CAPÍTULO XIII: ÍCARO Y LAS ESTRELLAS (PARTE I)

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''Ícaro voló demasiado cerca del sol, a pesar de las advertencias.

Sus alas se derritieron causando su muerte

¿Qué es lo que quería Ícaro?

¿morir sofocado por el avasallante calor del sol?

¿o sentir la calidez que le fue negada?

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''Tu y yo siempre, eternamente. Podemos quedarnos solos por siempre. Tu y yo siempre, eternamente. Di que te quedarás y nunca serás malo''

Always Forerver.-

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Apretó los puños, tenso la mandíbula y los músculos. Inspiro imperceptiblemente. Tenía que controlarlos. Ahogado en la oscuridad más negra, los impulsos oscuros con los que luchaba constantemente trataban de derribarlo para tomar el control.

La oscuridad con la que nació seguía creciendo a pasos agigantados. Algunas veces pensaba que se volvería loco de la rabia que albergaba en su interior. Siempre irritable, siempre impaciente, siempre molesto, siempre aburrido, siempre vació.

A veces un deseo de matarlos a todos se apoderaba de él y la negrura de su alma le susurraba palabras asesinas. Sacudió la cabeza alejando esa voz y trato de escuchar las exteriores.

El eco de las voces graves y rudas de los miembros del consejo retumbaban en un lugar lejano en su mente.

No los oía realmente.

Sus pensamientos divagaban. Lo que más le apetecía en ese momento era calcinar a toda esa manda de viejos decrépitos con aires de grandeza y sabiduría. ¿Por qué les debía respeto a esos ancianos inútiles? Hizo un esfuerzo por recordar porque ellos eran importantes y porque tenían la extraña facultad de opinar sobre sus acciones. No podían cuestionarlo directamente pero si podían dar a conocer su ''parecer'' de ciertas acciones y tradiciones que estaba obligado a cumplir por el honor que le habían traído al clan.

El consejo del clan Li estaba compuesto por los magos mas poderosos y con mayor trayectoria dentro de las casas colindantes de la dinastía. Hombres que se habían ganado su puesto a pulso, y por eso, les debía respeto. Aunque actualmente no fueran más que viejos hedonistas y arrogantes, por no decir inútiles.

El maldito consejo y las malditas tradiciones.

La charla consistía, básicamente, que en virtud de su calidad de líder del clan debía a más tardar a los dieciocho años comprometerse con una joven de las casas menores. Decían ''jóvenes'' pero la futura matriarca del clan había sido escogida incluso antes de que naciera.

La próxima cabeza de la casa Wang Li debía convertirse en su esposa. Una regla implícita, un secreto a voces.

Matrimonio.

Amor.

Dos conceptos que le parecían ajenos y lejanos. Era consciente que en su dinastía uno no iba de la mano del otro. No existía matrimonios basados en el amor, por lo menos no en la casa principal. Sinceramente le daba exactamente igual. No estaba interesado en el matrimonio y mucho menos en el amor. Solo necesitaba una compañera fuerte que gestara un heredero más poderoso con el fin de asegurar el futuro de su clan.

Siendo sincero consigo mismo, prefería mantener su estatus de soltero lo más que pudiera. Lamentablemente no estaba interesado en las mujeres, ni emocional ni físicamente. No existía hasta la fecha ninguna fémina que hubiera llamado suficiente su atención para sentirse atraído siquiera sexualmente. ¿Que más daba? no es como si pudiera sentir algo de todas formas.

¿Lo comprende usted joven líder? Debe elegir a una jovencita para engendrar al próximo heredero del clan.

Xiao Lang lo ignoró, completamente aburrido de su cháchara.

Últimamente se sentía más hastiado de lo normal. Nada lo entretenía, nada lograba satisfacerlo. Ni conquistar territorios ni quemar ciudades enteras, ni torturar personas. Todo su reinado estaba bajo total y absoluto control, nada podía escapar de su implacable liderazgo y al mismo tiempo, nada podía atraer su atención ni interés.

Su paciencia se agotaba, poco a poco.

A sus dieciséis años era dueño absoluto de su mundo.

No existía nada más por conquistar, nada más por lograr más que las benditas Cartas Clow, que brillaban por su silencio. No entendía porque se habían sumido en las más absolutas de las ausencias desde que su sello se rompió. Se suponía que deberían haber hecho acto de presencia con su coronación pero no había sido el caso.

Mi joven líder, ¿esta usted prestando atención a mis palabras? la cabecilla del consejo le regalo una mirada inquisidora, casi represiva.

No, ese tono superior y esa mirada de mierda no le gustaban para nada. A veces Xiao Lang tenía la vaga inclinación a ser más benevolente con su gente pero lamentablemente la paciencia no era una de sus virtudes ni mucho menos la bondad.

Hoy era un buen día para prenderle fuego a su hogar y sembrar nuevas tradiciones. Si, el consejo debía conocer su lugar.

No respondió seco acompañado de una leve y sarcástica sonrisa.

Sus manos se abrieron de par en par mostrando sus palmas y en ellas dos grandes flamas de fuego azul ardían entre sus dedos, deseosas de derretir todo a su paso y sin ningún miramiento, Xiao Lang prendió fuego a la sala del consejo. Unas simples llamas no acabarían con esos ancianos pero los asustarían lo suficiente para reubicarlos a la posición que merecían. Los gritos espantados se esparcieron con las llamas que comía todo a su paso.

Con andar tranquilo, el líder del clan Li se dio la vuelta saliendo de la sala, esperando que un poco de calor refrescara la memoria de esos viejos de mierda.

Su humor había mejorado levemente y lo seguiría haciendo a medida que aumentaran esos gritos espeluznantes. Música para sus oídos. Su dinastía sería un completo desastre por unos días. Su madre pegaría el grito en el cielo y su padre, bueno, podría intentar castigarlo pero no lograría tocarle un solo cabello.

¿De que servía ser tan poderoso sino podía medir sus fuerzas de igual a igual con nadie? Su vida había sido desde siempre bastante monótona. Tal vez podría aprovechar el caos reinante y el posible castigo disciplinario que su padre y el consejo, uniendo sus fuerzas, querrían imponerle para desaparecer.

Solo unos días, pensó adornando su atractivo rostros con una sonrisa de suficiencia y maldad. ¡Ja! de solo pensar en el alboroto que se armaría lo invadía una sensación de placer culpable.

Si, no tenía porque pensarlo más, escaparía por unos días y luego, calcinaría a cualquiera que se opusiera a su regreso o cuestionara su conducta.

Todo se resumía a quemar todo aquello que obstaculizará o molestará. Tenía el poder para doblegar a quien sea, su voluntad era ley pero últimamente, incluso el poder comenzaba a perder forma en su cabeza.

Sigiloso se acercó al establo y se montó en su caballo de pelaje negro y emprendió su viaje a un punto desconocido. Ignoró las expresiones de sorpresa de los guardias y los gritos con los que pretendían su consejero y guardia personal detenerlo, pero fue inútil. Nadie podría jamás con su fuerza y menos con su magia.

Siguiendo su instinto, se dejo llevar a través del camino de tierra, árboles y naturaleza. Disfrutando del viento, libre de la contaminación de las continuas voces, obligaciones y reuniones sociales, sin nada más que el sonido de las pisadas rápidas y audaces de su caballo de compañía. Que lo llevara donde quisiera, le daba exactamente igual. No sabía exactamente que era lo que quería conseguir desapareciendo y desligándose de todas sus obligaciones pero no le molestaba, no por el momento.

Cabalgo sin descanso durante varios días atravesando la extensión de su territorio hasta que al quinceavo anochecer, se dio cuenta que había llegado a los límites del mismo.

El famoso bosque de los cerezos conocido por la abundancia del peculiar árbol de flores del mismo nombre. En la periferia de su territorio, como lo era ese lugar, era consciente de la poca o nula influencia del clan Li. No era importante, en esos terrenos no vivían más que campesinos débiles y analfabetos. No eran una amenaza para él.

Podría descansar con tranquilidad en un sitio como ese. No creía que conocieran su rostro, era demasiado joven y odiaba el hecho de quedarse quieto para que hicieran un inservible retrato de su persona. Pasaría desapercibido en ese lugar. Perfecto, era lo que quería, descansar alejado de todo el bullicio que se centraba sobre él.

Ágil, se bajo de su caballo de un salto. Cerró los ojos, inspiro hondo sintiendo la naturaleza, dejando a su magia inspeccionar los alrededores. Un arroyo cerca y magia, podía sentir pequeñas criaturas mágicas jugando en el. Bien, necesitaba tomar agua y no le vendría mal refrescar el sudor acumulado.

Camino sin prisas y sin interés pero a medida que sus pasos se acercaban a su objetivo, el eco de una risita llego a sus oídos cada vez con más fuerza.

Molesto que su tranquilidad se viera afectada por ese ruido grotesco, frunció el ceño y estiro sus palmas prendiéndoles fuego. No tenía la paciencia ni las ganas para ordenar que se largará, lo más rápido sería matar al intruso.

Sigiloso como un lobo se acerco a su presa sin ser escuchado, ocultando su presencia y su aura. Solo a unos cuantos pasos de distancia visualizo el arroyo y la figura de espaldas de la persona que portaba tan desagradable risa. Inquieta, daba pequeños saltos sobre el agua dándole la espalda. Levantó su mano derecha listo para calcinarla y entonces, ella se volteó riendo.

Llevaba puesto un simple kimono de color rosado pálido, su cabello castaño era corto, muy corto a diferencia de la costumbre de las mujeres de su clan. Su piel estaba levemente tostada, también rebelde a los estándares de belleza en donde la piel de las mujeres debía lucir lo más blanca posible y era portadora de los ojos más grandes y verdes que hubiera visto en su vida, un color inusual.

Saltaba de allá para acá salpicando agua a los espíritus de los elementos que revoloteaban a su alrededor llamando su atención.

Sin ningún tipo de decoro o timidez, reía sin parar, ignorante de su presencia. Los cuatro elementos reunidos a su alrededor jugaban y la ''atacaban'' con pequeñas bolas de magia. Los espíritus del viento removían los mechones de cabello que entornaban su rostro, dándole un aspecto dulce a sus facciones. Ella entrecerraba los ojos y soplaba de vuelta, haciendo uso de la misma magia. Los espíritus de agua mojaban su kimono húmedo, pequeñas risitas agudas se escapaban de ellos y en respuesta a su travesura, de sus dedos emergían dos bolitas de fuego, enviándolas como respuesta. Los espíritus de la tierra más serenos, simplemente se posaban sobre sus hombros observando atentos y riendo a la par. Por último, los espíritus del fuego, los que verdaderamente habían llamado la atención de Xiao Lang, la rociaban con diminutas chispas y ella los chapoteaba con agua.

La naturaleza en equilibrio a su lado.

Sin ninguna razón que Xiao Lang pudiera explicar, se quedo observándola más tiempo de lo esperado sin poder definir si lo que sentía era curiosidad o simple sorpresa.

Sumergida en su juego reía y reía, se movía con cierta gracia espontánea y algo en sus facciones lo hacía sentir incómodo. No sabía si era por la forma en que reía con la boca abierta, mostrando todos los dientes, su kimono deslizándose sobre su hombro descuidadamente, el constante vaivén de su cabello castaño o la forma en que sus pies se movían sobre el agua pero ella le recordó a algo que no tenía, algo con lo que no había nacido aun que no podida precisar exactamente qué.

No le gusto. De alguna forma se sintió alerta como si la niña frente a él fuera un peligro.

