Dedicado especialmente a ciasteczko. Happy birthday, sweetheart. :)


XI

Tuve que hacer un desvío hacia la gasolinera para poder hacer algo de tiempo. Le mandé un mensaje a Sam con la excusa de que Klaus tenía ganas de unos Doritos. Fue lo primero que se me ocurrió decirle. Pero necesitaba que Klaus me explicase lo que acababa de escuchar en la mente de Hoyt.

—Tenemos alrededor de unos quince minutos extra para que me cuentes qué es lo que ocurre con Hoyt y por qué quiere que volvamos juntos.

Klaus hizo un gesto de no tener muchas ganas de hablar sobre el tema. Pero mi cara cuando me despedí del que se supone que es el mejor amigo de mi hermano fue todo un poema. Y seguramente Hoyt se dio cuenta de que algo me pasaba.

—Muy bien —comenzó a decir Klaus, tomando lentamente aire por la nariz y expulsándolo por la boca—. ¿Qué quieres saber?

—Todo. Absolutamente todo. No quiero encontrarme de nuevo con él y acabar con cara de imbécil por sus pensamientos conmigo.

—Fuisteis pareja —contestó tajante. Hice una pausa esperando más respuesta, pero no continuó.

—¿Y ya?

Klaus se rascó la nuca, intentando encontrar la mejor manera de explicar aquello. Estaba verdaderamente incómodo.

—Verás, Sookie, yo… —carraspeó, suspirando una vez más—, no sé si soy el más indicado para contarte esto.

—¿Por qué? Yo creo que eres el único que puede.

—Porque… ehm… —vaciló varias veces justo antes de aparcar en doble fila en la gasolinera; abrió la puerta del coche y se apeó—. Dame cinco minutos —dijo antes de cerrar la puerta del coche.

Di un largo suspiro. Tenía tantos interrogantes en la cabeza que me iba a estallar. Me estaba dando un dolor punzante en las sienes y tal vez me estuviera bajando la tensión, por lo que mejor sería relajarse y tomarse las cosas con más calma.

Mi teléfono sonó. Era un número desconocido, por lo que lo cogí sin saber quién podría ser.

—¿Sí?

—¿Sookie? —Reconocí esa voz en cuanto la escuché—. Soy Åke.

—Åke… —contesté sorprendida, aunque en el fondo me alegraba escuchar su voz—. ¿Cómo has conseguido mi número?

—Uno tiene sus contactos.

—Eso suena un poco a acoso, ¿no crees?

—Tú conseguiste localizarme del mismo modo, ¿no? Aún no me dijiste cómo te hiciste con mi contraseña de mi hotel.

—Estamos en paz —dije tajantemente. La verdad es que tenía razón, por no mencionar que nunca me había pedido explicaciones con ello.

—Eso está mejor. Aunque te recomendaría que no pusieras tu teléfono en las redes sociales si no quieres que ningún loco como yo te llame a cualquier hora… —Se echó a reír y fue cuando caí en la cuenta de que, en efecto, tenía mi número en mi página de Facebook; mal por la Sookie de aquí, porque Åke tiene toda la razón del mundo.

—¿Y me llamabas por alguna razón en concreto o porque echas de menos a esta fan loca tan obsesionada contigo que le ha puesto el nombre del personaje que te dio la fama a su retoño?

—Técnicamente no es tuyo.

—Está bien. ¿A qué debo el placer de tu llamada?

—He visto algo. Hace un momento.

Nos quedamos en silencio por unos segundos. Supongo que porque ambos esperábamos decir algo más después de aquello.

—¿Sigues ahí? —quiso saber, con un tono entre preocupado y serio.

—Sí. Es que no me esperaba que fuese tan pronto.

—Ni yo. Pero se ve que están intentando que regreses lo antes posible.

Saber eso me aliviaba mucho. Me hacía sentir que me echaban de menos y que estaban trabajando en equipo.

—Ahora mismo me es imposible regresar.

—No, yo tampoco. Tengo visita y tardará en marcharse. Y no puedo hablar de esto por teléfono.

