Consecuencias


Capitulo 2


Trae el rostro tenso, los hombros contracturados y por primera vez en su vida, es consciente de lo fruncido que trae el ceño. Se siente molesto, ansioso. Furioso y estresado. Es como un animal enjaulado listo para atacar a quien sea que pase cerca suyo.

Y todo es culpa de esa niña.

Han sido tres días desde su encuentro con Deku y ahora trae la cabeza peor que antes. Trabaja como locomotora atando cabos, haciendo preguntas. Negando y afirmando. La mocosa era su compartía rasgos con él, Kirishima mismo se lo había dicho. Él no era ciego como para no notarlo, ni tampoco, para negar que también compartía genes con Deku.

Cabello cenizo con rizos, ojos color rubí y pecas.

Era innegable y su alfa interior lo corroboraba. Dentro suyo, rugía cual un león dispuesto a proteger a su manada. Los alfas eran por naturaleza posesivos y recelosos con los suyos, cuando se veían separados, todas sus emociones se tornaban en una vorágine de agresividad e ira. Ahora mismo es el vivo ejemplo de ello.

¡Mierda!

Ahora mismo desearía ser un simple beta. No le molestaría carecer de feromonas e instinto si con ello pudiera deshacerse de esa terrible incomodidad y la realidad en la que cada vez caía más.

Vuelve los ojos al papel que trae entre manos.

– Midoriya Izuku, veinte años, omega, soltero…– lee en voz baja la información en dichos papeles.

Ser héroe y estar conectado con ciertas agencias del gobierno, le han servido para indagar la vida del omega. No es mucho lo que ha encontrado, pero es suficiente para lo que quiere indagar. Ahora sabe que luego de aquel "accidente", Izuku se había mudado junto a su madre a un pequeño poblado en Hokkaido. El registro de la escuela hablaba de su retiro a los pocos meses y no había más información sobre su educación, por lo que asumía no había terminado la secundaria.

Fue en un hospital de esa misma provincia donde había dado a luz nueve meses después de desaparecer, poco antes de que cumpliera quince años.

La pequeña tenía seis.

– Midoriya Mizuki.

Suspira.

Apoya su peso en el respaldar de la silla.

Las piezas encajan a la perfección y era malo. No, pésimo. Porque él estaba dispuesto a mantener su mente firme en el camino del héroe. No tenía cabeza para pensar en paternidad, mucho menos, estaba listo para serlo. Tampoco lo quería. Su interés en los omegas se basaba en buscar uno cada que su celo llegara o incluso, cuando el cuerpo se lo pedía. Un polvo para desfogar una necesidad básica de su subgénero y fin. Algo mecánico, en búsqueda únicamente del placer propio.

Ahora estaba perdido, porque esa niña era su hija y no lo sabía solo por el parecido o la información leída, sino porque su cuerpo se encontraba reaccionando desde que la había visto. Cada fibra de él clamaba furiosa por tener a la pequeña cerca.

En sus años de estudiante, había leído sobre aquella condición, aunque iba dirigido a los omegas. Ellos creaban un lazo similar al de una marca una vez miraban a sus hijos, haciéndolos incapaces de separarse de ellos. El lazo se perdía conforme el niño crecía y lograba su independencia.

Katsuki no estaba dispuesto a esperar a que la mocosa cumpliera la mayoría de edad para librarse de esa molestia.

La necesitaba cerca.

La necesitaba ahora.

Ser un omega soltero con una hija, no había sido fácil en ninguna época.

Izuku sabe que viven en una época moderna, más libre y light en lo que concierne a esos temas, sin embargo, es solo lo que se muestra en comerciales y telenovelas que buscan reivindicar a los omegas. En la práctica, Izuku ha debido lidiar con miradas de desagrado y comentarios mal intencionados por casi seis años.

No importaban cuantas leyes les protegieran, cuantos casos se denunciarán en los noticieros, la realidad era que la sociedad poco o nada absorbía de estos. Personas de mentalidades retrogradas, que seguían culpándolos de todo lo malo que les pasaba.

¿Te marcaron sin tu consentimiento? Es tu culpa, por andar seduciendo a los alfas con tus feromonas.

Estaban también los que para Izuku eran peores, aquellos que decían estar a su favor, pero...

Bueno, deberías llevar tus supresores y collar siempre.

Eres un omega, no puedes andar solo por las calles.

Si no te cuidas mismo ¿Quién lo hará por ti?

Y es que la sociedad, en su mayoría beta, jamás entenderían la problemática omega. No se trataba de supresores, de andar acompañado ni de cuidarse a sí mismos; se trata de educación. La que muchos carecen y se dan la libertad de calificar a los omegas con adjetivos por demás horrendos.

Incitadores.

Promiscuos.

Libertinos.

Izuku sabe que no todos son iguales, que la sociedad está cambiando. Quizás lento, pero lo hace. Lamentablemente, de esa cara, ha visto muy poco. En su vida se ha cruzado con lo peor de lo peor, personas que le han juzgado por tener una hija siendo tan joven y estando soltero. Como si los abusos sexuales no existieran, le critican por no haber usado algún método anticonceptivo.

