo que significaba dejar de lado y no, no estaba dispuesta, no arriesgaría su anhelada libertad.

Podía sacarselo de encima con una simple patada, pero sus manos recorriéndola la consumían, quemaba donde su toque pasaba, su piel se volvía sensible y perceptible, el placer se la devoraba.

El placer que sentía de él, sus manos rápidas le recorrían el cuerpo, entregada envolvió sus brazos en su cuello, dejándose hacer.

Sus dedos rozaron rápidos y expertos la piel de su intimidad, corrieron su ropa interior hacia un lado y la exploro de adentro hacia fuera, saliendo y entrando en ella. Se froto contra ella, levantó una de sus piernas hacia su cadera y de un solo empujón se hizo con su interior una vez más. Meiling gimio echando su cabeza hacia atrás, recibiendo a Kerberos retorcida de placer.

–Si. Justo así–dejo escapar entre gemidos. Su cabeza le decía que debía pararlo, que no era ni el lugar ni el momento, pero su cuerpo no quería obedecerla, sucumbia a sus caricias a su sexo haciéndola suya.

Las manos de Kerberos vagaron por su cuerpo hasta llegar a la solapa de su cuello, abriéndolo de par en par y su boca marcándo su piel, sus manos estrujaron sus gluteós contra sus embestidas posesivas y finalmente entedió su juego.

La estaba marcando. Le succionaba la piel de su cuello y clavícula para dejarle marcas visibles y sugerentes en la piel. Para colmo las embestidas exquisitas que deba a su cuerpo no la dejaban pensar con claridad, no la dejaban alejarlo. Se entregaba inevitable a su placer.

–Para–dijo ente gemidos placenteros. Kerberos sonrió soberbio contra su piel.

–Si quieres que pare de marcarte, lo voy a parar todo–amenzó disminuyendo la rapidez de su embestidas–¿Quieres que pare? ¿No quieres que te marque?

Para ese momento, Meiling se sentía entre la espalda y la pared, entre recuperar el exquisito sexo que le hacía o evitar que la marcará para no acercarse a Xiao Lang. La pelinegra lo miro a los ojos, sus pupilas ardían de pasión listo para devorarla, su cuerpo reaccionaba a él de una manera innata.

Quería seguir. No quería parar, no quería que parará. Quería ser tocada por Kerberos. ¿A quien le importaba si no se podía acostar con Xiao Lang? A ella no, le valía madres.

–Más–pidió exigiendo sus labios, en un beso arrebator.

Kerberos tuvo su respuesta. Meiling lo quería, tanto como el la quería a ella.

No le importa que tipo de monstruos la perseguían o quien la obligaba a hacer tales cosas, lo detendría. Recurriría al poder de su familia, asumuría como líder del grupo Keeper, tomaría el control de su vida, lo que fuera, pero haría de Meiling su mujer.

A cualquier costo.

***0***

Camino con pasos tambaleantes por el pasillo buscando aire fresco en el patio trasero. ¿Por qué a Eriol se le ocurría correr la entrada justo hoy? No recordaba que hubiera hecho alguna remodelación. No podía encontrar la salida. Suspiro cerrando los ojos agotada, quería enfocarse pero la cabeza no dejaba de darle vueltas y no encontraba a Kero por ninguna parte.

Estaba empezando asustarse.

Su cuerpo se sentía extraño. Como le gustaría estar con Syaoran ahora mismo. Sus ojos se cristalizaron por inercia y se mordió el labio.

¿Por qué había demorado tanto en admitirlo? ¿Después de toda su indecisión, de toda su mentira, este era su castigo?

Era una mentirosa. Nadie podía negarlo.

Se había obligado a vivir en una mentira, lo había obligado a vivir en una mentira, todo para protegerse, para mantener a su hermano encerrado para siempre a su lado sin arriesgar nada, sin luchar. Nunca estuvo dispuesta a sacrificarse a diferencia de él que siempre era más amable, más valiente, más honesto y por eso lo amaba…lo amaba tanto aunque justo ahora resultará doloroso.

–Sakura.

Oh no. No por favor, tu no, pensó la castaña.

Se enderezo e inspiro, tratando de parecer sobria sin el valor suficiente para enfrentar su mirada, se abstuvo de darse la vuelta. Sentía su ojos perforarle la nuca desnuda y los vellos de su cuerpo se erizaron en reacción

–Te llevaré a casa–sentenció autoritario.

