EL SECRETO DE SAILOR JUPITER

CAPÍTULO 39

LA CACERÍA

Milenio de Plata

De no ser porque tenía esperanzas en ganarse el corazón de la estoica y temperamental Lady Mars, Jaedite no hubiera estado tan feliz cuando la tarde del día anterior, el Rey de la Tierra les había informado a él y a sus compañeros shittenou que iría a la Luna a tratar asuntos de gobierno, y que requería que como parte de su corte, lo escoltaran a él y sus herederos a la Luna; sin embargo, tan pronto como habían llegado, la senshi del fuego como si no quisiera ser encontrada por él, se había escabullido, pero el general, que tenía la esperanza de derribar los muros de su corazón, se dio a la tarea de buscarla en los pocos rincones del palacio a los que tenía acceso, y al no lograr dar con ella, salió a buscarla a los grandes jardines del Reino.

Fue tanto tiempo el que estuvo buscándola, que cuando menos lo esperaba, el cielo ya había oscurecido, sin embargo, cuando estaba a punto de darse por vencido y regresar al palacio, escuchó murmullos detrás de los arbustos, y después la voz del inútil sobrino de la Reina teniendo una discusión por problemas de amores con sabrá quien.

¿Te volviste a acostar con él y pretendes que no esté enojado?

Jaedite rio al saber que el sobrino de la Reina, al igual que él, padecía del mal de amores; sin embargo, no estaba interesado en enterarse de la vida amorosa de Lord Andrei, sin embargo, cuando estaba a punto de retirarse, la voz femenina que le respondió y que conocía muy bien captó su atención.

¡No nos acostamos, te juro por Zeus que no!

Jaedite se asomó por entre los arbustos, y se sorprendió al confirmar que la mujer con la que Lord Andrei discutía era nada más y nada menos que Lady Júpiter, la mujer de Neflyte, su mejor amigo.

¡Lo vi saliendo de tu alcoba, Lita!— Exclamó con voz gutural Lord Andrei— Muchas horas después de que terminó el baile. ¿Por eso me pediste que no te buscara? ¿Para revolcarte con él?

Desde donde se encontraba, Jaedite miró que Lady Júpiter le metía una sonora bofetada a Lord Andrei.

¡Ya te dije que sólo dormimos juntos!— Exclamó Lady Júpiter— ¡Y sí! ¡Estaba dispuesta a tenerlo entre mis piernas otra vez! ¿Y sabes por qué, Motoki? Porque…

¡No hace falta que me lo digas, Lita!— Exclamó el hombre con voz entrecortada— ¡Lo amas! ¡Te enamoraste y…

Porque te amo a ti— Exclamó la senshi de la naturaleza— ¡Si esa noche no lo hubiera llevado a mi alcoba habría visto en las estrellas que no eres el sobrino de la Reina y todos los crímenes que has cometido! Y yo…— Lady Júpiter hizo una pausa, y después, con voz entrecortada continuó hablando— Yo no soportaría volver a perderte.

Jaedite no daba crédito a lo que estaba viendo y escuchando. Si ese hombre no era Lord Andrei, el sobrino de la Reina ¿Entonces quién carajos era y por qué estaba usurpando la identidad de alguien más? ¿De qué crímenes hablaba Lady Júpiter?

¡Huyamos entonces mañana!— Le pidió el falso Lord Andrei

No tengo mi cristal. Sin el no podré transformarme para usar mis poderes.

Pero yo tengo armas— Le dijo él

No lo digas— Susurró Lady Júpiter poniendo uno de sus dedos sobre los labios de ¿Lord Andrei o Motoki?

Mi amor, el equipo de científicos en Maltek están haciendo investigaciones para que todos aquellos que perdieron sus poderes durante la invasión los recuperen— Le dijo Motoki acariciándole una mejilla con ternura— Te prometo que haré todo lo que esté en mis manos para que los recuperes sin tener que depender de ese maldito cristal.

Aquello que dijo Lord Andrei, o mejor dicho, Motoki, hizo que a Jaedite casi se le escapara un grito de impresión; pues incluso más allá de los confines de los Reinos de Luna y Terra, era bien sabido que los únicos talentos de Lord Andrei eran ser un hombre bien parecido, tener la suerte de ser sobrino de la Reina de la Luna e hijo del duque de Júpiter, fanfarronear de su linaje y llevar una vida de excesos a costillas de su padre; sin embargo, ese hombre a quien creía conocer, parecía ser otro muy distinto del que conocían.

