EL SECRETO DE SAILOR JUPITER
CAPÍTULO 37
UN CUMPLEAÑOS PARA RECORDAR
P.O.V. MAKOTO
Mi amado Andrew baja las escaleras de casa seguido de nuestro retoño que ya es toda una señorita. Él se dirige a la cocina, y ella se acurruca en su sofá favorito, con el miedo aún reflejado en su cara. Como quisiera abrazarla y poderle decir que no tiene que temer por su padre, sino enfocarse en cuidar de ella misma.
Minutos después, Andrew llega a la sala con una taza de té y un plato de galletas de matcha con chocolate, y nuestra niña sonríe al ver el postre.
—¿Galletas de chocolate con matcha?
—De estas te daba cuando tenías pesadillas. ¿Lo recuerdas?— Le pregunta mi querido Andrew sentándose a un lado.
Mi hija asiente, y toma una galleta a la que le da un mordisco.
—Y después me contabas un cuento con final feliz para que pudiera dormir.
—Ya no creo que quieras escuchar los cuentos que te contaba— Le responde mi querido Andrew—Pero podría sacrificarme y quedarme contigo viendo una comedia romántica de esas que te gustan.
—Mejor cuéntame algo agradable. Algo bonito que hayas vivido con mamá.
Mi querido Andrew se queda pensativo un momento, y después, una sonrisa aparece en su rostro.
—Te hablaré del día en que cumpliste un año y ella veinte.
Mi cumpleaños número veinte.
¿Cómo olvidarlo?
Aquel, aunque fue mi último día antes de que comenzara mi agonía, fue el mejor cumpleaños de mi vida, pues la diosa Perséfone apiadandose de mí, me regaló el olvido durante ese último cumpleaños para que no recordara que la vida se me estaba yendo de las manos y pudiera disfrutar de ese último cumpleaños de mi vida al lado de mi hijita y el hombre que siempre he amado.
—El día anterior al cumpleaños de ustedes nos desvelamos recorriendo Castle Combe, y al siguiente día nos despertó tu llanto.— Le cuenta Andrew a nuestra hija.
¡Mentira, por supuesto! En realidad el día antes de nuestro cumpleaños no volvimos tan tarde al hotel, aunque si nos desvelamos en el lecho y despertamos antes que mi niña, pero esa parte de la historia es impropia para contarsela a Midori.
16 años atrás….
5 de diciembre de 1998
Para Makoto Kino, no había mejor sensación en el mundo que despertar con la cabeza apoyada en el pecho de su amado, escuchando los latidos de su corazón, aspirando aquel aroma masculino que tenía el poder de proporcionarle tranquilidad o excitarla según su estado de ánimo , y sentir los brazos de él rodeando su cuerpo; así que aquel cinco de diciembre, al despertar de aquella manera, una sonrisa se curvó en sus labios, sobretodo al sentir su desnudez y rememorar los recuerdos de la noche anterior, en que después de que Midori se quedara dormida en su cuna portátil que se encontraba en la habitación de al lado, ellos se habían quedado despiertos dándole rienda suelta a la ardiente necesidad que tenían el uno por el otro.
Rememorar los besos que Andrew dejaba en su piel, los mordiscos en los labios, sus manos grandes recorriendo su desnudez y el sonido de su voz ronca susurrándole palabras que la hacían sentir la mujer más hermosa y amada del universo; provocó que su sexo se humedeciera; y queriendo despertarlo para repetir lo de la noche anterior, levantó su rostro; sin embargo, se sorprendió al ver que él ya estaba despierto
—Feliz cumpleaños, señora Furuhata— Le susurró él esbozando esa sonrisa que a ella le encantaba.
Makoto sonrió al escuchar que Andrew la llamaba de esa manera, pues aunque no estaban casados, era de las cosas que más anhelaba y que habían pospuesto pese a que hacía más de un año le había propuesto matrimonio.
—Eso suena lindo. Señor consorte de Jupiter — Susurró ella.