—Mañana tengo cita con el pediatra de Eric. Si no me equivoco es en Shreveport.

—¿A qué hora?

—A las 9:30.

Hizo una breve pausa antes de continuar:

—Creo que podré hacer un hueco a esa hora.

—No sé lo que tardaré en salir. Ya sabes cómo son las consultas de los médicos.

—Entonces a las 10 en mi habitación.

—Allí estaré. Siempre que no te importe que lleve a Eric.

—Mientras vayas sola, no me molesta el bebé.

Tras compartir unas pocas palabras más, colgué.

Klaus regresó un par de minutos después con una bolsa de Doritos, otra de Cheetos, una Coca-Cola de litro y medio y un dónut. Este chico es tan glotón como el de mi realidad. Cerró la puerta con la boca llena de Doritos. Negué con la cabeza.

—Si piensas que vamos a dejar el tema solo porque estés comiendo, vas listo.

Abrió la Coca-Cola y le dio un buen trago. Se la quité y le di otro, mientras arranqué para dejarlo parado unos minutos para que Klaus me explicara todo lo relacionado con Hoyt.

—Está bien —dijo sacudiéndose las manos para quitarse las migas de Doritos que tenía en los dedos—. ¿Qué quieres saber?

Puse los ojos en blanco.

—Esa pregunta ya me la has hecho antes.

—¿Ah, sí?

—Klaus… —Me crucé de brazos y le miré seriamente—. No tenemos mucho tiempo, así que sé lo más breve posible.

—De acuerdo. No sé por dónde empezar, pero bueno, supongo que por el principio.

—No te enrolles, por lo que más quieras.

—Sí, sí. El caso es que él fue tu primer todo: primer amor, primer beso, primer… —carraspeó, pretendiendo que le entendiera con eso; arqueé una ceja, queriendo que lo dijera igualmente—, ya sabes, tu primera vez en el sexo.

—Continúa —comenté asintiendo impacientemente.

—Bueno, pues resulta que estuvisteis creo que unos siete u ocho años e incluso estuvisteis comprometidos.

—Espera, ¿qué?

—Sí, fue cuando te graduaste en el instituto…

—¿Pero a qué edad empezamos a salir?

—Pues tú tenías trece años, creo.

—¿Tan niña?

Klaus se encogió de hombros.

—Siempre os gustasteis y en verdad los dos primeros años fue más bien de tonteo y esas cosas. Decidió no ir a la universidad, porque pensaba que eso no estaba hecho para él, así que cuando consiguió trabajo en la Oficina de Correos, fue cuando empezasteis a hacer planes de futuro.

—¿Hoyt trabaja en la Oficina de Correos?

—¿En tu realidad no?

Negué con la cabeza en rotundo.

—No importa, continúa —espeté, mirando el reloj en el móvil y viendo que llevábamos más rato del que esperaba—. Un par de minutos más y nos vamos.

—Pues el asunto es que te graduaste, te pidió ese mismo día en matrimonio, decidisteis que no habría boda hasta que no terminaras tus estudios. Él te respetó en todo momento, así que aceptó todas tus condiciones. Te aceptaron en Yale, por lo que él pidió un traslado de oficina que no le aceptaban hasta el segundo semestre, por lo que solo estaríais separados ese tiempo. Solo seis eses.

—Un momento, ¿Yale? Pero si se supone que fui a la de aquí…

—Aún no he terminado, Sookie.

—Lo siento.

—La cosa es que como mes y medio antes de mudarte a Yale, te enteraste que a tu abuela le habían detectado el cáncer de mama que se la llevó hace tres años. —Los pelos de la nuca se me erizaron; el solo hecho de que mi abuela muriese por esa cruel enfermedad me ponía triste, pero al menos pude disfrutar unos años más de ella—. Así que decidiste cambiar de planes y quedarte lo más cerca posible de ella. Jason consiguió trabajos donde podía y tú hacías lo mismo para los fines de semana.

—¿Y mi abuela no dijo nada?

