IV
Su rostro parecía de satisfacción al vernos, pero me daba la sensación de que tenía muchas cosas que contarnos. Tal vez me estaba equivocando, pero era muy posible que no tuviera nada que ver con el caso que estábamos llevando.
Claro que, por otro lado, no tenía mucho sentido eso estando aquí. Puede que lo acabase de descubrir, poco antes que nosotros. Pero ahora la duda la tenía flotando en mi mente como un globo de feria.
Eric gruñó y Pam le imitó. Sus miradas clavadas en Chiara no eran muy amistosas que digamos. Bill continuaba sin decir ni una sola palabra. De alguna manera, era su manera de expresar su sorpresa. Y tal vez no quería preguntar por si la respuesta no le resultaba como esperaba.
—Necesito una explicación convincente, Biancardi —masculló Eric mientras se acercaba lentamente hacia la aludida, que no desvanecía su media sonrisa de su rostro complaciente en ningún momento.
—Tranquilo, Northman —dijo con serenidad, mientras dejaba la carpeta que estaba hojeando encima del escritorio y se levantó lentamente—. No es lo que parece.
Pam desplegó sus colmillos, pero le sujeté del brazo para tranquilizarla. Hasta que Chiara no se explicara, mejor no adelantarse.
—Entonces, ¿qué haces aquí? —rugió el rey de Luisiana.
—En serio, Northman, deberías calmarte, porque no es lo que estás pensando.
—¿Y bien?
—Si no llega a ser por mí, ni siquiera hubierais encontrado este lugar…
Eric se echó a reír.
—Por supuesto… —se mofó—, cómo olvidar cuando estuvimos hablando de esto contigo… ¡Ah, no, espera! Eso jamás pasó…
—No, claro que no hemos hablado de esto, porque yo jamás trabajaría para alguien tan rastrero como tú.
Tuve que apretarle más el brazo a Pam porque pensé que se iba a abalanzar hacia ella en cualquier momento. Estaba más que claro que Chiara tan solo estaba diciendo todo esto para provocarlo, puesto que es más que sabido que Eric nunca ha sido santo de su devoción. El motivo me era desconocido.
—Chiara… —murmuró al fin Bill desde su posición, y ella relajó un poco el gesto—. Por favor, cuéntanos qué es lo que sabes.
Bill, tan amable y caballeroso como siempre, hasta en momentos tan extraños como este.
Chiara asintió, y se cruzó de brazos.
—Hace semanas, desapareció una de mis chicas. —Bill arqueó una ceja, no sé si por sorpresa u otro motivo, pero era un gesto bastante extraño—. Normalmente suelen hacerlo y luego aparecen en cualquier parte del mundo donde se les haya ocurrido ir, pero esta vez era distinto. No la sentía, aunque sabía que no la habían matado… Así que empecé a investigar todo este asunto de la Reina, porque me daba la espina que tenía algo que ver. No pensaba inmiscuirme, pero evidentemente esto ya es personal y no puedo dejarlo pasar. Aún no he podido dar con Ida desde que desapareció, y pareciera como si se le hubiese tragado la tierra.
—¿Por qué dices que estamos aquí gracias a ti? —quiso saber Eric, harto de que no vaya al grano.
—Yo le mandé… —miró a Bill mientras hablaba— algunas señales a Bill.
—¿Cómo cuáles? —inquirió Bill con curiosidad.
—Digamos que esos chicos que hablaron cerca de ti sobre hablar en clave… no fue casualidad que digamos.
Bill alzó las cejas todo lo que pudo. Yo tampoco me podía creer lo que estaba escuchando.
—¿Fuiste tú quien le mandó a Eric el mensaje en clave que le dejaron hace unos meses?
Miré de reojo a Eric. Ambos sabíamos que no había sido ella, sino Sam desde… ¿el Más Allá?, pero decidimos no decir nada porque supuestamente desconocíamos el autor del mensaje anónimo.
Chiara negó con la cabeza.
—Sabía de esa pista, pero no sé quién será el mensajero. Aunque me vino bien para poder dar con este lugar. Tuve que tirar de algunos contactos que me debían algún que otro favor para ello, pero lo importante es que lo encontré.
—¿Y por qué no nos lo dijiste directamente en vez de montar este circo? —farfulló Eric, cada vez más tenso por la situación.
—Porque, mi querido Eric —dijo con cierto retintín al mencionar al rey de Luisiana—, yo no trabajo para ti, y aún sigo molesta con Bill. Además, así era más divertido, ¿no crees?
De nuevo, esa media sonrisa tétrica con la mirada clavada en Eric. Se le notaba que se lo estaba pasando en grande con todo esto.
