Harry llegó a Grimmauld Place a través de la chimenea del salón. De primeras le sorprendió no encontrar a Sirius en el sofá, su sitio predilecto para leer o echar una siesta. Recorrió la planta baja, no estaba en la cocina ni en la biblioteca. Decidió subir, por si estaba en su dormitorio. No sería raro, cuando pasaba unos días solo en esa vieja casa tenía tendencia a emborracharse hasta rodar. Se sintió un poco culpable por haberle dejado solo también en estas vacaciones, pero joder, llevaba dos meses sin ver a su novia.
Al entrar en el pasillo de la primera planta, escuchó un gemido. Preocupado, porque a veces a Sirius las borracheras le daban lloronas y gemía durante horas llamando a Remus, abrió la puerta. No estaba preparado para lo que encontró.
Sobre la colcha carmesí de la habitación de Sirius, la piel blanca de Malfoy destacaba, relucía. Bueno, lo que se veía blanco, porque su compañero de la academia estaba lleno de morados, mordiscos y chupones. Aún así sonreía feliz, a cuatro patas, mientras Sirius se lo follaba con ímpetu. En la garganta del chico destacaba un collar negro unido a una larga correa que de vez en cuando permitía a su padrino cortarle la respiración.
Frente a ellos Sirius había puesto un espejo, para controlar la expresión de Malfoy supuso, pero para él era fascinante en ese momento poder ver las dos imágenes, la real y la reflejada. En ese preciso momento, al cabreo que debería sentir por la situación no estaba ni se le esperaba, todo era un enorme calor en su vientre. Los gemidos ahogados de Malfoy cada vez que Sirius apretaba un poco más el collar estrangulador, el chapoteo del lubricante cada vez que la polla amoratada de su padrino se clavaba en el cuerpo pálido, junto al sonido de los testículos golpeándose. Los dedos de la mano libre de Sirius anclados a las estrechas caderas, dejando marcas que acabarían siendo morados. Los gruñidos de su padrino, intercalados con maldiciones.
Cuando quiso darse cuenta, tenía la mano dentro de su propio pantalón y se agarraba la polla erecta con fuerza. En ese mismo instante salió del trance, sumergiéndose en una nube de vergüenza y cabreo que le hizo dar media vuelta y marcharse por donde había venido, de vuelta a La Madriguera.
Salió por la chimenea de la cocina y no dijo nada, se limitó a salir al patio, deseando que Ginny lo viera y lo siguiera, porque por Godric que necesitaba echar un polvo y quitarse la imagen que se le había quedado clavada en el cerebro. Pero no tuvo tanta suerte, el que salió tras él era más alto. Y con el olfato propio de un licántropo.
— ¿Va todo bien, Harry?
— Sí, sí —respondíió de espaldas a él, tratando de pensar en cosas que hicieran bajar esa condenada erección.
Pero no bajaba y escuchó tras él a Bill olfateando.
— ¿De dónde vienes, Harry? —preguntó el mayor de los Weasley.
— De casa, fui a buscar mi escoba.
El silencio de Bill le dejó claro que no le creía.
— Prueba otra vez. ¿De dónde vienes?
Hary se dejó caer de cualquier manera en el tocón de un árbol y se masajeó la nuca, nervioso. Entendía la desconfianza de Bill, el novio de su hermana llegando a casa oliendo a sexo y ocultando los ojos, pero no había manera de que hablara con su cuñado de ese tema. Ni de coña.
— Harry... si entro ahora ahí y le cuento a mi hermana lo que acaba de pasar, vas a estar metido en un buen lío, ¿lo sabes, verdad?
— Te he dicho la verdad, vengo de casa — murmuró sin mirarle.
— ¿Vienes de tu casa oliendo a sexo?
Soltó un montón de aire antes de hablar.
— Pillé a Sirius follando.
Bill se dejó caer junto a él.
— Creo que ahí falta mucha información.
— Pillé a Sirius follando con Malfoy.
— ¿Padre o hijo?
— Hijo. Su sobrino y alumno.
— ¿Y eso te molesta por...?
— ¡Es Malfoy! Podría ser su hijo.
— Ya. ¿Y además de eso?
— No...
— No trates de mentirle a alguien que puede olerte, Harry. Hueles a excitación y a culpa.
— No.
