CAPÍTULO 9

PLAN DE EMERGENCIA

Hermione

Severus había venido cada fin de semana, primero sólo se quedó medio sábado, a las tres semanas se iba en domingo por la tarde, creo que con el tiempo comenzó a disfrutar de mi compañía, y es que odia a los alumnos y soportarlos los fines de semana debía ser una tortura para él, en cambio pasársela conmigo platicando o simplemente compartiendo horas de lectura silenciosa ha de ser más satisfactorio que tolerar a sus alumnos.

Era a mediados de octubre y sábado por la tarde, había salido temprano de la librería. Cuando llegué él se encontraba ahí en la sala leyendo el Profeta, alzó la vista y sentí su mirada recorrerme, quisiera decir que había sido con otra intención, pero tan sólo revisaba cómo estaba.

Hola Severus —le saludé quitándome el abrigo y la bolsa de mano.

Hola Hermione ¿saliste temprano hoy?

Sí, pero mañana hay un evento y tendré que ir, hay la presentación de un libro ¿quieres de cenar algo especial?

No me quedaré a cenar, un viejo amigo me ha invitado a tomar unas copas y hablar unos asuntos —me extrañó un poco, pero le sonreí asintiendo.

Qué bueno... no conozco a tus amistades... supongo que no es el profesor Dumbledore.

No —respondió continuando con su lectura—. Se llama Lucius Malfoy, un día te lo presentaré.

El corazón atravesó la tierra llegó hasta su núcleo y regresó de golpe a mi cuerpo, yo sabía de sus amistades con ciertas personas, pero esa en especial no me convencía en lo absoluto, debía comprender que Severus era el padrino de Draco pero en esta época ¿cómo era la relación de ambos? ¿Qué tan adentro está en las artes oscuras? ¿Buscarán aún a Voldemort?

Los nervios se apoderaron de nuevo de mi cuerpo, bajé la vista y comencé a temblar, maldije a cada médico que me había provocado todas esas heridas mentales, cada vez que me asustaba en vez de sacar la varita furiosa, comenzaba a temblar como un animal asustado. No debía dejarme guiar por mis emociones, debía actuar, necesitaba averiguar qué tan cercana era esa amistad, qué tan peligrosa era. Él ya había demostrado que mi estatus de sangre no le importaba, pero eso no me decía el resto de la historia.

Iré a bañarme, mañana te invitare a comer a un restaurante que me recomendaron, pasas mucho tiempo encerrada en esta casa Hermione —me sonrío levantándose.

En otro momento esa noticia me habría emocionado, y dentro de mí una venita saltó gustosa, ¿era una cita? Pero esa emoción se evaporó cuando el miedo invadió mi cuerpo.

Sí Severus, gracias —subió a bañarse y bajó un poco tiempo después con su túnica negra de viaje y oliendo a la loción nueva.

Me voy Hermione... descansa.

Vale... que te diviertas.

¿Descansa? ¿O sea que piensa tardarse o qué demonios? ¿No llegar tal vez?

Se fue a las ocho de la noche y no pude moverme de donde estaba, no preparé nada para la cena y sólo veía el reloj que cambiaba sus manecillas lentamente, dieron las once de la noche y nada cambiaba, observé la puerta y empecé a temer de que no llegara.

¿La señorita Granger no va a cenar esta noche? —me preguntó la elfina llevando una taza de avena.

No Jelyus, no tengo apetito.

Con su permiso entonces.

Espera... —la pequeña elfo regresó corriendo moviendo sus manos emocionada—, Severus me dijo que fue con Lucius Malfoy ¿él suele... tardarse en volver cuando sale con él?

Sí señorita, cuando el amo sale con el señor Malfoy se demora demasiado.

Gracias Jelyus.

No pensé que pudiera pasar por estas preocupaciones tan pronto, pareciera que lo estoy esperando como cuando iba a las misiones con Voldemort, noches enteras en desvelo, creí que eso lo tendría que tolerar Hermione de ese tiempo, pero aquí estoy de nuevo comiéndome las uñas de nerviosismo y temor de que algo pudiese pasarle, pero actuando con un poco de lógica él no puede correr riesgo, porque Voldemort no se aparece hasta con Quirell.

¿Y tú cómo puedes estar segura de eso Hermione? Me preguntaba mi conciencia, y era verdad, cuando yo llegué al mundo mágico Voldemort intentaba regresar ¿qué me indica que ahora no lo está intentando de nuevo?

