Consecuencias


Capitulo 4


La mañana siguiente, Izuku despierta sobresaltado, con una maraña de recuerdos en su mente. Entre ellos, los sucesos de la noche anterior. El desenlace del pleito le había hecho faltar a su empleo y si había algo que no toleraran sus jefes, era la indisciplina. Por lo que era fácil deducir que a esas altura, estuviera despedido.

Observa su antebrazo, tiene las marcas de los dedos de Katsuki. Incluso puede sentir la fuerza de su agarre nuevamente. Seis años atrás, hubiera tomado aquel forcejeo como algo natural; hubiera cubierto las marcas con alguna camiseta manga larga e inventado una excusa si su madre las veía. No hubiera sido más que un "altercado" con su "amigo". Que iluso era en creer que aquello podía ser amistad y su agresividad, solo su forma de ser. Si en ese entonces, hubiera tenido las agallas de llamarlo como era, de no tolerar sus arranques de ira, de ser capaz de decirle a su madre que aquel amigo era su mayor abusador en la escuela; quizás hoy, no tendría que tolerar sus estupideces.

"– ¡¿O sino que?! ¡¿Vas a llamar a la policía?! – interviene cortante. Molesto. Y que se joda la paciencia – ¡Vamos, hazlo! ¡Que vean las condiciones de mierda en las que vives y me den la custodia a mí! – le reta– Aunque podría decir que trabajabas en un prostíbulo y sería más fácil, no lo crees."

Cierra los puños, molesto. Quiere gritar de la rabia, romper cosas, golpear los muros, empero respira y se contiene. Es un adulto maduro que no puede actuar guiado por la ira, de lo contrario, no sería tan diferente a aquel alfa. Sus ojos viajan de su piel al rostro apacible de su hija, que duerme a su lado plácidamente. Frunce los labios. Mizuki es todo lo que tiene en la vida. Su única familia, la persona que estará a su lado sin importar qué y, lamentablemente, hay días en los que se debe repetir aquello. Días en los que el odio y desagrado hacia Katsuki era tan insoportable, que terminaba por ver en ella la viva imagen de él.

Es mi hija.

Es mi hija.

Es mi hija.

Lo repite en cadenas que forman un bucle de palabras. Una y otra y otra vez, hasta que se le vuelva inconsciente el pensarlo. Porque Mizuki, al igual que él, no tenían culpa ahí. Eran víctimas de unas circunstancias que nunca eligieron vivir.

Respira hondo, con la frase aun formulándose en su mente. Una escena que se ha repite desde el embarazo.

Suspira.

El embarazo era un tema tan difícil de recordar como el acontecimiento mismo con Katsuki, porque esa noticia no la vio venir. Antes de partir con su madre a Hokkaido, había tomado una píldora que aseguraría la no concepción. Fue lo más que la mujer pudo hacer por su él, ya que incluso en luego de todo el horror perpetrado, se negó a poner una denuncia. Se negó incluso, a decirle a su madre quien fue su abusador. Su fuero interno era una mezcla de culpa, vergüenza y solo quería refundir en lo más hondo de su memoria el recuerdo y seguir con su vida.

Hacer que nada paso.

Aunque estaba lejos de lograrlo. Paso en cama casi una semana, sin querer salir de su habitación. En su nueva escuela era muy temeroso de los alfas, al punto de aislarse de todos, sin importar el género. Fue al segundo mes cuando de su llegada a esa nueva ciudad, cuando todos sus planes de seguir adelante a pesar de todo, se desmoronaron.

Unos días con náuseas, poco apetito y mucho sueño lo llevaron junto a su madre a consultar un médico.

¿Has mantenido relaciones sexuales recientemente?

Ya llegó tu celo, uhmm

Fue el inicio de una prueba de sangre que daría positivo a un embarazo. Siente semanas de un embarazo el cual no podría interrumpir. En aquel entonces el aborto era ilegal aun cuando un omega había sido ultrajado. Una regla impuesta por alfas que jamás sabrían lo que era pasar por ello.

No tuvo opción.

Su mente se encontraba en negación, oyendo sobre su embarazo como si se tratase de otra persona. Un mal sueño del que esperaba despertar en cualquier momento. Un tema desagradable, de esos que si no lo mencionas, con el tiempo se olvida, desapareciendo con lo que llevaba dentro. Mas no sucedió y con el pasar de las semanas, la nueva vida se hacía más presente.

A los cuatro meses debe empezar a ocultar su vientre y a los cinco, empieza a sentirlo. Se mueve dentro de él e Izuku llora cada que lo hace. No quería estar embarazado. No quería tener un hijo. Y ver los cambios físicos que su cuerpo mostraba cada día que pasaba, le hacían sentir asqueado. Lo peor sucede a mediados del sexto mes de gestación, ya no puede continuar ocultando su vientre y la realidad vuelve a golpearle.

Se le prohíbe el ingreso a la escuela.

"Es un mal ejemplo para el resto de alumnos omegas"

"Un embarazo adolescente es muy cuestionable"

Le habían dicho con total descaro.

Inko les refutó.

Que mi hijo pueda continuar con sus estudios podría verse como un buen ejemplo en otros omegas en su situación. Que les incentive a no se dejarán vencer por sus circunstancias

Poco importo. La ley estaba dada, un alumno no podía asistir a la escuela en estado de gestación y aunque mencionaba alumnos en general, era lógico pensar que únicamente afectaba a los omegas.

De manera forzada, sus estudios básicos se vieron intercambiados por clases de pre parto. Su rutina dejo de ser ir a la escuela a la siete, a ir todos los sábados a las tres a un grupo de apoyo de omegas en su misma situación.

Fue ahí donde conoció a Hitoshi. Su padre, Shinso-san, era un médico con especialidad en omegas y activista en la lucha de ellos. Organizaba estas reuniones con todos sus pacientes en un salón libre del hospital, esperando crear un ambiente de charla y confraternidad entre ellos, pues la mayoría de omegas embarazados sin una pareja, recibian el rechazo de sus familias y amigos. Era una manera de crear una pequeña comunidad de ayuda entre ellos.

"Ustedes no están solo. Se tienen los unos a los otros y deben de protegerse como congéneres que son"

Solía repetirles en las charlas, cuando un omega veía receloso a otro. Por más que buscara hacerlos acercarse, muchos de ellos eran ariscos, en extremo reservados y veían por sí mismos. No aceptaban a los nuevos con facilidad y en más de una ocasión las feromonas de alguien habían causado conflictos. Shinso-san era un beta, no podía percatarse cuando el ambiente se cargaba de malestar o envidia por un omega joven recién llegado. Por ello en ocasiones llevaba a su hijo, que con un quirk capaz de manipular tu mente, lograba disolver los conflictos sin dañar a nadie.

