VI
No entendía nada. Estuve sin poder reaccionar durante varios minutos, ya que no tenía ni pies ni cabeza todo lo que estaba pasando. ¿Estaba en un sueño profundo o qué era esto?
Me pellizqué varias veces el brazo sin que Sam me viera. No quería preocuparle. Me dolió. Me dolió bastante, ya que no lo hice suave. No, estaba aquí de verdad. ¿Pero qué era? ¿Por qué? ¿Cómo había llegado a esta situación? O mejor aún, ¿quién podría haberlo hecho? Si no fuese porque había visto a la Reina caer de manos de los vampiros diría que fue cosa de ella, pero tampoco tenía el poder de hacerlo.
Me estaba dando ansiedad. Me faltaba el aire. Mi difunto esposo estaba en mi cocina, como si nada, sujetando el que él asegura que es nuestro hijo, pero ese niño no puede ser mío.
A no ser que esté en una realidad alternativa, que en ese caso tendría sentido. Pero sigo con la duda de cómo he llegado hasta aquí. El hormigueo que sentí anoche tuvo que tener algo que ver… Intenté recordar si vi o sentí algo más, pero no. Estaba en el suelo, ayudando a Bill con su herida de bala que la Reina le hizo y que le estaba destrozando por dentro cuando empecé a sentir aquel cosquilleo. ¡Santo cielo! ¡Bill! Me llevé las manos a la cabeza al pensar en él. Solo deseaba que estuviera bien y no le haya pasado nada.
—Sookie, cariño —me dijo Sam con ternura—, regresa a la cama, anda. No te preocupes por los niños, yo me encargo de ellos sin problema.
Me quedé mirándolo durante unos segundos sin entender de lo que me hablaba, hasta que pude reaccionar. Negué con la cabeza, sin poder gesticular una sola palabra. Tenía la boca seca. Me dirigí al fregadero y me eché un poco de agua en la cara. Cogí un vaso y me eché en un vaso, que tragué de golpe.
Respiré hondo. Debía averiguar como fuese el regresar a mi realidad. No sabía qué era lo que tendría que hacer, pero de alguna manera tendría que volver. Eso si es que lo conseguía. Porque de veras que no sabía ni por dónde empezar.
Piensa Sookie, piensa… ¿qué puedes hacer? ¿Hablar con Amelia? Sí, seguro que ella me puede echar una mano.
No tenía el móvil a mano, así que subí a por él. Registré mi agenda —o la de la Sookie de esta realidad—, pero ni rastro de ninguna Amelia. Había una Amanda y Amy, pero ninguna Amelia. Tampoco Octavia —no es que fuese amiga mía muy cercana, pero mantuve el contacto con ella durante un tiempo y hasta acudió a mi boda con Sam—, ni Holly. ¿Ella tampoco?
Está bien. Vayamos a la biblioteca. Bajé las escaleras y me despedí de Sam, a lo que éste me frenó:
—¿Adónde vas? —me preguntó con Adele entre los brazos.
—A la biblioteca —contesté mientras me ponía el abrigo de mi yo alternativo—. No tardaré mucho, solo quédate con los niños y…
—No, Sookie —comentó negando con la cabeza, dejando a la niña en el suelo, que comenzó a corretear de nuevo—, no puedes salir. Debes guardar reposo, acabas de tener un bebé y tienes que descansar.
—Estoy bien —dije cortante—. No te preocupes.
—Sí que me preocupo. No quiero que se te salgan los puntos…
—¿Los puntos?
—Sí, los de la cesárea.
Alcé las cejas todo lo que pude. Estuve a nada de levantarme la camisa que llevaba y comprobar si tenía dichos puntos, pero si Sam descubría que no los llevaba, tendría que darle muchas explicaciones. Y no sabría ni por dónde empezar.
—Cierto. Pero no me encuentro mal. Puedo ir y volver. Solo será una media hora como mucho.
—Sookie, cariño, aunque estuvieras bien, no podrías ir.
—¿Por qué?
—Porque es Año Nuevo. Hoy está cerrado.
—¿Año Nuevo?
