IX
Ni siquiera me enteré de nada de lo que me estuvo contando Sam de regreso a casa. Creo que me habló de pasar el día en casa de mi hermano el día siguiente, por algo de lo que habían estado hablado por la tarde. No sé, no tenía ni idea; mi mente solo podía estar en lo sucedido con Åke Stendahl en el hospital. Ni siquiera pude hablar con Klaus porque cuando regresé de mi estado de shock él estaba de camino a su coche y me despedí a duras penas de él.
Pasé la noche dando vueltas en la cama, mientras mi marido dormitaba a pierna suelta al otro lado de la cama. Me levanté. Aproveché para echarle un vistazo a los niños, que descansaban profundamente cada uno en su sitio.
Bajé hasta la cocina a prepararme un vaso de leche caliente. Era lo único que solía calmarme cuando no podía dormir. La abuela me acostumbró a esto porque ella hacía lo mismo cuando le pasaba. La echaba de menos. Miré una foto de ella mientras se calentaba la leche en el fogón y le pedí ayuda. Ella debía saber que yo no era precisamente su nieta del alma, pero solo ella podía ayudarme a salir de aquí. Y a encontrar respuestas. Eso siempre sabía hacerlo.
Busqué por Internet algo de información sobre Åke. No había casi nada. Tal y como me había advertido Klaus, era un muchacho muy reservado y apenas hablaba de su vida privada, más allá de lo que hacía en la serie y poco más. En una entrevista reveló que todo comenzó con un sueño revelador en donde se vio interpretándose a un vampiro llamado Eric Northman y que los demás personajes se le fueron apareciendo en otras ocasiones. No habla de mucho más sobre el asunto, pero ahora empiezo a pensar que lo que soñaba era con el Eric de verdad, o mejor dicho con mi Eric, el de mi realidad.
Busqué algo más sobre el resto de actores. No tenían relación alguna con los personajes que interpretaban, así que lo dejé ahí. El único que ahora mismo me interesaba era Åke, o mejor dicho, Eric. Ni siquiera se sabe cuál es su verdadero nombre, así que a saber.
Intenté averiguar en dónde se alojaba aquí en Luisiana —sabía que era en Shreveport, pero hay muchos hoteles allí y no puedo ponerme a llamar cual posesa en busca de un actor famoso porque no me iban a dar ningún tipo de información—, pero fue en vano. Recordé que Klaus me dijo algo de que su ligue trabajaba en la serie.
Me puse a limpiar. Era lo único que me iba a calmar, ya que la leche no estaba haciéndome nada. No estuve mucho tiempo porque no quería despertar a nadie, aunque pensándolo mejor, Sam siempre era de dormir profundamente. Creo que Adele y Eric han heredado eso de él. No me sorprende en absoluto.
Regresé a la cama, con el deseo de poder pegar ojo.
La visita a casa de mi hermano era más bien estar hablando de anécdotas pasadas —y que ni me sonaban de nada— y bastante aburridas. Descubrí, para mi sorpresa, que mi querido hermano mayor era un conocido agente inmobiliario y que su casa estaba en las afueras de Shreveport. Era enorme y hasta tenía piscina. No me podía creer que hubiese llegado tan lejos. ¿Cómo es que mi hermano, el mío con el que me había criado toda la vida, no era así? Supongo que el hecho de no tener una hermana rarita en este mundo influiría en algo. No tengo ni idea, pero tampoco me apetecía ponerme a pensar más en ello. Tenía tres adorables y malcriados sobrinos de los que no recuerdo el nombre. No, no presté mucha atención en nada y, por lo que tenía entendido, no me harían muchas preguntas por el hecho de que esto «era normal en mí» según le escuché a mi hermano pensar. Me encogí de hombros. Mejor, tenía la mente en otra parte.
Sonó mi teléfono nada más terminar de comer. Fue un alivio ver que era Klaus quien me llamaba. Lo cogí en seguida. Miré de reojo y vi que Sam y mi hermano estaban viendo un partido de beisbol antiguo mientras Michele recogía la mesa. Me daba rabia darme cuenta que mi hermano, hasta en este mundo, fuese tan idiota y no le echase una mano a su esposa.
—Klaus, ¿va todo bien? —inquirí nada más descolgar.
— Eso me gustaría saber a mí —dijo cortante—. ¿Ocurrió algo anoche?
—¿A qué te refieres?