Es en uno de estos incidentes que le conoce. En su segunda sesión, un alfa joven entró trayéndole una silla, aparentemente uno de los omegas ya le conocía y no toleró que le sonriera a Izuku y le soltara sus feromonas cortejándole. El omega le salto encima, arañándole el rostro y Hitoshi intervino alejándolo con una sola palabra. Izuku se había sentido sumamente avergonzado al reconocerle como un compañero de su escuela. Fue imposible esconderse cuando tenía dificultades en ponerse en pie con su vientre prominente. Sin embargo, Hitoshi fue amable como hasta ese momento pocos lo habían sido. Le ayudó a ponerse de pie, curó los arañazos de su rostro y le acompaño a casa, asegurándose que llegara a salvo.

Nunca preguntó sobre el embarazo.

Con el tiempo se volvieron buenos amigos. Hitoshi solía ir a casa de Izuku a hacer las tareas y explicarle los temas tocados en clase. Izuku solía contarle sobre él, sus sueños, su embarazo y los planes que tenía para la bebé.

El aborto era ilegal, mas no dar en adopción.

Fue la primera persona con la que sincero su intensión.

Es tu decisión y no quiero decir que hagas lo contrario, pero es más complicado de lo que parece. Cuando un omega ve a su bebe, difícilmente lo abandona. Entre ellos se crea un lazo tan fuerte como la marca de un alfa. Incluso sin verse, el dolor por el distanciamiento es bastante duro – le había dicho su amigo.

Izuku no esperaba que alguien fuera a entenderlo. Aun si los omegas podían dar en adopción a sus hijos, la sociedad se encargaba de juzgarlos por abandonar a sus bebés. Por lo que se limitó a cambiar el tema.

Incrédulo de sus palabras.

Hasta que tuvo a Mizuki entre sus brazos.

Durante nueve meses había pensado que, si ella se parecía a Katsuki, terminaría rechazándola. La toma de su decisión giraba en torno a la apariencia de su hija. Sin embargo, cuando la enfermera la puso entre sus brazos, poco le importó que la pequeña pelusa que traía como cabello fuera de color cenizo, o que sus ojos, unos días después de alumbrar, dejara su coloración celeste por una carmín.

Era la cosa más bonita que había visto en su vida.

Y era suya.

Recordar esos momentos le ayudaba a calmar la ansiedad con la que despertaba a veces. Mizuki era su hija. Su familia. Su vida. Lo único bueno que le había dejado esa dolorosa experiencia y si no quería perderla, solo había una cosa que podía hacer.

Huir.

Ir lo más lejos que su situación financiera y la barrera del idioma le permitiera. Para ello, debía trazar bien su plan y mantener a Katsuki confiado de que todo anda bien y no está tramando nada.

Enarca una ceja al ver la fachada de la cafetería.

La tarjeta que Katsuki le entrego era colorida, pero no imaginaba que el local lo fuera también. Las paleras de un azul eléctrico, ventanas amplias con marcos en un rojo vino y en un apartado bien elaborado de la parte superior, el nombre en amarillo seguido de la frase "un café para héroes". Evidentemente, busca atraer clientela de la agencia de héroes cercana. La misma en donde trabaja Katsuki.

Cuando se percató de ello en su trayecto entiendo el porqué de la insistencia.

El sonido de las campanas al abrir la puerta anuncia su ingreso. Dentro todo tiene un color crema marfil, con asientos en cuero azul. El aroma fuerte a café le recibe, junto a un hombre rubio y delgado.

– ¡A-A-All might!

El héroe número uno, ex número uno, se encontraba de pie frente a él.

Izuku había imaginado tantas veces encontrarse con su héroe favorito cuando él mismo fuera uno. Incluso se sintió dolido cuando supo que sería uno de los maestros en UA el año en el que había pensado podría intentar ingresar. Igual nada de eso reducía la emoción que sentía ahora al tenerlo en frente. Era un sueño cumplido, más aun, cuando supo que el héroe al que tanto admiraba era un omega y no un beta como durante años les habían hecho creer a todos.

All Might no solo había llegado a ser el símbolo de la paz, sino una reivindicación de los omegas al ser el primero en convertirse en un héroe sin necesidad de una marca, como se estipulaba antes.

– Tú debes ser Deku– el mayor le sonríe afable – Bakugou me dijo que vendrías.

– I-Izuku – tartamudea emocionado – me llamo Midoriya Izuku, no deku.

El rubio ríe de sí mismo.

Conoce a Bakugou desde que ingreso a UA, ya debía de suponer que aquel nombre peculiar que le había dado, no era más que un apodo.

– Sentémonos en una mesa. – le ofrece.

Izuku está nervioso.

Si Katsuki hubiera empezado diciendo que vería a All Might ahí…no, que trabajaría junto a All Might, no hubiera puesto tantas trabas en ir y aceptar ese empleo.

– ¿Se te hizo difícil llegar?

– N-no, vivo cerca.

Es imposible controlar el temblor en su voz. La emoción y asombro le erizan la piel. Quisiera hacer tantas preguntas sobre su quirk, su estilo de pelea, sus puntos débiles y, sin embargo, debe controlarse y guardar la compostura. El plan que había ideado en la mañana de aceptar ese empleo solo para calmar al alfa, ahora lo toma como un deseo propio.

– ¿Cuántos años tienes?

– Veinte.

– ¿Has trabajado antes como mesero?

– Sí. En un bar – se limita la información extra sobre su experiencia ahí. Para All Might quiere ser solo un mesero más – Ta-también en un restaurante.

– Bien. Dime, ¿te encuentras estudiando o solo trabajas?

– Solo trabajo.

– ¿Vives Solo?

– Con mi hija.

– Y tu alfa – continúa la frase, la cual cree inconclusa.

– No – musita – solo con mi hija.

El mayor hace un sonido gutural de reproche a sí mismo.

Ha hablado de más.

Como omega, conoce de los riesgos que corren en una sociedad dominada por alfas. Durante años se vio forzado a ocultar su verdadero subgénero por esos peligros, sabiéndolo únicamente las personas cercanas a él. El hecho de que sus feromonas fueran muy débiles había ayudado a mantener la farsa por años. En ese tiempo ya se había topado con casos de todo tipo de abusos a omegas, sin embargo, una vez que la verdad salió a la luz, fue que recién se vio sumergido por esa realidad. En su caso, la fuerza descomunal que le proporcionaba su quirk, le había permitido defenderse de todo tipo de ataque, lamentablemente no todos los omegas contaban con esa suerte.

Y ese parecía ser el caso de Izuku.

