EL SECRETO DE SAILOR JUPITER

CAPÍTULO 42

ELLA ESTÁ MURIENDO

16 años antes…

Debido a que Makoto había traído al mundo a Midori por parto natural, a los tres meses de nacida su pequeña había comenzado a ejercitarse de nuevo, y dado a que la mayor parte de su vida había practicado artes marciales, levantamiento de pesas y gustaba de salir a correr; recuperar la condición física perdida en el embarazo y primeros tres meses después de dar a luz no le había costado trabajo; sin embargo, dos semanas después del que sabía que era el único cumpleaños que pasaría con su hija, notó que como si hubiera sido una persona sedentaria y no la joven activa que siempre fue, le comenzó a faltar el aliento con el simple hecho de ponerse a hacer las labores domésticas, así que dejó la escoba y fue a sentarse al sofá, mientras su mirada se detenía en su pequeña, que dormía abrazada a su muñeca dentro de su cuna portátil.

De pronto, los ojos verdes de su niña se abrieron, y una sonrisa se formó en el regordete rostro de Midori al verla.

Mami— Susurró la niña extendiendo sus brazos, y Makoto entonces se puso de pie para sacarla de la cuna.

Pese a que su hija sólo pesaba nueve kilos y Makoto estaba acostumbrada a cargar pesos muchísimo mayores, sostener a Midori le requirió un gran esfuerzo, lo cual le pareció extraño, así que al sacarla de su cuna se sentó de nuevo en el sofá y acomodó a su pequeñita en sus piernas.

Mi niña bonita— Susurró Makoto con ternura mientras acariciaba sus cabellos color caramelo.

Comida— Dijo Midori.

Makoto, al escuchar la palabra con que su hija le hacía saber que tenía hambre, se puso de pie y enseguida dejó a su hija parada sobre el piso, pues la pequeña ya había aprendido a dar sus primeros pasos, y camino hacia la cocina, donde al llegar, miró los filetes de pescado y las verduras que no llegó a cortar para preparar la comida de tan agitada que se sentía. Debía terminar la comida antes de que llegara Andrew del hospital, sino sería el tercer día consecutivo que comerían comida de la calle; y no es como que Andrew le exigiera ser el ama de casa perfecta, pues en muchas ocasiones le había sugerido la idea de contratar a alguien que fuera a ayudarle con las labores domésticas, a lo cual Makoto se negaba.

De pronto, sintió un dolor en el pecho, y todo dando vueltas a su alrededor, así, que se sostuvo sobre el fregadero y después abrió el grifo para mojar su rostro. Cuando se sintió un poco mejor, entonces sacó un puré de manzana de la alacena, tomó una cuchara del cajón donde guardaba los cubiertos, pero antes de llegar a la sala escuchó que su pequeña lanzó un grito, y después comenzó a llorar.

Temiendo que su hija se hubiera lastimado, salió apurada de la cocina, y entonces miró a su Midori que caminaba tan rápido como sus pequeñas piernitas se lo permitían hacia la cocina.

Mi niña, me asustaste—Susurró Makoto.

Al llegar hacia donde estaba su hija, la levantó en brazos, y la pequeña escondió el rostro en su pecho como si ese fuera su lugar seguro pero no dejaba de llorar.

Ya, mi niña. Aquí está mamá contigo—le susurró Makoto con ternura.

Makoto, con su hija en brazos fue hacia el comedor en cuya mesa había dejado el puré y la cuchara, y entonces sentó a su hija en una silla especial para bebés donde la sentaban a la hora de comer, pero la pequeña comenzó a llorar con más fuerza.

Mira, mi niña, puré de manzana— Dijo Makoto mostrándole el alimento, pero Midori, que hasta hace poco había dicho la palabra con que les hacía saber a sus padres que tenía hambre, lejos de mostrar emoción por uno de sus alimentos favoritos comenzó a llorar con más fuerza, logrando preocupar a Makoto.

¿Y si le dolía algo?

