Consecuencias
Capitulo 11
El sonido de la puerta aun retumba en sus oídos cuando Izuku inhala hondo, sintiendo todos los aromas que describen a Katsuki en el aire. Los muslos se le contraen, la espalda se le estremece en arco y un suave calor nace en su vientre bajo.
Exhala tembloroso.
Su ciclo siempre ha sido regular, por lo que sabe que este se encuentra cerca; sin embargo, nunca los días previos se ha sentido así. De hecho, han sido pocas ocasiones en las que ha sentido los síntomas "sexuales" del celo, ya que por lo general solo se limitan a náuseas y dolores de cabeza a causa de los supresores. Izuku asume, que eso se debe al hecho de ser predestinados y tener el aroma del alfa tan vivido en su nariz. Todo estaba sucediendo tal y como el padre de Hitoshi se lo había explicado antes.
– El celo se vuelve una situación bastante peligrosa cuando se trata de predestinados que no desean enlazarse. Las ansias de estar juntos se vuelven inmensurable y no hay supresor ni autocontrol que les contenga.
Ciertamente, era aquello último lo que más preocupaba. Si no había supresor que les tranquilizara, quedaban a total merced de sus instintos y quien más tenía por perder de los dos, seria él. Predestinados o no, Izuku no tenía intenciones de dejarse marcar. Aunque aquello se viera como un acto de amor y unidad hasta la muerte – y hasta cierto momento había compartido dicho concepto – ahora lo veía más como una forma de esclavizar a un omega para siempre al lado de un alfa.
La manera más básica de proclamar como propiedad a un ser humano.
E Izuku no pretendía encadenarse a ninguno. Mas no podía decir lo mismo de su cuerpo y es que si bien, sus pensamientos estaban claros, a la hora del celo su cuerpo era quien tomaba el control. Como en ese preciso instante que, sin siquiera desearlo, no puede evitar presionar sus muslos en busca de placer y olisquear los remanentes del neroli en el aire.
Traga hondo la saliva que amenaza por desbordar su boca.
Bufa molesto. Aun no se cree que ese no sea su celo, sino que solo el preambulo del mismo.
Inhala nuevamente, perdiendo de a pocos el control sobre sus actos, y el aroma le guía cual flautista de Hamelin, hacia un punto en concreto: Mizuki. Su hija ha sido cargada por Katsuki y toda su ropa tiene impregnadas las feromonas del alfa. Gruñe por lo bajo al verse queriendo hundirse en las ropas de la pequeña.
Izuku es consciente entonces, de que solo hay una manera de calmar los efectos que está sintiendo su cuerpo en ese instante. Las mejillas se le encienden ante la idea. Como omega, es totalmente normal bajar la calentura acariciándose, aun así, el pecoso se avergüenza de pensarlo. Se avergüenza incluso más, que admitir haber trabajado como sexoservidor.
Es lo mejor, se mentaliza de camino al baño, en donde una marea de hormonas alborotada e imágenes mentales de Katsuki le embargan de manera tortuosa. Izuku no solo termina rápido con el problema, sino que queda con el nudo en la garganta, enfadado con él mismo.
Con su género.
Con la vida.
A la mañana siguiente la marea no ha bajado, sino que, por el contrario, amenaza con empeorar. Apenas sale de casa, el aroma de cuanto alfa se cruza le sabe desagradable y sabe que sus feromonas están teniendo un efecto similar en ellos, cuando llega a la cafetería y Kouta arruga la nariz al momento de saludarle.
Siempre ha sabido que sus feromonas no son las más aromáticas. Los clientes que pagaban por él, solían decirle que, al liberar sus feromonas, el aroma menta creaba un efecto mentolado muy molesto. Asume que es esa la razón de que Yagi-san le envié a casa de regreso y ahí, vuelve a caer en la fragancia que despiden las ropas que su hija ha usado el día anterior.
Es todo.
No puede continuar con esa fachada de llevar las cosas en paz con Katsuki. No al menos, hasta que su ciclo termine. Le pide a Hitoshi que pase por Mizuki a la agencia de Katsuki al final del día. Es tímido al hablar sobre su ciclo, pero lo hace con mucha confianza con Hitoshi, pues es el único a quien podría contárselo y entenderle. Hitoshi acepta e Izuku piensa que, con la distancia marcada, en unos días su cuerpo se calmará, manteniéndose todo en una leve fiebre.