Las manos de Andrew, de pronto comenzaron a deslizarse desde su cintura hasta su trasero ¡Cómo le gustaba eso! , y al notar que la entrepierna de su amado se endurecía, supo que estaba tan excitado como ella, así que queriendo retribuírle por los orgasmos de la noche anterior, Makoto hundió su rostro en el cuello de él, besando y mordisqueando su piel mientras sus manos acariciaban el falo endurecido.
—Me encantas—Susurró él excitado por la manera de tocar y besar de su mujer. Ansiaba hundirse entre sus piernas, por supuesto que sí, pero, no sin antes recorrer con sus manos y su boca el cuerpo de su mujer, aspirar su aroma y regocijarse al tocar, besar y morder aquellos lugares que la hacían temblar de placer, así que giró con ella en la cama, cambiando de posiciones.
—Andrew —Susurró ella con voz entrecortada.
Andrew la recorrió con la mirada, y sonrió con satisfacción al ver como después de dos años seguía sonrojándose, y pronto, sus labios se unieron en un beso ardiente y desesperado.
—Eres mía—Susurró él cuando la falta de aire los obligó a romper aquel beso.
—Tuya siempre—Susurró Makoto con voz entrecortada. Tratando de contener un gemido ante el placer que le estaba provocando sentir la boca de su amado recorriendo su cuello, mordiendo de vez en cuando mientras una de sus manos acariciaba uno de sus senos.
—Dímelo otra vez—Exigió él.
—¿Qué? —Preguntó ella haciéndose la inocente mientras alzaba sus caderas para que su palpitante y húmedo sexo rozara el miembro endurecido de su amado.
Andrew deslizó una de sus manos al monte de venus de Makoto , y ella, al sentir sus dedos recorriendo aquella sensible parte de su cuerpo se tuvo que morder los labios para contener un grito, mientras que sus uñas se encajaban en la espalda de su amado.
—Soy tuya
Los labios de Andrew se deslizaron hasta sus senos necesitados de caricias, pero aquel momento de pasión se vio interrumpido por el inoportuno llanto de Midori proveniente de la habitación de al lado que hizo que se detuvieran.
—Bueno. Será más tarde— Comentó Andrew dándole un casto beso. — Ahora hay que atender al retoño.
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Debido a que la excitación era algo difícil de ocultar en el cuerpo de Andrew, por obvias razones fue Makoto quien rápidamente se vistió y fue a la habitación de al lado, donde al entrar, se le encogió el corazón al ver una expresión de miedo y lágrimas en el rostro de su pequeñita, quien era evidente estaba asustada al haber despertado sola en esa habitación de la suite del hotel que no le era familiar.
La pequeña Midori, nada más ver a su madre y escuchar su voz, comenzó a tranquilizarse, y ansiosa por el calor de los brazos de su mamá , se paró en la cuna aferrándose al barandal.
—Mi niña, perdón— Susurró Makoto tomando a su hijita en brazos, quien a un año de haber nacido, ya había comenzado a dar sus primeros pasos, tenía su ondulado cabello color ocre un poco más abajo de las orejas, y en su rostro ya había señales del parecido que tendría con su madre al crecer.
Makoto llevó una de sus manos al rostro de su hijita, limpiando con el dorso las lágrimas de su rostro.
—Feliz cumpleaños, Midori. El primero de muchos que pasaremos juntas, mi niña
La pequeña de ojos verdes esbozó una sonrisa, como si comprendiera las palabras de su madre, y mientras balbuceaba tratando de expresarse a su manera, Makoto se dirigió con ella en brazos hacia una de las cajoneras, en cuya base se encontraba una caja envuelta en papel rosa decorada con ponis.
—¿Sabes que es esto, mi niña?— Preguntó Makoto sentándose en un sofá— Es mi regalo para ti.
Makoto abrió la caja, sacando de esta una muñeca de trapo que ella misma le había hecho a su hija, la cual tenía cabello hecho de estambre color castaño claro peinado en dos trenzas, ojos verdes y un vestido y gorro en color rosa pastel a juego.Midori , como si entendiera que la muñeca era para ella, la tomó entre sus manitas, mirando su regalo con felicidad y luego con agradecimiento a su madre.