Miró que la pequeña apuntaba con su dedo en una dirección tras ella, así que la tomó en brazos.

No necesitaba cambio de pañal, no tenía fiebre, y temiendo que quizá algo le doliera, decidió pedir un taxi para ir al hospital, pero entonces de nuevo escuchó la voz salida del averno que gozaba con torturarla.

No le duele nada— Dijo la voz— Es sólo que no le agrado

Tras escuchar aquella voz, Makoto miró el miedo reflejado en la carita de su hija, y la tomó en brazos para darle un poco de seguridad.

Deja en paz a mi hija—Reclamó Makoto—No te metas con ella.

Sí yo no le hice nada— Respondió fingiendo inocencia aquella voz— Sólo no le gusta verme, pero en tus manos está decidir que deje de molestar a tu malnacida con mi presencia. ¿Qué tal un poco de veneno de ratas en su puré?

Makoto quiso gritar, pero se contuvo para darle a su hija un poco de la falsa seguridad que estaba lejos de sentir.

De acuerdo, si no quieres sacrificar a tu bastarda puedes ponérselo al pescado que le ibas a cocinar a tu amante.

La voz bufó al saber que Makoto no estaba dispuesta a hacer nada contra su hija ni su amado.

Jódete entonces.

La voz dejó de escucharse y Midori poco a poco comenzó a calmarse, pero Makoto sintió como el aire comenzaba a faltarle, la vista nublándosele y todo dando vueltas a su alrededor.

¡Estaba por desmayarse! ¡Lo sabía! Y dado que el sofá le parecía lejano y lo que más temía era perder las fuerzas y soltar a su hija, se sentó en el piso y dejó a la niña sentada a un lado suyo. Hizo un esfuerzo por no perder la consciencia, pero pese al desgarrador llanto de su hija, de pronto todo se oscureció a su alrededor.

P. O. V. MIDORI

Un grito de terror escapa de mi garganta, y de pronto despierto en la celda donde me encerraron al secuestrarme.

¿Qué fue eso? ¿Un suceso de mi vida que recordé en sueños o una pesadilla?

Desde que tengo uso de razón y memoria, no tengo recuerdos de mamá pues ella murió cuando yo tenía sólo un año y medio, sin embargo. Este sueño que acabo de tener era tan real.

Al abrazarme en sueños podía percibir ese aroma a rosas y vainilla que en raras ocasiones he percibido en casa, y que dice papá que era su olor.

¿Será que los sueños tienen aroma?

No lo niego, ha sido un sueño que al principio era lindo. Mamá demostrándome lo mucho que me amaba, pero después se tornó en pesadilla cuando en el sueño ella se iba a la cocina y frente a mí aparecía esa mujer etérea de largo cabello platinado peinado en dos odangos y vestido blanco; un ente con apariencia de ángel, pero que al acercarse me asustó, más cuando al desmayarse mamá me quedé acompañada de su risa siniestra y burlona.

¡Un momento! Esa risa. Esa risa y esa voz macabra pertenecían a Serenity.

De pronto escucho pasos dentro, y entonces veo llegar a Kioko acompañada de… ¡Ay no! Es Afrodita, la ex novia de Aries, y a quien reconozco porque la busqué en las redes sociales japonesas. Me extraña que Luna le permita tener redes sociales y ser tan popular.

—Mira nada más, la bastarda está despierta— Se burla de mi Kioko.

—Mira nada mas, el aborto mal logrado cree que me voy a ofender porque se atreve a llamarme bastarda— Le respondo.

Noto que Kioko me mira con furia, y pongo mi mejor sonrisa burlona.

—A que la lacaya de tu madre seguro deseo abortarte durante todo su embarazo— Le digo— Y seguro se lamenta por no haberlo logrado.

Kioko da una patada a las rejas de mi celda, queriendo intimidarme con eso. Sin embargo, sé que no se va a atrever a entrar para golpearme ni a lanzarme un ataque porque le iría mal con Luna si me daña un poco más, pues para el sacrificio que pretenden hacerme, no me quieren tan dañada; aunque ahora mismo lo que me conviene es que Kioko abra la maldita celda o que lance un ataque, así que decido continuar provocándola, sin embargo, antes de que diga algo, escuchó por primera vez la voz de Afrodita.

