CAPITULO X: REALMENTE AMOR
.
.
.
''Aprendemos a amar no cuando encontramos a la persona perfecta, sino cuando llegamos a ver de manera perfecta a una persona imperfecta''
S.K.-
.
.
.
Se acomodó en el asiento de primera clase del avión e inmediatamente su vista se perdió en la ventana. Recorría la extensión del aeropuerto de Tokyo que alcanzaba a ver desde su posición. Excelente, la ventana sería su consejera y amiga esta noche, público privilegiado de sus terribles secretos.
Nadeshiko estaba exhausta.
Los pensamientos no dejaban de surgir con apremiante exigencia. A su mente acudían, inquietos, los recuerdos, específicamente los del nacimiento de Sakura.
La primera vez que sostuvo a su pequeña en brazos, tuvo la sensación que una parte de su espíruto la abandonaba para unirse a la esencia de su hija.
No, eso era incorrecto, no le había quitado nada que no le perteneciera. El don o mejor dicho, parte de su magia. Una parte de Sakura había sido depósitada en ella. La había elegido como madre, antes de tener una existencia en el mundo terrenal, depósito parte de su esencia en ella, escogiéndola desde el primer momento que Nadeshiko fue dada a luz para posteriormente traerla al mundo, nuevamente.
La maestra de las cartas quería nacer.
Al principio, no entendía porque después de quinientos años de silencio, de pronto quería volver al mundo.
Sin embargo, cuando conoció al pequeño Xiao Lang de meses de vida lo comprendió. Su cuerpo completo palpito, errático. Lo reconoció entonces, mucho antes que el grupo Li confirmará sus sospechas.
El rey de la noche había vuelto y eso solo significaba una cosa, el sello se debilitaba.
Si parte de la esencia de la maestra había escapado, solo podía significar que la magia del antiguo líder se debilitaba sobre the nothing y entre más magia se filtrára, más fácil le sería escapar. Pero, la maestra solo escaparía por una razón.
Ella solo volvería por amor.
Algo estaba perturbando el mundo de cristal donde los encerró the nothing.
Después de quinientos años existía la posibilidad de que la magia volviera a la vida, impulsada por la reencarnación de uno de los magos más poderosos de la historia. La maestra de las cartas y el rey de la noche.
Lo sabía, siempre lo supo. Había aceptado su misión con humildad y valentía. Nunca se lo dijo a nadie pero creció obediente a las costumbres y reglas del clan Amamiya solo porque sabía muy dentro que en su vientre engendraría a la reencarnación de la maestra.
Única portadora de las estrellas.
Siempre fue agradecida y alegre, pero gracias que parte de la esencia de Sakura era contenida en su cuerpo, lograba visualizar el mundo a través de los antiguos ojos de la maestra, a sus emociones y comprendió con dolorosa felicidad lo amable y gentil que era.
Entendía de alguna manera la decisión que tomaron las estrellas al confiarle su poder. No creía que pudiera existir otra persona igual.
La vida de Nadeshiko fue bendecida y endulzada, desde la amabilidad de su entorno hasta la belleza que podía percibir gracias a la esencia mágica que descansaba en su interior.
Hasta que conoció a Hien y el deber enraízado con el que creció silenciosamente tambaleó.
Sospechaba que la maestra de las cartas no podía nacer en el seno del grupo Li. Despedazarían a su hija antes de que pudiera nacer. Enamorarse de Hien había sido, entre otras cosas, una de los sucesos más difíciles que le pasaron en la vida, también uno de los más hermosos pero, el principio estuvo lleno de agujeros negros y lágrimas incansables.
Trato de resistirse lo que más pudo a sus sentimientos, pero terminó flaqueando tan pronto como Hien se le confesó. Sus sentimientos fueron más fuertes y entonces, contemplaron el panorama que les deparaba.
Contempló la realidad con dolorosa lúcidez.
Nadeshiko quedó embarazada de Hien Li, cabeza del grupo Li, esposo de Leran Li y padre de dos niñas pequeñas.
Nadeshiko no tuvo el valor, en ese momento, de destruir una familia. Al quedar embarazada, lo comprendió. ¿Cómo se sentiría su hija si de un momento a otro su familia era arrebatada por un extraño? Que egoísta había sido. Pensando solamente en sus sentimientos sin tener en consideración a nadie más.
Nadeshiko cortó todo lazo con Hien. Enfrentó a su clan asumiendo su embarazo y se negó a relevar la identidad del padre. Quería proteger a Hien y su familia. El escándolo que se armó fue grotesto, pero el clan supo mantener las apareciencias. Al fin y al cabo Nadeshiko era la portadora del don, la primera mujer fuera del clan Li en heredarlo. La casaron rápidamente con un miembro de las casas menores, Fujitaka Kinomoto.
Finalmente Nadeshiko dio a luz a Touya Kinomoto. La niña que siempre había esperado, la reencanarción de la maestra de las cartas, no nació. En su lugar nació un niño de ojos marrón.
Confirmó su teoría, la maestra no nacería en el seno del grupo Li.
Cuando Hien se enteró del nacimiento del niño solo necesito hacer unos cálculos y lo supo, era su hijo. Trató por todos los medios de acercárse a Nadeshiko, de hablar con ella y de hacerla entrar en razón. La amaba, no importaba nada más, quería reconocer a su hijo, a su primer varón. Pero ella fue rotunda, se negó a verlo sin discusión.
Pasaron cuatro años de silencio.
Finalmente, Nadeshiko se atrevió a salir en sociedad y se encontró nuevamente con Hien. El pasar de los años solo le confirmaron lo que su corazón ya sabía, solo lo amaría a él. Ni los años, ni la distancia, ni la ausencia habían menguado el amor que sentía y en sus brazos cargaba un pequeño bebé.
Sus ojos eran miel fundida, igual a los de su padre.
Lo reconoció inmeditamente en su interior. La maestra deseaba nacer por él, quería volver al mundo por Li.
No entendía como funcionada el sello, ni donde se encontraba, ni que tipo de magia se uso para crearlo. Solo sabía que fue hecho para proteger a la maestra, que el ancestro de Hien maldijo al clan Li jurando venganza y encerró el alma de la maestra con el poder the nothing.
Pero nunca se supo que pasó exactamente con él, ni los amamiya, ni los clanes menores, y por lo que sabía ni el mismo grupo Li lo tenía claro. El cuerpo de la maestra fue encontrado, el suyo jamás. Desapareció junto al alma de la mujer que amaba. Muchas veces escuchó que no existían registros del tipo de magia que había usado para crear el sello, ni siquiera se entendía bien que diablos había hecho el antiguo líder, solo se sabía que contenía la esencia misma del alma de Sakura.
Pero, era magia oscura y peligrosa, con el único objetivo de aislar a la maestra.
Muy parecido a lo que emanaba del bebé en los brazos de Hien, sus ojos despiertos y atentos, la extraña calma y el aire indiferente.
La maestra lo reconocía.
Nueve meses después, Nadeshiko dio a luz a Sakura Kinomoto y el infierno se desató en los clanes. Su nacimiento fue la primera ocasión en que Nadeshiko empuño un arma.
La piel se le erizó al recuerdo. No debía pensar negativo, no debía atraer la mala suerte, no en un momento tan imporante como este. Hien la necesitaba compuesta, atenta y despierta, no deprimida y asustada.
Así no podría proteger a sus hijos.
Fue extremadamente difícil despedirse de ellos pero se iba con la seguridad que Hien y Sonomi le habían garantizado. Les habían asignado en secreto un servicio de seguridad, los mantendrían vigilados las 24 hrs. del día, a la distancia suficiente para no ser detectados, en teoría, pues no creían que fueran capaces de engañar a Xiao Lang, las medidas de distancia eran para no asustar a Sakura.
Nadeshiko sabía que su hijo tendría las ideas claras en su cabeza, tal vez no el motivo pero si entendía el peligro. Sus ojos la acusaban reacios a lo que hacía pero en ningún momento le exigió una explicación, estaba siendo amable a su manera, no hostigarla con preguntas era su manera de ayudarla y se lo agradecía.
Confiaba en Xiao Lang, confiaba que la mantendría a salvo.
Por un momento estuvo tentada en contarles toda la verdad, quería decirles que no eran hermanos, que no eran Xiao Lang y Sakura Li sino Xiao Lang Li y Sakura Kinomoto. No existía ningún parentesco entre ellos y que alguna vez estuvieron prometidos el uno al otro como siempre debió haber sido.
Pero no era el momento. Confiaba en Hien y en su juicio, todavía no. Decirles la verdad significaba abrir un mundo desconocido que les destrozaría la cabeza. Confundidos, traicionados, conmocionados y en peligro, no ayudaría a disminuir el trauma.
Por eso, escoger el momento era sumamente delicado. No debían existir errores, tenían que evitar que el otro intentára sacrificarse y entre menos supieran por ahora, mejor. Lamentaba dejarlos sufrir, se sentía impotente pero peor sería si alguno de ellos llegaba a morir. No imaginaba lo que podía llegar a suceder.
Si Sakura moría…Dios, si Sakura moría, Xiao Lang mandaría el mundo al infierno.
Rezaba en silencio por un poco más de tiempo.
Y suplicaba por el bien de sus niños.
***0***
El mundo y sus manías o mejor, el mundo y sus vueltas. Sus dramáticas vueltas. En un momento se encontraba en A y en otro, en Z.
La carencia de emociones era natural para él, en alguna época determinada que no recordaba con exactitud descubrió que no había nacido con la capacidad de sentir. Su corazón era, literalmente, un conjunto frío y tenebroso de células y venas, nada, absolutamente nada latía en su interior. Ni siquiera le molesto la soledad con la que creció desde niño, la ausencia de su familia o la terrible disciplina a la que fue sometido. No, nada de eso nunca le molesto, lo angustió o lo perturbó. Siguió el curso de su destino y le dio a su vida el mismo valor que un objeto, no porque se sintiera uno sino porque así fue tratado desde que era un crío y lo acepto, al fin de cuentas, no podía sentirse molesto.
