Consecuencias
Capitulo 13
Respira pausadamente, con las manos apoyadas en la mesada del lavabo. El vaho del agua caliente escurre por la superficie de las losetas y el espejo frente a él, donde su imagen luce borrosa. Su cabello húmedo por el baño crea pequeños riachuelos que surcan sus mejillas hasta gotear sobre la piel magullada de sus hombros. Izuku vislumbra en su reflejo, que gota a gota es despejado del vapor, las marcas que el alfa ha dejado sobre su dermis. Piel roja, herida, lacerada. Con una mano limpia el cristal pavonado, dejando la imagen de su cuerpo mejor definida. Sin mucho esfuerzo, gira el torso hacia la izquierda, hacia la derecha. Los colmillos de Katsuki se han adentrado profundo en ciertos puntos, traspasando la piel hasta la hipodermis. Sus brazos y caderas lucen marcas provocadas por la presión ejercida en ellas.
Siente un sinfín de emociones arremolinarse en su vientre, estrujarle las vísceras en una sensación nauseabunda. Quiere llorar. Quiere gritar. La impotencia de despertar la mañana pasada entre los brazos de Katsuki aún le sobrecoge. Aquella ha sido una escena tan surreal.
¿Cómo es que había llegado hasta ahí?
Puede hacerse una idea. En su pubertad, ha sido un fanático de la literatura y no solo de héroes. Solía llamarle mucho la atención esa relación idílica que se formaba entre predestinados. En esos libros, se hablaba de muchas cosas que ha empezado a sentir desde que reapareció Katsuki. El asco a los aromas de otros alfas, añorando el de él. La inquietud de querer tenerle a su lado y, finalmente, sus ciclos sincronizados. Al despertar, ha podido percibir claramente las feromonas de alfa en celo. Aquello no habría pasado más que como una coincidencia de no ser porque a él el celo le duraba tres días, cada tres meses y ese día, el calor ya había desaparecido.
Sincronizar el celo con un alfa significa que entre ambos crean una armonía entre el tiempo y la iteración del mismo. Para Izuku fue fácil notar, que su celo había desaparecido en solo un día, tal cual sucedía con algunos alfas. Fue entonces que una ráfaga de recuerdos, muy rápidos y muy violentos, se amotinaron en su memoria.
Deja escapar el aire entre sus labios con cierta pesadez. Abre el botiquín tras el espejo y toma una pomada que usa en Mizuki cuando se hace un rasguño. Nunca pensó que un día seria él quien necesitara de ella y menos, para ese tipo de heridas. Un leve gemido escapa de su garganta cuando la textura fresca toca la herida. Arde, quema. Aplica en movimientos circulares, con el rostro contraído por el dolor. Muerde el interior de sus mejillas tolerando los espasmos que involuntariamente genera su espalda. Esa mañana, aun con la resaca del celo en su organismo, no había sentido tanto dolor. Un par de lágrimas caen y no son del todo por el ardor de sus heridas, sino de su alma oprimida y desgarrada. Los remanentes de la noche pasada le han dado un vistazo de lo que su omega interior es capaz de hacer cuando le deja poseer su cuerpo por completo y no puede discrepar ya con las personas que piensan que un omega no es más que una maquina sexual. Izuku recuerda el cómo le ha llamado con desesperación a Katsulki, el cómo se ha abalanzado sobre él durante toda la noche. Recuerda las ansias de ser poseído, el deseo quemándole.
Baja la mano y la apoya en el lavabo nuevamente, respira hondo, sobrecogido.
De alguna manera, aquello le hace sentir culpable. Porque él lo ha deseado tan fervorosamente que ha sido Katsuki quien ha debido controlarse. El alfa se ha mordido a sí mismo en busca de autocontrol, sin embargo, eso no le aseguraba que dentro de tres meses lo vuelva a hacer. De hecho, nada le asegura que, dentro de tres meses, sea él mismo quien incite con mayor vehemencia al alfa a poseerlo. Izuku se ha repetido una y mil veces por los últimos años, que un omega no tiene la culpa de lo que un alfa le haga durante el celo. Aun así, el sentimiento se expande dentro suyo cada que ve las marcas y heridas que lleva en el cuerpo. Su parte más primitiva le condena cruelmente y enaltece a Katsuki por el comportamiento digno de lo que es, un héroe. Tanto así, que es esa misma parte salvaje que aún permanece dentro suyo, la que le ha instado a lamer las heridas del alfa en una clara aceptación de él como miembro de su manada.
Y es eso lo jodidamente perturbador.
Porque Izuku ha leído suficientes historias sobre predestinados que sabe cómo va a terminar eso. Oh, y Katsuki no le es ajeno a lo que sea que se está entretejiendo ahí. Izuku no es tonto y comprende a la perfección el significado en el actuar del héroe para con él. Ambos están cediendo terreno al instinto y dejando de pensar como seres racionales. Puede que Katsuki este cambiando para bien, pero ¿Es eso suficiente para que Izuku se entregue? No es ni un sí ni un no, el omega no lo sabe. Porque, aunque es consciente de que todo lo que le ha tocado vivir es por culpa de Katsuki y aunque el estómago se le comprime en pensar siquiera en aceptarle como amigo, no puede evitar sentir el corazón desbocado cuando recibe ese mensaje.
[21:15hrs] B.K.: "Buenas noches, Deku"
Entiende que todas esas emociones son provocadas por el instinto y lazo que les une. Las mismas que llevan esa noche a soñar una relación idílica con él alfa. Una pareja predestinada que, sin importar los traumas del pasado, terminan por superar los problemas. Un esposo cariñoso. Un padre que vela por su familia. Un héroe que salva a las personas por convicción. El alfa que todo omega quisiera a su lado.