Sin embargo, los días transcurren y el celo no baja. Izuku es cada vez más consciente del cambio hormonal que sufre su cuerpo, la sensibilidad de su piel a los roces leves, de su olfato a los olores casi imperceptibles y el calor asfixiante que lo embarga por momentos en ese frio invierno. Las noches han sido lo peor. Su celo juega con sus sueños de manera libidinosa, poniéndolo en posiciones complicadas junto a cierto alfa.
Por momentos, cree que va a enloquecer.
Pero no lo hace. No se deja llevar por completo.
Y entonces, el día llega.
Izuku solo ha vivido uno de sus celos a plenitud, que fue el que tuvo frente a Katsuki. Luego de ese tuvo a Mizuki y solo a los dieciséis, regreso. Muy leve y controlable con supresores, por lo que no está preparado para lo que se avecinaba.
Esa mañana, despierta con la respiración entrecortada, el deseo a flor de piel, la erección más dolorosa de su vida y oleadas de lujuria que le tientan a dejarse llevar por ellas. Izuku debe pedirle a Hitoshi que se haga cargo de Mizuki en lo que dura su ciclo. El beta le obedece llevándose a Mizuki muy rápido, para luego asegurar la puerta de la habitación desde afuera.
Izuku sonríe agradecido.
Con la puerta asegurada, nadie será capaz de entrar.
Ni siquiera el beta.
Un omega en celo es inestable. Puede que en ese instante desee a un alfa en específico, pero con el transcurrir de los minutos, el calor aumentara y su cuerpo, frustrado, deseara a quien sea que vea sin importar el género. Lo último que quiere, es arruinar la amistad casi familiar que tiene con Hitoshi.
Más calmado sin su hija, sintiéndose protegido en su morada, deja a su cuerpo actuar.
Camina por la habitación tomando todas las ropas y mantas que se le crucen en el camino. Sobre todo, aquellas que tengan impregnadas la esencia de Katsuki; ya que cuando el alfa entro ahí, dejó su rastro por doquier, el cual ahora se ha convertido solo en un fantasma por el aire, pero eso al omega no le importa. Izuku huele prenda por prenda, colocándolas de mayor a menor intensidad. Separando unas de otras. Siempre ha sido una persona meticulosa y aun en celo, esa esencia no se pierde.
Una vez ha terminado su labor de organizar las telas, empieza con la tarea más complicada. Toma pieza por pieza y las enreda entre sí. Su parte consciente no tiene idea de qué es lo que hace, sin embargo, su parte salvaje lo sabe a la perfección. Está armando un nido en el que permanecerá el tiempo que dure su ciclo. Una pequeña bóveda que lo mantendrá caliente, rodeado del aroma de su alfa y que le brindará esa sensación de protección que necesita en ese estado.
Cuando finalmente termina su ardua labor, coge una última prenda. La camiseta que Mizuki ha usado el día anterior que ha estado junto a Katsuki y aún mantiene fuertemente el aroma del alfa.
A Kacchan.
Inhala profundo el aroma en ella y se adentra en la maraña de telas con las que está hecho su nido. El calor ahí dentro es avasallador. Le asfixia y se le pega hasta los huesos, pero no se siente mal. Frota la camiseta rosa contra su rostro, desciende por su mejilla, la restriega en su cuello. El olor a Katsuki se encapsula rápidamente dentro del pequeño ambiente.
Canela.
Cedro.
Neroli.
Da pequeñas bocanadas de aire queriendo saborear el aroma. Queriendo ingerir una parte de las feromonas del otro sin éxito alguno. Suelta pequeños quejidos. Más allá del celo que le hace padecer de deseo y un subidón en su libido, también está el instinto y su omega interior se queja desolado de no tener a su alfa consigo. Se siente desvalido. Abandonado.
E Izuku puede dejarse sucumbir por sus deseos sexuales más bajo, pero jamás será dominado por ese omega llorón que se siente nada sin un alfa a su lado. Así que quita del camino el pantalón pijama que trae puesto, humedecido por sus propios fluidos y acaricia con delicadeza su zona delantera que se yergue sobre su cuerpo por atención. Los muslos se le contraen ante el tibio toque de sus dedos.
Sube.
Baja.
Mantiene un ritmo constante, primero lento, luego más rápido y lento nuevamente. Sus caderas simulan embestidas, el nido tiembla sobre él y su cuerpo le suplica cambiar de posición a una más reveladora. Se acomoda con la frente pegada al colchón, las rodillas contra su pecho y las caderas en alto. La posición se le hace un tanto incomoda y complicada para continuar con su labor, pero es su cuerpo quien decide ahora e Izuku entiende lo que este le está pidiendo cuando empieza a menear sus caderas en círculos. Sin embargo, él se centra en su labor y en enfocarse en el placer que recibe de su mano. Jadea.
