CAPÍTULO XI: LA LLAVE MAESTRA

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''No lo olvidaré. No lo olvidaré. Empuña tus manos con fuerza, golpea. Tus pies enterrados en el suelo. Un golpe en el estómago te ha dejado sin aire.

Se ha perdido con la primavera.

Se caen, se caen.

Los pétalos se caen.

El invierno ha empezado.

Juré venganza''

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Azoto las palmas sobre el escritorio. Empujo de un solo manotazo todos los papeles sobre el, iracundo. Les dedico una mirada fría y en lo más profundo de sus iris, ardía el fuego, tornando aquel reflejo de luz en el centro de su mirada de miel roja.

Tan roja como la sangre.

Un escalofrío terrífico hizo temblar a los presentes de los pies a la cabeza.

A todos, menos a ella.

El último cable que le quedaba de humanidad. El único que lazo que tendría sino lograba su propósito.

Cariño dijo en su suave y dulce tono maternal Mantén la calma, por favor.

Se dejo caer sobre la silla de su escritorio. Se paso la mano por el rostro y masajeo sus cien en un intento de controlar su irritación. Cruzo sus manos frente a su rostro y observo sin expresión a esos malditos incompetentes.

Encuéntrenlaordenó con voz terríficasi no los quemaré vivosamenazo sin pudor.

Los presentes asintieron horrorizados, sus nucas sudaron frías y sus manos temblaron sin parar. El hombre frente a ellos les recordaba más a un monstruo que un ser humano. La frialdad de su mirada palpable y su presencia poderosa como para cortar el aire con una palabra. Agradecían que ese día tuvieran la suerte de contar con la presencia de ella, con la única persona a la que parecía tener algo de aprecio, a la única que parecía respetar.

Nadeshiko aparto la mirada afligida y avergonzada de si misma cuando los subordinados de su hijo se retiraron de su despacho, rindiéndole respetos. No podía protegerlos de la ira de Xiao Lang más que esto.

Ella no era Sakura.

Hacía lo que podía para consolar a Xiao Lang y aplacar su constante y creciente odio.

MadreLlamó, y a pesar de la frialdad de su voz, podía distinguir un leve rayo de calidez cuando se dirigía a ellaLamento haberla asustado.

Nadeshiko le sonrió como solo una madre puede sonreírle a un hijo. Comprensiva, compasiva y al mismo tiempo, tan triste como él. Aunque hacia lo imposible por ocultarlo, sabía que la pena la había demacrado hasta cierto punto. Camino hasta que sus manos envolvieron su rostro. Todos podían temerle pero ella nunca lo haría.

No era un monstruo para ella, no importa que tan peligroso o terrorífico fuera para los demás, seguía siendo su hijo.

Al único hijo que podía ver.

Cuatro largos años habían pasado.

Acarició su rostro con ternura, buscando las palabras correctas.

Cariño, ten paciencia. La encontraremos y volveremos a ser felices todos juntos.

Norespondió tensando la mandíbulaNo bastará con solo encontrarla madre, les haré pagar por todo esto. Por su culpa Sakura…los dientes de Xiao Lang rechinaron de rabia ni los malditos Li parecen conocer su paradero.

¿No seguirás pensando en…?Nadeshiko no pudo terminar. La sola idea le resultaba espantosa, pero la venganza ardiendo en los ojos de Xiao Lang, le confirmaban una vez más sus miedos.

Quemaré la casa principal, mataré a todos sus subordinados y reduciré todo rastro de su existencia en cenizas. Ese sigue siendo mi plan, madre.

Nadeshiko lo escucho angustiada. Era esa misma sed de sangre lo que había llevado tanto a la maestra y al antiguo líder de los Li a la ruina. El odio no era la respuesta correcta, de eso estaba segura pero no había forma en que pudiera convencer a su hijo. Xiao Lang no escuchaba razones cuando se trataba de vengar a Sakura.

Te lo ruego, no te conviertas en un asesino…por favorle susurró con un hilo de vozNo te conviertas en lo que quieres destruir.

Xiao Lang se alejo de las manos de su madre con delicadeza. Sus ojos verdes le recordaban a Sakura, ese mismo color de dulce, brillante e inocente. Su podrido corazón aún podía sentirse ciertamente inquieto cada vez que Nadeshiko lo miraba de esa manera pero en su mayoría, albergaba un odio que lo consumía día a día. Trataba de controlar su temperamento frente a su madre, pero el dolor de haber perdido a Sakura, lo sofocaba hasta dejarlo seco por dentro.

Ya no se reconocía en el espejo.

Se dio la vuelta dándole la espalda. Observó la noche, sin luna y estrellas.

Sin estrellas…no sabía cuanto podía significar para él aquellos pequeños y delicados astros. El paisaje del último piso, en el cual tenía instalado su despecho y la oficina principal de su creciente empresa, tenía una vista privilegiada, unos amplios ventanales lo rodeaban y de la única pared de cemento que se erguía entre tanto vidrios, colgaba el retrato de una mujer que cubría todo su amplio.

Las flores de cerezo del fondo florecían rosadas, delicadas y hermosas en plena primavera. El cielo era de un azul claro, limpio y el sol brillaba iluminando todo a su paso. En el centro de la imagen se apreciaba la delicada figura de espaldas de una adolescente, una de sus manos sujetaba el sombrero blanco que llevaba puesto y con la otra saludaba a un desconocido que no se apreciaba en el paisaje. Su largo cabello castaño ondeaba rebelde con el viento y su rostro ladeado le ofrecía una enorme sonrisa bañada de felicidad que adornaba su precioso y pequeño rostro de muñeca. Sus ojos verdes lo enfocaban, y a pesar de no ser más que una fotografía aún podía distinguir su particular brillo.

Se agarró el pecho con una mano enterrando sus dedos en él.

A veces deseaba arrancarse el corazón.

El dolor le carcomía las entrañas, el cuerpo y los pensamientos. Estar vivo era doloroso.

Su recuerdo lo perseguía.

Por las noches la buscaba en sus sueños y en el día, esperaba que por alguna coincidencia de la vida se toparía con su largo cabello castaño o escucharía su risa por mera casualidad y entonces, el correría y correría hasta volver verla.

Si pudiera, estaba seguro que lloraría pero había perdido esa capacidad el día en que ella se marcho. El día en que se marcho, se llevó su corazón con ella. No, algo incluso más profundo. Sakura se llevo todo de él y nada en esos cuatro años lograron llenar el vació que dejo.

No sabía si estaba bien, si tenía miedo o si estaba pasando hambre y frío, si alguien la estaba lastimando o peor, si acaso seguía viva.

No lo sabía.

Lo único que sabía era que debía seguir buscando, nunca dejaría de buscarla. Nunca.

Pero si alguna vez sus peores miedos eran confirmados...

No solo iba a destruir al clan Li, quemaría al mundo entero hasta que no quedará nadie. Esa sería su venganza contra un mundo cruel que le había quitado lo que más quería, lo único que realmente quería.

Sakura.

Luego, el mismo se encargaría de mandarse al infierno y aún así, no dejaría de buscarla.

***0***

¿Se podía morir de felicidad?

Realmente podría morir de felicidad en ese preciso momento. La estrecho entre sus brazos con un poco más de fuerza y sonrió, feliz, completo, enamorado.

Sakura dormía profundamente entre sus brazos, su suave respirar era lo único que podía escuchar, lo inundaba de tranquilidad. A veces se preguntaba vagamente porque amaba tanto a Sakura, porque ella de sobre todas las cosas y personas le tocaba el corazón tan profundamente y luego, recordaba la razón como si fuera lo más obvio del mundo. Estaba enamorado de la incondicionalidad que veía en sus ojos, le transmitía su calor que lo inundaba de calidez y podía decir con propiedad que a su lado, encontraba su hogar.

Sakura era su hogar, al lugar donde siempre podía regresar. El lugar seguro donde podía bajar sus defensas y ser libremente quien era. Con Sakura a su lado, no necesitaba de nada. Durante tanto tiempo, desde que eran unos niños, lo siguió sin dudar un solo momento. A pesar de sus constantes desaires y frialdad injustificada, Sakura lo siguió con una sonrisa en su rostro, tomo de su mano sin miedo y lo guío hacia su mundo de colores.

No podía ver a nadie que no fuera Sakura. Era un sentimiento tan profundo, intenso y puro. Haría cualquiera cosa, sería cualquier cosa por la hermosa chica que dormía entre sus brazos tan plácidamente. Sonrió levemente. El verdadero misterio para él era entender porque ella lo amaba tanto. Entre más lo pensaba, menos lo entendía. A pesar de su carácter y personalidad, Sakura no podía mostrarse más indefensa ante él, no le tenía miedo, en absoluto, en sus ojos solo podía vislumbrar amor incondicional y profundo.

La castaña se movió entre sus brazos, hizo un encantador sonido para los oídos de Xiao Lang y lentamente comenzó abrir sus maravillosos ojos verdes. Lo miro por un segundo y luego le sonrió hermosa y cálida. Se sonrojo inconsciente ante lo hermosa que le parecía.

—Muy buenos días Syaoran—como si nada, la castaña estiro levemente su cuello y deposito un suave beso en los labios de su compañero.

—Buenos días preciosa—la sonrisa de Sakura se extendió más de ser posible. ¿Así de maravilloso era ser correspondida? —¿tienes hambre? —Sakura asintió. El castaño negó con la cabeza, por supuesto que tenía hambre, después de todo lo que habían hecho ayer— ¿Qué quieres comer? ¿Panqueques con frutilla, quizás?

A la castaña se le ilumino el rostro a la simple mención de una de sus comidas favoritas. Era tan delicioso comer dulces y sobre todo si los preparaba Syaoran que tenía una habilidad extraordinaria en la cocina.

—¡Por favor! —pidió con una sonrisa.

El castaño beso su frente y se puso de pie buscando su ropa interior y un buzo para andar por la casa. Se sorprendió al ver las mejillas sonrojadas de Sakura y la forma en que desviaba la vista ante su desnudez, tímida y avergonzada. Era tan inocente, no podía evitar querer molestarla un poco. Apoyo las manos sobre la cama y acercó su rostro al suyo con una sonrisa burlona.

—¿Qué pasa cariño? — Sakura lo miro expectante— ¿te avergüenza verme desnudo? — los colores subieron por su rostro y su expresión fue todo un poema.

—Y-yo…a…yo…¡ah! — demasiado intimidada para poder articular palabra. Escondió su rostro entre las sábanas evitando verlo. Es cierto, lo había visto desnudo pero eso no quería decir que estaba acostumbrada. Syaoran era para todas luces, el hombre más perfecto y guapo que había visto en su vida y poder contemplarlo como dios lo trajo al mundo era demasiado para su corazón. Se sonrojo más de ser posible cuando sintió la respiración en su oído aún sobre las sábanas y la forma en que le susurro le causo un escalofrío delicioso.

—A diferencia de ti, me podría pasar horas contemplando tu desnudez. Estoy fascinado, eres perfecta— susurro sugerente y seductor. Tenía la certeza que el rostro de Sakura estaba completamente rojo y el solo pensarlo, le causaba placer.

Estaba tan feliz, tan, tan feliz. Se vistió con una sonrisa y aguanto la risa al ver por el costado del ojo la forma en que Sakura bajaba lentamente las sabanas para verificar si aún estaba desnudo. Tan encantadora. Le arranco las sábanas de un tirón, la joven se asusto tratando de tapar su desnudez. Syaoran ignoro sus intentos, agarró sus manos y cumplió una de sus muchas fantasías con ella. Le colocó una de sus poleras, que le quedaban más bien como un vestido suelto. La tomo en brazos y bajo con ella las escaleras hacia la cocina.

Quería mimarla, hacerla reír, hacerla feliz. Ignoro sus constantes y tiernas quejas. No tenía ni la más mínima intención de soltarla en ningún momento, ahora que podía demostrar sus sentimientos sin restricciones, aprovecharía cada minuto a su lado. Llegado a la cocina, la sentó sobre el mesón. Volvió a reírse de su rostro sonrojado, sus cabellos revueltos y su preciosa expresión consternada.

—¡Xiao Lang! — replicó inflando las mejillas— ¡ya no soy una niña! No tienes que traerme en brazos como cuando niños. Ya estoy grande para bajar las escaleras por mi cuenta— Sakura cruzó los brazos sobre su pecho molesta, más bien, en un intento por parecerlo. Syaoran asintió a cada una de sus quejas demasiado divertido de su berrinche. Contó mentalmente con ansías hasta que el estómago de Sakura gruño, reclamando por comida. Fue entonces, que se permitió romper a reír. La cara de la castaña era todo un poema, pasando por todos los colores posible.

—Si, si, si a todo lo que digas—respondió quitándole importancia— ¿Ahora puedo hacer el desayuno? —Sakura asintió avergonzada.