Sam asintió y señaló el reloj de pared con calendario. ¿Desde cuándo teníamos ese reloj? No lo sabía, pero ahí decía que estábamos a uno de enero. ¿Cómo era eso posible, si anoche era 28 de diciembre? Sacudí la cabeza, intentando despejarla, pero aun así seguía sin entender un carajo.
Sam me convenció de que me echara al menos en el sofá y accedí a desayunar allí. Se empeñó en encargarse de todo y yo no estaba como para discutir con nadie, menos con él, ya que, de algún modo, le había «recuperado». Porque lo había hecho, ¿no? Al menos lo estaba viendo así.
Sam me puso una manta por encima y encendió la chimenea. Luego trajo una bandeja con tostadas, un cruasán, huevos revueltos, unas cuantas bayas, zumo de naranja natural, bacon y café. La colocó en la mesita auxiliar del salón. Estaba hambrienta, por lo que casi lo devoré. Hacía tiempo que no comía nada así, pero era porque me encantaba todo lo que preparaba Sam. Solo mi abuela hacía desayunos mejores que él, pero desde que ninguno de los dos estaban entre nosotros no desayunaba igual.
Sam se sentó a mi lado con una taza enorme de café. Dejó el intercomunicador del bebé en la mesita del café y se acomodó en el sofá. Se echó a reír viéndome comer.
—Tranquila, que no te lo pienso quitar —comentó entre risas.
—Lo siento —dije después de tragarme un trozo de bacon casi entero—, es que es como si llevara días sin nada en el estómago.
—Bueno, anoche no cenaste mucho, porque no tenías mucha hambre. O al menos eso dijiste.
Me encogí de hombros. No sé qué le pudo decir mi yo de este mundo, así que me limité a sonreír. Y a comer un poco más despacio. Me sentía algo mejor después de llenarme el estómago. Aunque me sentía culpable por haber dejado que Sam me viese comer como una auténtica cerda. Si la abuela me viera en este momento, me hubiese llevado una buena regañina. La de veces que le decía a Jason cuando era adolescente que masticara despacio y con la boca cerrada.
Suspiré. Echaba de menos a la abuela, hasta sus regañinas. Daría lo que fuese por un minuto con ella. Aunque fuese para un sermón como el de la comida.
—Me gusta verte comer tan bien. Eso es que has recuperado el apetito.
Alcé una ceja. ¿La otra Sookie no comía o qué? Tal vez estuviera nerviosa por algo. Seguro que sería eso.
—Estaba todo delicioso —agradecí con una sonrisa tímida; en verdad no quería que viera el trozo de arándano que se me había quedado atascado entre los dientes y me estaba peleando con él porque se negaba a salir de ahí.
—Me alegra escuchar eso.
Le sonreí cuando se me acercó a darme un beso en la frente y me retiró la bandeja. Me levanté con la manta liada por encima. Me gustaba su tacto y era calentita. Observé cómo fregaba los platos y las tazas que habíamos usado, y lo metía todo en el lavaplatos.
—¿Te ayudo en algo? —le pregunté y se sobresaltó al escucharme, supongo que porque no se esperaba que estuviera detrás de él.
—No, no hace falta. Si ya está… —me miró por encima del hombro y negó con la cabeza—. Mira que eres cabezota, ¿eh?
—Me aburro y no me gusta que te encargues de todo mientras estoy de brazos cruzados.
Negó con la cabeza y puso los ojos en blanco.
—Está bien —dijo con cierta resignación—. Está a punto de terminar la secadora. Si quieres, puedes doblar la ropa.
Me sentí mejor pensar que podía ser útil en algo. Al menos mientras se me ocurría qué hacer para poder regresar a mi mundo, claro está. Debía de fingir que era la Sookie de siempre, la que conocen de toda la vida. Pero estaba claro qu habría cosas que no serían igual, como el hecho de que esta, evidentemente, ni siquiera era telépata. ¿Que cómo lo sé? Porque Sam tampoco era un teriántropo. Su temperatura corporal era la de un humano normal, lo que me daba una pista. Además, Adele no se comunicaba conmigo como lo hacía con mi Adele, la de mi mundo, así que esa era otra pista.
Eso me hacía recordar, ¿Bill tampoco sería un vampiro? ¿también sería humano? ¿o murió hace más de doscientos años, como tendría que haber sido? Saqué mi móvil del bolsillo y busqué su nombre en la lista de contactos. Tenía un Bill, pero era Henderson. Nada de Compton. Así que blanco y en botella.
