V

Nos pusimos en marcha en seguida. Pam ya estaba metida en su coche y Bill en el suyo, con Graham de copiloto. Chiara se marchó en la moto donde había venido y la perdí de vista demasiado pronto.

Yo tenía pensado irme con Pam, puesto que era lo que Eric me había pedido de camino hacia la fábrica abandonada, pero de repente me detuvo en seco antes de que pudiera abrir la puerta. Me apartó lo suficiente para que no nos pudieran escuchar, aunque eso en teoría era ridículo.

Le noté tenso, preocupado por lo que pudiera pasar.

—Sookie —comenzó a decir lentamente, pero yo sabía qué es lo que me iba a preguntar—: ¿estás segura de esto? Puedo llevarte a casa mientras Chiara se encarga de atraparla…

—No llevo un año entrenándome para que ahora me eche para atrás…

—Lo sé, esto fue idea mía, pero…

—Todo saldrá bien.

—Tienes una hija, Sookie. Y yo no sé si…

Pude ver su miedo. No estaba seguro de poder vencer a la Reina. Temía la idea de ser derrotado y que me pasara algo. Se estaba sintiendo culpable por meterme en este embrollo.

A buenas horas.

Se escuchó el claxon de Pam. Era evidente que había que irse ya.

—Todo saldrá bien —repetí y le besé para tranquilizarlo.

Salí corriendo hasta el vehículo y abrí la puerta, metiéndome lo más rápido que pude antes de que Eric cambiara de opinión. Miró a Pam desde la luna del coche y ella asintió. Creo que le ordenó protegerme, pasara lo que pasara.

Bueno, creo poder hacerlo por mi propia cuenta, ¿no crees, Northman?

No quise rechistar mucho, puesto que no era el momento y había mucha tensión de por medio. Pam ni siquiera habló, tan solo se limitó a obedecer órdenes y dirigirse hacia la dirección que le había indicado Chiara. Eric se fue volando una vez que Pam arrancó el coche.

Íbamos extremadamente rápido. Sentía náuseas cada vez que Pam giraba el volante tan bruscamente. Por un instante, pensé que iba a echar la cena. Y el desayuno. Y puede que lo del día anterior.

Escuché cómo se bajaba la ventanilla del copiloto.

—Como se te ocurra vomitar, no respondo —gruñó, mirándome por el rabillo del ojo.

Sé que ir en un coche con un vampiro puede ser más seguro de lo que pareciera, pero detestaba ir a esa velocidad. Saqué levemente la cabeza del coche; al menos me daba un poco el aire y noté que se me estaba aliviando el mareo.

Por suerte para mí —y mi salud—, llegamos al lugar. Vi el coche de Bill a unos diez metros delante de nosotras y la moto de Chiara a nuestra izquierda.

Alguien encapuchado se acercó a la vampira italiana. No pude verle el rostro, pero tal vez fuese una de sus chicas. Le dijo algo y Chiara asintió.

No sé de qué estaban hablando, pero me estaba impacientando. Me ponía nerviosa la idea de que la Reina se nos apareciese en cualquier momento y nos pillase con la guardia baja. Puse todos mis sentidos en alerta, sobre todo el sexto.

Eric se acercó a ellas, pero ni siquiera abrió la boca cuando oímos un disparo. Todo pasó demasiado rápido, por lo que nadie vio venir que la Reina estaba allí, que sabía que la estábamos esperando y salió corriendo en una moto —curiosamente, muy similar a la de Chiara; de hecho, bien podría ser la misma y ahora mismo no podía distinguir quién era quien. Eric fue tras ella, al igual que Chiara desde su moto.

Pam arrancó de nuevo el coche y Bill nos pisaba los talones. Era demasiado lista como para empezar una carrera por calles más amplias. Me estaba inquietando lo estrechas que eran estas por las que estábamos pasando. Pam se llevó algún que otro espejo retrovisor por delante y vi cómo salían chispas por la puerta del roce con una pared. Visualicé a Bill y Graham por el retrovisor. Estaban en la misma situación que nosotras.

Llegamos a un cruce y nos saltamos todos los semáforos que había, casi provocando un accidente. Miré hacia atrás y por suerte no pasó nada, pero por muy poco. Respiré profundamente varias veces, porque no me gustaba esta parte de la persecución.

Pam esquivó a varios coches que venían en dirección contraria y me di cuenta de que estábamos en una calle de único sentido. Aceleró al girar hacia la izquierda. No veía a Eric, ni a Chiara por ninguna parte, pero imagino que Pam se estaba guiando por el vínculo que tenía con su creador. O eso esperaba.

Las tripas se me estaban removiendo una vez más. Esta vez era más por los nervios que por la velocidad.