De pronto miró como los labios de Lady Júpiter y del falso sobrino de la reina se unían en un beso que se tornó apasionado, y recordando entonces el pacto de lealtad que tenían entre los cuatro shittenou, en el que se incluía, que cuidarían de la mujer de cada uno de ellos (o que al menos consideraban así) como si fuera la suya, le pasó por la mente la idea de asesinarlo ahí mismo o retarlo a duelo; sin embargo, rápidamente desechó las dos ideas, y decidió que mejor regresaría al palacio y daría aviso a la Reina de que el hombre que creía su sobrino era un impostor que tenía nexos con Maltek y que además poseía armamento; sin embargo, de pronto sintió un fuerte golpe en la cabeza que lo hizo perder el conocimiento.

Fin del flash back

Si bien Jaedite no recordaba ninguna de las fechorías que había cometido en el siglo XX en que de nuevo sirvió a la Reina Beryl, si tenía bien presente el horror que vivió al ser condenado al sueño eterno por esa misma mujer, pesadilla perpetua de la que había despertado gracias a que Lady Luna lo había librado de seguir en aquel estado vegetal que era peor que la muerte y en cuya recuperación, había ayudado la senshi del tiempo a la que en la otra era no había tenido el gusto de conocer.

Jaedite sentía que nunca terminaría de agradecerle a Luna por terminar con su infierno, sin embargo, la gratitud que sentía por ella no eran la única razón por la que no había dudado cuando le habló de traer a la hija de la senshi de Júpiter para restablecer el orden, sino también por motivos personales: Aún no perdonaba que Lady Mars y Lady Júpiter los hubieran traicionado a él y Neflyte, pues sentía que de cierta manera ellas tenían culpa de que hubieran terminado sirviendo a la Reina Beryl, lo cual los orilló a vivir horrores, la otra, era que de tanto convivir con la senshi del tiempo, se había enamorado de nuevo, pero este era un amor sincero, así que necesitaba la sangre de Júpiter para que su amada pudiera recuperar la fertilidad que había perdido por causa de la senshi de la naturaleza anterior a la que buscaban, y también recuperar la llave del tiempo que le había sido arrebatada a su amada.

Al ser esta una era distinta al extinto Milenio de Plata, no creyó que la reencarnación de la Lady Júpiter que él conoció se hubiera embarazado de Motoki; sin embargo, cuando Kioko señaló hacia donde se encontraba un hombre rubio dentro de un automóvil diciendo que ese era el padre de la hija de la senshi de la naturaleza, inmediatamente lo reconoció, era Motoki, aquel desgraciado que había vuelto a reencarnar y se había unido de nuevo a Lady Júpiter.

¡Cuánto lo detestaba! Y no solamente porque le había robado la mujer a su mejor amigo, sino porque en su huida de La Luna para llevarse a la mujer de Neflyte con él, había asesinado con armas prohibidas a varios hombres al servicio del Reino de la Luna y Terra, entre los que se encontraba su hermano.

Así pues, lo siguió para buscar un ajuste de cuenta, y mucho no le sorprendió cuando se dio cuenta de que en esta nueva época era médico; así que al llegar al consultorio donde lo vio entrar, espero un par de minutos, y aprovechando un momento en que vio a su secretaria meterse en una habitación que parecía ser el baño, se apresuró a entrar, y sin permiso abrió la puerta del cuarto donde por el mobiliario dentro dedujo que era el lugar donde daba consultas. Pensó en atacarlo por la espalda, sin embargo, ese hombre al que recordaba bajo el nombre de Lord Andrei o Motoki, se dio media vuelta.

—¡Otra vez tú dando problemas!— Exclamó Jaedite furioso.

Jaedite notó que la expresión en el rostro del hombre frente a él era de asombro y desconfianza; y entonces, en un segundo para él todo cobró sentido. Él hombre que en esta era causó la desgracia de tres outher senshis, la futura Neo Reina y se había robado a Lady Júpiter una vez más era él y no un yurei ni un youma como especulaban Luna y las sailors, y aunque no tenía pruebas, tampoco tenía dudas, pues si bien en Japón estaba prohibido que el ciudadano común portara armas y en Inglaterra era algo que tenía muchas restricciones, dudaba que eso fuera a detenerlo cuando la condena que le darían en caso de ser descubierto no sería tan terrible como las que se daban en la era del Milenio de Plata a quienes tenían la osadía de utilizar y crear armamento.

