CAPÍTULO 3
RECUERDOS TENTADORES II
Hermione
Mi mente se encontraba ausente, parecía estar dentro de un gran túnel negro y sin fondo, no sabía dónde me encontraba, por unos minutos perdí el contacto con la realidad, estaba terriblemente mareada, me incorporé y recordé todo de golpe, la habitación estaba oscura y no sabía qué día era, pero parecía que iba a amanecer, una luz resplandeciente llegó a la puerta de la recamara, fue eso lo que me había despertado, traté de despabilarme para tomar conciencia de lo que sucedía, las pociones que estaba tomando me tenían casi drogada en mis deseos y mis sueños.
Sabía que la forma en que estaba reaccionando no era propiamente normal ni sana para mí, pero me estaba aferrando con todas mis fuerzas a mis promesas, mi fortaleza y convicciones, pero al mismo tiempo no podía evitar extrañar al hombre que amaba, y su repentina muerte me estaba alejando de quien yo era, sólo podía ver la injusticia, los planes por comenzar y todo haber dado un giro repentino sin tregua.
La luz me cegó por unos instantes y creí ver una cierva, me tomé de la orilla de la cama con fuerza, intentando tocarla y ésta se acercó a mi mano con tranquilidad. Suspiré alejándome, tan sólo eran los frutos de un penoso recuerdo, uno muy antiguo, sonreí melancólica, el patronus no era una cierva, no al menos al final.
Escuché la voz de Harry en el fondo y volví a intentar despertarme bien, tenía que alejarlos de mi casa, no podía permitir que ellos vinieran a incordiarme, a invadir el único lugar donde creía tener privacidad y estabilidad, no podía permitir quebrarme de la manera que lo había hecho en el funeral.
—Es el segundo patronus que te mando Hermione, necesito saber que estas bien —dijo con una voz tranquila y pasible, me avergoncé por un momento, pero de nuevo el orgullo llegaba a cada fibra de mi ser, ellos no podían exigirme nada, yo era la única que podía exigir que se me respetara.
—Expecto patronum —convoqué, la nutria apareció y movió la cabeza inquieta, me levanté acercándome a ella, pero caí al suelo sin poderme sostener, ésta se fue desvaneciendo frente a mí, y suspiré mordiéndome el labio—, expecto patromun —la luz parecía salir de mi varita, pero sin lograrlo por completo.
Me di por vencida al cuarto intento, arrojé la varita hacia la puerta y ésta cayó en el pasillo de la estancia, ahora el mal humor invadía mi cuerpo.
—Maldición —suspiré, el ciervo de Harry estaba ahí aún—, dile a Harry que estoy bien, —susurré y éste salió a dar mi mensaje.
Mi mirada quedó fija en la ventana por donde había desaparecido el patronus, sabía que habían transcurrido unos días de su muerte, pero con cada día descubría que no sabía cómo podría superar eso.
…
El frío de la nieve hacia que se me helaran las plantas de los pies, tuve una sensación extraña, una neblina casi invisible que me llenaba ese vacío durante tantos meses en soledad, estaba sentada por fuera de la casa de campaña, mi corazón se incorporó latiendo rápido, reconociendo de nuevo los sentimientos que me mantenían con vida, pero era imposible, él no podía estar ahí. Me incorporé y corrí detrás de la casa, comencé a caminar seguida por mi instinto, hacía frío pero mis deseos eran mucho mayores.
Llegué al final del sendero y atravesé con dificultad entre los árboles.
—Expecto patronum —escuche esa voz fría a unos metros de mí, de la varita salió una nutria que se deslizo hasta quedar frente a mí observándome detenidamente.
Volteé a ver a su creador y vi la sombra negra, su reflejo se plasmó en mi mirada, sólo eso, no habló no dijo nada, solo me contempló con esos diamantes negros que tanto adoraba, subió dos dedos a sus labios pidiéndome que callara, movió en forma circular la varita sobre el patronus y se convirtió en una cierva, me observó una vez más y una neblina negra lo rodeó para desaparecer del lugar, llenándome de seguridad.
…
El patronus tan sólo era otra prueba de lo que él sentía por mí, no me lo decía frecuentemente, para hombres como él, lo que una persona sentía por otra, se demostraba más con hechos que con palabras, y aunque en un inicio él no sentía nada por mí, fue un hombre respetuoso y atento, yo sabía que para él sólo era al accidente de una noche del cual ya no se pudo librar, pero poco a poco se acostumbró a mi presencia, a mi compañía hasta llegar el momento de necesitarme.
