Consecuencias


Capitulo 8


Katsuki recuerda claramente cuando a los cuatro años le leyeron en el preescolar la primera historia que había oído sobre predestinados. Trataba sobre una omega, que era obligada a casarse con un alfa mayor para salvar a su familia del destierro, pero ella terminaba irremediablemente enamorada de un beta campesino, que al final resultaba ser su alfa predestinado, amo y señor de todas las tierras del cuento. Historia por demás cliché, pero que a los cuatro años había emocionado a muchos del salón abejitas, dejándoles fantasear con ser aquel alfa u omega.

A los cuatro años, el concepto de alfa y omega apenas comenzaba a formarse en sus cabecitas. Todo lo que conocían era lo oían de los adultos y más allá de solo cuentos románticos, estaban las duras palabras que usaban para referirse. Omegas y betas siempre eran los menospreciados, mientras los alfas endiosados.

Con solo cuatro años, los exámenes de subgénero estaban prohibidos, pudiendo terminar en la cárcel el medico que diagnosticaba, así como el padre por solicitarlo. Años atrás, cuando aquella prohibición no existía, se habían dado casos de abandonos masivos de bebes. Ninguna familia quería hijos omegas, incluso unos pocos betas corrieron con esa suerte a causa de una prueba que ha tan corta edad, carecía de fiabilidad. Uno podría dar positivo como omega y luego, con el pasar de los años, aquel gen alfa irse apagando hasta quedar en solo un beta. Que incluso, en menor medida, podía convertir a un omega en alfa.

Aunque la prohibición medica estaba dada, nada excluía a los padres de usar su olfato. Los niños, sin importar la edad o género, soltaban leves feromonas que, bajo el olfato experto de alguno de los padres, podían ir deduciendo en que se convertirían más adelante. Su madre, por ejemplo, supo desde siempre que él sería un alfa y llegado los catorce, solo se confirmó.

Katsuki no repudia ser un alfa, pero sí que en su infancia fue muy duro criarse como uno. Había llevado a cuestas la obligación de ser comportarse a cabalidad como uno. Un alfa no lloraba, no importaba la situación; llorar era muestra de debilidad y un alfa era fuerte, ellos trasformaban el llanto en guerra. Un alfa no tenía miedo, eran ellos quienes influían miedo. Un alfa actuaba con prudencia y rectitud, para nunca errar y disculparse.

Porque los alfas eran exitosos, perfectos y estaban en la cima.

– Estas destinado al éxito, Katsuki.

Él lo sentía así.

Su ego, su carácter, toda su personalidad había sido moldeada desde pequeño para ser un alfa poderoso.

Y un alfa no creía en estupideces de predestinados.

Mitsuki, su madre, no era predestinada con Masaru, su padre; por lo que Katsuki nunca vio ese amor incondicional del que hablaban los cuentos que le narraban en la escuela. Tampoco tenía permitido emocionarse con ellos, pues su madre era muy dura con su educación y le repetía que ese tipo de historias eran para omegas. Un alfa era racional, pies en la tierra, no guiaba su elección de omega por sentimentalismos, sino por quien era el más idóneo.

Como ella lo había hecho.

Su padre había sido criado en un hogar bastante conservador. Un omega dócil y gentil. Bastante sumiso al que nunca le vio alzar la voz, incluso cuando discutía con su madre y él llevaba la razón. Masaru siempre le había tratado con cariño, buscando protegerle si le sentía temeroso. Mitsuki era lo contrario. Ella había sido educada bajo los estándares de lo que un alfa debía ser y, por ende, educó a Katsuki bajo el mismo molde. Desde muy pequeño fue implacable con él, le enseñó lo superior que podría llegar a ser un alfa y lo necesario para lograrlo. Rompió el lazo afectuoso con su padre, pues no correspondía siendo Katsuki ya un niño grande.

Pero lo que más se grabó en su mente, era que un alfa fuerte, podía tener el mundo en sus manos y lo confirmaba cuando los niños de su escuela le reconocían como su líder en todos los juegos. Cuando Deku repetía una y otra vez que era genial.

Él estaba por encima de todos y podía tomar ventaja de otros cuanto quisiera. Sobre todo, de Deku, pues el pequeño niño pecoso provenía de un lugar más bajo de la sociedad. Refugios que solo albergaban escoria, personas que no tenían utilidad alguna. Omegas usados y desechados.

Por ello, la tarde del incidente con Deku, no le dio muchas vueltas al asunto. La pequeña mierda era un omega que había crecido en un ambiente donde aquello era lo usual y que seguramente, se le hubiera concientizado sobre ello con anterioridad.

Katsuki tomó y disfruto. Incluso se regocijo en la envidia de sus amigos al contarles que ya había estado con un amigo. Sin embargo, algo que nunca esperó ni tampoco contó, fue la angustia que sintió los días posteriores. El omega del infierno había desaparecido y eso le inquietaba, volviéndolo más agresivo y con un humor del demonio. En ese instante, le restó importancia. Creyendo que era algo normal en un alfa joven que acababa de experimentar el primer celo y tenía las hormonas hechas un loquero.

Ahora entendía que esas sensaciones que le acompañaron por semanas, eran lo que se conoce como una ruptura. Su cuerpo había cortado todo lazo con su omega predestinado y en busca de calmar el dolor, había bloqueado recuerdos, que fueron desenterrados luego de la dichosa entrevista a sus compañeros de escuela.

– Con una mierda.

Rasca sus cabellos cenizos, desordenándolo. Aun le quedaba un día de descanso y era incapaz de dormir nuevamente o concentrarse en ver alguna película. Las revelaciones de Deku como su omega le habían dejado inquieto y que la pequeña mierda le abrazara de imprevisto, le había sabido a poco. Ese simple toque logró calmarle el cumulo de emociones y sensaciones dentro suyo, sin embargo, que Izuku se había apartara de golpe, le había vuelto a dejar con las feromonas alborotadas y un malestar en la boca del estómago.

Katsuki no había podido seguirle a hablar con él sobre su nuevo descubrimiento.

Porque tenía prohibido ingresar a la cafetería de All Might.

Porque le había prometido a Deku permanecer lejos.

Porque era un alfa y los alfas, no iban tras omegas, sino al revés.

Bufa fuerte, tirando la cabeza hacia atrás, sobre el respaldo del sofá en el que retoza.

– No importa a donde vayan o cuanto huyan del otro, el destino siempre terminara por juntarlos.

El destino era una perra por hacer eso.

Habían sido seis años de perfecta paz y armonía en su vida. No había tenido más inconvenientes que las conversaciones de Kirishima, su madre llamándole cada que se acordaba y uno que otro villano que le reventaba las bolas. Hasta que Deku llegó como un remolino a desestabilizar los cimientos de su vida con su mocosa.