Por un momento pensó en la posibilidad de utilizar sus poderes para atacarlo antes de que él lo hiciera con algún arma como ya lo había hecho con las outher, así que usando el poder de la telequinesis que había adquirido al unirse a las fuerzas del negaverso, movió con la mente un abrecartas que se encontraba en el escritorio queriendo encajarlo en el pecho de Motoki o como quiera que se llamara, sin embargo, con horror miró como el hombre se movió con rapidez para esquivar el ataque, y lo que era peor, sin que hiciera nada, el abrecartas regresó en su contra, y pese a que intentó detenerlo y trató de esquivarlo, no pudo que este se encajara en uno de sus hombros.

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Debido a la supuesta relación que Rei tenía con Minako, solía pasar tres días a la semana en el departamento de la senshi del amor, donde además tenía muchas de sus cosas personales para que aquel falso idilio fuera creíble; el resto de días, solía pasarlos en la mansión Hino junto con su padre, y más de un fin de semana viajaba a Kioto para visitar a su hija; sin embargo, aquella noche, la senshi del fuego necesitaba un poco de paz para su alma, por lo que fue al único lugar donde podía encontrarla: El templo Hikawa, santuario que fue su hogar durante la niñez y la adolescencia, y del que aún se hacía cargo aunque la vida de adulta ya no le permitiera dedicar tanto tiempo a desempeñar funciones como miko.

Al entrar, se dirigió al recinto para rezar un poco, pero entonces al sentarse frente al fuego este le mostró un enfrentamiento entre Andrew, quien lucía un par de años mayor que la última vez que lo había visto y ¿Jaedite?; y después otra donde la hija de Makoto tenía una encarnizada batalla con Kioko y Michiru.

Supo entonces que la habían encontrado, y que su hijo que tenía los mismos poderes adivinatorios que ella seguro también se daría cuenta aunque estuviera en Cambridge y no en Londres, así que decidida a proteger a Aries y cumplir la promesa que le hizo a Makoto de proteger a su hija y al hombre que amaba, se puso de pie para ir a tomar su pluma de transformación que se encontraba dentro de su bolsa, pero antes de que pudiera sacarla, frente a ella se materializó Zoycite, que se la arrebató de las manos.

—¿A dónde crees que vas, traidora?

Rei, inmediatamente utilizó uno de sus ofudas, atacando por sorpresa a Zoycite que se confió al verla sin transformar, así que al derribarlo le arrebató la bolsa, sin embargo, apenas estaba por sacar la pluma cuando sintió un aura turbia tras ella, y antes de que pudiera decir algo, Kunzite la encerró en un un campo de energía para llevar a la traidora ante la presencia de Lady Luna.

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Un año antes…

¿Te atreverías a hablarle, Hanabi?— Gruñó Aries molesto al escuchar a su melliza— ¿Después de lo que el imbécil le hizo a mamá y que no se hizo cargo de nosotros?

Pues te recuerdo que mamá nos ha dicho que fue ella quien decidió no decirle que estaba embarazada ni tampoco le avisó cuando nacimos. ¿Cómo podemos reclamarle no cumplir como padre cuando ni siquiera está enterado?

¡Se casó con esa idiota de Serena!

Y te recuerdo que mamá nos ha dicho que fue ella quien lo dejó cuando supo que estaba embarazada.

¡Pues que bueno, así no tuve el disgusto de haber crecido a su lado!— Exclamó rabioso Aries

Tal vez antes de sacar juicios deberías preguntarle al fuego. ¿Al menos lo has hecho?

El fuego no es para preguntar estupideces, Hanabi— Le contestó molesto a su hermana— No me interesa lo que tenga que decir nuestro donador de esperma

Fin del flash back

—¿Aries Hino?

La voz del profesor de farmacología lo sacó de sus pensamientos. ¿Por qué carajos había dejado de prestar atención al doctor que daba la clase para rememorar una discusión que había tenido con su hermana sobre la posibilidad de acercarse a Darien Chiba?

—Dígame, doctor Kellaway— Respondió tratando de sacar aquel pensamiento de su mente.

—Respóndame usted, Aries Hino. ¿Qué podemos hacer si el paciente al que hay que administrar un fármaco padece insuficiencia renal?

