Consecuencias


Capitulo 14


En el horizonte la luna baña con su luz los copos de nieve, que uno tras otro cae sobre la ciudad. La cubren con su manto blanco en medio del silencio de la noche. Katsuki observa atento, queriendo sentirse ajeno a una imagen más poderosa que esa. Una que deja aquel cuadro de ensueño ahogado en una pesadilla. Muebles rotos, rezagos de espuma levitando por el ambiente imitando a la nieve allá afuera.

Katsuki quiere ignorarle. El pecho agitado sube y baja. Las manos aun chispean.

Y uno, dos, tres, los copos caen.

No quiere pensar.

No quiere sentir.

Las emociones son la peor pesadilla de un alfa. Pues un alfa no sufre, no siente dolor o tristeza. Cualquier emoción que fácilmente puedan asociarse a debilidad, se transforma en ira. Es una regla. Son pequeñas bombas de tiempo, cargadas durante toda su infancia con estereotipos. Repeticiones constantes de que su única función en esa sociedad, es la de proteger a su familia, pero, sobre todo, proteger su orgullo. Son admirados por los suyos y endiosados por omegas dependiendo de cuanta muestra de soberbia den y para ello, deben pasar por encima de otros alfas. Deben reclamar a un omega como suyo. Su propiedad. Y lo que es de uno, jamás se lo lleva otro. Llegada cierta edad, eso se vuelve un pensamiento inconsciente y es entonces, cuando esa bomba termina por sellarse, a la espera de que alguien quite el pestillo.

No es de extrañarse el alza en crímenes pasionales. Un alfa rechazado, es un alfa dolido. La cuenta regresiva empieza en un "no" y termina, en el peor de los casos, con la muerte de su pareja.

Katsuki sabe que él no es la excepción y que de haber permanecido más tiempo en casa de Deku, seguramente hubiese sucumbido a ese instinto asesino que yace dentro de él. Ha preferido en cambio, volcar toda esa frustración en casa. Destruir todo mueble que este a su alcance. Llorar si es necesario llorar. Porque, así como Katsuki ha aprendido cosas a lo largo de su vida, también ha desaprendido otras en el corto tiempo que lleva junto al Deku y su hija. Primar lo que el omega quiere frente a lo que él desea, es una. Pudo marcar a Izuku durante el celo, tenerlo ahí ahora mismo junto a su hija y olvidarse de toda esta mierda, mas no lo hizo.

No cedió a su alfa y es ahora él quien le repite lo incompetente que es como uno por no haberlo hecho.

Se deja caer al suelo. Exhausto, con esa vocecilla taladrándole el cerebro. Culpándolo y menospreciándolo. Ciertamente, Katsuki no sabe si es su alfa quien habla o él mismo en un subconsciente que aún no termina por asimilar las decisiones que ha tomado. Empieza a ignorarla. Se centra en el sonido recalcitrante de las manecillas del reloj empujando uno a uno los segundos hacia el vacío y el conteo repetitivo de la nieve suicidándose en medio de los tejados.

Uno, dos, tres...

Tic– Tac – Tic– Tac

Uno, dos, tres...

Quizás es la falta de sueño de esa noche o el agotamiento físico que hace a su mente rápidamente quedas hipnotizada por la secuencia, que una tras otra, enlazan como esclavas de cadenas. Queda en blanco. Siempre ha sido una persona a la que le gusta mantener su cerebro activo, sin embargo, hoy está bien así. Vacío, no hay recuerdos, y sin recuerdos no hay dolor ni esa angustia asfixiante que acuchilla su interior.

No hay sueños rotos, ni culpa.

Así que, solo por hoy, quiere permanecer en ese estado letárgico que inhibe toda sensación. Respira pausadamente, el aire frio le entumece los pulmones; mas no hace nada por frenarlo. Después de todo, no hay abrigo para un corazón roto y el de él, está hecho añicos. Pisoteado y espolvoreado, sin oportunidad de volver a unirse. No por ahora. Las rupturas son difíciles y más cuando se trata de alfas y ese estúpido instinto que hace sentir todo más fuerte e intenso. Pero tampoco repara en ello los minutos que se queda recostado en medio del salón. Solo permanece ahí, imperturbable, observando el techo oscuro ser iluminado de a pocos por la pálida luz que se asoma entre los edificios.