—Así que esta perra inglesa es la hija de la traidora.— Dice mientras me escrutina con la mirada.

—Ya habló la otra lacaya de la dinastía Lunar—Respondo con tranquilidad.

¡A alguna de las dos tengo que provocar lo suficiente como para que me lancen un ataque o abran la maldita celda!

—¡A mí no me vas a hablar en ese tono, maldita puta!— Exclama rabiosa la pequeña senshi del amor, al tiempo que le mete una patada a mi celda.

¡Sé que tiene ganas de golpearme!

—¿Puta?— Cuestiono arqueando una ceja— Me mantiene mi padre, no tengo necesidad de prostituirme, aunque si tuviera que elegir entre la prostitución o ser una de las perras falderas del Reino de Serena… Perdón, quiero decir, de Luna, creo que elegiría lo primero.

—No entiendo que carajos vio Aries en ti— Gruñe furiosa— ¡Eres una cínica, desvergonzada, gigantona y…

Comienzo a reírme a carcajadas ante los insultos de la senshi del amor, y entonces ella se calla.

—Si, si, soy cínica y desvergonzada y a Aries le encanta ¿Sabes?— Le respondo burlona— Aunque no tanto como el hecho de que yo sí sea valiente y no una niña bonita sin cerebro que obedece como borrega a la desquiciada de Luna.

—¡Cállate, maldita perra traidora!—Exclama, mientras Kioko, comienza a reír burlona al ver como nos insultamos la una a la otra.

—Inners tenían que ser, ya están peleando por un hombre!

—¡Abre la celda, Kioko!— Pide Afrodita a la heredera del poder de Urano.

—¿Qué?—Pregunta Kioko desconcertada

—¡Abre la maldita celda!— Pide con una rabia que no parece propia de quien sea una senshi del amor— ¡Quiero golpear su estúpida cara!

—Afrodita, ahora mismo la bastarda no tiene poderes porque la lesionamos—Contesta Kioko— ¿Sabes que es deshonesto usar tus poderes para atacar a alguien sin poderes?

—¿Y eso importa si se trata de esta perra?—Cuestiona Afrodita— ¡Es una traidora al reino, y encima la puta que se acuesta con mi hombre!

—Ya estás aprendiendo— Se burla Kioko— De acuerdo, abriré la celda para que salga y te diviertas un poco con ella, pero cuidado con hacer destrozos o herirla de más o…

Kioko calla, y de pronto comienza a reír.

—¡Qué tonta soy!—Exclama— Eres solamente una inner, no sé como podrías hacer destrozos o herirla de más. Eso no va a suceder ni aunque lo desees.

En serio no puedo creer como Afrodita permite que la humillen de esa manera; sin embargo, no me interesa arreglar sus problemas emocionales tanto como huir de este maldito lugar y reunirme con papá, y mi momento ha llegado ahora que abran la celda.

¡Sí! Ya sé que suena como si estuviera loca porque son dos sailors que pueden hacer uso de sus poderes contra mí, que ahora mismo no puedo utilizarlos porque la maldita Kioko me hizo un esguince en el codo derecho; sin embargo, estas estúpidas no cuentan con que tengo un padre que muchas veces creí paranoico, pero que solamente me estaba preparando por si algo así ocurría.

—¡Maldita perra!— Exclamo— Podrás romperme la cara pero no volverás a tener el amor de Aries.

¡En otro contexto me sentiría ridícula peleando por un hombre independientemente de que sea mi novio o ex novio; sin embargo, ahora mismo necesito provocarlas.

—Solamente te voy a permitir divertirte un momento con la perra— Dice Kioko a Afrodita— Recuerda que están por llegar Luna, las sailors y los generales, y no se deben enterar de lo que ha pasado aquí.

