CAPÍTULO 10

CELOS

Hermione

Había rentado un cuarto en una casa que se encontraba a unas calles de la librería, y por lo tanto muy cerca de la casa de Severus, en ella vivía una señora de edad mayor que se llamaba Greta, se ayudaba un poco con la renta que yo le pagaba y con la pensión de su marido que había fallecido hacía tres años, muy seguido se iba de casa y era una de las razones por la cual me rentaba el lugar, así me encargaba la casa y darle de comer a un gato blanco que ella tenía llamado Tobb.

En ocasiones la visitaba su sobrino de la edad de Severus, quizás tendría 26 años puede que más, se llamaba Richard, y estaba terminando una especialidad médica. El acordarme de Severus hacía que se me revolviera todos los sentimientos en mi interior, por alguna estúpida razón la cual no logro distinguir con claridad, me fui de su casa, primeramente siguiendo los consejos del profesor Dumbledore, pero tengo que admitir que los celos me invadieron cada parte de mi ser, no iba a tolerar que se fuera con esas mujeres cada vez que tenía necesidades, aunque me daba un poco de miedo que no sea algo ocasional y vea con frecuencia a una de ellas. Sabía bien que yo no tenía derecho de exigir nada, pero aun así no podría tolerarlo, si él acostumbra ese tipo de acciones lo haría sin yo estar ahí, entonces el resultado de mis actos fueron mitad celos y mitad orgullo. Aun así el plan del profesor era lo único que tenía y tuve que tomarlo.

No me había comunicado con él en exactamente cuatro semanas, creo que es una forma de torturarlo ¿pero cómo sé que le duele? Puede que no sienta absolutamente nada por mí y se sienta tranquilo de que haya desaparecido de su vida, gracias a Dios tengo la excusa perfecta para verle de nuevo, y es la deuda que tengo con él, quiero extender ese momento lo más que pueda, pero soy débil, llevo casi cuatro meses en este tiempo y necesito de él, decidí quedarme aquí, con el riesgo de arruinar la línea temporal, necesitaba que todo ese esfuerzo valiera la pena.

Pedí permiso ese día en la librería, en esa ocasión opté por no mostrarme interesada, me puse unos jeans negros con un suéter color blanco que casi me llegaba a las piernas, me puse un tejido blanco y le alisté para ir a Hogsmeade, llevé una carta a la lechucería, le llegaría en cuestión de minutos a su despacho, necesito un nuevo plan o esto se va al demonio.

Habría sido más fácil acostarme con él, pensé de mal humor.

Severus Snape

Señor Town, se quedará al final de clase, así aprenderá a distinguir mejor los ingredientes de su poción —siseé despectivamente a mi alumno de tercer año, observé la poción que quedaba en el caldero y le hice un gesto desdeñoso, cabe aclarar que era Gryffindor, no necesitaba tener un gramo de educación—, que por cierto es pésima ¿ha aprendido de algo señor Town en estos dos años en el colegio?

Lo siento señor.

Y ustedes ¿por qué no están trabajando? —todos regresaron a sus deberes.

Volví a tomar asiento detrás del escritorio, esperando una nueva provocación para desahogar mis frustraciones, el mal humor aumentaba conforme pasaban los días. Para aumentar mi descontento, una lechuza gris entró a las mazmorras, una pequeña carta se asomaba entre sus garras, y ese brillante momento era lo que tanto había esperado.

De quien sea esa carta serán 50 puntos menos para su casa y una detención de una semana —todos detuvieron sus calderos siguiendo con la vista a la lechuza, hasta que ésta se posó frente a mi extendiéndome el pergamino, quedándome sin palabras y maldiciendo por dentro—, continúen que no tengo todo el día —al abrirla algo en mí chocó, era la caligrafía de Hermione.

Llevaba cuatro semanas sin saber de ella, y había utilizado todo mi autocontrol para no salir a buscarla y asegurarme que estuviera bien, observé el pergamino con indiferencia, al ver que al menos un par de alumnos me observaban, provocando que mi sangre hirviera. Fui paciente y desdoble con tranquilidad su carta, no había prisas.

Severus:

Espero que te encuentres bien, he venido a Hogsmeade a comprar un libro y darme una vuelta, hoy me dieron día de descanso en la librería así que quise relajarme, me gustaría poder cruzar contigo unas palabras, sé que estás trabajando pero estaré aquí un rato, ojala puedas venir, sino pues ya me daré otra vuelta cuando pueda.

Hermione

La clase casi acababa de comenzar y la poción les llevarían dos horas, bajé la carta pensativo, tendría que decirle que no podría, esa clase era importante, ella no lo era, además ella decidió dejarme, resoplé con enfado, no se había comunicado conmigo durante esos días, no había ido a la casa, simplemente había desaparecido de la misma manera que había llegado a la casa en verano, recordé entonces sus lágrimas cuando le dije que no podía corresponderle y volví a sentir la culpa.

Si no puedo ver a Hermione no hay problema, estoy trabajando, y ella dejó la casa porque ella así lo quería ¿no?, doblé la carta y la metí al cajón que había en el escritorio, leí un libro sobre ingredientes de la antigua India durante aproximadamente ocho minutos, cuando lo azoté sobre la madera vieja todos alzaron la mirada.

