CAPÍTULO 7

LA FALLA DE MI PLAN

Severus Snape

Desperté un poco más tarde de lo normal, la razón fue que había dormido más noche de lo que acostumbraba, debo admitir que me encontraba bastante cómodo, hasta que me di cuenta de lo ocurrido la noche anterior, estaba completamente acostado en la cama a un lado de la chica, me alejé inmediatamente mientras negaba con la cabeza, ¿cómo pude quedarme dormido con ella?, me recriminaba, me sentía muy extraño de haber despertado al lado de una mujer, pues se me hacía un acto muy íntimo, me quise levantar y sentí su mano sobre mi estómago, lentamente se la quité y lo coloqué a un lado de ella despacio para no despertarla, me levanté y salí al pasillo para llamar a mi elfina.

Jelyus —le llamé con voz baja.

¿Si amo?

Ten —le di unos galeones—, ve al Callejón Diagon y pídeles que te den un vestido para una señorita joven, delgada y estatura promedio, y todo lo que necesite una mujer... ya sabes ropa interior, unos zapatos, pídele a la dependienta que te ayude con eso.

Si amo ¿color del vestido?

No importa el color, menos rojo.

La elfina desapareció y entré de nuevo a la habitación donde ella seguía durmiendo, tomé ropa limpia y me tocó tomar la ducha en el baño independiente que estaba entre los dos cuartos, al salir me vestí con magia, con mi atuendo normal, pantalón negro, camisa blanca y la levita negra. Entré de nuevo en la habitación sentándome en el sillón y me puse a leer el profeta mientras esa chica despertaba.

Abrió los ojos y observó el lugar tomándole mucha atención a ciertas cosas, hasta que su mirada llegó a donde yo estaba.

Severus —fue lo único que dijo, extrañándome por completo... alcé la ceja y me levanté hacia ella—, lo siento... señor Snape —sonreí con ironía, después de la noche anterior, el cómo le llamaba sólo era un detalle sin importancia.

Buenos días señorita... ¿cómo se llama?

Mmmm... Hermione... Granger —pensó demasiado en decirme su nombre, y cuando lo hizo comenzó a ver la alfombra compulsivamente.

Muy bien señorita Granger, en la puerta de ahí hay un baño, dese una ducha tranquila —mi elfina llegó dejando el paquete en la orilla de la cama y desapareciendo de inmediato—, le mandé a que le trajeran ropa, puede ponerse esta nueva y después baje a la sala, ahí la esperaré.

Gracias señor Snape.

Oh... se me olvidaba... tenga la varita, así ajustará la ropa a su talla —le extendí mi varita y ella lo tomó con timidez.

Salí de la recamara para que ella pudiera asearse y bajé a la sala a esperarla.

HERMIONE

No es un sueño, si pude regresar en el tiempo, pero parece no conocerme, quizás aún no llegó a Hogwarts, madre de dios...

Me levanté rápido empezando a buscar en la habitación algo que me indicara a dónde había llegado, y lo vi, El Profeta, lo tomé y me mareé de la impresión: julio de 1987..., madre mía... debo tener ocho años... él debe tener 27 o 28 años... joder... regresé mucho tiempo.

De pronto el pánico me invadió, qué se supone que haría, hui de mi tiempo por no tener alternativas, pero estar aquí no podía ser, de pronto esa ansiedad que sentía cada vez que llegaba un enfermero me invadió.

Me senté a analizar con mucha calma lo que tenía que hacer, ya le había dicho mi nombre: primer error, no podía modificar muchas cosas del futuro, solo tenía que tomar el baño agradecerle su hospitalidad y retirarme de ahí ¿pero realmente es lo que quieres? ¿No te gustaría besarlo? ¿Qué te hiciera suya una vez más? ¿Decirle quizás de dónde vienes y qué es lo que pasará? Qué va a terminar enamorándose de una chica que daría todo por él..., además moviste cielo mar y tierra para que simplemente te vayas... podrías... quedarte... tu tiempo no es una opción, no puedes regresar, divagas Hermione.

Dejé de pensar y tomé el baño, salí y desenvolví el paquete, era un vestido gris oscuro como jaspeado sin mangas de cuello redondo, hasta las rodillas, había ropa interior del mismo color del vestido y zapatos planos negros, me los puse y me vi al espejo, hacía meses que no lo hacía, mi pelo había crecido pero muy poco, con la varita ajusté la ropa y corté mi cabello para que no se viera tan mal, volví a ponerme las vendas en los brazos y bajé a verlo.

Estaba sentado en la sala leyendo un libro delgado y negro, me acerqué a él y de pronto esas ganas de llorar regresaban, estaba vivo, estaba sin heridas, y yo a su lado.

Su varita —le dije entregándosela, y quitándome todos esos pensamientos estúpidos de mi cabeza.

Le ha quedado bien la ropa... y se ha arreglado el cabello —asentí nerviosa.

Yo... le pido disculpas por interrumpir así en su casa a media noche...

Sabía que era mago ¿verdad? —era hora del interrogatorio, y sabía que no debía ponerme nerviosa, ya que descubriría quien soy.