Pese a no haber estado poniendo atención en clases, sabía la respuesta, e iba a responderla; sin embargo, de pronto en un par de segundos tuvo dos premoniciones: A su novia luchando en una encarnizada batalla contra Kioko y Michiru; y por otro lado a su madre siendo secuestrada y teletransportada a un lugar que parecía ser una mazmorra.

El corazón le golpeó violentamente contra el pecho al saber que dos de las tres personas más importantes en su vida estaban en peligro, así que pese al desconcierto de sus compañeros de clases y del profesor, abandonó el aula.

No podía teletransportarse a ambos lugares a la vez, y dado a que para hacerlo debía tener claro el lugar exacto a donde quería hacerlo, dar con su madre le sería más difícil, pero no así con Midori, pues conocía el domicilio del colegio donde estudiaba.

Inmediatamente marcó al móvil de su hermana para contarle lo que estaba sucediendo, pero en Japón era de noche y muy seguramente estaría dormida. Después, marcó a tía Minako que tampoco levantó el teléfono. ¡No podía perder mucho tiempo! Así que tragándose su orgullo marcó al número de Darien que su hermana un día le había dado.

—¿Diga?— Escuchó la voz de aquel hombre que tanto repudiaba.

—¿Darien? ¡Mi mamá….

—¿Eres tú, hijo?

—¡Escúchame Chiba, mi madre está en peligro!— Exclamó Aries— Si alguna vez la amaste al menos por una vez en tu vida ayúdala y trata de localizar a mi hermana.

A la mayor brevedad posible, Aries le explicó a su progenitor como era el lugar que había visto en sus visiones, y después se teletransportó al colegio de Midori en Londres.

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—¡Mentirosa!— Exclamó Ashley entre risas— No creo que no te hayas acostado con Aries.

—Te lo juro— Contestó Midori entre risas.

A través del largo espejo pegado a la pared en el que Midori estaba mirando su reflejo, de pronto vio abrirse la puerta de uno de los baños de donde salió una chica que estaba vestida de pies a cabeza con un chador y un niqab que sólo dejaba visible su rostro, lo cual le sorprendió, pues pese a que el colegio era respetuoso con los alumnos que profesaban algún culto religioso, tenía ciertas normas a las que debían ceñirse, y en el caso de las estudiantes hijas de familias musulmanas, si bien podían cubrir su cabello con el niqab, debían llevar el uniforme escolar aunque bajo la falda llevaran un pantalón que les cubriera sus piernas, pero no un chador que cubriera la prenda que las identificaba como estudiantes del instituto; sin embargo, dado que su padre le había inculcado el respeto a las personas creyentes de cualquier credo, se guardó sus palabras.

—¿Por qué te dejaron entrar así al instituto?— preguntó Alice.

—¡Alice, no seas metiche!— Exclamó Midori sintiéndose avergonzada por la imprudencia de su amiga, y después se dirigió a la joven musulmana— Discúlpala, a veces puede ser un poco imprudente. Mi nombre es Midori Fu…

Midori no alcanzó a presentarse, pues aquella joven la sorprendió dándole un fuerte golpe en la mandíbula que la tumbó al suelo y la aturdió, algo que no se esperaba por lo que había estado con la guardia baja.

—¡Sabía que serías fácil de someter!

Midori de pronto miró como la joven formaba dos esferas de energía entre sus manos, lanzándolas con fuerza contra ella y sus amigas, lo cual provocó que tanto Ashley como Alice del impacto se desmayaran; y que ella se horrorizara pese a resistir el golpe, pues en toda su vida a la única persona que había visto mostrar superpoderes era a ella misma y a Aries que se los había mostrado pero simplemente para saciar su curiosidad y no con intenciones de atacarla.

—¡Con tu maldita sangre pagarás lo que le hicieron a mi madre!— Exclamó la chica, que de pronto se desprendió del chador para mostrarse con un uniforme de sailor senshi en color azul marino con moño amarillo en el pecho.

Midori por un momento pensó en utilizar sus poderes para devolverle el ataque, pero sabía que si en ese espacio tan reducido comenzaban una encarnizada lucha, sus dos amigas que estaban desmayadas podían terminar con graves daños o perder la vida. Además también temía que hubiera más sailor en Londres y que fueran a darle caza a su padre.

