EL SECRETO DE SAILOR JUPITER
CAPÍTULO 35
QUE ME ALCANCE LA VIDA
P.O.V. ANDREW
—¡Papá, espera!— Me llama Midori desesperada mientras baja las escaleras.
—¿Ya se te pasó el berrinche?— Le pregunto mientras apresuro mi taza de café, pues aunque los sábados es raro que trabaje, tengo agendada una cirugía el día de hoy.
—¡No es berrinche, pero hablaremos de eso cuando vuelvas del hospital!— Exclama mi hija — Papá, anoche me desvelé y ya leí todo el diario de mamá. Llegué a la última página que escribio en el diario. ¿Por qué la última página tiene fecha del 5 de diciembre de 1998 si falleció meses después?
—Porque esa fue la última vez que escribio en el diario. Después ya no quiso escribir más en el diario.
—¿Por qué?— Me pregunta mi hija alterada— ¿No estaba feliz? ¿Ya comenzaba a mostrar señales de enfermedad? ¿Qué pasó ese día?
—No estaba enferma. Una semana antes de su cumpleaños número veinte nos hicimos estudios médicos y estaba bien— Le comento a mi hija— Creí que estaba feliz. Me dijo que era feliz. Se veía feliz. ¿Pero ahora entiendes porque te digo que creo que las outhers y la gata tuvieron la culpa de que se muriera?
—Claro— Responde mi hija— No es normal que una mujer sana de menos de veinte años compre un seguro funerario por si se muere y seguros de vida para dejar como beneficiario a su marido. Es como si hubiera estado preparándose para morir.
—Y eso no es todo— Le cuento a mi hija— Desde meses antes comenzó a tener comportamientos extraños
—¿Cómo qué?
—Pues, por ejemplo, su sueño era ser chef y no quiso entrar a la universidad. También le propuse que abriera una cafetería y no quiso.
P.O.V. MAKOTO
¡Y no andas tan errado, amor mío!
Si no quise entrar a la universidad ni abrir una cafetería fue porque sabía que mis días estaban contados y que el tiempo para que comenzara mi agonía se acercaba, así que quería disfrutar los días de felicidad que Sailor Saturn me había regalado antes de que la pesadilla comenzara.
16 años antes
Julio de 1998
—¿Te gusta? ¿Si está bueno?— Preguntó Makoto esperando ansiosa por la respuesta de Andrew. Dado que dos de las cosas que amaba eran cocinar y complacer el paladar de su amado; una de las actividades en las que invertía su tiempo además de cuidar de Midori, era poner en práctica sus habilidades culinarias, las cuales cada día mejoraban, en parte gracias a unos libros de cocina internacional que Andrew le había regalado, pero también en gran medida por su habilidad natural en el arte culinario.
—Es delicioso, mi amor— Comentó Andrew tras pasarse aquel bocado de fetuccini en salsas Alfredo con camarones que Makoto le había preparado.
—Y yo misma preparé la salsa Alfredo.— Agregó Makoto orgullosa de si misma.— Y deja espacio para el postre, porque preparé un pastel red velvet que estoy segura de que te va a encantar.
Andrew tomó una de las manos de su mujer y le besó el dorso.
—¡Tienes talento, mi amor!— Exclamó Andrew— Por cierto. Esta mañana antes de llegar al hospital pasé por Le cordon bleu Londres y traje unos folletos del plan de estudios para que los veas. Las clases comienzan en dos meses, así que ya deberías inscribirte.
Makoto se forzó a sonreír ante el comentario de su amado, pues aunque le habría gustado que le alcanzara la vida hasta para cumplir sus sueños de ser una chef repostera, sabía que ya el tiempo se le estaba terminando, y cada momento que tuviera quería aprovecharlo al lado de su hijita y del hombre de su vida.