De calor.
De deseo.
De angustia.
Se vierte entre sus dedos, con la respiración entrecortada, pero la picazón de su cuerpo perenne. No se ha ido el placer ni lo ha calmado, por el contrario, la estimulación solo ha aumentado el deseo.
Izuku gimotea quejoso. Odia sentirse como un animal movido únicamente por instintos, que es otra de las razones por la cual nunca ha querido experimentar su celo. Incluso cuando clientes que tenía en aquel bar le habían ofrecido sumas exorbitantes con tal de gozar ese momento íntimo, Izuku había sido incapaz de ceder a su lado salvaje
El lubricante natural de su cuerpo escurriéndose por sus muslos, le saca de sus cavilaciones y le recuerda lo urgido que esta su centro por atención. La sensación de abandono y vacío emocional también le embarga. Hipa, incapaz de hacerle frente a su lado salvaje. Entiende que mientras su cuerpo no se sienta lleno, el dolor emocional no va a terminar.
Entonces cede y entre sollozos, dirige una mano hacia su húmeda entrada, quedando a merced de un instinto que lucha por ganarle a la conciencia.
…
Lo que más ha añorado Katsuki en los últimos meses, ha sido tener una relación al menos "cordial" con su hija y debería de estar feliz ahora que ha empezado a tener avances en ella; sin embargo, no puede evitar pensar por momentos, que hubiera sido mejor mantener las cosas frías entre ambos.
No es que no disfrute de su hija, ni que no la quiera. Es solo que Katsuki es un hombre acostumbrado a la soledad, el silencio y de pocas palabras. Si bien tiene a Kirishima al lado que es todo un parlanchín, y antes de él, a su vieja; a ellos siempre ha podía mandarlos a la mierda, ponerse histérico y conseguir su ansiada soledad de vuelta cada que la quería.
Cosa que es imposible con Mizuki.
La pequeña parece haber heredado lo habladora de su vieja. Conversa con todos los héroes de la agencia, con sus juguetes e incluso lo hace sola. Es un poco molesto ver alterada su tranquilidad, pero asume que todo es cuestión de acostumbrarse.
Así que cuando Mizuki se le acerca a entablar una conversación, él lo tolera con la paciencia de un monje tibetano. Asiente cada que pide su opinión, sonríe cuando ella lo hace también. Le sigue el juego para verla feliz y porque sería incapaz de hacerla callar. A veces, imagina lo mucho que su vieja se burlaría de verlo así, sometido por una niñita de seis… Y por un omega.
No quiere admitirlo, pero sabe que una parte de él aprecia a Mizuki por ser hija suya y de Deku. Pues al ganarse a la hija, tiene una alta probabilidad de ganarse al omega también. A su omega.
Su predestinado.
Hay momentos en los que siente que se ha dejado embaucar demasiado por esa palabra y que tal vez, este idealizando una relación que no sea como la pintan los libros y películas. Una relación que sea más instintiva que romántica y es cuando llega a este punto, que su mente tiende a congelarse.
¿Una relación?
¿Romántica?
No, no, no.
Niega de forma reiterativa. Porque si él llegase a tener una "relación" con Deku, seria única y exclusivamente por instinto y un destino que les pone en el ADN el deseo inmensurable de estar juntos. No por amor ni esas idioteces. Él es un alfa y los alfas no se andan pensando en predestinando de esa manera, ni escribiendo el nombre de su omega con corazoncitos.
– ¿Hoy viene Hitoshi otra vez? – Mizuki le saca de las nubes. Le trae de vuelta a tierra y asiente como respuesta.
Katsuki aun no comprende a que se debe ello.
¿Por qué dejar a su hija con un extra cuando las cosas empezaban a ir bien?
Es decir, Deku le habia mostrado las fotos de Mizuki en sus primeros años, habian tenido incluso un pequeño intercambio de palabras sin exaltarse ni evadirse. Para Katsuki esa noche en casa del omega solo había indicado el inicio de algo. No sabía qué tipo de algo, pero era algo bueno, de eso estaba seguro. Sin embargo, al día siguiente envió a Mizuki a decirle que el vecino ojeroso pasaría por ella a la agencia.
Tres días habían pasado ya y no había tenido comunicación con Izuku.