Xiao Lang poso sus manos sobre los muslos desnudos de la joven, acariciándolos con las yemas de sus dedos y se inclino hacia adelante para besarla. Sorprendido, los labios de la joven lo recibieron impacientes por un beso más profundo y sus manos rodearon su cuello, acariciando su nuca.

—Hey…—susurró ronco contra sus labios— si me besas así no podrá alejar mis manos de ti…— Sakura lo miro con sus grandes ojos verdes y un encantador rubor cubriendo su rostro.

—N-no me molestaría…—susurró tímida y avergonzada.

Syaoran le sonrió hechizado. ¿Cómo podía existir un ser tan encantador?

—¿No me digas que has estado pensando en eso? —pregunto bromeando. Deslizo una de sus manos sobre sus lacios cabellos castaños. Sakura desvió la mirada más roja de ser posible. Su reacción lo pillo por sorpresa— ¿En serio has…?

No se atrevió a mirarlo pero asintió levemente jugando con sus manos nerviosas.

—No quería que pensaras que soy una pervertida…—susurró apenas audible.

Xiao Lang apoyo sus codos sobre las rodillas de Sakura y la contempló desde abajo.

—¿Por qué pensaría que la mujer que amo es una pervertida porque quiere estar conmigo tanto como yo quiero estar con ella?

A Sakura se le escapo una risita nerviosa, se mordió el labio inferior pero ni así pudo esconder la sonrisa que se formo en sus labios. Cubrió sus mejillas con sus manos y le dio un corto pero profundo beso en los labios.

—Me hace tan feliz— dijo enternecida— Cada vez que dices que me amas, mi corazón brinca en mi pecho. No sé a quien rezarle para agradecerle que estás junto a mi.

—No tienes que agradecerle a nadie. Yo siempre he tenido ojos solo para ti. Incluso cuando éramos unos niños, solo podía verte a ti. ¿Puedo hacerte una pregunta? — asintió quedamente— ¿Por qué siempre me seguiste a pesar de mis constantes rechazos cuando niños? ¿No tenías miedo de mi?

Sakura negó suavemente con la cabeza, sus ojos vagaron distraídamente por el techo, buscando las palabras.

—Nunca tuve miedo de ti. Siempre hubo algo en mi, como una voz o…un presentimiento.

—¿De qué?

—De que tu eras todo lo que necesitaba— se mordió los labios nerviosa y le sonrió. Syaoran tomo sus manos y las besos, repartiendo besos devotos en su dorso— No quiero que se mal entienda. Amo a mi familia, a mis amigos pero...cada vez que te veía algo en mi corazón…mi pecho se inquietaba y seguía mi impulso, quería estar cerca de ti, solo quería estar cerca de ti. Por eso cuando…—la mirada de Sakura se entristeció momentáneamente— Por eso cuando me enteré que estabas con Meiling…creó que nunca nada me dolió como eso.

—Lo solucionaré, te lo prometo. Nunca más te haré pasar por algo así. Perdóname.

—No tengo nada que perdonarte. Tuviste que haberte sentido igual cuando te conté lo de Yukito. Fue insensible, lo siento.

Sakura se inclino hacia adelante, cayendo en los brazos de Syaoran. Ambos se abrazaron con fuerza y él deposito un beso en su coronilla. Por fin eran libres.

—Entonces estemos juntos por siempre desde ahora ¿sí? Por favor, a donde vayas, no vayas sin mi. — pidió Sakura en un susurro acurrada en su pecho, embriagada de su olor.

—Soy tuyo. Tu eres mía. Hasta el final de nuestros días. Eso significa por siempre, ¿lo sabes verdad?

—Si. Nada me haría más feliz que eso. Por siempre.

***0***

Se acomodó en la cama estirando sus extremidades. Restregó su rostro suave contra la almohada. Frunció el ceño aún con los ojos cerrados y estiró su mano tanteando el colchón pero no encontró lo que buscaba. Abrió los ojos perezosa. Se apoyo sobre sus antebrazos y lo busco por la habitación.

¿Donde demonios estaba su hombre?

Se estiró de mala gana, algo molesta de no encontrarlo a su lado. Generalmente era ella quien despertaba primero y lo asaltaba para que le prestará atención, no al revés. Alcanzó su celular en su velador de noche. Por todos los dioses, había dormido una eternidad. El reloj marcaba las 13:48 hrs. era extremadamente tarde, con razón Kerberos no estaba roncando a su lado, conociéndolo su estómago le exigió comida para seguir viviendo o de buen humor, que era más o menos lo mismo.

Una sonrisa de felicidad asomó en sus labios. Le echo un vistazo a su cuerpo desnudo encantada. Se mordió el labio feliz, aguantando el gritito que quería escapar. Suspiro enamorada. Kerberos la había amado hasta dejarla caer profundamente dormida en sus brazos, exhausta de todas las veces que lo habían hecho. Decir que Kerberos era un semental era quedarse corta. Todavía sentía escalofríos al recordar todas las palabras pervertidas que le susurro acompañados de arranques de honestidad romántica. Se estiró una vez más cual gato después de la siesta y se levantó. Busco distraídamente algo que ponerse y se decidió por una polera negra simple que usaba Kerberos para andar en casa, bostezó y salió de la habitación en su búsqueda.

Bufó molesta al no encontrarlo. Tal vez salió a buscar comida. ¿Era realmente necesario salir del departamento? Podía haber pedido comida a domicilio. Bufó de nuevo. A veces Kerberos tenía unos antojos de lo más extraños, le gustaba comer galletas con mantequilla de maní, helado con papas fritas, montañas de dulces y snacks a cada tantas horas, le sorprendía que tuviera el abdomen marcado, no exageradamente pero si lo suficiente para notar la forma de algunos músculos. Se preguntaba seriamente si era posible que tuviera más antojos que una embarazada, se ponía de mal humor si no conseguía lo que quería comer y era siniestro al momento de compartir sus porciones, con suerte la dejaba picotear algunas de sus comidas.

Camino al refrigerador para sacar algo de té helado. Tenía una sed del demonio. Carajos, se había acabado el té. Suspiro y marcó el número de Kerberos, miro extrañada el celular, la llamada no entraba como si estuviera fuera del área. Rodeó los ojos, esa mala costumbre que tenía de nunca tener cargado el bendito celular. Negó con la cabeza, sacó una paleta de la nevera y prendió el televisor del pequeño living del apartamento. Solía poner el canal de las noticias internacionales al levantarse y antes de dormir, entendía la importancia de estar informada.

Se echó en el sofá prestando atención cada tanto a las noticias. Nada que no supiera, nada de lo que no estuviera informada con anterioridad, para alguien como ella, el conocimiento significaba poder y salidas.

Sin embargo, algo llamo su atención. Frunció el ceño. Eso no estaba ahí el día anterior. De repente, un mal presentimiento la asaltó. Se acercó a la hoja de papel doblada perfectamente sobre la mesita de centro. Su corazón comenzó a latir errático y las orejas le ardieron. Desdobló la hoja y tragó pesado.

Dios, que no fuera lo que pensaba.

''Recuperaré tu libertad.

Resiste.

Volveré por ti, en donde quiera que estés, voy a encontrarte.

P.D: Cuando volvamos a vernos te diré lo que significas para mí, espera por mi Meiling.

Kerberos''

Meiling había recibido golpes toda su vida y concordaba que el lugar más doloroso para recibir uno era la boca del estómago, la dejaba sin aliento si era golpeada con la suficiente fuerza.

Una patada hubiera dolido menos, nada se comparaba al dolor que sentía ni la falta de aire que la sofocaba gradualmente. Sus ojos se humedecieron inconscientemente tratando de asimilar la nueva realidad pero la sensación de haber perdido toda la templanza y orientación aumentaba a cada segundo.

Estaba comenzando a hiperventilar.

Pero en toda la confusión y el prominente ataque de ansiedad que estaba experimentando una palabra llamo su atención en las noticias que transmitía la televisión. Leyó como pudo el GC que rezaban los titulares del canal noticiero.

''CASI CUATRO AÑOS DE SILENCIO: HEREDERO DE LOS KEEPER DEMANDA A SUS PADRES POR ABUSO, MALTRATO Y EXPLOTACIÓN INFANTIL''

Con las manos temblando Meiling agarro el control remoto y subió el volumen para escuchar mejor a la presentadora.

''Después de tres años de la desaparición de los medios, el único heredero del grupo económico internacional, Kerberos Claude Keeper, anunció su regreso con la sorpresiva demanda a su madre, Sage Elizabeth Keeper por abuso, maltrato y explotación infantil. La demanda fue notificada a su madre esta mañana junto con un aviso virtual anónimo de su entrada al país.

Recordemos que antes de su retiro voluntario del agitado mundo empresarial, el único hijo de la empresaria, era reconocido nacionalmente por su ingenio y habilidad nata para los negocios, acumulando desde sus tempranos doce años la suma considerable de $10.000.000 de dólares, sin embargo, y por motivos que se desconocían, anuncio su retiro del mundo de los negocios desapareciendo por completo.

Estamos ahora en vivo y en directo con mi compañero Mark, quién espera junto a los demás periodistas, el aterrizaje del vuelo privado de Kerberos en el aeropuerto internacional John F. Kennedy de New York. Vamos con ello.''

Meiling vio con el corazón en la mano como el avión aterrizaba sobre las pistas, se detenía y una docena de hombres de seguridad y personal del aeropuerto se movían de allá para acá preparando el desembarco de Kerberos. Acomodaron la escalera en la entrada de la aeronave, despejaron el camino hacia la entrada del aeropuerto y seguridad contuvo a los periodistas que se amontonaban con sus micrófonos y cámaras para obtener una exclusiva del regreso del niño pródigo.

La puerta de la nave se abrió finalmente.

Primero bajaron más hombre de negro, suponía que el servicio personal de seguridad y por fin entre medio de ellos, estaba él.

Las piernas le temblaron y perdieron su fuerza, cayó al suelo de rodillas.

No lo reconocía. Su cabello dorado estaba peinado hacia atrás y sus ojos de sol cubiertos por unas gafas negras que le daban un aire serio y empresarial. Su cuerpo estaba enfundado en un traje formal de dos piezas de color azul marino, una camisa blanca y corbata roja lisa, tenía las manos en los bolsillos y por la seguridad con la que daba cada paso podía saberlo, estaba confiado.

Se acercó a la imagen que le mostraba el televisor arrastrando las rodillas por el suelo, posó sus dedos sobre la imagen de Kerberos. Hace tan solo unas horas el estaba ahí, junto a ella, amándola y ahora, se encontraba a kilómetros de distancia con un plan en mente del que no tenía mucha idea.

Kerberos camino sin prisas por el camino que le abrían hacia el aeropuerto ignorando a las cámaras y las insistentes preguntas con que lo abordaban los periodistas. De repente, algo pareció llamar su atención, se detuvo un momento y con un movimiento de sus dedos una

una joven mujer pelirroja con el rostro cubierto por las gafas negras, vestida con un traje negro y una coleta alta, se acercó lo suficiente para que el pudiera susurrarle algo al oído. Ella asintió casi inmediatamente y Kerberos sonrió burlesco. Hizo otro corto movimiento con su mano y la mujer dejo que uno de los periodistas se acercará a una distancia prudente a él.

—Señor Keeper, ¿Dónde estuvo todos estos años? ¿Qué tan cierto son los rumores que demando a su madre por maltrato infantil? ¿Su padre también esta involucrado? —El periodista no perdió la oportunidad de bombardearlo de preguntas. Pero Kerberos no tenía intención alguna de responder a nada que no le interesara.

—¿Lo están transmiten internacionalmente? —preguntó descolando al reportero en un perfecto inglés.

—eh…si, ¿por qué pregunta?

El joven empresario sonrió satisfecho, se sacó por un momento las gafas y miró directamente a la cámara. Sus ojos de sol la derritieron, brillaban…a pesar de que solo podía verlo a través del televisor, pudo vislumbrar el brillo del amor que le profesaba.

—Volveré por ti—Sonrió seguro, pagado de si mismo. Se coloco nuevamente las gafas y siguió su camino ignorando el bombardeó de preguntas.

—No…—dijo sin voz—no, no…no—Meiling ahogó un jadeo y una rabia interna carcomida de impotencia la embargo—¡No! —gritó con todas su fuerzas.

Descontrolada ante lo que sus palabras significaban, boto de un manotazo todo lo que encontró a su paso, sin distinción alguna. Golpeó la pared con tanta fuerza y repetidas veces que abollo la misma y sus nudillos sangraron despellejados por el choque de fuerzas.