—Andrew, creo que Midori es muy pequeña como para pensar en retomar mis estudios. Además a ti todavía te falta la residencia médica y… ¿Quién te va a hacer de comer cuando…
—¿Qué?—La interrumpió Andrew— Mi amor, no tienes que renunciar a tus sueños sólo porque tenemos una hija, mucho menos por mí. Sé hacerme sándwiches, puedo comprar comida hecha. Te he demostrado que ya no soy malo en las labores del hogar y que al menos las papillas de Midori me quedan bien.
—No es solo eso— Respondió Makoto — Gastronomía es una carrera cara y no deberíamos gastar en eso hasta que termines la residencia médica.
—Mako, no es tan cara como para que no pueda pagártela— Le dijo Andrew mirándola a los ojos — Mi amor, no niego que me encanta llegar a casa y que me recibas con comida hecha, pero ¿Recuerdas que meses antes de huir de Japón me dijiste que querías ser chef pastelera?
—Las cosas han cambiado, Andrew. Ahora tenemos a Midori
—¿Y? En el hospital tengo compañeros que ya tienen hijos y tampoco han comenzado la residencia, y en la universidad tenía dos compañeros que ya eran padres.
—No quiero que Midori pase tantas horas en una guardería.
—La guardería está en el hospital. No estaré muy lejos de ella y además le vamos a poner un chip antisecuestros porque inevitablemente va a crecer y en algún momento va a tener que ir a la escuela y no podremos estar en todo momento con ella. Y en todo caso, si ese es el problema entonces terminando el internado pediré trabajo como médico general en el turno de la tarde o la noche. Así yo cuido a Midori mientras tu estudias y ya que te gradúes entonces yo comienzo la residencia.
—¡No harás eso! —Exclamó Makoto— Tu meta siempre ha sido tener una especialidad médica y no vas a renunciar a eso.
—Makoto, tú también tienes sueños y metas y te quiero ver cumplirlas . No quiero que te sacrifiques por Midori ni por mí.
Pese a que Hotaru había utilizado su poder para que Makoto no sintiera miedo durante aquel año antes de que empezara su agonía, la última frase de Andrew hizo que un nudo se formará en su garganta y que los ojos se le pusieran vidriosos por las lágrimas que trataba de contener. Se puso de pie para huir de Andrew, pero antes de que pudiera alejarse él se puso de pie y la abrazó por la espalda.
—Cariño. ¿Qué sucede? ¿Dije algo que te ofendiera?— Le susurró él al oído.
—Cuidar de nuestra hija es mi sueño ahora. ¿Te parece cualquier cosa?
Andrew la obligó a darse media vuelta, y se desconcertó al ver las lágrimas en su rostro.
—Claro que no es cualquier cosa mi amor. Me siento orgulloso de que seas mi mujer independientemente de si quieres ser chef o ama de casa, pero de verdad odiaría saber que te estás sacrificando por nosotros.
Makoto, conmovida por las palabras de su amado, buscó refugiarse en sus brazos. No era miedo por lo que lloraba, sino al saber que irremediablemente terminaría causándole dolor cuando ella partiera, pues sabía que en un año ya no estaría al lado de él ni de su pequeña Midori.
—¿Necesitas algo, amor? ¿Hay algo que quieras decirme? —Le susurró él mientras acariciaba su cabello.
—Solo quiero que me abraces—Susurró Makoto.
P.O.V. MIDORI
Mientras espero a que Aries llegue a Londres y mi padre del hospital, veo un álbum de fotos de mamá y papá durante su juventud. Algunas que se tomaron en Tokio, que fue donde inició su relación, después otras tantas aquí en Londres donde a mamá ya se le nota el embarazo, y las que más atesoro: Aquellas donde yo ya había nacido y mamá me miraba y me abraza con infinito amor.
Comenzar a leer su diario, aunque me hizo enojar muchas veces al saber sobre su injusto supuesto destino, también me llenó el corazón de dicha pues a veces me imaginaba que era mamá contándome su historia, y leer las últimas páginas dedicadas a mí me hizo sentir su amor, pero ahora me siento vacía, y cuando menos me doy cuenta ya estoy llorando como una tonta; sin embargo, mis pensamientos se ven interrumpidos cuando de pronto escucho sonar el timbre de la puerta. Sé que es Aries, porque de ser papá él hubiera abierto con su propia llave, así que me limpio rápidamente las lágrimas y pongo mi mejor sonrisa para ir a abrir la puerta; sin embargo, mi querido novio parece notar que no estoy bien.
