EL SECRETO DE SAILOR JUPITER
CAPÍTULO 45
A LAS PUERTAS DEL INFIERNO
P. O. V. MAKOTO
La agonía que sufrí los últimos seis meses de mi vida, no fueron nada comparado con lo que vendría tras mi muerte, pues aún me esperaba el castigo reservado por haberme sacrificado para salvar el alma de mi eterno amado y mi niña: Verlo y saberlo todo desde mi infierno personal sobre las personas que fueron importantes en mis dos cortas vidas sin poder intervenir.
Así, desde mi infierno, pude ver lo que había en el corazón de las personas que fingieron valorar mi amistad y de las que en verdad lo fueron; y sufrí con quienes si valoraron mi cariño al no poder ayudarlas, pero lo que más me dolió, fue ver a mi amado Andrew sufriendo por mi partida, sintiéndose culpable por no haberme podido salvar ni hacer nada por vengar mi muerte, y que los momentos de felicidad que le ha dado tener a su lado a nuestra hija se hayan visto empañados por el miedo latente a que en algún momento el pasado los alcanzara y la desgracia cayera sobre nuestra Midori.
Y mientras Andrew sufría, yo sufrí con él, pues desde mi infierno pude ver que mientras él se esforzaba por cuidar de Midori y hacerla feliz; Luna y sus secuaces como viles aves de rapiña buscaban a "Jupiter", y que era cuestión de tiempo para que la verdad saliera a flote, pues Kioko un día crecería, y Rei dejaría de ser la única con poderes de adivinación del equipo.
Como si se tratara de un mal presagio, el pasado ha alcanzado a Andrew y a mi hija; y por desgracia, aunque cuando ofrecí mi vida por la de ellos supliqué que mi pequeña gozara del mismo beneficio de invulnerabilidad ante los ataques que su padre, ese deseo no me lo concedió la diosa de la muerte.
¿La razón?
Es un designio del universo que quien nace con poderes no puede ser invulnerable porque eso estaría cerca de igualarlo a los dioses; así como también es ley del cosmos que el mortal que goce de la invulnerabilidad a los ataques no debe saberlo, y que en caso de que quien le concedió el don se lo haga saber, perderá la invulnerabilidad y morirá, pues estaría cerca de igualarlo a los dioses, y podría corromper su alma.
Sin embargo, al ver que la desgracia se cernía sobre mi pequeña, Persefone, que no sólo es la diosa de la muerte, sino también la deidad de la primavera y fue muy venerada en Júpiter; me ha concedido la gracia de volver al mundo de los vivos con un cuerpo mortal, pero sólo hasta el equinoccio de primavera, pues para entonces, tanto si logro salvar a mi pequeña como sino, deberé volver al mundo de los muertos que es a donde ahora pertenezco.
Por supuesto el encarnar de nuevo un cuerpo mortal para tratar de salvar a mi hija cuando ya no pertenezco a este mundo tuvo un precio: Mientras esté de nuevo habitando de nuevo un cuerpo mortal, pierdo la capacidad de ver en la mente de las personas para saber qué es lo siguiente que pretenden hacer, dejo ser omnipresente, y no puedo ni debo encontrarme con mi amado Andrew por mucho que lo desee, pues el resultado podría ser catastrófico.
Así pues, tan pronto la diosa Persefone me concedió la gracia de volver a habitar un nuevo cuerpo mortal, me hizo aparecer donde mis queridas Rei y Minako estaban librando una encarnizada batalla contra Serena, Michiru y Diana (la hija de Luna); y tras dejar desmayadas a quien fuera la princesa a la que le juramos lealtad, a la hija de nuestro verdugo y dejar fuera de combate para siempre a Sailor Neptune; corrí con todas mis fuerzas por el camino que me indicó Rei que había huido mi pequeña siendo perseguida por Luna, Zoycite y Setsuna.