Que él quiere a su lado.
Y Mizuki luce tan feliz jugando con él, caminando de la mano, durmiendo entre los dos en una noche nevada. Es ella quien más brilla en su sueño. Lo hace tanto, que confunde el destello de los rayos del sol al golpear el vidrio, con su pequeña. Izuku, a pesar del sueño al que tilda como desagradable, despierta descansado, tranquilo y relajado. Como nunca antes se ha sentido luego de un celo. Quizás, porque nunca antes lo había pasado con otra persona. Quizás, porque lo ha pasado con su predestinado. Quizás, por lo cerca que siente ese futuro mejor que siempre ha deseado para su hija.
Su mirada se pierde entre las sabanas, ahí donde duerme la niña, con ambos brazos y piernas estiradas ocupando gran parte de la cama. Izuku se alza sobre sus codos, boca abajo, y tan solo la observa. Su cabello cenizo de raíces oscuras, brilla como ámbar contra el sol. Las pequeñas pecas se pierden entre el brillo dorado. Traga hondo, con una sonrisa media rota, mientras el corazón se le aprieta de pensar la vida tan diferente que podría tener Mizuki si él tan solo aceptara a Katsuki como su alfa.
Aspira entre los dientes.
Nuevamente piensa cosas que no debería. Mizuki vale cada sacrificio que ha hecho en su vida y a veces suele creer que, si su vida ya está jodida, no le costaría nada seguir sacrificándose si al menos eso asegura que su hija sea feliz. Lo ha hecho con su trabajo anterior. Lo podría hacer con Katsuki ahora. Al fin y al cabo, son predestinados y en algún punto de ese hilo que los une, ha de haber amor. Tal vez uno toxico y enfermizo, pero que Izuku sabe, podría tolerar paciente y maquillar como algo que no es. Tal y como lo hizo con su amistad durante toda la infancia.
Mizuki valdría eso y mucho más.
– Mhnm…papá… –le llama adormilada. La menor se estira desde las manos hasta los pies y luego, entorna los ojos con una sonrisa. Siempre de buen humor.
Su padre le sonríe de vuelta.
– Es hora de alistarse para la escuela. – Toma asiento en la cama, tomando a Mizuki de las manos, ayudándola a levantarse.
– Hoy cuando Kacchan me recoja ¿Se puede quedar a dormir?
– ¿Ka-cchan? – Inquiere trastocado, con el entrecejo junto. Cree haber oído mal. Oh sí, debe ser eso. – ¿Po-porqué le llamas así?
– Tú lo llamas así cuando duermes. – Las orejas se le tiñen. Eso no lo recuerda – ¿Se puede quedar?
Traga duro, en un bolo que lastima su garganta y lacera su pecho. Cree haber cometido el peor error de su vida al apiadarse del alfa y permitirle pasar tiempo con su hija. Izuku en lo profundo, preferiría que su hija le odiara.
Pellizca su muslo.
¡Qué dices!, recrimina por lo estúpido que ha sonado eso. Su hija no debería conocer nunca el significado de esa palabra.
– ¿Por qué quieres que se quede?
Mizuki se encoge de hombros, incapaz de responderle. Como si de verdad, no supiera ni porque ha preguntado eso. Luego se pone de pie y camina al baño. El mayor la observa desaparecer tras el umbral. Tal parece que ella al igual que él, están siendo afectados por la constante cercanía. Ambos están sintiendo el lazo que les une como un todo e Izuku piensa que, a lo mejor, ya va siendo tiempo de ceder.
Total, aquello es inevitable.
…
– ¡Kacchan! – vocifera a viva voz la futura Bakugou cuando ve al héroe frente a su escuela. Corre y le abraza una pierna al mayor en símbolo de saludo. A Katsuki le embarga un calorcillo agradable en el pecho tras oír nuevamente ese sobrenombre en boca de su hija luego de un día de no verse.
Ha sido bastante difícil convencer a Deku ese día a que le deje pasar por ella. Bueno, Kirishima la ha tenido difícil, pues ni con toda la maraña de sensación que es ahora, podría tener las bolas de suplicar algo por mensajes.
Mizuki se separa, agita la mano en dirección a la escuela, despidiéndose de sus compañeros que siempre le miran de la ventana cada que el héroe llega por ella.
Sonrie, un poco victoriosa. A su corta edad, ha sentido ya el rechazo de los suyos por no haber despertado un quirk a tiempo, porque no tiene padre e incluso, por haber dicho en una ocasión que Hitoshi lo era. Que una beta lo era. Por lo que ve en Katsuki la forma ideal de cerrarles la boca a todos esos niños tontos que durante meses la han molestado. Califica como genial el pasear con un héroe por la calle y los celos que emergen en sus compañeros al verla irse todos los días con él.
No todos tienen de mejor amigo a Ground Zero.
Así lo ha presentado ella, orgullosa.
Sujeta la mano del mayor y emprenden la caminata. Es invierno y no muchas personas se animan a caminar por la calle, menos aún, sacan a sus niños a pasear. Ambos son la excepción. Con el frio en las mejillas y las narices rojas, ninguno es totalmente susceptible a la temperatura. No tiritan ni se quejan. Ella habla en lo que parece más un monologo que una conversación y Katsuki solo asiente e interviene con monosílabos. Feliz de que su hija cada vez le acepte más, molesto porque en sus historias no es más que su amigo. El alfa interior del héroe ruge inconforme cada que su hija usa aquel sustantivo para referirse a su relación y no como verdaderamente es. Sabe que tampoco es como que tendría que hacerlo, al fin y al cabo, Mizuki no conoce la verdad y Katsuki ya ha comenzado a plantearse el hablar de ello con Deku. Más aun ahora que, con el giro de los acontecimientos, su situación podría cambiar.