Además según Harry, Malfoy intentó ayudar a Voldemort a hacerse del poder, ¿qué tal si quiere que Severus lo ayude?

Dios la espera va a matarme... volví a ver el reloj y llegamos casi a media noche... no podía mandarle un patronus... no podía hacer nada... nada...

Me encontraba esperándolo aquella noche, Voldemort lo había llamado a la hora del almuerzo sin aparente razón, lo cual era preocupante, era la una de la madrugada, se sacudió las cenizas de la túnica con despreocupación, y en ese momento creí guardarle cierto rencor.

Por Merlín... creo que un día moriré de angustia, o de todo esto, —le dije hundiendo mi cara en las palmas de mis manos.

Tranquila ya llegué, estoy bien —me dijo sentándose a mi lado abrazándome a pesar de que no podía responder a sus caricias.

Lo sé, pero cada vez que sales es la muerte, no puedo concentrarme en clases, no puedo comer, no vivo pensando en lo que te pueda pasar, no sé si regresarás o si ese sádico un día de estos va a hacerte algo o si de pronto anunciarán que han encontrado tu cuerpo —me levanté caminando de un lado a otro hablando tan rápido como podía.

Estas cansada de esto, de la vida que te doy... de la miseria a la que te arrastré, estas empezando a hartarte de mí y de lo que soy, sabía que llegaríamos a este punto y no te voy a reprochar nada, sabes que lo entenderé, cuando te canses y quieras la normalidad yo no te detendré —me dijo con sinceridad, aunque noté un atisbo de dolor en sus palabras.

¿Qué demonios estás diciendo Severus?

Que el día que decidas hacer tu vida lejos de mí lo voy a aceptar, porque tendrás un mejor futuro del que puedo ofrecerte.

Severus no me hagas enojar más de lo que estoy, yo te amo, eres el único hombre de mi vida y siempre supe que eras un mortífago y lo que implicaba eso, te acepté y te amé, nunca voy a dejarte... estoy angustiada sólo eso ¿ahora no puedo ni preocuparme? —le dije en reproche gritando al final.

Lo siento, no quise decir eso.

Mira estoy agotada... tú supongo que también, me voy a dormir a mi habitación y mañana hablamos después de la cena —le dije dirigiéndome hacia la puerta.

¿Vas a irte así estando enojada? —me dijo deteniéndome del brazo suavemente.

No estoy enojada —le mentí.

Entonces quédate a dormir conmigo, te necesito a mi lado —me abrazó por detrás y me rendí a sus caricias, él sabía de qué forma podía convencerme.

Está bien —le contesté seria.

¿No quieres verdad?

No es eso, es que tengo miedo de perderte un día.

Eso no va a pasar, siempre regresaré, cualquiera que sea mi circunstancia utilizaré toda mi fuerza para volver —yo terminé asintiendo con tristeza.

Vas a ver que llegara el día en que no tengas que esperarme, dormiré contigo y despertaremos juntos, sin temores.

Lo sé.

Y regreso en el tiempo, años antes de que él me conociera y resultó lo mismo, sigo esperando, aunque en esta ocasión no me queda claro si debo preocuparme o no, pero eso no tiene importancia, estoy muerta de miedo, es la una y media de la mañana.

Me recosté sobre el sillón a esperarlo con un libro en las manos, si me pregunta qué hago le diré que tengo insomnio y estaba leyendo... eso... pasó algún tiempo, y empecé a cabecear del sueño, pero no puedo subir a dormir, tengo que asegurarme de que él estará bien.

Severus Snape

Me aparecí con dificultad en la sala de mi casa, el alcohol no era demasiado en mi cuerpo, pero si me sentía un poco mareado, cuando mis pies tocaron el piso me tambaleé un poco, me sostuve de un sillón maldiciendo, vi que la chimenea estaba encendida.

Hermione se olvidó de apagarla...

Eran las cuatro de la madrugada, subí los dos primeros escalones cuando escuché un ruido proveniente de la sala y me regresé, era ella.

No... no... por favor —decía entre sueños.

Otra vez teniendo pesadillas, ignoraba cuanto tiempo llevaba teniéndolas de nuevo, creía que eso se había terminado, me había confiado erróneamente, y ella no tuvo la confianza de decirme que aún no estaba bien, debí decirle a Jelyus, debí llevármela a Hogwarts.

¿Hermione? —intenté despertarla.

No... por favor, ten piedad —se movía negando una y otra vez, su pecho subía y bajaba rápidamente, comenzó a llorar desesperada—, Severus no... no Sev... no me dejes —me congelé al instante, mis manos no me respondían, mi mente se bloqueó, no entendía nada, ella lloraba entre sueños.