Creció pendiente de acomodar sus gestos a las necesidades de los demás y muy pronto descubrió que un rostro amable y gestos suaves y cálidos bajaban la guardia en las personas, borraba la incomodidad inicial y le entregaban confianza con mayor facilidad. Era conveniente. En un momento la amabilidad en sus gestos se fundió consigo mismo hasta que no fue capaz ni el mismo de dilucidar el límite entre la mentira y la verdad. Tampoco le dio demasiadas vueltas, pretender ser amable se volvió inherente en su persona, era tan pero tan bueno fingiendo serlo que ya no distinguía cuando lo hacía por simple costumbre o por fingida actuación. Así era su vida y le gustaba, era adicto a su máscara, le daba una identidad que no tenía y una personalidad de la que carecía, podía distinguirse de cierta manera, darle forma a la ausencia de un carácter propio.
Sin embargo, cuando choco por mera casualidad con ella sin saber quien era, algo en su interior hizo clic.
Sintió que la estuvo esperando durante un largo, largo tiempo. Por primera vez sus pies eran atados a la tierra con una fuerza más aterradora que la gravedad, anclado hacia ella para siempre.
Encontró su lugar inesperadamente.
No tenía palabras para describir lo que sintió en ese momento que reproducía en su cabeza una y otra vez, incluso antes de verla su simple calor llamo la atención de su piel. Luego, sus ojos brillantes, grandes e intensamente verdes hicieron latir su corazón apresuradamente y finalmente el conjunto total de su existencia reducida en su delgada y pequeña figura, lo reboso de una ternura que no se creía capaz de sentir y finalmente, cayo rendido ante su imagen.
Cayó rendido ante la delicada y hermosa existencia de Sakura Li.
Se obsesionó.
Estaba completamente obsesionado con ella. Le obsesionaba el color de sus ojos tan condensados de verde caramelo, casi turquesa que lo conmovían hasta lo indecible. Le obsesionaba su preciosa sonrisa y lo que era capaz de transmitir. Le obsesionaba el sonido de su voz y el olor a miel y flores que desprendía su cuerpo. Le obsesionaba cada una de sus curvas suaves pero definidas. Le obsesiona el sonido de su risa como campanas de vientos, el caminar suave pero firme, la forma en que se acercaba a los demás siempre amable, siempre dulce, siempre auténtica.
Le obsesionaba Sakura.
Pero al contrario de lo que se podía creer, la obsesión que sentía por ella, era mucho más compleja y profunda de lo que parecía. No pretendía, en ningún momento, ser correspondido. No, el se conformaba con admirarla desde cierta distancia, deleitarse con su sonrisa, su voz, sus movimientos, mientras pudiera ver su sonrisa se sentiría pagado, mientras sus ojos pudieran enfocarla y seguirla desde una prudente distancia, todo estaría bien.
Lamentablemente, ese deseo era una ilusión. Un engaño que pretendía montarse para no hacer lo que debía hacer.
Debía. Quería.
Estaba completamente obligado a robar a Sakura y sabía con absoluta certeza que a penas fuera arrancada del lugar donde debía estar, la sonrisa que quería proteger sería borrada para siempre. Sin embargo, nunca esperó que el motivo por el cual se debatía entre lo que quería y debía, se fuera marchitando antes de tiempo.
Pánico recorriendo su cuerpo. No sabía como recuperar la esencia de su obsesión.
La primera vez que vio a Li interactuar con Sakura tuvo una visión lúcida de un futuro brillante, si ellos se quedaban juntos, su deseo se materializaría.
Ella se movía y el cual sombra, se acomodaba inmediatamente a sus movimientos y a su distancia e inconscientemente ella iba de allá para acá atrapando los ojos de Li en un constante vaivén de movimientos inducidos a seguirla, a tener su atención y entendió que incluso, el ser más puro y hermoso que hubiera visto jamás, tenía deseos tan humanos y egoístas como todos.
Sakura amaba a Li y Li la amaba tan obsesivamente como él también la amaba.
Un amor unilateral, un amor no correspondido.
Estaba emocionado de sufrir por ella, de desearla en secreto y admirarla desde lejos. Pero cuando su sonrisa se fue viendo afectada por la misma persona que la provocaba, Yukito tuvo su primer impulso egoísta. Deseo encerrar a Sakura en una jaula de cristal, limpia y blindada donde nada ni nadie pudiera tocarla, donde la inmundicia del mundo no fuera capaz de mancharla, donde pudiera salvarla de la suciedad con la que Li la estaba dañando.
Su precioso cerezo muerto en el frío del invierno. Gracias al cielo, él era lo suficientemente poderoso para encerrar a Sakura en una jaula que preservára por su siempre su inmaculada esencia.
Por eso cuando vió a Li forcejando con su cerezo de cristal, no pudo refrenar el deseo de robársela. Si, quería quitarle a Sakura.
Quería a Sakura con desesperación, quería mantenerla conservada e inmaculada para siempre, deseaba protegerla, obsesivamente, pero protegerla.
Vio su oportunidad y la tomo sin dudarlo.
Flash Back
Sus ojos la buscaban erráticos, no podía encontrarla por ningún lado.
Tomoyo conversaba efusivamente molesta con Eriol, que pretendía mantener la calma pero que en el fondo lloraba de la risa y de Kerberos, no había ni el rastro. ¿Entonces, con quién estaba su precioso cerezo? De solo pensar que alguno de los jóvenes presentes intentará propasarse, le hervía la sangre helada de su cuerpo.
Detestaba la suciedad y detestaría más, verla profanada por simples mortales.
Recorrió los pasillos apresurados hasta que por fin sus oídos captaron su dulce voz de pajarito, y luego otra voz menos dulce, acompañándola. Apresuro sus pasos y lo vio, Xiao Lang tratando de obligarla, forcejando contra ella.
Quiso arrancarle la cabeza pero se contuvo. No quería asustar a Sakura. Se acercó lo suficiente para que su voz fuera escuchada.
—¡Basta Li!
Ambos se detuvieron de inmediato. Sakura rápidamente lo enfoco con sus ojos cristalizados por la humedad de sus lágrimas. Se soltó rápidamente y se escondió detrás de él buscando su protección, temblando como un animalito asustado.
Dios. Su corazón quería gritar de ternura. ¡Que ser más adorable era Sakura!
—Sakura pidió que la dejarás Li— Esta voz no pudo controlar la amabilidad de sus facciones tanto como quiso. No pudo esconder su molestia.
Xiao Lang lo perforo con la mirada vació, tal cual se mira a un insecto en el suelo, con el ánimo de aplastar su vida sin ningún tipo de remordimiento y pensamiento. Era molesto para Li y no solo su mirada se lo advertía, todo su cuerpo también.
—No estoy hablando contigo Tsukishiro. Sal del medio, me llevaré a mi hermana a casa— El tono posesivo de su voz era evidente. Li reconocía a Sakura como suya, una propiedad de la cual solo él tenía derecho.
No la merecía.
—¡No quiero, solo déjame! — Respondió Sakura. Música para sus oídos.
—¡Estas borracha! ¡No te dejaré sola en un lugar lleno de hombres que pueden propasarse contigo!
¿Borracha? No lo había notado. Afino su sentido del olfato y lo sintió. El dulce aroma de Sakura mezclado con algunos grados de alcohol pero aún así, su aroma seguía siendo la cosa más dulce que hubiera olido jamás. Por otro lado, Li tenía razón, ese estado era peligroso.
—¡No estoy sola, me quedaré con Yukito! ¿Verdad Yukito? —su suave súplica estremeció su corazón.
Su chica perfecta. Sakura era consciente que a su lado no le pasaría nada malo. No podía negarle nada a esos bonitos ojos verdes de cachorro abandonado. ¡Claro que se quedaría a su lado todo lo que quisiera!
Tal vez esta era su oportunidad para encerrarla en su jaula de cristal.
Li nuevamente lo mató con la mirada. Casi podía palpar su odio con las manos. Ese tipo tenía una de las peores miradas que hubiera presenciado pero luego, sus ojos se posaron en su hermana y el sólido de su mirada se volvió líquido espeso y brillante. Pudo adivinar un atisbo de culpa o preocupación y se rindió. Paso por su lado ignorándolo, no sin antes darle un última advertencia.
—Si le pones una mano encima a mi hermana, te mataré— amenazó.
Ese tipo era peligroso. No le temblaba la voz ni el cuerpo al soltar sus palabras y esa seguridad solo podía tenerla alguien consciente de su propio poder destructivo. ¿Por qué Sakura lo amaba tanto? Entre más lo pensaba, menos lo entendía.
Se dio vuelta para verla y pudo apreciar el anhelo en la mirada de la castaña. A pesar de la horrible forma en la que había sido tratado, no podía contemplar en sus ojos miedo o rechazo. Solo un profundo anhelo incondicional reprimido.
Sus palabras lo negaban pero su cuerpo gritaba en necesidad de él. No lo soportaba. Le ofreció una de sus manos y Sakura volvió en si, recordando su presencia. La llevó hasta el patio trasero y le extendió una silla para que pudiera descansar. Se agacho para poder quedar más o menos a su altura para reconfortarla.
—¿Cómo te sientes?
—Mejor. Gracias.
Definitivamente no estaba bien.
—¿Me quieres contar que pasó?
No lo miro pero notó como la barbilla le tembló repetidamente. No, no, no. No quería verla llorar. El no era Xiao Lang, no la presionaría.
