EL SECRETO DE SAILOR JUPITER
CAPITULO 31
SACRIFICIO DE AMOR
P.O.V. MAKOTO
—¿Y cómo la pasó mamá durante el embarazo?— Le pregunta mi niña a mi querido Andrew— ¿Cuándo empezó a quererme?
Quiero decirle que la amé desde que supe que se estaba formando en mi vientre, aún cuando lo primero que me pasó por la mente fue interrumpir mi embarazo, sin embargo, desde esta dimensión en que me encuentro atrapada no escucha mis palabras.
—Hubo momentos buenos y malos— Le responde mi amado a nuestra hija— Al principio ella estaba muy deprimida y asustada, pero no porque no te amara. Tenía miedo de que heredaras sus poderes, de que te arrebataran de nuestro lado. Yo también me asustaba cuando pensaba en la posibilidad de que les hicieran daño, pero ella era la que estaba viviendo el embarazo, así que no quería darle preocupaciones y trataba de aparentar tranquilidad.
Andrew hace una pausa, y nuestra hija lo mira atenta.
—Pero cuando se hizo a la idea de que sería madre, también hubo momentos felices en que parecía olvidarse de eso— Responde mi amado curvando sus labios en una sonrisa— Le hacía ilusión pensar en como serías, el momento en que pudiera cargarte en brazos. De hecho, en el diario te vas a dar cuenta que a partir de cierto momento las páginas iban dedicadas a ti.
Mi niña está a punto de preguntarle algo a su padre, pero entonces suena el timbre de la casa.
—Debe ser Aries— Responde alegre mi muchachita y camina a abrir, encontrándose con un atractivo joven tan parecido a Darien pero con los ojos color purpura como mi querida amiga Rei. Sin duda sé que es el hijo de Mars y de quien fue el principe Endimion.
El hijo de Mars saluda a mi querido Andrew, y luego de que mi amado le da indicaciones y hace hincapié en que cuide a Midori, al fin los deja ir.
Mi amado Andrew se queda al pie de la puerta viendo como nuestra hija se aleja en el auto del heredero de la Tierra y Marte. Después cierra y entra a casa, y tras tomar su cartera que se encuentra sobre la mesa, la abre y observa dos fotografías que guarda en ella: Una es de nosotros juntos cuando yo ya estaba a un mes de dar a luz y mi embarazo ya era muy evidente, y otra es una fotografía de Midori cuando tenía siete años.
—¿Cómo ves, amor? Nuestra pequeña está enamorada. Ya es toda una señorita.
Me acerco a él y llevo una de mis manos a su rostro, pero no me siente.
P.O.V. ANDREW
Cuando veo alejarse el auto de Aries llevándose conmigo a mi pequeña princesa, cierro la puerta y tomo mi cartera que se encuentra sobre la mesa. La abro y observo dos fotografías que guardo ahí: En una aparecemos mi amada Makoto y yo cuando a ella ya le faltaba un mes para dar a luz y su embarazo ya era evidente, y la otra es una fotografía de nuestra niña cuando tenía siete años.
—¿Cómo ves, amor? Nuestra pequeña está enamorada. Ya es toda una señorita.
Me encantaría tanto que mi Makoto hubiera estado a mi lado todos estos años para educar y ver juntos crecer a nuestra niña; sin embargo, de pronto siento un pequeño toque eléctrico en una mejilla que me hace sonreír y pensar que de alguna manera siempre ha estado presente en mi vida.
Me acerco a una de las paredes que se encuentra llena de fotografías de Midori a lo largo de sus diecisiete años de vida, y de pronto, me viene a la mente uno de aquellos momentos en que Makoto estaba tan desesperada por interrumpir su embarazo creyendo que era lo mejor para nuestra princesa.
17 años atrás...
—¡Pues busquemos otro médico!— Exclamó Makoto desesperada mientras caminaba de un lado a otro dentro de la habitación del hotel.
—¡No!— Le respondió Andrew tajantemente. Pues si bien al principio, creyendo que Makoto tenía menos semanas de embarazo había accedido a que se practicara un aborto por suponer que era lo mejor para esa pequeña que aún no nacía, al saber que en realidad tenía más tiempo de lo que pensaban y sabiendo como médico los riesgos, había pasado a oponerse rotundamente.