Kerberos no tenía idea en lo que se estaba metiendo. El clan Li lo mataría antes de que pudiera hacer cualquier movimiento significativo. Ni todo el poder económico del mundo sería capaz de aplastar al clan más poderoso y sangriento. Los Li no tenían escrúpulos, estaban sobre las consecuencias de sus acciones y ellos, aún contaban con magos que poseían cierta magia, lo suficiente para matar a cualquier ser humano común como lo era Kerberos.

Esa declaración, era la sentencia de muerte de Kerberos y ella, no podría hacer nada para salvarlo, nada para protegerlo y la sentencia de su muerte y la impotencia de no poder hacer nada, la rompieron por primera vez en diecinueve años.

Iba a perder a la única persona que había amado y solo podría observar como el tiempo se le agotaba, como los días pasaban y con el paso del tiempo, la sentencia sobre la vida de aquel joven que le regalo su amor, caería sobre él antes de poder siquiera haberlo amado como quería.

Cayó rendida al suelo nuevamente, se encogió sobre si misma en posición fetal, apretando sus rodillas sobre su pecho. Quería morir. Quería morir. Quería morir con él. Por primera vez, Meiling dejo ir sus lágrimas amargas, las dejo caer sobre ella, tortuosas y culpables.

Haberlo amado era su pecado, su delito. No tenía permitido amar, no tenía permitido sentir y el castigo por haberlo permitido, por habérselo permitido, era la muerte.

La muerte de su amado Kerberos.

Pero ella moriría, cuando los Li vinieran a por ella no opondría resistencia, se dejaría matar.

Estaba cansada.

Agotada de haber nacido en el seno de ese clan cruel y despiadado, agotada mental y físicamente de todo y de todos. Su único rayo de luz había sido ese joven que ahora se jugaría la vida por ella y la perdería.

Con las pocas fuerzas que le quedaban, Meiling gateo hacia uno de los muebles de la cocina, se tropezó en el camino al resbalar una de sus manos, golpeando su mentón y abriendo una herida pero no le importo. Abrió el primer cajón, rebuscó entre las distintas cajas de medicamentos hasta encontrar lo que buscaba. Sus benditas pastillas para dormir, las que últimamente no usaba. Vació todo el contenido en su mano, arrastro los pies hasta alcanzar el recipiente de sake, se echo todas las pastillas a la boca y bebió de la botella.

Con gimoteos que le rompían el alma camino como pudo hacia la habitación que una vez fue de Kerberos. Se acostó en la cama y apretó con fuerza la almohada que una vez uso, inhalando su aroma y esperó a que la muerte viniera por ella. De alguna forma, dentro de todo el dolor que sentía, se sentía aliviada. Por fin sería libre, y tal vez, con algo de suerte, podría nacer siendo una chica normal, y lo encontraría a él nuevamente y esta vez, no dejaría escapar.

Esperaba y rezaba por volver a encontrarlo en otra vida. En una vida donde fuera libre de amarlo.

***0***

Caminaba de un lado a otro inquieta, bastante impropio de su personalidad siempre serena. Miro a través de la ventana de su salón. Vio a Sakura salir, caminando a lado de Syaoran, yéndose juntos a casa como solían hacerlo desde hace unas cuentas semanas, sin falta.

Sonrió con ternura. Estaba feliz que su mejor amiga estuviera viviendo su romance, un amor prohibido, pero amor al fin y al cabo. Los siguió con la mirada hasta perderlos en el horizonte. Su mirada grisácea se perdió en el firmamento que pintaba un atardecer cálido de colores naranjos y rojizos.

Era un atardecer hermoso y hubiera podido disfrutarlo si no estuviera tan preocupada, angustiada y triste.

Hace semanas que Kerberos había desaparecido y aún no encontraba rastros de él. Según había informado su profesor titular, su mejor amigo había dejado el instituto por motivos personales que no podía compartir con la clase.

Que oportuno.

Pero no estaba contenta ni convencida. Uno de sus mejores amigos de la vida había desaparecido y no pensaba quedarse de brazos cruzados. No señor, lo traería de vuelta a como de lugar.

Apenas se hubieron enterado de la noticias, Sakura salió corriendo del salón llevando consigo nada más que su celular. Tomoyo la siguió tratando de calmarla. La castaña marcó el número de Kerberos una y otra vez, pero no hubo caso, la llamada ni siquiera entró. Antes de terminar llorando, quiso correr hasta su casa y confirmarlo con sus propios ojos, fue cuando ambas cayeron en cuenta.

Nunca habían visitado la casa de Kerberos y mucho menos, conocían su dirección.

Sakura termino llorando desconsolada y aunque trató de mantener la dignidad y fortaleza por ambas, termino acompañándola en sus lágrimas, igual de afectada. El llanto de la castaña fue desolador, lloró con tanta angustia que en un momento se descompenso. Por primera vez en su vida Tomoyo no supo que hacer, marcó con la misma desesperación a Syaoran y en menos de quince minutos las encontró, tomo a Sakura en brazos y la besó sin dudarlo.

La impresión saco a la castaña de su estado desolador y luego la miro, sus ojos verdes le imploraron por misericordia, consciente de lo que significaba aquel beso.

Tomoyo asintió sutilmente tratando de sonreírle, pero solo logró una mueca extraña en su rostro de porcelana, la angustia y tristeza no la dejaban reaccionar como quisiera. Sakura asintió igual que ella y miró a Li con los ojos llorosos, aferrando sus manos a su camisa. Syaoran la sostuvo con fuerza manteniendo la calma.

—Kerberos…—pronunció con la voz quebrada—Kerberos se fue…— y rompió a llorar histérica con la boca abierta, sin poder disimularlo ni un solo momento—N-no…n-o pu-ed-o loca-l-izar-lo…Syaoran…nec-esito encontrarlo…yo…

Syaoran le acarició el cabello con dulzura, asintiendo a cada una de sus palabras y luego, la estrecho entre sus brazos, consolando su dolor. No la soltó, dejo que llorara y llorara a sus anchas, sin restricciones. Cuando las lágrimas menguaron un poco, tomo el pequeño rostro de Sakura entre sus manos y la miro directamente a los ojos.

—Voy a encontrarlo— le dijo con convicción. A Tomoyo jamás le había parecido más humano que en ese momento—Lo traeré de vuelta por ti, Sakura.

El mentón le tembló y ahogo sus lágrimas. Asintió imperceptiblemente y trato de contenerse para no llorar más. Si Syaoran decía que iba a encontrarlo, lo encontraría. El nunca, nunca faltaría a su palabra.

—Vamos a casa— Sakura asintió y la tomo entre sus brazos cual princesa, acercándola lo más posible a él. Inmediatamente la delgada figura de la castaña se acomodó entre sus brazos, buscando consuelo. Una sensación de nostalgia embargo a Tomoyo, como un deja vú, aquella imagen la había visto alguna vez, en algún tiempo pasado y tuvo la certeza que apoyar las decisiones de Sakura, había sido la elección correcta. Syaoran la miro detenidamente un instante y luego, inclino la cabeza ante ella con tanta solemnidad que quedo descolocada—Gracias Tomoyo. Siempre estaré en deuda contigo, no dudes en pedirme ayuda cuando la necesites. En lo que sea, para lo que sea.

Fue entonces que lo entendió, esa era la manera de Xiao Lang de retribuirle su fidelidad hacia Sakura, de retribuirle el hecho de no juzgarlos y apoyar a ambos en su relación. Tomoyo negó con la cabeza suavemente. Ella no quería ser recompensada por su amistad. No lo necesitaba. Si su mejor amiga era feliz, eso era suficiente, no necesitaba de más o bueno si, quería a su mejor amigo de vuelta. Quería abrazarlo y disculparse con él, quería regañarlo y mimarlo, quería escuchar su historia y pedirle perdón por no haberse dado cuenta de que algo pasaba.

—Encuéntralo, por favor—La voz se le quebró en su suplica. Syaoran asintió.

Suspiro nuevamente. Confiaba en que Xiao Lang traería de vuelta a Kerberos. Sabía por Sakura que había logrado recopilar información a través de los profesores, pero no compartía lo que sabía con ninguna de las dos. ¿La razón? Aparentemente el tema era más delicado de lo que podía imaginar. Lo único que sabía era que a penas volvieran sus padres de viaje, Xiao Lang iría por Kerberos. Entendía que la posible razón por la cual no les decía nada era Sakura.

Todo era tan confuso. La poca claridad le causaba una ansiedad difícil de sobrellevar por eso no podía quedarse más tiempo quieta, sintiéndose impotente ante la situación. Tal vez, no podía lograr que los profesores le soltaran información sobre el paradero de Kerberos pero podía investigar como era su vida aquí, eso al menos le daría una idea de lo que podría haberle pasado y para eso, solo podía confiar en una persona.

Eriol Hiragizawa.

Tenían varios asuntos pendientes. Uno de ellos era Kerberos y el otro, el supuesto vínculo parental de Sakura y Syaoran.

Su corazón palpito ansioso al distinguir la elegante figura de Eriol acercándose a ella. Sintió un vació en el estómago. Su semblante serio le crispo los vellos de la nuca.

—Querida Tomoyo—Saludó pero esta vez no había rastro alguno de burla, solamente una profunda seriedad en su rostro.

No tenía tiempo para ser educada.

—¿Qué descubriste Eriol? — preguntó directa.

Por primera vez Tomoyo contemplo como se veía la indecisión en el semblante de Eriol. Tenía el ceño fruncido, podía apreciar que estaba buscando las palabras para decirle lo que le fuera a decir. Suspiro quedamente y la miro firme.

—¿Sabías que Kerberos era un fuckboy? —Tomoyo entrecerró los ojos y junto las cejas. ¿Qué?

—¿Un tipo que acuesta con muchas mujeres sin involucrar sentimientos? —Eriol asintió, ella suspiro— No, no lo sabía y si ese fuera el caso, ¿qué mas da? Kero es lo suficientemente grande para tomar decisiones y la forma en la que quiere llevar su vida sexual. No es de nuestra incumbencia como se relaciona con las mujeres ni tiene relevancia para…

—No solo se acostaba con adolescente Tomoyo…—interrumpió. Las facciones de Tomoyo quedaron quietas, abrió la boca pasmada y trago lento, procesando la información—lo hacía a cambio de un lugar para dormir.

—¿Q-ué estas diciendo? —dijo con un hilo de voz.

—Conseguí la dirección de su casa en los registros del instituto. Tuve que mover algunos hilos para acceder a esa información, por alguna razón tienen la estricta orden de proteger los datos personales de Kerberos— Eriol apoyo su espalda en la pared y se cruzo de brazos—Fui hasta su casa y pregunté por el. Casi me echaron a patadas, me dijeron que un chico de nuestro mismo instituto había ido a preguntar, terminó golpeando al padre de Kerberos y lo amenazó al parecer.

—Syaoran…tuvo que ser él— dedujo Tomoyo. Era la única persona que conocía que podía imponerse ante un adulto sin consecuencias graves. Eriol asintió.

—Pues gracias a él no pude averiguar mucho. El padre de Kerberos salió con un brazo roto y la cara hinchada, creo que perdió la visión en un ojo. Gritó que le había dicho todo lo que sabía a 'ese' chico y que si no quería problemas, me fuera.

—¡Oh dios mío!

—Al parecer Kerberos no era bienvenido en su propia casa. Dijo algo de que era un bastardo y no quería tener nada que ver con ese…prostituto. Lo siento Tomoyo, sé que esto es fuerte para ti— Eriol le extendió un pañuelo a la joven que había comenzando a llorar.

—¡Como no me di cuenta de nada de esto! — gimoteo sin parar— Con razón Syaoran no quería decirnos nada. Soy una estúpida, no entiendo como no lo vi. Sabía que había algo que no nos decía, a veces estaba ausente, absorto en sus pensamientos y sus ojos en algunas ocasiones parecían…dios, como no lo vi.

—No tenías como saberlo sin invadir su privacidad, no es tu culpa Tomoyo— La joven la miro con las lágrimas escurriendo en su rostro. ¿Qué clase de vida había tenido que llevar Kerberos todo este tiempo? Sufriendo en silencio, ¿Cómo lo había hecho para seguir sonriendo frente a ellas sin preocupaciones?

—Si solo lo hubiera sabido, lo hubiera protegido…le hubiera dado un hogar junto a mi…yo…Kero es mi familia y no pude hacer nada por él…—se cubrió el rostro con ambas manos y aguantó las ganas de gritar. Quería encontrarlo—… ¿no sabes donde esta, cierto? — preguntó sin esperanzas, comenzando a imaginarse lo peor.

—No, pero tengo una pista— la mirada de Tomoyo se ilumino. Eriol dudo un momento, inspiro lentamente.

