CAPÍTULO 2
RECUERDOS TENTADORES I
Harry Potter
Verla así me destrozaba y me hacía sentir miserable, yo estaba vivo a un lado de ella, y a quien ella amaba había muerto, cuando merecía una segunda oportunidad de ser feliz a su lado, intentaba sostenerla pero lloraba desconsoladamente sobre los barrotes de plata que sostenían el cuerpo de su "esposo", a quien ella llamaba de esa manera, su cabello suelto, enmarañado y desordenado le llegaba casi a la cintura, iba toda de negro sin una gota de maquillaje, con la nariz irritada, su cara roja y los ojos confirmaban que no había parado de llorar desde la muerte de Snape.
Toda la gente la veía, unas con lastima, otras con curiosidad, asco, sorpresa, incredulidad, morbo, cada sentimiento distintos se reflejaba en cada rostro. Ron aún no llegaba con los padres de Hermione pero me había notificado en un patronus que ya les había dado la poción y que los estaba poniendo al tanto de los hechos. Ginny lloraba al ver a Hermione, y los más cercanos eran la familia Weasley con Neville y Luna.
—Hermione levántate, —con dificultad la incorporé y su mirada se negaba a ver el cuerpo, una vez con la fuerza necesaria observó detenidamente a su pareja fallecida y se acercó a ella para quedar frente a frente.
—Esto no tenía que haber pasado Severus, —acarició su rostro y empezó a conversar con él, todos nos alejamos para que pudiera tener privacidad.
Duró ahí un tiempo, unas veces hablaba con él, otras lloraba y otras más se perdía dentro de ella misma, esa actitud no me gustaba en lo absoluto.
—¿Hermione? —la profesora McGonagall se le acercó tocándole el hombro—. Linda... comenzaremos en media hora ¿está bien? —Hermione la observó con odio, a ella, a cada una de las personas que estábamos ahí acompañándola, la profesora se retiró sin decir más.
—Mi niña ven, necesitas comer algo, aunque sea una galleta, —Molly la acercó a una silla y ella accedió.
—No tengo hambre, señora Weasley.
—Solo un poquito, —pero ella se negó a la galleta, al café, al té y cualquier cosa que le ofrecían.
Su mirada recorrió cada persona que estaba cerca de ella, y cada grupo que conversaba mientras tomaban algo, el lugar estaba lleno, fue más gente de la que esperaba y no falto la maldita arpía de Rita Skeeter, mi amiga se levantó tomándose de las sillas con dificultad, estaba mareada, llevaba casi dos días sin probar bocado y las emociones estaban acabando con ella. Me acerqué a tomarla de la cintura y ayudarle a llegar a donde quería ir.
—Quiero que se vayan —me dijo de pronto.
—¿Quiénes? —le pregunté observando a todos, podía referirse a cualquiera, pero no entendía a quién en especial.
—Todos, quiero que se vayan todos, ¡YA! —gritó al final con rabia.
—Hermione, está a punto de comenzar todo...
—No me interesa, yo no te pedí esto —me interrumpió tajantemente—. NADIE DE AQUÍ CREYÓ EN ÉL, NADIE, —me gritó llorando—, tú maldita víbora —apuntó a Rita y la expulsó fuera del lugar, corrió hasta ella apuntándole con la varita—, debería matarte como la cucaracha que eres.
—¿Matarme? Claro... ¿desde cuándo empezaron tus impulsos asesinos, linda? ¿O sólo es que te gustan los hombres poderosos? Potter, Krum y Snape...
—Váyase por favor, —intervine para evitar que Hermione hiciera una locura, se había quedado paralizada con esas palabras, no respondía nada.
—LO MISMO VA PARA TODOS USTEDES, LÁRGUENSE, NO QUIERO A NADIE CERCA DE ÉL, LARGO, LARGO, —fue recorriendo el lugar gritándoles a los invitados, tiraba sillas con coraje y uno muy justificado, poco a poco se fueron retirando escandalizados, sólo quedábamos los más cercanos a ella, se había tendido a llorar de nuevo al féretro derrotada.
—Granger, cálmate vamos a que descanses un poco, —le dijo la profesora McGonagall.
—Quite sus manos de encima, no me toque y mucho menos a él, porque según yo recuerdo era un cobarde ¿no? —la profesora se detuvo en seco con esas palabras—. Yo conozco a un cobarde y era Albus Dumbledore, quien le ordenó a Severus matarlo a sangre fría, para salvar el alma de un miserable que ni siquiera sabemos si tenía una, todo bajo chantaje... y conozco a más cobardes... usted profesora y cada uno de ustedes, —nos gritó señalando uno a uno—. ¿Qué hicieron ustedes por esta guerra? Realmente nada, escondiéndose transmitiendo esa radio estúpida que no servía para nada, para dar esperanza solamente, con esperanza no se gana una guerra, se protegían con nombres falsos y códigos secretos, mientras él de frente se presentaba a Voldemort, algo que nadie hizo, tu Bill —acusó acercándose a él con dificultad—, escondiendo a tu mujercita bajo el fidelio y ahí teniendo a Ginny y a usted señora Weasley, nadie aquí hizo nada mientras él ponía en riesgo su vida durante años, no hicieron nada, yo lo curaba... —susurró conteniendo el llanto, no podía juzgar sus acusaciones, ella vio a un hombre destrozado y torturado, conoció su historia y vio el alcance que podía tener una culpa—, no tienen idea de lo que eran los castigos de Voldemort, se desaparecía noches y semanas enteras, arriesgando su vida mientras todos ustedes descansaban en sus camas, disfrutando de su sueño, y se quedó en el colegio creyendo que así podría proteger a los alumnos, ¿cobarde? ¿Saben cuál fue su única acción cobarde que estuvo a punto de hacer? Cuando quiso ocultarme bajo el hechizo fidelio... porque me amaba, porque por mucho que lo negara en medio de tanta oscuridad encontró en una adolescente la calma en medio de tanto dolor, porque quería que al terminar la guerra yo estuviera segura, estuviéramos juntos y sin embargo, no lo hizo, ustedes son los cobardes —se dejó caer en el piso llorando, mientras todos observaban lo que decía—. Quiero que se vayan, nadie creyó en él, lárguense, —se fueron retirando todos para quedarnos solamente Ginny y yo, con la varita fue explotando todos los arreglos florales y miraba su retrato que habíamos puesto arriba del ataúd, con lágrimas en sus mejillas.
En el momento más oportuno, por fin llegó Ron con sus padres y su mamá fue corriendo a abrazarla.
—Mamá —se desahogó en sus brazos, mientras trataban entre los dos sostenerla—. Se fue mamá y me dejó sola, esta guerra lo mató, íbamos a casarnos mamá... me amaba mucho... me dejo sola, sola.
