Amargo recuerdo, dulce olvido. – Fic
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«Hace ya tiempo que emborraché
Todos los versos que un día canté»
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Cd. Tokio, Japón. 08 de Agosto. 2020 – 8:45 p.m.
.:.:Hospital Konoha.
– ¡Hina por favor!, te juro que este será el único favor que te pida… ¡Por favor! ¡Por favor! ¡Por favooor! – Pedía una y otra vez hasta cansar a quien tenía a un lado, tomó aire pesadamente y después continuó. – Nasashisa-Band es mi grupo de rock favorito. – Hizo una mueca triste y de pronto sus ojos se le aguaron. – Solo… solo quiero un autógrafo de ellos. ¿Sí? – Pidió juntando sus pequeñas y delgadas manos blancas a la altura de su pecho.
La otra persona suspiró, odiaba los tumultos y lugares en donde se concentraban muchas personas, y si a eso le sumaba un extra llamada Nasashisa-Band entonces odiaba esa idea. Pero aquella personita de apenas 13 años de edad se lo imploraba con mucha ansiedad. ¿Y cómo no hacerlo? Si a la persona que más amaba en este mundo era a su pequeña hermana Hanabi, por quien daría la vida si pudiera.
– Umm… está bien Hanabi pero debes de prometerme que…
– ¡KYAAAAAA! ¡GRACIAS HINATA, GRACIAS! – Gritó con todas sus fuerzas mientras se levantaba de la cama y se abalanzaba muy feliz hacia su hermana mayor.
Hinata Hyûga, quien a penas a sus 25 años de edad la hiciera de papá y mamá después de que su madre se hubiera suicidado tras la muerte de su padre en un trágico accidente, se dedicaba de lleno a cuidar de su pequeña hermana cada vez que salía de su trabajo.
Su vida era normal, o al menos ella así quería pensarlo. Trabajaba en una cafetería y su único familiar se llamaba Hanabi Hyûga, su adorada hermana menor por quien lo daría todo.
Hanabi era una adolecente inquieta como cualquier otra, sin embargo su salud decía lo contrario. Su hermoso pelo castaño que algún día tuvo, se le fue cayendo con el tiempo y no era para menos, pues padecía de cáncer; la injusta vida le había arrebatado parte de sus ilusiones pero aún así sonreía, porque sabía que su hermana mayor estaba haciendo todo lo posible para que ella pudiera tener solo unos días más de vida. Sabía que si entristecía Hinata también lo haría, por eso reía, por eso trataba de ser feliz y normal, como cualquier otra chica de su edad… odiaba ver a su hermana llorar porque Hinata significaba todo para ella. Dentro de sí, agradecía el día en que Hinata con apenas 19 años de edad dejara sus estudios para dedicarse completamente a ella, y esa deuda solo podía pagárselo no estando triste… o al menos eso era lo que su hermana mayor le decía.
– Bueno, bueno, ya duérmete que ya es tarde. – Dijo Hinata, sacando a Hanabi de sus pensamientos.
– Nee… ¿Vendrás mañana? – Preguntó mientras su hermana la arropaba con las sábanas.
– ¡Como todos los días! – Sonrió la ojiperla, a lo que Hanabi también sonrió.
– Te quiero Hinata.
– Sabes que yo también te quiero Hanabi. – Dijo acariciándole la mejilla a la otra ojiperla. – Nos vemos mañana, descansa. – Se despidió dándole un tierno beso sobre la frente.
– ¡Descansa tú igual! – decía Hanabi al ver a su hermana mayor perderse tras la puerta de su habitación.
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«Con el aliento que da una mujer
Que ya no volverá»
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Cd. Tokio, Japón. 09 de Agosto. 2020 – 08:20 a.m.
– ¡Hinata! ¡¿Acaso estás loca?! ¡Cómo pudiste hacerle esa promesa a tu hermana! – Exclamaba muy alterada una pelirrosa de ojos verdes.
La ojiperla sonrió ante el acto tan escandaloso de su amiga, pues llamaba la atención de todos los clientes del lugar.
– Sakura, si bajas un poco la voz te lo podría agradecer.
– ¡Es que estás loca! – Le respondió la pelirrosa, Hinata roló los ojos y suspiró pesadamente mientras se ponía ambas manos sobre su cintura.
– A ver… ¿Por qué dices que está mal prometerle algo a mi hermana? – Preguntó por fin la ojiperla.
– No, no. – Respondía la de ojos verdes. – No está mal prometerle algo a tu hermana, está mal que le hayas hecho esa promesa.
– Es que no te entiendo. – Replicó la ojiluna. – No entiendo qué tiene de malo decirle que conseguiré esos autógrafos, ni que fuera tan difícil… solo es ir cuando se presenten, pedírselos y ya. – Dijo sin más.
– Como se nota que no eres fan de ellos…
– No me gusta su música.
