Consecuencias
Capitulo 5
Despierta de un sobresalto. Empapado en sudor. El palpitar desenfrenado del corazón le presiona el pecho, arrincona sus pulmones, le ahoga.
La noche anterior no solo había revivido recuerdos que hubiera preferido arrancar de su memoria, sino que también despertado las pesadillas que le atormentaban en su adolescencia. El eco de su llanto resonando en el aula, el sabor ferroso de la sangre inundando su boca y la punzada de dolor lacerante en sus entrañas.
Seca con las palmas, el par de lágrimas que escapan de sus ojos. Está cansado de llorar, pero no puede simplemente controlarlo cuando el dolor emocional de sus memorias se cuela en su realidad. La parte más tortuosa no era la retorcida escena que hubiera protagonizado, sino la remembranza de sus emociones en aquel entonces. Recordar el miedo mezclado al asqueroso deseo que su cuerpo sentía, el verse solo y abatido en esa fría aula de la escuela. La desesperación de un embarazo no deseado, la resignación forzosa a abandonar la escuela, sus sueños rotos.
Inhala hondo, airea su rostro con la manta. El reloj sobre la pared señala que son un cuarto para la seis. Apoya los codos sobre la cama, repta hacia atrás hasta queda con la espalda recostada en la cabecera. Exhala lento, se asegura de hacerlo con el diafragma. Repite la respiración hasta regularizar sus palpitaciones. A su lado, Mizuki duerme con una tranquilidad envidiable y que, a su vez, agradece.
Acaricia el sedoso cabello cenizo.
Él puede tolerarlo todo, pero si algo le sucediera a su niñita, se le destrozaría el mundo.
No puede ni imagina el sufrimiento por el que ha de haber pasado su madre al verle llegar a casa ese día con las ropas todas desechas y el aroma a alfa impregnado en su ser. La pobre había tragado sus lágrimas, considerando como más importante, examinar el cuello de su hijo en busca de una marca. Ultrajar a una persona era algo terrible, pero se tornaba aborrecible si a este suceso se le sumaba una marca. Uno apenas y asimilaba lo sucedido cuando otro trauma se adicionaba, pues el omega debía elegir entre la angustiosa ruptura que duraba un año o un emparejamiento forzoso con su abusador.
Izuku sabe que, con solo catorce años, su madre le habría obligado a lo segundo. No por que buscase guardar apariencias o proteger a quien le dañó, sino porque una ruptura era un proceso que muchas veces orillaba a los omegas al suicidio y siendo solo un adolescente, era mucho más susceptible a ese fin.
Fue agradable descubrir (dentro de todo lo malo) que la única marca física la llevaba en la mano con la que había protegido su cuello.
Sin embargo, la búsqueda de una marca solo fue el inicio de la angustia que sentía la mujer. Luego vinieron las preguntas.
¿Quien? ¿Dónde? ¿Cómo?
Las feromonas de su madre le inquietaban al no recibir respuestas. La mujer parecía que en cualquier momento se rompería ante tamaño estrés. Izuku le seguiría en la ruptura, porque a pesar de todo, era incapaz de mencionar el nombre de Katsuki. Era una mezcla de muchas cosas que, como dagas, se incrustaban en su traumatizada mente. Finalmente, cayó en la trampa que sus victimarios habían tejido minuciosamente por décadas.
Fue él quien incitó al alfa.
Si en verdad no hubiera querido, se hubiera defendido.
"– si tú lo quieres tanto como yo, solo mira cómo me tragas completo."
Se culpó a si mismo por haber tolerado durante años los constantes malos tratos a los que había sido sometido, por nunca haberse defendió y con ello, brindarle total permisividad a Katsuki.
Izuku mintió corrompido por la culpa y vergüenza. Inko le creyó y solo nueve meses después, con el nacimiento de Mizuki, pudo tener la respuesta a sus preguntas.
Vuelve a secar las lágrimas que ahora, se han tornado en un sollozo suave.
Pensar que aquella tortuosa escena estuvo a punto de repetirse, le llevaba a imaginar la temible experiencia de un embarazo no deseado. Aun con el aborto legalizado hoy en día, su parte más emocional y sensible temblaba de si quiera pensarlo.
Creer que aquel bebe podría haber sido Mizuki.
Izuku tiembla aun cuando aquello no ha sucedido. Su mente viaja más allá de lo suscitado, maquina imágenes que él preferiría no pensar nunca y todo era culpa de Katsuki. El alfa le había demostrado una vez más la bestia irascible, carente de conciencia y empatía en la que se transforma su género cuando se enfadaba. Lo inestables que los volvía su instinto, así como indefensos en su caso.
All Might había llegado a salvarle en esta oportunidad, sin embargo, su mente le llevaba a pensar en lo mucho que hubiera necesitado esa ayuda años atrás. Cuanto sufrimiento se hubiera ahorrado él y su pobre madre.
Estaba claro que su situación de victima habría pasado a incitador, nadie habría culpado a Katsuki. Quizás hasta la escuela le hubiera expulsado a él, antes de al alfa que había llenado sus vitrinas de trofeos deportivos. Pero al menos hubiera culminar sus estudios en otro lado, hubiera logrado más de lo que tenía ahora.
Inhala.
Exhala.
Yagi-san le había dado su merecido a Katsuki. No sabía a ciencia cierta qué había sucedido, pero al calmar su llanto, se había topado con que el muro de separación entre el pasillo y la cocina, estaba destrozado.
También había aparecido Kouta, quien le había abrazado con sus feromonas a brisa marina y protección. El alfa le había ayudado a ponerse de pie, sostenidole mientras caminaba entre los escombros del muro. A Kouta, el mismo instinto que a unos alfas les hacía actuar con agresividad, le había llevado a actuar con mucha paz, buscando calmar al omega. Para Izuku había sido una grata sorpresa toparse con alguien tan contrario a Katsuki.
Sabe que no todos los alfas son malos, que sería tonto meterlos a todos en un mismo saco, tal cual ellos lo hacían con los omegas. Pero experiencias pasadas solo habían reforzado ese querer encasillarlos. Lo mismo que le había sucedido con los betas. Algunos de los chicos que seguían a Katsuki en la escuela, eran betas. Carentes de instintos, feromonas y olfatos desarrollados, cualquiera creería que pensarían de manera más objetiva sobre el trato que se les daba a los omegas. Estaba lejos de ser así, muchos de ellos estaban dispuestos a humillarlos por encajar con los alfas.
Hitoshi se salía de ese montón.
Con Kouta sucedía lo mismo.
