Consecuencias


Capitulo 19


El día que Izuku fue atacado, Hitoshi supo que era cuestión de tiempo que alguien con un poco de curiosidad, empezara a escarbar los escombros de su vida hasta dar con los vestigios de una historia llena de dolor y sufrimiento.

Una historia tantas veces contada, tantas veces olvidada.

Aquel descubrimiento se había dado más rápido de lo esperado, sacudiendo a todos aun con las heridas abiertas. Los diarios soltaban información deliberada, tal vez solo hipótesis que, a la larga, terminarían siendo ciertas.

Hitoshi es el único a quien Izuku le ha contado su historia sin tapujos y comprende lo duro que debe ser procesar, el ver su más grande secreto expuesto con total descaro. Le duele pensar el momento difícil que está pasando con todos estos sucesos juntos y guardárselo. A veces, el omega es como un iceberg, únicamente cuenta aquello que es imposible ocultar.

Ahora mismo solo puede imaginar sus emociones.

Sin familia, sin más amigos que él, la vida entera de Izuku ha rondado alrededor de su hija. Engreírla, protegerla, brindarle educación, un techo bajo el cual vivir. Había creado una mentira para encubrir una verdad cruel, obviado profundizar en el tema más de lo estrictamente necesario, permitiendo que la niña creara historias románticas en su cabeza. Había mantenido a Mizuki dentro de una burbuja y ahora que había reventado, era la última persona a la que la niña quería ver.

Cruza la calle, hacia el edificio en donde vive Izuku.

Apenas ha pasado un día de que parte de esa verdad saliera a la luz y la lluvia de desgracias no cesaba. Ground Zero había quedado suspendido como héroe, se rumoreaba que perdería su licencia. La noticia del registro familiar había sido expuesta, quedando en claro la paternidad del aun héroe. No conforme con todo esto, había iniciado una red de suposiciones, siendo la más comentada, la única existente.

Ground zero habría abusado sexualmente de un omega.

Hitoshi no siente pena por él, pero sí por Izuku y Mizuki, quienes van a vivir con el estigma de lo que esas noticias revelen de sus vidas.

– ¡Toshi! – Mizuki le espera a penas abre el elevador en el piso quince.

La pequeña, a pesar de los sucesos, le recibe feliz, con un abrazo. Hitoshi cede a sus pequeños caprichos. Por lo pronto, el único problema que es capaz de solucionar de manera inmediata, es el rechazo que ha mostrado Mizuki desde el altercado del día anterior.

Ingresa a la casa, Izuku le sonríe en saludo y señala el pasillo, autorizando que la lleve a su habitación. La niña evade el contacto visual con su padre.

– ¿Cuánto más vas a seguir molesta con Izuku? – inquiere ingresando a su habitación.

La baja de sus brazos y toma asiento en la alfombra.

Mizuki ignora la pregunta, se distrae con sus juguetes.

– Es tu papá, tu familia.

– Tú eres mi familia ahora.

– Mizuki – alarga la última vocal.

– Toshi – le remeda el tono, manos en la cintura, mirándole fijo.

Hitoshi sonríe suave.

– Sabes a que me refiero.

La pequeña infla las mejillas, el beta suspira.

La quiere, es innegable. Ha estado cerca de ella desde el embarazo de Izuku, le ha ayudado a bañarla cuando apenas tenía días de nacida y el adolescente se encontraba solo en casa. La ha visto a crecer y se ha hecho cargo de ella muchas veces mientras Izuku trabajaba.

La aprecia como su familia, pero no lo son. Él les puede fallar, las personas vienen y van, al fin y al cabo. Sin embargo, Izuku siempre estará ahí para ella y esto debería darse a la inversa también.

– Tú eres la única familia que tu papá tiene.

Silencio.

El puchero de la menor flaquea.

– Mi familia – repite. Hitoshi asiente – ¿Y Kacchan?

– Eso depende de ti.

La respuesta no resuelve su duda.

Hasta hace unos días el héroe no era más que un amigo, ahora era su padre y ni siquiera entendía cómo. La molestia inicial que sintió con él, había menguado conforme se fueron conociendo. Había llegado al punto de pasar la noche en su casa y aquello empezaba a cobrar sentido. Su padre la protegía a más no poder ¿No fue extraño que la dejara quedarse con el héroe?

¿Por qué no se lo pudo decir en ese momento?

¿Por qué lo oculto tantos años?

– ¿Por qué papá mintió? – pregunta dolida – Si Kacchan no quería que estuviéramos… – calla, con la voz que se le quiebra.

Hitoshi la abraza, la niña se aferra a él. Recuerda el día que se quedó en esa misma casa con Katsuki, cuando le preguntó por su otro padre y él admitió conocerle.