Y pasar a ser la familia Bakugou.
Mizuki Bakugou.
Katsuki se siente incómodamente emocionado por ello.
Mizuki es completamente ajena a ese pensamiento, siendo solo consciente de que su amigo es un héroe y que eso la convierte en la envidia de todos los niños en su escuela. Por lo que ya no le molesta más la presencia de Ground zero, o Kacchan, como ha decidido llamarlo desde que oyó a su padre decirle así. Lo cual le lleva a pensar en algo en lo que, hasta el momento, no había reparado.
– ¿Cómo conoces a papá?
De pronto, el alfa siente el frio invierno colársele hasta los huesos. Baja la vista, sus irises se encuentras con los similares de su hija, quien espera una respuesta. Traga hondo y dice la verdad…
– Fuimos a la misma escuela. –… aunque no toda.
– ¡Oh! Son amigos.
– Algo así – menciona dudoso– Démonos prisa, tengo trabajo por hacer.
Y como Mizuki es muy seria con el trabajo que un héroe debe realizar, deja de lado las preguntas y acelera el paso hacia la agencia.
…
– Bakugo – Todoroki le llama con entonación seria – No tengo ningún problema con que traigas una niña a la agencia – Empieza. Algo indeciso sobre como llamar a aquel pequeño ser humano. Katsuki no ha mencionado aun el tipo de parentesco que mantiene con la niña y, aunque para Shouto es obvio, prefiere mantenerse al margen de dicha información. – Pero este es un lugar de trabajo, no puede tener sus juguetes regados por todos lados. – finaliza señalando el sofá en el que la pequeña suele esperar al héroe.
Katsuki le observa por sobre el hombro. Tiene razón el bastardo. Mizuki está acostada de piernas abiertas en el sofá, entretenida con la Tablet que le ha comprado, mientras que sus juguetes se encuentran desperdigado en todo el rededor de esa zona.
Sin responder nada a su "jefe", se pone de pie, camina hacia la niña.
– Mizuki – le ignora como digna Bakugou que es – Mizuki – No hay respuesta. Katsuki frota su entrecejo, no quiere gritar ahora que están en buenos términos con su hija.
Le quita la Tablet sin previo aviso.
– ¡No! – hace un puchero.
– Recoge esos juguetes– la menor le frunce el ceño, con esos ojos rojos fijos. Imagina que así de desafiante ha de haberse visto él de pequeño – No te la daré hasta que no lo hagas – amenaza agitando el aparato en la mano.
Mizuki bufa. Extiende sus manos y como si fuera lo más habitual del mundo, atrae todos los juguetes a ella. Se mueven lento y tardan cerca de un minuto en reagruparse, pero es suficiente para dejar a Katsuki estupefacto.
– Listo – alza una mano, atrayendo de la misma manera que hizo con los juguetes, la Tablet. Esta vez, la mano de Katsuki se mueve junto al aparato hasta alcanzar a la menor.
Wow.
Wow.
Sabía que Inko, la madre de Izuki, tenía un quirk poco útil del que Izuku siempre hablaba. Atraer pequeños objetos. Aunque tenía entendido, que además de ser pequeños, eran de uno en uno. Mizuki atrajo más de seis juguetes, la Tablet y su mano. Sonríe por lo bajo, pensando en todas las posibilidades que esos dos quirks que posee pueden brindarle en unos años, cuando crezca e ingrese a UA.
Camina de regreso a su lugar, toma el móvil de su escritorio. Imagina lo feliz que ha de ponerse Deku, al saber que su ADN ha contribuido con un quirk en su hija.
[16:10hrs] B.K.: "Mizuki despertó otro quirk"
[16:10hrs] B.K.: "Puede mover objetos."
Ha Izuku le basta con leer el encabezado en la barra de notificaciones para que su día pierda el lúgubre espectro que le ha acompañado. Las emociones llegan a él y suelta una pequeña risita de ave. Parece que en su familia los quirk saltan una generación. Pega el móvil contra su pecho, conmovido. Pensar que meses atrás se culpaba que su hija no hubiera despertado ningún quirk pasado ya los cuatro años, y ahora no solo tenía uno, sino dos, lo que le seria de mucha ayuda en su sueño convertirse en heroína. Muerde su labio interior, vislumbrando el futuro prometedor que le depara a su niña.
Quizás pueda entrar a UA.
Quizás Katsuki pueda entrenarla.
Sus labios se tornan serios, formando una línea recta. La ansiedad empieza por oprimir su pecho al pensar que un día su hija y el alfa puedan ser pupila y maestro. Amigos tal vez. Padre e hija en el peor de los casos. Deja escapar un suspiro, algo mareado. No logra comprender bien si esa ansiedad proviene del pensar en que el héroe pueda mantener esa relación con su hija o que, en el fondo, no la sienta del todo incomoda.
Gruñe. Molesto consigo mismo. Su guardia ha ido bajado tan sutilmente que no lo ha notado hasta ahora. Si hubiera sido más firme con sus decisiones, si se hubiera alejado en un inicio con lo que tenía, ahora no se estaría planteando el aceptar lo que sea que Katsuki pueda proponerle en un futuro próximo.