-0-0-0-
P.O.V. MAKOTO
Corrí con todas las fuerzas de mi cuerpo terrenal guiada por mi instinto para ayudar a mi niña; pero de pronto, con horror miré que mientras Andrew la empujaba tras él para tratar de protegerla de Zoycite, Luna y sus secuaces desde otro lado del bosque aparecían.
Con todas mis fuerzas traté de llegar hasta mi hija para protegerla, pero en cuestión de segundos, miré como mientras el cuerpo de Zoycite explotaba en pedazos; mi hija que estaba detrás de su padre se dio media vuelta, encontrándose con aquel cristal punzocortante que rápidamente se dirigía contra ella. Le grité que se tirara al piso, pero entre los gritos de Andrew y Zoycite mi voz no alcanzó a escucharse, y mi hija, ignorante como todos de que su padre es inmune a los ataques, quiso ser la barrera humana que lo protegiera de ese cristal venenoso.
Al darse media vuelta mi amado, apenas y alcanzó a sostener en sus brazos el cuerpo moribundo de nuestra querida hija, y su grito desgarrador pronunciando su nombre me hizo perder la cordura y quise echarme a correr para matar a Luna con mis propias manos, pero entonces alguien me tomo con fuerza del brazo por detrás.
—¿Quieres perderlo a él también?— Escuché tras de mí la voz de la senshi de la muerte.
Que Hotaru estuviera aquí cuando había dejado claro que ella no se inmiscuiria en la batalla, sólo podía significar una cosa: Mi hija estaba muriendo.
-0-0-0-
P.O.V MIDORI
Cuando escuché pasos tras nosotros, inmediatamente me di media vuelta, pero aquel cristal punzocortante ya estaba demasiado cerca, y ¿Cómo iba a esquivarlo sabiendo que de hacerlo atravesaría a mi padre por la espalda?
Entonces sentí el filo atravesarme, después el tibio chorro de sangre saliendo de mi pecho. Las fuerzas comenzaron a faltarme, un escalofrío recorrió mi cuerpo; pero antes de que cayera al piso, sentí los brazos de mi padre amortiguando el golpe de la caída.
Mientras mi padre me recostaba en el suelo, la vista se me comenzó a nublar, y su grito desgarrador pronunciando mi nombre y suplicando que no muriera mientras las lágrimas caían a borbotones de sus ojos me hicieron trizas el corazón.
¡NO QUIERO MORIR!
¡Aún me faltan tantas cosas por hacer!
Quería tener redes sociales y poder subir fotos como lo hacen mis amigas pero papá nunca me dejó por miedo a que el enorme parecido físico que tengo con mi difunta madre hiciera que ellas me encontraran rápido; quería poder adoptar al menos cachorrito, cosa que mi padre me prohibió por miedo a que fuera un enemigo adoptando forma animal como Luna y sus secuaces para meterse en nuestras vidas; quería conocer todo Japón, cosa que mi padre me prohibió para mantenerme alejada de ellas… ¡Y mira las circunstancias en que conocí la tierra de mis padres! Quería graduarme de la High School pero ahora ni siquiera tendre una oportunidad de despedirme de Alice y Ashley; no sabía aún n si estudiar Gastronomía o Botánica, pero si tenía la certeza de querer terminar una carrera universitaria; también quería hacer el amor con Aries algun día ¿Por qué no le propuse seguir en un hotel cuando nos desbordamos de pasión en su auto?; y por supuesto no quiero morir sabiendo que con mi partida romperé el corazón de mi padre que bastante sufrió al perder a mi querida madre.
P.O.V. ANDREW
Recuesto a mi pequeña en el piso, y llevo mi mano al cristal que está encajado en su pecho, pero antes de que lo toque, este sale por sí solo, y veo cómo va a parar a las manos de Luna.
Furioso al saber que ella es la causante de la muerte de mi niña, doy la orden de ataque a mi brazalete, pero la maldita recurriendo a la teletransportación desaparece.
—Mi niña, pronto vas a estar bien— Le susurro a mi pequeña con la misma voz de tranquilidad que uso con mis pacientes moribundos para infundirles tranquilidad cuando se que están a punto de expirar su último aliento de vida a las puertas de la muerte; pero de pronto el nudo en mi garganta se rompe y se me desbordan las emociones.