Llegamos a un puente. No estaba muy concurrido, pero pude ver por fin a Eric y Chiara, que le pisaban los talones a la Reina. De la chica de Chiara no había ni rastro, pero ahora mismo me importaba poco. Solo quería que terminara de una vez por todas. Eric se adelantó lo más que pudo y le cerró el paso a la Reina, pero lo esquivó ágilmente. Chiara se acercó bastante a la moto de la Reina, pero ésta la adelantó también.

Graham estaba asomado a la ventana, con un rifle preparado para ser disparado. Bill adelantó a Pam, por lo que Graham tuvo mejor visibilidad y dio de lleno en la rueda trasera, reventándola y derribando a la Reina, que rodaba por el suelo del impacto. Se quedó inmóvil y por un momento pensé que estaba muerta, pero pude escuchar con claridad sus pensamientos y todo lo que tenía pensado hacer. De debajo de su chaqueta de cuero sacó lo que me parecía un arma y apuntó a Chiara. Apretó el gatillo, pero Bill fue más rápido y la consiguió apartar a tiempo, no sin antes recibir él el balazo perteneciente a la vampira italiana.

Bill se retorcía de dolor. Debía ser una bala de plata; aunque la expulsase, sé que suele ser doloroso para los vampiros.

Pam y yo bajamos del coche. Creo que permanecimos todo este tiempo porque Eric se lo estaba ordenando. Cuando se comunican yo no puedo leer su mente. No sé por qué ni cómo lo hace, pero es así.

Chiara se enfrentó a la Reina, que pretendía escaparse una vez más, pero estuvieron luchando cuerpo a cuerpo. A Chiara se la veía claramente dolida por el balazo que le había metido a Bill en el costado, y le estaba asestando bastantes patadas que la Reina esquivaba con mucha facilidad. Siento que Chiara no estaba acertando demasiado por culpa de lo de Bill, pero Eric se interpuso entre ellas y sustituyó a Biancardi. Eric consiguió quitarle la pistola que llevaba entre las manos de una patada, pero ella no estaba dispuesta a darse por vencida y la quería de vuelta. Me mantuve alerta, pero lo suficientemente alejada para que no me pillase de imprevisto si venía a atacarme. Pam estaba haciendo lo suyo como guardaespaldas, en posición de ataque. Bill, que estaba en el suelo con un charco enorme de sangre, le estaba costando deshacerse de la bala que había recibido de la Reina. Me acerqué corriendo hacia él, para ver si podía ayudarle y me agaché. Confiaba en que Chiara, Eric y Pam se encargaran de la Reina.

Me agaché y vi que, efectivamente, la bala aún permanecía dentro. Era extraño, porque yo he visto cómo la expulsaban solas y curarse al momento, pero esta parecía haberse incrustado en la carne. Saqué la daga que llevaba en mi tobillo derecho bajo el pantalón y le hice un corte. Bill emitió un leve grito de dolor, pero sabía que era lo mejor que podía hacerle. Introduje la punta de la daga y extraje lo que se suponía que era la bala, pero más bien era un diminuto de artefacto violáceo. Lo sostuve entre los dedos y pude observar cómo la herida se le cerraba de inmediato a Bill.

—Una bala ultravioleta —murmuró entre jadeos. Aún permanecía un poco débil, pero se puso en pie sin problema. Chiara se giró para comprobar aliviada que Bill se había recuperado. Este pequeño despiste hizo que la Reina la tirase al suelo de una patada e intentase clavarle una estaca que no sé de dónde la había sacado. Tampoco había estado pendiente por estar socorriendo a Bill.

Me puse en pie y me limpié las manos ensangrentadas en el pantalón. Me arrepentí un segundo después, pero ahora mismo no era importante tener los pantalones manchados.

Me despisté un segundo, tan solo un segundo. No sé cómo, sin esperármelo, la Reina me cogió del cuello y me tiró al suelo, pero yo también provoqué que besara el suelo haciéndole la zancadilla.

—Muy astuta —dijo entre risas—. En Seattle no eras tan espabilada.

Le asesté un puñetazo con todas mis fuerzas al recordar todo lo que me hizo en aquel lugar. Lo que me sorprende era haber conseguido darle. No me percaté de que lo había hecho hasta que vi que le sangraba la boca.

—No puedo decir lo mismo de ti, mi encantadora Reina —le espeté.

Sin embargo, eso debió de sentarle peor que una patada en el estómago, por lo que se levantó de un salto, me agarró del cuello con el brazo, dio una voltereta sobre sí misma y me lanzó lo más lejos que pudo. Di en el costado con el pretil del puente, pero me repuse en seguida. La boca me sabía a sangre, pero no podía dejarme vencer justo ahora. Me agarró del pelo y tiró de él con fuerza. Le di un mordisco en el brazo que me sujetaba y emitió un grito de dolor. La huella de mis dientes estaban bien marcados en su antebrazo, por lo que me di por satisfecha.