A veces era humillante lo poco que podía ocultarle a Syaoran, sin la necesidad de verla a la cara debía saber que estaba pasada de tragos y en su voz notaba la molestía.

¿Es que no podía parar de darle problemas a su hermano?

Escuchó sus pasos acercarse y su respiración se agitó. No, aún no estaba preparada. Áun no podía estar cerca de él, felicitarlo y desearle felicidad al lado de Meiling, aún no estaba preparada para enfrentar la realidad. Se encogió sobre ella misma y levantó el ante brazo evitando su contacto.

Syaoran no llego ni a rozarla. Se detuvo al tiempo que el cuerpo de Sakura se encogió de miedo sobre si misma. Su mano se cerro en el aire y la bajo despacio.

–Déjame llevarte a casa, por favor. – pidió esta vez más suave y le ofreció su mano, para ayudarla.

Sakura abrió un ojo temerosa. Estaba parado frente a ella, le sonreía pero la alegría no llegaba a los ojos y podía notar las comisuras de su boca algo cansadas. Se estaba forzando en sonreír.

–¿Por qué…por qué lo hiciste? – susurro bajando los brazos.

–Es lo mejor– respondió seguro de su decisión.

–¿Ella…te gusta? –preguntó bajo, temerosa de la respuesta. Sentía que el corazón se le saldría en cualquier momento.

Syaoran acorto la distancia que los separaban y suave choco su frente contra la suya. Sakura lo miró a los ojos inmediatamente, consciente de lo que ese gesto significaba para ambos. Decir la verdad.

–Si, me gusta.

El eco de su respuesta se produjo infinitas veces en un lugar muy oscuro de su consciencia. Se acumularon sus lágrimas y finalmente rompió a llorar. El encantador rosado que cubría sus mejillas se había ido, palideciendo su tez y sus labios temblaban.

–No quiero ir a casa…dijo entre lágrimas–…no quiero estar contigo.

–Sakura…quiso explicarseSé que he te confundido este último tiempo, mis palabras y mis acciones no han sido…no han estado bien, he sido egoísta y te orillado a una situación asquerosa…

–No…Syaoran…Sakura quiso detenerlo antes de que sus palabras propias lo lastimarán. Se miraba tan culpable, ¿es así como se había sentido todo este tiempo al pensar que no era correspondido? ¿Cuánto dolor estuvo soportando en silencio? Pero él no tenía intención de escucharla, la interrumpiéndola otra vez.

–Lo sé Sakura. De todas las personas, siempre vas a elegirme pero soy tu hermano mayor y mi deber es protegerte, incluso de ti misma. Sé que me amas pero también sé que ese amor es fraternal. Te he lastimado y te obligado a hacer cosas que no querías solo porque me he…me confundí…Te obligue a entender y aceptar mis sentimientos, te impuse mi voluntad y confusión sabiendo que me pondrías primero, me protegerías y te dejarías hacer porque tu…eres buena y amable. Soy de lo peor, en el fondo lo sabes ¿no cierto? Sabes que en realidad no he cambiado, sigo siendo el mismo niño indiferente y frío al que pretendías salvar…la única diferencia entre mi yo del pasado y el actual, eres tu…Nunca voy a perdonarme haber intentado ensuciarte de esa manera y tampoco voy a exigirte que me perdones…

Syaoran se inclino en una reverencia profunda y recta, en ella transmitía su arrepentimiento y pesar. No podía perdonarse por lo que había hecho, había tratado de corromper la pureza de su hermana imponiéndole sus sentimientos. Había lastimado a Sakura

–No lo harésusurró Sakura con la cabeza gacha. Syaoran no se levanto de su posición ¿Es lo único que aceptarás verdad? Es lo que quieres escuchar, que eres un monstruo y que no mereces…–la voz se le fue apagando gradualmente. Debía dejar de llorar– No eres un monstruo para mi. No importa que tan frío o distante seas, que tanto miedo causes, ¡¿no hay forma que puedes aceptar que te amo sin importar qué?!

¿Por qué ella siempre decía lo que quería escuchar? Nunca tuvo la intención de estar en compañía. Desde que era un niño, la soledad y el silencio eran lo más cómodo para él, se sentía irritado todo el tiempo y no le interesaba su alrededor mientras pudiera vivir sin pertubaciones o esas eran las intenciones infantiles que alguna vez tuvo pero, después de Sakura el anhelo de estar solo se había convertido en el deseo de estar a su lado. Un deseo profundo lo jalaba hacia ella. En un principio, no pretendía involucrarse con ella, no pretendía enamorarse y aún así, la deseo más que cualquier cosa.

