Consecuencias


Capítulo 12


Inhala.

Deku.

Como un incienso en medio de un masaje, el aroma del omega hace las veces de tranquilizante en él. La fragancia azucarada forma un torbellino desacelerado, dejándole un estrago de relajo y paz por dentro. Abre los ojos pesadamente, los primeros rayos de luz famélicos se abren paso por la ranura de la cortina, desembocando sobre él y el cuerpo denudo de Izuku, quien duerme hecho un ovillo a su izquierda. Katsuki rueda sobre su hombro, frente al omega. Dirige el dorso de sus dedos sobre las mejillas pecosa y, aunque a simple vista de textura suave y esponjosa, lo primero en recibirlo es la dureza sea de su pómulo. Deku está en los huesos, lo ha notado desde la primera vez que lo vio. Lo ha confirmado anoche y, aun así, le sigue pareciendo hermoso.

No entiende bien si ese pensamiento nace de aquella resaca sentimental post celo o a algo más, pero lo cierto es que mientras lo ve durmiendo plácidamente a su lado, con las clavículas resaltando tanto o más que sus pómulos, no le puede adjetivar como algo menos a lo dicho. Izuku siempre ha sido llamado su atención desde la infancia, con esos lindos ojos verdes, enormes pestañas, rostro redondo e infantil. Aroma pegajoso y envolvente.

Aspira pausadamente, ha ojos cerrados.

Tranquilidad, familia y hogar.

Entorna los ojos, con el gusto de las feromonas en el paladar y una vista privilegia frente a él. Humedece los labios, pero le siguen pareciendo resecos comparado con los eones de veces que se ha besado con el omega la noche anterior. Una sonrisa escueta amenaza con sublevarse a su típico rostro amargado, cuando su reloj de mano empieza a entonar su alarma. 5:12am. Y la sonrisa deja de ser un fantasma y toma forma real. Han pasado veinte minutos desde que se durmieron, lo cual indica que el celo ha de Izuku ha terminado y que él, ha logrado resistir a la esencia de lo que significa ese calor. No ha habido instinto ni aroma que lo dominaran…o bueno, no del todo; ya que si bien admite que se descontrolo por momentos– una prueba son las muchas marcas entorno al cuerpo de Deku– lo cierto es que ninguna llegó a tener un desenlace fatídico. No le ha marcado por más que su alfa interior bramara por ello, ni han tenido sexo. Katsuki no le ha permitido siquiera tocarle, por más suplicas y sollozos que diera. Por más ansias que él mismo guardara de sentir sus manos ardorosas sobre su dermis. No ha zumbido a sus deseos ni cedido a suplicas, porque entiende que el Izuku consciente no haría eso.

Y él respeta su decisión.

No puede imponer sus deseos por sobre los del omega. Ahora es consciente de ello, así como de lo deplorable y poco heroico que fue su comportamiento años atrás. Incluso, tan solo un mes atrás. Sin embargo, entiende también, que este día, esa palabra toma total significado en su actuar.

No quiere pecar de soberbio, pero su nombre debería ser un nuevo sinónimo de héroe.

Izuku suelta un pequeño quejido, despabilando sus cavilaciones. Arruga la nariz y luego alza una mano para rascarse. Mano que, en dicho movimiento, roza involuntariamente el brazo que Katsuki mantenía alzado, con la mano sobre la mejilla pecosa. El alfa jadea, de dolor. El roce con su antebrazo le ha generado un ardor punzante y es que embelesado con Deku, casi había olvidado las mordidas que se ha autoinfligido. Unas tienen sangre seca encima, otras aun se ven en carne viva. Contrario al dolor y preocupación de una posible infección, Katsuki muestra los colmillos satisfechos. Son heridas de guerra después de todo y no podría estar más feliz de portarlas.

Vuelve a observar el reloj. Veinticinco minutos ya desde que despertó e Izuku continúa descanzando, por lo que puede dar, oficialmente, ese celo terminado. Ya que antes de eso solo le ha dejado descansar por lapsos de entre cinco y nueve minutos. Inspira. Le hubiese gustado tener a un Izuku con un celo más débil anoche y que, con más conciencia, le prohibiera o permitiera hacer ciertas cosas. Ya habrá oportunidad, se mentaliza, sacando la incomoda angustia y resignación de su pecho. Recovery girl ha mencionado muchas cosas que poco a poco ha venido confirmando y, si todo terminase siendo verdad, en alguno de su nuevo calendario de celos, Izuku deberá estar consciente.