Me devolvió el puñetazo, pero lo esquivé con facilidad. Sacó una daga e intentó clavármela en el brazo, pero se la conseguí arrebatar. Le di una patada en la mano cuando intentó recuperarla. Eric pretendía meterse por en medio, pero la Reina hizo un extraño giro con una voltereta, donde consiguió lanzarme de una patada por encima del pretil. Intenté agarrarme con todas mis fuerzas. Bill y Chiara corrieron a ayudarme, pero no me alcanzaban. Pam también lo intentó, pero fue en vano.

—¡Eric! —le gritó Bill desesperadamente.

Eric me miró, pero estaba demasiado pendiente de los movimientos de Rita Mae. No podíamos bajar la guardia. Pasara lo que pasara, no nos lo podíamos permitir. Esa era nuestra promesa.

«Puedes hacerlo», me dijo con calma.

No habíamos entrenado mucho esto, ni mucho menos a tanta altura, pero debía concentrarme. Respiré hondo y me solté de la viga donde me sujetaba. Caí al vacío y sentí el agujero en el estómago que me advertía Eric que notaría la primera vez que hicimos esto. Escuché el grito de Pam y puede que también el de Bill. Tan solo tenía que impulsarme hacia donde quería ir y dejarme llevar. Pasé por debajo del puente y di un rodeo. La risa de la Reina retumbaba por todo el lugar, pero quien ríe el último, ríe mejor. Me impulsé un poco más arriba y descendí lo suficiente para que la Reina me pudiera ver y se quedara pálida al hacerlo. Chiara aprovechó mi distracción para inyectarle algo en el cuello. Bill se tocó el abdomen y se retorció de dolor, cayendo al suelo.

Aterricé y me acerqué corriendo hacia Bill, que no parecía estar muy bien. Chiara también estaba arrodillada junto a él.

—Sookie… —balbuceó extrañado—. Te acabo de ver caer por el puente.

—Shh… —le tapé la boca y miré a Chiara—. Ya habrá tiempo para charlar más adelante. Encárgate de esa loca.

La Reina jadeaba tirada en el suelo. Abría y cerraba las manos como si se le estuvieran entumeciendo. Chiara alzó la jeringa que le había inyectado y la miraba con una sonrisa muy poco piadosa.

—Suero paralizante —le anunció, mostrándole una sonrisa de desprecio; solo le hizo falta escupirle en la cara, si hubiese podido hacerlo—. Y estás de suerte, porque tengo en mi poder dos inyecciones más —las sacó de un bolsillo interno que llevaba en su chaqueta—: una con el antídoto desparalizante y otro es un veneno que te matará lenta y dolorosamente. Sin embargo… —se agachó para estar a su altura y miró por encima de su hombro, hacia Bill—, no creo que te merezcas el antídoto por lo que le has hecho a él…

Rita Mae se echó a reír, con la boca ensangrentada, y comenzó a toser. Escupió sangre y se limpió con el hombro, ya que los brazos ya los tenía totalmente entumecidos y no se podía mover. Se mordió el labio mientras miraba a Bill.

—Si piensas que voy a ser la única que va a sufrir mucho dolor, vas lista. Ahora mismo tiene partículas minúsculas que desprenden luz ultravioleta y le están quemando por dentro. Va a ser divertido ver cómo le intentáis quitar todo eso antes de que se convierta en polvo.

Chiara se debatió entre darle una paliza o atender a Bill, pero al final se decantó por lo segundo. Regresó al lugar donde estaba un momento antes y se quitó la chaqueta, colocándosela detrás de la cabeza de Bill, para que estuviera más cómodo.

Observé cómo Pam se contenía por culpa de Eric, que le impedía moverse. Sabía de sobra que de dejarla, ahora mismo tendría los sesos esparcidos por todo el asfalto. Pero si hace eso, nunca podríamos saber por qué hace todo esto.

Aun así, estaba furiosa. Quería que sufriera por todo lo que nos había hecho a todas. Y a todos los que ya no están y que no pueden defenderse.

Me dirigí hasta ella y comencé a darle patadas en las costillas. Estaba fuera de mí, ya que nunca había sido tan agresiva, pero aquello me estaba sacando de mis casillas.

—Esto es por lo que me hiciste en Seattle, y por Pam, y por Karin también. Por no mencionar todo lo que le hiciste a Sabrina y…

Eric me detuvo, separándome de ella con calma.

Rita Mae se carcajeó tanto y tan fuerte que le hizo toser de nuevo.

—Oh, sí, Sabrina… —comenzó a decir cuando la tos se lo permitió, y miró a Eric maliciosamente—. Esa pedazo de mierda traidora… Tú sigue confiando en esa escoria.

—¿Hablas de ti misma? —bufó Pam.

—¿Por qué estás haciendo todo esto? —Eric fue directo al grano; no se andaba con rodeos—. Yo jamás me he cruzado en tu camino ni tú por el mío, no sé por qué me tienes tanto odio.