Entonces, ella giro sobre si misma y sus pies se enredaron de tal forma que cayó sentada, terminando de empaparse por completo. Los espíritus de los elementos cesaron de moverse al instante, sorprendida miro hacia abajo observando su ropa mojada y luego, alzo la vista para mirar de nuevo a sus compañeros y soltó a reír repentinamente haciendo saltar levemente a Xiao Lang.

Y por primera ves sus ojos se encontraron con los suyos.

Fue un instante, pero los vellos de su nuca se erizaron sin razón.

No pudo entender porque en el momento en que sus grandes ojos verdes lo miraron se quedo estático y la incomodidad inicial se hizo más grande. Ella parpadeo varias veces, analizándolo curiosa y luego, enfoco su atención en su mano derecha ardiendo en fuego, volvió a enfocar la vista en su rostro y la expresión de su rostro cambio, jadeando asustada. Cualquiera con sentido común se asustaría de ver su fuego azul porque eso significaba dos cosas; que era descendiente directo del clan Li y que estaba a punto de morir calcinada.

Todos le temían a los Li, todos. Sin excepción.

Fue complejo para él entender lo siguiente que paso. Una sonrisa enorme desplazo la expresión de miedo de antaño, haciendo relucir las facciones de su pequeño rostro y su mirada reflejo fascinación casi infantil. Con el mismo espíritu libre se paro y casi corrió hacia el hasta quedar frente a frente.

Era baja, en comparación a su altura, la joven apenas y le rozaba el hombro. Al ser consciente de su diferencia, se inclino hacia adelante en punta de pies acercando su rostro hacia el suyo.

¿Eso es fuego azul? –pregunto fascinada y el sonido de su voz, le recordó por un instante a las campanillas de viento. Suavemente agudo, tranquilizador, acogedor, puro.

Demasiado impresionado de tener a alguien tan cerca, respondió agresivo ante la naturalidad con que ella pretendía difuminar los limites que había impuesto a su alrededor.

¡Aléjate! –grito incomodo, y sin querer lanzó hacia ella el fuego que ardía en su mano. Mierda, pensó. No sabía si tenía intenciones de matarla ahora. Estiro su mano tratando de atrapar el fuego y suprimirlo con su magia, pero fue demasiado tarde. Estaba muy cerca.

No pudo ocultar la sorpresa que se apodero de su rostro al darse cuenta que en vez de terminar reducida a cenizas, la extraña joven sostenía entre sus manos su fuego mágico y lo observaba con verdadero interés.

Vaya– le hablo como si nada– es verdad lo que había escuchado, es frío al tacto –ella le volvió a sonreír pero esta vez sus ojos lo miraron de una manera que no comprendió.

Pasmado de que existiera una persona en el mundo capaz de detener su magia con sus manos, salir ilesa y mantenerlo como si fuera cualquier cosa, su mal carácter y poco tacto salió a relucir con fervor.

Frunció su ceño molesto ante su tranquilidad, agarro su muñeca, empujándola hacia él sin ningún cuidado. La joven se tropezó sobre si misma que si no fuera por su firme agarre hubiera caído al suelo.

¿Cómo hiciste eso niña? – Volvió a mirarlo de esa forma que lo dejo estático. Incomodo volvió a zamarrearla para que respondiera. Ella cerró los ojos, aguantando sin decir nada a su mal trato. Una vez se hubo detenido, la castaña volvió a mirarlo y esta vez, le sonrió levemente.

Lo siento. He sido maleducada– con cuidado poso su mano libre sobre la que apresaba su muñeca y despacio pidió permiso con un gesto para retirar su mano. Confundido la soltó. Al verse libre, se alejo unos cuantos pasos e inclino su cabeza en una reverencia poco refinada–Mi nombre es Sakura y ¿el tuyo?

La miro sin comprenderla. Contrariado frunció aún más el ceño. ¿Por qué era tan amable? ¿Por qué no estaba asustada? le grito, la ataco y luego volvió a ser agresivo con ella y aún así, lo seguía viendo con esa expresión tan desagradable.

¿Qué estaba esperando para huir de él?

Que peculiar.

Xiao Lang– respondió a la defensiva.

Es un nombre muy bonito. Lo siento nuevamente por asustarte Xiao Lang, no debí acercarme así. A veces se me olvida respetar el espacio personal de los demás –finalizo su pequeño discurso con una risita que le pareció molesta –No te había visto antes, ¿estas de paso por acá? –Xiao Lang asintió estoico –¿Tienes donde quedarte? –movió nuevamente la cabeza negando –Puedes quedarte conmigo si quieres, mi casa no es muy grande pero hay suficiente espacio para los dos. Ven, toma mi mano –incrédulo se quedo mirando ese gesto. No podía creerlo, ¿era tonta? –¿Qué pasa? –pregunto preocupada mirándolo nuevamente con esos ojos tan extraños –Es para que no te pierdas, el bosque puede ser peligroso de noche pero no te preocupes, yo te protegeré –sin esperarlo más tomo su mano y comenzó a caminar delante de él guiándolo.

Definitivo. Esa niña tenía algún tipo de deficiencia mental. ¿De que otro modo podría haber llegado a la extraña conclusión que debía ser protegido? ¿Qué acaso no conocía lo peligroso que era meter un hombre a su casa, sobre todo si era un extraño? ¿Sus padres no le habían enseñado a cuidarse? ¿y que era esa estupidez de que lo iba a proteger? ¿protegerlo a él?

Deje mi caballo por aquí–le soltó sin salir de su incredibilidad.

¡Oh tienes un caballo! Que maravilloso, ¿Dónde esta? –preguntó mirando hacia todas direcciones con ese aire infantil que le hacía recordar a los críos insoportables.

Por ahí– indico con un gesto de su barbilla–Es solo un caballo –Sakura se dio la vuelta casi indignada y su nueva expresión lo pillo desprevenido.

¿Sabías que comprar un caballo es muy caro? Eres un privilegiado si puedes tener uno. Deberías apreciarlo más– por momento se sintió regañado ante su atenta mirada. La miro con mala cara y abrió su boca para ordenarle que se callará pero en un segundo volvió a sonreírle como si nada, recuperando su ánimo alegre –¿tiene nombre? –Xiao Lang negó con la cabeza –Es una lástima, deberías ponerle uno.

Caminaron en la dirección que había indicado hace unos momentos. Contrariado miraba la seguridad con que Sakura agarraba su mano, la niña tonta, tarareaba una melodía desconocida, tranquila y en completa confianza, una confianza que definitivamente no le había otorgado. Debería matarla por tal falta de respeto y atribuciones fuera de lugar, pero estaba descolocado por su comportamiento familiar y de cierta forma, le intrigaba como esa chica simplona había detenido su magia como si nada. Por otro lado, lo trataba como si lo conociera de toda la vida, sin miedo y hasta con cierta ternura que no se podía explicar.

¿Qué estaba mal con ella? ¿Quién demonios era? ¿Por qué podía detener su fuego mágico? ¿Eran todas las personas tan amables como ella fuera del clan Li? No, estaba seguro que no. Conocía a las personas, vivió toda su vida analizando y observando el comportamiento de los demás. Podía decirlo con seguridad, esa amabilidad era inusual.

¡Oh Xiao Lang, es precioso! –su cuerpo fue jalada a voluntad de Sakura, que corrió emocionada hacia su corcel.

Al frente de su cabello negro Sakura le soltó la mano para volcar su completa atención en el animal. ¿Debía decirle que tuviera cuidado? Solía ser un caballo salvaje. Fue casi imposible de domar y solía dar patadas a desconocidos.

Pero esa chica volvió a sorprenderlo. Se acercó a su caballo con la misma tranquilidad con la que se le acercó a él y le ofreció la palma. Al principio el animal la miro desconfiado, pero sin explicación, agacho su cabeza sumiso, entregándose a las caricias que Sakura quería ofrecerle.

Es un chico muy dulce.

Levantó una ceja ante su comentario. Que extraña era. Sin embargo, parecía realmente complacida por el comportamiento inusual de su caballo. ¿Se podía hacer feliz a alguien con tan poco? ¿Qué era? ¿Una cría de cinco años?

Ponle un nombre –soltó sin pensar. Sakura pareció ignorar el tono despectivo y frio con el que se dirigía a ella y se le ilumino el rostro.

¿De verdad? –pregunto tan contenta que le pareció irracional. Levantó una ceja ante su entusiasmo y asintió –Veamos, que nombre puede ser…hm… ¡ya sé!¡Kuro!

La quedo mirando sin entenderla. ¿Por qué estaba tan feliz? ¿De que servía ponerle nombre a un objeto que iba a morir de todos modos? Al final, todos los caballos que alguna vez monto terminaban muertos en las guerras y luchas constante en las que se desenvolvía. Ningún animal vivo era capaz de seguirle el ritmo. No gastaría su tiempo en darle forma a algo que moriría de todos modos, si le daba un nombre, formaría una especie de vínculo innecesario. Era lo mismo con las personas, todos morirían en algún momento. Incluso él lo haría. La única diferencia, es que nadie podría matarlo. El tiempo se encargaría de llevárselo, solo el tiempo podría con su abismal fuerza.

Debemos apreciarlos ¿sabes? –¿De que demonios estaba hablando de pronto? –Todos somos importantes –La mirada vacía de sus ojos de ámbar se posaron sobre los suyos ignorante a sus palabras. No la entendía.

¿Por qué? –preguntó en su habitual tono frío. ¿Por qué todos importábamos? Lo único que sabía con seguridad era que el más fuerte primaba sobre los más débiles, siempre perecían bajo sus garras agonizando ante su propia impotencia. Solo el más fuerte podía prevalecer. ¿Qué importaba que las vidas insignificantes de esos seres se perdieran?

Sakura dirigió su mirada hacia el cielo y su sonrisa hizo acto de presencia.

Por qué todos sentimos. Podemos entenderlo porque todos tenemos algo que queremos proteger, algo que apreciamos más que a nada. Incluso aquellos que son distintos a nosotros. Apreciemos sus sentimos ¿sí?

A pesar de que la explicación de Sakura estaba llena de sentimientos, Xiao Lang no podía sentirla. No podía entender los motivos que la hacían emocionarse y comprender a los demás. No tenía sentimientos, así que posiblemente jamás podría comprender sus palabras.

Eres extraña –Sakura solo le sonrió.

Algún día tu también lo encontrarás– le respondió segura, con ilusión en su mirada– Algo que apreciaras tanto, que querrás protegerlo.

De repente, viendo su sonrisa una sensación peculiar se apodero de él. Incomodidad. Cuando Xiao Lang se sentía descolado o en una situación que le supusiera aunque fuera una mínima perdida de control, exterminar la causa era su primer instinto.

Pensó, ¿Cómo se vería su rostro cubierto de lágrimas? ¿Cómo sonaría su voz plagada en súplicas? ¿Eliminaría la incomodidad que le causaba esa chica si la veía llorar y suplicar?

Quería saberlo.

Una idea se le cruzo por la cabeza. Se subió a su caballo en un abrir y cerrar de ojos, sorprendiendo a Sakura que no lo vio venir.

¿Dónde esta tu casa?

Derecho hacia el fondo del bosque. Ahí encontremos la aldea donde vivo.

Bien –Dijo sin más y comenzó a andar dejándola atrás. La haría correr detrás de él, la haría suplicar y cuando lo hiciera amarraría su delgado cuello a una soga y la haría correr detrás como un animal. Es más, expresamente le ordenaría que lo hiciera, la obligaría a alcanzarlo.