No, yo toqué en varias casas y no me abrieron... y no sé, creo que me acerqué por una corazonada o quizás la magia deja rastros... —sus ojos me decían que no me estaba creyendo nada, pero lo más extraño era que no me confrontaba, de pronto el hecho de que fuera un oclumántico parecía ser uno de mis mayores problemas—, bueno supe que aquí debía vivir un mago... ya sabe la magia atrae —si comenzaba a mentirle iba a terminar perdiendo yo.

Vale, vamos a desayunar, después de eso usted y yo nos sentaremos a hablar muy seriamente —se levantó y me condujo a la cocina, donde la elfina estaba sirviendo el desayuno.

Gracias por su hospitalidad —él hizo una inclinación en señal de aprobación.

Tomé café con leche y tostadas acompañadas de mermelada de fresa, fruta picada con miel y huevos revueltos con tocino, un zumo de calabaza, estaba hambrienta y a él parecía no importarle si me terminaba su alacena, terminé de comer y la mesa quedó limpia y el silencio se hizo incómodo.

Jelyus —la elfina apareció—, tráeme para hacerle las curaciones —la elfina le llevó una caja de madera donde debía de tener todo para curarme, me puse roja de la vergüenza y bajé la vista escondiendo mis manos—, permítame sus brazos, por favor.

No es necesario.

Extendió su mano pidiendo las mías, su mirada era serena, seria pero con cierto interés en mí, entonces me desarmó y no me quedó más remedio que aceptar. Quitó las vendas mientras limpiaba las heridas que estaban frescas después de lo de Bertha, no pude evitar arrepentirme de lo sucedido.

Severus estaba inconsciente en la cama de las mazmorras, mientras yo limpiaba sus heridas y lo curaba, después de algunos minutos abrió los ojos y por fin respire, el alma al cuerpo me regresaba por fin.

Tuve mucho miedo —le dije abrazándolo despacio para no lastimarlo

Yo también Hermione —me dijo besando mi cabello—, te admiro, siempre tan fuerte y al pie del cañón.

Nos besamos y seguí curándolo mientras me decía detalles de la misión.

Ahora era Severus el que curaba mis heridas, terminó con las heridas recientes y sacó un frasco que quitaría las cicatrices, entonces quité mis brazos como si de pronto me hubiera quemado el roce de las suyas.

Esto hará que no le queden marca —me explicó.

Lo sé, pero no quiero que lo ponga.

¿Y eso por qué? —me preguntó gestudo.

Porque quiero conservarlas, recordar qué fue lo que me llevó a todo esto.

¿Y que fue? —sabía que quería respuestas, pero ¿cómo dárselas sin verme comprometida a decirle la verdad? no quería mentirle.

El dolor, la desesperación, soledad... cosas que quiero olvidar.

Y... ¿quién le hizo esto? —me preguntó señalándome la maldición que me hicieron en la Mansión Malfoy, quité la mano escondiéndola.

Nadie de importancia.

El defecto de haber regresado a un punto donde él no me conocía era que la información que yo pudiera darle, era muy riesgoso para el tiempo donde Voldemort ya no existía, si yo cometía un error arruinaría el futuro que Harry y yo habíamos construido, entonces la muerte de Severus no habría valido la pena.

Quisiera saber quién lo hizo —sabía que estudiaba mis expresiones, mis ojos, mis movimientos, todo, él estaba estudiándome, me cuidaría hasta descubrir alguna mentira de mi parte y terminaría enterándose de todo.

Creo que se llamaba Bellatrix.

Su rostro se tensó por completo, tenía que recurrir a una gran fuerza mágica para mentirle, él me había enseñado oclumancia pero no era tan buena como él, podía cometer un error, debía darle la verdad a medias para que no me descubriera en mi mentira, pero lo mejor era desviarlo.

¿Bellatrix Lastrange? Hábleme de usted... a ella la capturaron hace siete años ¿cuántos años tiene usted señorita?

Veinte —esquivé su mirada porque era lo mejor, sino había contacto visual con algo de suerte podía creerme la poca información que le diera.

Debió tener 13 o 14 años cuando te lo pudo haber hecho... ¿Quién eres?

Nadie... creo que puede verse a simple vista —se quedó callado por varios minutos esperando a que dijera algo, no puse una barrera porque lo notaría pero puse mi mente en blanco con mucho esfuerzo.

¿Hay alguien con quien pueda comunicarme para que vengan por usted? —negué con la cabeza sin verlo—, ¿nadie?... ¿Sus padres?

Murieron.

¿Y su familia?

Ellos eran todo lo que tenía.

Mmmm ayer dijo que confiaba en mí.

Y lo hago —le dije inmediatamente sosteniéndole la mirada.

¿Por qué confía en alguien que apenas conoce? Podría ser una mala persona, un asesino quizás, un hombre que sólo ve en usted una presa fácil, una jovencita de la que puedo sacar mucho provecho —me dijo observándome de pies a cabeza, mientras su frivolidad adoptaba sus gestos.

Usted es un buen hombre, lo puedo ver en sus ojos, confío en usted señor Snape.

Entonces dígame ¿quién es usted?