—¿Tan egocéntrico eres que no has conseguido dar con el hilo que nos une, mi estimado Northman?

Eric negó con la cabeza. No pretendía seguirle el juego, pero necesitaba respuestas.

—Te voy a dar la oportunidad de que cuentes todo antes de que te despedacemos.

Hubo una pausa larga, donde creí que se había desmayado o muerto, pero no, aún respiraba la muy maldita.

—Todo esto comenzó hace veinticinco años, cuando un monstruo chupasangre de los vuestros entró descaradamente en mi casa.

—Pero eso es imposible —intervino Pam—. Un vampiro no puede entrar en ningún lugar sin invitación de un humano. Aunque derribe la puerta, no puede pasar de ahí.

—Mi padre le conocía y pensaba que estaba borracho. Yo lo escuché todo desde abajo, pero de repente supe que algo no andaba bien. Era un exempleado de mi padre, que fue despedido por robar material. Le suplicó a mi padre que le readmitiera porque si no le dejaba en la calle, pero ese no era asunto nuestro. Él era un ladrón. Estuvimos durante meses recibiendo amenazas por parte de este esperpento y mi padre me repitió una y otra vez que, si entraba algún agresor o algo, me debía de esconder detrás de la pared falsa que hay en mi cuarto.

»Cuando escuché los alaridos de mi padre corrí hacia aquella pared, donde tenía guardada algo de comida y una manta por si tenía que permanecer mucho tiempo allí. Le oí en mi dormitorio, e incluso me estaba llamando, pero yo no salí. Estaba demasiado asustada como para hacerlo y pensaba que me quería matar. Lo único que fue un poco más listo que yo, que inocente de mí, salí a las no sé cuántas horas para ver si se había marchado. Pero no, me lo encontré en mitad del pasillo y salí corriendo, pero él me alcanzó. En un intento de zafarme de él, salí disparada hacia las escaleras y la barandilla de madera se hizo astillas. No sé cómo lo hice, pero acabé empujándolo y se hizo polvo en cuestión de segundos.

»No entendía lo que acababa de pasar, pero tenía miedo. Pensé que era un monstruo y que debía de haber más como él. Cogí el dinero que sabía que mi padre guardaba en la caja fuerte, algo de ropa y me encaminé a un lugar a esconderme. Cuando salí de mi casa, me quedé mirando los cuerpos despedazados de mis padres en el salón. No podía parar de llorar por aquello, e incluso acabé vomitando la cena, la última que me había hecho mi madre, en el seto.

»Tuve la suerte de encontrar rápido el convento donde mi padre me indicó que me metiera. Permanecí allí hasta la muerte de la Madre Superiora. Su sustituta me explicó que no podía hacer mucho por él, así que, si lo que estaba era escondiéndome, lo que debía hacer era buscarme una identidad falsa. No me preguntes cómo lo hizo o lo consiguió, pero me dio unos papeles falsos para que pudiera hacer mi vida donde quisiera. Me recomendó un internado, ya que allí no tendría problemas de alojamiento. Y tenía dinero suficiente para poder pagarme los dos años que me quedaban de escuela. Entre lo de mi padre y lo que heredé de la Madre Phillys, pude vivir más o menos decente durante los siguientes años.

»Y fue en ese internado que hice dos buenas amigas. —Miró a Eric con una sonrisa provocadora e inquietante—. ¿No adivinas quién era una de ellas?

—Sabrina —contesté.

—¡Din, din, din! —canturreó Rita Mae con una sonrisa enorme en el rostro—. Nos hicimos muy buenas amigas porque ambas teníamos muchas cosas en común. Solo que ella hablaba de manera muy extraña de su padre. A mí me parecía muy sospechoso que hablara de él como si estuviera enamorada de él, en vez de parecer una hija. Pero un día vi una foto de William Townsend, una en la que salía con su encantadora hija Sabrina. Y algo no me cuadraba —hizo una pausa dramática con la mirada clavada en Eric—: era exageradamente joven como para tener una hija adolescente.

—Ve al grano, Wheeler —le exigió Chiara en defensa de Eric; ella sabía la verdad, pero no era ese el punto a donde queríamos llegar todos.

—El caso es que empecé a investigar y descubrí que el señor Townsend era nada más y nada menos que un vampiro y comencé a indagar bastante, pero Sabrina no me dejó ir más allá cuando me descubrió. Ella sabía de sobra de mi aberración hacia los vampiros, ya que uno de ellos había asesinado brutalmente a mis padres. Pero Sabrina nunca mencionó el detalle de que su supuesto progenitor era uno de esos desagradables seres despreciables.

—Espera, espera, espera —interrumpió Bill, aún dolorido en el suelo—. Northman, ¿Sabrina es tu hija?

—La adoptó cuando asesinó brutalmente a su verdadero padre —vomitó Rita Mae.