Del aborto ni hablar. A pesar de ser legal desde hace un par de años en casos de abusos, el tema genera polémica y la personas aún se muestran reticentes.

Lo único peor que un omega que abandona a su bebe, es uno que aborta.

¿Qué solución queda entonces?

Tenerlo y eso retoma nuevamente ese círculo toxico de habladurías, dando como resultado que, si al final tuviste al bebe, era por el simple deseo de sacar provecho del alfa.

Los provecitos alfas.

Izuku nunca había sido tan consciente de este hecho, hasta que Mizuki empezó sus primeros años de educación. Cada que iba a recogerla, era la comidilla de los padres de familia. Ni siquiera disimulaban sus miradas.

Viviendo en un pueblo pequeño, todos lo reconocían como el omega embarazado y se hacían una historia de que había huido para tener al bebe en secreto. Ya no era Izuku, ni siquiera Deku, sino el omega irresponsable.

Para la sociedad nunca dejarían de ser simples maquinas sexuales.

Suspira cansado.

Cada que iba a recoger a Mizuki su cerebro empezaba con toda esa bola de problemas. Era la predisposición con la que iba a lo que iba a suceder a su llegada.

– ¡Oh! Buenas tardes, Midoriya-san –le saluda la maestra, sorprendida de verlo ahí.

– Buenos días – pronuncia lento, sin comprender el porqué de la sorpresa – ¿Ya está lista Mizuki?

– Ella ya salió. – contesta dudosa, para luego agregar: – Ground Zero la recogió.

Izuku parpadea una vez.

Dos veces.

¿Cómo que Katsuki se había llevado a su hija?

– ¿Qué? – musita bajito.

La maestra muerde su labio inferior, ve en el rostro confundido del padre, que posiblemente haya cometido un error.

– É-él dijo que ustedes eran amigos y-y Mizuki estaba tan feliz…que yo… Lo siento.

Izuku desordena su cabello con la mano, intentando procesar la información. Un frio gélido le escarapela el cuerpo.

No es posible.

Ingresa al aula exaltado. Debía estar bromeando. Tiene que serlo. Era inconcebible que un completo extraño, por más héroe que fuera, se llevara a una niña que no era suya. Mira a todos lados velozmente, busca entre los niños, debajo de las mesas, detrás de las cortinas.

No, no, no.

– Disculpe –siente una mano sobre su hombro – está inquietando a los niños con sus feromonas – dice otra maestra, algo mayor que la primera. Ve a su alrededor nuevamente, los niños lo miran escondiéndose entre ellos.

Respira hondo, procurando controlar sus feromonas, pero la ansiedad generada por su hija, no se lo permite.

– Siento mucho lo sucedido – prosiguió la maestra jefa – La maestra lleva pocos días de haber ingresado, él se presentó como un amigo suyo y Mizuki estaba emocionada que corrió a abrazarlo. – se excusa – En verdad lo siento mucho. Él dijo que estarían en el parque de la vuelta…

Izuku no espera a que culmine la frase, sale corriendo de ahí.

La preocupación natural como padre es superada por el instinto que grita dentro de él. Un alfa sería capaz de matar si ve a su omega en peligro y ellos, harían lo mismo por sus hijos.

Katsuki es claramente un peligro para su niña.

Detiene el paso de golpe cuando se encuentra frente al parque que se le ha indicado. Echa un vistazo rápido a todo el panorama hasta que da con la cabellera rizada de su hija. Se encuentra en el área de juegos junto a otros niños.

Suspira aliviado.

Recupera la compostura, calma sus feromonas y continua su camino hacia ella. No quiere volver a alterar a los niños con su aroma, menos aún, que Mizuki se preocupe al olerlo. Mientras se aproxima, ve a Katsuki sentado en una banca, vigilando a su hija. Tiene que pasar cerca de él para llegar a su hija y lo hace con la misma firmeza que ha tenido el día en que lo vio.

El alfa se gira, sus miradas cruzan.

Aprieta los puños, gira la mirada, la dirige hacia su hija y continua su camino, omitiendo su presencia.

Katsuki se pone de pie y rápido, le sujeta antes de que se aleja más. Izuku intenta soltarse, el alfa aferra su agarre con fuerza. La primera vez le tomó por sorpresa el atrevimiento del omega, esta vez no sucederá lo mismo.

– Tenemos que hablar.

– Suéltame. – ordena viéndole por sobre su hombro.

– Voy a ser breve – le ignora – es sobre … – y lo duda. Piensa unos segundos, buscando una manera directa. Tampoco es que le agrade mucho su realidad. Empero, no la haya – sobre mi hija.

Izuku se gira, quedando frente a él.

En el instante en que tuvo a Mizuki entre sus brazos, descarto tajantemente la idea de que Katsuki lo supiera algún día. Incluso luego de mudarse a la ciudad y a sabiendas de que cabía la posibilidad de cruzarse, se negaba a decírselo.

Que Katsuki fuera el padre de su hija no era una opción discutible.

– ¿Cual hija?

– No te hagas el idiota, sabes a que me refiero.

– ¿Ella? – Señala a Mizuki, como si no entendiera bien a quien se refiere – No es tu hija. – afirma con total cinismo e intenta nuevamente liberarse, mas no lo logra.