Mientras Sam se dirigía a la secadora y recogía la ropa que ya estaba seca, busqué brevemente en Internet la existencia de mi vecino vampiro con el móvil. Trasteé unas cuantas páginas sobre personas en Bon Temps, pero nada, tampoco había indicios de que él hubiese vivido aquí. Esto sí que no me lo esperaba. A lo mejor no estaba registrado o vaya usted a saber. Pero, de no ser así, de no existir, me parecía, cuando menos, curioso.
Sam regresó con la cesta de ropa limpia y la colocó en el suelo, mientras yo cogí un jersey y empecé a doblarlo. Sam quiso también doblar algo, pero le gruñí de broma y se puso a hacer otras cosas. Pude leer su preocupación en su mente, sobre todo por mi estado emocional, pero no sabía el motivo en concreto por el que estaba así. Era como si hubiese pasado algo serio entre nosotros, o a mí, no lo tenía muy claro.
Llamaron a la puerta de la cocina y Sam la abrió en seguida. Era una mujer alta, de unos treinta y cinco años, muy guapa, rubia y de enormes ojos verde esmeralda. Tenía muchas pecas en la cara y eso le hacía mucho más encantadora. Portaba entre las manos unos cuantos utensilios de cocina que dejó en la encimera nada más entrar. Se puso a hablar con Sam mientras lo hacía, pero yo estaba intentando averiguar quién carajos era.
—¡Sookie! ¡Feliz Año Nuevo! Muchas gracias por prestarme todo esto, de verdad. Me has salvado de una buena. Ya sabes cómo es mi suegra y desde que se me incendió la cocina el mes pasado, hay cosas que aún no he podido reponer y… —soltó un bufido como diciendo que ya me sabía de sobra esta historia, y no era así; por suerte, le estaba leyendo la mente y vi claramente que hubo un incendio en su casa, más en concreto en la zona de la cocina. Me estaba dejando patidifusa darme cuenta de que era la casa de Bill la que estaba visualizando en su mente. ¿Qué? ¿Cómo? ¿Ella era mi vecina, la del otro lado del cementerio?—. Por cierto, Sookie —meneé un poco la cabeza para prestarle atención cuando me mencionó, no quería que se percatara de que no había escuchado nada de lo que había dicho hasta ahora—, ¿cómo estás de lo tuyo? Ya sabes que no pude ir a verte en el hospital, porque aún estábamos en Nueva York en casa de mis suegros… —puso los ojos en blanco—, pero Sam me mantuvo muy informada de todo y me alegro mucho por los dos, de verdad —se dirigió hacia Sam—, sobre todo de que hayáis vuelto… —le guiñó un ojo—, y que todo esté como antes —se giró hacia mí y me sonrió—, así que lo mejor es hacer borrón y cuenta nueva, sin rencores, porque eso es malísimo para las arrugas —se tocó la cara y se la estiró, aún con la sonrisa en el rostro—, sé de lo que hablo, cariño.
—Muchas gracias —no tenía ni la menor idea de cómo se llamaba—, estoy bien. Bueno, todos lo estamos.
Me ponía de los nervios esa sonrisa permanente. ¿Es que no sabía poner otra cara o qué? Era inquietantemente siniestra.
—Eso es maravilloso, Sookie.
—Gracias por pasarte, Claudia —intervino Sam con tranquilidad—, aunque no tenías que traerlo tan pronto. Sookie no lo necesita estos días, así que podrías haberlo usado un par de días más.
—Oh, no, no quiero parecer ese tipo de vecinas, ya sabes, Sam. Además —sacó de una bolsa que llevaba entre las manos algo redondeado y lo puso encima de la mesa, al lado de los jerséis que estaba doblando—, en agradecimiento, os he preparado un bizcocho de arándanos, que sé que os encanta.
—Eres estupenda, Claudia —le sonrió Sam—, pero, en serio, no era necesario.
—Sí que lo es. Sookie y tú habéis sido siempre muy amables con Liam, los niños y conmigo, así que esto es lo de menos que podemos hacer por vosotros. ¿Cómo está el bebé? No he podido verlo aún.