Exhala vapor del poco calor corporal que le queda y parpadea cansado, los músculos empiezan a acalambrarse. Conoce esa sensación, la ha padecido antes; es una ruptura. Ha batallado por bloquear las palabras del omega, pero ellas perduran ahí, en su mente. Su cuerpo ha entendido el mensaje y se alista para la fase más dolorosa, esa en la que lo fuerza una última vez a volver con él. No te alejes alfa, él te necesita, parece decirle y Katsuki sonríe con sorna hacia sí mismo.

¿Qué puede necesitar un omega como Izuku de él?

Nada.

Absolutamente nada.

En un mundo donde muchos omegas anhelan la figura de un alfa en sus vidas, historias mágicas con predestinados y finales felices; Izuku se salía del molde. Katsuki le había conocido de joven y debía admitir que, a esa edad, le había visto como un idiota que solo le reventaba los huevos con ese afán suyo por querer proteger a los otros. Un niño quirklees con complejo de héroe que no se rendía nunca. Un omega estúpido que entró en celo frente a un alfa y aun así tenía las bolas para suplicar que no le hiciera nada.

Bufa entre dientes, porque el estúpido en la historia ha sido él por haberse cegado a tal punto de no notar en todo ese tiempo que aquello que tanto había aborrecido del omega, era justamente lo que le gustaba. Quizás, era su ego de alfa temiendo sentirse atraído por alguien fuerte y libre. Alguien que sabía luchar por sí mismo y no conocía la palabra rendirse; y que era por eso mismo, que no lo necesitaba.

Porque si lo pensaba detenidamente, el único motivo por el cual un omega estaba al lado de un alfa, era eso. Necesidad de protección ante otros alfas, necesidad de una marca que aligere su celo, necesidad de estabilidad económica en un mundo que los marginaba laboralmente. Izuku por otro lado, no se amilanaba frente a nada. No había alfa que le hiciera dudar en enfrentarse, ni celo lo suficientemente fuerte que le desmotive; pero, sobre todo, no había sociedad capaz de minimizarlo. Capaz de decirle tú no puedes y que él lo creyera. Izuku era el omega más jodidamente independiente que había conocido, jamás se traicionaría a si mismo por algo que su instinto reclamase. Y es aquella cualidad la que, en este corto tiempo, ha llegado a asimilar y admirar de él.

Ríe.

Suelta una carcajada rota al aire. Debía ser un completo idiota para que aun después de su rechazo, después de cortarle los sentimientos de cuajo, de verse en medio de lo que parece una zona de guerra, con esa mierda de instinto incinerándole todo por dentro, siguiera pareciéndole genial.

Con una mierda.

Mientras, el jodido nerd debía estar en casa sin comprender que había logrado su venganza. Izuku había arrugado sus sentimientos en frente suyo. No le había dado opción a replica y él era del tipo de persona que necesita descargar toda esa basura que llevaba dentro. Gritar, insultar, golpear cosas y Deku simplemente le había dado la opción de ignorar todo, hacer que nada paso. Le había arrebatado toda posibilidad de exteriorizar sus sentimientos, obligándole a enterrarlos en un lugar en el que no molestasen más.

Exhala cansado.

Presiona el botón de su alarma cuando está a penas y ha empezado a sonar. El sol, ya de un color más vivo, anuncia que el día ha iniciado y es hora de despegar su estúpido cuerpo del suelo y seguir. Porque la vida continua y él debe seguirle el paso. Debe ducharse y desayunar. Debe vestirse y salir a patearle el trasero a los villanos.

Debe de, más no quiere hacerlo.

El sol resplandece en el que Katsuki calificaría como el día más frio de ese invierno. Puede que no sea esencialmente frio. Puede que sea la larga noche sin dormir que ha generado en su cuerpo una mayor sensibilidad hacia el clima. Puede que incluso, el sol no resplandezca tanto como cree, sino que sean sus ojos inflamados los sensibles a cualquier tipo de rayo de luz.

Como sea. Continua su ruta hasta la agencia. Arrastra los pies como si llevara la muerte a cuestas. No se siente especialmente motivado y aunque ha decidido seguir, cree que ese día puede tomar el descanso que tanto ha insistido el bastardo mitad y mitad desde que tuvo el incidente.