Elevó su mirada al cielo y lo primero que encontró fue la luna. Antes de conocer a Sakura, la única cosa que había llamado su atención era ese pequeño astro de luz pálida. A su lado, siempre inamovibles, estaban las estrellas. Nunca les dio mucha importancia, de hecho hasta cierto punto las encontraba innecesarias pero sin saber porque cada vez que las miraba ahora, le recordaban a la jovencita que sorbeaba su nariz a frente a él.
—Tu eres como una estrella—soltó sin contenerse. — Brillas a pesar de la oscuridad. Eres hermosa, pequeña y brillante como una estrella.
—Yukito…—soltó en un suspiro. Su nombre nunca se había oído mejor que en sus labios.
No le gustaba verla sufrir. Por eso mismo, se obligaría a decirle lo que necesitaba escuchar.
—Por eso, no deberías preocuparte. No vas a perderlo porque Li no dejará de perseguirte. El siempre vendrá por ti.
—…pero no de la manera en la que quiero— sus adorables mejillas se tiñeros de rojo. No pudo reprimir el impulso de envolver sus manos en su rostro.
Lo sé, mi pequeña Sakura. Sé que lo amas. ¿Qué cará pondrías si te dijera que yo también quiero ser amado por ti? ¿Te angustiarás, te haría feliz, te enojarías? Quiero entrar…quiero estar en tu campo de visión
—¿Yo no te sirvo?
—¿Disculpa? Que me quie…
Incluso su rostro confundido era hermoso.
Quiero atesorarte. Quiero devorarte.
Quiero encerrarte.
—¿Podrías darme una oportunidad? Tal vez no estoy a la altura de tus expectativas pero haré lo posible por hacerte feliz si me lo permites.
Si tu me lo permites, solo te haría feliz. Si tu me lo permites, podría protegerte incluso mejor que él. Si tu me lo permites, podría preservarte para siempre con mi poder
Fin del Flash Back
Y se lo permitió.
Llevaban algunas semanas saliendo como amigos, conociéndose mejor, conversando, riéndo y charlando. Yukito estaba seguro que nunca en su vida se había sentido feliz hasta ahora. De a poco logró que Sakura se abriera con él, despacio, sin prisas, comprensivo y atento a sus reacciones y le impresiono lo perceptiva que era, lo empática, solidaria y gentil de su naturaleza.
Sakura se preocupaba genuinamente por él. Sin embargo, y a pesar de las semanas divertidas que habían compartido no podía borrar de sus ojos esa mancha oscura que ensuciaba su mirada verdosa.
Esa mancha inmunda tenía nombre y apellido.
Xiao Lang Li.
Como le gustaría hacerlo desparecer del mapa para siempre. En teoría, no le costaría nada deshacerse de él, al fin y al cabo, tenía la ventaja de ser un caso especial. Pero no lo hacía porque conocía de sobra las consecuencias, lastimaría a Sakura y jamás podría obtenerla por completo. Quería alejarla de Li pero no sabía como. Suspiro.
—¿Estas bien Yukito?
Su voz era música para sus oídos. Ese sonido dulce, suave y arrullador de su voz. No quería preocuparla. Le sonrió y palmeó su cabeza suavemente.
—Si, Sakura. No te preocupes, es solo que aún tengo un poco de hambre.
—¿En serio? Me sorprende que puedas comer tanto Yukito. Aunque eso es un signo de buena salud. Los panqueques estaban deliciosos, ¿verdad?
—No tanto como verte disfrutarlos—Sakura se sonrojo furiosamente y miro hacia abajo, avergonzada.
Yukito tenía ese extraño efecto en ella. A pesar de ser consciente de que no sentía lo que creyó sentir una vez por él, su cercanía y sus palabras la abrumaban de sobremanera. De alguna forma, su corazón reconocía algo en él…algo parecido al amor pero no exactamente…eligir una palabra era dificil. Tal vez, la palabra que más se asemejaba a su sentir era la sensación de reconformabilidad. Su corazón era recorfortado cerca de Yukito.
—¿No tienes frío? —Preguntó siempre amable, ofreciéndole su mano.
Sakura lo miro a él y luego miro la mano que le ofrecían. Se sonrojo más de ser posible y tímidamente acepto, dejando a su mano descansar junto a la de él.
—Apurémosnos para que no te resfríes—Yukito aceleró el paso cuidando de llevar a Sakura a un ritmo que pudiera seguirlo. La tarde caía lentamente junto a la temperatura. La joven asintió distraídamente. Era tan evidente, siempre estaba presente, como una sombra entre los dos, su recuerdo—Sabes que siempre puedes hablar con él, Sakura.
Sakura lo miro sorprendida y una sombra de culpabilidad se reflejo en sus ojos verdes. Yukito se limito a sonreírle.
—No tienes que ocultarlo. Sé que siempre lo tienes presente.
—Yo…lo siento Yukito. No es mi intención lastimarte.
—Lo sé. Estoy a tu lado porque quiero cuidarte. No esperó ser correspondido, aún— los ojos de Sakura se abrieron grandes de emoción contenida. Él era tan bueno, tan amable y tan suave en su trato. Todo en Yukito era dulzura, le transmitía seguridad.
—Gracias Yukito.
Acarició sus cabellos, ordenando algunos mechones desordenados de su flequillo. El sentimiento que tenía por Sakura era la emoción más viva y pura que había tenido jamás. Se sentía completo y saciado a su lado, acompañado.
No quería dejarla ir.
No quería desaparecerla.
Pero el tiempo se agotaba. Tenía que tomar una decisión.
Tenía que matarla o liberarla.
***0***
Era tan extraño pasar tiempo juntos.
Estaba incómoda, por más que tratará de sonreír, de mantener la fachada de chica buena, Xiao Lang Li le ponía los pelos de punta, y no de forma agradable. Llevaban algunas semanas de estar saliendo y no había caso, no lograba engañar su atención en él ni viceversa.
Se encontraba sentada en su habitación tomando té verde que el mismo había preparado acompañado de un pastel de fresas. Odiaba las fresas, odiaba el pastel y odiaba el té. Suponía que todas eran cosas que gustaban a Sakura, se la imaginaba disfrutando de su sabor suave con una sonrisa. Quería bufar de la frustración, ni siquiera se esmeraba un poco en indagar en sus gustos. Xiao Lang frente a ella, le dedicaba una sonrisa educada y distante, sin embargo, se sentía nerviosa, expectante. Sentía el inicio de un sudor frío bajarle por la nuca.
Sus instintos le avisaban que estaba en peligro, pero ¿peligro de qué?
Esa aparente calma y amabilidad se le antojaban amenazantes.
No había cometido ningún error, era la novia perfecta. Atenta, dulce, animada y comprensiva, justo como un doble de Sakura, era cuidadosa. Su único desliz era Kerberos pero mientras Xiao Lang no intentará tocarla, no existiría mayor problema.
Se aguantó un suspiro, se aburría horriblemente.
Xiao Lang era frío.
Se había esfumado esa parte divertida y malhumorada con la que se había topado al conocerlo. Afiló su mirada sobre él, analizándolo, buscando dobles intenciones, pero solo percibía una profunda indiferencia hacia su persona. Así que ese era el alcance de su influencia en él. Sakura lo manteía en la luz, sin ella él solo era oscuridad vacía. Su ausencia voluntaria lo volvió más temible, sus facciones serias eran rodeadas por un ánimo peligroso.
Características propias del líder del Clan.
El sonido de la taza chocando contra el plato la hizo saltar levemente. Se río nerviosa tratando de maquillar su error, se suponía que estaba enamorada, no asustada. Lo miro y él le sonría amigable pero una sombra gris nubló su mirada.
Meiling no lo perdía de vista. Seguía cada uno de sus movimientos. Xiao Lang se echo hacia atrás apoyando su peso en las manos, cruzó las piernas y la sonrisa desapareció, sus ojos la atravesaron punzantes.
—¿Cuánto tiempo vas a seguir fingiendo que te gusto? —A Meiling se le heló la sangre, ¿Qué? —Lo sé Meiling, nunca te he gustado, así que dime, ¿qué quieres conseguir de mi? —Syaoran levantó una ceja intimidante. Estaba esperando una respuesta rápida.
La pelinegra trago duro y lento. Calma. Controla la respiración, no hay manera que lo sepa. No hay manera que sepa quien soy ni quien es él Relajó los músculos de la cara y lo miro contrarieda, actuando dolida.
—¿De qué estas hablando? —Dijo dolida— ¿No crees en mis sentimientos acaso? he sido sin…
—Cállate—interrumpió. La sangre de Meiling la calló abruptamente. Esa fue una orden directa, no podía rebelarse, su sangre la obligaría a obedecer. — No veo nada, tus ojos estan vacíos cuando me ven. Es más, podría jurar que me temes. Te pregunto una vez más, ¿que quieres?
El cerebro entrenado de Meiling entro en sinapsis a la velocidad de la luz, despertando la fuerza física de su cuerpo. Por un momento se planteó la posibilidad de romperle el cuello y secuestrar a Sakura, pero luego recordó que el Clan Li le había ordenado traerlos vivos a ambos. No, no podía deshacerse de Xiao Lang y como no conocía de cerca su destreza en combate, no sabría si podía detenerlo en una pelea constante o sin un golpe mortal. Xiao Lang era un Li, su fuerza física era sobrenatural y su tolerancia al dolor incomparable. No podría vencerlo en un combate justo. Por otro lado, cualquier mentira que dijera sería detectada por los instintos de Xiao Lang, al final era el legítimo heredero del Clan, la sangre de los Li corría densa por sus venas, sus sentidos estaban por sobre el hombre común. Debía decir cosas que fueran verdad sino, no podría engañarlo.
Meiling dejo de sonreír y lo miro con su verdadera personalidad.
—A ti.
—¿Por qué?
—Me garantiza seguridad.
—¿De qué?
—Hay un hombre del que quiero ser libre y tu garantizas mi libertad. Tu puedes protegerme—Meiling se cruzo de brazos y le sostuvo la mirada. El castaño frunció el ceño no muy convencido. No le mentía pero algo todavía le causaba ruido.