—Ma…ma mami
Al escuchar a su pequeñita decir su primer palabra, y no cualquier palabra, sino la que toda madre anhela escuchar de su retoño, Makoto sintió que el corazón se le desbordaba de tanta alegría que una lágrima de felicidad escapó de uno de sus ojos.
—Mami
Repitió una vez más la pequeña, llevando una de sus pequeñas manitas al rostro de su madre.
—Mi niña— Susurró Makoto, y entonces depositó un beso en la frente de su pequeña.
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P.O.V. MAKOTO
—Por eso quiero tanto a Li— Dice mi muchachita refiriéndose a aquella muñeca de trapo que con tanto amor le hice y que me costó tantos pinchazos en los dedos.
—Sí—Le responde Andrew—Tu mamá era buena con las manualidades.
—Es hermosa— Dice mi pequeña tomando la muñeca que traía envuelta en la frazada. Esa muñeca que aún sigue presente en su cama pese a que ya es toda una señorita que hace mucho tiempo dejó los juegos infantiles.
—¿Y qué le regalaste ese día a mamá?
Mi querido Andrew mira a mi hija y esboza esa sonrisa que me encanta desde que lo conocí siendo una adolescente de catorce años.
—Recuerdos— Le responde mi amado.
El desconcierto se refleja en los ojos de mi niña, y él lleva una de sus manos a la cabeza de ella, resolviendo su desordenado cabello.
—No entiendo. En el diario dice que…
—Te lo voy a mostrar—Le dice Andrew poniéndose de pie y sacando de una de las bolsas de sus pans un manojo de llaves.—¿Me acompañas o esperas aquí?
Mi niña se pone de pie y lo sigue. Al llegar a la segunda planta entran a esa habitación de la que solo Andrew tiene llave y que es donde él guarda nuestros recuerdos, y de una de las cajas fuertes que tiene saca aquel hermoso álbum de recuerdos que él, siendo un torpe para las manualidades, me hizo con sus propias manos y que atesoré hasta el último de mis días.
16 años atrás…
Después de que el llanto de Midori interrumpiera aquel momento de pasión, Andrew había querido ir junto con Makoto a atender las necesidades de su pequeña; sin embargo, debido a que le estaba costando que su erección desapareciera, dejó que Makoto se encargara de su hija, y pese a que era invierno, él corrió al baño para darse una ducha con el agua tan fría como la pudiera tolerar, hasta que al fin pudo controlar el fuego que parecía consumirlo por dentro.
Al salir de la ducha, sacó de una de las maletas una caja de regalo, y se dirigió hacia la habitación donde la noche anterior Midori había dormido dentro de su cuna portátil .
Nada más llegar, se quedó de pie, enternecido ante aquella hermosa escena de las dos personas que más amaba en la vida: Makoto, a quien había elegido como su mujer y lo había elegido a él pese a que le habían dicho que estaba destinado a otro; y su adorable hija, fruto de ese amor prohibido.
—Ma…ma mami
Al escuchar a su pequeñita decir aquella palabra tan especial, el corazón le dio un vuelco de felicidad, pues sabía lo significativo que debía ser para Makoto escuchar a su retoño diciendo aquella palabra, sobre todo en un día tan especial como su cumpleaños.
—Mami
Repitió una vez más la pequeña, llevando una de sus pequeñas manitas al rostro de su madre
—Mi niña—Escuchó Andrew que Makoto susurró con la voz entrecortada.
Makoto pareció percatarse de su presencia, pues volteó y entonces las miradas de ambos se encontraron.
—Mira, mi niña, papá también trae regalos para ti.
Los ojos esmeralda de la pequeña se iluminaron al ver a su padre, y Andrew se dirigió al sofá donde estaban ambas y se sentó a un lado de Makoto, dejando la caja de regalo de lado para tomar a su niña en brazos.
—Feliz cumpleaños, tesoro— Le susurró él— Vamos a ver si te gusta tu regalo.
