EL SECRETO DE SAILOR JUPITER
CAPITULO 14
EFIMERA FELICIDAD
P.O.V. ANDREW
¡Ese hombre de nuevo!
Hay algo en él que no me gusta y no es solamente que no se haya presentado formalmente en mi casa como novio de mi hija, sino que se parezca al cobarde de mi ex amigo de la juventud y esa mirada que me recuerda a no sé quien. Sin embargo, la lógica me dice que no puede ser hijo de Darien, pues por la edad que tiene, si fuera su hijo habría nacido cuando estábamos a la mitad de la carrera y me consta que Serena no se embarazó entonces pues no hubiera sido posible que lo ocultara de todos a menos que desapareciera. De la misma manera, si fuera hijo de alguna de las mujeres con las que le fue infiel también me habría enterado, pues no por nada siempre me contaba de sus infidelidades y más de una vez tuve que mentir diciendo que había estado en mi departamento para que Serena no lo descubriera.
—Kazuo. Mi amor.— Lo saluda mi hija abrazándolo efusivamente.
—Espero te gusten las flores, querida— Le dice él mientras le da un beso en la frente. ¡Un beso a mi niñita y frente a mis ojos! ¡Cuánto cinismo!
Me meto la mano en el bolsa del saco tomando el arma por si acaso. ¡No lo quiero para yerno y motivos hay de sobra! En primer lugar deduzco que la tristeza de mi hija desde que estábamos en Cambridge es por culpa de este joven que seguro sólo la debe querer para pasar el rato, en segundo ¡Su parecido con aquel cobarde! ¡No lo soporto!, así que me acerco y separo a mi hija de su lado interponiéndome entre ambos.
—¿Y usted que cree que estoy pintado? Le hice una pregunta ¿Qué hace aquí?— Lo cuestiono mientras tomo aquel ramo de flores.
—Buenos días Furuhata-san— Saluda educadamente .— De hecho vengo a hablar con usted.
—¡No!— Grita mi hija asustada, y entonces me doy cuenta de que algo esconden.
—Te estabas tardando.— Le contesto— Pasa. Capaz me convences de salir con mi hija. O tal vez no. Como suegro puedo ser muy exigente.
Kazuo entra y lo invito a tomar asiento en el sofá de la sala, Midori está a punto de sentarse a su lado, pero entonces termino con sus intenciones.
—¡Tú acá!— Le señalo el sofá que está más cerca de mí.
—Papá... ¡Por favor!— Me suplica pero obedece mi orden.
Tomo mi computadora portátil que está en la mesita de centro de la sala y se la ofrezco a Kazuo.
—¿Podrías revisar mi portátil? No prende desde hace días y tal vez podrías ayudarme. Midori me contó que estudias informática.
Noto como mi hija se pone pálida, y Kazuo me mira de manera inexpresiva.
—Dejémonos de cosas, Furuhata— Me dice— No me llamo Kazuo ni estudio informática. Mi nombres es Aries Hino y...
En cuanto escucho su nombre saco el arma y le apunto con ella, pero Midori se interpone entre mi objetivo y yo.
—¡No!... No lo hagas, papá
¡Y no! Por supuesto que no estoy dispuesto a matar al hijo de Mars. Al menos no tan rápido.
—¡No necesito que me protejas, Midori!— Le dice dando un paso al frente
—¡Vaya, Chiba! Saliste más valiente que el inútil de tu padre. ¡Levanta las manos si no quieres que te llene de plomo!
—¡Qué sea la última vez que me llama Chiba, soy Hino!— Exclama molesto pero poniendo las manos en alto— Y espero no se le ocurra soltarme un tiro o se escuchará en toda la avenida y no tardará en llegar la policía. Mejor agradezca que estoy aquí para ayudarle, porque sino fuera porque usted es el padre de Midori me importaría un pepino que quieran su cabeza por haberse revolcado con una Sailor.
¡Lo sabe! Se suponía que nadie supo que Makoto y yo teníamos una relación, mucho menos de la existencia de Midori, y sin embargo. ¡El hijo de Mars sabe! ¡Todos deben saberlo!