Detiene la marcha frente a la agencia. El letrero luminoso brilla cinco pisos más arriba. Los cristales espejados y la puerta reflejan su imagen desaliñada. Da lástima. O un poco más que eso. A diferencia del rechazo inicial, su rostro ahora demuestra esa congoja por sentimientos no correspondidos y que había intentado hacer calzar en un lugar en el que no daban la talla. Deku no había hecho más que permitirle permanecer cerca a su hija. El celo había llegado por pura casualidad en medio de esa tregua que le había otorgado y ahora tenía más claro que, quiera o no, era puro instinto. Quiera o no, debe admitir que ser predestinados no es una promesa para sentir nada el uno por el otro y que quizás, esa idea estúpida sea culpa de Ochako y toda la mierda que le ha susurrado durante días.

Suspira, resignado a que lo único capaz de aminorar ese pesimismo, será cuando tenga a Mizuki a su lado.

Al menos a ella no la ha perdido.

– Bien – palmea sus muslos y camina hacia el ingreso. La puerta se abre mecánicamente y frunce el ceño, en busca de un equilibrio que no denote lo que en verdad demuestra su rostro.

Si ya va a lucir mal, al menos que su mal genio ahuyente a todo aquel que quiera hacer un comentario absurdo sobre sus parpados enrojecidos.

Camina adentrándose ambiente tras ambiente. Pasa de largo el saludo de Kirishima. Le gruñe a Mina que está a su lado. Obvia el murmuro de Mineta y Denki. Deja caer el maletín sobre su escritorio y da media vuelta, hacia los vestidores. Piensa que con su antifaz negro ha de ocultarse mejor.

– ¡Hey, Bakugou! – Llama efusiva Uraraka, ingresando mientras él sale. Le mira con una sonrisa y parece no notar ni una pizca de su mal humor – Ya me contó Mina – susurra divertida, hincándole en la costilla con el codo.

– Ca-lla-te – refunfuña como respuesta, queriendo esquivarla, pero Ochako no es más que impertinente.

– Esa no es la actitud de alguien que logró acercarse a su omega. – Hace un puchero, con las manos apoyadas a cada lado de su cintura. Ella aun no entiende porque se empeña tanto en negar lo evidente. Ha visto el buen humor con el que llegó ayer y Mina ha terminado por confirmarle lo que ya sospechaba. Bakugou ha pasado la noche con su omega en celo y más importante que eso, no le ha marcado. Para Uraraka, no hay mayor prueba de amor que esa. Un alfa que respeta a su omega al punto de hacer que su derecho a decidir esa unión prevalezca por encima del instinto y la casi inconciencia del celo. – Deberías sentirte feliz.

– No es mi omega.

Ella rueda los ojos.

– Otra vez con lo mismo – Deja caer los brazos a ambos lados, cansada de repetirlo – El que no le hayas marcado no quita que sea tu predestinado. Bakugou, ya deb...

– ¡No tengo un predestinado! ¡Esa mierda no existe! – Golpea el marco de la puerta. La madera se quiebra bajo su palma.

La omega se encoge temerosa.

No hay más palabras. El murmullo de sus compañeros se ha detenido. Uraraka, sin saberlo, ha metido su entrometida nariz en una herida aun abierta que Bakugou aún le siente sangrar dentro de él, quemándole la garganta. Punzándole bajo la dermis de su pecho. Un dolor tan estúpido que le empaña la vista y le hace dirigirse a los servicios antes de que alguien se dé cuenta de lo jodido que esta.

Toma asiento dentro de un cubículo. Respira hondo, entrecortado. Inhala. Exhala. Culpa al instinto de mierda por todo lo que está pasando con él. Culpa a Deku por no haber elegido una forma menos amable de rechazarlo. Porque es más fácil manejar el odio que lo que sea que este sintiendo ahora. Una cosa asquerosa que crea vacíos dentro de él y hacen que su existencia se sienta insignificante si no tiene al omega a su lado.

¡Eres genial, Kacchan!

Sonríe irónico.

Cubre su rostro con ambas manos. El inútil de Deku siempre tenía palabras alentadoras para él, sonrisas llenas de luz y grandes gestos de amistad. Izuku siempre había pasado por altos todas sus burlas y agresiones, y una parte suya se hizo la idea que estaría a su lado siempre, sin importar qué. Incluso luego de su reencuentro y toda la sarta de estupideces que había hecho, daba por sentado que Izuku le aceptaría cuando él se lo propusiera.