—Tranquila cariño, no te dejo sola, aquí estoy mi amor, aquí estoy, —le dijo su madre acariciando la espalda mientras que por dentro ella también estaba destrozada al ver el estado de su hija.
—Cariño todo estará bien ya lo verás, —le dijo su padre.
—Señorita Granger debemos empezar con la sepultura, —le dijo aquel hombre del ministerio.
—Señora Snape, grábeselo muy bien —le dijo—. No se lo lleven aún, por favor —estaba comenzando a exaltarse cuando volvió a desmayarse, la tomé en brazos y me dirigí de nuevo al castillo.
—Ron, que los invitados regresen, comiencen sin mí, que la profesora McGonagall diga unas palabras, bajen el cuadro de Dumbledore y que se encargue de todo por favor, yo no me despegaré de Hermione, señores Granger si quieren seguirme —entramos a la habitación donde se quedaba y la recosté—. Lo siento señora Granger, señor Granger... lo lamentó.
—Nosotros no teníamos ni idea de que ella estaba con su profesor, eso... no estaba bien, —dijo su madre.
—Él era un buen hombre señora, protegió a Hermione, hubiera dado su vida por ella, gracias a él ustedes pudieron recordar a su hija, sólo la amó y fue devoto a ella... no lo juzguen, ni a ella tampoco, ese amor les ayudó a los dos a sobrellevar la guerra, será mejor que la dejemos descansar, —salimos y los llevé a que comieran algo en las cocinas, al cabo de un par de horas fui a ver solo a Hermione.
—Me pidió que te cuidara, que de una u otra forma buscara que fueras feliz ¿cómo haré eso Herms? —abrió los ojos y se extrañó del lugar donde estaba.
—¿Qué pasó?
—Te desmayaste, ya le hicieron honores y Dumbledore se encargó de limpiar su nombre con el Ministerio, le están dando sepultura ahora mismo, lo están trasladando al cem...
—¿No lo van a enterrar en Hogwarts? —me preguntó incorporándose exaltada, se levantó y se fue corriendo donde estaban arreglando las ultimas cosas— ALTO, SE LE VA A ENTERRAR AQUÍ EN EL CASTILLO COMO EL DIRECTOR QUE FUE... ES UNA ORDEN —los hombres me observaban como pidiendo mi autorización.
—Hagan lo que la señora Snape ordena —dijo la profesora McGonagall.
Quedó sepultado bajo mármol negro y brillante, estaba más calmada se acercó y se hincó con una rosa negra en las manos a despedirse de él.
—Me voy, no olvidaré la promesa... sabes que nunca te negué nada y esta vez no va a ser la excepción, empezaré de nuevo, te lo juro —limpió sus lágrimas con la túnica y tocó las palabras verde olivo de Severus Snape—, solo dame un poco de tiempo, iré a aquel pueblo de Italia y te juro que visitaré las ruinas de aquel libro, todos los planes que teníamos los realizaré pero dame tiempo, ¿quién escogió el epitafio? —me preguntó.
—Yo —contesté.
—Es hermoso, gracias, —tocaba sus palabras que la llenaban de orgullo y de fortaleza.
Severus Snape, héroe de guerra, hombre intachable y esposo devoto, al final firmaba Hermione Snape.
Se levantó y llamó a un elfo.
—Vayan a los aposentos de Severus Snape y recojan todas sus cosas, póngalas en cajas, y más tarde vendré por ellas, por favor, —pidió comenzando a calmarse.
—Sí señorita.
—Muy bien, gracias —los elfos se despidieron—, gracias Harry, gracias Ron por traer a mis padres, gracias Ginny y gracias a todos —se dirigió a las afueras del colegio.
—Hija vámonos a casa.
—Ron lleva a mis padres a casa, por favor. Mamá yo tengo una casa, Severus me la compró y es ahí donde viviré de hoy en adelante.
—Hija...
—No papá, me iré a mi casa —respondió firme disimulando que apenas podía caminar.
—Hermione, Severus me dijo que te entregara esto —le extendí el testamento, su labio inferior empezó a temblar—, creo que te dejo la Mansión de los Prince, la casa de descanso de Gales, otra casa en España...
—Se las propiedades de Severus Harry, no me interesan, solo quiero nuestra casa, la que me compró, solo eso.
—Vale... ¿tienes dinero? —no le pensaba impedir que se fuera, pero necesitaba asegurarme que ella estuviera bien—, ten, es la llave de la cámara de Snape en Gringoots —la tomó y la guardo.
—Gracias, pero no lo necesito, él me abrió una cámara con algo de dinero ¿Quién crees que financió nuestra aventura con los horrocrux? —preguntó sonriendo con tristeza—, hasta luego Harry.
—Espera ¿estarás bien?
—Si... necesito llorarle Harry, necesito estar sola —y se fue desapareciendo de todos nosotros.
—Harry no debimos dejarla ir.
—Yo sé dónde está esa casa Ron, sino tenemos noticias de ella iremos a buscarla —respondí firme e inseguro de haber hecho lo correcto.
Hermione
Me aparecí en la casa que no había pisado en meses, estaba oscura pero no encendí la luz, dejé que se alumbrara un poco con la chimenea que prendí con la varita. Entré y me senté en la sala color café oscuro observando las llamas y sintiéndome en casa, claro que la última vez que estuve ahí creí que iba a regresar con Severus, ahora todo era tan distinto.
Me había encerrado en una burbuja delgada que era mi fortaleza, dejando afuera mi dolor y mi realidad, veía transcurrir los minutos esperando que ésta estallara con fuerza y me destrozara de la misma manera que un cruciatus. Cada espacio de esa casa guardaba un secreto y un recuerdo, quizás ese lugar el menos indicado para haber ido, pero era el único donde podía llorar, donde podía estar recordando sin ser juzgada. Tenía tanto miedo, a pesar de tener a mis padres y a Harry, sabía que estaba completamente sola.
Me cubrí la boca en forma absurda, como si alguien pudiera oírme, me caí en la alfombra y lloré en silencio completamente asustada.
…
—¿Lista?—me preguntó antes de quitarme la venda—,baja un pequeño escalón, eso es, ahora mira —me quitó la venda y pude ver la casa—,es realmente pequeña, para ti y para mí estará perfecto, será un refugio, es de un solo piso, tres habitaciones, una para nosotros, otra para el laboratorio y ya veremos luego, tiene una cocina, sala, etc, es muy simple pero no quería llamar la atención con algo más grande, cuando todo terminé podremos comprar algo a tu gusto, no me gustaría vivir en una de mis casas, me trae malos recuerdos, pero ¿qué te parece comprar algo especial?