— Sí. Dime una cosa, ¿ha sido verlos y marcharte? Y sabré si mientes
Harry cerró los ojos un momento. No había sido verlos y salir indignado. Se había quedado congelado durante minutos, mirando, escuchando, tocándose sobre la ropa. Lo que lo había sacado del trance había sido descubrirse a sí mismo con la mano dentro de los pantalones y a punto de correrse. Negó con la cabeza, avergonzado.
— ¿Te quedaste a verlos? Vaya, eso es interesante.
El tono de Bill no era para nada lo que Harry esperaba, levantó la cabeza para mirarle. El pelirrojo estaba sentado con las piernas estiradas, ligeramente inclinado hacia atrás y con las manos apoyadas en el suelo.
— ¿Interesante? Es asqueroso, es como disfrutar de ver a tus padres follando.
Bill se movió hacia delante, rodeándose levemente las rodillas con las manos entrelazadas.
— Harry, es un fetiche, sin más. Hay gente a la que le gusta mirar, y gente a la que le gusta ser mirada. Entiendo que te haya resultado violento excitarte porque era Sirius, pero no tienes que darle más importancia de la que tiene. ¿Ha ocurrido otras veces? Excitarte viendo a otra pareja.
Se quedó un momento quieto, mirando al suelo, y acabó asintiendo despacio.
— ¿Mi hermana lo sabe? Que te gusta mirar. Puede ser algo placentero si se hace en pareja también.
Miró a Bill con los ojos muy abiertos. No parecía bromear, de hecho parecía bastante tranquilo.
— Me estás tomando el pelo, ¿verdad? Toda esta tarde tiene que ser una puta broma...
— No Harry, para nada. Mira, —Se inclinó un poco más adelante y bajó la voz— la vida es mucho más que guerra. El sexo es mucho más que el misionero, y a tu edad es cuando toca explorar y descubrir qué es lo que te gusta realmente. Creéme cuando te digo que no eres el primero ni el último al que le gusta mirar, hay fetiches más duros y más sucios. Pero deberías contárselo a Ginny, quizá te sorprenda.
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Le sorprendió... cuando le llamó pervertido, que fue la palabra más suave que usó. Tiró sus cosas al patio y dio un portazo tan grande que La Madriguera entera tembló. Con el corazón encogido, y muerto de vergüenza recogió sus cosas y volvió a Grimmauld. Sin avisar, claro, así que, como cabía esperar, Sirius no estaba solo. Al menos esta vez estaban vestidos y civilizadamente sentados en el salón cada uno con un libro, aunque Malfoy estaba sentado en el regazo de Sirius, que acariciaba distraídamente su cuello.
— ¿Qué mierda haces tú aquí? —fue lo primero que le salió cuando soltó su equipaje en el suelo de madera con un golpe sordo.
Los dos levantaron la cabeza del libro para mirarle. Sirius pareció agobiarse e intentó levantarse rápido, pero Malfoy no le dejó. Lo tomó con firmeza por la barbilla y le hizo mirarle. Solo se levantó cuando Sirius asintió mínimamente y se inclinó para besarle la mejilla. Salió del salón con su andar sinuoso habitual y una sonrisa maliciosa que hizo la cólera de Harry hervir más fuerte.
— ¿Qué ha ocurrido? —preguntó Sirius señalando el equipaje.
— Ginny y yo hemos roto. ¿Qué hace Malfoy aquí?
— Vive aquí —respondió su padrino frunciendo el ceño a su tono insolente.
— ¿Desde cuándo?
— Desde Pascua.
— Estamos en agosto, Sirius, ¿no se te ha ocurrido que sería buena idea decirme que has metido en casa al culo que te follas?
Sirius se levantó como un resorte. Harry esperó un montón de gritos, pero no, vio a su padrino apretar los puños y la mandíbula. Estaba seguro de que había contado mentalmente hasta diez antes de contestarle, con un tono muy contenido.
— En primer lugar, modera el tono, Harry. En segundo, es mi casa, la persona con la que comparto espacio no es asunto tuyo porque eres tú el que ha preferido los últimos dos años irte a La Madriguera en lugar de venir aquí. Si eres un adulto para decidir eso, eres un adulto para respetar mis decisiones. Y con quien folle yo no es asunto tuyo, igual que yo no me meto en lo que haces tú.
— Y una mierda —contestó, despacio, mirándole con el mismo gesto provocador que usaba su padre cuando discutían de adolescentes—. ¿Así superas lo de Remus, Pads? ¿follándote a tu sobrino? ¿pero qué clase de pervertido eres tú?