Definitivamente no puedo dejarlo ir pero no lo puedo matar tan rápido. Antes debo sacarle información. Después que se despida de la vida y me largo de Londres con mi hija.
—¡Sube las escaleras y no se te ocurra bajar las manos o hacer un movimiento en falso porque te meto un tiro!
El hijo de Mars me obedece, pero entonces la tierra comienza a moverse bajo mis pies, escucho los cristales romperse, gritos afuera, veo los muebles moverse pero antes de poder poner a salvo a Midori y a mí mismo siento el peso del librero caerme encima; luego los gritos desesperados de mi hija.
—¡Huye, Midori! Ponte a salvo. Es una orden— Le grito.
¡No quiero morir! ¡No quiero dejar a mi hija a merced de esas escorias!, pero entonces poco a poco siento como todo se va a obscureciendo a mi alrededor.
He fallado como padre. Le he fallado a Makoto y a Midori.
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Después de una refrescante ducha con esencia de rosas, la joven princesa heredera al trono de Júpiter salió del cuarto de baño que conectaba con sus amplios aposentos, sorprendiéndose al encontrar sobre la cama un hermoso vestido verde que no estaba ahí cuando había entrado a darse su baño relajante.
—¡Sorpresa!— Escuchó una voz femenina que conocía perfectamente, y del ropero miró salir a una chica muy parecida a ella.
—¡Amaltea! ¡Qué susto me has dado!
—¿Te gustó el vestido? Lo hice para que lo uses en tu cumpleaños número quince.
—Es hermoso, Amaltea— Dijo la joven heredera emocionada, pero entonces cayó en cuenta que la fina tela con que había sido confeccionado el vestido era muy escasa de conseguir, y volteó a ver asustada a su hermana tan parecida a ella— Esto... No sé mucho de telas ni tejidos, pero sé que esto es tela de Venus. ¿Cómo lo conseguiste? Desde que tomaron Venus esta tela es escasa.
—Aún me quedaba un poco. Lo estuve guardando para una ocasión especial. ¿Y qué mejor ocasión que el cumpleaños número quince de la futura Reina de Júpiter?
—¡Amaltea!— La llamó la princesa heredera con reproche en su voz— A mí no me engañas... ¿Cómo has conseguido esto? ¿En qué te metiste?
—Hermana. ¡Diviertete un poco! Algún día cuando asciendas al trono todo serán responsabilidades. Aprovecha hoy que eres joven y que aún no tienes una fuerte obligación sobre tus hombros.
—Me gustaría vivir tan despreocupadamente como tú, Amaltea— Respondió la princesa heredera— Pero temo que Júpiter caiga.
—Eso no va a pasar—Contestó Amaltea con seguridad— Todos los ciudadanos de Júpiter están listos para defender el planeta con uñas y dientes, además contamos con los mejores guerreros de la galaxia, te tenemos a ti y ¿Quién podría contra el gran Rey Zeus?
—Si el ejército de la Luna pudo someter a Marte y Urano ¿Por qué no podría con Júpiter?
—Tenemos a los refugiados de nuestro lado.
—Y la Luna tiene a los Reyes de la Tierra de su lado, y también la subordinación de muchos de los prisioneros de los otros planetas que han terminado por ceder ante el instinto de supervivencia.
—Pero siempre hay esperanza.
La princesa heredera iba a decir algo pero entonces se escuchó un fuerte estruendo y gritos provenientes de afuera. Las dos princesas corrieron hacia el balcón, y al abrir la ventana se encontraron con la horrorosa escena de ver a su madre decapitada.
Aunque deseaba echarse a llorar y estaba muerta de miedo, la princesa heredera estaba consciente de que no había momento para eso, y sabiendo que su hermana era más emocional le cubrió la boca con la mano ahogando sus gritos.
—¡No es momento de llorar, Amaltea!— Susurró al oído de su hermana— Tenemos que buscar a papá y reunirnos con el ejercito imperial.