Durante mucho tiempo una parte de él temió ensuciar a Sakura con su oscuridad, podía haber sido esa misma parte la que mantuvo silenciado sus verdaderos sentimientos durante tantos años. Por que no existía nada peor que la sonrisa de Sakura fuera profanada, una sonrisa brillante, capaz de traerlo al mundo exterior. No tenía miedo de amar a Sakura, a pesar de saber que era inmoral y asqueroso, no le importaba. Lo que realmente le asustaba, era ella. Tenía miedo de que ella lo amará porque así existía la posibilidad, la verdadera posibilidad de lastimarla.

La espada que atravesada su vientre, la sangre que caía por sus labios, la vida que se escapaba de sus ojos y su sonrisa perdida para siempre en su cuerpo frío. Ese recuero ajeno y lejano no lo abandona y la sensación de miedo e ira escocia por su cuerpo. No, Sakura jamás terminaría como la Sakura de sus sueños.

Debía protegerla. Su vida era más importante que cualquier cosa, entraría en razón con el tiempo y se daría cuenta que se estaba engañando a si misma, que se había obligado a ''aceptar'' sus sentimientos.

–Somos hermanos– dijo serio.

–No me importa–respondió con la misma seriedad. Aguardo en silencio esperando por su respuesta, ansiosa pero decidida a ser sincera.

–Estoy decepcionado de ti–Sakura palidecio. Syaoran no la miro, agarro una de sus muñecas dándole la espalda–Es tarde, vamos a casa.

Pero no se movió. Syaoran jaló suavemente su muñeca una vez más pero obtuvo el mismo resultado.

–No…no quiero. Suéltamente–pidió bajo, sin fuerzas.

–Basta, iremos a casa– No dejaría a Sakura sola a medio alcoholizar con todos esos chicos peligrosos que podían pasarse de listos–Sakura, nos iremos ahora.

–¡No! ¡No quiero irme a casa contigo! – Dijo llorando. ¿Por qué no podía controlarse? Ahí iba de nuevo actuando como una niña, cuando se trataba de Syaoran sus emociones se desbordaban sin control.

–Suficiente. Estas borracha, nos iremos–la jaló hacia su cuerpo para tomarla en brazos. Sakura forcejeó tratando de alejarlo con sus manos. –¡Deja de forcejar Sakura, te vas a lastimar!

–¡No hasta que me sueltes!

–¡Sakura!

–¡Syaoran!

–¡Basta Li!

La voz del tercero hizo que ambos miraran hacia su dirección deteniendo su discusión. Sakura aprovechó la distracción para rescatar su muñeca de las manos del castaño y alejarse. Syaoran volvió a estirar su mano para alcanzarla pero Yukito se interpuso entre ambos.

–Sakura pidió que la dejarás Li– dijo Yukito amable pero serio.

–No estoy hablando contigo, Tsukishiro. Sal del medio, me llevaré a mi hermana a casa.

–¡No quiero, solo déjame! –rebatió escondida detrás de Yukito.

–¡Estas borracha! ¡No te dejaré sola en un lugar lleno de hombres que pueden proparse contigo!

–¡No estoy sola, me quedaré con Yukito! ¿Verdad Yukito? – Sakura le suplico con la mirada. Yukito le sonrió comprensivo y luego se dirigió a Syaoran.

–No te preocupes, prometo cuidar de Sakura. Esta muy alterada, deja que se tranquilice así pueden hablar con más calma, ¿Esta bien? No la dejaré sola, una vez que se calme la llevaré con Tomoyo y Kerberos, lo prometo, puedes confiar en mi.

Syaoran lo miro con desconfianza y luego a Sakura, su rostro estaba echo un desastre, tenía las mejillas rojas, el rimel corrido en las ojeras y sus ojos brillates por las lágrimas. Últimamente solo la hacia llorar, de alguna u otra forma, terminaba así. Se dio la vuelta y comenzo a caminar hacia el lado contrario.

–Si le pones una mano encima a mi hermana, te mataré– Le dio una última mirada sobre los hombros y los dejo solos.