Paren sus pociones... evanesco... todas están pésimas, me traerán un ensayo sobre esta poción para la clase que viene, ahora largo.

Pero falta más de una hora señor —se quejó una estúpida Gryffindor que se creía una sabelotodo.

Que inteligente es usted señorita Baker, hágame un favor, por primera vez en su vida lárguese de aquí sin decir nada, todos ¿o acaso están sordos?

El aula se vació de inmediato y me dirigí a los jardines del colegio para poderme aparecer en Hogsmeade, cuando llegué fui a la única librería que estaba ahí, pero Hermione no estaba. Me fui a las Tres Escobas y la vi sentada moviendo con su dedo la espuma de su cerveza de mantequilla, la noté pensativa y ausente, entonces la preocupación llegó de nuevo, no me gustaba que durmiera sola, que la soledad volviera hacer de las suyas con ella.

Iba vestida de muggle, su cabello iba suelto y lo cubría un gorro blanco, iba acercándome a ella percatándome de sus largas pestañas negras, ojala ese brillo estuviera en su mirada todos los días, pero seguía muerta en vida, se llevó un dedo a la boca probando la espuma.

Es una mujer muy atractiva...

Alejé los malos pensamientos de mi cabeza, y me acerqué a ella hasta que alzó la vista, y me vio sonriendo... como extrañaba esa sonrisa.

Severus.

No te levantes, mejor permíteme sentarme contigo.

Claro —me senté frente a ella y jaló las mangas temblando de frío, y no lo pude evitar pensar mal de ella, queriendo ver sus brazos para asegurarme de que estuviera bien—. ¿No tienes clase?

No, —le mentí—. Hasta las seis.

Señor Snape ¿le fresco algo?

Un café por favor —le pedí a la mesera con impaciencia, nos dejaron de nuevo solos y observé lo cambiada que estaba, o eran quizás esos enormes deseos de verla—. No me había llegado ninguna carta tuya en estas semanas.

No había tenido oportunidad de venir a Hogsmeade o al Callejón Diagon.

¿Por qué no te llevaste la lechuza? La compre para ti, —sonrió negando con la cabeza, bebiendo un poco.

No, más bien creo que la compraste para saber que todo marchaba bien en tu casa.

Aquí tiene su bebida señor Snape —Rosmerta se retiró de inmediato, pero sin dejar de ver a Hermione con curiosidad, y pude ver una sonrisa pícara en su rostro, lo que provocó mi molestia, más cuando vi que ella ocultó su cabello con rapidez bajo el gorro.

Creo que te daba miedo que me suicidara en tu baño, o con algún veneno de tu armario de pociones ¿no? —preguntó volviendo a guardar la compostura.

Claro que no —me atreví a mentir.

Un día buscaba poción para dolor de cabeza y el armario tenía llave.

Estaba preocupado, —susurré avergonzado—, no quería dejarte —confesé dolido, debí pedirle que se quedara, debí decirle que no quería que se fuera—, por eso te pedí que vinieras conmigo a Hogwarts, aún puedes venir, sé que te gustaría y te encontraré algo que hacer, en la biblioteca o conmigo —le ofrecí esperanzado—, no me gusta que vivas sola, me preocupas Hermione.

Supongo que si —susurró, y fue lo único que dijo.

Yo me abrí con ella, le ofrecí una vida distinta y ella ni siquiera me sostuvo la mirada. Cambió tanto, no me sostenía la mirada por más de tres segundos seguidos, su voz era más indiferente y ella no era así.

¿Te pasa algo? —Negó con la cabeza—. ¿Sigues teniendo pesadillas?

Nunca se irán, forman parte de mí.

Quería preguntarle si estaba yo en ellas, ¿qué había pasado con aquello de que no quería perderme? ¿A dónde se habían ido sus palabras? ¿Acaso era una mujer que no decía lo que pensaba y sentía? Pero cómo le preguntaba eso si yo mismo le dije que no malinterpretara las cosas, ¿cómo le pedía ahora que me mostrara sus sentimientos? Tomé sus manos para acariciar sus cicatrices por debajo de la manga, entonces me aseguré que ella estuviera bien, no lo había vuelto a hacer, ella no sospechó por qué lo había hecho y eso me tranquilizó, sólo se sorprendió pero no retiró sus brazos.

¿Algún día me dirás la verdad sobre ti? ¿Sobre esto?

Sí... un día.

¿Lo amabas mucho? —pareció no entender muy bien mi pregunta y la formule mejor—. A Sebastian ¿lo amabas?

Sí, íbamos a casarnos, lo conocí cuando tenía 12 años y estuvimos juntos cuando tenía 16 y murió tres años después.

Háblame de él —ella retiró las manos incómoda y pensativa.

Era mago, y trabajaba de profesor, un muy buen mago, reservado, serio y solitario, no tenía familia y a pesar de que yo tenía a mis padres él era todo para mí y sé qué yo era importante para él.

Y ¿por qué lo hiciste? —la cuestioné precavido—, ¿crees que a él le hubiera gustado ver lo que hiciste con tu vida?