No hay mucho que decir, soy Hermione Granger nacida en Inglaterra, me mudé a Chicago cuando tenía doce años, estudie en una pequeña academia de ahí y cómo puede ver soy una sangre sucia.

No me gusta que empleen esa expresión —lo hice porque no sabía cómo era Severus en ese entonces, y me di cuenta que seguía siendo el mismo.

Lo siento, mis padres eran muggles, vine a Londres con unos amigos cuando casi acababa de entrar a la academia, nos capturaron en la guerra ¿puedo omitir ese recuerdo? No creo que ahora tenga relevancia, —asintió confiado—, regresé a América y seguí con mi vida, mis padres murieron en un accidente automovilístico hace un par de años, solo los tenía a ellos y a...

¿Y a quién? —me preguntó tomándole más atención a la conversación.

Sebastian, mi prometido —le dije inmediatamente.

¿Dónde está él? ¿Es mago? Podría mandarle un patronus para decirle donde se encuentra.

Murió hace un año.

Él se quedó callado observándome, me sequé las lágrimas con un pañuelo que él me extendió, y noté que mi labio inferior temblaba sin poderme controlar.

Lo lamento ¿por eso intentó quitarse la vida?

Bajé mis manos avergonzada, Dorothy tenía razón, a Severus no le hubiera gustado ver a la mujer en la que me había convertido, y ahora tenía que enfrentarme a él, y con todas las consecuencias.

No me juzgue por favor, —de pronto olvide que Severus estaba frente a mí y comencé a llorar, al final y al cabo yo perdí a MI Severus, el que estaba frente a mí me era completamente ajeno—, murió en mis brazos jurándole que iba a comenzar de nuevo, lo intenté, se lo juro, me cansé de intentarlo pero... fue tan difícil vivir sin él, teníamos planes y me dejo completamente sola... yo... sólo quería estar con él.

Tranquila, pasemos por ese tema también, ¿qué paso después? ¿De dónde llegó anoche?

Me encontraron en un baño cuando intenté quitarme la vida, y me internaron en un psiquiátrico y como no tengo a nadie, pues no hubo persona que me buscara y así paso el tiempo ¿Cuánto? No sé con exactitud, estuve ahí más de medio año —trataba que mis respuestas fueran seguras de sí mismas para que no cupiera duda.

¿Y qué la llevó a salir de ahí?

Quiero comenzar de nuevo.

¿Cómo se llama el psiquiátrico? ¿Está en América? —maldita sea, si busca descubrirá que no hubo ninguna Hermione Granger y donde realmente estuve, aún no se ha edificado.

No, es aquí en Londres pero no lo sé... yo... nunca hablé y... no supieron mi nombre... no llevaba identificaciones... —me va a descubrir.

Me está mintiendo Granger —no sé qué es peor que sepa la verdad o que sepa que sé oclumancia.

Estoy perdida.

Severus Snape

Algo no encajaba en esa joven, algunas partes se notaba que me decía la verdad, pero había otras donde me ocultaba cosas y otras estaba completamente seguro que me mentía, tenía que averiguar quién era y porqué estaba así, soy un oclumantico al final de todo, las respuestas estaban al alcance de mi mano.

Me está mintiendo Granger —le dije, se puso nerviosa y comenzó a llorar.

Respiré profundamente poniendo mi puño debajo del mentón, me era difícil violentar su mente, cuando ella fue obligada a estar en ese psiquiátrico mucho tiempo, quizás fue obligada a muchas cosas, ella estaba traumatizada, lo veía en su cara, se ponía nerviosa de todo, temblaba, veía miedo en sus ojos. No podía hacerlo, acababa de salir de aquel lugar para llegar con una persona como yo, no podía violentar su mente, no podía hacerle lo mismo. Estaba tan indefensa, me recordaba a mi madre: sola, sin que nadie la ayudara y cuando había una esperanza: solo había un tipo que se aprovechara de la situación: mi padre. Además, ella confiaba en mí, un error indudablemente, ella ha sufrido y llega con una persona y confía, si yo le hago eso... no podía... me veía reflejado en ella, por la pérdida de su prometido, ella se puso así, él murió en sus brazos, como Lily en los míos, también quise acabar con todo al igual que ella, pero tenía que proteger a su hijo, ¿qué tenía ella para aferrarse a la vida?

¿Por qué me oculta ciertas cosas?

Quiero olvidar.

¿Qué quiere olvidar? —escuchaba sinceridad en esas palabras pero debía saber quién era ella, ¿a dónde iba a llevarla? Y lo más importante ¿qué iba a hacer con ella?

La muerte de él, la injusticia, la guerra, haber estado en ese lugar... todo.

¿Qué le hicieron señorita? —le pregunté, no quería menospreciar la muerte de aquel hombre, pero me preocupaba más las heridas que le habían dejado aquellas experiencias.

Lo que le hacen a los enfermos, medicarlos, yo no mejoré ahí, sólo me mantenían en el pasado, acabaron conmigo, fragmentaron lo poco que quedaba de mí, aún me siento drogada.

Me levanté y subí al armario de pociones, saqué un frasco color naranja pálido.