Algunos meses después de que me entregara a él, me confesó parte de su pasado, un pasado que me llenó de inseguridad por mucho tiempo, y a continuación me dijo que de alguna manera su patronus había cambiado, para mí eso era magia avanzada y no comprendía, hasta que lo vi hacer el hechizo, él creía que sin ataduras su patronus tomaría el animal que realmente le correspondía, hasta que vio el mío. Creo que en ese punto ni siquiera él mismo sabía lo que sentía por mí.
Admitir sus sentimientos, iba más allá de aceptar que iniciaba una relación con una alumna, y con una menor de edad, era admitir que tenía que luchar por mí, el peligro en el que me tenía, una cosa era pasar las noches conmigo, pero otra fueron los planes, las tímidas peticiones que le hacía, como ir a cenar, pasear, al principio esa cara de negación, pero a pesar de todo él intentaba no lastimarme ni rechazarme, porque sabía el dolor que implicaba eso, con el pasar del tiempo, le dolía no tener una vida normal conmigo, hasta que el amor fue suficiente para acceder a pasear muy temprano algún sábado. De pronto aceptaba y el sábado aparecíamos en algún bosque lejos de todos, él me advertía varias veces que sólo sería una hora, hasta que yo sacaba discretamente algunos bocadillos, él me veía duramente y al final, cedía, como cedió esa noche.
La nutria era un claro recordatorio de tranquilidad, cuando no llegaba por las reuniones con Voldemort llegaba la nutria y susurraba con una voz calmada que sabía me llenaba de paz: Estoy bien, duerme… cuando despiertes estaré ahí. Eso bastaba para acurrucarme en la cama, a veces sentía como llegaba y se acostaba a mí lado sin desvestirse, al principio sólo se acostaba a mi lado, de pronto sentía cómo depositaba un beso en mi frente y susurraba, volví… y me sentía tranquila de que todo marchaba como debería ser.
…
—Acabo de descubrir algo —me dijo inquieto entrando a la recamara.
Esa tarde estaba haciendo los deberes, y buscando todo pretexto para conseguir su compañía, hacia las tareas en sus aposentos.
—Deja eso, te pondré la nota más alta lo sabes.
—Pero...
—No, tengo que mostrarte esto, mejor no, quiero contarte un secreto primero, algo de mi pasado, siempre te ha dado curiosidad esa parte —mi corazón latió de prisa y me acerqué hacia él— cuando yo estudiaba en Hogwarts, tuve una amiga, y me enamoré de ella, pero nunca se lo dije, luego ella se alejó de mí.
—¿Por qué?
—La traté mal, le dije sangre sucia un día en el que estaba enojado — mi mirada se depositó en el suelo avergonzada, él no podía amarme del todo por el estatus de mi sangre, fue lo primero que pensé, entonces él alzó mi barbilla—, no tengo esos prejuicios ahora, estaba enojado, y me dejé llevar, ella no me perdonó, después fue que me uní al Señor tenebroso, por coraje de que no me perdonara y porque terminó enamorada de mi peor enemigo, necesitaba la gloria, el poder, el éxito, así la recuperaría, después en una misión, yo escuché algo, el Señor tenebroso le dio caza a ella y a su familia, en especial a su hijo—iba a decir algo pero me callé cuando creí comprender—.La mató y yo la seguí amando por todos estos años y se reflejaba en mi patronus: era ella, siempre ella.
—Tu cierva—dije triste recordando un par de ocasiones en la que la había visto—, ¿cómo no pude percatarme? ¿Lily Potter?
—Sí.
—¿Por eso cuidas a Harry? ¿Por eso trabajas para la Orden? ¿Por Lily?—mis preguntas empezaron por dudas y llegaron a ser reproches marcados de dolor y celos, el terminó asintiendo y tragué en seco como si me encontrara en un callejón sin salida.
—No... bueno sí... —admitió con temor, nunca habíamos discutido y de pronto quería estallar de cólera y él lo percibía—, cuido a Potter, porque se lo debo a Lily y empecé en la Orden por ella también, no espera Hermione —me dijo tomándome del brazo cuando estaba dispuesta a irme—, es por ti, ella y Potter pasaron a segundo plano, lucho por ti y por tu futuro, para que puedas vivir libre conmigo si tú quieres, tú eres mi prioridad—me levanté herida sin creer una sola palabra, ahí entendí que los celos te pueden transformar por completo—.Granger, estás malinterpretando esto, sabes que no te lastimaría, ven quiero mostrarte algo—me tomó de la cintura mientras yo buscaba alejarme a toda costa—.Expecto patronum—una nutria salió de su varita deslizándose por toda la habitación rodeándonos a los dos, al principio no podía creerlo, y de pronto no pude evitar sonreír—,¿ves? quise mandar un patronus a Albus anoche y no salió la cierva sino la nutria, ahora no hay ataduras con Lily, con mi pasado, ahora toma su verdadera forma —me volteó a ver ilusionado.