¿Hermione? Despierta... —abrió los ojos y respiró profundamente, le sequé las lágrimas y ella se ruborizo ocultándome el rostro—. Era una pesadilla, sólo eso.

Era tan real... lo siento...

¿Qué soñabas?

Yo... estaba en el psiquiátrico —me mintió.

¿Y yo estaba en ese lugar?, dijiste mi nombre y me pedías que no te dejara —cuando la cuestioné bajó la vista nerviosa.

Perdón.

No quiero que me pidas perdón, sino que me seas sincera —le exigí alzando su barbilla, me senté en la orilla del sillón—. ¿Qué te pasa Hermione? ¿Has comenzado a tener pesadillas de nuevo?

No, sólo esta.

Cuéntamela... por favor.

Te perdía a ti también y me quedaba sola como siempre, —dijo alzándome la voz, noté que sus labios temblaban buscando controlarse—, ¿qué más da no? Siempre será de esa forma, la soledad, la perdida, siempre —no entendía lo que me decía, pero me sorprendía lo importante que era para ella ahora.

No estás sola, me tienes a mí.

¿Estás bien? —me preguntó inesperadamente revisándome—. No llegaste y...

Shhh estoy bien, es tarde, subamos a dormir ya —la ayude a levantarse y la acompañé a su recamara.

Quédate a dormir conmigo —alcé la ceja por su petición esperando que se sonrojada que se retractara o algo, pero nada de eso sucedió, volvemos a donde mismo, pensé inquieto—, por favor ¿sí?

No está bien Hermione, tu eres una señorita y yo un hombre que...

Sí, lo siento por pedírtelo —la deje en su recamara y me fui a la mía.

Me coloqué la pijama y salí a ver si ya dormía, la vi en pijama sentada en un sillón que había en su recámara, se tocaba las heridas que tenía en las manos con la mirada perdida, entonces entré sin pedirle permiso, ella estaba mal y me lo ocultaba.

¿Por qué no duermes?

Se me fue el sueño.

Y comenzamos como en el principio.

Ven, vamos a dormir.

Le dije para que me diera la mano, sonrío y tomó mi mano, su piel era suave y estaba tibia, era como un choque entre ella y yo, pero uno que no me dejaba separarme de su cuerpo, me transmitía una paz que sólo Hermione me daba, me cerré a esos pensamientos con temor. Se acostó en la cama... la seguí dudando, no era correcto que ambos compartiéramos la cama.

Se moría de sueño lo veía, mi plan era acompañarla hasta que se durmiera y salirme de ahí, pero en último momento se acomodó sobre mi pecho ya inconsciente y no pude moverme más, ese acto tan cercano con una mujer que me apreciaba me removió algo en mi interior... algo completamente nuevo, quité los rizos de su rostro y la noté más tranquila.

Hermione...

Me levanté demasiado tarde con un terrible dolor de cabeza, ella ya no estaba en la cama, pero por Dios que raro era todo eso, dormir siendo nada, yo nunca dormía con las mujeres con las que estaba y con Hermione que no era nada mío, ni amiga si quiera, compartía ese tipo de cosas, me metí a bañar y me vestí adecuadamente, tomé una poción para la resaca y bajé, ella ya estaba en la cocina con un vestido completamente pegado a su cuerpo color lila y un cinturón negro, su vestido era de mangas y cuello V, zapatos un poco altos con unos broches en el cabello y sonriéndome como siempre.

¿Te sirvo café? —asentí mientras me dejaba caer sobre la silla—, lo que te preparé te quedará perfecto con esa resaca.

Te lo agradezco —acercó el almuerzo que no conocía, debía ser una receta muggle.

Estábamos tomando café cuando su semblante cambió por completo, era serio, decepcionado por algo, quizás algo molesta, dejó la taza y se levantó con rapidez.

Me voy a trabajar —se puso un abrigo muggle y tomó su bolsa con las manos temblando.

¿No vas a almorzar?

Se me quitó el apetito —su voz era completamente fría y seca, ya había abierto la puerta cuando se regresó hecha una furia—, ¡AYER TE ESPERÉ DESPIERTA HASTA LAS 3 DE LA MAÑANA, SUFRIENDO Y LLORANDO POR PENSAR DE QUE TE HABÍA PASADO ALGO! UNA ANGUSTIA QUE NO TIENES IDEA... Y TÚ... —suspiró colérica viéndome con odio—, REVOLCÁNDOTE CON UNA FULANA.