O menos cegado por el deseo.

Quizás ahí, puedan consumar el acto como es debido. Quizás ahí, pueda que se aleje. Bufa. La sonrisa pierde intensidad. Katsuki quiere ver positivamente lo que acontecido entre ellos, pero lo cierto es que con Izuku nunca se sabe. Por un lado, siente que su relación ha escalado unos cuantos metros de mejoras. Han limado ciertas asperezas y él empieza a moldear su carácter a las exigencias de su omega. Por otro lado, Izuku no le acepta del todo e incluso, le ha alejado días previos a su celo previendo el fatídico desenlace. Desenlace que Katsuki ha sido capaz de controlar, pero ¿Hasta cuándo? El instinto que llevan dentro es fuerte, como un animal salvaje que brama por ser liberado y aunque él no tiene intenciones de liberar a esa bestia, no puede asegurar que vaya a ser así siempre. Izuku es más reacio que él a dejarse dominar por ese lado y, sin embargo, en el calor del momento a pedido que lo marque. Lo que le lleva a pensar que lo más sensato, no es esperanzarse en un próximo celo en el que se le permita descargar todo ese deseo contenido. No. Lo correcto será mantenerse alejado, aun si debe encadenarse en casa, Katsuki no se acercará a menos que Izuku se lo pida. Que creé, no es una idea tan disparatada. Ya que el no haber sucumbido en esta ocasión al instinto, le suma puntos con su omega y cabe la posibilidad de que reconozca el autocontrol que ha tenido y cambie su percepción.

Izuku se remueve frente a él. Tensa su cuerpo, encogiéndose en posición fetal. Katsuki pasa sus dedos por la mejilla ajena nuevamente. Esta helada. Con el celo culminado, la percepción de la temperatura vuelve a la normalidad y ahí es invierno. Coge la colcha que ha servido como base del nido de Deku y que ahora, luce pegoteada de sudor y semen. Es lo que hay. Cubre al omega hasta las orejas, cerciorándose de que sus pies y espalda también estén cubiertos. Le envuelve como una madre lo haría con su hijo, sin siquiera importarle que no le cubra del todo a él. Pero parece no ser suficiente, ya que cuando ha terminado, Deku se aproxima, rozando su pequeña nariz gélida contra su pecho.

Katsuki se sobresalta. Tensa el trapecio, alza un brazo. No tiene claro que hacer o hasta donde se le está permitido acercarse ahora que la calentura ha bajado. Incluso, olvida lo que es respirar o como se pasa la saliva. Transcurren tres tortuosos segundos en los que su cerebro llega a la conclusión de que no tiene nada de malo acercarse si no hay intenciones ocultas en ello. Menos aún, si es Izuku quien lo está haciendo primero. Y ya no hay celo de justificación, recuerda. Relaja la posicisión, respira y el corazón uno, dos, tres empieza a bombear. Pega su cuerpo al del omega, pasa el brazo magullado en el vacío que se forma entre la cintura de Izuku y la manta, hasta llegar a su espalda y deja pequeñas explosiones tibias sobre su piel. Sube. Baja. Emite feromonas dulces y no las típicas rudas y posesivas que tienen los alfas. Izuku se relaja entre sus brazos.

El interior del cenizo se siente enternecer ante la imagen de su omega durmiendo entre sus brazos sin refunfuños ni malas caras. Deja un beso en su coronilla y se queda ahí, con la nariz enterrada entre rizos verdosos y aromas intensos. Cierra los ojos, se deja guiar por el ambiente relajado que se ha formado en la habitación. La mente se le sumerge en una oscuridad apacible que le brinda infinitas posibilidades de sueños. Entre recuerdos con su familia y tardes divertidas con Deku, la realidad con la fantasía se entremezcla. La historia cliché de los amigos de infancia que crecen para ser predestinados, se vuelve una imagen vivida.

Sin violencia. Sin insultos. Sin abusos.

Una relación limpia, escasa de complicaciones y conflictos. Una marca por decisión mutua a una edad adecuada. Despertar juntos día tras día. Presenciar el embarazo de su primera hija, para luego llevarla a la escuela de camino al trabajo, mientras el segundo bebé viene en camino.

– De…ie…a.

