VIII

Había tirado sin querer el bolígrafo que sostenía para rellenar el formulario. Eric, o mejor dicho Åke, se agachó para recogerlo. Me lo devolvió y me dedicó una sonrisa. Titubeé —algo que ni yo misma entendí— y me aparté del mostrador al darme cuenta de que había más gente esperando. Le dije a la administrativa que lo rellenaría en la sala de espera y me dirigí hacia ahí, no sin apartar la mirada de Eric, quiero decir, Åke. Estaba tranquilo y me miraba como si me conociese de toda la vida. Me senté en una de las sillas y continué con el formulario. O al menos lo intenté.

—¿Nos conocemos de antes? —pregunté sin tapujos, a riesgo de que así fuera por mi yo de este mundo y tuviera que dar muchas explicaciones—. Porque me da la sensación de que así es por cómo me tratas.

Se puso más rojo que el abrigo que llevaba puesto. Se alborotó el pelo, intentando pensar con rapidez. Podía sentirlo. Y era extraño, muy extraño, puesto que hasta ahora eso solo podía hacerlo con un hechizo de por medio, pero no, este Eric era humano. Soltó una carcajada nerviosa antes de contestar:

—Lo… lo siento. Te vi en la página de Facebook de tu pastelería y te he reconocido. Espero que no te haya molestado, solo…

—No, no, es solo que tú eres la celebridad y yo… —Me encogí de hombros porque no se me ocurrió otra cosa mejor que hacer.

—Imagino que te habrás sorprendido, sí. No lo pensé, solo actué. No es propio de mí hacer estas cosas.

Realmente no sabía muy bien qué era lo que pretendía hablando conmigo. Acaso estaba intentando ligar conmigo. Se le notaba ciertamente tenso, pero por otro lado, estaba contento y no entendía el motivo. ¿Yo le ponía nerviosa, pero se alegraba de verme? Era lo que percibía. Pero se suponía que no nos conocíamos de antes, ¿no?

—¿El qué? ¿Hablar con personas? ¿O con fans?

—Creo que ambas cosas. Si te molesto, solo dilo y me marcho.

—No, para nada. Es solo que parece que seas tú el fan y yo el ídolo. ¿Qué haces por aquí, en el hospital? —dije cambiando de tema y eso le alivió bastante. Relajó los hombros y se sentó a mi lado.

—Hemos llegado hoy a Shreveport porque mañana rodamos allí algunas escenas, así que varios miembros del elenco y del personal nos hemos ido a comer fuera, pero se ve que el marisco que han comido estaba en mal estado y se han intoxicado. Les he acompañado para ver cómo están.

—Vaya, ¿están bien?

—Sí, se recuperarán, pero por el momento, se va a retrasar unos días el rodaje.

—¿Y tú no has comido marisco?

—No, soy alérgico. Y además vegetariano, por lo que he sido el único que no me he intoxicado. Scott y Karissa tampoco, pero porque ellos aún estaban en Nueva York de vacaciones. —Miró el reloj, calculando cuándo llegarían a Luisiana—. Creo que están a punto de llegar, porque me dijeron que embarcarían a las 12 y son casi las 19.

Gracias a su comentario había descubierto que Scott y Karissa estaban casados y tenían un hijo, Alex, de tres años. Åke estaba pensando en eso justo cuando le iba a preguntar.

Como Bill y Pam se enteren de esto… se van a caer de espaldas.

—Esperemos que estén bien. ¿Sois amigos? —Teniendo en cuenta lo cercano que es Eric con Pam, me interesaba saber si en esta realidad también lo eran.

—Sí, bueno, nos llevamos muy bien, pero tampoco es que seamos uña y carne. Yo… —carraspeó, como si no supiera por dónde salir de aquel embrollo—, no soy muy de relacionarme con la gente.

—Conmigo no estás siendo así.

—Sí, pero… no sé por qué —«Eres más guapa que en las fotos y se me dan fatal estas cosas. Cambia de tema ya, Åke, antes de que la espantes», pensó y tuve que reprimir una sonrisa. Ese pensamiento me causó ternura—. Por cierto, ¿estás aquí porque te ocurre algo o…?

—No, es mi hijo —escucharme decir eso en voz alta me resultaba de lo más extraño, pero no podía decir la verdad en este momento; igualmente, no dejaba de ser un bebé, fuese de quien fuese—, solo tiene cuatro días y ha empezado a ahogarse. Hemos venido lo más rápido que hemos podido, porque si no…

Me había dado cuenta de que aún no había terminado de rellenar el papel. Lo terminé como pude y se lo entregué a la administrativa.

—Esperemos que no sea nada.

Asentí, porque yo también lo deseaba. En ese preciso instante, Sam llegó con la cara pálida.

—Sookie, ¿cómo está Eric? —Åke me miró con una ceja levantada, pensando en que le había puesto a mi hijo el nombre de su personaje. Hice brevemente las presentaciones, donde Sam ignoró casi de quién se trataba y yo no tenía ganas de explicarle nada.

—No lo sé, Klaus está dentro con él, pero si fuese grave ya nos habría dicho algo. ¿Y Adele?

—Con tu hermano. Estaba con él cuando me llamaste. Me olvidé el móvil en el coche y cuando vi tu llamada la dejé con él.

Klaus salió con el bebé en brazos y una sonrisa en los labios. Parecía tranquilo, por lo que yo respiré aliviada. Miró a Åke y se quedó sin palabras.