Esto le ayudara a quitar los efectos del medicamento, —ella lo bebió sin poner peros—, ayer mientras dormía decía que no la tocaran, lamento preguntar esto, en ese hospital algún enfermero o médico... ¿abuso de usted? —necesitaba saber cómo tratarla, por eso le pregunté aquello, me entregó el frasco de la poción y desvió la mirada a un cuadro horrible que estaba en la cocina, cerraba sus ojos, y parecía que recorría cada recuerdo, la habían violado en ese lugar mientras estaba sedada lo sabía, mil veces malditos—, van a pagar caro Granger, yo me encargaré de que sea así.

No me violaron, pero conocí la oscuridad en ese lugar, si había enfermeros, si hicieron cosas, y se encargaron de perturbar mi sueño... ejercieron un derecho que no tenían, quisiera no hablar de eso —por fin veía sinceridad en un argumento suyo.

Lo lamento, ningún hombre debería tomar por la fuerza a una mujer.

Me medicaban todo el tiempo, después que intentara quitarme la vida en el psiquiátrico, me pasaron a una habitación más controlada... y me sujetaban con cinturones mientras estaba sedada, algunas veces a la fuerza, no teniendo necesidad de medicarme.

Muy bien ¿qué parte es la que me miente? —se quedó callada nerviosa es poco, esa chica estaba entrando en pánico—, vale, no se ponga así... cambiaré la pregunta ¿Por qué me miente?

Porque va a obligarme a volver... a un lugar donde no hay nada más que dolor —se secó las lágrimas con el pañuelo que le di.

No voy a obligarla a nada, suba a descansar un poco, estará segura aquí, sólo dígame quién la tenía en el psiquiátrico, con sinceridad.

Mis padres —realmente debería tener miedo a que la regresará con sus padres, para inventar que habían muerto.

¿Y por qué la encerraron?

Intenté quitarme la vida dos veces, entonces me internaron... al enterarme me enfurecí y comencé a gritar, revelando mi calidad de bruja y los médicos realmente creyeron que había perdido la cordura.

¿Su varita?

Un amigo me la quitó y me puso un hechizo antiaparición.

¿Cómo salió de ahí entonces?

Mi mejor amigo me ayudó a salir, por favor pare... quiero olvidar... quiero... —se levantó tambaleándose y la tomé en brazos para subirla a la recamara.

Estaba tan frágil que con cualquier cosa se ponía nerviosa, no tenía fuerza ni para caminar. Cuando la tomé en brazos inmediatamente se calmó, dejó de luchar contra sí misma, apretó mi levita con fuerza, y poco a poco aflojó el agarre, mientras su mirada se enfocaba a los botones, no podía dejar de ver sus manos heridas, ella sólo había sido una víctima, se relajó sobre mi pecho y asintió, subí hacia la recamara y la dejé sobre la cama.

Descanse, no voy a obligarla a regresar.

Prométalo —me pidió tomando mi mano con fuerza.

Se lo prometo, ahora descanse, iré al Callejón Diagón por la tarde, me acompañará.

No.

Necesita una varita.

Lo sé... pero no quiero ir, la varita no es tan importante, viví sin ella un año.

Se la traeré entonces, la elfina se quedará pídale lo que necesite, estará segura en esta casa Granger.

Yo no tengo dinero para la varita, ni para nada y no puedo vender el camafeo.

Ya lo sé, no se preocupe por eso ahora, yo me encargó de todo —la dejé en la recamara y me fui al despacho más preocupado de lo que me había levantado.

Maldición, qué voy a hacer con esa chica, no puedo pedirle que se vaya, ya que no tiene a nadie, tengo que hablar con sus padres pero es mayor de edad ya, además ¿qué me gano? Que la vuelvan a encerrar y la despojen de su magia, puede que sean igual que Tobías, yo no soy el tipo de hombres que pueden ayudar a alguien, ella confía en mí porque no tiene ni idea de quién soy, si supiera que quizás estuve ahí en el momento en que la marcaron con esas palabras, quizás a un lado de Bellatrix, correría aterrada.

No sé qué voy a hacer con ella, no puede quedarse aquí, yo nunca estoy en casa, en unas semanas me iré a Hogwarts y... tengo que buscarle un lugar.

Durmió tranquilamente el resto del día, me asomé un par de ocasiones a ver como estaba pero parecía gozar de una calma que le fue arrebatada. A la hora de la cena bajó tímida por las escaleras, estaba silenciosa, no dijo nada, esa era una de las razones por las cuales quería que se fuera, yo no estoy acostumbrado a convivir con alguien, no era la persona adecuada.

¿Tiene hambre? —le pregunté y se acercó al sillón donde estaba, aproveché para darle la varita nueva, ella la vio y la ignoró por completo.

Un poco.

Podemos cenar entonces.

Cenamos en silencio notándola más calmada, era una chica hermosa, tenía su pelo rizado y castaño claro, pero lo tenía muy corto se vería mucho más hermosa con su pelo largo, tenía sus ojos color miel terriblemente tristes como si hubiera recorrido un gran sendero con mucho dolor, su piel era blanca y sus labios rozados, tuve un recuerdo de la noche anterior, debía quitarme esa imagen de la cabeza. Terminamos de cenar y tenía unas ideas para ayudarla sin verme involucrado.