—¿Te sucede algo?— Me pregunta cuando nos vemos.
Y sin poder evitarlo de nuevo me echo a llorar y él me recibe en sus cálidos brazos.
—Terminé de leer el diario de mi madre— Le confieso— Y ahora me siento triste porque sus palabras para mí se acabaron.
Aries besa mi frente y yo entrecierro los ojos, dejándome consentir por este hombre que amo tanto.
P.O.V. ARIES
Consolar a una persona querida cuando no puedo ofrecer una solución a sus problemas nunca ha sido algo que se me de bien; pues nunca se me ocurren las palabras adecuadas; y en estos momentos, cuando la chica que amo es la que sufre, me siento un idiota al no poder ofrecer nada que alivie su dolor; y es que, ¿Qué le podría decir? "¿Qué lo siento?" Demasiado trillado, pues aunque injustamente mi madre siempre ha vivido negándonos a Hanabi y a mí, como sea siempre la tuve a mi lado cuando la necesité por mucho que en público tuvieramos que fingir ser hermanos.
—Odio que sufras y no poder hacer nada— Le digo con honestidad— Pero si hay algo que pueda hacer por ti, sólo pídelo.
De pronto mi chica levanta su rostro, y sus labios se curvan en esa sonrisa que me tiene fascinado.
—Estás aquí, a mi lado.
—Pero no te estoy solucionando nada— Le digo— Si alguien te lastimara lo calcinaría y haría que la tierra se abra bajo sus pies y se lo trague, pero en este caso soy un inútil.
—Pero me escuchas y me abrazas. A veces basta con eso.
Beso sus parpados, aspirando su característico aroma a rosas y dulces; después una de sus mejillas, hasta llegar a sus deliciosos labios que me corresponden; sin embargo; aquel beso se torna tan intenso que tengo que detenerme cuando para mi desgracia siento que mi miembro comienza a alborotarse y no muy lejos percibo el aura de mi suegro, al que no creo que le guste presenciar lo mucho que me alborota su hija por más que ya me haya aceptado en la familia.
—¿Qué sucede?— Pregunta mi chica que parece lucir un poco decepcionada.
—Tu papá viene a menos de dos calles. Puedo sentir su aura.
Pese a que trata de disimularlo y me es imposible ver su aura, no me pasa desapercibido que hay molestia en su rostro al mencionar a su padre.
—¿Pasa algo entre tu papá y tú?
—Sí— Me responde Midori— Le pedí que se pusiera un chip antisecuestros y no quiere.
—¿Por qué le pediste eso?
—Porque me preocupo por él— Le digo— Sí tú te preocupas por tu madre y tu hermana a pesar de que ellas tienen poderes ¿Imagínate lo que es tener un papá sin poderes? Me da miedo pensar que un día sepan que él fue el causante de lo que le sucedió a Serena y las outher y que quieran hacerle daño.
—Precisamente venía a hablarles de eso.
—¿A mi padre o a mí?
—A los dos— Me dice— De hecho tu padre me habló esta mañana. Me dijo que quería pedirme un favor aunque no sé qué porque no lo consulté con el fuego.
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16 años atrás
1 de diciembre de 1998
Quedaban tan sólo cinco días de paz antes de que comenzara su calvario y Makoto lo sabía; así que nada más entrar diciembre, había dedicado el primer día del mes a extraerse leche y llenar botes y biberones esterilizados que iba guardando en el congelador, y tan concentrada estaba en su tarea, que no se percató cuando la puerta de su recamara se abrió.
—Mi amor ¿Qué
—¡Andrew, me asustaste!
—¿Tantos frascos de leche? —Preguntó Andrew sorprendido — ¿Estás pensando en donar?