¿Acaso había hecho algo malo?
¿Le molestó que le recordara el "Kacchan" que le dijo?
No tenía ni puta idea.
– ¿Kacchan?
– ¿Que...Eh? – enarca una ceja – ¿Cómo me llamaste?
La niña sonríe.
– Sí eras tú – vuelve la vista a sus juguetes, los hace caminar sobre el escritorio del héroe – Papá a dicho ese nombre mientras dormía.
Katsuki pasa una mano sobre su rostro queriendo ocultar la sonrisa que amenaza aparecer. Puede que Deku sea muy reacio a quererle cerca, pero su subconsciente sabe que no es así. Quizás, ha sido el tiempo distanciados el que le está aflorando los instintos. Al fin y al cabo, eran predestinados y, según Recovery girl, un enlace inefable.
El resto del día se la pasa distraído. Únicamente volviendo a la realidad cada que la pequeña mocosa le llama Kacchan.
¡Y a la mierda si Mina se burla!
Cuando dan las ocho de la noche, Hitoshi hace su aparición en la agencia. Solo llega hasta la recepción, pero Mizuki parece tener un sexto sentido con el beta que no importa la hora que llegara, ella sabía que estaba ahí.
La niña regresa a la mochila sus cuadernos y juguetes sin ningún orden especifico. Se despide escandalosamente de todos los héroes, como si fueran grandes amigos y se retira junto al beta.
Él le sigue la acción, pues también ha llegado su hora de salida. Guarda todo y deja la ruma de informes acumulado a un lado. Luego del accidente, todoinutil le ha agarrado de secretaria y le tiene el día entero ahí revisando los informes sobre ataques del resto de héroes o agencias aliadas.
Una reverenda mierda sino fuera porque al menos, aquello sirve para pasar tiempo con Mizuki.
– ¿Kacchan?
Recuerda su vocecita.
– Papá a dicho ese nombre mientras dormía.
Vuelve a sonreír. Esta vez ya en casa, no tiene necesidad de ocultarlo.
– Puedes marcar a mil omegas, ninguno va remplazara a tu predestinado aquí.
Agita rápido el rostro cuando a sus memorias se cuela la voz de Uraraka.
Esas son mierdas de omegas, los alfas piensan racionalmente. Se acuesta en su cama, queriendo mantener la mente en blanco. No más estupideces de cara redonda. Esa noche quiere dormir con la tranquilidad que ha llevado los últimos días y espera continúe hasta cumplir su primera semana sin pesadillas.
Su primera semana junto a su hija.
Se siente como un tonto al haberle agarrado cariño a la mocosa en tan corto plazo. Incluso es más tonto aún pensar que la niña le odiaba y de un momento a ese, la relación es bastante manejable. Asume que es lo que llaman instinto. Su alfa interior reconoce a Mizuki como su hija y ella igual, aun cuando su instinto sea minúsculo y podría desapareces con el paso de los años.
Él lo ha sentido también esa fuerte unión hacia sus padres de pequeño. Aunque siempre fue más hacia su padre, lo cual es normal, pues fue él el omega quien le dio a luz. Mizuki seguramente se ha de sentir así con Izuku.
Siente, como aun a medio dormir, su corazón se acelera al formular el nombre en sus pensamientos. Su cuerpo sufre un remesón desconocido que le eriza los vellos del cuerpo. La sangre corre furibunda, calentando todo a su paso. Katsuki se remueve entre las sabanas, preso de un calor asfixiante que, para ese entonces, ya se le olvido como es que se ha originado.
– Ka-Kacchan
Despierta de golpe. Observa a ambos lados de la cama, encontrándose solo. Ha oído nítida la voz de Izuku.
Se pone de pie y cambia su camiseta húmeda del sudor. El reloj marca tan solo la una de la mañana y tal parece que su racha de buenas noches ha terminado ese día. El cuerpo sigue acelerado, con el calor inclemente incinerándole por dentro.
No tiene dudas de que es su celo, pero es extraño, pues a esas alturas, con esos síntomas, el deseo sexual ya debería haber despertado caóticamente. Sin embargo, no siente nada. Es solo una leve arritmia, fiebre y dolor de cabeza.
Bebe los supresores aun cuando la dosis anterior debiera estar en su organismo todavía.
Volver a dormir se torna tarea imposible. Su cuerpo se siente incómodo acostado, una inusual ansiedad corre por él. Quiere saltar, correr, alguna actividad física que quite la inquietud de su piel.