—Es perfecta esta, Severus. —Le dije sin dejar de ver la estancia.
Más allá de la casa, de si era pequeña o habitable, era el significado de ésta, ya no era la adolescente que lo esperaba en las noches, él afrontaba ese compromiso, dejándome entrar un poco más en su vida, queriendo compartirla conmigo, y debía admitir que no creía llegar tan lejos.
—Vivían muggles así que nos acostumbraremos, más bien me acostumbraré a la decoración.
—Tengo una duda, profesor Snape — le dije seductoramente poniéndome frente a él.
—Usted siempre con sus dudas, Granger —se quejó alzando la ceja.
—¿Qué habitación inauguraremos primero?—él sonrió de lado, mientras me besaba las manos hasta subir a los hombros.
—Provocándome Granger no va a conseguir nada, aunque la sala suena bien para que cierre ya esa boca, —me dijo mientras me recostaba lentamente en el sillón y él encima de mí.
…
Después de una hora me levanté y fui hacia la recamara, entré y encendí la luz, me senté frente al tocador y vi lo demacrada que me veía, me quité las medias y el vestido negro y saqué del cajón mi bata de satín negro. Me fui al baño a lavarme la cara y destendí la cama de seda negra, me acosté dejando solo la lámpara encendida.
Abracé su almohada contra mi pecho como si fuera su torso desnudo el que abrazaba a mí, ya no llevaba su aroma, poco a poco él se alejaba más de mí.
—Hermione, prometiste que si todo salía bien esa noche Severus estaría conmigo... me fallaste, —me dije a mi misma entregándome al llanto de nuevo, haciéndome ovillo con mi cuerpo, dejando que la oscuridad llenara la habitación y mi cuerpo entero, quedando a su merced mi alma sedienta de amor.
…
Esa noche iba en camino a la biblioteca con tres libros enormes en los brazos, entonces una mano me cubrió la boca, los libros cayeron al suelo y fui arrastrada a la fuerza al aula de Historia de la Magia. Nunca en mi vida me había asustado tanto, pero al ver a la persona que me había secuestrado mi corazón se detuvo, sus ojos castaños se metieron en los míos y me paralicé por completo, sin olvidar el enojo que comenzó a surgir dentro de mí.
—Nuestro padre nos dio un camafeo con las fotos de él y mamá dentro —dijo buscando ganar mi confianza, ¿eso era buena o mala noticia?, era ella, más bien era yo.
Maldición, suspiré. Ella debía ser algunos años mayor que yo, y para que decidiera buscarme es porque debía estar muy desesperada.
—No debes de estar aquí, o quizás sí, pero no debes interferir en el pasado—le dije dándome la vuelta para irme.
—Alto ahí, yo sé todo eso, pero con mi visita pienso ahorrarte mucho dolor, más del que tú crees —volteé a verla y me percate que iba de luto.
—¿Mis padres? —dije en automático.
—No, escucha muy bien lo que tienes que hacer, en dos noches Severus Snape saldrá a una misión de la Orden, como mortífago, debes detenerlo, él no debe ir a esa misión —me explicó con calma.
—¿Quieres que detenga al profesor Snape?—le pregunté incrédula, no entendía cómo una misión del profesor tomaba más importancia que la línea temporal.
—Así es, escucha esa noche él sale a la misión, y ocurre un accidente, —me dijo sin querer darme tantos detalles—, tuvo que salvar al profesor Dumbledore, y su fidelidad queda entre dicho frente al que no debe ser nombrado, dejaron de confiar en él durante mucho tiempo, lo castigarán y… será mejor que te muestre unos recuerdos.
—Escucha... no debes cambiar las cosas—dije intentando razonar con ella—, cualquiera que haya sido tu perdida debes… aceptarla.
—Cierra la boca, vamos al despacho del director necesitamos un pensadero —respondió ignorándome.
—Estás loca, no voy a asaltar el despacho del director, me niego a darte la contraseña, —volvió a verme enojada y dispuesta a irme.
—Se me olvidaba como era a tu edad, fui prefecta así que recuerdo la contraseña a la perfección —me amenazó y no pude hacer otra cosa más que bufar molesta—, además me enseñaron oclumancia.
—¿En serio? ¿Quién?
—... Mi prometido —susurró, se me cayó la mandíbula hasta el suelo, debía tener 19 años más o menos, y está loca ya se había comprometido con sabrá Merlín quién.
—¿Quién es?
—Quiero que lo veas en el pensadero —volvió a pedirme, reconozco que en ese punto la curiosidad pudo conmigo y la lleve.
Cuando entramos al despacho ya era tarde y estaba vacío, gracias a Merlín, sacamos el pensadero y extrajo unos recuerdos.
—¿Lista? —me preguntó incitándome.
—No, pero vamos.
La vi corriendo con gran velocidad en un bosque que no pude reconocer, estaba Harry, Ron, Neville, Luna, los gemelos, Ginny y otro dos que no pude reconocer, preste atención, iban huyendo de algo o de alguien, me giré buscando el peligro y me hice a un lado con miedo.
—Potter... no quieres poner en riesgo a tus amigos ¿verdad?—apareció Lucius y una docena de mortífagos los rodearon, todos pararon en seco buscando una salida para darse cuenta que no había ninguna—, solo dame el objeto, entrégate y los dejaré vivos, —cuando Harry se negó, empezó una lucha entre todos.
Se veían maldiciones ir y venir, hechizos sin parar. Un mortífago que no reconocí se acercó a mí, y ella se defendía como podía, aquel hombre le arrojó una maldición y un hechizo protector apareció de la nada, el cuerpo de un hombre protegía el mío evitando que me lastimaran, me acerqué para ver quién protegería con su vida la mía.
—¿Qué demonios Hermione? —le preguntó furioso—, vete de aquí.
—¡No! ¿Qué haces? —le preguntó ella asustada—, yo puedo cuidarme sola.
—Ya vi que no, vete yo me encargaré de Potter —entonces reconocí la voz.
—No me iré sin ti, te matarán, no me iré sin ti lo sabes, —la pareja se defendía sin parar, recargados cada uno espalda a espalda.
—¡Traidor! —gritó una mujer—, al Señor Tenebroso le interesará mucho saber dónde radica tu lealtad Snape, hace mucho que sospechamos de ti —le dijo el mortífaga a la reconocí como Bellatrix.
De pronto aparecieron otros dos mortífagos y se batieron a duelo, la pareja estaba de espaldas defendiéndose a todo lo que daba cuidándose entre sí, tomándose de las manos por detrás mientras que con la otra la varita lanzaba hechizos. El profesor Snape acabó con dos mortífagos y cuando el otro lanzó un hechizo, la derribó al piso pero sin hacerle o hacerme daño, al llegar la segunda maldición el cuerpo del profesor se interpuso delante de ella, tirándolo por completo al suelo sangrando, varios de nuestros amigos se acercaron para acabar con el mortífago mientras Bellatrix huía.