– ¿Blasty? – el toque de la puerta le hace tensarse. No quiere que nadie le vea en ese patético estado.

Silencio.

No responde ni se mueve, solo espera que se vaya; pero a veces olvida que es Kirishima después de todo y él jamás le dejaría.

– Bro, puedo olerte, sé que estás ahí dentro – continúa en silencio. – No me voy a ir hasta que abras.

Katsuki ve bajo la puerta la sombra del alfa. Espera. Cuenta los segundos, sin embargo, el pelirrojo no se mueve, queda perenne ahí afuera.

Frota el rostro con ambas manos. Exhala irritado y quita el pestillo de la puerta. No tarda mucho en que el otro alfa la abra y este dentro, de pie a su lado.

Katsuki no le mira, continúa sentado, encorvado, con los codos sobre sus muslos.

– Me rechazó.

El eco profundo de esas dos palabras queda retumbando dentro de Eijiro. Hacen temblar sus órganos y la sangre detiene su corriente por un instante. Rechazo. Traga hondo, pensando en lo que esa palabra significa, más allá de una definición. Lo que significa para ellos como alfas. Lo que significa para alguien que ha sido enaltecido como Bakugou.

Eijiro hace un numero finito de muecas, queriendo decir mucho y terminando por no decir nada. Ciertamente, no encuentra palabras para apoyar a su amigo, y no porque estas no existan; sino porque Katsuki en buena medida se lo merece. Había arruinado todo desde el inicio. Más allá de lo que había sucedido entre el alfa y el omega en el pasado, estaban sus errores actuales. Eijiro le había aconsejado infinidad de veces que dominara a ese animal salvaje que tenía dentro. Que se acercara con tino, sin soberbia ni agresividad. Katsuki se había zurrado en todo, quizás bajo la creencia de que un omega le perdona todo.

Por más héroes que fueran y toda la enseñanza pro-omega que recibían en la academia, valía poco si al salir de clases, eran influenciados por una avalancha de publicidad sexista. Comerciales, anuncios, novelas, libros. Todo allá afuera les enseñaba que lo alfas estaban en la cima y podían hacer y deshacer lo que quisieran con el resto.

Omegas principalmente.

No podía culpar a Katsuki por absorber ese pensamiento, él mismo la había tenido. Pero ahora son héroes y ven tantas cosas que la mentalidad cambia. Menos para su amigo. Siempre pensó que un día sucedería algo que le haría cambiar esa visión de la vida y, lastimosamente, ese día finalmente había llegado.

No podía juzgar al omega por rechazarlo.

Él tenía permitido incluso el odiarle.

Suelta un suspiro largo. Palmea el hombro del alfa y deja su mano reposar ahí. El cuerpo del cenizo tiembla. Los alfas no son buenos consolándose entre ellos, su instinto les insta a ser agresivos y por ende, nunca están cerca el uno del otro durante esos momentos difíciles. Pero Katsuki está cambiando y no le aleja. Kirishima presiona su hombro. No da palabras de aliento. No emite feromonas. Solo se queda ahí, a su lado.

Tranquilo.

Estoy contigo.

Ya encontraras otro omega.

Frases mudas, que nacen y mueren en la caricia leve de su pulgar contra el traje del héroe.

El resto del día transcurre entre reproches a su comportamiento y miradas lastimera de Eijiro hacia él. Por más que le gruñe, el otro alfa no detiene su comportamiento empático y llegada cierta hora, Katsuki solo le deja.

Es Kirishima después de todo.

Piensa que es demasiado estúpido todo el alboroto que hace por un omega. Izuku no es único en el mundo. De hecho, podría tener al omega que quisiera ahí, ahora. Solo saldría a la calle, elegiría y listo. Lo ha hecho antes y ha funcionado, no tendría por qué dudar que ahora no sirva. Sin embargo, esta esa especie de incomodidad persiguiéndole, algo que le dice que Izuku es el único para él, porque es su predestinado. Quizás Uraraka no estaba tan errada cuando dijo que podría marcar a tantos omegas como quisiera, pero ninguno reemplazará a su predestinado.

