Consecuencias


Capitulo 17


El aroma a desinfectante y alcohol le aturde la mente. Abre los parpados con dificultad, los rayos de sol ingresan pálidos tras él. Izuku se encuentra acostado de lado, frente a él, Hitoshi duerme placido en una silla.

Incapaz de sostener sus parpados, los ojos se le cierran.

Cuando vuelve a abrirlos, la luz es más fuerte, el aroma a desinfectante continúa pululando en el ambiente. A Hitoshi le ha vencido el cansancio y parte de su torso, retoza en la orilla de la cama. Pestañea pesado, alza el rostro leve y una punzada en la nuca paraliza su acción.

Entonces, su mente recobra lucidez.

El altercado en la calle, los villanos. El auto acercándose, sus ansias de huir. El dolor lacerante en su nuca y...

– Mi... zu... ki – musita entrecortado. La voz rasposa hiere su garganta reseca, tose. Vuelve a moverse, esta vez, intenta erguirse.

– No – Hitoshi despierta. – Acuéstate – ordena, con una mano sobre el hombro del omega.

A Izuku la debilidad le vence. Los medicamentos le mantienen aturdidos.

– Agua – susurra ronco.

Hitoshi sale de la habitación y regresa al instante. Trae un vaso que no le entrega a Izuku, sino que usa para humedecer un pequeño bollo de algodón, el que pasa por los labios del omega. Izuku bebe desesperado las pocas gotas que su amigo deja caer dentro de su boca.

– Aun estas bajo los efectos de la anestesia. No puedo darte más que esto.

Izuku asiente y acepta agradecido lo poco que logra beber. Riega su garganta agrietada por la sequía. Con aquella necesidad aliviada, su mente se permite expresarse con libertad.

– ¿Dónde… está Mizuki?

– Ella está bien – vuelve a tomar asiento. Deja el bollo de algodón sobre un platillo metálico. – vas a poder verla cuando tus sentidos se estabilicen un poco, estas muy aturdido.

Hay silencio carente de aromas. Izuku relame sus labios, queriendo capturar los últimos remanentes de agua, antes de seguir con sus preguntas. Tal como el medico a dicho, su mente aturdida aun es difusa.

Izuku siente que sus parpados pesan. Lucha contra la inconciencia, pero finalmente, ella vence y vuelve a caer en un sueño oscuro.

Despierta desorientado una vez más, se aferra al aroma a desinfectante, que es su ancla a la realidad. Un hospita l, piensa, el accidente .

Abre los ojos desorientados.

– Mizuki – farfulla. Nuevamente la mano de Hitoshi le frena de alzarse. Ella está bien , recuerda.

Hace una pausa, acostumbrando sus ojos a estar abiertos.

– ¿Qué sucedió?

Hitoshi le mira a los ojos. Toma asiento en la silla donde ha pasado la noche.

Exhala.

– Fuiste emboscado por unos villanos. Uno de ellos te atacó, la herida en tu nuca es la prueba. Pudo ser mortal de no ser porque Mizuki logró defenderte – Peina los cabellos verdosos, coloca unos mechones tras su oreja. – Ella provocó una gran explosión que su cuerpo no estaba preparado para soportar.

Hace una pausa.

Izuku siente un nudo formarse en su garganta.

– Sus manos salieron muy dañadas y, aunque Katsuki trajo a Recovery girl, el pronóstico aun es reservado.

Silencio.

Katsuki ha tenido un pronóstico reservado cuando fue atacado meses atrás. Izuku vio la severidad de sus heridas y puede hacerse una idea del calamitoso estado en el que han de haber quedado las manos de su niña. Solloza adolorido, sintiéndose culpable, inepto e incapaz de haber logrado proteger a su hija.

"Pronóstico reservado" no le suena más que a una linda manera de encubrir que Mizuki podría perder sus manos y con ello, abandonar por completo su sueño de convertirse en héroe. Abandonar muchas posibilidades para ella.

– Debo verla. – esta vez, Hitoshi no le detiene. Le toma las manos y le ayuda a tomar asiento.

Suelta un pequeño gemido de dolor. El más mínimo movimiento de su cuello, estremece la piel lacerada de su nuca. Un leve mareo le remece al estar sentado, intenta sujetarse de la cama y en ese instante, siente otra punzada. Sus ojos voltean hacia su codo.