—¿Qué tengo que ver en tus problemas?
—¿Qué tengo que ver yo en los tuyos? —rebatió Meiling retórica. Sudaba frío de nervios. Le ponía los pelos de punta de la peor forma pero no podía mostrar miedo. —Yo soy tu pantalla, pero que extraño ¿Por qué alguien como tu necesita una pantalla?¿Acaso gustas de alguien que no puedes tener? —Xiao Lang la fulminó con la mirada, Meiling sonrió cínica—No necesito detalles. Tu no necesitas los mios, y todos felices.
Syaoran le sostuvo la mirada evaluándola. ¿Meiling significaba un peligro para Sakura? Hasta ahora no se había acercado a su hermana y las veces que se topaban no percibía desprecio en ella. Así que, tal vez realmente necesitará ayuda con un problema personal. No estaba totalmente convencido pero sus palabras eran sinceras, podía sentirlo.
Sus ojos miel la recorrieron de arriba abajo. Era valiente. Le sostenía la mirada a pesar de que notaba miedo al final de sus pupilas. Su cuerpo estaba tenso e inclinado levemente hacia adelante, un claro gesto defensivo. De cierta manera, le recordaba a él pero no precisaba en qué.
—¿No estás cansada de tratar de huir? —preguntó de pronto. Su ceño estaba fruncido pero se miraba distraído, como si de pronto hubiera bajado parte de sus defensas.
—¿Y tu? — se le hizo un nudo en la garganta. ¿Qué estaba pasando de repente?
Sonrió en una mueca asperá, lastimosa y sus ojos miel se perdieron en el infinito.
—Como si pudiera huir realmente— resopló resignado. No podía huir. Nunca soltaría de verdad a Sakura. Nunca. Estaba condenado, atado a ella incondicionalmente— pero si tu puedes, huye Meiling. Huye.
Los rojizos ojos de Meiling relucieron esperanzados. Sus palabras eran un bálsamo, la llave de sus cadenas, el camino hacia su libertad.
Libertad…la tan ansiada libertad. Tal vez finalmente podría alcanzarla, tomarla con sus manos y hacerla suya…tanto tiempo pensando esa palabra y ahora que veía las luces de un posible escape, una preguntaba resonaba en su interior. ¿Qué signifcaba la libertad para ella?
Su rostro acudió a su mente.
El rayo de sol en su cabello de oro. La luz brillante de sus ojos de día.
Dios. Como toda su existencia, significaba la verdadera libertad para ella.
***0***
Movió su mano de un lado a otro, despiéndose. Cuando lo perdido de vista suspiro cansada. ¿Por cuánto tiempo se sentiría así de miserable?
Se le hizo un nudo en la garganta. ¿Por cuánto tiempo tendría esas horribles ganas de llorar? Cada vez que se quedaba sola, que nadie estaba a su alrededor, sus ojos se llenaban de lágrimas y la garganta se le cerraba, ansiosa y dolorosa. El nudo en su estómago casi no la dejaba comer. Los recuersos la asaltaban de noche impidiendole dormir, estaba cansada.
Cansada de el dolor, cansada de callar, cansada de la distancia.
Amar a Syaoran nunca había sido tan doloroso.
Cerró los ojos, inspiro profundo y trago duro. Encuadro los hombros, abrió digna la puerta de su casa y se descalzó despacio, perdida en sus pensamientos pero con la consciencia de que debía permanecer fuerte.
Debía resistir.
No por ella, sino por él.
Se lo debía.
Unos pasos apresurados la hicieron levantar la mirada del suelo, extrañada. Vio a Meiling bajando las escaleras con las mejillas rojas y la mirada brillante, acalorada. La miro atenta y sin comprender, pero la pelinegra no parecía ser consciente de su presencia, ensimismada en su urgencia. No fue hasta que llegó a la entrada de la casa que tomo consciencia de que estaba ahí.
Levantó su mirada rubí feroz y la penetro con sus ojos en un instante que le pareció eterno. Se veía tan agitada que Sakura alzó la mano tratando de tocar su rostro, preocupada. Sin embargo, se detuvo a mitad de camino. Meiling la miró fría como el hielo y su cuerpo se congeló, la pelinegra levantó una ceja despectiva y luego, una de sus manos arranco la bufanda que cubría su cuello, dejando al descubierto las marcas rojas de diversos tonos y formas en su blanquecina piel.
Sakura palideció.
Meiling le sonrió cínica, triunfante.
—No…—escapó de los labios de Sakura, casi sin aliento al comprender lo que signifcaban—Syaoran…
La barbilla de la castaña tembló, a punto de romper a llorar. Sin embargo, la misma mano que se había deshecho de la bufanda, apresó sus mejillas y mandíbula con una fuerza brutal, desvastadora. Los huesos de su rostro crujieron, resentidos.
—Pelea—dijo Meiling y soltó su rostro con la misma fuerza con que lo había apresado—Deja de huir.
Sakura la miro atónita, no por la brusquedad de su trato, sino por el desafió en su voz y el reto de su mirada.
—Sálvalo, niña tonta.
Sakura abrió la boca un segundo tratando de decir algo pero Meiling desvió el rostro y con el mismo impetú con el que había bajado las escaleras, se calzó y salió disparada hacia afuera.
En el momento que la pelinegra cruzaba la puerta de entrada, Sakura corría escaleras arriba con solo una idea en mente, con el valor y coraje que le faltaba cuando se trataba de él.
***0***
Ser el heredero de un grupo económico internacional era toda una odisea. La vida no era fácil ni de color rosa, había mucha más oscuridad que luz y la competencia era voraz. Un solo error y el ridículo te perseguiría por siempre. Kerberos lo sabía. Vivió en carne propia la disciplina estricta, la falta de amor y la ausencia del calor de un hogar. Sino hubiera sido por los ataques de ansiedad, no hubiera notado lo desesperado que se sentía.
Pero por primera vez en mucho tiempo Kerberos quería algo que solo podía conseguir con el poder de su familia.
Meiling.
La chica enigmática y oscura con la que compartía más que el departamento.
Estuvo una tarde entera recopilando información sobre ella. Sus recursos eran limitados actualmente, pero se sentía agradecido por primera vez de contar con su inteligencia explotada. Para bien o para mal lo acondicionaron para ser listo y astuto. Pero no hubo caso, no encontró registros de Meiling. Era como si no existiera y sin nada que la vinculara a algo, cualquier cosa, no podía avanzar.
Giro el celular entre sus manos y vago distraídamente la vista por la habitación de su chica. Era tarde y todavía no llegaba a casa. Tensó la mandíbula al pensar que aún debía estar con el idiota de Li. Tenía certeza suficiente que no la tocaría ni por asomo y aunque lo intentará, Meiling lo dejaría con las ganas. No se arriesgaría a mostrar en su blanquecina piel, los rastros de sus besos posesivos por su cuerpo. Sonrió arrogante.
La chica era suya y pretendía amarrarla a él. A Kerberos en realidad no le importaba caer bajo, ningún tipo de moral o regla era suficientemente respetable para él. Lo único que realmente respetaba era a las personas que atesoraba.
Sakura, Tomoyo y Meiling.
Haría cualquier cosa por Sakura y Tomoyo. Si la situación lo ameritaba, usaría su poder económico de ser necesario. Gracias al cielo nunca tuvo que hacerlo antes, ninguna de sus preciadas amiga había corrido un riesgo que no haya podido remover por sus propios medios.
Aparte, siempre estaba Li.
Tenía la certeza que Meiling también lo quería, tal vez no estuviera enamorando de él, pero lo quería como mínimo y eso era suficiente, por ahora. Lo confirmaba cada vez que se le entregaba, cada vez que permitía que su boca manchará su piel de nieve con rojas y rosadas marcas. Cada vez que se arrimaba a él en busca de su compañía. Syaoran Li no significaba nada para Meiling, más que un extraño capricho que estaba seguro tenía su trasfondo. ¿Por qué obligarse a estar con alguien que no quería? En la respuesta radicaba la pista que buscaba. Meiling lo negaba hasta ahora, no se permitía ser honesta con él, muchas veces terminaba cabreándolo y jugando con sus celos, que por cierto no eran menores. Había descubierto lo celoso que podía llegar a ser y la pelinegra sabía aprovecharse de eso.
Esa loca de patio lo tenía, literalmente, agarrado de las pelotas. Estaba baboso por ella. Ahora, ¿como atrapar a una chica como Meiling? Peligrosa y astuta. Demasiado despierta, con mucho que ocultar.
Suspiro, la respuesta era clara.
Debía ir a y reclamar la herencia de su familia y con ello, todo el acceso al poder que necesitaba. No podía ir sin un plan. Su madre era una mujer despiadada y cruel. Lo utilizo durante años para los fines más egoístas y lucrativos. Lo castigo muchas veces por los mínimos errores. Tenía que ir preparado para ganarle la partida.
Se tiro de espaldas a la cama con los brazos abiertos, toda la habitación olía a su preciosa Meiling, acompañado de un toque ligero de su propio aroma. Pasaba horas metidos en esa habitación haciéndole las cosas más pervertidas que podía imaginar. No se cansaba, nunca estaba satisfecho. Entre más la tenía más aumentaban sus deseos por ella.
Si, si la quería debía primero eliminar a sus demonios. Si ella tuviera la posibilidad de hacerlo, estaba seguro, lucharía por su libertad, así que alguien más poderoso debía sacarla. Alguien con más recursos que ella.
Tomaría tiempo hacerse con el poder de su grupo. Entre más rápido fuera a , más rápido la liberaría y más rápido la tendría solo para él. Ya no era un crío asustado, podría derrocar a su madre jugando sucio, que importaba, se ensuciaría las manos. Desbloqueó el celular, busco un número en la agenda y finalmente, marco.
