CAPÍTULO 8
AHORA TE TENGO A TI
Hermione
Había dejado de martirizarme si había hecho lo correcto o no, ya estaba ahí, y mi vena egoísta saltó a la vista, yo tenía derecho a quedarme ahí, nadie tendría porque saberlo, si mantenía un bajo perfil no arruinaría la línea temporal, tenía unos años para decirle a él mi verdadera historia, y por amor a Harry me encargaría de destruir los horrocrux antes de regresar a mi tiempo, en este momento no podía regresar, no tenía futuro en el mundo mágico que me había dado la espalda, ni en el mundo muggle donde mis padres se encargarían de detenerme en ese hospital hasta que cediera ante sus peticiones.
Tenía que aceptar que mi intención sólo era una, disfrutar ese tiempo, tener una oportunidad, recordé un poco mi pasado, y sabía que meterme en su cama en esta ocasión no sería lo mejor, entonces me di cuenta que no tenía absolutamente nada, tuve la mejor relación de tres años con un gran hombre, atento, apasionado, que me amó, pero yo no tenía historial, él había sido el primero, mis tácticas con él fueron muy ¿cómo decirlo? Directas... quizás no podía usar el mismo método, ¿qué voy a hacer?
Se me estaba quemando el cerebro de tanto pensar, Ginny le provocó celos a Harry pero Severus es otra cosa, así que descartado; utilizar mi misma táctica que la vez pasada la omití por completo, piensa Hermione, alumna inteligente y no sabes cómo conquistar a un hombre.
Desde las seis de la mañana no me había podido dormir, me levanté y me bañé en silencio para no despertarlo, me puse un vestido verde esmeralda straple que llegaba a la rodilla con un gran vuelo y un cinturón de la misma tela que estaba debajo de los pechos y terminaba con un moño discreto por detrás, zapatillas negras abiertas, nada elegante sino muy casual, él no era ciego y por algo debía empezar.
—¿Cómo se te ocurrió cortarte el pelo?
Intenté darle una solución a mi cabello corto, me hice una diadema con mi mismo pelo en forma de trenza y lo agarré con un broche verde en forma de flor del lado izquierdo, me maquillé un poco, me vi al espejo y creí que no todo estaba perdido, él y yo no nos llevábamos tantos años, así que esa no sería un impedimento.
—Quizás tenga posibilidades, nadie mejor que yo para saber que adora él, manos a la obra.
Salí y bajé a la cocina, Severus nunca me llevó a esa casa porque decía que era riesgoso, y porque mantenía sus más fríos recuerdos. Por fin le tomé atención al lugar, tenía una mesa redonda de madera rustica y la cocina integral era negra, una alacena y un fogón; llamé a la elfina quien me ayudaría a darle una sorpresa a Severus.
—Jelyus —le llamé con voz baja.
—¿Si señorita? —apareció la elfina de inmediato.
—Quiero que me ayudes a prepararle algo al señor Snape, quiero que sea algo especial para agradecerle su hospitalidad conmigo.
—Claro señorita ¿qué quiere que prepare?
—No, más bien quiero que me digas dónde están las cosas para prepararlo yo —le solicité emocionada abriendo la alacena.
—¿Qué? No eso no, yo preparo la comida del amo, nadie más que Jelyus.
—Por favor déjame prepararlo ahora yo, te aseguro que no tendrás problemas con el señor, además él te dijo que me sirvieras en lo que necesitara —que odiosa debí oírme, y la elfina me vio con un odio desmedido—, por favor dime dónde están las cosas —la elfina accedió de mala gana y me dejó la cocina para mí sola.
Me puse un delantal que tuve que transformar claro, y primeramente puse agua para prepararle café, saqué unas naranjas para hacerle un zumo, piqué distintos tipos de fruta: papaya, melón, mango, plátano, guayaba, manzana y fresas, las acomode perfectamente en un plato grande y amplio para después bañarlas de miel, le coloqué encima miel con avena, acomodé el plato en el centro de la mesa con dos cucharas y dos tazones para servir.
Partí cuadros de pan y le puse una rebanada de queso panela, colocando varios trozos en un plato extendido y lo llevé a la mesa; escuche cómo se estaba bañando, tenía que darme prisa, no tenía muchas cosas así que le preparé huevos con un guisado de ternera, mientras terminaba de prepararlo escuché que bajaba las escaleras.
