CAPÍTULO 4

INTENTANDO VIVIR SIN TI

Hermione

Los meses fueron pasando lentamente, la situación en mi casa era insoportable pero no me dejaban marcharme a casa y ni siquiera tenía la fuerza para hacerlo. Harry llamaba seguido pero rara vez accedía a tomar sus llamadas, por supuesto iba a visitarme, me hacia la dormida, optó por las llamadas telefónicas, y eso resultaba más sencillo de ignorar.

Estaba tan alejada del mundo mágico que me daba pánico ir al Callejón Diagón, o a la casa que me había comprado Severus, cualquier posibilidad de regresar a mi vida me llenaba de pánico, la única idea que tenía en mi cabeza era irme a Italia, pero mientras mi familia me mantenía encerrada y mi temor a ir a Gringotts por dinero, no podría salir de casa.

Los golpes en la puerta me hicieron levantar asustada, pero recobré la compostura de inmediato, mi madre entró a la habitación con calma, sonriéndome como si fuera a darme la peor noticia de mi vida.

Cielo, ¿qué te parece si vamos al teatro esta noche? Sólo tú y yo, —me preguntó mi madre, yo suspiré y me acosté de nuevo.

¿Tú irías al teatro si papá muriera? —mi pregunta la dejó callada, no solamente por el tipo de respuesta que había dado, sino por el tono que había empleado—, ¿qué no entienden ustedes mamá? Para poder explicárselos mejor, el hombre que amaba se murió mamá, en mis brazos, ¿ves esto? —le mostré mi mano—, me lo dio minutos antes de morir, me pidió matrimonio y ¿quieres que vaya al maldito teatro?

Hija, necesitas salir, llevas seis meses encerrada aquí, a penas comes, dime Hermione ¿cuándo fue la última vez que tomaste un baño? ¿La última vez que te maquillaste? ¿O comiste tu postre favorito? Ni siquiera tomas un libro con lo mucho que amabas leer... ¿él merecía tu amor hija? ¿Es merecedor de que estés muerta en vida ahora? —sus palabras me confundieron y volteé a verla furiosa.

El merecía mi amor, mi confianza, mi respeto ¿por qué preguntas eso?

Porque los días que estuvimos en el mundo mágico en el periódico ese no hacía otra cosa que no bajarlo de asesino, de mortífago, de un hombre cruel y manipulador, según leí él mató a Dumbledore y... decía que fue tan hábil para enredar a una jovencita —cuando escuché eso no pude evitar que mis ojos se llevaran de lágrimas, sin la posibilidad de refutar y defender lo que estaban diciendo a mis espaldas—, se burlaron de ti, todo el mundo mágico porque te autonombraste su viuda, sin serlo, para ellos sólo fuiste una aventura, Hermione.

Vete mamá, —le exigí sin que ella me viera llorar—, si tú que se supone eres mi madre no me entiendes ¿cómo esperas que los demás lo hagan? —se lo dije claro, calmada y sin llorar—, él luchó en esa guerra para que a mí no me pasará nada, me protegió, me amó y le creo en todo y no me interesa lo que el mundo mágico piense de él, quiero estar sola, si tanto te molesta mi depresión déjame ir a la casa de mi ES-PO-SO —me levanté y le abrí la puerta en señal de que quería que se marchara.

No sé qué hacer Hermione.

No hagas nada mamá, —terminé de decirle antes de cerrar la puerta.

Cuando logré que ella me dejara tranquila azoté con fuerza, tenía tanta rabia guardada dentro de mí, si Harry había limpiado su nombre cómo era posible que salieran esas notas, por primera vez pensé que aunque no supiera qué me deparaba en mi futuro, el mundo mágico no era una opción para mí.

Casi habían pasado las vacaciones de verano, el clima era muy húmedo y lúgubre, la guerra había comenzado, casi tenía que marcharme a la Madriguera con los Weasley y Harry. Me encontraba comprando ropa muggle abrigadora para lo que nos esperaba, terminaba de pagar cuando una sombra negra llamó mi atención, era él vestido de muggle.

¿Eso es todo señorita?—me preguntó la dependienta.

Sí, eso es todo, gracias, —guardé mis cosas y me acerqué abrazándolo sin importar lo que pensara el centro comercial entero—, creí que no te vería más.

Maté a Albus—me dijo lleno de culpabilidad.

Lo sé.

¿No me odias por eso?—se separó de mí esperando la respuesta viéndome a los ojos, temeroso de que algo hubiera cambiado.

No, claro que no, yo confío en ti y sé que lo que hagas es por algo, por nosotros.