Al final de todo lo acontecido ese día, Yagi-san le había dado el resto del día libre y se ofreció a acompañarle a casa. Izuku no había querido aceptar de primeras, ya que en el momento en que el ex héroe le defendió, había experimentado una fuerte envidia por no poseer el poder de defenderse como ese otro omega sí lo tenía.
Izuku no era una mala persona y se consideraba alguien de buenos sentimientos, pero el mundo estaba tan contaminado a su alrededor que a veces, alcanzaba su corazón.
La conversación mientras caminaban a casa, fue una especia de deja vu. Al igual que su madre, Yagi-san le decía que estaba en todo su derecho de denunciar a Bakugou. Que las leyes ahora le favorecerían e incluso, podía verse con la licencia de héroe suspendida. Empero, por muy tentador que sonara aquello, Izuku no podía. Ahora sus razones distaban mucho de las que tuvo años atrás. Si únicamente fuera él, no se callaría y llevaría a Katsuki a juicio. Con su hija de por medio cambiaba el asunto. Un héroe con la fama de Ground Zero, lo pondrían en medio del lente de los programas televisivos y si ellos se tomaban el tiempo de indagar solo un poco, descubrirían a Mizuki. De ahí a dar con la verdad de su nacimiento, era cuestión de tiempo.
Lo último que quería, era que su hija supiera la verdad.
– Lo único que puedo hacer por ti, es prohibirle el ingreso a la cafetería.
Para Izuku era más que suficiente.
El sonido de la alarma le trae de vuelta a la fría realidad.
Con o sin Katsuki, su vida debe continuar.
…
Durante años, All Might se había visto obligado a fingir ser un beta, pues en su época un omega solo podía ejercer como héroe si poseía una marca. Se les permitía entrar a las academias y seguir todo el entrenamiento, pero sin marca, no servía de nada su esfuerzo.
Él fue la primera excepción y es que, con semejante poder, el país no quería arriesgarse a que cayera en manos del alfa equivocado. Los supresores mantiene aún el aroma de la persona, por lo que, en su caso, optaron por unos mucho más fuertes. Una medicación que solo se usaba en caso de castraciones químicas. Los médicos le dijeron que todo volvería a la normalidad una vez que la dejara y así dio inicio a su camuflaje. No solo su olor desapareció, sino que perdió todas las capacidades que su subgénero le brindaba.
Era el beta perfecto.
Lamentablemente, la medicación que aseguraba retornar a la normalidad su cuerpo una vez la dejara, había terminado por dañar su organismo. Un examen de rutina arrojó una anomalía extraña en su interior. Años de consumir la medicación, de aumentarla en ocasiones que había tenido problemas con su ciclo, le había empezado a causar daño hepático y mientras trataban ello, los médicos se percataron de algo más. Los químicos agresivos que se le inyectaban de manera bimestral, habían causado daño irreversible en sus ovarios, al punto de quedar inservibles.
La noticia le devasto. Por mucho tiempo había imaginado que su sucesor, sería su propio hijo y luego de la noticia, aquel sueño se había esfumado. Del dolor debió sacar fuerzas para enfrentarse a la liga de héroes. No solo dejaría la medicación, sino que no abdicaría a su puesto de símbolo de la paz. Se mostraría al mundo como un omega que había salvado a millones de personas sin necesidad de una marca y alfa que le respaldara.
Luego de muchas conversaciones, se llegó a un acuerdo. All Might podría presentarse como un omega, conservaría su estatus de héroe y adicionalmente, se derogaría la ley que prohibía a los omegas sin marcas a ejercer como héroes. A cambio, Toshinori aceptaría como suya la idea de hacerse pasar por beta y todas las consecuencias que ella le trajo a su cuerpo.
Un trato injusto, pero que al menos logró un cambio significativo.
Como símbolo de la reivindicación de los omegas, a su retiro total de la vida de héroe y maestro, quiso mantener ese espíritu de lucha e inclusión. Por eso cuando se decidido por abrir la cafetería, también decidido que todo su personal, seria omega.
La realidad laboral para ellos era muy dura. Terminaban la escuela, a veces la universidad y se veían frente a una diminuta oferta de empleos, constantemente mal pagado y sin descansos para sus ciclos. Las pocas posiciones que les daban ciertas facilidades, exigían más de ellos.
Toshinori recuerda que, en la época de su juventud, los omegas que trabajaban en oficinas tenían un horario de ingreso de una hora antes que el resto. Debian limpiar la oficina y tener listo el café para los alfas. Su vestuario debía ser impecable y primaba muchos las apariencias. Si el omega no cumplía con el canon de belleza, no importaba que tan calificado estuviera.
Aunque hoy en día aquella costumbre se ha roto, él sabe que muchos puestos aún esperan cosas similares de sus trabajadores omegas.
Los empleos que él ofrecía en la cafetería, cumplían todos los estándares de apoyo a los omegas, sin embargo, a su convocatoria solo se presentaron betas.
Y un alfa.
Shino Sosaki, integrante de las PussyCats, le habían pedido el favor que contratara a su sobrino, pues el iría a estudiar a la ciudad y quería que alguien viera por él ahí. Teniendo solo personal beta, no vio problema en contratar al muchacho. Adicional a eso, estaban sus buenas referencias. Al haber sido criado por un grupo de tres omegas, el respeto a ellos era inherente en él. Kouta, aun sin ser un héroe o prepararse para ello, tomaba supresores alfas. Usualmente este género esperaba que fueran los omegas quien lo hicieran, siendo solo los héroes los obligados a usarlos para evitar accidentes si se topaban con un omega en celo.
Sus alarmas solo se prendieron cuando el joven Bakugou le pidiera contratar a Midoriya, quien era un omega sin quirk. Se preparó para lo peor en ese instante. El celo de un alfa era por mucho, más fuerte que el de un omega. Tanto así, que los héroes debían de subir radicalmente la dosis del supresor en esa época del año.
El temor se materializó al momento en que olió las fuertes feromonas de alfa a su regreso a la cafetería. No podía creerlo, habían sido quince minutos en los que caminó con Mizuki y el caos se había desatado en su negocio. Al llegar, se dio con un panorama desastroso; los alfas respiraban con dificultas, tosían a causa de la garraspera que les provocaba la bruma hedionda de feromonas. Los omegas se encontraban paralizados, temerosos, ocultos bajo las mesas, algunos lloraban.
El entrenamiento de héroe y la vida le habían enseñado a tolerar ese olor. A All Might solo una vez le derrotó ese fuerte aroma a alfa, nunca más se volvió a repetir esa situación. Entró guiado por si nariz. Al primero en toparse en el pasillo interior, fue a Kouta. El chico se encontraba recostando en el muro intentando respirar, logró señalarle la sala de empleados.