Cuando lo hubo perdido de vista, Yukito se dirigió a Sakura, amablemente le ofreció una de sus manos, ella la acepto en sumiso silencio y con cuidado la guío hacia el patio trasero de la casa para que pudiera tomar aire. Le ofreció una elegente silla de madera pulida, una vez sentada y más calmada, se agacho frente a ella para quedar más a o menos a su altura.

–¿Cómo te sientes? –preguntó dulce

–Mejor–dijo bajo– gracias Yukito.

–¿Me quieres contar que sucedió?

Sakura no respondió pero su barbilla tembló en reprimidos pucheros.

Durante un tiempo no hubo más que silencio, solamente se podía escuchar el sonido amortiguado de la música y los ruidos de la noche.

Yukito elevo su mirada al cielo. Estrellas. Era una noche despejada y estrellada, el cielo se pintaba en una mezcla de azules oscuros y negros, cincelado con pequeñas y desorganizadas luces que tintineaban efervesentes y modestas.

Parecían solitarlas y al mismo tiempo, acompañadas.

–Tu eres como una estrella– dijo de pronto Yukito. Sakura lo miró sin comprender– brillas a pesar de la oscuridad. Eres hermosa, pequeña y brillante como una estrella.

–Yukito…

–Por eso no deberías preocuparte, no vas a perderlo porque Li no dejará de perseguirte. Él siempre vendrá por ti.

–…pero no de la manera en la que quiero–confesó suave, bajando la mirada avergonzada.

Yukito no respondió, en vez de eso envolvió las mejillas de Sakura con sus manos. Entendía lo estaba pasando, tal vez mucho mejor que ellos mismos.

Las personas enamoradas suelen ser las más ciegas, cuando un sentimiento es muy profundo no solo experimentas amor, también se experimentan emociones negativas que se contraponen a la seguridad, bienestar y calidez. El miedo, las inseguridades salen a flote y muchas veces, esas diferencias se vuelven irreconciliables con nosotros mismos, no confudimos y precipitamos y entonces, nos equivocamos. Así era como se encontraba Sakura. Una chica de diesciseis años lideando con una carga por la que sería perseguida por la sociedad, apuntada y menospreciada y sus propias inseguridades no la dejaban ver con objetividad la verdad.

Entonces, ¿Por qué le parecía tan brillante, tan cálida? Quería estar cerca de ella, desde el primer momento en que chocaron de casualidad, se sintió profundamente conmocionado con su existencia.

Nunca imaginó que ella sería tan cálida. Era solo una niña de diesiceis años pero de alguna forma fue atrapado por su ternura.

–¿Yo no te sirvo?

–¿Disculpa? Qué me quie…

–¿Podrías darme una oportunidad? Tal vez no estoy a la altura de tus expectativas pero haré lo posible por hacerte feliz si me lo permites.

***0***

Tres semanas habían transcurrido.

Nadeshiko sentía que su mundo se caía a pedazos. Hasta hace tan solo unas horas había tenido noticias de su esposo después de semanas sin saber de él. Había tenido que recurrir a mentiras piadosas cada vez que sus hijos preguntaban por su padre y ahora las primeras noticias que había tenido no fueron precisamente buenas.

Los habían encontrado.

La posibilidad era bastante alta. De solo recordar las palabras de Hien los vellos de su cuerpo se erizaban, asustados, nerviosos.

Han desplejado agentes especiales para acercarse a nosotros. Los Li seguirán avanzando desde las sombras, no les conviene dar un espectáculo y que toda su mentira del accidente sea descubierto. Aún tenemos tiempo. He encontrado un lugar seguro para ustedes pero no puedo decirtelo, debo mostrarlo, nadie más que nosotros debe conocer la ubicación exacta.

Iré por ti y cuando tengamos todo listo, iremos por los niños.

La comunicación había sido corta desde un número desconocido y desechable. No tenía la menor idea donde se encontraba su marido. Estaba asustada pero no dejaría que eso le impidiera hacer lo necesario para salvar a sus niños. Tenía que preparar todo desde aquí, en cualquier cosa que pudiera ayudar.

Ese era uno de sus mayores problemas y preocupaciones y la otra, era precisamente relacionada con sus hijos.

Xiao Lang y Sakura actuaban extraños desde hace semanas. De un día a otro una muralla se levantó entre los dos, el trato seguía siendo educado y cordial pero carecía de la confianza y cálidez natural que despedía su relación.