– ¿Y cómo conoces a Bakugou? – intenta desviar el tema hacia otro punto, a su parecer, más ameno.

– Ah…– la sonrisa se vuelve un gesto serio, algo apagado – Nosotros fuimos a la misma escuela.

El ambiente no se torna más ligero, sino todo lo contrario.

Suspira.

Trabajar como héroe implicaba muchas veces saber leer entre líneas y las líneas de Izuku, le decían que entre ellos hubo algo más que simplemente ir a la misma escuela. Algo que piensa se ha tratado de un amorío adolescente con un desenlace triste.

– Bueno… El trabajo es muy fácil. La cafetería es nueva, por lo que no hay muchos clientes. Se te asignaran un número de mesas, tomas la ordenes de los clientes, la dejas en la barra y esperas a que salgan de la cocina. Luego se la llevas y listo. El horario es de ocho de la mañana a seis de la tarde y este – extiende una nota de papel – es el sueldo que ofrecemos.

Izuku abre los ojos sorprendido, eleva los orbes hacia el mayor, cerciorándose de que sea el correcto.

– ¿E-está seguro que esta es la paga?

El mayor asiente.

Izuku vuelve los orbes hacia el monto ofrecido. No sabe mucho del negocio, pero ha postulado a suficientes trabajos bajo ese mismo puesto como para saber que esa paga estaba por encima del promedio para un camarero. Cree que, siendo omega el ex héroe, entiende bien las dificultades que sus congéneres pasa y es ese el porqué de la cifra.

Da un vistazo al rostro del rubio.

No hay atisbo de dudas.

– ¿Cuándo empiezo?

– Mañana – sonríe nuevamente.

Izuku asiente, totalmente de acuerdo con ello.

– Muchas gracias, All might.

– Puedes llamarme por mi nombre. Yagi Toshinori.

– Muchas gracias Y-Yagi-san. – se pone nervioso de llamarle por su apellido por primera vez.

Antes de irse, Izuku hace una reverencia y continúa agradeciendo hasta la puerta.

Toshinori se le queda observando por la ventada del local. Era obvio que el pequeño aceptaría con semejante suma para un simple mesero y no es que menospreciara su trabajo, era solo que él sabía el sueldo promedio para ese puesto.

–Midoriya Izuku – murmura bajo.

No entiende bien cuál es el trasfondo de la historia que comparte el pequeño con su ex alumno. Desde que conoció al alfa, cinco años atrás, había visto en él a un jovencito de pocas palabras y muchas maldiciones. Aunque no hubiera quien lo odiara en el curso, él parecía hacer todo lo posible por alejarlos.

Es por ello que no dudó en ayudarle cuando vio el interés que tenía en ese omega y la insistencia que puso para que le contratara aun cuando ese puesto ya estaba copado.

Al menos le hacía feliz ayudar a un jovencito entusiasta que necesitaba una mano.

...

[11:32 am] A.M : Bakugou, mi chico, Midoriya aceptó.

El peso de su espalda cae pesado sobre el respaldar de la silla. Una leve sonrisa se dibuja en sus labios. El problema del empleo está solucionado finalmente. Conocía lo suficiente a ese nerd como para saber que una vez viera a All Might, lo tomaría sin dudarlo.

Siempre ha tenido cierta obsesión con el ex héroe.

– ¿Sonriendo solo?

La sonrisa se extingue nada más oír a Kirishima.

– ¿Novedades? – el pelirrojo recuesta sus muslos en el escritorio.

– Aceptó el empleo

– Te dije que hablar civilizadamente ayudaría.

– Sí – musita poco convencido.

Sinceramente, pensó que Deku no se presentaría a dar la entrevista y debería ir nuevamente a su casa a presionarle, lo cual iba a ser bastante malo teniendo en cuenta como había terminado la noche anterior.

– Eso no suena tan convincente.

– Aceptó el empleo y es lo que importa.

– Blasty – Katsuki chasquea la lengua, mira hacia otro lado. Kirishima hace la pregunta obvia – Pelearon – que termina por sonar más a una afirmación.

El cenizo presiona los dientes. Duda entre responder o largarse de ahí, dejando a Kirishima solo; pero el otro alfa no baja la guardia y entiende que, de irse, lo perseguiría haciendo un escándalo.

– Sí. – Masculla y pronto busca defenderse – El muy idiota se puso en plan "Soy un omega, no me toques" – imita la vocecilla de Deku – solo hice lo que debía hacer y tal parece que funciono. Fin.

Kirishima golpea su propia frente.

– ¿Qué hiciste?

– Decirle las consecuencias de lo que pasaría si gritaba – Eijiro alza una ceja, duda de entender aquello. Katsuki rueda los ojos, chasquea irritado de tener que explicar todo al detalle – Si la policía me llevaba yo diría la verdad, que el hijo de puta se prostituye y listo, la mocosa se iría conmigo.

Kirishima reitera el golpe a su frente.

– Aceptó el empleo, fin del asunto.

El día anterior, mientras Eijiro aconsejaba a su amigo, pensó por un segundo, que en verdad había llegado a él. Que iría y haría las cosas bien, probablemente no disculparse, pero tener algo de tino al hablar. Había esperado mucho quizás.

– Espero que esa amenaza también haya servido para que te deje ver a tu hija – pronuncia con sarcasmo y sinceridad. Katsuki observa hacia otro lado. Eijiro rueda los ojos – ¿Que más paso?

Silencio.

Katsuki frunce los labios.

No está seguro de que responder. No está seguro de cómo sentirse ante lo acontecido la noche anterior. La había cagado con Deku, de eso no tenía dudas (aunque debía admitir, que ese idiota solo entendía a las malas), y también con su hija. Ahí empezaba lo confuso, porque la mocosa había intentado atacarle, lo que era señal de que le odiaba. Empero, aquello lejos de hacerle sentir herido, le llenaba de una misteriosa sensación que lo hacía sonreír.

– Ella nos vio. – Comenta casual, sonriendo de lado– Defendió a Deku, me quiso atacar – bufa divertido. Abre la palma de su mano, hacia a arriba y suelta una pequeña explosión – Activó su quirk.

Kirishima sonríe algo dudoso, contagiado por la extraña aura que envuelve a su amigo. Comprende la referencia que le ha dado, la pequeña podía detestarlo y él no cansarse de hacer parecer que su interés por ella era únicamente por su instinto. Pero una de las cosas que más llenaba de orgullo a Katsuki, era su quirk y que ella lo heredara, era algo que en verdad tocaba fondo en su amigo.

