XII

—¡Suéltala, Sookie! —gritó Klaus a mi espalda; no sabía que estaba allí hasta que sentí que me tiraba de las axilas y me alejaba de mi yo de este mundo.

Sam se puso entre ambas, mirándonos con los ojos fuera de su órbita sin entender nada de lo que estaba pasando. No paraba de pensar en si éramos gemelas separadas al nacer o si se había quedado dormido y estaba teniendo una extraña pesadilla.

Aunque para mí era esto último. No sabía cómo iba a terminar esto, pero lo que sí sabía era que yo iba a perder, pasase lo que pasase.

—¿Me puede explicar alguien qué es lo que está pasando aquí? —inquirió Sam, poniéndose los brazos en jarras sin dejar de pasar su mirada de mí a mi doble.

Me quedé en silencio. La otra Sookie también, aunque ella no apartaba la vista de mí y tenía demasiados pensamientos que no conseguía ordenar. Se agolpaban demasiado como para poder entender nada.

—Sam —dijo ella al fin—, soy yo, Sookie, tu esposa.

Sam frunció el ceño y se fijó en su atuendo. No era el más indicado para poder creerle.

—Si es así, ¿por qué vas vestida como si fueses una presidiaria?

—No lo sé. Hace unos días aparecí en una celda y me dijeron que estaba allí por haberte asesinado. —Se echó las manos a la cabeza, cerrando los ojos para visualizar mejor el horror que había vivido estos días atrás—. Me estaba volviendo loca, porque no entendía nada. Yo no hice nada. Y nadie me creía. Había vídeos que me incriminaban y pude ver cómo lo hice. Fue horrible, de verdad…

Se echó a llorar. Me dio bastante lástima, porque debe ser terrible estar viviendo en una realidad donde tu yo ha asesinado a tu esposo, al que amas con todo tu ser en tu verdadera realidad. Yo al menos me estaba sintiendo así.

—Sigo sin entender nada. —espetó Sam, quien dio un paso atrás cuando mi doble quiso acercarse para darle un abrazo para consolarse.

—Yo te lo explicaré —dije finalmente; era la única que podría dar una respuesta más correcta—. Soy Sookie Stackhouse y…

—¡No, yo soy Sookie Stackhouse! —me interrumpió mi otra yo—. Sam, no la creas, yo soy la verdadera.

—¿Puedo terminar? —inquirí con una mirada amenazante a la otra Sookie—. Vengo de otra realidad. No sé cómo llegué hasta aquí, pero en unos días podré regresar, si todo sale bien.

Sam seguía atónito, sin saber qué pensar en todo esto. Continuaba con sus pensamientos sobre una gemela desconocida que solo pretendía apoderarse de la identidad de su esposa y así poder vivir la vida que llevaba sin que nadie sospechara. Madre mía, menuda película de suspense se acababa de montar en la cabeza.

—No, Sam, no soy una gemela que se quiere aprovechar de ella.

Sam no daba crédito a lo que le estaba diciendo. Miró a Klaus, que por lo visto también me miraba con asombro —no me di ni cuenta de ello porque a él no le puedo leer la mente—, cosa que me sorprendió, puesto que se suponía que él estaba al tanto de todo esto. A no ser que estuviera fingiendo, lo cual lo estaba haciendo de maravilla.

—¿Tú sabías esto? —le preguntó al noruego. Klaus se encogió de hombros. No sabía qué decir.

—Algo me comentó, pero…

—¿Algo? —rechisté, alzando las manos—. ¡Te lo conté todo!

—Yo pensaba que te habías golpeado la cabeza y estabas amnésica o con la memoria… confusa.

—Pero si tú me estabas ayudando a regresar a mi mundo paralelo.

—Solo te estaba siguiendo la corriente. Oye, entiéndeme. ¿Quién en su sano juicio va a creer que su novio es en realidad el mismísimo Eric Northman?

Vi a Sookie abrir los ojos como platos; era un dato que yo no quería revelar, pero Klaus me estaba resultando un tanto bocazas en este momento.

—¿Eres novia de un personaje ficticio? —quiso saber Sam, con una ceja levantada.

—Solo es ficticio en esta realidad. En la mía es muy real. Muy muy real. Mucho.

—¿Y es…? —Esta vez era Sookie quien preguntaba curiosa; supe a dónde quería llegar.

—Sí, es vampiro. Y todos los personajes de esa serie son reales en mi mundo. Todos.