Las dos princesas salieron de la habitación, pero entonces se encontraron con los guerreros con la insignia de la luna caminando por el pasillo que al verlas gritaron "¡Ahí están! ¡Atrapadlas!", decidieron entonces correr en sentido contrario, pero al bajar las escaleras por el lado opuesto se encontraron con más guerreros de la Luna que les cerraron el camino.
Pese a saberse en desventaja, ambas recurrieron a los poderes del trueno para defenderse; pero los guerreros de la Luna no tardaron en someterlas utilizando poderes provenientes del resto de los planetas ya conquistados.
—¡Son lindas!— Exclamó con lascivia uno de los guerreros tirándolas del cabello mientras ambas hermanas se abrazaban con fuerza.
—¡No toque a mi hermana, por favor!— Suplicó la princesa heredera al trono— Tome de mí lo que quiera pero a ella no le haga daño.
El hombre tomó con fuerza el rostro de la princesa heredera, y después le dio una sonora bofetada.
—Eres más bella que tu hermana, lástima que la Reina te quiere intacta, así que ahórrate las súplicas para ella.— El hombre volteó a ver a sus compañeros y después dio una terrible orden para las hermanas.— A esta háganle lo que quieran, pero después la matan en las narices de Zeus.
Las dos hermanas fueron separadas por la fuerza pese a los gritos desgarradores que se escucharon dentro del castillo Ío y los lamentos de quien fuera la princesa heredera al trono de Júpiter para que no la separan de su hermana.
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¡AMALTEA!
Los gritos de Makoto despertaron a Andrew de su profundo sueño, que al darse cuenta de que ella estaba teniendo una pesadilla la sacudió del hombro para despertarla.
—Mako. Mi amor. ¿Estás bien?
Makoto abrió los ojos dándose cuenta de que aquello sólo había sido una pesadilla, pero había sido tan horrendamente real que aún estaba asustada y sentía el corazón latiendo violentamente contra su pecho.
—Fue horriblemente real— Susurró mientras se sentaba en la cama dejando a la vista la mitad de su cuerpo desnudo.
—Sólo fue una pesadilla mi amor— Susurró Andrew en su oído mientras la rodeaba en un abrazo.
Habían pasado ya tres días desde que Makoto y Andrew se habían encontrado de nuevo y ella le hubiera confesado sus sentimientos por él y sus secretos. Después de aquella revelación, ella no había aceptado su propuesta de irse de Japón, pero tampoco se había negado a vivir su propia historia de amor con él aunque tuviera que ser en la clandestinidad por el peligro que a Andrew acechaba.
En esos días ella no había regresado a su casa pues no había necesidad de ello, en primera porque se había atravesado el fin de semana, y en segundo lugar porque se había tomado el lunes para terminar de recuperarse.
Aquellos tres días, pese a seguir enferma, habían sido los mejores en muchos meses. Se la había pasado vestida con camisetas y pijamas de Andrew, comiendo comida a domicilio que él encargaba y casi siempre en cama con él a su lado.
Desde el primer día habían dormido juntos, sin embargo los dos primeros nada había pasado de unos besos, abrazos y caricias pues ella seguía sintiéndose débil; sin embargo, la noche anterior, luego de que hubiera habido una mejoría en su estado de salud; los besos habían sido muy distintos a los del primer día, y habían terminado dándole rienda suelta al ardiente deseo que por meses habían estado conteniendo al haberse distanciado por mal entendidos y por los miedos de ella.
Después de haberle confesado su secreto, Makoto no había vuelto a tener ninguna pesadilla y creía que tal vez eso se debía a que contarle lo que callaba le había quitado un peso de encima, sin embargo, ¡Ahí estaban de nuevo las pesadillas! ¡Persiguiéndola! ¡Atormentándola!
—Te vas a hartar de escucharme gritar a diario— Susurró ella con pena— Esto es habitual en mi vida
—Te juro que no— Le prometió él— Además quiero estar a tu lado para despertarte cuando tengas un mal sueño.