El sonido del timbre le saca de sus cavilaciones y gruñe, incomodo del pitido agudo. Suena una vez. Dos veces.

Tescuatrocinco…

– ¡YA VOY! – Grita a quien sea que fuera – con una-maldita-mierda. – parafrasea en su camino, sintiendo el aroma de esa persona traspasar la madera antes de abrirla.

– ¡Bro! ¡No me avisaste que habías salido del hospital! – Kirishima ingresa al apartamento sin pedir permiso o esperar invitación – Si no es porque somos vecinos, no me entero nunca. – El pelirrojo se acomoda en el sofá mientras Katsuki recorre su andar con la mirada. – ¿Por qué esta todo apagado y las cortinas cerradas?

– Ya cállate – refunfuña, molesto por la invasión a su privacidad.

Kirishima le observa en medio de la oscuridad. No diferencia del todo la expresión de su rostro, pero por el tono de voz y aroma, sabe que esta de mal humor. Que bien podría ser su estado de ánimo estándar.

Hace silencio en lo que ve a Katsuki acomodarse al otro extremo del sofá y cubrir sus ojos con el antebrazo. Sonríe a oscuras. Su Katsubro está bien. O al menos, sano físicamente. Aún no sabe que tanto sea en lo emocional, sin embargo, le resta importancia por unos segundos en los que le observa quieto.

Al menos estás vivo, piensa, mas no por eso se siente relajado. Espera paciente la ola de reclamos que de seguro le lloverá encima por haber hablado de más con Recovery girl y Iida.

Espera.

Y sigue esperando.

Mas el reclamo nunca llega.

Tamborilea los dedos sobre sus muslos, inquieto de la extraña tranquilidad que se ha formado en el ambiente. Es algo asfixiante y se pregunta, si aquello no se trata del preámbulo al ataque de histeria de su amigo. Le observa de soslayo y oye su respiración acompasada, como si durmiera, pero el movimiento leve de su pie izquierdo le delata.

Eijiro traga hondo.

Aun si Katsuki ve con malos ojos lo que hizo, no puede culparlo por hacerlo y está dispuesto a defenderse excusándose todo lo que sea necesario. Porque Bakugou está vivo y lo está, gracias a su gran bocota.

Suspira.

– Lo siento. – termina por romper el silencio. Katsuki baja el brazo y le observa fijo el perfil. – No quería contárselo a nadie, pero Recovery girl insistió y no podía dejar que murieras – se excusa rápido – ¡Oh! Y Iida prometió no decir nada. Lo juró por su hermano.

– Ya olvídalo.

El pelirrojo parpadea. Le mira y no ve atisbos de molestia en su rostro. Se pellizca disimuladamente. Definitivamente debe ser un sueño.

– ¿E-en serio? …Digo… ¿No estás molesto por eso?

– No – vuelve a cubrir sus ojos –Pero me voy a molestar como no cierras el hocico.

Exhala fuerte, soltando la tensión contenida por días.

Katsuki odia que el idiota de pelos de mierda haya hablado sobre él como le venga en gana a otros. Empero, no puede ser injusto y molestarse por ello. Quiera o no, esa información había servido para estabilizarle y de no haber sido por Eijiro, él no estaría ahí en ese momento.

– Y… ¿Ya hablaste con él?

– ¿Hablar de qué?

– De que son predestinados.

Al igual que Kirishima, asume que Deku ya lo sabe. No hay otra manera en que Tenya hubiera logrado hacerle ir al hospital. Sin embargo, no i tiene intensiones inmediatas de hacerlo, porque en el fondo, teme la respuesta que pueda recibir.

Es decir, según los relatos que ha leído de pequeño, siempre es el omega quien se ilusiona con ello y sienten ese lazo del destino más fuerte. Lo cual es entendible, porque ellos son más sensibles en todos los aspectos emociónales y ciertamente, alguna vez vio a Deku de esa manera. Un omega risueño, llorón y tímido. Incluso a veces, le había recordado a su propio padre.

Pero Deku había cambiado drásticamente y ya no era aquel mocoso de ojos brillantes y olor atrapante a menta y primavera.

Izuku era un omega hostil que no hacía más que alejarle.

– Prometí no acercarme más a él.

La respuesta toma a Eijiro por sorpresa. Bakugou es rudo y muchas veces tiene el comportamiento de un hombre de las cavernas, pero siempre cumple lo que promete, aunque en este caso, no sería de sorprenderse que la rompa. Porque ser predestinados era cosa seria y de cumplir su palabra, las cosas no saldrían tan bien como quisiera.

De hecho, saldrían bastante mal, como ya lo habían hecho hace poco y esto…

¡UN MOMENTO!

– Espera ¿Hace cuánto prometiste eso? ¿Fue cuando te enviamos a disculparte?

El cenizo calla y el silencio otorga la respuesta que Kirishima necesita.

Sí Katsuki se ha mantenido alejado del omega y su venida abajo se dio a causa de ello, no habrá que esperar mucho antes de que nuevamente recaiga en ese estado y todo se torne en una espiral. O peor aún, que llegue el momento en el que el omega ya no quiera ayudarle.

Apoya los codos en sus rodillas, con las manos debajo de su nariz, pensando. Ya no es una fantasía el ser predestinados como lo era antes, así como tampoco lo es, que una pareja de estas se separe. Pero el método es complejo, ya que, si el vínculo se rompe, la pareja debe distanciarse lo suficiente como para que el instinto de ambos olvide al otro.

Tal y como sucedió con ellos la primera vez. De lo contrario, el lazo endeble se mantiene jugando con ellos, forzándoles de una y mil maneras a juntarse.

Katsuki es un héroe, correr riegos a diario es la base de ello y que su mente no se mantenga estambre, podría culminar en una fatalidad.

A no ser…

–…Tu hija… – murmura para sí mismo, como quien ha hallado la respuesta a un problema universal. De hecho, es lo que acaba de hacer, Kirishima tiene la solución. Gira y toma al cenizo de los hombros, sacudiéndolo – ¡Necesitas a tu hija!

– ¡Carajo! ¡Ya lo sé! – Le empuja – No soy estúpido como tú.

Ambos alfas se miran.

Katsuki sabe a lo que Kirishima se refiere. El hijo entre un alfa y omega, desprende feromonas solo perceptibles para sus padres y que compatibiliza a la perfección con los aromas de ellos. La naturaleza, actuando de manera sabia, ha previsto la supervivencia de ellos en caso uno falte. El hijo que hay entre ambos tiene el aroma suficiente para calmar el estrés generado en por la pérdida de la pareja.

Katsuki necesita a Mizuki a su lado si no quiere volver a vivir ese desgaste físico que ya ocasionó una vez el estrés y ansiedad en él.

– Bien. Dame su número. – Katsuki enarca una ceja. – Tengo una idea, pero necesito hacerlo yo, así que dame su número.

