Consecuencias


Capitulo 6


Izuku, con la espalda recostada en la barra, observa el panorama de mesas frente a él. Desde esa posición, logra ver a todos los comensales del local. Ve las ventanas y la gente que camina por fuera también.

Respira.

Satisfecho.

Ha transcurrido una semana desde que Katsuki dejó la nota en su casa y ha cumplido su palabra. No le ha vuelto a ver ahí ni en sus inmediaciones. Las flores que le dio, también se han marchitado y ha sido recién ese día – más temprano por la mañana – que las tiró a la basura, llevándose consigo los últimos remanentes del neroli en el aire. El rastro de su aroma ha desaparecido finalmente de todos los lugares a los que frecuenta.

Katsuki ya no está.

Y aunque quiere creer que eso lo embarga de paz y tranquilidad, lo cierto es que no. Un recuerdo añejo ha llegado a su mente, de cuando a los catorce años, habló por primera vez con el padre de Hitoshi, su médico. Una conversación trivial que terminó por helarle la sangre y que ha retornado a su memoria al sentir una extraña opresión en el pecho ese día. Inquieto, incomodo, ansioso. Sin embargo, prefiere obviar aquella conversación y reparar en los detalles superfluos que trae consigo la desaparición de Katsuki.

Izuku teme que tanta calma sea solo el anticipo de la tormenta y Katsuki este tramando algo a sus espaldas.

¿Llevarse a su hija? ¿Atacarlo cuando se sienta seguro?

No lo sabe.

– ¿Esperas a alguien?

– ¿Eh? – sus orbes pasan del gran ventanal a Kouta, quien deja la bandeja en la barra – N-no – ríe nervioso.

Su vista pasa a las mesas que le corresponde atender, fingiendo estar atento a su llamado.

Él no está esperando a nadie. Absolutamente nadie. Solo se ha distraído viendo a las personas caminar por fuera y el maravilloso día soleado que hace a pesar de que la temporada fría esta próxima.

– ¿Ground Zero es tu alfa?

– ¡¿Qué?! ¡No, claro que no!

– Pero lo fue.

– ¡No! – niega enérgicamente por tercera vez.

Kouta le mira intrigado. Entreabre los labios y los cierra, no sabiendo que decir. De hecho, no lo sabe. Izuku no lo ha mencionado, pero es fácil atar cabos y saber que Mizuki es hija del héroe. Él ha estado presente cuando Ground Zero llegó a pedirle el empleo a su jefe, estuvo a nada de rogarle que abriera una plaza solo para el omega. Además, que se la ha pasado metido en la cafetería desde que Izuku llegó y Kouta, que ya lleva un mes ahí, no le había visto ser cliente antiguo.

Por lo que ha deducido que su compañero no solo tiene una hija con el héroe, sino que este último aún está enamorado de él. Así como también, que tiene un grave problema de ira. En toda su vida, nunca había olido unas feromonas tan fuertes y que denotaran tamaña soberbia posesividad sobre una persona.

– No entiendo.

Izuku baja la vista a sus pies, sin saber cómo explicar su situación.

La sorpresa de Kouta es la de un alfa que conoce poco del mundo de los instintos y feromonas. Ha conversado lo suficiente con él como para saber que ha usado supresores desde que entró a la adolescencia. Por lo que ni siquiera ha sentido su propio celo o lo potente que pueden llegar a ser sus feromonas.

Sonríe.

Siente simpatía por él. Piensa que todos los alfas deberían ser criado de esa manera, así se evitarían muchas desgracias para sus hermanos omegas.

– Es complicado. – termina por responder.

– No deberías dejar que te trate así, no está bien.

Vuelve a sonreír, ante la inocencia del consejo.

– No es como que yo le diera permiso.

– Pero tampoco lo has denunciado.

Izuku tuerce los labios.

En gran parte, el cómo lo trata ahora, es culpa suya. No por sus acciones, ciertamente, él tiene libertad de llevar su vida como le plazca. Pero al no denunciarle antes, le ha dado carta libre a que le maltrate impunemente.

– ¿Es por Mizuki?

Mas no quiere tocar ese tema con él.

Kouta no lo entendería.

– Mira, te llaman de la dos.

El alfa se gira a ver, la pareja de esa mesa le hace un gesto con la mano. Deja a Izuku para ir a atenderlos.

El omega respira aliviado.

En paz, sin tantas preguntas.