Maldice su comportamiento durante la adolescencia. Por no haberlo buscado. Por no haberse interesado ni un poco por él, cuando en el fondo, sabía que quería tenerlo cerca. Katsuki demostró una vez más, que el idiota entre los dos, siempre fue él. Lo acaba de recalcar en ese instante, en el que nuevamente a pensando en los omegas como seres con los que puede hacer y deshacer a su conveniencia.

Es difícil dejar ir cosas con las que ha convivido toda la vida. Creencias de que los alfas son mejores que todos. Que los omegas siempre estarán ahí para él.

Que Deku era suyo sin importar que.

– Kacchan – llama la pequeña acercándose a su escritorio. Katsuki le presta atención, a sabiendas de que no lo ha hecho desde que la ha recogido en la escuela. Por más que ha querido, su mente termina por divagar – ¿Ya terminaste con esto? – señala los papales frente a él.

Katsuki asiente. La pequeña los jala hacia su lado y finge leerlo. Juega a que ya es una heroína y que ese, no es el puesto de él, sino el de ella. La niña le mira de soslayo, con una sonrisa pícara. Katsuki se siente contagiado y despeina su cabello de rizos rebeldes. Mizuki tiene el poder de despejar toda esa bruma espesa en la que se ha sumergido. La sonrisa de ella ilumina y da calor a su frio y gris día de invierno. Ella no lo entiende probablemente, pero para Katsuki es todo lo que necesita en ese instante.

Aunque hay algo más. Algo que ha obviado preguntar durante un tiempo, y que ahora, necesita saberlo. Pues de eso depende el tipo de relación que vaya a mantener con la niña de ahora en más.

– Mizuki – le llama, distrayéndola del desorden que está haciendo sobre su escritorio. Le mira tan profundo que le hace dudar un poco. No sabe si abrirá heridas o solo traerán dudas a su pequeña cabecita. Traga hondo – ¿Qué sabes de tu padre?

– Que se llama Izuku, trabaja con All Might, es omega…

– No, no – le interrumpe el conteo que hace con los dedos – Me refiero a tu otro padre.

– Oh. – dice en una expresión menos feliz. Sin verdadera sorpresa en ese oh – Él se fue antes que yo naciera.

– ¿A dónde? – indaga y sabe que ha metido la pata cuando la pequeña tuerce los labios y baja la mirada.

– Allá arriba –señala con un dedo – junto a la abuela.

El aire se torna denso entre ellos.

Katsuki toma a su hija de la cintura y sienta sobre su regazo. Nunca ha sentido tanto la necesidad de abrazar y consolar a alguien como ahora.

– Papá nunca habla de él. – continúa, con la mejilla descansando en el pecho del mayor – Hitoshi dice que es mejor no preguntar. Yo creo que lo extraña y por eso no habla de él.

El héroe sonríe de lado ante la inocente deducción. Al menos no ha quedado como el patán que es con su hija. Empero, tampoco existe en su vida y entiende lo difícil que será explicarle que él no está muerto.

Lo difícil que será explicar por qué es que Izuku tuvo que decirle esa mentira.

– ¿Te cuento un secreto? – Katsuki alza las cejas, baja el rostro y cruzan miradas– A veces sueño que él está vivo y viene a buscarnos. Papá se ve contento – Contrario a sus palabras, el rostro de la menor se ensombrece – Me hubiera gustado conocerlo.

Eso se le clava directo en el pecho.

– Estoy seguro que le hubiera hecho feliz conocerte.

La pequeña sonríe.

– ¿Eso crees?

– Totalmente.

Le hace unas pequeñas cosquillas, ventilando ese ambiente rancio y perfumándolo con risas. Baja a la niña de sus piernas y ella continúa desordenando su escritorio, rebuscando entre los cajones. Toma el fajo de hojas y corre a entregárselas a Mina, la alfa le sigue el juego e incluso Kirishima se les une.

Katsuki le observa con una sonrisa. La primera en lo que va del día. Piensa en la conversación que ha de tener con Deku en un tiempo breve. Aunque no sabe bien como se dará. Como lo estará pasando Izuku. Tiene entendido de que los omegas llevan la peor parte en esas rupturas y por más que ya ha dado por finiquitado cualquier tipo de relación más allá de la parental entre ellos, sus cuerpos no necesariamente opinan lo mismo; y cuando Mizuki llegue con su aroma a casa, una serie de demonios de angustia y desesperación se han de apoderar de Izuku.

