Turning page (Sleeping at last)
I surrender who I've been for who your are
For nothing makes me stronger than your fragile heart
If I had only felt how it feels to be yours
Well, I would have known what I've been living for all along
Caía una suave llovizna afuera cuando Emma despertó.
La cortina no había sido cerrada la noche anterior-estaban muy cansadas para eso-y la débil claridad de aquel día nublado entraba en el cuarto y daba en la cama.
Swan abrió los ojos lentamente, intentando adaptarse a aquella luz. La primera imagen que tuvo fue la de la ventana con gotas de lluvia y la de los árboles de afuera balanceándose al ritmo del viento. Después se giró en la cama y se encontró con la visión más maravillosa que sus ojos habían tenido el placer de ver en toda su vida: Regina.
La morena estaba echada boca abajo, con una pequeña parte del edredón cubriéndole solamente el trasero. El cabello estaba esparcido sobre la almohada blanca y respiraba serenamente sin hacer ruido alguno.
Emma pasó la mano por su espalda erizada a causa del frío y siguió hasta la zona del cuello en donde se veían unas marcas rojas, obra de la noche anterior.
‒ Regina…‒ Emma la llamó delicadamente intensificando las caricias por todo su cuerpo ‒ Regina, venga, despierta‒ le revolvió un poco el pelo.
Mills rezongó y se movió en la cama, negándose a abrir los ojos.
‒ Son las siete y media. Tenemos que entregar la casa a las nueve‒ dijo Swan mientras distribuía besos por su espalda, dejándola más erizada.
‒ ¿Alquilas una casa para follarme toda la noche y quieres que entreguemos las llaves a las nueve? Es ridículo. ¡Estoy muerta!‒ dijo firmemente contra la almohada y la rubia rió sin pensar.
‒ Tenemos que irnos‒ Emma retiró la pequeña parte del edredón que la cubría, dejándola completamente expuesta ‒ Regina, en serio, eres peor que los niños ‒ Le hizo cosquillas en su espalda, pero ella siquiera se movió ‒¡Amor, levanta!
Incluso Swan se asombró con lo que había salido de su boca. Hacía más de un año que no se refería a la morena de aquella manera. Hacía más de un año que no se refería a nadie de aquella manera.
Regina levantó sutilmente la cabeza y abrió los ojos, aún somnolienta, encontrándose con los verdes que la miraban nerviosos, ansiosos, pero no arrepentidos. Emma no se arrepentía de haberla llamado de aquella forma, todo lo contrario, sentía cierto alivio invadiendo su cuerpo. Durante meses había echado de menos llamarla con todos los motes cariñosos posibles. Echó de menos tener a alguien a quien realmente amara para decirle esa palabra tan linda que era amor.
‒ ¿Me has llamado amor?‒ preguntó Regina en tono suave.
‒ Sí‒ confesó la rubia algo tímida
Mills se sentó en la cama y le dedicó una sonrisa bobalicona.
‒ Buenos días, amor‒ dijo la morena medio somnolienta y con un brillo especial en los ojos, arrancándole a Emma una enorme sonrisa de alivio y satisfacción.
Emma, literalmente, se lanzó hacia la morena, tirándola en la cama de nuevo y llenó su rostro de besos ruidosos al mismo tiempo que prendía sus manos por encima de la cabeza. Regina reía descontroladamente ante la reacción de la rubia e intentaba salir de allí, pero Swan la sujetaba con fuerza.
‒ Vamos, levanta‒ dijo interrumpiendo los besos y levantándose de la cama
Con algo de dificultad y esbozando muecas de dolor, la morena se levantó de la cama y se puso frente a Emma.
‒ Me duele todo el cuerpo. Me destruiste‒ dijo gimiendo de dolor al estirarse.
‒ No fue para tanto. Yo estoy bien‒ Emma rio‒ Debe ser la edad.
‒ ¿Qué has dicho?‒ preguntó indignada, llevándose la mano al pecho‒ ¿Es impresión mía o acabas de llamarme vieja?
‒ Es exactamente lo que quise decir‒ dijo con la mayor naturalidad del mundo, provocando que la boca abierta de la morena tocara el suelo ‒ Cuarenta y un años, Regina, convengamos que ya es casi la tercera edad.
‒ Basta. ¡Basta! Deja de hablar o voy a matarte‒ decía la morena intentando salir del sitio, pero Emma bloqueaba su paso.
