Consecuencias


Capitulo 21


De... deten... Kacchan suplica el omega, semiconsciente po... por favor… no… hagas na... nada.intenta frenar aquello a pesar de que la voz deseosa le traiciona.

Despierta sobresaltado, el corazón agitado y el cuerpo cubierto en sudor.

La pesadilla ha vuelto.

Decir que en algún momento lo olvidaría, seria mentirse. El recuerdo siempre había permanecido en su memoria, como una aguja en la cama que no ve y no sabe cuándo se le incrustara. A veces eran meses de paz, otros, aparecía a penas se acostaba. Lo más dificil lo habia vivido tras el suceso y al inicio de su embarazo. Sus noches se resumían en aquellas memorias atormentándole incluso despierto.

El tiempo había sido su aliado almacenándolas en un rincón oscuro, pensándolo solo de manera consciente. Sin embargo, hoy, volvía con tal nitidez que podía sentir incluso las manos rasposas de Katsuki tocándolo.

Su olor.

Su voz.

Un escalofrió le recorre la dermis, las náuseas aglomeradas en su garganta le hacen salir corriendo hasta caer de rodillas frente al inodoro. La cena hace mucho se digirió y solo logra regurgitar saliva y bilis. Sostiene su pecho con una mano, siente el palpitar desbocado bajo la palma o quizás, sea el mismo temblor de su cuerpo.

Es curioso que incluso con su celo próximo, su mente continue tomando ese recuerdo tal como fue: una escena asquerosa.

Otra arcada.

Más saliva cae hasta el fondo del inodoro. Los dientes tiritan y se centra en inhalar u exhalar, intentado calmarse un poco. Apoya la frente en la tasa del inodoro, abrazando su cuerpo. Las manos suben y bajan, dándose consuelo el mismo, calentándose a duras penas.

El frio que le recorre es superior al invierno de allá afuera.

Sorbe su nariz, las náuseas prevalecen. Se instalan en su garganta aferrándose con fuerza. Izuku no sabe si es debido al recuerdo fresco que su pesadilla le ha mostrado, o a un síntoma de abstinencia por su celo proximo y la ausencia de su alfa.

Cierra los ojos, contrayendo su cuerpo, aplacando el temblor que le recorre.

Todo sería más fácil con Hitoshi cerca, explicándole sus síntomas, consolándolo; pero no podría si quiera hablarle tras la decisión que ha tomado. Moriría de vergüenza de verlo, de tener que contarle lo que está por hacer.

Ahora, por primera vez en su vida, se siente completamente solo.

Sin amigos.

Sin familia.

Sin siquiera su hija de apoyo.

–Solo un poco más –murmura bajito. Como un mantra que espera funcione de tanto repetirlo– solo un poco más.

...

–Po-por favor…pa-para… –gimotea– po-por fav…

...

Abre los ojos, sobresaltado.

Se encuentra de vuelta en su cama, con un sueño que no ha reparado para nada el cansancio. Mizuki ya no esta y oye pisadas en la sala, todos deben estar ahí y él no trae ánimos de hacerles frente. No sabe si el abogado ha llegado aún, o si los padres de Katsuki saben ya su decisión. Prefiere dejarlo así, mientras menos toque el tema, menos duele.

Una parte suya aún se escarapela dudosa sobre lo que irá a hacer.

La decisión que ha tomado, continúa echando raíces dentro suyo. Desquebrajándose por momentos, envalentonándose en otros. Siente que cualquier pequeño fragmento de realidad que le toque en ese instante, haría trastabillar su decisión.

Cualquier circunstancia que le haga caer en cuenta del futuro que ha de depararle.

Salvar a Katsuki no se limita en dar una declaración a favor suya, en mentir ni en excusarlo. Comprende que deberá hacer de esa mentira una realidad temporal si quiere que sea creíble para el resto. Vivir con Katsuki, compartir tiempo juntos, fingir ser una familia...

Suspira agotado.

Es indudable que una vez su realidad sea al lado del alfa, fingir será lo último que haga. Terminará cediendo con todo al instinto; entonces, los pensamientos que está teniendo ahora serán solo un recuerdo tortuoso. Perdonará a Katsuki, hará borrón y cuenta nueva en la vida que empiece a su lado.