– ¿Eres estúpido o qué? – Katsuki eleva la voz, evidenciando su molestia. – Nació meses después de que te largaras de la escuela, tiene seis años, se parece a mí ¿Y me vas a negar tan cínicamente que no es mi hija?

Izuku contrae el entrecejo, disgustado de que Katsuki crea que aún tiene ese poder sobre él. Hace mucho que ha dejado atrás el nerviosismo y miedo hacia el alfa. Convertirse en padre y afrontar la vida como le había tocado, le había llevado a moldear su carácter en uno más fuerte.

Katsuki no le intimidaba más. No le huye la mirada, no tiembla asuntado y hasta se permite sentir rabia. Los insultos los puede tolerar, pues entiende que el único estúpido ahí, es quien tiene en frente; mas no soporta que tenga el descaro de llamar a Mizuki hija.

Como él le dijo una vez, debería esperar a nacer nuevamente para ver si en esa vida era digno de tener una hija como ella.

Resopla con ironía.

¿Que pretendía? ¿Acercarse a ella? ¿Tomar el rol de padre?

La respuesta a ambas era no. Katsuki había abusado de él en todas las maneras posibles. Agredido, insultado y violentado. Tenía que estar muy mal de la cabeza si pretendía algo con su hija.

Él debía estar peor, si se lo permitiese.

– Puede que antes no te haya denunciado por lo que hiciste. Admito que fui un idiota por sentirme avergonzado de algo que fue enteramente culpa tuya. El poco apoyo de las leyes a los omegas también ayudaron a eso. – sonríe de lado, como tantas veces lo hacia el alfa burlándose de otros – Hoy en día es muy diferente y con solo gritar podría destruir tu carrera de héroe. Así que suéltame ahora.

Izuku no poseía un quirk y su fuerza no era mucha siendo un omega, pero todo ello lo compensaba con su inteligencia. Katsuki lo sabía. Lo de ahora, era solo una muestra de ello. No hacía falta que le hiciera algún daño físico; con lo severas que se habían vuelto las leyes de protección a los omegas, si Deku decía que él le había hecho algo, aun si era mentira, todos le creerían hasta que se pruebe lo contrario y hasta que eso sucediera, su reputación ya estaría por los suelos.

Cede al chantaje y libera su brazo.

– Si sabes lo que te conviene, no te vuelvas a acercar a mí, mucho menos mi hija. Nunca. – Finaliza su advertencia con voz firme y el olorcillo agrio en el ambiente.

Peligro, le dice y Katsuki obedece la advertencia. Le ve ir por su hija sin un solo atisbo de miedo. Le toma en brazos y se alejan.

La pequeña rubia, que no entiende nada, se deja llevar por su padre, apoyando su rostro sobre su hombro. Mira al alfa y le sonríe agitando una mano de forma pequeñita.

Despidiéndose de su héroe favorito.

Si sus noches ya era malas y habían empeorado luego del primer encuentro con Deku, esa ultima las había superado por mucho. Imágenes de villanos inmovilizándoles, llevándose a su hija y él siendo incapaz de poder protegerla. Los gritos de la menor hacían eco en su memoria, así como las palabras de Deku, culpándolo por su inutilidad como héroe.

Aquellos sueños no duraban más de veinte minutos, despertando constantemente a lo largo de la noche. Alterado, se había puesto a caminar por el apartamento, queriendo apaciguar su corazón acelerado y la impotencia que le azoraba al no poder hacer frente a sus demonios internos. Había hecho unas series de abdominales, en busca del cansancio necesario que le llevara a dormir plácidamente. Incluso había probado bebiendo leche tibia, tal como le apaciguaba su madre cuando de pequeño no quería dormir y ahora estaba seguro que debía de ponerle algo a la bebida, porque esa mierda no funcionaba.

Nada funcionaba.

Podía enfrentar se ha villanos la mayor parte de su día, pero era incapaz de controlar al instinto. No era solo la lejanía con la niña, sino también, el rechazo del omega.

¿Ese idiota tenía idea de lo peligroso que era enfurecer a un alfa?

Obviamente no, por eso tentaba su suerte.

Así como él tampoco hubiera imaginado que su cuerpo asimilara tan mal todo eso. Tenía entendido que algo similar sucedía cuando se enlazaba a un omega y eran distanciados, que era la razón por la cual se negaba a marcar a uno. Sentirse atado y todas esas estupideces entorno a los lazos le parecía patético, pero ahí venia el destino y le ponía a una hija en el camino.

Era una mierda ser alfa.

La noche no había pintado bien y el día, lucia peor aún con Kirishima persiguiéndole como un cachorro por toda la agencia. Entiende que está preocupado por su estado y que no va a dejarle en paz hasta que finalmente obtenga una respuesta que calce con su preocupación. Siendo su pareja a la hora de hacer las rondas, sabe que tarde o temprano ese día, el pelirrojo le va a interceptar y sacar la verdad. Quiera o no, es el único héroe capaz de sentir a su nivel y que le inspira confianza. A Kirishima le gruñe y le ignora, pero no le miente y si va a soltar la verdad, al menos va a retrasar el momento cuanto pueda.