A Katsuki usualmente le importaría un carajo esto, pero no ahora. Quiere ser alguien mejor para su hija, estar a su lado en todo momento, y que Deku experimente un período prolongado de abstinencia por el constante estimulo de sus feromonas, no mejora la situación. Tarde o temprano eso terminara por desgastar al omega, quien en el peor de los casos, huira. Lamentablemente, para los predestinados no hay muchas opciones, es todo o nada y ellos quieren algo intermedio. Katsuki ve jugar a su hija alegremente. No puede permitir que los alejen. Ya no es por el instinto o por apaciguar la ruptura, es porque la quiere de verdad y desea ser parte de su vida.

Que un día pueda ser llamado papá y no Kacchan.

Sin embargo, la única salida viable ha ese embrollo, es una que su mente descarta de inmediato por lo potencialmente arriesgada que es.

De repente, siente una mano posarse sobre su hombro. Gira a ver de quien se trata. Uraraka le mira con los labios contraídos y ojos tristes.

– Lo siento. – Katsuki rueda los ojos. Maldito Kirishima– Yo no sabía…

– Ya cállate – Ordena, sin molestia realmente. No está de humor para pelear y sinceramente, cara redonda no tenía por qué saber nada de eso. Vuelve la vista a su hija, que ahora ríe con Denki.

– Mizuki es una buena niña, cualquier omega estaría feliz de hacerse cargo de ella. – Katsuki casi se atraganta con su propia saliva. Se vuelve hacia ella con una ceja arqueada. – ¡Oh! ¡No, no, no! – niega rápidamente, agitando las manos – No me refiero a eso. Yo solo digo que no tendrías problemas en encontrar otro omega.

– Tsk, claro que no tendría problemas.

Esa respuesta relaja a Ochako, que menos tensa, sonríe. Katsuki ya no luce tan lúgubre como esa mañana. Observa a su hija jugar con cierta paz en el rostro y ella quiere dejarlo ahí, sin embargo, debe decir algo más.

Algo que, es lo que en verdad le incomoda dentro.

– Tu omega – inicia y pausa. Como omega, ha salido con alfas y, aunque las relaciones no fueron del todo en serio, ellos no tomaron a bien la ruptura, ni el que ella continuara con su vida. Espera que Katsuki, como héroe que es, no caiga en esos comportamientos tóxicos. – Él también encontrará otro alfa.

– Lo sé.

– ¿Vas a estar bien con eso?

Katsuki resopla. Menea la cabeza, observándole de costado.

– ¿Hay forma de que lo esté?

– No lo creo – responde con obviedad, de la misma manera en que ha salido la pregunta del cenizo – pero el que lo aceptes ya es un gran paso.

Palmea su espalda, con una sonrisa de apoyo sincero y regresa hacia su puesto. La sonrisa se pierde cuando ya en su asiento, rememora el semblante alegre de Katsuki ese día. No imagina que puede haber hecho mal para que el omega le rechazara. Ella ha visto de primera mano los cambios pequeños que ha ido teniendo el alfa y todos han estado relacionados a ese omega. Ella sabe que Katsuki no maneja el mejor carácter, ni mucho menos su comportamiento es el de un príncipe; pero si un alfa cambiara todos esos aspectos recurrentes en él solo por ella, no habría manera en que se negara a darle una oportunidad. Mucho menos si se trata de su predestinado.

Suspira. Le observa distraído, sin apartar los ojos de su hija. Ella vuelve a sonreír, con migas de tristeza. No ha confirmado a nadie su paternidad, pero no es como que todos ellos carecieran de ojos para notar toda la explosión genética que converge en ella. Mizuki es una buena niña y merece una familia feliz. Una en la que sus padres estuvieran juntos. Es decir, si ya la habían concebido con el amor que se tienen los predestinados ¿Por qué no podían hacer un último esfuerzo?

Siente lastima de que la pequeña niña, no sepa siquiera que su padre es ese héroe al que tanto admira.

