EL SECRETO DE SAILOR JUPITER

CAPÍTULO 38

EL COMIENZO DE LA CACERÍA

—¿Y bien? ¿Ya tomaste una decisión?— Le preguntó Kioko a Afrodita.

—¿Me prometes que no le harás daño a Aries?

Kioko bufó y puso los ojos en blanco.

—¿No crees que si hubiera querido hacerle daño ya lo hubiera hecho? Aunque si no me dices sabes que de cualquier manera daré con él, y puedo ser letal.

Afrodita dudó entre decirle o no la verdad, pues tenía miedo de que le hiciera daño a Aries; sin embargo, sabía que Kioko al haber nacido con el poder de hablar con las estrellas, tarde o temprano terminaría puliendo ese poder recién descubierto y que encontraría la respuesta.

—¿Me llevarás contigo?— Le preguntó

Kioko deja escapar una sonora carcajada ante la pregunta de la aprendiz de senshi de Venus.

—¿Crees que necesito ayuda para traer a la senshi de la naturaleza?— Le preguntó mirándola ofendida.

—No, pero…

—Por supuesto que no necesito ayuda— La interrumpió Kioko— Esa mal nacida es sólo una inner que nunca se ha transformado. Hija de un humano común y corriente. Será fácil traerla, pero de cualquier manera te llevaré.

—Un humano que volvió de la muerte y que dejó parapléjica a la antigua Sailor Uranos y desfiguradas a Neptune y a la Neo Reina— Comentó Afrodita.

—Ya mejor dime donde están y deja de darle vueltas al asunto, Afrodita.

—Cambridge, Inglaterra.

Kioko se acercó a Afrodita y la tomó de la solapa de su camisa del uniforme escolar.

—Ni una palabra a Lady Luna, ni a la Neo Reina ni a nadie de que fuiste tú quien me dio la información. ¿Entendido?

Afrodita, que tenía miedo de Kioko, se limitó a asentir.

—Donde alguien sepa que fuiste tú quien me dio la información acabo con tu Aries.

—Entendido

—Tú me cubres, y yo te cubro. Recuérdalo.

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Después de salir de la habitación de Afrodita, Kioko se dirigió al despacho de Lady Luna, donde supuso estaría reunida con Serena, Michiru y Setsuna; pues desde que gracias a las estrellas supo que Rei en el pasado tuvo un amorío con Darien del cual había nacido una heredera y que su relación de noviazgo con Minako es una farsa, Lady Luna había optado por seguirle el juego a Mars y convocar juntas aparte a la que las tres inner senshi no están invitadas.

Al llegar a la puerta, Kioko tocó, y no pasó mucho tiempo hasta que Luna, con evidente fastidio en su voz le dio permiso de entrar: y al abrir la puerta, la aprendiz de senshi se llevó la sorpresa de que ahí también se encontraba su procreadora, lo cual la puso feliz, pues nada deseaba más que ella se diera cuenta de sus logros.

—¿Qué sucede, Kioko?

—¡La encontré!— Exclamó— Las estrellas me han revelado que la hija de Makoto Kino vive en Cambridge, Inglaterra

—¿Qué?— Pregunta Michiru emocionada— ¿Lo dices de verdad?

—Las estrellas han hablado— Respondió

Kioko se percató de que Haruka la miraba con interés y no con odio, lo que la hizo sentir feliz.

—¿Qué hace allá?— Preguntó Luna— ¿Con quién vive? ¿Quién es su padre?

—Las estrellas no me revelaron quién es el padre, Lady Luna— Respondió— Pero si me confirmaron que es hija de un hombre sin poderes.

—¿De Hiroto?— Cuestionó Michiru con miedo en su voz, pues desde que había ocurrido aquel suceso en el que quedó deforme, escuchar el nombre del que habían asesinado hacía que se le helara la sangre, pues tenía la sospecha de que era él quien había regresado como un vengativo yurei para cobrarles por haberlo asesinado.

—Es posible— Comentó Kioko

—Ya te dije que no es posible que sea de Hiroto— Comentó Serena— Hace días nos dijiste que en tus visiones viste que la hija de Makoto tenía cabello claro, y Hiroto era de cabello oscuro y en su familia no había genes de cabello claro. Lo sé porque lo conocí desde que íbamos al jardín de niños. Y hasta donde sé en la familia de Makoto tampoco había ese tipo de genes.

—¡Escúchenme!— Pidió Luna— De esto ni una palabra a las inner.