Quería verla llorar, quería verla quejarse y suplicar clemencia.

Quería borrarle esa molesta sonrisa del rostro.

¡Espera! –pidió Sakura. El se detuvo con una sonrisa cínica en su rostro. Le molestaba esa actitud tan bondadosa. Sakura se paro delante y tomo entre sus manos las riendas pegabas a la boca de Kuro acarició su cabeza y comenzó a caminar delante de él, guiándolos.

¿No me vas a pedir que te lleve? –preguntó incrédulo.

No, Kuro y tu deben estar cansados, es mejor que solo te lleve a ti. Puedes descansar, yo los guiaré.

No existían las personas consideradas.

No podía creerlo. Estaba completamente empapada, podía notar que sus pies descalzos tenían algunas raspaduras y aún así se ofrecía a llevarlos con una sonrisa. Era esa clase de mujer que no soportaba. Detestaba a ese tipo de mujeres, que imponían su bondad y esperaban ser queridas por esa razón. Movió las riendas del caballo deteniéndolo y estiro su mano para alcanzar el brazo de Sakura y de un solo movimiento la subió, sentándola frente a él sin ninguna delicadeza.

Cállate. Acomódate y afírmate–ordenó antes de que pudiera abrir la boca para decir cualquier cosa. Sakura le sonrió y se acomodo, apoyando su espalda en el pecho de Xiao Lang y con sus manos afirmándose de la parte libre de las riendas.

Xiao Lang movió la nariz al sentir el aroma que desprendía su cuerpo. Era un aroma suave, dulce, una combinación a naturaleza, flores y ¿miel? Las mujeres que había conocido a lo largo de su vida siempre estaban infundadas en complicados hanfus, eternamente maquilladas y embotadas de perfumes con esencias fuertes y desagradables. Pero el aroma que desprendía esta chiquilla simple y desarreglada, se sentía menos invasivo a sus sentidos.

Kuro corrió veloz por el bosque. El viento movía los cortos cabello de Sakura, quien impresionada por su velocidad reía contenta y fascinada al montar por primera vez un caballo.

¿Por qué ríes? –No comprendía sus reacciones en absoluto. Sakura lo miro sobre su hombro.

¿No es divertido? El viento azotando, la rapidez de Kuro y tu compañía, lo hace divertido–respondió como si fuera lo más normal del mundo.

¿Mi compañía? –pregunto contrariado. A nadie le gustaba su compañía, su sola presencia despertaba el miedo en los demás y otros sentimientos más negativos.

Eres amable–declaró sin dudas.

No.

Si lo eres– dijo resuelta y segura– Trataste de detener el fuego para que no me lastimara, dejaste que eligiera un nombre para tu caballo y me has dejado montarlo a tu lado. ¿Lo ves? Eres amable – Xiao Lang se mantuvo en silencio analizando sus palabras. Se estaba comportando de manera inusual.

¿Por qué sería?

Tal vez debería empujarla o atar su cuello a una cuerda y hacerla correr al ritmo de su corcel, ver como sus pies terminaban de lastimarse y matarla sin misericordia. A fin de cuentas había cometido más de una falta de respeto hacia su persona, por mucho que ella ignorara quien realmente era.

Pero estaba intrigado.

¿Quién era esa jovencita y porque podía detener su fuego? Era una incógnita que deseaba disipar. No quería matarla sin tener una respuesta primero, podía torturarla y masacrar su aldea hasta obtener lo que quería pero llamaría la atención y descubrirían su ubicación.

Aparte contaba con otra ventaja. Observo de reojo su expresión, seguía empeñada en reírse sin sentido y disfrutar de no sabía qué. La chica era tonta. ¿Por qué alguien tan tonta tenía esa capacidad especial? No conocía a nadie más fuerte que él y se rehusaba creer que ella lo era.

El rey de la noche sobrepasado por una niñita estúpida y simplona, ni en sus peores pesadillas eso podía ser verdad.

A medida que se introducían cada vez más en lo profundo del bosque podía distinguir a lo lejos las pequeñas cabañas de madera, los suelos trabajados y la débil luz de las antorchas y fogatas. Pronto visualizo la figura de los aldeanos que caminaban sin prisa los terrenos de la pequeña aldea, algunos adultos mayores sentados en el suelo, disfrutando de una amena conversación, los niños jugando y riendo, las mujeres y hombres trabajando calmadamente en sus tareas.

Podía sentir la paz que se respiraba en la aldea. A medida que se adentraban en el pueblo, la rapidez de su caballo disminuía hasta convertirse en un suave y lento galope. Sakura saludaba a cada tanto a las personas que los observaban curiosos, con su sola compañía la inicial desconfianza de los aldeanos se transformaba en una amable curiosidad y hospitalidad, incluyéndolo en sus saludos.

Las pisadas de Kuro se detuvieron ante una pequeña y humilde cabaña de madera y paja, no muy diferente a las demás.

Xiao Lang descendió del caballo de un solo salto. La castaña queriendo imitarlo saltó igualmente sin embargo, al no tener ninguna experiencia hubiera terminado estrechándose contra suelo sino fuera porque su cintura fue tomada en vilo gracias a los rápidos reflejos del joven líder.

En el momento en que sus manos hicieron contacto con su cuerpo, la electricidad que las recorrió las hizo temblar. La soltó como si le quemará, las observo desconcertado buscando el origen de la corriente pero no encontró nada mientras Sakura se tambaleó levemente ante los bruscos cambios en su equilibrio.

Xiao Lang le frunció el ceño desconfiado y le habló con voz helada.

¿Qué hiciste?

Sakura parpadeó varias veces sin entender su pregunta.

¿A que te refieres? – dijo confundida. El castaño entrecerró los ojos buscando rastros de magia en su cuerpo pero no pudo encontrar nada.

Olvídalo– La joven asintió despreocupada.

Por favor, entra.

Xiao Lang siguió sus pasos y entró a la humilde cabaña de madera y paja. Debido a la falta de luz no podía ver con detalle el interior de su ''hogar'', si es que a eso se le podía llamar así, sin embargo podía distinguir la sencillez, por no decir la escasez, con la que vivía. Un espacio pequeño, con solo algunas cajas amontonadas en los rincones. En el centro de la estancia descansaba un agujero donde acumulaba leña para prender fuego y cocinar. Unas cuantas mantas de tela delgada y un futon viejo.

La castaña se acercó a la leña y con un movimiento sutil de sus dedos le prendió fuego, iluminando la estancia y al mismo tiempo, comenzando a calentar la caldera que contenía la cena de esa noche.

Xiao Lang se sentó cerca del fuego y la observo traer unos cuecos de loza degastada. Sakura se sentó frente suyo revolviendo cada tanto la comida.

Lo siento, solo tengo sopa de miso y algo de arroz– se disculpo haciendo un gesto con sus manos– pero mañana atraparé un gran pez para que podamos comer. Xiao Lang solo la miro de reojo, apoyando sus palmas hacia atrás en el suelo– ¿o prefieres otra cosa para comer?

El castaño solo se encogió de hombros, indiferente. La observo servir la comida con su imborrable sonrisa y buen humor. De pronto, se pregunto que hacía una chica joven viviendo sola. ¿Dónde estaban sus padres? ¿o acaso estaba casada? ¿su marido donde estaba?

¿Vives sola? – A Sakura se le ilumino el rostro al escuchar su pregunta. Estaba agradecida que el tuviera ánimos de conversar.

Si. Antes vivía con mis padres pero ambos murieron cuando el clan Li se hizo con esta porción del territorio– la sonrisa de Sakura cedió lo suficiente para que su semblante cambiaría. Xiao Lang la miro directamente al escuchar esa nueva información– pero no me siento sola ni triste. Tengo a Tomoyo, es una amiga muy preciada para mi y todos los habitantes de la aldea son amables y buenos conmigo. A pesar de todo, soy muy afortunada–Termino diciendo con una sonrisa de sincero agradecimiento– ¿tus padres aún están contigo?

Si.

¡Qué alegría! ¿se llevan bien?

No tenemos relación– Sakura frunció el ceño inmediatamente preocupada mientras le pasaba el tazón de comida.

¿Por qué? –preguntó sin poder evitarlo. Xiao Lang se encogió de hombros.

Es problemático– Sakura guardo silencio sin saber que decir. No se veía afectado en lo más mínimo.

Comieron en silencio, cada tanto Sakura le daba miradas furtivas. ¿Qué clase de infancia había tenido? ¿Qué le habían hecho para volverlo tan frío? ¿Cómo habían privado a un niño de los cuidados de sus padres? Sintió como se le acumulaban lágrimas en los ojos. No debía llorar, no debía mostrarse así frente a Xiao Lang. Si de solo pensar en la infancia que tuvo que pasar se le hacía un agujero en el estómago, no se imaginaba como debió sentirse él.

Una leve imagen vino a su mente, la imagen de un pequeño Xiao Lang en soledad.

¿Por qué algunas personas eran tan crueles? ¿Cómo podían hacerle eso a un niño? Si ella hubiera estado cerca…tenso la mandíbula aguantando las lágrimas. Si ella hubiera estado cerca, no lo hubiera dejado solo nunca.

No le gustaba ver a las personas sufrir. Detestaba el dolor y el sufrimiento. Había tantas razones para ser feliz, entonces ¿Por qué algunas personas se empeñaban en sembrar dolor cuando se podía sembrar alegría y felicidad?

No lo entendía.

Se levantó en el mismo silencio después de la comida, recogió los utensilios, los lavo y pronto se preparó para ir dormir. Xiao Lang seguía inmutable sentado mirando nuevamente la nada…su mirada vacía…ese color peculiar tan bonito opacado por el abismo que se adivinaba en su mirada.

Se le oprimía el corazón de solo verlo.

Xiao Lang– dijo con la voz más suave que tenía. Una excelente idea, a su parecer, cruzo su mente– ¿quieres que sostenga tu mano para dormir? – Cada vez que lloro, se asusto o se sintió triste sus padres tomaban su mano al dormir. Aquel gesto la hacía sentir cálida y acogiada, querida y apreciada.

Estiro su mano hacia el, esperando ser recibida por sus dedos pero lo único que obtuvo fue un manotazo. Dios, Xiao Lang tenía una fuerza impresionante pero a pesar del dolor, no se quejo.

''Esta bien'', dijo para sí. ''Solo esta asustado. Es normal que desconfíe de mi.''

¿Eres tonta? – respondió frío.

Era extraño. No importaba que tan frío y despectivo fuera su tono ni que tan malos fueran sus modales o que tan fea se tornara su mirada, no tenía miedo, en lo absoluto. Esbozó una sonrisa algo avergonzada y volvió a mirarlo con las pupilas brillando.

No. De hecho, soy bastante lista–acoto como si nada– Tendré mi mano estirada por si quieres tomarla en la noche, así no te sentirás solo.

Guardo silencio mientras la contemplaba. A pesar de la oscuridad, gracias a la luz pálida de la luna que se colaba por la ventana de su humilde hogar, podía distinguir su sonrisa.

Se sentía incomodo. Era la primera vez que pasaba tanto tiempo con alguien.

¿Sería porque ella desconocía su verdadera identidad y por eso no le temía? Pero de alguna forma, no tenía deseos de matarla.

Seguía sosteniendo en su mente la idea de que ella era alguien peculiar, no en un sentido especial, sino más bien le recordaba a los pequeños animales que a veces salía a cazar. Pequeños seres insignificantes que en algunas ocasiones lo sorprendían con su destreza y sus deseos de vivir. Todos terminaban pereciendo bajo su mano, pero era capaz de reconocer su intento inútil de huir de él.