—Oh, sí, se enfadó con vosotros por dejarlo todo por ella, pero el tratamiento era caro y sus ahorros iban menguando cada mes, por lo que no tuvo más remedio que comerse el orgullo y dejar que llevaseis algunas cosas de la casa. Por suerte, la madre de Hoyt se ofreció para haceros de comer todas las veces que hiciese necesario, por lo que a menudo comíais en su casa.

—Todo esto está muy bien, pero no sé dónde entras tú aquí en todo esto.

—Cuando me mudé aquí, casi siempre estaba con el dinero justo, por lo que empecé a buscar trabajo y encontré uno que me venía bien para ganarme un dinero extra.

—¿El Merlotte's?

—Así es. Y bueno, una de las camareras estaba de baja porque se quedó embarazada, así que te llamé por si te interesaba y aceptaste. Como habías acabado los exámenes y estábamos en pleno verano, al principio hacías los turnos diarios, pero Sam te dejó solo para los fines de semana una vez que regresaste a las clases.

—¿Entonces por qué lo dejé con Hoyt?

—Fue durante tu tercer año de universidad. Empezaste a tener dudas sobre si teníais futuro, ya que entre las clases, el trabajo y los cuidado que necesitaba tu abuela, tan solo os veíais en la cena y los fines de semana ni eso. Además, fue en la época en la que Jason empezó a prepararse para ser agente inmobiliario y dejó el trabajo para centrarse en aquello, por lo que algunas tardes también trabajabas.

—Y todo esto te lo comenté a ti, ¿no?

—Yo fui quien te aconsejó dejarlo durante un tiempo y no pensé que me harías caso, pero lo hiciste a los pocos días. Al principio fue duro, más que nada por todo lo que habían hecho por vosotros Hoyt y su madre. Pero lo necesitabas, ya que no le estabas dedicando a la relación lo que se merecía. Y aunque en un principio pensabas regresar con él cuando Jason empezase a trabajar de agente, finalmente no lo hiciste, porque te diste cuenta de que estabas bien sola. Igualmente, Sam comprendía tu situación, y te daba un dinero extra para los cuidados de tu abuela, y te daba la comida que sobraba y que iba a terminar en la basura.

—El bueno de Sam… siempre ayudando a los demás… —murmuré con tristeza mientras arrancaba el coche en dirección a casa de mi hermano.

Respiré hondo. Me daba rabia pensar en lo que hizo a pesar de todo. Pero no es como que haya matado a alguien por lo que no debía ser tan prejuiciosa con él.

—Sí, él estaba enamorado de ti desde el momento en que te vio por primera vez. Pero estabas con Hoyt, por lo que jamás te dijo nada. Solo que yo lo sabía (se le notaba a kilómetros, pero tú solo le veías como un amigo, o peor, como tu jefe), así que le convencí de que te pidiera una cita meses después de que lo dejaras con Hoyt. Llevabas mucho tiempo soltera, por lo que creí que estarías preparada para empezar con alguien y él era el más indicado. Y eso que él pensaba que entre tú y yo teníamos algo.

—¿Tuvimos algo alguna vez?

—Bueno… —titubeó, sacudiendo la cabeza enérgicamente mientras cogía de nuevo la bolsa de Doritos y cogía un par de trozos, metiéndoselos en la boca —, solo fue un beso después de una fiesta bastante loca para despejarnos y nos dimos cuenta de que iba a ser un error. Y jamás lo hemos vuelto a mencionar.

Me hacía gracia que hasta en esta realidad solo éramos buenos amigos. Me daba en la nariz que era más cosa de él que de nuestra Sookie de este mundo.

—Pero tú eres gay, ¿no?

Klaus alzó una ceja, sorprendido por mi comentario, que me hizo soltar una risa tonta de vergüenza.

—No. ¿Tu Klaus lo es?

Me encogí de hombros.

—No. No lo sé. Nunca hemos hablado de eso.