Nunca voy a entender la forma en que me amas.

¿Viniste a despedirte verdad?—asintió con dolor, y me asusté a pesar de que sabía perfectamente que teníamos que separarnos—.Pasemos la noche juntos, la última.

¿Y tus padres?

Les diré que iré con Ginny, espérame aquí, llegaré en media hora, —llegué a casa y le avisé a mi madre, me cambié de ropa, me arreglé un poco y volví a llegar con Severus.

Nos transportamos a la casa que me había comprado.

Hermione... quiero que te quedes en esta casa —a penas habíamos llegado y sus palabras fueron un balde de agua fría—,antes de matar a Albus pensaba traerte aquí pero no es tarde, te quedarás y seré tu fidelio, ya habíamos hablado de esto ¿lo recuerdas? Y accediste a que te ocultará en lo que termina todo esto.

Porque nada te niego Severus, pero ahora es distinto.

¿Y por qué si se puede saber? —me preguntó tranquilo.

Porque creí que todo se concretaba en matar a Voldemort pero...

¿Tu sabes lo que Albus hablaba con Potter verdad? ¿Qué es lo que tiene que hacer? —me preguntó asustado, y yo temí decirle, no porque desconfiara sino porque él entonces sabría que no sería fácil la misión y se opondría a dejarme ir.

Horrocrux... siete —en su mirada pude ver el miedo y la negativa.

No, tú no vas a ir —dijo determinante.

Severus... tengo que ir...

Pues claro si eres el cerebro del grupo... al final terminaré aceptando, debo hacerlo como tú aceptaste mi trabajo de mortífago... si te pasa algo no podré perdonármelo.

No va a pasarme nada pero quiero que me prometas que vas a cuidarte tú también.

Lo haré, estaremos juntos al terminar toda esta guerra, te lo prometo, —nos entregamos a besos poco a poco.

Lo primero en caer fue mi vestido rosa cuando él bajó la cremallera, la lencería era del mismo color pero al final eso no importaba, me seguía viendo con deseo, me subió a sus caderas y entramos a la habitación, tropezó con la puerta y el tocador al entrar a la recámara, y con dificultades llegamos a la cama, en el camino quedaron zapatos, su camisa y mi sostén.

Quiero amarte toda la noche.

No me iré hasta el amanecer Severus — se levantó para quitarse el pantalón y los bóxer pudiendo ver sin pudor alguno su miembro erecto, llenándome de placer con tan solo verlo, me encantaba ver cómo se desvestía era el acto más erótico que podía hacer, ya que al hacerlo no hacía otra cosa que verme con tanta pasión que me descontrolaba mis sentidos.

Se acercó a mí y me besó despacio los labios, bajando a mis senos y besarlos ampliamente a sus deseos y caprichos mientras bajaba su mano a ver cómo iban funcionando sus juegos preliminares, abrió espacio entre mis labios e introdujo un dedo.

Te enciendes con tanta facilidad —hizo a un lado la pequeña braga rosa, nos deseábamos tanto que no esperamos nada más.

Imposible no hacerlo —Le dije tocando su pecho mientras era penetrada aún con la ropa interior, me mordí el labio sintiendo cómo entraba—, oh... como te extrañé.

Y yo a ti, quiero hacértelo suave esta noche— su voz tan llena de amor y lujuria bastó para que hiciéramos el amor así, sin preocuparnos por el mañana, por la guerra y porque se supone éramos enemigos.

Me moví despacio al compás con él, tomando su cabello, besaba su cuello y él besando el mío tomando mis caderas para poder sentir más la penetración, esa noche duró más de lo normal por lo despacio y suave de los vaivenes, no decíamos nada, no era necesario, podíamos romper algo si decíamos cualquier cosa, sólo se escuchaban nuestras agitadas respiraciones, sus gruñidos de placer y mis gemidos cuando llegaba al orgasmo llenándose de felicidad de lo mucho que él provocaba en mi cuando estábamos en la intimidad. Terminó en mí, besando mis labios una y otra vez diciéndome lo mucho que me amaba, me extendí para tomar la poción anticonceptiva.

Un día dejaras de tomar esa poción y vamos a hacer uno de nuestros sueños realidad—dijo con seriedad, hijos, ambos deseábamos eso algún día, nos dimos un descanso, abrazados en la cama.

Sabes que si... hace un momento dijiste que no entendías la forma en que te amaba —él asintió sin tomarle importancia, y de pronto después de tantos años creí que él debía saber aquel secreto que durante tanto tiempo yo había ocultado—, antes de separarnos quiero contarte un secreto... nunca te lo conté pero el amor que siento por ti no creció con el tiempo sino en pocos días.