‒ Pero mira…‒ Emma agarró la mano de la mujer y la empujó ligeramente para poder ver su cuerpo completamente desnudo ‒ No todos pasan de los cuarenta así.
‒ ¿Así cómo?‒ arqueó una ceja al preguntar, notando cómo cada mirada quemaba su piel.
Emma acercó la boca a su cuello y dejó besos mojados y mordiscos provocadores en toda la zona mientras subía cada vez más a su oreja. Regina, disfrutando de aquella sensación única y maravillosa, inclinaba la cabeza hacia un lado para dejar su piel más expuesta a la boca de la rubia.
‒ Sexy‒ susurró Emma pegada al oído de Regina, haciéndola sonreír anchamente.
‒ ¿No eras tú la que me estabas metiendo prisa para salir antes de las nueve?‒ preguntó entre gemidos al notar que los besos bajaban hacia sus pechos.
‒ Seré rápida‒ dijo Emma al, osadamente, deslizar la lengua por el pecho de la morena, llegando a su pezón ya endurecido.
‒ No, aquí no‒ dijo la morena interrumpiéndola ‒Vamos a la ducha, así matamos dos pájaros de un tiro.
Emma sonrió antes de pasar las piernas de la morena alrededor de su propia cintura y levantarla con facilidad.
‒ ¡Dios, cómo había echado de menos esto!
Durante el viaje de vuelta a casa, de escasos cuarenta minutos, Emma y Regina escucharon canciones antiguas que les recordaban a Londres, y por ende al momento en que se habían conocido.
No conseguían disimular lo felices, alegres, y ligeras que se sentían. La noche pasada había sido, para las dos, la primera noche de un nuevo comienzo. Los dos pares de ojos mostraban un brillo diferente aquella mañana, mostraban la sinceridad y el sentimiento contenido en cada sencillo toque o caricia que intercambiaban mientras Emma conducía y Regina observaba las pequeñas gotas de lluvia que resbalaban por su ventanilla.
‒ ¿Cuáles son los planes para hoy? ¿Quieres hacer algo especial?‒ preguntó Regina animada, hinchando el corazón de la rubia a su lado. Parecía irreal el hecho de que estaban ahí, de verdad, queriendo hacer planes para el resto del día como siempre debió haber sido.
‒ Estaba pensando que podríamos salir con los niños. Quizás podemos llevarlos al cine, a alguna cafetería…Echan de menos salir con nosotras dos. La última vez en este último año fue la salida al chalé‒ explicó Emma calmadamente reduciendo la velocidad al coger una curva peligrosa.
‒ Sí, es una buena idea‒ Regina cogió la mano de la rubia que estaba sobre el volante y la acarició ‒ ¿Podemos pasar un momento por casa para ponerme algo más cómodo y ver cómo está Lola?
‒ Claro
Estaba bien estar enamorándose una vez más. O mejor dicho, reanimando una pasión que nunca había muerto, que nunca, en momento alguno, había salido de su corazón. Se sentía bien ese alivio al estar, finalmente, de vuelta en los brazos de los que nunca debió haber salido, tocar las manos que nunca debió haber soltado.
Unos quince minutos después, Emma estacionó frente al edificio donde vivía Regina. Al salir del coche, las dos recibieron miradas de los vecinos, pero no las incomodó.
‒ ¡Lola!‒ exclamó Emma al entrar en el apartamento. La perrita, alegre, movía el rabo sin parar y echó a correr hacia las dos, saltando en las piernas de la rubia ‒ ¡Hola, mi amor!‒ Swan se agachó y dejó que las patitas la rodearan.
Regina sonrió al ver a las dos de aquella manera. En esos últimos años, Lola había ganado pelos más blancos alrededor de la boca, ojos y en las patas debido a la edad. Con once años, la perrita ya se encontraba más débil y no tenía la misma energía de cuando Regina la adoptó, pero aún alegraba muchos corazones, sobre todo los de sus dueñas.
‒ Te echa mucho de menos en el día a día, ¿lo sabes?‒ preguntó la morena mientras se quitaba el abrigo y lo colgaba en el perchero al lado de la puerta ‒ Cuando me mudé para acá, estuvo un mes entero, todas las noches, sentada frente a la puerta llorando‒ sonrió débilmente al recordar las noches en que apenas había dormido debido al llanto lastimero de Lola ‒ Se quedaba esperando a que volvieras del trabajo.