—En verdad no me gustan mucho las etiquetas, porque veo excesivo eso de tener que "ser algo", por lo que no suelo hablar mucho de estas cosas. Aunque si quieres que te dé una, solo porque sé que sientes curiosidad, pues te diré que soy, por así decirlo, pansexual?

—¿Panqué?

—Pansexual —repitió más despacio—. Digamos que me fijo en la persona, no en su género.

—Entiendo. —Aunque en verdad no mucho. Ahora entiendo por qué es mejor no etiquetar—. Así que tuviste que convencerle para que me pidiera una cita —quise saber.

—Sí. Se puso tan nervioso que acabó vomitando en el fregadero del bar —comentó entre risas.

—¿En serio?

—Oh, vaya que sí. Te dio tanta pena que solo aceptaste para que no se sintiera tan mal. Aunque no estabas muy convencida de ello, ya que como ya te dije, solo le veías como un amigo, pero igualmente te apetecía regresar al mercado.

Estaba a punto de llegar a la casa de mi hermano. Sigo pensando en que me gusta más la vida simple que tiene mi verdadero hermano, donde vive con su esposa en la casa de mis difuntos padres. El chalé donde vive me parece un tanto pretencioso. Aparqué cerca de la puerta. Vi el coche de Sam —aquí no tenía su camioneta, lo cual me hace recordar lo diferentes que son en este aspecto. Se me vino a la memoria lo que acababa de ver en la mente de Hoyt sobre aquella noche.

—Pues tan enamorado no creo que estuviera cuando hizo lo que hizo.

Klaus frunció el ceño y dejó de masticar los Doritos, haciendo que el silencio que había se tornase incómodo.

—Sookie, no sé qué te habrán contado o qué habrás, ya sabes, escuchado, pero no debes creer nada de lo que digan los demás.

—Pero yo sé lo que vi en Hoyt…

—No es lo que parece… Esa mujer estaba loca y obsesionada por Sam desde hacía años. Lo planeó todo desde hacía mucho, solo necesitaba un día perfecto.

—¿Cómo sabes todo esto?

—Porque le sonsaqué la confesión. No me preguntes cómo lo hice porque no me siento orgulloso de aquello, pero lo grabé todo. Aprovechó que Sam iba a hacer inventario y se prestó voluntaria para ayudarle. Yo normalmente era quien le echaba ese cable, pero estaba de baja porque me fracturé la pierna y Sam necesitaba a alguien para eso. Así que ella no perdió el tiempo. Luego, pidió un paquete que llegara justo ese día, por lo que le pidió a Hoyt que le hiciera el favor de llevárselo al bar, sabiendo que él seguía enamorado de ti y sería el testigo perfecto para que el matrimonio Merlotte se rompiera definitivamente tras la crisis que estaban pasando en los últimos meses. Emborrachó a Sam a sabiendas del conocimiento de su problema con la bebida, esperó a que Hoyt llegara en su coche, se desnudó y el resto es lo que viste en él.

—Madre mía —comenté anonadada—, pero qué mente más retorcida el de esa mujer.

—No lo sabes tú bien. Después de esto acabó siendo despedida, como comprenderás.

—Tengo una duda, ¿esto ocurrió antes o después de quedarme embarazada de Eric? —la pregunta era bastante extraña, puesto que yo jamás tuve a ese bebé, pero notaba que a Klaus le gustaba más hablar como si todo me hubiese ocurrido a mí pero no lo recordara; a lo mejor pensaba que estaba amnésica y que todo esto me lo estaba inventando y por eso me hablaba de este modo. Nunca lo sabré, porque tiene un muro que me impide leerle la mente.

—Pasó poco antes de enterarte de que le estabas esperando.

—¿Llevaba mucho tiempo trabajando en el bar esa camarera?

—Era más antigua que tú. De hecho, era la camarera que sustituiste cuando entraste y os hicisteis muy buenas amigas cuando regresó, durante años incluso cuidabas de sus hijos cuando más lo necesitaba y ellos te adoraban un montón.

Esta historia me está empezando a sonar muchísimo. Miedo me daba hacer la siguiente pregunta.