—Lo entiendo, Kioko— Responde dócilmente Afrodita

Kioko entonces lleva el manojo de llaves a la cerradura, y en mi mente ya estoy ideando un plan. En cuanto la puerta se abra, dispararé a Kioko, así nada mas tendré que luchar contra Afrodita que parece más fácil de derrotar aunque se comporte como una niña berrinchuda.

¡Debo de ser rápido antes de que lleguen Luna, las sailors y!... ¿Los generales? ¿No se supone que esos estaban muertos? ¡Bien! Eso ahora no es importante, así que debo enfocarme en huir.

Finalmente, cuando la llave correspondiente abre la celda, me dispongo a levantarme el abrigo para meterle el inesperado disparo a Kioko, pero entonces me quedo asombrada cuando escucho a Afrodita lanzar su grito de atanque:

"¡Cadena de amor de Venus!"

Sin embargo, lo que creí que sería un ataque para lastimarme a mí, termina siendo un ataque para Kioko, pues la cadena se enrosca alrededor de su cuello, y de pronto, veo a la "frágil" Afrodita arrastrar a Kioko.

—¡Vete a la derecha y luego sigue tu camino por el pasillo a la izquierda y encontraras la salida!— Exclama Afrodita— Se rápida porque no tardan en llegar y no podré contenerla por mucho tiempo.

¡No entiendo un carajo qué demonios está pasando!

¿La ex novia celosa de mi novio ayudándome a escapar?

Suena increíble, sin embargo, tan pronto como me dice el camino, corro en esa dirección y las dejo que ellas se enfrasquen en su batalla personal para huir

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16 años antes…

Cuando tenía horas muertas en el hospital, Andrew solía llamar a Makoto con el pretexto de preguntarle si necesitaba que al terminar su jornada laboral quería que le llevara algo; sin embargo, era un pretexto para saber que Makoto y su hija estaban bien, pues a Makoto le encantaba que ambos fueran juntos al supermercado a comprar la despensa; pero pese a que había pasado casi un año y medio desde que habían huido de Tokio y gracias a los medios internacionales sabían que Haruka Tenoh había quedado parapléjica y MIchiru Kahio parecía haber decidido retirarse del mundo del espectáculo para no mostrarse en público; a él le aterraba la idea de que un día volvieran para hacerle daño a su hija y a su mujer; y que lo hicieran en un momento en que se encontraba trabajando.

Pese a que amaba la medicina y había escogido esa carrera por vocación y querer ayudar a paliar el dolor y el sufrimiento a causa de alguna enfermedad; en ese momento de su vida bien le habría gustado renunciar para dedicar más horas de su tiempo en entrenar el cuerpo, practicar con el uso de las armas y enfocar su mente en el estudio de la creación y fabricación de explosivos y armamento.

¡Estaba obsesionado con ser más veloz a la hora de correr, el aumento de la fuerza física, conseguir mejor armamento y la creación de explosivos y armas más potentes!

Y aunque con el ejercicio y el entrenamiento había podido mejorar su velocidad, aumentar la fuerza física y ser más certero a la hora de disparar a su objetivo; conseguir armamento más potente era caro, y querer aprender a crearlo él mismo, además de peligroso e ilegal, era algo a lo que debía dedicar largas horas de estudio.

¡Pero no era rico! Por lo que no podía darse el lujo de no trabajar, pues para mantener a su familia y huir si un día fuera necesario, también necesitaba dinero; así que el mejor momento de su día, era cuando al llegar a casa, se encontraba con que su hija y Makoto se encontraban en calma, a veces viendo la televisión, jugando, u otras tantas veces con las visitas de las vecinas con quien Makoto había hecho amistad.

Sin embargo, después del primer cumpleaños que pasaron juntas su hija y su mujer, había notado que Makoto estaba cambiando; pues por momentos la notaba triste, y durante las siguientes tres semanas, al despertar en la madrugada y no verla a su lado, la había buscado, y la había encontrado en la sala, llorando como si una pena la aquejara, pero cada que él le preguntaba que sucedía ella respondía que "No era nada".