Si durante años los omegas han sobrevivido de esa manera, él lograra hacerlo también.

Ciertamente, no sabe si puede refugiarse en aquel detalle. Consolarse sabiendo que en un tiempo todo será mutuo entre ellos. Si embargo, es a su yo de ahora a quien le cuesta asimilarlo y continúa aborreciéndose por ello.

Izuku abraza la almohada, secándose con la esquina de esta las lágrimas silenciosas que han empezado a brotar.

Meses atrás, no hubiera imaginado tener ese final.

–¿Qué pare dices? –cuestiona agitado. Entierra sus uñas en la piel lechosa del más pequeño y este se contrae, aprisionándolo en su interior– si tú lo quieres tanto como yo, solo mira cómo me tragas completo –se divierte de la situación–. Ahora te voy a enseñas para que sirven los omegas.

...

Despierta.

No sabe cuántas veces lleva haciéndolo ese día.

Trae la cabeza pesada, como el preámbulo de una jaqueca. El estómago le gruñe, sintiendo ardor por la falta de alimentos hasta esa hora, aun así, las náuseas continúan instaladas en su garganta. Su boca suplica un poco de agua que aplaque la sed. Izuku omita aquel detalle, se mantiene acostado, sin hacer esfuerzo alguno por salir de la cama. Los pálidos rayos del sol ingresan por los bordes de la cortina cerrada. Cubre su rostro con la manta, dándole la espalda a la luz.

Cierra los ojos, no queriendo pensar en nada, apenas siendo consciente de sus sentidos, esperando volver a dormir pronto.

Mientras más rápido pase el tiempo, mejor será para él.

De ser posible, quisiera despertar en esa nueva vida a la que se está metiendo. Pensando en ese instante que padece, como un sueño lejano. Despertar por enésima vez y verse los tres en otro país. Uno donde nadie conozca el pasado que les envuelve y no posea más el temor de que su hija conozca la verdad. Donde los tres puedan tener una vida normal y tranquila.

Donde pueda ver lo que hizo Katsuki como un error pequeño.

–¿Izuku? –la voz de Masaru irrumpe en su espacio junto al sonido de la puerta abrirse– es pasado medio día, ¿te sientes enfermo? –el sonido nítido se acerca a él.

Sí.

–Estoy cansado.

Masaru libera un jade de afirmacion, mas no se retira, permanece ahí unos segundos.

–El abogado de Katsuki ha venido –Izuku se tensa, en su estómago se forma un nudo– dice que necesita conversar contigo.

Aprieta los parpados.

Respira y exhala con lentitud; calmando su cuerpo, sus nervios, la tensión.

No logra nada.

–¿Izuku? –la voz suave le recuerda a la de su madre.

Cuanto quisiera tenerla a su lado una vez más.

La necesita tanto.

¿Qué haría ella en su posición?

Seguramente huiría a su lado como lo hiciera la primera vez, previendo que algo peor podía sucederle de quedarse en esa ciudad al lado de Katsuki. Izuku seria feliz huyendo a su lado la vida entera.

Pronto, siente el calor de la mano del omega sobre su hombro.

–A-ahora voy.

–Si te sientes mal, podría decirle que venga aquí. –le ofrece.

–Sí –toma la oportunidad, es mejor de esa manera.

No está para ver a más personas, sobre todo su hija. Siente que podría echarse a llorar en cualquier momento y el recuerdo de su madre le hace consciente de lo fuerte que debe lucir frente a ella sin importar qué. Es solo una niña que no debería de estar viviendo ese tormento.

Masaru se retira, no oye la puerta cerrarse. Izuku toma asiento, un leve mareo precede a la acción. Vuelve a ejercitar sus pulmones en busca de calma. Ordena su cabello rápidamente, mientras, abre la cortina permitiendo que la luz brillante ingrese, incomodándole la vista.

–Buenas tardes –se gira. El abogado está ahí, de pie en el umbral de su habitación.

–Buenas tardes –responde sin ánimos ni ganas de fingirlos.

Coge la silla de lo que seguramente Katsuki pensó su hija usaría un día como escritorio y hoy luce lleno de juguetes. La coloca a disposición del alfa, que toma asiento mientras él cierra la puerta.