Cuatro tonos marcaron y se escuchó la voz fría al otro lado del aparato.
—Volveré. Nos vemos, ''mamá''— Colgó. Esperaba que ese tono frío y amenazador la pusiera en alerta. La quería nerviosa. Tenía un as bajo la manga que podía usar con ella, gracias a los maltratos recibidos por años.
Volvió a marcar pero esta vez a un número distinto. Miro el techo sin ganas mientras escuchaba los tonos marcarse una y otra vez.
—Señorito—Contesto una voz femenina y seria al otro lado de la línea.
—Necesito un pasaje de ida a New York para mañana en la madrugada.
—Entendido. ¿Algo más que requiera?
—Si, hazlo saber a los medios. Quiero que sea un espectáculo sin precedentes.
—Señorito, vendrá a cumplir su promesa.
—Si, es hora de saldar unas cuantas deudas. Ten todo listo, Emms- Kerberos sonrió pagado de si mismo. Las cosas estarían agitadas durante un tiempo pero valdría la pena.
Debía retomar las riendas de su vida. Para ser sincero estaba cansado de las idas y venidas, del sexo casual y de acostar la cabeza en camas desconocidas.
Quería esto.
Su día a día con Meiling, quería sus mañas, berrinches y desafíos. Quería verla despertar en la mañana con el sol bañando su cabello largo y negro, sentir sus manos buscar su cuerpo, y el peso de su figura sobre su pecho. Durante años le costo conciliar el sueño, no sé sentía cómodo pero al dormir al lado de Meiling, descubrió las maravillas de lo que una buena noche de descanso podía lograr, después de una intensa sesión de sexo duro y caliente con ese cuerpo que tanto le gustaba. Ah, esa maldita loca. Estaba apunto de hacer por ella lo que no hizo por si mismo. El pensar en liberarla, le daba valor.
Se levantó de la cama y se dirigió a su cuarto. No tenía mucho que empacar, solo unas cuantas prendas en una mochila vieja o podía simplemente dejarlo todo y pedirle a Emms que se encargará de tenerle un guardaropas nuevo. Le echó una última ojeada al closet, un punto rojo y oscuro le llamo la atención entre sus polleras blancas. Una sonrisa pervertida se formo en sus labios. Acercó las prendas a su nariz e inhalo el exquisito aroma, el olor del perfume cítrico y suave de su chica estaba impregnado en su sugerente ropa interior.
Una de las cosas que secretamente le gustaban de Meiling, era descubrir que bajo esa ropa sosa y fea que usaba, se escondían conjuntos sexys y sugerentes de ropa interior, algunos bastante osados. Ella tenía buen gusto, esa ropa holgada y sin forma no había sido escogida por su chica. No, se la habían escogido.
Lo odiaba, a quién sea que la estuviera utilizando, lo odiaba.
Metió dentro de la mochila el sugerente conjunto de ropa interior, se lo llevaría con él. Definitivamente el rojo era el color de su china loca. Miró la hora en su celular, Meiling no tardaría en volver. Esta era la parte difícil, la parte que no quería enfrentar. No se despediría de Sakura ni de Tomoyo, si quería hacer esto bien, debía mantenerlas al margen hasta tener controlada su situación, hasta que sus manos no tuvieran acceso a lo que era suyo por derecho, no expondría a sus amigas a riesgos innecesarios. Después se disculparía y aceptaría todos sus reclamos sin quejarse ni una sola vez.
La parte difícil era Meiling. ¿Qué carajos hacía con Meiling? No se creía capaz de enfrentarse a sus ojos de fuegos. No sería capaz de despedirse de ella, menos con la pelea que le había montado antes de irse a la casa de Li.
Lo reconocía, se le fue la cabeza y mal pero estaba tan, tan celoso. En teoría, tenía la seguridad que nada pasaba entre ellos. Era una obviedad que Syaoran estaba enamorado de Sakura, Meling solo era una pantalla, una muralla a sus sentimientos y ella, no lo quería. Reconocía en sus ojos cada vez que mencionaba a Li respeto y miedo, no afecto, no amor. Pero sus celos le jugaban una mala pasada, ¿y si le mostrataba su verdadera personalidad y llamaba su atención? ¿y si se enamoraban de verdad? Así como el fue atrapado, Li también podía caer rendido ante ella.
No creía que fuera a suceder pero la posibilidad estaba. Meiling era dinamita pura, haría explotar a cualquiera.
Lo hizo explotar a él.
Se sobresaltó al portazo que retumbo por toda la casa. ¿Qué carajos pasó de pronto?
—¿Meiling? —Llamó.
La puerta de su habitación se abrió de golpe dejándo ver a la pelinegra. Respiraba agitadamente, tenía las mejillas coloradas, sudaba y su cabello estaba enredado. Se acercó casi corriendo, saltó a su cuello, colgó sus brazos alrededor de él y lo besó con emoción contenida.
Kerberos le correspondió el beso extrañado y complacido a partes iguales. Meiling no era de arrebatos emocionales. Él era el que solía atacarla de esas maneras pasionales cuando lo hacía enojar, pero nunca su chica, nunca. Con el mismo ímpetu con que fue atacado, la pelinegra se alejo de su boca, agitada.
—Hey…—comenzó Kerberos sin entender nada. La tomo de la cintura acercándola a su cuerpo. Paseo sus manos rápido por su figura, revisando si estaba lastimada en alguna parte—¿Qué pasó? ¿Qué tienes?
—Escapémos—le soltó agitada y con las mejillas rojas de tanto correr—Escapa conmigo— Meiling apresó el rostro de Kerberos con ambas manos y lo miro directamente a los ojos, sudando y jadeando—Quédate conmigo—Pidió, articulando cada palabra y con el corazón en la mano.
Lo quería a él. A nadie más que a él. Sería capaz de escapar por él, junto a él.
Kerberos la miro sorprendido, sin entender nada y sin saber que decir. Estaba tan agitada y helada por el sudor frío que le corría que varios mechones se le pegaban al rostro. Su mirada estaba iluminada con algo parecido a la esperanza y pidiendo por él.
—Tus demonios…ellos, ¿te van a sacar de aquí? —preguntó uniéndo los posibles hilos. Ella asintió, nerviosa.
—Me queda poco tiempo y si me voy, no volveré a verte. No me lo permitirán.
La miro serio, comprendiendo la gravedad de la situación. Tenía menos tiempo del que creía. Le quitarían a Meiling antes de que pudiera hacer algo. La abrazó fuerte contra él. Si huían ahora, huirían por siempre.
No quería esa vida para Meiling. Quería verla vivir, reír y fastidiar como la mujer salvaje e indomable que era, libre. No encarcelada ni viviendo en las sombras por miedo.
—Quedémosnos y luchemos— Respondió firme, mirándola a los ojos. Las pupilas de Meiling se dilataron y el supo que era por el miedo que eso le causaba.
¿Quién carajos le causaba tanto temor a su chica valiente e indomable?
—No—respondió con un hilo de voz— No lo entiendes, ellos…ellos pueden matarte, pueden matarnos. No hay manera de luchar contra ellos, nosotros no. Yo no puedo.
—Meiling, yo puedo liberarte— dijo con convicción, cada vez más resuelto y decidido, y con la rabia creciendo en su interior. Los destruíria de adentro hacia afuera. No le importaba quienes eran o cuanto poder tenían, los destrozaría de raíz.
—No…no lo entiendes. Kerberos, esta es nuestra oportunidad, huye conmigo— le pidió una vez más en un susurro, temorosa de ser escuchada. De repente, la duda asaltó los ojos de Meiling, con un miedo mucho más horrendo y doloroso—¿Tu…no quieres estar conmigo?
Kerberos cayó en cuenta de lo que podía estar interpretando Meiling de su constante negativa, que él no la quería, cuando ella era lo único que había querido robar para él.
—No Meiling... —se sostuvieron la mirada por un segundo. Los ojos de rubí de la pelinegra se humedecieron gradualmente, malinterpretando las palabras de su amante— Sabes que yo, yo…quiero tenerte porque…—Kerberos tragó duro. Era tan fácil decirlo en su mente pero tan díficil expresarlo en palabras…yo te…hm…
Meiling abrió los ojos sorprendida. Sabía que la quería pero no se esperaba que él…su corazón nuevamente dio un vuelco causado por el chico que tenía frente suyo. Se veía tan complicado por decir dos estúpidas palabras. Le acarició el rostro con verdadera dulzura, sacándolo de onda.
—Shhhh…—le dijo posando un dedo sobre sus labios. Le sonrió débil, comprendiendo mejor de lo que creía— Yo también, yo también.
A Kerberos literalmente se le cayó la boca. No se lo esperaba, tanto como ella no se lo esperaba de él. Pasado el estupor inicial, cayendo en cuenta de su nueva realidad, la beso feroz y fogoso, apretándola contra él. Ella le correspondió con la misma pasión desbordante. Se separon jadeando agitados.
—Huye conmigo—susurró sobre los labios masculinos— Quédate siempre junto a mi.
Él era la libertad que tanto quería, el amor que tanto esperaba y el hogar a donde siempre quería volver.
La miro y asintió, sabiendo que era lo que tenía que hacer. Ella era el fuego en sus entrañas, la pasión de su corazón y el valor que tanto necesitaba y por eso, iba a liberarla.
Iba a salvarla.
Tomaría el control de la empresa de su madre, desterraría a su familia y si haría con todo el poder económico y social de los Keeper para darle a Meiling la vida que merecía.
***0***
Mirarse al espejo últimamente era una práctica que le sabía extraña.
Se desconocía.
Una oscuridad profunda comenzaba a poderarse de él, a paso lento pero seguro.
¿Lo más extraño de todo? No le molestaba en absoluto. De alguna forma, comprendía que esa oscuridad que comenzaba a consumirlo era una parte que estuvo encerrada en su interior durante mucho tiempo.