¿Qué? —me levanté para quedar cara a cara con ella, esperando que se retractara por la manera en que me estaba hablando, pero ella no se intimidó, me vio con odio.

Convocó un espejo y lo colocó frente a mí con violencia.

Ya me vi en el espejo gracias.

No lo creo —me tomó con fuerza de la barbilla y me la giró a la izquierda viendo unas marcas rojas en mi cuello, suspiré—. ¿Estabas con una mujer ayer?

—respondí con sinceridad, no supe a qué venía tanto alboroto el que haya estado acompañado o no.

Vaya... con que Lucius Malfoy.

Mira Hermione yo no le doy explicaciones de mi vida a nadie, pero te la dará a ti por única ocasión, si fui con Lucius a tomar unas copas y también estuvimos con unas mujeres ¿cuál es el maldito problema? —le pregunté con molestia.

Ninguno... ¿te acostaste con ella? —me preguntó con voz baja.

Eso no es de tu incumbencia.

¡CONTÉSTAME! —me gritó echando chispas por los ojos.

¿Y a ti que te importa? —no le grité, pero si le respondí enojado acercándome a ella—. Sí me acosté con ella, —le aclaré completamente furioso—, pero eso es algo que solo le concierne a ella y a mí, no quiero que te vuelvas a meter en mi vida privada —ella se había volteado dándome la espalda, lo cual provocó que mi enojo aumentara—, te estoy hablando Hermione, —la tomé del brazo para que me viera, sin hacerle daño ni emplear fuerza, pero ella se liberó con violencia de mi agarre, entonces la tomé del codo para que me viera—, ¿te ha quedado claro? —le pregunté con firmeza, cuando la vi ella tenía los ojos llenos de lágrimas, mientras que por sus mejillas resbalaban sin control.

Sí, me ha quedado claro —dijo tomando su abrigo, atravesando la puerta con tristeza.

Me dejó solo, consternado, extraño y sintiendo una maldita culpa por hacerla llorar de esa manera, una jodida culpabilidad que no podía con ella; ¿por qué demonios le importaba a ella si estaba con alguien?, estaba muy enojada... y yo también, ¿quién se creía para meterse en mi vida?

¿Amo? —apareció mi elfina.

¿Qué quieres?

Buscaba a la señorita Granger.

¿Para qué?

Para avisarle que Jelyus ya enfrió el postre que la señorita le dio a Jelyus.

¿De qué me hablas?

De este amo —hizo aparecer un postre grande en la mesa—. Flan de licor de café amo.

Retírate.

Eso me hizo sentir peor de lo que me encontraba, había preparado eso para mí.

Maldita sea —maldije pateando la silla.

Ella tenía una buena impresión de mí, no debí hablarle de esa manera.

Salí al Callejón Diagón a buscarla a Flourish and Boots, dispuesto a disculparme por haberla tratado de esa manera, entré calmado al establecimiento, y no la vi en el mostrador sino al dueño de siempre.

Señor Snape ¿en qué puedo ayudarlo?

Busco a la señorita Granger —el hombre se me quedo viendo con el entrecejo fruncido—. La chica que contrato hace dos meses.

No he contratado a nadie señor Snape.

Lo... seguro que tengo la información equivocada —me retiré y la busqué en las otras dos librerías y nada, me aparecí en Hogsmeade e hice lo mismo.

Me mintió —entré azotando la puerta del despacho de Albus.

No podía controlarme en ese momento, eran demasiadas emociones para una mañana, ella reclamándome como si tuviera derecho a hacerlo, sumiéndonos en una discusión casi marital, gritos y para cerrar con broche de oro, descubrí sus mentiras.

¿Quién? —preguntó bajando el pergamino que estaba leyendo.

Hermione... la fui a buscar a todas las librerías y no la encontré, me ha estado mintiendo —azoté mi mano en el escritorio con rabia, estaba más enojado conmigo mismo que con ella, pero ese era un tema que no pensaba tratar con Albus.

¿Y no te has puesto a pensar que quizás esté trabajando en el mundo muggle?

¿Porque haría eso?

Porque le tiene miedo a la gente, recordé.

Maldita sea.

¿Paso algo? —me preguntó curioso.

Se enojó y discutimos, me gritó y me echo en cara que haya estado con una mujer anoche, ¿a ella que le importa?

Ay hijo... creo que no estás viendo las cosas con claridad.