—¿Cuándo iremos por ella?— Preguntó Setsuna interesada

—En cualquier momento puedo ir— Respondió Kioko emocionada— Las estrellas me han revelado que nunca se ha transformado, así que posiblemente no sepa como hacerlo. Será fácil traerla.

—¿Y si tiene la protección de un yurei igual que Makoto?— Preguntó Haruka— Puede que nunca se haya transformado, pero eso no significa que no sepa como hacerlo ¿Cuándo fue que murió Makoto?

—La fecha en que murió no me la han revelado las estrellas, Lady Uranus— Le contestó Kioko orgullosa y feliz de que le prestara un poco de atención— Aunque si Makoto murió, es probable que un adulto esté a cargo de ella.

—¡Silencio!— Pidió Luna alzando la voz

Todas las presentes guardaron silencio, y entonces Luna continuó hablando.

— Ir por ella es algo que tenemos que planear bien. Como dice Haruka, puede que si sepa como transformarse. Además, recuerden que Makoto era buena peleadora y pudo haberle enseñado a su hija. Lo que tenemos que hacer es quitarle el cristal de Júpiter, y en caso de que se ponga difícil, bastará con lesionarla de una pierna o de un brazo para incapacitarla un tiempo. Recuerden que una sailor incapacitada no puede hacer uso de sus poderes, pero eso no significa que no podamos beneficiarnos de ellos. Tendremos la sangre de la senshi de la naturaleza, y su obediencia también después de que reencarne.

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—Papá. Por favor— Suplicó Midori con expresión de fastidio en su rostro— ¡No voy a entrar a clases con esos horribles brazaletes cuando tú ni siquiera has cumplido con tu palabra de implantarte el chip rastreador!

—Bien, en vista de que no te decides y no tengo todo el tiempo del mundo, vendrás conmigo al consultorio y tomarás las clases en línea a partir de hoy— Le respondió Andrew con evidente molestia en su voz.

—¡No puedes tenerme vigilada todo el tiempo!— Refunfuñó Midori— Además ¿Sabes que cualquier cosa podría pasar cuando te encuentras en medio de una cirugía?

—Ese ya no es problema— Le contestó Andrew— He cancelado todas las cirugías que tenía pendientes y las canalicé con uno de mis colegas. También pedí vacaciones en el hospital así que sólo estaré medio tiempo en el consultorio atendiendo casos que no sean tan complicados.

—¿Qué?— Le preguntó Midori sorprendida— ¿Dejarás de trabajar?

—No puedo comprometerme a entrar al quirófano a intervenir a mis pacientes después de que Richard y Aries coinciden en que en cualquier momento puede pasarte algo— Le contestó— Además, dinero tenemos suficiente y lo que si necesito es pasar más tiempo en el laboratorio.

—¡Papá! ¡No me puedes hacer eso! ¡Ya soy casi una mujer adulta!— Se quejó Midori

—Pues te estás comportando como una cría de cinco años. Y ya me quedan treinta y seis minutos antes de que llegue mi primer paciente al consultorio.

—¡No me voy a poner esas cosas ridículas en el brazo y tampoco me voy a perder de venir a la escuela en mi último semestre de preparatoria!— Exclamó Midori dispuesta a bajarse, sin embargo, antes de que lo hiciera, Andrew la tomó del antebrazo

—Midori, no me retes— Le advirtió— Si bajas del auto sin los brazaletes iré a sacarte del salón de clases. ¿Quieres eso?

—¡No lo harás!

—¿Crees que no?— Le preguntó Andrew a punto de perder la paciencia.

Midori se quedó en silencio, sosteniéndole la mirada a su padre.

—Modori. He sido capaz de asesinar por tu madre y por ti. ¿Qué te hace pensar que voy a detenerme para ir a sacarte del salón de clases?

—¡Tú ganas!— Exclamó molesta Midori— Ponme esos ridículos brazaletes

De mala gana, Midori le extiendo los brazos a su padre, y entonces, él le puso a su hija esos brazaletes que a los ojos de la adolescente eran antiestéticos, pues eran toscos, negros, y llenos de botones plateados.

—¡Por el kami, esto es horrible!— Se quejó al verselos puestos— Podría simplemente tenerlos dentro de la mochila. Además yo si tengo poderes, soy la senshi del trueno y la naturaleza. No necesito esto.