Pese a que Makoto no lo necesitaba para que la protegiera pues era ella quien tenía poderes; desde que tenía pesadillas no le gustaba dormir sola, por lo que le proporcionaba tranquilidad dormir a su lado sabiendo que él estaría ahí para despertarla cada que tuviera un mal sueño, así que de nuevo volvió a acostarse y se sintió reconfortada al quedarse dormida de nuevo sintiendo la calidez de su pecho desnudo y sus brazos.
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Horas después de que se volviera a quedar dormida, el ruido del despertador puso fin al placido sueño de Makoto, que al abrir los ojos se dio cuenta de que Andrew no estaba en la cama. Se puso de pie, tomó la camisa de él que estaba tirada en el piso desde la noche anterior para cubrir la desnudez de su cuerpo y después salió de la habitación encontrándose con que el departamento además de estar limpio estaba en orden salvo por una que otra cosa que estaba fuera de su lugar, y sonrió al suponer que aquel esmero en las labores domésticas por parte de él eran para agradarla a ella.
Sabía que se encontraba en la cocina, pues percibió el embriagante aroma del café proveniente de aquel lugar de la casa, pero cuando estaba pensando en dirigirse hacia allá para preparar el desayuno miró salir a Andrew cargando una charola con dos platos en los que había un par de sandwiches y dos tazas de café
—Vaya. Nunca esperé que empezaras a tomarle gusto a las labores domésticas— Dijo Makoto rompiendo el silencio.
Andrew dejó la charola del desayuno en la mesa, se acercó a ella y la atrajo hacia él rodeándola de la cintura.
—Por ti vale la pena esforzarse. Hasta podría aprender a hacer algo más que sandwiches. — Le susurró Andrew al oído haciendo que a ella se le erizara la piel y se le despertara de nuevo el deseo— Por cierto. Te ves tan sexy con mis camisas
Sus labios se encontraron en un beso apasionado y olvidaron el desayuno, pero entonces el despertador los interrumpió y ella se separó de su lado.
—¡Es tarde!— Susurró Makoto— Esa es la segunda alarma para cuando no me despierto a la primera. No puedo faltar también hoy a clases.
—Lo entiendo— Dijo Andrew, aunque había otra parte de su cuerpo que no lo entendía— ¿Puedo pasar por ti a la preparatoria? Hoy no tendré práctica de hospital y creo que ya no voy a volver al crown.
—¿Renunciaste?
—Pedí permiso para faltar dos semanas porque estoy saturado de tareas y exámenes, pero ya estoy a menos de un mes de graduarme así que veo poco probable que vuelva y si lo hago ya será por poco tiempo en lo que encuentro trabajo en un hospital. ¿Puedo pasar por ti entonces?
—No creo que sea buena idea— Dijo Makoto— Recuerda que ahí estudian las chicas y...
El ruido del móvil de Makoto interrumpió la charla. Era una llamada de Ami, así que rápidamente contestó mientras le hacía una seña a Andrew pidiéndole que guardara silencio.
—¿Ami?... Me quedé dormida... ¿Qué? ¿Y eso por qué?... Bueno. Gracias por avisar.
—¿Sucede algo?— Preguntó Andrew cuando Makoto puso fin a aquella llamada.
—Están suspendidas las clases en la preparatoria— Dijo Makoto— Ami siempre llega antes de la hora de entrada, y dice que se suspendieron las clases. Es tan extraño.
—Vaya que lo es.— Dijo Andrew— Bueno. ¿Y qué quieres hacer? Yo si tengo que ir a la universidad. Puedo llevarte a tu casa, pero también puedes quedarte aquí y vamos a comer cuando regrese
—Me quedo— Respondió Makoto, que después le echó los brazos alrededor del cuello y se acercó a sus labios para darle un tierno beso; sin embargo, las ansias de recuperar el tiempo perdido en que estuvieron distanciados provocaron que se olvidaran del desayuno, y que a Andrew por primera vez no le importara faltar a una de sus clases; y así, tal como la noche anterior, la ropa fue cayendo al piso, pero en esta ocasión terminaron saciando sus deseos carnales en el sofá de la sala.