Eso también fue mentira.

¿O él no sabía la verdad?

¿A caso fueron los dos engañados?

– Él no los abandono. Él los quiere. – al beta le cuesta decir ello, sabiendo todo lo que alfa ha hecho, pero teme lastimar más a la niña.

– ¿Entonces? ¿Por qué nos dejó?

– No puedo darte todas las respuestas. Es mejor que hables con ellos.

La niña no luce satisfecha. Frunce el ceño, le suelta y le tuerce la mirada.

Hitoshi suspira.

Para él sería más fácil usar su quirk en esos momentos, manipular su reacción con respecto a la verdad y todos quedarían tranquilos.

– ¿También vas a molestarte conmigo? – pero años juntos, ha aprendido a manejar a la niña. – ¿Quieres que me vaya?

Mizuki vuelve a verle, retoma el abrazo.

– No.

Se quedan ahí, juntos. Mizuki siempre ha querido que un día Hitoshi fuera su otro papá. Que sea a él quien reciba junto a su padre en casa, tal y como era cuando llegaron a la ciudad. Para ella, esos días fueron los más bonitos. Tener a su papá y a Hitoshi juntos. Había días que incluso, los tres dormían en el mismo futón del suelo viendo películas.

Eso no volvería a repetirse probablemente.

Ahora sabía que tenía un padre y que ese era Kacchan.

Ground Zero.

Lo más confuso era que, debajo de toda esa molestia, había algo que no sabía explicar bien. Como una vocecita dentro suyo que le instaba a sentir cariño por él. No era la primera vez que lo sentía, ya venía de tiempo atrás; aun así, seguía siendo muy extraño y por momentos, incómodo.

Era similar a la unión que sentía hacia su padre, pero con el alfa.

– Si perdono a papá... ¿Debo perdonar también a Kacchan?

– Seria lo mejor. Vives con ambos, al fin y al cabo.

– ¿Puedo vivir contigo? – le mira suplicante. Hitoshi endurece el gesto en respuesta y ella entiende.

Hitoshi no es su papá. Él no tiene por qué aceptarla.

La pequeña rompe el abrazo. Decaída. El beta comprende que su gesto fue muy duro. A veces, no controla eso.

– Puedes venir a mi casa, o yo puedo estar acá cuando quieras. Pero tienes a tu papá, Mizuki. ¿Cómo te sentirías tú si él un día te dejara?

Sola.

Triste.

Vacía.

Mizuki vuelve a gimotear de solo imaginarse un mundo sin su papá. Aun si tiene a Hitoshi, incluso si ahora sabe que Kacchan también es su padre ¿Cómo podría el reemplazar a la persona que le ha criado por seis años? Con quien vive y duerme a diario. Quien le hace reír y le consuela.

Seca sus lágrimas con ayuda del mayor.

– Quiero hablar con papá.

Izuku ingresa a la habitación nervioso. Sus conversaciones con Mizuki se han limitado a saludos educados y frases mínimas durante el día. Mizuki no es maleducada, mucho menos una mala niña, solo esta dolida y él logra entenderla.

También ha crecido sin un padre y pensar en que él hubiera estado cerca y su madre mintiéndole, le hubiera hecho sentir contrariado.

Toma asiento en la alfombra, al lado de su hija que finge distraerse con sus juguetes.

– ¿Mizuki?

– ¿Por qué mentiste? – ataca sin preámbulos. No le mira, ella continúa jugando.

A Izuku se le enfrían las venas.

"Fue lo mejor"

"Eres muy pequeña"

¿Qué debía decirle?

– Las cosas nunca fueron bien con él.

Finalmente, suelta sus juguetes y se gira a verle.

– ¿Kacchan no me quería? – pregunta con roces de afirmación.

Izuku comprende que, para ella, es más fácil culpar al alfa que recién conoce, que a quien ha estado a su lado toda su vida.

Sin embargo, prefiere ser sincero obviando los sucesos claves, a enredarse en más mentiras. A Izuku le va a doler lo siguiente, porque, aunque sea cierto, de alguna manera exculpa a Katsuki de todo.

– Él no lo sabía.

– ¿Qué? – musita. Su rostro trastocado refleja malestar – ¡Me mentiste a mí y le mentiste a él! – Izuku baja la mirada, mientras la niña arremete contra él – ¿Por qué lo hiciste? ¡Siempre quise saber de mi papá!

El omega solloza impotente

Sería muy fácil decirle la verdad, que su hija despreciara a Katsuki, que no quisiera verle. Que él pasara de ser un mentiroso a la víctima, mas no puede.

¿Cuánto la lastimaría saberlo todo?