Sakura le recordaba ese tipo de animales. Pequeña, delgada, inútilmente bondadosa pero de alguna forma lo había sorprendido al sostener su fuego como si nada entre sus manos. A pesar de que era un mago excepcional, no podía detectar el nivel de su magia más de lo que ella dejaba ver.

¿Era acaso esa niña una maga que podía igualar sus habilidades?

No lo creía, tal vez simplemente fuera mera suerte.

Seguía mirándolo con esos ojos, a pesar de su sonrisa, de alguna forma sentía que su mirada tenía un trasfondo perturbante cada vez que posaba sus ojos en él.

Entrecerró los ojos y frunció el ceño, devolviéndole la mirada.

¿Por qué me sigues mirando así? – su tono era frío y amenazante. La expresión del rostro de Sakura cambio sutilmente, su sonrisa seguía ahí pero le transmitía un sentimiento que no pudo identificar, intensificando la interrogante que surgía en su interior.

Sus paso se acercaron a él con cautela, se sentó sobre sus rodillas y esa emoción que no podía distinguir se acentuó más en sus ojos verdes. ¿Era miedo? ¿Por qué carajos lo estaba mirando de esa manera?

Esa niña insolente.

La paciencia no era una de sus virtudes.

La obligaría a contestarle.

Alzó una mano para agarrar los cortos mechones de su cabello y en el momento en que sus dedos se enterraban en su cabellera, la voz susurrante de Sakura se escucho como un cuento en el silencio nocturno.

Mi maestra me enseño todo lo que sé de magia–comenzó diciendo, ignorando su arranque de violencia– La magia existe para proteger a otros y traer felicidad a las personas…Sin embargo, una vez me contó una historia sobre los magos de fuego que habían perdido sus emociones. El fuego que una vez había sido rojo y brillante, se tiño de azul por la tristeza y la soledad que existía en sus corazones– Sakura toco suavemente la mano que sostenía con fuerza sus cabellos. Notaba la confusión y la ira en los ojos vacíos del chico que acababa de conocer y aún así, no podía evitar estar preocupada–…ser del clan Li debe ser duro…–Xiao Lang abrió los ojos sorprendido. ¿Lo sabía? ¿Lo había sabido todo este tiempo? Entonces… ¿por qué ella…seguía mirándolo de esa manera como si …le importará? –… ¿Te duele el corazón?

Xiao Lang trago con la garganta seca. ¿Qué clase de pregunta era esa? Le sostuvo la mirada, moviendo errático sus pupilas sobre su mirada verdosa.

¿Qué era eso? ¿Lástima? ¿sentía lástima por él? Debería quemarla por el simple hecho de atravesarse siquiera pensar de esa manera pero su boca fue más rápida que sus acciones.

No tengo corazón–susurro sorprendido de sus propias palabras. Sakura hizo una mueca como si estuviera a punto de llorar pero se recompuso y volvió a sonreírle pero esta vez no había rastro de lástima en sus ojos. Poco a poco fue liberando la mano que apresaba sus cabellos hasta que estos estuvieron desprovistos de su opresor. Sin embargo, no soltó sus mano en ningún momento, siguió mirándolo sin miedo y apretó su palma entre sus delgados dedos.

Esta bien…–murmuro suave– no voy a lastimarte, así que seamos amigos, ¿sí?

Xiao Lang sintió un extraño nudo en la garganta y una sensación punzante en el pecho. ¿Qué demonios era eso?

Si sabes que soy del clan Li, debes saber que soy un asesino ¿Por qué quieres ser amiga de un asesino? – preguntó desconfiado e incomodo. ¿Por qué le molestaba el pecho? Era una sensación desagradable.

La castaña pareció pensárselo un momento.

Yo solo sé que no lo eres por elección, tu…te sientes solo– Xiao Lang la miro sin decir nada. No podía entender lo que quería decirle, ¿Cómo saber que era sentirse solo si siempre lo estuvo? No podía querer ni extrañar lo que nunca tuvo. Ni siquiera tenía un corazón donde albergar tales emociones– Pero no tienes que seguir estándolo, ahora puedes contar conmigo. No tienes que volver. No te preocupes, yo te protegeré.

No lo sabía.

No sabía quien realmente era. No sabía que de quién tenía que protegerse era justamente de él. Solo intuía que era parte del clan Li por el color azulado de su fuego, no era una chica ignorante que tenía aire en la cabeza pero tampoco era astuta.

Estaba siendo amable con él porque pensaba que era un pobre soldado de alguna de las casas menores que había llegado allí queriendo escapar del control de los Li. No sabía que en realidad era el mismísimo rey de la noche.

No sabía que era el tirano cruel que masacraba y mataba personas sin miramientos.

¿Seguiría ofreciéndole su amistad si lo supiera? ¿Seguiría mirando de esa manera? ¿Seguiría mostrándole esa sonrisa tan molesta?

Se soltó con brusquedad de su agarré, esquivó su mirada y le dio la espalda. No quería seguir mirándola ni quería seguir con esa ridícula conversación.

Me voy a dormir– soltó en el tono más frío posible. Se sentía mal, pero no sabía por qué.

***0***

Los días juntos pasaron en un espiral de silencios, luz de mañana, naranjos de atardecer y el cielo despejado poblado de estrellas a su lado. Sakura le sonría y deseaba los buenos días y buenas noches cada día sin falta, preparaba el desayuno para ambos y lo obligaba a acompañarla y jugar con ella cada vez que podía.

El la seguía a una distancia prudente y se dedicada a observarla. Le intrigaba el tipo de persona que era. ¿Era naturalmente buena o solo fingía constantemente? La facilidad con la que mostraba sus sentimientos le parecía irónicamente difícil de leer. ¿Era una persona transparente?

No lograba entenderla y cada vez que le sonreía, lo buscaba con la mirada brillante acompañada del agudo sonido de su voz, el estómago se le cerraba, tensaba la mandíbula y le fruncía el ceño.

No la entendía.

Había días que la ignoraba, se negaba a seguirla y la veía salir de reojo. Sin embargo, a penas se alejaba lo suficiente, seguía sus pasos y la observaba a una distancia prudente. A veces la veía correr y jugar con esa joven que decía ser su amiga, sentado en las ramas de algún árbol del gran bosque. A veces la veía jugar con los seres elementales y otras, ayudando a los aldeanos, en ocasiones curando a los que se lastimaban, usando un tipo de magia peculiar pero no tan fuerte para llamarle la atención, a pesar de si le hacía interesante la energía que irradiaba su magia.

Cálida. Un tibio calor se instauraba en el aire cuando hacia uso de la misma. Era sutil pero efectiva.

Se convencía cada vez más que ese día había tenido una suerte de milagro, de otra manera, estaría muerte. Sakura solo sabía algunos de trucos de magia. No era albergaba en ella el mana suficiente para convertirse en un mago de primer nivel. Ni siquiera tenía un elemento que la definiera.

Era extraña, sin embargo, con el pasar de los días se fue acostumbrando a su peculiar forma de ser.

''–Sé que me has estado observando– le dijo tomándolo un día tomándolo por sorpresa sin dejar de recoger las flores que la rodeaban– ¿Por qué no vienes a jugar conmigo? – reclamó infantilmente.

¿Lo has sabido todo este tiempo?

Puedo sentir tu magia cuando estas cerca– respondió sin darle mayor importancia.

Xiao Lang se quedo mirándola. ¿Podía sentir su aura? Frunció el ceño, era un maestro para esconder su esencia mágica. ¿Había bajado tanto las defensas para que esa débil y principiante maga pudiera notarlo?

No estaba tan sorprendido, últimamente se encontraba más relajado de lo normal. Bajo de un salto de la rama en la que descansaba.

¿A qué quieres jugar tonta? – Sakura se volteó y le sonrió terroríficamente. Un mal presentimiento le subió por las vertebras.

La castaña se acercó sigilosamente, o eso creía ella, y rápidamente y le planto un leve manotazo en su hombro derecho.

¡Tu las traes! – grito echando a correr despavorida por el bosque– ¡atrápame si puedes! – y se echó a reír encantada.

***0***

¿De verdad tienes que irte? – preguntó onceava vez irritando más a Xiao Lang, quien no sabía lidiar con la mirada que le estaba dando en ese momento. Parecía un pequeño conejo siendo abandonado por su madre.

El castaño asintió levemente, terminando de acomodarse en la montura de Kuro.

Había pasado dos largas semanas desde que había ''escapado'' de la casa principal. Por las conversaciones que mantenían los aldeanos se enteró que la dinastía Li estaba en caos, incluso se planteaba la idea de concebir un nuevo heredero.

Era hora de volver y poner a esos imbéciles del consejo en su lugar. ¿De verdad pensaba que era posible que hubiera muerto? Ni el diablo podría matarlo.

Deja de poner esa cara fea– Dijo en un impulso. Le incomodaba ver su rostro decepcionado. ¿Qué le pasaba ahora? Era tan insufrible– Vendré– como si hubiera dicho las palabras mágicas el rostro de Sakura se ilumino.

¿¡De verdad!? – Grito con los ánimos renovados. Xiao Lang cerró los ojos ante el grito estridente.

Ruidosa.

Vuelve a visitarme pronto, Xiao Lang – la castaña le sonrió con profunda sinceridad– ¡Estaré esperando ansiosa tu regreso! ¡Es una promesa! – gritó dando pequeños saltos al tiempo que agitaba su mano en señal de despedida.

Una pequeña sonrisa de suficiencia escapo involuntariamente de los labios del rey de la noche.

***0***

No tenía una corona pero podía considerarse un rey. Sus palabras, sus acciones incluso sus gestos eran ley. Su voluntad hacía y deshacía con facilidad cualquier persona, objeto, territorio pero incluso un rey, debía cumplir con sus obligaciones.

No se sorprendía que después de haber pasado varios días desaparecido de la casa central de la dinastía Li, todo se hubiera vuelto un caos. No podía ser castigado pero si presionado para cumplir uno de sus deberes que había estado intentado evadir lo máximo posible.

La ceremonia para escoger a la futura matriarca de los Li. La mujer, el vientre que llevaré su sangre al siguiente nivel.

Se encontraba en ese momento sentado desde su privilegiada posición para conocer finalmente a sus potenciales esposas. Aunque todo no fuera más que una mera formalidad, un circo armada para ''honrar'' a las casas menores.

Sin conocerla, ya sabía quien se convertiría en su esposa.

Sus ojos vagaron por el espacio pensativo aunque su rostro nunca abandonaba los aires de indiferencia y el característico seño fruncido de su expresión. Habían transcurrido una semana desde que volvió de su inesperado viaje.

¿Por qué sentía que el aburrimiento y el vació profundo de su interior se hacía cada vez más grande? Cerró los ojos un momento, tratando de calmar sus impulsos oscuros. Apretó el puño y la mandíbula.

Ahí estaba de nuevo. No salía de su mente.

Cada maldita vez que cerraba los ojos esa imagen perforaba su mente, tan real que casi podía escuchar el sonido de su risa invadiendo sus oídos.

La delgada espalda, el cabello corto, los ojos grandes, la sonrisa sincera y su sonido. La luz de la luna bañando su figura pequeña y su voz diciendo su nombre.

Tsk– chasqueó molesto.

No volvería a dormir hasta que esa imagen dejará de perforarle las pupilas. Tal vez, ¿debería volver y eliminarla? Su existencia le causaba un extraño malestar.