– Entonces ve despacio. – Palmea su hombro – Gánate su confianza. No eres tan rudo como pareces – se marcha riendo

Izuku aprovecha que ha terminado de hacer las tareas con Mizuki y ella se encuentra viendo televisión mientras juega con sus héroes de juguete, para trazar bien su plan. Lo primordial para llevar a cabo su huida, es el dinero, que es lo que le va a imponer el tiempo en que ese plan se lleve a cabo. Trabajando en el bar, pasando de dos o tres clientes a la semana, por uno o dos diarios, el dinero no sería problema. En cambio, con el sueldo de la cafetería que, si bien era más de lo que esperaba, no lograba a ese margen de ganancia significativo que dejaba su empleo anterior.

El sueldo tampoco es que ingresara líquido a su bolsillo, sino que debía de restarle el pago del alquiler, los servicios, escuela de Mizuki, alimentos… Suspira abatido.

¿Cómo su madre había tomado la decisión con tanta facilidad?

Mientras más lo pensaba él, más lejano se veía ese plan. Necesitaba un buen capital para irse de ahí sin que su hija pasara necesidades. Revuelve sus cabellos menta. El plan debía ser ejecutado cuanto antes, ya que no tenía certeza de cuánto podría contener a Katsuki y ansias de aproximarse a ellos. El celo era otro de los problemas, hace poco había tenido uno y mientras más se aplazara el plan, más cerca estaría del próximo. Sería muy arriesgado que sucediera con él solo, recién llegado a un país extranjero.

Suelta un suspiro profundo.

A veces piensa, que todo sería más fácil si Hitoshi fuera un alfa. Le habría ofrecido su cuello sin dudarlo y habría tomado posesión absoluta sobre Mizuki. Por ley, si un hijo no era firmado por su padre, se asumía que le pertenecían a quien marcaba a al omega.

Ríe.

Tonto de pensarlo.

Como si lo que él hubiera querido, fuera lo que Hitoshi también quisiera. Toma papel y lápiz, empieza a reducir sus gastos fijos, incluso se plantea volver a vivir con Hitoshi y… no, rápidamente desestima aquello. No puede valerse de él cada que está en problemas. Suma, resta, hace operaciones imposibles, pero todo termina en lo mismo. El margen de ahorro no aumenta de manera considerable.

Tira de sus cabellos desesperado. Índice y pulgar atrapan su labio inferior en una manía muy propia cada que esfuerza su cerebro al máximo. Una pierna se le mueve ansiosa de resultados.

Entonces, todos sus impulsos se detienen. Una esperanza aflora en el ya tenga un empleo, no le impide tener otro. Uno que ya conoce, en el que es bueno y facilita el ingreso de dinero.

Toma su teléfono, abre la agenda y da un vistazo rápido. Algunos clientes con buena posición, no querían verse inmersos en escándalos que les involucraran con un prostíbulo clandestino, por lo que el bar les permitía llevarse a los chicos a sus casas. Izuku solo lo había hecho un par de veces, pues le parecía demasiado arriesgado estar con un extraño totalmente a solas. Pero de esas pocas veces, se había hecho de algunos números de esos clientes.

Clientes que, por esa misma discreción, pagaban bien.

Nuevamente toma papel y lápiz. Con cuatro o cinco de ellos por semana, podría llegar en dos meses a un monto suficiente. Incluso podría aceptar algunas de las solicitudes prohibidas en el bar, tríos, por ejemplo, y tener un ingreso mayor. Deja caer el lápiz. Era algo bastante arriesgado con su salud, con su vida e incluso podía enterarse Katsuki y armarle un escándalo nuevamente.

Pero es un riego que debo correr.

Presiona sus labios amargamente.

Nunca le ha gustado ese trabajo. Tener que actuar con lascivia para complacer a sujetos que los veían como cosas desechables. Porque si aquel empleo continuaba en pie a pesar de tantas prohibiciones del gobierno, era a causa de que existía un mercado lleno de personas hedonistas dispuestas a pagar por fantasías que, seguramente, no podrían conseguir sin dinero.

Para Izuku, aquello no era muy diferente a lo que hizo Katsuki. Si bien ahora le daban dinero a cambio, en ambos casos eran sujetos que tomaban lo que querían de su cuerpo sin importarles lo que él sintiera. Sus emociones estaban tan entumecidas por la frivolidad con la que lo hacían, que solo lograba ver el sexo como algo asqueroso y repugnante.

Observa a su hija, que juega ajena a todo lo que pasa por su mente, y piensa, que no importa que tanto asco o miedo le dé la decisión, no puede permitir que ella sepa la verdad.

Mizuki no merecía un padre como Katsuki.

Izuku arriesgaría todo por ella.

El primer día en la cafetería empieza sin mayores contratiempos.

El local tiene tres meses de abierto y recién empieza a hacerse conocido. En total son cinco empleados: Dos en la cocina y tres en el área de mesas. De los camareros, hay una mujer beta que habla poco y un alfa de apenas dieciocho años, Kouta. Es un chico de apariencia fría, pero bastante amable y al inicio lo confundió con un beta por la falta de aroma. Le tomó por sorpresa descubrir que se trataba del hijo de dos grandes héroes que dieron sus vidas en una batalla. Aquel descubrimiento había avivado en él las llamas de su interés infantil por los héroes y, sin pensarlo mucho, le había pedido emocionado que le mostrara su quirk. A lo que el muchacho respondió con una mueca, dejando en claro que ese tema no se tocaba.

Felizmente, aquel percance no había llegado a mayores ni abrió alguna brecha incomoda entre ellos.

El día continua con la misma tranquilidad. Las personas caminaban frente al local, algunas se detenían curiosas, otras ingresaban llamadas por la imagen de All Might. Llegado el medio día, Izuku se toma unos minutos de su almuerzo para ir por Mizuki a su escuela. De regreso a su trabajo, se arrepiente no haberle pedido a Hitoshi que fuera el quien recogiera a Mizuki o haber pagado un extra de guardería por ese mes. Siendo su padre, a veces olvida el fuerte parecido físico que guarda la niña con Katsuki. Para alguno podría pasar como una peculiaridad, pero no para All Might, que conoce al alfa y que ha sido ese mismo quien le ha pedido el puesto para el omega.

Mizuki ignora totalmente el rostro de sorpresa del rubio, la emoción la embarga con mayor énfasis. El héroe no mantenía la apariencia de sus años de símbolo de la paz, ahora lucia más delgado, algo encorvado y demacrado. Aun así, Mizuki grita extasiada de pensar que, frente a ella, está el héroe del que tantas películas ha visto.

No puede disimular la admiración y le habla al mayor como si le conociera de toda una vida. Toshinori no se incomoda, mantiene la conversación y, en ausencia de Izuku, lanza una que otra pregunta sutil sobre su familia. Muy disimuladamente, la historia empieza a tomar forma en su mente y siente lastima.