—¿Jelyus y la señorita Granger?
Volteé a verlo y me observó sorprendido ¿le gusta mi cambio? ¿Le incomodaba que le cocine?, él estaba arreglado, su rostro aún no era tan serio y frívolo como cuando lo conocí siendo mi profesor, más bien solo reservado, creo que cuando vuelve a ver a un Potter y tiene que regresar como espía le endurecen el carácter, ahora es más relajado, yo me encargaría de que pasará un buen momento estos años antes de que Harry llegué a recordarle a su padre.
—¿Si señor Snape?
—¿Qué está haciendo en la cocina?
—Bueno, yo estoy preparando el desayuno, hice de todo un poco, siéntese por favor, le serviré café.
—No es necesario que haga eso Granger, mi elfina lo hará todo sólo pídale lo que quiera de desayunar y ella lo hará —dijo sin moverse de donde estaba.
—Lo sé señor, es sólo que... yo no tuve elfina y yo preparaba el desayuno en mi casa antes de que todo pasará... sólo quiero tener un detalle para agradecerle lo que ha hecho por mí.
—No es necesario, lo aceptaré pero no quiero que se repita de nuevo —se sentó mientras colocaba el almuerzo en la mesa con jarra de zumo de naranja y tostadas de mantequilla con mermelada de fresa encima, le serví una taza de café y me senté a su lado quitándome el delantal.
—Espero que sea de su agrado, de hoy en adelante yo cocinaré para usted.
—No señorita.
—Por favor déjeme hacer lo que hacía antes de que me internaran.
—Pero que Jelyus le ayude —asentí y tomó un sorbo de café y observó la taza con determinación—, ni siquiera mi elfina logra el café en este punto, gracias Granger.
¿Quién crees que te lo preparaba antes?
…
—¿No has visto a una pequeña delincuente que hurtó mi camisa? —Me preguntó abrazándome de la cintura por atrás—, Oh ya la encontré... ¿qué haces medio desnuda en la casa? Es muy arriesgado de tu parte —comenzó a besarme el cuello, perdiendo toda la concentración.
—Profesor Snape, me encanta verlo perdiendo el control y esta camisa será mía de ahora en adelante y si se la vuelve a poner se la vuelvo a quitar, así este usted en el Gran Comedor con el director o en media clase.
—Eso sería muy osado de tu parte, ¿por qué te levantaste tan temprano?
—Solo quise estrenar la cocina y prepararte algo, siéntate.
—Podría traer a mi elfina y que nos ayude... no quiero verte recogiendo y esas cosas.
—Que te sientes, —le dije señalando la silla—, tú dijiste que esta es mi casa y aquí mando yo, además quiero estar contigo de esta forma, no que una elfina lo haga —se senté y le serví lo que había hecho esa mañana—. Para que nada más tengas ojos para mí.
—Ya discutimos esa parte... esa mujer no es nada lo sabes.
—Pero la muy zorra... vale... desayunemos mejor —disfrutaba verme celosa, lo sabía, pero aquella vez casi le cuesta nuestra relación.
—Me he vuelto a enamorar de ti, estaba todo delicioso, ella no cocina así —alcé la vista de forma casi diabólica, no supe en qué momento había tomado la varita dispuesta a arrojarlo fuera de la casa—, debes aprender a controlarte Granger, —me hice la indignada y me jaló para sentarme en sus piernas mientras me acariciaba las piernas—. Eres la única voy a demostrártelo... ¿quieres ir a la recamara?
—No iré contigo a ningún lado —tocó mi espalda y mi piel se erizó al tacto.
—Creo que eso es un sí.
…
—Se ha quedado pensativa señorita —me dijo terminando de comer su tostada con café, le serví en un vaso zumo y en el plato los huevos acompañándolos con el pan con queso.
—Pensaba en ir a buscar trabajo después de desayunar.
—Me parece bien, yo podría conseguirle algo, déjeme hablar con...
—No señor Snape, usted ya ha hecho mucho por mí, esta vez quiero hacerlo sola —mentí precipitadamente—, en algún momento no lo tendré a usted, entonces tendré que solucionar mis problemas sola —él se quedó callado analizándome, pero terminó por asentir llevándose un bocado con el tenedor.
—Tiene buen sazón señorita —sonreí, iba por buen camino.