Lo cual, no tarda mucho, pues con un bajo índice de villanos en la ciudad y su mala cara el día entero, Shouto da por terminado el día laboral una hora antes de lo habitual. Todos alistan sus cosas y salen antes de que el héroe cambie de opinión, es ese instante a solas el que necesita Kirishima para hacerle hablar.

– ¿Blasty? – le llama. Katsuki le ignora mientras termina de ponerse los zapatos en los vestidores. – ¿Hace cuánto no te bañas?

El cenizo alza la mirada, enfatizando el ceño fruncido.

– Bien, al menos ya rompí el hielo – muestra la fila de dientes afilados en una sonrisa. Efectivamente, ha roto el hielo, pero la vibra negativa sigue ahí – Bro, no te ves nada bien y la última semana solo has empeorado.

Kirishima sabía de antemano lo afectado que había quedado su Katsubro luego de esa entrevista, en la que él mismo había insistido en que vaya. Aquel segmente que se suponía aseguraría el aumento de su buena fama, solo le había dejado como un bully. Eijiro no podía no sentirse culpable por ello. Era obvio que los entrevistadores lo sabían y fue esa la razón por la que lo llamaron.

Desde entonces su estado había decaído y todo empeoro desde el asunto "omega". Había pasado casi las mismas noches que su bakubro sin dormir, únicamente atando cabos de lo que había sucedido ese día en el preescolar.

Que Katsuki reconociera a la niña que guardaba gran parecido a él, no era simple coincidencia.

– Sabes que puedes confiar en mí – continua. Tom asiento al lado del alfa – jamás le diría a nadie nada de lo que sea que te esté pasando. Somos amigos.

Katsuki vuelve la vista a sus pies.

Ha sido una mala semana con toda esa información dándole vueltas en la cabeza. Pensar y repensar que quizás, era solo un error, tal vez Izuku se emparejo con alguien que compartía rasgos con él. Pero el instinto no llevaba a ningún lugar a esa hipótesis, por el contrario, traía más problemas a su vida.

No quería niños en su vida, pero sí a esa niña en específico cerca de él.

Decía ser tolerante con los omegas ahora, pero Izuku le sacaba de sus casillas y estaba a poco de liberar al alfa indeseable que llevaba dentro.

Y piensa que tal vez, solo tal vez, Kirishima al menos podría servir como un oído con el cual liberar su mente.

– Tengo una hija.

Eso ya lo sabía, piensa.

Aquella conclusión era evidente. La similitud de la niña con él había sido demasiado. En el mundo hay casos de personas que son casi idénticas y no comparten ningún tipo de parentesco, pero entonces entraba la otra variable.

El omega.

– Y el problema es...

– Que el idiota de Deku no me deja acercarme.

Kirishima asume que aquello es parte de su alfa interior, pues su amigo no tiene un interés particular por ellos. Los ve molestos, ruidosos y engreídos. Por lo que no puede pensar más que en el instinto cuando deja entrever que quiere acercarse.

Lo sorprendente del asunto es que sea el omega quien no se lo permitiera.

¿Quién no quisiera tener un hijo de un héroe?

– El maldito me amenazó con denunciarme si me acercaba nuevamente. – continua quejándose – "Con solo gritar puedo acabar con tu carrera de héroe" – remeda infantil.

– Si no quiere hablar ni llegar a un acuerdo, podrías empezar por pedir una prueba de ADN y luego solo tendrías que acordar un horario de visitas con un juez. Ni siquiera tendrías que verlo a él.

Bravo Kiriidiota.

Como si eso no lo supiera. Su trabajo exigía tener conocimientos básicos en temas legales y sabía que por los peligros que conllevaba ser héroe, no le darían la custodia de la niña y lo cierto es, que tampoco la quería, con unos días de vista se conformaba. Hasta ahí, esa solución se pintaba perfecta. Sin embargo, acudir a la justicia le traería un problema mayor al insomnio.

Deja caer sus hombros, vira la mirada al lado opuesto al alfa. Lo que sigue es algo que nunca pensó admitir en voz altas y de hecho, tampoco lo hace con todas su palabras.

– Yo...sucedió durante su celo.

Kirishima olvida respirar unos segundos.

Parpadea estático rumiando la información. Ha oído esa frase antes entre alfas. A veces, la dicen solo en broma, ya que la connotación es algo que la sociedad repudia, pero que aún sucede. Pasa la saliva con dureza, es difícil saber que decir o cómo actuar. A sus veinte años, jamás ha visto un caso así venir de alguien tan cercano.

De alguien que, en muchos aspectos, a admirado.

Entonces ve un pequeño gesto casi imperceptible en su mejor amigo. Los hombros tensos, se muestran encorvados, el aroma es de culpa y arrepentimiento.

Le ha conocido de joven. El alfa de gran quirk solo comparable a su gran ego, no dejaba que ningún "extra" se le acerca. Mal hablado como ningún otro, presumido y despreciativo con otros. Le ha visto cambiar con el paso del tiempo. Le ha visto contenerse frente al celo de un omega cuando ni el mismo pudo.