No te entiendo.

Dos noches antes de entregarme a ti llegó alguien a verme... alguien del futuro —logré captar su atención al cien por ciento—, me dijo que debía detenerte aquella noche porque pasaría algo que pondría en duda tu lealtad y terminarías muerto dos años más adelante, ella estaba destrozada... ustedes se habían comprometido, debía de tener unos 18 años y me mostró un recuerdo...

Espera un momento... ¿te entregaste a mí sólo para detenerme?—me preguntó atónito, asentí y el alzó la ceja como si estuviera diciendo una locura—, ¿por qué no me dijiste mejor? —se calló cuando descubrió lo absurdo de su pregunta.

Intenté que me castigaras pero cancelaste el castigo esa noche, ella, o sea… oh debo decírtelo, la visita del futuro fue mía —él suspiró incómodo—, se enfureció y me dijo que si tenía que meterme en tu cama para evitar que fueras que lo hiciera, que tarde o temprano pasaría.

En ocasiones actúas precipitadamente, te metiste en la cama de un profesor mayor de edad sólo por…

Por amor, Severus vi esos recuerdos, ella me aseguró que estaría segura a tú lado, de alguna forma su intervención, el hablar conmigo, compartimos algo más que recuerdos, yo te amé al verte morir, yo no tuve miedo, sabía que me amarías y que estaba segura a tu lado —le confesé.

Granger —suspiró abrazándome.

Ella me dio la idea de seducirte, pero cuando insistías en irte a esa misión, me acordaba de aquel recuerdo y me llenaba de miedo, no quería que te pasara nada, no te tenía y no quería perderte... y me di cuenta que al ver en aquel recuerdo como te amaba y cómo me amabas, yo quería ese amor para mí, entonces comencé a amarte en verdad... mi miedo era que al entregarme a ti no me tomaras en serio o no llegaras a amarme bien.

Perdóname, sé que al principio no te di el lugar que merecías, yo no sentía lo mismo por ti, y busqué a toda costa no lastimarte.

Lo sé, te dije que con el tiempo me amarías.

¿Qué viste en ese recuerdo?

Estaba con Harry y los chicos, mortífagos nos rodearon y tú peleabas con ellos pero empecé a perder el control y peleaste a mi lado, ahí ellos descubrieron tu lealtad, un mortífago me arrojó una maldición y me metiste para recibirla por mí... y mueres en mis brazos, cuando insististe en irte aquella noche creí que iba a fallar y te perdería sin habernos amado.

Gracias por haberlo hecho, eres lo más importante que tengo y no olvides: yo daría mi vida por ti —me dijo viéndome a los ojos con nuestros pechos desnudos pegados uno al otro.

No digas eso... yo no sabría vivir sin ti, lo sé, por eso ella me dijo que si algo pasaba regresara para impedir que murieras.

Es una locura Hermione, sufrirías de igual manera, no hablemos de eso, estamos juntos que es lo que importa ¿dónde tienes el giratiempos?

Aquí, — abrí el cajón y le extendí aquella cadena de oro.

Lo hechizaste.

Sí.

... nadie en la vida ama como tu... y eres completamente correspondida de igual forma—me empezó a besar y sentía su excitación crecer en mis muslos, me subí inquieta hasta sentirlo dentro de mí.

Nadie entenderá que él me amaba, y creo que ya ni siquiera pretendo que crean, mi madre no lo hace, creo que el único plenamente sincero es Harry, a veces Ron y Ginny pero tantos y tantos siguen creyendo que él es un cobarde y no ha habido hombre más valiente que él.

Un día me levanté y me di cuenta que no llevaba el anillo de compromiso, me levanté y lo busqué entre las cobijas, en el suelo y salí furiosa de la habitación, mi madre estaba hablando en el pasillo con mi padre y por la cara que habían puesto casi podía adivinar que yo era el tema de dicha conversación.

¿Dónde está el anillo? —les pregunté.

¿Cuál anillo hija? —me preguntó mi madre.

No me hagan perder el tiempo, saben que hablo del anillo de compromiso.

Hija, tu madre y yo hemos hablado y creo que ese anillo te hace mal, sólo te pasas el día viéndolo, es mejor que te lo quites por un tiempo en lo que superas tu duelo.

Denme el anillo ahora.

Lo siento hija pero no lo haremos.

No me obliguen —les dije apuntándolos con la varita sin pensar—, háganlo... regrésenme el anillo, no quiero dañarlos.