Como maestro, había recibido con gran gratificación la noticia de que un alumno alfa había sido capaz de controlarse cuando otra alumna entró en celo en plena clase. Era sorpresivo que fuera el mismo chico con el que todos los maestros tenían problemas por su carácter iracundo y explosivo.
Por lo que no estaba preparado para la escena que encontró ahí dentro.
– Buenos días, All-Yagi-san. – sonríe dulce su único empleado omega, entrando al café muy temprano en la mañana.
– ¡Oh! – exclama con sorpresa – hoy no tenías por qué venir, recién por la tarde vendrán a reparar los daños.
– Lo sé, solo quería ayudar. En parte fue mi culpa.
– Nada de esto fue culpa tuya, Midoriya. – le corrige, rostro adusto– No quiero oírte decirlo nuevamente.
– Lo siento. – baja la mirada, apenado. – Pero igual quisiera ayudar, así como usted me ayudó.
Toshinori asiente con una sonrisa que aligera el ambiente.
El menor traía siempre esa aura apacible y tranquila consigo. Su rostro infantil inspiraba ternura en las personas a su alrededor. Era el único de sus tres meseros que siempre recibía a la clientela con una sonrisa y no importaba que tan rudo o áspero fuera el cliente, él no perdía el carisma.
Toshinori sentía una punzada en el pecho de recordar que solo el día anterior, al pobre le habían tratado de la manera más humillante posible.
– Yagi-san – vuelve a llamarle ya de cerca – ¿Podemos hablar un momento?
– Sí, claro.
El mayor acomoda una de las mesas, limpiando el polvo en ella y se la ofrece al pecoso. Hace lo mismo con una para él y le observa, esperando que hable. El menor hace silencio primero. Luce nervioso e indeciso, juega con sus dedos mientras entorna los labios y vuelve a cerrarlos.
Aquello se repite un par de veces.
– ¿Qué sucedió? – rompe el silencio, intentando motivar a hablar al menor.
Izuku respira hondo.
No está del todo seguro de querer saber la respuesta a la pregunta que tiene en mente. Básicamente, porque no sabe cómo reaccionar de ser afirmativa. Izuku aspira a ser un omega libre e independiente. Alguien que no dependa – al menos no directamente – de un alfa. Ha agachado la cabeza infinidad de veces en busca de ello, ha vendido su cuerpo también. Por lo que, de recibir una respuesta afirmativa, Katsuki habría roto una vez más una aspiración suya.
– Ayer, K-Katsuki mencionó algo sobre mi sueldo... Sobre que él lo estaba pagando.
Toshinori tuerce los labios.
Bakugou era impulsivo en sus palabras cuando discutía y luego de la escena que encontró ayer, podía imaginar el pésimo momento en el que eligió confesarle aquello.
– Eso era un secreto – responde sincero – Aunque no veo porque deba seguir siéndolo ahora–Aclara su garganta – Como sabrás, esta cafetería es nueva, nuestra clientela aun es poca y con dos meseros, era suficiente. No busco menospreciar tu esfuerzo, joven Midoriya; es bueno tenerte acá, pero espero comprendas que la clientela no es mucha y tener tres meseros sería un gasto excesivo – Izuku asiente, él ya había reparado en ello – Fue lo mismo que le explique al joven Bakugou cuando me pidió que te contratara. Por lo que él decidido asumir el pago de tu salario.
Y ahí estaba justo lo que temía oír.
Katsuki se había hecho de artimañas para hacerle aceptar su dinero.
Presiona los dientes, enarca la mandíbula. Era tan molesto saber cómo Katsuki usaba su dinero para manejar su vida. Sí, manejarla, porque de no haber sido por el buen sueldo que el empleo ofrecía, Izuku no hubiera aceptado. Incluso si era su héroe favorito quien trabajaba ahí, en su vida ya no primaba ello, sino el llevarle el sustento a su hija.
– Joven Midoriya, calma – el mayor suelta sus feromonas de durazno al sentir la mentolada agria del pecoso. – Ahora ¿Puedo ser yo quien te haga una pregunta?
– Sí.
– ¿Cuál es tu relación con el joven Bakugou? Y no me refiero a si fueron compañeros de escuela, sino entre ustedes. Como personas.
Sus pulmones se detienen.
Comprende con claridad la pregunta y le es complicado dar una respuesta. Aunque Yagi-san sea un omega y pueda entender a la perfección su posición en esa historia, a Izuku le sigue resultando difícil ponerlo en palabras.
Las personas solían decir que un omega abusado durante su celo, no generaba un trauma significativo a como sí lo haría uno si esto sucedía fuera del ciclo o incluso, como sucedería con un beta. Era ello en lo que se habían excusado los alfas durante años. Se justificaban en que el omega no le había alejado, había lubricado y hasta disfrutado. Ese discurso se repetía tantas veces, que llegaba un punto en que los mismos omegas lo creían y minimizaban los abusos. Izuku, por ejemplo, durante su adolescencia había creído que de no ser porque salió embarazado, el recuerdo habría muerto con los años y hoy en día su vida habría continuado sin contratiempos.
Las pesadillas le recordaban que no era así.
Y no sabía que tanta de esa mentalidad pudiera tener Yagi-san.
– Nosotros…– así que piensa detenidamente como poner en palabras aquello, sin tener que contarlo todo. Lo último que quiere, es ser juzgado por aquel hombre que admira tanto – Yo tengo una hija…con él.
Toshinori suspira lento.
No necesitaba oír eso de la boca de Izuku para saberlo. Bastaba con ver el parecido de Mizuki con Bakugou, era demasiadas similitudes para ser simple coincidencia. Incluso el quirk –que ella se había encargado de alardear el día en que se conocieron – era el mismo que su ex alumno.
Pero no, esa frase no respondía a cabalidad su duda.
– Eso quiere decir, que el joven Bakugou sigue enamorado de ti.
– No, no, no – se apresura en negar. Ahí viene la parte difícil. – Él y yo nunca tuvimos ese tipo de relación.
Nota al menor bajar la mirada ante esa respuesta y ahora es él quien pierde la respiración.
Al inicio ha creído que se trataba de un amorío adolescente. Luego de lo de ayer, se ha forzado a seguir creyéndolo, porque dentro de todo, Bakugou ha sido su alumno y le estima. Pero ahora, sabiendo que no era un romance, que nunca hubo una relación entre ellos y que, a pesar de todo, había una hija de por medio.
No había más que decir.
– Lo siento – pide disculpas al sentir que se ha inmiscuido en un tema delicado para el menor. – Puedo asumir que no has denunciado el hecho – suelta a modo de afirmación y Midoriya no se lo niega.