—¡Papá!— Suplica mi pequeña— Te quiero mucho
—Yo también, princesa.
—Dile a Aries que lo amor— Me pide mi niña
—Tú se lo dirás cuando lo veas— Le respondo
—¡Fuiste el mejor papá que pude tener… ¡Te quiero mucho!
De pronto veo a mi pequeña expulsar sangre por la boca; y después, con horror confirmó que ya no tiene ritmo cardíaco.
¡La he perdido! He perdido a mi niñita como una vez ya perdí a mi amada Makoto.
P.O.V. ARIES
No sabía con exactitud qué camino del inmenso bosque había tomado Midori, y seguir la energía de alguno de nuestros enemigos era dejar de seguir las otras tres; sin embargo, de pronto sentí que en cierta área del bosque la energía se tornaba turbia y me teletransporté a ese lugar, pero al irme acercando escuché con horror el llanto y los gritos desgarradores del alma atormentada del doctor Furuhata, y al llegar al lugar, lo miré postrado en el piso, sosteniendo entre sus brazos el cuerpo de mi querida novia que yacía inconsciente mientras la parte superior de su uniforme escolar estaba empañado de sangre.
—¡Midori!
Me hinqué frente a ella y mi suegro. Tomé una de sus manos y con horror comprobé que no tenía pulso. El dolor se me estaba atorando en el pecho pero soy incapaz de llorar como si puedo hacerlo su padre, y entonces bajo mis pies, la tierra comenzó a temblar.
-0-0-0-
P.O.V. HANABI
Tan pronto como mamá se teletransportó para traer primero a Afrodita y casi enseguida a tia Minako; mi papa Darien comenzó a atenderlas, mientras yo iba y venía siguiendo sus indicaciones.
—¿Cómo está tía Minako, papá?
—Estará bien— Me responde mi padre— Aunque estará incapacitada por alrededor de seis semanas para usar sus poderes.
Sonrio ante aquella noticia, sin embargo, el momento de paz nos dura poco, pues de pronto la tierra comienza a moverse bajo nuestros pies; y mi mirada asustada se cruza con la de mi padre.
—Ese no es un terremoto normal
—No lo es— Le respondo asustada— Es Aries
—¿Por que hace eso?— Cuestiona mi padre nervioso.
—Él no sabe llorar— Le respondo asustada— Dice mamá que cuando nació en vez de llorar la tierra tembló un par de segundos. Lo hizo cuando pensamos que papá Takahashi moriría en una cirugía que le hicieron, cuando se murió su perro Dango… pero este terremoto es más fuerte.
P.O.V. ANDREW
Cuando la tierra comienza a temblar bajo mis pies, nada estoy deseando mas que alguno de los gruesos troncos de un árbol caiga sobre mi cabeza y acabe con mi vida para reunirme al lado de mi amada y mi pequeña.
De pronto, ante mis ojos veo aparecer a Rei que discute con Aries pidiéndole que pare, y es una sonora bofetada por parte de la senshi del fuego en el rostro de su hijo, lo que hace que el temblor en la tierra se detenga.
—¡Basta, Aries!— Gruñe Rei furiosa— ¿Crees que a Midori le gustaría ver como asustas a la fauna del bosque sólo porque eres incapaz de llorar?
—¡Para ti es facil pedir control porque no es uno de tus hijos o el inútil de Darien quien ha muerto!— Exclamó furioso ante la insensibilidad de Rei
—¡Midori no está muerta!— Exclama Rei
—¡No tiene pulso!— Le respondo furioso
—Mira Andrew, no sé gran cosa sobre ciencia médica— Me dice Rei clavando sus orbes amatistas en mí — Pero se distinguir el aura de quien pertenece al mundo de los vivos y de quien ya no lo está, y tu hija se encuentra con un pie en este mundo y uno en el otro, así que aún podemos salvarla.