Por ambos.

Porque Izuku le da la apariencia de un muchacho dulce, con un corazón muy noble e infantil. Pues teniendo veinte años, al verle a tenido el mismo gesto emocionado que su de seis. Pero también siente lastima por Katsuki. Porque ha sido su alumno y le ha conocido con todos los demonios que traía encima. Ha sido un chico problemas, difícil y terco al que, con los años, ha ido moldeando junto a otros maestros. Le ha visto tomar parte en operativos de rescate de mafias que traficaban con omegas y les ha defendido con tanta pasión.

Para Toshinori, aquello no es más que un amorío adolescente que termino mal y que, según deduce, Katsuki tendría la culpa. De lo contrario, la niña sabría que es su hija y no que su padre está en el cielo.

Izuku observa a su hija y Yagi-san conversando cómodamente en una de las mesas. Sonríe aliviado de que la niña se está comportando y no parece incomodar al mayor. Oye sonar la campana de la puerta. Toma las cartillas y gira en dirección a los comensales recién llegados.

De inmediato, los labios pierden la curvatura, quedan en línea recta. La mandíbula se tensa y si no fuera porque los otros dos camareros están almorzando ahora, no se acercaría a la mesa en donde han tomado asiento Ground Zero y Red Riot.

Inhala profundo a pocos pasos de ellos. Deja que las cartillas resbalen de sus manos con poca amabilidad.

– ¿Qué les sirvo?

Los alfas leen el menú.

– A mí un milkshake de fresa – sonríe el pelirojo de buen ánimo.

Red Riot es uno de los héroes más carismáticos y encantadores. Suele ser de los más aclamados por los niños gracias a su buen humor pero para Izuku, no es más que un alfa idiota más.

Si es amigo de Katsuki, tiene que serlo.

Asiente, no devuelve la sonrisa. Se limita a apuntar la orden en su cuadernillo.

– A mí un americano.

Izuku se retira con las dos órdenes apuntadas.

– No pensé que la situación estuviera tan mala. – comenta Eijiro al notar la tensión en el ambiente, así como las feromonas agrias que el omega ha dejado cerca de su mesa.

Katsuki bufa.

¿Tan mala?

Para nada.

La actitud arisca del omega no es nueva para Katsuki. Si bien es totalmente contraria al chiquillo sumiso que conoció, en pocos días ha tomado con normalidad su nueva personalidad. Le ha amenazado y hasta gritado, por lo que esa breve interacción que Kirhima ha visto como mala, para él ha sido la mejor que han tenido desde que se han reencontrado.

Observa de soslayo, hacia la mesa junto a la barra. Izuku se encuentra sentado al lado de Mizuki. Parece ayudarla con su tarea, explicarle cosas en un cuaderno, luego pellizca la nariz de la menor, haciéndola reír. A Katsuki le tiembla la comisura del labio por una sonrisa. Ese es el Deku que recuerda. El chico de mejillas regordetas y aura inocente.

– Bro – la voz de Kirishima le trae de regreso a la realidad – ¿Cuál es el plan? – Katsuki enarca una ceja, sin comprender – ¿No hay uno? ¿Me trajiste hasta acá solo para mirarlo de lejos?

El alfa piensa.

Piensa.

Piensa.

Y sí, efectivamente, no tiene un plan.

Cuando All Might le dijo que ese día empezaba a trabajar Deku, su boca hablo por si sola, ordenando a pelos de mierda que fuera con él. Nunca hubo un plan, solo ansias de verle.

– Acá esta su orden – Izuku aparece con la bandeja en la que transporta sus pedidos.

Toma el milkshake de Kirisima y lo deja frente de él, junto a una cuchara larga. Luego es el turno del café de Katsuki.

El momento ideal de cometer un error de principiante.

Toma el plato que lleva la taza, lo alza y dirige frente al alfa explosivo con un temblorcillo en la mano que se incremente a solo centímetros de separación con la mesa. La taza resbala del plato y cae de lleno en la entrepierna del alfa.

Katsuki se alza por reflejo y traga la sarta de maldición que luchan por salir de su boca. Su ingle quema como el infierno y veinte grados más.

– Lo siento, le traeré otro – se disculpa hipócritamente y vuelve a la barra a repetir el pedido.

– No sé tú, pero yo vi que lo dejo caer.

– Cá-lla-te. – masculla entre dientes.

Katsuki se pone de pie. Las palmas le queman iracundas, ansiosas por explotar lo que sea que se cruce en su camino. Tomar a Deku del cuello y empotrarlo contra el muro, pero Mizuki está ahí y no puede darse el lujo de que su hija le odie más. Camina hacia los servicios a limpiar su traje. La taza no ha resbalado, se la ha arrojado adrede, sin importarle lo caliente que estaba su contenido.

Es más, está totalmente seguro que ha tomado por ventaja la presencia de su hija y All Might para hacerlo y quedar impune.

Frota el papel toalla contra su entrepierna hasta que la zona queda menos húmeda, no por eso la mancha se va. Aun cuando su traje es negro, la zona queda oscurecida por el líquido. Enjuaga sus manos, enfría su rostro también, exhala fuerte y retorna al salón.

De camino, observa la mesa en donde estaba Deku. Quiere ver si disfruta su hazaña y continua como si nada junto a su hija. La vista resulta una distinta a la esperada, pues sentado en la mesa, se encuentra el vecino del día anterior. Mizuki está de pie sobre el asiento acolchado abrazándole del cuello.

Nuevamente sus manos se calientan.

– Bakugou – All Might se interpone a la imagen que observa – el café está en tu mesa.

Katsuki chasquea y sigue su camino a la mesa, sin dejar de ver por el reflejo de los vidrios al cabello de mierda 2 conversar amenamente con su hija.

– Lo siento, demore un poco en cambiarme – se disculpa Izuku saliendo del café.

Hitoshi le hace un gesto afable y emprenden la marcha, con Mizuki durmiendo en su hombro.

– Gracias por venir hoy.

Izuku ya veía venir a Katsuki en esos días y le había pedido a Hitoshi que, por favor, al menos la primera semana, pasar por él a su salida. Claramente el alfa era un héroe con un quirk altamente destructivo, pero su amigo también poseía un quirk asombroso y si bien, no tenía el mismo nivel de letalidad, volvía sumiso hasta al más fiero.

– Si no quieres encontrarte con él, deberías buscar empleo en otro lado.

– Lo sé, pero la paga es realmente buena y esta All Might… ¡All Might! – sonríe emocionado, dando unos saltitos a su lado. Los ojos brillantes de estrellas.