Así que se coloca las zapatillas y sale a dar una vuelta al parque enfrente a su edificio. Solo va a trotar unos minutos, después a dormir o no será capaz de mantenerse con un humor estable al lado de su hija.
Pero nada parece cambiar.
El invierno ya se ha adentrado en Tokio, la temperatura a esa hora debiera haber descendido a unos 8 grados. Sin embargo, Katsuki anda con manga corta por la calle, con el calor que se evapora al salir de entre sus labios y el sudor que le bloquea la vista. Frota su frente con el antebrazo, seca el sudor hirviente que chorrea de sus cabellos. Respira sonoro, agitado, como si su cuerpo fuera un sauna que le ahoga con el vapor. Airea su rostro alzando su camiseta del borde. Vuelve a secar el sudor de su rostro. Esta mareado, agitado, acalorado y el leve aroma a Deku en el ambiente no le es de ayuda.
¿Aroma a Deku?
Katsuki reacciona. Frente a él, se encuentra la puerta de Izuku. Coge su rostro con ambas manos, incrédulo de que haya hecho todo ese recorrido inconscientemente. Antes que sea capaz de hacer nada, su cuerpo reacciona.
Calor.
Deseo.
Feromonas.
Solo una vez en su vida no ha estado bajo el efecto de los supresores durante el celo. Aún recuerda vívidamente aquella única vez. Antes, en su casa, solo era una fiebre, pero ahora la semejanza es ineludible. Misma agitación, calor corporal que se le calcina los huesos y los colmillos queriendo crecer desesperadamente. Pero, sobre todo, es la misma mezcla aromática que lo atrajo en esa oportunidad.
Izuku no solo ha entrado en celo, sino que el lazo invisible que les une, le ha llamado a su lado.
Cubre su nariz con una mano, limitando la tarea de respirar tan solo por su boca mientras intenta alejarse del lugar. Es imposible, trae los músculos rígidos, tan engarrotados que no se mueven de su sitio. El aroma se intensifica a cada segundo que continua ahí. Los dientes le tiritan, la respiración es irregular.
Siente que se ahoga.
Termina con quitar la mano de su nariz, respirar hondo en busca de oxígeno y el aire ingresa a sus pulmones viciado por la menta, miel y primavera.
– Kacchan… Kacchan…
Oye la voz urgida del omega llamarle de dentro del apartamento. Ahora, irse ya dejo de ser una opción. El lado alfa empieza a emerger y la posesividad es el primero de sus instintos en tomar control, pues ya no le cabe la idea de largarse dejando a su omega solo.
– Ka-Kacchan... ven
Y ahí estaban otra vez los malditos gimoteos de Deku.
Katsuki se concentra. Piensa. Tiene que haber una manera de hacer aquello rápido. Una forma en la que pueda controlarse y no dañar al omega.
– Te necesito – golpea la puerta desde el interior. – por...favor...Kacchan
El lado primitivo que hay en él, juega con su mente. Susurra palabras bonitas en sus oidos.
Ve.
Tu omega te necesita.
Él lo quiere tanto como tú.
Katsuki coge la perilla, la gira topándose con la cerradura trancada. Vuelve a agitarse al sentir a su omega encerrado dentro, padeciendo el celo solo.
Son muchos segundos en los que solo se queda ahí, de pie sosteniendo la perilla. Izuku continúa llamándole, rasguñando la puerta.
Debe irse. Se lo repite como mantra en la cabeza, pero el instinto puede más que la razón y basta con una pequeña explosión para que ese cerrojo ceda.
El olor a omega le envuelve con todo su poder. Izuku aparece de entre la oscuridad y jala de él, arrastrándolo dentro consigo. El omega no trae pantalones, la humedad que embadurna sus muslos brilla bajo la luz tímida de la luna que entra a la habitación.
Katsuki siente que quiere devorarlo completo.
Su mandíbula tiembla y los rezagos de conciencia continúan repitiéndole que no debe salir de ahí antes que sea muy tarde.
De un tirón, Izuku rompe su camiseta.
– Kacchan – Gimotea ya contra su pecho. Lamiendo la piel expuesta.
Traga hondo, disfrutando del tacto de la lengua húmeda contra su dermis. La menta y la hierba buena se incrementan. Katsuki siente un fuerte vértigo al notar que es incapaz de oler algún otro aroma que no sea el de Izuku. Apoya una de sus manos en el muro de al lado, intentando recobrar el equilibrio y la cordura. Necesita calmarse, pensar en algo diferente, porque de no hacerlo, habría jodido todo su avance.