–Consulté su caso como me pidió –abre el portafolio, extrayendo un folder de su interior–tenga –se lo extiende. Izuku lo recibe– es el informe del médico que le atendió el día del accidente.

Revisa el documento adentro. Es una constancia donde se menciona su estado al ingresar ese día a emergencia. Las atenciones que se le brindo, medicamentos usados, así como la marca en su nuca.

Una que nunca estuvo ahí.

Entre tantas palabras y tecnicismos, el medico afirma la cuartada. Él llegó al hospital con una laceración critica en la parte posterior del cuello, durante la reconstrucción de dicha zona, se encontraron indicios de lo que hubiera sido una marca.

–El medico accedió a ayudarnos –dice con mucha calma–, pero lo importante aquí, no es solo lo que él diga, sino usted. Deberá firmar la hoja de atrás.

Izuku pasa la página, encontrándose con la que ha hecho referencia el abogado.

"Yo, Midoriya Izuku..." inicia la hoja. Es un texto corto comparado al anterior, aunque igual de infame. En el admite mantener una relación amorosa con Katsuki, la cual habría sido retomada luego de muchos años. Menciona que el distanciamiento en su adolescencia, se debido al embarazo; su madre le había escondido en el campo a causa de la vergüenza que significaba su estado. Finalizaba ratificando dicha cuartada con la marca que llevaba en su nuca; la cual se había dado bajo su consentimiento luego de reencontrarse. Sellando así el romance que inicio en su adolescencia.

Vuelve los ojos al alfa, mantiene la serenidad. La nauseas regresa, el nudo en su estómago crece. Traga hondo, la saliva raspa su garganta seca. Toma el bolígrafo que se le ofrece sin mucha ceremonia y firma el documento.

Su condena.

–¿Eso sería todo? –pregunta con desanimo, entregando el folder cerrado.

–Si el juez acepta las declaraciones, con suerte y se terminará ahí todo el proceso. Katsuki seria liberado y ambos deberán mantener las apariencias, usted entiende.

Izuku asiente.

Una vez el abogado se retira, deja caer su cuerpo sobre la cama. Nuevamente siente frio y esta vez, no reprime más el llanto. Llora bajito, consolándose con un abrazo que no llega abarcar su cuerpo entero ni calmarle del frio. La nauseas continúan avanzando como un tsunami y por más que respira hondo intentando calmarse, es evidente que la situación le sobrepasa.

Sale corriendo de la habitación, directo de rodillas a la tasa del inodoro. Una vez más, nada sale de su interior, pero las lágrimas golpean el agua del fondo.

Es humillante.

Luego de todo lo que ha vivido, de todas las veces que se juró no dejarse pisotear, ahora cediera tan fácil. Quiere que Mizuki tenga una vida tranquila y su dignidad ha sido el precio, agachar la cerviz y mentir descaradamente.

–¿Izuku? –la voz de la alfa azota contra las mayólicas blancas.

–¿Papá?

–Masaru, lleva a Mizuki a jugar –pide a su omega– ¿Quieres que llamé a un médico?

–Estoy bien –responde sin girar a verla, sorbiendo su nariz.

Silencio.

Izuku siente la presencia de la mujer todavía cerca, contrario a la voz de su hija que suena lejos, quizás en la habitación contigua. No aparta la vista del retrete. Seca sus ojos y nariz con un poco de papel.

–El abogado mencionó... que ayudaste a Katsuki –pausa–. Gracias.

Deja caer su cuerpo sobre sus tobillos. Totalmente inerte, un muñeco vacío.

–Es por Mizuki –aclara.

–Lo sé e igual te lo agradezco.

La alfa permanece unos segundos más. Si espera algo, Izuku no lo sabe, pero suspira con mayor tranquilidad una vez se retira.

Ya está hecho, piensa, resignado a lo que tenga que venir.

Es solo un escalón más en la decadencia de su vida. Una vez Katsuki salga de prisión, el juicio quede anulado y la prensa se calme, todo pasara al olvido para el resto de personas y podría continuar con su vida.

Está bien si puede aspirar a paz en un corto plazo.