— A que tu momento a solas con Åke Stendahl fue extraño. Estabas ausente, como si te hubieses metido en su mente o algo por el estilo.
No me acordaba que no le comenté lo que yo era a Klaus, a este Klaus. ¿Debía hacerlo? Total, ya lo sabe prácticamente todo de mí y él era quien me podría echar una mano.
—¿Podemos vernos? —murmuré en voz demasiado baja para que nadie me escuchara.
Me disculpé con Sam y mi hermano con la excusa de que Klaus tenía un "asunto amoroso" del que no podía hablar por teléfono y que no tardaría mucho en regresar. Necesitaba salir de allí. Me estaba aburriendo una barbaridad. ¿Desde cuándo Jason era tan sumamente insípido? Jamás pensé que diría esto, pero prefiero mil veces al cabeza loca de mi hermano. No a esta versión pedante y lameculos.
De camino a casa de Klaus —me envió su ubicación— me percaté de que, a pesar de que mi vida no era perfecta, me gustaba tal como era. Aquí está Sam, alcohólico e infiel, y Jason, aburrido y estirado. Por no mencionar a Michele, que se le notaba infeliz y un cero a la izquierda para Jason. Y Tara… ni siquiera éramos amigas en este mundo. Sé que fuimos amigas durante el instituto, pero con vidas separadas al terminar. No sé nada de ella desde entonces. Ni siquiera sé dónde vive ahora mismo. Eso me puso muy triste. Y el hecho de que el resto de mis amigos, sobrenaturales o no, tampoco existieran o estuviesen en mi vida… también me ponía triste. Y es por eso que Klaus era mi salvación en estos momentos tan complicados.
Llegué a la casa de Klaus en seguida porque vivía en pleno centro de Shreveport. Era un apartamento no muy grande en un edificio cerca del hospital de aquí, donde trabajaba hasta que le despidieron. Me comentó que por suerte lo había casi terminado de pagar y que solo tuvo que ajustarse el bolsillo unos pocos meses. Gracias a que Sam le ayudó con ese asunto pudo salir adelante. Me gusta ver que este Sam sigue siendo buena persona y solidaria, sobre todo con sus amigos. A pesar de los errores que haya cometido en el pasado. Tal vez este sea uno de los motivos por los que mi yo de este mundo perdonara su error. Pero tampoco lo sé con certeza, solo es una posibilidad.
Subí en el ascensor con un vecino de unos setenta años. Pensó que tenía un culo estupendo y yo agradecí que se bajara en el segundo piso y no en el séptimo como yo. Me daba coraje pensar que, daba igual en qué mundo estuviera, siempre me iba a encontrar este tipo de comentarios o pensamientos.
La puerta del apartamento estaba abierta. Cuando entré, vi que Klaus estaba al teléfono, hablando con alguien que le estaba haciendo sonreír y poniendo voz melosa, mientras caminaba de un lado a otro por el piso. Imaginé que era su ligue de Nochevieja. Cerré la puerta ruidosamente para que supiera que estaba allí, escuchando sus cursiladas. Él se giró hacia mí y me indicó con la cabeza que me sentara en el sofá.
—Muchas gracias, Jean-Luc. Te debo una muy grande. O mejor que sean dos, como propina, ya sabes.
Colgó el teléfono, pero su sonrisa se negaba a desaparecer. Dejó caer su cuerpo en el sillón que había justo frente al sofá.
—¿Jean-Luc? —pregunté con una ceja levantada y media sonrisa en mi cara.
—Sí, es mi ligue de Nochevieja —respondió con el mismo gesto que el mío.
—Ya veo. ¿Y qué tal? Pensé que sería solo un ligue de una noche, pero no te veo con cara de que lo sea…
Se echó a reír.
—Eso pretendíamos, pero… es que es muy mono. Es franco-canadiense, pero por parte de madre es de aquí, de Shreveport. Él fue quien convenció al director de rodar en Luisiana, ¿sabes? Su abuela padece Alzheimer y está empeorando, así que mata dos pájaros de un tiro.
—Ahora lo entiendo todo.
—¿El qué?
—El que te estés pillando por él.
—¿Qué? No me estoy pillando por él… —bufó y puso los ojos en blanco, fingiendo indiferencia.
—Eso no te lo crees ni tú. Por cierto, ¿estaba entre los intoxicados por el marisco de ayer?