—Debes prometerme que no actuarás impulsivamente—Tomoyo quiso negarse pero asintió a regañadientes— Ignoró si esto lo sabe Xiao Lang, pero tuve que reconstruir la historia de las mujeres con las que más se frecuentaba, solo una sabía algo. Una mujer mayor que costeaba algunos de sus gastos, me contó que le corto todos los ingresos hace unos dos meses. Según me contó Kerberos le dijo que había encontrado un lugar al cual quería volver y que ya no la necesitaba más. Hace unas semanas aproximadamente lo vio caminando al lado de una chica de cabello negro, el le grito molesto ''Meiling''.

—¿Meiling? — dijo contrariada—…pero Meiling no estaba de novia hace solo unas semanas con Syaoran…¿por qué…?...—Tomoyo se interrumpió y sus ideas se organizaron rápidamente. Su semblante preocupado cambio de uno de verdadero enojo y olvido por completo todos sus modales— Esa maldita zorra ¿Dónde esta? — exigió saber enrabiada.

—Me prometiste que no harías nada imprudente. Meiling no ha asistido al instituto en semanas, tal vez desde el mismo tiempo en que no viene Kerberos. Le pregunté a nuestro profesor titular, me dijo que se encuentra internada y grave en un hospital de la ciudad, al parecer tuvo un accidente o eso es lo que le informaron. No me soltó nada más, tuve que rebuscar en su ficha personal, pero ni ahí figura el hospital en donde se encuentra.

—¿Un accidente? ¿Qué clase de accidente? — a cada cosa que salía de la boca de Eriol, sentía que entraba en un mundo oscuro y desconocido y que al parecer, había estado frente a sus narices todo este tiempo y no había querido verlo. ¿Cómo había podido ser tan ciega?

—No te preocupes. Solo es cuestión de tiempo para que la encuentre— trato de tranquilizarla. El miedo en su cara era evidente. Estaba confundida— Cuando lo sepa, serás la primera en saberlo, Tomoyo.

Para sorpresa de Eriol, la joven tomo sus manos entre las suyas y la apretó suavemente. Le sonrió, a pesar de las preocupaciones y tristezas.

—Muchas gracias Eriol. Siempre te estaré profundamente agradecida.

Le sonrió sincero, apreciando por primera vez la belleza que los otros veían en Tomoyo. No, estaba seguro que la veía particularmente linda en esos instantes porque era la primera vez que le hablaba sin esa tosca máscara de porcelana. Era la primera vez que podía contemplar sus emociones y eso la hacía a sus ojos realmente hermosa hasta el punto de sentirme culpable por ocultarle información. Tenía suficiente con lo que lidiar respecto a Kerberos, no quería darle más en que pensar.

Por fin después de más de un mes de espera podría reunirse con Kaho Mizuki y no quería alertar a la chica frente a él sin tener verdaderos motivos para hacerlo. Se lo guardaría y dependiendo de lo que le dijera, tomaría una decisión.

Por mientras, no quería agobiarla más.

***0***

El sonido del cerrojo cediendo hizo eco en el pasillo del edificio. Afilo la mirada. Hacía dos semanas que no sabía nada de ella. La muy maldita había desaparecido del mapa. No contestaba a sus llamadas ni asistía al instituto. Incluso, era tan atrevida como para ignorar las llamadas de "él". ¿Estaba buscando una muerta prematura? Si fuera así, le costaría trabajo creerlo. Era una de las mejores asesinas del clan, ni siquiera él, si hubiera sido un humano ordinario, podría vencerla.

Lástima.

Dada su condición particular, no representaba ninguna amenaza para él.

Abrió la puerta lento y la madera chirrío quejándose. Lo primero que golpeo sus sentidos fue el olor nauseabundo que pego de lleno a sus narices, luego la casi absoluta oscuridad si no fuera por los pequeños rayos de sol que se filtraban por la ventana.

¿Que demonios había sucedido aquí?

La llamo, pero no hubo respuesta.

Se adentró en el pequeño apartamento, buscándola. Sin notarlo sus pies se tropezaron con un bulto en el suelo pero gracias a la habilidad y reflejo no perdió por completo el equilibrio. Ajusto la vista al bulto en el suelo y lo movió un poco con la suela del zapato.

Eran blando y cálido.

Ajusto la vista a la oscuridad y la reconoció.

A pasos agigantados se acercó al ventanal y corrió la cortinas dejando entrar por completo la luz y su entrada iluminó la estancia.

El largo y fino cabello negro se esparcía desordenado por el piso, su delgado cuerpo se encogía sobre si misma sin nada más que una camisa negra que la cubriera, las manos en su boca estaban llenas de lo que creía podía ser vómito que embarraba parte de su pecho y algunas otras partes de su cuerpo. Estaba tan pálida que podía pasar por un cadáver, sin embargo, desde su posición podía escuchar el casi nulo sonido de su respiración.

Meiling aún estaba viva, sin embargo si no hacía algo ahora, la pequeña luz de vida que quedaba en ella se apagaría para siempre.

La tomo entre sus brazos y le sorprendió sentir los huesos de su cuerpo y el casi inexistente peso de su figura. Estaba tan delgada que tenía la sensación que si la apretaba con un poco más de fuerza, la rompería en dos. La dejo apoyada sobre la pared del baño y abrió el agua fría de la ducha, se acercó a ella y la desnudo. Los huesos de su cuerpo sobresalían sobre su piel pálida y de aspecto enfermo.

Era una imagen lamentable. Una mujer que había decidido rendirse y aún así, no sintió ninguna pena por ella. No estaba en su naturaleza sentir compasión, pero estaba decidido a salvarla, necesitaba la fuerza de Meiling, necesitaba a la líder de la casa menor Wang Li.

La sumergió despacio en el agua fría y espero. Los ojos de rubí se abrieron de golpe, alarmados. Fiel a su naturaleza salvaje, Meiling reaccionó cual animal salvaje. Desconcertada y sin la fuerza que la caracterizaba, se revolvió entre sus brazos con gruñidos fieros y chillidos que hubieran asustados a cualquiera, sus largas uñas rasguñaron sus brazos, cara y cuello, pero no la soltó.

Poco a poco la pelinegra fue recuperando el sentido común hasta que el gesto felino de su rostro desapareció. Se miro las manos temblando, luego a su cuerpo desnudo, a su alrededor y finalmente poso sus ojos rojos como la sangre sobre él.

En el momento que sus ojos de rubí miraron los suyos, lo supo. A pesar de que sus ojos lo enfocaban, su mirada estaba vacía, opaca, había perdido la vitalidad, orgullo y arrogancia que siempre la había caracterizado. La pelinegra estaba hundida en las profundidades de una oscuridad vacía. Suspiro maldiciendo su suerte, tenían poco tiempo y no sabía si sería capaz de sacar a Meiling de ahí a tiempo. Tras unos cuantos minutos que lo hubo observado, la pelinegra suspiro con tal pesar como si en su espalda sostuviera una gran y pesada mochila que sobrepasaba sus propias fuerzas, abrazó sus rodillas contra su pecho, apoyo el mentón sobre ellas, cerró los ojos resignada y silenciosas lágrimas bajaron por sus mejillas.

Tomó aquello como una señal de derrota. Meiling había perdido las ganas de luchar. Debía traerla de vuelta, si quería obtener lo que quería, debía salvarla.

Sumido en el mismo silencio que la chica, tomo la ducha de la bañera y comenzó a limpiarla cuidosamente, poniendo especial atención en no rozar siquiera sus partes más íntimas. Enjabono su cuerpo lo mejor que pudo, limpió y desenredo su largo cabello negro y la dejo descansar en el agua tibia de la tina.

Se apresuró hasta la habitación de la chica que a diferencia del living-comedor de su departamento estaba limpia y ordenada. Sacó ropa limpia, cómoda y abrigada y volvió al baño. La saco de la bañera con el mismo cuidado. La seco, la vistió, cepillo y seco su cabello, la tomó entre sus brazos llevándola a la habitación y la recostó en la cama.

—¿Hay algo en especial que quieras comer? —preguntó esperando por alguna reacción, pero no hubo respuesta. Meiling no era más que un cascarón vació, una muñeca de porcelana sin vida. La pelinegra volteó su rostro y volvió a encogerse sobre si misma en posición fetal. Ignorándolo.

Debía descubrir que demonios había sucedido para que la mejor asesina del clan Li se volviera una pobre criatura indefensa. Se adentró una vez más al living, buscando respuestas. Una parte del suelo estaba echo un desastre, el vómito se había pegado como una segunda piel al piso de madera. Abrió la ventana de la estancia para ventilar el lugar. Fue a la pequeña cocina buscando pistas, y lo primero que encontró fue una botella de Sake a medio tomar y el envase vacío de Suvorexant. No había que ser un genio para entenderlo, Meiling había intentado suicidarse. La pregunta era, ¿por qué?

Observo nuevamente la estancia buscando pistas y le llamó la atención la puerta a medio abrir de una habitación a la que no había entrado. Cruzó el marcó de la puerta y arrugó la nariz. El hedor era fatal.

Si Meiling no descendiera del clan Li, hubiera muerto por la cantidad de píldoras que había consumido, es más, sospechaba que había pasado semanas sin tomar ni comer nada. Cualquier ser humano hubiera muerto en esas condiciones, pero no un descendiente del clan, la fuerza sobrenatural estaba presente en todos ellos. Incluso en aquellos humanos que no podían usar magia, su resistencia era extraordinaria. No esperaba menos de la siguiente cabeza de la casa menor Wang Li.

Se acercó hacia la cama vomitada, incluso podía observar algunas manchas de sangre. Seguramente inconscientemente el cuerpo entrenado de Meiling, había expulsado todo el veneno ingerido antes que fuera demasiado tarde, su estómago tuvo que haberse resentido y eso explicaría las manchas de sangre.

Debía admitirlo, estaba sorprendido. La chica era extremadamente fuerte. Incluso en ese estado se había arrastrado hasta el living, eso explicaría los raspones en sus rodillas y codos.

Necesitaba hacerse con su fuerza y la fuerza de su casa, debía hacerla volver. Reviso el cuarto con especial atención.

Hasta que finalmente dio con lo que buscaba.

Kerberos Keeper.

El motivo por el cual Meiling había renunciado a su vida y su deseo de libertad, era el maldito Keeper. Guardó en su bolsillo la nota arrugada y salpicada de vómito. Sonrió satisfecho. Con esto podría provocar la ira de la pelinegra. Por fin unía las piezas del rompecabezas. Tal vez si hubiera estado en su posición, se hubiera rendido como ella pero él no era Meiling, él podía usar magia y su magia, era fuerte y aterradora.

Si unían fuerzas, ambos podrían conseguir lo que querían.

Pasados unas horas, la puerta de la habitación de la pelinegra volvió abrirse pero a pesar de estar despierta, no movió ni un músculo sumergida en su propia desolación. El olor a limpio y a comida entraron por sus narices pero no despertó en ella ningún estímulo.

Escuchó un suave tarareó. Entrecerró los ojos cuando la luz se coló por la habitación y el aire de afuera entró.

—Te hice sopa de pollo y fideos blancos, traje agua y un poco de pan. Debemos estabilizar tu estómago y recuperar tu salud— a pesar de que siempre le molesto el sonido aterciopelado de su voz y sus formas engañosamente suaves, no hizo ni dijo nada— También limpie el desastre que dejaste. Esta todo como nuevo, solo debes concentrarte en recuperar tus fuerzas— le dijo suave y amable.

Depositó la bandeja con comida frente a ella, esperando que el olor la instará a comer y le sonrió amable, sin embargo, cerró sus ojos rojos, ignorando sus acciones. Solo quería que la dejará morir de inanición en paz.

Suspiró y negó con la cabeza con sus formas suaves y elegantes.

—Oh vamos. Por favor, tienes que comer Meiling-san—pidió con voz suave y conciliadora— o no podré mostrarte como le abro las tripas a Kerberos.

Sonrió siniestro y frío al detener entre sus dedos del medio e índice el cuchillo de mantequilla que se había convertido en una arma mortal entre las manos de Meiling, la cual pretendía y ejercía fuerza para atravesarle el ojo derecho.

—¡Tsukishiro! —le rugió cual animal.

Ahí estaba, a pesar de la extrema delgadez de su cuerpo y la apariencia frágil y penosa. Ahí estaba, sosteniendo el cuchillo con todas sus fuerzas, mostrándole los dientes y mirándolo con tal odio y rabia que parecía que ese sentimiento le daba fuerzas para seguir ejerciendo fuerza e intentar lastimarlo. Entre toda la desolación y resignación, la sola mención de su nombre, la sola idea de hacerle daño frente a ella convertía a Meiling en un animal dispuesto a luchar, en la asesina que necesitaba, le devolvían a Meiling el espíritu de guerra.

No por nada las mujeres de la casa Wang Li durante siglos fueron comprometidas una y otra vez con el heredero del clan Li y en sus vientres, engendraban al siguiente líder del clan. Su vientre era fuerte, porque ellas eran fuertes.