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—¿Pasa algo contigo, Andrew?— Preguntó Darien a su amigo luego de que el doctor que impartía la asignatura de farmacología diera por finalizada la clase.
Andrew trató de disimular el reciente desprecio que estaba naciendo para aquel que durante casi cinco años de carrera universitaria consideró su mejor amigo. Ganas no le faltaban de partirle su linda cara y reclamarle que estuviera tan cómodo esperando la llegada de un futuro en el que su adorada Makoto tendría que renunciar a sus sueños para servirlo a él y a Serena; pero luego se dijo así mismo que otra cosa no se podía esperar dado que el muy cobarde por obtener su trono incluso estaba dispuesto a sacrificar a la mujer que verdaderamente amaba, la cual siempre supo no era Serena.
—No.— Respondió— ¿Contigo sí, Darien?
Su amigo lo miró asombrado por aquella actitud.
—Vaya, para haberte reconciliado con Reika vienes de un humor— Dijo Darien, y ahora el sorprendido fue Andrew— Lo sé. Todos lo sabemos... No llegaste a la primera clase y entraste diez minutos tarde a la segunda... y vaya que te dejó marcado— Se burló Darien señalándose el cuello.
Andrew recordó entonces que aquella mañana al verse en el espejo del baño descubrió que tras su noche de pasión, Makoto le había dejado marcas en el cuello , de las cuales se había olvidado después.
—No fue Reika.— Dijo Andrew
—¿No?— Preguntó Darien sorprendido— Vaya. Nunca creí que algún día terminarían una relación de tantos años.
—Pues aunque no lo creas acabó— Respondió Andrew secamente— No soy un cobarde para quedarme con una mujer que ya no amo sólo porque tuvimos una historia de amor en el pasado.
Andrew notó desencajado el rostro de su mejor amigo
—Tenían tanto tiempo juntos que no me lo creo— Dijo Darien
—No existe nada que nos tenga atados a una persona. Ni hilos rojos, ni destino ni ninguna tontería de esas— Dijo Andrew— Todos tenemos la capacidad de decidir con quien estar, así que no voy a joderle la vida a Reika ni me la voy a joder a mí mismo quedándome en una relación donde ya no hay amor para luego ir engañándola con toda la que se me ponga enfrente por la frustración de estar con quien no quiero.
—Oye. Una infidelidad no significa que no haya amor.
—Claro— Respondió Andrew— No lo decía por ti. Yo sé que tú adoras a Serena. Y por cierto, hablando de Serena ya van a ser las graduaciones. ¿De casualidad no me vas a dar dinero para que vaya a comprarle un regalo? Ya sabes, mi hermana también se va a graduar de la preparatoria y como quiera tengo que ir a buscarle un regalo. Esta vez le compraré lo mismo que a Unasuki.
Darien iba a responder pero entonces la charla quedó inconclusa con la llegada del doctor que impartía la asignatura de Neurología.
—Buenos días jóvenes— Saludó el profesor— Vengo a informarles que por causas de fuerza mayor la clase queda suspendida el día de hoy. Ha ocurrido un incendio en una de las estaciones de tren de Juuban y hay cientos de heridos de gravedad. El personal médico no se está dando abasto así que se requiere el apoyo de los estudiantes de los últimos semestres. A continuación los iré nombrando por orden de lista indicándoles el hospital a donde se deberán presentar a dar su apoyo.
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Después de escuchar su nombre seguido del hospital a donde debía dirigirse a prestar su apoyo, Andrew salió de la universidad para dirigirse a su destino. Bien le habría gustado regresar a su departamento a pasar el resto del día con Makoto, pero al elegir formarse como médico había estado consciente de que en medio de una catástrofe, epidemia o accidente de tal magnitud debía sacrificar su tiempo libre en beneficio de salvar la mayor cantidad de vidas posible, así que después de marcarle a Makoto un par de veces se dio por vencido y le dejó un mensaje de voz para explicarle lo sucedido.