Makoto abrió la puerta corrediza de la habitación que daba hacia el balcón, y Andrew, como si tuviera miedo de que ante la desesperación hiciera una locura, fue tras ella, aprisionándola entre sus brazos mientras ella lloraba desconsoladamente y ambos miraban hacia el precipicio recargados en la pared de ese balcón que se encontraba en el tercer piso y del cual se podía apreciar la belleza de la ciudad.
—Ni siquiera te atrevas a pensarlo— Le susurró él tocando su vientre.
Él la obligó a girarse, y entonces él la estrechó con fuerza entre sus brazos.
—Tengo miedo— Respondió ella— Sabes que es lo mejor para esta bebé.
—Yo también tengo miedo— Susurró él— He tenido miedo desde que estábamos en Japón y supe que mataron a Hiroto y te lastimaron por haber tenido una relación con él. Y ahora también tengo miedo de que intentes hacerte daño a ti misma. Tengo miedo de perderte, Makoto. No hay nada que me de más miedo que pensar en perderte, y por eso me opongo a que sigas con esa idea del aborto.
Makoto levantó su mirada, y entonces se percató de que un par de lágrimas escapaban de los ojos de su amado, así que llevó sus manos al rostro de él para limpiárselas.
—¿A qué le tienes miedo, cariño?— Le preguntó él
—A perderte— Susurró ella— A perderte a ti o a condenar a nuestra niña a la desgracia.
Andrew acarició una de sus mejillas, y después besó con ternura la frente de ella.
—¿Me amas?— Le preguntó él
—Que pregunta tan estúpida— Río ella pese a estar asustada— Por supuesto que te amo. ¿Sino porque estaría contigo?
—¿Y no te da miedo que sea infeliz?
Makoto asintió
—Pues me vas a hacer muy infeliz si llega a pasarte algo— Susurró él— El día que supe que estabas en casa de las outher creí que me volvería loco de sólo pensar que algo te pasara. Así que si te haces daño a ti misma moriré de dolor.
—No pensaba suicidarme, tonto. Sólo quería respirar un poco de aire— Le respondió ella para tranquilizarlo.
Andrew acunó el rostro de ella entre ambas manos.
—Te juro que voy a cuidar siempre de ti y de nuestra pequeña princesa—Le dijo él— Para protegerte a ti es que aprendí a usar armas y explosivos, y por nuestra niña voy a aprender a crear algunos más letales.
—Andrew
—Por favor, júrame que nunca volverás a hacer nada que te ponga en peligro— Le pidió él en tono suplicante.— No soportaría perderte.
—Te lo juro— Respondió ella conmovida.
P.O.V. MAKOTO
—Ay, Makoto, y de no ser porque me diste la dicha de ser padre si que me hubiera vuelto loco cuando te perdí— Susurra mi amado creyendo que no lo escucho.
No miento. Ese día después de regresar de la clínica, en verdad me pasó por la mente terminar con mi vida en caso de no encontrar un médico que pese a los riesgos me hiciera un aborto, y si bien a lo largo de mis dieciocho años nunca había tenido pensamientos suicidas a pesar de que a tan corta edad ya había pasado por muchas cosas tristes; en esa ocasión era distinto, pues tenía miedo de que naciera mi bebé y que llegara el momento en que por culpa de ese juramento que había hecho en el Milenio de Plata tuviera que elegir entre condenar a mi amado o a nuestro retoño, así que creí que la solución era el suicidio, pues suponía que así salvaría a Andrew y de paso a mi niña al evitarle la desgracia de nacer; y si bien ese día no pensaba tirarme del tercer piso del hotel, si pensaba acabar con mi vida en algún momento en que Andrew no estuviera ¡Pero oh! ¡Qué equivocada estaba!, pues el suicidio no era opción en aquel maldito juramento que hice para salvar el alma de mi amado Andrew.
17 años atrás...
Después de aquel día en que Makoto le prometiera a Andrew no atentar contra su vida, ella se esmeró en hacerlo feliz en la medida en que se pudiera y mostrarse tranquila. Procuraba alimentarse con comida que Andrew le traía o en restaurantes locales a los que iban a comer, a diario salían a recorrer la ciudad, y de vez en cuando, Andrew también empezaba a hablar de planes a futuro donde ya se visualizaban como una familia de tres; cosa que le rompía el corazón a Makoto, pues sabía que de nacer su hija, antes de que esta cumpliera el año tendría que decidir a quien sacrificar, algo de lo que por desgracia no podía hablar con nadie, y la razón por la que a sabiendas de que le causaría un gran dolor a su amado si moría, Makoto no desistió de la idea de abortar, así que aprovechando los pocos momentos en que se quedaba a solas en la habitación del hotel, se dio a la tarea de hablar a distintas clínicas donde interrumpían embarazos; sin embargo, al pasar de los días y darse cuenta de que ningún médico lo haría por los riesgos que implicaba, decidió que pondría fin a su vida para salvar a su amado y a su bebé.