Mujeres asesinas, con los mismo ojos rojo sangre que el primer mago de fuego.

Yukito le sonrió nuevamente, esta vez más amable. Complacido por ver un rastro de vida en ella.

—Me alegra ver que estas mejor, Meiling-san.

—Si te atreves a tocar a Kerberos, voy a matarte—le escupió amenazante. Yukito se limitó a sonreírle.

—Eres realmente sorprendente Meiling-san— dijo en su habitual tono amigable— A pesar de que podría romperte los huesos, todavía tienes fuerzas para intentar lastimarme. Eres una digna hija del clan.

—Si vas a matarme, mátame ya pedazo de mierda— Yukito negó con la cabeza reprobatoriamente.

—Meiling-san, eres una chica, no deberías usar esas palabras.

La pelinegra le gruño mostrándole los dientes. Desde que tenía memoria, nunca le agrado Yukito Tsukishiro. No era solo por el hecho que fuera uno de los pocos dentro del clan que aún podían usar magia o el hecho de que, contrario a las costumbres de los Li, Yukito era un descendiente de la luna que se le había dejado vivir porque había nacido con tal poder mágico que solamente el pacto de sangre lo mantenía bajo control. No, no eran las excepciones que habían hecho con el, era el frío destripador que sentía cada vez que estaba cerca. Meiling tenía un instinto agudo cual animal salvaje, sabía medir que tan peligrosa era una persona pues sus sentidos la alertaban cada vez que algo o alguien era peligroso.

La forma en que se erizaban los vellos de su cuerpo al estar cerca de Tsukishiro solamente podía compararse con el miedo que le provocaban el líder interino del clan o el mismo Xiao Lang. Yukito no tenía humanidad, de eso estaba segura. Las formas suave, amigables y dulces de su personalidad eran un mero disfraz, una careta con la cual maquillaba su falta de emociones, ambiciones y deseos. Ejercio más fuerza con su mano y sintió como se clavaban sus uñas en la palma.

—Si te dijera que existe una forma de salvar a Kerberos, ¿me escucharías? —inmediatamente la fuerza que ejercía la pelinegra cedió sutilmente.

—¿Por qué querrías salvar a Kerberos? Tu no sientes nada—la sonrisa en la amable cara de Yukito se esfumo por completo. La miro sin ninguna expresión en particular. Meiling tuvo que soltar el cuchillo entre sus manos antes que su magia la convirtiera en hielo también. Se sentó en el borde de la cama dándole la espalda y su mirada se perdió en el paisaje que mostraba la ventana.

—La quiero…—susurró suave— quiero salvar a Sakura, quiero protegerla del clan.

Su confesión la pillo desprevenida. ¿Tsukishiro podía albergar tales deseos? Le parecía de lo más extraño que él, quien siempre acataba todas las ordenes sin dudar ni preguntar quisiera ir en contra de los deseos del clan Li.

—¿Por qué? —La miro con sus ojos de arena y por primera vez desde que lo conocía Meiling pudo visualizar un sentimiento en ellos.

—La amo…—susurró—No pretendo tenerla para mi, se que es imposible. Sé que ella solo puede amar a Xiao Lang como lo lleva haciendo desde hace 500 años pero eso no impide que quiera cuidarla. Quiero proteger a la maestra.

—¿Qué tengo que ver en todo esto? —preguntó desconfiada.

—Si tu casa y la mía se unen será suficiente para proteger a la maestra hasta que ambos recuperen sus poderes. Si logramos que Xiao Lang tome el control del clan respaldado por nuestras casas, podremos salvar a Sakura, a Kerberos.

Los ojos de Meiling se iluminaron, recuperando algo del brillo de antaño. Si existía, aunque fuera la mínima posibilidad de salvar a Kerberos, quería intentarlo con todas sus fuerzas. Quería proteger a Kerberos así como él deseaba protegerla. La pelinegra acomodó su espalda en el respaldo de la cama, acercó hacia ella la comida y comenzó a comer ávida y diligentemente. Debía recuperar sus fuerzas, debía comer y entrenar, debía recuperar su espíritu sino no podría ser útil y no podría salvar a su querido chico de sol.

—¿Cuál es el plan? —preguntó. Yukito sonrió complacido, si tenía a Meiling de su lado las cosas se facilitarían para ambos.

***0***

Caminaba nerviosa de un lado a otro. No era una persona que solía morderse las uñas pero no podía controlar sus nervios. Tomoyo la seguía con la mirada y la sonreía cada tanto. Era su forma de transmitirle calma.

Le había dicho que lo más seguro es que no fuera nada. ¿Qué podía pasar? No creía que…No, le había dicho que la posibilidad era bastante baja tomando en cuenta que era la primera vez que hacía ese tipo de cosas.

Podía ser el estrés por ocasionado por la desaparición de Kerberos, sus padres en un viaje que parecía no tener fin o incluso, el hecho de tener una relación con su hermano, era bastante estresante para cualquiera. Eso le repetía Tomoyo una y otra vez.

Vino a la casa de Tomoyo a quedarse a dormir o bueno, eso le había dicho a Syaoran. Desde hacía una semana que su período no bajaba, era sumamente raro ya que era muy regular. ¡No tenía ni un bendito síntoma de que pronto tendría el período! Solían dolerle los pechos y tenía cólicos anticipados pero esta vez no había ni rastro de eso.

—Tranquila Sakura. Estoy segura que no debe ser nada. Me dijiste que se han cuidado todo este tiempo, ¿Qué posibilidades hay de que bueno…tu sabes?

La castaña le dedico una mirada indecisas, se mordió el labio y movió inquieta el pie derecho. Si, se habían cuidado todas menos la primera vez. No se lo había dicho a su mejor amiga aún porque estaba algo avergonzada de haber sido tan irresponsable pero para serse sincera en ese momento ni siquiera pasó por su cabeza, estaba tan ensimismada en Xiao Lang que no pudo pensar en nada más que no fuera él. Se mordió una vez más la uña del pulgar y le soltó la bomba.

—No nos cuidamos la primera vez— lo dijo rápido, tan rápido que al principio Tomoyo la miro extrañada con una sonrisa interrogante.

—¿No se cuidaron la primera vez? — dijo con una sonrisa extraña repitiendo sus palabras. La sonrisa en el rostro de Tomoyo desapareció como si nunca hubiera existido— ¡Sakura!

—¡Lo siento! De verdad que no sé como explicarlo en ese momento simplemente no se me pasó por la cabeza. Tenía…—por primera vez en la vida, Tomoyo ignoró sus palabras y entró con prisas al baño donde esperaba la prueba de embarazo que se había hecho hace unos minutos. Todavía faltaba uno según las instrucciones pero no creía que hiciera mucha diferencia.

Abrió la puerta con decisión y se apresuro hasta llegar al test rápido. Lo miro recordando las instrucciones. Dos rayas rojas. ¿Qué eran dos rayas rojas? Estaba tan nerviosa de pronto que no podía recordar con claridad.

Estaba casi segura que dos rayas eran no-embarazo. Se sintió aliviada por un segundo. Tomo el pequeño objeto entre sus manos y salió del baño en busca de la caja. Sakura la miraba nerviosa al otro lado de la puerta. Le hizo un gesto para que esperará pero le sonrió para tranquilizarla.

Tomo la caja sobre su velador de noche y leyó las instrucciones atentamente. Dos rayas eran…

Mierda.

De pronto un estado de serenidad la asaltó. Dejo ambos objetos sobre el velador y se dio la vuelta lentamente hasta mirar de frente a Sakura. Le hizo una mueca extraña y habló lo más pausado y suave que pudo.

—Sakura…—pudo notar como el cuerpo completo de su mejor amiga se crispaba de la incertidumbre— Estas embarazada, cariño.

La joven palideció. Se quedo mirando como las partículas casi invisible de polvo flotaban en el espacio, traslucidas que si no fuera por la luz, no habría podido notarlas. ¿Cómo sería ser una partícula de polvo? ¿Sería divertido? Pensaba que sí, flotar todo el día no parecía una mala idea. A todo esto, ¿Cómo se formaban las partículas de polvo? ¿nacerían de algo? Creía que sí, porque o sino ¿Cómo existían? Pequeñas partículas de polvo hijo-hija…

Niño-Niña.

Hijo-Hija.

Bebé.

Las piernas le temblaron, su cabeza se sentía llena de aire pero de alguna forma, era consciente que debía ser cuidadosa con ella misma. Se tomo el tiempo de sentarse con cuidado en el suelo. Miro a Tomoyo como si fuera un alíen de otro mundo atenta a sus movimientos y entonces, lo comprendió todo.

Se puso a llorar con la boca abierta cual bebé.

Nuevamente, bebé.

Guagua.

Madre-Padre.

Esas palabras se repetían en su cabeza sin cesar. La abrumaban. Fue consciente débilmente que era abrazado por Tomoyo.

—Tranquila…Tranquila. Todo estará bien. Todo estará bien— Repetía su amiga como un mantra sagrado. Realmente quería creer que todo estaría bien— Debemos hacer otra prueba de embarazo. Esos test rápidos no siempre son muy confiables cariño. Ya verás que todo estará bien. Debemos pensar las cosas con calma— sin embargo, no podía pensar nada con claridad ni parar de llorar como una niña pequeña. Otra vez esa palabra, niña-niño. Bebé. Madre. Padre. — Tranquila Sakura. Lo primero será confirmar si realmente estas…estás embarazada. Mañana haremos otra prueba y dependiendo de lo que salga podrás tomar una decisión, ¿de acuerdo?

—¿y…y si Syaoran me odia después de esto? ¿Cómo se lo diré a mis padres? No estoy preparada para ser mamá aún…yo no sé que hacer…tampoco quiero…no quiero perder al bebé…yo…—Sakura era un atropello de palabras y lágrimas que iban y venían según surgían preocupaciones con su inesperado nuevo estado.

—Syaoran nunca te odiaría por esto, Sakura. Mejor que nadie debes saber que siempre estará contigo, jamás te abandonaría menos si llevas un hijo de los dos en el vientre. —Tomoyo le acarició la cabeza y peino con sus dedos su cabello, consolándola— Calma, todo estará bien. Sacaré una hora para mañana y haremos el examen de sangre para estar seguras, ¿de acuerdo?

Sakura asintió a duras penas sin poder dejar de llorar. Sería una noche larga…muy, muy larga.

***0***

Tener que fingir que estaba internada en un hospital era bastante tedioso. No podía salir ni para caminar unas simples cuadras, eso le había ordenado el maldito de Tsukishiro y como no estaba en su naturaleza obedecer salió igualmente a tomar aire.

Lo lamentaba, realmente lo lamentaba.

Si no fuera por su estúpida arrogancia no tendría que estar lidiando con las preguntas invasivas de Tomoyo y Sakura que la había seguido sin desistir hasta su apartamento. No podía soltar ni una sola palabra hasta que Tsukishiro le diera la orden. Literalmente le dijo ''todo a su tiempo'' y vaya que tenía razón.

Solamente le quedaba ignorar a las insistentes chicas que tenía frente a ella y hacer oídos sordos a cada una de sus preguntas. No pensaba soltar ni una sola palabra. No era el momento aún. Suspiro.

¿Cuándo sería el momento? Pensó, mientras ignoraba el sonido de fondo de las voces de Sakura y Tomoyo. ¿Sería muy mal educado bostezar frente a ellas? La tenían bastante aburridas.

Las hubiera perdido si hubiera saltado o corrido como sabía hacerlo pero uno, se vería muy sospechoso huir del lugar y dos, ¿cómo les explicaría que poder hacer ese tipo de cosas después? ¿Qué era una especie de súper humano con habilidades natas que no podía explicar? Si mientras señor ''todo a su tiempo'' no se lo permitía, no podría abrir su bocota.

Bueno, sonrió maliciosa, ¿podía ser grosera y descortés con ellas por mientras que Sakura no supiera nada? Se le escapo una sonrisa burlesca.

—¡Oye tu! Maldita zorra traicionera y embaucadora. Deja de reírte como una enferma mental y dime de una maldita vez donde esta Kerberos— Wou. Estaba sorprendida, no pensaba que la educada y elegante Tomoyo pudiera tener esa bocota tan sucia.

La miro levantando una ceja. Si esa niñata ricachona y mal educada creía que la intimidaría con esa boca sucia, estaba muy equivocada.

—Así que la ricachona sabe ladrar. Guau— le sonrió soberbia y disfruto como los colores subían por el rostro de Tomoyo— ¿Por qué no te vas menear esa colita hipócrita a otro lado?

—¡Dime donde esta Kerberos ! ¡tu perra aprovechadora! —Meiling la fulmino con la mirada. ¿Aprovecharse de Kerberos? Las única zorras sin corazón que no se habían dado cuenta de como vivía su pobre kerberos habían sido ellas. No iba aceptar que unas dos incompetentes le vinieran a decir que se aprovechaba de él. Ella lo amaba, que demonios. Azoto la mano sobre la superficie de la mesa y se paró enrabiada.