Al llegar al hospital y bajar del auto, se dio cuenta de que había más afectados de los que imaginaba, pues incluso afuera había camillas improvisadas donde personal de enfermería, estudiantes de medicina de distintas universidades, médicos generales e incluso médicos de distintas especialidades estaban avocados en atender a los heridos
—¡Furuhata!— Escuchó una voz conocida tras de él que ahora sonaba agitada, y al voltear hacia atrás se encontró con el jefe de epidemiología del hospital que ya conocía.
—¡Doctor Yamamoto! ¿Estaremos atendiendo a los heridos aquí afuera?
—Tú no— Respondió el doctor— Dirígete al quinto piso. Cuando llegues allá te diriges a la doctora Mizuno. Ella te asignará los pacientes a tu cargo.
Le pareció extraño que lo mandaran al quinto piso del hospital cuando era evidente que hacían falta manos atendiendo a los heridos que iban llegando; pero dado que aún no era médico como tal y le faltaba un largo camino para llegar a tener la experiencia del doctor Yamamoto no lo cuestionó y con prisa se dirigió al interior del hospital. Al entrar miró que el elevador estaba por cerrarse, pero alcanzó a entrar encontrándose con la doctora Mizuno, así como con una señora rubia de ojos azules que debía rondar los cuarenta años y un anciano que se miraban visiblemente afectados, aunque no le tomó importancia pues ya se había acostumbrado a ver familiares de pacientes llorando en los alrededores del hospital.
—Buenos días— Saludó Andrew.
—¿Qué haces yendo al quinto piso, Furuhata?— Cuestionó la doctora Mizuno— ¿No deberías estar abajo apoyando con los heridos del tren que van llegando?
—El doctor Yamamoto me dijo que subiera al quinto piso y que preguntara por usted. Que debía ir a apoyarla con los heridos que están en el quinto piso
La doctora Mizuno se quedó desconcertada ante la respuesta de Andrew.
—No se está trasladando a ninguno de los heridos al quinto piso— Respondió la doctora.
—¿Qué?— Interrumpió la mujer rubia de ojos azules— Hace una hora recibí una llamada donde me decían que mi hija estaba en el tren y que la habían trasladado a este hospital. Cuando llegué me dijo la recepcionista que subiera al quinto piso porque ahí estaba internada.
—También yo recibí una llamada y me dijeron que mi nieta había sido trasladada a este hospital porque sufrió un accidente en el incendio del tren y al llegar me dijeron que subiera al quinto piso— Comentó el anciano preocupado.
—¿Traen sus pases de visita?— Preguntó la doctora Mizuno.
La mujer rubia y el anciano se miraron desconcertados, lo mismo Andrew y la doctora Mizuno que no entendían como el guardia de seguridad había dejado subir a aquel anciano y la mujer rubia al elevador sin su pase.
—¡Esperen!— Gritó el anciano— ¿No les parece extraño esto? ¡Mi nieta no usa el tren! Siempre que va a casa la lleva el chofer de mi ex yerno.
Andrew, la doctora y la otra mujer ignoraron al anciano; pero entonces, al llegar al quinto piso el elevador no se abrió como era de esperarse; y entonces aquel anciano al que habían ignorado comenzó a gritar desesperado.
—¡Vamos a morir!— Gritó asustado—El kami me lo ha revelado ¡Vamos a morir y ese será el castigo para las princesas!
—¡Señor, relájese!— Dijo Andrew tratando de calmar al anciano. Supuso que quizá estuviera siendo preso de un ataque de pánico al estar encerrado o que tal vez no estuviera bien de sus facultades mentales, pero entonces el anciano lo miró fijamente.
—¡Tú! ¡Escúchame bien porque tengo algo que decirte!
—¡Furuhata, se me está desmayando la señora!— Escuchó de pronto la voz histérica de la doctora Mizuno tras de él, y al voltear se percató de que la mujer rubia estaba teniendo un sincope mientras la doctora hacía esfuerzos por sostenerla y que no se le cayera al piso.