Emma le puso morritos a la perrita y la abrazó más fuerte.
‒ Perdóname por hacerte pasar por eso, mi amor…‒ dijo la rubia besándole el hocico ‒ Pronto eso va a acabar, ¿ok?
‒ ¿Ah, sí?‒ Regina preguntó cruzándose de brazos ‒ ¿Cómo?
Swan se levantó y respiró hondo. Rodeó a la mujer por la cintura y dejó un beso lento en su frente, haciéndola sonreír.
‒ Ya buscaremos la manera‒ dijo en un tono algo ansioso y Regina sospechó, pero decidió dejarlo pasar al percibir que la rubia quizás no quisiera seguir con el tema ‒ ¿Puedo vestirte?
‒ ¿Cómo?‒ rio ‒ Sé vestirme solita
‒ Deja que escoja tus ropas, tus zapatos…‒ habló arrastrado dejando besos por el cuello expuesto de la morena ‒ La lencería…
‒ ¿Piensas que voy a ponerme lencería para pasar la tarde con mi familia? ‒ preguntó incrédula ante la desfachatez de Emma, pero había una sonrisa queriendo brotar en sus labios.
‒ No significa que vayas a usarla para mí, Regina. Significa que me vas a dar el torturador placer de imaginarte toda la tarde llevando esa ropa sin poder tocarte con segundas intenciones‒ fue directa, susurrando pegada a los labios pintados de rojo.
Regina puso la mayor sonrisa que pudo y asintió ligeramente antes de sellar el pequeño espacio que las separaba con un beso rápido.
‒ Ven, vamos a mi cuarto‒ agarró la mano de la rubia y tiró de ella por el pasillo, hasta entrar enseguida en su habitación ‒ Durante estos últimos meses, comprar ropa nueva fue una terapia para mí. Tienes donde elegir‒ abrió las puertas del armario y se sentó en la cama.
Emma observó las ropas perfectamente ordenadas. Las blusas estaban en perchas perfectamente alineadas y separadas por color, formando un degradado de tono a tono. En los cajones, Regina guardaba las prendas menores, como la ropa interior y las medias. Había una parte con estantes donde estaban expuestos solo algunos de sus miles de zapatos -y "algunos" era por decir, habían como treinta pares- los otros estaban guardados en otra estancia del apartamento.
‒ Deja ver…‒ Swan pasó la punta de los dedos por las ropas, percibiendo cada textura. Cogió una blusa de seda roja, una falda de tubo negra y las puso sobre la cama ‒ Llevabas algo parecido cuando nos conocimos
‒ Lo recuerdo‒ sonrió ‒ Tú tenías puesto un chándal
‒ Por favor, ni me lo recuerdes‒ rio alto ‒ Me sentí tan humillada…A la vez que quería llorar, quería golpearte.
‒ Yo era horrible‒ hizo una mueca ‒ Completamente amargada, pero…‒ respiró hondo ‒ Alguien terminó por cambiarme‒ puso los ojos en blanco y Emma sonrió
‒ No te olvides de darle las gracias a ese alguien. Realmente eras insoportable‒ la rubia abrió el cajón de la ropa interior y notó un frío en la barriga al ver toda aquellas prendas de lencería. La mayoría ya las conocía, pero algunas eran nuevas.
‒ Lo dices como si tú no fueras una pesada. Y aún lo eres‒ dijo despreocupada y Swan fingió ofenderse, pero soltando una carcajada poco después ‒ ¿Qué estás escogiendo ahí?
‒ Algo que me va a sacar de mis casillas‒ separó un conjunto de encaje negro, minúsculo y lo tiró hacia la morena. Después cogió un liguero y medias del mismo color y los puso en las manos de la morena ‒ Listo. Quiero que te pongas eso.
‒ ¿Y los zapatos?‒ Regina arqueó una ceja.
Emma volvió al armario y cogió un par de zapatos de tacón alto con la clásica suela en color rojo.
‒ Buena elección‒ sonrió satisfecha ‒ Aunque será mejor que no vayamos a ningún sitio donde tengamos que caminar mucho. Estos zapatos, lo que tienen de bonitos, lo tienen también de incómodos‒ cogió todas las prendas y se levantó de la cama ‒ Voy a cambiarme
‒ Ok. Te espero aquí.