—Muy bien ¿y dónde está la Reina? —inquirió Eric.
—Todavía no he podido dar con su paradero, porque de algún modo sabe ocultar su rastro y se esfuma a medio kilómetro de aquí nada más. Pero tres de mis chicas están trabajando en ello.
Eric no confiaba ni en Chiara ni mucho menos en esas tres chicas de las que hablaba, pero no le quedaba de otra que aceptar la ayuda.
—¿Y cómo es que la Reina no está aquí? —preguntó Pam, algo más calmada, mirando todas las fotografías que estaban colgadas en la pared—. Si este es su lugar sagrado…
—Porque es así de narcisista, y es una manera un tanto perturbadora de decirnos que no le importa que sepamos que este es su lugar. Ella solo viene durante el día y se marcha una hora antes del anochecer. —Le echó un leve vistazo a Eric, adelantándose a la pregunta que tenía en mente formularle—. Llevo dos semanas escondida en esa pared de ahí —señaló la que había justo detrás de nosotros— y he podido verla aquí sentada, en este escritorio.
—¿Puedes permanecer despierta a voluntad? —quise saber.
—Sí —contestó Eric secamente—. Ella puede hacer muchas cosas de ese estilo porque en su día fue una espía.
Miró de soslayo a Bill, queriendo comprobar si dicha información la conocía o era nuevo para él. Bill no se inmutó.
Chiara ignoró las palabras de Eric. O al menos esa era la impresión que me dio. Fue directamente a una de las paredes de aquella perturbadora habitación y le dio a un interruptor medio oculto entre tanta foto. De aquella pared se desplegó una especie de mesa y justo en medio de ella había lo que parecía un tablero.
En concreto era un tablero de ajedrez, con sus piezas y todo.
Aquello me estaba resultando cada vez más siniestro. Un escalofrío me recorrió por el cuerpo.
Chiara cogió la primera de las piezas, que era de color negro. En verdad, todas lo eran menos una: la reina blanca. Ahora tenía todo el sentido del mundo. Lo único que no llegaba a comprender era por qué solo había una sola en el bando contrario cuando debería tener el tablero completo. Supongo que será porque se debe de sentir tan superior a nosotros que no necesita de nadie más para defenderse.
Chiara colocó la pieza en su lugar. Era la del rey. Y llevaba la foto de Eric.
Cómo no.
—Os presento el macabro juego que tiene nuestra amiguita la Reina. De aquí su nombre. Muy humilde ella, sí. Como habréis podido imaginar, esto es un tablero de ajedrez donde nuestro querido Eric es el rey. Su reina, por supuesto, no podía ser otra que Sookie —sacó la pieza con mi foto y la colocó en su sitio correspondiente; a continuación, cogió dos más, las de los alfiles—; según ella, las mano derecha de nuestro rey son Pam y Bill —miró de soslayo a ambos y prosiguió—, aunque lo interesante viene ahora: sus caballos somos Alcide y yo.
Todos nos miramos con el ceño fruncido o alguna ceja levantada. No entendíamos cómo era que la Reina pensaba que Eric pondría a Chiara en este tablero tan extraño. Ni él mismo daba crédito a lo que estaba viendo, pero la pieza con la foto de la vampira italiana lo dejaba más que claro. Era evidente la ayuda de Chiara la debió de poner en esa casilla.
—Oh, y hay más: resulta que sus torres, esas piezas que apenas usa mucha gente más que cuando no queda más remedio, son nada más y nada menos que Jason Stackhouse —hizo una pausa dramática con una ceja levantada para mirarme; de algún modo quería ver mi reacción. Desde luego, Eric pondría antes a mi hermano en el lugar de Chiara, y tal vez a Chiara donde se encontrara Jason. Por lo que aquello no tenía mucho sentido. Puede que fuese que la Reina supiera lo valiosa que puede llegar a ser Chiara y de ahí que piense que tenga un papel bastante más importante del que ya tenía— y Klaus Sørensen.
Enmudecí.
¿Pero qué carajos era todo esto? ¿Qué pintaba Klaus en este asunto, si ni siquiera había participado en nada? Miré a Eric por si me podía responder a alguna de mis dudas, pero se hallaba tan absorto o más que yo.
Y no era para menos.
—¿Y los peones? —Ya sentía curiosidad por saberlo.
—Gente bastante insignificante, pero que puede echar una mano en cualquier momento, como miembros de la manada de Alcide o tu amiga Amelia, por ejemplo.
Meter en esto a Amelia también me dejó patidifusa. Era la última que querría estar en este tablero. Bueno, en verdad yo creo que, a excepción de Pam, todos desearían no estar.
