Consecuencias
Capitulo 3
Izuku tomó la decisión de vender su cuerpo cinco meses atrás, cuando todos sus sueños de ir a esa ciudad se vieron desquebrajados. Aunque seguramente su destino fue escrito mucho antes. En el instante en que supo que estaba embarazado muchas puertas laborales ya habían empezado a cerrarse, pero a sus escasos catorce años, no compre aun las dificultades que pasaría.
Lo más que recordaba de esa edad, eran los llantos de su hija cada dos horas, cambios de pañales y darle de lactar a media noche, para que así le dejara dormir unas horas más en el día. Durante cinco años, su vida había girado en torno a su hija y su hogar, mientras era su madre quien trabajaba largas jornadas para que nada les faltara. Inko Midoriya era el sustento del hogar desde que tenía uso de razón.
A su padre nunca le conoció y era un tema que con los años aprendió, no debía tocar.
Por eso cuando ella falleció, Izuku quedo a la deriva. Desamparado.
Viviendo en el campo, los trabajos físicos eran los que abundaban. Sin embargo, las personas mantenían aun ciertas costumbres ahí y sus mentes eran cerradas como para cambiarlas. Para ellos, era incomodo toparse con un omega cosechando al lado suyo cuando su lugar era en casa, cuidando a sus bebes, atendiendo a su alfa. Izuku no dejo que ese pensamiento le limitara, sino que tomo ventaja de ello; si su lugar en la sociedad era cuidar niños, entonces lo haría.
Improviso una pequeña guardería en la sala de su casa.
Su carácter apacible, amable y dócil, despertaba confianza en las familias de la zona. Él no se hacía problemas en cuidarlos, siempre le habían gustado los niños, los niños gustaban de él y por momentos, soñaba en que podría estudiar y convertirse en maestro de preescolar. Por aquel entonces rondaba los dieciocho años y la idea no sonaba tan descabellada, a no ser por el problema de dinero que tenía. Aun con su empleo, los ingresos eran pocos y el dinero que le mantenía en pie del fondo que había dejado su madre, se hacía agua a fin de mes.
Todo lo opuesto a Hitoshi. Su amigo había terminado la escuela con calificaciones promedio, había postulado a la universidad de Tokio, siguiendo la línea de su padre, medicina y había sido admitido.
– ¿Por qué no vienes conmigo? En Tokio hay más oportunidades para los omegas.
Le había comentado Hitoshi y él no supo que responder en ese instante.
Ni los días siguientes.
No es que le molestara la idea, pero había factores que le hacían dudar. La primera, que debería vivir con Hitoshi. Invadiría su espacio intimo junto a su hija y no podía asegurar el tiempo que duraría aquello. Hitoshi no le echaría a la calle, ni le forzaría a buscarse un lugar, pero a Izuku le embargaba la incomodidad de estar estorbando en casa ajena.
Por otro lado, estaba la ínfima posibilidad de cruzarse a Katsuki. Tokio era la ciudad de la agencia Endearvor, donde Ground Zero era uno de sus héroes. La posibilidad era remota, pero el solo hecho de que hubiera una, le detenía de aceptar la propuesta. Por nada del mundo quería que él supiera de su hija.
Mizuki era solo suya.
Su hija.
Su todo.
La partida de Hitoshi fue a inicios de inviernos. El alquiler de su casa se empezó a acumular en verano. Sus caseros eran personas verdaderamente amables, una pareja de ancianos que le habían tomado cariño tanto a él como a Mizuki. Luego de que su madre fallecería, le habían bajado el precio de alquiler; sin embrago, la pareja vivía de ese pago e Izuku no podía continuar postergándolo.
Con lo último que le quedaba, saldo la deuda y compró dos boletos a Tokio.
Hitoshi vivía en un estudio acondicionado para vivienda. El típico monoambiente con dormitorios, sala y cocina juntos, teniendo únicamente privacidad en el baño. Su amigo fue amable en hospedarles ahí, incluso, en cederle la cama a él y su hija.