Con eso, no piensa justificarle; pero Kirishima también es un alfa y ha crecido bajo las mismas normas que Katsuki. Por eso le entiende, él también, en algún momento de su adolescencia, ha creído que los omegas estaban ahí siempre dispuesto para un alfa. La sociedad les condicionaba desde pequeños, a creer que los omegas no servían más que para tener crías. Que solo eran juguetes para alfas. Que podían usarlos a gusto, sin pensar en sus sentimientos.

A veces, también ha recordado con culpa no haber defendido a uno que otro omega de su pasado. Por ello, le cuesta ejercer un juicio firme sobre Bakugou. Quizás si el cenizo continuara pensando lo mismo, le despreciaría como amigo, incluso denunciaría su actuar con las autoridades.

Pero ese no era el caso.

Kirishima exhala profundo.

Ahora comprende mejor ahora la posición del omega. Nadie en su lugar dejaría que el padre se le acercara a su hija; claro está, que eso no se lo diría a su amigo. Él ya lucia lo suficientemente abatido como para cargarse un comentario negativo más.

Entonces se centra en algo más fácil, hacerlo olvidar.

– ¿Porque no vamos a un bar? Hay uno cerca que me recomendó Mineta y Denki.

El ambiente oscurecido, iluminado con luces chispeantes cegadoras. La música de fondo, melodiosa con tonos sensuales. Betas y omegas visten acorde la temática de la noche: Furrys. Todos los meseros visten trajes reveladores, diminutas prendas de peludas que resaltan los movimientos de su cuerpo al caminar exagerados con sus bandejas. Los clientes miran con total desparpajo y uno que otro se atreve a tocarlos sin ningún ápice de respeto. Ellos no se quejan, sonríen y continúan con su trabajo.

Suelta un suspiro desalentador.

Aunque en el letrero de afuera no lo diga, es fácil descubrir qué tipo de establecimiento es ese, más aun, cuando ha sido Mineta quien se lo recomendó.

Un club de sexo.

Las cervezas que ha pedido al entrar, llegan a su mesa en manos de una omega joven.

– ¿Se les ofrece algo más? – Kirishima nota como le guiña el ojo.

Niega sin ser mal educado.

La joven se retira, dejando en el aire un leve rastro de sus feromonas frutadas.

No huele nada mal.

– Hay…muy buenos omegas ¿no? – comenta nervioso. Katsuki solo bebe, pero no luce incomodo de las feromonas que acaban de sentir – ¿Por qué no eliges uno? Tal vez…puedas despejarte un poco.

Katsuki enarca una ceja, Kirishima lleva la botella a sus labios con rapidez, arrepentido de inmediato.

Suelta un chasquido.

Es uno de los mejores héroes del momento, el alfa que cualquiera quisiera ser; si quisiera cogerse a un omega, no tendría necesidad de pagar. Simplemente elegiría y listo, el mundo a sus pies. Pagar por uno iba en contra de sus principios…o ego.

Descarta la idea de Kirishima y vuelve a beber. Puede que ingerir un poco de alcohol sí le ayude a relajarse. Prefería mil veces amanecer con resaca, que con recuerdos que desearía olvidar.

Terminan y piden otra ronda.

Y otra.

Y otra.

– Entonces, le dije a Mina para vivir juntos y me responde que no, que estaba bien compartiendo piso con Yaomomo. – Al final es el pelirrojo quien termina por hablar sus problemas – ¿Puedes creerlo?

– Yo también preferiría la mansión de la cola de caballo, que vivir en tu chiquero.

Eijiro hace un puchero.

– Me siento solo, bro ¿Como le haces para no estar con nadie durante tanto tiempo? ¿Eres asexual?

Katsuki lanza un gruñido fastidiado.

Bebe la cerveza. Ha perdido la cuenta de cuantas van, pero ya siente los estragos de la bebida en él. Su cabeza esta mareada, la lengua entumecida, no le molestan las estupideces de Kirishima.

Estaba ebrio.

Se sentía bien.

Da un sorbo largo a la botella, dejándola vacía, y seca las gotas que han rebasado sus labios y ruedan por su barbilla. Kirishima yace acostado en la mesa durmiendo. Se supone que ese lugar debía ser el suyo y ahora tendrá que llevárselo cargado. Alza una mano, pide la cuenta a la mesera, que le sonríe coqueta y él le devuelve el gesto.

Con más de un litro de cerveza en su organismo, esa omega se ve bastante atractiva. De hecho, se plantea preguntarle por pasar la noche juntos. No se negaría, de eso está seguro. Aspira hondo, con ambos ojos cerrados, queriendo percibir nuevamente su aroma frutal. Era algo como uvas, piña y fresas. Bastante dulce, pero atrayente. El aroma le llega confirmándole aquello, pero también le llegan otras variantes. Vainilla, miel, leche ment... un momento.

Abre los ojos rápidamente. Observa descolocado a su alrededor. El aroma a menta no es uno especialmente de omegas, su aroma fresco y profundo, difiera con la dulzura que ellos necesitan para atraer a otros. Por lo que se le escarapela la piel de sentir el aroma ahí. Cierra los ojos nuevamente, se concentra en su sentido del olfato. Rebuscando en el aire la senda que le lleva a ese aroma.

La barra.