Tú no sabes Severus, —susurró y sus ojos se pusieron húmedos por unos segundos—, no sabes que fue ir a ese entierro, donde nadie creía en él, que me dijeran palabras hipócritas cuando el dolor me consumió, ir a nuestra casa llenarme de recuerdos hasta que me volvieron loca, —entonces ella respiró profundamente y las lágrimas bajaron—, llena de aromas, de fotografías, de promesas inconclusas, no consentía nada sin él, ¿es tan malo amar de esa manera? —me arrepentí de haberle preguntado y ver resbalar sus lágrimas de nuevo como la primer vez que la vi—. Intenté vivir de nuevo, te lo juro pero no lo logré y mis padres no me quisieron dar una nueva oportunidad, me encerraron en un psiquiátrico prohibiéndole la entrada al único amigo que tenía, ellos no saben lo que yo pasé ahí, no supieron que una maldita enfermera me hablaba de Sebastian todo el tiempo, no saben que en los últimos días me drogaban hasta no saber de mí, no sabían que aquel enfermero me tocaba por las noches degradando mi cuerpo, poco a poco me quebraron Severus, y no tenía a nadie… —se limpió las lágrimas con la manga de su suéter y vio hacia la ventana—, tenía amigos y me abandonaron, uno de ellos me quito el poder de hacer magia, mi mejor amiga prefirió alejarse por estar celosa, y el único que me quería ayudar no podía acercarse, mis padres ignoraban los golpes que recibía, concentrados absolutamente en que me olvidara de la persona que me amó, como si se me hubiera muerto mi lechuza, y Sebastian no estaba ahí… no me defendió —dijo rompiéndose, por primera vez no le importó que estuviéramos en un lugar público, ni a mí, me hubiera gustado estar ahí, la habría sacado aunque me hubieran encerrado en Azkaban, le habría alejado del lugar donde quebraron interiormente a Granger—. Tenía que salir Severus, realmente estaba volviéndome loca ahí.

No llores más por favor... los buscaré Hermione, les haré pagar —le prometí acariciando el borde de su mano.

No, no quiero saber nada de mi antigua vida —respondió de inmediato y sentí como temblaba, provocado que la rabia creciera más.

¿Ni siquiera de Sebastian? —ella negó—, ¿ya no le amas?

Quise empezar una nueva vida y para eso tuve que dejarle ir, y así lo hice, él me dijo que empezara de nuevo cuando estuviera lista, que me enamorara —me dijo sonriendo de pronto—, ¿piensas que lo mío por ti es un capricho verdad? —no pude responderle y nos quedamos callados algunos minutos.

Te invito a comer —le dije y ella asintió, de pronto me preocupé de que ella creyera que eso era una cita.

Gracias —pedimos de comer carne y una botella de vino de elfo para acompañarlo—. No sé nada de ti... por qué no me hablas un poco de tu vida.

Mi segundo apellido es Prince, mi madre era una bruja y mi padre muggle, éramos muy pobres debido a que mi padre se gastaba todo en la bebida, mi madre trabajaba como muggle porque mi padre le prohibía utilizar la varita, lavaba ropa y la planchaba, lo poco que sacaba era para la comida, murió cuando yo estaba en tercer año de Hogwarts... después él también murió, —le dije, y reaccioné con qué facilidad ella había logrado que le contara mi pasado, algo que nadie había conseguido—, cuando salí del colegio a los pocos años me mandó llamar el padre de mi madre para hacerme cargo de sus propiedades, yo soy el último Prince y él estaba muy enfermo, heredé su fortuna y sus propiedades, haciéndome cargo de él por los últimos años de su vida, por lo tanto no tengo familia. — Ella tenía algo especial que me hacía abrirme por completo, sin embargo, no podía decirle lo que pasó después de eso, decirle que me convertí en un mortífago, de cierta manera no quería perder lo poco que tenía de ella, no quería que me temiera igual que al resto.

¿Y por qué no te has casado?

No tengo una respuesta para eso.

¿No ha existido una mujer especial en tu vida?

Sus hermosos ojos castaños tan transparentes me retaban a contarle, hacia memoria de las mujeres con las que había estado, la mayoría historias de una sola noche, algunas se extendían a dos encuentros, nunca una relación en forma, yendo más hacia el pasado estaba Lily mi pelirroja de ojos esmeralda, la recuerdo en mi mente al igual que el sentimiento que me embargaba cada vez que escuchaba su nombre, si hubo alguien especial, Lily, pero nunca fue mía.

No, nadie especial.

¿Por qué si ella se abría de esa manera conmigo, no podía hacer lo mismo? Hablarle de Lily y de todo lo que paso, ella es comprensiva seguro no me juzgará, pero hacía tiempo que Lily no perturbaba mis sueños, inclusive si pensaba con más atención reconocía que mi vida era más ligera desde que Hermione entró en ella.

La chica de aquella noche no era nadie Hermione —le dije con una enorme necesidad de que me creyera.

Genial y ahora porqué coños doy explicaciones.

Solo fue una noche... —le dije con arrepentimiento, no podía olvidar lo mucho que lloró cuando supo que me acostaba con otra mujer.