Porque está totalmente seguro que más temprano que tarde, Katsuki ha de terminar proponerle algo y su firmeza, terminará por flaquear en ese instante. Son predestinados, después de todo, y es casi imposible huirle al destino.
– ¡Joven Midoriya!
– ¡¿S-sí?!
El omega se gira sobresaltado, dejando de lado su labor de limpiar la mesa. Yagi le observa en silencio un instante, sus ojos escudriñan. Luego, camina a su lado.
– ¿Estas bien? – Inquiere ya a su lado, verdaderamente preocupado. Años de experiencia como héroe y defensor de los omegas, le han llevado a Toshinori a aprender a leer a los de su género. Entiende que a su joven mesero le sucede algo. Algo que tiene nombre y apellido, mas no piensa inmiscuir sus narices más allá de lo que el joven Midoriya le permita. – Vengo llamándote hace mucho.
– S-Sí – responde sorprendido, retrocediendo dos pasos al notar como el mayor mueve su nariz cerca de él – estoy bien. – vuelve a girarse, continua con su labor de limpieza ahora nervioso por el actuar del mayor.
– Si hay algo que te moleste, lo que sea, sabes que puedes hablarlo conmigo.
Izuku asiente, manteniendo su mano en movimientos circulares sobre el cristal de la mesa. Vierte un poco de su desinfectante sobre la superficie y continua con más ímpetu, tras de él el aroma a brisa fresca de Toshinori se mantienen firme. Pasan cinco, seis, siete segundos y nada parece cambiar en esa burbuja que se ha formado entre ambos y que aun con los sonidos de los comensales alrededor, empezar a enraizarse el silencio incómodo. El omega mayor solo le observa por la espalda, los brazos rígidos se mueven mecánicos haciendo la limpieza. Si algo le molesta a su joven mesero, no es algo que le vaya a decir. Suspira entrecortado, gira sobre sus talones, presto a retirarse.
– E-espere – llama de pronto y de inmediato se muerde la lengua. Izuku quiere hablar con el mayor, necesita conversar con alguien que pueda entender mínimamente lo que es ser omega. Delante de él, Toshinori se gira de vuelta, ambos se miran expectantes. – Hay algo – continua, el mayor asiente y espera en silencio. – ¿Usted cree en los predestinados?
– ¿Has encontrado a tu alfa? – Izuku niega enérgicamente – Oh – respira pausado, observando a la nada, medita– Creo que, en estos años, ya no se trata de creer o no. Es algo real, joven Midoriya – Izuku baja la mirada, dando por hecho que esa respuesta conlleva al cliché de esas parejas – Sin embargo, no considero que sea algo que uno esté obligado a aceptar.
– ¿Hmm?
– Aunque haya un destino de por medio y muchas feromonas revueltas, al final es uno mismo quien decide. Visto como una condición meramente biológica, los predestinados existen para librar de la extinción a la raza humana. No para que necesariamente se amen, ni tampoco estén obligados a pasar la vida entera juntos. – Izuku asiente, más por respeto que por convencimiento. – Espero haberte ayudado. – El rubio le sonríe antes de volver a su lugar tras el mostrador.
El menor le ve alejarse, mientras, piensa en lo fácil que es hablar cuando no se está en lo zapatos de uno y eso le incluye a él mismo. Izuku también ha leído y tan solo por teoría, comprende que el mayor no está errado. Ser predestinados, no es más que un instinto primario buscando forzar un apareamiento entre dos seres para engendrar vida. No es más que un celo desenfrenado, pero que, para ello, lleva sus cuerpos al extremo de necesitarse casi como respirar.
O lo que las personas suelen llamar amor.
Sin embargo, es muy fácil pensarlo de manera racional cuando no se ha encontrado al predestinado. No niega que las palabras de Yagi-san tengan sentido, sin embargo, es difícil marcar distancia de alguien cuando hay instinto de promedio que dicta que necesitas a esa persona a tu lado. Una sensación de estar cayendo en el pozo oscuro de la desesperación y locura.
Algo que, una vez más, las personas llaman amor.
E Izuku también lo ha creído en su momento, pero ahora se cuestiona. Porque siendo sincero, él no ama a Katsuki y probablemente nunca lo haga, sin embargo, eso no significa que no quiera estar cerca de él. En las últimas semanas ha sido cada vez más consciente de ello. Empezando por el accidente que tuvo y la alegría que le embargo de verlo vivo, y terminando por su celo. Izuku se considera un omega fuerte y de mentalidad diferente al resto de los suyos, pero a ratos, es su omega interior quien decide. Es él quien se ha aventado a los brazos de Katsuki durante su calor. Es él quien le susurra suave al oído que es momento, que Katsuki ya se disculpó, se está ganando a su hija y acaba de enmendar su erro no cometiéndolo nuevamente.
Es él quien a aplacado su ira al despertar al lado del alfa, cuando evidentemente, quería pasar ese celo solo.
O tal vez no.
Tal vez ese omega interior es solo un invento suyo que usa para darse libertades que su lado objetivo no ve como correctas.
Su mente es un manojo de dudas que le llevan a caer en un angustiante círculo de frustración al no saber qué decisión tomar. Que hacer o no hacer. Que es correcto y que no. Si debe pensar primero en Mizuki o en él. Izuku, ciertamente, aún no sabe cómo abordar la vida que le ha tocado. Ha vivido anestesiado por el dolor, cegado al punto de no vislumbrar un futuro prometedor para él. Desea algo bueno para su hija, pero no precisamente sabe que desear para sí mismo y teme tomar una decisión que más tarde termine por ser la equivocada.