—Arriba, durmiendo a pierna suelta —contestó Sam.
—Oh, qué ricura. Entonces me paso en otro momento, mejor. Además —miró su reloj de pulsera y se mordió el labio—, he de regresar a casa. Mi suegra quiere que prepare la comida de Año Nuevo y yo no tengo muchas ganas, pero tampoco de escucharla gruñir. Así que me marcho.
—Pásate cuando quieras, aquí estaremos.
—Y feliz Año Nuevo —dije sin saber qué más decir.
—Igualmente —respondió, me miró con esa eterna sonrisa en la boca e hizo una mueca rara.
«Esperemos que este año sea mejor y que al fin hayas olvidado el desliz de Sam con esa camarera del bar. Nunca entenderé cómo es que Sam pudo hacerle algo así a Sookie. Hombres… »
Me quedé sin aliento. ¿Sam siéndome infiel? Debía de ser un completo error. Le miré de reojo mientras despedía a nuestra vecina y me quedé mirando la ropa fijamente. Realmente no sabía qué pensar ni qué decir, por lo que me centré en la ropa. Aunque no lo pienso negar, no podía parar de pensar en ello.
Me sentía en cierto modo decepcionada. Sí, ya sabía que este Sam debía ser distinto al mío, pero… no pensé que tanto. Claro que, por otro motivo, Sookie le perdonó, por lo que yo no podría juzgarla por ello. Ni debía. Era su decisión y debía respetarla. Seguramente lo habrían hablado largo y tendido y habrían decidido darse una oportunidad. No podía meterme en eso, pero tampoco podía evitar sentir cierto vacío al pensarlo. Yo no sabría qué hubiese hecho si Sam me hubiese puesto los cuernos. Bueno, para empezar él jamás hubiese sido capaz de hacerlo, pero de haberlo hecho, no sé cómo reaccionaría. Supongo que mal, como todo el mundo.
Sentía verdadera tristeza por este asunto. Ni siquiera terminé de doblar la ropa cuando le dije a Sam secamente que me encontraba cansada de continuar y me subí a mi dormitorio. No me apetecía mucho estar cerca de él, no al menos en estos momentos, así que me metí en la cama para seguir con mi «reposo». Ni siquiera bajé a comer, ya que se me había cerrado el estómago. Sam me subió una bandeja con comida, pero no me entraba nada. Pude escuchar sus pensamientos de preocupación por si tenía una recaída. ¿A qué se refería? Me encogí mentalmente de hombros y le ignoré. No tenía muchas ganas de hablar con él, al menos hasta que no se me pasara.
Regresó un rato después, a colocar la ropa en el armario. Se había tomado su tiempo, pero es que los niños dan mucho trabajo. Me sentía mal por no estar ayudando en eso. Que no fuesen míos no quería decir que debía hacerlo todo él solo. No me parecía justo. Me incorporé y me senté en la cama. Sam aprovechó e hizo lo mismo. Carraspeó antes de comenzar a hablar:
—Sé que no debería molestarte, pero creo que no debería guardarme nada, como dijo la terapeuta. Estoy preocupado por ti. Desde que ha venido Claudia estás como molesta conmigo y no sé por qué es. Si es por algo que ha dicho ella o que he dicho o hecho yo…
Negué con la cabeza. Me sentía mal por estar juzgándole injustamente sin saber los motivos ni los hechos, ni tampoco lo que hablaron Sookie y él cuando se reconciliaron. Pero seguía triste.
—No, no, tú no has hecho nada malo. Es solo que… —tragué saliva antes de continuar—: bueno, me hubiese gustado que no hubiese comentado nada. Me ha incomodado su visita, nada más.
Sam asintió.
—Sí, ya sabes cómo es Claudia. Muy bocazas, aunque no lo hace con mala intención. Es una buena mujer.
—Pues le caes mal —dije sin pensar.
—¿Qué? ¿Cómo… ?
—Por su forma de mirarte —mentí como pude—. Se le notaba que te estaba juzgando por… —carraspeé—, ya sabes.
Sam bajó la mirada y se quedó pensando. No se esperaba aquello. Pero estaba dispuesto a asumirlo.