Toshinori recuerda sus días como All Might, el símbolo de la paz. En ese tiempo, no solo era un héroe que se encargaba de derrotar villanos, sino también, se había involucrado mucho en la causa omega. Por lo que ha visitado todo tipo de albergues en donde ellos se refugian y protegen los unos a los otros. Muchos, víctimas de violencia familiar, violaciones y trata de personas.
Era increíble ver la cantidad de ellos que no denunciaban los abusos cometidos. Algunos se negaban a hacerlo para no verse vulnerados por el sistema judicial que rara vez daba un fallo a su favor. Pero en su mayoría, era miedo y vergüenza. Miedo de ser agredidos e intimidados por la parte contraria o incluso, por civiles en la calle. Y vergüenza de ser tildados de incitadores por no haberse defendido y muchas veces, ni negado.
Negarse.
Era fácil decirlo cuando se trataba de un beta o un alfa, y su cuerpo no les exigía constantemente ser acariciados, mimados y complacidos. Sin contar, el reproducirse. El instinto omega no se limitaba únicamente a tener sexo, sino que su escancia animal, les suplicaba engendrar vida. Era por ello que un omega cegado por celo podría tener sexo con cualquiera sin protección.
Toshinori había conocido a jóvenes que ni siquiera recordaban el rostro del alfa con el que habían tenido un hijo.
Aquello lejos de ser una realidad lamentable, había sido aprovechado durante años por los alfas. Hoy en día se había dado un gran cambio en las normas y se habían promulgado leyes que los protegían, aunque el problema social seguía latente. Por lo que entendía, de cierta forma, la posición de Izuku, más aun, siendo Katsuki un héroe en ascenso. Así que no pensaba inmiscuirse en ella, pero había algo que sí le preocupaba.
– ¿Al menos se hace cargo de Mizuki en lo económico?
– Yo no quiero nada de él. – Niega firmemente – No quería nada de él – se corrige, al recordar que Katsuki le pagaba el sueldo ahí.
Toshinori exhala.
A pesar de ver en Midoriya esa dulzura y encanto característico de un omega, también había notado la hostilidad con la que se dirigía a Bakugou. Incluso se había percatado que las veces en las que Mizuki estaba en la cafetería, el omega liberaba fuertemente sus feromonas buscando cubrir el aroma de su hija. Uno tenue que, seguramente, Bakugou al ser el padre, podía sentir.
Lo cual, de cierta manera, le llenaba de orgullo.
La mayoría de omegas entre la edad de Izuku y un poco más, se sentirían feliz que un alfa se hiciera cargo de ellos. Sin importar como fuera esa persona. Porque a ellos se les había criado bajo un concepto similar al de la época de Toshinori: Los omegas eran desechables para los alfas, pues ellos siempre tomaba lo que quería y lo descartaba una vez usado. Crecían convencidos de que, si no encontraban a uno que los marcara en su primer celo, serian propensos a ser abusados. Lo cual, no era del todo malo (desde el punto de vista convencional de un omega), porque las novelas, películas, libros y demás, se habían encargado de romantizar estos abusos.
No importaba que tan mal te tratara un alfa, si te demostraba amor después de agredirte.
No importaba si eras violentado por un alfa, si luego se hacía cargo de ti.
La historia de amor perfecta, para muchos.
Izuku era un omega distinto y admirable, por no dejarse guiar por esa corriente toxica que envolvía a los omegas.
Pero una cosa era, lo que Bakugou le hubiera hecho a él – y no iba a intervenir en la decisión que había tomado el menor – y otra cosa, las obligaciones que tenía ahora con él.
– Se que es tu decisión, joven Midoriya, y quiero que tomes esto solo como un consejo. Yo también soy un omega y se lo duro que es la vida para nosotros. Entiendo también, el recelo que debes sentir hacia el joven Bakugou, pero esa niña, tu niña, es su hija. Y si bien, no quieres tenerle cerca, él debe hacerse responsable. No es cuestión de orgullo o simple capricho suyo, es un derecho que ella tiene.
Izuku le escucha, no por eso da una respuesta.
Si bien, el sueldo de un héroe no es millonario como lo hacen ver las noticias de espectáculos, es un buen sueldo. Lo suficiente para llevar una vida cómoda y mantener una familia. Izuku entiende que su hija tiene derecho a llevar esa vida y no las pocas cosas que él puede ofrecerle.
Empero, aceptar algo de Katsuki, sería darle luz verde para acercarse a ellos y eso era lo último que quería.
– Solo piénsalo. – dice dando por finalizado el tema.
…
Kirishima trae los brazos cruzados y orbes fijas en su colega. Está esperando una respuesta que Bakugou no tiene intenciones de dar y le ignora, fingiendo llenar formularios que están lejos de ser parte de su trabajo.
Aclara su garganta con fuerza.
Le ignora completamente.
¡Claro que lo haría!
Ni si quiere Bakugou tendría la cara tan dura para negar que lo que hizo ayer, estuvo mal. Pésimo, horrendo. Le había enviado a alistarse, solo era ponerse el par de guanteletes y salir. No le tomaría ni cinco minutos, pero el alfa se había tardado como si estuviera maquillando.
Diez minutos.
Quince minutos.
Entonces, fue a buscarle. Katsuki había estado muy distraído últimamente con el asunto del omega y su hija, pero Eijiro siempre había estado ahí para que aquello no afectara su trabajo, o al menos, cubrirle y que nadie lo notara. Camino por el pasillo a los vestidores con una leve picazón en sus ojos.
Olor a alfa.
Lo cual era extraño. Todos ahí usaban supresores, rara vez un alfa llegaba a percibir el aroma de otro. La sorpresa se convirtió en angustia al percibirlo como las feromonas de Katsuki. Pensó que habría entrado en celo y corrió antes de que fuera tarde y atacara a algún omega de la agencia. Sin embargo, al llegar, solo encontró a Denki y Mineta, quienes le comentaron lo furioso que lucía Bakugou al salir.
– Tal parece que Denki le quito a su omega – dijo con burla Mineta, ganándose un golpe de parte del aludido.
Eijiro sintió como si el alma se le saliera del cuerpo y volviera al instante, porque no tenía tiempo que perder. Si Katsuki creía que le habían quitado a su omega, era obvio donde estaría ahora.
Salió presuroso hacia la cafetería de All Might. Un escalofrió le descalabro la columna, al darse cuenta que, aun desde la puerta de la agencia, lograba sentir el aroma de su amigo. Deseo tener la velocidad de Tenya y detener a Katsuki de lo que sea que fuera a hacer. Rogó que no fuera tarde cuando llegara.