Como médico, suelo molestarme cuando alguien que no comparte mi profesión me quiere llevar la contraria; pero esta es de las pocas veces en mi vida que deseo equivocarme, y entonces, bajo mi mano que reposa sobre el pecho de mi hija, vuelto a sentir los débiles latidos de su corazon.
—¡Midori!— La llamo; y entonces veo como el flujo de sangre se detiene, pero ella no abre los ojos.
—¡Rápido, Aries! Teletransporta a Midori a casa, yo llevaré a Andrew.
Aries se acerca a mí y toma en brazos a Midori para teletransportarla a Itoman. Antes de apartar mis brazos de mi pequeña, por un momento mi mirada se cruza con los ojos amatistas del hijo de Rei y Darien.
—No la vamos a perder— Me dice Aries mientras me sostiene la mirada.
Pese a que es incapaz de derramar siquiera una lágrima por mi hija y no tengo dones espirituales como él y su madre para ver auras y energías, sé reconocer el dolor en su mirada. Es el dolor que siente un hombre cuando ve que la vida se le esta yendo a la mujer que ama sin poder hacer nada.
16 años antes…
14 de Febrero de 1999
Diciembre terminó, dando paso al último año del siglo veinte; y conforme fueron transcurriendo las semanas de los primeros dos meses del año, Andrew miró como a Makoto, al igual que las flores cuando están muriendo, se fue marchitando pese a que a los diversos especialistas médicos no encontraban cual era la causa del problema por mucho que una y otra vez, Andrew la llevaba a que volvieran a hacerle los mismos estudios y análisis una y otra vez.
Andrew, al ver que ella no mejoraba, había considerado poner en pausa el internado médico para pasar cada día al lado de su amada; sin embargo, Makoto pese a su debilidad; lo había terminado convenciendo de que continuara, pues era de vital importancia que lo terminara para poder quedarse en Londres a ejercer la carrera que tantos años de esfuerzo le había costado, y que le garantizaría poder darle un buen futuro a Midori lejos de la secta de la dinastía Lunar.
Así pues, Andrew, había hecho uso de sus ahorros de años para poder contratar a una enfermera que estuviera al cuidado de Makoto durante las horas que el pasaba en el hospital y que le parecían eternas; y aunque en sus planes también había estado contratar una niñera que cuidara de Midori, tuvieron la suerte de que Jane, la vecina viuda de cincuenta y pocos años con la que Makoto había hecho amistad desde que llegaran a vivir a esa zona de departamentos; se ofreciera a ir cuando no estaba Andrew para ayudarles cuidando de Midori en agradecimiento por las muchas recetas de comida japonesa que Makoto le había compartido; pero sobre todo, por la atencion médica gratuita que alguna vez Andrew le proporcionó, y las visitas de Makoto cuando meses antes había estado enferma.
Andrew, por su parte, pese a que muchas veces la vecina les compartía comida e incluso él podía comprar alimentos saludables fuera de casa, había aprendido a cocinar Mizutaki y Dashi de manera aceptable; pues Makoto desde navidad ya no había vuelto a cocinar, e incluso, queriendo hacerla feliz lo que le quedara de vida y temiendo que para el día blanco ella ya no estuviera a su lado, la víspera de San Valentin, mientras su mujer y su hija dormían, Andrew se puso de pie para hornearle su postre favorito: Un pay de cerezas.
Pese al desvelo, a la siguiente mañana, los balbuceos de su hija lo despertaron, y dado a que no quería que despertara a Makoto, la llevó fuera de la habitación para darle desayuno y jugar un rato con ella, hasta que finalmente, la pequeña de nuevo cayó rendida, y tras acostarse en uno de los sofás de la sala se quedó dormida.
Cuando el silencio de nuevo reinó en la sala, puso la mesa; decorandola con aquel mantel color ocre que a Makoto tanto le gustaba, después, sobre el centro, puso un florero dentro del cual había un ramo de rosas color rosado y lirios del valle; y después siguió su creación que una quemadura en el dorso de su mano derecha le había costado: El pay de cerezas.