La cena es el primer alimento que llega a su estómago. Lo toma en su habitación, a solas y cae como hierro pesado en su interior. Vuelve a recordar que su celo está muy cerca y prefiere atribuirle el malestar a eso, antes de admitirlo como parte del estrés que está atravesando, que es el rechazo que muestra su cuerpo a las malas decisiones que está tomando.

Porque no hay vuelta atrás, una vez firmó esa carta, la soga fue puesta en su cuello y sus alas cortadas.

De ahora en más, pasara a ser el omega de Katsuki. Bakugou Izuku. Permanecerá a su lado el tiempo necesario para que todo se calme y si tiene algo de suerte, al final de ese periodo podrá retomar su vida lejos de él.

Coserse las alas y volar lejos una vez más.

Si la suerte le es esquiva, su omega interior creara una historia de amor al lado de su alfa predestinado. Llena de altibajos que lograron superar en nombre del lazo que les une.

–¿Papá? –el rostro de su hija se asoma, como un cuento bonito en medio del desamparo– ¿te sientes mejor?

Izuku sonríe desganado, dejando su plato en la mesita de noche, y asiente.

Miente, una vez más.

La niña sonríe aliviada e Izuku no sabe si se debe a su respuesta o a que ha oído algo sobre su situación con Katsuki.

Suspira largo, echando afuera los pensamientos conflictivos.

Ayuda a su niña a vestir la pijama. El día se ha hecho corto cuando ha estado tan distanciado de la vida como tal, durmiendo gran parte del tiempo y ahora, ha llegado el momento de volver a dormir.

Espera que de esa misma manera pasen los días posteriores.

O el resto de la vida.

Un nuevo estruendo les despierta esa noche. La habitación esta oscura y Mizuki se aferra a su padre asustada. El sueño despabila rápido y el primer pensamiento que tiene Izuku no es el mejor. Se supone que hay héroes vigilando el edificio tras el ataque que sufriera, ¿Cómo era posible que alguien subiera sin siquiera avisarles?

Otro golpe hace que Mizuki jadee temerosa.

A Izuku se le instala el pensamiento de los villanos que huyeron.

¿Debería esconderse?

¿Intentar salir de ahí?

Observa el armario, la ventana, la mesa de noche. Recuerda su móvil, que apago días atrás y no lo ve cerca.

Otro estrepitoso sonido alerta de madera rota, la puerta se ha abierto.

Padre e hija ahogan un grito.

–¿Qué está pasando? –titubea nerviosa– ¿Papá?

Oye la puerta de enfrente abrirse. Los abuelos de Mizuki al menos tienen un quirk que juntos pueden usar para defenderlos.

–Tranquila –la presiona con más fuerza, queriendo que esa palabra les llegue a ambos.

Desea decir algo más, elaborar al menos una frase; sin embargo, antes de que las palabras logren hilarse en su mente, la puerta de su habitación se abre. Ahoga un grito otra vez, enceguecido por la luz del pasadizo, los brazos fuertemente aferrándose a su hija.

A contra luz, a penas distingue sombras.

–¿Joven Midoriya?

La habitación se ilumina.

–¿Ya-Yagi-san? –formula con sorpresa, aun acostumbrando sus ojos a la luz, hasta que logra visualizarle.

–Izuku –reconoce la voz de Hitoshi y en un instante, lo tiene ingresando por el pequeño espacio que queda libre entre el marco y el omega rubio.

El beta los abraza con cuidado de sus heridas. Izuku siente como toda la pila de tensión aglomerada en sus hombros se derrumba.

–¿Qué está pasando? –inquiere Mitsuki con rudeza.

–Tenemos una orden del juez para llevarnos a Izuku y su hija –una voz femenina suena entre el tumulto, aunque no la reconoce.

El intercambio de palabras continua fuera de la habitación. Nota que no es solo Yagi-san y Hitoshi, sino más personas.

–¿Qué está pasando? –ahora es él quien susurra bajito contra el oído de Hitoshi.

–Vinimos a sacarte de aquí. –responde en el mismo tono.

–¿Por qué?

–No está secuestrado, tampoco le hemos forzado a nada –Mitsuki alza la voz.