Entonces, se mentalizó que el plazo máximo para salir de ahí, sería un mes. No podía abusar más de la hospitalidad del beta.
Empero, la vida en la ciudad no era tan fácil como creía y pasado un mes, su búsqueda había resultado en solo rechazos.
– Querido, eres un omega bonito, pero sin marca, sin estudios, sin experiencia y con una hija; no es tu mejor referencia.
Dos meses más pasaron.
Finalmente, una luz brillo para él: Un restaurante, que tenía por característica que todos sus meseros fueran omegas. En el contrato quedaba claro que el bajo salario, se compensaba con las jugosas propinas que dejaban los clientes. El uso de collar y supresores era de uso obligatorio en todo momento, ya que el descanso por celo establecido por ley, no era una opción. La mayoría de clientela al restaurante, era alfa y nada mejor que el aroma de omega en celo para para aumentarla.
Aun con todo lo malo, Izuku firmó. Su madre había logrado sacarle adelante con peores condiciones en su época, él no podía rendirse con un poco de obstáculos. Lo que no esperaba, es que todo fuera mal de inicio. El horario lejos de ser ocho horas, terminaba durando diez. Los clientes solían sobrepasarse con ellos, acercándose demás, diciendo piropos obscenos y ellos, solo podían sonreírles. Un día incluso, un asiduo cliente tuvo el descaro de tenderle una servilleta con un monto escrito en ella. Fue la primera vez que Izuku no logro sostener la sonrisa. Podía tolerar toda la sarta de estupideces que le decían, las miradas asquerosas, que a algunos se les fueran las manos por sus piernas; pero aquello fue demasiado.
Arrugo la servilleta y la dejo frente al alfa.
Sin embargo, el cliente continúo yendo. Lanzándole miradas furtivas de tanto en tanto. Dejándole grandes propinas que él se negaba a aceptar. No era solo la ofensa que había tenido para con él, sino el temor de que creyera que, por aceptarle el dinero, tendría derechos sobre él.
Aquel suceso bien pudo quedar como una desagradable anécdota, de no ser por lo que vino después, cuando sucedió lo previsible si juntas a un omega en celo y un alfa. Entró al lavabo, acalorado por el ciclo, sin percatarse que un cliente le había seguido. El hombre intentó aprovecharse de él, tomarlo con la misma violencia con la que hizo Katsuki, sin imaginar que Izuku se defendería. Algo que luego entendió, no debió hacer. El restaurante, lejos de defenderle o, en su defecto, darle un llamado de atención, le despidió. No tuvieron ni la decencia de brindarle ningún tipo de ayuda cuando aquel alfa le denuncio por agresión.
El hombre se valió de la precariedad en la que vivía Izuku para ganarle el juicio. Argumento que era un omega con una hija, sin un alfa a su lado, que fue a trabajar estando en celo. Era obvio que solo buscaba aprovecharse de él y su buen estatus en la empresa en la que laboraba. Que incluso, él no tendría necesidad de buscar un omega estando ya enlazado con otro. Presento también, los videos del restaurante, en donde Izuku había ingresado al baño de clientes, cuando debió ir al del personal.
Se victimizo totalmente y el juez –alfa desde luego- dio por bien sustentado todo ello, fallando a favor de su congénere y ordenando el pago de una indemnización mínima para el alfa, pero significativa para él.
Las consecuencias de no pagarlo en el plazo, era la cárcel.
Izuku sintió miedo. La cárcel no era un lugar agradable para los omegas.
Nuevamente dio inicio a su búsqueda de empleo, obtuvo el mismo resultado. Se angustiaba al ver los días pasar y ser incapaz de generar dinero. Mizuki sentía su aroma y Hitoshi entendía que algo sucedía. Izuku jamás le conto.
– Todo está bien, Toshi. – le calmaba con una sonrisa.
Entonces tomó la decisión más difícil de su vida.
Algo que, de seguro, su madre desaprobaría si viviera.