—Por un casual… ¿cómo se llamaba aquella mujer?

—Arlene. Arlene Fowler.

Bingo. No sé de qué me sorprendía.

—No me lo puedo creer. Esa mujer va a ser mi archienemiga en todas sus versiones.

—¿Tuviste problemas con ella en tu mundo?

—Algo así. Solo que ella intentó matarme.

Klaus alzó ambas cejas con sorpresa e iba a decir algo, pero Sam nos interrumpió y tuvimos que hacer como que no habíamos tenido esta conversación.

Aunque me costó hacerlo. No podía parar de pensar en todo lo que me había revelado Klaus con respecto a mi relación con Hoyt y mi matrimonio con Hoyt. Aún tenía muchas dudas, pero no quería saturar al pobre Klaus.

Al llegar a casa, le di un baño a Adele y Eric, le di la última toma del día a éste y lo acosté. Me di una ducha y me metí en la cama, donde Sam ya estaba dentro calentándola. No se me iba de la mente lo injusta que había sido con él y que no se diferenciaba tanto con su yo de mi realidad. Se había quedado dormido, pero abrió los ojos el tiempo justo para mirarme, sonreírme y darme un beso en la coronilla cuando me acurruqué junto a él. No pretendía hacer nada con él, más que nada por respeto a Eric, pero nadie podía quitarme la idea de poder disfrutar de él de otros modos. Me quedé dormida en su pecho, con la imagen en su mente del día que había pasado con los niños. Era un buen marido, pero sobre todo era un gran padre. Y odié con todas mis fuerzas que el destino me arrebatase eso.


Llegué a la puerta de la habitación de Åke con el pequeño Eric dormitando en mi pecho. El cochecito que Sookie y Sam habían elegido para él me parecía de lo más aparatoso, así que me lo llevé en la mochila portabebés más cómodamente.

Llamé con suavidad y él tardó un poco en abrirme la puerta. Llevaba puesta una camisa morada desabrochada —mostrando el torso desnudo—, pantalones holgados a juego y no llevaba zapatos. Iba sin afeitar, con el pelo revuelto y unas gafas de pasta rectangulares que le quedaban de muerte. Se veía increíblemente guapo con ese aspecto.

—Lamento la tardanza. Estaba estudiando el guion y me ha llamado Karissa diciendo que en dos días retomamos las grabaciones.

—¿Eso quiere decir que ya se han recuperado los afectados?

—Sí. Mañana me confirman dónde comenzaremos a grabar.

—Eso está genial.

—¿Quieres algo para tomar?

Negué con la cabeza. Había desayunado de sobra y no tenía ni pizca de hambre.

—En verdad no tengo mucho tiempo para hablar, porque me gustaría regresar a casa cuanto antes.

—Bueno, anoche… pude ver una solución. Descubrieron algo, aunque no se sabe si es del todo efectiva o no.

—¡Eso es genial! Cuanto antes regrese mejor…

Åke me miró con cierta tristeza.

—Solo hay unos cuantos problemas.

—Ya me lo imaginaba. ¿Son muy grandes?

—Un poco. Al menos uno de ellos.

—A ver, dime.

—Verás, se trata de una poción.

—¿Poción? ¿Y podemos hacerla aún sin magia?

—Según Octavia, no habrá problema. De algún modo han descubierto que Eric y yo estamos conectados y de ahí que se lo hayan comentado. Uno de los problemas que tiene la poción es que tiene algunos ingredientes que son algo complejos de conseguir, pero por suerte los tengo casi todos. Solo me queda uno y está cerca de donde vive mi hermana. Es la raíz de un árbol que crece por allí, así que viene de camino.

—¿Le has contado a tu hermana…?

—No tengo secretos con ella. No te preocupes, nos guardará el secreto.

—Está bien. Entonces tendremos que esperar a que llegue, ¿no?

—Ah, bueno, esa es la parte más fácil de la poción, el conseguir los ingredientes. Lo complejo es que hay que empezar a hacerla siete días antes de luna llena y hervir todos los ingredientes juntos durante tres días seguidos, sin parar de remover.