Piensa en el olor repugnante de Uraraka.
Piensa en su hija.
Pero su mente solo piensa en lo bien que se ha de sentir su miembro en la boca de Deku cuando este termine de desabrochar su pantalón.
Espera… ¿Qué?
Katsuki deja sus pensamientos de lado para observar hacia abajo. Izuku ya ha desabrochado sus vaqueros y lame la zona por sobre el bóxer. Mierda, mierda. Sabe que tiene que detenerlo, salir de ahí antes de cagarla en grande por segunda vez en su vida, sin embargo, ya trae el corazón a mil, el pulso acelerado. La sangre le hierve las neuronas.
Pero no. No. NO.
No puedo ceder.
No pue… ced…r.
No… er.
Izuku le libera de la ropa interior. Restriega el miembro del alfa contra su rostro antes de engullirlo. Katsuki tira el cuello hacia atrás ante el cumulo de terminación nerviosas activadas. Quiere meditar bien sobre ceder y dejarse llevar. Es decir, Deku no se está negando como la primera vez, sino que, por el contrario, es él quien incentiva el acto.
Respira entrecortado.
Endereza la postura, dirigiendo sus ojos hacia el pecoso que yace arrodillado frente a él devorándolo. Imagina lo dulce que ha de saber la piel lechosa del omega y la boca le saliva. Aún tiene un recuerdo fugaz de aquella primera vez juntos, cuando lamio uno de sus glúteos y ese pensamiento hace que se le antoje más el omega.
Pasa una mano por la mejilla de Deku, queriendo alejarlo con delicadeza, pero Izuku continua con lo suyo, aferrándose a las piernas musculosas del héroe. Bakugou decide entonces que, si Izuku está dispuesto a dejarse llevar, él no se va a negar.
Ni loco que estuviera.
Coge los cabellos verdes del omega, profundizando el acto. Katsuki suelta un sonido gutural ronco al verse tragado por completo. Izuku succiona con maestría, juguetea con su lengua en el interior y le permite golpetear hasta su campanilla.
Katsuki deja de luchar contra su autocontrol y es entonces, que el celo empieza manifestarse más a plenitud. Sus encías dejan crecer sus colmillos con libertad. El olfato se le agudiza a un nivel que no hubiera imaginado nunca tener, llegando a oler incluso el lubricante natural que escurre por las piernas del omega.
Y quiere beber de aquel manantial.
No solo eso, sino poseerlo. Penetrarlo hasta que su cuerpo no tenga fuerzas para nada más. Hasta que su mente quede en blanco de tanto placer.
Su lado salvaje le ordena hacerlo.
Él va a obedecerle.
Separa a Izuku de su entrepierna, guiándolo hacia la cama. Le quita la camiseta que trae puesta antes de acostarlo y se deja caer sobre él. Tiene planes de deleitarse con su piel, mas no prevé el beso que le da el omega. La lengua de Izuku ingresa en él profundizando el beso de inmediato.
Toma distancia cuando el aire escasea y desciende por su cuello antes de que Deku vuelva a atrapar sus labios. Lame todo a su camino, sintiendo como las cuerdas vocales del más pequeño vibran con los gemidos que suelta. Embiste suave sin lograr entrar en él, solo tentándole. Izuku se retuerce bajo él, buscando la unión de sus cuerpos, lo que se le hace divertido a Katsuki, pues planeaba saborearlo un poco más.
Izuku arquea el cuerpo entero luego de que Katsuki llegue a sus pezones. El alfa sonríe satisfecho, no es el único que disfruta y, por ende, no lo está forzando. Tanto el deseo como el placer, son mutuos. Continúa con su descenso, mordiendo, lamiendo, succionando. Presiona con las manos hasta dejar marcados sus dedos en la piel blanquecina. Acaricia cuando debe hacerlo más sensible.
Solo se detiene cuando el vello púbico, de igual color que su cabellera, se hace presente. Mas no es exactamente por esta característica, sino por la piel rugosa que logra sentir al inicio del vello.
Izuku trae una pequeña cicatriz en el vientre bajo.
Es un corte de cesárea.
Es de Mizuki.
Pasa las yemas de sus dedos por sobre la herida. Una unión tan intima entre él y su hija. Recuerda aquel altercado que tuvieron en el bar donde Izuku trabajaba. En ese entonces, Katsuki quiso forzarlo y el omega lucho con todo por alejarlo. Sin embargo, lo que más recuerda, es el hecho que Izuku se cubría esa zona, queriendo alejarle de la conexión que tiene con la pequeña y el que ahora se lo esté permitiendo con tanta normalidad, se le hace extraño.