No. A mí tampoco me hacía mucha gracia.
Chiara colocó el resto de piezas. Las observé una a una y reconocí el resto de las caras: JJ o Garland, por ejemplo. Chiara no apartaba esa sonrisa sarcástica del rostro. Veía cómo estaba disfrutando, de alguna manera, de todo este asunto.
—¿No echas en falta a alguien? —inquirió sin apartar la mirada al rey de Luisiana.
Eric no contestó, pero pude ver de quién se trataba en sus ojos: Sabrina. O mejor dicho, Amber. Ella podría estar en mi lugar en vez de yo misma, pero no estaba. Ni siquiera era un mísero peón. Y eso era muy extraño, teniendo en cuenta de que Eric lleva mucho tiempo defendiéndola. A veces me pregunto si no es que me estará ocultando algo que no me ha contado todavía. Me he metido varias veces en su mente, y nunca he visto nada raro, pero ahora me entran todas las dudas posibles.
¿Por qué no estaba Sabrina?
A lo mejor había algo más que no sabíamos. Algo que ni el propio Eric sabía. Y eso le inquietaba. Sí, podía sentirlo. Le incomodaba la idea de que Sabrina/Amber le traicionara. Pero de repente se tranquilizó.
—Este tablero es una chorrada —masculló sin darle más importancia—. Yo solo quiero atraparla para poder acabar con todo esto.
—A ti te parecerá una chorrada, pero a mí me pica mucho la curiosidad por saber por qué Sabrina no está en este tablero… ¿O es que nos estás ocultando algo, señor Townsend?
En un abrir y cerrar de ojos, y con un rugido que resonó en toda la habitación, Pam tenía agarrada del cuello a Chiara, que parecía divertirle todo esto.
—Te estás buscando que te haga picadillo, maldita desagradecida.
—Sí, sé que lo estás deseando…
—Pam, basta —le ordenó Eric, y aflojó la mano sin apartar la mirada intimidante de su presa—. No estamos aquí para pelearnos.
—Está claro que tenéis que resolver vuestras diferencias —intervino Bill—, pero este no es el momento.
—Pues yo creo que sí que es el momento, Northman.
Eric no contestó. No quería entrar en sus provocaciones.
—Estoy con Compton —sentenció Eric—. Mejor en otro momento.
—Eric —empezó a decir Pam, aún sin soltar a Chiara—, ¿cómo podemos estar seguros de que esto no es una trampa? ¿Cómo sabemos que no es ella la que nos está echando a los leones?
—Porque si quisiera mataros hace mucho que ya seríais polvo. No me aliaría con una psicópata que mata sin compasión a un montón de vampiros. Y porque, de aquí, no soy yo precisamente la traidora.
—¿Aún sigues con eso, Biancardi? Hace demasiado tiempo de aquello. Olvídalo de una maldita vez —murmuró Eric—. Ya te dije que fue un accidente.
Pam miró por encima de su hombro a su creador, entendiendo a medias lo que le estaba diciendo.
—¿Te refieres a lo de Varsovia hace ochenta años?
—Setenta y cuatro, para ser exactos.
Pam puso los ojos en blanco y meneó la cabeza.
—Fue un accidente, maldita sea, Chiara. Sabes que lo fue, pero llevas todo este tiempo sin querer verlo.
—He dicho que ahora no es el momento —repitió Bill más severamente. Eric le ordenó a Pam que soltara a Chiara y obedeció con un bufido; Bill se dirigió a su exnovia y habló más suave—. ¿Tienes alguna pista de quién podría ser la Reina? Cualquier cosa que nos pueda ayudar…
Chiara se le quedó mirando a Bill. En sus ojos había una chispa de ira hacia todo aquello, pero también se le notaba que seguía enamorada de él. Su semblante cambió cuando le habló a él. El orgullo era lo que estaba matando sus verdaderos sentimientos.
—Estáis de suerte —comentó sacando una tablet de una mochila y la encendió—. Cuando descubrí que este era su escondrijo, estuve investigando un poco. No entendía por qué había escogido este lugar para hacerlo, puesto que podría haberlo hecho en uno bastante mejor en cuanto a condiciones. Así que me puse a registrar los archivos antiguos y encontré un artículo de hace veinticinco años —nos enseñó el recorte del periódico en formato digital para que lo viéramos—. Al parecer, esto era una antigua fábrica de textiles. El propietario de la fábrica se llamaba Brett Wheeler —nos mostró, a continuación, una foto suya— y era muy querido en la fábrica. Por lo visto —prosiguió, pasando la página del artículo—, una noche, su esposa, Beth —foto de la esposa—, y él fueron atacados por un extraño ser que desmembró varias partes de su cuerpo y succionó su sangre. Muchos especularon que se trataba de un loco que consiguió escapar, pero nadie supo nada al respecto. No dejó huellas por ninguna parte. Aunque, según este artículo, debió de secuestrar a la hija de la pareja, Rita Mae Wheeler, de nueve años, porque no había ni rastro de ella. En otro artículo, especulan que posiblemente la niña ya estuviera muerta y enterrada en algún lugar lejos de donde fue secuestrada, o puede que la sacara ilegalmente del país. Jamás se encontró su paradero ni qué fue de la pequeña.