Fue a su ex trabajo, espero fuera del restaurante donde solía trabajar y aceptó la proposición que el alfa le había hecho meses atrás.
Durante cinco años, Izuku había pensado que ese día en el que Katsuki abusó de él, había sido el peor día de su vida. Una sensación asquerosa que le perseguiría hasta la muerte. Katsuki se había llevado su primera vez con total violencia. Sin embargo, nada se compararía con sentir a ese otro alfa tocándolo, recorriendo su cuerpo, lamiendo su piel y él, permitiéndoselo. Izuku había querido llorar cada que lo embestía y oía sus jadeos en su oído. Hubiera deseado empujarlo y salir de ahí, en lugar de fingir gemidos.
No volvió a ver al alfa.
El pagó fue mucho más del monto propuesto inicialmente y logró cancelar la primera cuota de la indemnización.
El asco y repugnancia, no se le fue de la piel con agua.
No se le fueron del alma.
Una vez más, se lo ocultó a Hitoshi. Mucho menos comentó los planes que tuvo ese martes en la mañana en la que fue al barrio rojo.
Blue ciel era el nombre del bar que habían inaugurado tan solo una semana atrás y que tenía un letrero fuera en el que se buscaban omegas con disposición inmediata. Izuku sentía, que si en su vida ya lo había hecho con dos alfas en contra a lo que él quería ¿Qué más daba?
Si bien el lugar se presentaba como un bar, los servicios sexuales era un extra que también ofrecía el local. No era obligatorio, pero los precios estipulados eran bastante atrayentes. El lugar les proveía de todo lo necesario para los encuentros, solo debían darle un veinte por ciento a la casa y el resto era suyo.
Los omegas fueron bastante amables en recibirlos. Le explicaron que, al ejercer ese trabajo, lo mejor era centrarse en el placer que recibían y no en el alfa que tenía encima. Lo hacía más llevadero.
Por más que lo intento, nunca pudo lograr eso.
Al cabo del primer mes, pudo saldar definitivamente la deuda que tenía. A los dos meses, pagar el preescolar de Mizuki ya no era una dificultad. Al cabo de los seis meses, finalmente se independizo de Hitoshi, rentando al lado suyo.
– ¿Qué trabajo es ese que paga tan bien?
Le preguntó un día el beta, seguramente sospechando por lo decaído de su ánimo. Izuku le respondió que era un bar donde el salario se veía complementado con las comisiones por consumo. Es verdad. El trabajo como tal, no obliga a nadie a tener sexo con algún cliente, él solo lo hace cuando los extras que el bar le paga por hacer consumir a la clientela, no llegan al monto esperado.
Hitoshi no preguntó más e Izuku estaba agradecido. De haber forzado más su respuesta, hubiera echado a llorar, como a veces lo hacía cuando llegaba de día a su casa y el beta ya había llevado a su hija a la escuela. Era asqueroso ver en su reflejo las marcas de mordidas en su piel, el aroma a alfa que no se quitaba con el jabón.
Luego de alejarse de Katsuki, había decidido no dejarse usar más por un alfa, que buscaría el mismo su sustento y viviría de manera libre. Irónico que esos alfas que tanto repudiaba, los que habían cosificado su cuerpo, eran los mismos que le daban la independencia financiera y esa libertad que tanto anhelaba.
Y ahora Katsuki pretendía que dejara todo por un trabajo de mesero
O peor aún, que aceptara su dinero.
No lo creía.
Luego de su encuentro casual a las afueras de la escuela de Mizuki, Katsuki desapareció e Izuku había pensado que eso era todo. Que el alfa huiría de su responsabilidad, probablemente lo culparía a él por no haber abortado y no lo vería más. Sin embargo, días más tarde había aparecido exigiendo respuestas que nunca le daría. Porque él había criado a Mizuki solo, la había parido solo, había sacrificado su integridad y valores por ella.
Katsuki estaba de más ahí.
No lo iba a aceptar.