Tomemos una taza de café en la biblioteca —ella asintió y me siguió, nos sentamos en los sillones separados que tenía ahí en el piso de arriba y mi elfina nos llevó las tazas, ella tomó un sorbo viendo el piso de madera—, voy a tratar de ayudarla en lo más que pueda... en San Mungo pueden...

Usted también va a encerrarme —dejó rápido la taza y se levantó con rapidez hacia la puerta—, no lo hará —me dijo apuntándome con la varita—, no tiene idea de todo lo que pasé para venir aquí, cuánto esfuerzo... usted dijo... —la había alterado de un momento a otro con unas pocas palabras.

Me levanté calculando la distancia, cualquier movimiento de mi parte y terminaría lastimándola, y entonces ella correría de esa casa aterrada, y confiaría en la próxima persona, una que posiblemente no garantizaría su seguridad.

Vamos a calmarnos Granger —ella negaba con la cabeza mientras intentaba acercarme a ella, le quité la varita con suavidad hasta lograr que se volviera a sentar y de nuevo sollozaba como cuando había despertado, me abrazaba aferrándose a mí.

Esto no va a ser nada fácil.

No lo haga por favor, no me llevé ahí.

Está bien, no lo haré —la separé y recurrí a mi plan B—, mañana iremos a ver a un amigo, él podrá ayudarla, quizás conseguirle un empleo, entre los dos podríamos garantizar su seguridad, tener una vida aquí, se llama Albus Dumbledore.

No, no me lleve con nadie por favor... no me separe de usted señor Snape, yo le juro que nadie sabrá de mí, no notará que estoy aquí, se lo suplico —se abrazó a mí temblando.

Está bien, está bien Granger, no la llevaré con nadie, se quedará conmigo —y le prometí que no la llevaría con nadie, si alguien iba a ayudarla tenía que ser yo, estaba aferrada a mí como si me conociera de toda la vida y se quedó dormida con la cabeza en mis piernas.

¿Ahora qué vas a hacer idiota? —susurré, la tenía en mis piernas, veía su cuerpo moverse en una lenta respiración, mis manos estaban depositadas en su brazo— ¿señorita? —intenté despertarla—, ¿señorita? —se movió un poco y volví a tomarla en brazos y la llevé a mi recamara, la recosté y abrió los ojos aún dormida.

Quédate conmigo Severus — gesticulé ante su comentario... no era la primera vez que me llamaba por mi nombre, y no sonaba mal, nadie me llamaba así a excepción de Dumbledore.

Cerró los ojos de nuevo y me retiré a la otra recamara a dormir.

Señor Snape.

¿Ya no soy Severus? —le pregunté burlón.

¿Perdón? —sonreí con su nueva cara de sorpresa.

Ayer se quedó dormida con tu cabeza sobre mis piernas, la llevé a la cama y entre sueños dijiste 'Quédate conmigo Severus' —se sonrojó y me pareció la escena más divertida.

Lo lamento mucho señor... yo...

No se preocupe señorita, su cara compensa esas palabras.

Granger llevaba viviendo tres días ahí en La Hilandera, no volvía a insinuarle una ayuda que no fuera la mía, y eso parecía hacerle bien, seguía durmiendo en mi recamara, a veces despertaba inquieta y mi elfina me llamaba para despertarla, no me pedía nada, ya no lloraba, solo se me quedaba viendo avergonzada, me quedaba unos minutos y después me retiraba a descansar.

Seguía usando aquel vestido que le compré, lo lavaba por las mañanas y lo secaba con magia, tenía que comprarle algo nuevo y plantearle algo que hiciera, estudiar, tenía que dedicarse a algo ¿no?, yo me tendría que ir y no podría cuidar de ella tal como ella deseaba, además yo no estaba para cuidar jovencitas, si accedí a que se quedara era porque su origen y las palabras en sus brazos me recordaban a mi Lily, quizás intentaba enmendar mis errores que cometí con ella ayudando a Granger, y verla sin nadie, tan necesitada de ayuda y amparo me recordaba a mi madre, que tuvo que vivir con mi padre porque nadie la quiso ayudar, cuando aquel bastardo la masacraba a golpes.

Salí de la biblioteca y bajé a la sala donde la encontré leyendo un libro sobre pociones avanzadas en el ramo de antídotos extraños. Me acerqué a ella y vi la concentración en su rostro, no me había visto.

Le gusta leer —brinco del susto cerrando el libro y poniéndolo en su lugar.

Lo siento, no quise ser imprudente ni tomar algo que no es mío.

Tranquila, si le gusta leer puede tomar el libro que guste siempre y cuando lo regrese a su sitio original —no podía ignorar lo meticuloso que era

Gracias.