Quería verla.

Hacerla desaparecer.

Volver a su siempre negra y tranquila oscuridad. Terminar consumido por su maldad.

La voz de uno de los funcionarios que servían al consejo lo alejo de sus pensamientos anunciando el inicio de la ceremonia y con ello, la entrada y presentación de las candidatas. Levantó una ceja indiferente, apenas regalándoles una mirada de reojo.

Las cinco candidatas desfilaron frente a su arrogante mirada hasta sentarse cuidadosa y grácilmente en la posición designada para cada una. Llevaban el rostro cubierto con un velo traslucido, una fina pero recada invitación a despertar el interés del líder del clan. Enfundadas en sus finos y delicados hanfu de la seda más fina y reluciente, llevaban con orgullo el color distintivo de la casa que representaban.

Los ojos de Xiao Lang bailaban entre la más profunda indiferencia y el más notorio aburrimiento. Le parecía una mera perdida de tiempo. No importaba que las jovencitas más bellas y fuertes de cada casa se presentaran como potenciales candidatas para convertirse en la princesa heredera, la ganadora había sido elegida antes de empezar.

Durante años, la joven elegida para convertirse en el vientre que llevaría el próximo heredero de la dinastía, era la joven más fuerte de la casa menor Wang Li.

Los orgullosos y poderosos Wang Li, representaban la espada del rey, el perro guardián más fiel y leal de la dinastía. Reconocidos, temidos y respetados no solo por su habilidad mágica sino también por la fuerza militar de sus guerreros. Los Wang Li eran se destacaban en el arte del combate cuerpo a cuerpo. No dudaban al matar, no pestañaban cuando la sangre salpicaba su rostro, eran fríos como el metal de sus espadas y letales como la fuerza de sus golpes.

Pero contaban con otra particularidad.

Los ojos de los descendientes de la casa Wang Li eran rojos como la sangre. Tan rojos como el primer mago de fuego y su cabello, negro como la noche más oscura. En su apariencia portaban los genes del primero. A diferencia de los descendientes directos de Li, que en su apariencia física predominaban los rasgos de la primera maga de tierra. Sus ojos miel y su cabello castaño eran una prueba irrefutable que su descendía provenía de dos de los primeros magos que aparecieron en el mundo.

Xiao Lang apoyo su mentón sobre la palma de su mano, levantó una ceja y señalo con el índice a la joven enfundada en el hanfu rojo.

Tan predecible.

Levanta el velo– ordeno.

La aludida asintió obediente y con elegante lentitud dejo su rostro al descubierto. Xiao Lang la miro fijamente sin ninguna emoción.

Piel pálida, brillante y suave, jamás tocada por la luz del sol. Seguramente la habían entrenada a la luz de la luna para que los rayos del sol no oscurecieran su piel. Su rostro era pequeño y ovalado. Sus ojos, rojo brillante, rasgados cual felino dándole una apariencia exótica. Su nariz era recta y pequeña y sus labios rellenos y definidos. Su cabello negro y liso caía largo por el costado de su rostro.

Le devolvía la mirada serena. Acostumbrada a la frialdad punzante de la dinastía. Conocía su deber, su lugar y sus responsabilidades.

Esa mujer se convertiría en su esposa.

Un hermoso y elegante objeto.

Desvió la mirada aburrido, y señalo al azar a otra candidata y así continuamente hasta que todas hubieron descubierto su rostro.

Diferentes bellezas, de diferentes tonalidades se presentaban frente a él. Las flores más elegantes de su reinado, a simple vista cada una con su propio encanto y sin embargo, en esencia idénticas. La piel de cada uno era tan blanca que podría ser translucida a la luz del sol, sus cabellos largos y lisos, sus rostros pequeños y serenos. Sus miradas vacía y dispuestas a cumplir su voluntad.

No sentía nada. Absolutamente nada. No despertaban en él ni el más mínimo interés. Ni siquiera podía sentir su cuerpo reaccionar al imaginarlas desnudas y dispuestas a complacerlo.

''Xiao Lang'' escucho en sus pensamientos. Cerró los ojos frunciendo más el ceño, sacudió la cabeza molesto, tratando de alejarla de sus pensamientos. Su humor comenzaba a empeorar.

Sonrían– ordenó queriendo aliviar su estrés– muéstrenme su sonrisa.

Los miembros del consejo se miraron entre si sin comprender y las jovencitas no pudieron controlar su expresión de desconcierto y sorpresa, sin saber que hacer.

Xiao Lang frunció el ceño esperando pero nadie se movió.

Disculpe joven líder– Habló uno de los funcionarios encargados de la selección. El castaño lo miro de reojo– no es propio de la ceremonia de elección pedirles a las señoritas que sonrían…Sería más adecuado que usted procediera a pedirles que muestren sus habilidades.

¿Eh? – miro de reojo y sonrió levemente Xiao Lang. Segundos después el cuerpo del funcionario se encontraban en el suelo retorciéndose de dolor y gritos desencarnados, al tiempo que el olor a carne quemada inundaba la estancia– ¿Alguien más tiene el valor de cuestionar mis ordenes? – susurró ronco con una mirada asesina en el rostro, levantando el fuego furioso que ardía en su mano.

Un silencio sepulcral se instalo en la habitación.

Sus deseos son mis ordenes, mi señor– la voz de la candidata de la casa Wang Li hizo eco en el silencio. Su rostro no mostraba ninguna expresión en particular pero en el fondo por su columna bajaba un sudor frío y atemorizante.

Era extraño, pensó al mirarlo. Era increíblemente guapo, de eso no cabía ninguna duda. La belleza del patriarca del clan Li no podía ser considerada humana. La perfección de su rostro, el ancho de sus hombros, el color imposiblemente hermoso de sus ojos. ¿Cómo podía existir alguien tan perfecto en todos los ámbitos posibles? Belleza, inteligencia, fuerza y magia. Xiao Lang era un ser perfecto. Sin embargo, el fondo de su mirada era un hueco vació sin fondo y ese simple detalle era suficiente para hacerla sentir miedo.

Aunque se convirtiera en su esposa, ella siempre viviría con el miedo que al mínimo fallo, el simplemente la mataría como un objeto desechable que puede ser reemplazado. Esos ojos jamás la mirarían con ningún tipo de afecto.

Nombre.

Meiling de la casa menor Wang Li, mi señor.

Xiao Lang le sostuvo la mirada con renovaba atención, esperando impaciente la expresión que tendría su rostro al mostrarle su sonrisa.

Las comisuras de los labios de Meiling se levantaron sutilmente, sus ojos se cerraron y la expresión de su rostro proyecto una sutil y elegante sonrisa de cordialidad. El rey de la noche quedo mirarla unos momentos más y luego, aparto la vista decepcionado.

No le molestaba su sonrisa, y contradictoriamente eso lo molestaba. ¿Qué rayos estaba pasando con el? Suspiro y desvió la mirada.

Tu– señalo a otra de las candidatas– sonríe– la aludida esbozó una sonrisa muy parecida a Meiling. Recatada, serena y elegante. Espero paciente a que cada una de las candidatas sonría, expectante de que alguna causará alguna reacción en el, pero conforme avanzaba, sus deseos de sentirse afectado de alguna manera, morían estrepitosamente. –Que mujeres tan aburridas– soltó sin miramientos.

Las jóvenes sudaron frío, nerviosas del extraño comportamiento del rey del clan. No solo les había faltado el respeto saltándose todos los protocolos de la ceremonia de selección sino que además se comportaba extraño pidiéndole cosas por demás absurdas y las insultaba abiertamente. Sin embargo, el miedo que le tenían no las dejaba decir ni un solo ápice de sus pensamientos por muy justificados que estuvieran. No era un secreto para nadie de las dinastía Li que el joven líder, Xiao Lang Li no solo era reconocido por su abismal poder mágico y fuerza, sino que también era uno de los herederos del poder quien menos paciencia y compasión albergaba.

Su crueldad solo podía ser comparada con la del primer mago de fuego.

Lo apodaban el rey de la noche, porque su existencia se basaba en la oscuridad. No existía un ápice de humanidad en su rostro perfecto.

Xiao Lang Li era maldad pura.

Largo–ordeno en un murmuro apenas audible– ¡Largo de aquí!

Los presentes hicieron una rápida reverencia y salieron apresurados ante la orden de su rey. El líder del clan se encontraba de un humor terrible y nadie sabía que era lo que le había causado tal molestia.

Ni siquiera el mismo.

Con la estancia en completa soledad, Xiao Lang echo la cabeza hacia atrás y suspiro dejando ir todo el aire de sus pulmones. ¿Qué demonios? Cerró los ojos un momento para aclarar sus pensamientos pero en cambio la gran sonrisa de aquella muchacha desarreglada y desaliñada volvió a invadir su mente. Una sonrisa despreocupada, ilusionada y sincera…sin miedo a mostrar sus emociones y sin necesidad de fingirlas…tan diferente a la sonrisas que acababa de ver.

Le parecían descoloridas al lado de la sonrisa de Sakura. La sonrisa de esa mujer le molestaba, estaba seguro pues cada vez que lo hacía su cuerpo se sentía incomodo, tieso, desubicado…pero era diferente a lo que acostumbraba. Sakura lo ponía en un constante estado de incomodidad pero de alguna manera le parecía menos aburrido.

Su recuerdo en su mente estaba nublado de colores brillantes y vividos, en cambio cada vez que veía a las mujeres de su clan, el blanco, negro y gris al cual estaba acostumbrado volvía.

De alguna manera su malhumor empeoró de sobremanera.

Era un buen momento para castigar aquellos que habían desobedecido las ordenes del clan.

Se encargaría personalmente.

***0***

¿Qué? – no podía creérselo– ¿Xiao Lang esta aquí? – preguntó ansiosa.

Tomoyo solo le sonrió asintiendo levemente. A pesar de que no le gustaba la extraña amistad que había entablado con ese hombre, era conocedora de que Sakura sentía una particular inclinación hacia ese joven de mirada amenazante y tratos fríos.

Cumplió su promesa…–susurró emocionada.

La joven se levanto de inmediato del suelo y tan pronto estuvo de pie comenzó a correr en la dirección que le indicaba Tomoyo. El sol pegaba con fuerza ese día pero no le importo. No le importo el sudor que corría por su nuca ni que la boca se le estuviera secando.

Quería darle la bienvenida, quería ser la primera en recibirlo.

A lo lejos pudo divisar su figura siguiendo el recorrido de la entrada a su aldea. Corrió con más fuerza, dándose ánimos para llegar a la meta.

¡Xiao Lang! – gritó agitada su nombre mientras movía su mano para darle la bienvenida.

El castaño detuvo su andar al escuchar gritar su nombre con tanta emoción. Observo como corría la figura de la joven, agitando su mano sin parar como una tonta. ¿Por qué Sakura se empeñaba en hacer cosas innecesarias? Una sonrisa burlona se asomo en su rostro, su humor mejoraba. Que mujer tan absurda. Quería burlarse de ellas sin embargo sus intenciones fueron interrumpidas al dar paso a la sorpresa e incredubilidad.

Sakura salto hasta el y colgó sus brazos en su cuello llena de risa y jubilo.

¡Cumpliste tu promesa! – dijo emocionada– ¡Volviste!

Deja de hacer tanto escándalo– respondió y a pesar de que su voz denotaba su habitual frialdad e indiferencia, no trato de sacársela de encima– Eres tan ruidosa.