Tragué sonoramente saliva. Aquello me parecía misión imposible. Tres malditos días sin dejar de remover. Cómo carajos íbamos a conseguir aquello, sobre todo sin un hechizo que pueda hacer remover aquello sin quedarnos dormidos.

—Virgen santísima.

—Lo sé, ya te lo dije. No iba a ser fácil, pero Emilie y yo estamos dispuestos a hacer todo lo que sea necesario para que salga bien.

—Gracias por todo. No sabes lo importante que es para mí todo lo que estáis haciendo. Le pediré a Klaus que también nos eche una mano como sea.

—Toda ayuda es poca. Pero será bien recibida.

—Por cierto, anoche estuviste a punto de decirme algo sobre Eric… ¿de qué se trataba?

—¿En serio? —preguntó confundido—. Pues ahora mismo no lo recuerdo.

Diría que se estaba haciendo el loco, pero realmente no sabía de lo que le estaba diciendo. Qué extraño. Me encogí de hombros, restándole importancia.

—También hay una posible solución, pero… —Se quedó callado, rememorando el momento en el que Amelia comentó aquello y lo vi claramente—… tal vez no te haga mucha gracia.

Puse los ojos en blanco.

—¿Un beso? ¿En serio?

—Ya sabes cómo es Amelia. Piensa que nuestro vínculo podría ser más fuerte de lo que pensamos y que a lo mejor con un beso…

Carraspeó nerviosamente. Se puso tenso y evitó mi mirada.

—No haré nada que no quieras hacer, Sookie.

—En verdad tan solo es un simple beso. No es como que me vaya a morir por intentarlo, ¿no?

Se quedó pensativo. Su pulso se aceleró y empezaron a sudarle las manos. Estaba muy alterado por mi decisión de seguir adelante.

Se relamió los labios, me sujetó el mentón y se acercó a mis labios, pero se echó hacia atrás de golpe.

—Deberías dejar el bebé en el sofá. Si funciona la teoría de Amelia, seguro que él se va contigo y mejor dejarlo aquí.

Asentí. No me había percatado de ese detalle, así que lo coloqué suavemente en el sofá. Dejé también la bolsa con sus cosas y las llaves del coche. También el móvil y demás pertenencias. Cuando me di la vuelta para tenerle frente a mí, me colocó en el cuello un colgante del martillo de Thor con formas circulares y muy elaborada. Era muy bonito, la verdad. Me recordaba al de Eric, pero mejor hecho.

—Es precioso —murmuré, tocando las líneas con los dedos.

—Me lo regaló mi hermana cuando empecé el rodaje de la primera temporada. Y ahora quiero que lo tengas tú. Es de acero inoxidable, así que Eric lo puede tocar.

—Muchas gracias. Aunque no me lo merezco, de verdad.

—Te mereces más que un simple obsequio como este.

Le sonreí. Me acerqué a él, me empiné todo lo que pude, rodeándole con los brazos y le besé sin que se lo esperase. Cerré los ojos, esperando sentir algo que me indicara que me estaba desvaneciendo, pero seguía allí.

Mi cara de decepción se me debió de reflejar demasiado porque era en lo que estaba pensando Åke. Intenté disimular todo lo que pude, pero no lo conseguí del todo.

—Era algo de esperar —le dije, soltando un profundo suspiro—. Toma —dije entregándole un trozo de papel—, este es mi número de teléfono de prepago. Mándame un mensaje a la hora que sea a este número sin que tengas que preocuparte de nada.

—Lo lamento mucho, Sookie…

—No tienes la culpa de nada. Solo era una probabilidad. Ahora tenemos que conseguir que la poción funcione y eso es lo único que me importa.

—Con lo que sea, te aviso.

Le sonreí tristemente mientras cogía al niño y mis pertenencias y salía de allí lo antes posible.