—No es eso —dije de pronto viéndolo de frente, por fin, después de tantos meses, yo significaba algo para él.
—¿Cómo?
—No toma su verdadera forma, aunque eso significa que durante meses, mientras compartíamos las noches, tú pensabas en Lily.
—Por supuesto que no, cuando estoy contigo estoy contigo, Granger —dijo de inmediato—, nunca te mentí, te dije que no te ilusionaras, pero que íbamos a intentarlo, cada noche te respeté Granger, no pensaba en nadie mientras estaba contigo, nunca fuiste una aventura ni jugué contigo —me dijo insistente, como si realmente le importara que yo le creyese.
—Eso ya no es importante, ahora ya no la amas.
—No —respondió inseguro al verme sonreír.
—Me amas a mí —le dije firme, él no dijo nada, le costaba más trabajo decírmelo y demostrármelo.
—Hermione yo aún…
—Expecto patronum —susurré y la nutria salió curiosa frente a la otra—. Me amas—repetí mientras él veía asombrado nuestros patronus, no era una pregunta era una afirmación llena de felicidad.
—Lo hago, Granger —admitió—, no sé si es correcto, pero lo hago, ahora tengo que esforzarme para que siga siendo la cierva, nadie puede enterarse de que eres tú la mujer que amo, es una magia mucho más fuerte y requiere mucha concentración hacer cambiar el patronus, debo protegerte. ¿En qué crees que pienso cuando convocó al patronus?
—¿En qué?
—En cada noche que tengo a tu lado —me susurró al oído—, eres lo mejor que me ha pasado en la vida, Granger —y terminamos la conversación en el sillón mientras me confirmaba mil y una vez que aquella noche había hecho lo correcto y que él me amó como a nadie, más que a Lily, más que a todo... como ella me lo había prometido.
Aquella noche me contó todo sobre su amistad con Lily Potter y cómo salieron mal, cómo le pidió a Albus que la protegiera y cómo había estado cuidando de Harry desde entonces, me contó todo menos de la profecía, algo que mi amigo me confesó después de la muerte de Sirius, estaba segura que ahora era yo la dueña del su vida, de sus pensamientos y sus razones para seguir luchando en esa guerra, nunca dudé de su amor pues me lo demostraba con cada acción y con cada palabra.
Salí a la cocina y no había absolutamente nada, tenía que comer, estaba muy mareada por no haberme estado alimentando correctamente, abrí la alacena y encontré cosas que no servían y la caja de cereal parecía servir y comencé a comer las hojuelas solas. Después de eso me fui a la sala y saqué los libros restantes y los fui acomodando en los libreros hasta que las cajas desaparecieron, sacaba artefactos y los iba acomodando en la casa, en la sala, habitación, su laboratorio y al llegar a donde estaban las túnicas mi nariz se impregnó con su olor a hierbas, sándalo, madera y colonia y parecía que sus brazos de nuevo me rodeaban y querían decirme que era mentira, que sólo tenía que despertar para darme cuenta que todo había sido una pesadilla.
Y hubiese sido tan maravilloso poder escuchar eso de sus labios, porque había tantos planes de por medio, observé mi mano donde estaba depositado aquel anillo de compromiso de oro blanco, grueso con un diamante negro en el centro, dentro de él estaba grabado: Svetloba SS la grabación se la había hecho hace tiempo y tuvo que esperar meses para poder dármelo.
…
La noche de la batalla la profesora McGonagall le había dicho cobarde, en cuanto el salió del colegio me separé de mis amigos y fui a las mazmorras, no sabría en qué otro lugar podría encontrarlo, la situación se me hacía crítica y sólo quería que ambos pudiéramos salir de ahí.
—Sabía que vendrías —me dijo tomando mi cara.
—Severus —lo abracé sintiendo como poco a poco el alma regresaba a mi cuerpo—.Dios, tengo miedo.
—No tienes porqué... te estaba esperando, quiero darte algo.
—¿Qué?