– ...

– Blasty.

– No lo tengo.

– ¡Mentira! ¡Le has investigado, Uraraka me lo dijo! – Katsuki refunfuña maldiciones. La estúpida cara redonda no podía mantener la boca cerrada. – Dame tu teléfono.

Le mira con el entrecejo junto, pensándolo y lo cierto es, que Kirishima tiene pareja y él no, por lo que algo bueno a de haber hecho para que Mina saliera con él.

Bufa, molesto, y termina por entregarle el móvil.

Kirishima no pierde tiempo y entra a sus contactos. Recuerda que llama al omega Deku y sabe que está en lo correcto cuando lo haya en la letra D.

[19:11 hrs] xxx-xxx-987.: "Podemos hablar?"

[19:17 hrs] Deku.: "Quién eres?"

Katsuki le mira de soslayo. Ceño fruncido.

Eijiro le sonríe, disculpando la estupidez. No es como que haya obtenido ese numero de una manera legal, por lo que el omega no tiene idea que es el cenizo quien escribe.

[19:17 hrs] xxx -xxx-987.: "Katsuki"

Izuku parpadea sorprendido.

¿Cómo tenía su número?

¿Hasta qué punto le había investigado?

[19:20 hrs] Deku.: "No tenemos nada de qué hablar"

[19:21 hrs] xxx -xxx-987.: "Es sobre Mizuki"

[19:21 hrs] xxx -xxx-987.: "Se que prometí no acercarme"

[19:22 hrs] xxx -xxx-987.: "Pero en verdad quisiera verla"

[19:22 hrs] xxx -xxx-987.: "Necesito hacerlo"

[19:22 hrs] xxx -xxx-987.: "No importa si es bajo tus condiciones."

Katsuki golpea en la nuca al otro alfa.

– ¡¿Qué mierda fue eso?!

– ¿Quieres ver a tu hija o no? – El cenizo chasquea la lengua y se gira, haciéndose el desentendido de lo que escribe, piensa que de esa manera, la vergüenza será menor – así está mejor.

[19:24 hrs] xxx -xxx-987.: "Por favor"

Izuku observa el mensaje en la pantalla, algo incrédulo de lo que lee y da por hecho de que ese no es Katsuki.

O quizás sí.

Predestinados.

Presiona el móvil en su mano.

Entiende el por qué el alfa quiere ver a su hija, pero esperaba que se tardara un poco más en relacionar las cosas o si quiera, en aceptar que eran predestinados. Total, era un alfa y ellos no se andaban creyendo cursilerías de novelas románticas. Menos Katsuki, que nunca prestaba atención a los cuentos que les leían en el preescolar.

Observa a su izquierda sigilosamente, Hitoshi se encuentra sentado a su lado en aquel banco de madera, ensimismado, vigilando a Mizuki que juega con otros niños en el parque. Izuku simula hacer lo mismo y de soslayo, relee los mensajes.

Y le vuelve a sonar a lo mismo.

Predestinados.

Hasta hace unos años atrás, ser predestinado no era más que un mito, romantizado por telenovelas y libros de amor. Para muchos, aún seguía siendo así y constantemente se abrían debates en programas televisivos sobre ello. Pero para Izuku, esa atracción era tan real como él mismo o su hija. Luego de que Shinso-san le dijera que estaba un 90% seguro de que el problema de su celo adelantado se debía a la presencia de su alfa destinado, él había avocado todo su ser en recabar información acerca del tema. Había leído informes científicos, novelas basadas en hechos reales e incluso, historias verdaderas que pululaban por internet. Todo era válido con tal de saber la verdad. De poder aclararle al doctor, y a sí mismo, que Katsuki no era su predestinado o, caso contrario, que aquello de ser predestinados era un mito sin fundamentos.

La verdad le golpeó tan fuerte que se sintió desmoronar.

El rompecabezas de su vida se armó solo mientras leía los párrafos. Las historias que ahí se contaban bajo sustento científico, eran increíbles y tan retorcidas que le estrujaba las vísceras. Omegas de diez años padeciendo su celo a causa de la cercanía del alfa predestinado. Otro de doce dando a luz a un bebé cuando su cuerpo todavía estaba en desarrollo. Entre los relatos reales, se encontraban los románticos con finales de pesudo superación. "Pesudo", porque aquello estaba lejos de ser superado. Izuku leía incrédulo como una persona abusada, podía haberse emparejado con ese alfa y llevar una vida "feliz", como si el instinto y un "mito" pusieran en su ADN amor por alguien que apenas conocían.

Alguien que les había causado sufrimiento.

Pero ahí no quedaba todo.

Lo peor estaba por manifestarse en él mismo cuando meses más tarde, mientras sentía las pataditas de Mizuki dentro de él, empezó a añorar el aroma a neroli cerca. Como un antojo tan fuerte que le despertaba de madrugada, ansioso y con el llanto en la garganta por no tenerlo cerca. Otras, soñaba con Katsuki, no como la bestia que abuso de él, sino como el alfa amoroso que su omega interior le pedía tener a su lado. Aquello no termino al dar a luz, pues un periodo más, su mente siguió jugando con sus recuerdos, maquillándolo con esas imágenes de ensueño, culpándole a él por alejarse del alfa y fue al contárselo a Hitoshi, que entonces volvió a socavar en la magnitud del daño ocasionado.

No solo Katsuki, sino la misma sociedad.

Entonces, entendió que el instinto muchas veces no correspondía a aquello que se quería, y si deseaba diferenciarse de esos omegas de los que había leído, debía hacerlo a su manera. Izuku no pretendía dejarse dominar por un instinto tan básico como un animal, él era fuerte, no en vano había querido ser un héroe. Tomó una libreta de las tantas que tenía y escribió uno a uno todos los tomentosos momentos que Katsuki le había hecho pasar.

Si su cuerpo tenía la necesidad de tener a ese alfa cerca, él haría que el desprecio en su mente fuera tan fuerte como para opacar al instinto.

El odio y desarraigo hacia su alfa, seria por convicción propia.

– ¿Del trabajo? – inquiere Hitoshi, haciendo mención tacita al mensaje en la pantalla del móvil.

Midoriya se gira rápido, le m mira e intenta inventar una excusa o asentir a su pregunta, mas no puede. Puede ocúltale sucesos a Hitoshi, pero es incapaz de mentirle. Esconde la mirada bajo sus rizos verdosos, avergonzado de lo que va a decir.

– Katsuki.

Silencio.

Oye la risa de Mizuki en los juegos, fingiendo luchar contra los otros niños que están en el parque. Siente la respiración pausada de Hitoshi a su lado y le observa tímido por entre sus risos. El beta mantiene la vista fija en su hija.

Izuku sonríe. No quisiera romper el momento, pero necesita de alguien que le aconseje qué hacer.