– El quirk del villano era expulsar acido por las manos. Tocó tu brazo y la piel resulto dañada. –Izuku lo recuerda, fue cuando quiso liberarse. – Tu tobillo también esta fracturado. – gira su vista mareada hacia su otra extremidad – la onda expansiva de Mizuki, hizo volar a todos.

Hitoshi acerca la silla de ruedas que, hasta ese momento, no había notado. El beta coloca una manta sobre su regazo y empieza a empujarle. Van lento, aun así, el movimiento suave le marea por momentos.

– ¿Qué me sucedió exactamente?

– El ácido desintegro un gran porcentaje de tus glándulas. Tu cuerpo anda muy débil por la ruptura, por lo que Recovery girl no pudo hacer mucho. – Explica – No tenemos certeza de que sucederá ahora. Si tus glándulas se regenerarán como en el caso del rompimiento de marca. O estas continúen muriendo en las siguientes semanas.

– ¿Qué tan grave seria eso?

– No hay estudios que den respuestas concretas. En el mejor de los casos, solo perderías tu instinto de omega.

– ¿Y en el peor?

– Puede ocasionar un desequilibrio hormonal y este afectar distintas áreas, tu fertilidad, por ejemplo. Podrían presentarse trastornos de ansiedad, depresión. Enfermedades cardiacas... Pero como te digo, no hay estudios que toquen este tema en concreto, todo se ira viendo conforme evolucione.

Hitoshi detiene el andar. Izuku nota que han llegado a su destino. Frente a él, una puerta celeste que lleva la cartilla con el nombre de su hija, se abre. El corazón se le encoge al instante en que ve a Mizuki con sus manos vendadas hasta mitad del brazo.

Ella le vuelve la mirada, la calma en la que se encuentra se ve abandonada por muchos sentimientos. Las comisuras de sus labios se inclinan hacia abajo, chilla de pronto y de un salto, sale de la cama hacia los brazos de su padre.

Izuku olvida por unos segundos que también está herido y recibe a su hija sobre su regazo. La abraza, riega besos por su rostro. Las lágrimas de ambos se entremezclan cuesta abajo, mientras repite una y otra vez lo agradecido que esta con ella.

Lo mucho que la quiere y lo seguirá haciendo sin importar qué.

– Tú ya eres mi héroe.

...

La visita dura poco, las heridas de Mizuki deben ser tratadas, al igual que las de Izuku.

El regreso a la habitación es más relajado que la ida. Los mareos han cesado y la velocidad ya no es un problema.

A su arribo, Katsuki espera dentro, no media palabra. Izuku no lo necesita, puede ver en el rostro del alfa que no son buenas noticias. Toma la mano de Hitoshi y, con una mirada conciliadora, le pide que les deje a solas.

– Voy a ser breve. – no se va con preámbulos – Dos villanos huyeron mientras protegía a Mizuki. Pueden volver a buscarlos en cualquier momento.

A Izuku se le paralizan los pulmones. Aunque cueste admitirlo, Katsuki es un gran héroe, tanto, que había dado por sentado que pudo con todos los que le atacaron.

El alfa nota la expresión abrumada de Izuku. Chasquea la lengua fastidiado.

¿Cómo era posible que no haya podido con tres villanos?

¿Cómo era posible que ni siquiera hubiera sentido el peligro que corrían el omega y su hija?

La respuesta era simple: Supresores. Unos tan fuertes como los que All Might usó en su momento. El efecto más inmediato, fue la pérdida de su olfato, no importa que tan cerca este de Izuku en ese momento, no logra percibir su aroma a vainilla y menta. Incluso las acidas que debe estar liberando a causa de la preocupación.

Lo mismo sucedió en el momento del ataque. Al estar unido a Izuku, debió de haberlo sentido; al menos olisquear algún remante mínimo en el aire. Al contrario de eso, fue la increíble explosión que ocasionó Mizuki lo que le alerto. Corrió sintiendo por primera vez la limitante de no ser un alfa, su cuerpo era pesado y por más que acelerara, su velocidad era símil a la de un beta.