En un principio, había creído que quizá estuviera deprimida por estar lejos de su país, o tal vez por extrañar a sus ex amigas, o por arrepentimiento ante su maternidad tan temprana y no estar estudiando en la universidad como cualquier joven de veinte años; sin embargo, cuando le cuestionaba a Makoto si era eso el motivo de su tristeza, ella le decía que Midori y él eran lo mejor que le había pasado en la vida. ¡Y le creía! ¡Vaya que le creía! Pues el amor lo notaba en su mirada, así como en cada beso, en cada abrazo, o en los detalles que ella tenía al cocinarle las comidas que le gustaban.

Por un momento creyó que quizá Makoto tenía depresión, así que le insistió en ir con un psicólogo; sin embargo esto último no sabia que tan útil pudiera ser dado que no podía revelar detalles como que estaba viviendo en Londres asumiendo un nombre y una nacionalidad falsa, ni que siendo una niña de catorce años la habían manipulado para que luchara contra enemigos con superpoderes y para que sirviera durante toda su vida a una supuesta reina cuando fundaran la utopía prometida. De no decir todo quizá la terapia psicológica no fuera efectiva, pero en caso de contar todo, si algo era seguro era que el profesional de la psicología terminaría derivándola a psiquiatría; y eso no era lo que Makoto necesitaba.

Sin embargo, un día notó que quizá lo de Makoto no fuera depresión, o quizá no sólo eso, pues se percató que pese a que ella no había dejado de entrenar desde que Midori tenía tres meses de nacida, de pronto se agotaba con facilidad y que hasta cargar cosas livianas le requerían un esfuerzo. ¡Estaba perdiendo su fuerza como si fuera una persona sedentaria!

Por si fuera poco, uno de esos días en que regresó del hospital luego de pasar por el supermercado a comprar despensa que Makoto le había encargado, pues extrañamente ella no tenía ganas de salir de casa, se alarmó cuando al llegar a su hogar, miró patrullas alrededor de la zona, y afuera de la puerta de su departamento a dos de las vecinas con quienes Makoto tenía amistad así como a dos hombres con el uniforme de la policía británica. Pensó que ya había dado con ellos, que venían para llevárselo preso por su crimen cometido en Tokio, pero no podía huir dejando a Makoto sola; sin embargo, al acercarse, escuchó que desde adentro se escuchaba el llanto desesperado de su hija que gritaba "¡Mami!" una y otra vez, pero de Makoto, ni una palabra.

—¡Él es el esposo de la señora Lita!— Exclamó una de las vecinas refiriéndose a Makoto por el nombre falso.

—¿Qué sucede?— preguntó Andrew alarmado, queriendo ganar tiempo por si Makoto necesitaba huir por una ventana o algo.

—Vine a traerle un pay a Lita hace media hora— Dijo la vecina— Sabía que ella estaba ahí porque escuché a la niña llorando, por un momento creí que no quería abrirme, pero la niña no ha dejado de llorar y temo que algo haya pasado.

Andrew, alarmado por el relato de la vecina, inmediatamente sacó el manojo de llaves mientras escuchaba que los policías que no habían abierto la puerta por falta de una orden judicial para hacerlo; y entonces, al entrar, Andrew se asustó al ver a Makoto inconsciente en el piso y a su pequeña a su lado, tratando de despertarla inútilmente.

—¡Papi!— Gritó la pequeña desconsolada al verlo llegar, y mientras las vecinas, a las que Midori querían mucho se hacían cargo de cuidarla, Andrew se acuclilló frente a Makoto para revisar su pulso— Jane ¿Me trae mi maleta del auto, por favor?— Pidió Andrew suplicante ofreciéndole las llaves del auto a una de sus vecinas.

—Mi amor, despierta— Suplicó Andrew preocupado.

Makoto entonces entreabrió sus ojos, y sus pálidas mejillas volvieron a recobrar el color.

—Motoki— Sururró Makoto al despertar.