—¡Aquí la única perra eres tu! — le grito— tan obsesionada con Sakura que no te diste cuenta que uno de tus supuestos mejores amigos estaba llevando una vida de mierda. Oh, no. Lo siento, me equivoque. Estoy segura que lo notaste pero estabas tan metida en tu propio egoísmo que decidiste no verlo. ¿Quién es la perra aquí? ¿Yo por darle un hogar decente sin pedirle nada a cambio? ¿o tu que simplemente hiciste la vista gorda?

Tomoyo dio un paso atrás sin saber que decir. Es cierto, todavía se culpaba por no haber intercedido antes, de no haberlo ayudado cuando más lo necesitaba.

Sakura miro a Tomoyo y luego a Meiling. No entendía muy bien que estaba pasando. De pronto, se habían encontrado por casualidad con la china y Tomoyo agarró su mano y corrió tras ella. Se limitó a decirle que Meiling sabía posiblemente donde estaba Kero y después de eso, no tuvo tiempo para preguntar nada más. La siguieron sin dudarlo porque ambas querían encontrar a su mejor amigo.

—Meiling…—comenzó la castaña tratando de calmar los ánimos— Por favor, dinos donde esta Kerberos. Estamos preocupadas por él y queremos ayudarlo, sea lo que sea en que este metido— la aludida la miro sin poder creérselo y frunció el ceño.

—¿Tu ni siquiera sabes que tipo de vida llevaba Kerberos? — luego, miro a Tomoyo acusadoramente—¿Ni siquiera pudiste decirle eso a esta niña inútil? No lo puedo creer.

—No, no lo sé pero quiero saberlo. Quiero poder ayudarlo, así que por favor, dime donde esta.

—¡Eres una estúpida! No puedes hacer nada por ti misma, siempre tan protegida e ignorante. No puedo creer que tu tengas que ser mi última esperanza.

—No entiendo. ¿Qué es lo quieres decir? — la pelinegra rio sarcástica.

—Que eres una niña estúpida e inútil— dijo con desprecio. — No te voy a decir donde esta Kerberos. No te lo mereces— Se paro de la silla y le dio la espalda caminando hacia el pequeño balcón. Estaba cabreada. Sabía que no tenía que hablarle a sí a su futura maestra, pero no podía con su ignorancia y el ánimo siempre obsesivo de los demás por esconderle la verdad. Así nunca se convertiría en una mujer confiable.

—Meiling…por favor…dime donde…

—No— interrumpió cortante— No, no y no. Ya lárguense.

Eso era todo, Sakura oficialmente había perdido la paciencia.

—¡Dime donde esta Kerberos, Meiling!

Una orden directa y explícita.

Su sangre hirvió de una forma que jamás había sentido. Su cuerpo se calentó y sus músculos obedecieron al momento en que su cerebro proceso la información. Ni con actual líder interino del clan ni con el mismísimo Xiao Lang su sangre le exigió tanta obediencia. Se dio la vuelta con lentitud y la analizo de pies a cabeza.

¿Por qué su sangre la exigía obediencia a Sakura? Ella no era una Li.

La verdad cayó sobre ella como un balde de agua fría, muy, muy fría.

Mierda.

Sakura estaba…estaba…finalmente, después de quinientos años. El clan Li había engendrado al niño de la profecía. Alguien más poderoso y fuerte que el mismísimo rey de la noche. El hijo profético. El niño que cambiaría la historia de la magia. En el vientre de la maestra, una vez más. Podía saberlo porque aún sin nacer, su sangre la obligaba a obedecer.

Camino cada paso hacia ella con cautela, las manos le temblaron y así las poso sobre su vientre aún plano. Su cuerpo palpito y no pudo reprimir el impulso de arrodillarse para rendirle honor. Podía sentir la magia doblegando su sangre rebelde, encadenada al pacto de mil años.

—Estas…estas…embarazada…—Sakura palideció asustada.

—¿Cómo es qué tu…?—no pudo terminar la frase, demasiado impactada para pensar con claridad. Tomoyo poso sus manos sobre los hombros de Sakura y la acercó a ella, tratando de protegerla.

Meiling la miro seria y de repente sus ojos observaron alrededor inquieta. Su instinto hizo click y supo que el ''todo a su tiempo'' había llegado.

Tenía que proteger a la maestra, tenía que proteger al heredero del clan. Inclino la cabeza frente a Sakura que la miraba sin comprender nada.

—Maestra de las cartas— la solemnidad de su voz estremeció la de una sensación de deja vú—desde este momento le juro mi más sincera y absoluta lealtad a usted y al próximo heredero del clan. Mi vida es vuestra, mi fuerza es vuestra, mi sangre es vuestra.

—¿Qué estas…?

Pero Meiling no respondió, se levantó de golpe frente a ella, se dio la vuelta y en sus manos empuño dos largas y finas dagas que saco de sus ropas, se agazapo como una leona a punto de devorar a su presa y volvió a dirigirse a ella.

—Perdone mi rudeza. Por favor, cierre los ojos.

Todo paso rápido, muy rápido. De un momento a otro Meiling se abalanzó hacia las cortinas del balcón que ondeaban con el viento a una velocidad que hizo su figura difusa y de repente, un hombre desconocido caía muerto con la garganta abierta. Por simple instinto de sobrevivencia ambas se encogieron sobre si mismas sujetando a la otra, horrorizadas y histéricas. La pelinegra brinco hacia ellas pasando sobre sus cabezas y se escucho el sonido de un golpe sordo, el grito de un hombre y luego la caía de un cuerpo en el suelo.

Tomoyo gritó cuando otro hombre de la nada jaló del cabello a Sakura, arrancándola de su lado. En un acto reflejo, la castaña cubrió su vientre con los brazos. De un momento apareció nuevamente en su campo de visión Meiling quien golpeó con fuerza el estómago de aquel hombre de aspecto fornido y alto, soltando a Sakura para defenderse.

Otro hombre apareció desde la entrada del balcón apuntó hacia la pelinegra y disparo. El sonido hizo estremecer del terror a ambas pero no a Meiling, que esquivó la bala y se arremetió contra el, al mismo tiempo que el otro hombre fornido trataba de alcanzarla. La china esquivo la mano que quería alcanzar, asentó una patada baja contra las pantorrillas del que tenía la pistola, giro sobre si misma se agazapo esquivando un golpe y enterró la daga que le quedaba en el ojo de su contrincante.

Otro disparo volvió a sonar, Tomoyo se arrastró hacia Sakura y ambas observaron con horror como Meiling corría directamente hacia el último hombre esquivando los disparos a una velocidad inhumana. Saltó tan alto que sus palmas tocaron el techo del departamento y se impulso hacia su oponente, sus rodillas rodearon su cuello, giro sobre si misma y se escucho el ruido de los huesos de su cuello romperse, cayendo muerto.

Fue la primera vez que Sakura vio a Meiling como realmente era. La oscuridad de su departamento y la luz de la noche bañaban la imagen de su espalda delgada en un contraste frío y sombrío. Podía delinear el perfil recto de su nariz, sus manos manchadas de sangre y su mirada serena que miraban sin ningún tipo de emoción el cuerpo sin vida del hombre.

La pelinegra la miro por sobre su hombro y vio el relucir de sus ojos. Rojos y brillantes, un filo agudo en su mirada de sangre. Movió su mano y tanto Sakura como Tomoyo cerraron los ojos asustadas, la pelinegra las ignoró y saco su celular del bolsillo marcando un número. Un tono, dos tono y finalmente.

—Los Li están aquí. Los maté, debes venir por la maestra ahora— Dijo seca y precisa cortando inmediatamente la llamada— ¿Esta herida? — preguntó acercándose a ella. Sakura la miro con sus ojos abiertos de par en par, asustada y confundida.

—¿Qu-ué acaba…de pasar? — respondió conmocionada.

—¡Aléjate de nosotras! — grito Tomoyo temblando— ¡o llamaré a la policía!

Meiling levantó una ceja ante la ''amenaza''. Suspiró. El tiempo estaba en su contra.

—No hay tiempo para esto maestra— miro directamente a los ojos de Sakura. Se veía confundida e indefensa y ella no sabía lidiar bien con la debilidad que veía en su nueva ama. — Ha sido engañada, usted no es Sakura Li—La seguridad en las palabras de Meiling la hacían estremecer. —Es Sakura Kinomoto de la casa Amamiya, la reencarnación de la maestra de las cartas Clow y ahora lleva en su vientre al próximo heredero de la dinastía LI.

—¡¿Qué estas diciendo?! ¡¿Acaso te volviste loca?! — Tomoyo reaccionó sin entender absolutamente nada de lo que decía ni de la situación. — Nos iremos, vamos Sakura— se levantó a pesar del temblor de sus piernas, levantando a la castaña con ella que parecía estar en estado de shock pues no apartaba la mirada de Meiling.

—No puedo obligarla a quedarse pero si se va ahora no solo su vida y la de Xiao Lang peligraran, sino la de su hijo y no podré protegerla si me ordena alejarme de usted.

—¡No la escuches Sakura, es una asesina! Debemos salir de aquí— insistió Tomoyo jalando de su mano.

La castaña trago pesado, miro a Tomoyo y luego a Meiling más confundida que nunca pero con un extraño presentimiento, una corazonada que la incitaban a escucharla.

—¿Cómo supiste que estoy embarazada?

—Cuando me exigiste que respondiera a tus preguntas—Sakura la miro sin comprender— Mi sangre me obliga a obedecer y a seguir al más fuerte de los Li, a proteger a mi maestro. Cuando me exigiste, me ordenaste, mi sangre me paralizo y entonces lo supe, llevas en tu vientre al Li, tal vez, más fuerte de todos. Llevas en tu vientre a la sangre a la que sirvo.

—Pero yo soy una Li…—respondió contrariada.

—No maestra, Xiao Lang lo es pero usted no. Su madre y a la persona que conoces como su padre, la han engañado todo este tiempo. Nació en Hong Kong, en el seno de la familia Amamiya, y su nombre real es Sakura Kinomoto. No Li, no corre sangre de la dinastía por sus venas. Las mentiras los han alcanzado y están aquí para llevárselos y matarlos cuando obtengan lo que quieren de usted y de Xiao Lang.

—¿…por que quieren lastimarnos? —Agarro su vientre con ambas manos asustada. De alguna manera podía sentir la verdad fluyendo en sus palabras. No le mentía, lo sabía, de alguna forma, lo sabía.

—Por que eres la maestra de las cartas, quieren su magia y harán cualquier cosa para conseguirla. Sa tuya y la de Xiao Lang.

—Y-yo no…no tengo magia…yo…ellos no…

—La tiene—interrumpió— es la maga más poderosa que ha existido.

Sakura la miro desconfiada, si lo que le decía era verdad ¿Por qué Meiling quería protegerla?

—…¿Por qué quieres protegernos? — Meiling parpadeó levemente sorprendida. Así que Sakura también podía poner ese tipo de expresión. Era débil, muy, muy sutil pero pudo identificar un atisbo leve de…no sabía ni siquiera como explicarlo…tal vez, ese era el primer atisbo de la mujer en la que se convertiría— ¿Por qué debería confiar en ti? Yo no te agrado.

Si le mentía, el heredero que llevaba en su vientre, la sangre de los Li que ahora descansaba en ella, le advertiría de que mentía. Tenía que decir la verdad, aunque no quisiera, debía ser sincera. La miro directamente a los ojos.

—Porque usted es mi única esperanza para salvar a Kerberos—Inspiro profundo, y se arrodillo ante ella, agacho su cabeza hasta que su frente toco el suelo. — Por favor — suplico y su voz se quebró suave— Kerberos se ha ido para tratar de sacarme del clan Li pero el no tiene…no tiene la fuerza suficiente, no importa que tan poderosa pueda ser su familia, no sabe conquien esta tratando pero usted…si usted y Li se sientan en la cima de la dinastía, podré salvarlo…— lágrimas rebeldes escaparon de sus ojos. Levanto su cabeza del suelo y suplico una vez más—…nunca he rogado por nada…pero se lo ruego…—susurró tan bajo que apenas fue audible. El rojo de sus iris choco sincero con los ojos de Sakura—présteme su fuerza, por favor…Le juro que mientras respire le seré leal, la protegeré, moriré por usted si es necesario pero sálvelo, salvé a Kerberos…—Meiling cerró los ojos con fuerza tratando de contener las lágrimas que se escapaban.

La sinceridad de sus palabras fue transmitida a Sakura. De alguna manera, por primera vez se hizo consciente de algo que siempre había estado ahí pero no había querido ver, había fingido no verlo…nunca le pareció necesario, nunca.