—Es para Midori
Andrew la miró desconcertado.
—Me temo que todo eso no va a caber en el congelador.
De pronto, la pequeña que yacía en la cama despertó y comenzó a llorar recordandole a sus padres que era la hora en que quería leche materna, así que Andrew tomó uno de los biberones que acababa de llenar Makoto y se acercó a la cama con la intención de tomar a su retoño y alimentarla como muchas veces ya lo había hecho, pero Makoto tomó a la pequeña primero y se la acercó al pecho.
—Yo la alimento— Respondió Makoto— ¿Puedes guardar los frascos?
—No creo que quepan todos, pero trataré.
Andrew tomó varios de los contenedores con leche materna para llevarlos al refrigerador, pero no tardó en regresar, explicándole a Makoto que ya no cabía ninguno más.
—¿Cómo que no caben?
—Makoto, ya tenías lleno casi todo el frigorífico. No hay lugar para más.
Andrew notó la expresión de preocupación en el rostro de su mujer, y se acercó a ella, masajeándole suavemente los hombros.
—Querida, ¿Qué es lo que te sucede?
—Necesitamos leche por si un día no puedo amamantar a Midori
La pequeña, quien hasta hace pocos segundos había estado tranquila siendo alimentada por su madre, de pronto comenzó a llorar de nuevo, y entonces Makoto se percató de que no estaba saliendo leche de sus pechos.
—Tranquilas— Susurró Andrew pacientemente tanto a su mujer como a su hija, tomando a esta última en brazos para alimentarla con uno de los biberones, logrando que la pequeña de nuevo se tranquilizara.
Makoto miró horrorizada que por más que trataba ya no le salía leche, y en su mente se preguntó si lo que había logrado extraerse sería suficiente para calmar la necesidad de leche materna de su pequeña durante los próximos meses en que ella ya no podría amamantarla por lo que se avecinaba.
—Mi amor, relájate. Creo que lo que hiciste hoy es excesivo— Le dijo Andrew, que si bien se percató de la preocupación de su mujer, creía que sólo tenía que ver con el hecho de no poder extraerse más leche, pues desconocía las turbias razones por las que lo había hecho.
—¿Y si ya no puedo amamantar a Midori?
—Claro que podrás, pero hoy has llevado tu cuerpo al límite, y en todo caso, Midori ya puede comer muchos alimentos y existen buenas fórmulas. Deberías acostarte. Luces cansada.
Algunos minutos después, la pequeña que ya había saciado su hambre se quedó profundamente dormida, por lo que Andrew la acostó dentro del corralito para bebé que tenían dentro de la habitación y enseguida volvió a la cama, acostándose al lado de Makoto y pasando uno de sus brazos por la cintura de ella.
—¿Qué sucede, mi amor?
—Nada.
Andrew tomó el rostro de su mujer y la obligó a mirarlo a los ojos.
—Si algo te preocupa dímelo.
—De verdad no es nada grave. Es sólo que estoy menstruando— Respondió Makoto.
Y si bien era cierto que estaba en su periodo, no era eso lo que estaba afectando su estado de ánimo.
—Bueno, pues para que te animes un poco deja te cuento que me dieron vacaciones desde el jueves hasta el lunes.
Makoto esbozó una sonrisa, pues sabía que no era casualidad que su amado pidiera vacaciones que coincidieran con su cumpleaños y el de Midori.
—¿En verdad?
—Sí— Respondió Andrew— No todos los días mi mujer y mi hija cumplen años.
—Gracias— Susurró Makoto sin poder evitar que las lágrimas salieran de sus ojos al pensar que ese sería su último cumpleaños, y el único en que podría festejarle a su niñita.
—Pero no llores— Le susurró Andrew estrechándola contra su cuerpo y besando su frente.
—Eres lo mejor que me ha pasado, Andrew.
—No sé soy lo mejor, pero quiero que este sea un cumpleaños inolvidable, así que como querías conocer Castle Combe ya aparté una habitación doble en un hotel que te encantará.