Mientras más se acercaba, más asfixiante era el aroma y la dificultad para respirar, entorpecía su andar.
Solo faltaba una cuadra cuando vio a su amigo salir disparado por las ventanas de vidrio de la cafetería. All Might apareció segundos después.
El ex héroe pocas veces perdía la sonrisa, incluso cuando luchaba contra villanos; por lo que verlo con el rostro adusto en ese momento, le hizo comprender la magnitud de lo que sea que hubiera hecho Katsuki.
Los detalles solo los tuvo en la noche, cuando pasara nuevamente por la cafetería a ayudar a su ex maestro con los escombros.
– El joven Bakugou, tiene prohibido entrar a mi cafetería. Y de tener otro altercado con el joven Midoriya, seré yo mismo quien lo reporte.
En ese instante, Kirishima tuvo un subidón de recuerdos de cómo es que todo había terminado así. Dando como conclusión, de que quizás nunca debió de convencer a su amigo, de ir a ese programa de televisión, o no insistir en quedarse un poco más en la escuela que salvaron. Sin embargo, ninguno de sus arrepentimientos exime a Bakugou de su culpa.
Mucho menos de que se quedara callado sin reprocharle su actuar.
Desenlaza sus brazos, pega las palmas con fuerza sobre los documentos de Katsuki finge leer.
– Te llevas a tu hija sin su autorización, – murmura para ellos – lo atacas en un bar, luego en su propia casa y ahora en su trabajo ¿Qué vas a hacer si piensa dejar ese empleo?
Arremete sin mediar en preámbulos. Katsuki alza la mirada, no hay ceño fruncido. Su rostro pareciera que recién cae en esa suposición.
¡Él ni siquiera se había puesto a pensar en eso!
Eijiro golpea su propia frente, la mano baja deslizándose por su rostro.
– Tienes que disculparte. Es lo mínimo que puedes hacer ahora. – le ordena, con el pulgar golpeteando el escritorio.
– Todo fue culpa del estúpido nerd, yo no…
– ¡No importa que hizo! – pierde la paciencia. – No justifiques tus acciones, Bakugou. Ve y discúlpate.
Katsuki se pone en pie, yergue su torso de forma intimidante. Siente ganas de explotarle la cara tan solo por el hecho de gritarle… o recordarle que la culpa de todo es suya. Fija la mirada en los orbes similares a los suyos. Kirishima no da un paso atrás. Él también es un alfa y ensancha sus hombros mostrándose fiero.
Su advertencia va en serio.
El cenizo muerde sus mejillas por dentro. No quiere aceptarlo. Al menos no tan fácilmente, pero pelos de mierda tiene razón.
Hecho a perder todo.
De hecho, lo venía haciendo desde que se reencontraron y no es que quisiera excusarse, pero ¡El idiota de Deku no hacía más que tentar su suerte! Le había conseguido un trabajo con su héroe favorito, tenía un sueldo por sobre el promedio, incluso se había ofrecido en darle una pensión para la mocosa y el hijo de perra, prefería prostituirse antes que aceptarlo.
¿Cómo esperaba que reaccionara ante eso?
Gruñe por lo bajo, dejando la posición tensa de lado.
Ha cedido.
– ¿Unas disculpas? – ¡Oh, Genial! Cara redonda ha oído todo – ¿Bakugou-kun está saliendo con alguien? – Ochako tienta su suerte con una suposición, ya que no cree que haya otro motivo por el cual Bakugou podría disculparse con alguien.
– Sí, y lo hecho todo a perder – Explica Kirishima, aun molesto, pero ya con los hombros relajados.
– Tsk.
Ochako ha venido esperando este momento desde que dio con el informe que Katsuki le había entregado por error. Ha estado atenta a todos los movimientos del alfa, buscando una grieta en la que pudiera urgar en busca de más información. Ha oído a los dos alfas cuchichear cosas sobre un omega y solo ahora, ha estado segura de que le mencionaban en cuestión.
Una sonrisa se forma en su rostro de luna.
– ¡Me uno! – Alza la mano emocionada – Esto no es algo que dos alfas puedan solucionar por sí solos.
– No necesito tu estúpida ayuda.
La castaña borra la sonrisa. Frunce el ceño, odia ser excluida.
Pero…
Uhm.
Relaja la expresión, encogiéndose de hombros.
– Muy bien. Como quieras – gira en dirección a su sitio e inyecta una dosis de lo que, prevé, resultara sin su ayuda – Sigue estropeándolo y así tal vez, mueras solo algún día.
Camina a paso pausado, con las manos entrelazadas tras suyo.
Katsuki la observa irse y recibe un codazo de Kirishima, quien le hace un gesto con los ojos cuando tiene su atención.
¡Maldición!
Lo que faltaba, tanta mierda sobre pedir disculpas y ni él sabía cómo hacerlo. Mira la espalda de Ochako y vuelve a maldecir en voz baja. Ella era un omega, obviamente entendería mejor la mente de Deku que dos alfas llenos de testosterona.
– ¡Está bien, cara redonda! – llama su atención – ¿Cuál es el plan?
Ella detiene el paso. Le observa desinteresada por sobre el hombro, sin atisbo de doblegarse y aclara fuerte su garganta, en busca de una petición más formal; ya que disculpas, no obtendría.
Katsuki intenta hacerse el desentendido de ese gesto, pero es Kirishima quien nuevamente lo presiona con la mirada.
"Obedece", parece decirle.
– Está bien. U-ra-ra-ka – masculla entre dientes – ¿Cuál es el puto plan?
Ella sonríe de regreso a ellos.
Tiene un plan. Siempre lo tiene cuando de amor se trata, porque es una romántica empedernida.
A diferencia de otros omegas, ella no se siente disminuida por su género. Sí, aceptaba que el celo era malo, pero siempre encontraras el supresor ideal, este no generaba más problemas. Y sí, también había quienes querían rebajarle por su subgénero, sin embargo, había otras que eran muy atentas y que le trataban con suma amabilidad tan solo por ser omega. En más de una ocasión había recibido alguna atención preferencial por eso mismo. Obsequios, halagos, el mundo era tuyo si sabias usar tus encantos.
Por ello, que no veía molesto su segundo género.
Aunque no era por eso que le gustaba ser una omega. Sino por las historias de amor que se tejía entre ellos y los alfas. Cuentos mágicos, de amor eterno y devoción al otro. Fabulas hermosas sobre predestinados que no distaban mucho de la realidad. Sus padres eran un gran ejemplo. Ellos habían nacido en la misma ciudad, en el mismo hospital. La madre de uno, había sido maestra en la escuela del otro. Su padre había vivido junto a su familia en una casa, la cual años más tarde, ocupo su madre. Era como si le corrieran el uno al otro, pero el destino se empecinará en hacerlos encontrar.