Tras tomarse un par de fotos, finalmente, fue Makoto quien terminó abriendo el regalo de su hija, el cual era un libro interactivo de cuentos de princesas con sonidos, lo que encantó a la pequeña Midori, pues curiosa como era, comenzó a oprimir las teclas de aquel libro, fascinada por los sonidos que iba descubriendo.
—Me está dando hambre—Comentó Andrew—¿Nos vestimos para ir a desayunar?
—Primero voy a ducharme— Respondió
—Pero si me encanta tu aroma— Susurró él pasando un brazo por la cintura de ella y aspirando el olor de su cabello.
Makoto sonrió, y sus labios se encontraron con los de su amado en lo que apenas fue un roce, una breve caricia
—También me encanta tu olor en mí, pero creo que no es apropiado.
—Como digas. Tárdate lo que quieras, yo mientras me encargo de Midori.
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Aquel "tárdate lo que quieras", Makoto se lo tomó en serio; pues aprovechando que Andrew no estaba en el hospital y podía encargarse de Midori, aprovechó para tardarse un poco más en la ducha disfrutando del agua caliente que caía en su cuerpo.
Al salir, sabiendo que Andrew tenía todo bajo control, se vistió con un vestido de color verde que se ceñía a sus curvas, medias negras, botines a juego, abrigo negro; se maquilló apenas un poco y dejó suelto su sedoso cabello el cual ya le llegaba a la cintura. Sentía una inexplicable necesidad de escribir en el diario ya mismo, pero tampoco quería hacer esperar tanto a Andrew, sin embargo, al entreabrir un poco la puerta y ver que él estaba entretenido en la sala dándole de comer un puré de frutas a Midori, se dijo ¿Por qué no?, así pues, se entretuvo escribiendo una página que más bien parecía una emotiva carta a Midori.
De pronto, escuchó el sonido de la puerta abriéndose , seguido de la voz de Andrew.
—¿Todo bien, Mako?
—Espera un poco— Respondió ella.
Andrew se acercó a ella, masajeando suavemente los hombros de su amada, algo que a Makoto le encantaba, y no pasó mucho tiempo cuando ella puso punto final a la página escrita ese día.
—Que bella carta a nuestra hija—Comentó él.
Makoto levantó su rostro, encontrándose con la mirada de Andrew.
—Gracias.
—¿Por qué agradeces?
Makoto se puso de pie y buscó el calor de sus brazos, que eran el lugar donde encontraba la calma que necesitaba.
—Por todo.
Andrew tomó el rostro de ella entre sus manos, y la besó suavemente.
—Tengo un regalo para ti
—¿Otro?
—No te he dado ninguno.
—Este viaje a Castle Combe, tantos momentos.
—Ven
Andrew la tomó de la mano y salieron a la sala, donde lo primero que vio fue a su hija sentada dentro de su cuna portátil , muy entretenida y feliz con sus juguetes nuevos.
Después, sus ojos se posaron en la pequeña mesa de centro de la sala donde estaba un pastel dentro de una caja transparente y lo que parecía ser un cuaderno de pasta dura, aunque para Makoto no pasó desapercibido que a diferencia del diario, este era personalizado: De pasta dura color café claro, la cual tenía grabado en color dorado la frase "Así empezó el cuento…", las iniciales de ambos, listones dorados sujetando las páginas, y otro más del mismo tono que impedía que se abriera fácilmente.
Por la decoración de la portada, Makoto supo que no se trataba de un diario, así que tiró del listón dorado, y al abrirlo descubrió que era un álbum.
Sonrió al ver que aquella primer hoja de cartoncillo color sepia estaba decorada con recortes : En la parte superior el número 1992 en color dorado, seguida de la frase "El año en que comenzó todo" ; y más abajo una foto de ella a los catorce años y otra de él a los dieciocho, y más abajo, escrito con tinta negra en la perfecta caligrafía de Andrew un breve texto introductorio:
"Erase una vez, en un país lejano, una hermosa princesa de ojos color jade y cabellos color chocolate que se enamoró de un imbécil, y por querer conquistar su amor, fue a su casa a cocinarle su comida favorita, pero el bastardo la friendzoneó por años."