Pam desplegó sus dientes y gruñó; se crujió los nudillos, a la espera de la orden de su creador para el comienzo del destripe. Pero dicha orden aún no llegaba. Bill estaba perplejo por lo que estaba escuchando, pero dejó de hacer preguntas. Eric no estaba nada contento con lo que Rita Mae estaba revelando sobre él.

—Le salvé la vida a Sabrina —gruñó—. Ya que cuentas todo como si fuese lo peor del mundo, qué menos que mencionar que ese degenerado abusaba de su propia hija desde que su esposa murió cuando ella tenía diez años. Escuché un grito de auxilio y se lo quité de encima.

Tenía los dientes tan apretados que no vocalizaba del todo. Yo me quedé sin saber qué decir, puesto que esta parte de la historia no me la contó Eric y tampoco quise indagar mucho, ya que, como bien me dijo en su momento, era algo demasiado personal entre su hija adoptiva y él, y ahora puedo entender por qué no quería hablar del asunto y pretendía tenerlo guardado en un baúl cerrado con un candado. Aunque no llego a comprender cómo era que Sabrina, cuando la rescatamos, tenía en mente aquella imagen de su padre, si era tan mala bestia. Se me eriza la piel solo de pensar en todo lo que ha debido de sufrir desde bien pequeña.

—Lo que no llego a comprender —comencé a decir—, es cómo sabes todo esto.

—La propia Sabrina me lo contó hace años. Tuvo una disputa con su amado padre, que la echó de casa y no tenía dónde alojarse.

—¿Que la echó de casa? —vociferó Pam—. Esa malagradecida me odiaba sin motivos y le fue al cuento a los del Consejo Vampírico que yo era la autora de varios asesinatos ocurridos en Nueva York y que tenía, supuestamente pruebas. Estuve durante días encerradas en una celda sin poder alimentarme y si no llega a ser porque Eric me sacó de allí, aún estaría allí metida. Puede que incluso peor. Yo quería desmembrarla lenta y dolorosamente, pero Eric se apiadó de ella y la mandó lejos de aquí. Suerte que no la pillé por banda, porque no hubiese tenido ni un ápice de compasión.

Otro detalle que desconocía, pero que me imaginaba que era algo por el estilo. Lo que no me imaginaba era que fuese tan grabe. Nada menos que acudió al Consejo. Eso sí que fue caer bajo para poder quitarse a un vampiro de encima. Supongo que todo esto lo haría por todo lo que sufrió en el pasado, aunque tampoco era excusa. Estaba mal de la azotea desde hacía tiempo y necesitaba ayuda. Esperemos que ahora que está en un Hospital Psiquiátrico le ayudasen en algo en ese sentido.

—Sabrina os odiaba a todos después de lo que le hicisteis, chicos —se mofó la Reina.

Pam abrió la boca para rechistar por lo que acababa de decir Rita Mae, pero Eric no se lo permitió. Debía continuar con el interrogatorio.

—Entonces —prosiguió el rey de Luisiana—, entre tú y Sabrina planeasteis una venganza contra mí, porque odiáis a los vampiros y no tenéis otra cosa mejor que hacer, ¿no?

Y, una vez más, se echó a reír como si no hubiera un mañana. Chasqueó la lengua y negó con la cabeza.

—Sabrina en verdad no tiene nada que ver con esto, solo es una cómplice más de mi venganza personal hacia ti.

—Pero si no es por Sabrina, ¿por qué me quieres destruir? Yo no te he hecho nada. No entiendo nada de todo esto.

La Reina tosió de nuevo. Respiró profundamente antes de continuar.

—Porque tú destrozaste la vida de alguien que me importaba demasiado como para dejar que las cosas se quedasen así.

—¿Por qué me da que es la otra chica del internado? —insinuó Chiara.

Eric la miró sin entender nada y la vampira italiana se encogió de hombros.

—Llevo un rato pensando en que todavía no la ha mencionado —explicó Chiara.

—Tu amiguita tiene razón, Northman. Pero es tu ego el que no te deja ver más allá de ti.

—¿Y a ti? Porque tú no eres mucho más diferente a mí. Tú también destruyes a gente que no tiene culpa de nada.

—Pero ella no se merecía lo que le hiciste. Y llevo todo este tiempo queriendo aplastarte como a un insecto.

Hubo una pausa. Por un instante, es muy posible que Eric supiera de quién estaba hablando Rita Mae. Yo estaba terriblemente despistada, ya que ella de alguna manera me estaba bloqueando los pensamientos y me era muy complicado meterme en ellos y ver algo con claridad. Pero Eric sí que pareció entenderlo. Y ella se había dado cuenta de ello, por lo que le dedicó la mirada más mortalmente fría que jamás había visto.

Eric permaneció en silencio, sin querer decir nada.