—Antes de matar a Albus ¿recuerdas que te dije que quería hacer algo especial?—asentí temerosa—,quería darte esto—entonces sacó de su bolsillo el anillo—,sé que no es el mejor momento pero... te amo y sé que me amas, quiero que seas mi compañera para toda la vida, sé que eres joven pero al terminar todo esto y cuando estés lista…
—Sí—lo interrumpí emocionada, puso el anillo sobre mi dedo y se tomó el brazo con dolor, de nuevo él llamándolo—,ve... búscame en la batalla, estaré esperándote.
—Siempre has sido tan comprensiva con esto que hago.
—Te acepté con tu pasado y con la carga de éste.
—Esta vez será la última que tenga que acudir a él, después tu y yo nos tomaremos un tiempo juntos, sin escondites, te daré tu lugar, el lugar que te mereces y no pude darte todo este tiempo—asentí ilusionada y lo besé—,tengo que ir, te buscaré cuando acabe.
—Cuídate —y desapareció en esa nube negra.
…
Esa fue la última vez que fuimos felices y conscientes de que teníamos un futuro por delante, y por unas horas me ilusioné en todo lo que podíamos tener por delante, pensé que podíamos irnos en cuánto terminara, buscar a mis padres, irnos lejos a Italia, empezar otra vez sin miedos, y después de eso solo pude sostener su mano para verlo morir.
¿Cuál fue exactamente el problema?Si se supone que ella había venido del futuro para impedir aquello, para evitarme ese increíble dolor, fui esa noche e impedí que fuera a la reunión y desconfiaran de él, tenía que volver en el tiempo y cambiar algo de esa noche, pero él me ataba a la realidad, a que no debía dejarme vencer por la tentación e ir para impedir que muriera.
Lo echaba tanto de menos, después de meses de no verlo, de no estar juntos lo único que esperaba era acabar con la maldita guerra e irnos juntos pero no, la vida nos traía una sorpresa, muchos podían morir ¿pero él?
¿Qué extrañaría más de él? su esencia, su aroma, su voz, sus brazos, su calidez, el cariño que sutilmente me demostraba, y en medio del sueño me decía palabras hermosas ¿Quién diría que Severus Snape daría todo por una mujer como yo? Nadie me creería que él cambio y dejó todo por mí, que comenzó a vivir y ser feliz, y sonreía sólo a mí.
…
Cuando las noches más oscuras y frías llegaban, no podía evitar bajar a sus aposentos, si él estaba ahí abría la puerta y se hacía a un lado, pasaba cerca de su cuerpo, buscando una caricia, pero no la obtenía, nuestros cuerpos rozaban cuando cruzaba la estancia, y él se inclinaba hacía mí y olía mi cabello, podía sentirlo casi en mi cuello, y para mí la ausencia de una caricia lo valía, era un acto íntimo que adoraba.
Había noches donde lo veía redactar pergaminos enteros, entonces preparaba un café y se lo dejaba sobre el escritorio, él tocaba mi cintura y besaba mi vientre despacio.
—Esto me tomará toda la noche —me decía por fin—, ¿quieres quedarte aun así, Granger?
Yo no respondía, sólo asentía y él me señalaba la cama, me despojaba de mi uniforme y usaba alguna camisa que encontrara en un cajón, él dejaba de escribir y me pedía que me acercara, con fuerza me depositaba en sus piernas y las acariciaba.
—Vas a distraerme de mis deberes.
—Sólo dormiré —respondía inocentemente, él besaba mi frente e intentaba alejarse de mí—, ¿es muy importante lo que hace? —pregunté viendo los pergaminos pudiendo ver que estaba escribiendo en francés y otro en lo que parecía ser ruso, él los cubrió y me alzó para ir a la cama—, ¿hice algo mal?
—Entre menos información tenga usted, estará más segura —me dijo cuándo me dejó caer en la cama.
—¿Importa mi seguridad? —cuestioné con valentía, él se puso serio.
—Por supuesto que sí, a mí me importa, sé que usted idealiza un amor pero…
—Esto es más de lo que esperaba —confesé, me metí a las sábanas y él se quedó en silencio, lo besé con pasión y después de besarnos él se separó de mí a regañadientes.
—Mañana ven temprano —siseó para regresar a escribir.
Sí, había noches tranquilas como esas, él creía que para mí no significaban nada, pero poco a poco formaban algo que yo en mi mente construía poco a poco. Había noches donde terminaba adolorida, sudando sobre de él, otras donde sólo dormía y otros en soledad donde él no regresaba, donde yo conciliaba el sueño rogando que se encontrara a salvo.