Makoto río al leer el breve texto de aquella primera página, y después dio vuelta a la que sigue, luego a otra y otra más; dándose cuenta de que aquello era la historia de ellos dos contado a manera de un cuento gracioso y romántico, ilustrado con fotos de momentos especiales, marcando fechas importantes; y por supuesto dulcificando la parte turbia para no mencionar la palabra "senshis", "armas de fuego", "explosivos" ni "intentos de asesinato".
Finalmente, en la última página, había una foto reciente donde los dos estaban sentados en el sofá, Makoto con Midori sentada en sus piernas y él pasando un brazo por la cintura de su mujer, y abajo de la foto, escrito en kanjis, el texto.
"Un par de meses después de que llegaran a un país donde su amor no fuera prohibido, tuvieron una niña tan hermosa como su madre, y fueron felices para siempre."
Cuando terminó la última página, de los ojos de Makoto escaparon un par de lágrimas, pero no de miedo (pues gracias a la diosa de la muerte, por ese único día había olvidado que la vida se le iba), sino de dicha y plenitud, pues nunca imaginó, que Andrew siendo tan torpe para las manualidades se fuera a tomar el tiempo de hacer el mismo un regalo para ella, y algo tan romántico y a su gusto.
—Te amo— Susurró ella.
—Y yo a ti.
—Mami—Susurró Midori, y entonces ambos voltearon a ver a su hija miraba extrañada a su madre.
—Todo está bien, mi niña.—Dijo Makoto tomando a su pequeña de la cuna.
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P. O. V. MAKOTO
—Es hermoso— Susurra mi hija
—Quería darle algo que la sorprendiera así que hice lo mejor que pude.
Y me encantó, mi amor.
Con ese detalle me mostraste lo que me enamora de ti en cada vida: Al hombre romántico, detallista, cortés y amable que siempre eres.
Lamento que por mi causa una vez más hayas tenido que hacer cosas horribles que no te habría gustado hacer.
—Seguro le habrá encantado. A mi me encantaría — Comenta mi hija
—Se emocionó mucho.
—¿Y qué más hicieron ese día?
—Fuimos a desayunar, a recorrer el pueblo, tomarnos fotos, comprar souvenirs.
P. O. V. ANDREW
Junto con mi hija, regreso a la primera planta de casa. Le preparo un chocolate caliente, le sirvo más galletas. Ella se acuesta en un sofá , yo en otro, y de pronto, llevo la conversación a un tema más trivial y terminamos charlando de su indecisión de estudiar gastronomía o botánica, hasta que finalmente mi niña se queda dormida abrazando a su muñeca Li, y al verla así, durmiendo tan tranquila, inevitablemente vienen recuerdos de su infancia a mi mente
11 años atrás…
El llanto y la voz de su hijita asustada, despertaron a Andrew, así que nada más abrir los ojos, encendió la lámpara, encontrándose con el rostro lloroso de Midori, quien nada más ver el cuarto iluminado y a su padre despierto, salió de su cama que estaba frente a la de su papá y se dirigió corriendo a la de su padre.
—¿Qué tienes, mi niña? —Le cuestionó Andrew cargándola y sentandola en sus piernas.
—Soñé que unos monstruos venían a llevarme lejos.
—Eso no va a pasar, Midori —Le susurró Andrew para tranquilizarlo. —Aquí estoy yo para cuidarte.
Bien le habría gustado a Andrew decirle a su pequeña que los monstruos no existen, pero después de saber de las sailors, los gatos que se transforman en humanos y los youmas, no podía negarselo tampoco, y si bien sabía que los monstruos de las pesadilla de su hija no tenían nada que ver con las sailors y que esas pesadillas eran recurrentes desde que una amiguita del jardín de niños le había hablado a Midori del monstruo bajo la cama; la pregunta le oprimía el corazón, pues nada le daba más miedo que el hecho de pensar que las sailors supieran de la existencia de su pequeña y sé la arrebataran; sin embargo, no quería transmitirle sus miedos a su hija, pues quería que pese a no tener mamá, tuviera una vida lo más feliz y plena que se pudiera.