—Ella era mi mejor amiga. Más que incluso Sabrina. Era como mi alma gemela, mi otra mitad. Yo no sería quien soy si no fuera por ella. Ella era la que me animó a defenderme de cualquier monstruo que me encontrase por el camino. Teníamos tantas cosas en común que cualquiera diría que éramos la misma persona. Ella también era huérfana por culpa de un monstruo como vosotros que asaltó a toda su familia en mitad del bosque. Ella se salvó porque estaba en casa de su abuela, pero la señora murió un año después. Ella era lo mejor que me pasó en esta vida y tú me la arrebataste de la manera más ruin y cruel.

—¿Me estoy perdiendo algo? —inquirió Chiara—. No entiendo nada.

—Tú lo planeaste todo. Recuerdo que poco antes de que le perdiera la pista, tuve una pequeña pelea con ella. Fue algo insignificante, puesto que no era la primera vez que nos peleábamos. No le hacía mucha gracia que yo me fuera a Wisconsin a trabajar. —Hizo una breve pausa—. Sí, yo sé hacer de eso de manera legal, aunque no os lo creáis. Y yo detestaba que se hubiese unido a la Hermandad del Sol, porque nosotras trabajábamos independientemente. Pero me sorprendió que, cuando quise contactar con ella, su teléfono estuviera siempre desconectado. Y un día me di cuenta de que ya no existía. Fui a verla a su apartamento, pero ya no vivía allí. No había ni rastro de ella y me desesperé. No cejé en mi búsqueda, puesto que sabía que algo extraño le había pasado. Pregunté en la iglesia donde pertenecía, y me dijeron que ya no acudía allí, que había encontrado un trabajo con unos vampiros y la habían expulsado.

»No tenía ningún sentido. Ella los odiaba. No podía ser.

A estas alturas del relato todos sabíamos ya de quién estaba hablando.

—Elizabeth Ward —murmuré casi sin pensarlo.

—Veo que ya os ha hablado de ella. Cuando nadie me decía dónde estaba, empecé a rebuscar entre todos los rincones de la ciudad, en busca de alguna pista. Estuve mirando las cámaras de seguridad de su zona, por si la veía con alguien extraño. Hasta que di con una que me dejó helada: aparecía, aunque algo borrosa, el vampiro asqueroso que tengo enfrente de mí. De repente, todo cobraba sentido. Pero no tenía ni la menor idea de dónde se alojaba ella. Dónde estaba metida todo ese tiempo. Hasta que… —hizo una pausa para toser amargamente y dedicarle una mirada de asco a Eric—, hasta que ella apareció en las noticias como la autora de ese atentado en Oklahoma. Las piezas comenzaron a encajar poco a poco y supe que debía de hacer algo. De vengarme por el daño que habías causado. Pensé que habrías muerto en aquella explosión, pero de algún modo supe que no lo habías hecho porque estabas detrás de aquel atentado. Me di cuenta todo lo que le hiciste, cómo la manipulaste y lo que le hiciste hacer bajo tu hipnosis…

—Ella se dedicaba a matar vampiros como si no hubiese un mañana. Yo solo me aseguré de conseguir a alguien que no tuviera familia. Y eso hice.

—Pero sí que la tenía. Me tenía a mí. Aunque nos hubiésemos distanciado unas semanas, no era algo por el que ella debía morir. Ella no se merecía nada de lo que le hiciste.

—¿Y lo que le hiciste a los vampiros inocentes que has matado porque nos odias? —gruñó Chiara—. Estoy harta de todo esto. Quiero saber dónde está Ida. Lo que hayas hecho con los demás ahora mismo me es indiferente. Solo quiero saber dónde está mi hija.

La Reina se rió. Sabía que no iba a sobrevivir a aquello, por lo que lo dejó con la incógnita en el aire. Chiara tendría que buscarla por su cuenta porque no iba a dar su brazo a torcer, por mucho que la fuese a torturar.

—La mejor parte fue utilizar a Sabrina para poder acercarme un poco más a ti, Northman. No me resultó tan difícil de convencer, puesto que el odio aún permanecía en ella y le dije todo lo que te tenía que decir para que la acogieras en su casa una vez más. Caíste en mi trampa, como una mosca en la tela de una araña. Aquello fue mucho más fácil de lo que pensaba.

—Lo que no logro entender es por qué la quisiste matar… —quiso saber Chiara—. Por qué le hiciste esa atrocidad tan aberrante si era tu cómplice.

—Muy simple: ella odiaba a Eric tanto como yo, pero en cuanto le vio perdió tanto la cabeza como las bragas, una vez más, por él. Y se arrepintió de todo. Quiso impedirme que siguiera con mi plan de venganza, pero yo no iba a permitir que nadie se interpusiera en mi camino, por lo que debía de quitármela de en medio. Al principio no me estaba dando muchos problemas, hasta que… en fin, estuvo a punto de sabotear todo contándole a Sookie absolutamente toda la verdad.