En esas noches oscuras, al volver sólo sentía su cuerpo caer a la cama, me pegaba a él y me recibía con un suspiro, no me amaba, yo lo sabía, y sin embargo, siempre lo tenía para mí. Hubo una noche donde dormía, los exámenes eran difíciles, las horas de estudio eran largas, y cuando llegué a sus aposentos sólo me dejé caer sobre la cama rendida, no sé en qué momento llegó él, sentí que me quitó el cabello del rostro, pero estaba muy cansada para hablar, me doblé dispuesta a dormir, sentí las sábanas sobre mi cuerpo y cómo apagó la luz, me dio un beso en la frente y lo escuché por primera vez.
—Svetloba —susurró.
Abrí los ojos, y cuando lo vi noté que él sonreía.
—¿Qué es eso?
—Creí que dormías.
—¿Qué significa?
—Nada, sólo es… la construcción de un hechizo.
—¿Qué hechizo?
—Te lo diré cuando lo termine, todavía no.
Ahora el "hechizo quedó grabado en aquel anillo" un hechizo que jamás llegaría a ser realidad.
…
Y ahora medio mundo mágico cree que me volví loca por andar con un mortífago, pero no me interesa, cuando decidí estar con él sabía quién era y lo que hacía y lo acepté, nunca le volví a pedir que no fuera a las reuniones o misiones, lo veía partir y me quedaba esperando a que volviera, unas veces me quedaba dormida y sentía que llegaba dándome un beso, otras no volvía y me rompía en pedazos hasta volverlo a ver.
Recuerdo una vez que no volvió en cinco días, yo iba caminando por el pasillo y lo escuché restando puntos, lo vi y me quede inmóvil, me vio, casi me arrojé a él, esperé a que los corriera a todos, para abrazarme a él, él correspondió a mi gesto, pero intentó separarme de inmediato, nos van a ver, te mande el patronus te dije que estaba bien y que volvería, Hermione alguien viene... te veo en mis aposentos.
Pero en cambio había noches tan tranquilas donde estando dormidos tenía que partir... lo mejor de la vida fue cuando me decía que me amaba... sin duda es lo que más extrañaré de él.
…
Habían pasado algunos meses desde aquella noche, y todo marchaba bien, al principio traté de darle su espacio y el tiempo, para que asimilara lo que sentía por él, pero yo seguía buscándolo en la intimidad y él me respondía siempre, como un caballero, siempre me trató bien y con delicadeza, en ocasiones le decía que lo amaba, al principio él sólo me decía lo hermosa que era y lo mucho que me deseaba, después pasamos al "te tengo cariño" y después al "te quiero", sabía que no tardaba en decirme algo más profundo y que no tenía duda que ocurriría.
Hubo unos días de exámenes donde técnicamente lo veía en clases y no iba por la noche, fue entonces donde él me buscaba, pero no solamente para hacer el amor sino para hacernos compañía, fue cuando me dijo que podía usar sus aposentos cuanto yo quisiera, los libros y todo lo que pudiera necesitar, además tenía ahí a un profesor que podía aclararme todas mis dudas, y sabía por qué lo hacía, y era porque no podía verlo, en cambio durmiendo ahí, me tenía todo el tiempo. Sabía entonces que yo no le era indiferente y que llegaba a necesitarme.
Aquel día estaba en su recamara, yo me la pasaba ahí después que pasaban las siete de la noche, tenía todos los libros que necesitaba y lugar privado para hacer mis deberes, ya casi terminaba y él casi llegaba después de terminar su última clase con los de segundo año. Abrió la puerta y se quitó la túnica, se acercó a mí y me dio un beso en los labios.
—¿Qué haces?—preguntó sentándose en un sillón.
—Estoy terminando con los deberes de Defensa, Umbrigde es una idiota.
—Apoyo esa idea—se quedó sentado sin hacer nada, me observaba podía sentir su mirada sobre mí y volteé a verlo y efectivamente estaba observándome.
—¿Qué pasa? —le pregunté nerviosa.
—Nada, es que me gusta cómo te ves al final del día, con tu pelo rebelde armando una guerra, con tu camisa desfajada y aquel botón desabrochado, la corbata completamente fuera de su lugar y descalza en mi habitación, adoro verte así natural y siendo tu misma conmigo—me sonrojé con sus palabras, la situación entre él y yo mejoró bastante, aceptó mi amor y mi compañía, no me amaba pero me decía cosas hermosas a veces, era atento, educado, me ayudaba a los deberes cuando no entendía y casi vivía con él en las mazmorras, ya que dormía sola nadie se percataba de mi ausencia.