No tienes por qué darme explicaciones de tu vida —respondió con naturalidad—, no tenía por qué ponerme de esa forma, tú nunca me diste ilusiones y a la larga tenías razón, yo estaba malinterpretando cosas y confundiendo sentimientos —un dolor se alojó al escuchar sus palabras.

Te lo dije... eso quiere decir que ¿te diste cuenta que no sentías, lo que creías?

Así es —eso también dolió—. Es tarde... tengo que llegar a mi casa y hacer unas cosas que me quedaron pendientes, fue un gusto verte y ponernos al día... y de una vez te entrego a lo que vine a Hogsmeade —sacó de nuevo una bolsita de terciopelo y me la extendió.

Te dije que ya no me pagaras.

Y yo te dije que me sentiré más en confianza si lo hago —tomé los galeones y los guardé molesto, de pronto esa molestia de transformó en enojo, a pesar de que sabía que no tenía por qué enojarme con ella—. ¿A eso viniste a Hogsmeade, Hermione? ¿A pagarme? —asintió poniéndose unos guantes.

Yo creía que quería verme, mandé al demonio a mis alumnos para verla y me sale con que quería pagarme el maldito dinero.

Cuando pueda te mando una carta... siempre serás mi único amigo Severus.

Ve a la casa y llévate la lechuza que compré —le solicité buscando ocultar mi enojo.

No... ni un regalo más... terminare debiéndote la vida, aunque ya lo hago.

¿No vas a volver a aceptar un regalo mío?

No... al menos que sea navidad o mi cumpleaños —sacó unos galeones y los dejó sobre la mesa.

¿Ahora qué demonios es eso? Guárdalo, te he invitado yo —mi mirada debió intimidarla porque me obedeció al instante.

Pagué y salimos a las frías calles de Hogsmeade.

Faltan poco para las seis... nos vemos pronto Severus y gracias por la comida.

¿Cómo vas a llegar?

Me apareceré en la casa donde vivo.

Bien, cuídate y si algo se te ofrece, dímelo.

Gracias.

Me dio la mano y se fue... y de nuevo lo hizo... sin sonrisa, sin abrazo, sin palabra alguna, me dio miedo que dijera la verdad, que se diera cuenta que no sentía nada por mí, o quizás es tan inteligente que me está pateando y así darme mi merecido, si esa es su estrategia está funcionando de maravilla, pero conociéndola y dada su situación me inclino más hacia la primera opción: ella ya aclaro sus sentimientos y eso me causó un desasosiego, la quería, el dolor de su indiferencia me lo hizo saber, pero demasiado tarde.

Hermione

Quise enamorarte a las buenas, pero tenías que hacerme enojar —me deje caer en la cama satisfecha de su hermoso rostro cuando le dije que había aclarado mis sentimientos, era de sorpresa e inquietud.

El trabajo en la librería no era mucho, tampoco la paga, pero no me hacía falta dinero, ahorraba todo lo posible para seguir pagándole a Severus lo que había gastado en mí cuando me conoció. La semana pasada que fui a verlo sabía que le había dado gusto saber de mí y debo confesar que me aproveche de las circunstancias y lo golpeé con toda la indiferencia que podía.

Hola Hermione —el rubio me sacó de mis recuerdos.

Hola Scott.

¿Les llegaron los nuevos libros que te anoté?

Claro y algunos más, déjame te los traigo —me metí y saqué los tres tomos de medicina que me había pedido—. Estos son los que me pediste, y este es otro con una edición especial.

Me llevó los cuatro entonces.

Muy bien, puedes pasar a caja entonces —los mandé a caja mientras atendía a los siguientes clientes, lo vi pagar y regresó a donde yo estaba.

¿Vas a aceptar esa invitación a cenar que te hice la semana pasada?

Yo... no creo —respondí incómoda.

Por favor Hermione, aquí cerca hay un bar, podemos tomarnos un par de copas, conocernos mejor y nada más —lo pensé mucho, no quería involucrarme con nadie, para que nadie me conociera, pero llevaba insistiéndome dos semanas, además ir a un bar había desencadenado una crisis la última vez.

Está bien pero a cenar, los bares no son lo mío.

Paso por ti a las nueve entonces.

Vale.

Terminé mi pesado día, llevaba un vestido corto y ajustado color hueso de tirantes, sencillo, botas de gamuza negras con un poco de tacón y un abrigo color negro para cubrir mis heridas. Me despedí del señor Powell que era el dueño de la librería, y vi a Scott esperándome afuera, recargado en su auto color negro.

Hola —le saludé y él me tomó de la cintura para darme un beso en la mejilla, su acercamiento fue tanto que nuestros vientres se pegaron por completo.

Hola preciosa, vamos sube al auto, iremos a un lugar que te encantará.

Vale.

No dejó de abrazarme y me abrió la puerta del coche, me subí y él mismo puso el cinturón de seguridad dándome otro beso en la mejilla, oliendo mi cabello, sentía su respiración en mi cuello y me dije: ceno y planeo la huida. Cerró la puerta y se subió inmediatamente, cuando se ponía el cinturón, alguien abrió mi puerta con violencia, llevándome un susto de muerte.