Pero estoy contenta de volver a verte. Pensé que no te vería en mucho tiempo–la castaña desvió la vista levemente hacia al lado para observar curiosa a los dos caballos que estaban detrás de Xiao Lang– ¡Kuro! – gritó emocionada redirigiendo su atención– También te extrañe a ti– dijo dulce acariciando su cabeza – ¿y quien es el amigo que te acompaña? Es tan bonito como tu.

Sakura estiro su mano para alcanzar el lomo del majestuoso caballo blanco que se alzaba elegante y hermosos al lado de Kuro, creando un contraste precioso. A diferencia de Kuro, su compañero era más pequeño y delgado dándole un aspecto más delicado pero no menos hermoso.

Es tuyo– Dijo el castaño.

¿Qué? – Sakura lo miro perpleja. Xiao Lang desvió la mirada.

Lo compré para ti. – la castaña parpadeo varias veces seguidas procesando la información.

¿Me compraste un caballo? – dijo con un hilo de voz, sin poder creérselo aún– ¿A mi?

¿Eres tonta o qué? – De pronto Xiao Lang sintió el rostro acalorado. Ignoró el estado de sorpresa de Sakura y se volteó hacia Kuro. Buscó entre los bultos que cargaba a sus costados hasta encontrar lo que buscaba– Toma.

Xiao Lang puso en las palmas de sus manos un par zapatos de lona de color rosado pálido con un exquisito y hermoso bordado de flores de loto en un luminoso color dorado.

También te traje unas prendas. No debes andar por ahí con esas ropas viejas y desgastadas. Te ves incluso más fea– Sus palabras eran despectivas pero el tono en su voz era tranquilo.

Sakura no tenía palabras.

¿Por qué me estas dando todas estas cosas? – preguntó con un hilo de voz.

''¿Por qué será?'' Pensó para sus adentros. No entendía porque estaba haciendo lo que estaba haciendo. Solo había sentido el impulso de ver su molesto rostro y cuando se dio cuenta, el mismo había seleccionado prendas para Sakura. Recordar sus pies descalzos y su ropa modesta y desgastada, lo incomodaba más que verla sonreír. Pensó que si la vestía adecuadamente ese malestar desaparecería.

Porque puedo– respondió sin dar mayores explicaciones.

Sakura negó con la cabeza.

Lo siento, pero no puedo aceptarlo. Es demasiado. Solo soy una simple campesina. No soy digna de andar con cosas tan lujosas como estas– la expresión de humildad y modestia de Sakura y sus palabras, fueron tomado como un claro rechazo.

El primer rechazó de su vida.

Le frunció el ceño irritado. Bien, si no las quería simplemente las botaría. Eran solo basura si no las usaba. Sin decir nada, se dio la vuelta y tiro las cosas hacia el caballo blanco que había traído para ella. El fuego se hizo presente en su palma.

Quemaría todo.

¡Espera! – se apresuró a detenerlo tomando su brazo– ¿Qué estas haciendo?

Si no lo quieres– respondió– me desharé de esto.

¡No! ¡Espera! ¡No puedes hacer eso!

¿Por qué?

¡Porque podría serle de utilidad a alguien más!

No. Si no es tuyo, no será de nadie– dijo sin más, dando por finalizada la conversación.

¡De acuerdo, de acuerdo! Lo aceptaré– se apresuro a decir. Xiao Lang era alguien difícil de tratar en ocasiones. Sus acciones siempre eran extremas, no había términos medios con el–¿Sabes que no puedes resolver todo quemándolo? Debes aprender a comportarte como un adulto y dar el ejemplo, Xiao Lang– el aludido parpadeo varias veces, sorprendido ante el regaño de Sakura. La joven suspiro cansada pero luego le sonrió– Muchas gracias, los cuidaré con mucho cariño.

¿Por qué? – pregunto sin comprenderla– son solo objetos materiales, pueden ser reemplazados. Tíralos cuando ya no sean de utilidad.

Sakura lo miro molesta, pillando desprevenido al castaño, lo golpeo suavemente con el dorso de su mano. ¿Ahora que le pasaba a esa mujer?

¡¿Que demonios te pasa?! ¡¿Acaso quieres morir?! – pero Sakura no se inmuto ni por un segundo. Lo miraba frunciendo su ceño al igual que él con ambas manos en la cintura, retándolo silenciosamente con su lenguaje corporal.

¿Vas a prenderme fuego como a todo? – le respondió, desafiándolo– ¡Ya te dije que eso no esta bien!

Xiao Lang le sostuvo la mirada entrecerrando más sus ojos, dedicándole una de sus peores miradas pero ella no cedió. En cambio, lo imitó haciendo los mismos que él pero a diferencia suya, Sakura más parecía una niña a punto de hacer un berrinche. ¿De verdad pretendía intimidarlo? ¿Por qué no se disculpaba de una buena vez? ¿Qué le pasaba a esa mujer tonta? ¿Qué no entendía o no tenía noción del peligro?

Que mujer tan desesperante. Solamente tenía suerte, no tenía deseos de matar a nadie hoy.

Tsk– chasqueó con la lengua desviando su mirada. Las manos de Sakura rodearon su rostro acercándolo al suyo, tomándolo por sorpresa.

Es el primer regalo que me haces. No me importa si se ponen viejas o pasan de moda, las atesoraré porque me las diste tu. No son solo objetos materiales. – Xiao Lang asintió lentamente con los ojos muy abiertos. ¿Sakura no tenía consciencia del espacio personal? – ¿Qué haré contigo? Parece que tendré que criarte hasta que dejes de ser un niño consentido y caprichoso– Soltó su rostro y se alejo unos cuantos centímetros– Entonces, ¿me enseñaras a montar en Shiro?

.

.

.

El inicio de la deshonesta amistad entre ambos.

Los días pasaron y se convirtieron en semanas y las semanas en meses. Poco a poco recolectando momentos, creando recuerdos, compartiendo tiempo. Poco a poco, paso a paso.

La construcción del destino en discretas miradas, grandes sonrisas, ojos fríos, cálidos, suaves y severos. Cerezos, fuego y atardeceres.

Ícaro volando cerca del sol.

.

.

.

¡Xiao Lang ven a jugar con nosotros! – decía Sakura mientras corría de allá para acá siendo perseguida por los pequeños espíritus de los elementos.

El castaño solo la observaba correr apoyado con los brazos cruzados en el tronco de un árbol de cerezo. Era primavera y los pétalos caían y revoloteaban al son del viento. La jovencita ahora vestía unos hermosos y sencillos hanfu que Xiao Lang le regalaba cada cierto tiempo, todos de colores pasteles. Colores suaves y delicados que le recordaban a ella.

Cada tantas semanas el castaño visitaba a la joven llenándola de presentes. En principio, Sakura se mantuvo reacia a vestirte con los complicados y lujosos hanfus que Xiao Lang le regalaba, luego de una ardua discusión el castaño termino cediendo y fue bajando la calidad de las prendas que le daba pero estas no dejaron de ser hermosas.

Las manos de Xiao Lang fueron tomadas de improvisto por Sakura, arrastrándolo a jugar con ella.

Con el tiempo, se había terminado acostumbrando al contacto físico con la joven.

Ya no rechazaba ni rehuía de su toque.

Sakura no tenía ni la menor idea que era la única persona en el mundo que tenía el privilegio de estar al lado del rey de la noche sin temer por su vida. Era la única a la que le permitía tocarlo, regañarlo, cuestionarlo, desobedecerlo e incluso desafiarlo.

Xiao Lang le permitía todas esas cosas. ¿El por qué? No lo tenía claro pero con el tiempo, el contacto con ella fue haciéndose cada vez más natural hasta que un día simplemente se sorprendió a si mismo buscando el calor de su mano.

La jovencita los hizo girar en círculos llenando de risas el silencioso bosque mientras que su compañero observaba en silencio sus gestos, girando al ritmo que le marcaba las manos de su compañera.

Mientras giraba junto a ella se detuvo a observar los gestos de su rostro, el movimiento de sus cortos mechones de cabello.

No era capaz de sonreír como lo hacía Sakura ni disfrutar ni admirar la vida con su mismo ímpetud. Incluso cosas tan simples como estas, lograba convertirlas en momentos divertidos que conociendo su personalidad, ella atesoraba en su corazón como tesoros.

Sus grandes ojos lo enfocaron por un momento y le dedico ese pequeño gesto que solo hacía cuando estaba con él. Sus mejillas redondas se teñían de un leve rojo y soltaba una risita juguetona, como si manejara un secreto del que solo ella era conocedora.

Su expresión nunca cambiaba pero cuando podía ver ese gesto en sus facciones, por su mente siempre pasaba el mismo pensamiento.

''Solo deseo que sigas existiendo''

Un deseo mínimo. Solo deseaba que Sakura viviera.

''Solo sigue existiendo''

Solo sigue existiendo– murmuro. Sakura se dio la vuelta y lo miro curiosa.

¿Qué dijiste? – preguntó sonriendo.

Ruidosa. Eres ruidosa.

La castaña inflo las mejillas indignada y le sacó la lengua.

***0***

¿Estas enojado? – preguntó por tercera vez esperando recibir respuesta. Xiao Lang negó con la cabeza –¿No volverás a hablarme? – preguntó en un susurro preocupada. El castaño suspiro.

Sakura figuraba siendo cargada en la espalda del castaño tras hacer caso omiso a sus constante palabras diciéndole que tuviera cuidado. Había estado a punto de caer por un precipitó, que si no hubiera sido por la rápida reacción de Xiao Lang, no contaría solamente con un tobillo torcido y algunas raspaduras.

A veces me lo pregunto seriamente– el tono de su voz era duro– ¿Tienes aire en la cabeza Sakura?

Lo siento...solo quería ver más de cerca a la mariposa– dijo ocultando su rostro en su espalda.

Te daré todas las mariposas que existen pero no vuelvas a desobedecerme o no vendré a verte más– Amenazó recordando como los vellos del cuerpo se le erizaron al verla perder el equilibrio. Por sus ojos paso en cámara lenta el momento en que caía perdiendo su vida. De solo pensarlo un escalofrío recorría su columna.

No volveré a hacerlo, lo prometo pero no dejes de venir. Te echo mucho de menos cuando no estas por aquí– se podía sentir la añoranza en su voz– ¿De verdad tienes que volver a la casa principal? ¿No puedes renunciar? – Xiao Lang sonrió cínico.

No podría renunciar aunque quisiera. Hay cosas de las que solo yo puedo ocuparme– Sakura suspiro apretando mas su agarre alrededor de su cuello. No le gustaba cuando Xiao Lang no estaba cerca. De verdad lo echaba mucho de menos.

Escuché el rumor que el líder de la dinastía Li se ha vuelto más benévolo. ¿Es cierto?

¿Por qué lo dices?

No lo sé, solo escuche que últimamente no ha atacado ningún territorio ni ha pretendido invadir alguno. ¿Sabes? Cuando escuché eso me alegré mucho.

¿Por qué?

Porque no tendrás que arriesgar tu vida en una batalla absurda. La violencia solo genera más violencia. Esperó que algún día el líder del clan pueda entenderlo.

¿Qué piensas de él? – Sakura se quedo en silencio un momento pensando en su respuesta.

Siento algo de pena por él. Por lo que sé la crianza de los herederos del clan es la más cruda y cruel de todas. Debe ser solitario…ver tanta violencia desde tan pequeño.