Vi a Hermione acercándose a él llorando, presenciando por segunda vez lo que tanto parecía dolerle, la Hermione del recuerdo se puso de rodillas ante él.
—¿Qué hiciste Severus? —le preguntó asustada.
—Vete, regresarán con refuerzos... corre.
—No, te curaré, vas a estar bien.
—Hermione, no olvides lo que te he enseñado, ayuda a Potter en todo lo que puedas, ya están cerca, él está muy débil ya.
—Esa maldición era para mí —lloró intentando controlar la hemorragia.
—Jamás permitiría que murieras, daría la vida por ti svetloba —no entendí lo último y volteé a ver a la Hermione que me había mostrado esos recuerdos y dos lagrimas resbalaban de sus mejillas viendo aquella escena—. Te am... —la frase se cortó con la caída de su brazo, había muerto.
—Severus... oh por Dios... no —ella le lloraba en su pecho con un dolor que empezaba a ser mío también, no sé cómo me traspasó mi pecho, ¿en qué momento su sufrimiento paso a ser mío también?
Sin darme cuenta de lo que estaba haciendo me acerqué a ella y toqué su espalda sintiendo aún más dolor del que ya tenía.
Aurores llegaron y de pronto ella me sacó del pensadero.
Estábamos las dos calladas, me llevé mis manos a mi mejilla y me pude percatar que lagrimas resbalaban de mis ojos, el dolor había sido real.
—¿Dio la vida por ti?—le pregunté y ella asintió secándose las lágrimas.
—Sálvalo por favor...
…
Me desperté agitada por la pesadilla, salí del cuarto por una poción que me indujera al sueño pero solo eso, porque si quería soñar, en esos momentos era la única forma de verlo, soñando con él, me la tomé y me regresé a la recamara, me cubrí con la colcha de seda mientras veía que el sol entraba por la ventana, con la varita cerré las cortinas dejando el cuarto en oscuridad.
Fui cerrando mis ojos para adentrarme más en los recuerdos.
…
—¿Tanto voy a amarlo? —le pregunté en la torre de astronomía donde nos refugiamos para no ser descubiertas, ella sonrío.
—Tanto, pero tanto que estas empezando a hacerlo en este momento, el dolor ya es tuyo también —no podía creer que yo fuera a tomar un giratiempos y arruinar la línea temporal por un hombre como él.
—Pero ¿cómo? Yo... creo que me gusta Ron... bueno... me gustaba —admití después de que él estuviera detrás de Lavander, pero de ahí a meterme con un profesor era otra cosa— no, el profesor Snape me odia, no soy más que un ratón de biblioteca insufrible, una sangre sucia y él un Slytherin.
—No te odia, quizás ahora no te ame pero no te odia, y él no tiene esos prejuicios de sangre pura e impura, sólo interpreta bien su papel de espía para la Orden, el hecho de que se enamoren está marcado en el destino, sucederá tarde o temprano sólo que necesito que sea antes de tiempo para poder evitar que muera.
—¿Cómo se enamoran?—le pregunté sentándome y ella acompañándome, era de madrugada y estamos seguras que no corremos el riesgo de ser descubiertas.
—En dos noches el partirá a una misión, pero un mortífago le lanzó un avada a Dumbledore y antes que pase, Severus matará al mortífago frente a todos, llegó al colegio muy herido por el castigo de Voldemort, a partir de este momento el dejó de ser del círculo más cercano al que no debe ser nombrado. Mientras yo daba la ronda lo encontré, me ordenó no decirle nada a nadie y lo cuidé toda la noche, porque estaba muy débil para echarme, no sé en qué punto empecé a ver por él a preocuparme, fuimos conviviendo poco a poco, hasta darnos cuenta que nos estábamos queriendo de otra forma, intentó respetarme, alejarse de mí, se metía con mujeres para que yo viera, hasta que lo aceptó y decidimos estar juntos, pero Voldemort dejó de confiar en él y llegaba a veces casi muerto, lo bajaron de categoría y empezó a sospechar que estaba con alguien, ya nada importa, como ves lo mataron al dar su vida por la mía...—se limpió las lágrimas y continuó—. Todo comenzara esa noche, debes evitar que él vaya, él debe ser la segunda mano de Voldemort.
—Lo haré, no te preocupes—le dije tomando su mano, era una sensación tan extraña, sabía que no debía hacerlo, pero por una extraña razón ajena a mí no podía permitir que él saliera esa noche.
—Si lo logras, estarán juntos.
—No creo estar preparada para eso —admití, y ella sonrió—. Tengo una duda, bueno está claro que quiero ayudarte pero ¿porque me lo pides? sé lo mucho que estas sufriendo, pero yo no lo amo, sólo estoy dejándome llevar por un sentimiento que siento es mío, pero realmente es tuyo, porque tú eres yo, pero quizás sólo estoy precipitándome y no lo amo realmente.
—Somos una misma Hermione, estamos en un mismo tiempo y espacio, de cierta forma compartimos sentimientos y pensamientos, en tu destino esta amarlo sólo que lo harás antes de tiempo, te darás cuenta de lo que sientes en poco tiempo, no vas a arrepentirte, cada minuto con él valdrá la pena, sé que te estoy forzando a apresurar las cosas, pero no hay otro camino. Te veo en dos noches — me dijo y utilizó el giratiempos de nuevo.
Me quedé esa noche ahí dejando que las nuevas sensaciones de apoderaran de mi cuerpo, me gustaba Ron y lo decía sin miedo me gustaba, tiempo pasado, ¿cómo era posible que con un recuerdo cambiaran mis sentimientos de esa manera?, me dolió ver cuánto iba a sufrir si él moría y me sorprendía que cuando lo vi morir: me dolió... realmente me dolió.
…
—La poción debe dejarse enfriar antes de agregar el último ingrediente para que adquiera el tono rojo deseado...—decía el profesor Snape mientras caminaba observando los calderos.
Mientras tanto yo estaba en otro mundo observándolo, por primera vez me detuve a verlo, la forma en la que caminaba tan recto y se veía con un gran porte, elegante, calculador y... atractivo, el color negro era lo suyo definitivamente, esa tarde no llevaba la capa solo la levita y le observe el cuerpo que tenía, era más alto que yo.
—Granger... Granger —su voz me sacó de mi letargo y vi que me observaba profundamente.
—¿Si profesor?
—¿Granger sabe la diferencia entre rojo quemado y negro?—bajé mi vista con temor y vi la poción arruinada.