– L-lo siento.

A Mizuki le molesta que solo se disculpe y no le explique nada. Sin embargo, es débil a su padre, se lamenta por alzar la voz y hacerle llorar. Ella no quiere lastimarlo, mucho menos hacer de esa conversación algo doloroso para él.

Toma entre sus pequeñas manos el rostro de su padre.

El omega le acaricia la mejilla, acomoda sus mechones de cabello tras la oreja.

– Fue mi error – miente una vez más – lo siento.

Mizuki no diferencia si sus palabras son verdad o son mentira, lo único que comprende claro, es que su padre no le dará más razones.

Y lo cierto es que, pensándolo sin rencores, su padre no es una mala persona y si calla, es por algo.

Hitoshi espera en la sala, sentado en el sofá, al otro extremo se encuentra Katsuki. La televisión se encuentra encendida en una película que nadie mira en realidad. Solo está puesto para aligerar el ambiente denso, aunque poco efecto tenga. Hitoshi no necesita ser un alfa u omega para percibir feromonas y comprender las dudas y angustia que hay entorno al héroe.

Ex Héroe .

– Mizuki va a perdonarte – habla de pronto. Katsuki le mira, el beta no lo hace. Su voz suena fría y desinteresada – no lo eches a perder.

No puede decir que está feliz con la situación cuando esta le afecta a Izuku directamente. Sin embargo, al menos ahora, con una mentira menos, Mizuki quizás deje tranquilo el tema de su padre.

Oye la puerta de la habitación abrirse, luego aparece Izuku acercándose por el pasillo.

Ambos hombres le miran expectantes.

– Sigue dolida por ocultarle todo, pero esta lista para hablar contigo. – mira a Hitoshi y vuelve los ojos al alfa – Cuida tus palabras, todavía no sabe la verdad.

Hitoshi suspira fuerte, bajando los hombros.

Se acerca y le abraza.

– Gracias – murmura bajo, ya que es gracias a su paciencia que Mizuki le ha permitido acercarse.

Katsuki rueda los ojos y toma el camino por donde ha venido Izuku. Permanece de pie frente a la puerta de su hija, en silencio, cargándose del valor que necesita para dar la cara.

"– Todavía no sabe la verdad."

No sabe si sentirse aliviado tras aquella frase o como una mierda. Todo es su culpa, el gestor de una cadena de errores que ha ido acumulando hasta embarrar a la víctima más inocente.

Y una vez más, es Izuku quien carga con la culpa con tal de protegerla.

Suena conveniente, y lo es ciertamente, pero no puede hacer más que acatar lo que le ha dicho.

Exhala pausado e ingresa.

– Hola. – saluda suave mientras cierra la puerta.

Mizuki le mira.

Aun le cuesta creerlo.

Kacchan es su papá.

Ground Zero es su papá.

Una parte suya se encuentra dichosa de que un héroe del nivel de Katsuki sea su padre. La persona a la que ha admirado al punto de sentirse afortunada por poseer un quirk por demás similar al de él.

Empero, también está el sentimiento de tristeza.

La reticencia de su padre a contar más sobre la situación le ha dejado más dudas que respuestas. Desconoce si lo poco que ha dicho ha sido verdad, ha ocultado suceso o ha vuelto a mentir.

¿Kacchan en verdad no los abandono?

Qué tal si él supo la verdad, pero nunca los busco.

¿Los odiaba? ¿Los quería?

¿Volvería a desaparecer ahora o se quedaría?

– ¿Nos abandonaste?– formula la primera pregunta y la voz se le quiebra a la mitad.

Katsuki la abraza sin oposición de su parte. Le permite a la pequeña sollozar sobre su hombro.

– No.

– ¿No sabias de mí?

– La primera vez que te vi, fue ese día en tu escuela.

Mizuki lo recuerda. El día que entraron unos ladrones a su escuela y las maestras les escondieron debajo de las mesas.

El día que conoció a su héroe favorito.

– Y ahora... ¿Vas a marcar a papá? ¿Vas casarte con él?

Katsuki no tiene certeza de si su pregunta es dicha con emoción o resignación. Tampoco si la respuesta que dé, será satisfactoria para su ánimo alicaído.

– No – sin embargo, es en lo único que puede ser sincero – quiero a Izuku, pero no de esa manera.

Y aquello es algo que descubrió cuando Izuku le rechazo, cuando empezó a usar la medicación. Es su instinto quien lo necesita, quien le dice que le quiere cerca, quien desea mantener una unión más íntima.

No Katsuki.

Él solo le quiere.

Es el padre de su hija, la ha criado sacrificando su vida. La ha protegido tanto como ha podido y seguirá haciéndolo.