– ¡Blasfema! – Exclamó su amiga y luego suspiró. – Mira, Nasashisa-Band está integrada por cuatro tipos guapos, hermosos, sexis, sensuales, suculentos… − Decía mientras empezaba a perderse entre sus pensamientos y un aire pervertido empezaba a brotar de ella, a lo cual Hinata solo empezó a reír al ver a su amiga en ese estado. Sakura se dio cuenta de que se estaba desviando del tema y carraspeó para tranquilizarse. – Bueno, cómo te decía está conformado por cuatro chicos; Sai, Shikamaru, Naruto... ¡Y Sasuke-kun! ¡KYAAAAAAAA! – Gritó al nombrar al último integrante de aquella banda mientras empezaba a ponerse roja como un tomate. Hinata empezó a reír más al ver cómo se ponía su amiga con tan solo nombrarlos, no creyendo el fanatismo que ella tenía hacia ellos.
– ¿Y eso es todo? – Preguntó riéndose, a lo cual Sakura volvió a carraspear para volverse a tranquilizar y terminar de relatar el por qué Hinata no podía realizarle aquella promesa a su pequeña hermana.
– La trayectoria de esa banda es muy larga pero eso no importa, lo que importa aquí es el tal Naruto.
– ¿Qué hay con él? – Decía muy dudosa la ojiperla por el repentino comportamiento misterioso que tomaba su mejor amiga.
– ¿Quieres que te diga? – Dijo sonriendo de lado con un aire de superioridad.
– Dilo…
– ¡Jamás, jamás pero jaaamas podrás tener tan siquiera una firma o un autógrafo de él! Fin de la historia. – Concluyó.
− JAJAJAJAJA… – Hinata se carcajeó a más no poder por tal historia. – Sakura, a veces eres muy exagerada y dramática. – Dijo mientras se quitaba una pequeña lagrimita de sus aperlados ojos y trataba de controlar su risa.
− ¡Ja! Eso dices ahora, pero ese tio es un bastardo y no solo lo digo yo si no hasta sus propias fans, de hecho dicen que…
− Así me las quería encontrar. – Dijo una voz más aguda con sonido a reproche, las dos chicas voltearon de inmediato y se encontraron con la dueña del local.
− ¡Kurenai-sama! – Exclamaron al unísono.
– Muy bonitas, muy bonitas… cuchicheando por ahí mientras los clientes son ignorados.
– L-Lo sentimos mucho. – Dijeron al mismo tiempo mientras se inclinaban ante la pelinegra.
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«Hice inventario de lo que perdí
Eché las cuentas de lo que invertí»
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Cd. Tokio, Japón. 09 de Agosto. 2020 – 10:38 a.m.
La luz de los rayos del sol se asomaron por su ventana, dándole de lleno sobre su rostro canela; hizo un mohín de disgusto y se volteó hacia el otro lado de la cama.
Odiaba los días como ese y no porque fuera enemigo de las mañanas, si no porque todo le recordaba a ella… suspiró con pesar y pronto se levantó de su cama para salir de aquel asfixiante cuarto. Se dirigió hacia la cocina del departamento y pronto visualizó al azabache.
− ¡Hey teme! – Saludó como todos los días, haciendo que el otro le dirigiera una furiosa mirada.
− ¿Cuántas veces debo de decirte que no me llames así? – Gruñó a lo que el rubio solo le dio por reír mientras ponía agua para su café. – Dobe. – Finalizó el azabache para después tomarse un trago de su té. – Por cierto, ¿Ya tienes el repertorio que usaremos? – El rubio alzó las cejas muy confundido ante la pregunta del azabache. Sasuke gruñó y una vena le apareció en la frente. − ¡¿Eres idiota o qué?! ¡¿A caso se te olvidó que mañana empezamos nuestra gira por Japón?!
− Exacto. Y luego recorreremos toda Asia. – Intervino Sai, quien se acercaba a ellos para adentrarse a la plática.
− ¡Mierda! – Masculló el rubio mientras pensaba en lo que haría.
− Eres un idiota. ¿Se te olvidó que hoy era nuestro último día de reposo? – Shikamaru llegaba mientras se estiraba como un gato y bostezaba a todo lo que daba. – Por cierto, yo también quiero café. – Sentenció.
− Siendo así, yo también quiero una taza por favor. – Pidió plácidamente el albino.
− ¡¿Me vieron cara de sirvienta o qué diablos?! – Exclamó el rubio.
− Sirvienta no. ¿Pero qué te parece amo de llaves? – Contestó Sai, a lo que los dos pelinegros se empezaron a reír haciendo que el rubio comenzara a enfadarse.
− ¡Sai, tú invento mal hecho! Si dices otra puta palabra más juro que…
− ¿Te cortarás la polla porque ya no te sirve? – Interrumpió al obsequiarle una de sus cínicas sonrisas.
Shikamaru y Sasuke no pudieron contenerse de la risa y pronto comenzaron a carcajearse.
− ¡Cállense maldita sea! – Exclamó muy enojado el rubio.
− Jajaja-debes de reconocerlo Dobe-jajaja-es que-jajaja – Decía entre risas el Uchiha, haciendo que casi nada se le entendiera.