—¡Haré lo que tú quieras, pero por favor no me hagas daño!— Exclamó Midori

—Eres más inútil que la traidora de tu madre, ella al menos sabía pelear cuerpo a cuerpo en vez de ponerse a suplicar por su vida— Se burló la desconocida acercándose peligrosamente a ella— ¡Ponte de pie y dame la mano, maldita inner inferior!

Las lágrimas comenzaron a salir de los ojos de Midori, y obedeció la orden de su oponente, por supuesto tenía miedo, aunque estaba dramatizando y moviendo a propósito la quijada para fingir un temblor involuntario que su oponente interpretó como miedo, y entonces, cuando la tubo lo suficientemente cerca, Midori la sorprendió metiéndole un puñetazo en la sien que logró derribarla.

Kioko, se sintió tonta y herida en su ego cuando cayó aturdida al piso. ¡Nunca antes la habían golpeado con una fuerza tan brutal! Ni siquiera la senshi de marte cuando entrenaban.

Quiso incorporarse para dar batalla, pero antes de que pudiera levantarse, la heredera del trueno se le fue encima como una salvaje y la derribó al piso ¡Vaya que la había subestimado!

—¡No me vas a llevar a ningún lado,!— Exclamó la heredera del trueno golpeándole la cabeza contra el piso con una brutalidad que no había visto antes— ¡Dame el maldito cristal, malnacida!

"Malnacida" era una palabra que había escuchado por parte de su progenitora y que por ello odiaba, así que como si aquella ofensa la hubiera llenado de renovadas fuerzas, giró en el piso, colocándose ella encima de la heredera del trueno. Si sin transformarse le estaba dando problemas, no quería ni imaginar los que daría estando transformada, así que decidió que antes de que lo hiciera la lesionaría de algún brazo o pierna para que estuviera incapacitada para transformarse, sin embargo, someterla estaba siendo difícil, y en un momento en que las uñas de Midori se encajaron en la piel de sus brazos, Kioko se sorprendió al senti una descarga eléctrica tan fuerte que se tuvo que tragar su orgullo y dejar escapar un grito de dolor mientras se preguntaba porque carajos podía utilizar sus poderes si no estaba transformada.

Midorí aprovechó el momento de vulnerabilidad de la senshi para incorporarse, y entonces en sus manos hizo aparecer un poderoso trueno que le lanzó, provocándole que se estrellara contra la pared opuesta.

¡Por supuesto que quería quitarle el cristal para dejarla sin poder! Pero temía que hubiera más sailors en Londres y que estuvieran al acecho de su padre, así que siguiendo su orden de prioridades, se dio media vuelta con la intención de huir e ir en su búsqueda, no sin antes sacar del baño a sus dos mejores amigas y alejarlas de ahí.

—¿Qué pasó, Midori?— Preguntó Alice cuando entreabrió los ojos

—Se desmayaron. Iré a enfermería por ayuda.

Antes de que su amiga pudiera responderle, salió corriendo del lugar. En el fondo le remordía no quedarse a ayudar a sus amigas con los conocimientos en primeros auxilios que tenía o protegerlas en caso de que hubiera un ataque en el instituto, pero sí tenía que elegir, en definitiva elegiría a su papá por encima de sus dos amigas.

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Pese a que aquel hombre rubio que había entrado sin pedir permiso a su consultorio parecía conocerlo y repudiarlo, Andrew no lo recordaba de nada, y aunque le era imposible recordar a cada uno de sus pacientes, sin duda a un chiflado vestido con uniforme militar en color gris (que no era como el de la milicia británica) que además parecía tener tan malos modales como para entrar a su consultorio sin ser anunciado no lo hubiera olvidado, así que estaba listo para atacar si era preciso defender su vida, pero entonces, miró con horror como aquel hombre con la pura mirada levantaba un abrecartas que tenía sobre su escritorio y hacía que se dirigiera con rapidez hacia él.

Andrew al verse en peligro trató de esquivar el ataque, pero de pronto vio como regresaba con fuerza encajándose en el hombro de aquel sujeto que gruñó de dolor al sentir el corte en la piel.

Andrew supo que si aquel hombre era capaz de mover objetos con la mente, seguramente era un enviado de Lady Luna y sus secuaces, así que sabiendo que habían dado con él y que su hija estaba en peligro, desenfundó el revólver y sin pensarlo disparó al sujeto, sin embargo, con horror miró como la bala quedaba suspendida en el aire y caía al piso.