¿La razón? Sakura.
Toda su vida la había mantenido a raya inconscientemente con el único propósito de ocultarla de su hermana.
Pero ahora la necesitaba. Necesitaba de esa oscuridad porque le daba la lucidez que requería los tiempos que flotaban en el aire.
No podía decir con exactitud que era lo que estaba sucediendo pero sí era consciente de que algo pasaba. Algo grave. Sus instintos despertaban y se sentía un depredador, listo para atacar, listo para proteger a Sakura pero…a medida de que la oscuridad crecía en su interior, una parte de él también comenzaba a morir.
Todo tenía un precio, todo.
Entregar su humanidad era el precio que debía pagar para obtener la despierta lúcidez que le daba esa latente oscuridad que a pasos agigantados ocupaba su cuerpo, su mente, su…no podía explicarse con exactitud que era, pero algo grande, algo temible, algo peligroso y se sabía dueño de esa destrucción. Sabía que el camino que había escogido era un posible no retorno pero estaba dispuesto a sacrificarse por su hermana, estaba dispuesto a enterrar su corazón si eso significaba protegerla de lo que se avecinaba.
Para estar preparado, para evitar…Tenía miedo. Tenía miedo de perder a Sakura. A medida que esa sensación se intensificaba, la oscuridad de él crecía, como si se estuviera preparando para salvarla.
Su oscuridad la salvaría. Su oscuridad era peligrosa y entre más lo fuera, más segura estaría su preciosa hermana.
Xiao Lang era consciente de que no era una persona ordinaria, era consciente de su fuerza, de su inteligencia, de su astucia y de su falta de límites. Lo sabía, si el quisiera podía tomar el mundo con su mano y aplastarlo. Entendía como funcionaban las personas y la sociedad en general, las personas eran simples. Predecibles.
Pero eso nunca le importo. Nunca le llamo ser tan extrañamente dotado de habilidades y destrezas, a él solo le importaba Sakura.
Lo demás solo era accesorio. Prescindible.
Notaba que estaban siendo vigiliados por externos. No sabía en que se había metido su padre, pero debía de ser algo bastante grande y complicado. Trató de buscar pistas pero no pudo encontrar nada que le sirviera, algo que le indicará una dirección que seguir. No le extrañaba, era su padre al fin y al cabo, y no dejaba cabos sueltos.
Menos con Sakura en casa.
Algo sí sabía, eran agentes especializados. Los vigilaban de cerca, a ambos. Atento a sus movimientos y salidas como una sombra. Si tenían seguridad a su alrededor, la cosa era grave, muy grave. Su padre estaba metido en algo turbio y madre lo sabía. De alguna forma, no confiaba en ellos. No podía confiar en quienes le mentían u ocultaban cosas. Sobre todo si implicaba la seguridad de Sakura. Su instinto gritaba resentido, alerta, sensible. Quería atacar pero no sabía a quien.
Inspiro profundo y exhalo largo y tendido. Se llevo los dedos a la cien y la masajeo. Debía prepararse para lo que sea que estuviera pasando.
La puerta de su habitación se abrió de golpe. Se dio la vuelta inmediatamente, en guardia pero al ver quien era relajo su postura.
¿Se había perdido de algo?
—¿Sakura? —La miro extrañado. Ya no solía pasar por su habitación, mucho menos lo haría estando solos. El presentimiento de que algo malo podría haber pasado, lo alarmo—¿Estas bien?
Pero no respondió. De pie en el marco de su puerta, no levantaba la mirada del suelo y tenía los puños apretados.
—¿Sakura? —volvió a insistir— ¿Te sientes mal…?
—Ya no lo aguanto—soltó de pronto, suave y cansada —Lo intenté pero no puedo. No quiero…—pidió en un murmuro mirándolo a los ojos—No quiero que estés con Meiling. Quiero que ames. Quiero que estés conmigo…Quiero estar contigo—ahogo un pequeño quejido que quería escapar de sus labios. —Por favor, acepta mis sentimientos.
Quedo helado. ¿Qué carajos estaba sucediendo?
Sakura lo miraba directamente a los ojos, tenía las pupilas húmedas y temblaba sutilmente pero se mantenía ahí, inquebrantable frente a su inesperada confesión.
Inspiro profundo, buscando calma. No debía perder los papeles. Ya había tomado una decisión y no se echaría para atrás. No volvería a corromper a su hermana. Esta situación era su culpa y nada más que su culpa. Sakura era un joven dulce y empática, pero ingenua y engañable, podía confundir con facilidad sus propios sentimientos.
—Sakura…—dijo suspirando y luego, le sonrió conciliador. Era su culpa—Ya hablamos de esto, estas confundida, tu no estás real…
—¿Esa sigue siendo mi única opción? ¿Estar confundida? —dijo dolida— ¿Realmente me crees tan tonta como para no saber diferenciar mis propios sentimientos?
—No. Yo jamás he pensando que eres tonta. Jamás lo he pensando, jamás lo pensaré. Pero debes entender que es fácil confundirse…después de…
—¡Te amo! —soltó con los ojos húmedos y angustiada pero completamente decidida a decir la verdad. A que aceptará su verdad— No importa cuando tiempo te tome, no importa que no puedas aceptarlo ahora, te lo diré hasta que puedas entenderlo.
Syaoran tragó duro, se mordió el labio inferior y desvió la mirada. Ella no tenía idea de lo que díficil que era resistirse a sus impulsos en ese momento. No sabía el esfuerzo que suponía resistirse a su amor por ella.
—Sakura, por favor…
—¡Te amo! — volvió a decir interrumpiéndolo.
La miro sin saber que decir, aproblemado ante su clara honestidad.
—No lo digas así, se puede malint…
—¡Te amo! —insistió, declarando su amor una vez más.
—Somos hermanos—susurró entre dientes, sintiendosé cada vez más acorralado.
—No me importa— respondió con convicción.
—Nuestros padres nos van a odiar.
—No me importa.
—La sociedad va a señalarte y repudiarte.
—No me importa.
Syaoran apretó los puños y desvió su mirada hacia el suelo. No podía decírselo, no podía decirle que en realidad estaba haciendo un sobre esfuerzo por resistirse.
—Yo…—vaciló, dudoso de soltar todo lo que su pecho escondía—…una vez que lo acepté, no podré contenerme—susurro, confesando por fin sus verdaderos deseos.
Sakura dio un respingón al escuchar sus palabras y jadeo levemente. Su corazón latió rápido en su pecho, sus manos comenzaron a sudar y sintió como se le resecaba la boca.
—No quiero que te contengas—respondió en el mismo tono que uso él—Mírame.
Syaoran levantó la vista y la miro por fin. Veía en sus ojos de miel la duda y la incertidumbre que cargaba pero junto a esos sentimientos también estaba el amor que siempre sintió, el mismo amor que había visto toda la vida y no quiso aceptar en su cobardía. Frunció el ceño, compungido y derrotado.
—La verdad es que te amo…—confesó susurrante, sosteniéndole la mirada—no como hermana, no como amiga, no como familia. Como mujer. Te amo y te deseo tanto que me consume—Tragó pesado y comenzó a caminar paso a paso hacia ella, muy, muy lentamente— Pero eres mi hermana…y quiero protegerte de mi, y de mis deseos insanos por ti…—poco a poco los pasos de Syaoran acortaban la distancia entre ellos, muy lentamente. Sakura lo escuchaba con el corazón latiendo en las orejas y el anhelo en sus facciones— Porque quiero besarte hasta que me duelan los labios…quiero recorrer tu piel con mis manos…quiero tocarte…quiero…desnudarte…— Finalmente, sus pasos se detuvieron frente a ella—…quiero tumbarte en mi cama y hacerte mía—murmuró. Alzó una de sus manos y con sus dedos rozo levemente las mejillas sonrojadas de Sakura. La castaña tembló levemente ante su tacto y cuando el pulgar de Syaoran se poso en sus labios, una ola de calor inundo su cuerpo—…debes detenerme, solo tu puedes detenerme…
Sakura avanzó un paso, acortando la escasa distancia entre ellos, alzó el rostro sin apartar sus ojos de los suyos, y sus bocas quedaron a centímetros de distancia, tanto que podía sentir el aliento de Syaoran caer en sus labios.
—Quiero que me hagas el amor—dijo la castaña respondiendo a su confesión.
—Sabes lo que eso significa. Las consecuencias de amarnos—murmuro sobre sus labios. Sakura asintió, cerrando los ojos lentamente.
—Mientras pueda estar contigo, no tendré miedo…
—Sakura…
Finalmente, juntaron sus labios y se besaron suave y dulcemente, como una caricia, como si el otro fuera tan delicado que cualquier movimiento brusco pudiera romperlo. Lentamente Syaoron abrió la boca de sakura con sus labios e introdujo con la misma suavidad su lengua, buscando la suya, acariciándola en un beso profundo y anhelado por ambos. Sakura echo sus brazos al cuello masculino y se alzó en la punta de pies, haciendo el beso más hondo. Syaoron envolvió la delgada cintura de la castaña con sus manos, acercándola más a él de ser posible, apretando su piel.
Lentamente caminaron hacia atrás, rehaciendo los pasos de Syaoran hasta llegar al borde de la cama. Se separaron y se miraron a los ojos, hablando sin palabras. Él poso sus manos en sus hombros, sin apartar la vista de su mirada verdosa, y despacio desabotonó la blusa de Sakura.
El pecho de la castaña subía y bajaba, nerviosa, ansiosa y temerosa. Todos esos sentimientos juntos expresados sin palabras en sus ojos pero todas sus emociones se iban calmando a medida que veía a través de los ojos de Syaoran. En sus ojos de miel solo había amor y deseo.