Hermione

Sabía que en algún punto yo tenía que irme de su casa, a Severus no le gustaban las visitas y mucho menos aquellas que se quedaban a dormir para siempre en su recamara, al menos que me amara y me hiciera el amor por las noches: cosa que no pasaría. Ya había logrado mi objetivo: verlo y sentir su presencia, despedirme de cierta forma, tenía ahora que cumplir con la otra parte de mi plan, ¿pero realmente tendría el valor de quitarme la vida, teniéndolo tan cerca? O quizás podría regresar a mi tiempo, matar a Ron y empezar una vida con Harry como me lo ofreció... no suena tan mal, podría vender las propiedades que Severus me dejo: total, él odiaba cada una de ellas, por eso nunca se fue a vivir ahí, de pronto sólo tenía en mente algo: Italia.

Aquella mañana él no se encontraba, me dijo que tenía que reunirse con alguien, a mi parecer creo que con Albus Dumbledore: otro de mis grandes problemas, pues si él me veía descubriría quien era y lo que había hecho, no sé qué dones tiene ese mago en ese momento, pero realmente me iba a descubrir en la mentira; quitándole el temor de que Severus terminará llevándome con el director, sé que quería deshacerse de mí lo antes posible: ¿quién soy yo para negarle eso?

Busqué un pergamino, tinta y pluma para escribirle una carta a Severus, después de eso me retiraría a no sé dónde a pensar que haría con mi vida, ya no puedo seguir importunando la vida del hombre que amo.

Severus:

¿Cómo debería llamarte? ¿Severus? ¿Sev? todas esas palabras las estuve reprimiendo por todo un año y salían en forma de lágrimas, de llagas en mi alma, de gritos a mis padres, de palabras hirientes a mis amigos. Es cierto Severus, te oculto muchas cosas, supongo que así debe de ser, al menos fue lo que me enseñaron... si tú supieras Severus, que la chica de la que quieres deshacerte es la mujer que más te ha amado en la vida y a la que más amarás algún día, hoy es Lily lo sé y no me duele porque más adelante yo supliré su lugar para invadir tu mente con cada una de mis palabras y llenar tu ser con cada uno de mis besos.

¿Qué vas a pensar ahora que desaparezca de tu vida de la misma forma en la que llegué? Quizás no le tomes importancia y sigas con tu vida sucumbido en tus recuerdos, llenándote las noches de amargura, tomando aquella copa nocturna, matando el tiempo frente a un libro, rechazando las ofertas de Dumbledore de pasar una tarde amena... pero ¿qué pasara en cuatro años cuando veas a una niña igual a mí, pero con más ganas de vivir? ¿Cuándo la manden a Gryffindor, y veas mis mismos ojos pero más brillantes llenos de ilusión?, te lo advierto, seré una insufrible sabelotodo, pero una que te amó mucho... al principio no me soportaras pero con el tiempo me amaras.

No se espanté profesor Snape, tal vez pueda duplicarme la edad pero eso no evito amarnos durante tres años hasta que el destino nos separó de la forma más cruel, y yo no estaba preparada para perderte y me deje morir, pensando en ti, observando día tras día ese anillo de compromiso, recordando las noches en tus brazos, como calmabas mi dolor con esa melodía, perdóname pero te amaba demasiado.

Llegué aquí porque era necesario, necesitaba verte, tocarte, amarte, tal vez no pueda entregarme a ti pero en esta carta expreso todo lo que puedo sentir, desgraciadamente no podré decirte como nos enamoramos, cómo las malditas circunstancias nos separaron pero eso no pudo con nosotros, nuestro amor fue más fuerte, más fuerte que una guerra, más fuerte que los mortífagos, más fuerte que tus misiones, nos amamos sabiendo que teníamos que ser enemigos, nada nos separó hasta que llegó el maldito destino y me dejaste tan sola... No te cierres, ella llenará tus días, tus momentos, ella llenará de calidez tus noches y de razones de vivir, ámala, ámala como él me amó a mí... porque ella te amará como te amo en este momento a ti.

Por siempre tuya Hermione Granger.

Doble el pergamino y me senté en la sala, lo dejaría en la recamara para que él pudiera leerlo, respiré profundamente, no tenía el valor de irme lo sentía, quería quedarme.

Quiero quedarme, tengo derecho a ser feliz, él tiene el derecho a ser feliz.

Desaparécete Hermione, hazlo...

Tengo derecho, me lo merezco, quiero estar con él... teníamos planes, podemos realizarlos, puedo quedarme aquí, buscar un empleo rentar un lugar, visitarlo y que se enamore de mí como la primera vez... podría... quiero hacerlo...

Fue ahí cuando vi la falla de mi plan, no tenía el valor de dejarlo...

Escuché que se aparecía en la casa y me observaba cómo estaba llorando de nuevo.

Dale el pergamino Hermione y vete de ahí... hazlo

¿Le pasa algo Granger? —tomé el pergamino y quise dárselo, lo juro... pero lo arroje a la chimenea ardiendo—, ¿qué era eso?

Mi pasado —le dije asustada.

Me alegro que pueda quemar su pasado señorita, ahora debe comenzar a vivir de nuevo —a tu lado.

Lo haré señor Snape y gracias a usted —sólo hizo una inclinación en señal de aprobación ante mi comentario.

¿Y... cómo o qué es lo que piensa hacer?