Finalmente, aquel día en que cumplían dos semanas de haber llegado a Londres, Makoto decidió que sería el último día de su vida, por lo cual, desde que despertaron, estuvo dulce y cariñosa con Andrew, demostrándole cuanto lo amaba para que cuando se enterara de su muerte, él no se sintiera culpable.
Esa mañana, Makoto fue la primera en despertar. Estaba tan desnuda como él luego de una larga noche de pasión, y aún entre sus brazos.
Levantó su rostro, contemplando aquel cabello rubio que tanto le gustaba, y entonces él abrió sus ojos y sus miradas se encontraron.
—Así quiero despertar todas las mañanas del resto de mi vida—Le susurró él
A Makoto se le estrujó el corazón al escucharlo decir aquello, pero sonrió y después besó tiernamente sus labios, hasta que de nuevo se hizo presente la chispa de la pasión y dieron inicio a ese día haciendo el amor.
Después de ducharse juntos, salieron del hotel. Fueron a desayunar a un restaurante de comida tradicional inglesa, recorrieron un par de lugares turísticos, y al caer la noche, regresaron a la habitación y pidieron hamburguesas para cenar en la privacidad de esas cuatro paredes.
—No podemos vivir todo el tiempo en un hotel— Dijo Andrew — ¿Qué te parece si mañana vamos a ver departamentos en renta?
—Me encanta la idea—Respondió Makoto.
Después de cenar, estuvieron viendo películas un rato, más tarde, siguieron hablando de planes a futuro, hasta que una cosa llevó a la otra, y terminaron haciendo el amor antes de dormir. Sin embargo, pese a que casi siempre era Makoto quien solía dormirse primero, aquella noche fingió dormir. Cuando se cercioró de que su amado ya dormía, se puso de pie, y tras vestirse y tomar su bolsa, decidió salir de la habitación, no sin antes, acercarse a Andrew y verlo por última vez.
—Perdóname— Susurró en silencio.
P.O.V. MAKOTO
Quería ponerle punto final a mi vida en un lugar que no fuera la habitación para que cuando me encontraran muerta no llegaran a pensar ni por un momento que Andrew me había hecho daño, así que tras salir, tomé el elevador y me dirigí a la primera planta de aquel edificio de hoteles y después caminé con rumbo a los baños que se encontraban a unos pasos de la piscina que a esa hora estaba sola.
17 años antes...
Era de madrugada, así que no había nadie más en el área de la piscina, y por supuesto tampoco en el baño que se encontraba a unos cuantos pasos, que era donde pretendía acabar con su vida.
Al entrar al baño, el cual era una larga habitación con retretes individuales cada uno con su propio cuarto, cerró la puerta por dentro, y apoyándose en el amplio lavabo, se tomó el tiempo de escribir una carta póstuma a su amado que firmó como Lita Miller, que era la identidad que estaba usando al haber llegado a Londres.
¡Por supuesto que le dolía saber que con su muerte y la de su hija le iba a causar un gran dolor a Andrew! Pero creía que era preferible que sufriera un tiempo por su perdida y la de aquella hija que esperaba con tanta ilusión, pues aunque era horrible, las otras dos opciones eran peores: Una de ellas era entregar a su hija a la dinastía lunar para ser educada como senshi al servicio de la familia real de Tokio de Cristal, algo que por supuesto tanto a ella como a Andrew les parecería aberrante; y de no querer, las otras dos opciones eran decidir entre asesinar a su hija antes del año de nacida o asesinarlo a él y condenarlo a tener una vida miserable y una muerte cruel en cada una de sus siguientes reencarnaciones; así que con el dolor de su corazón, y también el miedo a morir, decidió acabar con su vida llevándose con ella a la hija de ambos que aún estaba en su vientre.