Emma respiró hondo y se sentó en el baúl que había pegado a la cama y se quedó esperando por la morena. Observaba los pequeños detalles de la habitación y fue inevitable pensar en cuántas noches Regina había estado ahí sola. Y ella estaba dispuesta a hacer cualquier cosa para compensar todas esas noches.
Dentro del baño, Regina no podía ni por un segundo borrar la sonrisa de su rostro. Frente al gran espejo, llevando puesta solo la lencería que Emma había escogido, se pasaba los dedos por las marcas en su cuello hechas por la rubia la noche anterior.
Calzada sobre los tacones y agarrando la falda y la blusa en sus manos, Regina abrió la puerta del baño y volvió al cuarto. Al verla allí, Emma aguantó la respiración inmediatamente, a fin de cuentas, esperaba encontrarla ya completamente vestida. Pero sus ojos recorrieron el cuerpo impecable, cubierto solo por pequeños y finos trozos de tela de encaje y las piernas embutidas en medias ⅞, sujetas con un liguero.
‒ ¿A qué viene esa cara de sorpresa? ¿No dijiste que querías vestirme?‒ la morena preguntó al ver que la boca abierta de Emma llegaba al suelo ‒ Vísteme
‒ Joder, eres una cajita de sopresas‒ Emma dijo riendo nerviosa
Regina caminó lentamente, moviendo adrede sus caderas, atrayendo la mirada de la rubia hacia su trasero, y se sentó en un sillón que había frente a la cama.
‒ Siempre me he encontrado algo imprevisible ‒ la morena habló mientras sutilmente abría las piernas ‒ Así que, puedes venir y vestirme ahora o puedes…‒ suspiró y apartó un poco hacia un lado las bragas, dejando a la vista una pequeña zona de lo que se escondía tras la tela ‒ O puedes venir aquí y ayudarme con un pequeño problema.
Emma notó cómo su propia intimidad comenzaba a palpitar y cerró las piernas con fuerza.
‒ Pensé que te había destruido la noche pasada. Y en la ducha hace menos de dos horas. Pensé que estabas muerta‒ comentó al pasear su mirada por el cuerpo de la mujer por enésima vez.
‒ Infelizmente, Emma, cuanto se trata de ti…Soy insaciable‒ su tono fue firme y ronco y pudo ver los ojos verdes oscureciéndose fijos en ella ‒ Ahora…Ven aquí‒ la llamó
Movida por la burbuja de tensión que de repente se había instalado allí, Emma caminó con sus piernas temblorosas hasta la morena y al llegar donde estaba, la rubia se arrodilló en el suelo, encajonándose entre las piernas de Regina.
‒ Dime…¿Cómo puedo ayudarte con ese gran problema tuyo?‒ preguntó Emma, sintiendo ya seca su garganta.
‒ Puedes…‒ la morena apartó totalmente las bragas, revelando su intimidad ya húmeda a los ojos de Swan. Sus propios dedos se paseaban de arriba a abajo, esparciendo la lubricación por toda la zona ‒ Puedes aliviar esta placentera agonía que siento aquí en mi bajo vientre.
Salivando y alternando su mirada entre los ojos castaños, embargados de deseo, y los movimientos que ella hacía en su propia vagina, Emma dijo
‒ ¿Y cómo haría eso?‒ instigó
Regina agarró con firmeza el mentón de la rubia, obligándola a mirarla, y aseveró
‒ Follándome de la manera que solo tú sabes
Extasiada, Emma sonrió y en cuanto la mano de la morena la soltó, no esperó un segundo más para lanzarse hacia su sensible y húmeda vulva. Al sentir, una vez más, el sabor de la morena en su boca, puso los ojos en blanco de puro placer.
Regina hundió las uñas en los brazos del sillón y arqueó la espalda soltando un gemido desde lo hondo de su garganta. Notaba la hábil lengua de Emma pasando por toda su intimidad, centrándose en los puntos donde más placer sentía y explorando cada centímetro del interior que se mojaba cada vez más.
‒ Mírame‒ ordenó la morena entre quedos gemidos. Emma abrió los ojos, mirándola con intensidad y sin dejar de chuparla ‒ Quiero ver que me miras, ¿entendiste?
Emma le sonrió al mismo tiempo que pasaba su lengua por su clítoris hinchado, provocando que gimiera alto. Regina, ahora con las piernas sobre los hombros de la rubia, se movía hacia su rostro y agarraba fuertemente el cabello rubio, volcando allí toda la tensión que se acumulaba.