Su blusa cayó al suelo y fue su turno de desvestirlo. Tragó duro, y con sus dedos temblando tomó el borde de la polera de Xiao Lang, sacándosela y dejándola caer. Contuvo el aliento, Xiao Lang era tan, tan atractivo que la encadilaba y encendía a partes iguales. Tímida poso dos de sus dedos sobre el pecho del castaño y los deslizo suavemente hasta su abdomen, maravillada de lo trabajado que estaba.
Las manos de Syaoron rodearon su cintura hasta dar con el cierre de su falda de jeans. Bajo el cierre con cuidado y pronto, la falda de Sakura estaba en el piso. El castaño dio un paso hacia atrás y su pecho se hincho dolorosamente al contemplarla. Recorrió en silencio la figura semi desnuda de la castaña, queriendo grabar en detalle cada parte de su hermoso y armonioso cuerpo.
Tan malditamente encantadora.
Sakura dio un paso hacia adelante y sus dedos tomaron el inicio del buzo de Xiao Lang, aflojando el nudo, para luego terminar junto a su falda en el suelo. Luego, el castaño alzó una mano y vacilante pidió permiso con su mirada de miel para terminar de desvertirla. Ella asintió casi imperceptiblemente y cerró los ojos al sentir como el sujetador era liberado, dejando al descubierto su pecho y finalmente como la tibeza de los dedos masculinos bajaban su braga lentamente.
—Mírame—pidió con voz ronca.
Ella abrió los ojos, clavando su mirada en él. Verde y miel chocaron y en ellos podían vislumbrar la pasión desbordando, el amor estallando, el miedo asomando y el deseo latiendo.
Decir que era hermosa, era quedarse corto. Su delicada figura lo había atormentado durante mucho tiempo y hoy después de años, el motivo de su tormento, sería el alivio del mismo.
Dio un paso hacia ella y ella retrocedió hasta que finalmente sus piernas chocaron contra el borde de la cama. Él tomo su cintura y la alzó levemente del suelo, para terminar de recostarla sobre las sábanas. Volvió a besarla, apoyando sus antebrazos a sus costados para no aplastarla.
Se besaron lentamente, disfrutando de sus labios chocando, degustando el sabor del otro, sintiendo el roce cada vez más insinuante de sus cuerpos, del leve choque de sus intimidades. Enredeando sus piernas y brazos en el otro, anhelantes, deseosos de amar al otro, de sentir al otro sobre suyo.
Syaoran se separo unos centímetros de su rostro y sus labios delinearon el contorno de la mandíbula femenina hasta llegar al cuello. Fue dejando un regero de cortos besos a medida que bajaba, descendiendo por su clavícula hasta llegar a sus rosados montículos. Su mano derecha apresó uno de sus pechos y con su boca, succionó el otro. Sakura gimió suavemente y cerró los ojos ante la sensación de su cavidad tibia y húmeda sobre una de las partes más sensibles de su cuerpo. Enredó sus dedos en la cabellera chocolate regalándome suaves caricias y mimos. Luego, las manos del castaño bajaron lentamente por su costado, modelando la curva de su cintura y sus caderas, detiéndose solamente para besar y recorrer el plano abdomen de Sakura con la lengua.
Quería devorarla completa. Recorrerla en su cabalidad, adorar cada parte de su cuerpo, sentir como la yema de sus dedos bajaba por la suavidad de su piel, embriagarse con su aroma a cielo.
Se arrodilló frente a ella y despacio abrió sus piernas. Sakura lo miro desde su posición, completamente roja. Él le regalo una sonrisa sútil, transmitiéndole seguridad. Una de sus manos atrapo la pantorilla de sus largas y preciosas piernas y acercó su boca, besando el largo de miembro, bajando lentamente, succionando, mordiendo y marcando su piel mientras que con los dedos de su otra mano, rozaba suavemente la entrada de la intimidad de la mujer que amaba.
Sakura cerró los ojos por inercia y se mordió el labio inferior. Aguantando los sonidos que querían escapar de sus labios. Syaoran sonrió de lado al verla.
—No los retengas—le dijo con voz ronca causando un delicioso escalofrio en Sakura—quiero escucharte. Todo. Quiero todo de ti.
Sin previó aviso, enterro su rostro entre sus muslos, posando su boca en la intimidad femenina. Bebió de ella como un sediento bebé agua por primera vez. Paseó su lengua de arriba hacia abajo sobre el centro de su feminidad. La sintió moverse contra su boca en un tímido vaivén agarrando sus cabellos con un poco más de fuerza y sus gemidos, suaves y constantes le supieron a gloria. Enterró más sus dedos sobre sus muslos e incursionó en su tierno interior con la lengua. Sakura arqueó levemente la espalda y se restregó con más fuerza sobre su boca, extasiada. Sentir su boca en su intimidad era glorioso, el paraíso. Su cuerpo reaccionaba sin poder contenerse, sus caderas se movían contra sus labios buscando más placer, más de lo que le hacía sentir.
Cuando sintió la intimidad de Sakura lo suficientemente mojada y preparada, volvió a subir exigiendo sus labios, quien lo recibió gustosa con la boca sedianta de él.
Se acomodó entre sus piernas y con ayuda de sus manos se deshizo de su bóxer quedando completamente desnudo. Juntaron sus frente y se miraron una vez más, con la respiración agitada y temblando a ratos de la emoción.
—Dolerá—le dijo mordisqueando su labio inferior, tan excitado que sentía que podía morir del ansía de hacerla suya.
La castaña rodeo sus caderas con sus piernas y alzó su pelvis en respuesta.
—Lo sé— respondiendo temblando de emoción, miedo y placer.
—Solo mírame, mírame a mi. Aférrate a mi—le susurró ronco, mirandola a los ojos. Ella sonrió débil y asintió.
Xiao Lang acomodó su miembro en la entrada femenina y durante unos segundos se rozo contra ella, sintiendo el calor y la húmedad de su paraíso personal. Su miembro latía casi doloroso contra la humedad de la cavidad virginal.
Necesitaba hacerla suya ya.
Sakura enterró sus dedos en su cabellera chocolate y en el momento que inspiro profundo, Xiao Lang la penetró en un solo movimiento, entrando de lleno en ella. Sakura ahogo un grito, él gruño al sentirse por completo dentro su cuerpo. Ambos jadearon y pronto ella gimoteó al dolor de perder su virginidad. Cerró los ojos soportando el ardor, lágrimas corrieron por el costado de su rostro, sin embargo, los abrió al sentir la nariz de su hombre acariciando la suya suavemente, tratando de calmarla, a pesar de su respiración agitada y su cuerpo en tensión, pensaba en ella.
Quería reconfortarla.
Pero una parte de él quería empujarse contra ella como un animal, calmar su acumulado deseo por ella. Estar en su estrecho interior era la sensación más exquisita que hubiera sentido jamás. Era pequeña, cálida y húmeda. Le costaba pensar con claridad pero la tenía grabada a fuego en su corazón, incluso en su inexperiencia, no se dejaría llevar por sus instintos, por el impulso primario de satisfacer su caliente necesidad de ella.
—Te amo…te amo…te amo…—le susurraba entrecortado, consolándola.
Sakura le paso una mano por el rostro, acarició su mejilla y le sonrió dulce, acostumbrándose a la sensación de tenerlo dentro, al hecho de que ahora era suya. Atrapó sus labios en un beso suave, lento, disfrutando de su boca húmeda y su sabor.
—También te amo…—respondió de la misma forma—Estoy bien…puedes…hm…y-ya sabes…
Syaoran la miro enternecido. Depósito un corto beso en sus labios y asintió a su petición. Quería ser delicado y cuidadoso, quería que lo disfrutará tanto como lo hacía él. Arrugó las sábanas entre las manos y salió y entró lento una vez más a su cuerpo. Tensó la mandíbula al primer golpe de placer.
Mierda.
Estar en su cuerpo era exquisito y moverse dentro de ella, aún más.
Sakura notó su preocupación y la incomodidad abordarla otra vez, pero en esta pasada pudo sentir un pequeño atisbo de placer. Envolvió sus brazos en su cuello y atrapo su boca, exigiéndole un beso húmedo. Envolvió las caderas del castaño con sus piernas y movió su pelvis lento en un movimiento constante. Ambos gimieron ahogando sus sonidos en la boca del otro.
—Así…A-sí…—Dijo Sakura sobre sus labios.
Syaoran asintió quedamente, arrugo con más fuerzas las sábanas y comenzó a moverse suave y lento contra ella, en el ritmo que le había marcado. La besó profundo buscando su lengua con la suya, acariciándola y disfrutando de su sabor y de su interior. Poco a poco las caderas de la castaña se unieron a los suaves embistes del castaño y sus gemidos inundaron poco a poco la habitación.
Gradualmente y a medida que el cuerpo de Sakura se relajaba y soltaba, el autocontrol de Syaoran se perdía más y más y pronto el ritmo de sus embestidas aumentaron la rápidez y la profundidad al mismo tiempo que aumentaba la fogosidad de sus besos, el morbo de las manos del otro sobre el cuerpo ajeno. La saliva de la boca del castaño caía por el costado del rostro de Sakura, al llenarla de besos cada vez más fogosos y desesperados, y cuando la boca de la castaña era liberada de su prisión, ella misma se encargaba de ocuparla mordisqueando la piel que tenía a su alcancé, gimiendo el nombre de Syaoran y enredando sus manos en su cabello.
Xiao Lang agarró sus glúteos estrujándolos con fuerza, enterrándose más ella, perdido en su interior, en las embestidas rápidas y profundas, en su intimidad apretando su miembro exquisitamente, en sus gemidos agudos y constantes en su oído. ¿Cuantas veces soñó y fantaseó con ese momento? ¿Cuan grande fueron sus ganas contenidas de hacerla suya? No existía palabra que pudiera describir su deseo de ella. Paseó su lengua por su clavícula y mordió su hombro, posesivo.