Ignoraba qué actitudes habían sido determinantes para que él se enamorara de mí, me encontraba insegura respecto a eso, pero no había sido la intimidad, tenía con otras mujeres, ¿por qué conmigo habría sido diferente? Algo me indicaba que había sido la convivencia, y el amor que yo sí le profesaba.
—Gracias señor Snape.
Terminamos de desayunar y se levantó para ir a la biblioteca, yo lavé los trastes y recogí la cocina dejándola impecable, bajó y puso su cara de molestia, dejé la toalla con lentitud y bajé la vista.
—¿Qué está haciendo ahora? —no sabía a qué se refería, aunque me hacía de una idea—, Granger aquí hay alguien quien hace todas estas cosas, le pido de favor que usted no lo haga.
—Usted me compró todo esto y me aloja en su casa, me ha dado su amistad, permítame corresponderle.
—¿Amistad? —repitió, recordaba que él no creía en los amigos, y tiene razón, después de lo que Lily le hizo como lo pensar de esa manera.
—Bueno yo... lo siento...
—Granger el hecho de que la ayude no indica nada, no la quiero limpiando, ¿me oyó? —asentí de inmediato.
—Saldré a buscar trabajo —me puse nerviosa y me retiré de ahí.
—Espere... tenga necesitará quizás algo de dinero —otra vez el maldito dinero, necesito con urgencia un trabajo.
—Le pagaré todo, que pase un buen día —nos despedimos y cada uno se fue a sus labores.
Severus Snape
Veía un poco de cambio en su persona, esa mañana se había puesto un vestido verde que resaltaba su figura, además de eso se había acomodado el cabello y se había maquillado.
¿Pero qué demonios te pasa, si tú nunca te fijas como van vestidas las mujeres Snape?
Ahora se peinaba y le daba un toque femenino a su persona, se maquillaba ligeramente y sonreía demasiado, aquellas palabras de que éramos amigos me trastornó un poco, ella estaba en un estado de shock aún, y podía mal interpretar un agradecimiento con otra cosa, no quería verme envuelto con ella pero a la vez tampoco podía dejarla a su suerte; estaba pasando justo lo que pensé, estaba confundida y quizás si yo fuera otro tipo de hombre ya la hubiera tenido en mi cama aprovechándome de la situación, y ella era muy hermosa... cualquiera podría arruinarle la vida, ahí vamos otra vez Snape.
Toda la semana pasó buscando trabajo y a mí me faltaba solo algunos días para entrar a Hogwarts, yo no le había informado mi situación y me daba temor de su reacción que había mejorado considerablemente. Había tenido reunión en el colegio para el siguiente curso y esperé a Albus en el despacho ya que debía pedirle un favor especial.
—Hijo... muchacho... ya te hacía en tu casa —me dijo sentándose en su habitual lugar.
—De hecho ya me iba pero quería venir a pedirte un favor muy especial Albus, espero que puedas ayudarme.
—Claro, en lo que yo pueda ayudarte, ¿qué ocurre?
—Veras yo necesito algunos fines de semana en los que pueda ausentarme del colegio para ir a mi casa, no serán siempre y quizás solo una noche, no todo el fin de semana.
—Por supuesto Severus, hazlo ¿puedo preguntar para qué? —sonreí irónicamente, sabía que él terminaría preguntando.
—Ya lo has hecho... resulta que... quiero ir a ver a alguien... bueno no alguien, —corregí de inmediato sin verlo a los ojos—, más bien quiero ver que las cosas marchen bien en mi casa.
—¿Marchen bien? ¿Qué pasa Severus? —me preguntó algo preocupado.
—Resulta que... tengo viviendo a una chica ahí Albus y necesito ver que todo marche bien en la casa —el viejo loco se levantó y luego lo hizo conmigo, me levantó con fuerza jalándome de la mano para después estrecharme con fuerza, eufórico.
—Felicidades hijo, ya decía yo que había una segunda oportunidad para el amor...
—Detente Albus —lo interrumpí en su patético discurso del amor y las relaciones humanas—, he dicho que tengo viviendo a una chica ahí pero no que esté con ella, solo la estoy ayudando un poco.
—¿Ayudando en qué?