‒ Haz que me corra en ti‒ dijo Regina en tono ronco
‒ ¿Lo deseas mucho?‒ preguntó Emma apartándose milímetros de la intimidad de la morena. Regina asintió ‒ Entonces…puedes hacerlo
Swan volvió a chupar a la morena con intensidad y ferocidad al mismo tiempo que introducía dos dedos curvados. Regina gimió alto y agarró con fuerza el cuero del sillón mientras se movía hacia el encuentro de los dedos de Emma.
Unos segundos después, tras sentir el interior de la morena apretando sus dedos, Emma sintió el placer que era tener a Regina experimentando un orgasmo y corriéndose en sus dedos. Regina acompañó su punto álgido de placer con una palabrota y gemidos altos y descontrolados.
‒ ¡Joder, Swan!‒ exclamó Regina completamente jadeante, apenas sentía las piernas.
Emma salió del interior de la mujer, lentamente, y sonrió al verla en aquel estado, sin aliento alguno, despeinada y con el cuerpo como un flan. La rubia pasó la mano por su boca, limpiándose los vestigios que quedaban de la morena.
‒ ¿He resuelto tu problema?‒ preguntó sonriendo al volver a sentarse en el baúl.
‒ ¿Cómo voy a levantarme ahora de aquí y vestirme para ir a ver a nuestros hijos?‒ refunfuñó y Swan rio victoriosa ‒ ¿Quién te otorgó ese don para follarme de esta manera tan buena?
‒ Don es algo con lo que se nace‒ dijo forzando un tono convencido y levantándose mientras estiraba su mano hacia la morena ‒ Ven, levanta
Regina agarró sus manos y se levantó. Si no fuera por que los brazos de Emma la estaban agarrando, probablemente caería al suelo, ya que sus piernas apenas sujetaban el peso de su cuerpo de trapo.
‒ Vísteme‒ pidió la morena en tono quejica ‒ Por favor
Emma rio y puso los ojos en blanco de forma divertida. Dejó a la mujer apoyada en la pared y cogió las prendas de ropa del sillón. El tejido de la blusa roja deslizó con facilidad por los brazo de Regina y Swan, lentamente, cerró cada uno de los botones, de abajo a arriba, dejando los dos primeros abiertos, revelando a la vista un pequeño trozo de encaje negro del sujetado.
‒ Eres tan bonita‒ dijo la rubia inesperadamente, haciendo que Mills sonriera sincera, de oreja a oreja ‒ La falda‒ le puso la prenda, pasándola lentamente por las piernas de la mujer, y al llegar al trasero, tuvo que hacer un poco más de esfuerzo para subirla ‒ Listo, estás vestida.
‒ Gracias‒ rodeó el cuello de la rubia y dejó un beso rápido en sus labios ‒ Es mejor que nos vayamos. Ya hemos perdido mucho tiempo aquí porque no te resististe a mí.
‒ ¿Perdón?‒ dijo Emma indignada ‒ Estabas prácticamente suplicándome para que te…
‒ Y tú no te resististe‒ interrumpió ‒ ¿Estoy mintiendo?
La rubia puso los ojos en blanco y negó con la cabeza.
‒ No, no mientes
‒ Bueno es saberlo‒ sonrió
Regina cogió su bolso negro y sus gafas rojasa y tras despedirse de Lola, las dos dejaron de nuevo el apartamento y se dirigieron a casa de Emma donde Ruby estaba cuidando de sus ahijados. El plan inicial era que durmieran en casa de Ingrid, pero ella tuvo que llevar a sus hijos a las citas rutinarias con el médico.
Emma pensaba que, probablemente, su amiga los habría dejado dormir hasta tarde, o si ya estaban despiertos estarían comiendo frente a la tele. Cualquiera de las dos situaciones haría que Regina perdiera la cabeza.
El suave sol junto con la lluvia daba la bienvenida al arcoiris en el cielo. Hope estaba obsesionada con los arcoiris, y este seguramente sería fuente de toda su energía y felicidad durante el día, además, claro estaba, de sus madres.
Al aparcar frente a la casa blanca de apenas una planta, Regina sintió que se le encogía el corazón, no podía evitarlo. No sabía si algún día podría volver a llamarla su casa, pero no conseguía imaginarse volviendo a vivir ahí. No más, nunca más. No solo porque Gabrielle había vivido meses allí, había cambiado sus muebles y la decoración que tanto amaba, sino también porque sentía que el sitio ya no era la burbuja que abrigaba a ese matrimonio, a aquella familia. El recomienzo tendría que ser perfecto, y ciertamente no podría ser allí.