¿A qué te refieres Albus? Hoy no estoy para tus acertijos —escupí con veneno.

Meses conviviendo juntos ¿no crees que ella ha empezado a sentir algo por ti? —guardé silencio por unos segundos pero negué con la cabeza, no podía estar pasándome eso a mí.

Claro que no..., yo no le he dado motivos para que... ella malinterprete las cosas.

Quizás no, pero eso no garantiza que ella haya empezado a quererte... hay amores no correspondidos, tú lo sabes —un dolor en mi pecho renació acordándome de Lily, pero ahora estaba más enojado y preocupado por Hermione, que no le tomé importancia a mi pasado.

Ella no debe quererme Albus... yo no podría amarla.

Podrías empezar por quererla hijo —me dijo con su típica altanería de saberlo todo.

No..., no podría... tengo que encontrarla, —le dije saliendo de ahí y yéndome a la casa a esperarla, total tenía que llegar ahí ¿no?

Hermione

Salí llorando de la casa y me fui caminando hasta un lugar seguro donde pudiera aparecerme, llegué a un bosque donde no pudieran verme los muggles, lancé un hechizo tras otro a la tierra hasta que creí que llegaría al núcleo del planeta, cuando mi respiración volvió a ser normal y tranquila me arreglé el vestido y el cabello para irme a trabajar.

Reconozco que Severus era muy buen amante, también reconozco que él si acostumbraba tener sexo ocasional con varias mujeres pero por el amor de Dios, desde que me entregué a él me consta que no estuvo con otra mujer que no fuera yo, mis pensamientos pararon en seco, no podía asegurar eso, él nunca las llevaba a Hogwarts, pero ¿y si al principio seguía viéndolas? Negué con la cabeza de inmediato, no, él fue un caballero conmigo, él no fue el cretino con el que vivo ahora.

A pesar de que no me amaba, me respetó como su mujer, y este... Severus... bueno queda claro que no soy nada de él y tiene todo el derecho de revolcarse con quien le plazca, pero eso no significa que no me duela, que no me enoje. Enamorarlo me está resultando más difícil de lo que creí, ya no sé qué más hacer, decirle que lo amo, o quizás decirle la verdad.

El evento de la librería de extendió hasta las tres de la tarde y gracias al destino en un momento donde no estaba nadie llegó una lechuza, y al parecer esperaba respuesta, le puse un hechizo para volverla invisible mientras leía la carta.

Señorita Granger:

Me temo que usted y yo tenemos una conversación pendiente, me gustaría tenerla antes de que vaya a su casa y se encuentre con un Severus que está molesto pero muy preocupado por usted. Responda a esta lechuza si puede reunirse conmigo a las seis de la tarde en la Taberna de mi hermano en Hogsmeade.

Albus Dumbledore

Giré el pergamino y le respondí que llegaba a esa hora puntual. Las cosas no estaban resultando tal y como yo pensé que saldrían; tenía a Dumbledore que no tardaba en decirme que era hora de regresar a mi tiempo, tenía la presión que en menos de cuatro años yo llegaría a Hogwarts y para colmo tenía a un Severus que parecía imán de mujeres y él solo se dejaba querer por ellas, menos por mí.

Me aparecí en Hogsmeade y entré a la taberna, el lugar estaba casi lleno por ser fin de semana, traté de pasar desapercibida y me acerqué a la barra.

Busco a Albus Dumbledore —le dije a su hermano que traté que no me prestara atención.

¿Granger? —asentí—. Está esperándote adentro —me condujo a la puerta de madera que estaba a un lado de la barra— ¿van a querer algo? —nos preguntó cuándo estábamos reunidos.

Un vino de sauco Aberforth —le dijo el profesor Dumbledore, su hermano lo apareció en la mesa de madera que estaba ahí con dos copas limpias—. Siéntese señorita.

Gracias —sirvió dos copas y le bebí toda de golpe.

Las cosas no van como las planeo ¿cierto? —negué mientras me servía otra copa— ¿piensa volver a su tiempo?

No hay nada en mi tiempo, ni en el mundo muggle ni en el mágico.

¿Qué busca aquí entonces?

Nada... estaba medicada... por no decir drogada cuando utilicé el giratiempos, no planeaba nada, no busqué llegar aquí, estaba demasiado herida para pensar.

Pero si quería ir con Severus —asentí, ya llevaba tres copas y me sentía más desesperada que nunca.

¿Quiere que le cuente la verdad, que le diga que pasara en 11 años?

No, las cosas deben marchar tal y como están escritas.