Inhala profundo y lo suelta.

– Quiere ver a Mizuki.

– ¿Y le vas a dejar?

– No lo sé – duda.

Aún tiene presente la última vez que le vio y se le colgó del cuello abrazándolo. Aquello no se lo ha contado a Hitoshi, no entendería su reacción y terminaría en un interrogatorio que la vergüenza no le permitiría responder. De hecho, ya lo había pasado con Yagi-san y Kouta, quienes intentaron tocar el tema la mañana siguiente e Izuku cambió la conversación, dejando en claro que ese tema no se tocaba.

Porque, al fin y al cabo, era solo instinto, no había mucho que explicar ni nada que aclarar.

– Pensé que tu plan era huir.

– ¡Lo es! – Exclama fuerte, queriendo sonar convincente para ambos – es solo que…

Es solo que… ¿Qué?, se pregunta, incrédulo de que se esté poniendo peros él mismo. Pero –una vez más- no sabe cómo proceder. Quiere a Mizuki lejos de él, pero de hacerlo, estaría condenando a Katsuki a una muerte segura con el trabajo que tiene. Por otro lado, si huye, todo se solucionaría; sin embargo, cómo explicarle eso a al cenizo.

Hitoshi le mira impávido, como escudriñando dentro suyo. Izuku a veces cree que su quirk no se limita a lavar el cerebro, sino a leerlo.

– Siempre le quisiste lejos de ella. Incluso dudaste de venir a Tokio por miedo a que se cruzaran.

El omega agacha la cerviz.

Recuerda de forma tan vivida las tres veces en las que se negó a ir con él, argumentando que quería mantener a Mizuki alejada del alfa y ahora estaba ahí, dudando sobre qué hacer.

– En lo personal, no creo que sea un mal padre – Izuku eleva la vista, el ceño levemente fruncido al ver que su amigo casi le está defendiendo. – Según tengo entendido, ha querido hacerse cargo de ella. Que sea un patán contigo, no quiere decir que lo vaya a ser con su hija y Mizuki siempre le ha admirado.

– Te admira más a ti – susurra.

– También a ti. – Hitoshi le sonríe con languidez y él se sonroja leve – Por otro lado, si tú idea es huir de él, lo mejor sería mantener los ánimos calmados hasta que te vayas, ¿no crees? – El pecoso asiente – Acuerda un horario favorable para ti y recuerda, él es un héroe y tiene más que perder si hace algo extraño.

Izuku presiona su labio inferior entre el pulgar y anular, meditando entre murmullos el consejo de su amigo. Y es que tiene sentido, Katsuki ha querido hacerse cargo de Mizuku, incluso All Might se lo había mencionado, recalcando que aquello era un derecho adquirido de su hija. Sin embargo, estaba el hecho del instinto que, si bien este llevaba a un alfa a proteger sus hijos, también los tornaba violentos. El pecoso había leído casos en que alfas habían atacado a su propia descendencia por el rechazo de sus omegas.

En el fondo, eran animales movidos por algo más fuerte que la razón e Izuku temía por su hija.

Sus murmullos se ven callados por una mano que revuelve sus cabellos. El omega observa a su lado, Hitoshi tiene la mano enredada entre sus risos, desordenándolos. Izuku deja un momento de lado aquellos pensamientos angustiantes y suelta una risilla boba, en tanto intenta alejar la mano sin éxito. Aunque tampoco le pone mucho empeño. Es un juego entre ambos y le hace feliz tener esas pequeñas muestras de afecto de su amigo.

Le hace sentir que aún tiene una familia.

Hitoshi era serio, su rostro que escasa vez mostraba algún gesto y, sin embargo, siempre había sabido como mejorarle el estado de ánimo. Incluso con Mizuki, sabe lidiar con ella mejor que él.

Cuando el beta baja la mano, Izuku le sostiene del brazo, pegándose a su lado y frota sus mejillas en él. Hitoshi bufa divertido, sintiendo como los rizos del pequeño le hacen cosquillas en la barbilla. Izuku ronronea, dejando sus feromonas impregnadas en él.

Es la forma en la que los omegas marcan su territorio.

La manera en la que ellos reclaman a alguien como suyo.

[20:57 hrs] Deku.: "Puedes pasar por ella mañana después de la escuela y entregármela en el café a la hora de mi salida."

– Dos horas después – recalca el tiempo mientras observa el mensaje. Maldice que no esté pelos de mierda que conteste por él.

Debe darle crédito de que hizo aceptar la proposición a Deku, aunque a este le haya valido un carajo su horario o que tenga que trabajar.

Quiere ver a su hija, sí, pero en su tiempo libre.

[20:59 hrs] xxx -xxx-987.: "A esa hora trabajo"

[21:00hrs] xxx -xxx-987.: "Puedo el domingo que es mi día libre"

[21:05hrs] Deku.: "Podría ser nunca"

Katsuki gruñe ante tan engreída respuesta y tiene que soltar el teléfono porque siente que va a hacerlo estallar de la rabia.

Bufa irritado.

Y vuelve a tomar el móvil. Ya pensaría como devolverle esa al estúpido Deku.

[21:10hrs] xxx -xxx-987.: "Mañana paso por ella"

Camina de un lado a otro, cual animal enjaulado, meditando en las cosas que puede decir y las que no. Abre y cierra los puños, inquieto por esas palabras. Observa la puerta a un lado de él y maldice. Tenía que estar jodidamente mal de la cabeza por haber aceptado con tanta pasividad la oferta de Deku y no solo eso, por estar ahí, fuera de la oficina de Todoinutil pensando en que palabras guardarse para no hablar de más sobre Mizuki.

Chasquea con fastidio, finalmente, y gira la perilla de la puerta sin anunciarse.

– Se toca antes de entrar.

– Ni que estuvieras haciendo algo importante. – Escupe la respuesta tras verlo en su escritorio con el móvil entre las manos.

Shoto suspira.

– Espero que lo tuyo SÍ sea importante – deja el móvil de lado. Apoya los codos en el escritorio, con la barbilla apoyada en sus manos, y le observa.

Katsuki vuelve a meditar sus palabras. Puede decir que Mizuki es una pariente lejana a la que debe de cuidar ese día o alguna idiotez que se le parezca con tal de no revelar que es su hija. Entonces, piensa un poco más allá de esa escusa. La razón del porqué no puede decirle la verdad de que tiene una hija a nadie.

Una parte de su cerebro podía intentar convencerle de que lo hecho, no tenía nada de malo. Que Izuku se lo había buscado o mil cosas más que atenuaran su actuar, pero lo cierto era, que su parte más racional ya era consciente de su gravísimo error.

– Bakugou, no tengo todo el día.

– Tsk. Tengo que salir por unos quince minutos en una hora.