Finalmente, había sido durante la universidad donde se vieron por primera vez y el destino actuó solo. Se emparejaron en su primer celo y al cabo de un año, su madre ya estaba a la espera de ella.
Su madre una vez le dijo, que siempre había tenido esa sensación de estar cerca a alguien muy importante en su vida y que solo muchos años después, luego de que cayeran en cuenta lo cerca que habían estado el uno del otro, entendió a que se debía esa sensación.
Por eso sabía que, si bien esa relación era de atracción mutua entre alfa y omega, era este último quien sentía más fuerte el lazo.
Y ella soñaba con el día en el que se volviera loca por su alfa predestinado.
Era por ello que ayudar a Bakugou en su historia de amor le emocionaba. Conocía bien el carácter "especial" que poseía, y que finalmente hubiera hallado a un omega de su interés era sorprendente. Porque de no ser algo importante, no andaría preocupándose por unas disculpas.
También estaba el otro asunto: La hija del omega. Conoce lo suficiente a Bakugou como para saber que un cascarrabias con los niños, así que si su interés era tanto como para no importarle el acompañamiento extra; podría ser que estuviera hablando de predestinados.
El fuero interno de Ochako arde embravecido por la pasión.
– Veo que es más importante de lo que pensaba – comenta con suspicacia– ¿Que sucedió? ¿Celos? ¿Incompatibilidad de caracteres?
– Mierda. Solo dime cómo me disculpo.
Infla los cachetes molesta de no poder saber más de su relación, cuando es jústame eso lo que quiere. Saber todos los detalles románticos que hay detrás.
– El motivo es necesario para saber cómo disculparse. – mas no se rinde.
– Digamos que fue… un poco agresivo – intenta contar lo menos posible Kirishima. Katsuki refunfuño maldiciones tras de él.
"Poco agresivo" viniendo de Bakugou, significaba que había hecho algunas explosiones y soltado muchas maldiciones. Algo que, sin duda, atemorizaría a un omega, más aun si no poseía un quirk.
Ella misma se había sentido intimidada de su compañero en sus primeros meses en UA. Bakugou tenía una presencia fuerte, tosca y atemorizante, pero cuando aprendías a tratarlo, todo eso se volvía manejable.
– Entonces, lo primordial es cambiar la actitud. Debes ir calmado y tranquilo. Haz que las palabras suenen sinceras – Katsuki rueda los ojos. Ella sospecha que él no ha llegado a asumir su culpa– Aunque lo primero sería reconocer que hiciste mal. Así como porqué lo hiciste y prometerle que no lo volverás a hacer.
Ochako debía estar completamente loca si creía que haría algo como eso.
Está bien, reconocía su error. Le había sobre afectado la situación, sin embargo Deku sabia como era, conocía su forma de reaccionar e igual lo hizo. Era él quien había empezado y él solo se había dejado llevar.
– Él fue quien empezó – se queja desinteresado.
– ¡Bakugou! – Llama la atención la chica sin gravedad – ¿Cómo pretendes disculparte si ni siquiera aceptas tu culpa? – lo mira fijo, queriendo intimidarlo con su pequeña presencia. El alfa no tiene ni atisbos de ceder. Ochako suspira hondo. Sabe que su compañero reconoce su culpabilidad, pero es muy testarudo como para dar su brazo a torcer, así que prueba por otro lado. – al menos fíngelo ¿sí?... ¡Oh! Olvidaba las rosas. Debes darle un ramo de rosas del tamaño del error que cometiste.
– Esas son estupideces, el idiota de Deku ni siquiera sabe de eso.
– Es una regla básica, todos lo saben.
– Te van a faltar rosas.
– ¡Cállate! – Le gruñe – ¡No voy a llevar un maldito ramo de flores por la calle! ¿Tienes idea lo ridículo que me vería?
– Esa es la razón principal – da unos saltitos emocionada – Tener el valor de caminar con las rosas por la calle, es el plus de todo esto. Significa que de verdad te importa.
Katsuki cree que lo mejor hubiera sido no preguntarle nada.
Y una mierda con las rosas.
– Entonces… ¿Vamos a preparar esas disculpas? – continua sonriente la dulce omega.
…
Se despide con una reverencia de Yagi-san.
Ha sido un día pesado limpiando todo el local. Se había encargado de cargar escombros pequeños y limpiar el polvo de los muebles, mientras Yagi-san se ocupaba de los escombros pesados. Luego habían almorzado juntos y por fin pudo hacerle todas las preguntas que moría por hacerle sobre su quirks y batallas. Fue tan emocionante y el día solo mejoró cuando por la tarde, Cementoss se acercó a reconstruir el muro caído. Izuku vio su quirk en acción, desando que Mizuku hubiera estado ahí, pero esa mañana había preferido pedirle a Hitoshi que se hiciera cargo de ella. No entró en detalles del por qué, hubiera sido vergonzoso explicárselo.
Suspira con cansancio en medio de la caminata.
Llegando a casa piensa a tomar un largo baño relajante antes de pasar por Mizuki. Va a contarle todo lo que conversó con All Might. Seguro se va a emocionar de oírlo y le va a llenar de más preguntas antes de irse a dormir. Él era igual de pequeño, llenaba a su madre de preguntas imposibles sobre héroes y ella siempre estaba habida de inventar algo muy genial para decírselo.
Ríe a solas, recordando algunas respuestas que su madre le daba.
Al igual que con Mizuki, su madre solo le tenía a él. La mujer siempre se las había arreglado para que a Izuku no le afectara la realidad en la que vivían. Si quería a saber más de héroes, ella le contaba historias ficticias, si quería saber de su padre, ella embellecía sus recuerdos. Inko siempre veló porque su hijo no notara lo que sucedía a su alrededor. Incluso viviendo en un refugio para omegas, la mujer le hacía ver como si ese lugar fuera el más genial del mundo.
Izuku tiene sus primeros recuerdos en esos ambientes acinados. Habitaciones pequeñas de no más de 4m2 con literas en todo el rededor. Un espacio en donde su máxima capacidad era de seis personas, pero que ellos podían meter hasta quince con futones en el suelo y niños compartiendo cama con sus progenitores. Nadie se quejaba, todos estaban ahí para ayudarse y si llegaba alguien más, le hacían un espacio donde pudieran.