—¡Miserable!— Gruñó el hombre

¡Telekinesis! Andrew supo que con un oponente que tenía aquel tipo de poder, las armas no iban a funcionar si antes no le sacaba los ojos, así que apenas estaba el hombre incorporándose cuando se le fue encima, derribándolo de nuevo mientras tomaba el abrecartas con la intención de lograr su cometido; sin embargo, aquel hombre estaba entrenado para pelear cuerpo a cuerpo, y comenzaron un feroz forcejeo por salvar la propia vida y ser quien se la arrebatara al otro.

—¡Vas a pagar lo que le hiciste a...— Jaedite notó como la lengua le comenzaba a sangrar cuando intentó reclamarle lo sucedido en el Milenio de plata, y como el dolor desaparecía si guardaba silencio.

—¡No sé de que carajos hablas!— Exclamó furioso Andrew, aunque supuso que se refería a lo que le había hecho a las outher y Serena.

El general de pronto le dio un golpe en el estómago logrando sofocarlo y que ahora él se encontrara de espaldas en el piso.

— ¡Ya se te refrescará la memoria cuando lo pagues con la vida de tu bastarda!— Agregó el general esforzándose por ser él quien ganara esa encarnizada lucha; sin embargo, aquello pareció llenar de fuerzas a Andrew, pues pese a estar ahora en desventaja, encajó la cuchilla en el párpado inferior izquierdo del general, provocando que un hilillo de sangre corriera por su rostro.

Andrew de pronto escuchó la voz del programa con que monitoreaba a Midori, lo que le hizo saber que las cosas no iban bien.

La niña se ha salido de la escuela y ha comenzado a moverse por la avenida Downtown street en dirección hacia el norte.

En seguida, las alarmas de cada uno de sus gadgets se activaron, lo cual lo hizo temer lo peor, pues eso significaba que su hija había abandonado el instituto, y si era así, era porque muy probablemente ella estaba corriendo por su vida o se la estaban llevando.

—¡No se llevarán a mi hija!— Vociferó Andrew, que de pronto pareció que el terror de perder a su niña lo hubiera llenado de renovadas fuerzas, pues tumbó a su oponente de espaldas, y de una manera que hubiera sido excesivamente cruel y sanguinaria para el pacifista que en su juventud fue, encajó el abrecartas en uno de los ojos del general, luego en el otro, y finalmente para cerciorarse de que no hubiera posibilidad de dejarlo con vida le cortó las venas yugulares provocando que la sangre de su oponente le salpicara la camisa.

De la garganta degollada del hombre escapó un lamento, y como médico, Andrew supo que moriría, así como también, que debía deshacerse del cadáver antes de que comenzara el proceso de putrefacción; sin embargo no había tiempo, pues la prioridad era su hija, así que tomó una bata que por fortuna hace días había olvidado sobre la silla frente a su escritorio y se la puso para cubrir los salpicones de sangre en su camisa; sin embargo, cuando salió se encontró con Wendy su secretaria, quien como de costumbre estaba revisando sus redes sociales con los auriculares puestos y estaba tarareando una canción.

Si algo le molestaba de su nueva secretaria más que el hecho de que le coqueteara, era que se pusiera auriculares cuando la había contratado para atender las llamadas de sus pacientes y agendarle las citas, sin embargo, por primera vez le alegró que su nueva secretaria no fuera tan responsable con su trabajo.

—¡Wendy!— La llamó jalándole un auricular del oído.

—Doctor Furuhata— Comenzó a reír nerviosamente la chica.

—Retírese a su casa. La oficina estará cerrada una semana y no se preocupe por su sueldo.

Andrew no tuvo que insistirle mucho a su secretaria que encantada de la vida tomó sus cosas, y entonces, tan pronto como Andrew cerró el consultorio, subió a su auto, pero antes de encender el motor, se levantó la manga derecha de su bata y tecleó uno de los botones de su brazalete.

—Midori ¿Dónde estás?

¿Papá?— Susurró su hija sollozando— ¿Dónde estás tú?

—Voy saliendo del consultorio, mi niña— Dijo Andrew mientras encendía el auto— Estoy siguiendo tu rastro.

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Para poder teletransportarse al instituto donde estudiaba Midori, Aries tuvo que visualizar la cancha de fútbol americano que a esa hora se encontraba sola, pues no quería asustar a nadie apareciendo de la nada. Inmediatamente se dirigió al salón de clases donde estudiaba su novia, pero en su camino se encontró con Alice y Ashley, quienes estaban pálidas y visiblemente afectadas.