—Tu no dejarías que me lleven. ¿Verdad?
—No, mi niña. Les cortaría la cabeza—Le dijo Andrew — Además, sabría encontrarte, pero aún así, nunca debes confiar en extraños.
—Tampoco si son gatitos ni señoras bonitas.
—Tampoco
La pequeña Midori asintió y su rostro se relajó.
—¿Me cuentas un cuento?
Andrew le sonrió y comenzó su relato.
—Hace muchos años, en un país muy lejano, había una hermosa princesa de ojos verdes como el jade y cabellos cobrizo…
De vez en cuando, la pequeña Midori interrumpía el relato para hacer preguntas; sin embargo, antes de que Andrew terminara el cuento, su pequeña se quedó dormida, así que la acostó en la cama y la tapó con una cobija.
Después, el se acostó a su lado, satisfecho al haber devuelto la paz al corazón inocente de su niña que ahora dormía tranquila porque en su inocencia creía que mientras estuviera con papá nada podía pasarle.
"Nadie te apartará de mi lado para esclavizarte" Quiso decir Andrew, aunque no dejó que las palabras salieran y las retuvo en sus pensamientos, pero por supuesto no iba a dejar que esos "monstruos" con forma de gatos ni sus lacayas se la llevarán, aunque de nuevo tuviera que cometer un delito si aparecían y huir a otro lugar con su niña.
P. O. V. ANDREW
Observo dormir a mi niña, que sí, sé que ya no lo es, aunque para mi siempre lo será. La temperatura fuera es muy gélida hoy, así que levanto su frazada que se ha caído al piso y la tapo para que no pase frío.
Luce tan tranquila, sin embargo, es ya una señorita que comprende las cosas. Ya es consciente de que papá está muy lejos de ser todopoderoso, y aunque a sus diecisiete obviamente se puede defender mejor que a los cinco años, me duele verla preocupada, saber que sólo le estoy dando paz momentánea y que puedo no ser suficiente para cuidarla.
Afuera comienza a llover. Me doy cuenta por el golpeteo de las gotas en la ventana, y a mi mente vienen recuerdos de aquel cumpleaños compartido de las dos personas que más he amado.
16 años antes
Después de darle a Makoto aquel álbum de recuerdos que le había llevado más de un mes hacer y que a ella le había gustado tanto, salieron a aprovechar aquel último día del viaje a Castle Combe, pues al siguiente debían emprender el regreso a Londres para retomar la rutina del día a día.
Así, aquel cinco de diciembre de mil novecientos noventa y ocho, luego de salir a desayunar al famoso restaurante Bybrook, fueron a recorrer los lugares más emblemáticos del pueblo: El área histórica de Castle Combe Village, la pista de carreras de automóviles de Castle Combe Circuit, después a visitar los edificios de valor arquitectónico como St. Andrews Church, y finalmente, a los jardines italianos de The manor House, con los cuales Makoto quedó fascinada pese a que por ser invierno muchos árboles habían perdido sus hojas, a excepción de los pinos.
—Debe verse hermoso aquí en primavera.
—Te prometo que en primavera te traeré para que puedas apreciar los árboles floreciendo—Susurró Andrew.
Aquel día, regresaron tres horas antes de la media noche a la lujosa suite del hotel, donde nada más llegar, Midori cayó profundamente dormida, pues no había tenido oportunidad de tomar una siesta como solía hacerlo, por lo que Andrew se dirigió a llevar a su hija en brazos hasta la cuna portátil, mientras que Mako fue por el pastel que estaba sobre una mesita y cortó dos rebanadas, sirviéndolas en dos platos de porcelana, sin embargo, cuando iba al encuentro de Andrew, uno de sus pies se dobló y cayó al piso.
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Midori estaba tan agotada, que el ruido de la porcelana rompiéndose al chocar con el piso no la despertó, pero sí preocupó a Andrew que en seguida salió de la habitación para encontrarse con aquella escena de pedazo de porcelana regados en el piso y a Makoto tirada boca abajo en el suelo.