Entonces, Izuku empieza a maquinar un plan. Uno, que le llevaría tan lejos como ya lo había hecho una vez.
…
Katsuki raca su sien intensamente.
Han pasado tres días y en la cafetería no han recibido noticias de Deku. Se había rebajado a ir a dicho local a pedir por un empleo para él y el hijo de perra no se había acercado para nada. Lo cual solo dejaba en claro que no había renunciado a ese bar y seguía revolcándose con cuanto cliente llegara.
¿No entendía que tenía una hija?
¿Qué ella crecería y se daría cuenta de lo que hacía?
Es más, la pregunta que más había revoloteado en su cabeza durante ese tiempo, era ¿Con quién se quedaba la mocosa? ¿Su madre viviría con él?
No.
La respuesta era fácil.
Inko Midoriya había sido muy unida a su madre, a punto tal de decirle tía en algún momento de su vida. Así que la conocía lo suficiente como para saber que sus valores no le permitirían aceptar que su hijo hiciera aquello por dinero.
"– ¿Por qué te tapas? – bufa con Ironía – Te podrías acostar con todos los alfas de este bar ¿Y te avergüenzas conmigo? – tira de sus piernas, acomodándolas a ambos lados suyos – creo que ya lo olvidaste, pero todo esto, ya lo vi antes."
Golpea su escritorio con los puños.
Katsuki había abierto su mente a los nuevos panoramas que se iban abriendo conforme la sociedad evolucionaba. No era más ese mocoso de catorce que se creía con el poder de abusos de todos a su gusto. Había aprendido a valorar a los omegas, a respetarlos, a protegerlos cuando era necesario. Sin embargo, todo aquello se había perdido cuando la ira se apoderó de él.
Pero…
Es que…
El Idiota de Deku tenía la culpa. Sabía que estaba ebrio. Sabía que estaba molesto. Furioso. Y continuaba tentando su suerte, restregándole en cara lo que haría con sus putos clientes.
¿Con cuántos dormiría por noche?
– Bakugou -kun. – llama Uraraka.
– ¡¿Qué quieres?!
– Bakugou, creo que ya hemos hablado de aprender a controlar la ira con tus compañeros – le recuerda Todoroki, con esa vocecilla calmada de siempre.
– Tsk.
Ochako hace silencio, a la espera de unas disculpas que, pasado unos segundos, sabe no llegaran. Suspira resignada. Bakugou era así, irascible y orgulloso.
– Todos estos informes están mal redactados – habla finalmente, entregándole un cumulo grande de folders. – Algunos no tienen los nombres correctos y este– separa un folder en específico, lo bate en su mano, antes de entregárselo – Es de un civil sin relación alguna a un ataque.
Katsuki alza una ceja. Incrédulo de los errores de los que se le acusa. Admite que los últimos días, ha estado algo distraído, pero siempre ha sido meticuloso con su trabajo. Abre el folder en cuestión. Esta dispuesto a demostrarle – y estamparle en la cara de ser posible – que la equivocada es ella y no él. Sin embargo, la sangre se le enfría cuando ve los documentos dentro.
Cara redonda tiene razón.
Ha cometido un error.
Uno muy grave.
El folder con la información personal de Deku se le ha traspapelado y si Ochako era lo suficientemente inteligente, podría haber atado cabos.
– Solo corrígelos y me los entregas ¿Sí? – ríe un poco nerviosa. Regresa a su puesto.
Ochako conocía a Katsuki desde hacía mucho tiempo y jamás pensó que fuera un acosador. El alfa no daba la pinta de uno, ni siquiera de interesarse en alguien más que no fuera él. Pero ese informe no mentía y ella lo había leído tres veces, pensando que el error era suyo y no de su compañero. Es decir, era un documento bastante detallado y con mucha información sobre un omega en específico, debía de tener un por qué. Quizás se trataba de un civil relacionado a algún villano, un familiar cómplice o simplemente se le había traspapelado.