Le asustaba aceptarlo.

Existía el bien porque existía el mal.

Ahí frente a ella, una chica que creía conocer, temblaba como una hoja a pesar de la fuerza y valentía que había mostrado hace solo unos momentos. Se había enfrentado a hombres que la doblaban en peso y altura, y había demostrado ser más poderosa y peligrosa y aún así, tenía miedos, debilidades y algo importante que quería proteger.

¿Qué tan distintas podían ser? ¿Eran realmente diferentes para que estuviera arrodillada pidiendo su ayuda?

No.

No entendía ni la mitad de las cosas que le decía o quien decía que supuestamente era, pero algo si podía entender, algo que compartir en común, más importante que cualquier otra diferencia.

Ambas querían proteger a las personas que amaban.

Meiling parpadeo sorprendida cuando los brazos de Sakura rodearon su cuello en un abrazo cálido y suave.

—No tienes que hacerlo, no te arrodilles frente a mi…—susurro la castaña cálida y comprensiva. La comisura de sus ojos resplandecía húmedas por las lágrimas contenidas. Tomo el rostro de Meiling entre sus manos y le sonrió tratando de consolarla— Salvaremos a Kerberos, tienes mi palabra…— a la pelinegra se le iluminaron los ojos de esperanza y por primera vez, se permitió ser optimista—…pero tienes que decirme toda la verdad o no sabré que hacer…—Meiling asintió, sorbió su nariz y levantó con ella a Sakura.

—No puedo explicárselo ahora, primero debo ponerla a salvo.

Justo en ese momento el sonido de las llaves siendo introducidas en la cerradura alerto a las chicas.

—Póngase detrás de mi maestra, Tomoyo — siseo Meiling mientras su cuerpo adoptaba una postura defensiva muy parecida a la que alguna vez le había visto Sakura a Xiao Lang, las muchas veces en las que entreno con su padre.

La alta figura de Yukito se deslizo por la entrada, sigilosa y atenta, hasta que sus ojos se visualizaron el rostro de Sakura y junto al suyo Meiling, que al reconocerlo relajaba su postura.

—¡Tsukishiro! —chilló Tomoyo asombrada. Cada vez más descolada.

Jadeo de la impresión. Ni un millón de años se hubiera esperado que justamente él, quien le había regalado una amiga en sus momentos más difíciles tuviera que ver con toda esta locura. ¿Acaso todas las personas a su alrededor escondían algo? Todos a su alrededor mentían. Ni siquiera había tenido que pararse a pensar con claridad que sus padres no eran lo que decían, que ella no era quien pensaba, y ahora toda su realidad se caía a pedazos antes la mentira más grande, su vida. Solo se mantenía cuerda, sospechaba, por la adrenalina del momento y por el temor de que lastimaran a su familia.

—¿tu…tu también Yukito? — lágrimas se acumularon en sus ojos —…¿por qué…?— pregunto con un hilo de voz y cubrió su rostro con sus manos.

Meiling observó perpleja como el rostro de su compañero se deformaba en una mueca desolada. Abrió la boca para tratar de decir algo pero nada salió de ella. Ocultó la mirada y se mordió el labio nervioso, aguantando la pena que le embargo al saber que había lastimado a la única persona que quería. Inmediatamente se arrodilló ante Sakura, inclino el rostro hacia abajo, evidentemente arrepentido.

—Maestra…sé que…no existe excusa para mi. Sé que he defraudado su confianza y no tengo cara para pedirle un voto de fe…—levantó la cabeza y le dedico una mirada decidida— pero debe creerme cuando le digo que deseo protegerla, más que cualquier otra cosa que haya deseado en la vida. Si accede a venir conmigo, le diré todo. Todo. Desde principio a fin…con detalle pero…— Yukito extendió una mano hacia ella tembloroso— por favor, déjeme protegerla…Déjeme ponerla a salvo…

Sakura miró a cada uno de los presentes, desesperada, dolida, temerosa. Cerró los ojos, tratando de calmar su agitada respiración, se llevo una mano temblorosa hacia sus labios. No podía pensar con claridad. Abrió los ojos, enfoco su atención en Yukito. Si no tomaba la decisión correcta no sola ella estaría en peligro, todos sus seres queridos.

—…¿y Xiao Lang? ¿mi familia? ¿quién los protege?

—Los Li vienen por usted primero maestra. Usted es la llave para atraer a Xiao Lang, sino no ponen sus manos sobre usted, Xiao Lang no les será útil, no todavía.

—Entonces, si voy contigo ¿nadie lastimará a mi familia?

—No puedo asegurárselo... —Sakura lo miro con horror—…pero si le puedo asegurar que nadie podrá con Xiao Lang. Usted es su única debilidad. Si usted logra escapar, encontrarla será la prioridad del clan. Lo sé porque tengo órdenes directa del líder interino, aun que actuaron más pronto de lo que tenía previsto.

—¿Cómo sabes que no le harán nada? ¿Qué no lo vencerán? ¡Xiao Lang es tan humano como yo! — Sakura levantó la voz exasperada. Tomoyo se acercó por detrás tratando de calmarla.

—No maestra. Usted también lo sabe, Xiao Lang no es un humano ordinario y al igual que Hien, la sangre de los Li corre pura por sus venas. Hasta que aparezca un Li más fuerte, el pacto de sangre les impedirá matarlos. Sobre todo a Xiao Lang.

—La maestra esta en cinta, Tsukishiro—Soltó Meiling. El asombro se dibujo en los suaves rasgos de Yukito. Miro a la china y luego a la maestra, pasmado…—Meiling desvió su mirada preocupada hacia el exterior. No había tiempo mierda ¿Qué parte de que tenía que huir ahora no entendía?, estaba segura que pronto aparecerían más asesinos del clan. Necesitaban un plan. —Maestra por favor, debe ir con Tsukishiro. Vendrán más asesinos para tratar de secuestrarla. Debe desaparecer ahora…—Meiling se acercó a ella y con cuidado tomo sus manos, apretándola contra las suyas—Le juro que haré lo posible para despistarlos, para evitar que vayan hacia Xiao Lang y su familia…Se lo juro, pero por favor, debe irse ya. Ordénelo, por favor.

Sakura contempló su desesperación reflejada en los ojos destellantes de rojo de Meiling. Se relamió los labios esperando haber tomado la decisión correcta. Busco con la mirada a Tomoyo y extendió su mano hacia ella, tomándola sin dudarlo. Miró a Yukito y asintió.

—Protéjannos—ordenó decidida.

Tan pronto como sus labios lo pronunciaron, un círculo de luz blanca con extraños signos se abrió bajo los pies de Yukito, y del suelo emergió un arco y fechas hechos de luz. El iris de Yukito se torno de un celeste pálido y la forma de sus ojos cambio a una más felina, más amenazante.

—Maestra, no se asuste. No la lastimará — dijo con voz fría.

Tomo el arco y apunto hacia Sakura y Tomoyo. La castaña trato de decir algo pero a penas sus labios se separaron, la fecha fue soltada dirigiéndose directamente hacia ellas. Sin embargo, unos centímetros antes que pudiera tocarla desapareció en la superficie del aire como si de agua se tratará y las envolvió en un círculo de luz.

Sakura y Tomoyo miraron alrededor del circulo de cristal donde habían sido enjauladas. Era frío al tacto, al igual que el hielo pero su interior era cálido. Sakura no supo decir porque, pero de alguna manera se sintió reconfortada, segura.

—Maestra, este cristal esta hecho con mi magia. Mientras este dentro su esencia desaparecerá del mundo. La liberaré apenas la pueda poner a salvo— Sakura asintió varias veces, más sorprendida que otra cosa— ¿Cómo lo harás Meiling? — desvió la mirada hacia la aludida.

Meiling lo miro desafiante, con una sonrisa arrogante en el rostro. Al costado de su mano derecha, brillaba el filo de una navaja ensangrentada.

—¿Estas segura? Podrías morir— Yukito contempló la navega. Sabía que si la descubrían, la matarían. Herida y sola, no tendría las fuerzas suficientes para moverse y encontrarlos.

—Le prometí a la maestra alejarlos de Xiao Lang. Esta es la mejor opción para engañarlos.

Se sostuvieron la mirada serios. Eran consciente que toda acción arrastra una consecuencia y en ellas, se forjaba el destino.

—Todavía no es necesario llegar hasta esos límites. Te necesita viva—Mientras Yukito desaprobada su decisión, ella negó con la cabeza y empuño la daga con más fuerza, con más convicción.

—Necesitará que la protejamos ahora más que nunca—Meiling tragó pesado y su mirada se perdió severa sobre el infinito— Vendrán de todas partes para ver el resurgimiento de este mundo y cuando la vean, la codiciarán porque las cartas son magia suficiente para…

—La magia es poder— sentenció Yukito con la misma gravedad— Si logra tomar el control del clan Li, podrá sentar un nuevo destino para ella, para todos nosotros.

—Por eso no puedo morir — dijo con convicción — No aún, no hasta asegurar la vida de la maestra, de Kerberos. Maestra—Sakura volteó a verla preocupada por lo que podría pasarle. —Nunca lo olvide, usted es la maestra de las cartas y su palabra tiene poder. Es más fuerte y poderosa de lo que cree, no se deje vencer. Elegí creer en usted, por favor no me decepcione— Sakura no supo que decir, no entendía el significa de sus palabras pero si sabía una cosa, las últimas palabras de la pelinegra eran un ruego, un voto de fe. Entonces Yukito y Meiling dirigieron su mirada hacia el exterior. Solo unos minutos y estarían ahí— Vete.

La luz mágica de Yukito se expandió por el suelo en un nuevo círculo mágico y tan pronto como tomo forma, desapareció en el aire junto Sakura y Tomoyo. Meiling observo fascinada el pequeño rastro de polvo mágico que dejaba su paso, en solo unos segundos ese rastro desaparecería. Empuño con ambas manos la daga y apunto hacia su estómago. Tenía que apuñarse las veces suficientes para que creyeran que había sido derrotada, sino no podría despistarlos.

La única forma de no levantar sospechas y enviarlos tras una pista falsa sobre Sakura, era esta. Era lo mejor que podía hacer con el poco tiempo que tenía. Apretó con más fuerza la empuñadora, tenso la mandíbula, inspiro profundo y se la clavó con fuerza en un punto no vital de su abdomen. Se mordió tan fuerte los labios que estos sangraron. No podía gritar. Se sacó la daga y nuevamente se la enterró en su hombro derecho. La sangre comenzó a escurrir lentamente por su cuerpo. Se apuñalo cinco veces en puntos no vitales de su cuerpo.

Jadeando, cayó de rodillas pero se mantuvo fuerte en su propósito. Debía lastimar un punto vital de su cuerpo o no se tragarían su mentira. Inspiro profundo y por última vez, se enterró la daga en su pulmón derecho, sus manos soltaron sin fuerza la empuñadura. Su vista se torno borrosa y la perdida de sangre empezó a pesarle en los parpados.

Cayó de costado contra el suelo, lucho por mantener la conciencia respirando y exhalando rápidamente por la boca. Su cuerpo se sentía frío y somnoliento. Tenía que resistir. Debía volver viva por Kerberos.

Debía proteger a Sakura.

Sintió la presencia de los asesinos de su clan y pronto, sus pisadas aterrizaron sobre el suelo de su departamento, imperceptibles menos para ella. Sintió como su cuerpo se convulsiono y tosió sangre. Las manos de los asesinos la tomaron entre sus brazos. Su vista borrosa no le permitió enfocar el rostro de los hombres que la rodeaban.

Su garganta se sentía seca pero debía, tenía que mentir aún. Separo los labios para hablar, y apenas atendieran sus heridas y pasaran la información, les costaría el cuello a todos.

No podía morir.

No aún.

***0***

Miró la hora en el reloj de pared. Se despeino los cabellos con la mano. ¿Por qué rayos Tomoyo no le cogía el maldito teléfono?

Hoy por la tarde al no tener respuesta a los mensajes que le mandó a Sakura la llamo pero su teléfono estaba apagado. No tuvo más opción que llamar a Tomoyo. La pelinegra le contesto dándole una de las explicaciones que no le convencieron del todo. Supuestamente Sakura se había quedado sin batería y por eso no cogía el maldito celular. No tenía donde cargarlo porque habían salido temprano en la mañana de compras y seguían recorriendo el centro comercial de allá para acá haciendo que cosas.

Llamó por octava vez a Tomoyo y nuevamente, no hubo respuesta. Suspiró cansado. Sus padres habían llegado hace poco de su misterioso, no tanto para él, viaje de ''negocios''. Nadeshiko y Hien habían llegado tan serios que se imaginaba que las cosas no fueron como les hubiera gustado.