– Me gusta la nieve – Comenta embobada Mizuki, con la mano extendida, viendo como un copo de esta se desintegra sobre su guante. Katsuki la observa desde su altura. La nieve ha empezado a caer nuevamente esa tarde y para suerte suya, esta vez sí puede verla junto a su hija– En Hokkaido solía nevar mucho.

– Acá no es muy común.

– Siempre salía a jugar con Hitoshi. A papá no le gusta el frío.

Katsuki esboza una tibia sonrisa, pues más que molestia por oír ese nombre, la remembranza de Deku siendo un bollo de abrigos en la escuela le apetece agradable. En su momento creyó que todos los omegas eran igual de susceptibles al frio; pero no, eso era cosa solo de Deku y, aun así, se había ido a una ciudad con uno de los inviernos más fríos. Había cruzado el mar a esa isla a kilómetros de su ciudad natal y no es difícil pensar que la eligiera por su extrema lejanía, a sabiendas de que él no cruzaría el mar para encontrarlo. Ciertamente, a sus catorce años, no hubiera cruzado ni la calle por encontrarlo. A veces se pregunta, qué hubiera pasado entre ellos si Deku nunca se hubiese ido, si se hubiera quedado ahí a tener a Mizuki.

Seguramente él se habría negado a hacerse cargo del "problema" y la vieja bruja de su madre le habría obligado. Exhala largo. La vida de Izuku hubiera sido más infeliz, puesto que al tenerlo a su lado como algo fijo, él jamás se habría percatado de su error y hubiera continuado ejerciendo cualquier tipo de abuso sobre el omega.

Mizuki estornuda sacándolo de sus cavilaciones. Katsuki rápidamente le acomoda la bufanda, cubriéndole medio rostro, junto a su capucha. La niña solo le mira, no se queja.

El camino continua en silencio, ambos siendo espectadores de esa nieve que cae como azúcar sobre ellos. Las luces de la ciudad alumbran las calles y los edificios son difuminados con sábanas blancas. El vaho escapa de sus pulmones cual tetera que ha hecho ebullición. Sus ojos viajan hacia Mizuki, quien camina tranquila a su lado y entiende que puede conformarse con eso. Con una linda caminata, con una maravillosa vista, junto a su persona favorita. Katsuki presiona los labios, asesinando la sonrisa boba que esta por aparecer a causa de ese pensamiento en extremo cursi. Quiere más de esa relación y por una puta vez en su vida, va a obedecer a Kirishima y hablar seriamente con Deku. Sin insultos, sin agresiones y en lo posible, sin instintos.

Aunque no pueda ponerle fecha a ese encuentro. Los omegas llevan una ruptura más dolorosa que los alfas y si Katsuki puede percibir la sensación de abstinencia que ha de llegarle cuando deje a su hija y con ella, el leve aroma al omega; ya imagina lo mal que la pasara Deku al percibir sus feromonas en ella. Lastimosamente, no es algo que se solucione con un baño o un buen perfume. Menos si se trata de enlaces, que es similar a lo que sea que halla entre ellos.

Suspira hondo.

El asunto de que cada quien será capaz de rehacer su vida es otro problema. Las palabras de Uraraka revolotean en su mente.

¿Qué haría si Deku saliera con alguien?

Puede hacerse una idea y no es nada bueno. Ha sido capaz de controlar su instinto una vez, mas no tiene certeza de que eso resulte siempre. Si viera a Deku con alguien más, nada le asegura que lo toleraré y de lograrlo, en algún momento terminaría por estallar. Ser alfa es ser un volcán que apenas y da pistas de que esta por erupcionar. Katsuki no quiere llegar a ese punto sabiendo que es su hija a quien más va a lastimar.

La solución lógica es que se aleje. Porque quiera o no, él no es nada para Mizuki. En su vida, está muerto y va a tardar mucho en revivir. Incluso, puede que Izuku le niegue esa posibilidad y nunca lo haga. En su pequeña cabecita, él solo es Kacchan, un héroe que, a pesar de la abismal diferencia de edad, es su amigo y niñero durante el horario laboral de su padre.

Alguien a quien fácilmente podría borrar de sus recuerdos y que Izuku no tendría reparos en hacerlo si él le ocasiona problemas. Y ello, es algo que va a sobrar de continuar juntos. La cercanía, tarde o temprano, va a terminar por jugarles mal.

Ya ha sucedido una vez y Katsuki teme que se repita otra.