Ni siquiera me di cuenta de la hora que era. Se me había hecho demasiado tarde para ponerme a cocinar —el pediatra había tardado una eternidad en atendernos—, por lo que le mandé a Sam un mensaje para que se pusiera él. Me respondió con un emoji de un pulgar hacia arriba y una sonrisa.

Tuve la inmensa suerte de que no me encontré apenas con ningún semáforo en rojo ni tampoco mucho tráfico, por lo que regresé a casa bastante rápido. Cogí a Eric, que me pedía ya que le diera la toma. Entré por la cocina y no estaba Sam. Coloqué al pequeño en la silla portabebés mientras le preparaba su biberón. La suerte que tuve de no tener que darle el pecho, porque no sabría dónde meterme. Puse el biberón en el calienta biberones y escuché un ruido.

«Maldita zorra, roba maridos», escuché en la mente de alguien.

Me giré y vi a mi yo de este mundo —imaginé— con una ceja sangrante y un bate en la mano, pretendiendo golpearme en la cabeza. Gracias a mi entrenamiento con Eric durante estos meses atrás pude esquivar el golpe, que tiró un florero bastante espantoso que se hizo añicos. Eric empezó a llorar.

Le arrebaté el bate, le retorcí el brazo y le hice una llave, tirándola al suelo, noqueándola.

—¿Se puede saber qué está pasando aquí? —inquirió con sorpresa Sam, incapaz de comprender cómo es que su esposa tenía una doble.

Y yo no sabía cómo explicarle aquello.


NDA: Pido disculpas por no haber podido actualizar antes, pero es que he estado bastante liada estas últimas semanas. Hoy he querido hacerlo por un motivo muy especial, que lo puse en la dedicatoria al comienzo del capítulo. :P

Sé que suena raro, pero cuando me leí los libros, me hubiese gustado que Sookie hubiese tenido algo con Hoyt. Siempre lo encontré adorable y muy tierno y no he podido evitar juntarlos aquí. Aunque la historia es algo enrevesada, lo sé, pero algo debía de haber pasado para que se acabaran separando.

Lo de Sam lo tenía planeado desde un principio. No quería hacerlo tan distinto a su yo cambiante. Pero sí que reconozco que me costó un poco dar con ese desenlace. :')

Ahora es cuando viene lo bueno, el final de Sookie en esta realidad alternativa. Llevo todas estas semanas, aunque ausente en cuanto a actualizar, pensando mucho en esta parte. Así que más me vale que me quede como tengo pensado.

Eso sí, en un principio, la otra Sookie sí que le daba en la cabeza a nuestra Sookie y esta quedaba inconsciente, pero no paraba de pensar en que había estado entrenando para poder esquivar todo eso y que mejor que fuese al revés, ¿no? XD más interesante.

Cari1973: Bueno, tú es que siempre hablas por hablar pero no siempre vas mal encaminada. :P Ya te digo que no tengo intención de embarazar de nuevo a nuestra Sookie. La pobre ya tiene suficiente con la que le ha caído y con la que le viene encima (que adelanto desde ya que no va a ser poco), así que no. Nada de bebés nuevos por ahora. :P No al menos suyos, claro.

Muchas gracias por tus comentarios. Siempre se agradecen. Y el del otro fic también (que, por cierto, he de terminar, pero no he podido hasta ahora).

Ciasteczko: Yes! I always loved Hoyt for Sookie, better than Bill or Sam, of course. I like Sam, but he wasn't for her. Thank you very much for all your comments and HAPPY BIRTHDAY AGAIN!! I hope you liked this new chapter dedicated specially for you. :) You are a very amazing person for all things you do. You deserve heaven, sweetheart. *-*

Perfecta999: Thank you very much for your beautiful reviews. :)

Pues eso es todo por ahora. No tengo intención de tardar tanto en actualizar, o eso espero, a no ser que ocurra algo. Esperemos que no. xd

Bueno, espero que os haya gustado este extraño pero —creo— intrigante capítulo. Si no es así, no pasa nada. Pero házmelo saber de todos modos. :)

Un saludo muy grande y hasta el próximo capítulo.

~Miss Lefroy~


18/4/2022