—Lamento que no se me de el diseño de broches ridículos, pero es lo que hay— Respondió Andrew fastidiado

—Supongo que ya puedo bajar del auto entonces— Dijo Midori, quien estaba pensando que nada más entrar al colegio iría al baño a quitárselos, sin embargo, antes de que siquiera abriera la puerta del auto, su padre la tomó del antebrazo

—Y una cosa más, Midori

—¿Qué?

—Esos brazaletes no sólo te van a servir para defenderte en caso de que no puedas usar tus poderes o que te encuentres en una situación donde no deberías usarlos— Le dijo Andrew— También están configurados para que me llegue un aviso a todos mis gadgets en caso de que llegues a quitártelos, así que tú sabes si quieres que venga por ti y te saque de clases en frente de todos tus compañeros.

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Eran casi las 22:00 p.m. y las tres outher senshi aún seguían en el despacho de Luna, quien las había convocado a una junta a la que las inner no estaban invitadas, sin embargo, cuando Michiru, Haruka y Setsuna estaban a punto de retirarse, alguien llamó a la puerta del despacho, y tras el "Adelante" pronunciado por Luna, la puerta se abrió y miraron a Kioko.

—¡La encontré!— Grita eufórica Kioko

—¿A quién?— Le pregunta mi Luna

—A la heredera del trueno. Vive en Londres

—¿No habías dicho que en Cambridge?— Le pregunta Setsuna

—Sí, Lady Plut— Le responde Kioko—Eso creí, pero ahora sé con certeza que es Londres. Las estrellas me la mostraron con un uniforme escolar, y hoy miré el nombre de la High School en la que estudia. Me puse a averiguar en google y encontré que en Londres hay una escuela que se llama como la enla que la suelo ver, pero no en Cambridge ni en el resto de Inglaterra. También tengo el domicilio del colegio, así que mañana mismo podemos ir por ella.

—Y dado que necesitamos ser tres para teletransportarnos supongo la acompañaremos Setsuna y yo ¿Verdad? —Cuestiona Michiru

—Yo no necesito de nadie para teletransportarme. Soy hija de un shittenou. Del general Neflyte del Norte, así que puedo teletransportarme sola— respondió Kioko con orgullo.

Haruka, al escuchar nombrar el nombre de aquel cuya semilla le habían plantado por la fuerza en el vientre, frunció los labios, pues aunque no habían procreado a Kioko por medio de una relación sexual normal, sentía repulsión por aquel hombre y por su vastaga, a quien miraba como una maldición; sin embargo, al saber que necesitaba de la sangre de Júpiter para poder pararse de la silla en la que estaba postrada y recuperar sus poderes, decidió tragarse su rabia, pues por desgracia, era la misma Kioko quien parecía estar destinada a ayudar a que pudiera recuperar su vida.

—Aunque puedas teletransportarte sola irás acompañada —Comentó Luna — Nunca has estado en un combate real y debes ir preparada.

—Pensaba llevar a Afrodita y…

—Afrodita irá, pero también las acompañará Michiru que tiene experiencia en batalla y el general Jedite.

—¿Qué? — Cuestionaron todas sorprendidas.

—Volvió a la vida. Después les explicaré el cómo

—¿Y mi procreador? — Preguntó Kioko sin poder contener la emoción que le provocaba la idea de conocer al General Neflyte.

—De eso hablaremos luego— Dijo Luna —Prepárense para traer a la senshi de la naturaleza mañana mismo.

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¿Qué sucede, mi niña?— Preguntó Andrew a la pequeña Midori, quien aquel jueves estaba muy seria desde que había salido de clases, tanto, que incluso no estaba prestando atención a su programa favorito de dibujos animados, no se había terminado la hamburguesa que su padre le había comprado ni mostraba alegría al ver que en la cajita feliz le había salido la muñeca que le faltaba en su colección.

Nada— Respondió la niña

Andrew sabía que aquel comportamiento no era normal en su inquieta, ruidosa y alegre hija; así que apagó el televisor, dispuesto a averiguar que era lo que la tenía así.

Midori. ¿Puedes prestarme atención un segundo?

La niña volteó a verlo, con esos ojos verde esmeralda tan idénticos a los de su difunta madre.

Mi niña. Yo sé que algo te pasa,. No es normal que estés tan callada. ¿Me lo vas a decir?

Al ver que en los ojos de la pequeña se acumulaban las lágrimas, Andrew temió que algo le hubiera ocurrido a manos de una persona adulta común, y que él, por vivir preocupado de cuidarla de las senshis, no lo hubiera visto venir.