Pasada las horas, concluyo que ese informe, no tenía nada que ver con su trabajo. Bakugou le había investigado de manera personal. Lo cual estaba prohibido y debía de informar a Shouto, sin embargo, ella guardaba cierto aprecio por Bakugou.
Años atrás, en su época en UA, ella entró en celo en medio de una clase de Aizawa-sensei. Los alfas del aula se vieron afectados por sus feromonas e intentaron saltarle encima. Todoroki, Kirishima y Mina, habían tenido que ser inmovilizados por el restos de sus compañeros y maestro. En medio del caos, ella fue capaz de ver que el único alfa al que nadie prestaba atención, era a Bakugou. Se cubría el rostro con la chaqueta de su uniforme, manteniéndose sentado en su pupitre. Ochako había pensado en ese instante, que una sociedad en la que todos los alfas actuaran como Katsuki lo había hecho, sería un verdadero lugar seguro para los omegas.
Solo por eso, le guardaría el secreto.
Eso no le iba a liberar de sus hipótesis. Las cuales, terminaron recibiéndose en una sola: Bakugou tenía asuntos pendientes con el chico. A su parecer, amorosos, ya que incluso había información de su hija; de quien había tachado el apellido que tenía y sobrepuesto el Bakugou.
Sonríe para sí misma en su escritorio, cubriéndose con unos documentos.
Quien diría que su compañero caería así por un omega.
…
Lo que restaba del día, era más mierda que el inicio del mismo.
Si por un segundo pensó que la cara redonda habría pasado por alto la información que le había entregado errada o si no tenía neuronas suficientes para atar cabos, la había subestimado. Para él estaba claro que no solo había leído y atado cabos, sino que sus conclusiones no estaban muy lejos de la realidad. De no ser así, no se explicaba por qué cada que se la cruzaba reía nerviosa o empezaba a flotar por la oficina.
Vaya mierda.
Como no llegar a una conclusión acertada, cuando incluso sobrepuso su apellido sobre el Midoriya de Mizuki.
Al menos parecía haber guardado el secreto.
Un punto para cara de ángel.
Ahora daba inicia al problema inicial: Deku, quien no ha dado muestras de sus tontas pecas en la cafetería. Estaba tentando su suerte nuevamente, pues había avisado ahí que en esos días llegaría el nuevo mesero y sentía que se había rebajado por nada.
– ¿Blasty? – Kirshima se acerca rodando en su silla hacia él – ¿Más problemas?
Mira a su amigo de soslayo. Verdaderamente harto de que se meta en su vida. O quizás harto de sí mismo, de no saber cómo manejar su vida. Katsuki no está familiarizado con la frustración e Izuku le está haciendo trabajar de más ese lado suyo.
Al cuatrocientos por ciento.
Y tal vez, solo tal vez, pelos de mierda este más familiarizado con esa sensación que él.
– El idiota de Deku no fue al café.
Kirishima suelta un suspiro largo. Por donde podía empezar a explicarle a su Katsubro, que el omega estaba en todo su derecho de no ir a la cafetería, luego del altercado que tuvieron en el bar. Él se había quedado dormido ese día y uno de los meseros le había despertado únicamente para avisarle que su amigo se había puesto un "poco" violento en el área privada. Para cuando Eijiro entro a esa zona, Katsuki venia saliendo, refunfuñando sobre lo acontecido. Armar la historia en base a eso fue sencillo.
Ahora tenía una mejor visión del problema. El verdadero. Ese que iba más allá de la relación de padres, aunque de eso, no diría nada. Por el momento bastaba con centrarse en el problema principal, que era que el omega le odiaba y no le quería cerca.
– Tal vez deberías empezar por hablar bien con él.
– Ya lo hice.
– Hablar en un burdel mientras le intimidas en una habitación, no es hablar bien. – Explica lo obvio – Bro, para ese omega tienes una mala imagen y continúas empeorándolo. Ve y habla con él, en un café o un parque, no sé. Pero hablen como dos personas civilizadas.