Estaba sentando una de las sillas de las mesas del comedor, esperando que sus padres bajaran de la habitación. Le habían pedido que contactará con Sakura para que fuera a la casa lo antes posible.

Querían conversar con ellos de algo importante.

Escucho los pasos de sus padres bajando y se tensó en el asiento. No le importaba mucho ver a Hien pero se sentía avergonzado de verle la cara a su madre. ¿Su madre estaría muy decepcionada cuando se enterará de la verdad?

Nadeshiko fue la primera en tomar asiento. Lo observo atenta y pudo ver como nunca, que ese extraño brillo de culpabilidad estaba más presente que nunca en su mirada, acompañado de un miedo que no podía explicar.

¿Qué demonios le pasaba a su madre?

Hien tomo asiento inmediatamente después a su lado. Lo miro serio como siempre y tomo de la mano a Nadeshiko entrecruzando sus dedos con los de ella. Ambos se miraron, su madre con un temor y un gesto que parecía que rompería a llorar en cualquier momento y Hien completamente decidido.

—¿Pudiste comunicarte con Sakura, cariño? — pregunto Nadeshiko en su habitual suave tono.

—No madre, debe seguir ocupada con Tomoyo en el centro comercial. Están de compras según me dijo.

—Puede que sea lo mejor— intervino Hien— No creo que Sakura este preparada para escuchar la verdad pero uno de ustedes debe saberlo ahora.

—¿Estas seguro cariño? ¿No sería mejor esperar a Sakura para…?

—No podemos esperar más. Xiao Lang es más fuerte que Sakura, el podrá manejar la situación.

—¿De que verdad están hablando? — intervino Syaoran cada vez más alerta. ¿Qué cojones habían hecho sus padres? Hien lo miró serio, sin dudas.

—No tengo dudas, pero aún así debes prometérmelo. Prométeme que protegerás a Sakura pase lo que pase.

—¡Habla de una maldita vez! — exigió alzando la voz. Ese suspenso lo estaba poniendo de los nervios. ¿Sakura estaba en peligro? ¿por eso los malditos guardias que los vigilaban día y noche?

—Tu y Sakura no son hermanos— soltó directamente y sin titubeos— Es una larga historia y esperábamos poder contárselas a los dos al mismo tiempo pero creo que es mejor que Sakura no lo sepa por ahora. Tenemos poco tiempo pero necesitas saber la verdad.

Su mente nunca se había quedado en blanco como hasta ahora. Nada ni un solo pensamiento, solo el eco de la voz de Hien resonando en su cabeza. ''Tu y Sakura no son hermanos. Tu y Sakura no son hermanos. Tu y Sakura no son hermanos. Tu y Sakura no son hermanos.''

Y luego, alivió puro.

Dejo caer su cabeza con los ojos cerrados, los musculos de sus hombros se destensaron y disfruto por un segundo la tranquilidad y el alivio que significaba no compartir sangre con la persona que más amaba.

Sakura podría vivir una vida normal. Sin mentiras y preocupaciones.

Ahora, de vuelta al presente, lo más importante era saber ¿Quién carajos eran las personas que estaban al frente de el? ¿y porque mierda les mintieron todo este tiempo?

Los músculos de sus hombros volvieron a tensarse. Levantó la mirada a la defensiva, el brillo en sus ojos se volvió frío y filoso, como nunca mostraba frente a sus padres y si no fuera Hien el portador de la misma mirada que su hijo, se hubiera asustado de él.

—Habla— ordenó Xiao Lang con voz tétrica.

***0***

—¿En donde estamos? — preguntó Sakura observando el interior de la casa estilo oriental. Había visto muchas desde afuera pero nunca había entrado en una.

—En mi casa, maestra.

—¿En tu casa? No se supone que iríamos a un lugar…

—Seguro— interrumpió— Mi casa es el lugar más seguro para esconderla, nadie puede entrar aquí sin mi consentimiento. Esta protegida con magia.

—¿Tomoyo estas bien? — La pelinegra asintió, sonrió para tranquilizarla y miro de mala manera a Yukito.

—¡Ahora nos vas a explicar que demonios esta sucediendo! — exigió tratando de que no le temblará la voz. Decir que no tenía miedo, sería una mentira pero no por eso, se mostraría débil.

Yukito la ignoro dándole la espalda y nuevamente fue rodeado por el círculo mágico, sacando a relucir una vez más su arco y fechas de luz mágica.

—No hay tiempo para eso me temo. Debo ir junto al grupo de búsqueda y tantear la situación. Los Li todavía creen que estamos de su lado, si Meiling hizo bien su trabajo deben estar esperando mis órdenes para proceder.

—¡A mi no me importa lo que haya echo esa asesina, nos dirás todo cuanto sabes ahora! — Yukito la miro sobre el hombro sin expresión. Era claro que la siempre serena Tomoyo estaba teniendo un ataque de histeria, a contrario de Sakura que estaba sumida en un notable estado de confusión.

—Esa asesina se apuñalo a si misma, dios sabrá cuantas veces, para despistar a los asesinos enviados por el clan y desviarlos de Xiao Lang para centrar la atención en la búsqueda de la maestra— con aquellas palabras Sakura reaccionó y lo miro con horror.

—¡¿Qué?! — Yukito suavizo su mirada al dirigirse a ella e inclino la cabeza.

—Le prometió que desviará la atención de Xiao Lang. Yo no podía hacerlo porque usted esta más segura bajo mi cuidado— Sakura lo miro interrogante. Sus palabras no tenían sentido para ella— Meiling es la mejor asesina del clan, la única forma que usted haya escapado de ella sería que alguien más fuerte la hubiera derrotado, lo cual es imposible. No sería creíble si no estuviera mal herida, maestra.

—¡Pero eso es…eso es excesivo! ¡Jamás pensé que haría algo así! — Sakura se agarró la cabeza con ambas manos y cerró los ojos, sintiendo el peso de la culpa. ¿Tanto peso tenían sus palabras y deseos? —¡Yo no quería que ella muriera!

—No morirá maestra— dijo mirando hacia el exterior— no si aún debe protegerla— Yukito se arrodillo y la miro dulce— No se culpe por favor, no tenía manera de saberlo. No es su culpa maestra.

Las rodillas de Sakura se tambalearon. Se sentía mareada y comenzaba a ver borroso. Su cabeza dada vueltas y le costaba respirar.

¿Qué estaba pasando?

Quería llorar, quería ver a Xiao Lang, quería huir de todo esto. Las conocidas lágrimas comenzaron acumularse en sus ojos, asustada y ansiosa, sus hombros se encogieron apunto de colapsar.

Sin embargo, sus palabras resonaron en su cabeza ''Maestra, nunca lo olvide, usted es la maestra de las cartas y su palabra tiene poder. Es más fuerte y poderosa de lo que cree, no se deje vencer. Elegí creer en usted, por favor no me decepcione''.

El pecho de Sakura subía y bajaba profunda y rápidamente, cerraba los ojos fuertemente y se podía notar el temblor de su cuerpo.

—¿Sakura…?

—¿Maestra?

Alzó una mano impidiéndoles acercarse a ella.

Suficiente.

Había tenido suficiente.

¿Cuántas veces en su vida había sido protegida por los demás? ¿podía contar una sola vez en la que no haya llorado o escondido detrás de Xiao Lang, Tomoyo, Kerberos o su familia en los momentos más difíciles?

No podía contar ni una sola vez porque siempre se había limitado a llorar y a temblar asustada como una niña pequeña esperando ser salvada, protegida.

¿Alguna vez se había sacrificado y protegido a sus seres queridos cuando lo más necesitaban? ¿Se había dado cuenta de lo mucho que sufrían? No, no se había dado cuenta de los sentimientos de su hermano hasta que el mismo se los confeso. No se había dado cuenta de la vida de Kerberos hasta que desapareció. Ni siquiera se había dado cuenta de sus propios sentimientos hasta que no tuvo más opción que enfrentarse a ellos.

Nunca era valiente por opción.

Siempre era una cobarde. Una niña tonta e ingenua a la que engañan con facilidad. ¿Qué clase de madre sería con sus hijos? ¿Qué valores y principios podría enseñarles una cobarde que no puede proteger a sus seres queridos ni a ella misma?

Se enderezó y cuadro los hombros. Apretó los puños. Tenía miedo y no podía dejar de temblar, pero quería creer en las palabras de Meiling, en la chica que se había sacrificado para protegerlos a ella y a Xiao Lang por sus deseos egoístas. Miro a Yukito con severidad y el ceño fruncido.

—Me dirás todo lo que sabes y me lo dirás ahora— hizo lo posible por controlar el temblor de su voz. Mientras siguiera siendo una ignorante, no podría tomar las decisiones correctas— Salvarás a Meiling y protegerás a mi familia.

—Maestra, su seguridad es la máxima prioridad. Tengo que impartir la orden de buscarla. — Sakura contuvo las lágrimas que se acumularon en sus ojos. No iba a ceder.

—Dijiste que aquí estaba a salvo— rebatió.

—Así es pero aún debo asegurarme de…

—Lo solucionaras de alguna manera—Poso las manos en su vientre y levantó la barbilla para ganar algo de altura. No dejaría que la diferencia de portes la intimidará— Harás lo que te digo, Yukito. Me obedecerás porque así estas obligado a hacerlo. Llevo en mi vientre al heredero del clan y no dejaré que decidan por mi. No me hagas obligarte a obedecerme— Yukito la vio sorprendido. Podía notar que temblaba del miedo pero no dejaba de mostrarse firme ante él, tratando de hacerlo ceder.

—¿y como pretende obligarme maestra? — preguntó tanteando que tan valiente pretendía llegar a ser.

—Mientras lleve al hijo de Xiao Lang en mi vientre tu sangre te obligará a obedecerme. No podrás lastimarme a mi ni a mis seres queridos si te lo ordeno aunque preferiría no hacerlo.

Yukito la contempló sin decir nada fascinado. ¿Ese era el primer indicio de la maestra de las cartas que contaban las historias? Su resolución era firme pero no había crueldad ni maldad en su ojos ni en su voz más que una convicción absoluta de proteger a las personas que amaba. Al contrario de los Li, que cada orden contenía un implícito peligro y un deseo egoísta.

Si el espíritu de Sakura crecía correctamente, traerían a la vida una vez más a la persona que una vez fue y esta vez, podría tomar todo el poder en sus manos.

Podría construir un mundo mejor, un mundo bueno. Un mundo que nadie nunca había presenciado, liderado por la mano de la maestra.

De hecho, ¿Qué tan necesario era Xiao Lang ahora que la maestra estaba en cinta? No mucho, más que una amenaza para el clan por recuperarla pero si jugaba bien sus cartas estaba seguro que podía cambiar sus sentimientos por el legítimo líder del clan y lograr que se enamorará de él. Solo necesitaba tiempo, tiempo para esconderla, fortalecerla y hacer que lo quisiera, pues ahora que Sakura estaba embarazada era intocable para el clan.

Nadie le podría una sola mano encima.

Todo por el poder que llevaba dentro de su vientre. Tal vez incluso, más poderoso que el de ella misma.

Se arrodillo ante ella e inclino la cabeza.

—Lo que usted ordene, mi maestra— hizo un gesto con su mano para que tomaran asiento. La historia que estaba por contarle era larga pero era necesaria. Debía tomar consciencia de si misma y de quien era para poder avanzar. Sakura se sentó sobre sus rodillas junto a Tomoyo y espero expectante— Hace mil años el sol y la luna quisieron regalarles a los humanos parte de su poder y con su decisión nacieron los primeros magos de todos los tiempos. Con su decisión, nació el primer mago de fuego…

***0***

¡HOLA MIS QUERIDOS LECTORES!

Ha pasado un tiempo desde la última vez que actualice. Me disculpo por demorarme tanto pero me han pasado muchas cosas. Me fui de mi país para vivir al extranjero mas o menos a mediados de agosto. Empecé una nueva carrera y estuvo ocupada buscando un lugar para vivir, acostumbrándome a la nueva cultura y acomodándome a esta nueva experiencia.

Debido a los trabajos de la Universidad y toda esta nueva experiencia no he tenido mucho tiempo para escribir. De hecho, hoy estaba estudiando y de repente, pam pam, me bajo la inspiración para terminar las partes que me faltaban y no pude resistirme porque después quien sabe cuando tendría la inspiración para terminar este capitulo que aparte de ser el más largo hasta ahora, ha sido el más difícil de escribir.

He leído todos su comentarios y nuevamente, les agradezco mucho! Me encanta saber lo que piensan, leer sus teorías y preguntas. Debido al cortito tiempo que tengo no podré responder sus comentarios personalmente, lo siento mucho! Pero les prometo que para el próximo capitulo si lo haré.

Esperó con ansías sus comentarios para este cap.

Los amo! Muchos besitos y cariños para todos.