No hay fuerza más grande que mueva a un alfa, que ver a su omega o hijo lastimado y Katsuki recupero parte de su ya perdido instinto, al ver la escena. Izuku, tendido en el asfalto boca abajo, no reaccionaba. Mizuki llorando, aferrada a la espalda ensangrentada de su padre.

La ira de un alfa había vuelto a correr por sus venas, cegándole de sus limitaciones.

Los tres villanos eran alfas también, pero sin supresores y luchando por una causa similar a la suya, pues por culpa suya, su omega estaba tras las rejas.

La batalla había culminado con dos de ellos huyendo al ver oír las sirenas de la policía. Katsuki termino por descargar la poca energía que le quedaba en el único villano que quedaba.

Uno que ya se había rendido.

Resopla hastiado.

– He visto el daño que ha ocasionado el quirk en las manos de Mizuki. Si ella vuelve a usarlo una vez más en este momento, será la última vez que lo haga.

Izuku presiona los puños, se culpa nuevamente por haber sido incapaz de proteger a su niña. Si tuviera un quirk, si no hubiera ido donde Katsuki, si se hubiera quedado en el campo...

– Yo puedo protegerlos – su concentración vuelve hacia l alfa – pero para eso los necesito cerca.

Se crispa. Presiona los labios, cejas caídas. Comprende, lo que Katsuki está proponiendo, en otras palabras, es que vivan juntos. Solo él podría brindarles la seguridad que necesitan en ese momento. Esperar que el gobierno les asigne un guardia, solo esta normado en caso de aparecer dentro del registro familiar de un héroe.

Aunque el convivir, no estaría muy lejos de eso.

– Hey – Katsuki palmea al aire a que le preste atención – no te estoy pidiendo que seas mi omega, solo que te mudes a mi casa en tanto los encontramos.

Y qué diferencia hay .

Dos toques en la puerta alertan de la presencia de alguien. Ingresan dos enfermeras empujando un cochecito con los implementos necesarios para tratar sus heridas.

– Solo piénsalo. – es lo último que dice el alfa antes de retirarse.

Las enfermeras inician la limpieza de su herida ni bien se ven a solas con él. Gime bajo y lagrimea de dolor, pero también, de indecisión. En el corto tiempo que limpian, aplican antibióticos y vendan la herida, Izuku da vueltas a la proposición de Katsuki y no encuentra una sola contrapropuesta mejor que la suya.

Convivir con un alfa.

Convivir con su abusador.

Hitoshi llega a penas las mujeres han culminado su tarea. Le trae unos bombones de chocolate y antes de que logré decir algo, le comenta que ya le ha llevado unos iguales a Mizuki.

– Gracias. – finge una sonrisita colocando la caja sobre su regazo.

El beta toma asiento en a la orilla de la cama, observando la escaza emoción con la que quita la envoltura a la caja. El Izuku que él conoce, ama los dulces más que un niño.

– ¿Cómo te sientes?

– Dolió que limpiaran la herida – se limita a responder. Le ofrece un chocolate que el beta acepta.

– Tardará en cicatrizar bien. Mañana vendré a cambiarte las vendas antes del alta. Ya luego deberé hacerlo a diario en tu casa.

Oh.

Baja la mirada hacia los bombones. Inhala. La preocupación le remese nuevamente. La respuesta que piensa dar, está lejos de ser la mejor y mantiene la esperanza de que Hitoshi sí posea una óptima.

– Katsuki – vuelve los ojos a su amigo, agobiado– me comentó la situación que se tiene con los villanos que me atacaron y... – aspira hondo antes de exhalar fuerte – me propuso... mudarme a su casa.

Hitoshi detiene sus manos que desenvuelven el bombón. Eleva los orbes hacia los esmeraldas, no dice nada, solo le mira como si leyera su mente en ese gesto y luego, continúa desenvolviendo el dulce.

– Seria solo hasta que los capturen– se apresura en continuar.

Silencio.

– No tienes por qué darme explicaciones. – muerde el chocolate.

– Lo sé, pero... – hace una pausa. No tiene por qué darle explicaciones a Hitoshi y no es que se las esté dando, tampoco. Pero está el hecho de que él mismo no sabe cómo proceder. – es solo que... yo... es la única opción que veo.

Hitoshi termina de comer el chocolate. Masca con paciencia en tanto piensa que decir y no hay muchas vueltas que darle.