Katsuki se yergue sobre sus rodillas, en medio de las piernas de Izuku y le observa. Trae la vista fija en él. Ojos llorosos, pupilas dilatas. Le está observando, sin verlo realmente.
Como buen héroe, Bakugou tiene conocimientos sobre omegas y el funcionamiento básico de su organismo. Es obligatorio que todo alfa que postula a ser héroe, lleve ese curso. En él, le explican lo que es el celo de un omega, como se manifiesta y cómo identificar una situación de riesgo. Esta, es una de ella. Izuku ha perdido control total de su cuerpo. Su lado omega ha dominado por completo y nublado la razón. Lo cual es muy usual en los de su género, por ello son juzgados como seres que solo buscan sexo, sin entender el porqué de sus actos.
No es que Izuku quiera tener sexo con él, es su omega interior que busca placer a toda costa. Pero cuando el celo termine, no recordara nada de esta noche.
No va a recordar el beso.
Ni el placer.
No lo va a recordar ni a él, mientras que Katsuki sí; porque los alfas no son seres sumisos y eso incluye a sus cuerpos. Ellos tienen más dominio sobre si mismos que los omegas. Frota su rostro con ambas manos, incrédulo de lo que ha estado a punto de hacer. Sí, está en celo y quiere follarse a Deku hasta romperlo, pero de hacerlo así ¿Qué diferencia eso, de lo que hizo años atrás? Izuku no se niega ahora ¿Pero acaso es consciente de lo que hace?
Gruñe molesto. En la disyuntiva entre lo fácil que sería dejarse llevar o lo difícil que se le hará retroceder a partir de ese punto, hasta que es distraído por el tacto en su miembro. Baja las manos, observando el panorama en el que ha quedado y encuentra a Izuku guiando su erección hacia su entrada.
Piensa en todos los desplantes que ha tenido el omega para con los últimos tiempos. Todas las negativas a acercársele o si quiera, a entablar una conversación. Recuerda los últimos días en los que no ha querido ni estar cerca suyo y eso termina por hacerle tomar una decisión.
Quita la mano de Deku del camino y le gira, haciéndole apoyar las rodillas sobre el nido de ropa que hay en la cama. Respira hondo, intoxicándose con sus feromonas dulces y le toma de las caderas. Se adentra en medio, sintiendo un calor burbujeante envolverle y la humedad escurriéndose sobre él.
La carne de sus muslos internos le presionan fuerte y ambos jadean, al sentirse de cierta forma unidos.
Aunque no de la manera que quisieran.
Introduce dos de sus dedos en el omega. Sabe que esto difícilmente logre saciarlo, pero es todo lo que puede hacer sin que llegue a odiarle. Izuku gime fuerte, arquea la espalda. Katsuki empieza a embestir, creando fricción entre sus miembros juntos, buscando saciarse entre los dos.
– Ah…Ka…Kacchan.
– Hmmm… Deku.
Izuku menea las caderas hacia atrás, queriendo hacerse de mayor profundidad con las penetraciones. Katsuki solo le contiene moviendo sus dedos dentro de él hasta tocar su punto de placer. El omega gime fuerte y sus muslos se contraen cuando le presiona ahí.
– Ma-más…ahh…Kacchan…
El alfa siente como todos los estímulos externos tiene reflejo en su interior. Cada que penetra, un espasmo que nubla su mente arremete contra él. Presiente que ahora sí podría perder el control y muerde su antebrazo, buscando permanecer consciente mediante el dolor.
Ni bien sus afilados colmillos atraviesan su propia piel, un fuerte corrientazo de realidad lo trae de vuelta. Duele como el carajo, pero funciona. La única idea buena que viene teniendo desde que se le presento el celo.
Continúa embistiendo el cuerpo del omega. Si quiere que el calor se le baje a Izuku, debe hacerle venirse al menos una vez.
Si quiere calmarse él mismo, debe lograr aquello también.
Nota que mientras más cerca esta del orgasmo, más se esfuerza su instinto por tomar el control, exigiendo no solo penetrar a Deku como se debe, sino marcarlo también. Vuelve a morder su antebrazo, sin importar que la herida anterior aun este sangrando. Repite la acción cada que su consciencia se ve amenazada.
Esta cerca. Esta jodidamente cerca de venirse y terminar con ello exitosamente. Lo siente en el nudo que se empieza a formar entre los muslos de Izuku.