—¡Mako! ¿Estás bien? — Preguntó preocupado, temiendo que se hubiera cortado, y arrepintiéndose de no haber llevado su instrumental médico básico ni un botiquín de primeros auxilios.
Al llegar hasta donde estaba Mako, se agacho, pero la preocupación desapareció cuando ella levantó su rostro y se percató de que por suerte estaba bien, salvo porque tenía buttercream embarrado cerca de la comisura de sus labios, el cuello y en el nacimiento de sus redondeados senos.
—Estoy bien, sólo que la vajilla quedó incompleta—Comentó Makoto mientras reía y con ayuda de Andrew se ponía de pie.
—No estás tan bien—Comentó Andrew, que moría de ganas por quitar él mismo el buttercream embarrado en ciertas partes del cuerpo de su mujer.
—¿No?
—Tienes embarrado buttercream aquí— Susurró Andrew acercando su boca a la comisura de los labios de ella para comerse el dulce .
—Mentiroso—Respondió Makoto recordando que hace dos años ese había sido el pretexto para besarla, pero cuando sus labios se encontraron, el sabor de la crema pastelera en los labios de su amado le hizo saber que era verdad.
El fuego de la pasión comenzó a despertar de nuevo, y aquel beso se tornó más desesperado, tanto que cuando Andrew le mordió el labio inferior sintió su sexo palpitando de necesidad, y la electricidad, su elemento, recorriendo su cuerpo que ardía por y para él.
Las uñas de Makoto encajandose en su espalda, seguido de aquel toque eléctrico, lejos de molestarle, a Andrew le excitaban, pues bien sabían que era la manifestación del deseo que despertaba en su amada senshi por él, y sintió como su entrepierna se endurecía, ansioso de unirse al cuerpo de diosa de su mujer, así que la alzó tomándola del trasero, y con ella en brazos entró a la recámara que estaba a unos pasos, sentándola en el tocador y lanzando al piso la pluma de sailor y el revolver que nada más llegar habían dejado ahí.
—Tómame ya—Pidió Makoto sin pudor alguno, enredando sus piernas alrededor del cuerpo de él.
—Primero te voy a limpiar —Susurró él con la voz cargada de Lujuria, y recorrió con su boca el camino de su mandíbula hasta su cuello, donde se detuvo a quitar los rastros del buttercream, mientras poco a poco deslizaba el cierre del vestido de Makoto, arrancándole gemidos que ella trataba de reprimir al sentir los dedos de él acariciando la desnudez de su espalda.
Makoto, ante la desesperación de tocarlo y sentir el roce de su piel, tiró de la camisa de Andrew, importándole poco que la prenda se rasgara.
—Esto lo pagará, señora Furuhata— Le susurró Andrew, y la alzó de nuevo en brazos, llevándola ahora a la cama, donde terminó de sacarle el vestido, la ropa interior y se dedicó a "limpiar" el buttercream del nacimiento de los senos de Makoto, después dedicándole todas sus atenciones a aquellos pezones rosados, provocando que su amada se retorciera de placer bajo su cuerpo.
Makoto por supuesto tomó "venganza" por aquella deliciosa tortura que Andrew ejercía sobre ella, y en un momento en que invirtió los roles, se regocijó en besar su cuello, aspirar su excitante aroma, y recorrer con su boca y su lengua aquel torso masculino que le encantaba, disfrutando de cada jadeo que Andrew trataba de reprimir.
—¡Basta ya! —Le pidió él, y de nuevo, pese a las protestas de su mujer, de nuevo la tuvo bajo su cuerpo a su merced.
Makoto tembló de anticipación cuando sintió el torso duro de su amado apretando sus pecho y la virilidad endurecida rozando su húmedo sexo
—Te quiero ya—Suplicó apretándolo del trasero.
Mientras sus pupilas dilatadas se encontraban mirándose el uno al otro, Andrew se hundió de una profunda embestida en el sexo de su mujer, arrancando un gemido que él pronto ahogó con un beso que ella correspondió mordiendo su labio con desesperación, provocando que el tirara de su cabello.