– De... ku…

El omega esta de espalda las mesas, apoyando los codos en la barra. Trae puesto unas ridículas orejas de conejo peludas, un top que a duras penas y cubre su pecho y un diminuto short. Ajustado, sugerente.

¡Carajo, esa mierda deja solo cubre la mitad de sus nalgas!

Katsuki aprieta sus puños. Sabia el tipo de bar que era ese desde que entraron. Betas y omegas en trajes pequeños, semidesnudos, liberando sus feromonas.

Se pone de pie.

Esa pequeña mierda tenía una hija y estaba ahí.

– Señor, su cuenta.

La mesera se le interpone con la boleta entre sus manos. Es solo una fracción de segundos en la que se distrae y cuando vuelve su vista hacia la barra, Deku camina hacia una puerta junto a un hombre que le sujeta por la cintura.

Se pone de pie, no duda empujar a la omega haciéndola caer al suelo. Un sujeto le increpa, él le ignora y corre hacia la puerta en donde le ha visto desaparecer al idiota de cabello verde.

Debe ser un error.

Deku era un idiota, una mierda miedosa, con poca confianza en todo lo que hacía en la vida, pero le conocía y tenía principios. En su época escolar, jamás le vio copiar en un examen, si quiera una tarea. No mentía, una persona responsable con una moral muy alta.

No había forma que su vida hubiera terminado ahí.

Sin embargo, la realidad le cae como un yunque al cruzar dicha puerta y toparse con un ambiente extra del bar. Un pasillo largo de luz rojiza y puertas a ambos lados de su extensión. Los vellos se le erizan, sus hombros se contraen, las manos chispean.

Era imposible.

Debia tratarse de los baños.

Tienen que serlo.

Da un paso sobre la mullida alfombra que tapiza en piso. La puerta tras él se cierra y los aromas ahí dentro se hacen potentes. Omegas, celo, lujuria. Cierra los ojos. Inhala. Deja nuevamente trabajar a su nariz, busca a Deku nuevamente.

Exhala.

Inhala.

Le toma poco menos de una centésima de minuto ubicar el trayecto de la menta. Camina lento, olfateando el aire, siguiéndolo y golpea contra una puerta.

Deku está tras esa puerta.

Con los ojos abiertos, se cuestiona si debe ingresar o no. Si debe irse e ignorar aquello. Si debe mejor conversarlo antes. Pero es su alfa interior quien domina la situación, como siempre sucede cuando de Izuku se trata. Y a él no le interesa si quiera pensar que su futuro como símbolo de la paz, puede verse opacado por esa acción.

Quiere pensar muchas cosas en ese momento y sin embargo...

El ambiente se opaca bajo una bruma de humo. La fuerte música de fondo a camuflado el ruido de la explosión que ha generado contra esa puerta. Entre la polvorera, vislumbra la escena ahí dentro: Un hombre sentado al borde de la cama, el otro arrodillado entre sus piernas. Ninguno se mueve y cuando la bruma se dispersa un poco, reconoce la posición de cada quien.

Esa ira que hacía mucho a aprendido a controlar, reaparece como un maremoto golpeteando su lado racional. La rabia circula en sus venas, libera feromonas acidad y la nitroglicerina se acumula en sus poros.

El hombre sentado le mira trastocado cuando le reconoce, entorna los labios y logra vocalizar las primeras letras de su nombre, no más. Katsuki llega a él de dos zancadas, le toma del cuello y lo avienta hacia la puerta. Es suficiente advertencia para el sujeto, quien se pone de pie raudamente y desaparece en el pasillo.

No ha sido suficiente desfogue de ira para Katsuki, sus puños pican insatisfechos.

– ¡¿Qué crees que haces?! – oye tras él.

Katsuki se gira.

Izuku, ya de pie, le mira costro severo. No trae puesto la parte superior de su estúpido traje, su pecho esta al aire y muestra con desparpajo las marcas que el hombre ha dejado sobre su piel con pecas. Vuelve a su rostro, molesto con mejillas rojas y cabello desordenado.

No da crédito a lo que ha estado por suceder ahí.

Recuerda todas las imágenes de sus pesadillas. Escenas en las que Izuku llora, pide que le suelte, que le duele. Que no quiere eso. Pero contradictoriamente, estaba ahí, haciendo exactamente lo mismo, revolcándose con otro por dinero.

Ni siquiera había la excusa del celo.

– ¡¿QUÉ MIERDA CREES QUE HACES TÚ?! ¡¿AHORA TE PROSTITUYES?!

Izuku se sobresalta. Su lado omega reacciona con temor ante la inminente ira del alfa, sin embargo, rápidamente la controla. En los seis años que han pasado, Izuku ha pensado bastante acerca de lo sucedido esa tarde en la escuela y se ha jurado, nunca más dejarse pisotear por Katsuki.

Ya no tiene el poder que tenía sobre él antes.

No importa cuánto su alfa le repita que está en peligro, que muestre sumisión y libere feromonas que calmen al alfa; Izuku no solo no lo hace, sino que, le demuestra que él miedo murió ese día junto a su inocencia.

Sonríe socarrón.

Si Katsuki quiere retomar las intimidaciones de antaño, él le recordara primero sus propias palabras.