—Gracias—regresé a mis deberes al natural y seguía observándome, lo sentía y me ponía nerviosa.
—Te amo —lo dijo así... sorpresivamente, sin esperarlo, sin más ni menos. Lo vi y estaba sonriendo observando mis reacción—,realmente te amo, no sé cómo pero tenías razón, con el tiempo iba a hacerlo pero no me imaginé que lo lograrás tan rápido, eres una mujer que no se puede no amar, —se acercó a mí y se puso en cuclillas—, salgamos de Hogwarts, es demasiado estúpido, hemos estado durmiendo por meses, sin que yo… fuera formal contigo, pero quiero invitarte a salir.
—Pero nos pueden ver.
—En otra ciudad no,—sonreí y lo abracé efusivamente, ella tenía razón iba a amarme—, voy a dedicarme a hacerte feliz cada día de mi vida, te juro que nunca te dejaré.
…
Ese fue su primer te amo, nunca me dejo, no de la manera cruel, me dejó por cuestión de las circunstancias y del estúpido destino.
Maldito ciervo, de nuevo Potter, lo corrí sin escuchar el mensaje, no me interesaba saber lo que quieren. Me levanté para ir al laboratorio y recorrer con mis dedos las mesas, los calderos llenos de polvo, pero a lo que vengo, entré al armario de pociones a buscar la que necesito, tiré los frascos buscando desesperadamente la poción que había estado tomando y no encontré nada, había terminado con ellas, tiré varios estantes con coraje y me dejé caer en rendición.
—Te extraño, no sé cuánto tiempo voy a aguantar así separada de ti, ese maldito giratiempos es mi tortura Severus, es como una droga, cada minuto me incita a tomarlo y usarlo como se lo prometí a ella, no puedo romperlo pero tampoco puedo usarlo, estoy cayendo en un precipicio, me dejaste tan sola con un anillo que me recuerda a ti y lo mucho que nos amamos ¿cómo voy a empezar de nuevo? —dije todo eso con lágrimas en mis ojos tratando de buscar la forma de salir de esa tristeza, pero sus palabras me mataban.
Observé mis piernas desnudas, recordando las miles de veces que fueron acariciadas por sus manos, el camisón corto lo llevo abierto dejando ver la lencería negra... la que tanto le gustaba, seguí llorando y me percaté de un frasco que no se rompió con un líquido negro, lo tomé y lo destapé para dejarme llevar por su atrayente olor, mi corazón latió con fuerza, una emoción creció en mi pecho sin darme cuenta—, te prometí no regresar en el tiempo, pero no te prometí no ir tras de ti, —tomé el líquido sin pensar sintiendo la lengua helada y como iba bajando por mi esófago.
Solo quiero estar contigo...
Harry Potter
—Basta, —me dijo Ron levantándose de la sala de su casa—, tres patronus a los cuales ha ignorado rotundamente, vamos a ver si está bien —sabía que tenía razón, pero quería darle tiempo para estar sola, respectar su dolor.
—Sí, vamos, toma mi mano, Snape me dijo dónde estaba esa casa, —nos aparecimos en una calle solitaria.
Algunos niños jugaban en la bicicleta, mientras sus madres vigilaban sus pasos, la casa era modesta de un solo piso con dos pequeñas ventanas pero tenían las cortinas cerradas, en la entrada había un pequeño jardín descuidado que demostraba el tiempo en que había estado abandonada, tocamos un par de veces pero sino habíamos tenido suerte con los patronus, eso parecía imposible.
—Alohomora —la puerta quedó abierta y ninguna luz estaba encendida.
—No parece estar aquí Harry, ¿Hermione? —nadie respondió y me dio pánico, si ella no estaba ahí le habría fallado a Snape y había pecado de ingenuo.
—Homenum revelio —el hechizo resultó más que efectivo—, esta aquí, quizás dormida en la habitación— recorrimos la estancia, había cajas vacías, túnicas en el piso, una fotografía en el suelo, era tan raro verlo así al profesor Snape, nos acercamos al pasillo y solamente habían tres habitaciones, el baño estaba abierto y ella no estaba ahí obviamente.
Entramos a la recamara y estaba completamente oscura con la cama destendida y el edredón negro casi en el piso, pero ella no se encontraba ahí.
—¿Hermione? —nadie respondía— Ron... ve al patio quizás esté ahí.