—Salvaje—Le susurró él al oído, mordisqueando el lóbulo de su oreja y su cuello , mientras entraba y salía rápidamente y con más fuerza del sexo de su mujer.
—¿Pretendes marcharme? —Susurró Makoto entre jadeos al sentir la mordida.
—Sí.
Cuando sintieron que la fuerza del orgasmo se acercaba, Andrew apresuró sus movimientos y ella lo acompañó con el vaiven de sus caderas, hasta que de pronto, sintieron el placer estallar dentro de sus cuerpos.
Después de alcanzado el orgasmo, Andrew se tumbó sobre Makoto, apoyándose en sus brazos para no dejar caer todo su peso sobre ella; sin embargo, a Makoto le encantaba sentir su cuerpo sobre el suyo, y enredó sus brazos y sus piernas alrededor del cuerpo de él, invitándolo a relajarse.
—Siempre mío—Susurró Makoto, que en ese momento, al mirar sus pupilas, le vinieron recuerdos de su vida anterior, donde también se habían amado pese que hubo oposición.
—Siempre mía—Susurró él. Sabiéndola suya aunque Luna dijera que era de un tal Neflyte, o aunque en su vida anterior ella hubiera amado a un idiota llamado Motoki al que detestaba de manera visceral e irracional aunque nunca hubiera tenido el disgusto de conocerlo.
Cuando la calma volvió, Andrew se tumbó de espaldas en la cama, tirando de ella, quien no puso resistencia para estar en su lugar favorito: Los brazos de su amor, y su cabeza descansando en el pecho de él.
Estuvieron lo que quedaba del cinco de diciembre hablando de planes a futuro, riendo de tonterías, hasta que faltando menos de un minuto para que acabara aquel día a Makoto se le ocurrió que quería retomar sus estudios y lograr su sueño de ser una gran chef.
—Quiero entrar a Le cordon bleu en septiembre.
Andrew se sorprendió y se alegró al escuchar que su amada quería retomar de nuevo su plan de perseguir sus sueños, y sus labios se curvaron en una sonrisa.
—¿Es en serio, amor?
—Sí. Quiero tener una gran pastelería y…
El dig dong del reloj anunciando que el cinco de diciembre había terminado se escuchó, y entonces la magia de aquel día acabó y Makoto recordó que para ella ya no había futuro, que para septiembre ella ya no existiría, y su alegría y su sonrisa desaparecieron dando paso al miedo y la tristeza.
—¿Estudiar?—Escuchó una voz femenina que parecía salida del averno y se burlaba de ella.
Era la voz de la Reina Serenity, torturándola , burlándose de su miedo.
—Mi amor ¿Qué sucede?—Preguntó Andrew preocupado al ver las lágrimas en el bello rostro de su mujer que hace poco parecía la más feliz del mundo.
—Makoto, dime algo, por favor—Le suplicó tomándola de los hombros al ver que su mente parecía haberse ido a otro lado.
—Solo abrázame —Pidió ella, y entonces rompió a llorar en los brazos de su amado.
Un llanto de un alma desgarrada al saber que no lograría ser la chef que quiso ser, ni tener la casa con el enorme jardín que siempre quiso, pero lo que era peor, no vería crecer a su niña, Midori la olvidaría, y dejaría al amor de su vida destrozado con su partida.
¡Hola! Aquí traigo un capítulo más que espero les guste. Como podrán ver, Makoto en su último cumpleaños olvidó que tiene los días contados, pero acabando se el día también acabó la magia, y ahora si comienza el calvario, el camino de espinas.
Agradezco muchísimo sus reviews Hospitaller Knight, Aracox, Marijo San Lucar, Clarisa de Shields, Athena, Carol Peres, Ópalo Hope, Vale Fer T; y si me olvidé de alguien, mil disculpas.Lectores anónimos, también agradezco mucho a ustedes. No sean tímidos y anímense a comentar.
Buen fin de semana a todos.
Edythe