Así pues, sacó la navaja que siempre cargaba en su bolsa, sin embargo, cuando estaba a punto de clavarla en su pecho, escuchó dentro del baño aquella risa siniestra que hace muchos meses no escuchaba, para ser precisa, desde que supo que Andrew tenía una protección que lo hacía inmune al ataque de las sailors.
—¡Hazlo, Júpiter! ¡Hazlo maldita esclava, pero no te olvides que tu amado perderá su invulnerabilidad al ataque de quienes tienen poderes y estarás condenándolo a sufrir eternamente en sus próximas reencarnaciones.
—¡No quedamos en eso!— Le respondió Makoto con furia, tratando de que no se le notara el miedo.
—¿A no? ¿Entonces en qué quedamos, esclava tonta?
—Quedamos en que si tenía una hija con el hombre que amo debía entregarla a la dinastía lunar para ser entrenada como senshi y servir a la corona, o sino decidir entre sacrificar a la hija que llegue a tener o al hombre que amo— Susurró Makoto— ¡Pero no tengo hijas!
—¿Ah no?— Respondió aquella voz— ¿Acaso ese revoltoso no es el padre de esa esclava que llevas en tu vientre y que me pertenece?
—¡Es sólo un embrión, estúpida!— Le gritó queriendo que perdiera el interés en su pequeña. No quería condenar a su hija a ser esclava de la dinastía lunar, ni traerla al mundo para después verse en la horrible encrucijada de tener que elegir entre ella o Andrew.
—¡No puedes decidir antes de que nazca!— Exclamó aquella voz burlándose de su desgracia—Si lo haces, estarás condenando a tu amado. Pero cuando nazca tendrás un año para que decidas si entregas a la bastarda o si prefieres no hacerlo y decides matarla a ella o a ese revoltoso que siempre está dando problemas.
De pronto dejó de escuchar aquella voz, pero estaba tan asustada que desistió de la idea de acabar con su vida por miedo a que estuviera en lo cierto. Desconsolada al saber que el momento de decidir entre las dos personas que más amaba se acercaba a pasos agigantados, comenzó a llorar desconsoladamente, y sintiéndose derrotada se sentó en el piso de mármol del baño, abrazándose a sus piernas mientras lloraba.
¡Era injusto! Era injusto y horroroso que en vez de poder evitarle a su hija tener que nacer para vivir con la posible desgracia de ser una sailor, tuviera que traerla al mundo y tener que elegir entre ella o Andrew.
A su mente, vino aquel recuerdo de su otra vida donde hizo un pacto con la diosa para revertir la maldición que la malvada reina Serenity le había lanzado a su amado, y entonces, pese a que poco sabía de invocar a dioses o como rezar, comenzó a implorar ayuda a la diosa de la muerte.
—¡Diosa Perséfone, por favor no me hagas esto!— Suplicó— ¡Hotaru, ayúdame!
No esperaba obtener una respuesta de la diosa, ni de Hotaru, pero entonces escuchó la voz de Sailor Saturn.
—Te dije que no te embarazaras
Inmediatamente levantó su vista y la vio frente a ella transformada en sailor.
—¡Hotaru! ¡Me cuidé! ¡Nos cuidamos! ¡Andrew se hizo la vasectomía y yo seguí cuidándome hasta que se confirmó que ya era estéril!— Exclamó— ¡Por favor! Si cuando nazca mi niña tengo que elegir entre ella o Andrew prefiero matarme para impedir que nazca. ¡Dime que es posible!
Hotaru negó moviendo la cabeza de un lado a otro. La miró con lástima y se acercó a ella estrechándola en un abrazo.
—Lo lamento tanto, Mako— Susurró— Quisiera hacer algo por ti pero no puedo.
—¡Por favor, Hotaru! ¡ Tiene que haber una forma! ¡Eres una intermediaria entre la diosa Perséfone y yo! ¡Por favor!
De pronto Hotaru se separó de Makoto y comenzó a levitar, sus ojos se tornaron completamente blancos y después de un rojo intenso.
—¿Qué quieres de mí?— Susurró con una siniestra voz que no era la de la dulce Hotaru ni Sailor Saturn
—¡Diosa Perséfone!— Exclamó Makoto postrándose ante ella— ¡Diosa Perséfone! ¿Eres tú? ¡Por favor te suplico que me ayudes! ¡No puedo ni quiero elegir entre sacrificar a mi niña o al hombre que amo! —Suplicó Makoto llevándose las manos al vientre— ¡Tiene que haber una forma! ¡Los amo a los dos!