Solo un poco más.
Pero entonces, Izuku hace algo que, en toda su vida, jamás hubiera imaginado que pasaría. Sus pequeñas manos dejan de apretar las sabanas, se deslizan hasta su cuello y recogen el cabello de su nuca, mostrándosela. Izuku está autorizándole a que lo marque. Katsuki no da crédito a lo que ve, pero su alfa interno sí y ruge dentro de él deseoso de marcar al omega. De reclamarlo como suyo.
Katsuki deja de lado su brazo, que ya no es de mucha ayuda luego de la proposición de Izuku. Se inclina sobre la espalda blanca de su acompañante, olfateando la piel que le ofrece. Se le antoja como un pastel recién horneado. Jadea sobre la zona, invadido por todo tipo de sensaciones. Lame la piel y es tan dulce como creyó seria. Da pequeñas mordidas, preparándolo para lo que viene, aunque luchando aún.
Gimotea quejoso, porque quiere y no quiere hacerlo en partes iguales.
Ambos sienten el climax cerca. Izuku acelera el movimiento de sus propias caderas. Hasta que finalmente se arquea, ahogándose en un gemido profundo cuando el alfa le muerde y anuda entre sus muslos, empapando las sabanas con la esencia de ambos.
Izuku deja caer sus caderas contra la cama, exhausto. Katsuki le sigue, acomodándose sobre él. Sus respiraciones agitadas se acompasan. Ambos expiran feromonas dulces, calmas, haciendo que la habitación sea un festín de aromas. El alfa se frota contra la nuca del pecoso, aspirando lo más que puede de su olor y se acuesta ahí, embriagado por la tranquilidad que ese aroma le da, mientras observa la marca que le ha dejado.
Sus dientes están tatuados en el hombro izquierdo de Izuku.
Katsuki ha vencido al instinto que lleva a cuestas y se ha girado en último momento a morder una zona sin glándulas que los unan para siempre. No puede permitirse ser odiado por Deku luego de haber logrado su perdón.
Se abraza al omega, sintiendo su abdomen pegajoso de su semilla. Riega besos en la espalda de piel pecosa. Se detiene en la herida y la lame, intentando calmar el dolor que de seguro sentirá cuando el celo termine. Probablemente va a querer matarlo cuando vea esa fea herida, pero no va a odiarlo.
Sonríe triunfal, disfrutando el momento de paz. Recuperando fuerzas para que cuando Izuku despierte, este repuesto para él.
Si ya venció al instinto una vez, puede hacerlo toda la noche de ser necesario.
...
Siguiente capítulo:
La agencia huele a un enlace.
Nota de la autora:
Como habrán podido notar, soy reacia a usar la palabra pene jajajajaja.
Bien, se que esto ya suena repetitivo, pero no se hagan ilusiones. Los reviews me dejan saber mucho lo que ustedes piensan ¡y se que lo estan haciendo!
En cuanto al capitulo no hay mucho que decir. Es solo celo, c'est tout. El siguiente va a tardar un poco, ya que tengo unos exámenes pendientes y debo estudiar T.T, asi como otra historia que solo falta un capitulo para terminarla.
Tenganme paciencia.
Antes de terminar quiero tocar un punto que he leído en un par de reviews. Y es que se tiene la concepción "alfista" (no sé si se llegue a entender este concepto inventado jajaja) en la que se piensa que no importa que tan mal se comporte uno o que tanto daño haga, siempre y cuando "intente" arreglar las cosas o haga un pequeño cambio; el omega debe estar dispuesto a aceptar esto rápido y, básicamente, olvidar todo lo anterior. Entiendo que todos cometemos errores y que eso es independiente del género; pero hay errores y errores.
No voy a decir más, solo pretendo dejar esto y que cada quien lo interprete a su manera.
Ahora sí presiosuras, me despido y muchas gracias por los bellos reviews que me han indundado en el capitulo pasado (wii!). No sean timidxs y continúen diciendo lo que opinan (mientras no me insulten xd).
Besos.
Respuesta usuarios sin log:
ReginaFg: ¿Y quién ha dicho que terminó el drama? xD jajajaja.
WhiteRabbit: La escena de las fotos era necesaria no solo para que Katsuki e Izuku intenten comunicarse un poco, sino para que Katsuki tambien entienda lo que han pasado cuando se distanciaron. Se viene tiempos oscuros, pero para eso falta un poquitín. Mientras, mantengamos la calma.0