—¿Crees que Rita Mae es la Reina? —inquirió Eric.
—No solo lo creo, sino que lo sé. Tuve que tirar mucho de mis contactos para verificar que, efectivamente, Rita Mae era la misma persona que estamos buscando.
—¿Pero qué tiene que ver con nosotros? —quiso saber Eric—. No tengo nada que ver con ella. Yo ni siquiera vivía aquí cuando esos acontecimientos ocurrieron.
Chiara frunció los labios, exasperada.
—Aún hay más. Resulta que estuve tirando un poco del hilo y me puse a pensar desde cuándo está haciendo todo esto. No lo sabemos con exactitud, pero aproximadamente fue cuando Karin fue a Seattle, a aquel evento al que tú debías ir, pero le pediste que te sustituyera.
—¿Estás diciendo que ella estaba en ese evento? —inquirió Eric—. Yo conozco a prácticamente todos y no veo la conexión con todo esto.
—¿Puedo terminar? —preguntó Chiara claramente irritada. Eric asintió—. Como no tenía la menor idea de por dónde empezar, me pregunté que tal vez podría ser miembro del personal. Así que le hice una llamada rápida a la reina de Washington, con la que tuve el placer de trabajar para ella hace algunos años. Y ella estuvo encantada de ayudarme. Me pasó la lista de todos los empleados contratados en los últimos seis meses. Y casualmente, había tres de ellos que tenían menos de tres meses. Es más, dos de ellos llevaban menos de una semana trabajando en ese hotel.
—Déjame adivinar —intervino Eric—: la camarera de pisos y el chófer de la lavandería, ¿no es así?
Chiara nos enseñó las fotos de ambos, que justamente eran los que Eric había mencionado. Él era, efectivamente, el asqueroso que estuvo intentando aprovecharse de mí y que Eric le dio la paliza… mortal.
—Thea y Jeremy Thompson, un matrimonio de yonquis adictos a la sangre de vampiro —informó Chiara.
—De ahí que la Reina los tuviera de compinches —dijo Bill.
—Seguramente. Pero lo curioso es que nuestra tercera en discordia ni siquiera usa su verdadera identidad —Chiara tecleó algo en la tablet y nos lo enseñó—: Simone Hamm.
El corazón se me iba a salir de la boca. Sabía que esa mujer no era de fiar. Sabía que escondía algo, pero no pude sacarle nada en claro. De algún modo, supo cómo bloquearme sus pensamientos, distrayéndome con otros. Porque estaba más que claro que ella sabía de sobra quién soy y cuál es mi don. Y sabía que debía despistarme de alguna manera.
—¡Maldita sea! —maldije—. ¿Cómo no me di cuenta antes? La tuvimos en nuestras narices todo este tiempo y se ha estado riendo de nosotros en nuestra cara.
—No te sulfures, Sookie —me tranquilizó Bill—. Nadie de los de aquí tenía la menor idea de que ella estaba detrás de todo esto.
Eric no apartaba la vista de la pantalla. Se había quedado pensativo, intentando recordar si la había visto con anterioridad, pero todo estaba en blanco. Pude verlo. Y sentirlo. Hasta su frustración por no poder conectar sus actos en su contra con su pasado.
Nada.
—No he visto a esta mujer en mi vida, no sé por qué me tiene tanto odio. Por qué quiere hacerme tanto daño. Por qué me persigue y hace todo lo que está haciendo.
Chiara se encogió de hombros.
—Tal vez el vampiro que asesinó a sus padres tenga algo que ver contigo.
Eric negó con la cabeza.
—Imposible. Yo no tenía contactos aquí cuando llegué. Apenas conocía a la reina de Luisiana y poco más. Por eso escogí este sitio.
—Pues algún vínculo debías tener con él.
—Por las pistas del artículo, seguramente sería un vampiro reciente —intervino Bill—. Tal vez se convirtiera por accidente o su creador fuese eliminado al poco.