− Ya les dije que…
− Admítelo Naruto. – Esta vez fue Shikamaru quien lo interrumpía al tiempo que se calmaba. – En todo este tiempo no te hemos conocido una cogida tan siquiera. – Afirmó. – A menos que… − Se quedó por un tiempo callado mientras miraba al rubio directamente a los ojos.
− ¿Qué? – Cuestionó curiosamente el Uchiha.
− A menos que ya le guste recibir y no dar. – Interrumpió Sai, ganando nuevamente las carcajadas de su grupo.
− ¡Maldita sea Sai! Otro comentario más y…
− Entonces demuéstralo, Naruto. Demuestra que lo que dice Sai no es cierto. – Retó el Nara.
Naruto se vió acorralado al tener las miradas expectantes de sus compañeros, dirigió su mirada hacia un lado y suspiró.
− ¿Cómo? – Preguntó seriamente. – ¿A caso quieren que me acueste con una puta?
− No precisamente. – Contestó Sai.
Todo el lugar quedó en silencio, Sasuke le dio otro sorbo más a su té y la tetera del agua comenzó a sonar.
− Ok. − Declaró el rubio, apagando el fuego de la estufa.
− De prueba quiero el condón con tu semen. – De pronto dijo Sai, a lo que sus compañeros lo vieron con asquerosidad. − ¿Qué? Naruto bien puede hacer trampa. – Declaró sonriente.
− Bien. Y una vez que lo haga, quiero de me dejen de joder.
− Ok.
− Bien.
− Perfecto.
Naruto salió furioso de la cocina, olvidándose en ese momento de su café. Sus amigos no entendían, se dijo. ¿Por qué carajos no podían entender que aún seguía con los estragos que Fuuka había dejado en él?
Los tres azabaches lo vieron alejarse y todo el lugar quedó nuevamente en silencio.
− ¿Hicimos bien? – El primero en hablar fue Sai, a lo que Shikamaru suspiró.
− ¿Era eso lo que queríamos, no? – Respondió mientras se recargaba sobre su silla.
− Hmp. – fue lo único que salió de Sasuke.
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«Años de lucha, noches sin dormir
Y ahora soy músico y te tengo a ti»
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Cd. Tokio, Japón. 18 de Agosto. 2020 – 9:28 pm.
Hinata se encontraba ahí, aguardando con un gran poster sobre sus manos, un CD original de la banda y un plumón color negro. Se sentía inquieta, más bien nerviosa por las miradas que le otorgaban los que estaban ahí en esa fiesta privada… y no era para menos, la mayoría o casi todos vestían de negro, pantalones y chamarras de cuero; las mujeres pintadas en exceso y con collares y pulseras de púas, mientras que ella vestía una sencilla falda larga color azul marino, una blusa blanca de tirantes y un delgado suéter color lila.
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(Dos días atrás.)
− ¿Y ya pensaste en cómo le harás para la firma de autógrafos? – Le decía Sakura al limpiar las mesas.
− Realmente, no. No sé qué hacer, no sé nada. – Confesó la ojiperla.
− ¡Ay Hinata, te he de amar tanto como para hacer esto! – Dijo suspirando y pronto paró de limpiar.
− ¿Qué cosa? – Preguntó confundida al ver a su amiga meter su mano al bolsillo de su mandil y sacar un gafete color negro con el nombre de la dichosa banda de rock y un gran código QR en la parte de atrás.
− Toma. – Suspiró. – Es un pase VIP para estar de cerca con la banda. – Hinata se sorprendió, sabía que su amiga era extremadamente fan de esa banda y al hacer eso, era como si le estuviera regalando su vida. – Tómala antes de que me arrepienta. – Dijo sonriente.
− Sakura… y-yo…
− No seas tonta, ve y consigue esos autógrafos para tu hermanita. – Sonrió plácidamente. – Además mañana iré al concierto, ¡Yeah! – Exclamó eufórica haciendo que Hinata se sintiera más tranquila.
− ¡Gracias Sakura, te debo una! – Le dijo muy feliz. – Pero…
− ¿Cómo conseguí ese pase? – Hinata asintió al acierto de su amiga. – Hubo una pregunta en la radio, ya sabes una de esas preguntas que solo los verdaderos fans de la banda pueden responder, jejeje… – Decía autosuficientemente. – ¡Ya sabes, tu amiga es la mejor!
− ¡Por supuesto que sí! – Contestó Hinata muy agradecida al tiempo se abalanzaba hacia la pelirrosa para darle un fuerte abrazo.
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Y nuevamente suspiró, solo quería las firmas de esos cuatro tipos e irse inmediatamente de ahí.
De pronto la multitud se concentró en la puerta principal y las chicas chillaron… los cuatro integrantes de la banda por fin habían llegado.
Continuará.
¡Gracias por haber leído hasta aquí! Pronto la siguiente continuación ~Sigo reeditando…
Y por si no lo había dicho, este fic parte de la inspiración de una canción que me gusta demasiado, se llama "El Rincón de los Sentidos" de Mago de Oz.
Los personajes son de Masashi Kishimoto, la historia es mía y las faltas de ortografía son gratis wee~