El resto del día, transcurre entre dudas y más dudas que se entretejen en su mente. El comentario de Yagi-san, lejos de hacerle entrar en razón, le ha llevado a tomar más conciencia de lo que ser predestinado significa y lo poco que entienden quienes no han pasado por esas circunstancias. Le ha hecho ser más consciente de Katsuki en su vida y que, aunque se repite una y treinta veces lo terriblemente horrible que ha sido con él, una minúscula parte del corazón de Izuku piensa que, si se controló durante el celo, no puede ser tan malo.
Ya de noche, termina su turno con las dudas en su cúspide más alta. Sale junto a Kouta como siempre lo hacen hasta la bifurcación que los separa y durante los minutos iniciales de su camino habitual, solo hay silencio en el espacio que se forma entre sus hombros. La cabeza de Izuku, por el contrario, tiene cincuenta voces hablándole a la vez. Volviéndole un poco esquizofrénico; hasta que el alfa decide romper el silencio, incapaz de soportar más el momento incómodo.
Y las feromonas extrañas que brotan del omega.
– ¿Te marcó Groud zero?
– ¿Eh? – la pregunta cae tan seca, que le toma totalmente frío – ¡No! ¡¿Por qué dices eso?!
– Hueles a un enlace – responde con total seguridad en que su olfato no le engaña – y dudo que sea el beta que solía pasar por ti quien lo haya hecho.
Izuku inclina el rostro de inmediato, intentando olerse a sí mismo y encontrar ese enlace al que se refiere. Ha leído artículos acerca de ese suceso, una pareja predestinada con exceso de cercanía podía llevar a sus cuerpos a simular un enlace. Sin embargo, nunca había conocido a alguien que lo hubiera experimentado, ni encontrado en internet alguien que hablara bajo su propia experiencia.
Hubiera preferido, que se quedara en teorías inventada en novelas románticas.
– No me han marcado.
– Hmm… Entonces Yagi-san tiene razón. Has encontrado a tu predestinado.
– ¿Yagi-san dijo eso? – inquiere asombrado.
Kouta asiente.
– Fue él quien se percató primero del cambio en tu olor.
Izuku baja la mirada.
Yagi-san ya lo sabía, por eso ha venido las extrañas miradas de un tiempo a ese, así como su preocupación de esa mañana en la que, seguramente, su aroma ha debido intensificarse a causa de todas las dudas que le han surgido referente a Katsuki. Inspira. Katsuki… Si sus feromonas se han enlazado y sus celos sincronizado ¿No es algo obvio el siguiente paso? Aun cuando Toshinori le ha dicho que ser predestinado no significa enamorarse ¿Qué diferencia hay para ellos ahora? Izuku puede negar hasta la muerte que no siente nada por Katsuki, pero es innegable que cuando está cerca suyo su cuerpo le pide caricias. Quiere abrazarle, besarle, impregnarle de su aroma.
¿Qué no es eso lo que llaman amor?
– ¡Desde que nos reencontramos solo he hecho lo que has querido! He esperado que me des una oportunidad.
Katsuki tampoco parece ser indiferente a estos hechos. Su comportamiento de un tiempo para este ha cambiado y por momentos, le lleva a pensar lo sencillo que sería ceder a ese instinto primario. Observa de soslayo a Kouta, inhala suave. El chico usa supresores y aun así Izuku ha sido capaz de olerle antes. En un inicio encontró las feromonas a verano, playa y arena bastante agradables. Luego eran nauseabundas y ahora le son indiferentes.
Su instinto a termina por acoplarse al de Katsuki.
Buscar distanciarse en ese punto será difícil, pero lo será aún peor mantenerse en la relación que mantienen, sin ser algo realmente. Aquello solo reafirma la facilidad con la que podría dejarse llevar por el destino e incluso el discurso científico de Yagi-san empieza a desmoronarse.
Es fácil hablar cuando no tienes a tu predestinado enfrente.
Vuelve a observar a Kouta, con todas estas dudas comiéndole el cerebro. No sabe si el alfa haya encontrado ya a su predestinado, pero al menos, puede darle un punto de vista desde su género.
– Crees…– Eleva la mirada, aclara su garganta. – ¿Crees que las parejas predestinadas estén obligadas a amarse para toda la vida?
– No. – Responde bufando, como si la respuesta fuere obvia – Ni siquiera considero que deban de amarse. Es decir, el amor es decisión de cada uno y no de un destino intangible.
Izuku asiente, al igual que con Toshinori. No le hagas caso. Ellos no lo entenderían nunca, habla el omega dentro de él cual demonio embaucador e Izuku cae en sus palabras. Kouta no ha hallado a su predestinado tampoco, de lo contrario, su respuesta no sería tan objetiva y poco emocional. El omega exhala suave, observa el vaho de su aliento crear vapor contra el aire frio. Se resigna a que la única respuesta que vale en ese momento, es la suya, pues nadie ha estado en sus zapatos y decidido lo contrario. Todas las historias que ha leído a lo largo de su vida, solo se han centrado en el instinto y los sentimientos que nacen a partir de este.
– Hay una historia que suelen contar los héroes. – continua el alfa. Izuku ha esquivado su última pregunta y ahora, mientras luce apagado sumergido en sus pensamientos, cree entender a que ha venido su pregunta posterior – Trata sobre uno de ellos que encontró a su predestinado en el lugar menos indicado. Era un villano, poderoso como ningún otro, capaz de atraer con sus feromonas a todo tipo de omegas a su lado. Lamentablemente, esto formaba parte de su plan; una vez que se hacía de los omegas, se aprovechada de sus quirks.