—Oh... yo... lo lamento... creo que...
—Le faltó agregar sangre de sanguijuela, 20 puntos menos Gryffindor—me dijo y se acercó hasta quedar a cinco centímetros de mi cara, y no pude evitar que dirigir mi mirada hasta su boca—,un error más Granger y se irá castigada.
—Sí, señor.
Sus ojos eran negros y profundos, su mirada tan intimidante, bajé la vista y se retiró continuando su clase, en la puerta alguien me hacia la seña y casi se me sale el corazón, en una paloma de papel me mandó una nota: "Debes de actuar ya... tienes poco más de 24 horas" ¿cómo voy a hacer que él deje de ir a una reunión por mí? Si ni siquiera me tolera.
Hice lo primero que me ocurrió y agregué un ingrediente de más haciendo que un humo denso sofocara a media clase.
—Castigada niña tonta, fuera todos, Granger tendrá detención conmigo todas las noches después de la cena durante dos semanas y 70 puntos menos, ahora lárguese—me fui sin decirle nada y la muy cobarde de mi "yo" no se apareció en toda la noche, cumplí el castigo con Snape sin que me volteara a ver ni un minuto.
Al día siguiente cuando se acercaba la hora de la comida yo estaba entrando en pánico, Harry y Ron me preguntaban qué tenía y apenas podía responder, no sabía cómo evitar que él se fuera, si lo hechizaba terminaría muerta, si es que lograba hacer el hechizo, pensé en darle una poción en el café, pero hasta eso parecía una pésima idea, él era un pocionista y lo descubriría de inmediato.
Maldita... me pides que te ayude y me dejas sola ¿cómo carajos voy a lograr que él no se vaya? Llegué a mi habitación que no compartía con nadie, ya que era prefecta y ella estaba ahí esperándome sentada en la cama.
—ERES DE LO PEOR... ME HAS DEJADO SOLA—le grité asustada y feliz que por fin se apareciera.
—¿Cómo vas?—Me preguntó—,¿Ya sabes cómo lograras que él no vaya? —era una petulante, se supone que ella debería decirme cómo, él lo conocía mejor que yo.
—Obtuve un castigo de dos semanas con él después de la cena—se paró rápido y alzó la ceja.
¡Dios hasta los gestos voy a heredar del profesor Snape!
—¿Hablas en serio? ¿Piensas que con un castigo vas a evitar que él vaya? Creí que eras más inteligente —me reprochó impaciente.
—¿Qué se sup...?—mi pregunta fue interrumpida por una lechuza, abrí la carta y era del profesor Snape cancelando el castigo y posponiéndolo para el día siguiente—,no tendré castigo con él esta noche.
—PUES CLARO QUE NO, TIENES UNA HORA, SOLO UNA, HAZ ALGO —me gritó desesperada.
—¿Y qué se supone que voy a hacer eh? ¿Hechizarlo? ¿Implorarle? Ya pensé en todas mis opciones y ninguna parece funcionar, tú lo conoces mejor que yo, debes decirme qué hacer, no yo estar jugando a las adivinanzas.
—HAZ LO QUE TENGAS QUE HACER, SI TIENES QUE METERTE EN SU CAMA, TE METES EN SU CAMA Y LISTO —me quedé callada mientras ella se calmaba.
—Estás loca, ¿cómo voy a hacer eso?
—Por favor... tarde o temprano ocurrirá, casi pasó con Krum al menos el profesor te ve como algo estable —me sonrojé cuando me recordó el arrebato de caricias que había tenido con el búlgaro las últimas vacaciones, aunque esas caricias no se comparaban con lo que ella quería que hiciera, Krum no llegó ni siquiera a tocarme.
—¿Tu...? No, mejor no pregunto... no voy a hacer eso.
—No te estoy preguntando —me contestó enojada.
—Es que da igual, escúchate, evito que él vaya a la reunión y Voldemort se enfurecerá con él y dejara de confiar y saldrá lo mismo, —mi razonamiento era muy obvio y claro.
—Él buscara la forma de quedar bien ante él: no fue porque quiere seguir mantenido la confianza de Dumbledore, da igual Severus encontrará una solución, el problema será que todos los mortífagos lo ven protegiendo al director, ahora en lo que estábamos, métete a bañar tienes que estar lista en menos de una hora.
—Estás loca... —le susurré escandalizada—, ¿cómo piensas que va a tomarme en serio y amarme, si me meto en su cama como adolescente hormonada? Va a creer que soy una fácil.
—No va a pensar eso, porque es un hombre respetuoso, sabrá que es el primero, y eso lo hará pensar, métete a bañar o te baño a la fuerza.
Dios... me voy a convertir en una loca... e iba por buen camino porque hice lo que me pidió, me metí a bañar y no lo hacía obligada, quería salvarlo, quería decirle lo que estaba sintiendo, no quería perderlo antes de haberlo tenido y quería que él me amara de esa manera como la amó a ella, era eso, quería ser amada así, y quería fervientemente amarlo.
Salí ya vestida con el uniforme del colegio pero solo con la falda, la blusa y la corbata, medias y zapatillas, sin suéter ni túnica.
—Bien, ve... y suerte —no pude articular palabra alguna y asentí, me dirigí a la puerta derrotada—, espera ¿qué llevas abajo?... ¿color? —que pregunta era esa, por Merlín.
—Blanco.
—Esto no es tu luna de miel, cámbiala por conjunto negro, le encantará—me sonrojé conmigo misma y fui a cambiarme, salí más nerviosa de lo que estaba.
—¿Qué hago?—por fin pude preguntarle—.¿Dejo que él comience?
—¿Cómo va a comenzar algo él sino tiene ni idea de a lo que vas?... lógica común, comienza tu —me dijo aflojando mi corbata.
—¿Cómo?—la cuestioné nerviosa.
—Vale, le gusta que lo besen en el cuello, y detrás de los oídos, puedes comenzar quitado la levita y la camisa, pero primero tócalo.
—¿Qué lo toque?—le dije escandalizada.
—Hermione, relájate vale, sólo déjate llevar, debes de evitar ese nerviosismo y la pena también, él tiene que excitarse lo suficiente para que parezcas más atractiva tú que la misión que debe hacer —eso si tenía coherencia, pero mi miedo no me dejaba reaccionar.
—¿Cómo fue... tu primera vez... fue él el primero?
—Sí, él fue el primero y fue muy bueno, llevábamos tiempo juntos y no fue planeado pero hermoso, muy pasional, mejor no te digo detalles, te pondrás más nerviosa, deja que él este arriba y sólo déjate llevar por lo que nació aquí—me dijo tocando con su mano mi pecho.
—Vale... tengo cinco minutos me voy—y salí corriendo a las mazmorras.