– ¿Por qué?

– Debo recoger algo.

Shoto enarca una ceja.

Al menos podría brindarle mayor información si en verdad deseaba pedir permiso.

– Ve en tu día libre, es en…– observa el calendario en su ordenador, en donde trae agendado todo lo necesario sobre los héroes de su agencia. Frunce el ceño leve. – Se supone que hoy es tu descanso por tu ciclo.

Ahora es Katsuki quien frunce el ceño, confundido. Saca el móvil de su bolsillo para verificarlo. No es que sea irregular o no sepa el día exacto de su celo, es solo que nunca ha tenido interés por memorizar dos estúpidas fechas del año, cuando por lo general, su cuerpo es quien le avisa unos días antes de lo inminente. Busca en el calendario en el que lleva la fecha de su ciclo y se pasma al ver que es cierto.

Su celo no ha llegado.

Y es extraño, porque durante cuatro años, nunca se ha atrasado.

– Te doy permiso de ir donde Recovery girl a que te haga los exámenes correspondientes. De camino puedes recoger ese "algo".

Aun con algo de desconcierto, acepta la propuesta. Aunque no le viene en gracia tener que ir a un hospital. Odia esos lugares con olor a pino y desinfectante, pero sabe que es necesario. Un héroe con un ciclo irregular es un peligro para sus compañeros y las propias personas que salvaría.

Da la espalda al heterocromático, dispuesto a salir de la oficina. Toma la puerta por el pomo y cuando está medio paso afuera, le observa por sobre el hombro.

Todavía faltaba el anuncio más importante.

– Por cierto, voy a traer a una niña a la oficina.

Y cierra la puerta.

Huyendo de las preguntas que a esa frase predecirán.

Usualmente, Katsuki, se siente orgulloso de su porte de alfa. De héroe. Con sus casi dos metros de estatura, espalda ancha, brazos fornidos, no hay villano que quiera enfrentársele, sin embargo, si personas que se le acercan y la sala de espera de la escuela de su hija, se vuelve un caldo de cultivo de feromonas cuando omegas esperan a sus hijos con él presente.

Katsuki es un alfa que difícilmente se encuentra atraído por las feromonas y usualmente las ignora con excelencia, pero de un momento a otro siente que sus fosas nasales se han vuelto muy susceptibles a este olor y capta rápidamente los aromas de otros. Ahí, logra percibir cada partícula que caracteriza las feromonas y las encuentra desagradable, rozando lo nauseabundo. Imagina que así se deben sentir las personas embarazadas cuando hasta el mismo aire les da asco.

Presiona su nariz de tanto en tanto, queriendo limpiarla de la suciedad que ingresa por ella, mientras espera que el timbre de salida suene y pueda ir por la mocosa de su hija.

– Disculpe, ¿Usted es Ground zero? – pregunta una omega.

No, el hada de los dientes, se tienta a decir, viendo que trae el traje puesto y aun así le pregunta aquello. Mas no lo hace, solo asiente.

– ¿Podría tomarme una foto con usted? Mi esposo es su admirador.

Katsuki blanquea los ojos y termina por aceptar. Dos años como pro héroe, le han hecho aprender que aquello es también parte del trabajo. Aunque nunca sonríe en esas estúpidas fotos, ni trata de lucir bien, menos cuando es un omega sin tino que se le pega al brazo.

Siente que su quirk le va a hacer implotar con las feromonas asquerosas que tiene tan cerca, pero entonces suena el timbre de salida y puede apartar a la omega rápido, entrar al aula por Mizuki, tomarla bajo su brazo y salir de ahí inmediato.

La niña chilla agudo pidiendo que la baje, se retuerce queriendo zafarse, empero Katsuki ignora sus esfuerzos y se centra en percibir su aroma. Atosiga sus pulmones del aroma que expele la pequeña. Es similar al de Izuku y empieza a poner en regla todo el alboroto que es por dentro.

– Wow wow wow… Es el día de traer a tu hija al trabajo ¿O qué?

Katsuki se queda de piedra cuando oye esa frase. Observa a Mina que le mantiene la mirada, apoyada en el escritorio de Kirishima. El pelirrojo no hace ademan de girarse a verle, por lo que el cenizo deduce, que alguien abrió su bocota nuevamente.

– ¿No deberías estar patrullando con cara redonda?

– Ochako fue sola porque la cubrí el otro día.

– ¡Alien Queen! – Grita Mizuki entre su brazo, zafándose del agarre e intentando correr hacia la chica rosada.

– ¡Ah, no! – el alfa le sujeta del cuello de su uniforme, llevándola alzada hasta el sofá de descanso, a un lado de sus escritorios. – Tú te quedas acá tranquila, sin joder al resto.

Mizuki entrejunta las cejas. Molesta por la forma en la que le habla, porque su padre nunca usa esas palabras en ella. Esta por contestar algo tan impertinente como lo ha hecho el héroe, pero en eso, su estómago ruge y la calla.

– ¿Tienes hambre?

– No – hace un puchero cruzándose de brazos.

Nuevamente ruge su estómago.

Claro que tiene hambre, es hora de almuerzo y debería estar comiendo junto a All Might, Kouta y su papá. Pero no, está ahí, con un héroe que le habla feo y no entiende por qué.

El mayor camina hacia su escritorio, abre un cajón sacando algo de ahí y regresa junto a la niña. Le entrega una bolsa plástica que contiene dentro un sándwich. Es su reserva en caso el almuerzo no le llene y olvido que su hija es un ser humano que debe alimentarse y no le trajo nada.

La pequeña observa el sándwich en su regazo y se pregunta hace cuanto habrá estado guardado en ese cajón. Lo coge y deja a un lado del sofá.

– ¿No te gusta?

– No me gustas tú.

Inhala.

Exhala.

– Bien – dice con la molestia controlada y tratando de usar las palabras adecuadas – ¿Qué puedo hacer para gustarte?

– Desaparecer.

Bufa cansado.

No pretende hacer explotar a su hija en horario laboral. Menos cuando solo son unas cuantas horas antes de entregársela a Deku y que ya sea problema suyo.

– Quédate acá, todos están trabajando así que no los molestes. – Repite la advertencia, volviendo a su escritorio.

El Deku que él conocía, era una persona diligente, obediente, algo sumisa y es increíble que su hija no logre ser como él. Sino que tenga ese carácter tan imposible.

Chasque al aire.

En fin. No es como que le importe demasiado. Necesita a la mocosa para un fin en específico, que es calmar a su alfa interior y con berrinches y todo, tenerla ahí cerca, le ayuda bastante. Por lo que no se va a hacer problemas. Si no quiere comer el estúpido sándwich, que no lo coma. Total, no va a ser él quien se muera de hambre.