Mi niña, sea lo que sea dime— Le suplicó Andrew— No te voy a regañar sea lo que sea que te esté pasando. ¿Alguien te hizo algo que te incomodara? ¿Alguien te golpeó o te tocó sin permiso?

Midori negó moviendo la cabeza de un lado a otro.

¿Por qué mamá se murió?

Andrew se relajó al descartar la idea de que alguien hubiera abusado de su hija, aunque de cualquier manera, le dolió ver la tristeza reflejada en sus ojos.

Porque estaba enferma, cariño

Pero tú eres doctor y salvas vidas

Andrew se quedó pensativo un momento sin saber que contestarle a su hija. A sus treinta años, y siendo un inmigrante extranjero en Londres, podía sentirse orgulloso de ser reconocido como uno de los mejores cirujanos plásticos del país; sin embargo, también estaba acostumbrado a que de vez en cuando la muerte le ganara algunas batallas en el quirófano; sin embargo, pese a saber que había casos que hasta al mejor médico se le escapaban de las manos, algo que no podía perdonarse era la muerte de su amada Makoto.

Mi niña. Te he dicho que todos un día vamos a morir y que la muerte es el final de un ciclo. ¿Verdad?

Midori asintió.

Pues el ciclo de tu mamá llegó a su fin, y cuando eso sucede, no hay ningún médico que pueda hacer nada.

Pero el doctor Smith siempre dice eres el mejor y que casi nunca se te mueren los pacientes y que por eso eres Jefe de cirugía en el Hospital— Dijo Midori— Y tus pacientes te dan regalos

No diría que el mejor, cariño— Respondió Andrew— Simplemente me esfuerzo en ayudar a mis pacientes y ellos en agradecimiento a veces me dan regalos, pero cuando un paciente ya está muy enfermo a veces es imposible salvarlo.

¡Tú no quisiste salvar a mi mami!— Gritó la pequeña Midori.

Dolida al creer que su padre no había hecho lo suficiente por salvar a su mamá, Midori se puso de pie, y enojada, corrió hasta salir al jardín de la casa para luego subir a la casita en el árbol que su papá le había mandado construir con motivo del Hinamatsuri, que era el día de la niña en el país de origen de su él.

Al subir a la casita del árbol, Midori se sentó en el piso, y con la cabeza agachada, dio rienda suelta a su llanto mientras recordaba las risas de sus compañeritas que se habían burlado de que no tuviera mamá, y que incluso habían dicho que su padre al ser doctor podría haberla salvado pero que no quiso.

Mi niña— Escuchó de pronto una voz femenina que le hablaba con tanta dulzura que le reconfortó el corazón.— No llores.

Midori levantó su rostro, encontrándose con una hermosa mujer de piel pálida, ojos verdes como las esmeraldas, cabellos color chocolate; quien llevaba un hermoso vestido en color verde y una corona de lirios del valle adornando su cabeza; lo cual la dejó asombrada, pues justo así era como se imaginaba a la Ninfa de las flores del cuento que cada noche le contaba su padre, y que secretamente, imaginaba, que era su mamá

¿Eres la Ninfa de las flores de ciudad Esmeralda?— Preguntó la pequeña— ¿Eres tú, mami?

Sí. Soy tu mamá. mi niña

La pequeña sonrió emocionada, y cuando la mujer la tomó entre sus brazos para sentarla en su regazo, la dulce Midori se acurrucó en el pecho de su madre, llorando de felicidad y sintiéndose tranquila al aspirar aquel aroma a rosas y vainilla.

Quiero que te quedes, mami

No puedo, mi niña. Ya no pertenezco a este mundo.

¿Fue culpa de papá?

Escúchame bien, mi niña— Le dijo la mujer— Papá es un gran doctor e hizo todo lo posible por salvarme, pero cuando uno tiene que morir, no hay médico que pueda hacer nada para evitarlo

La pequeña Midori miró fijamente a la mujer.

¿Entonces papá me dejará de querer por todo lo que le dije?

No, mi cielo— Le respondió la mujer— Papá nunca dejará de amarte ni yo tampoco, pero no quiero que dejes que los comentarios mal intencionados de esas niñas te afecten.

Les quería pegar, pero papá y mi sensei de tae kwon do dicen que la violencia sólo debe ser usada en caso de que la vida esté en riesgo.

La hermosa mujer sonrió al escuchar aquellas palabras.

Y papá tiene razón, mi niña. Evita recurrir a la violencia física a menos que sea necesario para salvar tu vida o la de otros.