—Espera... toma, es una poción anticonceptiva, puedes tomarla en el momento, después o a más tardar doce horas después del acto, mejor déjala aquí y tómala cuando llegues a la habitación, suerte, hoy te darás cuenta lo que sientes por él.
…
—Fue la mejor decisión.
Me levanté y me di cuenta que debían ser ya las tres o cuatro de la tarde, mandé mi patronus para que mandaran las cosas, llegaron los elfos y les pedí que las dejaran en la sala.
Fui abriendo una a una, su ropa que me inundaba con su aroma, su esencia, otras cajas llevaba libros, y más y más, saqué su varita y la acaricie. Había tantos recuerdos que me hacían llorar y llorar más. Llegó un patronus de Harry y lo ignore, me serví una copa para seguir revisando las cosas y las fui acomodando poco a poco sin saber por qué, serían artículos que yo no usaría.
De manera absurda lo hacía esperando que él cruzara la puerta de un momento a otro. Cuando terminé por llenar el librero, me serví otra copa concentrándome en las llamas de la chimenea.
…
Llegué a su despacho y toqué la puerta con nerviosismo, me dio permiso de entrar y con miedo abrí la puerta, viéndolo detrás de su escritorio, mi presencia debió ser lo menos agradable para él en ese momento.
—¿No le llegó mi nota Granger? —me preguntó alzando la ceja, tenía miedo de fallar, de su rechazo.
—Si... pero quería hablar con usted.
—Mañana, hoy tengo un compromiso, retírese —se dio la media vuelta y sentí aún más miedo.
—No —lo reté, ni siquiera sabía de dónde salieron esas palabras.
—¿Disculpe? —volteo a verme molesto.
—Quiero hablar con usted ahora.
—No estoy en hora de complacencias señorita Granger, ni en día de estar concediendo deseos, mi tiempo no lo dedico por completo a la docencia así que si me disculpa, —se tomó su brazo izquierdo con fuerza, lo estaban llamando.
—No me iré —lo enfrenté.
—No me importa, el que se va soy yo.
—No vaya, por favor quédese —le rogué tomándolo del brazo, cuando volteó a verme no vi enojo solo sorpresa ante mi suplica y el hecho de tocarlo—, se lo suplico, quédese —repetí intentando llamar su atención.
—¿Qué le pasa? —me preguntó, y noté que por fin había logrado captar su atención.
—Lo necesito —frunció el ceño, estaba empezando a perder la paciencia conmigo.
—¿Le dieron de beber algo? —negué con la cabeza—, ¿Una broma quizás? —volví a negar, se volvió a tomar el brazo y se retiraba—. Lo siento, tengo que irme, mañana tendremos esa conversación tan interesante, ahora no puedo.
—No vaya —y con decisión me acerqué y lo besé en los labios, el chocó con el escritorio tomando los bordes de éste con las manos, sin responder.
Me separó de él con violencia al ver lo que había hecho, pese a que jamás me había correspondido el beso, recorrió con sus orbes negras mi reacción.
—¡¿Qué demonios está haciendo?! —me dijo molesto y me dolió, me sentí avergonzada y dolida.
¿Me enamoré? ¿Con ver que él estaría dispuesto a dar la vida por mí más adelante? no, definitivamente no, pero quería estarlo, de él, solamente de él.
—Lo siento —me disculpé separándome.
Lo vi a los ojos, subí y toque sus mejillas con mis manos, estaba desesperada, no sabía qué otra cosa podía hacer, con las yemas de mis dedos redondeé su rostro, sus labios, sus ojos, su frente, su nariz, no era guapo pero me gustaba y me di cuenta que me parecía muy atractivo, su mirada recorría la mía con curiosidad, me acerqué lentamente y deposité mis labios en los suyos, con sus manos quiso separarme empujando mi cadera lejos de él, pero profundicé el beso tomándole el cabello entre mis manos, poco a poco fue aflojando sus manos y abrió la boca para corresponder mi beso suave, me pidió permiso y su lengua entró en mi boca, sabía a café con licor, me gustó la sensación, me tomó de la cadera y yo del cabello y seguimos besándonos hasta que se separó de mí, en esta ocasión con suavidad.
—Mañana hablaremos de esto señorita Granger, ahora tengo que irme.
—No... no vaya con él, siempre lo apoya, quédese conmigo, vuelva a besarme —le pedí en un susurro.
—Sabe que iré con el Señor Tenebroso y quiere que la bese Granger, ¿le falta sentido común? —me preguntó con burla.
—Yo lo necesito conmigo —iba a replicar de nuevo cuando volvía a besarlo pero esta vez bajando mis manos de su cuello a tocar uno a uno los botones de su levita.
Tócalo me dijo ella, maldición.
Bajé más hasta llegar a la hebilla del cinturón y mi valor Gryffindor que no sé de dónde demonios salió, llegué más abajo justo a esa parte, está excitado, Oh Merlín, yo lo he puesto así, por instinto, quise quitar mi mano pero tenía que hacer lo que ella me había indicado, pero él fue quien se alejó para que no lo tocara, pero sin dejar de besarme.
Un gemido salió de su boca mientras besaba su cuello, empecé a quitarle la levita.
—Granger... —me advirtió.
Me deshice de esa levita y cayó al suelo, continué con la camisa y empezaba a rogar que él continuara porque no tenía el valor para seguir con la otra prenda, al desbrochar la camisa toque su pecho con algunas cicatrices, me observaba extasiado con cada una de mis acciones, quité la camisa y me mostró la marca tenebrosa en su brazo.
—Este es quién soy Granger, un mor-ti-fa-go —me dijo siseando queriendo asustarme.
—Y no le reprocho nada, yo sé quién es —tomé su brazo y le di pequeños besos en todo el antebrazo, en cada centímetro de esa marca, para que viera que lo estaba aceptando con su pasado y su carga.
Al terminar el beso volví a apoderarme de sus labios.
—Quiero ser suya —le pedí y extrañamente deseaba que lo hiciera.
—No sabe lo que dice —me susurró mientras lo besaba detrás de su oído, aunque cada vez notaba que me alejaba más y más de él, gemía un poco pero podía notarlo, me pegué más a su cuerpo hasta volver a sentir esa parte de su cuerpo en mis caderas—, no haga eso Granger.
—Pero si usted quiere y yo también quiero.
—Maldición Granger.
Sin dejarnos de besar entramos a sus aposentos y me recostó sobre la cama, bueno al menos lo que sigue no estaba en mis manos, bajó mis calcetas y me quitó los zapatos y las medias acariciando mis piernas pero sin dejar de besar y besar, bajó mi falda y quedé expuesta, sentí pudor, quise eliminar mi vergüenza deshaciéndome de su cinturón pero no pude.