—Espera, ¿qué? —no daba crédito a lo que estaba escuchando—. ¿Aquello me lo contó para salvar a Pam y Karin?

—Se le fue la lengua de más y cuando me enteré fui a por ella sin rodeos. Le mandé a uno de los míos y, bueno, dejé que hiciera lo que le diera la gana con ella, pero su deber era matarla. Lo que no me esperaba era que la encontraseis y sacaseis de allí. Así que le puse una bomba para exterminarla.

—En mi casa —sentenció Chiara, cruzándose de brazos.

—No es culpa mía que estuviera allí. Haberlo pensado dos veces.

Chiara gruñó, con los colmillos fuera.

—Allí tenía todos mis recuerdos de todos estos años de paz, maldita zorra —bramó Chiara, acercándose a ella y pisándole el cuello.

—Suficiente —declaró Eric—. Creo que ya está más que claro cuáles eran tus intenciones. Y ya te has vengado. Ahora es hora de despedirte. ¿Alguna última voluntad antes de morir?

La Reina se carcajeó tan fuerte y tan alto que pensé que volvería a toser, pero no fue así. Le había entrado la risa malvada de las tontas. Daba escalofríos escucharla.

—Solo una cosa: pudríos en el infierno, malditos hijos de Satanás.

Eric ordenó a Pam que terminara con ella. Se lo había prometido y lo estaba cumpliendo. Chiara la ayudó encantada. En cuestión de pocos segundos no quedaba ni un ápice de Rita Mae Wheeler, alias la Reina.

Normalmente este tipo de cosas me darían mucha grima, pero disfruté viendo cómo lo hacían. Pero tampoco quise ser una sádica como mis compañeras vampiro, por lo que me centré en atender a Bill, que aún estaba en el suelo recostado muriéndose —más de lo que ya estaba— de dolor. Debíamos actuar ya si no queríamos lamentar su muerte definitiva. Me preocupaba la idea de no sacarle a tiempo todas las piezas que tenía incrustadas, por lo que estaba algo tensa.

Tragué saliva y cogí la daga con la que antes le había tratado. La ventaja de que Bill fuese vampiro era que no tenía que esterilizarla, por lo que no importaba que estuviera sucia y en el suelo. La agarré con firmeza y me decidí a rajar la carne vampírica cuando, de repente, empecé a sentir un extraño hormigueo en las manos que se extendió por todo mi cuerpo. Me debilité por completo, a tal punto de verlo todo borroso y finalmente me desmayé.


No sé cuánto tiempo había pasado desde que me había perdido la consciencia, pero debió de haber sido bastantes horas. Ya había amanecido y probablemente Eric me trajo hasta mi casa, puesto que me desperté en mi cama. Tal vez me desmayé por toda la tensión que había pasado el día anterior con todo lo de la Reina.

Afuera hacía un sol precioso y me encantaba escuchar el canto de los pájaros. A pesar de todo lo que había pasado la noche anterior, me sentía estupendamente. Aunque aún tenía aquella sensación rara en las manos, ese extraño hormigueo en las manos. Era leve, pero no sé a qué se debía. Se me estaba pasando poco a poco, por lo que no le di más importancia de la que tenía.

Bajé las escaleras y me llegó el maravilloso olor de café y tostadas. Seguramente sería Eric en su forma de espectro preparándome el desayuno. No era la primera vez que me lo hacía —le había enseñado a hacerlo sin que fuese un desastre— y me encantaba que fuese tan detallista. Sabía que había cosas que debíamos hablar, pero por ahora quería descansar de todo lo relacionado con la Reina, ahora que ya estaba muerta y más que muerta.

Al llegar a la cocina, Adele estaba correteando cerca de la puerta y la cogí en brazos. No me gustaba mucho que lo hiciera, pero estaba en esa edad, por lo que debía tener cuidado.

—Buenos días, cariño —dije con voz ronca y le iba a dar un beso cuando me percaté de que no era Eric quien estaba en mi cocina.

—Buenos días, cielo.

Fruncí el ceño. Estaba medio dormida aún, pero juraría que no había invitado a nadie más a casa.

—Oliver, ¿qué haces en mi casa a estas horas?

Él soltó una leve carcajada.

—¿Oliver? ¿De quién me hablas? Sookie, ¿estás bien?

Parpadeé unos segundo y mis ojos no daban crédito a lo que veían. No, no era Oliver esta vez. El corazón me dio un vuelco y me puse tan pálida como la mantequilla que estaba encima de la mesa de la cocina con el resto del desayuno. Su inconfundible pelo rojizo me decía que no, Oliver no estaba frente a mí.

—Sam…

—¿Te ocurre algo? Llevas desde que te has levantado muy rara.

Me quedé estupefacta. ¿Qué carajos estaba pasando?