Tiene razón.

– Sí. – responde finalmente. Quisiera poder brindarle más soluciones, mas no puede. Izuku no posee un quirk con el que pueda defenderse y aun si lo tuviera, este no estaría al nivel de unos villanos que han podido darle batalla a un héroe. Él mismo quisiera poder serle de más ayuda, pero su quirk solo manipula la mente, si alguien lograra salir de ese enredo, estaría perdido. Suspira poniéndose de pie – Debo volver, mi receso terminará pronto.

Observa el rostro con pecas acongojado. Le sonríe de lado, fingiendo calma.

– Tranquilo – le consuela un poco. Acuna una de sus mejillas en su palma, le acaricia con el pulgar. – Es un héroe, no puede hacerte nada.

El beta se retira.

Izuku queda con un hueco en el pecho.

¿No puede hacerle nada?

Si Hitoshi supiera cómo es que ha sido el inicio tormentoso de ellos al reencontrarse, no diría aquello con tanta calma. Es consciente que Katsuki ha ido cambiado de un tiempo a este, la presencia de Mizuki parece haber sido conciliadora entre ellos. Le ha rechazado y ha aceptado su decisión. Por ello, mantiene la esperanza de que quizás, solo quizás, puedan convivir de cierta manera civilizada.

Sin embargo, no porque la esperanza este ahí, llega a creérselo, pues hay más factores que afectarían esa vaga idea, como el tiempo.

¿Qué tanto puede durar aquella búsqueda?

A All for one lo buscaron por años y solo dieron con él, cuando fue él mismo quien decidido reaparecer. Claro está, que estos villanos eran de menor rango y aunque esto podía ser una ventaja, también podría facilitarles el huir o mantenerse ocultos. Más allá de eso, ahora que se conocía el punto débil de Ground Zero, podría atraer nuevos villanos.

Katsuki no era conocido por su temperamento calmado al capturarlos y esto le había hecho de un buen cumulo de enemigos.

Podrían ser atacados por cualquiera, en cualquier momento. Ante ese escenario, su mente solo termina por recalcarle que la decisión que ha tomado, es la mejor.

¿Pero cuánto tiempo?, se repite la pregunta.

Hitoshi había mencionado que sus glándulas fueron carcomidas y la disminución que esto podría traer a su instinto. Asume que es por ello que no percibe los remanentes de las feromonas cítricas en la habitación. Sin embargo, Toshi también había recalcado que cabía la posibilidad de que se regeneraran. En ese caso, su instinto iría reapareciendo y al vivir con Katsuki, lo inevitable sucedería.

Una marca.

Un celo.

Otro embarazo.

Mizuki había sacrificado sus manos por protegerle.

Lo justo era que él también se sacrificase por ella.

Un fuerte escalofrió le remece el alma de solo pensarlo. Su pecho se aprieta y en el estómago se le forma un vacío sin fin.

El sueño es iterativo esa noche y cuando menos se da cuenta, ya son las siete de la mañana y una enfermera entra con su desayuno. Poco después, entra Hitoshi junto al médico responsable del área. Ambos inspeccionan la herida en su nuca, murmuran un par de cosas entre ellos y, finalmente, le dan de alta.

Su nueva realidad se abre paso por la puerta de su habitación con Mizuki en uno de sus brazos.

Katsuki les lleva a casa en su auto. Izuku toma asiento en la fila de atrás junto a su hija. Misuki cuenta con mucha emoción todos los héroes que han desfilado ayer en su habitación. Los obsequios que le han llevado y el reconocimiento a su valentía que han alabado.

– Kacchan dice que un villano también le atacó antes de ser un héroe. – comenta con gran algarabía, sintiendo que esa anécdota, la une un poco más a su héroe favorito.

Izuku le sigue con expresiones de emoción. Es evidente que su niña está intentando no pensar en lo malo que han vivido. Incluso, tal vez, hacerle olvidar a él lo sucedido.

Tal cual como habría hecho con su madre de pequeño.

Por el momento, prefiere dejar las cosas así. Ambos necesitan tiempo para procesar el ataque y sanar sus heridas.