Hija...

Accio anillo —muchos anillos cayeron a mis pies, me agache a revolverlos hasta encontrar el mío, me lo puse y seguí apuntándolos con la varita—, no vuelvan a hacer eso —les dije yéndome de nuevo a mi habitación.

Gracias por venir Harry, ayer casi nos ataca al quitarle el anillo, —escuche cómo susurraba mi madre, al parecer mi mejor amigo fue a visitarme o mejor dicho ella le había llamado para que fuera a verme.

Tranquila señora Granger, hablaré con ella.

Hermione, te buscan —me gritó mi madre desde el piso de abajo, no bajé, me dijeran lo que me dijeran no pensaba acceder—, subirán hija...

Hola Hermione.

Hola Harry —respondí incómoda, me hice a un lado de la cama para evitar un poco el contacto.

Hermione... pensaba que quizás hoy podríamos salir con los chicos, ya sabes a divertirnos un poco.

No gracias, vayan y diviértanse ustedes.

¿Por qué va a pedirme eso si bien sabe que me negaré?

Escucha, yo sé lo mucho que has sufrido por la muerte de Snape, lo entiendo, inclusive creo que fue él que menos merecía morir, pero en aquellos recuerdos él me dijo cómo buscar a tus padres, cómo empezaron a amarse, pero también me pidió que cuidara de ti, que no te dejara sola y que buscara tu felicidad ¿cómo le hago Herms, cómo no te dejo sola si siempre te niegas a verme? —no podía responder, me sentía mal por mi actitud pero también nadie lograba comprenderme—, me pidió que te dijera algo, que te amaba, que eras la mujer a la que más había amado en la vida más que a mi madre —eso lo sabía, me sequé las lágrimas tratando de ser fuerte —, hazlo por él, Snape quería que comenzaras de nuevo y fueras feliz, ayúdeme a hacerlo ¿o quieres que Gryffindor sufra una baja de puntos por todo esto? —No pude evitar sonreír mientras lloraba también—, ¿qué opinas?

Está bien, los acompañaré.

Genial... le diré a Ginny que puede venir arreglarse aquí ¿está bien?

Sí... es una idea genial —las palabras de Severus fueron que tomara mi tiempo y volviera a comenzar, si sentía que no podía tomaría más tiempo y volvería a intentarlo.

Harry se fue y me metí a bañar tratando de no sentirme culpable por empezar a vivir mientras él había muerto en la guerra.

¿Mamá? ¿Y la ropa del baúl de Hogwarts?

La guarde en el closet hija —abrí el closet y comencé a ver los vestidos que tenía, uno blanco captó mi atención, lo saqué para contemplarlo, era hermoso.

Un regalo, para una ocasión especial para ti y para mí, una ocasión que ya casi se acerca, — me dijo besando mi cuello mientras veía el vestido en la cama, que resaltaba sobre el edredón negro.

Es hermoso... pero es blanco —le dije viendo el vestido entallado hasta medios muslos con un tirante grueso que salía del escote y atravesaba el hombro para terminar a la mitad de la espalda—. Tu color favorito es el negro.

Lo mío es el negro, pero lo tuyo es blanco... por tu pureza... —susurró con su voz sedosa.

Qué hermoso vestido Hermione, —no había sentido llegar a Ginny, pero ya estaba ahí, traté de poner mi mejor cara y mi madre y ella se sentaron en la cama de la habitación.

No te he visto puesto ese vestido hija.

Nunca lo estrené... es un regalo... de una prefecta de Ravenclaw, creo que me pondré este —yo me puse ese vestido y Ginny uno rojo que combinaba con su cabello.

¿Cómo quieres que te peine Herms? —más recuerdos me lastimaban al ver mi cabello que había crecido hasta terminar mi cintura.

Sus manos recorriendo mi cabello.

Quitándolo de mi frente cuando dormía.

Jalándolo mientras gemía cerca de mi cuello llegando a la cúspide del placer.

Cerré los ojos de pronto asustada, sabía que cuando los recuerdos llegaban de esa manera, la ansiedad recorría cada fibra de mi cuerpo hasta paralizarme.

¿Hermione?

Suelto, sólo voy a acomodarlo —respondí aferrándome a la poca compostura que tenía.

Peiné mi cabello para que no se alborotara, Ginny me maquilló, pero al verme al espejo sabía bien que esa no era yo, mis ojos brillaban por el maquillaje que ella había puesto, y comencé a sentirme incómoda, sin tener la libertad de sentirme así, porque ambas estaban frente a mí, analizando cada uno de mis movimientos, tomé un pequeño bolso donde puse mi varita, algo de dinero muggle y un espejo.