Pero es solo eso.

– ¿Debo llamarte papá?

Katsuki sonríe con resignación.

– Llámame como tú quieras.

– Kacchan. – susurra escondida en su cuello.

Izuku lleva días sin lograr conciliar el sueño plenamente, esa noche, no es la excepción. Haber conversado finalmente con Mizuki le ha dado un alivio, es un problema menos y, a la vez, otro. Porque ahora que el escándalo ha reventado, que Katsuki ha sido suspendido, tiene certeza que en poco más y más cosas saldrán a la luz.

Ese día en la escuela es lo que más le preocupa.

Ahora mismo, Mizuki podría pasar el tema muy superficial, comprender que fue algo malo, solo eso. Sin embargo, una vez que los años pasaran, que su cabecita empezara a razonar más sobre el acontecimiento, entonces ahí vendrían las verdaderas conjeturas. Saber que por más amor que te haya dado tu padre, no fuiste concebido bajo su consentimiento. Que fuiste parte de una experiencia dolorosa y no se te esperaba con anhelo. Verse como el culpable de la vida que no pudo tener la persona que más quieres en el mundo.

¿Quién estaría preparado para ello?

Izuku duerme, con la angustia aprisionándole el pecho, un descanso poco reparador. Lo siente como si fuera solo una pestañada en la que han pasado tres horas.

Su reloj marca las seis cuando el sueño se le esfuma, dejándole con un cuerpo cansado y mente agotada. Sale hacia la cocina en busca de leche tibia que le relaje, al menos por un par de horas más.

A penas está por la sala, cuando oye el timbre.

Enarca una ceja, extrañado por la hora y por quien podría ser. Camina hacia la puerta, preguntándose si ha oído bien, o se trata del timbre de uno de los vecinos. Entonces, suena nuevamente confirmándole que es su puerta la que tocan. Rápido, a su mente se viene Red Riot, el héroe vive a penas dos pisos debajo. Quizás busca un momento de privacidad para conversar con Katsuki.

Se encoge de hombros y abre.

– Izuku – susurra la mujer frente a él, luego sonríe feliz.

El omega entorna los labios, sorprendido.

– Mi-Mitsuki-san.

Los padres de Katsuki han llegado.

– No lo puedo creer – le abraza suave al reconocer las vendas en su cuerpo como heridas del ataque. – y todos hablando tan mal de mi Katsuki.

Masaru, tras la mujer, asiente en saludo.

– Entremos, entremos. Hace frio en este pasillo.

Izuku se hace a un lado, permitiéndoles el ingreso a la vivienda.

No sale del asombro.

Les recuerda poco. Muy en su infancia, momentos en los que Masaru iba a la escuela por Katsuki y algunas veces le llevó de camino al refugio. A Mitsuki la veía en los días de padres e hijos, su madre pocas veces podía asistir, pero la mujer le hacía sentir parte de su familia.

Tal vez fuera ahí cuando Katsuki empezó a aborrecerle.

– ¡Katsuki! – grita la mujer de pronto.

– No, no... baje la voz por favor – pide educado – mi hija aun duerme – comenta, a sabiendas que todos ahí ya conocen la verdad.

La mujer cubre sus labios, en un gesto de arrepentimiento.

– Yo le aviso que han venido. Tomen asiento.

Izuku ingresa, un poco nervioso de que ese grito haya despertado a su hija. La niña apenas está asimilando que Katsuki sea su padre y ahora tendrá que hacerles frente a sus abuelos.

Abre la puerta de la habitación despacio.

– Katsuki – sisea. El alfa continúa dormido. Se ve obligado a acercarse a él. – Katsuki – le mueve – despierta – el alfa se queja – tus papás están acá.

De inmediato, da un brinco y queda sentado en la cama.

– ¿Qué? – pregunta aturdido – ¿Aquí? ¿Ahora?

– Sí.

Golpea su frente, frota su rostro agobiado.

– Yo me encargo, ve a tu habitación.

– ¿Qué hacen acá?

– ¿Qué hacen acá? – repite la mujer frente a él, alzando el tono. – ¿Así nos recibes, hijo ingrato?

– No contestabas las llamadas. – explica Masaru, conciliador. Se acerca al lado de Katsuki, acariciándole un brazo.

– He estado muy ocupado.

– Y nosotros preocupado, tu padre no puede controlar sus feromonas por tu culpa.

Masaru encoge sus hombros, su aroma ha sido gran responsable de que estén ahí, pues Mitsuki se ha preocupado mucho al sentirle alterarse cuando el perfume de su omega suele ser muy manso.

– Ya me vieron, estoy bien. Pueden irse ahora.