– Izuku – Su paz no podía durar mucho. Mira al alfa, temeroso de que le salga con otra pregunta. – ¿No es hora de que recojas a Mizuki?

Observa la hora en el televisor. Rápido se quita el delantal y con unas señas breves le dice a Yagi-sa que ira por su hija.

Camina presuroso por la calle, el viento tira sus cabellos hacia atrás. Es una desgracia no contar con Hitoshi todos los días y que le ayude con ella. Cada que debe ir a recogerla, se le carga una hora más de trabajo. No es que Yagi-san se lo haya impuesto así, pero no podría salir puntual a su hora, sabiendo que ha perdido minutos yendo a recoger a su hija y haciendo la tarea con ella en la cafetería.

El héroe, como jefe, es bastante benevolente y no quiere abusar de eso. Menos cuando los otros tres betas le miran con fastidio al ver las facilidades que solo a él se le conceden.

Cuando arriba a la escuela, solo queda Mizuki. Se ha retrasado quince minutos y los padres suelen ser muy puntuales. Se disculpa con las maestras por la tardanza y sale caminando con su hija de la mano.

Mizuki habla el camino entero. La escuela, sus tareas, los compañeros. Cómo todos admiran su quirk y el gran parecido que tiene a Ground Zero, pero que ella minimiza porque de unos días a ahora, dice que su héroe preferido es Shoto. Izuku ríe, porque sabe que el gusto por el alfa no se le va a ir de un día a otro y que, si dice no quererle, es porque le hizo llorar a él. No puede estar más orgulloso de Mizuki. Él haría lo mismo si alguien hubiera dañado a su madre.

Llegan a la cafetería y ella toma asiento a la mesa más próxima a la caja, que es el lugar de Yagi-san.

Y el día continua sin novedades.

Los clientes aumentan pasadas las tres de la tarde, Kouta debe irse a sus clases y junto al otro mesero, deben de cargarse más clientela. Adicionalmente, a él se le carga el tener a una hija de seis años, gritando "papá, papá, papá" a diestra y siniestra cada que quería su atención. Poco sirve ignorarla, porque la niña se pone de pie y le persigue jalando de su delantal.

Mizuki es un resorte con piernas, incapaz de quedarse quieta. Difícil de callar y, muchas veces, de controlar.

Tan parecida a alguien.

Izuku se toma un respiro tras dejar la última bebida de su jornada y no haber oído "papá" en un buen tiempo. Lo que solo avecina lo peor: Su hija se ha dormido.

No es que no le guste que duerma. De hecho, es fenomenal tener esos momentos de sosiego, pero con más de ocho horas yendo y viniendo, escasos minutos para sentarse, cansado y agotado; aun debía de caminar a casa, con la mochila de su hija en la espalda y a ella entre sus brazos.

Suspira.

Admira a la pequeña, que duerme plácidamente en el sofá de una de las mesas. Piensa que All Might debería ser premiado como el jefe del año, por permitirle ir a trabajar con su pequeño demonio. Su madre debió haber estado agradecida de tener un hijo tan tranquilo como él.

La carga en brazos, va con ella a la sala de descanso del personal. Ahí la deja sobre el sofá, en tanto él se cambia el uniforme. Cierra el locker, con su uniforme ya guardado y su ropa de calle puesta.

Observa a Mizuki.

La pequeña debió haber despertado su quirk hace dos años, a los cuatro. Izuku tenía mucho miedo de que nunca lo hiciera al igual que él. Había evitado tocar el tema con la pequeña, diciéndole constantemente que a veces tardaba en manifestarse. Debía tener boca de profeta o algo similar, para que se hiciera realidad.

Su hija no solo tenía un quirk ahora, sino que además se trataba de uno poderoso.

Algo bueno tenía que heredar del idiota de su padre.

Acomoda en su espalda la mochila rosa de su hija, luego la carga en brazos, con la barbilla apoyada en su hombro. Nunca ha tenido un cuerpo robusto o musculoso, es bastante delgado y no sabe de dónde saca fuerzas para emprender esa caminata hasta su casa.

A penas y abre la puerta de salida, cuando ve a Red Riot frente a él, apoyado en la pared del callejón al que da la salida.

De inmediato, su reacción es observar los alrededores, en busca de Katsuki.

– Vengo solo – separa la espalda de la pared. Camina hacia él, extiende los brazos frente a su hija, insinuando el querer cargarla– Te ayudo.

– Estoy bien. – tira el cuerpo hacia atrás, rechazando la oferta.