Oye la risa de los niños, sus hijos, mientras juegan una tarde en el parque y su omega le abraza por la espalda, marcándolo con sus mejillas tal y como ha visto infinidad de veces a su padre hacerlo con su madre. A pesar de nunca haberlo pensado a consciencia, Katsuki realmente añora una relación como la de ellos. Y más. El todo completo. Ver a sus hijos crecer al lado del omega con quien ha enlazado su vida para siempre.

– Des…ierta.

Katsuki respira hondo, entornando los ojos.

La luz golpea a plenitud sus irises y las cubre de vuelta. Aquel sueño idílico se ha cortado para traerlo de vuelta en uno no menos apaciguador. Siente en el aire el aroma de Deku entremezclado con huevos y tocino. También está el de una personita más.

Nuevamente abre los ojos, lento, intentando acostumbrarlos a la luz, pero esta se ve opacada por el rostro de aquella personita.

– ¡Ya despertó! – grita a viva voz Mizuki, sonriéndole antes de desaparecer de su campo visual.

Bakugou se estira con pereza, nota que su antebrazo ahora esta vendado y emite un olorcillo extraño mezclado con desinfectante. Se alza sobre los codos, pestañeando lento. Trae puesta su ropa, incluso puede sentir la ropa interior. Observa sobre su regazo, le ha cambiado el cobertor por uno limpio y ve en una esquina, el que estaba en ese lugar la noche anterior. Aquel que huele fuertemente a Izuku y estaba pegoteado de semen.

– Acá hay supresores – le indica el omega, guiando su atención al par de píldoras que deja sobre la mesa. No le sostiene la mirada en ningún momento, casi avergonzado de verle, y su voz no denota la negatividad de antes. Tal vez sea solo imaginación suya, pero siente que, de un tiempo para este, los muros que Izuku le había puesto, han empezado a ceder. – nosotros nos tenemos que ir, Mizuki despídete.

– Nos vemos, Ka-cchan – silabea su nombre entre risas antes de irse y tan pronto como se ha despertado, se encuentra solo en la pequeña morada. Deja caer su peso contra el colchón. Supresores y desayuno, no es el despertar acogedor que esperaba por parte de su omega, pero ha de admitir que es bastante. Mas aún, si a eso le suma el vendaje sobre sus heridas y el olorcillo que finalmente ha descifrado. Desinfectantes y feromonas. Sí, la habitación entera huele a feromonas, pero estas son diferentes, porque provienen de la saliva de Izuku. Alfas y omegas continúan fuertemente atados a su lado salvaje, el cual, en muchas ocasiones, les lleva a tener conductas propias de animales, como lamer las heridas de otros en muestra de cariño y protección. No lo hacen con cualquiera, sino solo con los miembros que consideran parte de su manada.

Sonríe. Cubre su nariz con el antebrazo vendado. Aspira.

Una parte suya, le dice que puede estar equivocado, que Izuku solo le ha aplicado desinfectante. Que es el aroma del ambiente que le está confundiendo, pero entonces, ahí hace aparición su memoria olfativa de alfa. Aquella que rara vez olvida un aroma y que le recuerda la infinidad de veces que ha olido dicha mezcla de fluidos y esencia omega. Katsuki ha sido un niño problemático, las heridas han sido algo con lo que convivía a diario y Masaru, su padre, ha cuidado de ellas de esa manera tan sobreprotectora. Ahora, podría definir ello como puro instinto, algo que escapa de sus manos. Pero instinto también seria, querer permanecer de manera absoluta al lado de su pareja predestina, que dista mucho de todas las veces que le ha alejado. Así que Katsuki, ve en esa forma de ceder a su instinto, una manera de aceptación. No de él como su alfa, pero si de lo que esa base primitiva les exige en su fuero interno.

Crear lazos con su pareja.

Formar su propia manada.

Una familia.

Es extraño.

Es todo lo que logra meditar Eijiro esa mañana cuando entra a la agencia y la encuentra envuelta en un aura de paz y sosiego digna de una iglesia. No es que nunca sea así…No, no, no ¡Nunca es así! Es una agencia de héroes, donde la adrenalina abunda y los gritos sobran. Así son todas y si bien hay días en los que se es más apacible que otros, no llega a ese nivel de tranquilidad. Incómoda tranquilidad, por cierto. Que parece no es el único en pensarlo, ya que, al observar a su alrededor, ve al resto de héroes con la misma incomodidad que él siente. Y es que no es el ambiente en específico, sino una persona en particular que parece poner de los nervios a todos con su actitud.