Hitoshi le sonríe. Ha conocido a Izuku cuando esas mejillas todavía eran redondas. Le ha visto año tras año pasar de una imagen infantil a una versión más madura. Sin embargo, algo que perduraba intacto, era la fascinación por All Might. Aun recordaba los años en los que Mizuki era una bebé de pocos meses e Izuku la vestía con pijamas a juego de su héroe preferido. Hitoshi sentía que a veces Izuku lejos de ver a la niña como su hija, lo hacía como si fuera una muñeca a la que podía vestir a su gusto y jugar con ella.

Solo tiempo después fue que supo la verdad tras su embarazo y porque era que, en un inicio, había decidido dar a la bebé en adopción. Le había visto llorar y oído la historia de cómo alguien, en solo un instante, le había arrebatado todas lo que quería en la vida.

– No creo que sea buena idea mantener cerca de él a Mizuki. Digo, si lo que quieres es que ella no sepa la verdad, no es lo mejor.

– Lo sé, es solo…necesito ahorrar dinero. Yo… – duda si decírselo. Ve en Hitoshi un integrante más de su familia y espera recibir su apoyo en la decisión que ha tomado. Ya es difícil saber que tendrán que distanciarse, no imagina que a eso se le sume una discusión con su amigo. – Yo pienso mudarme.

– ¿Mudarte? ¿A dónde?

– No lo sé. Solo no puedo seguir acá, cerca de él.

Silencio.

Hitoshi entiende que el trasfondo de su confesión, es el de huir. Es así como a aprendido a lidiar con los problemas. Es así como llegó a su ciudad. En los años juntos, ha visto el cambio que ha tenido en su personalidad. El temprano fallecimiento de su madre, le forzó a hacerle frente a todas las responsabilidades que acarreaba manejar un hogar. Ha pasado de ser un adolescente tímido, nervioso, llenó de un miedo desmesurado hacia los alfas, a una persona fuerte y bien plantada. Izuku no tartamudea más, no rehúye la mirada ni se pone a llorar ante el más pequeño desafío. Aun así, hay situaciones que sacan a flote aquellas vulnerabilidades de su adolescencia.

Y es que para Hitoshi, lo más sencillo no es huir, sino hacerle frente a Ground Zero. Denunciarlo por lo que hizo y terminar con el problema. Es ahí que aparece nuevamente la vulnerabilidad de Izuku, pues, así como no denuncio en su momento, ahora tampoco logra hacerlo.

– No creo…

– Es la mejor opción que tengo – le interrumpe, a sabiendas de lo que le pedirá. Ya ha discuto antes sobre aquello con él y no va a dar su brazo a torcer. – ya amenazó con quitármela, no puedo esperar a que en verdad lo haga.

Aunque no llora, la voz se le quiebra.

Hitoshi detiene el andar y pasa un brazo por los hombros de Izuku, acercándole a él. Que Katsuki pueda quitarle a su hija es totalmente factible. Hasta los tres años es casi un hecho que todo niño permanezca con su padre omega, pues recién a partir de esa edad, el lazo que se crea entre ellos empieza a romperse. Mizuki ha pasado esa edad hace mucho y ahora con seis, un juez solo velaría por los intereses de cuidado, protección, estudio y economía de la niña. Claramente, el alfa ganaría.

– Podrías volver a Hokkaido, mi padre podría apoyarte.

– No – niega de inmediato, toma distancia de él – me encontraría muy rápido. Sabe dónde vivo sin que se lo haya dicho.

Recuerda la escena de hace unos días, cuando Mizuki despertó su quirk pensando que su padre se encontraba en peligro. No había tocado el tema con él, por lo que no sabía cómo es que el alfa le había ubicado.

– Tengo familia en Seúl. Hermanos de mi padre. Ellos podrían ayudarte mientras comienzas.

Izuku le sonríe, vuelve acercarse a él. Le abraza.

Es la aprobación que esperaba.

– Gracias.

Almorzar en la cafetería de All Might todos los días, se le empieza a hacer costumbre.

Katsuki encuentra en ello la única manera de ver a Mizuki. Aunque ella solo lanza miradas de desprecio y un claro gesto de no te acerques.

A la mierda con eso, piensa.

El cómo le mire la mocosa le tiene sin cuidado. Está ahí solo por las feromonas que calman su instinto y el malestar que este le ocasiona. Katsuki ha sido del tipo escéptico en este aspecto siempre. Él, al igual que buena parte de la población, ve a los alfas como seres superiores al resto. Personas con un rango tan por encima del promedio, que sería estúpido pensar que puedan sucumbir a lo más bajo por el aroma dulce de un omega.

Error.

Una muestra, era lo fácil que se la había hecho conciliar el sueño desde que tenía el aroma constante de la niña y su padre cerca suyo. Ambos olores se complementaban alcanzando un equilibrio perfecto que le brindaba la dosis exacta para relajarle.

– Joven Bakugou – sus cavilaciones son interrumpidas al oir la voz de su ex maestro – en mis tiempos, la hora de almuerzo de un héroe no excedía de los veinte minutos y creo que aún sigue manteniéndose esa norma.

Katsuki ve la hora en el televisor del café.

Mierda.

Han pasado cuarenta minutos, veinte más de lo permitido.

Los orbes rubíes vuelven a posarse sobre All Might, quien no se mueve de su posición. Deja sobre la mesa el dinero de sus alimentos y se retira sin refutar.

Le jode tener a su ex maestro día tras día atento a todo lo que hace.

¿Qué eran veinte minutos extras?

Lo normal era una hora de almuerzo en otras profesiones

– Tch.

Lo único bueno era que al menos, como omega, podría ejercer cierta influencia positiva en Izuku y que este no vuelva a caer en malos pasos.

– ¡Blasty! ¿Dónde has estado? – La voz de Kirishima es lo primero que recibe a su llegada– Denki y Mineta están a nada de llegar de su ronda.

Katsuki pasa de largo sin responder. Se dirige hacia los vestidores. Solo necesita ponerse los guanteletes para salir y no es como que la ciudad se vaya a caer a pedazos por que se demoren un poco.

Abre el casillero y saca las pesadas granadas. Camina con paciencia a las bancas y las acomoda ahí, antes de empezar a colocárselas. Mientras lo hace, la imagen de Mizuki activando su quirk le viene a colación. Piensa que ahora que comparten el mismo quirk, un día ella podría usar esas mismas granadas.

Sonríe de lado.

Con la experiencia que tiene, haría de su hija un arma letal. Mejor Heroína de lo que es él o incluso, de lo que fue All Might. La imagen de Endearvor le viene a la mente. Agita la cabeza, él no será así. Solo ayudara a Mizuki con su quirk si ella así lo deseara.

Que de seguro lo hace.

Querer ser el mejor está en sus genes.