—¿Eres tú de verdad? —dije acercándome a él y, de repente, caí en la cuenta de que no sabía dónde estaba mi novio—. ¿D-dónde está Eric?

Frunció el entrecejo y me sonrió, desconcertado, aunque no más de lo que estaba yo.

—Sí, soy yo de verdad. Me estás empezando a preocupar —se acercó a mí y puso su mano en mi frente. La sentí más tibia de lo normal—. Y Eric está arriba, durmiendo como un tronco.

Se llevó un trozo de tostada a la boca y miró su reloj.

—Aunque es la hora de que desayune, así que mejor…

Desapareció de mi vista, mientras yo seguía anonadada y sin entender nada. Dejé a Adele en su trona. No sabía qué hacer y comencé a dar vueltas por la cocina, intentando averiguar qué estaba pasando, pero no había manera.

Recordé lo de la noche anterior. No había nada que explicara lo que estaba ocurriendo. Sam bajó al cabo de un minuto, con un bebé entre los brazos.

—¿Qué? ¿Quién es este bebé?

—¡Sookie! Es Eric, nuestro hijo de tres días, ¿recuerdas? Voy a llevarte de nuevo al hospital, porque…

No. No solo no recordaba nada sino que tampoco entendía nada.

¿Qué es lo que estaba pasando? ¿Quién era la persona que tenía delante de mí y por qué estaba en mi casa?

¿O acaso era Sam de verdad? ¿Y si todo lo que había vivido estos meses atrás había sido un mal sueño?

Lo único que tenía bien claro era que todo aquello no tenía ningún sentido.

Ninguno.


NDA: Bueno, no quería dejarlo para más adelante, por lo que me puse en seguida en ello. La verdad es que pido disculpas por adelantado por si la parte de "acción" no se entiende muy bien, pero es que, como ya llevo varias veces diciéndolo, no se me dan muy bien. Básicamente es persecución, lucha mano a mano y ya. XD

La verdad es que llevo meses con esto en mente. No sé si alguien tendría alguna idea de que esto podría ser así, pero yo lo tenía ya planeado desde el primer fic que escribí, cuando estaba con todo lo de Eric y su intento de ser libre. Al principio iba a ser una hermana y blablabla pero me decanté por una amiga, una muy íntima. Hasta es más creíble, porque por amor una hace muchas locuras.

Eso sí, ¿me he quedado a gusto escribiendo esto? Me he quedado a gusto. Mucho. :D Al fin lo he podido sacar, porque llevo estas semanas de bloqueo personal con esto y algunas escenas que saldrán más adelante. Eso sí, al final tuve que descartar una escena que tenía pensado justo después de la derrota de Rita Mae, pero… no la descarto del todo ponerla más adelante. Porque es una que la puedo poner cuando sea. XD

¿Os estáis preguntando por qué Sookie está viendo a Sam? Bueno, pues en el siguiente revelo esto. Se me ocurrió a raíz de que me acordé de un fic que leí de una amiga y… al final me gustó la idea de emplearlo aquí. Llevo muchos días pensando en el porqué, y ya lo tengo, por lo que tengo varios capítulos más o menos bien planeados.

Eso sí, aviso que Sookie va a estar uno o dos capítulos más (mínimo) en esta realidad. Porque es bastante lo que tengo pensado poner, y me parece interesante y a la vez divertido. XD

Agradecimientos:

Cari1973: Me alegra saber que estás desconcertada, porque ese era mi objetivo, mantener la intriga todo lo posible. Aunque no os lo creáis, a veces me cuesta dejar esta intriga, porque nunca (o casi) sé cómo ni dónde dejarlo. Y cuando lo consigo me quedo como "así se queda". XD

Muchas gracias por tus buenas palabras. :)

ciasteczko: I dont speak polish but a friend was in Poland and I know it's beautiful because I have seen many picture from there. I'll talk about what happened in Warsaw, but I have to think about very well. Thank you very much once again for your beautiful words. Pozdrawiam. :)

Pues eso es todo. Gracias por los ánimos y por todo. Mi abuela está bien y ya le dijo a mi madre que, de todos los que estuvieron con ella en el hospital, la más cariñosa según ella fui yo. Así que con eso me quedo (no es que la trataran mal, solo que creo que fui la que más pendiente de ella estuve xD). Ella es la que siempre me dice que escriba. Llevo haciéndolo desde que tenía siete años y ella leía los cuentos que yo escribía, y lleva años repitiéndome que me dedique a esto, que lo hago muy bien y eso. Y supongo que es por esto que me ha bloqueado a la hora de escribir, pero ahora parece que he conseguido desbloquearme.

En fin, me despido por ahora. Ya me estoy poniendo con el siguiente capítulo, así que estará listo muy pronto.

Un saludo muy grande a todos y hasta la próxima.

~Miss Lefroy~

15/11/2021