La cara de Sirius se puso de un tono rojo oscuro nada favorecedor y pudo escuchar con claridad sus dientes chirriar.
— Si vas a quedarte, sube tus cosas a tu habitación —le dijo finalmente con la mandíbula tan apretada que apenas movía los labios.
Y salió del salón pisando fuerte. A los cinco segundos escuchó el portazo de lo que supuso era la puerta de la biblioteca.
Subió sus cosas a su habitación. Al entrar, las soltó con ira, y se dejó caer en la cama, los muelles rechinando fuerte en protesta. Se quedó unos minutos con la cabeza entre las manos, intentando reorganizar sus ideas, pero todo lo que escuchaba eran reproches y la palabra pervertido repitiéndose como si le hiciera eco dentro del cerebro. Frustrado, decidió que una ducha le ayudaría a calmarse, así que se dirigió a su cuarto de baño.
El agua caliente se llevó una parte de su frustración, pero aún así, cuando salió de su cuarto tres horas después, seguía tenso y avergonzado casi a partes iguales. Al pasar por la puerta de la habitación de Sirius, que estaba abierta, no pudo evitar curiosear. La cama estaba bien hecha, no había ropa sucia ni olía a alcohol. Sobre una de las mesillas había un libro de texto y un vaso vacío, sobre la otra un cenicero y un paquete de tabaco. Nunca había visto aquel cuarto tan recogido, ni siquiera en vida de Remus.
— ¿Esperabas ver un potro de tortura? Aún no he convencido a Sirius para probar cosas fuertes.
La voz petulante a su espalda le hizo jurar mentalmente, le habían pillado de la forma más estúpida.
— Si lo buscas para disculparte, está en la biblioteca.
— ¿Por qué debería disculparme? —contestó con chulería.
Los ojos grises de Malfoy, más claros que los de Sirius, brillaron de ira. Los labios finos se apretaron y Harry supo antes de escucharle que no le iba a gustar nada lo que saliera por su boca.
— ¿Sabes Potter? El otro día, cuando entraste en la habitación sin llamar, Sirius no se dio cuenta, pero yo sabía todo el tiempo que estabas allí. ¿Te gustó el espectáculo? ¿Te puso cachondo ver como tu padrino me follaba? Eres un mirón. Ojo, que a mi no me molesta, me gusta que me miren. Quizá a Sirius si que le importaría, en el fondo es más pudoroso.
— Cállate Malfoy, lo que hacéis... es asqueroso.
— ¿El qué exactamente? ¿Ser dos hombres? ¿La diferencia de edad? ¿La asfixia?
— Sois familia.
— Los Black son conocidos por su endogamia, ¿no lo sabías? al menos nosotros no traeremos al mundo tarados como Bellatrix
— Sirius aún ama a Remus, lo llama a gritos cada vez que se emborracha. Además, ¿qué cojones hace un tío como tu con un hombre que podría ser su padre?
— ¿Celos, Potter? —le picó, acercándose hasta golpearle el pecho con el dedo— ¿Querías follártelo tú?
—Vete a la mierda, Malfoy, eso es... —respondió asqueado, tratando de distanciarse.
— Asqueroso, sí, me ha quedado claro. ¿Pero sabes qué? tu padrino iba a pasar las vacaciones solo mientras tu te follabas a tu comadrejilla. Los dos sabemos que se las habría pasado borracho, hablándole al retrato de la biblioteca, pero no está siendo así. ¿Sabes por qué? Porque no está solo.
— Oh claro, tiene tu culo disponible —atacó Harry—, eso hará que se olvide del remordimiento.
— Eres un mierda, Potter. —Malfoy se puso serio por fin y bajó el tono, estrechando los ojos— Sirius lleva meses sin beber, y ni siquiera te has dado cuenta. Será mi culo disponible, o mi compañía o el saber que no va a seguir estando solo, piensa lo que te dé la puta gana, pero al menos ha dejado de autodestruirse y eso ya es más de lo que has conseguido tú en estos años siendo su hijo.
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¿Qué tal lo véis? Harry se enfrenta a dos conflictos, asumir que Sirius y Draco están juntos, y asumir sus propios gustos. En el próximo capítulo veremos cómo Bill intenta ayudarle.
¡Hasta mañana!