—¿A que estarías dispuesta por salvarlos?
—¡A lo que sea por tal de salvar al hombre que amo y a mi niña!— Respondió con desesperación
P.O.V. ANDREW
Aprovechando que mi niña hoy regresará tarde y que no tengo que trabajar, salgo de casa, subo a mi auto y me dirijo al cementerio a visitar a mi amada. Por alguna razón, a mi mente viene el recuerdo de aquel día cuando en medio de la madrugada desperté sólo en la habitación del hotel y tuve el mal presentimiento de que intentaría quitarse la vida, algo que varios minutos después comprobé que no era así porque ella tenía muchas ganas de vivir pese a todo lo que habíamos pasado desde que salimos huyendo de Tokio.
17 años atrás
Andrew abrió los ojos dándose cuenta de que Makoto no estaba a su lado. Supuso que quizá estaba en el baño, pero de pronto, al recorrer el piso con su mirada y ver que en la alfombra sólo estaba tirada la ropa que hasta hace pocas horas él vestía pero no la de ella, tuvo un mal presentimiento e inmediatamente se puso de pie.
—¿Makoto?— La llamó esperando que respondiera desde el baño, pero no fue así.
Se asomó al baño y vio que no estaba, después se asomó al balcón y tampoco. Posó sus ojos en el reloj que se encontraba en la pared. Eran las 3:00 a.m. ¿A donde podría ir en ese momento?
Makoto tenía varios días que se mostraba más tranquila, incluso durante el día era la primera vez que la miraba un poco más feliz desde que llegaron, pero de pronto sintió miedo de que algo le sucediera, así que rápidamente se vistió y salió de la habitación para ir a buscarla.
Al llegar a la planta baja preguntó al poco personal que estaba ahí si habían visto salir a una chica alta, de ojos verdes y cabello castaño; pero comenzó a desesperarse cuando le dijeron que no era así.
P.O.V. MAKOTO
—Vaya que me diste un buen susto ese día, mi amor— Susurra mi amado frente a la tumba donde enterró el que fue mi cuerpo terrenal durante mi reencarnación más reciente— Ese día creí que te perdía
Y si bien ese día intenté quitarme la vida creyendo que así lo salvaría a él y a nuestra hija, ese es un secreto que me llevé a la tumba, pues Andrew no llegó a saber que lo intenté, así como tampoco supo que Serenity apareció para atormentarme, ni que volví a ver a una Sailor, y mucho menos lo que esa noche hablé con la diosa de la muerte y la sailor que la representa.
17 años atrás...
Después de que la diosa abandonara el cuerpo de Sailor Saturn, esta dejó de levitar y cayó al piso, recuperando su tierna mirada y su dulce voz.
—¿Qué has hecho, Makoto?— Preguntó la senshi de la destrucción conmocionada y al borde de las lágrimas.
Makoto también lloraba, pero en su rostro tenía reflejada una expresión de paz y tranquilidad, como si de pronto le hubieran quitado un peso de encima.
—Lo sabes— Respondió Makoto— Y no quiero regaños
—¿Estás segura?— Le preguntó Hotaru tomándola del rostro y haciendo contacto visual con ella.
—Totalmente
Hotaru la abrazó y estalló en llanto.
—Sabes que aún puedes cambiar de opinión. ¿Verdad?
Makoto negó moviendo la cabeza de un lado a otro.
—No voy a cambiar de parecer
—Tengo que irme pronto.— Comentó Hotaru.
—Entonces hazlo ahora para que puedas irte— Dijo Makoto
Sailor Saturn posó su mano derecha sobre la frente de Makoto y la izquierda en el cristal de Saturno que llevaba colgado en el moño de su traje de sailor, y tras recitar unas palabras en una lengua inentendible, un resplandor color purpura iluminó el baño.
Una vez que la luz desapareció, Makoto susurró un "gracias", y de nuevo las dos se fundieron en un abrazo.
—Te estaré esperando hasta entonces— Dijo Makoto
—Cómo me encantaría no tener que volver a verte— Comentó Hotaru con una mezcla de cariño y tristeza.
Una vez que la senshi de la muerte desapareció, Makoto rompió aquella carta póstuma que había escrito y la tiró por uno de los retretes. Después guardó la pluma y su navaja en la bolsa y salió del baño con la intención de regresar a la habitación que compartía con Andrew, a los brazos de su eterno amor; sin embargo, le sorprendió verlo en la planta baja a tan altas horas de la madrugada hablando con uno de los empleados del hotel.