Katsuki luce adusto.
Tal vez eso último, ha sido pedir mucho.
– Te has puesto a pensar que quizás se muestra reticente a aceptar el trabajo, porque la paga es muy poca y necesita el dinero. Recuerda que él está solo con una hija que es responsabilidad de ambos. – hace énfasis en ello – Deberías empezar por ahí y ofrecer tu ayuda, aunque sea económica.
– Ya lo hice.
– ¿Cuándo? ¿Mientras lo atacabas sobre una cama?
El cenizo masculla maldiciones.
Conocía de la situación de Izuku por medio de la información que había solicitado sobre él. Sin estudios, con una hija. Viviendo en un pequeño dormitorio de un edificio viejo, en un barrio no muy bonito. No por eso, con una renta cómoda. Era Tokio, después de todo.
– Ve y habla con él. Calmado, sin agresiones ni insultos, menos malas palabras. Solo ve y no seas tan… tan tú– ríe nervioso, viendo una vena tomar volumen en la frente de su amigo– Eres un héroe, puedes lidiar con esto.
…
Izuku suelta un gritito al ver que el reloj ronda las nueve de la noche.
Apresura en vestirse. Hacer la tarea con Mizuki le había tomado más tiempo del previsto, por suerte Hitoshi se había compadecido de él y le ayudaría a terminarla, así como dormirla. Mizuki era su hija, la única familia que le quedaba ahora, pero debía admitir que el exceso de energía que tenía, a veces resultaba agotador.
Da los últimos toques a su cabello, frente al espejo. Toma una chaqueta junto a una bufanda, las noches empiezan a ser frías. Da un último vistazo a su hogar, una noche más en la que debe ir a ese lugar.
Exhala resignado, esperando que al menos saque un buen dinero.
Abre la puerta, un pie afuera.
– ¿Qué haces acá? – Pregunta sorprendido. Katsuki está de pie frente a él – ¿Cómo sabes dónde vivo?
Investigue todo sobre ti
Como si se lo fuera a decir.
– No apareciste en el café – nota las vestimentas de Deku, está listo para salir. Sus orbes rubíes indagan en la habitación tras él – ¿Dónde esta… – duda sobre como terminar la frase. No enfurecer a Deku, no enfurecer a Deku – ella?
Izuku nota que sus ojos rebuscan dentro de su habitación y rápido, cierra la puerta.
– Vete – ordena firme.
– ¿Dónde está?
Le ignora.
Sube el cierre de su chaqueta y acomoda la bufanda alrededor de su cuello mientras se dispone a salir de ahí.
A la mierda no enfurecerlo.
– ¿Dónde está mi hija? – irrumpe en su camino cuando solo ha dado dos pasos.
– Ya te dije que no es tu hija.
Es curioso como una simple palabra podía captar rápidamente la atención del omega.
Bien.
Al menos había conseguido intercambiar palabras. Ahora debía volver al tema principal.
– No voy a discutir eso ahora – sumerge una mano en su bolsillo, sacando otra tarjeta igual a la que ya le ha entregado antes– solo ve al pu-al café.
Izuku frunce el ceño.
Su conocimiento en cuanto a instintos es basta, entiende que el alfa sienta una atracción fuerte al reconocer a Mizuki como suya. Porque, por más que lo niega, es hija de él. Mas no logra entender, que pinta él ahí.
– En lo que sea que yo trabaje, es asunto mío. Deja de involucrarte. – y no espera respuesta, le esquiva y prende la marcha nuevamente.
Katsuki le toma del brazo en su intento de huida, su rostro esta por desfigurarse de la rabia que le provoca el omega.
"Te has puesto a pensar que quizás no acepta el trabajo, porque la paga es muy poca y necesita el dinero. Recuerda que él está solo con una hija que es responsabilidad de ambos. Deberías empezar por ahí y ofrecer tu ayuda, aunque sea económica."