‒ ¿Henry? ¿Hope?‒ llamó Emma entrando en la casa ‒ ¿Ruby? ¿Dónde estáis?
‒ Ah, aún están durmiendo…‒ dijo Ruby apareciendo aún en pijama y al ver a Regina, desorbitó los ojos claros y sonrió animadamente ‒ ¡Regina! ¡Cuánto tiempo! ¡No esperaba verte aquí!
‒ ¡Por el amor de Dios, Ruby, ya son más de las diez!‒ exclamó Mills abrazando a la mujer ‒ ¿Qué hacen esos niños aún en la cama?
‒ ¡Ah, Regina! ¿Qué ocurre? ¡Hoy es sábado!‒ argumentó y la morena puso los ojos en blanco ‒ ¿Y vosotras? ¿Cómo fue la noche?
‒ Ah…‒ Regina suspiró y le lanzó una mirada maliciosa a Emma que, inmediatamente, se ruborizó ‒ Estuvo bien, ¿no, Emma?
‒ Sí, estuvo muy, muy bien, sí‒ dijo con énfasis
Ruby tenía un brillo en la mirada y una sonrisa boba en el rostro al estar presenciando aquello, y ni lo disimulaba.
Regina se acercó a su comadre y le susurró al oído
‒ Me duele al hacer pipí. ¿Contesta eso a tu pregunta?
Lucas rio alto en respuesta y Emma no entendía nada, pero imaginaba de qué se trataban los susurros.
‒ ¡No cambiais, es increíble!‒ exclamó ‒ ¡Os quiero tanto!‒ dijo entusiasmada abrazando a las dos al mismo tiempo. Emma y Regina devolvieron aquel abrazo y notaban perfectamente cuánto amor había allí ‒ ¿Por qué no despertáis a los niños? Van a adorar veros juntas.
‒ Buena idea‒ Emma sonrió ‒ ¿Vamos?‒ preguntó con cariño al agarrar la mano de su ex.
‒ Vamos.
Dadas de la mano, las dos caminaron por el extenso pasillo hasta la última puerta a la derecha, donde estaba el cuarto de Henry y Hope. Entraron con cuidado y silencio para no despertarlos de un susto. Estaba bastante oscuro.
Regina sonrió de oreja a oreja y sintió cómo se le llenaba el corazón de amor al ver que las dos camas individuales estaban pegadas formando una de matrimonio. Dormían profundamente, Hope agarrada a una enorme jirafa violeta de peluche, y Henry a una almohada con funda de astronauta.
‒ Voy a abrir un poco las cortinas para que entre algo de luz‒ susurró Emma mientras abría un poco cada cortina, iluminando un poco más el cuarto.
Las dos mujeres se recostaron en la cama con sus hijos, Regina al lado de Hope, y Emma al lado de Henry.
‒ Eh…‒ llamó Emma apretando ligeramente la nariz del hijo ‒ Despierta, cariño.
Él refunfuñó y colocó la almohada sobre su rostro, haciendo reír a las dos.
‒ Pss…‒ Regina llamó a Hope, acariciando su rostro ‒ Hope, amor, despierta‒ Besó el rostro de su hija con cariño ‒ Despierta, cariño…
Al escuchar la voz de Regina, que, claramente, no esperaba escuchar allí, Hope abrió lentamente los ojos y los desorbitó al encontrarse a su lado a su madre morena y con gafas.
‒ ¿Mamá?‒ dijo sorprendida arrancando una enorme sonrisa de la morena ‒ Estás aquí…‒ se restregó los ojos queriendo adaptarse a la claridad.
‒ Buenos días, mi amor‒ respondió Regina acariciando sus cabellos rubios.
Hope se estiró en la cama y al girarse hacia el otro lado, se encontró a su otra madre de cabellos rubios y con una gran sonrisa en el rostro.
‒ Tú también…‒ bostezó ‒ ¡Las dos juntas!
‒ Buenos días, pimpollita‒ Emma le sonrió a la pequeña y apretó su mejilla ‒ Ayúdanos a despertar a tu hermano, este gandul.
Hope, aún medio somnolienta, se sentó en la cama, y, para sorpresa tanto de Emma como de Regina, simplemente cogió el peluche de jirafa y golpeó con él varias veces seguidas a su hermano.