—No. Le llamaba precisamente por eso, porque no conseguí que me dijeran quienes eran los afectados, y en los medios aún no han dicho nada al respecto, así que le he llamado directamente y hemos estado hablando un rato.
—Hasta que he llegado y os he cortado el rollo.
—Hasta que me has cortado el rollo, sí. —Me sacó la lengua y se echó un mechón de pelo hacia atrás.
—¿Y cuál es el favor que te ha hecho? Si es que se puede saber.
—Me ha chivado el nombre del hotel y la habitación de Åke.
—¿Qué, por qué?
—Para que hables con él.
—¿Cómo sabes que quiero hablar con él?
—Porque vi cómo os mirabais anoche. Era como si os estuvieseis leyendo la mente o algo parecido.
Me puse tensa y me erguí en mi asiento. Tomé aire y le solté:
—No andas muy desencaminado.
—¿Qué…? —Me miró sin saber qué decir—. ¿A qué te refieres?
—A que es cierto que nos estábamos leyendo la mente. O… al menos yo.
Klaus frunció el ceño sin entender nada. Se me quedó mirando intentando asimilar lo que le acababa de confesar.
—¿Quieres decir que tú…? —Se tocó la frente con un dedo y luego señaló la mía; asentí y él abrió los ojos con sorpresa—. ¿En serio?
—Sí. Es un don que tengo desde que nací.
—¿Entonces puedes…? —Volvió a señalarse con el dedo la frente, pero esta vez negué con la cabeza.
—No sé por qué, pero a ti no puedo leértela.
—¿De verdad? ¿Te suele pasar mucho?
—No. Solo contigo. No sé por qué.
Alzó las cejas todo lo que daban de sí.
—No sé si sentirme halagado por esto. —Se echó a reír—. ¿Pero cómo sabes que soy el único? ¿Acaso eres consciente de los pensamientos de todo el mundo que pasa por tu lado?
Sonreí.
—Tu yo de mi mundo me dijo algo por el estilo.
—En algo tendríamos que coincidir, ¿no?
—Sois mucho más parecidos de lo que creéis.
—Y… ¿qué es lo que escuchaste en la mente de Åke?
—Más que escuchar, fue ver.
—¿También ves lo que están pensando?
—Sobre todo retazos de recuerdos. No siempre son imágenes nítidas o completas.
—¿Y qué vistes, pues?
—A mí. Y a Eric. Cuando estuvimos en París el verano pasado.
Se quedó pensativo durante unos instantes, como si le hubiese dicho que me calculase cuánto es la raíz cuadrada de ochocientos veinticinco. Luego, se levantó de golpe y se dirigió a una habitación. Regresó unos segundos después con un libro entre las manos, hojeándolo hasta dar con la página que estaba buscando. Me di cuenta de que llevaba unas gafas cuadradas de pasta puesta —a lo Clark Kent— y le quedaban fenomenal.
—Aquí —dijo cuando encontró lo que buscaba y me acercó el libro—. Según este libro que saqué esta mañana de la biblioteca sobre los mundos paralelos, lo más probable es que, si alguien queda atrapado en un mundo que no sea el suyo, debe encontrar un vínculo que lo guíe hasta su hogar.
—¿Crees que Åke es mi vínculo?
—¿Tú no? Porque está claro que lo es si ha visto eso de ti…
—Mi pregunta es: ¿cómo es que lo ha visto? Ni siquiera estamos en la misma dimensión, es científicamente imposible que eso pase…
—Con ese razonamiento, científicamente, tú tampoco deberías estar en este mundo y aquí te encuentras. Así que no tiene mucho sentido.
—¿Crees que tiene algún tipo de don especial, así como el mío, que le conecta conmigo de alguna manera, a pesar de que seamos de realidades paralelas?
—Tal vez. Todo es muy posible. Aunque no sé si ha habido magia de alguna clase o no.
—¿Magia? ¿Crees que esto es cosa de un hechizo?
—No lo sé. Creo que el único que tiene respuestas es el propio Åke Stendahl.
Tomé un poco de aire. No sabía si debía contactar o no con Åke, ya que no paraba de pensar en que aquello no estaba bien. Me sonaba a acoso. Como me colgase o no quisiera hablar conmigo, no sabría qué hacer.
—Está bien —dije tras pensármelo bien durante unos minutos—. Voy a llamar a su habitación de hotel. Pero si se niega a hablar conmigo, prefiero no insistir.