– ¿Sonriendo solo Bakugou? – irrumpe burlón Denki.

Borra rápidamente la sonrisa de su rostro y continúa con lo suyo. Denki y Mineta se preparan a tomar un baño. Por el estado de sus trajes puede decir que tuvieron algo de acción con un villano durante su ronda.

Baja una de las granadas, la coloca entre sus piernas para facilitar meter su brazo. Entonces, un aroma diferente viene a su nariz.

Ambos betas, no deberían generar aromas.

– Ohh… Parece que alguien ha tenido diversión anoche – Oye decir a Mineta, seguida de la risa del otro.

Katsuki eleva la vista. Los otros dos están a medio desvestir. Sus ojos posan sobre la espalda de Denki, nota algunos rasguños en sus omoplatos. Comprende que el aroma diferente que siente, proviene de "una noche de diversión" con un omega.

El único aroma que sería difícil de quitar con un baño.

– Podrías presentarla ¿no?

– Solo cosa de una noche. – Aclara Denki, caminando hacia a las duchas, pasando frente a Bakugou.

La cercanía hace que aspire el aroma con mayor profundidad. Es una reacción en cadena que se activa cuando el aroma ingresa por sus fosas, disolviéndose en la mucosidad. Llega a las neuronas receptoras del olfato, transmiten información a los bulbos olfatorios. Buscan recuerdos, emociones, y una vez que dan en el clavo, Katsuki se pone de pie. Coge a Denki del brazo, aplica una llave sujetándole de la espalda, sometiéndolo contra el muro.

– ¡¿Qué te pasa?! – Grita entre forcejeos.

Katsuki hace oídos sordos a sus reclamos y olfatea su cuello, su espalda, su cabello, los rasguño. No lo cree, es imposible luego de la discusión que tuvieron. Pero su olfato no miente.

Deku.

El hijo de puta seguía en lo mismo.

– Vuelve a verlo – gruñe muy bajo cerca de su oído – y date por muerto.

El aspecto de Katsuki siempre le ha resultado intimidante a Denki. Un alfa fornido de casi metro noventa, con feromonas amenazantes que si bien, son imperceptibles para los betas, son los suficientemente fuertes como cargar el ambiente del vestidor y sentir muy pesado el respirar.

Denki asiente, temeroso de lo que pueda hacerle de no obedecer.

Izuku ve hacia la puerta.

Hace quince minutos Yagi-san se ofreció llevar a Mizuki tres cuadras abajo y darle el alcance a Hitoshi, quien ha salido antes de clases y dijo podría llevarla a casa. Su hija es un amor, pero cuando se aburre saca un genio terrible que él nunca ha tenido. Siendo hora de almuerzo, su presencia ahí era fundamental, por lo que ha sido el ex heroe quien se ha encargado de la pequeño.

El asunto es, que caminar tres cuadras, no demora demasiado y le preocupa que algo haya podido sucederles.

– Izuku, la mesa tres te llama.

– Si.

Se acerca a la mesa, con la preocupación oculta tras una sonrisa. Esperará un poco más a que llegue, sino ira a buscarles él mismo.

– Buenas tarde ¿Están listos para ordenar?

– Sí, queremos el…

La mujer enmudece ante un aroma atosigante en el que se ven sumergidos. Son los omegas quienes más afectados se ven y, segundos después, un estrepitoso sonido llega proveniente de la puerta principal. Todos los comensales giran en dicha dirección. Izuku pierde completamente la sonrisa al ver al causante de semejante alboroto.

Ground Zero está de pie entre los pedazos de cristal roto de la puerta. Los orbes rubíes le tiene en la mira.

Traga duro.

El aroma de las feromonas se profundiza en algo asfixiante para los alfas y que a los omegas les petrifica de miedo. Es el potente aroma de advertencia de un alfa furioso.

Iracundo.

Katsuki da un paso firme hacia adelante.

Dos pasos.

Siete pasos.

Izuku se encoge entre sus hombros cuando le tiene frente a frente. Por instinto, baja la mirada y muestra el cuello en signo de sumisión. El alfa no muestra un ápice de piedad al gesto, le toma con violencia del brazo, haciéndole arrojar su libreta de pedidos. Le arrastra al interior de la cafetería, hacia la sala del personal. Los pies del omega, incapaces de darle la contra, se mueven por inercia y el miedo se acrecienta en su interior.

Las feromonas se hacen más y más fuertes en su camino por el estrecho pasillo. Aroma a neroli metálico y asfixiante, naranja acida en sus pulmones. Canela que le pica la garganta y nitroglicerina.

Mucha nitroglicerina.

Es de conocimiento público que algunos alfas son capaces de expedir feromonas a un nivel más elevado que otros. La naturaleza juega con ellos cual animales y, en su afán de preservar la supremacía del más fuerte, se los concede a un pequeño puñado de ellos. Los mejores especímenes. Ese aroma potente, dominante e imponente, sirve para atarear mayores cantidades de omegas con los cuales aparearse.

Un uso negativo, era inmovilizar a su presa.

Izuku tenía miedo, sí, pero el que no pudiera moverse era pura treta de Katsuki.

El recorrido termina con su cuerpo golpeando violentamente contra la mesa del área de servicio. Las manos han amortiguado el golpe de su rostro, pero es todo lo que pueden hacer; se queda ahí, con el pecho acostado en la mesa y las piernas temblándole por la similitud que guarda esa escena, con una ya vivida.

– ¿Así que no conforme con la paga alta de acá, sigues buscando con quien acostarte?

Katsuki no grita. No entona con rudeza sus palabras.

No hace explotar nada.

Solo habla.

Y eso le aterra.

– Eres todo una puta y te vienes a hacer el decente conmigo.

Solo una vez en su vida Katsuki le ha hablado de manera tan calmada, sin gritos de por medio.

No.

No.

No.

Aspira hondo, buscando calmarse. Empero, el aire viciado por las feromonas del alfa, se lo impiden.

Lo asfixian.

Le recuerdan lo insignificante que es.

Un omega sin quirk.

– Debiste ser más directo – el vaho de su aliento golpea su oreja, haciéndole consciente de su reciente cercanía. El pecho caliente del alfa, retoza sobre su espalda. – yo habría pagado más que el idiota de Denki.

Izuku siente que las lágrimas se le acumulan cuando la entrepierna del alfa se restriega con descaró contra su trasero. En él se despiertan recuerdos que ha preferido mantener dormidos por años. Una escena que pensó nunca más en su vida se repetiría y que ahora, estando nuevamente frente a ella, se jura a si mismo que de salir de ahí, no volverá a tener ningún trabajo "extra" más. Se dedicará enteramente al empleo en la cafetería y a cuidar de Mizuki.