—Ni siquiera sé Albus... creo que necesito hablar con alguien —Albus se puso serio y empecé a relatarle como conocí a Granger—, una noche a finales del mes pasado llegó ella en medio de la tormenta, estaba completamente aterrada... se desvaneció en mi puerta, la cuide pero algo le hicieron Albus puedo verlo en sus ojos tristes, a veces tiene la mirada perdida, aquella noche no pudo dormir, decía que cuando despertara se daría cuenta que seguía en el lugar de siempre, no tengo idea, pero presiento que fue torturada física y mentalmente, tuve que quedarme a dormir con ella esa noche, como si fuera una cría... y... no he podido decirle que se vaya, no acepta ayuda de nadie, y desgraciadamente terminó apegada a mí.
—¿Y eso porque? Debe tener familia que la busque ¿no?
—Su maldita familia es una escoria Albus, como el mismo Tobias... —siseé con molestia, sólo de recordar la noche donde ella llegó, herida, destrozada, la ira subió hasta mis hombros, me levanté furioso y me enfoqué en las llamas de la chimenea—, ella venía de un psiquiátrico, llegó drogada a mi casa, tiene cortes en sus brazos, quiso quitarse la vida, está muy mal, quise llevarla a San Mungo ayudarla de alguna forma pero se niega a recibir una ayuda que no sea la mía, no quiere separarse de mí y eso me está complicando la vida.
—¿Quieres que se vaya? —negué con la cabeza de inmediato, y yo mismo me sorprendí de la respuesta.
—No es eso, es sólo que... voy a venir a Hogwarts, no sé cómo se tome el hecho de que la deje en la casa, esta tan apegada a mí, está sufriendo una dependencia y creo que más que ayudarla le estoy haciendo un mal, le ofrecí mi casa con gusto pero no toda la vida podré estar cuidándola.
—Habla con ella, dile que puede venir a Hogwarts contigo —mi gesto ceñudo apareció naturalmente.
—Albus quiero que me ayudes a solucionar esto, no a complicarlo más ¿quieres que la lleve a dormir a mis mazmorras también?
—Pues si te gusta la chica... —respondió alzando los hombros con despreocupación.
—PONME ATENCIÓN... ella... Albus debes ayudarme en serio... ella cree que soy otra persona.
—No te entiendo.
—Mira cuando ella llegó la ayude, está bien, pero cree que soy una buena persona, y la culpa la tuve yo ayudándola, le compré algo de ropa, le ofrecí mi casa y me dice que soy un buen hombre... no sabe lo que soy.
—¿Un hombre que se equivocó y retomó el camino?
—Albus nada va a cambiar todo lo que hice —le dije empezando a sentir la rabia fluir—, quizás estuve ahí el día que la torturaron siendo una niña.
—A ver, creo que me he perdido alguna parte de la historia —no supe porque llegué ahí, no quería contarlo, por alguna extraña razón me dolía...
Lily…
—Tiene una cicatriz en un brazo con las palabras sangre sucia, dijo que se las hizo Bellatrix Lastrange —ya no pude seguir—, el maldito problema Albus es que me miente, me dice la verdad a medias... tiene miedo... no..., más bien pánico de que la haga volver con sus padres, me suplica que no la separe de mi lado ¿qué demonios hago?
—¿Qué es lo que quieres hacer?
—Protegerla, debo protegerla de todas las personas que la dañaron —la palabra salió así como aquellos juegos muggles donde te dicen una palabra y tu respondes con lo primero que se te viene a la mente—. Quise leerle la mente pero la habían lastimado tanto que... no quise violentarla de esa manera, pero no me está dejando opción.
—Creo que deberías dejar las cosas así por ahora, cuando esté lista, ella te lo contará todo, te repito si quieres traerla no me opondré o puedes dejarla ahí y tomarte los fines de semana que consideres necesarios.
—Gracias Albus lo pensaré —volví a sentarme rememorando el mes que llevaba ella viendo en mi casa, hasta que me percaté de que aquel vejete estaba sonriendo, como si gozara de información que yo ignoraba—, se puede saber ¿de qué te ríes?
—No..., sólo me preguntaba si te gusta la chica.
—Albus deja de decir idioteces, hay una razón por la cual le ofrecí mi casa y mi protección, ella ahora no está en condiciones de vivir sola, podría confundirse con facilidad y un tipo podría aprovecharse de ella, reconozco que a veces ella tiene ataques de efusividad y tiende a abrazarme y decir cosas sin sentido... pero estoy procurando que no malinterprete mi atención.
—¿Cómo podría malinterpretarla?