Respira profundo, recordando las palabras de Kirishima. Intenta calmarse, controlar la ira que lucha por salir. Ha ido a por todo y no se marchará con las manos vacías.
– Si la paga es muy poca, yo puedo darte una mensualidad. Sería lo suficiente como para que salgas de esta pocilga.
Izuku arruga la nariz, ofendido por la forma en la que viene expresándose de él desde días atrás. Desde años atrás. Está cansado d que Katsuki se crea que está en un pedestal, que todos deban de bailar a su son y no se lo iba a permitir.
Es verdad que necesita dinero. Que, aunque ama a su hija, no puede negar que ella llegó a ese mundo bajo las peores circunstancias y que su vida habría resultado de una mejor manera de no haberla tenido. Así que si vivía en esa "Pocilga" o debía prostituirse para llevar dinero a casa ¿Adivinen de quien es la culpa? Sí, del alfa energúmeno que tenía en frente. Él le robó todas las oportunidades de ser alguien en la vida y era mucha desfachatez lo que le pedía ahora.
¿Una mensualidad?
Claro. Mande a la mierda tu vida, pero toma mi dinero en compensación.
Reconocía que su situación no era la mejor, que ese año que llevaba en Tokio, habían sido uno de los peores en su vida, pero se estaba esforzando. Hacia lo mejor que podía para que nada le faltara a su hija y no sería ahora que dependiera de un alfa para vivir. Uno que le había ultrajado.
No iba a ser ahora que Katsuki quisiera tomar un lugar, que estuvo vacío por años.
Ni muerto.
Coge con una mano el brazo del alfa que lo sujeta, enterrando sus uñas en él.
– No necesito nada de ti – gruñe fiero– Solo vete y sigue con tu vida como si nunca nos hubiéramos conocido. Olvídate de nosotros.
– ¡Y crees que no quiero eso! – gruñe alto, apretando fuerte la mano que le araña. – ¡Poder tener una puta noche en paz, sin preocuparme de que tengo una hija en algún lado de la ciudad! Escúchame bien, no hago esto por ti, tú no me importas Deku, pero ella sí, así que ya deja de negar que es mía.
– Suéltame ahora mismo o sino...
– ¡¿O sino que?! ¡¿Vas a llamar a la policía?! – interviene cortante. Molesto. Y que se joda la paciencia – ¡Vamos, hazlo! ¡Que vean las condiciones de mierda en las que vives y me den la custodia a mí! – le reta– Aunque podría decir que trabajabas en un prostíbulo y sería más fácil, no lo crees.
Observa como Deku pierde la fiereza. Su rostro deja atrás el ceño fruncido, esconde los dientes y no logra adivinar que expresión es la que tiene ahora.
Traga duro.
Tal vez se pasó un poco.
Su intención no es quitarle a su hija. Katsuki no ha nacido para cuidar niños, aun si son suyos; solo quiere convivir con ella lo suficiente para mitigar esa molesta ansiedad que origina su instinto. Si ha dicho lo que ha dicho, fue por la rabia que había originado al retarlo. Un omega queriendo imponerse a un alfa. El ego combinado con mal genio e irritación habían hablado por él. Pero es que él había ido con las mejores intenciones e Izuki hizo añicos todo en solo un instante.
Decide soltarle.
Las miradas continúan fijas en el otro. El rostro de Izuku no luce bien, pero pronto deja aquello de lado cuando un aroma extraño llega a él. En solo segundos se intensifica, le hace arder las fosas nasales, crea picor en los ojos. Katsuki no llega a reconocerlo y por un instante, vira la mirada a su alrededor, porque el aroma es demasiado intenso para venir de un omega.
Por lo que le toma por sorpresa sentir esta presencia mentolada en su nariz. La fragancia, posee menta como base.
– Lárgate – nuevamente se fija en el omega. Quien habla muy agitado – ¡DESAPARECE DE MI VIDA DE UNA VEZ!
Katsuki se estremece al oír el grito, seguido por el llanto de Izuku.