—Había escuchado que unos actores estaban aquí ingresados, pero no pensé que fueseis vosotros… —comentó dirigiéndose al actor.

—¿Sabes si me necesitan?

Klaus se encogió de hombros sin tener la menor idea. Me miró, y pasó la mirada a Sam, a quien saludó con un movimiento ligero con la cabeza.

—¿Qué es lo que le ha pasado? —quise saber, ya que él no soltaba prenda todavía.

—Ha sido una reacción alérgica al polvo de talco. Pero solo si lo aspira, por eso se estaba asfixiando.

—Mierda —murmuré, llevándome las manos a la cabeza—. Antes de que llegaras le cambié el pañal y me cayó un poco de talco en las manos y le toqué la cara.

—No, Sook, no te culpes —me tranquilizó Sam—, esto le podría pasar a cualquiera, por lo que no es culpa tuya.

—Eso es —intervino Klaus—, nadie sabía que iba a reaccionar así y hemos actuado rápido.

—Por el momento, eliminamos el talco de su aseo —sentencié.

—Te puedo conseguir una crema que lo sustituya —comentó Klaus.

—Me parece bien.

Klaus se encargó del alta y nos pudimos marchar más rápido de lo que esperaba. Åke, que estaba sentado en un asiento de la sala de espera, me miró de reojo y se puso en pie. No sabía qué decirle, puesto que él y yo supuestamente no nos conocíamos de nada, así que quise despedirme lo más cortés que pude. Sin embargo, ocurrió algo que no me esperaba para nada.

Sentí su nerviosismo de nuevo. Era como si intentara ocultarme algo, pero no lo estaba consiguiendo. Su corazón latía con mucha fuerza y se estaba concentrando en pensar en cosas que le gustaban, como pasear por la playa o caminar bajo la lluvia. Yo también empecé a ponerme nerviosa, puesto que eso solo podía ser por un motivo. No quería mantener la mente ocupada por no pensar en lo que no debía, él quería distraerme.

«No la mires tanto», se decía, «se va a dar cuenta». Tragó saliva. Yo no le podía quitar la mirada de sus ojos y él tampoco.

«Se va a dar cuenta, piensa en otra cosa, cambia de tema, despídete de ella ya mismo o estarás perdido». Cada palabra en la que pensaba más me intrigaba el motivo por el que lo estaba haciendo. Si no supiera que este es un Eric diferente y completamente desconocido para mí, diría que…

«Concéntrate en lo que estabas haciendo… o será peor».

Todo a nuestro alrededor parecía como si se hubiese esfumado. Ni siquiera me estaba dando cuenta del megáfono que llamaba a pacientes y médicos o del constante ir y venir de enfermeros y celadores con los nuevos pacientes que ingresaban. Por no mencionar la sirena de la ambulancia que acababa de llegar. Tampoco en si Klaus y Sam aún seguían cerca de mí o estaban de camino al coche. Solo me centré en sus pensamientos, en averiguar el porqué estaba pensando en todo aquello.

«Mierda, Åke, se está dando cuenta. Lo sabes, ella lo sabe. Y no vas a poder hacer nada porque estás perdido. ¿Y ahora qué? ¿Cómo se lo vas a explicar?». Su respiración cada vez estaba siendo más y más intensa y en cualquier momento le iba a dar algo. Di un paso hacia él, pero él retrocedió. No me volví a mover, él tampoco. Era como si de alguna manera quisiera que lo supiera todo, pero no me lo pudiera contar por miedo. Pero ¿el qué?

Tragó saliva. Estaba visiblemente paralizado. Quería huir, pero sus pies se lo estaban impidiendo. Dio otro paso atrás, pero trastabilló con sus propios y estuvo a punto de caer hacia atrás. Le agarré de una mano y pude profundizar en su interior. Sin embargo, lo que vi no era lo que esperaba, no era lo que imaginaba que era lo que me estaba ocultando. Pensé que era algo como que conocía a la verdadera Sookie, pero tenía que actuar como que no porque estaba delante de gente indiscreta. Pero no, nada más lejos de esa realidad.

Éramos Eric y yo con Adele en París el verano pasado, cuando visitamos a Klaus. Pero no era un momento cualquiera, no: era uno a plena luz del día, en donde únicamente yo —y mi hija— podía ver a Eric. Le solté de golpe, impactada por lo que acababa de ver. Él jadeaba y salió corriendo cuando al fin las piernas le respondieron.

¿Cómo es que Åke Stendahl, un actor de televisión en esta realidad alternativa, estaba conectado con mi mundo? O, mejor aún, ¿cómo es que lo estaba conmigo? ¿Quién era? O mejor dicho, ¿qué era?

Porque lo único que tenía claro era que humano, claramente, no.

¿Acaso existen los sobrenaturales en este mundo alternativo?

Necesitaba respuestas y las necesitaba ya.


NDA : Buenas, gente hermosa. :3

Ayer terminé este capítulo, pero no me di cuenta de que era tan corto y pensaba subir un doble capítulo para hoy, pero estoy de cumpleaños (el mío :P), y llevo todo el día sin parar y no he podido terminarlo. Así que mañana sin falta lo termino y lo subo. (n.n) Y también contesto reviews, que han sido estupendos. :3

Pero hoy quería actualizar a modo de autorregalo de cumpleaños, como hice el año pasado. :'D

Pues eso es todo por ahora. Nos leemos pronto. n.n/

Un saludo.

~Miss Lefroy~


15/01/2022