—Vale, tu revisa la otra habitación, —entré al otro cuarto y estaba abierto, parecía ser el laboratorio de Snape, al final se encontraba una puerta y me acerqué a ella pudiendo ver los pies de Hermione, me acerqué despacio y la vi tendida en el piso con pociones regadas—, ¿Hermione? —pensé que se había caído peo observé el lugar mejor, ella estaba como dormida, estaba casi desnuda, se le veía la ropa interior negra y un camisón negro muy corto con las cintas sueltas, sobre la mano tenía un frasco y me lo llevé a la nariz dejándome llevar por su atrayente olor y mi corazón se detuvo —, RON, RON LA ENCONTRÉ —la tome en los brazos y corrí hacia afuera con ella.
—¿Qué pasó? —llegó también corriendo.
—Activa la chimenea, ingirió veneno, llevémosla a San Mungo.
Llegamos al hospital de los magos en poco tiempo y fue atendida por un medimago de edad avanzada que juraban era el mejor que tenía Londres, la espera me estaba matando, le juré protegerla y tres días después ella estaba batiéndose entre la vida y la muerte. Después de más de media hora salía el medimago.
—¿Cómo está?
—La logramos estabilizar, no tenía mucho con el veneno así que no daño nada internamente, está dormida por el momento, pueden llevársela hoy mismo pero les recomiendo no dejarla sola, la guerra alteró a mucha gente y al parecer ella sufrió mucho.
—Su prometido murió en la guerra.
—Lo lamento, ¿era su única familia?
—No, tiene a sus padres y a nosotros —le dije señalándole a Ron y a mí.
—No la dejen sola.
—¿Puedo entrar a verla?
—Solo uno a la vez —dijo el medimago retirándose.
—Ve Harry, yo pasaré después si quieres, —asentí y la vi completamente pálida, muy delgada y tan delicada, me senté a un lado de la cama y le acaricié la mano que estaba completamente fría.
—Deme una señal profesor, me pidió cuidarla y hacerla feliz pero no me dijo cómo, por Merlín ayúdeme porque ella no quiere.
…
En los recuerdos el profesor se encontraba sentado en sus habitaciones privadas, su voz era fría, llena de seriedad, y podía notar cierto atisbo de tristeza.
—Ya sabe la verdad que rodea su vida Potter, he intentado ayudarlo hasta donde mis posibilidades alcanzaron, ahora, necesito que me ayude a mí, —me dijo titubeante, algo que jamás había escuchado en él—, una noche llegó ella y cambió mi vida, iba en quinto curso, llegó con sus ojos castaños radiantes, pidiéndome que no la dejara sola, yo no sentía nada por ella, pero su mirada e insistencia me paralizaron, desde ese momento sabía que no podía lastimarla, su amor me intimidó, fui un egoísta y acepté lo que ella me daba, hay días en los que me pregunto si hice lo correcto, cambió mi oscuridad y mi soledad por su compañía, la amé con el tiempo, la amé más que a tu madre, si algo me pasa quiero que cuide de ella, te necesitará... antes de que comenzará esta guerra intenté llevármela pero todo me salió mal, iba a ser su fidelio, no quería que le pesará nada, pero no pude ocultarla... lo importante es que ella está a salvo ahora, ella fue mi motor y mi objetivo principal para hacer todo lo que hice, Potter hay una caja en mis aposentos a un lado de la cama, ahí está la dirección donde se encuentran sus padres, búsquelos, está también mi testamento, todo es de ella, ¿Ya sabe de quién le estoy hablando Potter? Si no lo sabe es un idiota: Hermione Granger —todo eso que me tomo por sorpresa—. Le compré una casa la dirección también esté en la caja, ella va a sufrir si muero, busque su felicidad, sea cual sea búscala y désela, dele tiempo para que se reponga, pero no la deje caer, —los ojos del director bajaron y sus orbes negras parecieron terriblemente cansadas y tristes—, tiene un camafeo, escóndalo que ella nunca lo encuentre—me pidió con dolor, como si con ello la vida se escapara más rápido de sus manos, la silueta del profesor Snape devastado desapareció y salí del pensadero.
…
Recuerdo palabra por palabra de lo que me dijo Snape y al principio fue difícil de entender pero ahora ver a mi mejor amiga tendida en una cama por haberse querido quitar la vida fue algo que no lograba asimilar, no sabía cómo levantarla, cómo explicarle que debía seguir adelante si yo no había perdido a quien amo en la guerra, y la persona que más merecía sobrevivir y tener una segunda oportunidad se ha ido dejándola a ella completamente sola.