Bakugou.

El héroe expira buena vibras a su alrededor. Trae el ceño sin un solo pliegue y por si fuera poco, anda silbando. S. I. L. B. A. N. D. O…Y ¡Carajo! Que se le nota en el rostro que algo endemoniadamente bueno le ha sucedido. Lo tiene claro cuando ve una sonrisa escueta balancearse en la comisura de su labio mientras lleva uno de sus informes al escritorio de Uraraka, que le sonríe completamente ajena a ese ambiente pesado.

– Es… extraño– musita casi inaudible. No dando crédito a lo que ve. Debe estar soñando.

O teniendo una jodida pesadilla.

– Lo mismo digo. – Eijiro se sorprende, sus hombros dan un pequeño salto. Mina se apoya en el escritorio tal cual esta él, pero sin prestarle atención; sino que, por el contrario, continúa observando al cenizo con ojos inquisidores. Ojos de alguien que sabe algo, pero no exactamente a quien adjudicarle dicho algo.

Y no es para menos.

De un tiempo a este, ha notado un extraño olorcillo en el ambiente de la agencia. Es muy bajo, casi imperceptible, y por momentos, le ha entrado dudas sobre el origen del mismo. Nadie más parece haberlo notado, lo cual no es de extrañarse, siendo que ahí todos ingieren supresores excepto ella. Ventajas de ser una mujer alfa. Por su género femenino, su cuerpo tiende a producir menos testosterona, haciéndola menos agresiva, territorial y por ende, muy controlable al momento del celo. Ya sea el suyo o el de un omega. Lo mejor de todo, es que eso no le resta facultades de alfa. Es gracias a ello que ha logrado olfatear muy bien el ambiente y llegar a la conclusión, de que se trata de un enlace.

La sorpresa viene ahora, que el ambiente, las feromonas y la extraña actitud de su compañero, le están dado la respuesta completa.

– Creo que alguien tuvo sexo anoche. – alza la voz. Ríe descarada sabiéndose oída por todos sus compañeros, a quienes se les tiñen hasta las orejas.

Menos a ella.

O no, claro que no. No puede avergonzarse si quiere inspeccionar a detalle la actitud de ese alfa.

Quien sí se avergüenza es su novio. A Eijiro todo el cuerpo le hace juego con su cabello y está por ocultar el rostro tras sus manos por semejante bochorno, cuando los irises carmines se encuentran en el aire con otro semejante. Lo demás, sucede en cuestión de segundos. Bakugou no explota. No está molesto y su ceño continuo tan liso como una manta recién planchada.

Y no puede ser. Eijiro queda pasmado. Anonadado.

No es posible.

¿O sí?

Despega su trasero del escritorio en el que ha estado apoyado. Camina presuroso al lado de Katsuki y, por un instante, solo se queda ahí, a su lado. Pensando. Pensando. Y pensando.

– Blasty – le llama cuando su cerebro ha terminado de cargar las ideas. – lo que dijo Mina…eso… ¿Eso es verdad?

El silencio les envuelve mientras se observan. Uno más expectante que el otro, pero la respuesta no llega.

Y no va a llegar.

Katsuki tuerce la mirada y continúa con sus asuntos. Entonces Eijiro entiende que sus conjeturas son ciertas y siente una especie de vértigo ante la avasalladora cantidad de información que eso le da. Pues, que Katsuki haya tenido sexo, es lo de menos. Cualquier alfa a su edad lo tendría. El asunto en concreto es el con quién lo ha tenido; lo cual también es deducible. Pues ese buen humor de una persona que días atrás traía acuestas la muerte, solo se puede deber a un ser en específico. Es ahí, que otro cuadrante se une al análisis. Porque por lo que Eijiro tiene entendido, ese omega le odia y si es como él piensa y han tenido sexo, eso solo le lleva a una conclusión posible.

– Son… El omega y tú … – la frase muere en sus labios al ver una curva cuasi fantasmal plasmarse en torno a los labios de Katsuki.

Eijiro abre los ojos más allá de lo humanamente posible.

– ¿Lo marcaste? – Musita con más fuerza de la necesaria para el hilo de voz que sale.