Coge su silla del respaldar, tira de ella, dejando espacio suficiente para sentarse y es cuando esta por tocar el fino acolchado de su asiento, que no lo siente bajo él y se va de lleno al suelo. La caída retumba en todo el piso y la risa chillona de la menor no tarda en sonar.

– ¿Te caíste? – pregunta Kirishima extendiéndole una mano.

– ¡NO IDIOTA, ASÍ ME SIENTO!

El pelirrojo quita la mano. Vuelve la mirada a la pequeña ceniza en el sofá y de inmediato, la niña mira hacia otro lado, evadiéndole.

Eijiro ha visto todo.

TODO.

Desde que Bakugou iba a sentarse, hasta el extraño movimiento que hizo la pequeña con sus manos y la silla se moviera hacia atrás.

¿No se suponía que su quirk era el de explosión?

¿Y que su padre era quirkless?

Las horas pasan y Mizuki empieza a aburrirse.

Ya comió el sándwich que Ground zero le dio. No sabía mal, pero no permitió que su rostro expresara lo contrario mientras lo hacía.

Observa al héroe de las explosiones, que se ve enteramente concentrado en los papeles de su escritorio y Mizuki cree que mientras él no la vea, está bien ir por ahí libre. Gatea entre los escritorios con sigilo. Es la primera vez que ingresa a una agencia de héroes e imaginaba que sería más genial y no tan aburrida.

Se abre paso entre los pasillos que forma el mobiliario y ve a Red riot en uno de esos escritorios. Le observa desde abajo, recuerda que su papá le ha leído una vez su ficha técnica, la que le vino junto a su álbum de héroes y se pregunta que tan fuerte puede llegar a ser su quirk de endurecimiento y si este soportaría las explosiones del suyo.

Mizuku observa su traje, el cual es muy descubierto, pero genial. Le agrada esa especie de mascarilla negra que trae en el rostro y hace contraste con su cabello rojo. La pequeña se encuentra sumida en sus cavilaciones, cuando nota que el héroe le esta mira también y ella no es tan invisible como se creía.

Eijiro le sonríe.

Ella se sonroja y sale gateando de ahí, de regreso al sofá.

Toma asiento y coge su muñeco de Shouto. Ella quería el de Ground zero, más estaba agotado cuando su papá fue a comprarlo. Aunque ahora que lo conoce, no está segura de sí seguir queriéndolo. No es de un héroe hacer llorar a las personas, y él hizo llorar a su papá.

Mizuki nunca le había visto llorar antes. Ni siquiera cuando la abuela murió y si lo hizo, no fue en su presencia. Su papá siempre se mostraba fuerte y valeroso frente a ella y a ella le gustaba aquello. Aunque ahora que había despertado su quirk, ya no tendría por qué seguir siendo así.

Ella estaba para defenderlo.

Mira sus pequeñas manos. El día que su quirk despertó, sus palmas salieron lastimadas y su papá tuvo que aplicarle una pomada para quemaduras. Ahora, con un poco más de uso, ya habían empezado a formar callosidades.

Sonríe.

Recuerda que una vez su padre le comentó que el quirk de su abuelo era el de respirar fuego. El de la abuela ella misma lo había visto, atraía pequeños objetos a sí misma. Mizuki asume que ha sacado un poco de ambos, salvo algunas modificaciones. Porque ella relaciona sus explosiones con la particularidad de su abuelo y el poder mover objetos, con el de su abuela. Aunque este último, lo ha descubierto recién hace poco.

Mover la silla de Ground Zero, ha sido uno de los tantos sido un experimento que viene haciendo para probar la magnitud de su nuevo quirk.

– ¡Oh!

Mizuki gira hacia la derecha, luego de oír el largo aquella exclamación de sorpresa. Sonríe emocionada al ver a la heroína que muchas sueñan con ser, frente a ella.

– Uraravity – musita.

Ochako ve como la pequeña se pone de pie frente a ella con una sonrisa que le contagia. Observa con detenimiento la carita de la pequeña, los ojos carmesíes, el cabello cenizo.

Es minibakugou, piensa.

Recuerda dos cosas importantes entonces. La primera, que cuando salió a hacer su ronda, esa niña no estaba ahí, ni tampoco Bakugou. La segunda, es el informe errado que Bakugou le entregó hacia un tiempo atrás. La ficha de un civil, un omega sin quirk que tenía una hija y su cerebro empieza a procesar datos a una velocidad inimaginable.

La conclusión le llega como una epifanía: Esa niña, la hija del omega, no es solo hija del omega.

Es hija de Bakugou también.

– ¿Co-cómo te llamas?

– Mizuki Midoriya.

No hay más dudas. Ese es el nombre que leyó en el informe. Lo que sí le sorprende es que su apellido no sea Bakugou, sino que aun use el del omega. Pues es sabido que el orden de los apellidos hace ir primero al del alfa y luego, al del beta u omega.

– ¿Me enseñas tu quirk? – pregunta la ceniza con una vocecilla que le hace gracia y despierta cierto instinto maternal en la heroína.

No hay forma que le diga que no.

Ochako adora a los niños y la que tiene en frente es toda una lindura. No se cree que la hija de Bakugou pueda ser tan adorable.

Coge la figura de Shoto que ve en el sofá y le hace flotar en el aire. Mizuki cubre su boca ahogando un gritito y Uraraka vuelve a pensar en lo adorable que es esa niñita. Observa con ternura como los ojos rubíes brillan mirando al muñeco flotar. Entonces, coge a la pequeña de ambas manos y la hace flotar una altura mínima.

Mizuki ríe, procurando no hacer un alboroto con su risa, ya que Ground zero le dijo que se estuviera tranquila sin molestar a nadie.

Ochako la libera del quirk, a ella y a su figura de Shouto. Continúa mirándola embelesada, preguntándose si el día que tenga un hijo será tan idéntico a ella o a su alfa.

– ¿Quieres que te enseñe el mío? – pregunta emocionada la menor.

La omega asiente.

Entonces Mizuki retrocede unos pasos y enseña sus palmas. Hace unas pequeñas chispas, que es lo máximo que puede controlar sin hacerse daño.

– ¡Oh por dios! – exclama al tope de sus emociones. Incrédula de que todo lo que ha pensado sea correcto – Eres la copia exacta de tu padre ¡Incluso el quirk de él!

Mizuki entrecierra los ojos, no entendiendo lo que dice la mayor.

– Mi papá no tiene quirk.

– Oh, claro. No me refería al quirklees – no medita sus palabras.

– No le digas así. No me gusta.

Mizuki pierde la sonrisa. Tornándose seria.

Uraraka no siente que haya dicho nada malo, ya que ese es el término técnico con el que se denomina a las personas sin quirk.

– L-lo siento – aun así, se disculpa con la pequeña. Para luego aclarar el punto: – Es solo que yo me refería a tu otro padre, Bakugou.