Primeramente quería agradecerle su hospitalidad durante este tiempo, sino me hubiera permitido quedarme aquí, no sé qué hubiera hecho, pero ahora estoy mejor, y creo que es hora de irme —por supuesto que no quería irme pero debía empezar con mi plan, conseguir un empleo y estar a su lado.

¿Irse? —repitió sentándose a mi lado—, ¿a dónde? ¿Con sus padres?

¿Y qué me encierren de nuevo? No gracias, pienso rentar un lugar pequeño y... pues buscar un empleo, quizás me quede en Londres y podría hacer todo lo que tenía planeado antes de que todo pasara.

¿Y se va ya? —asentí y él me observó unos minutos.

Severus Snape

Me decía que ya se iba y me preguntaba cómo demonios iba a hacer eso, ella no tenía dinero ni nadie que la ayudara... más que yo, me recordaba a mí en mis primeros años de egresado de Hogwarts, antes de heredar la fortuna de los Prince, sin dinero, sin planes de nada, y por lo mismo terminé aceptando una herencia que me condenó aún más, después me convertí en mortífago por mis necesidades y por resentimiento y rencor.

Si esa chica se iba podía acabar mal igual que yo, cuando algún aprovechado disfrutara de su necesidad y su inocencia, porque era muy ingenua todavía, aún era muy joven y estaba frágil, muchos hombres se aprovecharían de su situación y su debilidad de carácter. Me sentía comprometido a ayudarla aunque no fuera de ese tipo de hombres que se dedicaba a cuidar a jovencitas.

¿Se va? —volvió a asentir—, sin un lugar al donde llegar, sin cosas ni dinero —bajó su vista y se sonrojó de las debilidades de su grandioso plan.

No puedo seguir aquí —susurró.

¿Por qué?

Porque creo que ya lo he incomodado lo suficiente, creo que es hora de que deje que usted continué con su vida y yo seguir con la mía —era un exmortífago lo sabía, pero no era un maldito y podría considerarme un caballero y más con ella, el hecho de que confiara en mí y viera a un hombre simple ignorando lo que fui: me daba una sensación reconfortante.

Le propondré algo, piénselo y después me dice, puede quedarse aquí en la casa mientras consigue un lugar donde vivir, hay una habitación pediré a la elfina que se la arregle y puede quedarse ahí, al menos tendrá un lugar seguro donde vivir y mi protección... no le pediré nada a cambio, es muy peligroso que una señorita como usted ande sola sin nada ni nadie, yo veré por usted mientras esté en esta casa —le dije levantándome, ella hizo lo mismo y me abrazó poniéndose de puntitas, de nuevo me sorprendió.

Gracias señor Snape, muchas gracias —me congelé, pero recibí su abrazo correspondiéndole, pero no permití que durará mucho.

¿Acepta entonces?

Sí, le pagaré se lo prometo.

No se preocupe por eso ahora... accio túnica —cuando llegó la túnica y se la di a Granger—, póngasela le quedará bien, un poco grande pero servirá, iremos al Callejón Diagón.

No, prefiero quedarme aquí.

Iremos al Callejón Diagón, nadie va a hacerle daño ya se lo dije, le hará bien el aire libre, tengo que comprar algunos ingredientes y después pasaremos a comprar algo más —pensó un par de segundos y se puso de la túnica negra a regañadientes, le quedaba algo grande pero la cubriría del frío.

Llegamos al Callejón Diagón y la vi un poco nerviosa, observaba todos los rostros de la gente, tenía miedo pero no sabía porque si le garanticé que nadie le haría daño si yo estaba con ella, entramos a una tienda de Madame Sophie donde vendían ropa y la dependienta salió a recibirnos.

Buenas tardes señor Snape.

Buenas tardes Madame Shopie —Granger permaneció algunos pasos atrás de mí.

¿Qué se le ofrece esta vez? ¿Camisas?

No esta vez no es para mí —la interrumpí—, ella es Hermione Granger —le dije quitándome para que la viera—, Es una buena amiga y perdió su maleta con todo lo que tenía, dele todo lo que pudiera necesitar, vestidos y también un poco de ropa muggle.

Por supuesto señor Snape, te traeré unos vestidos que acaban de llegarme —le dijo a Granger sonriéndole y se fue a la parte de atrás para mostrárselos.

Señor Snape yo... no puedo aceptar algo así, ya me compró este y me está dejando vivir en su casa...

Ya le dije que no se preocupe por eso, iré a comprar unos ingredientes y usted puede quedarse aquí, compré lo que quiera ¿de acuerdo? —le dije con la voz seria en señal de que no le estaba preguntando, sino ordenándole.

Es que no quiero ser una carga para usted.

Bajó su vista algo apenada, pero quería que vistiera bien y no pasara vergüenzas, ¿cuántas cosas no tuve que soportar del insolente de Potter y Black porque mi padre gastaba todo en alcohol y lo poco que ganaba mi madre lo utilizaba en comida y por lo tanto no vestía bien? Miles de veces tuve que aguantarme las ganas de cosas por no tener dinero, se me cerraron las puertas muchas veces por no estar bien vestido, por eso ella me recordaba mucho a mí y algo me impulsaba a ayudarla, no entendía qué.