Bájate.

¿Severus? —lo vi fuera de sí, llevaba solo un pantalón negro con una camisa gris de manga larga, pero por la cara alguien debió molestarlo mucho.

Dumbledore... le ha dicho todo, empecé a temblar incontrolablemente y me di cuenta que no llevaba el camafeo conmigo.

Hermione bájate —me llevé las manos al cinturón temblando, pero Scott impidió que lo quitará.

¿Quién es este loco? No tienes por qué bajarte.

No me obligues a partirte la cara, ella se viene conmigo —Severus quitó el cinturón con violencia y me bajó del auto, pero también Scott se bajó— no te le vuelvas a acercar.

Hermione ¿Quieres irte con él? —me preguntó Scott.

Ambos me vieron y me quedé en shock, no sabía qué demonios responder, las palabras se me habían ido, estaba muerta de miedo, el profesor Dumbledore le había contado todo, y Severus me mandara directo a mi tiempo, sin la posibilidad de haber arreglado algo, y lo único que logré fue ganarme su desprecio.

Severus Snape

Había ido a buscarla a la maldita librería, la vi salir de ahí arreglada, para después subirse con un hombre a un auto negro, sentimientos encontrados fue lo que sucedió a continuación, por un lado la tranquilidad de que estaba siguiendo con su vida, pero surgieron las dudas ¿y si aún sigue mal? ¿Y si ese tipo se aprovecha de ella? ¿Y si no tiene buenas intenciones? Pero después me invadió el coraje... me quedé ahí un par de minutos analizando la situación ¿eran celos? Claro que no, sólo que la he protegido este tiempo que me molestaría muchísimo que alguien la utilizara o la dañara, me respondí queriendo ignorar un instinto asesino que crecía dentro de mí, estaba colérico como hace años no lo estaba.

Me acerqué un poco más, vi como subía al auto y él se le acercaba de una forma tan insinuante, esperaba con ansiedad que ella lo rechazara, tan sólo se quedó quieta recibiendo sus atenciones, la desesperación llegó de pronto, tenía que saberlo, me metí en la mente de él, Es tan deseable como lo imaginé, días y por fin logro que acepte... ¿cenar? No nena, primero iremos por unas copas, los primeros pensamientos me fueron sacando de mis casillas, él se subió y fue cuando entendí que no iba a permitir que se la llevara, no podía. Podría llevármela al departamento, pero con ese jodido vestido terminare cogiéndomela en el baño del bar, eso fue el colmó, me acerqué furioso abriendo la puerta para sacar de ahí a Hermione.

Bájate —le exigí al abrir la puerta.

¿Severus? —me miro extrañada.

Hermione bájate —a pesar de todo, quiso quitar el cinturón y él se lo impidió, lo cual no ayudó mucho a mi furia.

¿Quién es este loco? No tienes por qué bajarte.

No me obligues a partirte la cara, ella se viene conmigo —le quité el cinturón y le amenacé mientras ella se bajaba del auto—. No te le vuelvas a acercar —le amenacé.

Hermione, ¿quieres irte con él? —le preguntó el tipo y ella se quedó callada—. No tengas miedo cariño, ya ves estúpido te tiene miedo, mírala está temblando —la vi inquieta, y sí tenía miedo, sus manos temblaban aunque ella hiciera un esfuerzo por ocultarlo.

Ya no soy quien ella creía, le hablé de mal manera la vez que me reclamó, por eso se fue de la casa, por eso me abandonó, porque la traté mal y ahora me teme... como siempre debió haber sido.

Me voy a ir con él Scott —dijo aun temblando.

Te tiene amenazada.

Claro que no.

Hermione... —intente decirle que nunca le haría daño que, pero ella se acercó a mí.

Confío en ti Severus, —la abracé y se calmó en cuanto llegó a mi pecho, me tranquilicé en cuanto hizo eso.

Lárgate y no te le acerques de nuevo —subió al carro y arrancó furioso, aún la sentía cerca—. No me tengas miedo.

No te tengo miedo... es que... —aún se sentía nerviosa por su pasado.

Te debo una cena ¿quieres ir esta noche? —y la sonrisa que esperé tantas semanas llegó a su rostro.

Quiero pizza.

¿Pizza? —pregunté decepcionado.

Sí, con pepperoni, doble queso y una coca cola —no sabía muy bien que era lo último pero accedería.

¿A dónde? —caminamos algunas cuadras a un local mediano con mesas cuadradas color rojo y sillas blancas.

¿Qué les voy a dar? —volteé a verla en señal de auxilio.

Va a ser una pizza grande de pepperoni con doble queso y dos coca cola por favor —el mesero se retiró sirviéndonos una bebida negra burbujeante.

Te gustará, sino es así puedo pedirte agua —la probé y asentí a pesar de su sabor extraño y dulce.

Perdón por mi actitud de hace un momento, no fue la más adecuada.

¿Qué fue lo que pasó? —respiré y no iba a mentirle, aunque me puse nervioso de su reacción.

Soy un oclumántico... y supe lo que el idiota pretendía contigo... sólo quería asegurarme que no corrieras riesgo.