Sam se quedó pensativo. Se preguntaba ahora si él existía en mi realidad alternativa.

—Sí, tú también existes, Sam. Y sí, también estuvimos juntos. Y fuimos muy felices.

Sam encogió los ojos.

—¿Cómo que fuimos? —Se cruzó de brazos—. ¿Es que acaso ya no lo somos?

Miré al suelo. No sabía cómo decirle esto a alguien que en mi mundo ya no se encontraba entre nosotros.

—No es eso… —carraspeé, nerviosa—, es solo que… bueno. No quiero hablar de eso.

Sin embargo, Sam no era tonto. Nunca lo fue. Y se había dado cuenta en seguida del porqué no quería seguir hablando.

—Oh, vaya… —murmuró con cierto asombro—. ¿Estoy… muerto?

No contesté, pero fue suficiente para saber que así era.

—¿Cómo fue? —Esta vez quien preguntó fue Sookie. Tenía una ceja ligeramente enarcada por la curiosidad.

—No sé si debería…

—Por favor —pidió Sam; no entendía muy bien el porqué querría saber algo tan turbio, pero como si me hubiese leído el pensamiento, comentó—: solo quiero saber de la que me he librado —ironizó, aunque no muy convencido de lo que había dicho.

—De acuerdo. —Me aclaré la garganta antes de contestar—: fue unos días antes de que naciera Adele. Íbamos por la carretera de camino a casa y al camión que teníamos delante se le soltaron las correas de los postes que transportaba. Uno de ellos salió disparado hacia nuestra camioneta y mató en el acto a mi marido. Aún no sé cómo pude sobrevivir, porque no recuerdo mucho después de aquello. Ni siquiera sé cómo llegué hasta el hospital. Supongo que entré en shock o algo por el estilo y no reaccioné hasta estar allí.

Sookie y Sam se miraron. Ella se quedó perpleja por lo que acababa de relatar y se sentó en una silla próxima.

—Recuerdo ese día —comenzó a decir—. Tuve una especie de extraño pálpito y le dije a Sam que se desviara en la siguiente salida. Al principio no me quiso hacer caso, pero empecé a ponerme nerviosa, así que accedió. Tardamos más de media hora en encontrar la salida para poder dar la vuelta de regreso a casa y Sam estuvo mosqueado conmigo por eso el resto del camino. No dijo nada para no disgustarme, pero yo lo pude sentir así. Cuando llegamos, una camarera del bar nos comentó del accidente que provocó un camión que transportaba postes de madera. No hubo muertos, ni heridos graves, tan solo algunos leves y un atasco enorme. Sam luego me miró aliviado porque supo que nos habíamos salvado de morir, ya que estábamos muy cerca de ese camión.

—Ahora veo que tuvimos mucha más suerte de la que pensábamos —murmuró Sam, casi sin aliento—. Lamento lo que le pasó a… —no se atrevía a pronunciar su nombre, refiriéndose a sí mismo, ni siquiera a su versión de un mundo paralelo—, bueno, tu esposo. Debió de ser terrible.

Asentí. Me rasqué nerviosa el cuello. No quería seguir hablando de aquello.

—Así que realidades alternativas, ¿no? —murmuró Sam, cambiando de tema al ver mi inquietud.

—Así es.

—¿Y cómo puedes regresar? ¿Has descubierto algo?

Miré a Klaus, para que cerrara el pico y no delatara a Ake en este asunto.

—Sí. Hemos descubierto un hechizo que me podrá hacer regresar. Lo único que no es sencillo de hacer y tendremos que tener un poco de paciencia.

—¿Podemos ayudar en algo?

Sookie estaba mucho más calmada que hace unos minutos. Por lo visto, el saber que mi pareja es su ídolo, le hizo cambiar de actitud. Quién lo diría. En mi mundo, esto sería más bien sinónimo de más enemigos, pero aquí era admiración. Qué cosas.

—No creo que podáis ser de mucha ayuda. Tan solo tenemos que esperar al día indicado y a que funcione.

—¿Y si no funciona? —quiso saber Sam. Me encogí de hombros.

—No lo sé. No quiero pensar en ello. Solo centrarme en regresar con los míos. Sobre todo con mi hija, la cual echo de menos.

Miré de reojo a la pequeña Adele, que se había asomado por allí y canturreaba mentalmente una cancioncilla infantil que había estado escuchando por la tele un rato antes.