—Andrew— Susurró ella
El giró sobre su eje, y Makoto se percató de como su mirada parecía iluminarse antes de llegar en pocas zancadas a su lado y abrazarla.
—¿Dónde estabas, tonta? Me preocupaste— Preguntó él conmocionado
—Tu hija tenía hambre pero no contestaban en la cocina del hotel y decidí bajar, pero ya está cerrado— Mintió Makoto curvando sus labios en una sincera sonrisa, pues ahora en verdad se sentía feliz y plena.
Andrew acarició una de las mejillas de su amada, y sonrió al escuchar que ella estaba recuperando el apetito y que hablaba con más entusiasmo de la hija que esperaban.
—Me hubieras despertado para venir contigo
—Parecías descansar tan tranquilo que no quise hacerlo
Andrew rodeó la cintura de ella con sus brazos, y la besó con ternura en la frente.
—Aquí a dos calles hay un restaurante de comida típica inglesa que abre las veinticuatro horas— Comentó él— ¿Vamos?
Pese a que Makoto había mentido al decirle a Andrew que había bajado en busca de comida, en cuanto él le propuso ir al restaurante que estaba cerca, escuchó su estómago gruñendo.
—Vamos
Andrew la tomó de la mano, y juntos salieron del hotel para dirigirse al restaurante, donde Makoto, por primera vez desde de que habían llegado a Londres comió por verdadero placer y no por obligación.
—Me encanta verte feliz— Le comentó él que estaba sentado a su lado, comiendo pese a no tener hambre sólo para que Makoto se sintiera acompañada.
—Tú me haces feliz. Te amo— Susurró Makoto mirándolo con ternura y acercándose para besarlo en la mejilla.
¡Hola!
Pues bien. Ya terminé un capítulo más. ¿Qué les pareció?
Hospitaller Knight: ¡Bienvenida a este fanfic! Te agradezco mucho por leer y por los reviews que me vas dejando. Sé que al momento que suba este capítulo es probable que todavía no llegues aquí, pero igual quería dejarte agradecimiento como hago con cada lector.
Aracox: Es que la verdad si me parecía ilógico que después de que Andrew usara explosivos contra ellas no se murieran. Digo, como quiera que sea son humanas, pero también es cierto que en dos ocasiones revivieron en el anime y nunca se explica porque, bajo que condiciones o si hay un número límite para revivir, así que dije ¿Por qué no? ¡Qué las mate! Y que luego las inner las revivan... y claro, ya explicaré porque reviven, bajo que condiciones y porque está vez no volvieron bien, jajaja.
Marijo San Lucar: Mira, la neta si hubiera sido ilógico que después de un ataque de bomba y el disparo que le metió Andrew a Michiru no se murieran, pero dado que en el anime en dos ocasiones reviven (nunca explican bajo que condiciones o si hay un número límite), dije ¿Por qué no? Y por supuesto más adelante se va a explicar porque revivían, bajo que condiciones y porque esta vez no quedaron bien como en las otras ocasiones, y por supuesto que va a haber masacre, pero eso es casi parte del final, del cual estamos cerca.
Clarissa De Shields: Pero por supuesto que Darien es un descarado y no se merece que ni ella ni sus hijos le den la hora, pero ya saldrá ese tipo para saber que onda con él, y por supuesto haré un spinoff de la relación de ellos dos y porque no están juntos. Y por cierto, gracias por leer el spinn off AROMA A ROSAS.
OpaloHope: Yep, decidí eso porque mira. Por un lado suena ilógico que después de lo que les hizo Andrew no se murieran, después de todo ellas si son humanas, pero por otro lado en el anime revivieron en dos ocasiones; aunque nunca explicaban porque, si había condiciones o si había un número límite; y eso es algo que voy a explicar más adelante. Y en efecto, con el nacimiento de Midori, Makoto tenía que elegir entre sacrificar a su hija o a Adrew, uno de los dos debía morir, pero ya se explicará porque ellos dos están vivos y es ella la que muere.
Lectores fantasmas: Muchas gracias por leer. Como pueden ver, siempre contesto los reviews, así que si dejan uno les responderé.
En fin. Les mando saludos a todos.
Eddythe