Él se divertía ahí, pues había otros niños con quienes compartía desde el amanecer hasta el anochecer. Eran como una pequeña familia de la que se empezó a avergonzar una vez que entró a la escuela y conocía a Katsuki. A pesar de haber sido amigos en un inicio, bastó con que un día le comentara el magnífico lugar en donde vivía, para que el otro lo tomara a burla.
– Vives en el basurero de omegas.
Si Izuku no hubiera tomado esas palabras tan apecho, su madre no se hubiera visto forzada a tomar un tercer trabajo con el fin de mudarse a un hogar solo ellos dos. Hubiera continuado teniendo esa gran familia, en lugar de llegar a casa y encontrarse solo.
Recordar a Katsuki en su vida, era traer a colación burlas, insultos, malos tratos. Una percepción errónea de su persona, pues él admiraba tanto al cenizo, que sus palabras tenían el poder de convencerle de lo que fuera. Creer que en verdad los refugios eran basureros de omegas, percibirse como un inútil, que no servía para nada porque carecía de un quirk. Acomplejarse por su aspecto físico y más tarde, por ser un omega.
¿Y se suponía que ahora aceptara el dinero de esa persona?
No contradecía las palabras de Yagi-san, Katsuki tenía una obligación con Mizuki por ser el padre. La ley dictaba que, ante una separación, la parte que no criaba a los hijos estaba en la obligación de brindar una mensualidad que proporcionara a los niños una vida similar a la que llevaría si viviera con él. Sin embargo, de aceptar aquella pensión, estaría aceptando la paternidad del alfa y así como eso les daba obligaciones, también proveía derechos.
Izuku no podría soportar ver a su hija riendo a su lado.
Menos, que Mizuki se llevara bien con él.
Aun si pensaba que el dinero le vendría bien ahora que planeaba huir lejos de él, una parte suya – una muy estúpida y sensible – no estaba cómodo de pensar que usaría el dinero del alfa, contra él. Izuku podía aborrecer la existencia de Katsuki, sin embargo, tenía ciertos principios y era difícil ir contra ellos.
Vislumbra su edificio cerca. Da dos palmaditas a sus mejillas. Debe lucir tranquilo cuando pase por Mizuki, ella solía ser muy perspicaz.
Sube las escaleras a su apartamento, taraceando una canción que su madre solía cantarle. Sirve para animarle un poco, porque recuerda todo lo bueno que hizo por él, como nunca se rindió e incluso, a veces, cree sentir su aroma y calor cerca suyo.
Como si nunca se hubiera ido.
Sonríe nostálgico y rápidamente, su rostro se torna serio. En el aire de la escalera huele el neroli. Basta con que pise el último escalón para verle.
– ¿Qué haces acá?
– Vine a disculparme. – habla sin titubeos Katsuki, extendiéndole unas rosas.
Izuku le mira de pies a cabeza. Si era una trampa, debía ser una bien elaborada, porque conocía a Katsuki y sabia lo humillante que debía de sentirse al pedir disculpas a quien veía como alguien inferior.
Camina hacia su puerta, con las alarmas encendidas y listo para gritar si se acerca más de lo permitido. No se fía del alfa. Mira las rosas, que se interponen entre ellos. Son bonitas, pero no las va a aceptar.
No aceptaría nada suyo.
Nada bueno podía venir de él.
– ¿A qué juegas? – arremete.
– ¿Qué? ¿Ahora no puedo pedir disculpas?
Katsuki siente como esa última palabra quiere atorarse en su garganta y asfixiarlo. Ha caído muy bajo. No puede creer aun que le hayan convencido de hacerlo.
¡Incluso había aceptado comprar las estúpidas flores!
Resopla hastiado. Agita las rosas, llamando la atención del omega, pidiendo que las tome. No lo hace, sus orbes denotan la incredulidad de sus actos.
Era patético.
– Te escucho.
Rueda los ojos al percatarse que no tiene intenciones de aceptar el ramo.
Maldita Uraraka.
– Yo…quería empezar por…por la cafetería – Exhala fuerte. Intenta hallar la manera de hacer de aquel momento lo menos vergonzoso o morirá envenenado por sus propias palabras. – No fue mi intensión. Es solo que…– hace una pausa, con la paciencia haciendo ebullición por la ira de estar siendo ignorado. Deku no le prestaba atención, solo estaba ahí abriendo la puerta, dejando sus cosas tras de ella, quitándose el collar de omega y…
Maldito hijo de perra.
– Es solo que... – Izuku repite lo último, al notarlo distraído.
Katsuki frunce el ceño, sus puños se aprietan. Había ido con toda la puta intención de disculparse. No habría hecho tanta mierda de pedirle ayuda a cara redonda, mucho darse el trabajo de comprar un ramo de rosas, ni pedirle al tipo de la florería que le aconsejara cual elegir.
¡Había ensayado en la puerta su discurso!
Tanto para que aquel pedazo de escoria mostrara con total descaro un chupetón debajo de su collarín
– ¡ES SOLO QUE TÚ TE LOS BUSCASTE! – Explota – ¡Te ofrecí ese estúpido trabajo con All Might para que dejaras ese bar de mierda! ¡Y ahí vas tú de puta, abriéndole las piernas a todos! Si tanto necesitas el dinero, podrías aceptar el mío y… – la frase queda incompleta.
La bofetada en su mejilla le calla.
Ese pequeño…
– Ya sabía que no podía esperar unas disculpas tuyas ¡Sigues siendo el mismo idiota de siempre!
– ¡Al menos este idiota está intentando llevar la fiesta en paz y hacerme cargo del error, mient…!
Otra bofetada.
– No vuelvas a insinuar a mi hija como un error. – Izuku aprovecha que ha dejado a Katsuki confundido e ingresa a su departamento presuroso.
Ya sabía él que nada bueno venia de Katsuki. Menos si eran unas disculpas.
¿Qué sabia él de eso?
Disculpas en su boca, solo eran palabras vacías. Bakugou Katsuki, nunca bajaría de su pedestal de semidios, para disculparse con un simple omega.
Sirve un poco de agua.
Bebe molesto.
Furioso.
– ¡ARG! – Gruñe apretando el vaso en su mano – Debí pegarle más duro.
Da un fuerte resoplido.
¿De qué se quejaba? Años atrás no hubiera sido capaz ni de mirarlo a los ojos, y ahora le había estampado la mano en el rostro. Sonríe suave de recordar la cara de shock que había puesto Katsuki. Puede que la cachetada no le hubiera dolido lo suficiente, pero sí que le había lastimado el ego.
De eso no tenía dudas.