Puede ser que solo sea un monstruo sin corazón– dijo esperando convencer a Sakura. Sentía la necesidad de hacerle saber de alguna u otra manera que era un monstruo aunque no supiera su verdadera identidad pero con ella nunca se podía saber con exactitud.

No, eso no es verdad. Todos nacemos con un corazón pero a veces no aprendemos a usarlo. Si es un monstruo o no, no lo sé pero si sé que debe tener uno. Aunque sea una mínima cosa que el pueda apreciar, ahí descansa su corazón– reafirmo el agarre en las muslos de Sakura sintiendo un cosquilleo en la boca del estómago – De cualquiera manera, si te ves obligado a ir a pelear, iré contigo.

Xiao Lang detuvo su andar. ¿Qué demonios estaba diciendo ahora Sakura? ¿Se había vuelto loca?

No. No irás. Si me llegó a enterar que haces algo así, te juro que voy a-….

No, esta vez no me harás cambiar de parecer– interrumpió– si vas a pelear, yo también iré. No te dejaré ir solo a lugares tan peligrosos.

Sakura…

Xiao Lang…–rebatió en el mismo tono– Si me prometes que si te obligan a ir a cualquier batalla por muy pequeña que sea, huirás y vendrás aquí, entonces te prometeré que no me alistaré a ninguna guerra.

No puedo hacer eso. Debo ir a cada guerra o batalla que haya.

Entonces, yo tampoco– Sentencio la castaña. Xiao Lang suspiró.

La joven podía ser bastante terca cuando se lo proponía y lamentablemente, era consciente de que no existía en él deseo alguno de obligarla o herirla para que obedeciera, ya no, Sakura era la única persona en el mundo que no le temía. Ella lo contradeciría hasta el final si creía que era lo correcto y a diferencia del resto, no terminaría muriendo calcinada ni desangrada.

Había aceptado hace un tiempo que no podía dañar a Sakura. Cuando lo intentaba una sensación desagradable se apoderaba de su cuerpo, se le revolvía el estómago y se enfermaba de los nervios. Así que después de un tiempo, dejo de intentarlo.

Se limitaba a tratar de negociar con ella, pero intuía que por el tono de su voz esta vez no habría tregua a menos que cumpliera con sus condiciones.

No tenía más opción que simplemente dejar el campo de batalla por un tiempo. Era el líder del clan, tenía el poder suficiente para poner fin a cualquier conflicto bélico que el mismo se buscaba. Lo había dejado para poder visitar a Sakura más seguido y pensaba retomarlo pero si lo ponía en esa posición, no había mucho que pudiera hacer.

Sakura podía ser bastante conflictiva cuando se lo proponía.

No más guerra, por un tiempo.

De acuerdo, no más peleas– declaró derrotado– ¿Ahora dejarás de decir todas esas estupideces?

¡Si! – respondió abrazándose a él con más fuerza– Eres preciado para mi, estaría muy triste si te lastimas.

La única que se lastima eres tu. Eres una mala mascota.

¡Oye! – dijo indignada –¡No soy una mascota!

Claro que si lo eres. Eres un pájaro pequeño y tonto.

***0***

Xiao Lang había descubierto que tenía un pasatiempo del que no se sentía orgulloso.

Su placer culpable.

Le gustaba el olor natural de Sakura, la mezcla dulzona y suave de su fragancia inundando sus narices, relajando sus músculos en tensión. Encontraba un momento de tranquilidad del constante bullicio de sus pensamientos con su cabeza recostaba en su suave regazo.

Sakura tarareaba una melodía de notas agudas y sus dedos se deslizaban suave por su cabello, regalándole caricias que lo relajaban hasta casi dormirlo.

Abrió sus ojos, podía ver el cielo despejado, la forma de las nubes, el rostro de Sakura distraída y con los ojos cerrados sin parar de tararear, el viento soplaba y refrescaba, el silencio acogedor, las pequeñas manos enredándose en sus mechones y el calor de su cuerpo.

Cada que descansaba la cabeza en el regazo de Sakura, comprendía lo preciado de la tranquilidad. Sus párpados pesaban, adormilados, pidiéndole que se rindiera al mundo de los sueños. Cerró los ojos, su pecho subía y bajaba con tal tranquilidad que casi no podía notar su respiración.

Volvió a entreabrir sus ojos y se encontró con la dulce sonrisa de Sakura que ahora lo observaba a él, tan calmada y quieta como no solía verla nunca.

Su cabeza pesaba, sus pensamientos se volvían confusos, sus párpados luchaban por cerrarse.

Esta bien…–murmuro ella suave pasando sus dedos por su frente–Estaré aquí cuando despiertes. Descansa.

Y su voz era un arrullo suave y acogedor, quería ser envuelto completamente en su voz, quería quedarse y ser alumbrado, aunque fuera solo un poco, por su luz. Nuevamente ese dolor punzante en su pecho, ¿Por qué le dolía el pecho? Que importaba, mientras Sakura estuviera a su lado, no importaba si algo dolía mientras pudiera verla, mientras sus ojos siguieran contemplando el pequeño rostro, las mejillas llenas de luz de vida, los iris verdes brillantes, audaces y traviesos, infinitos de bondad y la sonrisa resplandeciente de despreocupación e ilusión.

Su luz personal.

Si, solo quería que sonriera por siempre. Solo quería…solo quería seguir siendo deslumbrado por su fascinante y preciosa existencia.

¿Por qué no se había fijado antes?

Eres hermosa– susurro perdiéndose por completo en el mundo onírico.

Los ojos de Sakura se abrieron grandes, su mentón tembló, sus mejillas se sonrojaron y un escalofrío sutil la hizo estremecer.

Su pecho, su corazón. Corría, corría, corría fuerte y veloz.

***0***

¿Dónde estoy? Se preguntó mirando los alrededores.

No lo reconocía pero tenía la sensación de haber estado ahí antes, en un tiempo lejano o tal vez, en un futuro próximo. No lo sabía con seguridad y aunque sus ojos no reconocían el sitio, su cuerpo reaccionaba.

Estaría completamente oscuro si no fuera por las pequeños luceros de luz blancas y amarilla que adoraban irregularmente el mano negro que se extendía infinitamente hasta donde su vista alcanzaba a llegar.

Parecen estrellas…–susurro observando la tenue luz que se desprendía de los puntos de luz tan lejanos y a la vez tan cerca del espacio.

Puedes llamarlas de esa manera si quieres…–una voz profunda, amable y misteriosa hizo eco en el espacio.

Se volteó siguiendo la dirección del sonido. Podía apreciar la figura de un hombre alto, delgado, de un largo cabello azul pero por más que intentaba enfocar su vista no podía distinguir las facciones de su rostro.

¿Quién eres? – preguntó curiosa. A Sakura le dio la impresión que sonrió rodeado de misterio.

Soy alguien que tal vez te causará algunos problemas…Lamentó dejar tanta carga sobre tus hombros pero tu eres la única capaz de detenerlo, pequeña Sakura. Confió en que serás capaz de darnos la esperanza que hace falta. Cree en ti, única descendiente de las estrellas.

Lo siento, no entiendo lo que me…-

Lo sabrás con el tiempo, Sakura.

Los ojos de Sakura se abrieron de golpe, se inclino hacia adelante y llevó una mano a su frente.

¿Qué era lo que estaba soñando?

***0***

El viento soplo fuerte haciendo que los cortos cabellos de Sakura revolotearan rebeldes por su rostro. En ese segundo en que el viento soplaba y sus cabellos se movían, sintió que era llamada por una voz desconocida, por la presencia de la que era vagamente consciente desde que nació. Una presencia que siempre había estado ahí, observándola pero que había ignorado deliberadamente.

Podía escuchar su débil susurro llamándola. La voz de un hombre. No supo porque, pero tuvo la sensación de que guardaba muchos secretos de un futuro que del que solo él era conocedor. Dirigió su vista hacia el cielo haciendo caso hacia el llamado que desapareció.

¿La había escuchado? ¿o había sido producto de su imaginación? Su corazón dio un latido errático. Un presentimiento inquietante. ¿Qué sería eso que presentía?

¿Qué tienes? – le pregunto extrañado. Sakura parecía estar más distraída de lo que recordaba – te ves más extraña de lo usual– La joven negó con la cabeza.

No es nada– dijo suavemente– es solo que tengo el presentimiento de que algo esta por comenzar…– su mirada vago nuevamente por el cielo, esperando escuchar nuevamente el murmullo de su voz. La inquietaba pero la sola presencia de Xiao Lang lograba calmarla– Es extraño, siempre que estoy contigo tengo la sensación de que todo estará bien, como si fueras mi ángel… ¿por qué será?

Los ojos miel de Xiao Lang se abrieron sorprendidos ante la casual revelación de Sakura. La chica seguía perdida en esa idea murmurando para si misma, distraída como solía ser. Sin embargo, esas palabras dichas a la ligera, causaron una emoción desconocida en él.

No fue capaz de controlar su impulso.

Alzó su mano como antaño había hecho contra ella pero esta vez su palma se poso delicadamente en la mejilla de Sakura. La castaña dejo de murmurar y lo miro directamente a los ojos sorprendida. Su pulgar rozo casi imperceptiblemente la piel de su rostro, regalándole una caricia suave y cargada de ese extraño sentimiento.

Te protegeré– dijo con tal certeza que los vellos del cuerpo de Sakura se erizaron inconscientemente– Si alguien intenta lastimarte, te protegeré.

La joven lo contemplo en silencio. Su rostro estaba serio y sus ojos le transmitían honestidad y convicción. Su corazón dio un brinco inesperado y sin darse cuenta sus mejillas se tiñeron de un hermoso sonrojo. Inclino más su mejilla sobre la palma de Xiao Lang y le sonrió, inundada de ese sentimiento de paz, disfrutando de su toque.

¿Por qué sería? Cada vez que él estaba cerca su corazón encontraba una paz extraña. Una paz diferente a la que sentía en el día a día. Era como si hubiera encontrado lo que estaba buscando de casualidad, y solo al encontrarlo había sido consciente de que lo estaba esperando.

Era tan extraño, pero lo atesoraba. Atesoraba los momentos que podía compartir junto a Xiao Lang. No importaba lo que dijeran, ella no podía temerle. ¿Cómo podría?

Si– le sonrió cerrando los ojos, disfrutando de la calidez de su mano– yo también te protegeré. Es una promesa.

Es una promesa– murmuro.

Sakura abrió los ojos solamente para toparse con una sorpresa.

La primera sonrisa de Xiao Lang. Una verdadera.

Era una sonrisa sutil, diminuta que llegaba a los ojos. Sus preciosos ojos de miel reflejaban calidez. Sus iris parecían querer envolverla en una suavidad que desconocía, en una bondad y calor distinto al que había experimentado con anterioridad.

Una amabilidad sutil, disimulada y algo incomoda pero ahí estaba. Su verdadera y singular calidez.

Desde la primera vez que vio a Xiao Lang, la angustia la invadió. La preocupación que sintió fue inmediata.

Se veía tan solo. Tuvo la sensación que cargaba sobre sus hombres una oscuridad que lo sofocaba y lo mantenía a la defensiva, en un constante estado de estrés. Se veía tan solo, tan confundido. Su corazón se oprimió. ¿Por qué se sentía tan solo? ¿Por qué estaba tan furioso? ¿Por qué se había desconectado del mundo? ¿Quién lo había lastimado de esa manera? Todas esas preguntas pasaron en un segundo por su cabeza y sintió un casi irrefrenable deseo de salvarlo.