¿Has intentado utilizarla en mí? —preguntó blanca del susto.

Claro que no, yo he respetado tu privacidad, jamás te violentaría de esa forma —nos sirvieron la pizza y empezó a comer más tranquila.

¿Te preocupaste por mí?

Claro que sí.

¿Por qué? —no sabía responder eso, ni siquiera yo sabía.

Cuando llegaste a mi casa tan rota, juré que te protegería —pareció quedarse satisfecha con mi respuesta.

Terminamos de comer y la acompañé a su casa caminando, me dijo que rentaba un cuarto y estuve a punto de pedirle que regresará, en mi casa no tendría que limitarse, la casa estaría a su disposición pero no podía, ella ya me había rechazado en múltiples ocasiones.

Gracias por la cena.

Gracias por aceptar ¿te hace falta algo? —negó y le di un beso en la frente con suavidad.

¿Por qué ella sacaba esas cosas de mí? Nunca había hecho eso con nadie, de pronto sentí que con ese beso no bastaba, no lograba transmitirle la seguridad que yo quería.

Cuídate.

¿Volverás a visitarme?

Si tú así lo quieres, sí —sonrió guiñándome el ojo.

Si quiero.

Hermione

Hermione... ya empezó la película —me gritó Richard desde la sala.

¡Voy! —bajé corriendo y me acosté en el sillón, era domingo por la tarde y estaba descansando.

En otras palabras, llevaba un short corto deportivo con una blusa de tirantes algo corta, él era un hombre tan sencillo y discreto que no me preocupaba con ocultar mis cicatrices o quien era, y él se daba cuenta, creo que me veía como un animal herido, porque cada vez que iba me hablaba con cariño, y llevaba algo, duraznos, chocolate y su favorito: un litro de helado, decía que de esa forma el alma solía sonreír, y que él se encargaría de ello.

Corrí descalza hacia el sillón y me puse su sudadera, me acosté a un lado de él, y la coleta que tenía se deshizo, provocando que mi pelo suelto cayera sobre mis hombros.

Amo esta película.

Sí, a mí también me gusta... oye ¿no me dijiste que quizás hoy venga tu enamorado? —comí palomitas mientras negaba con la cabeza.

No es mi enamorado, quisiera que lo fuera pero no es así, solo le insinué que podría visitarme un fin de semana.

¿Y no deberías estar arreglada por si viene?

No... sino viene me sentiré muy mal, y si viene creerá que le estuve esperando, así que mejor no —estaba la película en medio clímax, justo cuando ella se entera de las mentiras de él y el muy idiota ya está demasiado enamorado de ella, el timbre sonó y yo me negué a moverme mientras disimulaba las lágrimas, ella lo había abandonado.

Te queda más cerca a ti Richard, abre.

Tú irás por el helado a la nevera, Hermione, —se levantó refunfuñando mientras seguía viendo a ese hombre en la pantalla—. Hermione creo que es para ti, pase, —me levanté para sentarme y ver a Severus que tiene cara de pocos amigos.

Hola Severus.

Buenas tardes —el silencio se tornó más incómodo que de costumbre, y no dejaba de observar mi atuendo.

Iré a cambiarme, dejamos esto para la noche Richard.

No hay problema —subí a cambiarme veloz por las escaleras, mientras sacaba un pantalón y blusa, llegó Richard, por su cara temí que mi invitado le hubiera hecho algo—, ¿él es Severus?... vaya... oye... tiene una mirada pesada... ufffff —suspiró sentándose en la cama—, creo que me quedaré en mi habitación mientras te vas... parece como si estuviera leyéndome la mente —reí irónica mientras se iba, no dudaba que así fuera.

Me vestí con magia y como no había mucho que hacerle a mi cabello me puse una boina para el frío, bajé a los quince minutos y él seguía esperándome.

Lo siento por hacerte esperar.

No hay problema.

¿Quieres salir a caminar? —asintió y caminamos hasta una pequeña plaza donde estaba un café al aire libre con pequeñas mesas redondas color negro y sillas altas, me hizo la seña si quería tomar un café y nos sentamos aún no había dicho gran cosa.

¿Qué les voy a ofrecer?

Para mí un americano ¿Hermione?

Un capuchino por favor —el mesero nos trajo nuestras bebidas y él seguía sin decirme nada.

¿Vives con ese hombre? —preguntó de pronto, con calma.

Entonces descubrí por qué no había dicho nada, estaba dando el tiempo preciso para que el enojo bajara a un nivel bastante decente, alcé la ceja y quise responderle igual que él, que no se metiera en mis asuntos, pero decidí no tentar a su paciencia.

No precisamente, ahora Richard se está quedando pero no es siempre así... ¿Qué? ¿También le leíste la mente a él?

Estuve a punto —me respondió con cinismo—, no lo hice porque no quería ver… algo que no.

Vaya... por él no tienes que preocuparte —respondí ignorando lo que había sugerido.

No puedo estar seguro, no hay hombres en los que se pueda confiar, vivir con una mujer sin pretender nada... es casi imposible.