El rostro adusto de la ceniza empeora, al reconocer a Ground zero como el "Bakugou" al que se refiere Uraravity.

– Él no es mi papa.

Ochako inclina leve el rostro.

Confundida.

¿Se perdió en alguna parte?

– Yo pensé…como se parecen tanto y tu papá sale con Bakugou.

Es entonces cuando el rostro de Mizuki toma el típico ceño fruncido de Katsuki y Uraraka no tiene más dudas.

Es su hija.

– ¡MI PAPÁ NO SALE CON ÉL! – grita señalando a Katsuki, acaparando la vista de todos y sale corriendo de ahí.

La castaña se queda impactada ante el cambio de humor repentino de la pequeña.

Ella ha sentido en un par de ocasiones un aroma dulzón de omega provenir de Katsuki y ha asumido que se trataba del chico al que investigo. Aun si no fuera cierto y Bakugou no tuviera una relación con dicho omega ¿Qué niño no quisiera creer que su padre era un héroe?

No entendía el porqué de la ofensa.

– ¡¿QUÉ MIERDA HICISTE, CARA REDONDA?! – grita Katsuki poniéndose de pie.

– N-no…no lo sé.

– ¿Cómo que no sabes? – cuestiona también Eijiro.

– ¡No lo sé! – grita, con los ojos brillantes de lágrimas.

Katsuki revuelve sus cabellos cenizos, molesto de la mierda que debe de limpiar ahora.

Sale de la agencia, encontrado a Mizuki sentada en las gradas de ingreso. Luce molesta, trae los hombros tensionados y las manos en puño.

– Quiero irme a casa ya.

El alfa alza una ceja, al oír el tono autoritario empleado. Como si una pequeña mocosa de seis años fuera a darle órdenes.

– Deku aun no sale de trabajar.

– ¡Se llama Izuku! ¡Y quiero irme ya!

– ¡No seas caprichosa! – dice con la paciencia al límite. Controlando la verborrea que no puede emplear frente a ella – Te digo que aún no sale del trabajo, así que te quedas aquí te guste o no.

Intenta cogerla del brazo, forzarla a ingresar a la agencia nuevamente. Mizuki es más rápida, retrocede para luego extender una de sus manos y hacer una explosión relativamente fuerte que le hace arder la palma, así como a Katsuki la piel que ha rozado.

– ¡NO ME TOQUES! – Vuelve a gritarle, esta vez, en un tono más fuerte – ¡No te quiero cerca! ¡Tú no vas a ser mi papá! – la voz se le entrecorta. Solloza. – Yo quiero que Hitoshi lo sea. Yo no te quiero a ti.

Luego de una rápida discusión por teléfono con Izuku, en la que el omega le hizo ver que cómo no llevara a su hija a casa le cortaría las bolas – o a si lo entendió él–, Katsuki termina por acceder llevar a Mizuki a casa del tal Hitoshi que, por una puta razón, ha empezado a tener vela en ese entierro.

No se cree aun la paciencia que está teniendo para no mandar a la mierda a Deku, darle una buena tunda a la mocosa y hacer explotar al ojeroso que intenta entrar a la jugada.

Mizuki sube de dos en dos las gradas del edificio y Katsuki intenta seguirle el paso a la misma velocidad. La niña corre hasta la puerta de Hitoshi y toca frenéticamente, el alfa está a punto de llamarle la atención, hasta que la puerta se abre y una fuerte marea de feromonas sale de ahí dentro.

Menta, hierba buena, miel.

¿Por qué huele a Deku?

La ceniza se abraza a la pierna de Hitoshi, este le revuelve el cabello y ella le sonríe, verdaderamente feliz de tenerlo cerca.

Katsuki gruñe. Receloso de que su hija no pueda mostrarle una sonrisa así de sincera cuando se trata de él.

¿Qué tiene un beta simplón que un alfa héroe como él no?

No hay punto de comparación entre ambos, pero tanto Deku como su hija le prefieren al ojeroso.

Sus miradas se encuentran.

Rubí versus amatista.

Hitoshi le palmea la espalda a la pequeña, haciéndole ingresa a la casa. Queda a solas en la entrada con el héroe.

– ¿Algún problema?

Katsuki le observa trastocado. Ese beta le mira y habla sin un ápice de miedo, con demasiada seguridad. Como si no midiera de su poder como héroe alfa.

Enarca la mandíbula. Alza los hombros, ensanchando la espalda para lucir intimidante, pero el beta no se amilana ni un poco.

– ¿Cuál es tu relación con Deku? – demanda, con el sabor del omega impregnado en el paladar.

– No conozco ningun Deku.

El violáceo intenta cerrar la puerta, mas Katsuki la sujeta y opone resistencia sin mucho esfuerzo. Bufa socarrón, la fuerza del beta no es suficiente para hacerle frente a la suya.

Esa es la diferencia entre un héroe y un simple mortal.

Ahora lo tiene.

– No te hagas el imbécil conmigo. – brama y está apunto de expectorar una sarta de insultos, cuando el cuerpo se le paraliza.

Da media vuelta y ve a casa.

Izuku llega a casa poco después de Katsuki, lo sabe porque aún siente la canela y neroli en el aire. Ha pedido permiso a Yagi-san de salir antes, ya que no tenía idea de qué había sucedido entre Katsuki y su hija para que la pequeña llorara y quisiera alejarse con tanto ahínco de él.

– ¡Papá! – Salta de pronto sobre su padre. Este la toma entre sus brazos, cargándola. – Te extrañe.

Izuku camina dentro del edificio, con la pequeña entre sus brazos frotándose a él.

– ¿Qué paso? Pensé que estarías con Ground zero hasta mi hora de salida.

Toma asiento en el sofá, con Hitoshi a su lado, esperando una respuesta de su hija. No luce desanimada, de hecho, le ignora. Esta bastante cariñosa con él, jugando con sus rizos y acariciando sus mejillas.

– Mizuki – le llama con voz firme, tomando distancia de ella para verle el rostro – ¿Paso algo entre él y tú?

La menor baja la mirada y su rostro cambia del alegre inicial, a uno más sombrío.

– Ground zero… no va a ser mi papá ¿verdad?

Izuku se siente palidecer.

¿Qué ha pasado exactamente entre esos dos?

De soslayo, observa a Hitoshi, quien le hace un gesto de calma. Asume que ya habló con su hija y no es algo tan grave como cree.

Aun así, no está seguro de que palabras usar para responder a eso.

– Pensé que era tu héroe favorito.

– Prefiero a Shouto ahora. – Eleva la mirada, observándole fijo a los ojos esmeralda – No lo va a ser ¿verdad?

Suspira.