Yo opinaba lo mismo que usted, era una buena persona, era una chica que respetaba las reglas, —tomé una copa más ya empezándome a marear, no había almorzado ni comido nada, y mi estado de ánimo no se prestaba para nada—. Claro que las respetaba, hasta que me metí con mi profesor de pociones, pero él no tuvo la culpa, no lo juzgue, fui yo...

No tiene por qué darme explicaciones de eso señorita, ¿él muere? Es la única razón que encuentro para que usted esté aquí, —el profesor estaba tranquilo, con sus manos entrelazadas, completamente recargado en el respaldo de la silla de madera, quizás utilizando legeremancia conmigo.

Sí, él muere —había tanto dolor y tanto vino que la verdad fluyó sola.

¿Intenta que no sea así? ¿Intenta salvarlo?

Profesor mi única intención era despedirme de él, salir del lugar donde mis padres me tenían encerrada, no pensaba cambiar nada, pero estando aquí... viéndolo a él, y todo lo que tuvimos que pasar él y yo en el futuro, ¿sabe? Me volvió egoísta, merezco felicidad y quiero hacerlo feliz a él, sin importarme nada, y ¿qué piensa usted al respecto? Que estoy loca... que soy una irresponsable, que él es mayor para mí, que es un mortífago, no me importa nada de eso, sino todo el amor que le tengo y que él puede darme —respondí con rapidez antes de que tuviera la oportunidad de debatirme.

Señorita creo que usted ama mucho a Severus no solo por sus cicatrices en sus brazos, sino por las del alma que se ven reflejadas en su mirada y para esto supongo que él la amo demasiado.

No tiene ni idea... él me amó mucho más que a Lily, —me sequé las lágrimas porque esta noche no quería llorar, pero mis ojos y mi mente no estaban coordinados— ¿Por qué está molesto Severus o preocupado lo que sea? —dije todavía molesta desviando la conversación.

Ya se enteró que usted no trabaja en una librería, al menos no en una del mundo mágico y se pregunta el por qué —alcé los hombros con indiferencia, empezado a pensar que iba a decirle llegando a casa—. Y también está preguntándose el porqué de su actitud.

Vale... ya pensaré en algo.

Señorita Granger las mentiras comienzan con una gota hasta convertirse en lago... en mar y usted se hundirá con ellas, ¿por qué no le dice la verdad?

Aún no..., y menos ahora, él no ha logrado enamorarse de mí... he hecho de todo... bueno casi de todo.

Severus es un hombre complejo señorita Granger, debe de formular otro tipo de plan con él —me sonrió y descubrí que estaba aceptando mi plan de enamorarlo.

¿Cómo? Me he vestido bien, me arreglo, le preparo cosas, soy atenta, siempre estoy a su lado.

Pues... ¿ha escuchado un dicho muggle que dice, uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde?

Si... pero yo no puedo hacer eso... ¿irme?

Yo nunca dije eso, sólo dije que si había escuchado ese dicho tan esplendido... es tarde... debería irse ya —nos levantamos y salimos cerca del castillo, él se desapareció y yo caminé un momento pensando en todo lo que me dijo... llegué a la casa de los gritos y entré en ella, podía ver el cuerpo de mi Severus en mis recuerdos, el hombre que me amó.

Me senté en un sillón viejo y roto que se encontraba ahí y me quedé en el único lugar donde me sentía identificada, donde había algo completamente mío, el Severus de ese tiempo, que me cuidaba ahora no era mío, y no sabía si un día lo sería... con esos pensamientos me quedé dormida efecto del vino de sauco.

Eran casi las once de la noche cuando me desperté asustada, me aparecí en la casa de Severus donde él estaba sentado en la sala con cara de pocos amigos.

¿Dónde has estado?

Trabajando —respondí sin ánimo, se levantó y yo bajé la mirada.

¿A las once de la noche estabas trabajando? Las librerías las cierran a las nueve pero hoy es domingo, ¿en qué librería trabajas? —no le iba a mentir, estaba algo ebria y no me importaban las consecuencias.

En el centro comercial que hay cerca de aquí, hay una Librería que se llama Diamante.

¿En el mundo muggle? —asentí sin darle importancia—, ¿por qué?

Porque no quiero convivir con magos.

Mira, qué te parece si nos calmamos y cenamos fuera, aún no es tarde y prometí que te llevaría a cenar.

¿Cenar? ¿Y por qué no te llevas a cenar a la fulana con la que te acuestas? —le dije con reproche, eso no iba a olvidarlo nunca.