El gran Ground Zero, el héroe prodigio de su generación, del que se decía podría llegar a ser el sucesor de All Might; siendo sometido por la pequeña mano de un omega quirkless. Izuku ha odiado toda su vida que usaran esa palabra para referirse a él y, sin embargo, en ese instante se sentía tan bien con ese calificativo.
La sonrisa no hace más que crecer, junto a una risilla boba.
No ha sido la venganza que esperaba, ni mucho menos pensaba que eso fuera castigo suficiente para saldar las deudas que le tenía; pero al menos podía disfrutar de ese momento de poder.
Suspira más relajado, manteniendo la sonrisa. Aún tenía que recoger a Mizuki de casa de Hitoshi, al lado. Observa el reloj, han pasado cerca de diez minutos, tiempo suficiente para que Katsuki se hubiera marchado. No tenía motivos para seguir afuera ahora que había quedado al descubierto la falsedad de sus disculpas.
Abre la puerta con cautela, observando por una pequeña abertura.
Katsuki no estaba.
Bien.
Eso le calma y termina abriéndola por completo, topándose con el ramo de rosas al pie de la puerta. Alza una ceja. Mira hacia ambos lados del pasillo.
No hay nadie.
Baja la mirada. Recoger las flores podría ser peligroso, podría tratarse de una trampa y explotarle en la cara.
Si he tenido el valor de pegarle a Katsuki, puedo coger esas rosas, piensa al ver lo bonitas que son.
Alza las rosas entre sus manos y una pieza de papel cae de entre ellas. En una servilleta que deja ver que han escrito en ella. Mira nuevamente hacia ambos lados, cerciorándose de estar efectivamente solo. Vuelve los ojos a la servilleta.
Finalmente la recoge.
"Tienes razón, soy un idiota. Tenía todas las intenciones de disculparme y lo eché a perder una vez más.
No me refería a que Mizuki fuera un error, sino que todo esto lo era. El cómo es que terminamos así.
Lo siento.
No volveré a acercarme.
Psdt: No dejes que Mizuki vea esa marca en tu cuello. "
Izuku parpadea un par de veces, antes de volver a leer la nota.
"Tienes razón" "Disculparme"
Vuelve a leer.
"Lo eché a perder" "Lo siento".
Vuelve a leer.
"No volveré a acercarme."
Parpadea una vez. Dos veces. Cientos de veces.
Mira hacia ambos lados del pasillo. Esa nota debió de haber sido escrita por alguien más. No hay manera en el universo, que Katsuki estuviera disculpándose sinceramente.
La lee una vez más.
"No dejes que Mizuki vea esa marca en tu cuello. "
Toca su cuello, creyendo saber a qué se refiere. Resopla al sentir la piel inflamada y granulosa. Ahora entiende. Mizuki ha sido la primera en notarla esa mañana; su cuello había generado una leve alergia a la bufanda que se puso la noche anterior para dormir, resultando en pequeña zona como la más afectada.
Resopla burlándose.
Arruga la servilleta, dejándola caer entre sus zapatos. No piensa a hacer lo mismo con las rosas. Incluso si era Katsuki quien las había traído, no era motivo suficiente para tirarlas. Eran bonitas y en una cantidad bastante generosa que le debió costar un dineral.
Inhala el aroma a rosas frescas sintiendo una austera escénica del neroli y cenizas.
Es tenue.
Su hunde en ellas, inhalando a profundidad…
Y se aleja rápido.
Asustado.
Dándose cuenta de lo que acaba de hacer.
…
Nota de la autora:
Cuando lei el resumen base que tenia para empezar a escribir este capítulo, llegué a la parte de las disculpas de Katsuki (que ya habia olvidado) y no pude evitar imaginarlo como el meme del chico que aparece con las flores. Jajajaj. Seguro a alguien más le paso.
Katsuki empieza a padecer las consecuncias de sus actos, al menos las físicas. La cosa se pondrá más grave y esto traerá cola, se viene una noticia importante… ¿Adivinan de qué se trata?... He dejado pequeñas pistas camufladas en los capítulos anteriores.
Nos vemos.
Respuesta usuarios sin log:
Rui Chenkov: "lo quiero, lo ordeno, lo tengo", es Katsuki hecho frase. Se lo sorprendente que es ver a All Might siendo omega, pero creo que de haber sido alfa o beta, no hubiera generado tanta empatía en Izuku. Asi como que su nombre con la fuerza que hace. Es como un plus que le da, que teniendo todo en contra, fuera el héroe que es. Kirishima y Shinso, cada uno a su manera, cumplen con el papel de mejor amigo. Gracias por la aclaración sobre de quien era el review xD.
Eve kurosaki: Este review me gusto, porque toca el tema de una manera más objetiva (basándose de plano en lo que es un omegaverse). Y es que todo se traduce en eso, instinto. Katsuki no busca ser agresivo adrede, es su alfa interior que grita más fuerte que él. Asi como la violacion. Si vives en una sociedad que normaliza esos hechos, es lógico que el actuara de esa manera. Eso no quita que este mal, ni que él no haya podido disernir sobre lo bueno y lo malo. Sin emabargo, le doy el beneficio del instinto en esta etapa. Por otro lado, su comportamiento actual no es justificable ¿Por qué? Porque es un Heroe, alguien que tiene como misión proteger al resto, sobre todo al más débil (y que más debilque un omega sin quirk). Esto dista mucho de lo que él viene haciendo. Este tema se tocara más adelante a profundidad, pero gracias por comentarlo. De hecho, creo que eres la unica que lo ha visto asi hasta ahora.
IRON ALICE: Primero que nada, ¡Bienvenida! Que bueno que el drama no este resultando tedioso, porque al final, de eso va todo esto soy sincera, nunca me puse a pensar en lo delicado que era el tema, hasta que me sumergi de lleno en escribir los capítulos. Porque asi como idea general, no sentí la pegada. Espero verte por aquí más seguido.
WhiteRabbit: All Might siempre llega para salvar el dia. Katsuki empeora a pasos de gigante cuando de Iuzku se trata… "Todo lo que crei era mentira" jajajajaj igual me sentí yo cuando lei los comentarios y me hicieron pensar sobre el futuro de esta historia. Ya veremos como va eso más adelante. Todoroki es el dueño de la agencia de Katsuki (creo que no lo habia mencionado) y es ahí hasta donde llegara (no soy fan del TodoDeku) ¿Más personajes UA? Aun no solo se, por el momento solo estan contados los que han aparecido en este capitulo. Igual no se y más adelante agrego otros.
Nota de edición:
Este capítulo siempre me gusto, porque, de cierta forma, Izuku muestra que ya no le teme a Katsuki (fuera del instinto, feromonas, etc).