Incluso se promete que, si Katsuki se apiada de él, si le libera y le demuestra que ha cambiado, que no es más el mismo alfa imprudente de hace seis años, cambiaria su comportamiento para con él.

Si él se lo demuestra ahora, Izuku le juraría lealtad.

Le aria una oportunidad de ser el padre de Mizuki.

Le permitiría todo.

Si tan solo le demuestra que en verdad merece ser llamado héroe.

Pero Katsuki es el ser más contradictorio que conoce. Pues, por un lado, salva a omegas a diario de villanos, malhechores y gente común que pretende sacar ventaja de ellos; y por otro, da inicio a las asquerosas embestidas que incluso con la ropa puesta, producen en Izuku una reacción que hace mucho no tenía. La respiracion se le dificulta, la sangre enfria su cuerpo, congelando sus extremidades. Las manos heladas se cierran en dos puños con tanta fuerza, que las uñas se incrustan en sus palmas.

No otra vez.

Por favor, no.

– Aunque pensándolo bien, ya te estoy pagando el estúpido sueldo que tienes, así que no tendría nada de malo que tome algo a cambio ¿No?

La lengua del alfa se desliza por su nuca, bordeando el collar negro que le protege de ese tipo de ataques. Izuku cierra con fuerza los ojos, queriendo desaparecer de ahí, implorándole a su alma que se vaya y deje solo su cuerpo. Katsuki toma sus caderas, las alza y frota contra su dureza. Izuku se estremece, siente como su entrada empieza a lubricarse y llora; porque una vez más, su cuerpo le demuestra que ha sido diseñado para eso. No son más que animales manejados por instintos que le dicen que se deje hacer, que disfrute del sexo. Su lado omega, ahora maduro, clama dentro suyo por tener otro cachorro de ese alfa poderoso y de buenos genes.

Izuku se adentra en las aguas turbulentas del instinto, en donde lucha por guardar la compostura. Sin embargo, las feromonas, ahora más lascivas que rudas, le golpean hondo y saliva, queriendo saborearlas con su lengua. El aroma a neroli le prende cada terminación nerviosa del cuerpo. La reacción de pánico que ha tenido, se ve disminuida por las nuevas sensaciones. El frio de su cuerpo se torna en un calor abrazador y las uñas en sus palmas, se clavan con mayor ferocidad, buscando que el dolor lo traiga de vuelta. No se va a permitir disfrutar de lo que sea que pase.

Katsuki puede dominar su cuerpo, mas no su mente.

Y tiene una fuerte lucha entre ambas partes dentro de sí mismo, mientras Bakugou cuela sus manos debajo de su camisa, estrujando la suave piel de su cintura. Su boca no deja de salivar por encima de su cuello y las embestidas no se detienen.

Y el neroli, la canela, el cedro.

Inhala.

Exhala.

La vida le ha enseñado a Izuku que, para los omegas, es más fácil ceder que luchar. Sucumbir antes sus instintos y disfrutar del sexo con un alfa. Que nunca se puede ganar contra ellos. Que es un omega débil, sin quirk. Que no puede luchar ni siquiera contra un beta.

Esta incluso dos peldaños más abajo que un omega con quirk.

Es un pobre ser vulnerable, lo más bajo en esa línea de especies dominadas por géneros y particularidades.

Llora contra la madera, sintiéndose patético por pensar en ceder. Por creer que el sexo con Katsuki sería bueno, porque no lo será. Porque él no es un juguete al que le pueden dar uso y luego desechar. Gimotea débil bajo el alfa. Y ya no hay más feromonas y humedad. El cuerpo se le apaga.

Ha logrado ponerle fin a su instinto, no por eso, al ataque del alfa, que no deja de frotarse contra él.

Es asqueroso.

Repugnante.

Pero, sobre todo, humillante.

– ¿Qué crees que haces? – La pregunta en voz All might llega junto a un estrepitoso sonido (que identifica como las bisagras de la puerta rompiéndose). El peso que lleva en su espalda desaparece.

El aire viciado se ventila y es rápidamente reemplazado por otro fuerte aroma. Mar, vainilla y arena. Ya lo ha olido antes, más no se gira a ver. Siente vergüenza. Se deja caer al suelo, sobre sus piernas. All Might le ha salvado. Otro omega le ha salvado.

Un omega con quirk.

Y vuelve a sentirse indefenso. Pequeño. Perdido.

Dos peldaños abajo.

El último eslabón en esa cadena de valores dominada por alfas.

Incluso, por quirks.

Omegas como Izuku, no son más que juguetes en ese mundo.

Incapaces de hacerle frente a nadie.


Notas dela autora:

Primero, quiero agradecer mucho por todos sus reviews. No se imagen cuanto me han ayudado a salir de ese bloqueo en el que me sentia con el capitulo pasado. Tienen razón muchos. Katsuki no se merece a Izuku, ni ahora y probablemente nunca. Asi que esa parte de la historia (una posible relación entre ellos) aun esta en veremos. Mientras, continuare con los capítulos base hasta llegar a un momento estable.

Segundo, se que parece repetitivo que Katsuki sea un imbesil en cada capitulo, pero es parte importante para adentrarnos en la historia. Katsuki esta acostumbrado que Deku haga lo que el quiera. Que todos le sigan el paso. Y que Izuku no este dispuesto a hacerlo nunca más, lo va a irritar. Por muy héroe que sea y autocontrol que diga tener, sigue siendo Katsuki, no esperemos cambios radicales…no por ahora.

Si llegaron hasta aquí, gracias por leer y ya saben, me vienen bien sus sugerencias/criticas.

Nos vemos.

Respuesta usuarios sin log:

WhiteRabbit: Que bueno que se sienta real. La idea era empezar algunos capítulos adentrándonos a la vida de Izuku y asi entenderlo un poco mejor. Tambien me gusta cuando aparece Mizuki. Me la imagino con esa fuerza y rudeza de Kastsuki, pero el corazón de Izuku. Por eso defiende a su papá con todo.

Ein Blue: Entiendo bien tu punto de vista y gracias por hacérmelo saber (y explicármelo tan bien). Como dije arriba, los últimos reviews me estan haciendo recondiderar el rumbo de la historia y me inclino por lo del amor unilateral, aunque esta en veremos, porque falta mucho para que esta relación sea siquiera "cordial". Agradezco mucho el consejo.

Rui Chenkov: Creo que todos empiezan a coincidir en la relación que quieren entre Katsuki e Izuku. Porque, como dices, Izuku lo odia y Katsuki solo siente su instinto "Aquí no cabe una relación amorosa", es lo primero que se me viene a la mente. Asi que, continuaremos con el drama un poco más hasta llegar a un punto estable y de ahí ya veremos….