Ella me sonríe de manera especial, a pesar de que le insisto en que no me atienda, lo sigue haciendo, me lleva café después de la comida o me sirve una copa de whisky, justo antes de dormir o darme las gracias por darle una amistad que ni siquiera le he dado, hay varias actitudes de su parte que me hacen tener más precaución.
—Eso no importa —el sólo hecho de acordarme que cosas me dice me producía una sensación de enojo—, yo no podría aprovecharme de ella Albus, está confundida... por eso está en mi casa para que un depravado no abuse de su estado.
—Pero no me has respondido ¿te gusta la chica?
—¿Y tú no me has oído que no puedo aprovecharme de la situación? —le dije ya empezando a enfadarme de verdad.
—Yo no hablo de aprovecharte sino a tomarla en serio... quizás una relación en forma.
—Maldita sea Albus es imposible hablar contigo —le dije azotando la puerta y largándome de ahí.
…
—Granger... es imposible que me haga caso con respecto a hacer la comida ¿verdad? —le dije mientras ella servía la cena.
—Siéntese señor.
—Basta con lo de señor, siento que estoy escuchando a mi elfina y más ahora que estas preparando la cena, de hoy en adelante seré Severus para ti —le dije malhumorado y ella sonriendo con satisfacción, cómo si hubiese estado esperando ese momento por semanas.
—¿Y me vas a decir Hermione? creo que es ridículo que me digas señorita Granger si no tenemos mucha diferencia de edad —y era verdad, ella tenía veinte años, yo solamente le llevaba siete.
—Muy bien entonces nos tutearemos de hoy en adelante —nos sentamos y sirvió la cena—. Hay algo que quiero comentarte... ¿has oído hablar de Hogwarts?
—El colegio de magia y hechicería de Gran Bretaña.
—Así es... pues yo soy profesor ahí y ya casi empieza el curso, ahí vivo siempre, solamente paso las vacaciones aquí... por lo tanto tengo que irme y pues he estado pensando en esta situación y... ¿quieres ir conmigo al colegio? Vivirías conmigo en las mazmorras, lo arreglaré para que haya dos habitaciones, estarás cómoda y segura, —se puso seria por un momento pero en el fondo sólo pude ver miedo—. ¿Qué pasa?
—Es solo que... —guardó silencio cuando escuchamos que la chimenea se activaba, me levanté y fui a la sala donde estaba Albus pidiéndome permiso para entrar.
Era lo único que me faltaba en ese momento, lo dejé pasar y salió de ahí sacudiéndose la ceniza, pero prestando atención a la estancia.
—Albus... cotilla, ¿no lo soportaste verdad? Ven... estábamos a punto de prepararnos un café.
—No quiero ser inoportuno... interrumpir algo —diciéndolo en el sentido más burlón que encontró.
—Cierra la boca, le estaba diciendo que fuera conmigo al colegio, prefiero tenerla cerca para vigilarla, hay algo que no me está gustando de su actitud... ven acompáñanos —entramos a la cocina— ¿Hermione? —pero ella no estaba... ¿ahora dónde demonios se metió?
Hermione
Santa Madre de Merlín, Dumbledore está aquí, él fue el que les dijo a mis padres que yo era una bruja, si Severus le dice mi nombre hasta aquí terminó mi teatrito, salí huyendo como una cobarde, estaba en la habitación que me había dado Severus sentada en la cama, dispuesta a irme en ese momento, cuando tocaron la puerta.
—Adelante —Severus entró y se paró frente a mí ceñudo y molesto.
—¿Por qué subiste? Quiero presentarte a alguien —sonaba molesto por mi actitud, pero a mí me asustaba más lo que fuera a suceder que su explosión de coraje.
—No quiero ser inoportuna con tus visitas.
—No eres inoportuna, ven acompáñame —no dije nada, sólo me puse tiesa de pies a cabeza, intentó levantarme pero el miedo me engarrotó— ¿Hermione? —se inclinó para quedar de frente—, ¿qué fue lo que te hicieron? —me preguntó cuándo me sintió temblar de pies a cabeza, me quitó el cabello de mi frente preocupado.
—Nada.
—¿Por qué le tienes tanto miedo a la gente? —se sentó a mi lado acariciando mi espalda intranquilo.
—Es que... tantas personas me defraudaron y me dañaron... yo... no puedo bajar, no puedo hacerlo —¿cómo responderle esa pregunta que era tan difícil?