—¿Necesitas ayuda? —me preguntó burlón una vez que me rendí.
—Sí, creo que sí —sonrió y tomó mi mano para enseñarme como quitar ese candado, fue algo tan erótico que me gustó la forma en que lo hizo, presionando para que sintiera su erección.
—Continúa —me pidió, maldita seas Hermione, me dijiste que él haría el resto, él de cierta forma creía que yo tenía experiencia.
Con temor quité el botón y bajé el zipper del pantalón, sentía su dureza y eso hacía que mi corazón quisiera salirse de mi pecho, bajé un poco y el hizo el resto, no pude verlo, me pondría aún más nerviosa, mis ojos estaban fijos en los suyos. Volvió a tumbarse sobre mí y besó mi cuello con mucha pasión, quitó la corbata con sus dientes, mis ojos se concretaban a analizar el grabado verde esmeralda del techo mientras me quitaba la blusa.
—Negro... me encanta el negro, pero quiero quitártelo todo —dijo pegado a mi oído y yo sólo sentía una presión en mi intimidad que jamás había sentido.
Oh Merlín, eso se escuchó tan provocador.
Con un ágil movimiento me quitó el sostén y observó mis senos.
—Es usted hermosa y deseable, no me había dado cuenta de eso —mordió mi pezón como primer acto y me gustó a pesar de la pena y el nerviosismo.
—Ahhhh —¿gemí? Creo que si fui yo, y me quitó la última prenda, fue recorriendo mis piernas despacio.
Él abrió mis piernas y respiré con dificultad, tenía pánico y deseo... tenía miedo y quería ser amada por él. Frotó su miembro contra mi zona produciéndome un efecto completamente placentero, era una corriente eléctrica, quería más sin saber muy bien qué. Una de sus manos bajó a mi zona y sus ojos brillaron de placer, seguía frotándose conmigo y tocándome con dos dedos.
—Está lista —me dijo mostrándome los dedos húmedos, se los llevó a la boca sonriendo con malicia.
Colocó su miembro en mi entrada y empujo, yo sólo pude sentir el dolor pero ni siquiera estaba completamente dentro, me hice hacia atrás por reflejo, se detuvo en seco al sentir mi barrera y me observó fijamente a los ojos asombrado.
—Es virgen ¿por qué está entregándome esto? No, Granger, no puedo —dijo levantándose y lo apreté con mis piernas provocando otro roce.
—Quiero que usted sea el primero.
—¡Por supuesto que no!
—No me rechace —él no sabía si seguir o no, dudaba, estaba paralizado viéndome y comenzó a retirarse, lo abracé aún más con mis piernas y lo fui empujado.
—Espere, lo haré, pero despacio, no quiero lastimarla —aflojé las piernas y empezó a besar mis senos, mordisqueándolos, apretándolos y lamiéndolos, acariciaba mi cintura y me besaba la boca con tanta calidez, con tanta suavidad, había cambiado la forma de tocarme y sólo así el nerviosismo me abandonó.
Empecé a relajarme y sentí como iba entrando poco a poco, apreté la almohada con fuerza hasta que lo sentí dentro de mí con dolor, con amor, deseo, pasión y placer. Comenzó a moverse despacio contemplando mi rostro, sus vaivenes eran suaves, lentos y delicados, no dejaba de besarme, en mi interior surgió algo, en mi vientre y no sabía qué, todo era tan nuevo para mí, a pesar de que me penetraba con más profundidad seguía siendo delicado conmigo y lágrimas salieron de mis ojos.
—Estoy lastimándola —afirmó deteniéndose.
—No... sigue... es placer —volvió a agarrar confianza y siguió moviéndose... Oh Merlín que delicioso era aquello, pero de pronto quería más, pero cómo iba a pedírselo no quería que se oyera mal—, más... —pedí y me sorprendí de haberlo dicho, me miró extrañado por cómo le dije y más por lo que le pedía, sonrió y me embistió más profundo sin perder la suavidad.
—Granger —gimió en mi cuello, mientras me penetraba más fuerte, levantó mis caderas para que lo sintiera más, entonces sentí un choque, como si hubiera llegado al límite, se contraía mi sexo y él seguía embistiéndome pero un poco más rápido haciendo que disfrutara más de esa sensación—, así... déjate llevar, disfrútalo, deja que te llene tu primer orgasmo, así, —cuando terminé me di cuenta que había estado moviéndome con él, él se salió de mí sonriendo con satisfacción, para al final darme un beso en la frente.
—Usted no terminó —le dije agitada.
—Eso no es importante, era tu momento —me dijo buscando su ropa.
—Quiero más… si… es posible —dije muerta de la vergüenza, él alzó la ceja y sonrió—, quiero darle placer —me atreví a decir.
—Lo disfruté Granger.
Noté que tenía el miembro erecto aún, y lo tomé entre mis manos, él me observó con placer, lo pasé por mi intimidad una y otra vez, hasta que no se contuvo y me penetró, esta vez sin delicadeza, pero estaba tan húmeda que no hubo rastros de dolor.
Me besó en cada rincón de mi cuerpo, penetrándome con fuerza, apreté sus caderas con mis piernas, sintiendo todo ese placer, y cuando casi se venía tocó mi clítoris en círculos para incrementar mi excitación y de pronto me sentí temblar alrededor de su miembro, y sus gemidos aumentaron cuando apretó mis muslos, entonces supe que ahora sí ambos habíamos culminado.
Mi respiración se fue normalizando poco a poco, ¿y ahora qué? Me pregunté, notó mi nerviosismo, por un momento pensé que se vestiría y me pediría que me fuera, pero sólo se recostó a mi lado, me pegué a su pecho con el temor de que me alejara, pero no lo hizo, y así me quedé dormida queriendo decirle que lo quería, que supiera de mis sentimientos, pero no podía al menos por ahora.
...
No sé cuántas horas pasaron después de haberme entregado a él, pero era de madrugada y no lo sentí en la cama, estaba oscuro, estúpida se ha ido, pensé llena de pánico, me di vuelta asustada.
—¿Qué pasa? —me preguntó incómodo, lo vi a un lado de la cama subiéndose el bóxer.
—No se vaya por favor...
—Tranquila Granger, solo voy al baño —me respondió pero yo desconfié de él—, sólo serán un par de minutos —asentí y efectivamente, entró en una puerta negra que había a un lado del closet, regresó a la cama aunque lo noté incómodo con mi presencia, aunque intentaba ser amable—, no voy a irme, duerma... se lo prometo que aquí estaré al amanecer.
—Lo siento.
—No pasa nada, —me recosté hasta quedarme de nuevo dormida.