No importa que tan difícil sea caminar con toda esa carga encima, siempre ha lidiado todo eso y más, estando solo. Si fuera aceptar la ayuda de un alfa, no sería de uno como Katsuki o que perteneciera a su entorno.

Cierra la puerta tras él y antes de que dé un paso, el alfa se interpone en el camino.

– Soy Kirishima Eijiro – se presenta con una reverencia leve.

– ¿A qué has venido? – inquiere sin rodeos.

Kirishima se endereza, un poco sorprendido. Es cierto que no conoce al tal Deku, pero en apariencia, se veía como el retrato típico de un omega. Un joven bonito, amigable, de aroma dulce y apacible. Todo lo contrario que ve frente a él ahora.

– Es sobre Bakugou – empieza sin darle muchas vueltas. No sabe cómo reaccionará. Menos como lo hará Katsuki cuando descubra que ha estado ahí hablando con él – Él no está muy bien. No soy un experto en esto, pero…creo que los extraña.

– Lo que pase con él no es asunto mío. – dice contundente.

No le interesa saber cómo le está yendo a Katsuki. Si está bien o mal, es asunto suyo, no de él.

– Se lo que hizo y porque no le quieres cerca – hace un intento más, queriendo acogerse al lado bondadoso y romántico del omega. Kirishima, a pesar de ser alfa, cree conocer a los de ese género. Los ve como seres dulces y nobles, que sin importar qué, siempre terminan al lado de su alfa si este sufre. Con eso no quiere decir que este bien, sin embargo, Bakugou está arrepentido de verdad, de lo contrario no hubiera aceptado disculparse. – Pero en serio la está pasando mal lejos de ustedes. De su hija, sobre todo. Creo que al menos, debería poder verla y…

– ¿Debería? – interrumpe, bufando con sorna – Debería alejarse de ella, debería dejarme en paz, debería estar en la cárcel por lo que hizo – Kirishima se tensa al oír lo último y traga duro. – Con él no se cumple ningún "debería", así que yo no tengo porqué dejarle acercarse a mi hija. – ve al héroe sorprendido por sus palabras y, aun así, dispuesto a refutarle. Izuku simplemente no puede creerlo y continúa arremetiendo antes de oír otra estupidez más. – Si en verdad eres un héroe, en lugar de abogar por él solo porque es tu "amigo", deberías estar de mi lado. Te recuerdo que la víctima acá, soy yo. Quien ha tenido que vivir con las consecuencias de lo que él hizo. ¿Qué son unos pocos días sintiéndose mal para él, comparado con toda una vida para mí?

Silencio.

Eijiro traga duro. El chico tiene un punto irrefutable y es que, un héroe debe estar del lado de la justicia siempre, y lo justo ahí, es defender al indefenso. Bakugou, está lejos de tomar ese rol en la historia.

El omega le sostiene la mirada, bravo. Una persona delgada, de complexión pequeña y con una niña en brazos que le gruñe intimidante. A Eijiro no le produce miedo, pero, aun con los supresores en su organismo, siente la angustia en el ambiente.

Se hace a un lado, cediéndole el paso.

Izuku pasa de largo, colérico. Muy ofuscado. Con las feromonas queriendo esparcirse en el ambiente y ahuyentar a cuanta persona se cruce.

¿Cómo podía pedirle eso?

¿Cómo podía creer si quiera que tenía derecho en hacerlo?

Era tan surreal lo que acaba de acontecer. Entendía que Katsuki fuera un idiota, lo había sido así desde chico, pero que dos alfas iguales se juntaran en el mundo de los héroes, era demasiado. Se ve tentado a decir que todos los alfas son iguales, sin embargo, la imagen de Kota le viene a la mente. Existen excepciones.

– Él no está muy bien. No soy un experto en esto, pero…creo que los extraña.

Exhala fuerte, todavía molesto. Mas ya no tanto con el alfa, sino con él. Porque una pequeña y estúpida parte suya, aun es misericordiosa y teme que esa separación cause estragos en la vida de Katsuki. "Vida" no en el amplio aspecto de todos los años que le faltan por vivir, sino como tal.

Vida y muerte.

Katsuki es un héroe, su vida corre peligros constantes y ese "Él no está muy bien", pues...

– ¡Arg! – reniega.

Aunque quiera hacerse el duro, no es una mala persona. Si tuviera en sus manos la vida o la muerte de su peor enemigo, por más mal que le hubiera hecho, le ayudaría.

