Disclaimer applied.

Anorexica.


"Quizá, cuando un hombre está enamorado no se equivoca. Quizá, los que no están enamorados son los que se equivocan"

Jorge Luis Borges.


El cerebro de Helga trabajo lo más rápido que pudo, estaba más ágil que de costumbre, dado que anoche se había comido dos paquetes de papas fritas, y otras cosas que prefería olvidar o juraría que vomitaría, su corazón también se desbocaba dentro de su pecho, como cada vez que veía a Arnold desde que era una niña, sin embargo, mientras observaba las figuras del cabeza de balón y su mejor amiga ingresar al living supo que todo estaba jodido.

¿Cómo iba a explicarle que su madre y su padre se habían ido de casa a Phobe, cuando Arnold estaba ahí? ¿Cómo hablar de su familia disfuncional, e asco que sentía hacía su padre, el rencor hacia su débil madre, el odio hacía su perfecta hermana?... ¿Cómo hablar de su trastorno y del frío helado que le recorría la espalda al pensar en todas las calorías que había consumido, como no sentir el terror cerrar su estómago al pensar que había aumentado de peso?

- ¿Helga? - la vox de Arnold me trajo a la realidad, me había quedado estancada a la mitad del vestíbulo, mientras mis pensamientos viajaban en oscuras direcciones.

Desde luego, instantemente fruncí el ceño y me crucé de brazos, mirándolo despectivamente.

- ¿Por qué molestas, cabeza de balón? - pregunté con tono de burla, alzando una ceja- ¿no tienes una noble causa hoy que salvar, ningún gato que necesité ser salvado de un árbol?

Alzó las cejas y se acercó a mí lentamente, mientras una sonrisa jugaba, sorprendentemente, en el borde de sus labios.

-Ningún gato hoy, Helga- contestó en el mismo tono, mientras se paraba a dos pasos de mí, lo suficientemente cerca para que su perfume me embriagara- sin embargo, una rubia problemática parece necesitar ser salvada.

Mi voz subió dos octavas mientras me quejaba: - ¡Más vale que no hables de esta rubia, Arnoldo, he salvado tu trasero más veces de las que puedes contar!

Di un paso al frente, intentando intimidarlo y hacerlo ceder, pero luego vi una pequeña chispa en esos ojos verdes y me di cuenta que Arnoldo podía ser tan astuto como un gato, antes de poder escapar una de sus manos surcó el aire y tomó mi cintura, haciendo que un rubor coloreara mis mejillas y me silenciara al instante.

-Si me salvaste tantas veces, ahora me toca a mí devolverte el favor, ¿cierto?- inquirió, con un tono suave, como quien intenta convencer a un niño de algo, había una dulzura en su mirada que me dejó helada, sin saber cómo responder.

-Eso no va a ser necesa-…

-Helga- gritó Phobe, desde algún lugar del living, rompiendo la atmosfera que nos había rodeado-¿ya mataste a Arnold?

Me libre del brazo de Arnold dedicándole una mirada asesina y recibiendo de él una mirada burlona.

-Aún no, Phobe- contesté lo suficientemente fuerte como para que ella me escuchara, luego baje la voz para que solo el cabeza de balón pudiera oírme- aunque pareces querer firmar tu sentencia de muerte, no lo olvides Arnoldo La vieja Betzy y los Cinco Vengadores aún pueden patearte el trasero.

Levanté mi puño, enseñándoselo y luciendo lo más amenazadora posible, entonces el muchacho rubio me sorprendió otra vez, parecía una constante en este día, él rompió a reír, mientras sonreía me dijo:

-Me alegra que no hayas cambiado del todo Helga, que algunas cosas se mantienen igual.

Pareció querer agregar algo más, pero simplemente cerró la boca y negó con la cabeza.

Entonces volvió a asaltarme ese viejo sentimiento, de no sentirme lo suficientemente buena, siempre fallando en las pruebas. Cansada hasta los huesos de la vida en general, me aparte definitivamente de él, y pase a su lado ignorando el suave Helga... que susurró a mi espalda, al ingresar al living busqué con la mirada a Phobe y la encontré, como sabía, en el sillón más alejado de la habitación, dándome privacidad a Arnold y a mí pero lo suficientemente cerca por si decidía que mi feminidad había perdido la pulseada contra la niña brabucona que una vez fui.

Mientras me acercaba a ella, con el ceño cada vez más fruncido, y mis brazos en mi cintura, medio grite, medio susurre:

-¿Estás loca, Phobe?- gruñí, mientras mi mal humor se concentraba en la chica de lentes sentada tranquilamente frente a mí- ¡traer a mantecado a mi casa, en una situación de emergencia!

Comenzó a frotar sus manos y a arreglar sus ya imposiblemente bien arreglados lentes y me di cuenta que mi amiga no estaba tan tranquila como ella aparentaba y yo creía.

-Lo siento- suspiró por fin, como si hubiera recuperado la voz, luego me miró con la disculpa escrita por todo su rostro- ¡Arnold prácticamente me embosco en la calle, estaba ahí cuando me llamaste, y me fue imposible dejarlo atrás, es más terco que tú! - luego agrego en un susurro con una media sonrisa- si es que eso es posible.

Casi comienzo a reír, pero la risa murió en mi garganta, negué con la cabeza e iba a explicarle cuando escuché las pisadas de Arnold detrás de mí, lo miré a él y luego a la chica sentada frente a mí, y luego dije las palabras más difíciles que había dicho en años, pues me dejaba vulnerable y me hacía ver patética.

-Bob y Miriam pelearon, se fueron ayer- admití mirando el suelo y apretando las manos, sintiendo como un nudo cerraba mi garganta- no han vuelto, no sé nada de ellos.

El silencio cayó en la habitación y no me atreví a levantar la mirada, instantáneamente me arrepentí de haberlo dicho.

Sin embargo, sentí como Arnold se movía, tan rápido que no fui capaz de reaccionar, y antes de que me diera cuenta, Arnold me pasaba los brazos por la cintura (deseé que mi cintura le pareciera delicada y no gorda), su perfume me intoxicaba y su calor me envolvía, su boca descansaba cerca de mi oído y susurró, mientras apretaba aún más sus brazos entorno a mí:

-Helga, estamos aquí...


De mi debilidad, obtuve una fuerza que nunca me abandonó.

Jorge Luis Borges.


Años y años de espera, y también de como seguir esta historia tan compleja, con temas delicados como son los desordenes alimenticios y los problemas familiares. Gracias si aún están ahí y lo siento por la espera.

PC