Diviértete amor.

Gracias mamá.

Salimos de la casa y nos subimos a un taxi, en el bar ya estaban esperándonos Harry y Ron y me quedé tranquila que al menos no íbamos en parejas. Entramos al bar que no llevaba un ambiente muy pesado que digamos.

Era un bar tranquilo, llegamos y nos sentamos en una mesa alta con cuatro sillas e inmediatamente el mesero llegó para que pidiéramos la orden.

Para nosotros dos cervezas por favor —pidió Harry para él y Ron.

Yo quiero... —no tenía idea de qué pues no estaba acostumbrada a esos lugares—, una margarita por favor.

Yo igual —dijo Ginny—, el ambiente es perfecto aquí, algo fuera de lo común que hay en nuestro mundo ¿no crees Ron?

Sí, supongo que si —dijo Ron observando el lugar y escuchando la música.

Nos trajeron las bebidas y empezamos a tomar un poco, yo sabía que Harry y Ginny estaban juntos y que no lo demostraban para no hacerme sentir mal pero tenía que enfrentarme a eso, una chica de pelo negro y muy atractiva tropezó con Ron y mi amigo quedó embobado con ella, no pude evitar sonreír.

Juliet, mucho gusto —se presentó con todos y pareciera que Ron no le era indiferente, y él era demasiado tonto para no captar que aquella muggle había hecho eso con intención—, adoro esta canción, ¿bailas? ¿o vienes acompañado?

Vengo acompañado de mis amigos —le respondió.

Ve Ron diviértete creo que es algo distinto de La-La-La —le susurré, todos me observaron de que bromeara, era la primera vez que lo hacía.

Vale, solo serán un par de canciones, —se levantó y bailo con la chica que cautivó su mirada, y estaba segura que ella no le iba a decir mi Ron-Ron.

Vayan a bailar chicos.

No Hermione estamos bien ¿verdad Ginny?

Claro, la música es buena para ser escuchada nada más —me respondió mi amiga, aunque notaba sus ojos de desilusión, más al ver que Harry observaba cada uno de mis movimientos.

Vayan a bailar un par de canciones y luego me prestas a tu novio y bailo con él un rato, mientras me pido otra bebida —ellos con regañadientes accedieron y se pusieron a bailar.

Realmente lo estoy intentado Severus...

Extendí mi mano para llamar al mesero y golpeé a un hombre en la cara, éste se fue hacia atrás hasta chocar con la mesa de al lado, yo me levanté de inmediato avergonzada.

Oh lo lamento, realmente lo siento, no te vi —el chico tenía la mano en la nariz, mientras me observaba incrédulo.

Gracias a Dios no se la rompí, pensé abochornada.

Debía tener unos 25 años, era moreno con su pelo un poco largo y quebrado, era atractivo y vestía formalmente, y pese al menudo golpe que había recibido de mi parte, sonreía.

Yo tuve la culpa, quise acercarme a ti y... bueno no importa, te disculpo si te tomas una copa conmigo —titubee un poco, estaba dispuesta a darme una negativa cuando vi su nariz roja y me sentí forzada a aceptar.

Está bien.

Creo que llamabas al mesero ¿qué vas a pedir? —me preguntó mientras se sentaba a mi lado.

Estaba tomando una margarita pero iba a pedir algo distinto, no acudo seguido a estos lugares...

Muy bien, mesero, —el mismo que nos atendió llegó de inmediato—, dele a la señorita un Cosmopolitan por favor y a mí un whisky.

Apreté mis rodillas cuando alcé la vista y vi a Severus sentado al final de la barra mientras bebía un whisky de fuego, desvié la mirada asustada, aferrándome a la realidad tanto como podía.

Te gustara la bebida mi hermana siempre lo pide.

Sí... gracias —volteé a ver a mis amigos y Harry estaba inquieto de verme acompañada, le hice la señal de que todo estaba bien y cada quien siguió con lo suyo.

Yo soy Steve ¿y tú cómo te llamas?

Hermione, mucho gusto —nos estrechamos la mano y nos trajeron las bebidas.

Él era un abogado al parecer apenas estaba empezando, yo le dije que no estaba estudiando pero que planeaba hacerlo, me invito a bailar y requerí de una gran fuerza de voluntad para hacerlo, la música cambio y fue una lenta, me estrechó hacia él tomando mi cintura, empecé a hiperventilar.

...