Por fin, era suya. Era su mujer, finalmente y saberlo con tal certeza lo calentaba aún más de ser posible, por que siempre quiso tenerla para él, solamente para él.
—Sya..ora..nmh…yo…hm…hm
El interior de Sakura apretó deliciosamente su miembro. Gruño extasiado y la embistió con más fuerza, pegó su frente a la suya y la observó disfrutar el placer que le brindaban el vaivén de sus caderas. Sakura tenía los ojos cerrados, las mejillas rojas y gemía con la boca semi abierta, ahogada en el placer de sentirlo empujar su punto más sensible con ímpetu delicioso.
—Mírame— le exigió.
La castaña entreabrió los ojos y la visión de su atractivo rostro sudado y sonrojado, la envolvió en otra ola de placer. ¡Como lo deseaba! Cegada en sus sensación, saco la lengua y la metió de lleno en boca de su amante, recorriendo la amada cavidad. Syaoran mordió su labio inferior, tratando de canalizar el placer que le causaba todo lo que sentía por ella y lo que causaba en su cuerpo.
Sakura estaba apunto de alcanzar el orgasmo y el quería correrse en ella y con ella.
—Mí…ram…e…míra…me…—volvió a exigir.
Sakura abrió sus ojos justo en el momento que sentía que todo el calor se acumulaba de manera deliciosa en su vientre y explotaba por todo su cuerpo. Arqueó la espalda sin despegar la frente de su amante, se mordió el labio inferior resistiendo a la tentación de cerrar los ojos, viéndose reflejada en la miel del hombre que amaba. Syaoran gruño al sentir como su miembro era apretado fuerte por la intimidad de su chica, aumento la velocidad de sus embestidas y se dejo llevar por el orgasmo con la gloriosa imagen de Sakura llegando al suyo.
Escondió su rostro en el hombro de la joven con las embestidas en descenso, disfrutando de los últimos espasmos y residuos de placer hasta que finalmente cayó agitado y agotado sobre el cuerpo femenino en las mismas condiciones.
Durante unos minutos lo único que se escuchaba en la habitación era el sonido de sus respiraciones luchando por volver a la normalidad. Luego, de recuperada la calma, se abrazo al cuerpo femenino, cuidando de no aplastarla y acomodó su rostro entre su pecho desnudo. Sakura envolvió suavemente su cabeza con sus brazos y con una de sus manos acarició los cabellos chocolates de Syaoran.
Sus ojos verdes miraron el techo y una pequeña sonrisa asomo en sus labios rojos e hinchados. Se sentía en paz, por fin. Estaba en el lugar correcto, lo sabía. Entre sus brazos era donde siempre quería y debía estar. Lo amaba, lo amaba tanto, a pesar de todo lo que implicaba amarlo. Habían hecho el amor y aunque estuviera mal, se sentía tan, tan bien.
Flotaba en una nube de felicidad. Porque al fin era su mujer, al fin era su hombre.
Syaoran depositó un pequeño beso en el espacio entre sus pechos y suspiro, saciado hasta lo indecible.
—Finalmente eres mía— Suspiro verbalizando los pensamiento de la castaña. Ella rió suavemente y él se sintió en el paraíso.
—Siempre he sido tuya— Dijo cariñosa— solo tenías que tomarme.
—Lo he deseado como no tienes una idea.
—Ya no tendrás que desearlo más.
Syaoran se apoyo sobre los antebrazos para poder mirarla. ¿Como podía ser tan endemoniadamente hermosa? Su Sakura, su hermosa flor de cerezo. Ella era su vida, su corazón, su humanidad. Le sonrió de lado y levantó una ceja. Ella lo miro curiosa, inocente, con los ojos brillando de amor. De tanto amor.
—Ahora te deseo más. No sé si seré capaz de dejarte salir del cuarto.
Sakura se sonrojo hasta los cabellos. Abrió la boca tratando de decir algo y luego calló. Lo miró tímida, ante la divertida mirada del castaño.
—Pervertido—murmuró.
—Es tu culpa por ser tan hermosa. No me puedo resistir— Dijo coqueto.
Una de sus manos viajo traviesa por el muslo de Sakura acomodándolo a su cadera y le dio un corto pero sugerente beso en los labios.
—¿Crees que soy hermosa?—preguntó avergonzada e ilusionada a partes iguales.
—Eres la chica más hermosa que he visto— dijo serio.
El corazón de Sakura comenzó a correr en su pecho. ¿Como no iba amarlo? Si la derretía como chocolate al calor con solo unas palabras. Tan maleable que era en sus brazos, tan protegida y amada se sentía. Syaoran podía hacer lo que quisiera con ella y ella aceptaría con una sonrisa y gustosa de complacerlo.
Así era su amor por él, incondicional.
—Te amo— dijo de pronto con una sonrisa.
Syaoran se sonrojo encandilado. Su sonrisa era siempre la más hermosa de todas. Lo único que siempre querría sería la calidez de Sakura, el único calor que quería sentir, era de ella.
—Yo también te amo— respondió acariciando su nariz con la suya.
Sakura suspiró. Ahora que estaban juntos, tendrían que superar muchos obstáculos más.
—¿Qué esta mal? —preguntó preocupado. Sakura restregó su mejilla en la mano de Syaoran, buscando su cariño.
—¿Qué haremos ahora? —preguntó poniendo el asunto sobre la mesa. Syaoran enrededó sus dedos en los mechones cortos de su larga cabellera castaña.
La miro serio con su firme resolución tomada.
—Lucharemos—sentenció convencido. Sakura asintió— Iremos a un lugar donde puedas vivir una vida normal, donde nadie sepa quienes somos o de donde venimos. Iré al lugar donde pueda estar contigo sin restricciones y prohibiciones.
—¿Y si logran separarnos? —el miedo asaltó a Sakura de pronto. Un presentimiento conocido, un miedo que le tocaba la nuca desde hace miles de años—Si no vuelvo a verte yo…yo no sé si podría seguir sin ti…o si dejas de quererme…—Syaoran la besó, buscando calmar sus miedos más profundos.
—Eres la mujer que amo. Nada cambiará eso.
.
.
.
¡HOLA MIS QUERIDOS LECTORES! ¿COMO ESTÁN? ESPERÓ QUE TODO ESTE SÚPER BIEN! SÉ QUE PROMETÍ SUBIR EL CAP EL 3 DE AGOSTO PERO SE ME ECHO A PERDER LA COMPU Y TUVO QUE MANDARLA ARREGLAR, ASÍ QUE COMO ME LA PASARON HOY, SUBO EL CAP.!
Creo que este cap. es uno de los más esperado, Sakura y Syaoron por fin están juntos y dispuestos a luchar y defender su amor, aún sin saber sus verdaderas identidades y el pasado que los unes. Por fin, solo nos queda un solo capítulo para llegar al primer clímax donde se revela el pasado de nuestros protagonistas y demases. Esperó con muchas ansías sus opiniones de este cap. pues debo admitir que ha sido uno de mis favoritos, mis ideas nunca estuvieron más claras que cuando lo estuve escribiendo y la verdad, me lo pase genial. Es una bomba de romanticismo ya que, podemos ver reflejado las distintas formas de amar que las personas pueden tener a través de varios personaje a lo largo de este cap. Algunos más puros, otros más intensos y otros más tóxicos.
Para adelantarles el capítulo XI se títula: EN LA OSCURIDAD DEL LIMBO. Prepáren sus pañuelos hijos mios, se pone intensa y trágica la cosa, eso no más les dijo.
Sin más que decir, me paso a agradecer sus comentarios personalmente.
SANDRA MATUTE: HOLA BELLA! MUCHAS GRACIAS! ESPERÓ QUE ESTE CAP. TAMBIÉN TE GUSTE . NOS LEEMOS, UN BESO.
MALENA27: HOLA LINDA! QUE BUENO QUE TE HAYA GUSTADO MI IDEA Y TE HAYA DEJADO CON MENOS DUDAS Y PUEDAS DARLE UNA MEJOR FORMA. CON RESPECTO A MI SALUD MENTAL, TIENES TODA LA RAZÓN. ME SIENTO MUCHO MEJOR AHORA Y ESTOY MUCHO MÁS CONTENTA, ESPERÓ QUE ESO SE VEA REFLEJADO EN MI ESCRITURA. MUCHAS GRACIAS POR EL APOYO CONSTANTE Y TUS RICOS COMENTARIOS. NOS LEEMOS, UN BESO.
SWIFT13HM: HOLA LINDA! SIENTO TU EMOCIÓN EN EL COMENTARIO. ME ALEGRO UN MONTÓN QUE EL CAP TE HAYA GUSTADO, Y ESPERÓ QUE ESTE TAMBIÉN TE GUSTE. POR FIN ENTRAMOS EN LA ETAPA DEL ''VIVA EL AMOR'' POR AHORA JEJEJ. NOS LEEMOS, UN BESO.
MISCEREZOO: HOLA MI QUERIDA! CREO QUE ESTE CAP TE VA A ENCANTAR PUES ESTÁN TUS PAREJAS FAVORITAS COMO PROTAGONISTAS CON ESCENAS MELOSAS Y ROMÁNTICAS (CLARO, CADA PAREJA A SU MANERA) POR FIN SAK Y SYAO CONFESARON SUS SENTIMIENTOS Y DEJARON DE LUCHAR CONTRA LO QUE SENTÍAN. ¿Qué TE PARECIÓ LA ESCENA DE LA CONFESIÓN? ESPERÓ ANSIOSA TU COMENTARIO DE ESTE CAP. NOS LEEMOS, UN BESO!
SAKURITHA07: HOLA LINDA! MUCHAS GRACIAS, ESTOY MUY CONTENTA QUE TE GUSTE Y APUESTO QUE ESTE TE RE ENCANTARÁ. ¿SAK Y SYAO SON TUS FAVORITOS TAMBIÉN? NOS LEEMOS, UN BESO