Izuku toma distancia levemente de Hitoshi, queriendo ver con mayor claridad lo que sucede. Vislumbra un llamativo color del traje de un héroe, pareciera que alguien trae el uniforme de policía y luego esta Yagi-san que cubre mayor parte del ingreso.

–Un momento –la vocecita femenina irrumpe nuevamente. Pero esta vez, logra ver a quien pertenece.

Una mujer de cabello castaño y figura esbelta ingresa a la habitación. La percibe como omega tan solo por su aspecto.

–Mi nombre es Utsushimi Camie, trabajo para la organización de protección a los omegas, ¿puedo conversar un minuto con usted? –luego, gira a ver al resto– A solas.

Izuku asiente, aun confundido por todo el mar de personas dentro. Hitoshi carga a Mizuki, menciona algo sobre que hay más héroes afuera para lograr convencerla y, tan pronto como salen, la habitación queda en silencio.

–¿Puedo sentarme?

–S-sí.

–Debes estar muy confundido –le sonríe– Tranquilo, hemos venido a ayudarte.

–¿Por qué?

–¿Por qué? –repite arqueando una ceja– por todas las irregularidades del caso. No sé si estes al tanto, pero el medico que te atendió luego del accidente, mintió en el informe. Shinso-san estuvo ahí y fue él quien tuvo acceso a su declaración. Intento comunicarse contigo, pero tu móvil apagado lo hizo imposible. Él, junto a Yagi-san, me contactaron para frenar lo que sea que estén intentando hacer.

–El informe médico... ¿no se presentó?

–Sí –afirma– pero, así como ellos tienen sus trucos sucios, nosotros podemos hacer lo mismo –le guiña el ojo– un juez conocido logró frenarlo frente a la declaración de Shinso y dos enfermeras. El medico debe estar siendo detenido en este mismo momento, hasta que se investigue la falsedad de su testimonio.

Izuku deja caer los hombros con sorpresa y perplejidad. Él había ocasionado aquello y ahora el medico había sido detenido por culpa suya.

–Yo lo pedí –suelta de pronto. Baja la mirada, incapaz de ver a los ojos a esa mujer que ha venido a ayudarle en algo que él ya había decidido.

Si el informe era encontrado falso, el medico terminaría en prisión y, por ende, Katsuki volvería a estar la misma posición de inicio. Quizás hasta peor, por presentar pruebas falsas. Apoya los codos sobre sus rodillas, ocultando el rostro entre sus manos.

Estaba arrastrando a todos a un lugar más complicado.

–Mi hija me ha pedido que le ayude. –susurra.

Emite un sonido bajo con la garganta. Como una súplica muda a que todo eso se detenga de una vez.

–Ella está muy triste y yo... estoy cansado... es muy duro luchar contra esto –se queja, la voz entrecortada– No quiero que Mizuki me odie, no quiero sentirme culpable por lo que le suceda a Katsuki... ¡Quiero desaparecer y olvidarme de todo esto!

Se derrumba finalmente, liberando parte de su agobio. Izuku solloza y Camie le consuela acariciándole la espalda.

Siente lástima por él, incluso si apenas le conoce.

Su trabajo le ha llevado a afrontar situaciones similares. Victimas siendo condenadas en vida, orillados por la misma presión social o familiar a aceptar tratos que solo beneficiaban a su agresor. Todo por vergüenza, por no romper a la familia, por miedo a no tener un sustento diario.

Omegas amordazados, incapaces de alzar su voz.

Omegas que creían que todo lo que sucedía era culpa suya. O, como en el caso de Izuku, que terminaban por empatizar con su agresor.

–Es difícil despegarse del abuso cuando lo llevas tan anidado dentro tuyo –intenta reconfortarlo–. He visto a omegas sucumbir muy rápidamente a las dificultades, pero tú has criado a una niña solo, con todo en contra. Eres más fuerte de lo que piensas –habla con franqueza–. ¿Crees que hallaras tranquilidad con esta decisión? ¿crees que estarás menos agobiado viviendo con tu abusador?

Izuku no responde. Deja caer sus manos y observa las lágrimas aventarse silenciosas al vacío.