La pequeña Midori asintió, y entonces se puso a charlar con su madre sobre el dojo donde practicaba de tae kwon do, las muñecas que papá le había comprado y su último cumpleaños, hasta que llegó la hora de despedirse.

Mi niña. Ya va a ser hora de despertar, pero quiero que me prometas una cosa.

Lo que quieras, mami

Midori, de pronto se vio del mismo tamaño que su madre, lo cual la desconcertó; y al verse reflejada en un espejo, miró que su rostro y cuerpo infantil ahora eran los de una adolescente.

Mi niña. Por favor no vayas a la High School hoy— Suplicó la mujer

¿Mamá? ¿Por qué?

P. O. V. MAKOTO

Entrar en los sueños de mi hija y de Andrew es algo que pocas veces puedo, sin embargo, ahora que estoy a punto de advertirle que hoy vendrán a darle caza, el maldito sonido de su despertador suena, y entonces su sueño termina y ella se levanta de la cama.

—Que hermoso sueño, mamá— Susurra mientras toma un cuadro que está en la cómoda al lado de su cama donde aparezco yo cargándola en brazos y Andrew a nuestro lado.

—Mi niña ¡No vayas a clases!— Le grito. Sin embargo desde esta dimensión en que me encuentro no me ve ni me escucha.

—Si vieras lo loco que se ha vuelto papá. ¿Sabes que quiere que me ponga dos horribles brazaletes para ir a la escuela?

—¡Midori, tu padre no está loco!

—Sabe que soy la senshi del trueno y que no los necesito

De pronto alguien llama a la puerta de la recamara de Midori. Es su padre.

—¿Ya despertaste?

—Sí— Le responde mi hija con fastidio.

Mi hija rápidamente se viste con su uniforme escolar. Después baja a la segunda planta donde se reúne con su padre que ya le tiene preparado un sandwish de jamón y un jugo de naranja

—¿Y bien?— Le pregunta Andrew— ¿Qué has decidido? ¿Ya cambiaste de parecer?

Mi hija lo mira retadoramente. Sé que están molestos el uno con el otro. Ella porque desea tener la vida normal de una adolescente y porque su padre se rehúsa a ponerse un chip rastreador así como ella tiene uno; mientras que él está molesto de que nuestra hija adolescente esté tan confiada sólo porque ella es capaz de utilizar sus poderes sin necesidad de transformarse.

—¡No!— Le responde

—Bien, entonces dame las manos— Dice Andrew poniendo los brazaletes sobre la mesa.

—¡Andrew, mi amor! ¡No la dejes ir a clases!— Le grito. Sin embargo, tampoco me escucha.

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—¿No te vas a terminar el desayuno?— Le preguntó Andrew a su hija al ver que dejó la mitad de su sandwich.

—No tengo hambre

—Hija, a mí tampoco me gusta tener que ponerte esos brazaletes ni tener que estar invadiendo tu privacidad rastreandote, pero lo hago por tu bien.

—Ya llevame a clases.

Cuando estaban a punto de salir de casa, el televisor de plasma que estaba sobre el librero de pronto cayó al piso, rompiéndose en pedazos.

—¿Qué carajos?—Dijo Andrew para si mismo. Sin embargo, una pantalla plasma rota en esos momentos era lo que menos le importaba , así que salió de casa para llevar a su hija a clases.

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Cuando Midori bajó del auto y entró a clases, perdiéndose entre la multitud de estudiantes, Andrew sintió el impulso de bajar del auto y sacarla aunque fuera por la fuerza; sin embargo, sabía que eso sería demasiado humillante para ella y tampoco quería ridiculizar a su hija delante de sus compañeros.

Pensó de pronto en lo mucho que había deseado que Midori creciera cuando era sólo una niña; sin embargo, su paso por la adolescencia le estaba dando uno que otro dolor de cabeza.

Abrió la guantera del auto, de donde sacó una fotografía que les tomó hace años a su mujer y su niña en aquel único cumpleaños que pasaron juntos.

—¿Por qué tenías que morir?— Preguntó

Le gustaba creer que Makoto lo escuchaba.

—¿Sabes una cosa, mi amor?— Le siguió hablando a la foto de su amada— Por alguna razón tengo miedo de alejarme del colegio de Midori. Aunque si sigo aquí estacionado voy a parecer un acosador de adolescentes.