Él se quedó callado sorprendido de mi reacción, estaba cansada y subí las escaleras ignorándolo.

¿Te vas?

Sí, estoy cansada y no tengo nada más qué decir —me detuvo el brazo para verme a los ojos.

Bebiste —lo ignoré y me solté de su agarre con fuerza, subí hasta mi habitación, mientras escuchaba cómo él iba tras de mí— ¿por qué bebiste?

Se me antojo una copa.

¿Una?

Bueno tu ayer bebiste ¿no? Creo que puedo tomarme el derecho de hacerlo también.

Hermione ¿cuál es tu problema? ¿Qué más da si estuve o estoy con una mujer? —me preguntó de mal humor.

O sea que es algo serio... podría ser una relación... mierda...

Porque siento celos, ¿vale? Porque te quiero para mí —respondí sin pensar en nada, sabía lo que decía, no estaba errando en nada, él se quedó callado, suspiró cerrando los ojos escogiendo las palabras precisas para contestarme.

¿En qué momento yo te di a entender que te veía de otra forma? —todos mis esfuerzos se fueron al carajo, no logré atraerlo ni un poco, esos vestidos, maquillaje, los peinados, los detalles, mi compañía, nada funcionó.

¿Y si tuviéramos sexo? —él se alejó de mí sorprendido.

Hermione, no te haré eso. ¿Acostarme contigo sabiendo que no te tomaré en serio? —entonces comprendí que Severus en el pasado se había quedado conmigo por compromiso, creyendo que me debía algo, la diferencia fue que con el tiempo él sí se enamoró—. Quiero ser claro contigo porque no quiero que malinterpretes algo, yo no te veo de otra forma... y

No digas nada —lo interrumpí—. Ya entendí... buenas noches.

Me encerré en mi cuarto a llorar poniendo un hechizo silenciador, necesitaba tanto de Hermione, la que me dijo qué hacer y cómo hacerlo, me sentía sola, me sentía perdida.

Al día siguiente no tenía resaca gracias a Dios, me levanté y salí del cuarto a bañarme, pero me di cuenta que Severus no se había ido al colegio, y él siempre se iba el domingo por la noche, se me acercó y su rostro era mucho más calmado, más tranquilo.

Has llorado... Hermione lo que tú sientes por mí no es lo que en realidad es... lo que intento decir es que tu agradecimiento lo estas malinterpretando, estas confundida y crees sentir algo pero no es así, tú me idealizas, no sabes como soy ni quien soy, no quiero dañarte por eso estoy siendo sincero contigo, no quiero lastimarte — sus palabras fueron claras y lo más dulces que pudo pero aun así fueron navajas para mí.

Ok... voy a bañarme, se me hace tarde —me bañé y me arreglé para irme al trabajo, cuando baje él aún no se iba, ya se había perdido del desayuno en el Gran Comedor.

Jelyus ya preparó el desayuno —dijo levantándose para que yo me sentara.

Se me hizo tarde... no podré desayunar, con permiso —me puse el abrigo y abrí la puerta, no sin antes volver a dirigirme hacia él—. ¿Severus?

¿Si?

Perdón por meterme en tu vida, no volverá a ocurrir, que pases una bonita semana.

Severus Snape

Por alguna extraña razón la cual no quería averiguar, me dolía cada palabra suya, pero ¿dolor? Claro que no, era una sensación extraña pero no sabía qué era. Aquella mañana la vi triste y me preocupé que tuviera una recaída, se la encargué a Jelyus pero todo marchó bien hasta el jueves por la mañana que llegó su carta, al principio creí que era natural, ella acostumbraba mandarme cartas tres veces por semana y yo se las respondía, pero esta carta era corta y precisa.

Severus:

Espero que estés bien, pensaba esperarte hasta el sábado pero no pude. Conseguí un lugar donde quedarme y necesito ocuparlo o se lo rentaran a otra persona, me despido por este medio y ya luego quizás venga a visitarte en vacaciones. Gracias por todo lo que hiciste por mí durante todo este tiempo.

Hermione

Doblé la carta y la guarde en la túnica mientras terminaba de tomar el café.

Avisa a los de tercero que no podré dar la clase —le dije a Albus en el comedor.

¿Pasa algo Severus? —me pregunto preocupado.

Hermione dice que ya consiguió donde quedarse, debo ir a verla.

¿No arreglaste las cosas con ella?

Sí, pero me dijo que me quería para ella, le fui claro para que no hubiera malentendidos, sólo está confundida, quizás el que se vaya a hacer una vida lejos de mí sea lo mejor.