– ¿De qué te sorprendes? ¿No fuiste tú el que me dijo que para esto servimos los omegas? – El alfa no pierde rigidez, pero tampoco responde, no hay nada que pueda decir. – Ese cliente daba buena propina por una mamada. Ahora tendré que buscar un par más, para salvar la noche.

Recoge el top que traía puesto, ocultando en la maniobra, la vergüenza que siente de hablar de manera tan vulgar.

– Estas bromeando ¿no?

– ¿Por qué bromearía? Es así como me gano la vida.

– ¡¿ABRIÉNDOTE DE PIERNAS?! ¡SIENDO LA PUTA DE TODO ESTE BAR DE MIERDA!

Ahí estaba el Katsuki de su adolescencia.

Con un par de palabras, Izuku había sido capaz de traerlo de vuelta y no podía estar más feliz por eso. No es que fuera un temerario por avivar la ira del alfa, es simple venganza. Si Katsuki llegara a atacarle, su "prodigiosa" carrera de héroe quedaría devastada. Atacar a un omega vulnerable y sin quirk como él, podría ser causal de retiro de su licencia como héroe. Katsuki no permitiría aquello e Izuku se escuda en eso para provocarle.

Para hacer que la rabia dentro del alfa sea tan dolorosa, como lo habían sido esos años para él.

Toda su vida se había destruido en el minuto que ese idiota hizo lo que quiso con su cuerpo. Tuvo que dejar la escuela, abandonar su sueño de ser héroe o siquiera la posibilidad de una universidad; mientras él no. Fue el único en ingresar a UA de su escuela, era un héroe, había entrenado de lado de All Might y se encontraba entre los primeros del ranking.

Ahora Izuku, le haría descender al infierno de ira.

– Hago más que solo abrirlas ¿sabes?

Katsuki ya ha comprendido a lo que juega el omega y no va a ceder. Inhala y exhala un par de veces, recordando todas las veces en que Aizawa-sensei le ha pedido hacer eso para controlar su carácter. Recuerda también, algunas palabras de All Might sobre el respeto y protección de los omegas. Sobre la deuda que le tienen los alfas por sus actos pasados, y el cómo ahora deben reivindicarse protegiéndolos.

Siente la adrenalina descender unos niveles y solo entonces, habla.

– ¿Qué pensaría tu hija si te viera ahora? – Cree que, recordándole a su hija, pueda hacer recapacitar al omega.– Podrías pensar en ella y conseguir un trabajo decente.

Izuku no se lo toma a bien.

– El cómo consigo dinero para mi hija, es asunto mío.

– Podría ser mío también. – apresura en decir, creyendo ver una brecha abierta en el dialogo – Si admitieras que es mi hija, yo podría ayudarte.

Es justo lo que no quiere, pues siente que recibir algo de él, sería el equivalente a perdonarlo e Izuku está muy lejos de siquiera planteárselo.

Resopla sarcástico.

– Preferiría acostarme con todos los alfas de aquí, antes de aceptar algo tuyo. – viste con parsimonia su top. Katsuki vuelve a sentir la ira recorrerle, cruje los dientes, molesto – Aunque pensándolo bien, eso ya lo hago.

Y es la gota que rebalsa las emociones negativas de Katsuki.

– ¡YA ME CANSÉ DE SER AMABLE Y ME TRATES COMO A MIERDA! – le toma de un brazo y jala de él con fuerza animal.

Izuku cae sobre la amplia cama tras de él. Su cuerpo rebota y apenas sale de la sorpresa, cuando tiene al alfa encima suyo, tirando de su ropa. Katsuki Rompe la prenda superior con ambas manos, los pelos rosados de la prenda quedan flotando en el aire. Desciende al short, jalando de ellos hacia abajo. Izuku también los toma y le da la contra, queriendo mantenerlos arriba. Dan inicio a una batalla por la pequeña prenda.

El alfa gruñe fiero.

El menor le enseña los dientes.

Ya una vez ha pasado por esto y no está dispuesto a dejarse maltratar sin dar lucha. Hay que estar muy mal de la cabeza si cree que esta vez se quedara quieto. Forcejean, se arañan, manotean y tras una pequeña explosión, la prenda se rompe junto a su ropa interior.

Izuku cobre como puede su zona pélvica. Mas allá de sus partes íntimas, esa zona guarda la cicatriz que le une a su única razón de seguir: Mizuki. Nunca ha permitido que un cliente la vea, tampoco ser tomado por delante. Esta ahí por ella, para darle una vida mejor a su niñita, pero el dolor es grande cada que la recuerda mientras hace lo que hace.

Pensar que un día ella podría enterarse e increpárselo años más tarde.

– ¿Por qué te tapas? – bufa con Ironía – Te podrías acostar con todos los alfas de este bar ¿Y te avergüenzas conmigo? – tira de sus piernas, acomodándolas a ambos lados suyos – creo que ya lo olvidaste, pero todo esto, ya lo vi antes.

Patalea intentando liberarse del agarre de esas manos ásperas. Se retuerce en la cama, sin dejar de cubrirse. Katsuki ve su ventaja en ese gesto e intenta forzar sus manos también. Izuku ve su oportunidad ahí, porque puede que no fuera un héroe, que no tuviera un cuerpo entrenado ni fuerza de uno; pero una patada en los testículos debilitaba hasta al villano más fiero.