Katsuki agita la cabeza, aunque eso no parece ser suficiente para su amigo, que trae una mueca difícil de definir en el rostro. Muerde sus mejillas por dentro. Los sueños que ha tenido y la sensación que siente desde esa mañana le han dejado claro que quizás, no todo eso sea producto de la resaca post celo. Sino de algo más grave que no se explica del todo bien. No ha marcado a Izuku, es cierto, pero cuanto quisiera hacerlo. Saberse aceptado por su omega, porque él hace mucho que ya lo acepto. De lo contrario, no se hubiera contenido como lo hizo. No hubiera pensado en cada decisión que el omega hubiera podido tomar en ese momento.

Aun así, eso no le da certeza de nada. Izuku puede aceptarlo como rechazarlo. Aunque una ínfima parte suya, le dice que tarde o temprano terminara por ceder. Porque son predestinados y es como dice Uraraka, todos los omegas sueñas con esa relación mágica, llena de instinto y romanticismo. A Katsuki no le molestaría ser lo segundo, siempre y cuando Deku desee eso.

– No – responde finalmente. No por ello, menos emocionado, pues entiende que esa respuesta puede variar en cosa de nada. – Así que no abras tu bocota con nadie o te mato.

Eijiro asiente con una sonrisa reprimida en el rostro. Es difícil para él controlar lo feliz que le hace ver a su amigo haber hallado a su omega. Respira hondo, sorbiendo con los labios, en un intento de asesinar esa sonrisa y no ser notorio sobre la plática que acaban de tener. Es en ese instante que, con las feromonas relajadas, cerca de su Katsubro y una gran cantidad de aire en sus pulmones, lo nota. La sonrisa termina por renaces más fuerte que nuncacuando sus ojos posan sobre los de Mina y ella, con un gesto, se lo confirma.

La agencia huele a un enlace.

Esa tarde su ronda por el vecindario pinta muy tranquila. No ha tenido mucha acción luego de que volviera de su descanso por el accidente que tuvo con el villano. Incluso Kirishima y Todoroki han tomado como excusa a Mizuki para que no salga a patrullar, sino que, por el contrario, se quede en la agencia velando por la niña. Por lo que retomar su rutina habitual le sienta bastante refrescante. Su mano se cierra en un suave y frágil puño, uno que habitualmente a esa hora, se ceñiría entorno a la pequeña mano de su hija.

Caminar por esas calles a media tarde es agradable, pero lo es más cuando Mizuki está a su lado.

Katsuki frunce el ceño por primera vez en todo que va del día.

Las personas a su alrededor caminan sin despertar en él interés alguno. Eijiro habla a su lado sobre cosas de su vida cotidiana con Mina, que sencillamente no le importan. Ahora que ha pensado en su hija, aquella caminata luce aburrida y hasta molesta. Si no fuera porque Deku aun continuaba tomando su descanso por celo, él podría haber pasado a la escuela por ella y no el omega. Se tienta a pensar que quizás, si no hubiera apresurado su salida ese día por la mañana, tal vez –solo tal vez– hubiera podido mantener una conversación como es debida con Deku. Sobre lo que ha pasado entre ellos, sobre lo que ambos quieren y esperan del otro y, volviendo a los tal vez, ambos hubieran podido pasar por la pequeña a la tarde. Muerde el interior de su labio, solapando la sonrisa a media vela que lucha por ser más que eso. Se ha dicho a si mismo que lo que ha sucedido entre él y el omega no es algo seguro. Que puede que sí, como puede que no y, sin embargo, es en vano que se mentalice en ello. Bien dicen que la esperanza es lo último que se pierde y Katsuki está sintiéndola hacer ebullición en su abdomen, alborotándole las entrañas despiadadamente.

Son tantas las cosas que podrían ser entre ellos.

Demasiadas.

Si Deku tan solo lo pidiera.

Palmea su abdomen. Inspira. Y no, no, no. No va a permitirse imaginar nuevamente más de eso. Pies en la tierra, carajo. Nada es seguro aún. Exhala. Kirishima le toma del brazo, unos pasos tras él, y le hace detener su ritmo. Katsuki queda de lado, observándole. Le toma un instante descifrar que es lo que sucede, cuando la ceja del pelirrojo se enarca hacia la derecha. Entre pensamiento y la ruta monótona de su ronda, han llegado a una de sus ex paradas habituales: La cafetería de All Might.

– Se que aun tienes prohibido el ingreso, pero yo podría llevarle un recado. Si quieres.

Silencio.

Katsuki solo mira hacia la cafetería. Observa el ir y venir de las personas tras los grandes cristales. Percibe la esencia del café, entremezclado con uno que otro aderezo, mas no la fragancia a menta y primavera que desearía olisquear.