—¿Dónde está Midori?— Les preguntó sin siquiera saludar primero, pues en ese momento poco le importaban los buenos modales.

—Fue a buscar ayuda— Respondió Alice

—¿Ayuda para qué?— preguntó Aries sobresaltado.

—Una chica la golpeó en el baño de mujeres— Dijo Ashley— Y me pareció ver que después nos lanzó algo que nos aventó con fuerza y nos desmayamos, pero la primera en despertar fue Midori.

Por las palabras de la Ashley, Aries dedujo que seguramente Midori ya había sido atacada por una de sailors. Si bien no podía leer la mente de su novia, conocía sus miedos y debilidades, así que se teletransportó al lugar donde supuso que había ido, al consultorio médico de su padre; sin embargo, al llegar a las afueras del lugar y ver puesto el letrero de "CERRADO" se desconcertó, pues no era normal que su Furuhata no trabajara entre semana. Volteó a los lados y visualizó la habitación del local donde Andrew Furuhata atendía a sus pacientes, e inmediatamente apareció en la sala de consulta, y se asustó al ver el cadáver de un hombre rubio rodeado en un charco de sangre; pues eso significaba que su suegro también había sido atacado.

Bufó de la frustración, pues para poder teletransportarse a algún lugar primero debía visualizarlo, pero en ese momento no sabía con exactitud donde estaba Midori y su móvil lo mandaba a buzón.

De pronto escuchó el chillido de una alarma que lo sobresaltó, el cual se dio cuenta de que provenía de la computadora portátil de su suegro que estaba sobre el escritorio

La niña se dirigió al este por Carnaby Street— Dijo la voz de la aplicación

Aries se acercó a la computadora portátil de su suegro, y entonces miró un punto rojo llamado "La niña" que había comenzado su trayecto desde la avenida donde se ubicaba el colegio de Midori y que por el recorrido que llevaba parecía dirigirse al consultorio de su padre; y aunque en más de una ocasión llegó a exasperarle que su suegro fuera tan controlador y paranoico, por primera vez dio gracia al kami de que así fuera, pues la magia tenía sus limitaciones que su suegro resolvía con tecnología.

Dado que no podía llevarse la computadora portátil de su suegro y Midori se movía rápido, visualizó un parque que estaba a pocas calles de donde debía encontrarse Midori, y al aparecer en dicho lugar comenzó a correr en dirección al camino que intuyó ella debía estar recorriendo.

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—¡Te prometo que tomaré las clases en línea, papá!— Exclamó Midori que seguía hablando con su padre a través del brazalete mientras corría dirigiéndose en la dirección en que se encontrarían.

¡Ya te estoy viendo, mi niña!— Exclamó Andrew

—¿Dónde está tu auto?

—¡Midori!— Al escuchar la voz de su padre, lloró de alegría al saber que él estaba bien, y como cuando era una niña despertando de una pesadilla, corrió a su encuentro queriendo abrazarlo y pedirle perdón por todas preocupaciones que le causaba; sin embargo, de pronto frente a ella aparecieron dos sailors: La sailor que la había atacado en el baño del colegio y otra de apariencia monstruosa, e inmediatamente la tomaron de ambos brazos.

—¡Suéltenme o voy a electrocutarlas!— Exclamó Midori produciendo con su cuerpo leves descargas eléctricas a modo de advertencia.

—¡Dejen a mi hija o disparo!— Amenazó Andrew apuntando con el arma. Aunque por supuesto no iba a disparar cuando ambas estaban tan cerca de su hija.

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Desde aquella noche en que Michiru había quedado convertida en un monstruo y su amada Haruka parapléjica, había tenido innumerables pesadillas en las que soñaba con el ser que les había desgraciado la vida, y que Rei aseguraba que era un yurei o un youma; por lo que al escuchar la amenaza del hombre frente a ella, reconoció la voz, pero esta vez por fin le pudo poner cara al malnacido; sin embargo, lo que le sorprendió fue que se tratara de un hombre común, y que para variar, fuera aquel amable chico del crown center por el que más de una jovencita, incluidas la mayoría de las inner, suspiraban.

—¡Vaya, vaya! ¿El galán del crown center?— Dijo Michiru— Jamás me lo habría imaginado.