El trayecto termina siendo más ameno de lo que creería. Habla con Mizuki sobre los quirks de los héroes que le han visitados, todas sus fortalezas y debilidades. La niña le escucha emocionado, ella siempre ha admirado a su padre por todo ese conocimiento que le imparte. Para ella, si su padre tuviera un quirk, sería la capacidad de análisis que posee.

El auto se detiene, solo ahí, padre e hija son conscientes de que han llegado a casa.

Mizuki es la primera en subir, extrañando el calor de su hogar luego de dos dias hospitalizada. Katsuki va detrás, llevando los regalos que le han hecho a la menor. Izuku es quien más difícil la tiene, pues con el tobillo fracturado, tendrá que usar muletas por un mes. El problema es subir las gradas con ellas y aunque Katsuki se ofrece a ayudarle, que no le suena más que a cargarle hasta su piso, prefiere hacerlo solo.

El frio invierno no espabila por un segundo el calor al que llega su cuerpo del esfuerzo. Sostenerse de la baranda, impulsarse con su tobillo sano, equilibrase con la muleta; es toda una proeza que le lleva varios minutos.

Cuando finalmente llega a su piso, agitado y empapado en sudor, Katsuki le espera afuera.

– ¿Lo pensaste? – inquiere directo, sin darle tiempo a recobrar el aliento.

– ¿Por cuánto tiempo sería? – Katsuki suspira sonoramente en respuesta. Izuku comprende que su esperanza de pocos días, quizás resulte ser unos cuantos pocos más – Ellos no son el único peligro que corremos ¿verdad?

– De momento, sí.

– ¿De momento?

– Me refiero hasta que los capture y el trámite del registro familiar concluya.

– ¿Qué?

Rasca sus cabellos. Kirishima dijo que debía consultarle primero, pero él ha actuado sin hacerlo, pensando en lo mejor para su hija y el omega.

– Te registre junto a Mizuki como parte de mi familia. – masculla entre dientes. Izuku tensa la mandíbula, cejas arqueadas. No dice palabra alguna – Mira, sé que no quieres esto, pero es la mejor opción sino quieres vivir para siempre en mi casa. Una vez el trámite termine, el estado podrá asignarte un guardia en estos casos.

– ¿A cambio de qué?

Izuku conoce el trámite, uno de los requisitos para parejas alfas-omegas, es que el omega este marcado, o al menos casados.

Respira agitado. Acaricia sus sienes.

– Nada – y no miente. – tienes una lesión en el cuello, el ácido borro la marca.

No hay necesidad de más explicaciones, para Izuku queda clara la mentira. Sin embargo, eso no daría el tema por saldado. Una vez su herida sane, no habrá forma de seguir engañando a la sociedad de héroes, necesitara una nueva marca.

De lo contrario, un matrimonio en busca de protección y un divorcio que tardaría dos años en darse.

A esto debe sumarle la probabilidad que hay de que sus glándulas se regeneren y terminen haciendo de estas suposiciones una realidad movida por el instinto.

– Solo acéptalo – gruñe, desordenando sus cabellos cenizos, irritado. Izuku sale de sus cavilaciones – No te estoy pidiendo nada a cambio, solo voy a protegerlos.

Es una decisión difícil para alguien que ha sido reacio a aceptarle proposiciones al alfa, pero esta vez, no encuentra otra alternativa.

Siente que incluso, si el alfa le pidiera marcarlo a cambio de proteger a su hija, él terminaría por aceptarlo.

– Está bien.

...

No le sorprende que a Mizuki la noticia le haya caído como una bomba de felicidad. Ha saltado en la cama con la alegría borbotando de su cuerpo. Izuku se siente sosegado que al menos uno de los dos, este emocionado por la próxima convivencia.

Empaca sus cosas descansado en el piso. Katsuki le ha ofrecido su ayuda, él se la ha negado nuevamente. Quiere disfrutar su soledad por el poco tiempo que le queda y el alfa no ha insistido. Ahora duerme en su auto, resguardándolos de un posible ataque.

Según le ha explicado, él héroe no pasa gran parte del tiempo en su casa, pero al haber sido atacado, la sociedad de héroe mandara a patrullar su casa por precaución. Le ha dicho también, que hay bastante espacio en su apartamento y puede llevar todas sus cosas allá, no hay necesidad de que siga pagando por el lugar. Le da la razón, ahora que no podrá ir a trabajar a la cafetería, no puede continuar pagando por el lugar. No por eso, va a mudarse completamente a casa de Katsuki.