Andrew inmediatamente cargó en brazos a la mujer rubia, pues el espacio era muy reducido. para acostarla en el piso. La situación era desesperante, pues la mujer parecía que en un momento perdería la consciencia, nadie llegaba a abrir el elevador pese a que habían pulsado el botón de emergencia y el anciano no paraba de gritar cosas sin sentido pese a que la doctora Mizuno ya le había gritado que guardara silencio.
De pronto el elevador comenzó a bajar para sorpresa de Andrew y la doctora, excepto del anciano que gritaba ¡Se los dije!, y por fin la puerta se abrió para llevarlos a la morgue del hospital.
Por supuesto no dudaron en salir, pero entonces la señora rubia perdió el conocimiento
—¡La señora perdió el conocimiento!— Exclamó Andrew, pero entonces tras de si escuchó un golpe seco y al voltear hacia atrás vio caer al piso a la Doctora Mizuno.
Andrew acostó a la mujer rubia en el piso. Su nivel de estrés estaba al máximo al tener a dos mujeres desmayadas, a un anciano gritando cosas sin sentido y a ningún médico o cualquier persona cuerda que pudiera ir por ayuda, pero debía mantener la sangre fría , decidir en cual de las dos poner sus esfuerzos para salvarle la vida, así que sin pensarlo mucho decidió hacerle la reanimación cardiopulmonar a la doctora.
—¡Déjalas ya y corre por tu vida!— Exclamó el anciano— ¡No vas a salvar a ninguna! ¡Van a morir! ¡Todos vamos a morir y tú eres el único que puede salvarse si es que aún no termina tu buena suerte!
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Después de que Andrew se fuera a la universidad, Makoto había estado de ociosa un par de horas mirando la televisión, sin embargo, al acercarse la hora en que él debía volver a casa se le ocurrió que quería tener un lindo detalle por las atenciones y los cuidados que había tenido para con ella en los últimos días, así que decidido preparar una deliciosa lasagna y un pay de manzana con canela para sorprenderlo con una deliciosa comida cuando llegara, después se había metido a duchar, se vistió con su vestido verde que Andrew ya le había lavado, se puso un poco de perfume de rosas que siempre cargaba en su bolsa, dejó suelto su largo cabello, se puso aquel dije que él le había regalado en su cumpleaños y se retocó el maquillaje, pues quería verse linda cuando él llegara; sin embargo, pasó media hora, una hora y se quedó dormida en el sofá esperándolo hasta que una risa femenina y macabra la despertó de su sueño.
—¡Qué romántico! La esclavita de Júpiter cocinó para su amado.
—¿Quién eres y qué demonios quieres?— Preguntó Makoto tratando de disimular el terror que sentía.
—¡Qué dejes de ser una insolente y aceptes tu destino! ¡Me perteneces!— Le respondió aquella voz macabra— Aunque pronto puedo tomarme la vida de tu querido Andrew o hacer que su vida sea más miserable que la tuya... la buena suerte no le puede durar para siempre.
NOTAS DE AUTORA:
¡Hola! Bueno, al fin terminé este capítulo que me costó mucho sacar porque me pasaron unas cosas que para que les cuento.
Abel Gregov: Si no te has puesto al día con mis otras historias pues ni te apures, porque la de EL NOVIO DE MI HERMANA va lenta porque todas mis energías están enfocadas a esta; en cuanto a la de RETANDO AL DESTINO, creo que la voy a borrar porque tomé muchos elementos que utilicé para esta. Por cierto, que bueno que te guste lo de la tiara, úsalo con confianza, jeje. Sobre la pequeña arma de destrucción masiva, ahí anda. Y bueno, te diré, yo de algunas cosas del anime no me acordaba, jeje, pero cuando empecé este fanfic me puse a investigar. Por cierto. Ya te agregué a fb, te mandé solicitud del perfil de mi negocio, jaja.
Aracox: Aquí está el capítulo que tantos dolores de cabeza me costó. Ya me dirás que tal quedó, jejeje.
OpaloHope: Espero te agrade este capítulo. Saludos.
PattyKino: Gracias por leer y por tus votos en wattpad.
Ahora sí.
Saludos y nos vemos.
Eddythe