—Ese pay luce delicioso— Escuchó tras de él la voz de su amada.
Andrew entonces se dio media vuelta, y se sintió esperanzado al ver que las mejillas de su amada habían recobrado el color y que las ojeras bajo sus ojos habían desaparecido, dándole de nuevo aquel aspecto saludable y lleno de vitalidad del que siempre gozó.
—¡Feliz catorce de febrero, mi vida!— Exclamó Andrew al verla.
-0-0-0-
Los ojos de Makoto se llenaron de lágrimas cuando sobre la mesa del comedor, miró que en el florero había un arreglo de sus flores favoritas, y un pay casero de cerezas como el que tanto le gustaba; y con las emociones a flor de piel, se acurrucó en los cálidos brazos de su amado, aspirando su reconfortante aroma.
—Yo quería prepararte un pastel de matcha con chocolate blanco y… — Makoto hizo una pausa, pues el llanto le impedía articular palabras— Simplemente no pude… me sentía tan mal y… y es catorce de febrero.
Andrew se inclinó un poco, hundiendo su nariz en el cabello castaño de ella.
—¿Y hoy cómo te sientes?
—Mejor que otros días — Respondió Makoto— Hasta tengo ganas de ir de paseo en auto.
Andrew levantó su rostro, perdiéndose en sus pupilas verde esmeralda.
—Saber que te sientes bien me hace mas feliz que cualquier pastel que puedas hornearme— Le respondió Andrew— Además no estamos en Japón, estamos en Inglaterra, y aquí los hombres también les dan regalos a sus novias y esposas el catorce febrero.
Aquel día , tras desayunar un trozo de pay de cerezas acompañado de una taza de café, ambos se ducharon y se vistieron para salir a dar un paseo en auto. En esa ocasión, ella se vistió con el vestido color rosa pálido que había usado en la primer cita no planeada que tuvieron a causa de que Hiroto la había dejado plantada, aunque esta vez, dado que era invierno, se puso un abrigo blanco, además de medias y botas a tono; y lo más importante, sobre su cuello, llevaba la cadenita de plata con el dije en forma de rosa que era el primer regalo que Andrew le había dado y hacía juego con sus preciados aretes en forma de rosa.
Aunque Makoto se sentía un poco mejor, tampoco tenía tanta energía como para andar caminando de un lado a otro, ademas de que tampoco querían exponer al crudo frío a Midori; por lo que se limitaron a ir a comer a un prestigioso restaurante de comida francesa, pasear por la ciudad en auto y tomarse fotografías como recuerdo para la posteridad. Finalmente, regresaron a casa, y como si la suerte ese día quisiera estar de su lado, Midori se quedó dormida pronto, por lo que ellos se quedaron en la sala, acurrucados uno junto al otro en el sofácama mientras miraban una película romántica y bebían chocolate con bombones y comían lo que quedaba del exquisito pay.
—¡Delicioso!— Exclamó Makoto—Creo que ya te puedes casar
—¿Oh si?— Le respondió Andrew levantando su rostro para mirar sus ojos verdes — ¿Qué tal mañana?
—Mañana es lunes
—¿Y qué?— Le respondió Andrew— Podemos hacerlo cuando salga del hospital.
—Estás bromeando. ¿Verdad?— Cuestionó Makoto
—Por supuesto que es broma, pero si quieres no es broma— Le respondió Andrew— Además, ya te lo había propuesto la noche que celebramos nuestras graduaciones.
Makoto echó un vistazo a su mano, mirando aquel anillo de compromiso que Andrew le había dado hace ya casi dos años cuando tras su graduación le pidió matrimonio.
—Puedo comprarte un vestido mañana mismo y nos casamos— Siguió él.
Andrew sintió el corazón henchido de alegría al ver la felicidad reflejada en el rostro de su amada. Aunque en sus planes siempre estuvo compartir su vida con una mujer que amara y tener hijos, la idea de una ceremonia o una fiesta no era algo que le entusiasmara, sin embargo, tampoco era como que la idea le desagradara; y hacer feliz a Makoto era algo que también lo hacia feliz a él.