—Mira Hermione aquí estoy, te dije que yo iba a ver por ti y tendrías mi protección, así va a ser siempre, ven conmigo, no pasa nada —me dejé convencer y bajamos las escaleras.
Dumbledore estaba sentado en la sala con su túnica dolor azul claro, su barba plateada pero más joven, se encontraba jugando son sus dedos esperándonos, entonces alzó la vista hacia mí, sentí recorrer su mirada por cada partícula de mi cuerpo.
—Albus... ella es Hermione Granger.
—Señorita Granger —me dio la mano levantándose de inmediato, y por el tono de su voz sabía quién era yo— Albus Percival Wulfric Brian Dumbledore —sonreí para desestresarme.
—Mucho gusto señor Dumbledore —la elfina nos llevó café y ellos hablaban de cosas a las cuales no les prestaba atención, un cuervo negro llegó por la chimenea depositando un sobre a Severus el cual lo tomó para leerlo.
—Tengo que responder esto... estás en tu casa Albus, vuelvo en seguida Hermione —me miro para que me quedara tranquila y se fue.
—Hermione Granger —repitió Dumbledore observándome—. Un nombre poco común ¿no cree señorita?
—Sí, creo que lo es.
—Bonito camafeo, apuesto que tiene poderes especiales —por fin le sostuve la mirada pero no se notaba enojado más bien curioso, pero no pude evitarlo y comencé a temblar.
—Yo...
—Tranquila señorita si Severus vuelve y la ve así creerá que le hice algo...
—Va a pedirme que regrese ¿verdad?
—Por supuesto que sí señorita, usted no debería estar aquí —me dolió que mi felicidad durara tan poco, y mis ojos se cubrieron de lágrimas—, pero regresara en el momento preciso, quizás no ahora, no antes, no después, sino justo cuando tiene que regresar.
—¿Me va a dejar quedar? —me sorprendió ese hecho, yo rompí muchas reglas, sin olvidar lo riesgoso que era que yo permaneciera en ese tiempo.
—Creo que eso se lo debes preguntar a Severus... lo curioso no es de dónde vienes, ni de qué año, inclusive me atrevería a decir que no importa en qué año quisiste regresar sino con la persona que decidiste hacerlo —sonreí para el profesor Dumbledore que me estaba llenando de una tranquilidad que hace mucho no sentía—, no haré preguntas por el momento, sólo confiaré en usted, más debo agregar que tendremos una conversación más adelante.
—Sí profesor Dumbledore, ¿por qué confía en mí? —le pregunté.
—Creo que no eres una mala persona, sólo una que ha sufrido mucho —tomó mis brazos viendo mis cicatrices—, ¿me equivoco?
—No, no se equivoca... intenté regresar pero no pude —mis ojos se humedecieron.
—Hay cicatrices que dicen mucho, hablan por sí solas en medio del silencio y gritan en medio de la oscuridad, sus ojos lo dicen todo señorita Granger —con esas palabras no pude hacer otra cosa que llorar, pero traté de que no fuera mucho ya que había intentado dejar de hacerlo—. No lloré.
—¿Qué pasa? —llegó Severus y se extrañó al ver que el profesor Dumbledore me sostenía los brazos viendo las cicatrices y yo rápidamente sequé mis lágrimas.
—Nada hijo solo hablábamos de...
Vio mis brazos y Severus entendió todo rápido, y su molestia apareció de inmediato, se colocó por delante de mí con protección.
—A ella no le gusta hablar de eso Albus, ¿estás bien Hermione?
—Sí, no te preocupes.
—Creo que la deberías acompañar a que descanse Severus —Severus lo fulminó con la mirada y Dumbledore luego me vio a mí—. Lamento si la incomodé señorita Granger.
—No lo hizo señor Dumbledore.
—¿Y cómo la incomodaste? —le cuestionó Severus.
—No pasa nada Sev... estoy bien —el enojo se desvaneció de la cara de Severus para ser ocupado por la sorpresa y la curiosidad.
Le he dicho Sev... ahora sí que he cometido un grave error.
—Ven, voy a acompañarte arriba —subimos en silencio y me acompañó hasta la cama.
—Lo lamento mucho Severus yo... apenas me das permiso de tutearte y yo me tomé el atrevimiento de usar un diminutivo, lo siento mucho.
—¿Sabes? Creo que me confundiste con tu prometido... ¿no le decías así a él?