– No– Responde – No es necesario – continúa su camino. Izuku no está ahí, está en su casa descansando; pero incluso si no fuera así, entiende que no es momento de ir por respuestas. El omega ha guardado mucho rencor y odio por él durante todos los años distanciado, no espera que olvide aquello de un día para otro, lo ideal es darle tiempo a que asenté sus ideas. Por más que Katsuki se haya controlado durante el celo, entiende que el solo hecho de haberlo pasado juntos, no va a ser algo fácil de asimilar para Izuku y que este ha de estar batallando entre el odio que dice tenerle, y lo que su omega interno quiere. Que es a su alfa. Que es él. Por lo que no va a ir al ritmo que él quisiera, menos con todo lo que le ha costado dar ese paso. Ahora mismo, no es momento de apresurar nada, va a a esperar paciente a que sea Izuku quien lo haga de a pocos. – pero gracias.

Eijiro ve la espalda del alfa alejarse a pasos lentos pero firmes. Entorna los labios, satisfecho, apresura el paso tras su amigo. No sabe de qué va su relación con él omega, si lo marcará o solo quedarán como amigos… o conocidos nada más. No sabe nada. Pero le hace feliz ver que haya encontrado a alguien capaz de cambiarlo de manera positiva. Ha sido gradual y probablemente, él mismo no lo haya notado; pero Kirishima sí y muchos en la agencia también.

– Sabes, creo que éste sería el momento ideal de pasar tiempo con Mizuki.

Y gran parte de ese cambio, ha sido gracias a su hija. La pequeña niña tiene un carácter tan parecido a su padre, que en más de una ocacion ha tentado sacarle de sus casillas. Eijiro ha tenido oportunidad de verlo pegarle al casillero de los vestidores, luego de que Mizuki se negara a obedecerle. Entiende que eso tampoco la hace una niña malcriada, pues no tendría por qué obedecer a alguien que, para ella, no es parte de su familia.

– Ya paso tiempo con ella.

– Me refiero a más, como pasar el día entero. Que se quede a dormir en tu casa, por ejemplo – Eijiro no es quien para meterse en sus asuntos, pero sabe que mientras más tiempo aplacen la verdad que ellos saben, más difícil será para su hija entenderlo. Aclara su garganta. – La idea es que te sienta como alguien cercano y no solo un amigo.

Un amigo.

Bakugou recuerda que es así como su hija le ha presentado con el resto de mocosos y maestras de su escuela. Antes, no hubiera imaginado que esa presentación le incomodado tanto como lo hizo. Es su padre y quiere ejercer como tal. Ya conoce a la Mizuki molesta y a la que es feliz con algunos juguetes, pero quiere su día a día también. Convivir juntos, saber que materias se le dificultan en la escuela, que comidas son las que menos le gustan, estar a su lado cuando tenga una pesadilla y que sepa, que él va a estar ahí para protegerla siempre. Y a Deku también. Quiere convivir con ambos y saber hasta lo más banal de ellos.

– Piénsalo.

Y Katsuki lo hace durante lo que queda del día. Kirishima tiene razón, si quiere dar un paso significativo en esa extraña relación amical que tiene con su hija, debe empezar a ganar terreno y pasar un día entero juntos se postula como la mejor idea. Su apartamento aún conserva una habitación vacía que, aunque había sido pensada para almacenar sus equipos de entrenamiento, fácilmente puede desechar la idea por una habitación para Mizuki. Incluso si el espacio no es muy grande, es el suficiente para una cama y un estante de juguetes. Deberia tener muchos posters de All Might y figuras de él, tal como Izuku solía decorar la suya.

Mizuki no se negaría a pasar la noche en su casa. Ha ganado confianza con la pequeña y ya no le ve como una amenaza. No es que ella se lo haya dicho, pero Katsuki lo siente. Instinto paterno, podría decirse, aunque él prefiere atribuírselo al hecho de que él también se siente cómodo con la pequeña. Aún tienen pequeñas discrepancias, pero dentro del margen normal padre-hija y una noche juntos seria la prueba verdadera de que tanto ha evolucionado su relación. Katsuki pondría todo de su parte para que salga bien. Ahora, a comparación de antes, quiere llevarse verdaderamente bien con Mizuki, quiere él mismo demostrarse que está hecho para ser padre.