Me permite Weasley, la festejada tiene que bailar con su tutor.

Celebrábamos el concurso de pociones avanzadas que había ganado gracias al asesoramiento de Severus, Ron había bailado casi toda la noche conmigo y Severus ya había perdido toda la paciencia, cuando el profesor llegó Ron se retiró asustado, obedeciendo la orden que éste le había dado.

Ese imbécil no se te despegado en toda la noche—me dijo tomándome de la cintura y no pude evitar sonreír.

Nunca esperé verte celoso.

No lo estoy, sólo que no me gusta que te vean así, todo esto es mío —dijo seductoramente pegándome con fuerza a él, las túnicas habían ayudado demasiado a disimular aquel acto de posesividad—, y me gustaría que todo el colegio lo supiera ya, para que quedarán claras las cosas.

Sabes que no es posible, no por ahora... gracias por bailar conmigo, odio tener que fingir.

Lo sé... bonito vestido—me dijo contemplando aquel vestido largo, entallado y color champagne, en su mirada no pude encontrar otra cosa más que deseo.

Gracias, mi novio lo compró para mí.

Así que tiene novio, Granger —respondió sorprendido al haber usado aquel término.

El único que he tenido profesor Snape —me pegué a su oído para darle más sensualidad a mi comentario siguiente sin importarme quien me viera—, solo espero que él me pueda festejar en privado mi triunfo, ya sabe algo más íntimo.

No lo dudes...

Bésame, aquí frente a todos, que sepa todo el mundo...— esa noche me vio a los ojos de una forma especial, tal vez no me besó pero si me dijo a los ojos cuanto me amaba.

Intenté contener las lágrimas satisfactoriamente, Harry me observa y le sonreí para decirle que estaba bien, lo único que quería es que no saliera corriendo hacia mi encuentro, me di cuenta que ya no quería bailar, no quiero sentir esas manos en mi cintura ni la voz de Steve en mis oídos, me siento infiel, sé que le prometí volver a enamorarme pero todo es tan pronto que simplemente no puedo...

Inténtalo... escuché su voz y supe que era el final.

¿Podríamos sentarnos? —pedí con suplica.

Por supuesto —nos sentamos y ahora me encontraba incomoda, buscando desesperadamente las salidas, ya no me importaban los intentos, ni Harry, ni mis padres, sólo me importaba yo en ese momento, y todos ellos me estaban lastimando—, eres una chica muy bonita, quizás podríamos vernos después de esta noche.

Sí, sería genial —respondí sin pensar.

Todo lo hago por, quizás con el tiempo pueda amar a otro hombre tal como te amé a ti.

¿No tienes novio verdad?

No —respondí haciendo un gran esfuerzo, él tomo mis manos y les dio un beso a ambas prestándole demasiada atención al anillo con el diamante negro.

Estás comprometida... —dijo bajando las manos.

Estaba... ya no.

¿Cómo es eso, si aún llevas el anillo?

Murió... —y todo se fue al retrete, me seque dos lágrimas y hasta ahí llegó la noche—, tengo que irme, lo siento —me levanté.

Lo siento Hermione, no sabía... yo... realmente me gustaría volver a salir y... realmente lo siento.

No te preocupes, adiós.

¿Es un adiós? —me preguntó sosteniendo mi muñeca.

Sí... yo no puedo aún vale... yo...

¿Hermione? —llegó Harry con Ginny—. ¿Estás bien?

Sí... todo bien, me voy a casa, quédense y diviértanse vale... lo intente Harry pero es demasiado para una noche.

Ginny llama a Ron, nos vamos —Ginny fue por Ron y dejé a Steve solo con cara de interrogación y culpabilidad, quise regresarme y decirle que era yo el problema, pero en el fondo él tampoco me importaba.

Llegamos a casa cuando iban a dar la media noche. Mis padres estaban aún en la sala y les ofrecieron a mis amigos una copa de vino, al parecer brindaban algo ¿qué? No lo sé. Me perdí de la mitad de la conversación hasta que Ginny habló de algo nuevo.

Tienes que venir a la Madriguera Herms, tienes que ayudarme con los preparativos, aún Harry no decide la fecha pero... —pude ver que Harry asesinaba a Ginny con la mirada y ésta quedó completamente muda, como si hubiera dicho algo imperdonable.

¿Van a casarse?

Sí, pero no pronto, sólo fue el compromiso —dijo Harry seguro pero sé que lo hacía por mí... ellos iban a casarse algo irónico, Ginny no llevaba anillo y tenía boda yo llevaba anillo y no tenía prometido.