—¡No se atreverá a dispararnos, Michiru!— Se burló Kioko— No cuando tenemos demasiado cerca a su bastarda y sabe que podría salir lastimada.

—¡Por favor déjenla!— Suplicó Andrew— ¡Soy cirujano plástico, si tú quieres…

Michiru rio de manera burlona ante la suplica de Andrew.

—Ni te imaginas las veces que ya he pasado por manos de distintos cirujanos plásticos— Respondió la senshi de los mares— No, chico Crown, no serás tú quien me devuelva la belleza, será la sangre de tu hija.

—¡Antes de irnos quiero darme el gusto de matarlo!— Exclamó Kioko formando un aro de luz en una de sus manos.

Midori, al saber que su padre ni huiría dejándola sola ni se atrevería a disparar por tal de no perjudicarla, comenzó a aumentar la intensidad de sus descargas eléctricas provocando que las senshis la soltaran y soltaran quejidos de dolor.

—Da un paso y mato a tu padre— Amenazó Kioko— Ven sin poner resistencia y lo perdono.

—¡Midori!— Exclamó Andrew caminando en dirección hacia ella

—Te quiero, papá— Susurró Midori antes de unirse de nuevo a las senshis que la obligaron a tomarla de las manos, y entonces, de sus ojos escaparon un par de lágrimas cuando antes de desaparecer escuchó el grito desgarrador de su padre y el de su novio que acababa de llegar a aquel lugar justo para ver como se la llevaban.

¡Hola!

Seguro se preguntarán que mosca me picó que actualicé tan rápido, pero ¿Qué creen mis queridas lectoras y lectoras? ¡Di positiva a covid-19! ¡Ay que desgracia! Tanto que me cuido, tan al pendiente que estuve de vacunarme y pesqué el bicho y confirmé el positivo ayer Lunes.

Si bien no me siento mal, si soy muy hipocondriaca y siempre me imagino los peores escenarios ante cualquier dolor, así que para evitar que mi mente me juegue malas pasadas a pesar de que no me siento mal, he decidido simplemente seguir las indicaciones médicas y entretenerme escribiendo el fanfic para no estar pensando en que tengo covicho, pues como se imaginarán, estando contagiada no estoy yendo ni a trabajar, así que pues aprovecharé para escribir.

¿A ustedes ya les dio covid o todavía no han caído en sus garras? ¡Ay, cuidenseme mucho para que no les de esto, y si lo están viviendo, ánimo.

Ahora sí, respondo sus reviews:

Hospitaller Knight: Pues mira, como recordé que de Jaedite se dice que en vez de morir la reina Beryl lo condenó a un supuesto sueño eterno que según es peor que la muerte, di por hecho que más que muerto seguramente debe de encontrarse en una situación parecida a estar en estado vegetativo pero consciente. ¿Te imaginas que horrible eso?

MarijoSan Lucar: Afrodita no es tonta. Es sólo una niña de dieciséis años a la que Luna se ha encargado de bajarle la autoestima y hacerla creer que no vale nada y que su existencia es insignificante. Afrodita soltó la sopa por querer proteger a Aries, pero ya veremos más de ella.

Athena: ¡Ay! Me alegra saber que te gustó el dibujo que le hizo la pequeña Midori a Andrew. Así que eres doctora, pues mira, para mí, el personal de salud son verdaderos superhéroes, sobre todo en tiempos de pandemia en que muchos arriesgaron su vida yendo a trabajar pese a las carencias en muchos hospitales, y ni hablar de los que tristemente murieron salvando la vida de otros.

Lady Júpiter: Pues aquí ya puedes darte cuenta de porque Jaedite le tenía tanto odio a Andrew. Era porque por un lado considera que le robó la mujer a Neflyte, y porque mató a uno de sus hermanos, pero eso lo ahondaré en otro fanfic que haré y será la precuela de este.

Aracox: Tu Jaedite precioso murió tan pronto como apareció. ¡Una pena! Pero era necesario para que le soltara a Andrew información que lo dejará desconcertado. Y por supuesto que Midori a veces saca canas verdes, digo es una adolescente, tiene diecisiete años, así que trato de mostrar que tiene deseos de vivir cosas para una chica de su edad.

Lectores fantasmas: Muchas gracias por leerme. Les mando un abrazo libre de covid.

Saludos.

Edythe.