– No. – se planta firme la alfa – Hemos venido de lejos para ver como estas y tener respuestas – Acomoda el maletín que ha traído consigo sobre el sofá – ¿Por qué nunca nos contaste sobre Izuku? ¿Pensaste que te lo prohibiríamos?

Katsuki rueda los ojos, viendo que las cosas van a complicarse desde tan temprano.

– No – rasca su nuca. – es complicado.

En silencio, baja la mirada, distraída viaja por el piso.

Sabe lo que viene y, a pesar de todo lo acontecido últimamente, aún resulta una conversación para la que no se siente preparado.

Nadie ahí lo está.

– Katsuki – le llama Masaru– ¿Qué tan cierto es lo que dicen las noticias?

El alfa es incapaz de volver la vista sobre su padre. De entre la culpa, brota la vergüenza. Mantener esa conversación con quien le ha criado, quien podría haber sido una víctima al igual que Izuku.

Frota su rostro, tomando centímetros de distancia del omega.

– Katsuki – ahora es su madre. El tono autoritario de la mujer exige una respuesta.

Exhala hondo, baja los hombros.

– Todo. Todo es cierto.

La respiración de los tres hace eco en la habitación.

El silencio que se forma entorno a sus palabras, rápidamente es asesinado por un certero golpe de su madre. A ese le siguen muchos más. Katsuki, aun cuando es más grande y fuerte que la mujer, no la aleja, no la controla; solo se cubre con los brazos.

– ¡Idiota! ¡Eres un idiota! – le grita llena de impotencia.

– ¡Mitsuki, no! – Masaru se ubica en medio de los dos, intentando coger a su mujer de los brazos – Cálmate, por favor.

– ¡¿Cómo pudiste?! – llora rabiosa la alfa, siendo contenida por su omega – ¡Yo no te crie así! –vuelve iracunda a atacarle, aunque con menos convicción, termina siendo abrazada por su omega. – ¿Qué hiciste? ¿Qué hiciste? – solloza.

Katsuki no logra sentir los olores, pero sabe que, de hacerlo, ya hubiera sido sobrecogido por todas las emociones del ambiente. Su madre ha sido siempre una mujer ruda, muy tenas y dura; verla llorar por primera vez, dejándose consolar por su padre, es algo que hubiera preferido no ver nunca.

La ha lastimado.

Y sabe, que a pesar de que su padre se muestre con mayor temple, debe estar igual o más lastimado.

– Tranquila, tranquila – susurra Masaru, secándole las lágrimas. Frota las mejillas contra las de su alfa, confortándola – Siéntate, iré por un poco de agua.

– No – le detiene – iré yo.

La mujer se retira, dejando el silencio imperar nuevamente. Tiene tintes de incomodidad y vergüenza.

– ¿Cómo estás?

Katsuki tuerce los labios.

– Me están investigando, suspendieron mi licencia de héroe, probablemente...

– No – interrumpe – ¿Cómo estás tú, Katsuki? ¿Cómo te sientes?

Encoge sus hombros.

Toma asiento en el sofá, su espalda arqueada y la vista perenne en el piso. Aun evita mirarle. Masaru toma asiento a su lado, le abraza, atrayéndole hacia su cuello.

Mitsuki siempre fue firme con la educación de su hijo. Ha sido dura en imponerle la mentalidad de como un alfa debe ser y uno jamás puede abusar de un omega. Aunque por años, aquello hubiera quedado solo en teoría.

Su mujer nunca le ha puesto un dedo encima, mas sí ha sido víctima su carácter explosivo en discusiones, de su manera de imponerse y ordenar en casa. Masaru, un omega dócil, ha callado y obedecido, aun si discrepaba con ella en muchos puntos.

¿Qué podía hacer en aquel entonces?

Separarse en esa época le habría acarreado un gran estigma. Sus padres no le habrían recibido de vuelta, un alfa nuevo seguramente hubiera rechazado a Katsuki. Muchos omegas hacen lo imposible por sacar adelante a sus hijos y él toleró todo por no terminar en un refugio junto a su niño.

La relación con su esposa ha mejorado mucho desde aquel entonces, sin embargo, es ahora cuando todo el peso de las decisiones que no tomo le caen encima. Su más grave error, fue mostrarle a Katsuki que, efectivamente, un alfa está en el deber de proteger a un omega, siempre y cuando el omega se mostrara sumiso y complaciente.

Masaru siente que parte de la culpa de su hijo, posa también sobre sus hombros.