Sakura era vagamente consciente que existía en su interior una facilidad para detectar el dolor y la tristeza en las personas, por muy ocultas que estas estuvieran. Podía ver el dolor, la angustia, el sufrimiento y la tristeza e inevitablemente se sentía inclinada a socorrer a esas personas. A llenarlas de afectos y cuidados, de cariños y atenciones.

Sentía una inexplicable inclinación a sanar el alma de las personas que sufrían.

Pero cuando sus ojos se encontraron por primera vez con los de Xiao Lang, aquel ''don'' se convirtió en un presagio.

Estaba destinada a conocer a Xiao Lang. La habilidad con la que había nacido le fue dada para él. Así fue que sin dudarlo, se impulso a su lado y le soltó lo primero que le vino a la mente. Un sentimiento peculiar la impulsaba a seguirlo, a quedarse cerca de él.

Por eso, verlo sonreír así conmovía profundamente su corazón.

Pero Sakura era inocente, ingenua y a veces poco consciente de si misma. A veces no lograba comprender el poder y el alcance de sus palabras y como podían afectar a los demás.

Deseos y anhelos de los que no era consciente aún.

Te quiero, mi querido Xiao Lang. – Sus palabras estaban cargadas de profunda sinceridad que lograban derribar las barreras que cuidadosamente Xiao Lang había construido y reforzado con los años.

Xiao Lang se llevo una mano la mejilla sin dejar de contemplarla. Al segundo alejo su mano de su rostro y miro sus dedos incrédulo. Ahí entre su dedo índice y medio descansaba la prueba que incluso él era capaz de derramar lágrimas.

Una pequeña y solitaria lágrima había escapado de uno de sus ojos al escuchar sus palabras.

¿Por qué sentía ese extraño vació en la boca del estómago y nudo en la garganta?

Contempló a Sakura una vez más. Le había dicho que lo quería con tal naturalidad y soltura, como si fuera lo más normal y natural del mundo. Se había alejado unos pasos para dedicarle sus atenciones a Shiro.

Sonreía llena de alegría mientras acariciaba su lomo y hablaba sin parar, soltando pequeñas y encantadoras risas, brillando.

Siempre brillando.

Sakura era su pequeña y brillante luz en su eterna noche. Solamente podía compararla con ellas.

Entonces, Xiao Lang tuvo un fugaz y débil pensamiento que poco a poco se convertiría en su deseo más secreto, profundo y reprimido.

''Quiero que seas mía''

Perplejo ante ese extraño pensamiento. Sacudió la cabeza, alejando esas ideas absurdas de su mente y se encamino a su lado.

***0***

La lluvia caía pesada sobre su cuerpo, tormentosa, intranquila, delirante. El aire frío perforaba sus pulmones y lastimaba sus pies.

Estaba apunto de comenzar. Debía detenerlo antes que diera inicio.

Sakura corrió jadeando, con un mal presentimiento en su pecho y una angustia que no tenía explicación, una fuerza misteriosa la impulsaba a seguir a esa voz susurrante en sus oídos. Quería ver el rostro del hombre que la visitaba en sus sueños.

Se le acaba el aliento a cada paso que daba, sin embargo no podía detenerse aún. Debía alcanzarlo. El sueño que nunca podía recordar es alzaba cada vez más cerca de su realidad. Ese presentimiento de que si no lo detenía fuera lo que fuera que pretendía, iba a perder algo muy importante. Lo podía sentir detrás de sus orejas, el incipiente cosquilleo de la ansiedad y el miedo, el temblor en sus piernas, el nudo de la garganta y en la boca del estómago.

¡Por favor! ¡Espera!

La figura traslúcida del hombre de sus sueños se detuvo finalmente y pudo darse cuenta que lo que veía no era un cuerpo físico sino más bien la proyección espiritual de un ser que no existía más en este mundo. Se dio la vuelta con lentitud y por fin pudo enfrentar el rostro difuso de sus sueños.

La sonrisa amable y los ojos oscuros la atravesaban con misterioso interés.

Es momento– comenzó con la misma profundidad que ahora podía recordar– Despierta Kerberos.

Una brillante luz que provenía del interior de su cuerpo la cegó paulatinamente hasta que todo se volvió completamente negro, perdiendo la consciencia.

***0***

¡¿Qué significa esto?!– rugió furioso ante lo que sus ojos veían. Sakura lo veía confundida y evidentemente nerviosa– ¡¿Me estuviste engañando todo este tiempo?!

¡No!…Xiao Lang…yo…no sé que significa esto…– En la comisura de sus ojos se acumulaban lágrimas. Estaba tan sorprendida como él pero lo que más la abrumaba era el odio y la traición que reflejaban los ojos de la persona frente suyo. ¿Lo había lastimado? ¿Por qué? Si ella solo quería salvarlo…solo quería ahuyentar la soledad con la que cargaba la primera vez que lo vio. Solo deseaba verlo sonreír, ¿entonces por qué? ¿Por qué las cosas habían terminado de esa manera? – Por favor créeme, no sé que esta pasando…por favor…–rogó Sakura a punta de lágrimas.

¡Cállate! ¡Eres una mentirosa! – Xiao Lang fruncía el ceño resentido, apretaba los puños tratando de controlar el desborde de emociones que lo azotaban. ¿Qué era esa puntada en su pecho? No podía respirar– Confié en ti…– dijo dejando entrever la herida que se había abierto en su pecho– yo quise…yo quise…–murmuro para sí. ''Quise atesorarte''.

No…Xiao Lang– a pesar de lo que lo intentaba, su voz solo salía débil y frágil. Conmocionada ante lo indecible. No quería ver su rostro de dolor y resentimiento. No quería que sus ojos la miraran como una amenaza ¿por qué? – No quería lastimarte…por favor, creé en mi…– las manos le temblaban erráticamente al igual que su voz.

Lo que dice mi ama es cierto– intervino Kerberos llamando la atención de los dos– Yo, Kerberos, guardián de las cartas elegí y reconocí a Sakura como mi nueva ama y candidata a ser la dueña de las cartas Clow– sentenció– No fue su decisión, fue mía.

¡¿Por qué?! –insistió sin comprender– ¡¿Por qué tiene que ser Sakura?! – grito furioso. El rencor se marcaba en sus facciones y la desesperación se instauraba lentamente en sus pupilas–¡¿Qué no lo ves?! ¡Tendré que matarla! – esta vez el grito del rey de la noche iba acompañado de un indiscutible dolor. Su ceño se fruncía en sufrimiento porque en el fondo, el no deseaba matarla.

Xiao Lang hasta ese momento creía tener la certeza de que no poseía un corazón capaz de albergar emociones. Nunca lo había sentido palpitar. Sin embargo, supo que se había equivocado cuando este se oprimió tan fuerte que pensó que moriría de un ataque al corazón al solo evocar la imagen de sus manos manchadas con la sangre de Sakura.

Mi maestra es la única con el suficiente poder mágico para pelear contra ti, Li– Xiao Lang y Sakura se miraron dolorosamente. – Eso le otorga el derecho a ser candidata a convertirse en la maestra de las cartas Clow tanto como tu, y yo, Kerberos, guardián del sello la he reconocido como tal– el guardián del sello se puso entremedio de ambos y se agazapo, a la defensiva contra el rey de la noche. – Si intentas matarla antes del juicio final, las cartas clow jamás serán tuyas, líder del clan Li.

¿Líder del clan Li?...¿Qué? – el rostro de Sakura se lleno de sorpresa– ¿Tu…eres el rey de la noche?

El rostro de Xiao Lang se endureció.

Ahora lo sabía.

Ella lo sabía.

Que el era el sanguinario y horripilante líder del clan Li. El que mataba y torturaba personas, la sangre fría, la cabeza asesina del clan, el que había conquistado su territorio y el que había ocasionado la muerte de sus padres…ahora lo sabía todo.

Sakura nunca lo perdonaría.

Nunca volvería a mirarlo llena de alegría y entusiasmo, nunca más le sonreiría.

Sakura nunca más le diría que lo quería.

Entonces, si de todas maneras iba a perderla, ¿Por qué no terminar de arruinar su relación por completo? ¿Por qué no mostrarle su verdadera y cruel naturaleza? ¿Por qué no arruinarla hasta olvidar que alguna vez existió? Al fin y al cabo, su sola existencia amenazaba su posición, el único motivo por el cual había sido engendrado.

Convertirse en el maestro de las cartas Clow.

Sintió vertiginosamente como las sensaciones que despertaron a su lado eran devoradas a paso apresurado por su negro interior. Los impulsos oscuros lo devoraban nuevamente con ansías de venganzas, sed de sangre y un irrefrenable deseo de borrar el tiempo a su lado, de borrar sus recuerdos, de eliminarla de su sistema.

Si, protegido por la oscuridad.

De la cual nunca tuvo que salir.

Ese era su lugar, ese era su destino, destruir todo lo que se le pusiera en frente.

Mataría a Sakura. La luz que nunca tuvo que haber visto y esa sola resolución hacía que su cuerpo ardiera dolorosamente, como si lo estuvieran despellejando en vida.

Volvió a mirarla fijamente, ignorando el dolor agudo y molesto que sentía en su pecho.

Desde ahora eres mi enemiga, Sakura– pronunció cada palabra cargado de frialdad y odio que la castaña sintió su pecho comprimirse dolorosamente– Prepárate, porque no te tendré compasión. Solo uno de nosotros vivirá después del juicio final, traidora.

***0***

¡Hola mis queridos lectores! Aquí estoy con un nuevo capítulo. Comenzamos finalmente a contar la historia que cargan nuestros protagonistas con ellos. Un pasado que desconocen, el inicio de todo. Este es solo el primer capítulo de esta parte, para el próximo año viene la segunda parte. Poco a poco iré profundizando en su historia de amor y como llegaron al punto que cuentan los pequeños fragmentos de los capítulos anteriores.

Agradezco nuevamente sus comentarios y sus buenos deseos. No tengo mucho tiempo, de nuevo, pero paso a agradecer sus comentarios individualmente y esperó que sus opiniones del presente cap.

Mis cariños para todos!

SAKURITHA07: Muchas gracias! A mi igual me encanto la forma que esta tomando el personaje de Meiling. A veces yo misma me desespero con las decisiones que toman los protagonistas pero son necesarias para el desenlace jajajaja. Muchas gracias por tus buenos deseos, estoy disfrutando de la aventura y acostumbrándome de a poco por eso me demoro más en publicar. Esperó tu opinión de este cap, saludos querida.

AYELEN 1412: Muchas gracias! Me demoro más en escribir este cap pero creo que es el más largo hasta ahora jajaja! Esperó que este te haya gustado igualmente pues nos devolvemos a 500 años en el pasado! Me alegro mucho que te guste la historia.

MALENA27: Si te gustan los capítulos largo no sé cuento tiempo te tendrá entretenida este pues es el más largo. Me alegro muchísimo que te haya encantado. A mi también, me dio mucha pena la parte de Meiling pero era necesaria. AJAJAJA quería retratar el estado de shock de sakura lo más literal posible. Muchas gracias por tus buenos deseos, esperó que este capítulo te guste!

SWIFT13HM: Me he dado cuenta que soy una aficionada de los avances al futuro y al pasado jajaja siento que son una parte característica de la historia, le da una forma más mistica creo yo jajaja. Me encanta que te haya gustado y me alegro que logre transmitirles mis sentimientos cuando escribo. Esperó que este cap también te guste mucho!

FELICIDADES NAVIDADES Y PROSPERO AÑO NUEVO PARA TODOS MIS QUERIDOS LECTORES!