—¿Qué estás diciendo?
Andrew se alegró al ver que la expresión de tristeza desaparecía del rostro de su amada, dando paso a aquella radiante sonrisa que tanto amaba.
—Lo que escuchaste. Aparté una habitación doble en Castle Combe. Nos iremos el miércoles en cuanto salga del hospital y regresaremos el domingo por la tarde. Quiero que tu cumpleaños número veinte y el primero de nuestra princesita sea memorable.
Fin del flash back
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3 de diciembre de 1998
La noche anterior habían llegado a Castle Combe, aquel hermoso pueblo inglés de ensueño en el que tan sólo poner un pie, Makoto se sintió maravillada, pues por la arquitectura de sus casas y locales, le parecía que era como estar dentro de un cuento de princesas, de esos que en la infancia le gustaba que le leyeran y le hacían fantasear con un día encontrar a su príncipe azul y formar una familia.
Nada más despertar aquella mañana, se habían vestido para ir a desayunar, después, habían ido a recorrer el pueblo en el que Andrew se entretuvo tomándoles fotografías a su mujer e hija, hasta que en algún momento se percataron de que Midori necesitaba un cambio de pañal, por lo que Andrew decidió hacerse cargo de la situación, llevando al auto a su hija mientras que Makoto se quedó dentro de uno de los locales donde vendían souvenirs.
Mientras miraba algunos llaveros, a través de los cristales del local, Makoto miró que cruzando la calle había un pequeño local que al parecer era una boutique de novias, y fascinada por la hermosura de aquellos vestidos, salió de la tienda, cruzó la calle y su mirada se posó en el más hermoso de los vestidos de novia que sólo había visto en sus sueños, y por su puesto, portándolo ella misma: De corset ceñido a la cintura y vaporosa falda hecha de finísima tela, y el cual, tanto en la parte superior como en la falda estaba decorada por hermosas y diminutas flores que dedujo harían parecer una hermosa hada a cualquier novia.
—¿Se lo quiere medir? — La interrumpió una voz femenina.
Makoto volteó a su derecha, encontrándose con que la dueña de aquella voz era una elegante mujer que debía tener veinti muchos o quizá treinta y pocos años, y que al parecer trabajaba o podría ser la dueña de la boutique.
—Sólo estaba viendo. Muchas gracias
—Y probárselo tampoco le compromete a comprárselo— Le respondió la mujer— Aunque si me halagaría que una chica tan hermosa como usted y con su figura se probara uno de mis diseños.
Makoto sonrió ante el comentario de la mujer, y sabiendo que su vida comenzaría a agotarse dentro de poco y que ya no le quedaba mucho tiempo, aceptó el ofrecimiento y se adentró a aquella boutique de novias donde además de la mujer había otras dos dependientas.
Siguiendo a la mujer, que luego se enteró era la dueña de aquella boutique pasada de generación en generación, atravesó una larga habitación llena de espejos por todos lados, y luego entró a un pequeño vestidor donde con ayuda de la mujer se puso ese vestido, para de nuevo salir y verse desde todos los ángulos a través de aquella larga habitación cuyas paredes eran todo espejos.
Al verse reflejada en el espejo, Makoto se sonrió así misma al verse como la novia que siempre quiso ser y sintiéndose más hermosa que nunca.
—Te ves hermosa— Escuchó la voz de Andrew que la sacó de su ensoñación, y se giró para encontrarse con su amado que la miraba embelesado y la pequeña Midori que sentada en su carreola sonreía y balbuceaba cosas inentendibles.
—Dijo que es su marido y lo dejé entrar— Respondió una de las dependientas de la tienda.
—¿Así que ya es casada?— Cuestionó la dueña del local
Makoto iba a responder, pero antes de que dijera algo, Andrew se adelantó a responder.
—Sí— Mintió Andrew con orgullo en su voz— Ya casi dos años de casados, y con una hija como podrá ver.