Aun así, no minimiza lo que él hizo. Era un crimen horrendo, una de las cosas por la que los omegas odiaban nacer como tales. Sin embargo, tampoco podía juzgarle con severidad. Era su hijo y no importaba cuantos años tuviera o que tan grande fuera, cuando Masaru lo veía, no hacía más que recordar al pequeñito que se aguantaba las lágrimas cuando su madre le alzaba la voz. Al niño que le decía que un día se convertiría en un gran héroe y le protegería de todo.

Al bebé que pusieron sobre su pecho a solo segundos de dar a luz.

Mizuki estira su cuerpo, bosteza con pesadez y parpadea lento acostumbrado sus ojos a la luz. Izuku la observa inquieto, traga hondo los nervios.

– Papá – murmura, despabilando el sueño.

El omega le sonríe con falsa tranquilidad, aunque le consuela que la niña le dirija la palabra, pues su conversación de ayer no fue en vano y le ha perdonado.

– Ven – La toma de la mano y caminan hacia el cuarto de baño.

Asea a su hija torpemente, haciéndola reír. Ella ve en su nerviosismo un pequeño juego. Izuku no sabe cómo reaccione ella, como le verán los padres de Katsuki. No sabe siquiera que han hablado ellos.

¿Si rechazan a su hija?

¿Si le rechazan a él?

No es que le preocupe su aceptación como tal, pero si le rechazan a él y aceptan a su niña, evidentemente se formaría una confrontación y lo último que quiere es añadir más dramas a su vida.

–¿Papá?

Izuku vuelve a sus sentidos. En el rostro de su hija ya ve reflejada la duda.

– Han llegado unas personas – intenta sonar casual mientras le peina el cabello en dos coletas – vamos a ir a saludarlos, ¿está bien?

– ¿Quiénes son?

Respira hondo.

– Los padres de Katsuki.

– Mis... ¿abuelos?

Izuku afirma.

La pequeña se siente contrariada en sus emociones. Amaba a su abuela Inko, era la mejor del mundo, una mujer cariñosa y engreidora. Sin embargo, nada indica que los padres de Kacchan sean igual a ella.

– ¿Vamos?

Mizuki le toma de la mano, presionándola de los nervios. Salen caminando por el pasillo y, a cada paso, Mizuki reduce el ritmo, escondiéndose tras las piernas de su padre. Por un lado, siente emoción que de un momento a otro su familia haya crecido y ya no se limite solo a su padre y Hitoshi. Por otro, teme que no le agraden sus abuelos y se vea forzada a convivir con ellos de igual manera.

Como en inicio tuvo que tolerar a Kacchan.

Apenas llegan a la sala, los padres de Katsuki giran hacia ellos, advertidos por el aroma infantil que despide la niña.

– ¡Oh! – exclama bajito la señora Bakugou. Sus ojos examinan al ser que se oculta tras Izuku. Baja el torso, apoyando las manos en las rodillas. – Hola.

Mizuki asoma el rostro, inspecciona por unos segundos a la pareja. La mujer luce muy similar a Kacchan, mientras el hombre le inspira la misma confianza que su padre; lo cual la alienta a salir de su escondite.

Masaru le sonríe al notar su mirada puesta en él, espesa su aroma enternecido por el gran parecido que guarda la niña con su hijo.

– ¿Cómo te llamas?

– Mizuki – responde, dando un paso delante. El temor inicial ha desaparecido ahora que siente el aroma del omega varón.

Es tan dulce como lo era el de su padre.

– Que coincidencia – la mujer se pone en cuclillas, a la altura de su nieta – yo me llamo Mitsuki, con T, y él es Masaru. Somos tus abuelos.

La alfa frota una de sus muñecas contra su cuello, la impregna de su aroma y luego extiende el brazo, permitiendo que la niña olfatee. Más allá de lo que su boca pueda decir, para Mitsuki es importante que las feromonas lleguen a su nieta y que ella sea capaz de reconocerles y aceptarles por instinto, no por palabras.

Algo más importante aún, es que, si su nieta percibe su aroma, cabe una gran posibilidad de que se trate de una alfa u omega. Si a eso le suma el hecho de que la niña protegió a su padre por encima de su vida como mencionaron las noticias, entonces se arriesgaría a decir que su nieta será una alfa.

Mitsuki no la rechazaría incluso si resultara ser una omega, pero sin duda alguna, inflaría el pecho orgullosa de saber que sus conjeturas son ciertas, que de su linaje solo descienden alfas.

La niña la huele, movida más por curiosidad. Es la primera vez que alguien que no sea su padre o Kacchan, le permite oler tan libremente sus feromonas.

– Masaru, ven. – llama la alfa cuando su nieta ha terminado de olerla.

El omega obedece, ubicándose a su lado en la misma posición. Mitsuki pasa un brazo alrededor de él, posa la mano sobre su mejilla y le insta a inclinar la cabeza, dejando el cuello expuesto para que la niña le huela también.