—¿Y qué vas a hacer ahora? —preguntó, de nuevo, Sam—. No pueden haber dos Sookies por el pueblo. Todo el mundo la conoce de toda la vida, y dudo mucho que se traguen eso de que tiene una gemela desaparecida…

Sookie negó con la cabeza.

—Mi abuela jamás lo hubiese permitido. Así que nadie se lo creería.

—Puede quedarse en mi piso —intervino Klaus, que estaba olisqueando una manzana detrás de mí—. Está en Shreveport y allí casi nadie te conoce. Y los que te conocen… no creo que noten nada.

Me lo pensé durante unos momentos, pero era lo único que podría hacer hasta que desapareciese, literalmente, de este mundo.

Acepté. Sookie se ofreció a darme algo de ropa. No sabíamos cuánto tiempo estaría aquí, pero necesitaba algunas previsiones. Además, lo mejor sería que tanto Sam como Sookie continuaran sus vidas como si yo no existiera. Como hasta ahora.


El piso de Klaus no era muy grande, pero el suficiente como para tener un par de habitaciones para los invitados. No quise preguntar por qué tenía esas habitaciones libres, ya que eso no era asunto mío, pero no quitaba que sintiera curiosidad. De igual modo, me vino bien. Si no llega a ser por él, no sé dónde me hubiese metido ahora mismo. Porque dinero para pagarme un hotel no tenía.

Me di una ducha. La necesitaba. Necesitaba relajarme porque me esperaban unos días muy estresantes. Me estaba secando el pelo con la toalla cuando caí en la cuenta del hechizo: debía empezarlo siete días antes de luna llena.

Fui corriendo hasta el portátil de Klaus. Había salido a comprar algo para cenar, por lo que estaba sola en ese momento. Tecleé el calendario lunar de este mes de enero.

Mierda.

Mierda.

Mierda.

Mierda

Y más mierda.

No me lo puedo creer. No había caído en este detalle. Mañana es luna llena. Por lo que hasta final de este mes no podría empezar a hacer la poción.

¡Maldita sea! ¡Cómo no había caído en esto antes!

¿Y ahora qué hago? ¿Debería llamar a Åke y decirle esto? Aunque supongo que él ya se habrá percatado de esto. Porque es más inteligente que yo, eso está claro. Y Klaus. Él también.

Aunque, mirando por otro lado, ninguno de los dos habían dicho nada al respecto de este asunto, por lo tanto, o no me querían decir nada por no preocuparme más o…

No. No se habían dado cuenta, eso está claro. No, Sookie, no son tan listos como piensas.

Cogí mi móvil. Me sentía un poco torpe usando ese móvil tan simple en vez de uno inteligente. Busqué en el listín del teléfono el número de Åke.

Un tono… dos tonos… tres… No lo coge. Cuatro… cinco… seis… siete…

Me saltó el buzón de voz. Estará ocupado.

—Åke, soy Sookie —empecé a decir—. Espero no haberte pillado muy ocupado. Llámame cuando puedas. Es importante. —Me quedé en silencio un par de segundos; no sabía cómo despedirme—. Chao.

Normalmente suelo decirle a mis más allegados lo de "un beso" cuando dejo este tipo de mensajes, pero no quería confusiones con él. Era lo mejor.

Me puse el pijama. Me preguntaba cuánto tardaría Klaus en regresar con la cena. Me rugían las tripas. Fui hasta el frigorífico y cogí un yogur. No me iba a quitar el hambre, pero sí lo suficiente como para soportar el dolor de tripa por aguantarme.

Me senté en la repisa de la ventana y miré a través de ella. Ya era de noche, por lo que la luna había salido. Me quedé mirándola fijamente. Estaba casi redonda, por lo que no le quedaba más que un día para completarse entera.

Me quedaba un mes entero aquí, en este lugar prácticamente desconocido.

Pensé en Eric. Siempre lo hacía mirando a la luna. Esa luna que tantas veces me ha acompañado en mis momentos más solitarios. Sobre todo cuando Eric se marchó a Oklahoma. Jamás reconoceré que pensaba en él de vez en cuando cada vez que miraba la luna. Siempre me recordaba a él, estuviera donde estuviera. Tuviera la forma que tuviera. Porque por la noche era cuando le veía y sentía nostalgia por todo lo que habíamos pasado. Luego recordaba que se marchó y me dejó y se me pasaba. Pero siempre acababa en mi mente, como fuese. Es por ello, que durante un tiempo, me obligué a no mirar la luna. Era mi manera de no pensar en él, de olvidarle como fuese. De centrarme en estar con Sam, que era quien estuvo conmigo tras su marcha.