La rabia ha desaparecido totalmente, el instinto le está por colapsar. Le pide consolar al omega, soltar feromonas suaves y agradables lo más que pueda. Quiere tranquilizarlo, necesita hacerlo. Pero sus esfuerzos no solo son en vano, sino que, el llanto del pecoso se acentúa.
Estira una mano, Izuku retrocede, golpea el muro con su espalda. Siente cada fibra de su ser desesperarse.
¿Quitarle a su hija? ¿Era eso lo que quería?
Si fuera alfa, ya hubiera saltado a atacarlo hasta la muerte. Hubiera destajado su cuello y eliminado el peligro que veía en ese instante hacia su pequeña familia. Pero ser omega le hacia un esclavo de sus emociones y la desesperación era la más fuerte, fluyendo por sus feromonas.
– ¿Izuku? – Katsuki mira de donde proviene la voz. Es el vecino de al lado. Un joven alto de cabello violáceo que… ¿Lo ha llamado por su nombre? – ¿Qué sucedió? ¿Te encuentras bien?
Se acerca preocupado, pasando delante de Katsuki, abrazando a Izuku. Tras él, sale Mizuki. Su rostro luce preocupado y algo temeroso, seguramente, sintiendo las feromonas de su padre.
– ¿Papá? – la pequeña mira le mira el rostro. – No llores– acaricia la pierna de Izuku y mira a su lado, al alfa. Se ubica en medio de ambos, observando a Katsuki con lágrimas en los ojos, aunque su rostro rápidamente cambia el gesto a una de rabia. Los orbes carmesís le miran potente, su cuerpo toma una pose defensiva, muy similar a la suya en batalla – ¿Qué le hiciste? – Masculla, dejando ver sus pequeños colmillos – ¡¿Qué le hiciste a mi papá?! – grita furiosa y un leve resplandor chispea en sus palmas
El llanto de Izuku cesa.
En el silencio se escucha el tronar de esas chispas. La pequeña ha despertado su particularidad.
Protegiendo a su única familia.
...
Nota de la utora.
Siento mucho la demora. Es solo que mis animos no han estado de lo mejor con este fic. Es el primer longfic que subo en este fandom y la verdad que me siento muy insegura sobre los personajes (soy la reina del Ooc, les contare). El releer los resumenes base que tengo escritos por capitulo, tampoco me ha ayudado mucho. Creo que aun hay puntos sueltos y variar de una personalidad a otra, me esta costando. Incluso pensé en eliminarlo... aun no estoy segura de eso.
Veré como voy con los siguientes capítulos.
Bien. Hasta ahora la historia se desarrolla lenta y creo que seguira asi por un tiempo más. Izuku esta dolido, con justa razón, y Katsuki no se comporta muy bien que digamos. Solo sigue cometiendo errores y hundiendo más su imagen.
¿Qué les parecio la reacción de Mizuki? ¿Se esperaban que tuviera el mismo quirk que Katsuki? ¿Cuál creen que sea la reacción de Izuku?
Porque Mizuki es su hija, pero tambien es la viva imagen de la persona que abuso de él.
Muchas gracias por sus reviews, sus opiniones son muy importantes para mí (¿Ya dije que estoy un poco perdida?) y les ruego me hagan saber si las cosas no concuerdan o algo no queda claro.
Respuesta usuarios sin log:
Whiterabbit: Me puse a pensar en esto y tienes razón. Casi no hay fics en donde Izuku se ponga los pantalones y enfrente a Katsuki. Creo que todos tenemos un punto de quiebre en nuestro actitud e Izuku la tuvo ese dia en la escuela. Que bien que te haya gustado, espero que este capitulo tambien cumpla con tus expectativas.
Rui Chenkov: Entiendo esa sensación de asdfghj. Suele pasar jajaja. Asumo que los sentimientos encontrados vienen del "Quiero un KatsuDeku, pero este Katsuki no se lo merece". Hmp.
Zombie kun: Que curiosa forma de recordarme jajajaja