Izuku es consciente que sus mentiras son como una bola de nieve que cada vez se hace más y más grande y que llegado el momento, le explotará encima. Sin embargo, prefiero que todo aquello explote cuando Mizuki tengo unos cuantos años más y pueda comprenderlo, a decírselo ahora.

– No – Por lo que le miente una vez más. – Él solo…quiso ayudar a cuidarte mientras yo trabajaba. Eso es todo.

– ¿En serio?

– Sí.

Mas esa respuesta parece ser insuficiente. La sonrisa no vuelve al rostro de Mizuki. Ella no le cree del todo. Lo siente en su aroma que, si bien es tenue, se siente agrio. Izuku se aventura de ir un poco más lejos. Confiado en que su hija tiene la suficiente madures, para no decir nada.

– Te voy a contar un secreto – Toma la carita de su hija entre sus manos. Suelta sus feromonas lo más dulce que puede, para que lleguen a ella. – Pronto haremos un viaje, solo los dos. Pero no se lo puedes decirselo a nadie ¿Está bien?

– ¿Y Hitoshi? – Gira a ver al violáceo – ¿Tú no vienes?

Izuku le mira a él también, no sabiendo como decirle que no a su hija.

– Tal vez – responde el beta.

La pequeña vuelve a sonreír. Extiende una mano hacia el rostro del Hitoshi. Izuku gesticula un "gracias" a su amigo, viéndose arder en el infierno a ambos por mentirle tan cínicamente a una niña.

Pero no hay otra opción.

Mizuki esta tan acostumbrada a Hitoshi, como a su padre. Para ella, el beta es alguien a quien admirar. A pesar de tener un gran quirk y poder obtener todo lo que quisiera con el, casi nunca lo usa. Siempre le dice que las cosas se deben de obtener por mérito propio y de usar su quirk, no sería alguien digno de merecerlas. Ella ve en esas palabras el discurso digno de un héroe.

Por otro lado, el chico es un beta, y por lo que ha oído en la televisión, ellos no suelen sobresalir mucho. Sin embargo, sabe por su papá que Hitoshi es el mejor de su clase y se prepara para ser un médico de omegas. Eso también le gusta, porque su padre es un omega y a su corta edad, entiende las dificultades por las que ellos pasan.

Ha oído a un par de niños en su escuela, hablar de manera despectiva sobre betas y omegas. No obstante, eso no le importa a Mizuki. Ella quiere a su padre y quiere también, a Hitoshi

Pero lo que más quiere, y anhela desde que tiene uso de razón, es que él sea su otro papá.

No es hasta que Katsuki cierra la puerta de su apartamento, que recobra la consciencia. Parpadea un par de veces, observa todo a su alrededor, cerciorándose de que efectivamente es su apartamento.

¿Pero cómo ha llegado hasta ahí?

No puede responderse. Su mente se siente vacía de los últimos recuerdos e incluso, el haber estado con Mizuki le sabe a un sueño. No es nítido en su memoria y por un segundo, cree que nada de eso sucedió. Que simplemente tuvo un día normal en la agencia, salió de ella y fue a casa tan distraído que no vio el camino.

Mas no se lo cree.

Oh no.

Menos cuando tiene tan nítido el aroma a Izuku en la nariz.

Saca el móvil de uno de uno de sus bolsillos y ve la hora. Ha pasado cerca de cuarenta minutos desde la última vez que la vio. Treinta minutos es lo que demora a pie, de la casa de Deku a la suya. Entra a la bandeja de mensaje y encuentra su conversación con Deku.

No fue un sueño.

Es real.

Ha estado con Mizuki. Le recogió de la escuela, le rechazo el almuerzo, Uraraka le hizo llorar y luego tuvo una pataleta para que la llevara con su padre.

E Izuku pidió que la dejara con cabello de troll.

– Da media vuelta y ve a casa.

– Que mierda...

...


Siguiente capítulo:

Izuku entiende que para luchar contra el destino, no necesita albergar rencor en el corazón.


Nota de la autora:

Bien. Como habrán notado, este capitulo es más calmado que los anteriores. Es un preámbulo a lo que se acerca, aun asi deje algunos datos –creo yo- interesantes en el. Vemos un pocod e la relación Hitoshi-Izuku. Tambien el como ha bajado algunos grados el carácter de Katsuki.

Y sí, Mizuki tiene otro quirk.

Como dije arriba, este es el preámbulo a algo importante y es que se avecina el celo de alguien ¿adivinan de quien?

Por el momento, dejo algunas explicaciones de como funciona los supresores y el celo acá. (Debi hacer un primer capitulo explicando esto, lo siento.)

– Los supresores se usan para suprimir el celo tanto en alfas como omegas durante su ciclo. Sin embargo, hay quienes lo toman durante todo el tiempo previo al celo y durante el mismo. Esto sirve para no sucumbir a ningun tipo de feromonas que sientan atrayente.

– El celo de alfas y omegas tiene duraciones distintas, siendo el de los omegas que sucede más veces al año y abarca más dias. Mientras que lo alfas solo es de una a dos veces al año.

– En el caso de conocer a su predestinados, los supresores no siempre funcionan.

Nos vemos.

Respuesta usuarios sin log:

Daniperez: Doble review uyuyui…Concuerdo contigo, Katsuki es demasiado orgulloso para cometer el mismo error dos veces. Entonces ¿Por qué casi fuerza a Izuku nuevamente? Sencillo, instinto. Katsuki es conciente de su error, pero cuando esta Deku cerca (que es su predestinado) no puede controlar tanto el lado racional, por eso el constante arrepentimiento luego de hacerle algo a Deku. Oh!que lindo que te guste la historia aun si preferias a Bakugou como omega xD Espero seguir sin ser evidente en lo que se avecina.

WhitteRabbit: Es la calma antes de la tormenta, pero va durar esta calma. Es un conflicto inmenso eso del instinto, porque es solo una parte suya que pide algo opuesto a lo que su lado racional le exige. Shinso, Shinso, Shinso…prefiero no responder sobre lo que aun no esta escrito. A diferencia de Deku, Katsuki no tenia idea de que eran predestinados, por lo que engloba a Mizuki e Izuku en un solo paquete que quiere y necesita proteger.

Eve kurosaki: Creo que aun se vienen más cosas bonitas de parte del instinto y es todo lo que dire. Me lavo las manos de cualquier sentimiento o ilusión que te de jajajaja. Izuku dentro de todo sigue teniendo su misma escensia y creo que aun sin instinto si supiera que su peor enemigo lo necesita para vivir, él lo ayudaría (no se, siempre me lo he imaginado como alguien muy noble aun con quien no lo merece). Siento el mismo abandono de las historias KatsuDeku en esta plataforma, pero yo sigo aquí actualizando, don't worry xD

Guest: A que es hermoso cuando se juntan muchos capítulos, no? Gracias por retomar la historia y aquí esta la ctualizacion! (explota confeti de fondo)