¿Y cuáles eran tus malas intenciones conmigo? —escupí con veneno al sentir que la hostilidad no bajaba.

Ninguna, solo quise lo mejor para ti, y lo sigo queriendo por eso te digo lo que pienso.

Vivo con su tía que es de edad avanzada, pero sale mucho a visitar a algunos familiares y a veces llega su sobrino a visitarla, pero en esta ocasión no la encontró, y se queda un par de días para distraerse del lugar donde vive ¿Qué?—le pregunté por fin

¿Y por eso estabas desnuda? Debes sentirte cómoda en ese lugar, ya que jamás te vi así en La Hilandera —escupió con seriedad, si estaba leyéndome la mente no me preocupaba porque en mi mente solo estaba el letrero: Celoso.

Severus Snape

La había visto con claridad, tan sólo con una prenda que no era suya, ese acto de clara intimidad pareció recorrer cada fibra de mi cuerpo, ella lo había hecho, se había establecido y con un hombre.

No estaba desnuda, era un short corto, quizás no se veía pero ahí estaba.

Me imagino lo corto, para no verse.

¿Estás molesto? —me preguntó con mala cara.

No, pero no quisiera que te vieras envuelta en una relación donde salgas perjudicada.

Richard no es mala persona —la abogada, pensé con cizaña.

Ella tenía razón, ese tipo no tenía malas intenciones, pero no me gustaba que estuviera viviendo con un hombre, eso podía acarrearle problemas, además si se salió de mi casa para irse a vivir con un hombre ¿por qué no se quedó a vivir conmigo? La respuesta es fácil idiota, y es que aquella mañana no debí hablarle de esa forma, pero así soy, sólo que ella no había tenido la oportunidad de verme tal como era, la gota que derramó el vaso fue decirle que yo no sentía nada por ella, al final ella lo entendió, lo aceptó, aclaró sus sentimientos, la herí, se fue y estos días siento que la he perdido, a la única amiga que por fin tenía la perdí por mi maldito carácter.

No son celos, claro que no son celos, es preocupación por mi protegida, solo eso, de que la hirieran como lo hice yo, que se aprovechen de ella, creo que no podría soportarlo, por Merlín claro que no son celos.

Traté de relajar un poco la conversación hablando del colegio y ella de las cosas que le gustaban dentro de la magia, pero renuente a regresar a su mundo, aún no quería decirme nada y estaba poco a poco perdiendo la confianza en mí, y dolía... ¿dolor? Hace mucho deje de sentir eso, ella no podía venir a mi vida y causar de nuevo esos sentimientos, no podía permitírselo.

¿Estás enojado? —su inocencia siempre me conmovió, fue eso una de las razones por las cuales insistía en protegerla, aún era tan niña a pesar de sus veinte años, su mirada era limpia, sin malicia.

No... ¿Confías aún en mí?

Claro que sí.

Hermione... estoy un poco preocupado, ¿no te gustaría vivir en Hogsmeade? Ahí hay lugares donde podrías estar tranquila y yo también, no correrías riesgo porque sabrían que eres mi protegida y deberán respetarte como lo hacen conmigo.

Mi trabajo está aquí Severus en el mundo muggle —susurró.

Podría conseguirte algo también, inclusive podrías especializarte, se ve que eres una chica inteligente, no puedes vivir con muggles.

No puedo Severus, no me iré al mundo mágico.

¿Y por qué no? — pregunté enfadado.

Porque fueron magos los que me dañaron, no confío en ellos.

Te encerraron tus padres y ellos eran muggles.

Convencidos por el idiota de Ronald, me quitó mi varita y me puso un hechizo antiaparición cuando estaba inconsciente en el hospital.

Pero si tú me dijiste que fue en mago el que te ayudó a salir de ahí —asintió desviando la mirada—, ¿quién es? Si te ayudó debe apreciarte mucho, quisiera hablar con él —le pedí, si yo hablaba con ese mago quizás podría entender cosas que rodeaban a Hermione y que ella luchaba por olvidar.

Severus todo eso es mi pasado y lo dejé atrás, donde debe estar, empecé una nueva vida sin ellos, y quiero que continué así una vida que ella iba a comenzar a vivir a mi lado, una vida que yo arruine, le quité todo a Hermione.

Solo intento ayudarte.

Sev —otra vez diciéndome así, sus castaños ojos siempre mostraban tristeza, me tomó de la mano dulcemente—. Estoy bien te lo prometo, si un día tengo un problema a quien acudiré será a ti, y si lo necesito iré a Hogwarts o a tu casa.

Muy bien —me resigne, pedí la cuenta y nos fuimos caminando hasta su casa—. Te veré luego.

Claro, ya sabes donde vivo.

Y tú sabes dónde trabajo — nos dimos un beso en la mejilla y abrió la puerta, cuando vi a ese tipo en la sala la sangre me hirvió de una manera, que creí que sacaría la varita y le mataría lentamente—. ¿Qué hace este tipo aquí? —si un día mi padre me enseñó modales a punta de golpes en ese momento se me olvidaron, entré antes que Hermione para sacar a ese bastardo—. Te dije que no volvieras a buscarla.