Eric se echó el pelo hacia atrás, con la cabeza dándole vueltas a su relación con Simone o, lo que es lo mismo, Rita Mae. Por más que se esforzaba, no llegaba a encajar esa pieza que le faltaba a su ajedrez.
Se quedó mirando el tablero, observando la única pieza que había en el bando contrario. Aquella reina blanca y solitaria. Se hizo más preguntas. ¿Dónde había estado todos estos años? ¿Qué es lo que había estado haciendo? ¿Por qué se escondió y ocultó su identidad? ¿Mató al asesino de sus padres? Y lo más importante, ¿por qué está tan obsesionada con él?
Yo también me hacía todas esas preguntas, pero el teléfono de Chiara nos sacó de nuestros pensamientos.
—Danka, ¿has dado con ella? —pausa breve—. ¿Estás segura de que es ella? —Asintió dos veces—. ¿En qué calle dices que está? —Otra pausa breve—. No te preocupes, cariño. Daremos con Ida muy pronto.
—La han encontrado —murmuré sin darme cuenta.
Bill me miró con el ceño fruncido.
—¿Desde cuándo hablas polaco, Sookie?
Ni siquiera me había dado cuenta de ese detalle hasta que lo había mencionado. Y ahora no sabía cómo salir airosa de aquello.
—Por las películas europeas, Compton —intervino Eric, salvándome de tener que soltarle una mentira peor y menos creíble.
Lo cierto era que no era una mentira del todo, ya que este último año me había dado por ver muchas películas europeas, todas subtituladas, pero tan solo había visto dos polacas y no me quedé con ninguna frase, que yo recuerde. Pero aquella mentirijilla fue suficiente para que Bill no hiciera más preguntas.
—La tenemos, chicos —nos informó Chiara con una sonrisa de puro placer—. Esa maldita ya no tiene escapatoria.
Esta guerra iba a terminar esta noche. Y va a hacerlo por todo lo alto.
NDA: Madre mía, otro capítulo que he decidido dividir en dos para no saturarme.
La verdad es que, antes que nada, pido disculpas por mi ausencia de dos meses, pero es que a finales de septiembre ingresaron a mi abuela en el hospital y entre una cosa y otra estuvo casi tres semanas. No, no fue por lo del corona, sino más bien porque está muy mayor. Pero el estrés del hospital y todo eso me dejó un poco apagada. Y sobre todo desanimada. Ya está mejor, en casita y todo, pero igual llevo aún el susto en el cuerpo. Y me ha dejado estos dos meses de ausencia.
He intentado actualizar en octubre, pero… cada vez que encendía el PC no me salía nada. Así que decidí no obligarme a escribir, porque sabía que iba a ser peor.
Lo curioso es que no estaba bloqueada de ideas, ya que en todo este tiempo he ido pensando en tramas y subtramas, sobre todo en las que vienen justo ahora. Y hace poco se me ocurrió una que me gusta bastante (y de la manera más absurda), así que la llevaré a cabo a partir del siguiente capítulo.
En verdad debía terminar con la Reina contando todo su plan y blablabla, pero… no me apetecía alargarlo tanto. Así que mejor lo dejo aquí. Necesito ir poco a poco. Al menos develé quién estaba detrás de todo. Sé que alguien ya sospechaban de ella… así que ¡enhorabuena! —le da una galletita— xD
Pero todo eso será en el siguiente capítulo, porque ya no me queda más remedio. La cosa es que es justo ese momento el que me ha tenido por la calle de la amargura porque ya dije que las escenas de acción y yo no nos llevamos muy bien, así que os adelanto de que será muy simplón esa escena. Aunque intentaré que al menos sea interesante. XD
Agradecimientos:
Cari1973: Espero que al menos te haya resuelto alguna de tus dudas. Lamento decirte que no, Chiara no pensaba escapar. Solo que está dolida con Bill, eso es todo. Y quería ayudar de alguna manera, aunque sé que es un poco rara, lo sé. XD Gracias por tu comentario. :)
ciasteczko: Since when is Bill funny? :P Thank you for your review. :)
Perfecta999: I'm very glad you like it. Thanks for your words. :)
Y eso es todo. Añadir que lo de Varsovia no es casualidad. Es un pequeño homenaje que he querido rendirles a mis dos lectoras polacas. :P Aunque espero no estar metiendo mucho la pata, así que aún debo pensar muy bien ese acontecimiento que llevó a que Chiara no vea con buenos ojos a Eric. :D
En fin, espero que todos estéis bien. Y que os haya gustado este capítulo, aunque solo sea un poquito
Un saludo y hasta el próximo capítulo, que será muy pronto.
~Miss Lefroy~
12/11/2021