Poco después, Makoto se desvistió y de nuevo se puso el vestido verde de invierno que traía puesto antes de entrar al local; y después, tras un par de comentarios que hicieron la dueña y las dependientas sobre lo hermosa que era la pequeña Midori, el gran parecido que tenía con su madre y el cabello que parecía una mezcla de ambos progenitores, salieron del lugar mientras Andrew empujaba la carreola y Makoto lo tomaba del brazo.
Poco después, entraron a una pequeña cafetería que se encontraba sola y en la cual ordenaron un par de cappuccinos y dos rebanadas de pastel de zanahoria.
—En Londres la comida japonesa parecer estar poniéndose de moda— Respondió Andrew.
—¿Tan pronto extrañas regresar a Londres?— Comentó Makoto divertida.
—No. Simplemente al estar en esta cafetería recordé que muchas veces me dijiste que tu sueño era tener una cafetería y vender ahí tus propios postres— Comentó Andrew— Mucha de la comida japonesa que hemos probado en los restaurante de la ciudad no es ni la mitad de deliciosa de lo que tú la preparas. Seguro si tuvieras una cafetería donde vendieras tus propios postres asiáticos sería todo un éxito.
Makoto sonrió ante el comentario de su amado.
—Eso lo dices porque me amas.
—Lo digo porque es la verdad. Mi madre también lo decía— Dijo Andrew.
—Me apena saber que tus padres hayan pasado meses buscándome— Comentó Makoto, pues al estar en constante comunicación con Reika, y a su vez ella con Richard, los chismes de lo que sucedía en Tokio le llegaban, y de lo último que se habían enterado era que tras huir de la ciudad y no volver a mostrarse en público, los Furuhata, que se habían encariñado con ella, habían tratado de buscarla e incluso habían reportado la desaparición de la "pobre huérfana" ante las autoridades.
—Lo sé, mi amor— Respondió Andrew— A mí también me apena porque mis papás y Unasuki te quieren mucho. Más de una vez me comentaron que les gustabas para nuera; pero no nos desviemos del tema, a lo que quería llegar era a otra cosa. ¿No te gustaría tener tu propia cafetería en Londres?
—Quizá a futuro— Respondió Makoto, sintiendo un pinchazo en el corazón al saber que no había ya mucho futuro para ella.— De momento sólo quiero dedicarme a cuidar de Midori.
Andrew tomó una de las manos de su mujer, y le besó el dorso.
—Como tú quieras, hermosa— Le susurró él— Tengo un par de ahorros de cuando trabajaba en el Crown Center y el dinero que mis padres estuvieron ahorrando para mí desde mi niñez, así que tenemos suficiente por si algún día quieres abrir tu propia cafetería.
P.O.V. ANDREW
—Lo siento, Furuhata-san— Me responde Aries— No soy médium, así que no puedo contactar a los muertos.
—Pero tú habías dicho que a veces tenías contacto con tu bisabuelo— Le recuerdo frustrado.
Sé que mi pequeña ha estado triste desde que terminó el diario de su madre, y aunque en ciertos momentos de mi vida he logrado sentir la presencia de mi amada e incluso verla en sueños que después de despertar siguen pareciendo tan reales; nada anhelaría más que volver a verla aunque sea una última vez, que mi pequeña pueda tener aunque sea sólo un recuerdo con ella; o de ser posible, traerla de nuevo a la vida.
—Pero ese contacto se ha dado cuando él así lo quiere, no porque yo tenga el poder de llamarlo— Me responde— Tengo premoniciones, Furuhata, y también le puedo preguntar cosas al fuego, pero no tengo el don de invocar a los muertos, eso sólo lo hace la senshi de la muerte.
—¿Sailor Saturn?— Pregunta mi hija
—Así es— Responde Aries— Pero ella desapareció meses antes de que usted y Makoto huyeran de Japón.
—¡Olvídalo!— Exclamó— ¿Podrías preguntarle al fuego de que murió?
—Claro. Puedo hacerlo ahora mismo si me deja prender la chimenea o hacer una fogata en su jardín.