Sakura de alguna manera se encontraba ausente. Ya no sonreía como antes y se mostraba más distraía de lo usual y a veces cuando su hija no la creía pendiente podía ver reflejada en sus ojos una tristeza y arrepentimiento profundo, se culpaba pero no entendía de qué. Cuando trataba de acercarse a ella, Sakura la miraba avergonzada y escapaba.

Por otro lado, Xiao Lang había cambiado. En su rostro cargaba una mirada sombría, como si en su interior hubiera florecido una profunda oscuridad. Sus ojos la veían pero no la enfocaban en realidad, la indiferencia se pronunciaba en cada movimiento y a su rostro serio había regrasado ese aire vacío que lo acompañaba cuando solo era un crío.

Esa mirada helada, la misma mirada helada de su antepasado.

Pero podía notar como su mirada se suavizada cada vez que se encontraba con la de Sakura o al observarla de lejos, notaba la calidez que siempre había sentido por ella. La tranquilizaba saber que aún estaba ahí, el sentimiento que lo conectaba al mundo.

No sabía hasta donde había llegado la relación de ambos, tenía sus sospechas, al igual que Hien pero no quería decir ni preguntar nada por miedo a arruinarlo, aún existía la posibilidad que no pasará, aún existía la posibilidad de que se siguieran viendo como hermanos.

Siempre supo que la atracción que sentirían sería inevitable pero esperaba que aquella pudiera haberse transformado en otro tipo de amor, al convivir juntos y reconocerse como familia…pensaron que tal vez…nada estaba asegurado, lo sabía pero no quería sacar conclusiones, por ahora solo eran sus hijos, a quienes debía proteger.

Debía seguir adelante, sin importar todos los miedos y dudas que tenía.

Debía ser fuerte por sus hijos, una vez más. No entregaría a sus niños.

Inspiro profundo, buscando calmarse, arreglo su largo cabello y llamo a sus hijos.

–¡Sakura! ¡Xiao Lang! ¡Bajen, por favor!

Pasados unos segundos escucho las puertas del segundo piso abrirse, luego pisadas bajando por la escalera y vio a sus hijos entrando al living, se sentaron en extremos opuestos y a penas se dirigieron una mirada. Sakura se veía dolida, Xiao Lang fingía indiferencia mirado hacia el lado contrario pero su ceño se fruncía preocupado.

Por todos los cielos, ¿Qué les estaba pasando a sus hijos?

Se hizo la desentendida y trato de mantener la calma. Sonrío suavemente y en su aparente serenidad, pensó en las palabras correctas.

–Saben que papá esta en un viaje muy importante de negocios, han surgido unas complicaciones y necesita que lo ayude con algunas cosas–hizo una pausa y volvio a sonreírle a sus hijos–Tendré que ausentarme unas semanas, lo siento– Nadeshiko no quería dejarlos pero sabía la importancia de su entrada a escena y quería hacerlo lo más rápido posible.

Sakura la miro preocupada, se notaba angustiada. Su hija siempre había sido una chica muy sensible, pero últimamente cualquier cosa le afectaba de sobre manera, se veía tan frágil.

–Mamá– la voz le tembló acompañada de una mala sensación en el pecho–¿Papá esta bien, verdad?

–Si, cariño–respondio tratando de sonar convencida. Por un momento sus ojos se deslizaron hacia su hijo y supo que no podía engañar a Xiao Lang. Tenía el rostro apoyado en una mano y la miraba insistentemente en acusador silencio, la analizaba y la descubría en sus últimamente acostumbradas mentiras.

–¿Entonces por qué tienes que irte? ¿Por qué papá no puede volver? ¿Por qué estan todos yéndose? – Explotó Sakura conmocionada por todo el estrés acumulado en semanas.

Desde hace tres semanas su vida se había vuelto un desastre. Ver a Syaoran junto a Meiling no había sido fácil, la mayoría de los días no tenía los suficientes ánimos para levantarse y aúnque se obligaba a estar alegre no podía mentirse, sus pensamientos no la dejaban respirar.

Su madre estaba ansiosa, nerviosa y preocupada, trataba de maquillar todo eso tras una sonrisa pero la veía desgastada, apagada y su papá había desaparecido de un momento a otro.

Papá ahora solo hablaba con mamá.