Aquello es algo que siempre ha aborrecido de su personalidad, porque no es justo que él pudiera ver la vida de esa manera bondadosa y el resto de personas no. Que ellas solo buscaran aprovecharse de su inocencia e ingenuidad.

Su pecho duele otra vez. La pesadez que ha sentido el día entero se acentúa y aunque sabe a qué se debe, prefiere no pensarlo nuevamente.

Con la mente en caos, llega a su casa. Suspira ensombrecido. Las emociones inquietantes están ahí, pululando alrededor suyo y no quiere pasar solo esa noche.

Toca a la puerta de Hitoshi.

– ¿Puedo dormir aquí?

Hitoshi se hace a un lado, permitiéndole ingresar.

– ¿Ya cenaste?

– Todavía. – responde, acomoda a Mizuki en la cama.

Hitoshi le trae un plato extra, en el que comparten su cena. Ven un programa variado de televisión. Izuku toma asiento al lado suyo, come unos segundos en silencio y pronto, tiene la angustia nuevamente en la garganta. Empieza a hablar, obliga a su mente a pensar dispersarse en distintos acontecimientos. Comenta su día en la cafetería, el dibujo que hizo Mizuki en la escuela y lo pesado que fue tenerla corriendo tras de él en la cafetería. Recuerda la conversación pasada que ha tenido con All Might sobre su quirk y empieza con ello. Omite detalles, pues no le ha contado lo sucedido con Katsuki. Sin embargo, la mentira empieza a agrietarse cuando comenta más detalles de su semana y en ningún momento nombra al alfa.

– Entonces él no ha estado yendo, por eso ya no me pediste que fuera por ti.

Izuku asiente, un poco incómodo.

– Vino a disculparse – comenta distraído, dando el ultimo bocado a su comida – prometió no acercarse más.

– ¿Y estas bien con eso? – limpia los restos de arroz en la mejilla del omega.

Izuku tuerce los labios y encoge los hombros, antes de tomar los platos y llevarlos a lavar.

Hitoshi no pregunta más. Está preocupado por él, pero si no quiere hablar de eso, no va forzarle a hacerlo. Con los años, ha comprendido que Izuku es del tipo de persona que cuenta las cosas por sí solo, si lo fuerzas, se aísla, finge diciendo que todo está bien.

Y no, nada está bien.

Por más que alfas y omegas sean seres humanos ante todo y poseen diferentes personalidades y caracteres, hay ciertos rasgos que comparten en común. Cuando un alfa se siente ansioso, inquieto, bajo algún tipo de pensamiento intrusivo, se aíslan furibundos. Los omegas por su lado, buscan compañía y cariño. Por eso los refugios, aunque muchos protesten por el hacinamiento que en hay ellos, a los omegas no les molesta.

Verse solos, vulnerados, maltratados, muchas veces abusados, solo hace que sus instintos les insten a buscar compañía. Ellos la reciben gustosos de sus propios congéneres.

Izuku la busca en él.

– ¿Papá? – Mizuki despierta desorientada. Frota sus ojos inspeccionando el lugar – ¡Toshi!

Se pone de pie en un brinco y salta hacia el beta.

Hitoshi la recibe sin mostrar oposición. Izuku ve a su hija besarle la mejilla y frotase contra el beta, tal cual él lo hace con su hija. No puede evitar sonreír abochornado, Mizuki hace de manera inocente lo que, para otra persona, podría verse como algo extraño e incómodo. Marca al beta como si fuera parte de su familia y está seguro que Toshi, preparándose para una especialidad en omegas, lo entiende.

Mas no se incomoda, sino que se lo permite siempre.

Izuku ya ha hablado con su hija respecto a eso, diciéndole que no está bien. Hitoshi tiene su misma edad, una carrera en medicina en la que está avanzando y una vida muy aparte de ellos. Es lógico pensar que no tiene en mente tener hijos aun, menos, hacerse cargo de uno siendo tan joven.

Evidentemente, a Mizuki no le importa eso e incluso, le llama a que se una al mar de abrazos que le está dando al beta. Lo curioso es que Hitoshi le sigue el juego y también le llama.

Izuku rueda los ojos antes de cubrir su rosto con ambas manos. La sonrisa se le amplia entre avergonzado y divertido. Les observa por entre sus dedos.

– ¡Papá, ven!

– Sí, ven.

Finalmente, termina por ceder a esos dos.

...