Comenzó a darle rasquera en el brazo izquierdo, justo donde tenía la marca de Júpiter. Si bien ya era normal para él vivir con miedo y alerta, aquella mañana estaba más intranquilo que de costumbre , así que decidió que ese día no abriría el consultorio; por lo que sabiendo que su secretaria debía ir en camino decidio marcarle, hasta que finalmente le contestó y le pidió que reagendara las citas de los pacientes que tenía que ver ese día en la consulta.

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Eran justo las 22:00 horas, cuando a la casa de Lady Luna llegó Michiru acompañada de Haruka y Setsuna, donde ya la esperaban Kioko y Afrodita, quienes estaban en el jardin, transformadas en sailors.

—¿Lista, Lady Michiru?— Preguntó Kioko emocionada

—Por supuesto— Respondió Michiru. Emocionada ante la idea de recuperar su belleza perdida antaño.

—Y a todo esto. ¿Dónde está Luna?— Preguntó Haruka

—Fue a traer al General Jeite— Contestó Artemis

—Y aquí estamos— Se escuchó la voz de Luna, quien venía acompañada de un hombre rubio de ojos azules que nadie de los presentes conocía además de Artemis; pero del que ya habían escuchado hablar por boca de la gata.

—¿Es uno de los shittenou ?— Preguntó Kioko emocionada.

El hombre miró uno a uno de los presentes, reconociendo unicamente a Artemis, pues durante el Milenio de Plata no había llegado a conocer a las outher senshi, mucho menos a Afrodita y Kioko que en ese tiempo no existían en el universo.

—Sí— Respondió Luna— Sin embargo, él ha perdido la memoria. Lo único que recuerda son sus vivencias en el Milenio de Plata.

Antes de partir, Haruka y Michiru olvidaron sus diferencias y se despidieron como si fuera la última vez que fueran a verse, cosa que también hicieron Setsuna y Jedite, pues tras el despertar del general, era la senshi del tiempo quien se había encargado de cuidarlo, y él, en agradecimiento, le prometió regresar con la heredera de Júpiter que con su sangre le devolvería la fertilidad que había perdido por culpa de la antigua regente, así como también la llave del tiempo que le había sido robada.

Finalmente, tras despedirse, y dado que desde días antes habían acordado que al llegar permanecerían transformadas en todo momento, Kioko y Afrodita cubrieron su traje de senshis con un chador como el de las musulmanas, así como su cabello con un niqab. En el caso de Michiru, como de costumbre, se puso uno de los burkas que siempre utilizaba desde el fatidico accidente. En cuanto al general Jedite, no fue necesario que ocultara su atuendo, pues no creían que por la mente de Makoto, y mucho menos de su hija, pasara la idea de que pudieran traerlo a la vida.

—¿No nos irán a ver raro los ingleses vistiendo con estas cosas?— Preguntó Afrodita

—No, tonta— Respondió Kioko— Los musulmanes son la minoría más grande en Londres. Además, es preferible que alguien nos vea raro por vestir así a que la hija de Makoto llegue a vernos transformadas en sailors.

Finalmente, las senshis y el shittenou se reunieron en un círculo y unieron sus manos para teletransportarse, sin embargo, antes de que desaparecieran de Tokio, Kioko alcanzó a recibir más información por parte de las estrellas que no alcanzó a comentar con Luna.

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Pocos minutos después de la teletransportación, finalmente llegaron a la ciudad de Londres, donde ya era de día.

—¡Recibí información de las estrellas poco antes de teletransportarnos!— Exclamó Kioko emocionada.

—¿Qué supiste, niña?— Preguntó la senshi del mar

—Es sobre el padre de la heredera del trueno— Respondió la senshi de Urano— Es rubio. De ojos azules.

—Bien, y ahora que haremos— Preguntó Afrodita sin pode disimular su nerviosismo.

De pronto, Kioko alcanzó a ver que frente al colegio donde la hija de la senshi del trueno estudiaba, estaba estacionado un auto, y que dentro de este se encontraba el mismo hombre rubio que las estrellas le habían revelado que era el padre de la senshi que estaban buscando.

—¡Es él!— Gritó hacia donde se encontraba.

—¡Lo conozco!— Exclamó Jedite, y enseguida se teletransportó para seguirlo.

Michiru y Afrodita voltearon hacia atrás, sin embargo, no alcanzaron a ver al sujeto del que Kioko hablaba, pues el auto ya había arrancado.