‒ ¡DESPIERTA, HENRY! ¡LAS MAMÁS ESTÁN AQUÍ!
El pequeño dio un salto del susto.
Emma estalló en una carcajada alta y nerviosa, mientras Regina agarró los brazos de la pequeña impidiéndole que continuara golpeando al hermano.
‒ ¡HOPE!‒ exclamó Regina ‒ ¡No puedes hacer eso! ¿Quieres matar a tu hermano de un susto?
‒ Parece que es lo que quiere‒ dijo Henry hundiendo una vez más su rostro en la almohada, con un tono de voz irritado.
‒ Hijo…‒ Regina lo llamó y, finalmente, él retiró la almohada del rostro, encontrándose con los ojos castaños de su madre que lo miraban con amor ‒ ¡Buenos días, cascarrabias!
‒ Buenos días‒ él sonrió y miró hacia el otro lado, donde estaba Emma aún riendo ‒ Buenos días, mamá‒ Henry se sentó en la cama al lado de Hope y la fusiló con la mirada ‒ ¡Me asustaste! ¡Sabes que odio que me despierten con un susto!
‒ Hope, pídele perdón a tu hermano‒ ordenó Emma, con tono firme. Normalmente quien daba las broncas era Regina, Emma solía cubrirlos y en los pocos momentos en que la mirada dura y el tono rabioso venían de ella, ellos sospechan y temían más ‒ Ahora.
Regina sonrió disimuladamente al verla hablar de aquel modo. Estaba aún más bonita cuando se estaba imponiendo.
La pequeña puso los ojos en blanco dramáticamente y resopló, cruzando los brazos, en una pataleta.
‒ ¿Ah, sí? ¿Te vas a poner a resoplar y a revirar los ojos?‒ preguntó Emma indignada ante tal actitud. Hope tenía una personalidad extremadamente fuerte para ese cuerpecito de seis años ‒ Muy bien entonces. Regina y yo llevaremos solo a Henry al cine, porque tú no estás haciendo nada para merecerlo. ¡Mal educada!
‒ ¿Cine?‒ preguntó Henry animado
‒ ¡Yo quiero ir al cine!‒ protestó Hope
‒ ¡Entonces trata de respetar a tu madre y pídeles disculpas a los dos ahora!‒ exclamó firmemente Regina
‒ Ta bien‒ dijo quejumbrosa, suavizando la voz ‒ Disculpa, Henry. Disculpa, mamá.
Le dio un beso a Emma y le dio un rápido abrazo a Henry.
‒ ¿Puedo ir al cine ahora?‒ preguntó esperanzada.
Emma y Regina se miraron y rieron ante la situación. Hope, claramente, no sentía para nada lo que había hecho, solo quería ir al cine con su familia.
‒ Puedes‒ dijo la morena apretando la nariz de su hija ‒ Podemos almorzar fuera y ver alguna peli que queráis, ¿qué os parece?
‒ ¡Sí!‒ dijeron los dos a la vez.
‒ ¡Entonces, Hope, ve a decirle a tu madrina que te ayude con el baño! ¡Ahora!‒ dijo Emma ‒ Henry puede usar el baño de mi cuarto.
‒ ¡Está bien!‒ Hope saltó de la cama y salió gritando llamando a Ruby a voz en grito hasta que la encontró.
Solas con su hijo, las dos respiraron hondo al mismo tiempo y lo miraron a los ojos, dándose cuenta de lo mucho que había crecido. Ya no tenía la carita de niño pequeño, ya había mudado casi todos los dientes y su mirada no tenía la misma inocencia de cuando lo habían adoptado.
Cuando se dieron cuenta, Emma estaba perdida en sus propios pensamientos, acordándose de todo lo vivido con aquellos niños a lo largo de todos esos años. Y Regina tenía los ojos vidriosos al pensar que Henry sería el primero en abandonar el hogar para marcharse a la universidad, dejándolas solas con Hope-que seguramente daría mucho trabajo en la adolescencia.
‒ ¿Mamás?‒ las llamó alterando la mirada entre ambas.
‒ Di, mi amor‒ respondió Regina acariciando los cabellos castaños del pequeño
‒ ¿Estáis enamorando de nuevo?‒ preguntó con brillo y esperanza en su mirada.