Voy al baño, —dije con la voz apenas audible.

Subí las escaleras algo mareada, había bebido muy poco pero se me había subido, cerré la puerta y me recargué en el lavabo tratando de tranquilizar todos esos sentimientos, me fije en la mujer del espejo, y no le reconocí, me lavé la cara quitando ese maquillaje que había odiado toda la noche, noté que mi pelo castaño había crecido, lo tomé con delicadeza.

Adoro este pelo caer sobre mi pecho desnudo después de hacerte mía...

De nuevo la voz, los recuerdos... me agaché queriéndome ocultar de estos, pero ellos formaban parte de mí, transformé un cepillo dental en navaja y empecé a cortarlo poco a poco, me quedaba primero a la altura de los senos, de los hombros, de mis mejillas hasta que lo deje muy corto.

Si no vuelve a caer sobre tu pecho no veo la necesidad de tenerlo.

Respiré agitada cuando terminé de cortarlo, bajé la vista y vi todos los rizos en el suelo bajo mis pies descalzos.

Muffiato.

La imagen que veía en el espejo me era desconocida, sin mi cabello, sin sonrisa y con lágrimas negras por el maquillaje resbalaban con dolor... puse el hechizo silenciador y me tiré a llanto abierto deslizándome por el azulejo frío cayendo al piso, los odiaba a todos, no me permitían avanzar, no me permitían retroceder, sólo tenía que vivir para ellos, y estaba cansada.

No puedo, te juro que lo intento, día tarde y noche, hoy más que nunca, pero no puedo Severus, en serio no pude... —puse un hechizo que atrancara la puerta—. Perdóname —tomé la navaja, estaba segura de lo que hacía, respiraba asustada y temblaba de las manos, simplemente lo hice, sin importarme nada, ya que lo que me importó alguna vez en realidad, me fue arrebatado, a los pocos segundos el azulejo lleno de cabello se tiñó de rojo y yo respiré tranquila, después de seis meses me sentía liberada.

Harry Potter

Hermione ya se tardó mucho Harry —me dijo Ron inquieto, aunque yo estaba consciente de eso.

Subiré a ver —dijo su mamá subiendo las escaleras—, ¿hija? —la llamó tres veces y no respondió, entonces subimos todos.

¿Hermione? —le tocó Ron y los tres magos nos percatamos del hechizo silenciador que tenía la puerta detrás—, ¿HERMIONE? Alohomora —no se abrió la puerta.

No lo hagas, si arrojas un bombarda vas a lastimarla —le dije cuando vi que él había alzado la varita.

Las paredes, —dijo Ginny arrojando un hechizo para ir desvaneciéndolas, tardó unos minutos y pudimos ver la peor escena que había visto, los rizos de mi hermana esparcidos en el azulejo blanco en la espesura de la sangre, y ella casi inconsciente en el piso.

Hija —intentó acercarse la señora Granger.

Deje que Ginny haga el hechizo.

Estaba tirada en el suelo, su vestido blanco estaba manchado de sangre que salía de sus brazos, estaba casi inconsciente susurrando cosas que no entendía.

Harry qué esperas, —me aventó mi amigo pero estaba en shok, ella quería morir y yo le prometí a Snape ver por su felicidad, y él era su felicidad... tenía que dejarla ir.

Quizás deberíamos dejar... que... se vaya con él —todos me vieron horrorizados ante mis palabras.

No quiero perder a mi hija —me gritó su papá.

Si no quieres salvarla tú, lo haré yo, —dijo Ron levantándola del piso con sus brazos llenos de sangre, ella no estaba bromeando, sabía lo que hacía, sus cortes fueron a lo largo de sus brazos, quería lograrlo, había hecho unos cortes muy largos y profundos.

Harry —me llamó—, quiero irme con él, diles que me dejen ir con Severus, se lo prometiste Harry —fue lo último que me dijo antes de que Ron bajara con ella y la llevara a San Mungo, mientras yo me quedé sufriendo de impotencia.

Quise ir a verla a San Mungo y unos malditos mortífagos me impidieron hacerlo los primeros días, desgraciadamente tenía mi trabajo de auror, éste fue destinado desde que estaba en la cuna y me moriría derrotando magos oscuros. Ginny me había podido decir que la habían atendido y que sus padres de la habían llevado a casa al día siguiente por la tarde.

Esa tarde sin importarme todos los deberes que tuviera me dirigí hacia su casa, toqué la puerta así como estaba, sucio por las misiones, pero necesitaba verla. Cuando la señora Granger me abrió la puerta me impidió el acceso.