– Ahora te voy a enseñar para que sirven los omegas.

Sonríe amargo, el repentino pensamiento de lo distinto que todo ello sería de haber actuado de manera distinta seis años atrás viene a su mente. Sus pasos se enralecen en medio del frio de la noche. Kirishima ya no está para darle ánimos y la ausencia de personas a su alrededor enarcan más el sentimiento sombrío que le embarga. No hace mucho, ha sido consciente recién de esa molestia que sumerge su pecho en un torbellino de suposiciones de todo lo que hubiera podido ser. Quizás, Izuku hubiera podido convertirse en un héroe. Quizás hubieran podido enlazarse voluntariamente. Quizás recién estaría esperando a Mizuki.

Quizás...Quizás...Quizás…

Es frustrante saber que no puede volver el tiempo atrás y decirle a su yo de catorce años que está cometiendo el peor error de su vida. Que, aunque no lo admita, una pequeña y estúpida parte de él, ya se había acostumbrado al niño de gran mirada menta y que él ha estado desvirtuado aquel sentimiento sometiéndolo a humillaciones, agresiones y vejaciones. Mas no puede cambiarlo. Solo le queda esperar y rogar por una oportunidad que, si Izuku le da, él se aseguraría de hacerle olvidar todos los malos momentos. No prometía ser el mejor alfa, pero si esforzarse.

Va a demostrarle que vale la pena intentarlo.

Inhala profundo el gélido aire, más tranquilo ahora que tiene un plan de acción para lo que quiere. Respira y sus fosas nasales encuentran en cada partícula de oxígeno el aroma a primavera y menta. Sin darse cuenta de sus pasos, al igual que anoche, ha llegado frente al edificio del omega. Resopla, burlándose de sí mismo. Aspira nuevamente y ahora todo le huele a Izuku. Aun a esa distancia, el ser predestinado le permite encontrarlo fácilmente.

Sonríe bajo la luz de un farol que tienta por apagarse.

El omega está bien, nada en sus feromonas le indica que el celo continúe. Le siente calmado y relajado. Mizuki está ahí también.

[21:15hrs] B.K.: "Buenas noches, Deku"

Definitivamente, no es ningún efecto del post celo.


Siguiente capitulo:

– ¿Y qué si tuviera algo con Hitoshi?


Nota de la autora:

¡He vuelto! *insertar elmo en llamas*

Le he dado vueltas a este capítulo por casi una semana. Reescribiendo la primera parte, hasta que termine por dejarla como la tenía planteada desde un inicio.

El siguiente capitulo se viene con una historia sobre predestinados que involucra a un personaje y me ha gustado mucho el imaginarla ¿Adivinan de quien se trata?

Respuestas reviews sin log.

Rui Chenkov: Demasiada información en un solo capitulo jajajaja El punto de Deku no es mucho, recordemos que estaba "cegado" por el celo, por lo que sus recuerdos no son del todo claro.

WhiteRabbit: Si! Usualmente es "sigan porfavor no paren!" ajajaja Creo que en este punto muchos estábamos de acuerdo en las actitudes que son correctas y las que no. Ojo! Katsuki dijo eso, intentando convenserce de que una relación entre ellos, seria solo instinto. No excatamente por que lo creyera del todo. Psdt: Amo contestar reviews. Hace que no me sienta sola escribiendo xD.

ToriTd504: Primero, siento no haber respondido el review anterior, es solo que crei que me leerías por wattpad y no tendría sentido subirlo aca. La tentación de seguir leyendo es grande. Entiendo que empatizar con Katsuki es más facil, porque se ve más su punto de vista y esquíen ha tenido un gran crecimiento como persona desde el primer capitulo. A diferencia de Izuku, que ha estado estancado en el pasado con justa razón. Ahora, creo que no me he explicado del todo bien, y es que el drama (no estoy segura de si debería llamarlo asi), no viene por parte de la relación Izuku-Katsuki, sino del ámbito "social" el que veremos en un par de capítulos.

Jhovana: Hola y bienvenida! Izuku le ha perdonado más que nada para no albergar rencor en su corazón. Bien podría ser un "que le queda", pero creo que Katsuki recién esta empezando a ser merecedor de un perdón más sincero. Aunque claro, eso tampoco significaría borron y cuenta nueva.

ReginaFG: gracias por el review.

Ari chan: Katsuki esta cambiando. Ahora piensa más en lo que Izuku haría o quiere, antes de él.