—La verdad es que tampoco me molesta. La gente ya habla demasiado de mí por aquello que pasó y, bueno, la única que necesito que esté de mi parte eres tú, así que me da igual lo que piensen los demás.
Sentí su tristeza y también su aceptación. Debió de pasarlo terriblemente mal y era evidente que estaba acostumbrado a que la gente hablara sobre esto. Y yo estoy siendo horrible con él por algo que ni siquiera sé qué pasó.
—Lo siento —me disculpé.
—¿Por qué? No has hecho nada malo.
—Por hacerte sentir mal. No era mi intención.
Sam me sonrió y percibí su alivio.
—No hay nada que perdonar. ¿Entonces todo bien?
Asentí. Era absurdo mi comportamiento infantil. Y sin ningún tipo de contexto, más aún. Si Sookie lo había perdonado, yo también tenía que hacerlo, ya que ahora mismo yo era ella.
—Tengo hambre —solté sin más. Sam miró la bandeja con la comida, que ya estaba más que fría.
—Pues te puedo preparar algo caliente y eso lo guardamos en el frigo. O eso, o esperamos a que venga Klaus y pedimos una pizza, ¿qué te parece?
—¿Klaus? —El corazón me dio un vuelco al escuchar su nombre. ¿Se trataba del mismo Klaus que conocí hace un año o era otro?—. ¿Qué Klaus?
—¡Santa Klaus, si te parece! —bromeó Sam echándose a reír—. Aunque también es noruego, así que a lo mejor podría ser él, ¿te imaginas? —Le dio la risa tonta por su mal chiste.
Sí, era él. Eso era evidente.
De repente, la vista se me fue hacia unos marcos de fotos que tenía colgado. Era un juego de dieciséis marcos, donde había fotos de mi hermano, Sam y más amistades. Y una de ellas estaba él, Klaus, mi Klaus. Llevaba una larga melena rubia suelta al viento y yo estaba junto a él y Sam, todos sonrientes. En una de ellas estoy embarazada, no sé si de Adele o de Eric; pero me llamó la atención una que había en la esquina: era de hacía unos años, en mi graduación en la universidad, con diploma en la mano y birrete en la cabeza. Estaba junto a Sam, Jason, mi abuela y, exacto, Klaus.
Espera… ¿qué?
NDA: Ains, lamento mucho haber tardado tantísimo tiempo en actualizar, pero es que, después de haberme tirado un mes escribiendo el capítulo (y +6k palabras, todo sea dicho), decidí borrarlo en su totalidad, porque no me gustaba nada. Ni me convencía. Hace como una semana que lo terminé, pero al releerlo para ver si tenía sentido… es que no tenía ninguno. Y hace un par de días o tres, decidí reescribirlo. Y ahora sí que me gusta. Supongo que son las secuelas de haber estado bloqueada un tiempo.
Voy a hacer un pequeño spoiler: Sookie ha acabado en un mundo paralelo. El cómo y el porqué, aún no se sabrá, pero yo sí sé (al menos xD) el motivo. En mi anterior versión Sookie había reaccionado casi como si nada y ese fue la razón de mi reescritura. No tenía sentido que actuara así. Lo normal es que entrara en pánico, pero que pensara en cómo salir de ahí.
¿Que por qué se me ocurrió esta locura? Por un fic que una amiga escribió sobre que uno de los protas se despierta en otra realidad. Y me pareció interesante que a Sookie le pasara lo mismo.
Agradecimientos:
Cari1973: Tengo la extraña sensación de que si pudieras, me lanzabas una silla. XDDD Bueno, lo de Eric con Sabrina ya lo explicaré, porque es complejo, y será más adelante. Me gustan tus teorías, en serio. Siempre me hace gracia, en serio. XD Gracias por tu comentario. :)
Perfecta999: Thank you very much for your beautiful words. I'm glad you liked it. Greetings. :)
ciasteczko: And I loved your comment. Thank you very much. I hope you're well. Hugs. Pozdrawiam. :)
Pues esto es todo por ahora. Espero que al menos os haya gustado un poquito, porque me ha costado sacarlo más de lo que esperaba. XDD
Un saludo a todos, espero que estéis bien. Hasta el próximo capítulo. :)
~Miss Lefroy~
21/12/2021