Miró entonces los labios rosados de Makoto entreabrirse para dar el "sí quiero", pero antes de que las palabras salieran de su boca, de pronto ella comenzó a respirar con dificultad y perdió el conocimiento.
Fin del flash back
-0-0-0-
P.O.V. LUNA
Pego un grito cuando escucho que alguien llama a la puerta del salón de juntas, aunque la calma vuelve a mí cuando del otro lado escucho la voz de Setsuna.
—¿Podemos pasar?
—Adelante— Respondo
Al abrirse la puerta, veo entrar a Setsuna que viene empujando la silla de ruedas de Haruka; Kioko quien lleva vendado un brazo, y Ami.
—¿Cómo están?— Pregunto dirigiéndome a Ami
—Aún están bajo el efecto del sedante pero no creo que tarden mucho en despertar— Me responde Ami— Las heridas de Serena y Diana no son tan graves como para que no puedan usar sus poderes; en cuanto a Michiru, las de ella tampoco, pero la encontré sin su transformación y parece como si le hubieran robado su cristal.
—¿Qué?
—Tal como lo escuchas— Me responde Ami
—También hemos traído el cuerpo de Artemis y…—Setsuna hace una pausa y veo una expresión de su rostro.
—Encontramos la cabeza, los brazos y la pierna izquierda de Zoycite, aunque ni rastro de la derecha— Dijo Ami
Al escuchar las palabras de Ami, siento un escalofrío al recordar lo que con mis propios ojos vi que sucedió con Zoycite.
Horas antes…
Después de tanto correr en el bosque, Luna visualizó a Andrew y a Midori que compartían un abrazo, y una sonrisa siniestra se formó en su rostro cuando miró que desde otro lado del bosque, Zoycite levitando se dirigía con fuerza a atacar a Andrew y arrebatarle a la nueva senshi de la naturaleza.
Necesitaba muerto a Andrew, aquel amable y bonachón tipo que pese a no ser belicoso y a sabiendas de que estaba en desventaja por no tener poderes, había tenido la osadía de enfrentarse a dos de sus mejores sailors con tal de salvar a Makoto, y que una vez más, tomaba las armas para arrebatarles a la nueva heredera del trueno y la naturaleza. Lo necesitaba muerto, pues de lo contrario, ya veía venir que si no se deshacía de él, podría ser una piedra en el zapato como lo fueron muchos de los habitantes del extinto planeta Maldek, que aún careciendo de poderes, crearon armas y se levantaron contra el régimen selenita.
Y por supuesto necesitaba la sangre de la senshi de la naturaleza para traer a la vida a su amada Serenity, alimentarse con su poder, y fundar el nuevo orden; pero entonces, aterrada miró como Andrew le ordenaba a un dispositivo atacar, y de este salía un poderoso proyectil que no sólo hirió a Zoycite, sino que provocó que su cuerpo explotara; y que sus extremidades y cabeza salieran disparadas en distintas direcciones del bosque.
Fin del flash back
—¿Qué?— Pregunto Haruka horrorizada— ¿Quien se tomó el tiempo de desmembrarlo de esa manera?
—Fue Andrew
—¿Ese imbécil de nuevo? — Gruñó Haruka— ¿Y nadie hizo nada mientras lo desmembraba?
—¡Es que no lo desmembró!— Exclamo desesperada— Lo escuché gritar algo, y antes de que siquiera Zoycite llegara a atacarlo, su cuerpo estalló en pedazos
—¡Eso no puede ser!— Exclama Haruka furiosa— ¿Estás segura de que ese tipo no tiene poderes?— Le pregunta Haruka a su vástaga
—Le hice esa pregunta de muchas maneras a las estrellas y siempre me han dicho que no tiene poderes.