Como no confundirte con él si eras tú mismo...
—A veces... realmente muy pocas, casi siempre le decía Sebastian y abajo no me confundí, te dije Sev a ti y pensando en ti, sólo que sentí que me estabas protegiendo y me deje llevar por el sentimiento, pero no volverá a pasar.
—¿Pero estas bien? —me preguntó preocupado.
—Si te digo que no ¿te quedarías a dormir conmigo como la primera vez? —me arriesgue a bromear con él.
—Graciosa —sonrió nervioso antes de alejarse—, tengo que bajar con Albus, descansa Hermione.
—Tú también Severus.
Severus Snape
Bajé a cuestionar a Albus, llevaba semanas tratando de que ella superara cualquier cosa que le hubiese pasado y llega este cotilla a arruinar lo poco que había avanzado, tenía sentimientos encontrados, por un lado el coraje con Albus por hacerla llorar y por otro la sorpresa porque ella me llamara de esa manera, Sev, como Lily solo lo hacía, cuando lo escuché de sus labios primeramente me llamó la atención, lo raro es que no pensé en Lily cuando lo hizo, eso me vino a la mente en último momento, pero luego capté que quizás le decía así a su prometido, aunque ella dijo que lo había dicho pensando en mí, y le creí, no vi mentiras en sus ojos.
—¿Por qué se puso así? —le pregunté molesto llegando a la sala.
—Sólo le dije que las cicatrices decían mucho más de lo que significaban, ni siquiera le pregunté algo.
—A ella no le gusta hablar de su pasado.
—Sí, creo que ya lo note, lo siento Severus no creí que se fuera a poner así, al final y al cabo nuestro pasado nos forja lo que somos actualmente.
—ELLA QUEMÓ SU PASADO PARA COMENZAR UNA VIDA NUEVA A MI LADO —le dije muy enojado en verdad, el que la hubiera hecho sentir mal, recordándole algo que a ella le lastimaba, yo la estaba ayudando a alejarla del dolor y él simplemente había abierto una herida sin importarle.
—¿A tu lado?
—No en el sentido que tú piensas, a lo que me refiero es que soy lo único que tiene ahora.
—Severuss ¿por qué te molestas tanto?
—Porque puedes arruinar lo poco que he avanzado con ella, sólo yo vi cómo estaba en un principio, ella tiene que estar recuperada por completo.
—No pensé que eso de protegerla fuera tan en serio.
—PUES LO ES.
—Pero si yo no voy a dañarla —mi enojo fue bajando de nivel—. ¿Vas a llevarla al colegio?
—Aún no me ha dicho que ha decidido, pero yo creo que sí.
—Muy bien, avísame un día antes para buscarle un lugar para dormir —me dijo acercándose a la chimenea.
—Dormirá conmigo en las mazmorras, —aclaré con cierta violencia—, te aviso mañana por si es necesario que ambientes una habitación de más —sabía que quería decir algo más, pero al ver mi mal humor lo pensó mejor y asintió.
—Muy bien Severus, entonces me retiro.
—Hasta luego Albus —el cotilla se fue y me quedé a tomar una copa.
Subí y abrí la puerta de Hermione viéndola dormir tranquilamente en la cama, con sus labios cerrados, de lado abrazando su almohada, me fui a mi recamara y me dormí para que terminara por bajarse el coraje que aún quedaba en mí.
…
Bajé a desayunar al día siguiente y ya estaba ahí en la cocina, ni siquiera perdí mi tiempo en replicar algo en lo que ella no iba a hacerme caso, llevaba un vestido más corto de lo normal color azul marino de manga corta y la espalda descubierta, y caía por ella un listón blanco con el cual debía estar agarrando su cabello.
—Buenos días —le dije.
—Hola Severus —me respondió, llevaba una pañoleta en su cabello color blanco dejando un pequeño fleco en su frente—. ¿Quieres café o chocolate?
—¿Hiciste chocolate?
—Sí... quise algo nuevo, podría servirte un poco a ver qué te parece.
—Claro, gracias —me sirvió en una taza y me llevó pan caliente a la mesa, lo probé y me gustó el sabor.
—¿Te lo cambio por café?
—No, el chocolate está bien —ella me acompañó con otra taza—. Ayer te comenté que este fin de semana me voy a Hogwarts, le dije a Albus que quizás nos vayamos ambos a vivir ahí ¿has pensando lo que te dije ayer?