Aclara su garganta, reseca por el frío-
– El héroe, un omega, descubrió del destino que los unía en medio de una batalla. Se dice que la cantidad de feromonas en el ambiente eran asfixiante para el resto, al punto de impedir a otros acercarse. Ambos intentaban usar sus aromas a su favor, hacer recapacitar al otro y que se uniera a su bando, pero eran fieles a sus convicciones y ninguno pretendía ceder
Kouta baja la mirada, Izuku le observa intrigado. El aire cada vez más gélida, roza contra sus mejillas como alfileres, aunque a ambos parece no importarles cuando desaceleran su andar.
– Como era de esperarse, el alfa no toleró el rechazo de su omega. Los alfas tenemos una predisposición genética a la agresividad, los omegas a la sumisión; y fue eso lo que le jugó en contra al héroe, quien inexperto en temas de predestinados y feromonas, no supo manejar la situación. El villano atacó hasta dejarle casi muerto.
Izuku deja escapar un grito ahogado.
– Pasaron muchos años antes de que se reencontrar. El destino los había convertido en héroe y antagonista por algo. – Hace una pausa – Para que sus caminos se cruzaran siempre – dicen al unisonó. Ambos sonríen al percatarse que conocen aquella regla básica de todo cuento entre predestinados. – Los años no pasaron en vano para el héroe, quien ahora, más maduro y experimentado, había comprendido que, aunque el destino te una a alguien, es decisión tuya aceptarlo.
Entonces Izuku, entiende finalmente el porqué de esa historia y la relación con su pregunta. Aun si es ficción y guarde poca relación con su vida actualmente, decide continuar oyéndola con atención.
– Se vieron las caras en la más grande batalla que haya existido. – Continua –El omega dejó de lado el destino y uso su libre albedrío. No luchó solo contra un villano, sino también contra su instinto y una sociedad que dictaba que aquello era imposible. Esta vez, no hubo el romanticismo de querer cambiar la percepción del otro. Él no fue queriendo rescatar a su alfa de las garras del mal, fue con la firme idea de derrotarlo y proteger a su nación. El héroe venció – Izuku se detiene habiendo llegado a la bifurcación en la que siempre se separan. Kouta da un par de pasos más antes de detenerse, queda de lado, dudando unos segundos entre si continua con el relato o no. Izuku le mantiene la mirada, expectante y finalmente se convence de que algunas personas necesitan pruebas tangibles para armar conceptos – Esto es algo que solo cuentan los héroes entre ellos, ya que el gobierno ha preferido mantenerlo en secreto de los civiles. El omega de la historia, era All Might.
Izuku
El alfa continua su rumbo y los sonidos propios de la calle parecen pausarse mientras Izuku le ve alejarse. Todos conocen sobre esa batalla, la enseñan en las escuelas, más nunca con detalles. Tampoco fue televisa ni se guardó algún registro gráfico. Ahora toma sentido, pues poco después de dicha batalla, All Might reveló al mundo ser un omega.
Un omega que, al día de hoy, a alcanzado la edad en la que los omegas pierden su fertilidad.
Sin hijos.
Sin alfa.
En su estómago se forma un agujero negro que le consume. La última frase queda repitiéndose en su mente, junto a todas las veces que ha pensado en que el mayor habla sin comprender su situación.
…
– Kacchan, ¿Hoy no me dejas con Hitoshi? – inquiere confusa, pues el alfa se ha detenido frente a la puerta de ella.
– No – busca en la mochila de su hija la llave que siempre trae de repuesto – Hoy vamos a esperar a Izuku– concluye con una sonrisa.
No tenía pensado hacer eso, se había propuesto darle un tiempo, pero el nuevo quirk de Mizuki es un buen tema para entrar con el omega y alivianar el ambiente incomodo que se ha formado luego de la noche de su celo.
Abre la puerta, la ráfaga de feromonas es la primera en recibirle con un abrazo. Izuku huele tan jodidamente bien sin supresores. Cierra los ojos, embriagándose con el olor a primavera, vida y menta que se le cuelan por cada poro. Le relajan. Le calienta, no la clase de calor sexual, sino uno más familiar. Le recuerda los días en los que su madre salía de la ciudad por trabajo y él se quedaba como el alfa de la casa, cuidando al único omega de la familia. Aunque jamás fuera así, pues siendo solo un niño a veces temía que algo les pasara estando solos. Masaru terminaba por dormir a su lado, cubriéndole con sus brazos y acariciándole con sus feromonas.
– ¿Estás bien?
Abre los ojos, de vuelta a la realidad.
– Sí.
Mizuki le observa con rostro adusto desde abajo.
– ¿Seguro? – tira de su mano, indicándole al mayor que baje a su altura. Katsuki obedece, se pone en cuclillas. La niña se acerca a su cuello, le huele – Ayer olías feo.
Aquello le causa gracia. Pues le recuerda a él mismo cuando sus padres entraban en celo. El aroma fuerte de las feromonas suele ser asqueroso para los niños, como una advertencia a que se alejen.
– Papá también huele así a veces. Dice que es porque se enferma – Separa su nariz del mayor. Toca su frente y baja la mano por la mejilla del cenizo, continuando con la inspección de su rostro – Cuando estábamos en el campo, yo me quedaba con los papás de Hitoshi ¿Tan contagioso es?
– No. Es algo que les toca a los adultos.
– Hitoshi nunca se pone así.
– Solo a algunos adultos.
– ¿No todos se contagian?