Klaus asintió.
—Esperemos que no te cuelgue.
Cruzamos los dedos mientras marcaba el número del hotel. Me atendió una recepcionista —con un marcado acento español— y le di el número de la habitación de Åke. Me pidió que esperase un momento. Un pitido. Dos pitidos. Tres… Silencio.
—¿Diga?
—Åke, soy Sookie. — solté del tirón, arrastrando las palabras al hablar. Carraspeé para aclararme la garganta—. Sookie Stackhouse.
Otro silencio. Esta vez uno en donde podía escuchar levemente su respiración.
—Estaba esperando tu llamada.
Fruncí el ceño. ¿Cómo era eso posible? ¿Acaso era vidente?
—¿Podemos vernos ahora? —pregunté sin tapujos.
— ¿Ahora? —Silencio de nuevo. No era un chico de muchas palabras, por lo visto—. De acuerdo. Pero ven sola. Ya sabes dónde localizarme.
NDA : ¡Buenas, gente hermosa! :3
Muchas gracias a todas por vuestros buenos deseos en mi cumpleaños. n.n
Lamento haber tardado tanto en actualizar, pero lamentablemente, justo después de mi último capítulo, perdí a mi abuelita y he estado estos días para pasar mejor mi luto. Este capítulo lleva terminado desde hace justo dos semanas, pero… no me apetecía mucho encender el PC para nada, así que hoy, que es el último día del primer mes del año, decidí que era un buen día para actualizar. :3
Agradecimientos :
Herzgy : ¡Tengo una nueva lectora! —gritos de emoción— ¡No sabes lo bien que me sentaron tus preciosas palabras! Ese día estaba algo mal y leerte me animó mucho. Y me alegro de que te esté gustando, porque yo a veces no sé ni qué escribo ni si lo estoy llevando como debería, porque en mi mente se ve de una manera y lo que ve luego los lectores puede ser de otra. Así que muchas gracias. :3 Ya iré revelando cositas sobre este "Eric", porque sé que os tiene muy intrigadas. n.n" No te disculpes por haberme felicitado un día, no tenías por qué saber cuándo es mi cumpleaños y las intenciones siempre son buenas. :3 Un saludo y espero que todo esté bien.
Cari1973 : Los Reyes me trajeron pocas cositas, pero de momento, lo que más es salud, porque parezco Neo de Matrix evitando el bicho en vez de una bala. XDDD He dado negativo en antígenos (ayer me hice la segunda prueba) porque tengo dos familiares cercanos que han dado positivo y me estaba volviendo paranoica. Así que con eso me conformo por el momento.
He de decirte que siempre me inspiras con tus comentarios. No sueles hacerlo adrede, lo sé, pero me dices tal o cual y yo tomo nota por si me inspira más adelante. Aunque creo que eso ya te lo he dicho otra vez. :P Así que sí, todo lo que me digáis yo lo tomo siempre para bien. :3
Te voy a dejar un poco con la intriga: algo que me dijiste en un comentario es cierto. :P Peeeero ya tenía planeado hacerlo, solo que me dio la risa ver que diste en el clavo. XDDD ¿El qué es? Pues… ya lo descubrirás. :P
Muchas gracias por tus buenos deseos (no sé por qué, pero recordaba que tu hermano cumple años el mismo día que yo xD espero que lo haya pasado bien :3)
ciasteczko : Yes, it is terrible. And it can get worse. But everything will be fine. Or not. Who know. :P Thanks for your nice and wonderful wishes. Greetings.
Perfecta999 : For me, you are never late. You are always welcome at my party. Thank you very much for your beautiful words. :3
Pues eso es todo por el momento. Este mes que está por entrar quiero animarme a escribir un poco más, porque sé que mi abuela no querría que dejarse de hacerlo, ya que ella siempre me lo decía.
El siguiente capítulo lo tengo a medias, por lo que actualizaré en breve.
Por cierto, ¿os gustaría que os dedicara un capítulo en vuestro cumpleaños? O un one-shot. Hace unos días se me pasó esto por la mente y me pareció una buena idea (y así tengo días fijos para actualizar ese día :P). Si lo deseáis, podéis hacérmelo saber en un comentario o por PM. Como más os guste.
Bueno, me despido por ahora. Nos leemos muy pronto.
Un saludo y hasta la próxima.
~Miss Lefroy~
31/01/2022