–Las denuncias del bar y la cafetería ya han sido presentadas en la sociedad de héroes. He visto esos informes, la conduta de ese alfa es reiterativa... ¿Cuánto crees que dure antes de que esa impulsividad salga a relucir nuevamente? –continua la omega– Yo sé que ahora mismo no piensas en eso o crees que podrás sobrellevarlo... ¿Pero te parece justo que tu hija viva observándolo?, peor aún, que lo internalice y repita el patrón una vez crezca.

Finalmente alza la mirada, los ojos preocupados observando a la mujer. Cami pone una mano en su hombro.

–No estás solo. Tienes a tu hija, a un gran amigo allá afuera, a Yagi-san y a nosotros en la organización. No te vamos a dejar solo –le toma de las manos–. Lo primordial ahora, es que salgas de aquí. Esas personas, aunque sean amables, continúan siendo padres de Katsuki y verán por su hijo antes que por ti.

Camie se pone de pie.

Observa la habitación repleta de cosas.

–Es una lástima que Mitsuki no pueda llevar todos estos juguetes. Los refugios tienen espacios limitados.

–No iré a un refugio –responde de inmediato.

La mujer se gira a verle. El rostro desdibujado le alerta de los prejuicios que lleva ante esa palabra.

Sonríe afable.

–Hace pocos años atrás estos eran lugares muy poco recomendados, pero créeme que han mejorado mucho. Irías a uno de protección de omegas violentados, estarías lejos de todo esto.

–No –reitera su decisión– no podría hacerle eso a mi hija.

Camie inspira suave, conociendo lo difícil que es dar ese paso paro los omegas.

–Shinso-san también se ha ofrecido a acogerlos, aunque lo más recomendable sería el refugio, alejado de todo este caos –le ve dudar. Vuelve a tomar asiento y le coge de las manos con absoluta comprensión y empatía–. Está bien, lo importante es que salga de este ambiente y piense con claridad qué es lo que desea hacer.

Izuku observa las manos que le sostienen un momento, sintiendo verdadera su preocupación. Viendo en la mujer una total convicción en ayudarlo sin minimizar su dolor. Mira hacia un lado, incomodo por ello mismo. Las dudas continúan revoloteando. Entre lo correcto y lo más cómodo. Irse a juicio, confrontar a Katsuki o aceptar todo agachando la cabeza.

El corazón se le agita.

Una conversación no va a ser suficiente para aclarar sus dudas; pero sin duda alguna, alejarse de esa casa, dejar de pensar tanto en todos los sucesos –tanto recientes como pasados– podría traer claridad a sus pensamientos.

Izuku toma la fuerza que ese minúsculo segundo le da, para ver las cosas desde otro punto y se aferra con fuerza.

Acepta, incluso si su voluntad ya había sido puesta en papel.

Quizás, aún hay tiempo para otra opción.


Siguiente capítulo:

–Yo… siempre he querido preguntarte, ¿por qué? –consulta, temeroso de no saber qué esperar¿Por qué me odiabas tanto?


Nota de la autora:

A veces me pregunto... ¿tan mal escribí mis advertencias? ¿no se entiende el sarcasmo? Es que en serio, me gano con cada comentario que no se si yo no sé expresarme o khe.

Pero bueeeeno, advertidos estaban...

Como habrán notado (quienes no vieron el anuncio en mi perfil) el adelanto es el mismo que dejé antes... pues me arrepentí y dividí el capítulo xD pero ahora sí, este sí es el adelanto final de finales finalito.

Sobre el capítulo... All might y Hitoshi al rescate! Wuu! No en vano estuvieron desaparecidos.

El siguiente capitulo es tan corto como este, solo una transición hasta el final, si es que no lo vuelvo a dividir jeje.

Entre otras noticias, las de siempre xD hay historias nuevas. "El mundo flotante" bkdk en época de posguerra con JAPIENDING (y lo recalco en grande). "El instante preciso" omegaverse un poco opuesto a este en más de un aspecto. Finalmente, otras dos más en "El libro de los amores extraños", un ToshInko donde Izuku bb rompe de felicidad al recibir al novio de mami en casa y un MightDeku con ambos jóvenes y escenas XXX.

Eso es todo, nos vemos en el 2023.

Naa mentira.

No olviden comentar, que así hacen a autora-chan feliz :D