Katsuki asiente, retomando su posición inicial y dando el tema por cerrado. No quiere ahondar más y decir algo que luego Izuku use para alejarse.
– Oh – pero para Mizuki ese tema aún continúa. Más aun, cuando su cerebro ha empezado a comprender muchas cosas que su padre ni Hitoshi le han querido explicar antes – Entonces Hitoshi no se enferma – da como primera conclusión. Continúa pensando. Murmura muchas cosas inteligibles tal y como lo hacía Deku en su infancia. Aquello le causa un poco de gracia al alfa, que sonríe ligero observándola. – Por eso él ayuda a papá cuando se enferma.
Espera… ¿Qué?
La sonrisa se le combina en una especie de fastidio, convirtiéndose en una mueca extraña.
– ¿Cómo le ayuda?
– No lo sé – se encoje de hombros. Ahora que ha llegado a esas conclusiones, ha perdido repentinamente el interés por el tema– Él se queda acá con papá y yo voy a la habitación de al lado.
Mizuki corre a prender la televisión y ver si hay alguna noticia de héroes peleando contra villanos, ignorando por completo la reacción en cadena que acaba de despertar en el cuerpo del alfa.
Las feromonas agrias del cenizo opacan las dulces que sentía solo segundos antes. El instinto se le aglomera en las palmas de las manos y no controla su cuerpo cuando sale de ahí, toca la puerta de al lado y estampa su puño en el rostro del ojeroso.
…
– En serio, no puedo creer que le pegaras a Hitoshi por algo que dijo una niña. – increpa Izuku, entre molesto e incrédulo por la escena que ha encontrado al llegar a casa.
– ¿Qué querías que pensara si me dice que se queda contigo cuando entras en celo? No soy un maldito adivino para saber lo mal que te caen los supresores.
Izuku menea la cabeza.
El alfa solo le observa, avergonzado y falsamente malhumorado, para ocultar lo primero. Por esta vez, le da la razón a Izuku, ha actuado infantilmente, guiado por emociones y chismes contados a medias de una niña. Hitoshi se queda con Deku porque los supresores tienden a darle náuseas y un poco de fiebre, por lo que no le ha mentido a su hija al decir que se enferma.
El omega solo le observa en silencio, esperando algo más. Algo que no llega, ni va a llegar. Katsuki no agacha el rostro, pero ha desviado la mirada de él desde que empezó esa discusión, entendiendo su comportamiento errado, mas no dejando que su ego se rebaje a ello. Parece que trata con un adolescente.
Resopla leve y nuevamente menea la cabeza.
Silencio.
Izuku quiere dejar las cosas así como están, porque en el fondo Katsuki ha comprendido que actuó de manera equivocada. Sin embargo, callarse ahora, solo servirá para alimentar todas esas falsedades que han empezado a crecer entorno a ellos. Todas esas cosas que él mismo ha creído por unas efímeras horas y que luego de oír la historia de su más grande héroe, ha decidido poner fin y dar por cerrado ese tema.
– ¿Y qué si tuviera algo con Hitoshi?– Las irises rojas se giran a él.
– ¿Qué? – musita en un soplo.
– ¿Qué? – Repite – No es como si tuviera que pedirte permiso.
La frase sale suave, sin amargura ni ansias de generar conflicto, como si fuera una obviedad, y es justamente eso lo que fastidia a Katsuki. No necesita pedirle permiso, porque, en otras palabras, no tienen nada. Y sí, eso ya lo sabe, pero Izuku lo hace sonar a no tenemos ni nunca tendremos nada, que dista mucho de la imagen que se ha hecho el alfa. Katsuki inspira, desvaneciendo todo el mundo de conjeturas que se está formando en su cabeza. Mientras Deku no haya dicho un no definitivo, no está todo perdido.
– Somos predestinados, Deku – explica con calma, queriendo partir de lo más básico, que no se sienta como que le impone algo. Se acerca un paso – Nuestros celos se han sincronizado. Nosotros esa noche…
– Es solo instinto – le corta, dando un paso hacia atrás y con la misma calma con la que le ha hablado el cenizo e incluso, un poco tímido. Ha visualizado este panorama antes, aun así, quiere creer que el aroma que está emitiendo el otro no son lo que piensa – Respuestas físicas involuntarias ante estímulos que no controlamos. El celo sigue siendo el mismo, con la única diferencia de que ahora no tenemos un supresor que haga efecto. – Izuku está intentando hacer de esa explicación, la más sensata posible. Al igual que Yagi-san y Kouta lo han hecho con él; pero eso parece fastidiar al alfa, que endurece el gesto de su rostro.
Katsuki empieza a desear que esas palabras salgan solo para herirlo y no como verdades
– Seamos sinceros – continua – si hubiera entrado otro alfa y tú, encontrado a otro omega, igual nos hubiera servido. Son solo impulsos.
– ¡NO! – grita rabioso. Con el pecho que se le quiere salir corriendo de la agitación. Izuku da un pequeño salto de la sorpresa y él se obliga a bajarle unos decibeles a su voz. – ¿Un impulso dices? – Resopla. Sonríe amargo – Si así fuera, te hubiera follado cegado por ese jodido impulso – manifiesta. Por más suavidad que quiera darle a su hablar, la voz rasga su garganta, rompiéndose en cada palabra – Si fuera solo un puto impulso, te hubiera marcado y no lo hice ¡Me controlé todo el maldito tiempo!