Salí de la habitación y Ron entró a verla mientras yo me comunicaba con los padres de Hermione, fui por ellos mediante aparición y active su chimenea para poder ir a San Mungo.
—Pero por qué está aquí ¿qué fue lo que pasó? —me preguntaba su padre mientras corríamos a la habitación de Hermione.
—Quisiera hablar con ustedes antes de entrar a verla, —los dos se detuvieron al escuchar la seriedad de mi voz.
—¿Qué pasa?
—Necesito que comprendan y entiendan por lo que pasa Hermione, no la juzguen, estuvo con el profesor Snape durante tres años, estaban comprometidos y tenían muchos planes, ella lo amaba más que a nada y sé que él hubiera dado la vida por ella si se lo hubieran pedido, él intento llevársela antes de que estallara la guerra, quiso ocultarla pero no tuvo tiempo... está destrozada... —no sabía cómo decirles aquello—, ingirió veneno... quiso matarse —su madre comenzó a llorar mientras su esposo la abrazaba.
—¿Podemos verla? —asentí y entramos todos ya que una vez despierta ya podíamos llevárnosla a casa.
Ella acababa de despertar cuando entramos.
—¿Harry? —me dijo.
—Tranquila Herms, aquí estoy, vine con tus padres —ella los observó con temor.
—Lo siento mamá.
—No llores cariño no pasa nada.
Después de algunas horas pude conseguir el alta del medimago, y sabía que se avecinaba un momento difícil entre todos.
—Hermione ya podemos irnos, tus padres traen algo de ropa, cámbiate y te esperamos afuera de la habitación ¿está bien?
—Sí, gracias —nos salimos y ya en las chimeneas comenzó el problema—, gracias Harry, no sé en qué estaba pensando... no es necesario que me acompañes a la casa puedo ir vía chimenea.
—Tú te vas a ir con nosotros a la casa hija, —le dijo su mamá.
—Mamá, yo tengo una casa, mi hogar esta allá.
—No hija, tu mamá tiene razón, vas a quedarte con nosotros en lo que pasas tu duelo.
—Pero...
—Hermione tus padres tienen razón, quédate con ellos e iremos seguido a visitarte, puedes ir a pasar algún fin de semana a La Madriguera o a Grimmauld Place con Harry, no te dejaremos sola. —Le dijo Ron asustado.
—Vale... como quieran —y se fue furiosa hacia las chimeneas.
…
Había pasado un mes y medio y Hermione se negaba a hablar conmigo o Ron, ella había pasado de la tristeza a la ira, esa noche los señores Granger tenían el día apretado y fui a hacerle compañía a Hermione. Llegué poco antes de la hora de la comida.
—Buenas tardes señores Granger.
—Buenas tardes Harry —me respondieron al mismo tiempo.
—¿Cómo sigue Hermione?
—Igual, a penas come, casi nunca sale de su habitación y no nos habla, le insistimos en que estudiara algo pero dijo que no quería hacer nada.
—¿Puedo subir a verla?
—Claro sube —subí las escaleras y toqué en su habitación pero nadie me respondió, volví a hacerlo y nada.
—Voy a pasar Hermione —le avisé, entré y estaba acostada viendo el techo, no había estado llorando pero tampoco se dignó a verme—, vine a pasar la tarde contigo.
—A vigilarme más bien.
—No lo veas de esa forma, hace mucho que no conversamos, —le dije sentándome cerca de ella, buscando desesperadamente desviar su atención.
—Nos vamos hija, llegamos lo más pronto que podamos, —le dijo su mamá y Hermione solo asintió.
—¿Quieres ir a la Madriguera, Ginny te extraña mucho y Ron quiso venir pero el departamento de aurores solo me permitió faltar a mí.
—Harry no quiero ser grosera, pero quisiera estar sola, ¿podrías cuidarme desde la sala? Puedes llevarte mi varita si quieres.
—Hermione le prometí a Snape que cuidaría de ti y que te haría feliz, haría lo que fuera.
—¿En serio harías lo que fuera? —me preguntó sin verme, tan sólo con sus ojos cristalinos al escuchar el nombre del profesor.
—Pídeme lo que tú quieras.
—Regrésame a Severus, —fue lo único que dijo toda la tarde antes de derramar una y otra y otra lágrima silenciosa, no se movió de posición, no hizo otra cosa más que esa: llorar y acariciar su anillo de compromiso.