Izuku ha de temerlo el doble.

La solución lógica se hace la más factible y, sin embargo, Katsuki es terco y temerario. No por nada es un héroe que enfrenta a la muerte a diario. Pero, sobre todo, un hombre capaz de arriesgarlo todo por lo que quiere y si quiere a Mizuki a su lado, debe priorizar el bienestar de Izuku. La única solución que le queda, no es la mejor, ni la más sana, ni siquiera legal; pero si una que va a asegurarle no incomodar nunca más a ninguno de ellos dos.

– ¡Toshi! –grita emocionada la ceniza.

El beta, de pie frente al edificio de Deku, alza la mano saludándola. Mizuki se suelta del alfa y corre a abrazar a Hitoshi. Katsuki frunce el ceño y gruñe de mala gana, más no se queja. Entiende que durante seis años es él quien ha tomado su lugar en la vida de su hija y no será en un par de meses que va a lograr desplazarlo.

Ya más cerca, Katsuki asiente con el rostro en saludo. Hitoshi le devuelve el gesto. Ninguna expresa algo distinto a molestia en sus gestos. Le entrega la mochila de Mizuki, a sabiendas que probablemente sea Izuku quien lo ha enviado a recogerla. El beta se alejan, adentrándose al edificio en el que habitan y dejando a su paso una tibia estela de feromonas de omega.

Malestar.

Nauseas.

Dolor.

Su pecho da una voltereta, desesperado. El instinto le grita que su omega está sufriendo y le necesita a su lado.

Pero Katsuki no hace nada.

–Adiós, Kacchan – La menor le grita sobre su hombro, agitando la mano libre, la otra sujeta la de Hitoshi.

El alfa le sonríe, imitándole el gesto y cuando la pequeña ha desparecido entre las escaleras, se mantiene ahí un poco más.

Inhala hondo.

Su alfa ruge nuevamente, no solo exigiéndole calmar el malestar de su omega, sino receloso de que sea otro quien este con su omega. Empero, le resta importancia. No va a hacer un escándalo, no va a subir y pedir unas explicaciones que no le corresponden. Va a quedarse ahí de pie, inhalando la fragancia del omega. Desmembrando su perfume, centrándose en las esencias características del pecoso. Recordando cada pequeño y trivial rasgo que encuentre en su aroma.

Puede que esa, sea la última vez que lo sienta.


Siguiente capítulo:

Sin embargo, Kacchan es un amigo y a veces ella siente que lo que quiere a su lado, es esa presencia paternal que únicamente le dan su padre y Hitoshi.


Nota de la autora:

Antes de que empiecen a tirarle hate a la pobre Uraraka (aunque ya lo deben haber hecho), permítanme explicarles de que ella representa toda la contraparte de Izuku. Ochako a diferencia de él, viene de un hogar de padres predestinados. Es omega, pero nunca se ha sentido menos por eso y tampoco le molesta la condescendencia de las personas por su género. A pesar que conoce la personalidad de Katsuki y todo lo rudo, tosco y malhablado que puede ser, también tiene buenas impresiones de él. Así que ella contempla la relación de Katsuki e Izuku, desde su punto de vista. Uno totalmente diferente, al que la vida le ha mostrado a Izuku.

Muy bien, ahora si cositas importantes.

Nos acercamos a partes decisivas de la historia y finalmente he terminado de plantear lo que queda de la trama (serán 23 capítulo aprox.). Para los que no lo saben, esta historia ha pasado por mucho antes de subirla a esta plataforma. Entró en hiatus y todo porque no sabía si como la había planteado en un inicio iba del todo con lo que quería expresar. Después de modificarla en ese momento, se puso muy angst. Ahora ha quedado decente. Sin embargo, sé que habrá algunos que no les gustara, otros ya se lo esperan. Sea como sea, vengo a dejar algunas advertencias que espero logren descifrar (porque ser más clara seria spoilear):

- Si estas esperando leer un "omegaverse clásico", este no es el fic que buscas.

- Si la palabra "consecuencias" no te da buena espina, pues no quieres continuar aquí.

Como última advertencia/aclaración/spoiler, si han leído mi otra historia "Erase una vez" ya sabrán mi postura en cuanto a ciertas cosas del omegaverse.

Cuídense mucho y nos vemos, cuando nos veamos.