Harry.

Quiero ver a Hermione.

No está.

No me la niegue señora Granger, ella no pudo salir así como está —respondí con una notoria molestia y obviedad.

No está Harry, la internamos en un centro donde podrán ayudarla con su depresión —me lo dijo con la voz quebrada pero aun así no fue suficiente para que no me enfureciera.

¿LA ENCERRARON EN UN PSIQUIÁTRICO?

No podemos estar con ella las 24 horas del día, necesita quien la ayude nosotros no podemos darle esa ayuda, ahí la atenderán bien. —Respondió segura de sí misma.

Si ustedes no quieren cuidarla lo haré yo, dejaré mi trabajo en el Ministerio, tengo suficiente dinero para mantenernos a los dos, yo la ayudaré.

¿Cómo? ¿Dándole más veneno o una arma?, —me cuestionó con hostilidad—, lo siento pero mi esposo y yo ya decidimos que ella se quedará ahí hasta que haya mejorado.

Quiero verla —estaba furioso con ellos.

Es el psiquiátrico que esta al este afueras de Londres, se llama Thompson, si llegas rápido puede que te dejen verla.

No le agradecí la información, tan sólo desaparecí de su vista y llegué al lugar, vi un edificio alto de tres plantas color blanco, con amplios jardines verdes y rodeado con un muro, iba a sacarla de ahí me costará lo que me costará.

Buenas tardes, —saludé al llegar a la recepción, tenía la varita en la mano dispuesto a hacer lo que fuera necesario para sacarle en ese momento—, quisiera pasar a ver a la señorita Hermione Granger, me parece que la internaron hoy, —le dije a la enfermera que estaba en recepción.

Un momento por favor —entró por una puerta y salió acompañada de un doctor de mediana edad.

Soy el doctor Smith, la señora Granger me dijo que vendría a ver a la paciente, sígame por favor.

Me llevó por un pasillo y me dejo entrar a una habitación blanca que solamente tenía una mesa y dos sillas. De rato entró el mismo doctor con un enfermero que traía a Hermione del brazo, entonces la vi, estaba pálida y tenía su rostro inexpresivo, eso sin contar con que estaba casi drogada.

Se le acaba de administrar un segundo calmante, el primero fue cuando ingresó.

¿Por qué le medicaron eso?

No quería que la dejaran aquí y atacó a un amigo de ella diciendo cosas fuera de lo común, me parece que la pérdida de su prometido la trastornó gravemente, les dejaremos a solas, tiene 10 minutos —la sentaron frente a mí y tenía las manos amarradas y vendados los brazos por los cortes, sus ojos tristes y vacíos con el poco cabello que tenía desordenado.

Suéltenle las manos.

Es peligroso.

No lo es, suéltenla por favor, —el enfermero hizo lo que le indiqué, vi a mi amiga y me di cuenta que no era Hermione... mi Hermione había muerto con él en la casa de los gritos.

Me dejaron a solas con ella, esperaba que eso cambiara en su actitud, pero no lo hizo.

Te voy a sacar de aquí.

No puedes —susurró viéndome a los ojos.

Claro que puedo.

Ataqué a Ron, el maldito me quitó mi varita y me puso un hechizo antiaparición, él les lavó el cerebro a mis padres para que me dejaran aquí y ahora los médicos creen que estoy loca por todo lo que escucharon "regrésame mi varita" "quita el maldito hechizo" ya te imaginaras todo lo que le grité, perdí los estribos y ahora me dejarán aquí —me dijo con enojo, aunque noté que además de eso estaba asustada.

Hablaré con él, te lo prometo, no sé cuánto tiempo me tome pero voy a sacarte Hermione te lo juro.

Harry habla con mis padres, diles que no pueden dejarme aquí.

Lo prometo Hermione —empezó a dormirse lentamente aunque intentaba seguir hablando.

Esos malditos me dan sedantes, estoy perdiendo la conciencia, Harry este sitio me empeorará, yo se lo dije Harry, le dije que no iba a poder vivir sin él, —fue lo último que dijo antes de desvanecerse sobre la mesa.

La tomé en mis brazos y la acurruqué en mi pecho sentado en la pared llorando por ella, por su desgracia, porque falté a mi promesa de protegerla, porque le fallé a él... yo nunca lloraba pero en esta ocasión era distinto... verla así me estaba matando, saber que todos ellos me habían atado de manos me llenaba de impotencia.

Le fallé Snape, mírela, le fallé —llegaron los enfermeros y se llevaron lo que quedaba de mi amiga.