Necesitaba saber que estaba bien y no le habías hecho algo, ya que se puede notar que eres un tanto agresivo.

Scott... por favor no es buen momento —le dijo Hermione.

Bueno... yo les dejo iré con unos amigos —dijo el tipo que se estaba quedando con Hermione.

Hermosa me retiraré, pero mañana pasaré a recogerte para salir —sus pensamientos seguían siendo los mismos y me llevé la mano a la bolsa del pantalón para sacar la varita.

NO SEVERUS —sus manos me detuvieron, pero sino lo hacía con magia, iba a romperle la cara al modo muggle.

No vas a quedarte aquí, toma unas cosas, nos vamos a la casa —no era un ofrecimiento sino una orden que quería se obedeciera al pie de la letra.

Está bien... subo por algo y nos vamos.

¿Por qué lo obedeces en todo lo que te dice? —preguntó socarrón, y ella tuvo que ponerse en medio para evitar que llegara hasta él.

Severus... sube a mi recámara es la que está al final del pasillo, dame dos minutos nada más.

Hermione —no quería dejarla sola.

Estaré bien te lo prometo, si te necesito te llamaré —subí y entré a su recamara, que estaba completamente pintada de blanco, con una grande ventana pegada a la cama, parecía toda la recamara de una chica joven, me senté y le daría dos minutos, sino subía... bajaría por ella.

Hermione

¿Qué es ese tipo de ti? ¿Por qué lo obedeces en todo? —me reprochó como si ese estúpido tuviera derechos sobre mí.

Scott, tú no tienes ningún derecho de nada, Severus es el hombre que amo y no hay nada más que decir.

¿Amas a ese... loco?

No te permito que estés hablando así de él, lárgate y no vuelvas.

Es un tipo violento Hermione, puede hacerte daño, se le ve la cara de ser un maldito bastardo.

LÁRGATE SCOTT —escuché bajar a Severus y temí lo peor.

¿Te hizo algo? —negué abriéndole la puerta a Scott para que se fuera.

Estoy preocupado Hermione... te apuesto a que ni siquiera lo conoces, puede ser un asesino —avancé a él y le di una cachetada, cuántas veces en el colegio tuve que soportar ese tipo de comentarios, en su funeral, en la boca de mi madre, en la de Ron.

NO QUIERO QUE VUELVAS A LA LIBRERÍA, NI A ESTA CASA —le grité con lágrimas en los ojos, cuando los cerré solo vi el féretro a Rita Skeeter señalándome.

Eres una loca igual que él —Severus lo tomó de la camisa y lo sacó de la casa, azotando la puerta.

Sube por tus cosas —me dijo serio, sabía que era lo que recordaba, esas vidas... inclusive a Lily y no podía hacer nada para quitar esos pensamientos—, ¿qué pasa?

Negué con la cabeza limpiándome las dos lágrimas.

Gracias por sacarme de su auto la otra noche y por cuidarme.

¿Por qué confiaste en mí a la primera? Pude ser un mal hombre, un asesino.

Porque en tus ojos negros pude ver tu alma, porque tus brazos me protegieron esa noche cuidándome de mis pesadillas, estuve sola Severus por mucho tiempo, y la persona que me tendió la mano fue un desconocido a quien supliqué por atención, caminé tanto… curaste mis heridas, y porque el hombre que estoy viendo en este momento ha visto por mí cuando no tenía a nadie, eso significa que eres un buen hombre, no me importa lo demás —se quedó callado y vi como las sombras de su pasado se iban de su mirada—. Subo por mis cosas y bajo en tres minutos.

Severus Snape

Cuando llegamos a la casa me sentí aliviado de tenerla de nuevo, le ordené a Jelyus que subiera su bolsa, no había mucho en la casa así que ella se tomó un vaso de leche con pan y yo un café, la notaba tranquila y serena, así que yo también lo estaba. Lo que pensaba de mí me producía una sensación nueva, que no sabía lo que era, pero me gustaba, si recordé la muerte de Lily la mirada de Hermione y sus palabras esfumaron esos recuerdos, nadie había podido hacer eso, sólo ella...

Me voy a dormir —me dijo subiendo las escaleras—. ¿Te vas a ir a Hogwarts ahorita?

No, dormiré aquí, me iré mañana por la mañana.

Fantástico —sonrío y subió a su recámara.

...

Me levanté temprano para llegar a la primera hora de clases, me bañé y vestí, ella tenía la puerta cerrada así que supuse dormiría, bajé a decirle a Jelyus que Hermione se quedaría algunos días, pero cuando baje a la cocina vi a Hermione de espaldas, con un vestido rosa descubierto de la espalda con un amarré de éste en el cuello, algo corto pero no demasiado, en la mesa estaba ya el almuerzo, fruta y tostadas de mermelada. Volteó a verme y arrimó dos tazas de chocolate.

Buenos días... siéntate... el desayuno está listo ¿alcanzas aún? —no pude responder por la sorpresa y me senté, bebí el chocolate... ese si era de ella.

Esta delicioso —por un segundo un brillo en su mirar apareció, la había extrañado tanto... ojala nunca se fuera... y se quedará conmigo para siempre, sólo ella disipaba la oscuridad.