—¿Entonces cómo es posible?— Cuestiona Haruka desesperada— Primero cuando lo agredo, mis poderes no le hacen ni un rasguño y se me regresan en mi contra; después me dices que viste en las estrellas que asesinó a un general con poderes de telekinesis a sangre fría ¿Y ahora resulta que con pronunciar unas cuantas palabras hizo que el cuerpo de unos de nuestros compañeros estallara en pedazos? ¡Si eso no es tener poderes entonces que mierda es!
—¡No lo sé! —Exclama Kioko exasperada.
De pronto, escuchamos un alarido de dolor de Michiru, e inmediatamente Ami y yo, seguidas de Haruka en su silla y las demás, entramos en la habitación.
—¡Fue Makoto!— Grita Michiru con el miedo reflejado en su monstruoso rostro— Makoto volvió del infierno y rompió mi cristal.
—¿Qué locura estás diciendo?— Le pregunto asustada a Michiru
—¡Era ella!— Exclama Serena que también acaba de despertar y tiembla de miedo.
—¿Qué significa todo esto, Kioko?— Le pregunto a la heredera de Uranus— ¿No nos habías dicho que las estrellas te dijeron que Makoto Kino estaba muerta?
—¡Se los juro que me lo dijeron!— Exclama temblorosa Kioko— Las estrellas no me mienten.
—Si tan sólo tuvieramos la llave del tiempo podríamos echar un vistazo al pasado para saber cómo atacar a Makoto y su amante—Dice Setsuna desesperada
—Está desesperada por su bastarda— Le respondo— Quiza podríamos ponerle una trampa.
-0-0-0
P.O.V. ANDREW
Tan pronto como llegamos a la casa de Rei en Itoman, ella enseguida le asigna la habitación más amplia a mi pequeña, quien pese a tener signos vitales, yace inconsciente, sin responder a estímulos ni despertar; y dado que temo dejarla sola aunque sea por un par de segundos, pronto Rei, Aries y Darien se reúnen conmigo dentro de la habitación, donde a petición de la senshi del fuego, comienzo a narrarles sobre lo ocurrido.
—¿Es en serio?— Me cuestiona Rei
—Te lo juro— Le respondo— Yo mismo vi salir el cristal e ir a parar a la mano de la desgraciada de Luna
—Y el cristal estaba manchado con la sangre de Midori—Dice Aries furioso
—Si
—¡Maldita gata!— Gruñe furioso Aries
—No estoy entendiendo nada. ¿De qué que manera se supone que puedo intentar salvar a mi hija?
Rei toma una bocanada de aire y comienza a hablar.
—Para Luna lo ideal era sacrificar a Midori la víspera del equinoccio de primavera— Me dice Rei— Aunque supongo que al creer que podría ser difícil volver a atraparla le lanzó ese cristal venenoso
—¿Y eso que significa además de que mi hija puede morir?
— Por desgracia Luna ya tiene un poco de su sangre, Andrew— Me responde Rei— Aunque ahora mismo esté viva y con signos vitales, si antes del equinoccio de primavera no destruimos el Cristal de Plata, Midori morirá y su alma estará condenada a servir por siempre a Luna
—Y ahora el problema es saber donde tiene el maldito cristal de mierda— Dice Aries furioso— El fuego nunca ha querido revelarmelo.
—¿No se supone que lo deba tener Serena y que ya no era tan poderoso?— Cuestiono
—No lo tiene Serena— Responde Darien
Mi mirada furiosa se cruza con la de él. No puedo creerle del todo, pues como quiera que sea es su esposa y la madre de su otro hijo
— Está diciendo la verdad— Dice Aries
— Si lo tuviera esa tonta hubiera sido tan fácil arrebatarselo desde hace mucho tiempo.
—En efecto ya no es tan poderoso como antes— Responde Rei— Pero ahora mismo se está alimentando de la sangre y la energía de tu hija, y si para antes del equinoccio de primavera no lo destruimos no sólo el alma de Midori quedará condenada a servir a Luna, sino que ella fundará su reino de opresión.
Por un momento mi mirada se cruza con la de Rei. Luce tan desesperada como yo.