—¿Por qué tanta importancia en seguir a un señor común?— Cuestionó Afrodita

—¡Ay, Afrodita! ¡Cómo se te nota que eres senshi de Venus!— Se burló Kioko— Debe morir por atreverse a habernos arrebatado a una guerrera. Además nada me complacería más que torturar a ese hombre porque el que la idiota de Makoto Kino desdeñó a mi padre, y mejor si es frente a los ojos de su bastarda.

—¡Basta ya!— Exclamó Michiru— Debemos teletransportarnos dentro del plantel para comenzar a buscar en cada una de las aulas.

Las tres senshis unieron sus manos, y gracias a la teletransportación, pudieron entrar dentro del plantel evitándose tener que ser cuestionadas por los guardias que custodiaban las afueras de aquel colegio privado.

Dado que al llegar era hora de clases, no pudieron dar inmediatamente con la heredera del trueno, así que decidieron dividirse para ir en búsqueda de una chica con la descripción que les había dado Kioko, quedando en que la que la encontrara primero avisaría a las otras dos.

Kioko por su parte, se metió a esperar escondida dentro de uno de los baños de mujeres, y veinte minutos después, escuchó sonar el timbre, seguido de murmullos a lo lejos y tres voces femeninas hablando en inglés britanico.

Decidió que saldría del baño para ir en búsqueda de la senshi del trueno, pero como si aquella mañana la suerte estuviera de su lado, al salir se encontró con que una de las voces que había escuchado pertenecía a la adolescente de cabellos claros y ojos verde esmeralda que buscaba.

—¿En serio no te has acostado con Aries?— Le preguntó una de las chicas que la acompañaba.

—Aún no— Respondió la senshi entre risas, lo cual indignó a Kioko, pues una sailor no estaba destinada a cosas tan mundanas como tener una pareja, sino servir a la corona.

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Pese a que no había planeado ir al consultorio, pocos minutos después de haberle llamado a su secretaria para pedirle que reagendara sus citas, esta le había devuelto la llamada para comunicarle que había olvidado su juego de llaves para entrar, por lo que Andrew tuvo que ir a su consultorio que se encontraba a sólo dos calles del colegio donde estudiaba Midori para abrirle la puerta con sus llaves que siempre cargaba.

—Buenos días, doctor— Lo saludó con coquetería su rubia secretaria, quien como de costumbre, estaba jugueteando con su cabello nada más verlo.

—Buen día Wendy— Respondió Andrew con amabilidad, fingiendo no darse cuenta del coqueteo de aquella belleza rubia de veintidós años, pues aunque no se había mantenido en celibato después de la muerte de Makoto, la idea de fornicar con una joven a la que le llevaba dieciocho años y que era apenas cinco mayor que su hija le parecía repulsivo.

Tras abrirle la puerta del local a su secretaria, la joven entró e inmediatamente tomó asiento en el área de recepción. Andrew por su parte, pensaba retirarse, pero de pronto recordó que dos días antes le había llegado un kindle que había encargado por internet, así que decidió entrar al consultorio para tomarlo, después de todo. ¿Qué tantos minutos le podía tomar?

Al entrar, recorrió con la mirada los muchos reconocimientos, diplomas y títulos con su nombre que colgaban de la pared: Desde el que le habían dado al terminar la carrera como médico general al egresar de la universidad en Japón, pasando por el que había logrado obtener al terminar la subespecialidad en Londres, así como los que le habían dado en los muchos congresos médicos; hasta que finalmente sus ojos se toparon con un dibujo de trazos infantiles hecho con colores de cera, en el que su hija lo había dibujado con su bata médica, el estetoscopio colgando alrededor del cuello, y abajo, escrita la frase "Mi papá es mi super héroe favorito porque cura a las personas enfermas"

11 años antes…

Como cada día, Andrew llegó puntual a la hora en que terminaban las clases de Midori, así que tras entrar al plantel, se acercó al aula donde su hija estudiaba, percatandose de que la mayoría de sus compañeritos salían con dibujos infantiles de distintos super héroes ficticios, y entre ellos se comentaban porque les gustaba más uno u otro.

Por supuesto, durante su infancia, Andrew como cualquier niño había amado los comics y las películas de super héroes, sin embargo, desde que supo que en verdad existían personas con superpoderes, y que eso había sido la causa del sufrimiento de su amada Makoto y de que tuviera que vivir con el miedo de que su hija desarrollara poderes y fueran a quitarsela, le había tomado aversión a todas esas series que alguna vez le habían gustado, y que procuraba que no fueran del agrado de su hija.