¡Cómo odiaba Andrew aquel nombre! No le gustaba desde que por accidente había descubierto que así se llamaba el hombre que su amada amó en el extinto Milenio de Plata; y dado que ella lo sabía, había dejado de llamarlo así en sus juegos eróticos, sin embargo, ese no era momento para una escena de celos.

—Ma… Lita… ¿Estas bien?—Pregunto Andrew en japonés

—Mejor.

Los policías, al ver que Makoto despertó, y que Andrew era médico y por tanto podía hacerse cargo de atenderla o de llevarla a un hospital de ser necesario, se retiraron de su departamento, y mientras que las amables vecinas se quedaban en la sala haciendo cargo de la pequeña Midori, Andrew cargó en brazos a Makoto y la llevó a la cama, donde al checar su presión sanguínea, nivel de glucosa, oxigenación y temperatura, encontró que todo se encontraba normal.

Pasadas un par de horas, Midori logró calmarse, y tanto ella como Makoto, se quedaron dormidas abrazadas la una a la otra. Una escena tan enternecedora, que Andrew no pudo resistirse a tomarle unas fotografía, y después, fue a la cocina para preparar un dashi con el pescado y las verduras que Makoto había dejado sobre la barra.

La primera en despertar fue Midori,así que para evitar que perturbara a Makoto, Andrew la tomó en brazos, la llevó al comedor y la sentó en su silla de bebé. Después, en un plato sirvió un poco de dashi para alimentar a su hija, sin embargo, ante el primer bocado de aquel caldo, la pequeña hizo un puchero y movió la cabeza de un lado a otro.

—¡No!

—Si no está tan malo— Se quejó Andrew que antes de darle de comer a su hija el primer caldo no instantáneo que había preparado en su vida lo había probado él mismo, comprobando que aunque no sabía tan delicioso como el que preparaba Makoto, tampoco es que fuera malo.

De pronto, escuchó la risa angelical de su amada, y al voltear, la miró acercarse.

—Mako, ¿Cómo te sientes?— preguntó al tiempo que dejaba el plato sobre la mesa para acercarse a ella.

—Mejor— Respondió Makoto.

Al acercarse a ella, Andrew la estrechó en un fuerte abrazo.

—Me preocupaste tanto— Le dijo— Mañana a primera hora me acompañaras al hospital para que te hagan unos análisis y …

—¡No!— Respondió Makoto— Ya me siento…

—¡No acepto un no!— La interrumpió Andrew— Vamos a ir aunque tenga que llevarte por la fuerza, mi amor.

Makoto guardó silencio, y entonces Andrew continuó hablando.

—También sé sobre tu renuencia a que contrate a alguien que venga a limpiar la casa— Dijo Andrew— Pero te guste o no voy a contratar a alguien que lo haga y venga a hacerte compañía.

Makoto, por primera vez no se opuso, pues sabía que Andrew forzosamente debía ir a trabajar todas las mañanas, y ella, temía que estando a solas con Midori, de nuevo se desmayara, dejando a su hijita sola y asustada.

—Gracias— Respondió Makoto conmocionada, al tiempo que recargaba su cabeza en uno de los hombros de él.

—No tienes que agradecer— Contestó Andrew enredando sus dedos en el cabello color chocolate de su amada— Haría esto y más por ti.

Por un momento se quedaron en silencio, disfrutando de aquel abrazo, hasta que Midori interrumpió el momento.

—Comida

Rieron al escuchar a Midori pidiendo ser alimentada; y entonces, Makoto se sentó en una silla del comedor frente a Midori, y tomó el cuenco donde Andrew le había servido un poco de dashi, y tras tomar una cucharada, lo acercó a la boquita de Midori, pero su hija hizo un puchero.

—¡No!

Midori no era una niña mala para comer y eran pocos los alimentos que no le gustaban; sin embargo, parecía que la sazón de su padre era algo que no toleraba, lo que causó que Makoto riera y que Andrew fingiera molestia.