No es una carga para mí, pero si quiere conseguir un empleo tiene que vestir bien, después cuando tenga dinero podrá pagarme si así lo prefiere.

Es que... —se calló porque la señora llegaba con ganchos de vestidos atrás de ella flotando.

Encontré varias cosas que te gustarán niña, acércate a verlos, anda —ella me observó y mi mirada fue intransigente y se acercó a verlos, ella no iba a pasar lo que yo pasé de joven, nadie la humillaría y no tomaría el camino equivocado por necesidad.

Empezó a observar las prendas y me acerqué a ella y le susurré.

Me voy a la botica, vuelvo en un rato... el vestido negro se le vería bien —sus mejillas se sonrojaron al instante.

Hermione

Me dejó en la tienda con mi corazón latiendo a mil por hora, como extrañaba esa voz sensual, claro que me llevé el vestido negro, era un poco arriba de las rodillas, de tirantes y pegado del busto y suelto hasta abajo, me lleve un vestido blanco, uno rosa pálido y otro verde olivo; un par de jeans y dos blusas sencillas, ropa interior y unas botas.

Regresó pasada la media hora y se acercó a mí observando lo que había elegido.

Muy bien ya regresé ¿eso es todo? —me preguntó sorprendido, asentí—, Madame Sophie, perdió todo su guardarropas dele ocho vestidos más, dos pijamas, más ropa muggle quizás tres pantalones, más blusas, algunos suéteres, y... de esa ropa también —dijo señalando la lencería—, tres pares de zapatos y... todo lo que ella pueda necesitar.

Señor Snape eso es demasiado por favor no —le supliqué, así era cuando me compraba cosas pero antes él era mi pareja, me amaba y sabía que yo lo amaba a él pero ese Severus no... ¿Por qué me ayudaba tanto?

No discuta Granger —me reí porque pareciera que me lo estaba diciendo el profesor Snape, por un momento el dolor se iba disipando—, escoja lo que le pedí por favor —hice lo que me pidió, pagó las compras y salimos de la tienda con todo lo que me compró—, ahora acompáñeme —lo seguí y entramos a la tienda de túnicas de Madame Malkin—. ¿Tienen mi pedido?

Si señor Snape, sólo falta que se lo pruebe la señorita.

Pasa Granger —joder, lo que me faltaba.

Puse mi cara de negativa y él una más fuerte, así que fui a probarme una túnica negra.

Muy bien listo —me dijo la señorita que me midió.

Volveremos en un momento, será esa negra, una gris oscuro, verde esmeralda, azul, y la blanca con botones negros que está en el aparador.

Sí, señor Snape —me abrió la puerta y entró a un lado, el cual era un café, me ayudó a sentarme e hizo lo mismo ignorando mi cara.

Buenas tardes señor Snape ¿qué le sirvo? —dijo acercándose un joven de unos 25 años.

Para mí un café —dijo sin ver la carta.

Una cerveza de mantequilla para mí por favor —no tardaron en darnos las bebidas.

Es demasiado pero se lo agradezco ¿Por qué lo hace? —tomó un sorbo de café y quise besar sus labios y volver a sentir ese sabor amargo en su lengua y embriagarme con ellos.

Porque si ¿quiere comprar algo más? Ya sabe cosas de mujeres.

No —le contesté inmediatamente avergonzada.

Tome —me dio una bolsita de galeones—, vaya y compre lo que le haga falta, le daré un poco de privacidad para que lo haga, y no me diga que no.

Tomé los galeones y fui a comprar un poco de maquillaje, una loción, algunas mascadas ya que parecía hombre con el pelo así, y como dijo él algunas cosas de mujeres, tenía que enamorar a Severus quizás fuera un poco difícil, amaba a Lily, nada a lo que no me haya enfrentado antes.

Severus Snape

Llegamos a La Hilandera... después de varias compras y muchas miradas penetrantes.

Jelyus —la elfina apareció inclinándose ante él— ¿esta lista la habitación?

Sí amo.

Sube estas cosas a la habitación, de ahora en adelante la ocupara la señorita y yo regresaré a mi habitación, ella vivirá aquí indefinidamente, atiéndela en lo que necesite.

Sí amo, con permiso —desapareció con las cosas y el silencio incomodo apareció.

Señor Snape.

No diga nada Granger, su vida cambiará desde ahora, comenzara de nuevo como quería.

¿A su lado? —no pude responder esa pregunta, era muy personal y se podía mal interpretar, sus ojos miel brillaban de esperanza, radiantes del comienzo de una nueva oportunidad, Granger me idealizaba, veía a un hombre bueno cuando solo fui un maldito, veía a quien la ayudó esa noche, la que la había estado cuidado, no me conocía en verdad y no quería que lo hiciera, prefería que me idealizara de esa forma.

Sí Granger —fue todo lo que pude responder, mientras ella sonreía.

Gracias por darme esta oportunidad —me abrazó con ternura

Le correspondí el abrazo tomándole la espalda sintiendo los latidos de su corazón...