– Y te lo agradezco, pero no me pidas más que eso – confiesa sincero. Por más discrepancias que hayan tenido y que mantengan aun, no puede, ni va a negar, que Katsuki se ha comportado con él como pocos alfas lo hubieran hecho. Eso es algo que no solo su lado omega opina. Le está sumamente agradecido, no por eso significa que deba darle algo a cambio. Incluso si las feromonas de Katsuki son sinceras y revelan sentimientos que bajo otras circunstancias quizás aceptaría.
Inhala hondo, tomando valor. Porque aun teniendo ya tomada su decisión, no puede evitar sentirse contrariado. Son predestinados, al fin y al cabo. Lo que suceda ahora, serán unos segundos que duelan una vida entera, pero que, en el largo plazo, será lo mejor.
Exhala levemente. Frota una de sus sienes. Le va a odiar y se va a odias, pero no fue él quien le puso trabas a la historia: – Yo no tengo sentimientos por ti y tú tampoco por mí ¿Por qué me reclamas tanto?
Silencio.
Mantienen sus irises fijos en el otro, a la espera de una respuesta congruente a lo que han dicho. Al menos un atisbo de duda de la parte contraria. Mas no llega y el tic-tac del reloj en la pared se les hace una melodía fúnebre. Pasan cerca de diez largos segundos en los que ambos se mantienen sin respirar, antes de que alguien ceda.
Katsuki es consciente de su papel en la historia. Baja la mirada.
Izuku vuelve a respiran.
Es el alfa quien desiste, porque valgan verdades, es él quien ha jodido todo desde el inicio y, aun así, Izuku le ha dado una salida honorable antes de continuar humillándose. Estúpido y jodido nerd. Aprieta los dientes, enarca la mandíbula en un gesto de fastidio total. Vuelve la mirada al omega, comiéndose la mierda que es por dentro.
– Tienes razón – Acepta la salida que se le ha brindado. Porque no tiene de otra. Porque entiende que un no es un no, por más palabrería que venga con el– Es solo instinto.
Izuku relaja sus hombros de la tensión, no por eso sintiéndose tranquilo. Ha dolido tanto como pensó que lo haría y seguirá doliendo por un tiempo más. Es el instinto que emite ese dolor.
Es solo instinto.
El alfa toma su maletín, colgándose al hombro. Camina de largo por el lado del omega y sale de ahí, con las esperanzas rotas y los sueños evaporados. Con el corazón que se le salta los latidos y la garganta que le quema. Cuando llega a casa, finalmente ha terminado de asentar en su interior esa hoguera de rechazo y desesperación que le incinera.
Y duele más que ser atravesado por una lanza.
Duele más que la muerte misma.
Esa noche, el sueño no da señas de ir a aparecer por casa de Katsuki, por el contrario, su ausencia llama a otros acompañantes tan toxicos que llevan al alfa emplear su quirk en el mismo en busca de paz.
Su mente no está tranquila y la mezcla emocional se aglutina en su corazón. En su dermis. En el ardor de las quemaduras y en sus ojos.
…
Siguiente capítulo:
– ¡No tengo un predestinado! ¡Esa mierda no existe!
Nota de la autora:
Lei en un fanfic sobre esta idea en la que las parejas destinadas, por más que se aleje, siempre terminan por encontrarse nuevamente. Me gusto bastante usarlo con Izuku y Katsuki, pero me ha gustado más crear esta relación entre All Might y All for one. Es decir, que mejor forma del destino de juntarte siempre a alguien que es tu némesis.
Sentia que Katsuki es un personaje muy dificil de hacerlo sentir emociones a menos de que sean estas las que lo manejen, por eso el cambio en el capitulo anterior. Katsuki a diferencia de Izuku, se niega lo que siente y lo excusa con que es instinto (lo cual es verdad), hasta que al final termina por admitir que quizás es más que eso. Izuku por el contrario, su naturaleza omega le lleva a resignarse de que si estan destinados, lo mejor es aceptarlo y fin. Una actitud muy pasiva, porque es la unica que conoce y ha visto siempre. La historia de All Might es la que lo hace cambiar esa percepción. Existen omegas que no endulzan estos sucesos en sus vidas.
Izuku esta preparado para lo que conlleva romper un lazo. Katsuki no. Los alfas no saben manejar sus emociones (creo haberlo mencionado en un capitulo pasado).
Ahora mis excusas. Siento que haya tardado tanto y solo haya traido el remake del capitulo anterior. Pero he empezado a trabajar y sumado a que estoy estudiando, no me da el tiempo de escribir. Eso no quiere decir que vaya a abandonar la historia, solo quelas actualizaciones van a estar retrazada y no sabría poner una fecha exacta como lo hice antes. Igual si desean saber si estoy avanzando el capitulo o como va, pueden escribirme al inbox, siempre respondo los mensajes.
Respuesta reviews:
Regina Fg: Katsuki debería besarle los pies a Izuku jajaja, siento la demora y gracias por el segundo y tercer review.
Guest1: Entiendo, es facil sentir lastima por Katsuki y sus ilusiones rotas. Pero creo que si contara la historia desde el momento en que Izuku salio embarazado, seria más duro ver como una a una se rompieron las ilusiones de él.
WhiteRabbit: El problema de Katsuki es que se le hace muy facil imaginar una familia junto a Izuku básicamente, porque aunque sabe el mal que ha hecho, aun no es del todo consciente de ello. Pero de eso, hablare más adelante…
Jhovana: Como mencione un review antes, primero Katsuki debe entender a cabalidad el error que cometio para que Izuku le perdone sinceramente. Incluso Mizuki en algun momento, quien sabe. Izuku es alguen dificil de convencer, la vida le ha enseñado eso.