No entendía en que momento la felicidad de su día a día se había convertido en…en esto. Si no hubiera sido por Yukito no se imaginaba sobreponiéndose a esa constante sensación de malestar. Yukito se le había confesado, le había dicho que sentía algo especial por ella y quería hacerla feliz. No pudo aceptarlo pero le propuso empezar como amigos, conocerse y después, tal vez más adelante…no, esa había sido otra mentira, tenía tan claro que no quería estar con nadie más que no fuera…él pero Yukito era como un bálsamo, tan amable y comprensivo, se sentía protegida y consolada.

Pero, cada vez que veía a Syaoran el corazón se le disparaba y no era capaz de acercarse a él. Lo evitaba, ni se atrevía a mirarlo.

Al fin y al cabo, había sido rechazada, y con justa razón.

¿Quién en su sano juicio se enamoraba de su hermano?

Nadeshiko suspiro, y tomo las manos de su hija entre las suyas. Quería transmitirle seguridad.

–Cariño, sé que son momentos difíciles pero sé que eres una niña fuerte, si sonriés para nosotros, nos estarás ayudando, así que por favor, no te preocupes.

Sakura se culpo. ¿Por qué todo el mundo la protegía como si fuera una niña pequeña? ¿Por qué no podían confiar en ella las cosas importantes? ¿Por qué seguía siendo tan débil? Pero, tenía medo.

Se sentía sola.

–¡Mamá, déjame ir contigo, quiero ver a papá!

Sakura la miro suplicante y a Nadeshiko le temblo el labio inferior de tristeza. Ella tenía la culpa de que Sakura fuera tan frágil, nunca le había dado un buen ejemplo de mujer fuerte y calmada. Su hija era amable, dulce y honesta pero era frágil a la soledad y al miedo, todo el mundo se había encargado de protegerla, al igual que habían hecho con ella. Ambas fueron tratadas de cristal y esta era la consecuencia, una hija frágil como su madre.

Nadeshiko tuvo en ese momento, que guardaría a fuego en su memoria, la respuesta a una de sus tantas preguntas.

Xiao Lang que se había mantenido reacio a cualquier interracción, acaricio la mejilla de Sakura, llamando su atención, sorprendiéndola al mismo tiempo.

–Yo estaré contigo. Madre esta tan preocupada como todos, pero si ella va, podrá traer a padre más rápido. Confía en mi, todo va estar bien, ayudémos a mamá.

Sakura lo miro por primera vez a los ojos y se sonrojo sobrecogida, asintió casi imperceptiblemente a sus palabras, perdida en su rostro. Xiao Lang le sonrió sutilmente, pero su sonrisa era segura y sus ojos amables, ojos que enfocaban solo a Sakura.

Su hija reaccióno pronto, tomando consciencia de sus gestos, alejo su rostro de las manos de Xiao Lang y se sonrojo por completo, avergonzada. Su hijo sonrió pero su esbozo era triste, desvió su mirada de ella con un gesto que no supo descrifrar pero se le antojaba doloroso y su rostro volvió a reflejar indiferencia.

Nadeshiko lo supo, como algo que existía inevitable en el mundo.

Él la amaba.

Y ella lo amaba a él.

No pudieron evitarlo. Incluso creando el escenario perfecto.

Existía algo más fuerte que la razón o lógica, las reglas o la moral. Por grande que fuera el amor por sus hijos, sabía que había hecho algo con lo que cargaría el resto de su vida, había sacrificado vidas por darles una vida diferente, una vida liberada de las condenas del pasado, pero ni una nueva vida ni una nueva identidad, los liberaria de la eterna esclavitud de sus sentimientos.

Pero no encontraba en ellos la determinación del pasado, ni la confianza ciega que contaban sus historias.

¿Qué hubiera pasado si el heredero de los Li confiará en la maestra de las cartas? Hubiera evitado morir en las manos del mismo y el no la mataria.

Pero lo veía, un sentimiento que había traspasado las barreras de la magia y el tiempo y ella había tenido la fornuta de presenciarlo.

Los escritos decían que el antiguo líder de los Li amaba a la maestra de las cartas. Su amor era tan profundo que lo llevo a casi exterminar a su clan, con tal de mantenerla a su lado.

La historia decía que hubiera hecho cualquier cosa por ella.

Se esperó quinientos años por la reencarnación de la maestra de las cartas. La madre prometida y ella, le dio a luz.

La maestra de las cartas era su hija y la reencarnación del líder más temible de los Li, el lengendario fuego azul de hielo, era su hijo político y su hijo, al fin y al cabo.

Tenía miedo de lo que les esperaba.