– Ven, Mizuki.

– No – Izuku le toma de la mano.

Aquello es demasiado.

Que un alfa u omega permitiera a otra persona oler su cuello, el lugar en que su aroma es más profundo, es algo muy íntimo. Reservado a muy pocas personas, como hijos o pareja. Visto incluso, como una falta de respeto bajo ciertas circunstancias.

La mujer no le ha permitido a Mizuki acercarse a su cuello, demostrando así su superioridad. Dejando entrever que su hija aún no se ha ganado ese derecho. Pero sí le obliga a su pareja a hacerlo.

Y un omega no debería permitir que un alfa tenga ese nivel de decisión sobre sí mismo.

– Se acabaron las presentaciones – corta el asunto Katsuki, quien ha estado de espectador y no pretende dejar que Izuku y su vieja peleen. Carga a Mitsuki, llevándosela de ahí – ella tiene que desayunar.

...

El resto del día transcurre en una calma aparente.

La tensión ha quedado perenne luego de la presentación e Izuku se siente intranquilo de que los señores Bakugou se queden con Mizuki en la sala. El omega les ronda de tanto en tanto, alerta de lo que oye y lo que hacen.

Los abuelos novatos, solo le cuentan a su hija cómo era Katsuki de pequeño, muestran algunas fotos que han traído consigo. Comentan también, sobre la amistad que sus padres tenían en la niñez, que es algo que Mizuki ha querido saber toda su vida.

La relación que guardaban sus progenitores antes de que ella llegara.

Su hija luce feliz por toda la información que recibe y pronto despierta en ella la locuacidad que posee usualmente. Habla sobre la escuela, sobre All Might. Cuenta que su quirk es el mismo de Kacchan y que, si tiene ambas manos vendadas, es por proteger a su papá.

– ¡Yo soy su héroe!

Mitsuki y Masaru ríen y la felicitan.

Izuku cree por momentos, que quizás está juzgando mal a los señores Bakugou. Son personas mayores, criadas en otra época. Años en los que, que un omega fuera sumiso a su alfa, era la norma. Así como, que el instinto estaba por encima de todo, incluso de la ley.

No tenía nada de extraño.

Incluso a día de hoy, Izuku podría encontrar personas de su edad viviendo bajo ese mismo pensamiento.

De pronto, el timbre suena y en un acto de autoritarismo, Mitsuki solo le mira. Izuku lo entiende, si percibiera las feromonas seria incluso más claro, le está ordenando que vaya a abrirla.

Respira hondo, recuerda lo que ha pensado solo minutos atrás y se dirige hacia la puerta.

– ¡Oh! Toshi... no recordaba que ibas a venir.

– ¿Quieres que me vaya?

– No, no – ríe, le toma de la mano haciéndole ingresar – han venido los padres de Katsuki – murmura bajito.

– ¿Para qué?

– Estaban preocupados por él.

Hitoshi no dice más, solo piensa en como aquella convivencia que inicio como algo muy distante, en pocos días, empieza a tomar más aires de relación. No solo vive con Katsuki y su hija, sino que ahora se ha presentado a la familia de él.

Quizás el destino no es solo un hilo invisible que les une, sino una telaraña que se enreda entorno a ellos, conspirando por un fin en específico.

– ¡Toshi! – Mizuki deja de lado a sus abuelos para ir saltando a los brazos del beta.

Hitoshi la carga de un salto y la niña empieza a frotar sus mejillas contra él. Aun cuando él no siente feromonas, la mirada de la mujer en la sala delata la tensión que se forma.

Masaru asiente en saludo.

Mitsuki le quita la mirada.

Entiende que Izuku no es el omega de su hijo. Entiende también, que es probable que nunca lo sea. Lo que hizo Katsuki es algo abominable. Si su hijo fuera un omega y alguien se atreviera a tocarle si su permiso, le degollaría vivo.

Porque su deber es protegerle, su instinto manda eso.

Y es ese mismo instinto, el que le hace ver a Izuku como parte de su familia y al beta que ha llegado, como un intruso en ella.

A insistencia de Mizuki, Hitoshi se queda a cenar. Incluso cuando es evidente el ambiente incomodo que hay alrededor suyo.

Todos toman asiento entorno a la mesa, los sitios son elegidos meticulosamente mientras se acomodan. Mitsuki toma lugar a la cabeza, con su marido e hijo a cada lado. Hitoshi al otro extremo, frente a ella. Izuku no hubiera querido que sus visuales fueran tan directas, pero la alternativa de sentarlo al lado de Katsuki no sonaba bien. Menos, junto a Masaru, pues la alfa, instintiva como es, no hubiera permitido que un recién llegado estuviera cerca a su pareja.