Le permito a Aries encender la fogata, y tras un tronido de sus dedos lo veo encender el fuego en la chimenea.
P.O.V. ARIES
—Fuego sagrado. ¿De qué murió Makoto Kino?
Por increíble que parezca, la flama no me responde, así que intento de otra manera.
—Fuego sagrado ¿Makoto Kino murió producto de una enfermedad humana?
"No" Me responde
—Fuego sagrado. ¿Alguien provocó su muerte?
De nuevo no hay respuesta.
Sigo haciendo preguntas más específicas para tratar de saber si la muerte de la madre de Midori fue provocada, y me detengo hasta que hago todas las preguntas que se me ocurren sin tener éxito.
Finalmente, apago el fuego y me doy media vuelta, encontrándome con mi novia y mi suegro que me miran intrigados.
—El fuego confirmó que no murió de enfermedad humana.
—¿Alguien se la provocó? —Pregunta mi suegro con el odio reflejado en la mirada.
—¿Quién fue la desgraciada? —Cuestiona mi novia.
—El fuego no me dio esa respuesta. —Respondo— Y eso se puede deber a dos cosas.
—¿Qué cosas? —Pregunta mi novia
—Una puede ser que alguien más hábil con sus poderes adivinatorios me esté bloqueando, pero aún no conozco a alguien que pueda hacerme eso. Ni siquiera mi madre.
—¿Y cuál es la otra?—Cuestiona mi suegro.
—Que sea designio de alguna deidad que yo no tenga respuesta, y si es así, ante un dios nadie con poderes adivinatorios puede hacer nada.
—¿Has preguntado más cosas de las que no tengas respuesta? —Cuestiona Furuhata.
—Sí. ¿Se ha preguntado porque en tres de las cuatro ocasiones en que alguien con poderes lo ha atacado ha salido ileso y el ataque regresa en contra de quien intenta agredirlo?
P. O. V. ANDREW
Ante el cuestionamiento de Aries me quedo pensativo, y entonces respondo.
—Es cierto. Creí que aquel ser que poseyó al doctor Yamamoto me mataría. También lo creí cuando la enfermera Kasumi me atacó; pero ellos fueron los que murieron. Luego Haruka y se le regresó su poder. Pero la primera vez que viniste a esta casa tu si pudiste atacarme.
—Es cierto—Responde Aries—La diferencia es que yo no quería hacerle daño. Lo hice porque usted estaba planeando asesinarme ya que me creía una amenaza. En cambio Haruka y ese ente que poseyó al doctor y la enfermera si tenían la intención de hacerle daño.
—Quizá no sabían controlar su poder.
—Yo creí que usted era quien tenía poderes y que por eso no le había pasado nada, pero ya confirmé que no.
—Supongo he tenido buena suerte
—No es buena suerte, Furuhata. A nadie se le regresan sus poderes en contra por muy inexperto que sea para manejarlos, no a menos que se enfrente a un youma con el poder para hacer que al atacante se le regrese su poder, pero usted carece de poderes.
—¿Y entonces cuál es tu teoría?
—Tal vez indagando en su pasado lo sabremos—Me responde —Algo que me contó el fuego fue que usted vivió en ese periodo histórico llamado Milenio de Plata.
—¿Qué? —Le preguntó desconcertado —Eso no es posible.
—Lo es. El fuego a veces puede no querer revelarme cosas, como por ejemplo no me dio una respuesta cuando le pregunté porque el ataque de Haruka o de la enfermera y el doctor no lo dañaron, pero cuando me da las respuestas no miente, y el fuego me reveló que usted vivió en ese periodo histórico.
—No lo creo.
—No se trata de lo que usted crea o no — Me responde Aries — Si me lo permite, puedo hacerle una regresión.
—¿Si estando inconsciente sucede algo podrás despertarme fácilmente?
—No, pero descuide. Si estuviera por pasar algo ya sentiría alguna aura negativa rondando cerca, y por ahora no estamos en una situación de peligro.