Pero dormí inquieta y a pesar de todo cumplió su promesa y estaba ahí cuando abrí los ojos, ya estaba levantado y sólo se acomodaba el cuello de la camisa.
—Buenos días —me dijo.
—Buenos días —¿y ahora qué? De nuevo la pregunta rondaba por mi cabeza.
—Ya casi tengo clases, será mejor que nos arreglemos y... vayamos cada uno a... sus deberes —me dijo nervioso e incómodo, lo sabía, si me metía con él de esa forma, no iba a tomarme en serio.
—Vale ¿puedo venir después de la cena? —se quedó pensativo por mucho tiempo.
—Sí, está bien, si quiere venir a las seis ya estoy libre a esa hora.
Cada uno se vistió sin decir nada y nos fuimos a nuestros respectivos deberes aunque lo primero que hice fue ir a mi torre a tomar la poción, después de la comida me fui a mi habitación a bañarme y a eso de las siete fui a verlo, quise darle un beso y con delicadeza puso sus dedos en mis labios.
—¿Qué pasa? ¿He hecho algo mal? —joder, tenía tanto miedo de que me alejara, o me viera como algo insignificante.
—Granger... lo que pasó ayer estuvo mal, me deje llevar, yo no sabía que usted era todavía una señorita, realmente lo lamento.
—¿Va a dejarme?
—¿Perdón? —me dijo alzando la ceja, no estaba enojado más bien lo sentía un poco serio y arrepentido.
—¿Me va a dejar? —Pregunté de una manera ridícula, ya que en ningún momento habíamos empezado algo—, yo le quiero profesor, sé que usted no, pero con el tiempo lo hará, yo sé que puede quererme, yo no me arrepiento de nada, fue el primer hombre en mi vida y quiero que sea el único ¿no puede amar a alguien como yo, a una bruja de padres muggles?
—No es eso, su estatus no me interesa, pero soy muy grande para usted Granger, y no está bien.
—No me importa, por favor no me rechace, deme una oportunidad —estúpida, de pronto comenzaron a salir unas tímidas lágrimas, aunque había luchado porque no salieran.
Se levantó de la silla y se acercó a mí.
—No llore por favor, nadie merece sus lágrimas, mucho menos yo, está bien, lo intentaremos y con el tiempo veremos qué resulta de todo esto —yo sabía que lo hacía por ceder, él creía que con el tiempo yo desistiría.
Lo abracé y después de unos segundos accedió a mi gesto y me estrechó sobre su pecho, rodeando sus brazos mi espalda. Esa noche estuvimos platicando de muchas cosas sin hacer nada pasional, hasta que él lo llamó.
—Esta vez tengo que ir.
—Por favor...
—Escuche Granger, —comenzó a decirme tomando mi mentón—, soy un espía, mi lugar está en la Orden y con el Señor Tenebroso, ahora le soy útil a Dumbledore con Voldemort, tengo que ir, volveré, vaya a su sala común y yo la buscaré.
—¿Qué le va a decir del por qué no fue ayer?
—Que Dumbledore me encomendó una misión especial y no podía negarme o desconfiaría de mí, tranquila no tendré problemas por lo de ayer.
—Esperaré aquí, sea la hora que sea.
Me dio un beso en la frente y desapareció por la chimenea. La noche se me hizo eterna, escuchaba solamente el transcurrir del reloj, pasaba la media noche y no llegaba, por fin apareció pasadas las dos de la mañana.
—¿No se ha ido, Granger? —corrí a abrazarlo, tuve tanto miedo de que no regresara.
—¿Está bien, profesor? ¿Está herido? —le dije revisándolo.
—Estoy bien, le dije que no tendría problemas, vamos a descansar —nos acostamos en la cama pero no dejaba de verme a los ojos—, su amor me intimida.
—¿No cree en él? —le pregunté temerosa.
—Creo en ese amor, pero no estoy seguro de merecerlo, eres tan limpia, inocente, yo no siento ese amor por usted, debo serle sincero, pero me intimida Granger.
—Sé que no me ama, pero eso vendrá con el tiempo.
—Gryffindor tenía que ser —me dijo besándome la frente.
Pero yo quería otra cosa, me subí a sus caderas sin decirle nada, él sonrió y me movió sobre su miembro, entonces lo sentí duro debajo de mí.
—¿No está lastimada?
—Muy poco —le respondí moviéndome suave.
Él sacó su miembro e hizo a un lado mi ropa interior, me tocó unos minutos hasta sentir que ya me había excitado, me subió a sus caderas hasta penetrarme con suavidad.
—Muévete despacio —me dijo él estableciendo el ritmo.
…
Al día siguiente cuando fui a bañarme a mi cuarto ella estaba ahí.
—¿Todo salió bien? —me preguntó.
—Sí me dijo que no tuvo problema con lo de no ir.
—¿Lo hicieron? —asentí— ¿Cómo fue?
—Pues... me trató bien, al principio no entendía nada pero después fue muy delicado conmigo —ella sonrió—. Pero no me ama, me lo dijo.
—Por supuesto que no te ama pero lo hará, tenle paciencia, forzamos las cosas antes de tiempo, pero en su destino esta amarte más que a su propia vida, te amará como no lo ha hecho nunca: no dudes de eso. Tengo que regresar a mi tiempo, pero antes debes saber algo.
—¿Qué?
—Si pasa algo, si a él le ocurre algo no lo dudes toma el giratiempos y regresa pero escúchame muy bien Hermione no debes regresar en el momento en que yo regresé, para que haya un cambio radical la historia debe dejar de ser cíclica porque si no, no cambiarás nada, ¿recuerdas el viaje para salvar a Sirius? Mientras tú desaparecías otra entraba a la habitación, eso no debe ocurrir, siempre regresa en otro momento para que pueda haber realmente una diferencia. Y otra cosa: siempre usa poción anticonceptiva y más si estas en otro tiempo —asentí.
—Gracias... —estar con Severus me llevó a una felicidad que no me imaginaba que tendía algún día.
—Prométeme que si el muere regresaras a salvarlo.
—Lo haré —sonrió y desapareció a su tiempo.
…
Me incorporé en la cama y abrí un cajón sacando un objeto que con mi toque se transformó en el giratiempos, mis manos temblaban, quiero verte Severus... me aguante mis lágrimas y lo regresé a su lugar, jurando no volver a tocar "ese camafeo".
—Perdóname pero no puedo regresar, se lo prometí... no puedo —dije llorando, me pedía perdón a mí misma porque una promesa hecha al hombre que amo era más importante que una promesa hecha a mí misma. No podía regresar en el tiempo, debía dejarlo partir y aceptar que lo nuestro fue hermoso pero ya había acabado, tenía que resignarme.