—¡Oh! Si no está malo— Se quejó Andrew— Sólo un poco… ¿Cómo decirlo?

Makoto se llevó la cucharada a la boca para probar el dashi; y pudo notar que Andrew había cocido de más el pescado y que había puesto la sal demasiado pronto; sin embargo, aunque no era delicioso como el que ella preparaba, podía comerlo, pues tampoco era como que supiera horrible.

—Saca un puré de verduras de la alacena y mezclalo con pequeños trozos de pescado— Dijo Makoto— De esa manera Midori comerá sin quejarse, y a mí sírveme dashi en un cuenco más grande, y me traes el salero.

Minutos después, los tres estaban sentados en la mesa; y dado que Midori ya comenzaba a comer sola, Andrew le dejó su comida en el espacio de su silla para comer alimentos; y después, de poner dos cuencos de dashi frente a Makoto y otro frente a él, comenzaron a comer.

—Creo que mereces comer algo mejor que esto— Dijo Andrew—Voy a pedir comida a domicilio y… ¡No tienes que comerte eso!

—Me gusta— Respondió Makoto— Andrew la miró desconcertado, pues estaba consciente de que no era una exquisitez a la altura de lo que cocinaba Makoto.

—De acuerdo, puedes mejorar y te voy a ayudar— Dijo Makoto— Pero no está mal.

Y es que pese a que el pescado estaba cocido de más, que Andrew le hubiera preparado algo más que sandwiches con atun de lata o jamon con queso, le pareció tan lindo a Makoto, que con sincero gusto se comido aquel caldo.

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16 años antes…

Pese a que después de la cena había pasado una velada aparentemente feliz, Andrew estaba preocupado por Makoto, así que en medio de la madrugada se puso de pie y fue a la sala para entretenerse leyendo uno de sus libros de balística, pues no quería encender el foco de la recamara y perturbar el sueño de Makoto.

En un momento en que levantó la mirada del libro, se percató de que uno de los cajones del mueble sobre el que estaba la televisión, estaba entreabierto, algo extraño, pues Makoto que era una obsesiva del orden jamás los dejaba así, y él no lo había abierto, así que se puso de pie para ir a cerrarlo, sin embargo, al acercarse notó un documento extraño en idioma inglés. La curiosidad lo llevó a sacarlo, y entonces descubrió que se trataba de un seguro de gastos funerarios a nombre de Lita Miller, la nueva identidad de Makoto, el cual tenía fecha del primer día del mes de octubre de 1996.

¡Dos meses antes de que diera a luz a Midori!

Que Makoto hubiera adquirido aquel seguro de gastos funerarios para ella le pareció extraño, pues evidentemente lo había hecho a espaldas de él, ya que nunca se lo dijo; y aunque ciertamente sabían que el peligro de que las sailors les dieran caza existía, si algo sabía Andrew, o más bien creía, era que en caso de un enfrentamiento, era probable que a él lo asesinaran más pronto, pues carecía de superpoderes como Makoto y el resto de sailors.

De pronto, miró más documentos en inglés también a nombre de Lita MIller, y sintió un escalofrío recorriéndolo cuando al sacarlos, miró que había tres pólizas de seguros de vida que Makoto había contratado en la misma fecha con distintas aseguradoras británicas en los que especificaba que lo dejaba a él como beneficiario para que recibiera una fuerte suma de dinero en caso de que ella muriera.

¿Qué carajos significaba eso? ¿Para qué adquirir aquellos seguros cuyas mensualidades eran bastante elevadas cuando ella era joven, estaba saludable y llena de vida? Además de que el eslabón débil en esa familia era él.

De pronto, como si se tratara de un mal presentimiento, sintió un dolor en su pecho, y al imaginar que podía perderla, sintió un nudo en la garganta.. Después las lágrimas quemándole los ojos.

¡Iba a perderla! ¡Makoto se estaba muriendo!

¿Andrew?— Escuchó de pronto la voz de ella tras él.