– ¡NO TE ME ACERQUES! – Le grita a viva voz y se le quiebra a mitad.

Es recién en ese instante, que su cuerpo libera los nervios y miedo que fueron opacados por la adrenalina. Es valiente, de eso no tiene dudas ahora, pero si su oponente era un alfa, no podía negar la desventaja que tenían. Sus lágrimas salen de a poco, humedecen la piel de sus mejillas y pecho, mas no gimotea. Reprime cuanto puede ese llanto, no le dará la satisfacción al alfa de verle herido.

Katsuki se alza del suelo bastante lento. El dolor es casi palpable en el gesto comprimido de su rostro.

Bien merecido lo tiene.

No lo va a negar.

Aunque no había sido necesario, porque mientras intentaba tomar las manos de Deku, vio la cicatriz en una de ella. La que él mismo dejó cuando años atrás intento marcarlo. Esa imagen había sido suficiente para aplacar la ira que había sentido. La patada solo fue un recordatorio de que no lo volviera a hacer.

Ve como Izuku se cubre con las sabanas. No gimotea como de pequeño, sin embargo, las lágrimas están ahí, rodando por sus pecas.

Retrocede tragándose el dolor. Controla sus feromonas, las hace menos agrias y más protectoras. No sabe si eso calmara a Deku, pero al menos le hará entender que ya se tranquilizó y no le ira a atacar. Se detiene cuando está a una distancia prudente de la cama. Saca la billetera de su bolsillo trasero y busca una tarjeta. Sabe que está ahí, se la dieron esa misma mañana.

Izuku se sienta sobre el colchón, lo que le dice que surtió efecto el manejar sus feromonas.

– Un conocido acaba de abrir una cafetería cerca de donde trabajo– tira la tarjeta sobre la cama– Está buscando meseros, ve ahí. La paga es alta. – es lo último que dice antes de retirarse.

El omega espera hasta que ya no siente su aroma para tomar la tarjeta. Sigue sin comprender que pretende Katsuki. Primero le ataca, luego intenta calmarlo con sus feromonas. Primero se lleva a su hija y quiere hablar con él calmado, luego lo agrede y demás cosas.

Entonces entiende, que la única diferencia que hay entre el Katsuki de ahora y el que conoció hace seis años, era la hipocresía que le daban junto a su licencia de héroe.

No había más.

Ve la tarjeta que ha dejado, azul de bordes rojo.

Smash café, dice en el centro en amarillo.

Resopla incrédulo.

Con todos los prejuicios y dignidad que había echado a la basura para tomar ese empleo, no había forma que lo dejara para ir a servir cafés. El sueldo de un mes como mesero, difícilmente igualaría a lo que sacaba en una quincena ahí. Deja caer la tarjeta a un lado de la cama.

No necesita eso.

...


Nota de la autora:

¡Hola!

Primero, quería agradecerles mucho a todos por sus reviews y alertas. En serio, he visto tan pocos omegaverse en el fandom, que no pensé que tuviera tan buena aceptación.

Segundo. Se que demore mucho en actualizar y me disculpo por ello. Es solo que me puse a releer lo que tenia escrito y surgían cosas nuevas, asi que tuve que replantear algunas partes. Ya me ha pasado que hago esto al final y debo cambiar capítulos pasados.

Bien.

Sobre el capitulo en si. Izuku ha cambiado, ya no es más el el miedosito nervioso de la escuela o bueno, por momentos lo es, pero en general se llena de valor. Sobre todo si se trata de Katsuki.

Notemos que Izuku no lo llama "Kacchan" o "Katsuki", simplemente no dice su nombre en ningún momento y se va a mantener asi por un tiempo. Tomando en cuenta el daño que le hizo, lo último que quiere Izuku es pronunciar su nombre.

Y…eso seria todo.

Gracias por leer y espero que les haya gustado este capitulo, me gustaría saber sus opiniones.

Respuesta reviews sin log.

Honney: Subí tan rápido el capitulo anterior (antes de arrepentirme) que no me fije en los errores gramaticales. Incluso habian frases sin relación, pero ya lo arregle. Gracias por decírmelo. Izuku se ha vuelto fuerte con los años, el tener una hija también ha ayudado a consolidar esa fortaleza y valentía. Sobre todo si es Katsuki a quien tiene que tratar. Espero que este capitulo te haya parecido igual de interesante que el anterior.

eve kurosaki : Faltara mucho arrepentimiento de Katsuki para llegar a la miel. Izuku ya no es el chico que perdona todo fácil. Aunque Mizuki sea hija de Katsuki, no dirá groserías, porque la crió Izuku y no lo veo a él diciendo palabrotas. Por lo menos, no frente a su hija jajaja.

whiterabbit: Tenia que cortarse en lo mejor para dejarlos con las ganas de más jajajaja. El primer capitulo fue más una introducción a como es que se dan las cosas ya en época actual.

zombie Kun: Yo también amo el omegaverse! Pero todo siempre es abuso y romance, así que quise empezar esto con las consecuencias de sus actos. No puedes hacer una maldad y seguir como si nada.(habraromanceperoshhh)