Algo sorprendidas con la pregunta, las miradas de las dos se encontraron. Regina seguía con los ojos vidriosos, y ahora una lágrima, de emoción, amenazaba con caer. Por otro lado, Emma, delante de ella, sonreía débilmente y esperaba para ver qué decir. Le gustaría gritar que sí, que realmente estaban recomenzando, reavivando el amor que nunca se había marchado y aprovechando cada segundo. Pero primero quería escuchar que podía.
Y entonces Regina asintió ligeramente hacia la rubia, dándole permiso.
Emma sonrió de oreja a oreja antes de acariciar la mejilla de Henry y responder
‒ Sí, lo estamos
‒ ¡Finalmente!‒ celebró abrazando a las dos ‒ ¡Os amo a las dos! ¡Mucho, mucho, mucho!
Aquello bastó para que las lágrimas finalmente resbalaran de los ojos de Regina, tras los cristales de las gafas.
‒ Nosotros también te amamos, mi amor‒ dijo la morena besando la mejilla del hijo. Emma hizo lo mismo al otro lado.
‒ ¿Salisteis anoche?‒ preguntó él con interés y amor en su mirada
‒ Sí‒ afirmó Emma ‒ Fuimos a un restaurante muy bueno
‒ ¿Y después?‒ preguntó Henry
Emma rio nerviosa, sin poder responder. Asunto prohibido a menores, pensó.
‒ Después…‒ Regina intentó pensar en una buena respuesta ‒ Después fuimos a una casa que…‒ Emma abrió de par en par los ojos, nerviosa, y movió la cabeza de un lado a otro, no gustándole nada el rumbo que estaba tomando aquella conversación ‒ alquilamos para ver películas juntas
‒ ¿Y después de las pelis?
‒ ¡HENRY!‒ exclamó Emma dándole un golpecito en la pierna ‒ ¿Quieres llegar tarde al cine? ¡Ve a tomar un baño! ¡Ahora!‒ cambió de tema
‒ ¡Voy a prepararme!‒ Henry se levantó entusiasmado ‒ ¿Qué me pongo? ¡Ah, ya sé! ¡Aquella camisa que tía Fiona me regaló en Navidad!‒ cogió la ropa del armario y salió corriendo del cuarto derecho al baño.
Regina y Emma, cuando se vieron solas, se echaron a reír de la situación y volvieron a mirarse con toda la intensidad y la emoción del mundo. Regina aún lloraba y Emma aún sonreía débilmente, con el brillo del mundo entero en ese par de ojos verdes.
‒ Joder, te amo tanto‒ dijo Emma casi en un susurro y había sinceridad en su voz ‒ Tanto, tanto…
La morena, inmediatamente, tiró de la rubia hacia un abrazo fuerte y lleno de los más puros y verdaderos sentimientos.
‒ Yo también te amo mucho. De verdad‒ dijo aliviada, acariciando los cabellos rubios ‒ Y amo amarte
Se abrazaron una vez más, ahora más fuerte.
En medio de aquel abrazo, tuvieron la certeza de lo que era cristalino desde hacía años: el destino las había elegido la una para la otra. Aunque aquel intercambio nunca se hubiera producido, aunque un libro nunca hubiera sido publicado o si, por casualidad, Emma hubiera ido a parar a casa de otra familia, el destino había separado a la dueña de los andares más elegantes y ojos más bonitos del mundo exclusivamente para ella. Por más que estuvieran separadas años, sabían que, en un momento u otro, de nuevo estarían juntas como siempre debió haber sido. Se pertenecían. No había para donde escapar: estaban hechas la una para la otra. Se conocían de arriba abajo, del derecho y del revés, y cada día se descubrirían juntas. Era como si durante toda la vida hubieran esperado la una por la otra, y si fuera necesario, esperarían lo que hiciera falta.
‒ Yo también amo amarte‒ Emma colocó la cabeza pegada a la frente de la morena y paseó su mirada por su rostro ‒Perdóname. Una vez más…Perdóname. Por todo, por absolutamente todo.
‒ Está bien‒ Regina sonrió‒Las dos nos equivocamos, hemos aprendido de nuestros errores y nos hemos disculpado. Ahora todo está bien. Estamos bien.
No necesitaban mucho más. Se tenían la una a la otra, tenían una familia. Juntas, conquistaron y reconquistaron lo mejor que alguien puede tener: un raro infinito particular.
El próximo capítulo será el último. Espero que os haya gustado esta bella historia de amor, de errores y de perdón.