Miss Sophie, buenos días— Saludó Andrew a la profesora de su hija.

Buenos días, doctor Furuhata— Respondió la joven profesora, quien como de costumbre, le sonrió y le rozó el brazo de manera accidental.

¿Como va mi hija en clases?— Preguntó Andrew con amabilidad, aunque procurando no dar señales equivocadas a la coqueta profesora

Midori es un encanto, doctor— Respondió la profesora— Hoy el profesor de Artistica les ha pedido que dibujen a su super héroe favorito, y mientras que otros niños han dibujado a batman, superman, la mujer maravilla, entre otros, su pequeña lo ha dibujado a usted.

Andrew miró de espaldas a su hija, que se encontraba charlando con otras niñas en un rincón del salón, y como si la pequeña se hubiera percatado de su presencia, se dio media vuelta, y nada más verlo corrió feliz a su encuentro.

¡Otou-san! ¡Te hice un dibujo!

Adrew se agachó a la altura de la pequeña Midori, y sonrió al ver aquel dibujo infantil hecho por su hija.

¡Muchas gracias, mi niña!— Exclamó al tiempo que le daba un abrazo.

El maestro de artística nos puso a dibujar a nuestro super heroe favorito, y yo te dibujé a ti porque tú eres uno de verdad.

¿En serio?— Le cuestionó Andrew

Sí. Tú salvas la vida de muchas personas enfermas, otou-san. Cuando sea grande voy a estudiar medicina para salvar vidas como tú . ¿Me perdonas por todas las cosas feas que te dije ayer?

Andrew miró los ojos vivaces de su niña. ¡Tan identicos a los de Makoto! ¿Cómo no iba a perdonarla si era lo único que le quedaba de su amada?

Claro que te perdono, mi niña— Le respondió Andrew— Te quiero mucho.

¿Quieres que sea doctora como tú?

Yo sólo quiero que seas feliz, mi niña. Muy feliz— Le contestó Andrew— Siempre te voy a amar y cuidar sin importar si decides estudiar medicina, tener un restaurante o cualquier otra cosa.

Fin del flash back

Andrew estaba por irse, cuando de pronto la puerta de su consultorio se abrió, lo cual le pareció extraño, pues por muy coqueta fuera Wendy, nunca entraba sin antes llamar a la puerta, sin embargo, cuando se dio la media vuelta se encontró con un hombre rubio de ojos claros.

—¡Otra vez tú dando problemas!—Exclamó el hombre mirándolo con furia.

¡Hola!

Primero que nada, muy feliz año nuevo a cada una de las personas que han estado leyendo este fanfic. ¡Ya ocho meses desde que lo publiqué! Espero hayan pasado felices fiestas y que este 2022 tengan mucha salud, dinero, amor y puras cosas buenas.

Lady Jupiter: Así es. Los últimos meses de vida de Makoto fueron de terror, y lo peor es que ni siquiera le podía contar a Andrew ni a nadie. Ni con quien desahogarse la pobre, pero de eso verás más en el siguiente capítulo.

Hospitaller Knight: Sí. ¡Corre por los kleenex, que esto se va a poner más triste! Tanto en el pasado como en el presente.

Aracox: ¿De donde saco tanto amor? Jejeje. No lo sé, pero por como se ha visto que Andrew interactua con todas sus novias en todas las versiones de SM pues lo imagino más o menos así. Sin tener problemas ni medirse para demostrar su amor y procurando que su novia/esposa esté feliz de haberlo elegido.

MarijoSan Lucar: Siendo que no eres fan de Minako, para mí es un halago que leas este fanfic y leer tus reviews. Muchas gracias. Un día te haré un one shot de tu OTP.

Athena: Muchas gracias por tu review. Y sí. Por desgracia la magia de ese último cumpleaños terminó y la pobre Makoto ahora va camino a volverse loca, porque eso sí, sus últmos meses son un calvario.

Caro: Sí. Mako pasó muy bonito días pero por desgracia terminó, y ya viene lo peor.

ValeFertT, Clarissa, Laguyaya; gracias por los votos en wattpad.

Lectores fantasmas y de facebook: Muchas gracias por leer. No sean tímidos y anímense a comentar.

En fin. Espero publicar capítulo la próxima semana, y si no, seguro que lo subo en quince días. No había tenido tiempo de actualizar y casi dejé este fic un mes en pausa por la fiestas, pero aquí ando de nuevo.

Saludos.

Edythe