Me quedo pensativo, pues la sola idea de pensar que alguien pueda querer hacerle daño a mi hija mientras no estoy en mis cinco sentidos me aterra.
—Prométeme que si algo me sucede vas a cuidar de mi hija
—¡No soy una inútil! — Se queja mi hija fastidiada.
—No va a suceder nada, Furuhata. No al menos todavía.
—De acuerdo, si tú dices que no vas a pasar nada te creo — Le respondo a Aries — Pero en un contexto donde yo estuviera inconsciente y lesionado y Midori estuviera en peligro. ¿Qué harías?
—¡Papé, déjate de tonterías!
P.O.V. ARIES
Las preguntas de mi suegro son propias de un paranoico al extremo, sin embargo, si no le digo lo que quiere escuchar no va a funcionar la hipnosis y yo lo que necesito es que se relaje.
—Me llevaría a Midori para ponerla a salvo, aunque eso implique llevármela a la fuerza y que usted muera.
—¡Sigan hablando de mi como si estuviera pintada y voy a electrocutarlos! — Exclama furiosa Midori mientras entre sus manos forma un rayo para tratar de intimidarnos.
—Perdón, princesa — Le dice Furuhata — Una vez me prometiste que me dejarías morir si es para salvarte a ti misma pero me fallaste cuando aún no confiábamos en Aries, así que ya no puedo creerte.
Midori bufa fastidiada, y sé que esto va a ser motivo de una discusión más tarde, pero parece estar tan interesada en que le haga la hipnosis a su padre que de momento deja pasar de largo el tema.
—Acepto, Aries — Me responde Furuhata —Hazme la hipnosis.
Tan pronto como mi suegro me da el sí, hay un corte de electricidad en casa de los Furuhata, lo cual nos desconcierta, sin embargo, no consideramos detenernos con eso, pues tenemos la luz de nuestros móviles y siempre puedo encender una fogata; sin embargo, de pronto escuchamos el ensordecedor ruido de un trueno que de tan fuerte rompe una de las ventanas, dando paso a una corriente de aire con aroma a rosas y vainilla que entra con fuerza dejándonos desconcertados.
—¿Qué está pasando?— Cuestiona mi novia.
¡Otro capítulo terminado! Y espero que les guste. Les comento, que si bien se supone que Midori ya terminó de leer el diario, aún mostraré unas páginas más que dedicó a su hija y algunas cartas que le dejó a Andrew.
Aracox: Pues sí, Makoto sabe que tiene los días contados, pero Saturn usó su poder para que el primer año ella no sienta miedo y esté feliz disfrutando de esa familia que siempre deseó tener, pero ya está por cumplirse el año y los últimos meses serán agrios.
Hospitaller Knight : Y de hecho la persecución ya casi se viene, pero faltan cabos sueltos que aún debo amarrar, además de contar la historia de como muere Mako.
MarijoSanLucar: Muchas gracias por leer, nena. Ya casi se viene la batalla de senshis.
OpaloHope: Ya verás en próximos capítulos que arma le dio Andrew a Midori. Y lo del implante, pues ya lo sabes, a Midori le preocupa que ataquen a su papá y quiere poder rastrearlo si en algún momento desaparece.
Clarisa de Shields: Pues ya volvió Aries, que como ves es bien listo como su madre, jiji.
ValeFerT: Gracias por tus votos, nena.
Carol Peres : Gracias por tus comentarios en Facebook. Los amo.
Lectores anónimos: Les mando un saludo. Muchas gracias por leer y animense a comentar. No muerdo, jeje.
Por último, les comento que la semana pasada escribí dos one shots por si los quieren leer: Uno se llama LUJURIA y se desarrolla en Tokio de Cristal, donde Makoto, ya siendo una mujer casada y aburrida de sus deberes de senshi decide serle infiel a su marido.
El otro se llama CHERRY PIE y es en honor a mi senshi favorita en su cumpleaños.
En fin. Procuraré subir el siguiente capítulo la próxima semana.
Edythe.