P.O.V. ANDREW

Los fuertes golpes en la puerta hacen que me despierte de esa pesadilla, en los que una vez más, recordé uno de los momentos en que presentí que mi amada Makoto moriría.

—Señor Furuhata ¿Está todo bien?— Escucho la voz de Hanabi desde afuera de la habitación, pero antes de que le responda, escucho la misma voz burlona y siniestra que escuché muchas veces cuando Makoto estaba muriendo.

—Y también perderás a tu bastarda.

—¡No!— Grito, y enseguida enciendo la luz de la habitación; percatándome de que aquí dentro no hay nadie, y al ver el reloj, me doy cuenta de que ha pasado casi media hora desde el momento en que dije que dormiría solamente quince minutos.

—Andrew ¿Estás bien?— Escucho desde afuera la voz de Minako

¡No puedo seguir durmiendo mientras mi hija está secuestrada y corriendo peligro!, así que abro la puerta, encontrándome con que afuera están Hanabi, Darien y Mina.

—Iré por mi hija— Les digo decidido— ¿Alguien podría hacerme el favor de teletransportarme?

¡Hola! Conforme se acerca el final, más difícil se me hace sacar los capítulos, por eso los voy publicando cada dos semanas más o menos, pero bueno, aquí tienen uno más.

En fin. ¿Qué les pareció? ¿Creían que Afrodita y Midori terminarían de eternas rivales por el amor de Aries? ¡Pues no!

Ahora si, ya les respondo a los reviews:

Marijo San Lucar: ¿Qué te pareció la hija de tu senshi favorita? ¿Ves? Si Afrodita no es tonta e inutil, y pese a ser maltratada por Kioko y ninguneada por Luna, tiene corazón.

Hospitaller Knight: Los shittenou estaban en el sueño eterno, pero digamos que Luna los liberó y los tenía por ahí, listos para usarlos cuando le conviniera, jaja. Y lo primero que quería era su semillita para embarazar a las inner, pero pues, las cosas no salieron bien, jeje.

Athena: Te prometo que en el spin off de Rei y Darien se va a ver esa pelea. De hecho, ya llevo la mitad del primer capítulo del spin off escrito, solo que esta semana me he sentido con falta de inspiración y por eso no he avanzado en la escritura.

Karina Souza: El cristal de Plata ya no es tan poderoso porque su poder se alimentaba de la obediencia y lealtad de las inner senshi a la dinastía lunar, y como Makoto fue la primera en rebelarse y luego Rei, pues ha perdido su fuerza. Pero en el próximo capítulo se va a explicar más al respecto.

Lady Jupiter: No te voy a decir que va a pasar con Luna, las outher, Serena ni ningún personaje porque sería un spoilersote, pero si te aviso que habrá muertes.

Aracox: Andrew no ha perdonado a Darien, pero ahora mismo está más preocupado por Midori que por agarrarse a chingazos por una propuesta tonta que le hizo a Makoto hace años, aunque si van a tener sus roces, porque de la amistad que alguna vez tuvieron, pues ya no hay nada. Y el infierno personal de Makoto,no es algo que ella mereciera porque no hizo algo tan grave, fue por el trato funesto que hizo en el pasado, una maldición que debía recaer en Andrew pero que ella decidió cargar para querer evitar que en su nueva reencarnación tuviera una vida tranquila y no sufriera.

Clarissa de Shields: ¡Pues sí! Minako tampoco es feliz con la locura de Luna. No se si recuerdas que en el manga hubo un capitulo donde ella quiso renunciar a ser sailor, y de hecho, en el Live action, aunque asume con más madurez su papel de líder parece como si estuviera amargada; lo cual me hace pensar que ella no estaba tan contenta siendo sailor; y pues en este fic, solo ha obedecido a Luna por culpa de que algo le pase a su padre, y después a Afrodita.

Lectores anónimos: Muchas gracias por leer. Anímense a comentar cuando gusten.

En fin, queridos lectores. Nos vemos con otro capítulo en una o dos semanas. Pasen bonito fin.

Edythe