Los dos eran tan fuertes pero tan ignorantes de la misma, ninguno tenía idea lo que su poder podía hacer, de lo que podían provocar. Si lograba mantenerlos juntos, podría evitar el final que les deparada, la muerte.

–Me iré hoy en la noche. De la casa al instituto y del instituto a la casa, no aceptaré ni una sola queja.

–¡Pero mamá! –reclamó Sakura, quería evitar en lo posible a Syaoran.

–Estarás a cargo de tu hermano, es mi última palabra.

Como nunca, Nadeshiko se levantó estricta, dejando sobre la mesa su ultima palabra. Su elegante figura esbelta se movio por el pasillo con su habitual gracia y se perdio en los pasos hacio el segundo piso.

–Sé que te incomoda estar a solas conmigo pero no haré nada para molestarte, confía en mi cuando lo necesites, te protegeré por padre y madre.

–¿Te quedarás conmigo? –no pudo controlar su voz ni las preguntas que se acumulan en su interior–¿No verás a Meiling?

–No puedo hacer eso, Sakura.

Sakura suspiro sin quitarle la vista de encima. Se sentía tran atraída, ¿Cómo había podido ignorarlo todo este timpo? De solo verlo, su actitud desinteresada, aislada, su semblante serio, sabio, su ojos de miel perdidos en una realidad que no lograba entender, la atraían como icaro volando cerca del sol, sabiendo que se quemaría y lo peor, quería quemarse.

–Últimamente no puedes hacer nada, no me molestes.

–Sakura, no pretendo…

–¡Basta! ¡Deja de ser tan amable conmigo! ¡No quiero tu amabilidad! ¿tienes que ser siempre tan perfecto? No quiero verte, ¡vete!

Syaoran camino hacia las escaleras. Era su castigo, el desprecio de su hermana, el odio y el asco después de todo lo que le había hecho, de lo que le había tocado, era su castigo pero su muñeca fue atrapada por las manos de Sakura.

–¿Eso es todo? ¿tan poco te importa que no quiera estar contigo? –sintió como sus dedos apretaban su muñeca, quería una respuesta– ¿Por qué ya no me quieres?

–¿De verdad crees que no te quiero? –Se detuvo sosteniéndole la mirada. Sus impulsos muchas veces lo traicionaban, por eso prefería mantenerse lejos de Sakura pero ella estaba tan cerca que su cuerpo rebelde la arrinconaba, ignorándolo. Sentirla cerca hoy en día era un lujo– ¿Cómo puedes creer que no te quiero? –susurro sobre su oído.

Sakura lo alejo de un empujón y lo vio recelosa. ¿y ahora que pretendía? ¿Qué acaso no era consciente que su sola presencia le ponía los pelos de punta?

–No te entiendo– respondio Sakura compungida. ¿Lo estaba haciendo apropósito? –deja de acercarte así.

–No quiero…

–Mañana me devolveré con Yukito, así que no me esperes–interrumpió y se dio la vuelta para evitar su mirada.

–Bien. Mañana vendrá Meiling a la casa–paso a su lado sin mirarla, sus manos se tensaban y destensaban en puños, aguantando los celos.

–¡Bien! –grito Sakura pasando a su lado corriendo escaleras arriba– ¡te odio!

Syaoran se llevo la mano al rostro. Joder, le dolía la cabeza. Juraba que lo entendía para nada.

No importaba, mientras Sakura estuviera a salvo, no le importaba que lo odiará.

Que lo odiará.

Que lo vierá como realmente era, un monstruo enamorado de su hermana.

***0***

¡Hola mis queridos lectores! ha pasado un tiempo desde la última vez que publique, me disculpo por la demora de este cap. He estado ocupada y algo bajoneada así que me ha costado mucho escribir este capítulo, a pesar de tener lista la parte de la historia escondida de Syaoran y Sakura, faltan algunos capitulos intermediarios que son más o menos estos, y me ha estado costando escribirlos…Creo que no estoy logrando lo que quiero como escritora y eso me frusta un poco.

Sin embargo, siempre agradezco sus comentarios pues son siempre una fuente de motivación y energía, así que como siempre les agradezco sus palabras y opiniones. Esperó con ansías sus comentarios de este cap porque primera vez no estoy tan segura de lo que estoy subiendo, no muy convencida de las escenas y desarrollo de los personajes, así que toda crítica es bienvenida.

Gracias, mil cariños a todos.