Ya no la protegerás entonces.

Siempre veré por ella, pero ahora le estoy haciendo más daño estando cerca —me fui y tomé la primera chimenea que estaba activa para ir a casa, subí las escaleras y fui directo a su habitación.

Severus... no era necesario que vinieras.

Estaba empacando sus cosas, minimizándolas para que cupieran en una sola maleta... realmente se iba... esa sensación de nuevo...

¿Por qué te vas?

Ya he abusado mucho de ti y de tu hospitalidad —hechizó la maleta y la metió a su bolso negro—, tengo algo para ti —me dio un saco pequeño de terciopelo color verde—, es sólo la mitad pero pronto de traeré el resto —lo abrí y vi varios galeones.

¿Qué es esto?

Lo que gastaste en mí cuando llegué a tu casa.

No es necesario, tómalo, te servirá a ti —pero ella negó con la cabeza, se puso unos calentadores para manos y así cubrir sus cicatrices.

Te prometí que te pagaría... de nuevo gracias por todo.

La acompañé abajo y la vi abrir la puerta.

Quizás le mentí a Albus... quizás no quería que se fuera.

No es necesario que te vayas, que pases no sé cuántas cosas afuera, aún tienes mi protección.

No puedo seguir aquí, he detenido tu vida y no tienes que cargar con una mujer como yo.

¿A qué te refieres? Hermione nunca has sido una carga, si lo dices por aquella mujer, no…

No —me interrumpió de manera precipitada—, yo te lo agradezco, pero no toda la vida voy a tenerte, es momento que empiece a ver por mí misma... hasta pronto Severus.

Toma un poco de dinero, me quedaré más tranquilo —le di algunos galeones pero ella me regreso la mano a mi sitio.

No, te lo agradezco con el alma pero no... cuídate, —por primera vez esperaba un abrazo de ella, esos sorpresivos donde se me abalanza y casi me derribaba, no me lo dio, se fue sin voltear atrás, y me negó esa sonrisa que iluminaba todo su hermoso rostro.

Quizás no quería que se fuera...

¿Qué estás diciendo Snape? Claro que es mejor que se vaya... que vuelvas a tu vida normal antes de que ella llegara.

Pero que sea mejor la separación no significa que lo quiera en verdad...

¿Y por qué razón no querías que se fuera?

Porque necesita de mí y de mí protección.

¿Ella necesita de ti o al revés?

Adiós Hermione —dije cerrando la puerta—. A vivir mi vida tal y como la tenía antes de que llegaras a mi vida... es lo mejor.

Iré este fin de semana a mi casa —le avisé a Albus, habían pasado una semana desde que Hermione estaba haciendo su vida, el primer fin de semana lo dejé pasar pero el siguiente algo me impulsó a ir.

Creí que la señorita Granger ya no vivía ahí.

Y así es, pero quiero ir por unas cosas, que necesito.

Muy bien.

Llegué un viernes por la noche, la casa estaba silenciosa como hace meses no estaba, la recámara que era de mis padres ahora de nuevo estaba cerrada, ni siquiera la abrí, nunca me había gustado ese cuarto. Me fui directo a dormir...

A la mañana siguiente me desperté y tomé mi baño matutino, bajé a desayunar y mi elfina ya me había servido café, me senté y tomé un poco.

Demasiada azúcar —le dije a mi elfina.

Se lo haré de nuevo amo —dijo nerviosa llevándose la taza.

Déjalo... ¿sabes preparar el chocolate que hacía Hermione?

Si amo, ahorita le preparo una taza —cuando me lo llevó lo tomé dejándolo de inmediato en la mesa, no era igual, no lo preparó ella.

Llévatelo, recoge no tengo apetito —la elfina desapareció todo mientras se culpaba y se retiró.

Fui a sentarme en la sala a leer El Profeta, en el piso estaba una mascada delgada de las que acostumbraba ponerse en el cabello, color negro... tenía su perfume aún... dulce, a flores... algunos cabellos rizados que se quedaron en él... lo guarde en el cajón para entregársela después... tengo que volverla a ver ¿no? Dijo que vendría a visitarme en vacaciones... no puede olvidar nuestra amistad así como así...

¿Amistad? Pero si mil veces me repetí que ella no era mi amiga... pero sin querer se convirtió en tal... en mi amiga, la única... en mi compañera... confiaba en mí... como nadie...

Hermione —le susurré al vacío de mi casa.