Sin embargo, Sam era quien no estaba ahora y Eric quien sí que lo estaba. Y la diferencia está en que Sam no va a volver más. Y eso siempre va a doler.

Me preguntaba qué estaría haciendo ahora Eric. Sé perfectamente que está bien. Siempre ha sabido cuidar muy bien de sí mismo, pero me gustaría saber cuál era su estado de ánimo. Siempre ha sabido controlarlo, pero cuando se trataba de mí… no sería la primera vez que perdía los papeles. Solo espero que se lo estuviese tomando con calma.

Terminé mi yogur y tiré el envase en su correspondiente lugar de la basura. Klaus era muy amante del reciclaje y del medio ambiente, y me gustaba saber que aquí sigue esta costumbre. Bien por ti, mi querido Klaus.

Sonó mi teléfono. Por favor, que sea Klaus diciendo que viene ya con la cena…

Era Åke.

Descolgué nerviosa. Tenía un mal presentimiento, no sé por qué.

—Åke, gracias a Dios que has llamado, porque…

—¿Sookie? —Aquella voz no era del joven actor sueco. Más bien de una chica, y le temblaba la voz al hablar. Esto no pintaba bien.

—Sí, ¿quién habla?

—Sookie. —Pausa breve, pero inquieta, con la respiración entrecortada—. Sookie, soy Emilie. Emilie Nyström.

—¿La hermana de… Björn?

—Sí —Estaba claramente nerviosa y me pareció escuchar que se estaba sorbiendo los mocos—. Te llamo porque estoy en el hospital.

—¿Qué ha ocurrido? —El corazón estaba a punto de estallarme.

—He llegado hace como una hora y todo estaba bien. Estaba hablando con él y de repente, me dijo 'llama a Sookie, Emilie' y lo siguiente que recuerdo es verle en el suelo convulsionando.

Se echó a llorar.

—¿Qué dicen los médicos?

—No lo sé. Aún no han salido. Solo sé que entró en coma en la ambulancia y ahora mismo está en Cuidados Intensivos. ¡Oh, Sookie!

Volvió a romper en llanto. Y yo estaba a punto de hacer lo mismo.

—Necesito que vengas, por favor. He de hablar contigo.

—En seguida estoy allí.


NDA: Buenas a todas mis queridas lectoras. Lamento mucho actualizar con tantas semanas de retraso, pero el mes pasado fue un caos total y apenas pude coger más que un par de veces el PC para escribir. Vamos, poquísimo.

Bueno, no quiero contar mucho mis dramas, porque suficiente tendréis con vuestras cosas. n.n" Pero espero poder actualizar más seguido este mes. :3

Mi idea era regresar a Sookie ya a casa, pero… va a tener que esperar un capítulo más. n.n"

He de reconocer que vuestros comentarios son lo que más me anima a continuar. Si no, creo que lo hubiese abandonado hace ya mucho.

Aquí vienen mis agradecimientos:

-Cari1973: Me ha dado mucha ternura lo del bizcocho con tu abuela. Es agradable esa imagen de abuela con sus nietos haciendo estas cosas. Yo con la mía no cocinaba, porque era muy suya y no le gustaba mucho que nadie le ayudara en la cocina. Pero bueno, tenía otras cosas.

Muchas gracias por el comentario. Muy adorable. :3

-ciasteczko: OMG!! You have all my respect for everything you do for those people who need you so much. Thanks for all that you do. I'm glad you liked the chapter. Greetings and never change.

-Perfecta999: anything can happen here. hahaha thank you very much for commenting. All the best.

Bueno, eso es todo por ahora. Ya tengo pensado el capítulo 13 y he de hacer un pequeño adelanto: para el 15 (o eso me gustaría) voy a hacer otro capítulo especial sobre la vida vikinga de Eric, ya que en mi fic anterior tuvo muy buena acogida aquel capítulo que hice. Y llevo mucho tiempo dándole vueltas en lo que puedo hacer ahí y ya estoy deseando empezar a escribirlo.

En fin, espero que os haya gustado aunque sea un poco este capítulo. Me voy a poner ya con el siguiente, que si no me da que hasta el año que viene no termino este fic. :P

Un saludo a todos y hasta el próximo capítulo.

~Miss Lefroy~


04/06/2022