—Andrew, si todos estos años he fingido estar del lado de Luna no sólo ha sido para proteger a mi familia, sino también para destruir el maldito Cristal de plata y librar a mis hijos y a los de mis amigas de este maldito destino, pero ni a mí me dijo la desgraciada donde lo esconde.
—Iré a preguntarle al fuego a ver si de una vez me da la maldita respuesta— Dice Aries.
—Yo igual— Responde Rei
Cuando todos salen de la habitacion, me acuesto en el sofa frente a la cama donde yace mi hija. Rei me ha aconsejado que duerma un poco, pero ¿Como hacerlo cuando mi hija esta muriendo porque no fui suficiente para cuidarla y una y otra vez viene a mi mente el momento en que perdi a su madre?
16 años antes…
Julio de 1999
Tras el funeral de Makoto, al cual acudieron Reika que había viajado desde Estados Unidos, las amigas del vecindario que había hecho, además de muchos compañeros de Andrew del gremio médico; la corte fúnebre lo acompañó al Kings Cemetery donde reposarían los restos de su amada.
Antes de que los empleados del cementerio bajaran el cajón para sepultar el cuerpo del amor de su vida, Andrew abrió el féretro, y una vez más, miró a su amada Makoto, que ataviada con aquel vestido de novia que se había probado meses antes en Castle Combe, la hacía lucir como una hermosa hada de la naturaleza.
Por última vez, se inclinó frente al cuerpo de su amada y besó sus labios aún tibios, aspirando por última vez su aroma a rosas y vainilla que nunca olvidaría.
—Te prometo que cuidaré de Midori— Susurró tratando de mantener la compostura cuando apartó sus labios de los de ella.
Por un momento, se quedó de pie, queriendo evitar el momento en que la sepultaran y ya no la viera más, hasta que uno de sus superiores y amigos del hospital, se acercó a él para hacerle entrar en razón de que debía dejarla partir, así que finalmente, dejó el ramo de rosas color rosado y lirios del Valle entre las manos de su amada y cerró el féretro, rompiendo a llorar cuando miró como el majestuoso ataud color dorado con flores grabadas en relieve en el que descansaba su amada iba quedando sepultado bajo montones de cemento y tierra.
De pronto, entre la multitud escuchó el sonido de un llanto infantil, luego la voz de su pequeña llamándolo, y al voltear a su derecha se encontró con Reika, que venía sosteniendo a su pequeña que tenía su carita empapada de lágrimas.
En silencio, tomó a su hija entre sus brazos, y la acomodó de manera que no viera como su madre iba quedando bajo montones de tierra; y mientras lloraba por la partida de su amada, se prometió y les prometió en silencio que cuidaría de sí mismo para poder cuidar de Midori y darle la vida feliz y libre de ataduras que Makoto hubiera merecido tener, pero que se aseguraría de que su hija si tuviera.
P.O.V. ANDREW
En algún punto el sueño me venció; sin embargo, el ruido dentro de la habitación me despertó, y horrorizado, vi a una persona vistiendo una capucha negra inclinarse sobre la cama donde yace mi hija moribunda.
Disparar sería un riesgo, puesto que está demasiado cerca; así que rápidamente me pongo de pie y me abalanzó con fuerza sobre el intruso y lo tumbo al piso. Él muy cobarde, se arrastra por el piso intentando huir, pero me lanzó con furia sobre él o ella.
—¿Intentando escapar? ¡Claro que no!— Le grito mientras trato de someterle en el piso.
En el forcejeo que tenemos, descubro que mi oponente es una mujer; y que la desgraciada se ha puesto un perfume que simula al aroma de mi amada Makoto y que aún recuerdo.
¡Hola!
Muchas gracias a todas las personas que han seguido este fanfic.
Saludos especiales para quienes me han dejado sus reviews en fanfiction y wattpad: Hospitaller Knight, Mario San Lucar, Rei-Videl, Clarissa de Shields, Aracox, Karina Souza, Athena, LadyJupiter/Opalo Hope y anónimos.
Si olvidé mencionar a alguien, pido mil disculpas.
Saludos y nos leemos la próxima semana
Edythe