El silencio se apropia de la cena, poblándolo de una bruma inquietante, molesta. Suenan los cubiertos, la comida siendo devorada.

– ¿Y… en qué trabajas, Izuku? – intenta aligerar el ambiente Masaru.

– Papá trabaja con All Might en su cafetería – responde Mizuki muy animada – Yo también lo conozco y es mi amigo.

Izuku le sonríe con ternura.

– ¿Y tú? – pregunta al beta, sin perder amabilidad.

– Aun soy estudiante, medicina.

– Entonces no trabajas – afirma Mitsuki.

– Hago prácticas en el hospital de la universidad.

La alfa resopla burlón a lo bajo.

– Eso es muy bueno. – acota Masaru, queriendo retomar la conversación ligera que había iniciado.

– ¿Bueno? Dudo que esa paga alcance para algo.

– Mis padres me apoyan.

– Ah... te mantienen.

– Basta – gruñe bajo, Katsuki.

–Aún es joven – Masaru toma la mano de su mujer, acariciándole el dorso.

– Katsuki también y se mantiene solo, con un buen apartamento.

– De hecho – Izuku deja los cubiertos de lado – Hitoshi solía ayudarme económicamente.

– Hasta que llegó Katsuki. – complementa la mujer.

El cenizo garraspea su garganta, intentando dar por finalizado el tema.

– ¿Qué quirk tienes? – pero ella continua.

– ¡Toshi tiene un quirk super genial! – vuelve a emocionarse Mizuki, quien también ha sentido la incomodidad en el aire, aunque no comprenda la razón – Manipula tu mente.

– Se llama lavado de cerebro, pero es básicamente como dice ella que actúa.

– Bastante conveniente en todo tipo de situaciones.

– No lo sé, rara vez lo uso.

Beta y alfa se observan fijo.

Si hay algo que Izuku admira de Hitoshi, es que no es como otros betas que les rinden pleitesías a los alfas. Él no se minimiza ni les teme.

– Y-ya que hemos terminado – Masaru da otro corte al tema. Se pone en pie, apilando los platos vacíos uno sobre otros – ¿Por qué no me ayudas a llevar los servicios, cariño? – coloca los platos frente a su mujer – Katsuki puede ir acostando a Mizuki e Izuku acompañar a su amigo afuera.

El omega les sonríe con dulzura a todos, feromonas sueltas en el aire, ventilándolo de toda acides.

Katsuki carga a su hija sobre un hombro, haciéndola rabia y reír en partes iguales. Mitsuki se muestra reticente a ponerse de pie, pero su omega termina por obligarla con su mirada. Izuku toma de la mano de Hitoshi, acercándole hasta la puerta.

– Te acompaño hasta abajo.

Toman el elevador e Izuku deja salir un gran suspiro.

– ¿Estás bien?

– Es un desastre, todo esto es un desastre.

– Tranquilo. – pone una mano sobre su espalda – Es algo que iba a suceder en cualquier momento. – acaricia su hombro – Todo va a mejorar.

Izuku respira hondo, ahogando el llanto que hiere su garganta por escapar y no va a permitir. No puede ceder a la presión cuando esa tormenta aún no ha terminado.

Pero lo hará, de eso está seguro.

"Todo va a mejorar" , se repite, mientras se deja consolar los escasos minutos que dura el descenso en el elevador.

Cuando las puertas se abren, se despiden con un abrazo breve y una sonrisa de falsa tranquilidad.

Respira hondo nuevamente, de regreso a su piso. Todo está sucediendo demasiado rápido. A penas sale de un desastre y un nuevo derrumbe le sacude.

No es capaz de reconstruirse cuando cae nuevamente.

Solo un poco más, Izuku .

Vuelve a respirar profundo viendo las puertas del elevador abrirse frente a él.

Solo un poco más.


Siguiente capítulo :

Tenemos una orden de arresto para Bakugou Katsuki .


Nota de la autora:

Chan, chan, chan...

Tenía muchas dudas sobre que poner como adelanto, porque el siguiente capítulo se venían muchas cositas ujujuju aunque lo más seguro es que lo divida en dos, sino se sentiría muy acelerado.

Por otro lado, aún faltan unas apariciones más de Mitsuki, pero quería saber que opinan sobre ella en lo poco que lleva.

Por cierto, perdón si en algún momento me he confundió sobre escribir Mitsuki y Mizuki. Cuando inicié la historia no pensé mucho el nombre de la niña, mucho menos juntarla con la abuela xD Asi que se me ha hecho difícil este capítulo.