—Sí, pero creo que es demasiado, sino te incomoda prefiero quedarme en tu casa, sólo serán unas semanas... ayer me dijeron que desde el lunes puedo presentarme a trabajar.
—¿Y dónde conseguiste trabajo?
—En una librería.
—Vaya... no te gustaría mejor estudiar algo, por tu edad supongo que solo terminaste los estudios básicos, ¿por qué no te especializas en algo? ¿Pocionista? ¿Medimaga? ¿Leyes mágicas? Hay muchas cosas, yo podría ayudarte.
—Creo que mi mente no da para eso en este momento, quizás más adelante, ahora sólo quiero trabajar y salir adelante, despejar mi mente, sólo eso.
—Muy bien ¿entonces no quieres ir conmigo a Hogwarts?
—Prefiero quedarme, si voy ahí estaría dependiendo de ti por más tiempo y... en cambio sí me quedó podría ahorrar e independizarme, claro antes de pagaría todo lo que has hecho por mí.
—No es necesario que lo hagas —le dije con sinceridad.
—Pero lo haré, bien pudiste llevarme a San Mungo cuando desperté aquel día y no lo hiciste, me has alojado y siempre te voy a agradecer que seas tan bueno conmigo —¿bueno? Si supiera quién soy en realidad…
—Está bien, tómate el tiempo que necesites para conseguir un lugar donde vivir.
—Gracias Severus —me dijo tomando mi mano, fue una sensación extraña como sus abrazos, como sus palabras, como ella misma, disfruté esa calidad hasta que retiró su mano.
Hermione
Que más hubiera querido que irme con él a Hogwarts, amarlo en ese lugar donde me entregué a él por primera vez, dónde me pidió matrimonio, donde fue mi primer beso con él, pero no podía, me iban a ver y era muy riesgoso, lo realmente doloroso era que no iba a verlo hasta las vacaciones de navidad y si es que seguía aquí viviendo con él.
—¿Hermione?... ¿Hermione?
—¿Ah... si?
—Te he estado llamando por cinco veces... ¿estás bien? Ya me voy y no quiero irme viendo que estas mal todavía.
—¿Estás preocupado por mí? —una pequeña luz se encendió en mi interior, quizás el ya empezaba a sentir algo por mí, aunque fuera algo pequeño.
—Sí, ¿por qué no empacas y vengo por ti mañana? Nos vamos a vivir a Hogwarts y me quedaré más tranquilo, no te preocupes por tonterías de que estarás dependiendo de mí... eso ahora no importa sino tú.
—Estaré bien te lo prometo ¿a qué hora te vas?
—Ya en este momento... vine a despedirme —lo dijo no muy convencido—. Compré una lechuza para cualquier cosa que necesites, ven vamos a que la veas —bajamos a la sala y había una lechuza blanca con las alas y la parte de atrás color castaño, estaba dormida descansando en una pequeña casita sobre un tronco alto de madera, sonreí no sólo por lo hermosa que era sino porque le había comprado un lugar donde tenerla—. ¿Te gusta?
—Es hermosa.
—Se parece a ti.
—¿Entonces te parezco hermosa? —le coqueteé.
—Claro... quise decir que se parecía a ti por sus manchas castañas pero eso no quita que eres hermosa... me voy ya se me hizo tarde.
¿Nervioso? Pensé en decirle, pero tenía que llevarme las cosas con calma.
—Que tengas un excelente curso Severus.
—Gracias, trataré de venir algunos fines de semana a ver cómo estás, dejé algo de galeones en el buro de mi recamara, tómalos si los necesitas y si pasa algo usa a la lechuza y... —tantas instrucciones lo mareaban y me daban gracia.
—¿Qué tanto te preocupa?
—Que estando sola aquí cometas una locura —respondió con sinceridad, me avergoncé de mi misma, de que se supiera de mis intentos de suicidio, solo espero que nunca sepa que fue por él.
—Eso no sucederá, lo que hice antes fue porque me sentía sola y muy deprimida pero eso cambió.
—¿Por qué? —Merlín esos ojos, esa mirada, esos labios, sus cortinas de cabello cubriéndolo... su levita...
—Porque ahora te tengo a ti —le dije tomándole una mano—. ¿No te parece?
—Sí Hermione, y eso no cambiará —me dijo entrelazando nuestras manos.
El destino está de mi lado de nuevo.