Piensa dejar parte de sus cosas donde Hitoshi. Izuku siente que, de esa manera, aún tiene un lugar al que volver, su vida no se amarrará al alfa.

La noche pinta de sus colores la calle. Mizuki empaca sus juguetes e Izuku ya pasó a guardar los utensilios de la cocina. El cerrojo de la puerta suena, padre e hija giran a sabiendas de quien se trata.

– ¡Toshi! – Mizuki grita a viva voz. Salta sobre la cama con los brazos alzados, una sonrisa inmensa en sus labios. – Mañana nos iremos a casa de Kacchan.

– Ya veo – se abre paso entre las cajas hacia la cocina – por eso esta abajo en su auto.

Izuku asiente.

– Hubiera querido más tiempo, pero no es posible. – comenta envolviendo la losa en papel.

– Deja, yo lo hago – toma el lugar del omega, continuando la tarea.

El silencio les acurruca entre sus brazos, mas no es cómodo. La tensión les acaricia, pues es notorio que Izuku no está a gusto con la decisión. Meses atrás, jamás hubiera imaginado que su vida terminaría tomando ese rumbo.

Una vez más, piensa en todos los sucesos que le han llevado a esa situación y lo único que logra sacar de eso, es el lamentarse haber pensado en Katsuki como un amigo en su adolescencia. Si se hubiera quejado a tiempo con su madre, si hubiera pedido un cambio de escuela, todo sería tan diferente ahora.

– ¿Estas bien?

Agita la cabeza en negación.

– Estoy muy ansioso, pensando todo lo que podría suceder, somos predestinados, al fin y al cabo. – Exhala hondo. Vigila que su hija este concentrada con sus juguetes y la televisión encendida – ¿Crees que el haber perdido mis glándulas ayude en algo?

– Puede, mas no es nada seguro. – Izuku presiona los labios. Hitoshi se arrepiente al instante. No puede dar un diagnóstico certero, tampoco ha podido callarse – lo siento, no quise desanimarte – pellizca su mejilla.

– Toshi – se queja con una sonrisa. Le toma la mano y aleja de su rostro, sin soltarla.

Le queda mirando, las esmeraldas brillan como cuando de pequeño las situaciones le ganaban.

– Todo va a estar bien – le consuela por ultimo y continúa envolviendo las losas.

La frase parece relajar a Izuku, que va con Mizuki a hacerla dormir.

La verdad de las cosas, es que Hitoshi no ve muchas opciones ahí. Izuku ya ha sido víctima de la ruptura y aunque todo aparenta andar bien con él, teme que esas glándulas vuelvan a regenerarse y lo inminente se haga realidad.

Piensa que quizás, no debió insistir en que fuera a Tokio con él. Quizás, debió apoyarle económicamente cuando pensó en huir del país. En cambio, ahora estaba entrando por sus propios pies a la boca del lobo y veía una alta posibilidad de que no saliera más de ahí.

Al final de ese largo camino, Izuku podría terminar siendo una cifra más en las estadísticas de omegas que terminaban al lado del alfa que abuso de ellos.


Siguiente capítulo:

– Mizuki ... – el omega solloza tras el auricular – ella huyó. – La pausa que le sigue, solo es el preludio al desastre – Lo sabe todo... ya lo sabe todo...


Nota de la autora:

Ya saben lo que viene.

A partir de aquí, estimo capítulos cortos, ya que se vienen escenas precisas. El tiempo avanzará un poco rápido hasta el final, no por eso, las actualizaciones tendrán la misma velocidad xD.

¿Pueden creer que dije que terminaría la historia este año?

Ilusa yo.

Respuesta reviews sin log.

Whiterabbit : Wow...que bueno tenerte de regreso! Jajajaj... sí, hemos avanzado mucho y ahora ya nos acercamos al final.

Giuliana : Que lindo leer tus palabras y saber lo mucho que te ha gustado la historia. Katsuki ha tenido una gran evolucion desde que iniciamos, ahora empieza a asentarse eso. Con respecto a lo ultimo, no, solo escribo fanfics xD es todo lo mío que te podria recomendar.